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Forero J (Editor) El campesino colombiano.

Javergraf, Bogotá, 2010


PRESENTACIÓN

En el Foro “Un campo para el campo, por un agenda pública para la economía campesina”
convocado por la Universidad Javeriana, SEGRARIO y Votebien y llevado a cabo el 24 de
noviembre, académicos, funcionarios y ex funcionarios públicos, editorialistas y candidatos a
la presidencia, se reunieron a analizar el estado actual y el futuro del campesinado. El debate se
apoyó en tres documentos, presentados por sus autores, Carlos Salgado Araméndez , Fernando
Barberi Gómez (con la coautoría de L. J. Garay S. y de I. Cardona L.) y Jaime Forero
Álvarez que fueron comentados por algunos expertos entre los cuales Alejandro Reyes
Posada, Gabriel Rosas Vega y Ricardo Torres nos entregaron sus observaciones por escrito.
Por otra parte, a Juan Guillermo Ferro y a Abaslón Machado les solicitamos, posteriormente,
hacer sus comentarios al el capítulo uno. Los tres escritos mencionados, junto con los
respectivos comentarios, se publican en los tres primeros capítulos de este libro.

En este foro se trató de dar respuesta a los siguientes interrogantes: ¿Qué está pasando, y qué
va a suceder con la economía campesina si se mantienen las actuales condiciones productivas,
afectadas críticamente por el desplazamiento y la concentración de la tierra? ¿Cómo va a ser
afectada la producción campesina si se aplica lo pactado con Estados Unidos en el Tratado de
Libre de Comercio? ¿La política pública actual está bien encaminada para estabilizar la
población y la producción rural? ¿Con qué cambios es preciso que se comprometa el Estado y
las instituciones de la sociedad colombiana para enfrentar estos retos? En el capítulo cuatro se
condensan las respuestas que dieron los candidatos Jaime Araujo, Gustavo Petro, Álvaro Leyva
Durán y Germán Vargas Lleras a estos interrogantes. Por diversas razones los demás
candidatos, al cierre de esta edición, no habían enviado sus respuestas o no habían respondido a
nuestra petición de hacernos llegar su aprobación para publicar las transcripciones de las
grabaciones que tenemos con sus declaraciones sobre estos temas. Esperamos que muy pronto,
por otros medios, podamos lograr el objetivo de reunir todas las propuestas de todos los
candidatos a la Presidencia sobre la política pública para la economía campesina y esperamos
poder seguir convocando al país a debatir sobre agricultura, la alimentación y el medio
ambiente. La idea es seguir trabajando para abrir dentro de la sociedad colombiana un campo
para el campo.

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PRÓLOGO
En medio de nuestras discusiones del SEGRARIO, Carlos Salgado, María Clemencia Ramírez
y yo descubrimos que por diferentes caminos habíamos llegado a una misma conclusión sobre
el campesinado colombiano. María Clemencia, a partir de sus investigaciones sobre las
dinámicas de los cultivadores de coca, Carlos, con base en sus estudios sobre las protestas de la
sociedad rural y yo después de un tiempo de estar dedicado al estudio de la producción familiar
agropecuaria, concluimos que la demanda central de los campesinos a la sociedad y al Estado
es, ante todo, que le reconozcan su condición de ciudadanos; de ciudadanos con acceso pleno a
todos sus derechos. Después de un tiempo de andar debatiendo este asunto encontramos que
Louis Malassis había llegado a esta misma conclusión en su libro La epopeya inacabada del
campesinado mundial, una obra monumental, publicada en el año 2001, que abarca una amplia
gama de países y que recorre la historia de las sociedades rurales hasta nuestros días.

Para el campesino actual el pueblo, o la ciudad, es parte complementaria de su hábitat, de su


territorio. Allí hace sus fiestas, allí vive parte de su familia y allí realiza parte de sus trabajos.
En ese medio urbano se comunica con el resto del mundo, se relaciona con muchas otras
personas (con una gran multiplicidad de actores sociales y económicos, si se quiere). Allí tiene
y construye parte de sus espacios vitales: el parque, la plaza, la tienda, la cafetería, la casa de
sus parientes y de sus amigos, el coliseo de deportes en donde apoya entusiastamente al equipo
de fútbol o baloncesto de su vereda. Ese es el espacio de sus rituales en donde se casa, bautiza
a sus hijos y entierra a sus muertos. El pueblo o la ciudad no es solamente el sitio en donde
compra su mercado y vende sus productos, sino que es una parte fundamental de su
territorialidad y de su identidad como ciudadano. “Me voy pa’l pueblo hoy es mi día, voy a
alegrar toda el alma mía” dice una canción que tiene más de cincuenta años. Estos versos, a mi
manera de ver, reflejan el vínculo de los campesinos mestizos y negros latinoamericanos con el
mundo urbano, su pertenencia orgánica y su identificación con la “sociedad mayor” de la cual
se sienten parte.

En Colombia, la territorialidad del campesino mestizo es más difusa que la de los indígenas
quienes han logrado precariamente, en unos casos, holgadamente, en otros, establecer sus
espacios geográficos definidos en los cuales ejercen, o tratan de ejercer, su autonomía. El
indígena exige el goce total de sus derechos como ciudadano colombiano y como etnia que
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posee una entidad que lo diferencia en la diversidad y que lo incluye en la multiculturalidad.
Por su parte el campesino, lucha día a día por integrarse a una sociedad que no lo reconoce
como bien lo plantea Carlos Salgado en el capítulo uno de este libro.

Quizás la principal deuda que tiene la sociedad con el campesinado es reconocerlo como un
productor que contribuye sustancialmente a la alimentación, a las agroindustrias y a las
exportaciones del país, tal como se muestra en el capítulo tres. Y como un ciudadano que tiene
plenos derechos a la alimentación, la vivienda, la educación, la salud y a ser sujeto activo y
partícipe de la producción cultural del país.

El campesino demanda que lo dejen ser lo que es y lo que quiere ser. Pero para poder ser uno
mismo se requiere ser aceptado y reconocido por su sociedad, por su país. El campesino
demanda que si trabaja la tierra con un azadón, con un machete, con un tractor, con una
guadaña o con una bomba fumigadora, se le reconozca que es un productor agrario y no que se
le reduzca a la categoría miserabilizante de “labriego” que a mi juicio es un concepto que lo
define como un ser marginal que inspira lástima.

El campesino es un actor que a pesar de haber desarrollado capacidades con las cuales logra ser
eficiente como productor agropecuario tiene severas limitaciones para el acceso a los medios
para poder aplicar su experticia. Pero aun así, estos productores contribuyen decisivamente a
nuestro sistema agroalimentario y exportador mientras la sociedad desconoce quiénes son
realmente sus campesinos.

Para poder ser campesino, productor familiar, pequeño agricultor o ganadero, se necesita tener
acceso a los factores de la producción y entre ellos a la tierra. A la tierra que para el campesino
es, al mismo tiempo, patrimonio económico, familiar y cultural. A la tierra que es un elemento
sustancial para el soporte de su familia y de su comunidad rural.

En Colombia la comunidad rural por no sé qué razones se ha denominado “la vereda”. La


vereda es un espacio al cual se pertenece (yo soy de Aguasclaras) y en el cual se emprenden
obras colectivas como la construcción o el arreglo de la carretera o de la escuela. La vereda es
una entidad social que tiene una representación en las Juntas de Acción Comunal que
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desarrollan mecanismos para negociar recursos con el Estado. De manera que el campesino es,
al mismo tiempo, un ciudadano independiente que ejerce su actividad productiva de forma
individualizada en el seno de cada familia, que pertenece a una comunidad rural y que se
identifica con un ámbito rural-urbano que incluye su pueblo, su ciudad, su país.

El campesino es un ciudadano que reclama, exige, necesita que la sociedad lo deje ser él
mismo. Pero la sociedad le inhibe su realización porque permite la perpetuación del
latifundismo que le restringe el acceso a la tierra y porque las entidades y programas que deben
brindar el soporte financiero, tecnológico y comercial a la producción agropecuaria, son
insuficientes y en no pocos casos discriminan en su contra.

En medio este estado de cosas al campesino no se le tiene en cuenta cuando se formulan las
políticas agropecuarias que muchas veces, y desde hace décadas, se diseñan ignorándolo, o
llevándole inconsultamente programas. Todo esto se refleja, por ejemplo, en el caso del
Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Mientras que los efectos de este acuerdo
sobre el empresariado agropecuario han sido objeto, desde hace varios años, de un amplio
debate, hasta ahora comenzarán a discutirse sus consecuencias sobre el campesinado, gracias al
trabajo cuyos resultados estamos dando a conocer en el capítulo dos de este libro. Y téngase en
cuenta que este estudio advierte que las consecuencias serán particularmente nocivas para
amplios grupos de los pequeños productores agropecuarios.

El cuadro del desconocimiento y de los obstáculos para el desarrollo de la producción


campesina se agudiza, hasta el extremo de una gran catástrofe social y económica, con el
desplazamiento forzado generado por los actores armados del conflicto que vive el país. El
desplazamiento ha implicado la usurpación de las tierras, las viviendas, los animales y las
herramientas de más de 700.00 familias y ha conducido a la miseria a más de 500.000 hogares
campesinos que han sido arrastrados brutalmente hacia unas ciudades que no tienen la
capacidad de asimilar a los perdedores de la guerra. Aquí no estamos ante el cuadro alegre del
campesino que va a su pueblo o a su ciudad un domingo cualquiera, ni se trata de un migrante
que busca la forma de instalarse en otro sitio que le brinde mejores oportunidades. El
desplazamiento forzado significa el desarraigo de una multitud de seres humanos que tenían su
propio mundo, y habían construido una parte de la nación, en los campos colombianos.

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La brutalidad del desplazamiento y la sutileza del desconocimiento por parte de la sociedad y
del estado, forman parte de los múltiples obstáculos que se oponen a que los campesinos
desarrollen todas sus potencialidades a favor de ellos mismos y en pro del desarrollo
económico y social del país. Porque, tanto en Colombia, como lo plantea Carlos Salgado, y en
el resto del mundo, como lo ha mostrado Louis Malassis, después de estudiar la historia y la
situación actual del campesinado de casi todo el planeta, los campesinos buscan, ante todo, su
reconocimiento y su derecho pleno a la ciudadanía. Han vivido y viven, en palabras de
Malassis, una lucha por romper las ataduras serviles y por ser reconocidos completamente
como ciudadanos; por conservar sus creencias y por liberarse de las estratagemas con que las
religiones han tratado de someterlos a los poderes que los explotan y los marginan; por acceder
a la formación básica y profesional y a la cultura; por organizarse y hablar en su propio
nombre; por abrirse a la sociedad y al mundo; por salir de la pobreza; por su dignidad y por el
respeto a sí mismo y a los demás. En fin ha sido, y es, una larga marcha la de los campesinos
de todo el mundo dirigida a “tomar en sus propias manos su destino, a proclamar lo que ellos
mismos son y a expresar la forma como ellos conciben su futuro.”

Jaime Forero Álvarez

Bogotá, 1 de diciembre de 2009

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CAPÍTULO 1

PROCESOS DE DESVALORIZACIÓN DEL CAMPESINADO

Y ANTIDEMOCRACIA EN EL CAMPO COLOMBIANO

Carlos Salgado Araméndez*

Introducción

Uno de los fenómenos sociales más dramáticos de Colombia es el desplazamiento forzado de


población. Según los datos del Grupo de Verificación de la Comisión de Seguimiento a la
Política Pública sobre Población Desplazada, el 74% de esta población ha sido expulsada de
territorios rurales en los cuales dejaron abandonado su patrimonio económico y social.

El trabajo del Grupo de Verificación es claro en mostrar las cifras de este drama y avanza en la
definición de propuestas sobre verdad, justicia y reparación. Sin embargo, bien vale la pena
preguntarse por qué ha pasado y continúa sucediendo este fenómeno, por qué la sociedad
urbana lo observa con indolencia y por qué las políticas públicas gubernamentales parecen no
encontrar una respuesta que permita superar lo que la Corte Constitucional ha denominado el
“estado de cosas inconstitucional”.

*
Economista, MA Medio Ambiente y Desarrollo, Director del Proyecto Planeta Paz.
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El fenómeno del desplazamiento ha permitido que algunas miradas vuelvan sobre la cuestión
rural, concentrando su atención en la problemática de las tierras conculcadas y los mecanismos
necesarios para su restitución. Si bien el tema de la tierra –del abuso sobre el recurso bajo
control de la población desplazada y su concentración− es necesario, no parece suficiente para
crear las condiciones de una reparación justa, brindar las garantías de no repetición y promover
una estructura rural democrática e incluyente.

Este documento aprovecha la crítica situación creada en el campo colombiano para una lectura
del problema y sugerir unos temas para el debate.

¿Es la tierra realmente el problema central?

La discusión actual sobre restitución y reparación se ha concentrado en la cuestión de la tierra,


convirtiendo a este factor en el eje del debate. Ello es así porque la tendencia histórica a su
concentración, el uso actual y la presencia marcada de terratenientes e inversionistas se
muestran estrechamente ligados a la dinámica de un conflicto que, se estima, es el causante
último de la expulsión y el despojo. Pero ésta no es la única versión, puesto que en la
perspectiva gubernamental el conflicto no existe y se tiene entonces que es la presión de
agentes del terrorismo la causante de la corrida de población; la derrota militar de estos agentes
es entonces la condición para terminar con el desplazamiento y estabilizar el control sobre la
tierra, a lo que se suman acciones de control territorial que brinden confianza para las
inversiones en macroproyectos.

Pero sobre la tierra como factor productivo, de renta y cultural existen varias interpretaciones
que modifican sensiblemente las apreciaciones de quienes intervienen en los debates. Desde la
lógica de los programas de reforma agraria que estuvieron ligados a los modelos de sustitución
de importaciones y promoción de exportaciones, la tierra era un factor productivo esencial para
el desarrollo de políticas agrarias activas, razón por la cual se promovió su uso hasta el punto

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de estimular la colonización como vía para ampliar la frontera agropecuaria y desfogar
problemas sociales. Bajo esta perspectiva, la disputa por el recurso fue intensa, en tanto su
tenencia permitía no sólo el acceso directo a una rica biodiversidad por explotar sino porque
daba lugar al control de la población y del poder político. Téngase en cuenta que la economía
colombiana ha tenido una dependencia histórica de los bienes y servicios prestados por la tierra
y su entorno, explícita en mercados externos legales e ilegales, divisas, alimentos, materias
primas y mano de obra baratos. La acumulación originaria de la economía colombiana ha sido
posible gracias a los recursos del ámbito rural, con el control sobre la tierra como eje de ese
modelo.

Los resultados de estos modelos en términos de equidad, justicia y democracia son paradójicos
por varias razones. Primero, al tiempo que promovieron la modernización del campo a partir de
una estructura de medianas–grandes propiedades, no crearon una institucionalidad lo
suficientemente sólida que definiera de manera precisa los derechos de propiedad tanto
privados como públicos. Segundo, hicieron eco de la perspectiva modernista de la economía
que indicaba que la vía para salir del subdesarrollo era la industrialización que, al requerir
trabajadores y alimentos baratos, demandó la modernización del campo y la expulsión de sus
excedentes de mano de obra, de donde se derivó una política de reforma y reparto marginal de
la tierra. Tercero, estos modelos de desarrollo definieron una cuádruple perspectiva sobre la
población rural: al sector de los colonos le asignó la tarea de abrir nuevas tierras sin definirles
una estructura de asignación de propiedad, con lo cual facilitó su posterior despojo por parte de
terratenientes; a un sector del campesinado le asignó la tarea de producir alimentos baratos con
un reparto mínimo de tierra o incluso sin reparto como en el caso DRI, y ser jornalero de las
haciendas y explotaciones de materias primas, sin definirles una estructura moderna de
derechos laborales; otro sector del campesinado debió salir del campo bien mediante la
exclusión del reparto de la tierra o expulsado a través de mecanismos de coerción sin que el
Estado castigara estas acciones, y se abrió espacio para la consolidación de inversionistas del
agro y productores de materias primas sin regular su accionar económico. Cuarto, no se
atrevieron a tocar la estructura terrateniente que se consolidó a partir de la captación de rentas,

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el control político local y la cooptación de los espacios públicos de representación política,
amparada en un tipo de presencia estatal centrada más en la fuerza que en la democracia.

Se tiene entonces una herencia compleja de los modelos de desarrollo industrial, promotores de
la movilización de la población rural hacia distintos frentes bajo una perspectiva hegemónica
en lo cultural y económico, en la cual el control sobre la tierra jugó el papel de eje articulador
puesto que su uso era vital para la reproducción del capital y la consolidación de los nuevos
actores económicos. Estos modelos tenían implícita una desvalorización relativa del
campesinado, no sólo porque no lo estimaron sujeto apto para el desarrollo sino porque a una
alta proporción le asignó un rol subsidiario, como peón de brega sin garantías en la apertura de
nuevas tierras, como jornalero y proveedor de alimentos baratos. Esta desvalorización se hizo
más fuerte en los procesos de ajuste del modelo, en la medida en que la reestructuración de los
procesos fabriles, la flexibilidad laboral en la manufactura y la apertura de mercados han hecho
menos necesarios el trabajo manual, la manutención de los trabajadores y ha facilitado un
mayor flujo de alimentos en el mercado mundial.

¿Por qué subsiste el campesinado? La mayor parte de la teoría puesta al servicio de los
modelos convencionales y alternativos del desarrollo, propios de la época entre los años
cuarenta y ochenta, apostó por la rápida desaparición del campesinado y la consolidación de la
agricultura empresarial con asalariados rurales. Sin embargo, hay al menos cuatro razones que
permiten entender por qué esta apuesta no se dio. Primera, la disponibilidad de tierras y
recursos por explorar y explotar no se ha agotado, pues de hecho sólo hasta años muy recientes
se llenaron los vacíos al interior de la frontera agropecuaria y aún quedan los confines de la
Orinoquia, el Chocó y algunas tierras altas. La política gubernamental no ha dictaminado un
cierre de la frontera y es laxa frente a la colonización aún a costa de la destrucción de
ecosistemas vitales. Segunda, la incapacidad de la industria manufacturera para generar empleo
productivo y con calidad a las capas urbanas deja un espacio amplio para la provisión de
alimentos baratos, que el campesinado suple con solvencia. Tercera, el campesinado ha
desarrollado un amplio acervo de capacidades para lograr niveles de integración al modelo
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productivo y tecnológico, al aprovechar los resquicios y las políticas definidas a su favor, que
le permiten ser sostén del sistema agroalimentario nacional; este papel ha permitido algunos
momentos de articulación con el Estado. Cuarta, las élites han hecho caso omiso del conflicto y
han permitido el funcionamiento de una institucionalidad arbitraria que a la vez que promueve
la barbarie contra la población rural, estimula sus acciones de resistencia, explícitas en
múltiples acciones de orden económico, social, político y cultural.

Los estilos y modelos de desarrollo promovidos hasta los años ochenta tuvieron una visión
sobre lo rural, sobre la tierra en particular, y generaron unas formas específicas de integración–
expulsión de la población; se lucraron incluso de unos ciclos de la violencia para intentar
ajustar el uso de los recursos y desde el desdén modernista procuraron hacer funcional a sus
intereses el conflicto colombiano. Pero la visión sobre la cuestión rural cambió desde los años
noventa y con ello la importancia de los anteriores factores productivos (capital, tierra,
trabajo), de los mecanismos de integración y de presión sobre la población. Fueron varias las
razones que impulsaron el cambio de perspectiva: la mayor apertura del mundo gracias a los
sistemas de información basados en el concepto de red, las transformaciones en el modelo
fabril con el desarrollo de la tecnología, la aplicación del conocimiento tecnológico a todos los
procesos productivos dados los avances en el descubrimiento de nuevos materiales y la
aplicación de la ciencia a los procesos de la vida, la desregulación laboral, la consolidación de
bloques regionales de países, y la disputa por recursos y mercados localizados en territorios
específicos. Sobre estos cambios, entre otros, la visión sobre lo rural fue influenciada, en
particular, por la perspectiva europea para la definición de su “política agrícola común –
PAC−”.

En el contexto de la configuración de la Unión Europea, el debate sobre la PAC fijó sus


argumentos en la necesidad de reconocer que lo rural era mucho más que lo agrícola, que la
política debía permitir la explotación de multiplicidad de recursos y que éstos se encontraban
en territorios específicos. En consecuencia, tendió a definir programas institucionales concretos
para apoyar estos territorios –conocidos como Leader y de integración municipal- y proveyó
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los recursos para el reacomodo productivo de la población. Tras unos años de infructuosa
aplicación directa de los programas de apertura en el campo, la tecnocracia y la academia
latinoamericana, incluida la colombiana, apropió la matriz de la PAC para implementarla como
paradigma en nuestros países sin reparar en las diferencias de contexto, en particular, las
relativas al desarrollo de conflictos armados como el colombiano. Su argumento principal para
hacer tal copia de la matriz, se basó en que muchos años de apoyo a la agricultura y a la
reforma agraria sólo arrojaban como resultado una estructura poco democrática y eficiente que
demandaba no sólo un cambio de visión sino de institucionalidad. En unos muy pocos años,
bajo la influencia del IICA (Instituto Interamaricano de capacitación Agrícola adsrito a la
OEA) , la matriz en debate para la PAC pasó a definir la política para lo rural, colocando el
énfasis en la multiplicidad de servicios y actividades posibles en los espacios rurales que deben
ser aprovechados con la aplicación del conocimiento más avanzado, en la necesidad de
intervenir sobre territorios y promover el empresariado como actor clave en la nueva
reconfiguración. Esta versión acogió los conceptos de “multifuncionalidad de la agricultura”,
“agricultura ampliada” y “desagrarización del campo”, que en buena medida han sido
recogidos por lo que se ha dado en llamar la “nueva ruralidad”, conceptos que se han
mezclado con un poco del marco teórico del desarrollo endógeno en lo que respecta al análisis
micro, el desarrollo de los contratos y los sistemas de información.

Como se observa, desde el punto de vista tecnocrático, académico y gubernamental, las


categorías del desarrollo rural son otras. De las políticas sectoriales activas se pasó a las áreas
de trabajo; de los viejos factores productivos –capital, tierra, trabajo− se pasó a las nuevas
formas del capital (social, humano, físico, natural), a los bienes y servicios públicos, y al
desarrollo de la capacidad científica y tecnológica para la aplicación del conocimiento; del
análisis de estructuras se pasó al desarrollo institucional y a la primacía suprema del mercado
externo como finalidad del proceso económico, bajo las premisas de competitividad no sólo de
los factores sino de los territorios. Bajo este esquema, el actor fundamental es el “empresario”,
único sujeto capaz de integrarse en la dinámica global, con lo cual se fortalece una nueva ola
de desvalorización del campesinado.

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El mundo rural ha sido también el escenario central del conflicto social y armado. La disputa
por el control de la tierra fue el eje de múltiples conflictos generados desde el siglo XIX por la
política de concesiones y por la decisión gubernamental de a quién asignarla, como sucedió
con la guerra desatada en los años treinta del siglo pasado. La ley 200 optó por los propietarios
medios y grandes, haciendo del concepto de “función social” en el marco de su propuesta
modernista, un medio para excluir a los colonos y campesinos. La violencia ganó entonces un
estatus formal y desde entonces, y hasta los años ochenta, fue el marco en torno al cual se
desarrolló la política rural, la lucha social y la confrontación terrateniente. Esta multiplicidad
de actores fue el espacio propicio para la continuidad y extensión del conflicto armado,
provisto de una ideología distinta bajo el Frente Nacional. Pero en las dos últimas décadas, el
conflicto ha cambiado su composición y algunos de sus actores han mantenido la tierra como
botín de guerra, puesta en un contexto en el cual intereses particulares propios de élites locales
y nacionales se lucran de la coerción para ampliar sus rentas a través del control sobre los
recursos públicos y la población, lógica que apunta a controlar el territorio (el espacio) y la
territorialidad (el poder), con fuertes inversiones privadas para controlar también la economía
local. Esta lógica, que combina la promoción de la inversión con la coerción, ha hecho
funcional para sí tanto el conflicto como la política pública, que no se ha hecho preguntas sobre
la relación entre economía y conflicto. Lo rural, la tierra en particular, no se entienden entonces
sin el desarrollo del conflicto colombiano.

¡Es el reconocimiento de los actores y sujetos sociales!

El campesinado y los pueblos rurales han desarrollado una lucha de siglos por el acceso y
control sobre los recursos, la tierra y territorios. Los pueblos indígenas y afros han logrado
conquistar legislaciones especiales que les confieren un estatus de ciudadanía acorde con su
manera de interpretar culturalmente sus derechos, puestos en un lugar concreto, un territorio,
sobre el cual tienen –al menos jurídicamente− control, es decir, ejercen territorialidad. Dentro

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de ello, la ley les otorga titularidades especiales sobre los recursos, el territorio y la justicia.
Ello no es así para el campesinado, desprovisto de reconocimientos elementales como el de ser
sujeto cultural y del desarrollo. El repertorio de protestas campesinas y sus proclamas han
reclamado por siempre un estatus acorde con su situación, estatus al que creen tener derecho no
sólo por el simple hecho de ser humanos sino por las contribuciones que hacen a los procesos
sociales, económicos, políticos y culturales. Así lo expresó el Mandato Campesino de finales
de los años sesenta del siglo pasado y el Mandato Agrario de finales de los años noventa. No
han reclamado una ciudadanía similar a la indígena, a la afro o a la urbana; han reclamado una
que les permita una integración a los procesos de desarrollo ubicados en su contexto, derecho
ciudadano que les ha sido negado por la desvalorización que han sufrido.

Un sujeto social desvalorizado suele no ser reconocido socialmente y sufre un daño severo en
la construcción de su propia subjetividad. El no reconocimiento social conduce a que la
sociedad no avale procesos de redistribución de activos en su favor, constituyendo una doble
falla que configura un cuadro de injusticia con el cual es tratado. Sin reconocimiento y sin
redistribución a su favor, este sujeto es fácilmente vulnerado por aquellos otros sujetos o
actores que creen tener el favor de la sociedad porque portan los “valores” que impone el
desarrollo.

La disputa ideológica y práctica por la tierra se ha diluido ante la fortaleza de los otros actores
que intervienen en el mundo rural, que la apropian para explotar los recursos que sustenta,
ejercer controles territoriales e imponer sus normas. En este sentido, el enfoque que copia la
matriz de la política europea resulta ser completamente funcional al conflicto colombiano y sus
manifestaciones. Al colocar el territorio −recursos en él existentes− como sujeto de la política
y romper la relación sujeto (comunidad) – trabajo − tierra, termina poniendo en cuestión el
manejo de la territorialidad, es decir, del sistema de poder que controla el territorio. Por ello,
los actores de la violencia se ven impelidos a desocupar el territorio de población, de
organización social y política para definir una nueva forma de poder, acción en la que arrasan
incluso con la legislación existente (la de pueblos indígenas y afros). Su accionar tiende
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entonces a des-configurar el territorio en la forma actual para reconfigurarlo de acuerdo a sus
intereses, con la dotación de población mínima necesaria. El desplazamiento forzoso de
población es entonces un mecanismo adecuado para esta reconfiguración.

La tierra en sí misma es valiosa como recurso físico y económico pero como proceso social y
político tiene una importancia relativa puesto que no puede/debe entenderse por sí misma sino
con todo el conjunto de relaciones con que se asocia. En el mundo rural no hay cultura sin la
tierra, pero ella no es sin su entorno ecosistémico, cultural y las maneras de transformarla. Por
ello mismo, en lo que tiene que ver con el fenómeno del desplazamiento forzado, la relación
principal a resaltar es el vínculo que se establece entre el sujeto y la tierra: ¿puede el primero
hacer un ejercicio de enriquecimiento social y cultural con la segunda? ¿Cuál es el tipo de
ejercicio que puede/debe reconocer la sociedad? ¿Cuál es entonces el tipo de sujeto? ¿Amerita
este sujeto acciones de redistribución en su favor? ¿En caso de despojo, la sociedad puede y
debe reconocer y avalar acciones de restitución y reparación porque el ejercicio del sujeto se
estima valioso económica, política, cultural y socialmente?

En la lógica convencional del desarrollo –refiriéndonos con ello a la economía eficientista y


productivista−, la tierra es despojada de todo atributo cultural comunitario para pasar a ser
parte relacional con otros factores productivos puestos en juego en un nuevo modelo cultural y
social, agenciado por actores que se estima son capaces de constituir capital humano y social,
aquellos fundamentados en un tipo universal de educación y capacidad de cooperación. El ex
ministro de agricultura, Andrés Arias, expresaba esta lógica de manera clara en el caso
Carimagua, cuando desestimó a las familias campesinas como hábiles para trabajar estas tierras
y valoró únicamente al “empresariado”. Es decir, en su lógica, la tierra está allí pero no el
sujeto apropiado.

En consecuencia, el centro del problema no es la tierra, sin que ella deje de ser crucial. El
centro del problema es el reconocimiento del sujeto. Si este reconocimiento no se hace efectivo
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o, en otras palabras, si para el caso del campesinado, indígenas y afros no se corrige la falla de
reconocimiento que ha dado lugar al desplazamiento forzado y a la no reacción de la sociedad
frente a esta atrocidad, cualquier política redistributiva será mínima y no brindará garantías de
no repetición del desplazamiento. Es decir, el Estado hará una cesión mínima de un activo con
un respeto mínimo del sujeto, pues su apreciación desvalorizada del sujeto así lo indicará.
Puesto este argumento en otras palabras, la única manera de que haya reparación con justicia es
que la memoria de la contribución del campesinado a la sociedad colombiana sea restablecida
para que ni la sociedad ni el Estado permitan que estos hechos se repitan y, en consecuencia,
protejan las acciones de restitución y reparación.

Bajo esta perspectiva, las acciones de política podrán determinar cuál es el papel que los
diferentes actores pueden jugar en el espacio rural y cuál es el manejo de las relaciones de
poder; es decir, quiénes ocupan qué territorios, para qué y con qué mecanismos de poder
avalados social y políticamente.

¿Cómo reparar las fallas de reconocimiento y redistribución?

A pesar de la existencia de un discurso hegemónico sobre lo rural, hay distintas variantes e


interpretaciones sobre cómo llevar a cabo la política concreta, bien desde lo convencional
como desde lo alternativo. Un ejercicio de sistematización1 sobre las agendas rurales muestra
que los temas que discuten hoy abren un espectro amplio para el debate.

1
Documento de trabajo de Planeta Paz sobre sistematización de las agendas del movimiento
campesino. No publicado.
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La tierra y el desarrollo. Se esbozan estas grandes líneas:
a. Reforma agraria. Cinco posiciones analíticas:

El problema central del campo es la distribución de tierras acompañada de una política


social (crédito, asistencia técnica, servicios, educación, etc.). Es el punto de partida del
Mandato Agrario.
El problema central es el acceso del campesinado a más tierra para poder aplicar su recurso
de mano de obra, tanto a través de la redistribución como del mercado de tierras. Visión de
algunos académicos.
El problema central no es la tierra, es la sujeción de la mano de obra, caso en el cual la
distribución es sólo una parte del problema. Incluso, hay tierra sobrante. Visión de algunos
ambientalistas.
El problema no es la tierra, es el conocimiento, caso en el cual su distribución se
desvaloriza como estrategia de desarrollo rural. Visión de los enfoques contemporáneos
sobre desarrollo, influenciados por el IICA y el Banco Mundial.
El problema es el control del territorio para explotar los recursos allí existentes. Visión del
Gobierno.

b. Cómo hacer distribución de tierra: Cinco opciones:

Vía reorganización de la estructura de la tenencia de la tierra, tanto con una política de


reforma profunda como con acciones que den poder al campesinado.
Vía mercado, tanto a través del mercado de tierras promovido por el gobierno, como a
través de la promoción y apoyo del mercado desarrollado por el campesinado.
Una combinación de ambas formas, definiendo los lugares y sujetos de expropiación, de
conflicto, de compra y de promoción del mercado.
Reorganización de la estructura de la propiedad vía impuestos, castigando duramente los
usos improductivos y actualizando catastro.
Acceso por vía de arrendamiento y no necesariamente por redistribución de la propiedad.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


c. Reforma rural más que reforma agraria: la reforma agraria sin una reforma del ámbito rural
no resuelve ningún problema, caso en el cual su ejecución estaría subordinada a reformas en el
ámbito de lo rural. Queda la pregunta: ¿desde cuál enfoque? Desde la lógica de los enfoques
territoriales es una reforma esencialmente institucional.

d. Reforma ambiental más que reforma agraria: la redistribución de la tierra sin atender al
estado de los recursos y los ecosistemas, sólo conducirá a un mayor deterioro de dichos
recursos y ecosistemas y al empobrecimiento de los supuestos beneficiarios.

e. Reconocimiento y redistribución: el problema central no es la tierra, es el reconocimiento del


campesinado como actor social sin el cual las acciones de redistribución son marginales e
inocuas.

f. Vía colonización: Dos posiciones:

Se promueve la colonización acompañada de política social.


No se promueve la colonización y se exige la redistribución dentro de la actual frontera
agropecuaria.

g. Tierra y conflicto: plantea el problema de territorios y territorialidad, especialmente de


pueblos indígenas y de población afro, la posibilidad de disputar territorios para el
campesinado y la resolución de las tierras expropiadas por los actores de la violencia.

Los actores. Tres temas centrales:


Los actores del desarrollo rural: quiénes son, qué roles desempeñan, qué responsabilidades
les asigna la sociedad.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


El campesinado: cuál es la visión que se tiene de él (heterogeneidad, identidades, niveles de
integración a los mercados, tecnologías apropiadas, ingresos, pobreza, capacidades,
desarrollos tecnológicos, procesos políticos en defensa de derechos, imaginarios, economía
familiar, asociaciones, etc.), cuáles son los roles que se le asignan en lo económico y en lo
político y cuáles las estrategias de reconocimiento.
El empresariado: ligado a cadenas de producción, clubsters y redes de cooperación
orientados principalmente a la exportación.

La sustentabilidad. Cuatro temas:


a. Seguridad y soberanía alimentaria. Dos enfoques:

Seguridad alimentaria, propio de la economía y la política convencional: la seguridad


alimentaria se refiere a la provisión de alimentos de calidad y baratos a la población, sin
importar su lugar de origen en el mercado internacional.
Seguridad, autonomía y soberanía alimentarias, propio de las organizaciones alternativas
que promueven la producción y defensa del mercado interno, de la biodiversidad y la
reducción de la dependencia no siempre ecológica.

b. ¿Con qué tecnologías? Al respecto, dos posiciones:

Con la tecnología de la “revolución verde”, haciendo los ajustes biotecnológicos. Se


argumenta que el campesinado se ha apropiado de esta tecnología y podría hacer los ajustes
sin dificultad.
Con tecnologías alternativas, pero ¿cuáles? Hay al menos 20 tipos de “agriculturas para la
vida”. ¿Cuál o cuáles de ellas se ajustan a “nuestro” enfoque del desarrollo?

c. Desarrollo rural y biotecnología vs sustentabilidad. Dos enfoques:

La resolución del desarrollo rural, dados el volumen de población y la estructura de los


ingresos, sólo es posible con la aplicación de los desarrollos tecnológicos tipo transgénicos

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


o propios de la biotecnología (insumos seguros para el medio ambiente) al conjunto de
bienes existentes en el medio rural.
El desarrollo rural apuntalado en la aplicación de la biotecnología no reduce ni la
dependencia ecológica ni el intercambio ecológico desigual. Pero otra vez el problema:
¿qué enfoque de sustentabilidad?

d. Reforma rural ambiental. Cuatro temas:

Definición de la unidad ambiental: ecosistemas, cuencas, regiones ecológicas, suelos.


Reforma ambiental que relacione ecosistemas y culturas y no unidades administrativas o
políticas (en este caso se opone al enfoque de reforma territorial, más de corte
administrativo).
Definición de los procesos de transformación productiva y usos del suelo.
Conflictos ambientales: agotamiento de los recursos, apropiación y distribución de los
recursos, usos de la biodiversidad, control de los recursos incluida la mano de obra y el
mercado de tierras, mecanismos de sujeción incluida la violencia política.
El territorio: como unidad de control y manejo de los recursos desde la óptica de la
economía ambiental.

Cultivos de uso ilícito. Tres lecturas al respecto:


Son cultivos ilícitos, proscritos y son un problema. Solución: erradicación y sustitución
forzada.
Son cultivos de uso ilícito y su solución nace de la concertación y políticas sociales
dirigidas.
Son cultivos de uso ilícito y su solución depende de la solución de la cuestión rural.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Un tema por trabajar
Las ciudades y las regiones: huella ambiental, sistemas de abasto alimentario, servicios
ambientales, satisfacción de necesidades básicas, transformación productiva (agroindustria),
gobiernos locales y participación.

A pesar del espacio que han perdido los temas rurales en el medio académico, los pocos
lugares en los cuales aún se produce conocimiento sobre el tema −las organizaciones sociales y
ONG−, generan opciones que hacen contraste con la política gubernamental, tan centrada en
una visión unilateral. Este debate es esencial para la toma de decisiones sobre lo rural, la
agricultura y los actores que han de continuar interviniendo, puesto que el conflicto social,
político y armado, la política gubernamental y las acciones sociales de resistencia tienen de
hecho un lugar teórico y práctico que produce consecuencias.

Lo que quiere manifestar este ensayo es que las acciones de restitución y reparación de la
población desplazada deben ser entendidas en el porqué del fenómeno para que den pie a la
construcción de la memoria, aquello que lo produce. En este sentido, la memoria no es sólo el
anecdotario histórico de los hechos, es la razón explicativa del contexto social, económico y
político que ha dado lugar a que la arbitrariedad, vuelta hecho político y social, conduzca a
fenómenos como el desplazamiento, dentro de lo cual las estrategias de desarrollo rural no
están exentas de responsabilidad; en consecuencia, la política gubernamental por acción u
omisión, dado que hubo suficientes llamados desde distintos lugares de la sociedad para que
atendiera los problemas derivados de sus enfoques y prácticas.

El mundo rural no tiene que albergar sólo al campesinado, a los indígenas y afros. También
pueden están en él, inversionistas del agro y del turismo, medianos y grandes propietarios
(¿con cuál límite a la propiedad?), comerciantes, funcionarios, curas, etc., toda la gama de
actores que lo hacen un mundo cosmopolita por el cruce de culturas y mediaciones. Pero ello
exige precisamente que se reconozcan las diferencias, los procesos identitarios y sus roles.
Nada dice que el desarrollo rural debe ser sólo para un actor, sobre todo cuando las estructuras
económicas y sociales industriales no han podido brindar a la población urbana empleo y vida

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


con calidad y dignidad. Si este es un hecho demostrable estadísticamente, ¿por qué seguir
dando pie a los enfoques que parten de la sobreoferta o excedente de mano de obra en el
mundo rural y que al promover la expulsión de población terminaron siendo funcionales al
conflicto?

Este ensayo también quiere dejar explícita la contribución del campesinado a la economía
nacional. Algunos de los estudios académicos manifiestan que el campesinado se ha encargado
de producir, como tendencia histórica, alrededor del 65% de los alimentos de consumo directo,
el 35% de la leche, el 5% de las aves, el 30% del café de exportación, el 14% de los pastos. Los
cultivos predominantemente campesinos cubrían a comienzos de siglo el 67.2% de la
superficie cosechada y generaban el 60.1% del valor de la producción agrícola y aportaban el
35% de la canasta diaria de consumo de la población colombiana. En este sentido, la primera
acción de reparación que instancias como la Corte Constitucional y las organizaciones de la
sociedad civil pueden desarrollar, es la de mostrar a la sociedad colombiana el aporte de los
pueblos rurales a la sociedad, la economía y la cultura, que se hacen explícitos, entre otros, en
la seguridad y autonomías alimentarias de que gozamos y en la fortaleza institucional que para
la democracia brinda la pluralidad de sus organizaciones. El sólo hecho de hacer este
reconocimiento implica mostrar a la sociedad la arbitrariedad de la estructura actual, que
permite y avala esta violación de los derechos humanos de la que ahora es población
desplazada.

Las acciones de reparación también pueden demandar del gobierno la apertura de un debate
sobre el presente y futuro del desarrollo rural, no sólo porque se mantiene el “estado de cosas
inconstitucional” sino porque el desplazamiento de población continúa.

Este podría ser el principio de las acciones de reparación tendientes a corregir las fallas de
reconocimiento y redistribución tan propias de los procesos de desvalorización del
campesinado. Sin memoria estos dos elementos no ayudarán a construir un sentido de la

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


justicia que avance en la garantía de no repetición. Sin estos componentes, el debate sobre la
reparación a la población desplazada centrado en la tierra puede no sólo ser insuficiente sino
inocuo, puesto que los agentes que hoy la detentan querrán demostrar que son capaces de
usufructuarla, como siempre, con el apoyo gubernamental.

COMENTARIOS

Absalón Machado C.

Carlos Salgado señala que la tierra se ha planteado como la cuestión central del debate sobre la
restitución y reparación a las víctimas del conflicto que han sido despojadas de sus bienes de
manera violenta o fraudulenta. Y sienta la tesis de que el tema de la tierra no parece suficiente
para crear las condiciones de “una reparación justa, brindar las garantías de no repetición y
promover una estructura rural democrática incluyente”.

También señala que sobre la tierra como factor productivo, de renta y cultural, existen varias
interpretaciones que modifican las apreciaciones de quienes intervienen en el debate. E
igualmente recuerda que los diferentes modelos aplicados en los procesos de modernización
agraria contenían implícitamente una desvalorización relativa del campesinado por los roles
asignados en los procesos de acumulación, y la consideración de que no tenía capacidades y
habilidades para el desarrollo. Sin embargo, el autor anota las razones por las cuales el
campesinado, pese a esa situación, no ha desaparecido del panorama agrario y se mantiene
reclamando sus derechos al lado de los empresarios, quienes en las nuevas concepciones del
desarrollo rural pasan a privilegiarse como actores con capacidades de integrarse a la dinámica
de la globalización.

Y puesto el problema en el contexto del conflicto colombiano donde se combina la promoción


de la inversión con la coerción “ha hecho funcional para sí tanto el conflicto como la política
pública, que no se ha hecho preguntas sobre la relación entre economía y conflicto. Lo rural, la
tierra en particular, no se entienden entonces sin el desarrollo del conflicto colombiano”. Con

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


esta afirmación Salgado plantea una cuestión fundamental para el debate: ¿es la violencia en el
campo un instrumento clave para explicar el proceso de acumulación agraria que implica el
control sobre la tierra y los territorios?

Si la respuesta es afirmativa, la conclusión sería que las elites que dominan el Estado han
propiciado políticas públicas que hacen caso omiso de los procesos de acumulación de tierras,
sea a través del mercado o de la violencia. Y también: el despojo de tierras utilizando la
violencia o los mecanismos del mercado resulta funcional al fortalecimiento del poder político
de la clase propietaria y sus vínculos con la definición de las políticas públicas. Todo ello
explicaría el porqué los procesos de reparto de tierras con intervención directa del Estado
salieron de la agenda pública precisamente cuando el conflicto tuvo sus épocas de mayor auge,
y especialmente a partir de los años ochenta. Muchos temas de análisis surgen de estas
preguntas que van al fondo de los problemas agrarios y la crisis recurrente de la agricultura.

El punto central de la reflexión de Salgado es que el campesinado no ha tenido un


reconocimiento como sujeto cultural y de desarrollo, con lo cual se configuran las fallas de
redistribución y de reconocimiento. E indica que el enfoque copiado de la matriz de la política
europea resulta funcional a esas fallas de reconocimiento y al conflicto, pues valora el territorio
y lo coloca como el sujeto de la política y no a los actores sociales que tradicionalmente han
habitado en él.

Salgado plantea así una cuestión de fondo sobre el concepto de nueva ruralidad y la
instrumentalización que de ella ha hecho el Estado en las fases más recientes del conflicto y
que pueden deducirse de los actuales planes de desarrollo donde lo importante es recuperar el
territorio por parte del Estado y facilitar la inversión empresarial para una “ocupación pacífica”
del mismo. Ese proceso reconfigura el espacio territorial en función de intereses de grupos con
capacidad inversionista y con poder en el Estado. He allí entonces la crisis del campesinado y
el drama de los desplazados que han sido sacados del territorio rural para facilitar la acción de
nuevos poderes en el sector rural, sin muchas esperanzas de que la política de restitución de
tierras sea efectiva y se complemente con una de reconfiguración de la estructura agraria donde
pequeños y medianos productores asuman liderazgos en el desarrollo rural.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


En términos políticos, Salgado indica que el centro del problema no es la tierra –sin que ella
deje de ser crucial− sino el reconocimiento del sujeto. Y la conclusión es clara: si no se corrige
esa falla de reconocimiento, la política de restitución de tierras y cualquier política
redistributiva será mínima y la reparación a las víctimas con justicia será marginal. Podría
decirse que la afirmación de Salgado no puede ser absoluta, instrumento (la tierra) y sujeto
resultan ser una misma identidad en el caso de los campesinos. La tierra como factor
productivo permanece en la cultura campesina como una reivindicación histórica, y como
memoria colectiva rural en la historia de la cotidianidad. Otra cosa es el contexto en el que se
sitúa la discusión sobre la tierra, si es de conflicto y de despojo, el asunto puede tener un cariz
distinto a si se discute el valor de la tierra para los distintos actores sociales en una fase de
pleno posconflicto. También es diferente si se está en una fase de democracia restringida a si la
democracia está a sus anchas en la sociedad.

Todos estos planteamientos de Carlos Salgado me parecen de la mayor importancia para el


debate actual, y las preguntas que señala sobre las opciones de políticas públicas para el sector
rural son una agenda sugestiva que debería considerarse, pues ayudarían a darle mayor claridad
al problema y las posibilidades de resolverlo, distinguiendo entre la política de restitución y la
de transformación de la estructura agraria.

Finalmente, el autor hace un reconocimiento a la importancia de la memoria para que las fallas
de reconocimiento y de redistribución ayuden a reconstruir justicia y reparación. La memoria
de los contextos en los que se ha producido el despojo de abandono de tierras y de los procesos
y métodos de despojo con señalamiento de los actores responsables, se constituye en una deuda
que la sociedad tiene con las víctimas. La dilucidación de los sistemas de despojo y sus
responsables es una tarea de la memoria histórica que requiere de un trabajo sistemático, en la
medida en que la sociedad colombiana ha invisibilizado ese fenómeno. Sólo cuando las
organizaciones de víctimas y algunas entidades internacionales han tratado de mostrar la
magnitud del despojo de tierras y las consecuencias dramáticas que tiene para los desplazados,
el fenómeno se ha ido visibilizando.

El despojo y abandono de tierras ha sido un instrumento del conflicto y de los procesos de


concentración de la tierra y el control de los territorios por actores armados ilegales y las elites

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


asociados con ellos. Es un fenómeno complejo que va adoptando diversas formas según los
contextos y la visibilización que se le va dando. Pero está allí, permanece con formas cada vez
más sofisticadas y el Estado no ha hecho lo necesario para eliminar los factores que conducen a
él, en la medida que es funcional al modelo de desarrollo agrario. Una derivación clara de los
planteamientos de Salgado es que el despojo de tierras sin una atención del Estado y la
sociedad sobre su gravedad, es una consecuencia del no reconocimiento del campesinado como
actor social con derechos y capacidades.

COMENTARIOS

Por Juan Guillermo Ferro M.

Profesor Asociado. Facultad de Estudios Ambientales y Rurales

Universidad Javeriana

El trabajo de Carlos Salgado es de enorme importancia para todo aquel interesado en preservar
la diversidad social y cultural de nuestro país. El tema y la problemática de la desvalorización
del campesinado reflejan la crisis de un proyecto de nación democrático e intercultural. Desde
mi perspectiva esta ponencia es un importante aporte al análisis sobre la relación entre cultura
y política para el caso de los campesinos colombianos, vínculo que en Colombia apenas ha
sido estudiado. Esto es claro si se pone en referencia con los numerosos estudios que han
analizado esa relación para el caso de los indígenas y los afrocolombianos. Pero la cuestión no
es sólo de novedad temática, creo que la indagación sobre este vínculo puede dar importantes
luces sobre la situación actual del campesinado colombiano, y, lo que es más importante aun,
sobre las posibles salidas a esa situación.

El campesinado colombiano, en general, y las organizaciones campesinas regionales y


nacionales pasan por una profunda crisis política y cultural. En Colombia, en aras de la lógica
descomunitarizante de la guerra, del narcotráfico y del desarrollo de una propuesta neoliberal
de desarrollo y de ordenamiento territorial rural basado en la gran propiedad exportadora
(agronegocios), los campesinos colombianos se encuentran asediados, violentados y con pocos

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


márgenes de maniobra política para desarrollar sus opciones culturales de vida. Pero,
apartándonos un poco de Salgado, también creo que este proceso de arrinconamiento está
reforzado por las debilidades identitarias y de autoreconocimiento de las organizaciones y
comunidades campesinas sobre lo que significa su cultura, y especialmente sobre la
importancia de esas particularidades y diferencias culturales para la resistencia y la acción
política frente a la sociedad hegemónica.

Considero que el desdibujamiento de lo identitario para el análisis político, está inserto en un


problema más general de los análisis que separan la dimensión política de la dimensión
cultural. En la actualidad en la sociología y la ciencia política de mayor difusión se ha llegado
a una especie de consenso sobre los elementos fundamentales que se deben tener en cuenta
para analizar la acción colectiva y los movimientos sociales; dimensiones que han sido
integradas en tres bloques fundamentales: el contexto político o la “estructura de oportunidades
políticas”; las formas de organización o las “estructuras de movilización”; y los “procesos
enmarcadores” o de interpretación. Sin embargo, persiste una debilidad para integrar estas
dimensiones y sólo muy recientemente se ha empezado a analizar la importancia de la cultura,
como lo reconocen los propios autores norteamericanos que elaboran inventarios y
evaluaciones sobre la literatura en torno de la acción colectiva y los movimientos sociales
producida sobretodo en Europa y en Estados Unidos2.

Sin embargo, son la acción colectiva y los movimientos sociales latinoamericanos la prueba de
la relación existente entre cultura y política. Cuando estos movimientos luchan, entre otras
cosas, por rescatar el concepto y la práctica de la diferencia están haciendo política en la
medida en que tratan de afectar un valor dominante en la cultura que no reconoce la diferencia
o que, si la reconoce, la utiliza para ejercer poder a partir de ella. Esta demanda no
necesariamente se reduce a una reivindicación frente al sistema político, pues se hace ante las
relaciones de poder existentes en la sociedad y por lo tanto ante una cultura política dominante
históricamente.

Existe entonces una limitación en estas teorías segmentadoras en cuanto a la relación entre
política y cultura. Allí pareciera que lo cultural es un añadido, incluso una variable
2
McDam, Doug; McCarthy, John D. y Mayer N., Zald Movimientos Sociales: perspectivas comparadas.
Madrid, Istmo, 1999. Pág. 27.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
recientemente aceptada, una esfera más del fenómeno. Lo que aquí propongo es que para
analizar el caso de los movimientos campesinos es imposible separar lo político de lo cultural y
viceversa, como lo dicen claramente autores latinoamericanos como Escobar, Dagnino y
Álvarez3. Con ellos pienso que la cultura no es una esfera más sino una dimensión de todas las
instancias económicas, sociales y políticas. La acción colectiva y los movimientos sociales son
un aspecto vital de la producción cultural, un ámbito crucial para entender la relación entre lo
cultural y lo político. En algunos casos estos movimientos plantean una redefinición en su
relación con la “política” en la medida en que la “desinstitucionalizan” y la “desestatizan”,
ampliando así el campo de la política misma. En concreto, hay una ampliación de las esferas
públicas que incluye prácticas económicas, sociales y culturales que desbordan el marco
institucional e incluyen el ámbito de lo cotidiano.

Entonces, la tesis central de Salgado sobre la desvalorización del campesinado permite plantear
varias preguntas desde esta relación entre política y cultura: ¿Cuáles son las características de
la sociedad campesina que hacen que actualmente se le pueda considerar una cultura diferente
a la hegemónica? ¿Los valores que tradicionalmente se le han asignado a la sociedad
campesina como la autonomía, que se concreta en el apego al trabajo libre, a la familia, a la
comunidad, a la religión, a la producción alimentaria, a la tierra y al territorio, entre otros,
siguen siendo vigentes tanto desde la visión que los campesinos tienen de sí mismos como
desde la percepción que otros actores sociales tienen sobre ellos? ¿Es posible afirmar que la
conciencia y claridad sobre las particularidades de la identidad cultural campesina son
imprescindibles para el ejercicio eficaz de la acción y la resistencia política? O por el contrario
¿la acción y la resistencia política son las que van configurando y cohesionando el
autoreconocimiento identitario? En las comunidades campesinas, ¿cuál es el papel de la
memoria en la construcción de la identidad y de la política? ¿Se hace “política de la memoria”
y “cultura de la memoria” como se ha analizado para las comunidades indígenas?

Sabemos desde los imaginarios dominantes que ha trabajado el propio autor que hay una visión
economicista que privilegia la dimensión productiva olvidándose del sujeto social; una visión
liberal modernizante que ve al campesino como una especie en vía de extinción o, en el mejor

3
Escobar, Arturo; Álvarez, Sonia E. y Dagnino, Evelina (eds.) Política cultural y Cultura Política. Una nueva
mirada sobre los movimientos sociales latinoamericanos, Taurus - ICANH, Bogotá, 2001.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
de los casos, como el estancado, el dependiente, el atrasado o el incapaz; y una visión
estructuralista que vería al campesino como estricto reflejo de sus condiciones materiales de
existencia relegando sus resistencias, sus sueños y utopías. Pero ¿qué tanto los campesinos
colombianos creen que conforman una cultura diferente a la dominante? ¿Qué tan interiorizada
está en los propios campesinos la visión dominante en Colombia que sólo ve diferentes a los
campesinos desde la visión de niveles o escalas de “desarrollo” económico, es decir, desde la
concepción que los clasifica como pequeños productores agrarios?

En síntesis, el trabajo aquí comentado tiene la enorme virtud de ser provocador e incitar a la
elaboración de una agenda de preguntas de investigación sobre un tema que es crucial para la
consolidación de la democracia, la justicia, la paz y la diversidad cultural en nuestro
descuadernado país.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


CAPÍTULO 2

IMPACTOS DEL TLC CON ESTADOS UNIDOS SOBRE LA ECONOMÍA


CAMPESINA EN COLOMBIA*

Luis Jorge Garay Salamanca, Fernando Barberi Gómez e Iván Cardona Landínez

INTRODUCCIÓN
El objetivo principal del presente estudio es analizar y estimar los impactos previsibles del
Tratado de Libre de Comercio (TLC) entre Colombia y los Estados Unidos sobre la economía
campesina colombiana, a partir de los resultados y condiciones acordadas para el sector
agropecuario en la negociación de dicho tratado.

Para tal fin, en primer lugar se estiman los impactos previsibles que la desgravación arancelaria
acordada en el TLC con Estados Unidos podría traer sobre el sector agropecuario productor en
Colombia, en términos de los cambios esperados en los precios internos y por esta vía, en las
áreas sembradas y la producción, especialmente para aquellos productos que cultivan o
sostienen en una magnitud importante las economías campesinas.

En términos generales, este ejercicio se desarrolla bajo una metodología de estática


comparativa, con base en el comportamiento promedio de los precios internos y externos y de
la tasa de cambio observada en el pasado reciente, suponiendo que una vez entre en vigencia el
TLC se mantendrán iguales las condiciones presentadas durante los últimos años en los
mercados de los productos bajo estudio. No obstante, con el objetivo de medir la sensibilidad
de los resultados ante cambios en tales condiciones, también se estiman los impactos bajo
escenarios de precios internacionales altos y bajos, así como escenarios de tasa de cambio
devaluacionista y revaluacionista. De igual forma, se utiliza un análisis de equilibrio parcial, el

*
Resumen ejecutivo del documento del mismo nombre La elbaoración de este trabajo fue apoyada por Oxfam
Internacional. Los contenidos de este informe no necesariamente reflejan la opinión de Oxfam
Internacional.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
cual tiene la ventaja de permitir evaluar con mayor detalle los efectos directos sobre los
principales productos del agro colombiano, pero al costo de ignorar parte de los efectos
indirectos derivados de las relaciones de sustitución y complementación existentes entre ellos.

En segundo término, se realiza una caracterización de la economía campesina en el país, tanto


en lo correspondiente a la situación de los hogares que se dedican a este tipo de actividad, a
partir de los resultados de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del primer trimestre de
2005, así como en lo relativo a su participación en la producción agropecuaria del país y a la
cuantificación de los cultivos y actividades pecuarias que desarrollan, tomando como
referencia los resultados de la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) del año 2005.

En tercer lugar, a partir de los resultados generales sobre el impacto del TLC para cada cultivo
o actividad pecuaria en particular, se estima el efecto probable que la liberación comercial
traería sobre los productores de economía campesina y, por esta vía, sobre los ingresos de sus
hogares. Esta medición involucra el cálculo de la estructura promedio de ingresos y gastos de
tales productores, a partir de la información de precios y costos de producción disponible en el
país. Aplicando los cambios estimados por efectos del TLC en el precio interno, la producción
y el área sembrada a la estructura productiva calculada, es posible estimar el impacto sobre el
ingreso total, el valor agregado o excedente del productor y la ganancia neta de estos
productores, tomando como referencia el año 2005. Con dichas estimaciones se evalúa el
impacto que el Tratado podría ocasionar sobre el ingreso total de los hogares campesinos, así
como sus implicaciones sobre los niveles de pobreza que agobian a los mismos actualmente.

Es importante tener en cuenta que el interés principal de este estudio es el de determinar cuáles
serían los impactos del TLC para los productores de economía campesina y los hogares que
dependen de ellos en Colombia, desde el punto de vista de los patrones de producción. Esto
implica que no se contabilizan los efectos para los hogares por el cambio en los precios
relativos de los distintos bienes de consumo así como tampoco los derivados de los cambios en
el ingreso nacional, ni aquellos que se registrarán en los ingresos fiscales de la Nación.

A continuación se incluye un resumen ejecutivo que contiene los principales resultados del
estudio. Posteriormente, en el primer capítulo del informe se presentan algunos de los
elementos característicos de la negociación agropecuaria, así como de los principales

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


resultados de la misma. Los capítulos siguientes abordarán, en su orden, el cálculo de los
efectos previsibles del TLC sobre el sector agropecuario, la caracterización de la economía
campesina y la estimación de los impactos de este nuevo escenario para los productores de
economía campesina y sus hogares.

Se anexa a este documento un CD con todos los anexos metodológicos y estadísticos utilizados
en el trabajo.

RESUMEN EJECUTIVO
El presente trabajo pretende estimar el efecto que podría derivarse del Tratado de Libre
Comercio suscrito por Estados Unidos y Colombia sobre los pequeños productores campesinos
de este último país, en términos de disminuciones de producción e ingresos, bajo la hipótesis
de que difícilmente estos productores podrán aprovechar las pocas oportunidades que en
materia agropecuaria se derivan de la negociación de este Tratado para aumentar su producción
o sus ingresos.

En efecto, casi todos los bienes tradicionales de exportación de Colombia ya gozan de entrada
libre de aranceles a los Estados Unidos, y el único producto con alto potencial exportador que
cuenta con restricciones arancelarias –el azúcar– quedó excluido de la desgravación. De otra
parte, en la mayoría de los productos promisorios identificados por el Gobierno dentro de la
agenda exportadora agropecuaria, el aumento de exportaciones hacia los Estados Unidos como
resultado de las condiciones planteadas en el TLC es incierto y está atado al cumplimiento de
diversas condiciones previas. De una parte, depende de la voluntad de las autoridades
estadounidenses para remover barreras al comercio injustificadas como fechas y puertos de
entrada y, de otra, depende del avance de la agenda interna que debe implementarse en el país
para mejorar la competitividad de los distintos productos y ajustarlos a las normas sanitarias y
fitosanitarias exigidas como la trazabilidad, y para adecuar la producción interna a los
estándares internacionales en materia de calidad, empaques, etc.
Adicionalmente, en caso de que se logre concretar alguna de las posibilidades que se abren con
el Tratado, no es claro que pueda beneficiar a los productores de economía campesina,
teniendo en cuenta la magnitud y el costo de los ajustes e inversiones que sería necesario

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


emprender para producir con escalas adecuadas a los tamaños mínimos de pedido que se
podrían presentar.
Con base en las funciones de oferta estimadas en el trabajo realizado para el Ministerio de
Agricultura y Desarrollo Rural en el año de 2005 para productos agrícolas, y las estimadas para
las producciones de carne de cerdo y carne de pollo en desarrollo de dos tesis universitarias, se
estimaron los cambios promedio que podrían presentarse en precios y producción derivados de
la eliminación de los aranceles para un conjunto significativo de productos de economía
campesina, bajo escenarios de precios y tasas de cambio promedio, bajo y alto. Estos cambios
fueron aplicados a la estructura de producción campesina del año 2005 para determinar las
pérdidas de ingresos y valor agregado que se presentarían como consecuencia del tratado en
referencia.

1. Las implicaciones de negociar un Tratado de Libre Comercio Agropecuario con los


Estados Unidos
Dentro de la reciente política de “internacionalización” de la economía adoptada por el
Gobierno Nacional en los últimos años, que tiene como instrumentos principales la suscripción
de tratados de libre comercio y de promoción de inversiones de carácter bilateral con distintos
socios comerciales, la negociación del TLC con los Estados Unidos ha sido la principal y más
importante manifestación, teniendo en cuenta la magnitud de los flujos comerciales existentes
entre los dos países, la considerable capacidad del mercado estadounidense respecto al
colombiano en la mayoría de bienes y servicios y las relaciones políticas entre las dos naciones
con motivo de la lucha contra el narcotráfico.

La sensibilidad que siempre caracteriza al sector agropecuario en las negociaciones


comerciales no sólo en Colombia sino en el mundo, se profundiza en el caso del TLC con los
Estados Unidos debido a diversas consideraciones. En primer lugar, no obstante que la
reducción arancelaria implementada en Colombia desde principios de los 90 había sido
importante, el sector continuaba estando protegido con diversos instrumentos tales como
aranceles variables para un grupo importante de productos (cereales, oleaginosas, lácteos,
carne de pollo y cerdo y azúcar) y aranceles ad valorem altos para otro grupo de bienes

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sensibles (arroz, carne bovina y fríjol), mecanismos de absorción de cosechas y cuotas de
importación y apoyos directos a la producción en ciertas actividades, entre otros.

En segundo término, se estaba ad portas de concretar un escenario de libre comercio con una
de las potencias económicas mundiales, con un evidente y profundo grado de asimetría entre
las economías de ambas naciones (en el 2001, el PIB estadounidense era 122 veces más grande
que el colombiano), el tamaño de los mercados (la población era 7 veces mayor y la extensión
del territorio es 9 veces más amplia en Estados Unidos), la producción agropecuaria (el PIB
agropecuario superó en 15 veces al colombiano y la superficie cultivada en 26 veces), la
capacidad exportadora del sector (las exportaciones agropecuarias estadounidenses superaron
en más de 20 veces las colombianas) y el grado de desarrollo tecnológico de la actividad (el
número de tractores por cada mil trabajadores era 257 veces mayor en Estados Unidos).

En tercer lugar, se pretendía abrir el mercado interno colombiano a las ventas externas de un
país que otorga una cuantía significativa de ayudas internas a la producción y subsidios a las
exportaciones, con claros efectos distorsionantes sobre el comercio y los precios mundiales.
Aunque se sabía que, con excepción de los subsidios no financieros a las exportaciones,
resultaba bastante difícil si no imposible una negociación respecto a tales medidas, al menos se
esperaba poder acordar instrumentos en el Tratado que permitieran evitar trasladar sus efectos
a los productores colombianos.

En cuarto término, aunque uno de los principales objetivos de la negociación era consolidar de
manera permanente las preferencias unilaterales otorgadas por los Estados Unidos en virtud del
ATPA/ATPDEA, se sabía que el Tratado sólo conseguiría aumentar las exportaciones
agropecuarias de Colombia si se lograban eliminar las restricciones arancelarias que mantenía
dicho país para sus productos sensibles (azúcar, carne bovina, lácteos y tabaco), así como si se
obtenían acuerdos concretos que permitieran superar las barreras no arancelarias que
enfrentaba un grupo importante de bienes promisorios de exportación (carne bovina y lácteos,
frutas y hortalizas).

Por último, era ampliamente reconocida la sensibilidad del sector en términos de la estabilidad
política, económica y social del país, debido fundamentalmente a su relación con el conflicto

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


interno presente desde hace décadas, así como por la necesidad de crear alternativas rentables
para combatir la siembra de cultivos ilícitos.

Como se verá a continuación, a pesar de todas estas consideraciones, los resultados finales de
la negociación reflejan que no se tuvo en cuenta ni el reconocimiento de las asimetrías
mencionadas, ni la supuesta importancia política de Colombia ni la corresponsabilidad de los
Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, ni los previsibles efectos
negativos de liberar el mercado interno colombiano ante la presencia de medidas
distorsionantes y sin posibilidades concretas de lograr aumentos significativos en las
exportaciones del sector. Los Estados Unidos negociaron el Tratado teniendo en cuenta sólo
consideraciones de tipo comercial y, en general, el tratamiento otorgado a Colombia fue menos
favorable al concedido a otros países con los cuales había negociado con anterioridad.

2. Los términos de la negociación: inequidad y asimetría en contra de Colombia


La negociación del TLC con los Estados Unidos resultó inequitativa en contra de Colombia.

En efecto, mientras que los Estados Unidos logró mantener buena parte de la protección a sus
productos a través de la preservación de las ayudas internas a la producción, Colombia accedió
a desgravar la totalidad de sus aranceles (en distintos plazos según el producto) y a desmontar
sus principales medidas de protección, como el Sistema Andino de Franjas de Precios y el
Mecanismo de Administración de Contingentes que garantiza la compra de las cosechas
nacionales, sin tener la posibilidad de adoptar mecanismos para contrarrestar el efecto de
dichas ayudas y subsidios.

Adicionalmente, mientras que los Estados Unidos excluyeron de la desgravación al azúcar, uno
de sus productos más sensibles y a la par uno de los principales renglones ofensivos de
Colombia, así como los productos con alto contenido de azúcar no listos para el consumo final,
no permitieron que este último país excluyera producto alguno, como se pretendía en casos de
bienes altamente sensibles como la carne de pollo o el arroz. Igualmente, se acordó la
introducción de una cláusula de preferencia no recíproca en el ámbito agropecuario, en virtud
de la cual Colombia debe otorgarle a los Estados Unidos cualquier preferencia arancelaria que

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


negocie con otros socios comerciales, si ésta es mayor a la concedida en el TLC, lo cual le
resta enorme flexibilidad a Colombia en sus negociaciones comerciales futuras, impidiéndole
otorgar acceso preferencial a otros países en productos en los cuales no tengan grandes
ventajas a cambio de obtener tratamientos favorables en productos de interés.

La negociación también resultó asimétrica a favor de Estados Unidos, en claro


desconocimiento de las diferencias en el tamaño y grado de desarrollo de las economías y de
los sectores agropecuarios de ambas naciones. En efecto, las concesiones otorgadas por
Colombia (valor del comercio ubicado en desgravación inmediata y valor de los contingentes
libres de arancel) superaron en valor a las ofrecidas por los Estados Unidos, lo que implicará
que a corto plazo se registre un aumento de las exportaciones estadounidenses superior al de
las colombianas (Garay et al., 2006).

Así mismo, no es previsible que esta situación se pueda revertir al menos a corto y mediano
plazo, toda vez que no se logró garantizar el “acceso real” de los productos colombianos que
podrían tener potencial de penetración en el mercado estadounidense, puesto que los
compromisos sanitarios y fitosanitarios asumidos por los Estados Unidos fuera del texto del
Tratado tienen un lenguaje condicional y corresponden más a una declaración de buena
voluntad, a diferencia de las exigencias hechas a Colombia en estas materias, que sí fueron
muy precisas, por ejemplo en cuanto a las obligaciones de entrada para productos cárnicos, un
factor más de inequidad y asimetría contenido en el Tratado.

En resumen, Colombia garantizó a los Estados Unidos la apertura sin condiciones del mercado
interno para sus principales productos de interés exportador, como el arroz, el maíz, el trigo, la
cebada, la soya, el fríjol, los aceites, la carne de pollo y de cerdo, la carne bovina de alta
calidad, la leche en polvo y los lactosueros, entre otros. En contraste, este último país le
condicionó el acceso de un producto importante como el azúcar a un contingente libre de
arancel y no le garantizó la eliminación de las barreras no arancelarias.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


3. Los impactos previsibles del TLC: pérdida de producción e ingresos para los
productores que compiten con importaciones
Un conjunto importante de bienes agropecuarios producidos en Colombia y en los cuales los
Estados Unidos tienen una capacidad importante de exportación, derivadas entre otros de los
subsidios que este país le otorga a sus productores, serían los más afectados con el TLC,
teniendo en cuenta que la eliminación de los aranceles traería por consecuencia una reducción
de los precios internos recibidos por los agricultores colombianos y un incremento en las
importaciones. Estos efectos se presentarían en los principales cultivos transitorios
desarrollados en el país, tales como cereales (arroz, maíz amarillo, maíz blanco, sorgo y trigo),
leguminosas (fríjol y arveja) y algunas hortalizas (tomate, cebolla y zanahoria), así como en
algunas actividades pecuarias como las carnes de pollo y de cerdo.

En estas circunstancias, es previsible esperar que la reducción en los precios internos tenga
como consecuencia una disminución en el área sembrada y en la producción nacional de estos
bienes, dependiendo de la magnitud de las elasticidades de oferta en cada caso, con el
consecuente aumento en el grado de dependencia alimentaria del país.

De acuerdo con los estimativos adelantados en esta investigación, se encuentra que la


desgravación acordada se traduciría en una disminución de los precios internos en
proporciones considerables, que oscilan entre el 15%, en el caso de arveja y hortalizas, y el
55% en el fríjol, esto bajo un escenario de precios y tasa de cambio promedio. Estas
disminuciones en los precios recibidos por los productores ocasionarían caídas importantes en
los niveles de producción de las distintas actividades, oscilando entre un 19% para arroz y un
54% para fríjol (para arveja y hortalizas el cambio es igual a 0% dado que se suponen ofertas
perfectamente inelásticas al precio, debido a la ausencia de estimaciones de las funciones de
oferta).

En conjunto, los cambios estimados tendrían un efecto importante sobre el valor de la


producción de estos bienes, con disminuciones superiores al 50% en la mayoría de los bienes,
como son los casos del maíz blanco (52%), maíz amarillo (54%), trigo (62%), carne de cerdo
(65%), sorgo (66%), la carne de pollo (68%) y fríjol (79%).

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Resumen de los Impactos del TLC con EE.UU. Sobre los Sectores Productores de Bienes
que Compiten con Importaciones – Escenario Medio de Precios y Tasa de Cambio
Cambio Cambio en
Cambio Cambio en
ACTIVIDAD en Área Valor de
en Precio Producción
Cosechada Producción

Arroz -20% -19% -19% -35%

Maíz Amarillo -41% -24% -21% -54%

Maíz Blanco -42% -21% -18% -52%

Sorgo -41% -40% -42% -66%

Trigo -25% -77% -49% -62%

Fríjol -55% -34% -54% -79%

Arveja -15% 0% 0% -15%

Cebolla -15% 0% 0% -15%

Tomate -15% 0% 0% -15%

Zanahoria -15% 0% 0% -15%

Carne de Pollo -51% N.A. -35% -68%

Carne de Cerdo -28% N.A. -51% -65%

Fuente: Cálculos propios.

4. La importancia de la economía campesina en Colombia


Distintos estudios académicos realizados en el país han reconocido el papel del campesinado
como proveedor de una parte sustancial de la oferta alimentaria. Así se constata también en

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


este estudio, en el cual se encuentra que la economía campesina absorbe una proporción
considerable de la población que se ocupa en la rama agropecuaria.4

En efecto, se encontró que el 48% de los ocupados en la rama agropecuaria durante el año
2005, equivalente a 1.776.253 personas, eran trabajadores independientes o cuenta propia, los
cuales se asocian a los productores campesinos del país,5 cifra que a su vez representaba el
10% del total de ocupados del país, un porcentaje nada despreciable que denota la importancia
de este segmento en la actividad económica nacional.

Así mismo, los hogares campesinos, entendidos como aquellos que contaban por lo menos con
un trabajador independiente en el sector agropecuario eran 1.369.438, que corresponden al
12% del total de hogares del país.

Se observó también que el ingreso promedio mensual de los hogares campesinos durante el
año 2005 ascendió a $340.200, con una diferencia importante entre los hogares ubicados en
zona urbana, que obtuvieron un ingreso promedio de $536.619 por mes, frente a los que viven
en zona rural, que apenas lograron ingresos promedio por valor de $278.280. La mayor parte
de este ingreso se originó en la actividad agropecuaria desarrollada por el hogar (69%), seguida
en orden de importancia por las ganancias y salarios recibidos por actividades en otras ramas
económicas (25%).

Los ingresos de los hogares campesinos evidenciaban condiciones de vida precarias. En efecto,
el 68% de los hogares registró ingresos por debajo de un (1) salario mínimo (76% para los
ubicados en zona rural y 44% para los de zona urbana), y apenas el 3% obtuvo ingresos
superiores a tres (3) salarios mínimos (2% en los hogares ubicados en zona rural y 9% en los
de zona urbana), considerados legalmente como los necesarios para que una Unidad Agrícola
Familiar pueda remunerar su trabajo y obtener excedentes capitalizables.

4
Caracterización realizada a partir de la Encuesta Continua de Hogares del primer trimestre del
año 2005.
5
Personas que explotan un negocio (finca) por su propia cuenta con ayuda o no de familiares,
pero sin contratar ningún trabajador (empleado u obrero) remunerado de forma permanente.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Principales Características de los Hogares Campesinos en Colombia en el año 2005
Concepto Urbano Rural Total

Total de hogares campesinos 328.234 1.041.204 1.369.438

Participación en el total de hogares de


82,0% 90,1% 88,0%
productores agropecuarios

Participación en el total de hogares con


47,9% 57,1% 54,6%
actividades en la rama agropecuaria

Participación en el total de hogares en


3,9% 37,6% 12,3%
Colombia

Absorción de la mano de obra familiar


60,7% 76,8% 72,9%
para la actividad agropecuaria

Ingreso promedio mensual por hogar ($


536.619 278.280 340.200
del 2005)

Participación de la ganancia neta


agropecuaria en el ingreso total del 57,9% 68,9% 64,7%
hogar

Fuente: Cálculos propios con base en información de la Encuesta Continua de Hogares del año
2005 adelantada por el DANE.

En lo que corresponde a la actividad agropecuaria en el país, se encontró que el 87% de las


unidades productivas agropecuarias durante el año 2005 se asocian a la economía

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campesina,6 con una presencia muy importante en ciertos departamentos, como en los casos de
Boyacá (98%), Cauca (96%), Nariño (94%), Huila (92%) y Cundinamarca (90%). Cada una de
las unidades productivas campesinas utilizó 4,8 hectáreas de suelo en promedio, de las cuales
1,2 en uso agrícola, 3,2 en uso pecuario y 0,4 en bosques, tamaños que contrastan con los
observados en el caso de las unidades asociadas a la agricultura empresarial, las cuales
utilizaron 65,1 hectáreas por finca, con 53,1 dedicadas a pastos y malezas, es decir,
probablemente a ganadería extensiva en una gran proporción.

Su aporte a la producción agrícola del país es también considerable, toda vez que las unidades
campesinas abarcaron el 47% del área total cosechada en el 2005 con cultivos transitorios en el
país, y el 50% de la producción de los mismos, así como el 56% del área cosechada con
cultivos permanentes y el 48% de su producción. Se destaca la participación de las unidades
campesinas, tanto en área como en producción,7 en cultivos de ciclo corto como cebolla larga
(97%), haba (96%), tabaco (91%), cebolla cabezona (89%), trigo (83%), papa (82%), fríjol
(81%), arveja y cebada (79% cada uno), maíz amarillo tradicional (71%), zanahoria (79%), así
como en cultivos permanentes como cacao (81%), banano (75%), café (74%), caña panelera y
plátano (70%).

Así mismo, su aporte a la producción pecuaria es también importante, tomando en cuenta que
las unidades campesinas poseían en el 2005 el 17% del ganado bovino existente en el país,
siendo mayor su participación en el ganado con orientación a leche y doble propósito (25%)
que en el de carne (12%). Estas unidades poseían igualmente el 17% de las aves, el 35% de los
cerdos y el 38% de las especies menores (ovejas, cabras, conejos y cuyes).

6
Caracterización realizada a partir de la Encuesta Nacional Agropecuaria del año 2005. Se
consideraron como unidades de economía campesina a aquellos PSM (Pedazo de Segmento de
Muestreo) en donde el área agropecuaria era menor o igual a 1 UAF (Unidad Agrícola
Familiar) departamental, y en donde el número de animales era igual o inferior al límite de
pequeño productor definido por la Corporación Colombia Internacional (CCI) y el área
piscícola era menor a 5 hectáreas. Cabe señalar que la CCI es una entidad de capital mixto
(gobierno-sector privado) muy reconocida en el país.
7
En el estudio se supone que las productividades en las unidades campesinas son iguales a las
observadas a nivel nacional.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Participación de los Productores Campesinos en la Actividad Agropecuaria de Colombia en
el año 2005

Total Sector Total Economía


Agropecuario Campesina
Concepto
Part.
Unidades Unidades
%

Unidades Agropecuarias Encuestadas


(PSMs) 41.700 36.212 87%

Área Agropecuaria Cubierta en la Encuesta


(Has.) 530.737 173.505 33%

Hectáreas por Unidad Productiva (Has.) 12,7 4,8 38%

Área Nacional Cosechada en el 2005 (Has.)

Cultivos Transitorios 1.407.026 654.541 47%

Cultivos Permanentes 1.688.491 938.843 56%

Total 3.095.517 1.593.384 51%

Inventario Pecuario Nacional en el 2005


(Animales)

Ganado bovino de carne 15.404.471 1.854.582 12%

Ganando bovino de leche 10.294.926 2.550.381 25%

Aves 37.963.442 6.392.427 17%

Cerdos 1.724.062 604.769 35%

Especies menores 8.752.681 3.286.737 38%

Fuente: Cálculos propios con base en información de la Encuesta Nacional Agropecuaria


del año 2005 adelantada por el DANE.

En términos de su estructura productiva, se observó que dentro del área total cosechada en las
unidades campesinas, el 41% corresponde a cultivos transitorios, proporción que en el total
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
nacional equivale al 45%, mientras que con cultivos permanentes está cosechada el 59% del
área en las unidades campesinas y el 55% en el total. En términos de producción, los cultivos
transitorios responden por el 32% mientras que en los permanentes por el 68%, debido a los
mayores rendimientos por hectárea que generan estos últimos. Dentro de los principales
cultivos desarrollados en las unidades campesinas se destacan el café (31%), el plátano (15%),
el maíz (13%), el arroz (8%) y la caña panelera (7%), entre otros.

Clasificando las actividades llevadas a cabo por las unidades de producción campesina según
su grado de transabilidad, se encontró que en términos de área cosechada el 29% corresponde a
cultivos que compiten con importaciones desde los Estados Unidos, el 4% a cultivos con
potencial exportador a dicho país (frutas y tabaco), el 49% a cultivos tradicionales de
exportación que no tendrán impacto por TLC (debido a que cuentan con arancel de nación más
favorecida equivalente a cero) y el 18% restante a cultivos no transables con dicho país.

En lo que respecta al ingreso total generado en las unidades campesina, equivalente a COP 8,1
billones en el año 2005 (USD 3,5 billones), se observa que el 22% fue aportado por las
actividades agrícolas y pecuarias que competirían con importaciones de los Estados Unidos,
que el 4% se generó en las actividades agrícolas con potencial exportador al mercado
estadounidense, que el 52% provino de las actividades agrícolas y pecuarias que no tendrían
impacto por TLC (bienes tradicionales de exportación con arancel NMF igual a cero y bienes
no transables) y que el 22% corresponde a los ingresos aportados por la ganadería bovina de
carne y de leche, sector que contaría con posibilidades de exportación a los Estados Unidos así
como con riesgos de importación desde dicho país.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Distribución de las Actividades Desarrolladas por los Hogares Campesinos Según Grado de
Transabilidad con los Estados Unidos – Año 2005
Ingresos
Área brutos
Part. Part.
Concepto Cosechada
% (COP %
(Has.)
Mill)

Cultivos Agrícolas

Sectores que compiten con importaciones


desde EE.UU. 467.129 29% 1.268.326 16%

Sectores con potencial exportador a


EE.UU. 65.557 4% 296.698 4%

Sectores sin impacto previsible del TLC

Sectores tradicionales de exportación 781.720 49% 2.804.391 35%

Sectores no transables (1) 278.978 18% 1.228.234 15%

Subtotal 1.593.384 100% 5.597.649 69%

Actividades Pecuarias

Sectores que compiten con importaciones


desde EE.UU. N.A. N.A. 502.771 6%

Sectores con doble flujo comercial (2) N.A. N.A. 1.817.474 22%

Sectores no transables N.A. N.A. 178.636 2%

Subtotal N.A. N.A. 2.498.881 31%

Total 1.593.384 100% 8.096.531 100%

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Fuente: Cálculos propios. (1) Incluye al algodón, producto que aunque cuenta con un nivel
significativo de importaciones, no tendrá efecto por TLC dado que está sujeto a una política
de precio mínimo garantizado. (2) Corresponde a la ganadería bovina de carne y de leche.

5. Los efectos del TLC para los productores campesinos: reducción de sus ingresos y
ganancias
A partir del cálculo de la estructura promedio de ingresos y gastos de los productores
campesinos durante el año 2005, empleando para ello la información de costos de producción
de pequeños productores producida por la Corporación Colombia Internacional (CCI), e
involucrando la estimación de los impactos generales del TLC sobre los precios internos, las
áreas cosechadas y la producción obtenida, fue posible obtener una aproximación a los efectos
del Tratado sobre el ingreso bruto (valor de producción) y el ingreso neto (ganancia de la
actividad) de los productores campesinos.

Para tal fin, se procedió previamente a clasificar las distintas unidades productivas en cinco
categorías de impacto del TLC, dependiendo de la participación de los rubros que competirán
con las importaciones originarias de los Estados Unidos. Estas categorías son:

1. Impacto Pleno: Unidades en las cuales el 100% del área cosechada en el 2005 o del
inventario pecuario correspondió a actividades que compiten con importaciones.
2. Impacto Alto: Unidades en las cuales más del 66,7%, pero menos del 100% del
área cosechada en el 2005 o del inventario pecuario, correspondió a actividades que
compiten con importaciones.
3. Impacto Medio: Unidades en las cuales más del 33,3%, pero menos del 66,7% del
área cosechada en el 2005 o del inventario pecuario, correspondió a actividades que
compiten con importaciones
4. Impacto Bajo: Unidades en las cuales más del 0%, pero menos del 33,3% del área
cosechada en el 2005 o del inventario pecuario, correspondió a actividades que
compiten con importaciones.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


5. Sin Impacto: Unidades en las cuales no se cosecharon en el 2005 cultivos que
compiten con importaciones ni se contabilizaron actividades pecuarias que compitan
con ellas.

Como resultado, se encontró que bajo un escenario de precios y tasa de cambio promedios, el
ingreso total agropecuario generado en el conjunto de las unidades productivas campesinas
caería en COP 0,82 billones (USD 0,35 billones), un cambio equivalente al 10% respecto al
valor sin TLC; y que el ingreso neto lo haría en COP 0,36 billones (USD 0,15 billones), un
16% menos que sin TLC.

Ahora bien, los impactos serían distintos según la categoría de impacto del TLC donde se
ubique el productor, con disminuciones considerables de producción y ganancia neta para
aquellos productores clasificados en las categorías de impacto pleno e impacto alto y
reducciones menores o nulas para aquellos que se ubican en los grupos de impacto bajo o sin
impacto.

En efecto, para el grupo de productores con impacto pleno por TLC (que abarcan el 14% del
total de productores campesinos), el ingreso total agropecuario caería en COP 0,25 billones
(USD 0,11 billones); un cambio equivalente al 37% respecto al valor sin TLC; y el ingreso
neto lo haría en COP 0,13 billones (USD 0,05 billones), un 70% menos que sin TLC.

Para los productores pertenecientes a la categoría de impacto alto por TLC (que abarcan el
14% del total de productores campesinos), el ingreso total agropecuario caería en COP 0,23
billones (USD 0,10 billones), un cambio equivalente al 28% respecto al valor sin TLC; y el
ingreso neto lo haría en COP 0,10 billones (USD 0,04 billones), un 49% menos que sin TLC.

En el otro extremo, para el grupo de productores con impacto bajo por TLC (que abarcan el
31% del total de productores campesinos), el ingreso total agropecuario caería en COP 0,19
billones (USD 0,08 billones), un cambio equivalente apenas al 5% respecto al valor sin TLC; y
el ingreso neto lo haría en COP 0,06 billones (USD 0,02 billones), un 5% menos que sin TLC.

Por último se encontrarían los pequeños productores que, dada la composición de su


producción, no se verían afectados por el TLC, los cuales representan el 29% del total.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Resumen de los Efectos del TLC Sobre los Productores de Economía Campesina –
Escenario Medio de Precios y Tasa de Cambio (Pesos del Año 2005)
Cambio Ingreso Cambio Ingreso
Categoría de % de Bruto Neto
Impacto Productores
($ Mill) % ($ Mill) %

Impacto - -
Pleno 14% -250.876 37,4% -127.387 70,2%

Impacto Alto - -
14% -228.755 27,5% -102.528 48,5%

Impacto - -
Medio 13% -152.892 14,3% -72.398 25,2%

Impacto Bajo 31% -191.337 -5,1% -56.578 -5,3%

Sin Impacto 29% 0 0,0% 0 0,0%

Total (COP - -
Mill) 100,0% -823.859 10,2% -358.890 16,1%

Total (USD
Mill) -355 -155

Fuente: Cálculos propios.

6. El TLC disminuye los ingresos de los hogares campesinos


Adicional a la pérdida de áreas, producción, ingresos y rentas generadas en el sector
agropecuario, el impacto del TLC se sentiría también sobre los ingresos de los hogares
campesinos, que en la actualidad se encuentran ya en niveles bastante bajos.

De acuerdo con las estimaciones, la disminución de la ganancia neta por actividades


agropecuarias ocasionaría una caída del 10,5% en el ingreso total para el conjunto de los

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


hogares campesinos (1,4 millones de hogares), en un escenario de precios y tasa de cambio
medios, ubicándose en un valor promedio mensual de $304.642 por hogar.

La situación sería crítica para el subconjunto de productores campesinos que sufrirán un


impacto pleno o impacto alto por TLC (28% del total de productores, equivalentes a 386 mil
hogares), los cuales verían una disminución del 45% y del 31% en sus ingresos totales,
respectivamente, ubicándose apenas en valores promedio mensuales de $185.618 y $233.354
por hogar. Las pérdidas de ingresos totales serían también considerables para el subconjunto de
productores campesinos con impacto medio por TLC (13% del total de productores,
equivalente a 172 mil hogares), para los cuales se registraría una disminución del 16% en el
ingreso total, ubicándose en un valor promedio mensual de $284.621 por hogar.

Resumen de los Efectos del TLC Sobre los Hogares Campesinos – Escenario Medio de
Precios y Tasa de Cambio, Año 2005

Ingreso Promedio por Ingreso Promedio por


Cambios Porcentuales
Hogar Sin TLC (COP de Hogar después de TLC
Después del TLC
Categorí 2005) (COP de 2005)
a de Ingres Ingres Ingres
Impacto Gananci Otros o Total Gananci Otros o Total Gananci Otros o Total
a Neta Ingreso a Neta Ingreso a Neta Ingreso
del del del
Agrop. s Agrop. s Agrop. s
hogar hogar hogar

Pleno 340.20 185.61


220.175 120.025 0 65.593 120.025 8 -70,2% 0,0% -45,4%

Alto 340.20 233.35


220.175 120.025 0 113.330 120.025 4 -48,5% 0,0% -31,4%

Medio 340.20 284.62


220.175 120.025 0 164.597 120.025 1 -25,2% 0,0% -16,3%

Bajo 340.20 328.59


220.175 120.025 0 208.567 120.025 1 -5,3% 0,0% -3,4%

Sin 340.20 340.20


Impacto 220.175 120.025 0 220.175 120.025 0 0,0% 0,0% 0,0%

Total 340.20 304.64


220.175 120.025 0 184.617 120.025 2 -16,1% 0,0% -10,5%

Fuente: Cálculos propios.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


BIBLIOGRAFÍA

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Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


COMENTARIOS

Por Ricardo Torres.


Director de Desarrollo Rural Sostenible – Departamento Nacional de Planeación

1. La liberalización de mercados y su impacto sobre la producción nacional y la


economía campesina

a. El análisis del impacto de los procesos de liberalización de mercados sobre la


economía campesina debe considerar, de una parte la reducción de ingresos que
significa la pérdida de parte del mercado de sus productos que antes era exclusivo, y
de otra parte el beneficio que representa la reducción de precios en su canasta de
consumo. Estos dos aspectos deberían ser considerados en forma global para tener
un balance final de dicho impacto.
b. En el caso de los efectos negativos que la liberalización de los mercados implica en
la economía campesina, vía reducción de los ingresos, la hipótesis de la que parte el
estudio es indiscutible y por el contrario resulta bastante obvia. Por lo tanto, la
atención se dirige a la evaluación y la estimación de los impactos negativos. En este
último punto el estudio en cambio resiste comentarios o críticas, algunos de los
cuales trataremos de esbozar más adelante.
c. La hipótesis de que la economía campesina como un todo podrá verse afectada por
pérdidas en ingresos, resulta básicamente del hecho de que los niveles relativos de
competitividad de sus productos frente a otro tipo de productores no tendrán la
capacidad de contrarrestar la penetración de productos importados.
d. En este contexto la políticas públicas deberán considerar diferentes elementos con el
fin de mitigar el impacto en la economía campesina, lo que se contempla al menos
en dos aspectos:
1. Fórmulas de desgravación en esos mercados.
2. Políticas para contribuir al mejoramiento de la productividad de la economía
campesina y sus productos.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
e. Por lo tanto, en el análisis de las posibles pérdidas, que metodológicamente se hacen
a través entre los precios de mercado y los ingresos frente a los costos de
producción, es importante considerar cómo se forman dichos costos de producción.
f. A este nivel el estudio presentado hace un desarrollo adecuado sobre el
comportamiento de los precios y su impacto sobre los ingresos, pero en cambio deja
de lado un análisis más elaborado de los temas de formación de los costos de
producción y otros aspectos que determinan la productividad de la economía
campesina, como los cambios tecnológicos, lo cual se convierte en nuestra opinión
en la debilidad más importante del estudio.
g. No es posible asumir una economía campesina estática sujeta simplemente al
comportamiento de los precios de mercado de un lado, y del otro no presentar
información que permita sustentar políticas públicas de apoyo al mejoramiento de la
productividad de este sector.
h. Finalmente, un análisis más completo del impacto de la liberalización de mercados
sobre la economía campesina, no puede verse exclusivamente vía precios de su
oferta de productos y la consecuente reducción de ingresos, sino que es necesario
además tener en cuenta el impacto positivo que pueda tener la reducción de precios
en su canasta consumo también, tema que no es mencionado ni considerado por el
estudio.

2. Determinación del período de referencia para el cálculo de los escenarios de precios


internacionales

El período utilizado en el estudio (1997-2009) tiene la fortaleza de ser lo suficientemente


largo para capturar los ciclos naturales en los precios de los commodities agropecuarios. No
obstante, al usarlo como base para la estimación de precios futuros deben tenerse en cuenta
las siguientes particularidades:

a. A partir de 2006 en los mercados internacionales de los productos agropecuarios, y en


particular de todos los incluidos en el análisis, los precios experimentaron un cambio en
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
su tendencia y nivel por cuenta de cambios estructurales en la demanda por dichos
productos.
b. Si bien ha habido una corrección a la baja a partir de la segunda mitad de 2008, todos
los analistas coinciden en que los precios internacionales se ubicarán por encima de su
promedio histórico de largo plazo, lo que implica que estimaciones basadas en precios
históricos pueden subestimar el costo de importación de dichos bienes en el futuro.
c. Adicionalmente se está asumiendo que los excedentes exportables de EE.UU. son
siempre suficientes para atender los déficits de Colombia en los productos de economía
campesina, lo que podría implicar una subestimación adicional de los costos de
importación de dichos productos.

Transmisión de precios internacionales al mercado interno

a. Se asume que la transmisión de precios internacionales, entendida como la competencia


directa a la producción nacional, se da en todos los casos y de manera directa
independientemente de la ubicación y mercado objetivo de la producción campesina.
Este supuesto es particularmente fuerte en algunos productos, particularmente aquellos
en los cuales existe producción y mercados de consumos aislados.
b. No se consideran los plazos de desgravación de ciertos productos, con los cuales se
busca generar un espacio de ajuste en los sectores sensibles, particularmente los
cereales, el pollo y el cerdo.

Posibilidades de competencia por parte de los campesinos

Se asume que la población campesina no tiene posibilidad de competir en ninguno de


los casos con la producción importada. No obstante, en temas como el mejoramiento de
la competitividad (aumento de rendimientos y reducción de costos) hay posibilidades
de obtener resultados de corto plazo a través de la asistencia técnica. Adicionalmente,
hay posibilidades claras de desintermediación en la comercialización a través de formas
asociadas de ingreso a los mercados, mejorando el poder de negociación y los
volúmenes transados.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Análisis de los resultados de la negociación del TLC USA

a. Se asume que la negociación es fundamentalmente asimétrica a favor de EE.UU.


porque se parte de la base de que las preferencias del ATPDEA ya existían. No
obstante, la consolidación de preferencias unilaterales y temporales tiene un valor en sí
mismo.
b. El Mecanismo de Absorción de Cosechas (MAC) será reemplazado por las Subastas de
Absorción de Cosechas diseñadas dentro del Programa AIS.

Análisis de los hogares rurales a partir de le ECH 2005:

a. Se hila demasiado fino y es probable que la representatividad de la muestra de la


Encuesta Continua Hogares ECH de 2005 no sea suficiente. Sería conveniente incluir
en las tablas la representatividad de cada una de los resultados.
b. Se asume que los ocupados de hogares de economía campesina corresponden a los
hogares donde el jefe de hogar es trabajador cuenta propia en la rama de actividad
agropecuaria. Para este cálculo, entonces, se afirma que los ocupados cuenta propia en
actividades agropecuarias equivalen el 48% de los ocupados totales en la actividad
agropecuaria. En este punto habría que aclarar si este valor corresponde al total
nacional o solamente a las zonas rurales.
c. Lo correcto es asumir que hogares de economía campesina son hogares rurales donde el
jefe de hogar es cuenta propia y se dedica a la actividad agropecuaria. Adicionalmente,
el análisis debería incluir sólo aquellos hogares o trabajadores rurales que devengan
menos de los ingresos que se pueden obtener de una UAF. Por otra parte, de acuerdo
con la información que tenemos en el DNP de la ECH 2005, la proporción de ocupados
en las zonas rurales en la posición ocupacional cuenta propia y en la rama de actividad
agropecuaria equivalen al 63% del total de ocupados en las áreas rurales, con ingreso
promedio de $ 297.336 de 2005.
d. Para los cálculos se toman los datos de la ECH 2005 primer trimestre, lo cual puede
estar dejando por fuera información importante asociada a los ciclos de producción
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
propios de la actividad agropecuaria. Posiblemente, por esta razón los ocupados cuenta
propia en actividades agropecuarias están subestimados.

Análisis de las Unidades Agropecuarias

La ENA no es una encuesta de hogares, por lo tanto asumir que una unidad
agropecuaria equivale a un hogar de economía campesina, teniendo en cuenta la
definición que provee el artículo, es un supuesto fuerte. Si bien en el documento se
menciona la dificultad en términos de finca no se hace claridad en términos de hogares.
Un hogar rural puede tener varias unidades agropecuarias o un hogar puede ser menos
de una unidad agropecuaria. Esta situación puede estar sobreestimando los efectos del
TLC en los hogares de economía campesina. Por ejemplo, de acuerdo con los
resultados el 14% de las unidades productoras de economía campesina tienen un
impacto pleno, lo que implica que la totalidad de los cultivos corresponden a cultivos
que compiten con importaciones. Es una cifra bastante alta, ya que es poco probable
que un hogar de economía campesina al menos no tenga cultivos para el autoconsumo,
y que únicamente se oriente a cultivo para el mercado.

ABREVIATURAS Y SIGLAS

AEC Arancel Externo Común

ANDI Asociación Nacional de Empresarios de Colombia


ATPDEA Andean Trade Promotion and Drug Erradication Act

CAFTA Central America Free Trade Agreement


CAN Comunidad Andina de Naciones
CCI Corporación Colombia Internacional
CIF Cost, Insurance and Freight
COP Pesos Colombianos
DANE Departamento Administrativo Nacional de Estadística
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
ECH Encuesta Continua de Hogares
EE.UU. Estados Unidos de América
EFTA European Free Trade Association

ENA Encuesta Nacional Agropecuaria


ESP Estimativo de Subsidios al Productor

FEDEGAN Federación Nacional de Ganaderos


FFA Fondo Financiero Agropecuario

FINAGRO Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario


FOB Free On Board
G3 Grupo de los 3
Has. Hectáreas
IDEMA Instituto Colombiano de Mercadeo Agropecuario

IPC Índice de Precios al Consumidor


IPP Índice de Precios al Productor
MAC Mecanismo Público de Administración de Contingentes
MADR Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Colombia
MERCOSUR Mercado Común Suramericano
Mill. Millones
NAFTA North American Free Trade Agreement
NMF Nación Más Favorecida
OIE Organización Internacional de Epizootias

OMC Organización Mundial de Comercio

PIB Producto Interno Bruto

SAFP Sistema Andino de Franjas de Precios

TLC Tratado de Libre Comercio

Ton / Tm Toneladas Métricas

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


TRM Tasa de Cambio Representativa del Mercado

USD Dólares de los Estados Unidos

USDA United States Department of Agriculture

VP Valor de Producción

GLOSARIO DE TÉRMINOS

Arancel Ad Valorem: Derecho aduanero que debe pagar una mercancía extranjera para
ingresar a un país fijado en términos de porcentaje sobre el valor de la mercancía.

Arancel Base: Nivel del derecho aduanero cobrado a una determinada mercancía extranjera al
ingresar a un determinado país a partir del cual se inicia un programa de reducción arancelaria,
en el marco de la suscripción de acuerdos de libre comercio.

Arancel Específico: Derecho aduanero que debe pagar una mercancía extranjera para ingresar
a un país fijado en términos de cantidades monetarias fijas por unidad de la mercancía.

Arancel Externo Común: Derecho aduanero que aplican de modo uniforme los miembros del
mercado común andino (CAN).

Arancel Intracuota: Derecho aduanero que se cobra por el ingreso de una determinada
mercancía extranjera a un país siempre que la cantidad o el valor de las importaciones no
supere un determinado límite.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Cláusula de Preferencia: Norma de un acuerdo por medio de la cual un país o un grupo de
países conceden un tratamiento especial a otro país o conjunto de países.

Contingente o Cuota: Cupo de importaciones en unidades o en valor de una determinada


mercancía otorgado por un país o grupo de países a otro país o grupo de países sujeto a algún
tratamiento especial, normalmente de carácter arancelario.

Derecho “Antidumping”: Gravamen arancelario que impone un país a las importaciones de


una determinada mercancía originaria de otro país con el fin de contrarrestar el daño que le
ocasiona o puede ocasionarle a la producción nacional la utilización de una práctica de
dumping, la cual consiste en que un país exporte una mercancía a un precio inferior al que se
vende en su mercado doméstico.

Cultivos transitorios o de Ciclo Corto: Cultivos agrícolas cuyo ciclo de producción es


inferior a un año.

Derecho Compensatorio: Gravamen arancelario que impone un país a las importaciones de


una determinada mercancía originaria de otro país con el fin de contrarrestar el daño que le
causa o puede causarle a la producción nacional el otorgamiento de subsidios a la exportación.

Licencias Previas: Procedimientos administrativos que requieren la presentación de una


aplicación u otra documentación (que no son los requeridos con propósitos aduaneros) al
órgano administrativo pertinente como una condición previa para la importación de bienes.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Mecanismos de Absorción de Cosechas: Requisito legal impuesto a los importadores de de
productos agrícolas mediante el cual se condiciona una exoneración o preferencia arancelaria a
la compra de las cosechas producidas nacionalmente.

Negociación Auto-contenida: Negociación caracterizada por la equivalencia de las


concesiones.

Niveles de Activación de una Salvaguardia: Volumen de importaciones de una mercancía a


partir del cual un aumento del mismo permite hacer uso de una medida de salvaguardia de
cantidad o precio de un producto a partir del cual cualquier disminución del mismo permite
hacer uso de una salvaguardia de precios.

Niveles de Restitución Arancelaria: Máximo porcentaje o monto al cual puede elevarse un


arancel que ha sido reducido en virtud de un programa de desgravación arancelaria como
consecuencia de la imposición de una medida de salvaguardia de cantidad o de precio.

Periodo de transición: Duración del periodo de desgravación de un producto en el marco de


un acuerdo de libre comercio. Si el término se refiere al acuerdo en su conjunto será la
duración del cronograma más extendido de desgravación de dicho acuerdo.

Salvaguardia de Precio o de Cantidad: Medida que puede imponer un país para proteger
temporalmente la producción nacional de una determinada mercancía de las importaciones.
Estas medidas pueden ser de precio o de cantidad. En el primer caso se aplican cuando el
precio desciende de determinado nivel y en el segundo cuando las importaciones aumentan de
determinada cantidad. Pueden ser de carácter arancelario o de índole cuantitativa.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Sistema Andino de Franjas de Precios: Sistema arancelario que se aplicaba por parte de
Colombia, Ecuador y Venezuela, en la época de negociación del acuerdo de libre comercio con
los Estados Unidos, a un subconjunto de productos pertenecientes al ámbito agrícola de la
Organización Mundial de Comercio consistente en la combinación de dos aranceles, uno de
carácter fijo y otro de índole variable en función inversa del precio internacional.

US$ 1.0 billion = US$ 1,000 millones

COP 1.0 billón = COP1.000.000 millones

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


CAPÍTULO 3

ECONOMÍA CAMPESINA, POBREZA, TIERRA Y DESPLAZAMIENTO EN


COLOMBIA

Por: Jaime Forero Álvarez*

Profesor Titular Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la

LAS DIMENSIONES DE LA ECONOMÍA CAMPESINA Y LA OCUPACIÓN PRODUCTIVA


DEL ESPACIO RURAL

Las dimensiones

1.1.1. Participación en la producción agropecuaria


Para 1988 la Misión de Estudios del Sector Agropecuario estimó que la agricultura campesina
ocupaba el 57,1% del área sembrada del país y aportaba el 42,7 % del valor de la producción
agrícola: lo anterior sin contabilizar el café, el azúcar ni la producción pecuaria. Para los años
finales de la década de los noventa hicimos un cálculo que, como se ve en el Cuadro 1
establece que los productores familiares trabajan más del 60% de la tierra cultivada y generan
más del 60% del valor de la producción agrícola:

*
El autor agradece a Elcy Corrales Roa la revisión de este texto, y a Raúl Bernal su
colaboración para acopiar información sobre subsidios, gasto público y crédito.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Cuadro No. 1 Colombia. Distribución de la producción agrícola entre campesina y
capitalista. Promedio 1999 – 2000

Con coca y Sin coca


amapola y
amapola

Superficie Predominantemente 68.1% 67.3%


cosechada Campesinos

Predominantemente 31.9% 32.7%


Capitalistas

Valor de la Predominantemente 69.1% 62.9%


producción Campesinos

Predominantemente 30.9% 37. 1%


Capitalistas

Fuente: Estadísticas del Ministerio de Agricultura y FEDECAFÉ. Para coca y amapola:


áreas Policía Nacional en Tavera 2000; distribución SINSI – Naciones Unidas.
Nota: Para Predominantemente campesinos se tomó la totalidad de la papa, maíz, panela,
plátano, yuca, fríjol, ñame, ajonjolí, tabaco, fique, cacao, hortalizas, frutales para el consumo
interno y el café tradicional. Se incluyó además el café tecnificado en superficies menores a 10
has y el 80% de la coca y de la amapola. Predominantemente capitalistas: caña de azúcar,
banano de exportación, flores, palma africana, arroz, algodón, sorgo, soya, café tecnificado en
superficies mayores de 10 has, 20% de la coca y de la amapola.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Por su parte Garay, Barberi y Cardona calcularon con los datos de la Encuesta Nacional
Agropecuaria que el aporte de la economía campesina es el “47% del área total cosechada en el
2005 con cultivos transitorios en el país, y el 50% de la producción de los mismos, así como el
56% del área cosechada con cultivos permanentes y el 48% de su producción” (2009, 7). Hay
que advertir que estos datos no son comparables con los del Cuadro No. 1 porque surgen de
fuentes diferentes.

Por último, los avances de un nuevo cálculo que estamos haciendo (los datos son preliminares)
nos indican que la participación de la economía campesina en la agricultura sigue siendo del
orden del 70% y que los campesinos tienen el 69% del los predios dedicados a la ganadería y el
14% del hato nacional (Cuadro No. 2). De manera tal que se puede afirmar que la producción
campesina contribuye con una porción sustancial (al parecer mayoritaria) de la producción
agrícola nacional y con una parte no despreciable de la actividad ganadera.

Cuadro 2. PARTICIPACIÓN (%) DE LA PRODUCCIÓN FAMILIAR EN LA


AGRICULTURA (Excepto café y flores)
Y EN LA GANADERÍA. Promedio 2004 - 2007
TRANSITORIOS PERMANENTES TOTAL
REGIONES Area Valor Area Valor Area Valor
Andina 68,47 74,47 68,84 67,15 68,65 70,81
Amazonas 27,06 5,94 97,17 95,92 62,11 50,93
Costa 54,75 38,18 62,45 43,86 58,60 41,02
Pacifica 38,87 35,36 49,66 53,33 44,26 44,34
Orinoquia 23,02 13,59 43,35 61,25 33,18 37,42
Total 58,22 60,16 65,95 60,77 62,08 60,46

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


BOVINOS (04 - 06)
REGIONES Predios Cabezas
Andina 80,52 25,67
Amazonas 41,12 5,90
Costa 39,96 5,46
Pacifica 33,90 3,50
Orinoquia 35,97 5,15
Total 69,55 13,55

Fuente: Para agricultura elaborado con cifras de Minagricultura – Anuario Estadístico. Para
bovinos con la base de datos de FEDEGAN. Para la agricultura se definieron por cultivo y por
departamento los coeficientes de participación de la producción familiar de acuerdo con el
criterio de expertos. Para la ganadería bovina se tomaron los predios con 15 cabezas o menos.

1.1.2. La producción cafetera


Según la Comisión de Ajuste de la Institucionalidad Cafetera hay en el país 536.000
campesinos cafeteros que contribuyen con el 55% de la producción. 8 El 50% de ellos cultivan
menos de una hectárea de café (Reina et al. 2007, 81). Por nuestra parte hemos calculado la
participación de los productores campesinos (o familiares) por medio de la distribución del
área cultivada en café.9 Para este cómputo se consideran campesinos, o productores familiares,
aquellos que tienen menos de 10 has en café o que tienen cultivos tradicionales a la sombra.
Por esta vía se calcula que la caficultura familiar, a partir de la crisis, ha venido ocupando un
espacio cada vez mayor de forma que actualmente los campesinos tienen el 78% de la
superficie cultivada en café (Cuadro No. 3).

8
El documento de la Comisión es de 2002 (citado por Aguilar, 2003, 254).
9
Esta es una clasificación arbitraria basada en nuestra observación: parece ser que, por lo
regular, quien tiene más de 10 has de café tiende a delegar la mayor parte del manejo de la
finca a un administrador a sueldo, de manera que se pierde el carácter familiar de la
explotación.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Cuadro No. 3. Colombia. Evolución del área cafetera 1990 – 2000

Promedios trienales en hectáreas

1990 1993 1996 1999


1992 1995 1998 2000

ÁREA TOTAL 986.000 958.000 869.000 860.000

Área campesinos 445.000 534.000 646.000 670.000

Área empresarios 541.000 424.000 223.000 189.000


capitalistas

Participación 45% 56% 74% 78%


campesinos

Fuente: Base de datos Minagricultura (2006). Cálculos nuestros.

Otros datos confirman este proceso de campesinización y minifundización de la caficultura en


los últimos tiempos: mientras que en 1970 había un poco más de 300.000 fincas en donde se
cultivaba 1.067.113 hectáreas en café, en 1993-97 el número de fincas se había duplicado
(609.432) al tiempo que el área cafetera había descendido en 18,6% (Guhl, 2004, 34). Uno de
los resultados más notorios de la crisis cafetera fue precisamente la salida de la escena
productiva de buena parte de los productos empresariales, quedando el sector en manos de los
pequeños productores familiares que aumentaron su participación en el área cultivada de 31%
en 1970 a 61% en 1997 (Cuadro No. 4).

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Cuadro No. 4. Colombia. Distribución de las fincas cafeteras según rangos de tamaño.
1970 – 1997.

Participación en la Participación en el área Participación en el número


superficie. En % en café. En % de fincas. En %
Tamaño de la
finca (Ha.) 1970 1993-97 Cambio 1970 1993-97 Cambio 1970 1993-97 Cambio
0-5 8 17 125% 17 43 144% 53 80 50%
5 - 10 8 14 64% 14 18 26% 17 10 -43%
10 - 30 22 27 20% 28 23 -18% 19 8 -60%
30 - 100 29 26 -10% 25 13 -48% 8 2 -71%
>100 33 16 -51% 15 3 -78% 2 0 -83%
Total nacional 100 100 100 100 100 100
Fuente: Censo Cafetero. FEDERACAFÉ, 1970. Sistema de Información Cafetera (SICA),
FEDERACAFÉ, 1993-97. Tomado de: García, 2003, con cálculos adicionales nuestros.

El aumento de la participación de los campesinos en el área cafetera refleja una mayor


resiliencia de la agricultura familiar que la empresarial (o capitalista). Esto se debe a mi juicio
a la capacidad de adaptación de los sistemas de producción familiares basada en la
combinación de estrategias no monetarias con estrategias monetarias. Fue así que los
campesinos cafeteros frente a la crisis intensificaron el trabajo familiar, disminuyeron la
contratación de trabajadores, redujeron la aplicación de insumos monetarios en el café, echaron
mano a recursos de la finca que anteriormente no aprovechaban para abonar cultivos y para
alimentar animales y ampliaron la producción para el consumo familiar. De otra parte,
intensificaron el plátano (con insumos monetarios) e introdujeron otras alternativas agrícolas
intensivas en insumos monetarios (frutales y hortalizas). Entre otras muchas prácticas con las
cuales ajustaron sus sistemas de producción se destacan el “rere” y el desyerbe selectivo que
implican la sustitución de insumos monetarios por trabajo. El “rere” (recoja y repase) es un
medio manual de control de la broca, y el desyerbe selectivo es una labor que se hace también
a mano para eliminar las malezas (o arvenses) dañinas y dejar las que benefician las matas de
café, lo cual incide a su vez en la protección del suelo.
Un factor clave para afrontar los retos de la destorcida de precios del grano fue la adecuada
adaptación de las instituciones cafeteras. Y muy especialmente el paso de un sistema de precios
sustentados al actual régimen de garantía de compra de las cosechas que aunque por supuesto
es menos ventajoso que el mecanismo anterior, le brinda a los cafeteros unas condiciones

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


privilegiadas frente a otros productores agrícolas colombianos y frente a la mayor parte de los
cafeteros del resto del mundo.

1.1.3. La población campesina


Garay, Barberi y Cardona (capítulo 2), basados en los datos de las encuesta de hogares del
DANE, encuentran que para el año 2005 “los hogares campesinos, entendidos como aquellos
que contaban por lo menos con un trabajador independiente en el sector agropecuario eran
1.369.438, que corresponden al 12% del total de hogares del país”. Años atrás:

La Misión de Estudios estimó que el número de (hogares) campesinos


aumentó de 971.000 a 1.388.000 entre 1951 y 1988, casi al mismo ritmo del
aumento de la población rural que pasó de 6.9 a 9.8 millones de personas en el
mismo lapso. Zamocs (1992) por su parte estimó que el número de
campesinos en 1988 estaba entre 860.000 y 1.200.000, de los que dependían
entre 4.3 y 6.9 millones de personas, cifra muy por encima de la estimada por
la Misión (1990), que estimó la población campesina total en 3.5 millones de
personas. Recientemente Valderrama y Mondragón (1988) han calculado, con
base en el Censo de Minifundios y el Censo de Población del DANE en
890.000 el número de campesinos. (CEGA, 2000, 32).

En fin, parece sensato pensar que actualmente la población campesina, entendida como aquella
que deriva por lo menos en parte sus ingresos del trabajo en sus fincas o parcelas, es de
alrededor de 1.400.000 hogares (casi 6 millones de personas) y hay, además, en el país 760.403
grupos familiares que fueron desplazados entre 1998 y 2008 (COMISIÓN, 2009) a quienes les
fueron usurpadas sus tierras, animales y cultivos.

La ocupación productiva del espacio rural


La multiplicidad de formas productivas de la producción familiar y sus interrelaciones con
otros agentes económicos es un hecho decisivo en la conformación de nuestra actual estructura
productiva agraria. Otros hechos de singular importancia son la permanencia histórica y la
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
expansión reciente del latifundismo así como la formación del capitalismo agrario en zonas con
ciertas especificidades (topografía, calidad de la tierra, integración a mercados domésticos e
internacionales.) En este contexto la estructura productiva agraria contribuye a modelar (o a
producir) un espacio social y físico10 complejo a la manera de mosaicos en donde confluyen
distintas formaciones en las cuales se destacan:

1. Espacios de “capitalismo rural” en los cuales la empresa familiar coexiste y tiene


relaciones funcionales con la empresa capitalista. Convergen productores familiares,
inversionistas y productores empresariales (capitalistas). Los inversionistas, surgidos hasta
donde sabemos entre los campesinos mismos, han sido muy importantes para posibilitar la
expansión e intensificación productiva de cultivos como las hortalizas, la papa y el café.
Al mismo tiempo, en estos espacios se presentan con mucha frecuencia asociaciones entre
productores familiares mediante las cuales uno de los socios aporta la tierra y parte de los
costos monetarios del cultivo, mientras que el otro aporta el trabajo y la parte restante de
dichos costos. Varios casos ejemplifican el capitalismo rural: la producción cebollera del
lago de Aquitania y quizás la mayor parte de las zonas hortofrutícolas y paperas del país.
Múltiples zonas cafeteras en donde confluyen empresarios y campesinos productores del
grano. Algunas zonas paneleras como la de la Hoya Río Suárez en donde las asociaciones
entre dueños de tierras y de los trapiches con los “aparceros o arrendatarios” han sido
decisivas para el desarrollo y modernización productiva de esta agroindustria rural y en
donde, al mismo tiempo, un sector de empresarios ha conseguido llevar a cabo todo el
proceso, desde el cultivo hasta la transformación, utilizando exclusivamente trabajadores
asalariados. Algunas zonas lecheras como las de Ubaté y el Norte de Antioquia pueden
ser consideradas también en esta categoría.

10
Utilizo el término espacio con una ambivalencia deliberada. Me refiero por un lado, a
espacios sociales moldeados por un tipo de relación económica. Aludo, por otra parte, a
espacios físicos: zonas en donde predomina un tipo de forma productiva. El espacio social
entendido como red de interrelaciones entre diferentes agentes sociales y económicos y el
espacio físico entendido como paisajes moldeados por estas interrelaciones, inciden en la
conformación (o en la producción) del territorio.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
2. Espacios de “capitalismo agrario” en donde la formación de la empresa capitalista ha
homogenizado el paisaje socio–productivo. Es el caso de la producción azucarera del
Valle del Cauca, del banano en Urabá y de buena parte (no toda) de la palmicultura.

3. Espacios en donde confluyen grandes, medianos y pequeños productores que


tienen cultivos mecanizados como el maíz, el algodón y el arroz. En estas zonas la
presencia simultánea de empresarios capitalistas y productores familiares no configura
nítidamente lo que hemos llamado arriba un capitalismo rural porque estos productores
tienen entre sí pocas relaciones inter empresariales. Otros agentes como los vendedores
de insumos (que son al tiempo financistas) y los compradores de las cosechas, son
quienes articulan a los diferentes productores agrarios. Más que un capitalismo rural,
estos espacios se caracterizan por la persistencia de la producción familiar en zonas
dominadas (económicamente) por la empresa capitalista agraria. En ciertos casos el
control del mercado lo ejercen las empresas transformadoras del maíz. En otros
contextos este papel lo cumplen los molinos de arroz o las empresas textiles que
demandan la fibra del algodón.

4. Espacios campesinos en donde predomina la agricultura familiar aunque hay en ellos


presencia del latifundio. Las asociaciones entre los productores, mediadas por
relaciones de parentesco o de vecindario, permiten la circulación (los intercambios) de
tierra, capital y trabajo. Buena parte del mundo rural andino de Boyacá, Cundinamarca,
Santander, Nariño, y Antioquia ejemplifica los espacios campesinos en donde, como se
dijo, las parcelas de los productores familiares o las comunidades rurales de campesinos
están por lo regular “rodeadas” por el latifundio ganadero.

5. Espacios de disputa entre latifundistas y comunidades campesinas. Como es


sabido, el latifundio, dedicado fundamentalmente a la ganadería, se ha venido
expandiendo en las últimas tres décadas a expensas de las propiedades de los
campesinos con el auge de compra de tierras por narcotraficantes y con el

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


desplazamiento forzado de millones personas. En varias localidades del Magdalena
Medio se encuentran numerosos ejemplos de territorios en disputa entre las
comunidades campesinas y un proyecto de dominio territorial terrateniente, basado en
la violencia y, en ocasiones, apoyado por el Estado, en el cual a expensas de la tierra de
los campesinos se instalan y ganaderías extensivas y en ocasiones de proyectos
agroindustriales como los de palma aceitera.

6. Espacios de colonización11 en donde convergen los campesinos y empresas


colonizadoras (extractivas o ganaderas extensivas) con los nuevos latifundios y las
comunidades indígenas. En los frentes de colonización se presenta un proceso de
redefinición y reordenamiento continuo de territorios como producto de los conflictos
entre los indígenas (desplazados, proletarizados o reducidos a nuevos poblados), los
colonos que tratan de fundarse como productores familiares y que luchan por ser
reconocidos como ciudadanos con acceso pleno a sus derechos económicos y civiles
(Ramírez, 2001), los terratenientes que compran o despojan de sus mejoras a los
colonos y los empresarios que intentan, no siempre exitosamente, construir pequeños o
enormes proyectos productivos o comerciales. No se puede decir que con el proceso de
colonización se vaya decantando en todos los casos en una estructura social dominada
exclusivamente por los terratenientes. A los primeros tiempos de la economía
extractiva, muchas veces ilegal, le siguen nuevas etapas de aclimatación de alternativas
productivas dentro de las cuales la gran ganadería extensiva es la más difundida pero, al
mismo tiempo surgen y se consolidan grupos productores familiares y de empresarios
agrícolas que ocupan junto con otros modelos productivos el espacio rural.

Se extiende, por otra parte, un complejo tejido de empresarios dedicados a todo tipo de
actividades en los nuevos conglomerados urbanos. De esta manera se conforma un
poblamiento en el cual la relación entre población urbana y rural es más alta que en las
montañas andinas. En fin, en los frentes de colonización los diversos actores sociales
moldean nuevos paisajes rurales y urbanos y van configurando diversos tipos de
territorio.

11
Este punto 6 es tomado de Forero 2009.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Vale la pena anotar que frente a la ganadería extensiva que se impone como una
fórmula funcional para el control del territorio colonizado mediante la utilización de los
suelos como un recurso extractivo y el empleo de muy pocos trabajadores, los cultivos
ilegales tienen un impacto insignificante. Mientras sembramos menos de de 200.000
hectáreas en coca, amapola y marihuana tenemos más de 40 millones de hectáreas en
praderas para albergar un hato de menos de 30 millones de cabezas. Si miramos las
proporciones, las cosas son todavía más contundentes: 0,8 cabezas por cada hectárea en
pastos y 200 hectáreas dedicadas al pastoreo por cada hectárea sembrada en cultivos
ilícitos.12 Por supuesto que en las regiones en donde se cultiva la coca, la inestabilidad
de los productores y la emergencia de actores armados, le imprimen unas características
muy especiales a estos territorios. Allí, tanto los cultivadores de la hoja como quienes
basan su economía en ofrecer bienes y servicios a la demanda activada por la actividad
ilícita, luchan también por su reconocimiento como ciudadanos con pleno acceso a sus
propios derechos.

7. Espacios de comunidades indígenas y afro americanas. Entre los indígenas y negros,


por lo regular el territorio tiene una apropiación comunitaria mientras que la tierra y
otros recursos naturales son explotados individualmente por la familia, bajo las pautas
sociales y del poder político de la comunidad.

A pesar de las dimensiones del desplazamiento forzado por la violencia ejercida por los actores
armados, de la persistencia de este fenómeno a lo largo de por lo menos los últimos 25 años,13
de la generalización, en varios de estos años, del conflicto en casi todo el mundo rural (y en
buena parte del urbano) se tiene el anterior panorama de la ocupación productiva del espacio
rural colombiano dentro del cual la producción familiar ha logrado no sólo subsistir sino

12
En la dinámica sociopolítica de la producción de drogas el problema grave para los
ecosistemas lo han suscitado las fumigaciones, que parece que no le generan beneficios sino a
quienes venden los herbicidas y bajo cuyos efectos se ha propagado el conflicto armado por
nuevas zonas del territorio colombiano.
13
Sin incluir los años de “La Violencia” de los años cincuenta del siglo XX cuando se produjo
también un desplazamiento masivo de campesinos.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
continuar con su papel protagónico en el abastecimiento de alimentos y en la generación de
excedentes exportables. Según Alejandro Reyes Posada (2008, 112) en regiones de minifundio
tradicional campesino, se preservó mejor la estructura de propiedad fragmentada de la tierra
porque escaparon al apetito de los nuevos señores de la guerra y de la tierra por monopolizar la
propiedad”. Estas regiones corresponden a las que hemos denominado zonas de capitalismo
rural y espacios campesinos. Como es bien sabido en otras zonas los paramilitares se
apropiaron (y se han seguido apropiando aun después de pactada su desmovilización) de tierras
de campesinos y de hacendados al tiempo que “otros grandes propietarios aprovecharon (¿y se
aprovechan actualmente?) del dominio paramilitar para ampliar sus haciendas a costa de los
predios ajenos” (Reyes Posada, 2008, 162, anotación nuestra entre paréntesis).
Merecen resaltarse dos especificidades de esta ocupación productiva del espacio rural en
Colombia. La primera, que el latifundismo rodea y constriñe tanto a la producción campesina
como a la producción empresarial (o capitalista); la segunda es que a pesar del avance de
ciertos proyectos agroindustriales como el palmero o el de los agrocombustibles, no se puede
decir, como en muchas ocasiones se afirma, que el14 espacio agrícola está moldeado
homogéneamente por la agroindustria trasnacional y que la configuración de los territorios
rurales15 esté cada vez más determinada por una especie de nuevo capitalismo agroindustrial

14
De aquí en adelante este párrafo es tomado de Forero 2009.
15
De acuerdo con varios autores el “territorio”, en este ensayo es definido como la apropiación
material y simbólica del espacio por grupos sociales. La apropiación material se lleva a cabo a
través de relaciones que involucran a individuos, grupos, clases sociales y organizaciones para:
1) la producción de hábitats −de grupos sedentarios o nómadas−; 2) la producción, distribución
y consumo de bienes y servicios; 3) el manejo y apropiación de los recursos naturales (y de los
servicios ambientales); 4) el acceso y posesión de la tierra y de los inmuebles construidos. En
la medida en que los grupos sociales que se relacionan (en la producción o apropiación
material del territorio no son homogéneos sino estratificados y diferenciados internamente, con
intereses contrapuestos, o no necesariamente armonizables, la apropiación material (así como
la simbólica) del espacio es dinámica y conflictiva. En el espacio rural intervienen propietarios,
arrendatarios, aparceros, asociados, patrones, obreros, empleados, jornaleros, campesinos
productores independientes, comerciantes, financistas, prestamistas, etc.). Las vivencias
individuales y colectivas de estos actores y de estos grupos sociales producen representaciones
simbólicas diversas y comunes de un espacio en disputa. Como estas vivencias son, en parte,
producto de la actividad económica (de la producción y de las formas de acceso a bienes y
servicios) las relaciones económicas inciden, a su vez, en la producción de las representaciones
simbólicas del territorio.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
excluyente que crea economías de enclave cuyos productos son dirigidos a los mercados de
exportación. Según esta forma de ver las cosas, la contraparte de este proceso de
homogenización de los espacios rurales es la reducción a la marginalidad de quienes no se han
ido de los campos y el vaciamiento de los territorios en los cuales las multinacionales no han
penetrado. A mi manera de ver estas dicotomías entre espacios trasnacionalizados y
desterritorialización de las comunidades rurales o entre las fuerzas del capital trasnacional y la
resistencia campesina, corresponden solamente a lo que sucede en ciertos espacios rurales muy
específicos. Pero cuando se pretende que ésta es una característica generalizable a todo nuestro
espacio rural, se oculta la complejidad de la conformación productiva de los espacios rurales
que se acaba de mostrar, y se invisibilizan una gran diversidad de realidades sociales y de
representaciones simbólicas que forman parte de nuestra territorialidad rural.

CARACTERÍSTICAS ECONÓMICAS DE LA PRODUCCIÓN CAMPESINA (O FAMILIAR)


En su análisis microeconómico de la unidad de producción campesina, Alexander Chayanov
(1924 − 1974) postulaba con sólidos argumentos, y apoyado en una amplia información
cuantitativa, que el campesino no buscaba optimizar ganancias sino satisfacer sus necesidades
básicas de acuerdo con su dotación de tierra, su disponibilidad de mano de obra (familiar) y la
demanda del hogar por bienes de consumo. Sostenía que las categorías económicas de salario,
precio y ganancia no eran aplicables a estos sistemas de producción. El legado de Chayanov ha
sido indudablemente importante para entender al productor campesino y para aproximarnos a
la comprensión de su racionalidad. Pero de la Rusia de Chayanov a la sociedad contemporánea
han ocurrido muchos cambios que han modificado sustancialmente el contexto económico de
los productores rurales actuales. Resaltar estas diferencias constituye una buena puerta de
entrada para precisar las características actuales de la producción familiar rural agropecuaria o
de la llamada economía campesina en Colombia.16

16
Utilizo el término de agricultura familiar en un sentido amplio que abarca tanto a la llamada
economía campesina como las actividades agrícolas a pequeña escala que algunos autores
como Llambí (1998) y Lamarche (1992 y 1994) proponen ubicarlas conceptualmente por fuera
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
La monetización parcial de los sistemas de producción familiares agropecuarios
El trabajo que utilizaban los campesinos rusos, en aquella época, era casi exclusivamente
familiar, mientras que la posibilidad de pagar jornaleros que tienen hoy en día los campesinos
hace posible expandir su producción más allá de la capacidad de trabajo de la familia. Puede
verse en el Cuadro No. 5 que los productores analizados en el caso colombiano contratan entre
el 17% y el 53% de la mano de obra empleada en sus parcelas.

Cuadro No. 5. Colombia. Región Andina. Grado de monetización de los sistemas


campesinos de producción

Valores promedio en miles de pesos del 2001

Relación Relación Relación


Ventas / Monetarios / trabajo
Tipo de Productor Ventas Producció costos totales asalariado
n total / trabajo
total
Hortofrutícolas Fómeque 12,545 89 % 58 % 44 %
(Cundinamarca) y Piesdecuesta
(Santander)

Papa en Lenguazaque – 25,362 92 % 71 % 50 %


Cundinamarca aprox.

Campesino tradicional en 8,806 89 % 38 % 29 %


Santander

Minifundista en Nariño 1,316 93 % 31 % 17 %

Cafeteros en Buga – Valle 13,707 92 % 55 % 30 % aprox

Cafeteros en Restrepo – Valle 16,384 95 % 44 % 53 %

Fuentes: Forero et al 2000 y 20001; Forero, 1999; Paz, 1999. Tomado de Forero, 2008.

del mundo campesino. Me refiero a la empresa familiar capitalista para utilizar los términos de
este último autor.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
La demanda por trabajo asalariado por parte de los productores familiares depende de su
disponibilidad de tierra y de capital y de la relación entre el costo de la mano de obra, el costo
de producción y el precio de los productos. En la decisión de contratar asalariados inciden dos
situaciones diferentes:

 Cuando la productividad del trabajo (calculada como la relación entre el excedente


económico −balance entre ingresos, costos y rentas− y el número de jornales invertidos)
supera al costo de la mano de obra contratada. Dada esta circunstancia el productor puede
optar por sustituir trabajo familiar por trabajo asalariado y/o expandir la producción
agropecuaria. Se verá más adelante, en el cuadro 9, que esta condición se cumple en una
amplia gama de casos analizados.
 En situaciones de escasez de mano de obra familiar, el productor se ve obligado a contratar
trabajadores trasladándole al jornalero parte del ingreso que él podría obtener si no tuviese
limitaciones en su dotación de mano de obra. Se presenta por lo regular en hogares con
pocos miembros, en donde predominan ancianos, niños y mujeres.

En la medida en que el hogar rural acude, o tiene la posibilidad de hacerlo, a varias actividades
rurales agropecuarias (jornaleo) o no agropecuarias y actividades urbanas, que representan
posibilidades reales alternativas al trabajo en sus fincas, el costo de oportunidad de la mano de
obra familiar, medido en términos de su remuneración por fuera de la parcela, pesa en las
decisiones del campesino.

Aparte de algunas herramientas y de la compra de algún animal, los insumos que los
productores chayanovianos empleaban eran producidos en la propia finca (costos no
monetarios o costos domésticos), mientras que nuestros productores familiares adquieren en el
mercado (costos monetarios) fertilizantes, pesticidas, drogas y alimentos para animales,
maquinaria (comprada o alquilada), herramientas y todo tipo de materiales (cemento,
mangueras, ladrillos, alambre, etc).

La demanda de crédito bancario o extra bancario (tiendas de insumos, comerciantes, vecinos)


no figura tampoco en el modelo de Chayanov mientras que es una variable que tenemos que
incluir en los análisis actuales. De acuerdo con las cifras del Ministerio de Agricultura, los
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
pequeños productores reciben apenas alrededor del 20% del crédito institucional y se
benefician de este recurso del 10% de las familias campesinas (Cuadro No. 6). Estos datos
expresan un retroceso en la capacidad de las instituciones gubernamentales para atender a los
pequeños si se tiene en cuenta que en la década de los años ochenta éstos percibían un poco
más del 40% de la cartera que se asignaba con recursos oficiales. Con relación a la década de
los noventa en los años actuales ha habido un avance porque en este período la asignación para
los pequeños estuvo por debajo del 10%.

Nosotros hemos observado en diversos municipios que los almacenes de provisión de insumos
irrigan ampliamente crédito a los pequeños mediante el sistema de entregarles al fiado los
insumos y materiales sin cobrarles, aparentemente, intereses. En estas circunstancias se genera
en realidad un interés implícito representado en el sobreprecio que se paga con relación a una
transacción en que se compren los mismos insumos al contado: en una investigación que
hicimos en el 2005 se encontró que este interés equivale al 2, 0% mensual mientras que
FINAGRO prestaba al 1,1%.17

17
Para pequeños y medianos cultivadores de maíz y algodón en Córdoba en el año 2005
(Forero et al., 2007).
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Cuadro No. 6. Colombia. Participación de los pequeños productores en el crédito
institucional

Número de Participación
créditos / en el valor de
Familias los créditos
AÑO campesinas otorgados
1991 22,5
1992 23,2
1993 21,5
1994 14,7
1995 15,9
1996 14,5
1997 19,9
1998 10,6
1999 2
2000 6
2001 7,8
2002 2,0% 17,7%
2003 3,4% 14,5%
2004 6,5% 21,9%
2005 9,7% 29,0%
2006 10,3% 25,7%
2007 9,9% 20,3%
2008 9,8% 17,6%
2009 8,4% 19,0%
Nota: Se asumió 1.4000.000 familias campesinas.
Fuente: FINAGRO. Reportes Minagricultura

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


La monetización de la subsistencia de los hogares campesinos
Por otra parte, los bienes de consumo comprados en el mercado por los campesinos rusos
(analizados por Chayanov), conformaban una reducidísima parte de su canasta de bienes en
comparación con la de los hogares rurales actuales. Estos últimos demandan un alto porcentaje
de los alimentos (70% en promedio de acuerdo con varios estudios hechos en Colombia, ver
Forero, 2006), la casi totalidad del vestuario, materiales para vivienda, transporte automotor,
servicios públicos, salud, educación, electrodomésticos, bebidas, etc., etc.

De acuerdo con Chayanov los productores campesinos podían satisfacer completamente sus
pocas necesidades sin emplear toda su capacidad de trabajo. Aunque se dan casos
excepcionales, hoy en día es difícil encontrar campesinos que no participen del principio de la
insaciabilidad (o de los deseos ilimitados del consumidor) en una sociedad de consumo
masivo.

La racionalidad económica de los productores familiares


Pensamos, a partir de las evidencias que hemos recolectado, que en el actual contexto
económico, con un alto desarrollo de la economía de mercado, solamente algunos pocos
productores familiares tienden a producir con el mínimo esfuerzo a fin de satisfacer algunas
necesidades elementales.18 Ellos no dejan de producir, como el optimizador chayanoviano,
cuando satisfacen sus necesidades básicas elementales. No se puede decir tampoco que en
general los productores familiares toman sus decisiones con la racionalidad económica que
postula la microeconomía neoclásica, según la cual el productor tiende a elevar su producción
hasta el punto en que optimice sus utilidades. La realidad es que algunos funcionan con esta
lógica pero quizás la mayor parte se acercan sí a este tipo de racionalidad pero no participan

18
Es el caso de los productores de una de las varias veredas en que trabajamos en una
investigación en Guane en la parte baja del municipio de Barichara (Departamento de
Santander) sometida a severas sequías. Al contrario de sus vecinos, los campesinos de la
vereda de Butaregua minimizan la producción de excedentes al tiempo y muestran poco interés
por mejorar sus condiciones de vida a pesar de contar, excepcionalmente en esta región, con
una alta disponibilidad de agua para riego. Tenemos también noticias de algunas comunidades
indígenas que han resuelto producir para el mercado tan sólo una parte muy inferior de los
productos que podrían ofrecer porque no les interesa percibir ingresos más altos.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
completamente de ella, mientras que otros pocos (la minoría a nuestro juicio) se aproximan un
poco más a la lógica del “mínimo esfuerzo” chayanoviana.

Lo que sí es claro cuando se analiza la dinámica económica de los productores familiares


rurales, es que sus sistemas de producción tienen, a la vez, un ámbito monetario y un ámbito
doméstico (no monetario). En el primero se realizan transacciones de mercado, mediadas por el
dinero: compra de insumos, maquinaria, herramientas, pago de jornales, venta de productos
agropecuarios, pago de intereses, arrendamientos etc. Por el contrario, en el ámbito doméstico
las operaciones económicas no se llevan a cabo mediante este mecanismo de mercado:
utilización de mano de obra familiar y autoconsumo alimentario, donaciones e intercambios en
especie de los bienes agropecuarios producidos, utilización de recursos de la finca que
sustituyen insumos comerciales, intercambios de trabajo y pago de rentas en especie (una parte
de las cosechas).

A partir de nuestras observaciones hemos venido concluyendo que los ámbitos monetario y
doméstico de la producción familiar tienen una relación complementaria o “mutualista y que
no se excluyen ni compiten entre sí como piensan en una orilla los “productivistas” y en la otra
los “conservacionistas” (para ponerles una etiqueta transitoria a estas dos tendencias con el fin
de facilitar la exposición).

Productivistas y conservacionistas. Los productivistas consideran que se debe


ante todo incentivar a los campesinos que tiendan a transformarse en
empresarios, entendida la empresa como aquella que alcanza su competitividad
mediante estrategias que le permitan lograr una eficiente inserción en el
mercado, excluyendo explícita o implícitamente todo relacionado con el
autoconsumo. Con sus propuestas parecen estar proclamando que “por fuera de
los encadenamientos agroindustriales no hay salvación”. Es la línea dominante
en el diseño de nuestra política agropecuaria que impulsa las cadenas
productivas, los acuerdos de competitividad y los cluster regionales como
únicas alternativas. Se centra en transmitir señales e incentivos para que los
productores más eficientes participen competitivamente en estos circuitos de
mercados que, según ellos, van a ser predominantes y homogéneos en el futuro

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


próximo. Para los productores que no se suben al carruaje de las cadenas
agroproductivas, se implementaría una política social complementaria que
alivie su situación de pobreza con ayudas alimentarias y otros paliativos, y se
promovería su vinculación a actividades no agropecuarias en el medio rural. En
la otra orilla, los conservacionistas parecen sentenciar que “el mercado trae
consecuencias funestas para el campesinado”. Proponen ellos, en primer lugar,
privilegiar los esfuerzos productivos que fortalezcan la seguridad alimentaria a
partir del autoconsumo de la familia campesina y de los intercambios en el seno
de las comunidades rurales. En segundo lugar, propugnan porque los
campesinos minimicen la dependencia de los “insumos externos” adquiridos en
el mercado. Es, de cierta manera, la vía de resistencia campesina. Ahora bien,
como de todas formas hay que generar algunos ingresos en dinero, la propuesta
se complementa con estrategias para participar en ciertos circuitos comerciales
restringidos: los mercados de productos orgánicos, los mercados justos, los
mercados campesinos por medio de los cuales los productores venden
directamente sus productos a algunos consumidores urbanos. Desde nuestro
punto de vista las dos posiciones acabadas de mencionar tienen elementos
valiosos pero resultan no solamente excluyentes entre sí sino que cada una deja
de lado la mayor parte de nuestros productores familiares. El hecho es que estos
productores están altamente integrados al mercado, de manera que su
autoconsumo representa apenas una parte muy pequeña de su ingreso y venden
la mayor parte de sus cosechas.

Cambio técnico
Con los inicios de la década de los setenta comienza un proceso continuo que poco a poco se
vuelve masivo y de asimilación de las tecnologías de la Revolución Verde por parte de los
pequeños productores. Ellos, en esos años, suben a las laderas, por así decirlo, los insumos
agroquímicos y algunas semillas mejoradas. A las entidades oficiales, asistidas por centros
internacionales de investigación agrícola, a las casas comerciales vendedoras de insumos y,
muy especialmente, a la transmisión de información persona a persona, entre campesinos, se
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
debe la difusión tecnológica con lo que se configuran lo que, en los inicios de los ochenta, fue
llamada la “silenciosa transformación del campesinado”. En general, se trata de un proceso de
intensificación tecnológica sin mecanización, aunque de todas formas ciertos grupos de
pequeños productores familiares introdujeron en sus parcelas la preparación del suelo con
tractores como es el caso de los productores de fríjol del sur de Santander, de una proporción
importante de los cultivadores de papa o de los pequeños productores de granos y algodón en
los llanos del Tolima, en la costa Atlántica y en las llanuras aluviales del Ariari (departamento
del Meta).

La observación de numerosos casos a lo largo y ancho de todo el país, muchos de ellos


vinculados al Programa de Desarrollo Rural Integrado (DRI), nos llevaron a concluir, en los
años ochenta, que el campesino colombiano había tenido un proceso generalizado de cambio
técnico basado en la introducción de elementos de la revolución verde (Forero, 2001). Por su
parte, la Misión de Estudios del Sector Agropecuario liderada por Albert Berry y Jesús Antonio
Bejarano (Bejarano, Berry et al., 1990), sistematizando los datos que para casi todo el país
tenía el ICA, concluyó que la brecha tecnológica entre los pequeños y los grandes productores
se había cerrado, cosa que puede apreciarse en el Cuadro7.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Cuadro 7. Evolución 1973-76 -1988 de las brechas y los índices de
productividad física entre pequeños y medianos-grandes productores

EVOLUCIÓN 1973-6 - 1988,


BRECHAS DE ÍNDICES DE
PRODUCTIVIDAD PRODUCTIVIDAD
(1973-76=100)
MEDIANOS-
PRODUCTOS 1973-1976 1988 PEQUEÑOS GRANDES
AJONJOLÍ 0,97 1,04 124,9 134,7
ALGODÓN 3,58 1,03 395,3 114,9
ARROZ 2,60 1,40 192,5 103,7
BANANO DE
EXPORTACIÓN - 1,27 - 116,2
CACAO 2,19 1,35 132,8 81,9
CAÑA
PANELERA 2,22 1,70 175,4 133,9
CEBADA 1,59 1,07 155,2 104,6
FRÍJOL 2,01 1,29 158,0 101,6
MAIZ 2,40 1,61 122,9 82,4
PAPA 6,08 1,07 404,2 71,1
PLÁTANO 1,60 0,78 126,7 61,5
SORGO 0,97 1,34 99,3 136,7
SOYA - 1,30 - 102,2
TABACO 1,54 1,10 104,3 74,5
TRIGO 2,42 1,17 244,6 17,9
YUCA 1,46 1,25 108,4 92,5
PROMEDIO 2,26 1,24 181,7 101,8

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


NOTA: Para calcular la brecha de productividad se elaboró un promedio
de productividad (Kg/ha) de los años 1973-76 según el tipo de agricultura,
y se dividieron los rendimientos promedio de los productores modernos por
los rendimientos promedio de los productores tradicionales. Para 1988 se
adoptó el mismo procedimiento pero aplicado a los rendimientos, según el
tamaño de la explotación. El ICA y las demás entidades que participaron en
la preparación del PLANTRA Fase II, definen pequeño productor como
aquel que explota personalmente su unidad de produccón, usa
preferencialmente mano de obra familiar, sus activos totales no superan
trescientos salarios mínimos, y otros. Sin embargo, lo más probable es que
en el trabajo de campo se hayan utilizado los criterios de clasificación de
pequeños productores adoptado por el programa DRI que ponen el acento
en el tamaño de la unidad, hasta 20 has. en la Región Andina y hasta 50
has. en las regiones Caribe y Orinoquia. Aunque puedan existir diferencias
metodológicas, puede asumirse que la definición de productor tradicional
se ha asimilado a la de pequeño productor campesino.
Fuente: Cálculos con base en: DNP, Revista de Planeación y Desarrollo,
"La Economía Colombiana 1950 - 1975", citado por ICA, Sector
Agropecuario y Cambio Tecnológico. Bogotá, enero de 1980. ICA, Tascón,
Rodrigo, Tabulados para la formulación del PLANTRA 1988. Tomado de
Berry y Bejarano, 1990: 135.

Los productores cafeteros (pequeños, medianos y grandes) van introduciendo las nuevas
variedades (algunas de ellas desarrolladas por CENICAFÉ). Muchos hacen un cambio técnico
caracterizado por lo que hemos llamado una tecnificación de mediana intensidad, consistente
en que, aunque se introducen las prácticas de la Revolución Verde, no se siguen de forma
completa todas las recomendaciones que hacen los prácticos agropecuarios de los comités
departamentales de cafeteros.

En algunos otros productos, este proceso de intensificación tecnológica no se hace con las
famosas semillas milagrosas (variedades mejoradas), sino con semillas criollas que poco a
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
poco los productores adaptan en sus parcelas, muchas veces con el apoyo de algunos centros de
investigación regionales, tal como sucedió con algunas variedades de maíz blanco, fríjol, yuca,
papa y plátano.

La producción hortícola conoce desde los años 70 hasta ahora un avance significativo, a tal
punto que en varios años es la responsable del magro crecimiento agropecuario. El desarrollo
de la producción hortícola y de gran parte de la producción frutícola, a pequeña escala, se hace
con semillas mejoradas y se basa en una intensificación agroquímica de la fertilización y el
control de plagas y malezas y en la incorporación de riego a pequeña escala. Es, en general, un
riego informal (no contabilizado en las estadísticas agropecuarias) consistente en la toma
directa del agua de las fuentes naturales por medio de mangueras aprovechando la gravedad
(en algunos casos se usan motobombas). El tomate bajo invernadero, regado por goteo, y la
producción de base de coca son dos de los ejemplos más sobresalientes de la introducción de
tecnologías que podríamos llamar de punta entre los pequeños productores familiares.

En los últimos años, como reacción a los problemas generados por la intensificación basada en
la oferta de la Revolución Verde, ha venido tomando fuerza la introducción de lo que puede
llamarse sistemas de producción sostenibles. Tenemos, de un lado, la agricultura orgánica
certificada con especial éxito en el café y, en menores proporciones, en algunas hortalizas.
Está, además, lo que puede llamarse la agricultura agroecológica. Mientras que la agricultura
orgánica busca acceder a ciertos nichos de mercados especializados, externos y nacionales, que
pagan sobre precios con relación a los productos convencionales, la agricultura agroecológica
se propone introducir un cambio sustancial en las prácticas agrícolas de tal manera que se
fortalezca la autonomía alimentaria del productor familiar, se minimice la dependencia del
mercado de insumos agropecuarios y se conserven y recuperen recursos como el suelo, la red
hídrica y la biodiversidad. Hasta donde hemos podido observar, tanto en Colombia como en los
otros países andinos el resultado entre quienes se han acogido a esta propuesta tecnológica ha
sido no sólo el aumento del autoconsumo familiar sino que muchas veces, sin proponérselo, se
ha logrado una mayor producción de productos para el mercado.

No tenemos información cuantitativa que nos permita dimensionar la participación de los


sistemas de producción sostenibles en el total de la producción familiar y en el total de la

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


producción agropecuaria del país, pero de acuerdo con lo que hemos podido observar es claro
que, aunque se multiplican día a día a lo largo y ancho del país, los agricultores que se atienen
a estas tecnologías constituyen aún un sector minoritario en cuanto a su contribución a la
producción agropecuaria.

Los organismos gubernamentales no dedican recursos y acciones significativas para fomentar


la agricultura sostenible porque concentran sus programas en el apoyo a ciertos productos y
cadenas priorizadas, y porque buena parte de los recursos financieros estatales se colocan a
través de subsidios que no incluyen dentro de su menú el apoyo a este tipo de propuestas. De
todas formas hay que reconocer, de un lado, los esfuerzos que han venido haciendo la
Federación de Cafeteros y los Comités Departamentales para contribuir a fortalecer ciertos
núcleos de productores campesinos que están trabajando con sistemas cafeteros a la sombra y
que han logrado insertarse en el mercado internacional de los llamados cafés especiales que
hoy en día responden por alrededor del 10% de las exportaciones cafeteras del país.19 De otro
lado, a nivel local las acciones de las UMATAS o de otros grupos que prestan asistencia
técnica a los municipios, muchas veces están encaminados a fomentar lo que hemos llamado
agricultura sostenible.

El panorama acabado de mostrar sobre la tecnología y los pequeños productores familiares


pone de presente que una política pública no podría basarse exclusivamente en el fomento de
los sistemas de producción sostenibles porque es evidente que dejaría por fuera a la mayor
parte de los productores. Pero es también claro que esta política debe dedicar esfuerzos y
recursos a la promoción y consolidación de las prácticas agrícolas sostenibles que en gran
medida se han venido difundiendo por fuera de la acción estatal. No sobra advertir que más que
la acción gubernamental son las ONG las principales responsables del impulso a la agricultura
sostenible.

19
Pero hasta donde conocemos es sobre todo gracias al esfuerzo de organizaciones de base y
especialmente de ONG que la caficultura “certificada” se ha expandido.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
La participación en el mercado de la agricultura familiar
Como es sabido, la agricultura familiar vende una porción importante de sus productos a un
mercado abierto en el cual se interrelaciona una multiplicidad de agentes generalmente
informales. El núcleo de este sistema comercial está en las Centrales de Abastos de las grandes
ciudades y en las plazas de mercado de las ciudades intermedias y demás municipios del país.
Los productores campesinos participan también de las ferias ganaderas y más especialmente de
los mercados municipales que son claves en el abastecimiento local de carne bovina.

Pero aparte del mercado abierto, una parte significativa de la producción familiar circula por
circuitos agroindustriales cuyos casos más notables son20 el café y la leche. De otra parte, se
han venido desarrollando sistemas de agricultura por contrato en sectores como el tabaco, la
palma africana, algunos frutales y, al parecer, en algunas “micro cadenas”. Otras nuevas
relaciones agroindustriales de reciente surgimiento que vale la pena destacar son las siguientes:
cría de cerdos integrados a cadenas de transformación de carnes, integración a la cadena
frutícola para el mercado interno (especialmente mora y mango); integración a cadenas
agroexportadoras hortícolas y frutícolas (uchuva, granadilla, plátano y otras).

Un estudio que realizamos en el año 2005 mostró que en Bogotá el mercado abierto, con centro
en Corabastos y que tiene como puntos terminales una gran cantidad de tiendas, plazas de
mercado, bodegas, puestos callejeros, famas, etc., coloca los bienes alimentarios a las amas de
casa populares a un precio mucho más bajo que el sector formal o de las grandes superficies
detallistas. Los resultados del estudio mencionado se resumen en el Cuadro No. 8 siguiente, y
constituye uno de los muy pocos estudios que se han hecho de manera sistemática y rigurosa
para tratar de cuantificar los precios a los cuales ofrecen sus productos los distintos tipos de
agentes comerciales en los ámbitos urbanos.

Cuadro No. 8 Bogotá. Valor de una canasta mínima mensual de alimentos para cuatro
personas en diversos puntos de venta detallista y tipos de producto. Bogotá, Febrero de
2005.

20
Desde aquí este párrafo es tomado de Forero, 2007.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
ESTABLECIMIENTO ESTRA FRUVE CÁRNIC GRANOS TOTA
TO R OS Y Y L
LÁCTEO PROCESA CANAS
S DOS TA

Carulla (Polo Club) 4 69.911 135.339 65.797 271.048

Carrefour (Cra 30 Calle 19) Múltiple 65.331 126.170 54.468 245.969

Tienda en el barrio Polo 4 55.374 123.531 75.419 254.324


Club
Colsubsidio (Calle 26 ) Múltiple 55.616 135.215 56.828 247.660

Surtimax (Primavera) 3 48.144 116.066 56.423 220.633

Plaza - 7 de Agosto 3 41.285 S.D S.D S.D

Plaza – Paloquemao Múltiple 34.460 S.D S.D S.D

Usminia - Sucre - Ventas 1Y2 32.403 100.603 S.D S.D


Ambulantes y Tiendas
Paraíso - Ventas Ambulantes 1 32.284 100.647 58.444 191.376
y Tiendas
Plaza – Tunjuelito 2 30.716 99.994 56.399 187.109

Bosa La Libertad - Ventas 3 30.048 101.818 S.D S.D


Ambulantes y Bodegas
Fruver Cra. 50 (Muzú – 3 27.521 102.424 62.705 192.649
Alquería) – Bodega y
Carnicería
Bodega Don Camilo (Cra 34 Múltiple 25.975 S.D S.D S.D
Calle 19)
Fuente: Tomado de Forero, 2006.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


La evidencia con que se cuenta no apoya la idea, tan generalizada, de que el sistema de
comercialización informal de alimentos es ineficiente y que sus ineficiencias terminan
pagándolas los consumidores populares para quienes, según esta manera de ver las cosas, la
canasta de alimentos básicos es más costosa que para los sectores de clases medias que pueden
acceder al sector formal. Pero debe quedar también muy claro que las evidencias que se tienen
no son contundentes porque el país no cuenta con una información sistemática y periódica para
hacer este tipo de comparaciones. Así las cosas, el país necesita un sistema de información de
precios que dé cuenta de lo que realmente está pasando con el sistema agroalimentario.

Si el canal informal puede ser más eficiente para satisfacer las necesidades del
consumidor popular, el canal moderno o formal lo es para atender las demandas de
buena parte de los consumidores de ingresos medios y altos. En este sentido, son
complementarios. Además, la competencia entre estas dos formas de distribución de
alimentos los impulsa a adecuarse para brindar mejores servicios al consumidor. Los
resultados de esta competencia serían mucho más positivos si la Administración Distrital
construyera un sistema de información de precios que le diera transparencia al resultado
de la operación de cada uno de ellos y que permitiera tomar algunas medidas regulatorias
para corregir las distorsiones del mercado.21
En fin, es más sensato, dentro de una estrategia para mejorar el acceso a los alimentos de los
sectores populares, estimular la competencia en un mercado de altísima concurrencia entre las
diversas formas de distribución desde el vendedor callejero hasta el hipermercado, que tener un
sistema de abastecimiento monopolizado por los grandes operadores. Para Colombia no parece
ser un ideal llegar a un modelo como el Finlandés en el cual los cuatro más grandes operadores
controlan el 95% del comercio (Gráfico No. 8). Los finlandeses, a juzgar por su ingreso per
cápita tienen cómo pagar los servicios adicionales que les prestan los supermercados, además
de satisfacer sus necesidades de nutrición básicas. En Colombia, sólo los consumidores de los
estratos cinco y seis (y alguna parte de los del cuatro) pueden darse este lujo.

21
Este y el siguiente párrafo fueron tomados de Forero, 2006.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
El autoconsumo
Una revisión documental a partir de la sistematización de 39 estudios de caso, estableció tres
grupos de hogares campesinos: los que tenían un autoconsumo promedio equivalente al 8% del
gasto en alimentos entre los cuales se encontraban algunos productores cafeteros. En los otros
dos grupos estaban aquellos cuyo autoconsumo representaba el 27% y el 49%,
respectivamente, del valor de los alimentos consumidos (Torres, 2002).

Más recientemente se encontró (Corrales, Maya y Forero, 2006) que la proporción


autoconsumo/gasto en alimentos era de 31% entre los hogares beneficiados por el programa
Red de Seguridad Alimentaria (ReSA) (se encuestaron 3.134 hogares de los 197.541
beneficiados). En fin, con todos estos datos se puede plantear que en Colombia el autoconsumo
de los hogares campesinos está, en promedio, alrededor del 30%.

Por otra parte, una investigación que hicimos en el año 2006, en Riosucio y Supía con
productores cafeteros minifundistas que han venido incorporando a sus fincas algunos
elementos de la agricultura agroecológica, encontramos que ellos han elevado
significativamente el autoconsumo. Como productores cafeteros, ellos estaban entre los
agricultores familiares que tenían un autoconsumo muy por debajo del promedio antes
señalado. Los productores analizados, gracias a la implementación de prácticas dirigidas a
recuperar el autoconsumo, producen en la finca, en promedio, el 60% de su dieta alimentaria y
en algunos casos sobrepasaban el 80% (Corrales y Forero, 2007). Lo más destacable de
quienes logran más altos niveles de autoconsumo es que al tiempo con el incremento del
autoconsumo expanden notablemente la producción vendida en el mercado, lo cual reafirma la
idea planteada atrás según la cual el ámbito monetario y el ámbito no monetario de estos
sistemas de producción son complementarios (que no compiten entre sí y que se pueden
incrementar al mismo tiempo). Ahora bien, aquellos productores que alcanzan autoconsumos
cercanos al 80% del valor de su dieta alimentaria tienen una organización similar de sus
sistemas de producción a la de sus vecinos y consumen el mismo tipo de bienes que aquellos
que alcanzan niveles de autoconsumo menores.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Economías de microescala
En un estudio que realizamos en tres zonas lecheras y en una zona que abastece con maíz duro
y, en menor medida, con sorgo a la industria de alimentos balanceados para animales,
encontramos que los pequeños productores tenían rentabilidades (contabilizando todos sus
costos, incluyendo su propia mano de obra) similares y, en ocasiones, superiores a las de los
medianos y los grandes propietarios (Cuadro No. 9). Particularmente, el caso de los
productores de maíz y sorgo en San Luis Tolima corresponde a una situación observada en
otros sectores de nuestra economía agropecuaria, consistente en que los medianos tienden a
tener rentabilidades muy inferiores a las de los pequeños y a las de los grandes. Sin pretender,
de ninguna manera, hacer generalizaciones, esta situación ilustra que, en algunas
circunstancias, los medianos no tienen ni las ventajas propias de la producción a gran escala ni
se benefician de ciertas posibilidades que tienen los pequeños productores de ahorrar costos.
Pero es preciso insistir en que esto no siempre es así: por ejemplo, se ha destacado en la
literatura sobre la producción cafetera que en las décadas del setenta y ochenta la mediana
producción generaba mayores beneficios, motivo por el cual la producción tendió a
concentrarse en los cultivos de rango mediano a costa de la fragmentación de las grandes
plantaciones y del desplazamiento (económico) de algunos pequeños productores.22

22
Pero esta situación se revirtió con la crisis de los noventa de manera tal que los pequeños
terminaron concentrando la mayor parte del área cafetera del país.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Cuadro No. 9. Colombia. Rentabilidad de productores 2006

A. Lecheros en tres regiones. 2006

Sin
Tipo de contabilizar Contabilizando
Regiones
productores trabajo no trabajo no pago
pago

Pequeños 117% 105%

Norte de Antioquia Medianos 45% 45%

Grandes 52% 52%

Pequeños 83% 73%


Ubaté y
Medianos 72% 72%
Chiquinquirá
Grandes 67% 67%

Pequeños 128% 128%


Cesar
Grandes 69% 69%

B. Productores de maíz y sorgo en San Luis – Tolima. 2006

Contabilizando
Tipo de
TOLIMA trabajo no
productores
pago

Maíz Pequeños 64%

Medianos 30%
Grandes 61%

Sorgo Pequeños 38%

Medianos 22%
Grandes 74%

Maíz / Sorgo Pequeños 51%

Medianos 26%

Grandes 67%

Fuente. Forero y Ezpeleta, 2007.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Se ha podido observar cómo los pequeños productores logran no sólo, como lo mostrábamos
anteriormente, obtener rendimientos equiparables a los de los medianos y los grandes, sino que
organizan sus sistemas de producción de manera que generan beneficios relativamente altos. Si
se comparte la idea de que, en últimas, lo que define la competitividad de un sistema de
producción es su rentabilidad (y no necesariamente la productividad de la tierra o los
parámetros productivos de los animales), se puede aceptar la idea de que por lo menos en
algunos casos los pequeños tienen una competitividad similar o superior a la de los medianos y
los grandes. Otra información que presenta evidencias en este sentido es la de las estadísticas
de costos y rendimientos acopiados por la Corporación Colombia Internacional, de las cuales
nosotros hemos extraído algunos casos en que los pequeños tienen un costo por unidad
producida menor o muy cercano a los de los grandes. En esta información consignada en el
Cuadro No. 10 puede observarse que existen casos en los cuales los pequeños, teniendo
rendimientos físicos menores que los de los grandes, obtienen una mayor rentabilidad
(expresada en el costo en pesos por la unidad producida). Estos datos no nos sorprenden
porque hemos visto situaciones similares en algunas de las investigaciones que hemos llevado
a cabo. El asunto es que, en estos casos, la particular organización de los sistemas de
producción familiares permite desarrollar una estrategia de minimización de costos más que
proporcional a la disminución en los rendimientos físicos por producto.

Cuadro No. 10 Costos y rendimientos en actividades agropecuarios. 2006

Pequeño Grande

$ / Kg 2.706 2.832
Café Antioquia /
Ton / ha. 1,9 3,2

$ / Kg 34 36
Caña Antioquia
Ton / ha. 40 40

Maíz Costa / $ / Kg 279 304

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Ton / ha. 2,6 5,7

Papa C/marca $ / Kg 568 560

Boyacá Ton / ha. 15,1 17,3

Arroz secano $ / Kg 528 524

Llanos Ton / ha. 5,1 5,5

$ /Lt. 364 524


Leche Cauca /
Lit /vaca 5,5 8,0

Fuente: Datos de la Corporación Colombia Internacional.

Un estudio que hicimos en 1998 en la Cuenca del Guadalajara, en la Cordillera Central,


municipio de Buga, departamento del Valle del Cauca (Forero et al., 2000), ratifica algunas de
las conclusiones a las que habíamos llegado en una anterior investigación en 1989 en otra zona
cafetera, en la Cordillera Occidental, municipio de Restrepo, Departamento del Valle del
Cauca (Forero, 1999). En esta última zona habíamos visto que los productores familiares
producían cada kilo de café con un costo menor que los finqueros–empresarios a pesar de tener
rendimientos por unidad de superficie mucho más bajos. Si hubiésemos adivinado en ese
momento que se venía la crisis, habríamos podido decir que los productores con tecnologías
semi-intensivas estaban mejor preparados para enfrentar la caída de los precios del grano
porque, aunque producían mucho menos café por hectárea que los productores con sistemas
tecnológicos intensivos, podían resistir más bajos niveles de precios.23

Más allá de la información recopilada para Colombia, varios autores han dado cuenta de las
ventajas económicas que tiene la pequeña producción familiar y, más aún, han postulado que la
producción a pequeña escala es, en definitiva, un sistema que comporta una superioridad
económica sobre la mediana y la gran producción.

23
Párrafo tomado de Forero, 2007.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
No se pretende plantear aquí que en Colombia la pequeña producción es más competitiva, en
todos los casos, que la mediana o la gran producción. Simplemente se trata de poner en
evidencia cómo en múltiples ocasiones, que no son de ninguna manera excepcionales, los
pequeños productores logran organizar sus sistemas de producción de tal manera que generan
beneficios con rentabilidades superiores o iguales a las de los medianos y grandes productores.
No se trata tampoco de negar las ventajas que tiene la gran producción, derivadas de su
particular forma de organizar los factores productivos aprovechando, entre otras cosas, algunas
economías de escala. Pero según lo que hemos observado en Colombia y de acuerdo con las
evidencias de la literatura disponible, para otros países, resulta evidente que la producción
familiar agropecuaria logra desarrollar lo que podríamos llamar economías de microescala
que se derivan de las posibilidades que tiene el pequeño productor de disminuir costos (con
relación al mediano y al grande) y en ocasiones de aumentar la productividad.

Las economías de microescala surgen fundamentalmente de la relación directa del pequeño


productor con sus lotes de cultivo y hasta con cada una de las plantas y con los animales que
cría, lo cual redunda en la implementación de ciertas prácticas específicas, como el
aprovechamiento de los recursos de la finca para la fertilización de los cultivos y la
alimentación de los animales, así como para la obtención de algunos materiales como la
madera para el tutorado de los cultivos (con bajos o nulos costos monetarios). Entre las
estrategias con que los productores obtienen mayores rendimientos, la literatura ha destacado
las asociaciones de cultivos típicas de la pequeña producción. Ejemplos notables en nuestro
medio son la asociación de maíz con el fríjol, la de papa con arveja y la del café con plátano,
guamo y otras especies arbóreas.

Pero hay otras prácticas que hemos venido observando como la renovación parcial de plantas
por fuera de las recomendaciones protocolizadas por la asistencia técnica. Este procedimiento
que permite a los productores cafetaleros, a los paneleros y a quienes cultivan cacao, conservar,
por un parte, las matas que aunque hayan sobrepasado el período convencional de alta
productividad, arroja buenos rendimientos y sustituir, por la otra, aquéllas que aunque no han
alcanzado la edad en que deben ser renovadas, o soqueadas, presentan síntomas de agotamiento
prematuro.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


La oportunidad y la forma en que se realiza la fertilización y el control fitosanitario es otra
práctica que ahorra costos e incide a la vez en el aumento de los rendimientos. Es sabido que
estas tareas a gran escala implican reducciones importantes de costos pero quizás es menos
conocido que el pequeño productor cuando las realiza directamente (con la ayuda de
jornaleros) puede lograr que el abonamiento y control de plagas sea mucho más eficiente
porque se hace más oportunamente o porque se ahorran materiales.

En fin, mientras que para la gran agricultura es fundamental una adecuada gestión de recursos
y una eficiente gerencia de tareas, por lo regular subcontratadas a especialistas en las diferentes
actividades agropecuarias, en la producción agropecuaria a pequeña escala juega un papel
fundamental el virtuosismo del agricultor. Mientras en la primera se obtienen economías de
escala, en la producción familiar se hacen economías de microescala.

INGRESOS AGROPECUARIOS Y POBREZA RURAL


En varias investigaciones que hemos venido haciendo desde 1990 en diversas zonas rurales de
Colombia que tipifican, a su vez, diversas circunstancias en que se lleva a cabo la producción
campesina y que comprenden desde grupos de productores relativamente prósperos hasta
minifundistas en condiciones extremadamente adversas y precarias, hemos encontrado que la
mano de obra familiar invertida en la producción agropecuaria se remunera (con algunas
excepciones) por encima de su costo de oportunidad. En otras palabras, según estos estudios,
los campesinos generan ingresos mucho más altos trabajando sus propias parcelas que los que
obtienen en otras opciones laborales. Las evidencias que respaldan lo anteriormente afirmado
se resumen en el Cuadro No. 11 en el cual puede verse que los pequeños productores
familiares, antes de pagar rentas, obtienen por cada día trabajado en sus propias fincas entre 1.1
y 6.2 jornales mínimos diarios (exceptuando a quienes producen base de coca). Sin lugar a
dudas, el jornal mínimo en Colombia es un buen indicador del nivel salarial para la mano de
obra no calificada, contratada bajo condiciones de relativa inestabilidad. De manera que, de
acuerdo con estos datos, podemos decir que contamos con evidencias sólidas (aunque no con
una información estadísticamente representativa) que muestran que los sistemas de producción
de los productores familiares, incluyendo los que podemos llamar minifundistas precarios,

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


tienen una alta eficiencia económica en la medida en que, como hemos dicho, remuneran su
mano de obra por encima de su costo de oportunidad.

Cuadro No. 11 Remuneración de la mano de obra familiar empleada en sistemas de


producción rurales. Valores en número de salarios mínimos.

TECNIC NET TECNIC NET


A A A A
A. HORTICOLAS E. CAFETEROS, BUGA - VALLE – 1998
Medianos Productores: Minifundista B.P. 4,5 4,3
Fómeque - 2000 1,9 1,7 Pequeño B.P. 4,8 4,8
Combeima – 1999 5,7 5,5 Pequeño M. P. 5,2 5,1
Río de Oro B.P. - 1998 4,5 7,8 Mediano M. P. 5,6 5,4
Río de Oro A.P. -1998 6 9,4 F. CAFETEROS RESTREPO - VALLE –
1991
Minifundista de 5,4 5,1 Minifundio 5,7 5,7
Fómeque 2000
Partijeros: Pequeña semi-intensiva 5,9 4,8
Fómeque –– 2OOO 1,9 1,1 Pequeña intensiva 2,2 1
Río de Oro B. P.– 1998 5,5 2,4 Familiar pequeña 6,2 4,7
Río de Oro A. P. - 1998 5,4 2,9 G. PEQUEÑOS GANADEROS –
AGRICULTORES. 2003
Productores - Tomate 5,4 5,3 Cajamarca – Productor 5,3
Invernadero alternativo
B. PAPA. LENGUAZAQUE C/MARCA Cajamarca – Productor 3,9
– 1999 convencional
Pequeño B.P. 3,6 3,4 Curití – Productor 5,5
alternativo
Pequeño M.P. 4,7 4,6 Curití – Productor 7,5
convencional
C. CAMPESINO TRADICIONAL Riosucio – Productor 1,5

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GUANE SANATANDER – 2000 alternativo

Pequeño 1,3 1,1 Riosucio – Productor 1,3


convencional
Pequeño mecanizado 3,2 2,2 G. PRODUCTORES DE BASE DE COCA
2000
Parcelero familiar 1,7 1,8 Prod. de coca en una ha. P.B. 5,9 4,7
Butaregua
D. MINIFUNDISTA, NARIÑO – 1998 Prod. de coca en una ha. P. 12,4 9,9
A.
Pequeños Productores 2 1,9
Medianos productores 1,2 1,1
Pequeña producción 1,1 1,1
ajustada
SIGLAS: B.P. Baja productividad. M.P. Medina productividad. A.P. Alta productividad.

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Fuentes: Forero et al 2000a et 2000b; Forero, 1999; Paz, 1999; Torres, 2001.
Cálculos nuestros.

NOTA AL CUADRO: La remuneración técnica es el cociente entre el excedente


familiar del sistema de producción agropecuario, antes de pagar rentas, y el
número de jornales que invierte la familia para obtener ese excedente. La
remuneración neta se calcula de la misma forma pero colocando en el numerador
el excedente después de pagar rentas. El excedente familiar del sistema de
producción es igual a las ventas (ingreso monetario agropecuario) MÁS el
autoconsumo humano (ingreso doméstico agropecuario) MENOS los costos
monetarios (incluidos salarios). El salario mínimo se toma como el costo de
oportunidad de la mano de obra familiar de manera que cuando la remuneración
de la mano de obra (mediada en número de salarios mínimos) es superior a UNO
(como en todos los casos de este cuadro) el sistema remunera la mano de obra de
la familia por encima de su costo de oportunidad, lo cual indica que es
económicamente viable.

En este sentido podemos afirmar también que, hasta donde hemos podido analizarla, la
producción familiar es viable económicamente si como indicador de viabilidad se toma
precisamente la remuneración de la mano de obra frente a otras alternativas. Pero quizás lo más
notable es que aún después de pagar rentas, lo productores analizados obtienen remuneraciones
que siguen siendo superiores al salario mínimo. En el Cuadro No. 11 puede verse que en todos
los casos la remuneración neta día del trabajo familiar, es decir la obtenida descontando el
pago de rentas por el acceso a la tierra (mediante aparcerías, asociaciones y, excepcionalmente,
arrendamientos) o por intereses pagados por los créditos obtenidos para financiar la
producción, es también mayor que el salario mínimo. Así por ejemplo, los partijeros hortícolas
de Fómeque que antes de pagar rentas reciben 1,9 jornales mínimos por día trabajado, después
de pagarlas la remuneración del trabajo queda en 1,1 jornales. Así mismo, los partijeros del Río
de Oro bajan su remuneración técnica día de 5,5 (y 5,4) jornales mínimos, a menos de 3 como
consecuencia del pago de una parte del valor de la producción transferida a quien les aportó la

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tierra y parte del capital invertido en la producción. De la misma manera, los productores
cafeteros (pequeños intensivos) de Restrepo (Valle) que remuneran su mano de obra en 2,2
jornales quedaban en 1,0 jornales mínimos después de pagar los intereses a los bancos. Por su
parte, los campesinos minifundistas de Guane que reciben entre 1,3 y 3,2 salarios mínimos
antes de pagar rentas quedan entre 1,1y 2,2 después de entregarle la cuarta, o la quinta, parte de
la producción a quienes les aporten la tierra para llevar a cabo la producción de tabaco, maíz o
fríjol.

En el Cuadro No. 12 se puede observar que el excedente total anual obtenido por estos mismos
productores familiares, corresponde en la mayor parte de los casos a ingresos por debajo de la
línea de pobreza: teniendo en cuenta que esta línea corresponde a dos salarios mínimos anuales
puede verse que solamente cuatro de los quince casos analizados no están por debajo del nivel
de pobreza. Este hecho no es consecuencia de la posible ineficiencia económica de los sistemas
de producción que, como ya se vio, generan ingresos por día trabajado relativamente altos, sino
más bien de la escasez de tierra y de otros factores productivos.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Cuadro No. 12. Excedentes de los sistemas de producción rurales en canastas básicas de
consumo

HORTICOLA MINIFUNDISTA EN NARIÑO - 1998


Medianos Productores: Pequeños Productores 0,3
Fómeque – 2OOO 1,1 Medianos productores 0,3
Combeima – 1999 0,5 Pequeña producción ajustada 0,2
Río de Oro con baja productividad - 1998 1,9 CAFETEROS EN BUGA - VALLE - 1998
Río de Oro con alta productividad -1998 2,5 Minifundista de baja productividad 0,8
Minifundista de Fómeque 2000 0,4 Pequeño de baja productividad 1,4
Partijeros: Pequeño de mediana productividad 1,6
Fómeque –– 2OOO 0,8 Mediano de mediana productividad 2,9
Río de Oro con baja productividad – 1998 0,5 CAFETEROS EN RESTREPO – VALLE - 1991
Río de Oro con alta productividad - 1998 0,6 Minifundio 0,2
Productores de tomate bajo invernadero 3,4 Pequeña semi-intensiva 1,4

CAMPESINO TRADICIONAL EN S/DER - 1999 Pequeña intensiva 1,1


Pequeño productor propietario de Regadillo –
Carare 0,7 Familiar pequeña 2,0
Pequeño propietario aparcero mecanizado 1,4 PAPA EN LENGUAZAQUE-C/MARCA – 1999

Parcelero familiar de Butaregua 0,6 Pequeño con baja productividad 1,1


Pequeño con media productividad 1,5
Fuentes: Forero et al 2000a et 2000b; Forero, 1999; Paz, 1999.

La conclusión que salta a la vista es que no es la organización económica, ni el sistema


tecnológico, ni la ineficiencia de los productores lo que explica sus bajos ingresos, sino la
limitación en el acceso a los factores y principalmente a la tierra. Surge inmediatamente el
interrogante por el acceso al agua en la medida en que por lo regular se considera que es más
bien la disponibilidad de este recurso y, por supuesto, de capital lo que mayormente limita las
posibilidades de producción de estos agricultores. Sin estar completamente en desacuerdo con
este planteamiento, se debe tener en cuenta que una parte importante de nuestra producción
agropecuaria (campesina y empresarial) se ha adaptado a las condiciones ecosistémicas de las
laderas y valles interandinos sin que sea imprescindible la utilización de riego. Estamos
hablando, por ejemplo, de las más de 800.000 hectáreas que ocupa la caficultura colombiana.

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Igualmente, de las más de 200.000 hectáreas de la caña panelera y de las cerca de 250.000
hectáreas de la papa.24

Igualmente el plátano, la palma africana y el banano, para hablar de otros cultivos que son
protagónicos en nuestra agricultura tropical, tienen buenos resultados sin utilizar riego. Un
cultivo como el tabaco (según lo observado en Santander), requiere de riego en el primer mes
después de haber sido plantado, de manera tal que los tabacaleros, con grandes esfuerzos
regando mata a mata con manguera y a veces con baldes y platones, logran suministrar el agua
necesaria a las plantas en la primera fase de cultivo.

Por otra parte, como ya se mencionó, la mayor parte de la producción hortícola y una buena
proporción de la producción frutícola a pequeña escala, utiliza sistemáticamente riego
implementando mediante sistemas informales (improvisados, podría decirse, cuyas
repercusiones económicas positivas son evidentes, y cuyas consecuencias ambientales
desconocemos).

Todo esto para enfatizar el hecho de que sin minimizar la importancia que tienen otros recursos
aparte de la tierra, la escasez de tierra es en efecto la principal limitante que tienen los
productores familiares en nuestro país.

Volviendo al tema de los ingresos, los datos que se acaban de presentar ponen en duda las
estadísticas con que cuenta el país para medir los ingresos que hoy en día ubican la pobreza
rural en 67,0% y la indigencia alrededor del 32,6%.25 Como se sabe estos datos surgen de las
encuestas que lleva a cabo periódicamente el DANE. Con esta misma información el estudio
de Barberi, Garay y Cardona (2009) aisló a los hogares rurales campesinos del total de hogares
rurales y obtuvo que ellos tienen niveles de pobreza y miseria extremadamente más altos: 84%
de pobreza y 52% de miseria. Este es un resultado que, a mi juicio y de acuerdo con las
evidencias que acabadas de presentar, no corresponde de ninguna manera a la realidad de las
condiciones socioeconómicas de los productores campesinos colombianos. Lo que sucede es
que las encuestas de hogares y las encuestas de calidad de vida arrojan información imprecisa y

24
Hasta donde conocemos muy excepcionalmente algunos productores paperos están
utilizando riego con resultados bastante exitosos porque les permite producir a contra cosecha.
25
Gran Encuesta de Hogares 2008.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
nada confiable sobre el ingreso agropecuario y, de acuerdo con nuestras observaciones, este
ingreso estaría enormemente subestimado.26 En otras palabras, tenemos una fuerte evidencia
(sintetizada en el Cuadro No. 11) que nos permite plantear que la pobreza rural es mucho
menor que la reportada por las estadísticas oficiales en la medida en que el ingreso
agropecuario que es uno de los componentes del ingreso rural está enormemente subestimado.

Los datos de los ingresos agropecuarios de los hogares desplazados que se mostrarán en el
siguiente punto, tienden a confirmar también la subestimación de los ingresos agropecuarios de
los hogares rurales. La cuestión está en que este grupo de la población rural que se espera que
esté entre los más pobres del campo, tenía ingresos agropecuarios, antes del desplazamiento,
por encima del nivel de pobreza.
En fin, se cuenta con evidencias que permiten afirmar que, al contrario de lo que muestran las
encuestas del DANE, la actividad agropecuaria es una mejor fuente generadora de ingresos que
las actividades no agropecuarias.

26
La información sobre ingreso agropecuario ha sido hasta ahora más bien marginal en estas
encuestas y no ha sido objeto de mucha atención. Las deficiencias en la captación de este
componente del ingreso de los hogares no compromete, es cierto, la calidad de estas encuestas
pero sí genera una distorsión importante en la cuantificación del nivel de ingresos y de pobreza
de los hogares rurales.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
DESPLAZAMIENTO Y TIERRA

Por la magnitud de la muestra (8.442 hogares encuestados en 61 municipios) los datos de la II


Encuesta Nacional de Verificación de los Derechos de la Población Desplazada (julio –agosto
2008) son los más confiables para establecer las dimensiones del desplazamiento (COMISIÓN,
2009). Según estos datos, en el período comprendido entre 1998 y 2008 760.403 grupos
familiares fueron desplazados. A estas familias les fueron usurpadas 5.504.517 de hectáreas
con un promedio de 14,4 hectáreas por predio. La mayor parte de los hogares desplazados tenía
sus tierras (55,5%) y la casi totalidad de ellos se vieron forzados a abandonarlas (94%). Una
proporción más alta aun, 78,9%, tenía animales que les generaban ingresos en especie o en
dinero y el 92,4% de ellos los tuvo que abandonar. De otra parte, el promedio de cultivos
abandonados por año entre 1998 y 2008 es de 111.840 hectáreas, lo cual equivale al 2,5% del
área anual cultivada del país. En total las 1.118.400 hectáreas abandonadas en este lapso
representan el 25% de la superficie cultivada. Se sabe que una alta fracción (no determinada)
de los cultivos abandonados pasaron a pastos o rastrojos, y que otra parte se recuperó
lentamente (especialmente cultivos permanentes como el café y el cacao). Considerando todos
esto se puede plantear con seguridad que el desplazamiento ha tenido un efecto crucial sobre el
relativo estancamiento de nuestro sector agropecuario y que la recuperación de los predios por
parte de los desplazados contribuiría decisivamente a la estabilización de la población y la
producción rural.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Los ingresos de los campesinos desplazados
Como se puede apreciar en los gráficos siguientes, antes del desplazamiento el 49% de los
hogares desplazados eran pobres y el 31,5% eran indigentes, y actualmente el 96,7% están
en la pobreza y el 80,7% en la indigencia (antes de su desplazamiento su nivel de indigencia
era de 31,5%).27

27
Los ingresos agropecuarios de los hogares rurales desplazados se calcularon utilizando una
metodología consistente en cruzar las respuestas que dieron los hogares desplazados sobre las
dimensiones de los cultivos y las cantidades de animales que ellos tenían antes del
desplazamiento, con información sobre costos de producción, rendimientos y precios de cada
actividad agrícola y sobre los ingresos generados por diversos tipos de producción pecuaria en
“condiciones campesinas”. Para la información de costos, rendimientos y precios “se decidió
utilizar prioritariamente las fuentes oficiales de información, aunque en algunos pocos casos
fue necesario emplear otras fuentes (también confiables) para completar información faltante,
con el criterio de preferir posibles subestimaciones en los cálculos para evitar inflar los
ingresos imputados … A cada grupo familiar que declaró tener cultivos antes del
desplazamiento, se le asignó el ingreso agrícola que se había calculado para el cultivo o los
cultivos reportados, de acuerdo con el departamento en donde estaba ubicado … Para
determinar el valor de los ingresos de las especies pecuarias menores (cerdos, aves, peces, etc.)
en condiciones campesinas, fue necesario hacer una investigación sobre el terreno. Esta
investigación fue realizada por Heilhard Morales. Dicha investigación contrastó información
de varios casos estudiados con reportes sobre parámetros productivos. A los terneros y a los
equinos se les asignó un ingreso igual a cero. Se procede de esta forma con los terneros porque
las estructuras de costos – ingresos están referidas a los animales adultos y con los equinos
porque éstos son utilizados como animales de labor que no generan ingresos directamente”
(Forero, 2009, 48 a 61).
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Gráfico No. 1 Porcentaje de grupos familiares desplazados entre 1998 y 2008 según
niveles de pobreza e indigencia antes y después del desplazamiento por inscripción al
Registro Único de Inscripción de la Población Desplazada (RUPD).

NO POBRES POBRES
100,0 100,0
90,0 90,0
80,0 80,0
70,0 70,0
60,0
49,0% 51,3% 60,0

Porcentaje
Porcentaje

50,0 42,5% 50,0


40,0 40,0
30,0 30,0 19,5% 18,6% 15,4% 22,1%
20,0
15,9% 17,2%
20,0
10,0 3,4% 3,6% 2,9% 10,0
0,0 0,0

Total RUPD No RUPD Total RUPD No RUPD


221 222 221 222

INDIGENTES
100,0
90,0 80,7% 81,0% 79,9%
80,0
70,0
60,0
Porcentaje

50,0
35,4%
40,0 31,5% 30,1%
30,0
20,0
10,0
0,0
Antes del desplazamiento
Total RUPD No RUPD
Después del desplazamiento
221 222

Nota: RUPD: Registro Único de la Población Desplazada. No pobres: por encima de la línea
de pobreza calculada por el DNP para el sector rural. Pobres: por debajo de la línea de
pobreza y por encima de la línea de indigencia. Indigentes: por debajo de la línea de
indigencia.
Fuente: Encuesta Nacional de Verificación de los Derechos de la Población Desplazada, julio
de 2008. Comisión de Seguimiento y CID – UN. Tomado de Garay, Barberi et al., 2009.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Gráfico No. 2 Porcentaje de grupos familiares desplazados entre 1998 y 2008 según
niveles de pobreza e indigencia antes y después del desplazamiento por regiones.

NO POBRES POBRES
100,0 100,0
90,0 90,0
80,0 80,0
70,0
61,4% 70,0
60,0 60,0
Porcentaje

49,0%

Porcentaje
46,1%
50,0
44,6% 50,0
40,0 40,0
30,0 30,0
19,5% 15,9% 21,0% 20,1%
16,4% 16,3% 19,3%
13,4%
20,0 20,0
10,0 3,4% 2,3% 3,6% 5,0% 10,0
0,0 0,0
Total Región Atlántica Región Andina Reg. Pacífica, Total Región Atlántica Región Andina Reg. Pacífica,
Orinoquia, Orinoquia,
321 322
Amazonía Amazonía
321 322

INDIGENTES
100,0

90,0 84,3%
80,7% 80,0% 75,7%
80,0

70,0

60,0
Porcentaje

50,0

40,0
31,5% 34,4% 33,8%
30,0
22,3%
20,0

10,0

0,0 Antes del desplazamiento


Total Región Atlántica Región Andina Reg. Pacífica,
Orinoquia,
321 322
Amazonía Después del desplazamiento

Fuente: Encuesta Nacional de Verificación de los Derechos de la Población Desplazada,


julio de 2008. Comisión de Seguimiento y CID – UN. Tomado de Garay, Barberi et al
(2009).

Otro aspecto resaltable es que antes de su desplazamiento, según los datos del Cuadro No. 13,
los ingresos de los hogares que tenían actividades agropecuarias (derivados del trabajo en sus
fincas o parcelas) estaban 45% por encima de la línea de pobreza. En contraste, para quienes
no tenían este tipo de actividades su ingreso promedio estaba en 54,9% por debajo de esta
línea.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Cuadro No. 13. Promedio de ingresos de los grupos familiares antes de su desplazamiento
según percepción de ingresos agropecuarios. Pesos de 2008.

Percibían ingreso agropecuario 1.369.710

c.v.e. (%) 2.4

No percibían ingreso agrícola 478.434

c.v.e. (%) 2.3

No percibían ingreso agrícola ni pecuario 372.834

c.v.e. (%) 5.4

Nota: Calculado sobre el total de grupos familiares que informaron cada rubro. Línea de
pobreza. $919.152 Línea de indigencia: $440.898. Estas líneas son calculadas con los datos
básicos del DNP y ajustadas por el número de miembros del hogar.
Fuente: Encuesta Nacional de Verificación de los Derechos de la Población Desplazada, julio
de 2008. Comisión de Seguimiento y CID.

Es claro, por consiguiente, que el desplazamiento ha significado un empobrecimiento


masivo de buena parte de la población colombiana. Este hecho por si solo significa que el
desplazamiento es una catástrofe social que ha afectado sustancial y negativamente a la
economía agrícola y la economía nacional.

El acceso a la tierra y el uso del suelo


Otro efecto indudable del desplazamiento, ampliamente reconocido, es el aumento de la
concentración de la tierra. Es una verdadera paradoja que en Colombia, mientras la capacidad
productiva de los productores familiares no se puede activar sino mínimamente por las
limitaciones en el acceso a la tierra, la mayor parte de este recurso permanezca monopolizada
en forma improductiva por los latifundios dedicados a la ganadería extensiva tal como se
ilustra en el Gráfico No. 3.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Gráfico No. 3 Distribución del uso de la tierra actual (2006) según tipos de sistemas de
producción. En millones de hectáreas.

Uso de la tierra en Colombia. Millones hectáreas,


Área Total: 42,0 MILLONES DE HAS

Latifundio Ganadería Extensiva


32,0 Agricultura Capitalista

Agricultura Familiar

1,6
Ganadería Semi - Intensiva.

2,6
6,0

Fuente: IGAC y Forero 2007 y Forero 2002

Nota: este gráfico representa, a escala, el área que ocupan diferentes sistemas productivos.
Los datos numéricos están en millones de hectáreas.
Fuente: Datos Minagricultura. Procesamiento del autor.

Es relativamente frecuente que se argumente que, con el fin de lograr un uso eficiente de la
tierra, los campesinos y los empresarios pueden acceder a este recurso por medio del
arrendamiento o de algunas formas de asociación entre propietarios y no propietarios (El
Banco Mundial ha liderado esta propuesta. Ver: Banco Mundial, 2004). Las altas rentas que
pagan tanto los campesinos con propiedades insuficientes como algunos empresarios
arrendatarios, hacen inviable la aplicación de esta fórmula, que posiblemente funciona en
algunos otros países y en casos excepcionales de nuestra economía agraria.

El hecho es que, tal como se vio en el capítulo 3 (Cuadro No. 11), el pago de rentas para
cultivar en predios ajenos deprime sustancialmente los ingresos de los campesinos. Sucede

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


ordinariamente que los campesinos ceden la cuarta o la quinta parte del valor de sus cosechas a
quien le facilita la tierra para cultivarla. Esto es así cuando el propietario aporta solamente la
tierra. Cuando además aporta parte de los costos monetarios, lo usual es que el campesino
transfiera al propietario la mitad de las cosechas. Lo más normal en esta clase de negocios es
que, hechas las cuentas, el propietario termina aportando entre el 35% y el 40% de los costos
de producción mientras que el cultivador coloca entre 60% y 65%. Así las cosas, la cesión del
50% de la cosecha constituye una situación asimétrica que implica el pago de una renta
demasiado alta.

Por otra parte, en zonas en donde se accede a la tierra por medio del arrendamiento, el cánon
pagado representa una muy alta proporción de los costos de producción de manera que
compromete seriamente los excedentes del cultivador. Por ejemplo, en San Luis Tolima se
estableció que este pago representa el 29% de los costos de los pequeños y el 20% y el 22% de
los medianos y los grandes, respectivamente (Forero y Ezpeleta, 2007).

Hay que tener en cuenta, además, que la tierra, para los campesinos, es un activo tanto
económico como cultural que juega un papel crucial en la estabilización de la población rural y
que el acceso a la tierra por medio de contratos que no le permitan al campesino consolidarse
como propietario no contribuiría a desmonopolizar la propiedad territorial. Y, como se sabe, el
acaparamiento de la tierra ha sido un factor central del desplazamiento campesino y del
afianzamiento de autoritarismos locales y regionales.

En el Cuadro No. 14 se presenta un cálculo de los requerimientos de tierra mínimos para lograr
una dotación de este recurso que resuelva el problema del minifundismo y el de la restauración
de la tierra a los desplazados. Dos aclaraciones se hacen entonces necesarias. La primera: el
minifundio corresponde a un sistema de producción familiar que no cuenta con la tierra
suficiente para generar los ingresos de un hogar (en dinero y en especie) que lo coloque por
encima del nivel de pobreza. Y la segunda: El 70% de los desplazados ha manifestado alguna
intención de retornar al lugar de origen si cambian las condiciones favorablemente28.

28
Cuando se les pregunta directamente su intención de regresar la respuesta positiva tiene
niveles muy bajos: 3% (COMISIÓN, 2008, 33), 2,9% (COMISIÓN, 2009, 57), y el 9,9%
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
se asume, de acuerdo con la encuesta mencionada (COMISION, 2009), que tan sólo un 60% de
los desplazados retornaría a sus tierras.

Cuadro No. 14. Requerimientos de tierra para desplazados y minifundistas

Hectáreas Requerimientos de
poseídas tierra (has.)
Restitución a 3.060.000
desplazados
Minifundistas 3.965.154 4.295.638
Menos de 1 ha. 300.299 2.879.971
De 1 a 3 has. 955.898 1.335.504
De 3 a 5 has. 910.178 31.236
De 5 a 10 has. 1.798.779 48.927
TOTAL 3.965.154 7.355.638
Fuente: Cálculos del autor.

Así las cosas, se requiere un poco más de 7,3 millones de hectáreas que representan el 17,5%
de la superficie agropecuaria y el 22,6% del área en ganadería extensiva. Se trata de logar una
distribución incluyente de la tierra que permita a los campesinos, a los ganaderos y a los
empresarios capitalistas desarrollar sus potencialidades productivas tal como se ilustra en el
gráfico No. 4. En este gráfico se representa una distribución de la tierra que conjuga la
propuesta, acabada de hacer, para dotar de tierra a minifundistas y desplazados, con las metas
que ha venido trazándose la Federación de Ganaderos y el Gobierno Nacional (Presidencia,
2005).

FEDEGAN se ha propuesto “reconvertir” la ganadería extensiva liberando, por una parte, 10


millones de hectáreas para reforestación, e intensificando, por la otra, la actividad ganadera
restante de manera que el hato nacional crezca con el fin de suplir el consumo interno y para

(Ibáñez, 2008, 231). Pero cuando se les preguntó a quienes manifiestan no querer retornar, el
69,4% de ellos manifestó su deseo de volver si las condiciones que causaron su desplazamiento
se superan (COMISIÓN, 2008, 33).

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


generar un nivel considerable de divisas, ocupando un menor espacio. Con esto se
solucionarían los críticos problemas que le impone la ganadería extensiva al país:

La erosión y la compactación de cientos de miles de hectáreas.

La desregulación hídrica de numerosas cuencas.

La pérdida de ecosistemas silvestres puesto que en la ganadería extensiva una res


necesita 2.2 hectáreas de pasturas.29

El desplazamiento (económico) de mano de obra, ya que una hectárea en ganado


requiere apenas unos 6 jornales al año mientras que otros sistemas agrícolas o
ganaderos exigen entre 30 y 300.30

La funcionalidad que tiene, en ciertos casos, la ganadería extensiva para que algunos
grandes latifundistas ejerzan el control territorial ligado al poder narco paramilitar y
parapolítico.

29
De acuerdo con la información de la base de datos de FEDEGAN.
30
Datos Grupo Sistema de Producción y Conservación – EAR – PUJ.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Gráfico No. 4: Distribución del uso proyectado de la tierra para el 2014 según tipos de
sistemas de producción

Uso proyectado de la tierra en Colombia. Millones


hectáreas
Área Total: 42,0 MILLONES DE HAS
Latifundio Ganadería Extensiva
23,3

Conservación Forestales

+ 10
1,6. 1,5
Agricultura Capitalista

Agricultura Familiar

6,0 + 6,0 Ganadería Semi - Intensiva.


2,6 + 2,0

Fuente: Elaborado por el autor con base en los datos del gráfico 3 y de acuerdo con diferentes
propuestas para redistribuir el uso productivo de la tierra. Especialmente la FEDEGÁN, la del
Gobierno Nacional y la presentada en este ensayo.

Se ha dicho que la Reforma Agraria ha fracasado porque buena parte de los “beneficiados” no
han sacado adelante sus proyectos productivos y han terminado por vender la tierra o están
empobrecidos. Esto es cierto en algunos casos, que por lo regular corresponden a repartos de
tierras en zonas de alto conflicto o en tierras relativamente marginadas de la economía
agroalimentaria o cuando, según algunos reportes recientes, a los campesinos desplazados se
les asignan tierras en contextos muy diferentes a los de sus lugares de origen. Mientras que en
estas tres circunstancias se afrontan situaciones que hacen muy difícil la estabilización de
quienes reciben tierras, en otros contextos la asignación de tierras ha tenido efectos diferentes.
En efecto, en varios casos correspondientes a zonas en las cuales hemos hecho algunas

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


investigaciones, hemos encontrado productores familiares que gracias a la dotación de tierras
han podido estabilizarse obteniendo ingresos relativamente altos (muy por encima de la línea
de pobreza.) Algunos ejemplos son:

Productores de maíz, fríjol, café, ganado, pan coger y aves en Curití, Santander.

Productores de maíz, fríjol, tabaco, yuca, ganado, pan coger y aves en Guane
(municipios de Barichara – Santander).

Productores de café, plátano y frutales en Guaduas, Cundinamarca.

Productores de plátano integrados a “alianzas productivas” promovidas por


Minagricultura, en el Norte del Valle del Cauca.

Productores de panela, ganado, pan coger y especies menores en Riosucio y Supía,


Caldas.

Varios núcleos de productores en el Huila.

El común denominador estos casos es que corresponden a zonas en las cuales los campesinos,
a lo largo de varias décadas, han desarrollado alternativas productivas acordes con sus dotación
de recursos y con la evolución del mercado. Zonas en las cuales se van construyendo, a lo largo
de los años, alternativas productivas y sistemas de comercialización que hacen viable la
obtención de excedentes. Se da en ellas una coevolución de la producción con la
comercialización, para usar un término biológico.

La estabilización de la producción de usuarios de Reforma Agraria, en los casos acabados de


mencionar, es parte de un proceso mucho más general: amplios sectores de campesinos han
accedido a la tierra mediante la compra de predios a sus antiguos propietarios (hacendados u
otros campesinos) y la han pagado con los excedentes de su actividad agropecuaria. Es decir,
los procesos de conformación de nuestro campesinado muestran con claridad, y sin lugar a
equívocos, que los campesinos que acceden a la tierra bajo ciertas condiciones logran
afianzarse como productores agropecuarios. Es esta dinámica la que explica la permanencia de
la producción familiar y su papel protagónico a lo largo de los últimas décadas como
abastecedora de alimentos de consumos directo, de materias primas agroindustriales (algodón,
fique, leche, tabaco, cacao) y de bienes exportables (café, plátano, uchuva, granadilla).

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Todo esto remite a otro aspecto crucial para las propuestas de política pública que se hacen en
el siguiente capítulo: En buena parte del país rural existe, de hecho, un mercado de tierras
activo por medio del cual un sector del campesinado ha comprado parcelas a los antiguos
hacendados y las compra actualmente a otros campesinos y en ocasiones a terratenientes.

CONCLUSION: REDISTRIBUCIÓN, REPARACIÓN Y DESARROLLO AGROPECUARIO


Con lo planteado en este texto se pueden extraer varias conclusiones que contribuyen a
delinear directrices para la política pública de los siguientes cuatrienios. Se puntualizan
enseguida tres:

1. El diseño de políticas estatales debe ser coherente con el reconocimiento del productor
el campesino (o familiar) como un protagonista fundamental de nuestra economía
agrícola y agroalimentaria y como un agente económico con probadas potencialidades
para contribuir más decisivamente al desarrollo económico del país.

2. Teniendo en cuenta la gran diversidad de modelos productivos y de formas de


ocupación del espacio rural por parte de la producción familiar agropecuaria, las
políticas de investigación y de desarrollo productivo agropecuario deben decididamente
llegar a la más amplia gama y cantidad de productores y de formas de producción y
debe evitar, por consiguiente, su focalización en ciertas actividades agrícolas. La
focalización para un sector tan amplio y cuyas contribuciones a la economía
agroalimentaria son tan diversas, resulta incoherente con el propósito de fortalecer la
producción y de impactar positivamente el sector alimentario. La focalización en
algunas circunstancias, y esta es una de ellas, implica exclusión. Se dice y se defiende
que todo gobierno, que todo planificador público, necesita focalizar para irrigar más
eficientemente los recursos. Esto es por supuesto razonable pero es claro, al mismo
tiempo, que cuando se trata de fortalecer la democracia económica (de hacer del país
“un país de empresarios”) o de solucionar fallas masivas de acceso a factores
productivos fundamentales, como la tierra y los sistemas de soporte agropecuario, para
cerca de millón y medio de empresarios familiares, hay que pensar en políticas y
mecanismos que irriguen masiva, y democráticamente recursos.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
3. Considerando la complejidad de las formas de inserción al mercado de los productores
familiares, la política pública, sin abandonar sus acciones dirigidas a promover y
fortalecer alianzas estratégicas agrocomerciales y agroindustriales tal como se hace en
la actualidad, debe ocuparse del grueso de los productores familiares que colocan sus
cosechas en el mercado abierto que es estratégico en el abastecimiento urbano de
alimentos. En este mercado, hasta donde se conoce, y a pesar de sus deficiencias, los
alimentos tienen precios relativamente bajos para el consumidor popular. En este orden
de ideas debe prestársele una especial atención a la complejidad de actores y de
encadenamientos de este segmento del mercado, desde la parcela del productor hasta el
detallista urbano.

Mencionados estos tres puntos se quiere insistir en la necesidad de dotar de tierras a


minifundistas y desplazados cuestión que, como ha quedado planteado, es fundamental para
estabilizar y desarrollar la producción agropecuaria y el sector rural. Avanzar decididamente en
esta dirección significaría una decisión política que comprometería cuantiosas erogaciones y
que requeriría de un cambio sustancial en la forma como actualmente se están asignando los
recursos del sector. Porque, aunque en los discursos de todos los últimos gobiernos se reconoce
la necesidad de solucionar el problema de la concentración de la tierra, los resultados son
escasamente marginales e intrascendentes con relación a la magnitud del problema. Así, por
ejemplo, en los últimos siete años el gobierno ha asignado 43.916 hectáreas a los desplazados,
lo cual representa el 0,82% (menos del 1%) de la tierra que les fue usurpada, y ha otorgado a
otros grupos familiares 39.352 has que equivalen al 0,53% de la tierra requerida por los
minifundistas (productores con tierra insuficiente para generar ingresos por encima del nivel de
pobreza31). De otra parte, de acuerdo con los datos del Cuadro 15 para este propósito se
dedican $37.250 millones al año mientras que en subsidios se otorgan directamente $676.822
millones o $1,181.376 millones (1,2 billones) cuando se incluyen los subsidios implícitos
derivados de las exenciones de impuestos a los agrocombustibles.

31
Datos Minagricultura.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Los subsidios otorgados al sector agropecuario son de una magnitud tal que constituyen la base
presupuestal y el fundamento conceptual de la actual política agropecuaria. En un escenario
próximo, cuando entren en funcionamiento las plantas productoras de biodisel y etanol que
están actualmente en construcción, los subsidios sobrepasarán los 1,7 billones de pesos
anuales, mientras que el presupuesto de inversión del sector gubernamental agropecuario
(Minagricultura y entidades adscritas) queda en 0,34 billones (340 mil millones) cuando se le
descuentan los subsidios que otorga el Ministerio a través de Agro Ingreso Seguro (AIS)
(Cuadro 15).

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Cuadro 15. Subsidios otorgados a la agricultura y presupuesto de inversión de
Minagricultura. Millones de pesos 2009.

Promedio
anual 2006 -
2008
incluyendo
producción de
agrocombustib
Promedio les en plantas
anual 2006 - en
2008 construcción
Programa de coberturas de riesgos para maíz
amarillo y blanco, sorgo y soya 3.126
Programa de protección de ingresos para
productores de bienes agrícolas exportables 53.341
Seguro obligatorio 5.358
Compensación. Precio mínimo de garantía del
algodón 58.308
Apoyos e incentivos a la producción,
comercialización, transporte, sanitarios y otros
para distintos productos 317.058
Incentivo a la capitalización rural 2008 239.630
TOTAL SUBSIDIOS AIS 676.822 676.822
Subsidios implícitos al etanol por exenciones de
impuestos 241.644 448.120
Subsidios implícitos al biodisel por exenciones
de impuestos 262.910 605.944
TOTAL SUBSIDIOS
AGROCOMBUSTIBLES 504.553 1.054.064
TOTAL SUBSIDIOS 1.181.376 1.730.886
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
PRESUPUESTO DE INVERSIÓN
MINAGRICULTURA Y ENTIDADES
ADSCRITAS DESCONTANDO SUBSIDIOS
AIS 343.908 343.908
Inversión en Ciencia y Tecnología 236.615 236.615
COMPRA DE TIERRAS 37.250 37.250
Fuentes: Subsidios AIS, presupuesto, investigación y compra de tierras elaborados con datos
Minagricultura indexados con IPC. Subsidios agrocombustibles basado en Castiblanco, 2009
quien, a su vez, se basa en Rudas, 2008.

Los problemas derivados de los subsidios son ampliamente conocidos: inducen y reproducen
ineficiencias entre los actores que los reciben y generan a nivel macro y sectorial, una
asignación también ineficiente del gasto público. En el caso colombiano hay un problema
adicional derivado de las estructuras regionales de poder actuales, que puede llevar a serias
distorsiones en la asignación. Si bien es cierto que para algunos productos como el café que
tienen una institucionalidad eficiente, se puede garantizar una adecuada irrigación de los
recursos, en otros casos la desviación de los subsidios en altas proporciones es inevitable.

Ahora bien, hay que resaltar lo obvio: que los recursos públicos son limitados. En este orden de
ideas los subsidios compiten con otros recursos para los demás programas gubernamentales
relacionados, por ejemplo, con el desarrollo productivo, el fortalecimiento institucional, la
preservación y recuperación del capital natural, el desarrollo del capital humano y del capital
social, la irrigación de crédito, la construcción de infraestructura (sólo una pequeña parte va a
este propósito), la investigación y el acceso a la tierra.

Por otra parte hay que tener en cuenta que el país tiene un sistema de recaudación de impuestos
para predios rurales que, a pesar de presentar “las mejores condiciones para el recaudo presenta
dificultades debido a razones de economía política que impiden que el impuesto sea eficiente,
como es el hecho de que intereses terratenientes estén sobre-representados en las corporaciones
públicas (Congreso, Consejos Municipales) impidiendo que las tasas nominales de tributación
sean mayores” (DNP, 2005, 29).
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
En efecto, el 41.6 de los predios en municipios rurales tributan menos del 2 por mil del valor
de su avalúo, mientras en el otro extremo solamente un 1% paga un “impuesto razonable”
superior al 10 por mil (DNP, 2005).

Bajo estas tres consideraciones (la necesidad de procurar el acceso a la tierra a los campesinos,
la concentración del gasto público en subsidios y la muy baja tributación predial rural), se
propone una reorientación de la inversión en el sector agrícola que privilegie la asignación de
tierras.

Para lograr una adecuada distribución de la tierra se impone la necesidad de activar el mercado
de tierras por medio de dos mecanismos complementarios:32

Primero. Un impuesto predial progresivo con las siguientes características:

Tarifas únicas estipuladas nacionalmente, por hectárea, soportadas en una


simplificación de la clasificación de la calidad de tierras.
No gravar las obras de infraestructura productiva ni de adecuación de tierras: el
impuesto debe ser a la tierra exclusivamente.
Tarifa progresiva por tamaño de los predios con exenciones para quienes tienen hasta
una Unidad Agrícola Familiar (UAF)33 y con una rebaja sustancial (a la mitad, por
ejemplo) a quienes tienen entre una y dos UAF. No se recomienda hacer exenciones a
predios que sobrepasan esta extensión pues se fomentaría la fragmentación ficticia.
La tarifa debe calcularse de manera que sea considerablemente mayor a la vigente en
la actualidad: que castigue el uso semi o improductivo de la tierra. Se debería llegar en
un plazo de no más de 2 años a una meta de un 10 por mil de tributación sobre el valor
del avalúo catastral. Pero ante la desactualización del avalúo y su subvaloración, en
muchos casos se deben establecer tarifas fijas por hectárea, proporcionales al tamaño
de los predios y diferenciadas en unos cuatro tipos de zonas de acuerdo con la calidad
de las tierras y su ubicación.

32
Un primer esbozo de esta propuesta se hizo en Forero y Ezpeleta, 2007.
33
El país cuenta con información sobre la Unidad Agrícola familiar (UAF) para casi todos los
municipios.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Se deben contemplar descuentos por áreas destinadas a la conservación de bosques y
de ecosistemas estratégicos.

Segundo. Crédito subsidiado generalizado para compra de tierras, al cual puedan acceder
todos los productores que en el país poseen menos de una Unidad Agrícola Familiar (UAF).
Como se ha planteado arriba, se debe evitar cualquier focalización diferente a la dirigida a
favorecer exclusivamente a los minifundistas y desplazados. Para estos últimos, los recursos
otorgados deben ser consistentes con la reparación del daño que les ha sido causado. La
extensión de tierra objeto que se pueda adquirir con este instrumento no debe exceder la
cantidad de tierra necesaria para que el beneficiario complete una UAF.

La primera medida estaría dirigida a presionar hacia abajo los precios de la tierra y a captar
recursos para aliviar la carga presupuestal que implicaría poner en ejecución esta política. La
segunda estaría dirigida a facilitar los recursos a los compradores.

Al hacer esta propuesta no se desconocen las dificultades y los fracasos que ha tenido en
Colombia la implementación de la política de mercado de tierras impulsada por el Banco
Mundial con el fin de dotar de este recurso a ciertos núcleos de campesinos. Por lo regular, la
aplicación de estos programas ha tenido que enfrentarse a una serie de problemas
extremadamente difíciles de resolver. El principal es la muy frecuente inexistencia de
alternativas productivas y comerciales adecuadas para los productores familiares, en algunas
zonas, en donde se ha actuado. A este hecho se añade la carencia de recursos de las familias
asignatarias para procurarse los bienes básicos. Con frecuencia se trata, también, de familias
sin experiencia en las actividades agropecuarias que deben asumir. Y por último, a todo esto se
le suma la incidencia de conflictos armados que terminan por empeorar el cuadro acabado de
plantear.

En consideración a lo anterior, la propuesta que se acaba de hacer está dirigida


fundamentalmente a los productores que están vinculados al mercado agropecuario
(minifundistas) o que lo estuvieron antes de su desplazamiento; y que tienen, por lo tanto,
resuelta buena parte de los problemas planteados arriba y muy especialmente el que constituye
el principal cuello de botella: la no existencia de sistemas de producción y de comercialización

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


adaptados a la dinámica y recursos de la producción familiar. Pero, de todas, la idea es que al
mecanismo tengan acceso universal minifundistas y desplazados.

No sobra insistir, como se explicó arriba, que el acceso a la tierra por medio de arrendamientos
u otras formas diferentes a la propiedad (como lo propone el Banco Mundial) no constituye una
solución aceptable para el minifundismo ni para la reparación de los desplazados.

Hay que dejar en claro que este mecanismo no sustituiría, de ninguna manera, los demás
instrumentos que se han venido implementando en el país para distribuir la tierra, y para
preservar territorios de algunas comunidades rurales, tales como la expropiación por vía
administrativa, la extinción de dominio para tierras adquiridas con dineros o con medios
ilícitos, la creación de zonas de reserva campesina, la ampliación de resguardos y territorios
colectivos de comunidades negras. Todo lo contrario, es necesario impulsarlos paralelamente
con el mecanismo acabado de proponer.

Es necesario subrayar, por último, que de acuerdo con lo que se ha venido planteando, una
política de acceso masivo a la tierra es necesaria pero insuficiente para enfrentar la
complejidad de la problemática de la economía campesina y del sector agropecuario. Pero, hay
que insistir: es imprescindible.

BIBLIOGRAFIA

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campesinos andinos: el caso de Fómeque”. En: Cuadernos de Desarrollo Rural N°. 56. U.
Javeriana –EAR – IER –DDRR.

COMENTARIOS

Por Alejandro Reyes Posada

El trabajo Economía campesina, pobreza, tierra y desplazamiento en Colombia, de Jaime


Forero Álvarez, presenta el cuadro completo del mundo rural ignorado por la política de la
seguridad democrática y la confianza inversionista del actual Gobierno. El aporte del millón
setecientas mil familias que sostienen la producción campesina, que alcanza al 62% del área
cultivada y el 60% del producto, es un milagro si se considera el escaso fondo de buenas tierras
del que disponen, la falta de reconocimiento de sus derechos de propiedad y la violencia y el
desplazamiento a los que ha sido sometido el campesinado.

Jaime Forero examina las razones por las cuales la economía campesina es tan resistente ante
la adversidad y destaca la diversificación de la producción, el autoconsumo, la asimilación de

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


tecnologías de la revolución verde y la sustitución de capital por trabajo familiar como los
factores explicativos más importantes. Su limitación principal es la falta de tierra que le impide
aumentar su participación en la economía nacional, y no su ausencia de capacidad empresarial,
como parece suponer la política oficial.

El secreto de la acumulación de capital de las clases dirigentes regionales ha sido disponer de


un campesinado sin derechos de propiedad sobre la tierra, condenado a expandir la frontera
agraria sin posibilidades económicas, para vender su trabajo como “mejoras” a quienes
acumulan tierra para ganadería extensiva. El latifundio ganadero, que arrancó a partir de las
mercedes coloniales de tierras y la adjudicación de baldíos en pago de deudas de guerra
adquiridas por el gobierno, expandió sus territorios por compra de mejoras a los colonos,
mientras éstos se desplazaban a tierras más periféricas de la frontera agropecuaria.

La estructura política de la colonización campesina sin derechos de propiedad fueron las


guerrillas, así como más tarde la estructura política del latifundio fueron los paramilitares, y la
economía, desde fines de los setenta, llegó a ser la generada por los cultivos ilícitos que
permitieron a esa población marginal ingresar a la economía de consumo de la globalización.
La coca subsidia la expansión de la frontera agraria a costa de las reservas de bosques que
almacenan carbono y producen oxígeno y, en el Amazonas colombiano, es la amenaza
principal que pesa contra los esfuerzos para moderar el cambio climático.

La pauta general es que los cultivos ilícitos son plantados por campesinos sin tierra expulsados
de regiones campesinas deprimidas, que han deforestado y colonizado nuevas áreas marginales
de la frontera agropecuaria, con pobre oferta de suelos productivos, poca presencia de
infraestructura y de servicios, ausencia de titulación, bajo control político y difícil acceso a los
mercados, donde los migrantes no han creado redes y normas sociales y donde predominan
aparatos ilegales de control armado articulados a la industria del narcotráfico que abastece una
demanda bien remunerada por los productos derivados de la coca y la amapola.

Ese proceso, sin embargo, encontró sus límites naturales en la decreciente calidad de la oferta
ambiental y la necesidad de preservar ecosistemas para contribuir a la moderación del
inevitable cambio climático que se nos vino encima, que sacará muchas regiones de la

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


producción e ingresará otras, dados los extremos de sequías e inundaciones que vendrán con
mayor fuerza en el futuro cercano.

Ahora el imperativo es que el Estado asuma la conducción de un proceso de ordenamiento del


territorio y de localización adecuada de la población de acuerdo con la calidad de los suelos y
la preservación y manejo del agua. Los instrumentos a disposición son la formalización de la
propiedad campesina y la extinción del dominio de la propiedad ilícita, la reforma del catastro,
la elevación del impuesto predial de la gran propiedad y la restitución y el canje de malas por
buenas tierras a la población desplazada por violencia. Todas esas políticas podrían, en
conjunto, utilizar mejor el fondo de tierras agrícolas del país, que no supera los 15 millones de
hectáreas, reducir el área ganadera de 40 a unos 20 millones de Has., dar mayor poder al
campesinado y reducir la sobrerrepresentación política del latifundio.

Debido al monopolio de la propiedad, la gran mayoría de los mejores suelos agrícolas se


emplean como reservas de ganadería extensiva, que se poseen por razones especulativas
distintas a las ganancias de producción y en conflicto con los usos socialmente deseables de los
recursos. La inequidad se consolida con la mayor concentración de la propiedad en áreas donde
el país ha invertido más en la creación de infraestructura, mientras la mayor población ocupa
las tierras más pobres y menos dotadas de servicios.

Corregir los conflictos de uso de la tierra y lograr una mejor distribución de la población en el
territorio son por lo tanto tareas prioritarias para la planificación del desarrollo. Aumentar la
densidad de productores agrarios donde está el capital social, resulta más económico y de
mayor impacto distributivo que construirlo en regiones alejadas del mercado y de la presencia
institucional del Estado. El gran potencial de crecimiento de la producción se encuentra en el
mejor uso de las tierras con las condiciones agronómicas óptimas para la explotación intensiva
del suelo, que son limitadas.

En el otro extremo, la sobrepoblación y sobreutilización de suelos pendientes y pobres en


nutrientes, a costa de las reservas boscosas de las cordilleras, causan erosión y derrumbes y
colmatan los cauces de los ríos e inundan las vegas. La pérdida de cobertura vegetal de los
bosques amazónicos, del Orinoco, la llanura Caribe y el litoral Pacífico, deterioran las

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


funciones ambientales de los ecosistemas y amenazan la provisión de agua y la productividad
de los valles fértiles.

Estos problemas estructurales de ocupación y uso inadecuado del territorio nacional entre
campesinos y acumuladores de tierras, a los que se sumaron los narcotraficantes y jefes
paramilitares, son los cimientos torcidos sobre los que se levantan los conflictos armados y la
economía del narcotráfico. Superarlos exige reconocer los derechos de los campesinos al
territorio y ordenar mejor la distribución de la población rural en el territorio productivo, para
preservar las reservas boscosas que regulan los ciclos del agua.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


COMENTARIOS

Por: Gabriel Rosas Vega

¿Con todo lo que ha ocurrido en las actividades vinculadas al campo, llegó la hora del
rompimiento de la economía campesina con la economía general? La respuesta, por supuesto,
es no. Y es negativa, no sólo porque los campesinos producen alrededor del 60% de los
alimentos que consumen los colombianos, sino porque en el trasfondo de la actividad hay
realidades y realizaciones muy positivas que bien vale la pena sopesar.

Viabilidad de la Economía Campesina

Por muchos años y habida consideración de la precariedad en la que se desenvuelve el


campesinado, ha existido la controversia si esta economía es viable en un contexto de mercado.
La pregunta es si tiene capacidad de competir con producciones de mayor tamaño. Contrario a
lo que algunos piensan y teniendo como telón de fondo el caso del sector cafetero, es evidente
que la resistencia campesina es diversa, muy amplia y recursiva. Además, el propio sistema
necesita de ella y la utiliza, al punto de hacerla sobrevivir o resucitar.

Lo malo de esto es que la subsistencia del campesinado al mantenerse en una situación de


pobreza y marginalidad política relativa, significa al mismo tiempo la encrucijada económica y
política en que se encuentra Colombia. La crisis actual de la producción agropecuaria y en
particular la crisis de las zonas rurales y el enfrentamiento armado, no pueden resolverse sin
resolver también la situación del campesino.

Ingresos agropecuarios y pobreza rural

De acuerdo con el Informe del Banco Mundial, la agricultura de pequeña escala sigue siendo la
forma más común de organización en la agricultura. La evidencia acerca de la superioridad de
esta actividad como esquema de organización es sorprendente. Sin embargo, muchos países,
entre ellos el nuestro, tratan de promover una agricultura de gran escala, creyendo que la
pequeña agricultura es ineficiente, atrasada y resistente al cambio.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


El potencial de la agricultura para contribuir al desarrollo y a la reducción de la pobreza,
depende de la productividad de los pequeños fundos. Con una creciente escasez de recursos,
la futura producción de alimentos depende más que nunca del aumento en los rendimientos de
los grupos campesinos y de la productividad del sector.

Una contribución interesante del trabajo de Jaime Forero, es que no sólo valida la
consideración técnica anterior, sino que incorpora al análisis otros factores productivos.
Basado en investigaciones realizadas en zonas rurales que tipifican diversas circunstancias en
que se lleva a cabo la producción campesina, el autor concluye que la mano de obra familiar
invertida en la producción agropecuaria se remunera (con algunas excepciones) por encima de
su costo de oportunidad. En otros términos, los campesinos generan ingresos mucho más altos
trabajando sus propias parcelas que los que obtienen en otras opciones laborales.

Si bien, la conclusión se basa en la evidencia empírica relativamente débil por el tamaño de la


muestra, no deja de ser interesante, pues es posible aseverar que la producción familiar es
viable económicamente, si como indicador de viabilidad se toma precisamente la remuneración
de la mano de obra frente a otras alternativas. Una fuerte evidencia que plantea es que la
pobreza rural es mucho menor que la reportada por las estadísticas oficiales en la medida en
que el ingreso agropecuario está enormemente subestimado.

De todas formas, con una creciente escasez de recursos, la futura producción de alimentos
depende más que nunca del aumento de los rendimientos de los cultivos y de su productividad.
No es la organización económica, ni el sistema tecnológico, ni la eficiencia de los productores
lo que explica sus bajos ingresos, sino la limitación en el acceso a los factores y principalmente
a la tierra. Dado el lugar donde se ubican los campesinos y lo mejor que saben hacer, resulta
imperativo promover la agricultura para alcanzar el objetivo del desarrollo de reducir la
pobreza y el hambre. Por sí sola no bastará para reducir en forma masiva la pobreza, pero ha
demostrado ser especialmente eficiente para abordar esa tarea. La agricultura campesina, el
trabajo agrícola fuera de las fincas y la economía rural no agrícola y la migración, son tres
caminos importantes y complementarios para salir de la pobreza.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


El sector rural como motor del desarrollo económico

Colombia muestra una estructura económica característica de un país de ingresos medios. En


consecuencia la agricultura ya no es la actividad principal de la mayoría de la población.

La experiencia de los países industrializados demuestra que el rápido crecimiento del sector
agropecuario juega un papel crítico en el despegue del proceso acelerado de crecimiento
económico. Algunos casos como Japón, Corea del Sur y Taiwán, ilustran este proceso.
Aunque en el país, el sector agropecuario como un todo ha presentado tasas de crecimiento
relativamente aceptables desde la década del cincuenta, los renglones dinámicos se han
concentrado en agricultura comercial, la cual está asociada a un efecto multiplicador mediocre
por la concentración de los ingresos en un grupo reducido de la población.

En la actualidad, el café ha pasado a representar menos del 10% del PIB agropecuario, lo que
ha reducido significativamente su posible efecto multiplicador sobre la economía. De otra
parte, la estructura dual de la agricultura nacional se ha mantenido en la década actual. Bajo
estas circunstancias no es claro que la agricultura pueda ser motor de un proceso de desarrollo.

La búsqueda de un sector rural más diversificado, requiere promover el desarrollo de


actividades productivas diferentes de aquellas de naturaleza exclusivamente agropecuaria.
Esto implica superar el sesgo urbano en la construcción de infraestructura y provisión de
servicios básicos, condición indispensable para inducir a sectores dinámicos de la economía a
realizar inversiones en el ámbito rural.

Reconocer al campesino como un protagonista del desarrollo económico

Aceptando las conclusiones del autor, en particular aquellas relacionadas con la necesidad de
dotar de tierras a minifundistas y desplazados y teniendo en cuenta la gran diversidad de
modelos productivos y de formas de ocupación del espacio rural, considero que las políticas de
investigación y de desarrollo productivo agropecuario deben llegar a la más amplia gama y
número de productores y de formas de producción.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Es útil agregar la necesidad imperiosa de reconocer al campesino como un protagonista clave
del desarrollo y de la actividad productiva nacional; fomentar una política específica de
desarrollo rural, que comprenda el sector agropecuario y las actividades no agropecuarias; y,
aceptar que los campesinos son tanto productores de alimentos para el mercado como
productores de fuerza de trabajo.

En últimas de lo que se trata es de entender y aceptar que el campesinado puede abrir una vía
alterna de desarrollo económico y social si cuenta con el apoyo de programas masivos que lo
doten de los medios de producción adecuados y le permitan consolidar la economía campesina
y la cultura propia.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


CAPÍTULO 4

LA ECONOMÍA CAMPESINA. PROBLEMAS Y PROPUESTAS.

Según Jaime Araujo

Candidato a la Presidencia de la República

LA ECONOMÍA CAMPESINA, BAJO LAS ACTUALES CONDICIONES


AFECTADAS POR EL DESPLAZAMIENTO Y LA CONCENTRACIÓN DE LA
TIERRA

Considero que es un desastre. Si bien es cierto que podemos hacer análisis sectoriales, hay que
entender que estos análisis hacen parte de una visión macroeconómica, y adicionalmente esa
visión debe corresponder al Estado Social de Derecho que tenemos. Observamos que las
instituciones no están cumpliendo con los fines del Estado democrático.

Las políticas públicas para el campo han fracasado en Colombia, vemos cómo se ha permitido
el desplazamiento de cerca de 5 millones de colombianos que han perdido sus tierras y su
oportunidad de vivir como personas decentes; se ha reducido el número de hectáreas
sembradas, hemos perdido casi un millón de hectáreas en los últimos años, la producción ha
disminuido en 5.3% y el ingreso de los campesinos también ha disminuido.

Además, hay que mencionar que antes de la crisis económica ya teníamos una crisis
alimentaria en el mundo y en nuestro país. Los datos de la ONU muestran que en lo que va
corrido del 2009 más de 50 millones de personas han pasado el umbral de la miseria y que
cerca de 1.000 millones de seres humanos no tienen garantizada su seguridad alimentaria, y la
CEPAL señala que en América Latina hay cerca de 53 millones de seres humanos con riesgos
en su seguridad alimentaria. Estas cifras nos llevan a decir que las políticas públicas para el

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


campo colombiano han fracasado; todos sabemos que nuestro régimen es presidencialista, que
puede hacer mucho bien pero también mucho mal.

LA ECONOMÍA CAMPESINA FRENTE AL TLC

Yo voté contra el TLC en la Corte Constitucional y señalé todos los artículos de la


Constitución que habían sido violados. La Constitución de Colombia dice que todo tratado
como el TLC y hasta el de las bases militares, tiene que realizarse sobre la base de la
reciprocidad, autonomía y soberanía nacional. Lo estudié en detalle y descubrí cosas muy
graves: primero, los Estados Unidos, son grandes productores de alimentos, el 6% de la
población produce para 300 millones de habitantes y exportan al mundo entero, lógicamente
subsidiados y Colombia no logró en la negociación que Estados Unidos quitara los subsidios,
lo que conducirá a que el tratado acabe con nuestra agricultura, entonces no es cierto que exista
la libre competencia. Segundo, es vergonzoso, como se lo dije alguna vez al negociador, que
mientras Estados Unidos logró certificados de origen para algunos de sus productos, nosotros
no lo conseguimos ni siquiera para nuestro producto emblema, el café, y la razón es muy
sencilla: el productor colombiano de café obtiene solo 10 centavos de dólar y el tostador 90
centavos, son las tostadoras gringas; el gran negocio del café no lo hacemos los colombianos.

¿UNA POLÍTICA DE TIERRAS?

Cuando se trata de un propietario legítimo que tiene tierras de sobra y otro propietario también
legítimo que necesita tierra de ese propietario, en nuestro sistema jurídico habría dos opciones:
si el que tiene más tierra no está cumpliendo con su función social, se le puede quitar a través
de la extinción de dominio, sin nada a cambio, o se le entrega un equivalente general como es
la indemnización. Yo no renunciaría como presidente a solucionar problemas sociales de la
población a través de los instrumentos legales.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
Este es un gran debate que está pendiente en el país, seguimos siendo una sociedad feudal
precisamente porque concentramos la tierra en pocas personas. Cuando estudié en Europa pude
ver algunas estadísticas: en Italia el promedio de tierras per cápita era de 10 hectáreas, en
Francia que era el país que más tenía, era de 20 hectáreas. Ellos consideran que estamos en el
feudalismo cuando uno les habla de que en Colombia hay personas con 1.000 ó 2.000
hectáreas, ese es un debate que estamos eludiendo y algún día se tendrá que dar. Yo estoy por
la propuesta que salgamos del feudalismo agrario y para eso tendremos que tocar la propiedad
de la tierra.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


LA ECONOMÍA CAMPESINA. PROBLEMAS Y PROPUESTAS

Según Gustavo Petro

Candidato a la Presidencia de la República

LA ECONOMÍA CAMPESINA, BAJO LAS ACTUALES CONDICIONES


AFECTADAS POR EL DESPLAZAMIENTO Y LA CONCENTRACIÓN DE LA
TIERRA

Lo que tenemos es una enorme oportunidad hacia el inmediato futuro. El uso de tierras fértiles
para la producción de biocombustibles en el mundo está ocasionando una escasez de alimentos
que eleva el precio internacional y por tanto aumenta el hambre. Nosotros tenemos 15 millones
de hectáreas fértiles y sólo cultivamos 4 millones, el resto está en manos de la mafia. Entonces,
ahí está la oportunidad, podemos articularnos productivamente al mundo a partir de la
producción de alimentos, que en mi opinión debe ser subsidiada. Para poder hacer esto
tenemos que utilizar hasta el último centímetro cuadrado de la tierra fértil, lo que significa que
hay que trasladar la tierra de las mafias hacia los productores de alimentos.

Las estadísticas de empleo en la producción agraria muestran que en promedio se genera un


empleo por cada 5 hectáreas, significa que en 15 millones de hectáreas podríamos sostener a
tres millones de familias. Lo que nos llevaría a una nueva estructura en el campo que implica la
transformación del campesino en granjero, en un sistema mixto de empresarios medianos y
pequeños, que denomino la producción subsidiada de alimentos. Así que la posibilidad de
construir este modelo está a la orden del día, sólo nos falta aprovechar las oportunidades del
mercado mundial, reconstruir la institucionalidad del campo colombiano, priorizar las obras de
infraestructura donde el tema del agua se volvería más importante que las carreteras y, lo más
importante, trasladar la tierra de las mafias a los productores de alimentos.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


LA ECONOMÍA CAMPESINA FRENTE AL TLC

Yo fui calificado por Juan Manuel Santos de apátrida por discutir el tema con los congresistas
de los Estados Unidos en el momento en que se discutía el tratado. Este TLC significaría que
en alimentos perdamos y en biocombustibles ganemos; lo que produciría una especialización
en biocombustibles. La estructura social que soporta la producción de alimentos es democrática
y mientras que la de la producción de biocombustibles es mafiosa o antidemocrática, entonces
el TLC subvencionaría a la mafia colombiana y destruiría nuestra producción de alimentos,
nuestra posibilidad productiva de articulación con el mundo.

Ahora, dado que esa discusión ya pasó, dependemos de que allá lo aprueben y no de nosotros
mismos. Estoy convencido que si aumentamos la oferta de alimentos, resolvemos el tema de la
tierra, construimos el banco agrario para financiar la producción de las 15 millones de
hectáreas fértiles, articulamos el saber a la tierra y subsidiamos el campo, podemos competir
aún en condiciones de libre comercio y de los subsidios de los Estados Unidos. Si no hacemos
todo esto nos barren. Entonces, ante la eventualidad que el Senado de los Estados Unidos
apruebe el TLC, nosotros tenemos que cambiar la estructura del campo colombiano.

¿UNA POLÍTICA DE TIERRAS?

Sin caer en excesos estatistas, la problemática tiene que ver con la política de poblamiento. En
general, la tierra fértil no está en zonas de minifundio, está en zonas que llaman de producción
empresarial. Si ubicamos el mapa del desplazamiento, de las masacres, más o menos coincide
con las áreas de tierra fértil; entonces, allí ya no están los productores de alimentos, han sido
desplazados a otras zonas agrarias, otros quedaron en zonas de minifundio, otros en la frontera
agraria y otros se han urbanizado.

Para hacer posible la producción democrática de los 15 millones de hectáreas fértiles, implica
vincular tres millones de familias con dos tipos de sistemas, propietarios y economía asalariada
de pequeños y medianos empresarios; eso exige una nueva política de poblamiento, una
transferencia de población. Por ejemplo, en las colinas del Magdalena Medio no hay luz, no
porque no haya energía eléctrica sino porque no hay casas, como en el Piedemonte Llanero o
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
en la Región Caribe, entonces, la utilización racional de la tierra exige una política de
poblamiento racional; el hecho de que la población baje de las cordilleras hacia los valles y las
tierras planas es una decisión racional que tiene que ver con el uso del agua y con una nueva
política de reforestación.

Estamos hablando que de los 15 millones de hectáreas fértiles, 10 millones están en manos de
las mafias; cinco millones fueron comprados durante la primera fase de los carteles, y los otros
cinco millones que fueron expropiados en la fase militarizada de las mafias, con el
paramilitarismo. La mafia aprendió muy bien que al tener la tierra tenía el poder político. La
articulación entre el poder político y el poder mafioso en lo local, se extiende a lo nacional
durante los últimos treinta años y surge de la interrelación entre tierra y poder.

El problema no es sólo económico o de oportunidades. Una democratización de Colombia pasa


por la democratización de la tierra. Una política antinarcóticos para el debilitamiento de la
mafia, pasa por expropiar esa tierra. Pienso que se puede hacer por las buenas y no por las
malas. Si para conquistar esas tierras mataron 50 mil personas, miles de fosas comunes, ahora
cómo sería para recuperarlas. Pienso que hay un camino pacífico que es la transacción judicial
y me la imagino, imitando un poco a Sudáfrica, que el proceso de reparación de víctimas
implica 5.600.000 hectáreas de tierra que se tienen que devolver entre otras cosas, porque en
muchas ocasiones era más valioso lo que había en esa tierra que la tierra misma.

Para lograr eso, necesitamos una política regional. He propuesto los Acuerdos Comunitarios
Locales que son procesos de reconfiguración democrática del territorio a partir del acuerdo
entre la ciudadanía; uno de los cuales es el acuerdo entre las víctimas y los victimarios. Si el
victimario es un narco, se puede hacer lo mismo que hace Estados Unidos con muchos narcos
colombianos, donde se transa cárcel por información y dinero, aquí en Colombia sería cárcel y
extradición por tierra y poder. Esto significa una nueva política de extradición y de
antinarcóticos.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


LA ECONOMÍA CAMPESINA. PROBLEMAS Y PROPUESTAS

Según Álvaro Leyva

Candidato a la Presidencia de la República

LA ECONOMÍA CAMPESINA, BAJO LAS ACTUALES CONDICIONES


AFECTADAS POR EL DESPLAZAMIENTO Y LA CONCENTRACIÓN DE LA
TIERRA

Parto de la base de que es un desastre. Además de los factores objetivos que conocemos todos,
hay otros factores que tienen que ver con lo que ha ocurrido desde 1990 cuando desaparece el
ICA, cuya función era generar y transferir tecnología a los productores. Incluso el INCORA
dejó de realizar la asistencia técnica al campesino, en particular a los pequeños productores de
café y las unidades municipales de asistencia técnica carecen de personal especializado, son
estudiantes recién egresados. Sin la asesoría técnica adecuada no se sabe cómo manejar los
suelos, la edafología que es el estudio de la relación suelo, clima y planta, ha desaparecido de
la asistencia técnica, el campesino no sabe qué producir, como el caso de Santander,
Cundinamarca o Boyacá donde los suelos son de clase 4 a 6, lo que significa que la producción
es muy difícil.

Otros problemas tienen que ver con el costo de los fertilizantes e insecticidas que son muy
altos; tenemos el problema de una infraestructura inexistente. Como pasa también con el
crédito, los subsidios van a otras partes y así los productores no pueden cumplir con las
calidades de los productos exigidas en el exterior. El caso del TLC es claro: en estas
condiciones el campesino no puede competir, el tratado lo liquidaría; no tenemos una política
de precios que establezca las condiciones macro para la competitividad (tasa de cambio,
intereses, y salarios, entre otros) y demás, el pequeño productor no puede cumplir con las
normas sanitarias y fitosanitarias exigidas.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


Conocemos lo ocurrido con el programa Agro Ingreso Seguro que iba a subsidiar los
productores afectados por el TLC. Si comparamos los subsidios por tonelada de producto
colombiano frente a los obtenidos en los Estados Unidos, resulta que allá se entregan US$
22.200 anuales por trabajador agrícola y en Colombia US$ 300 dólares; por una tonelada de
maíz en Colombia se le da al agricultor el 1% de lo que percibe el agricultor americano.
Entonces, la respuesta no es optimista, por lo tanto hay que modificar la estructura de la
política hacia el campesino colombiano.

LA ECONOMÍA CAMPESINA FRENTE AL TLC

El TLC no es un tratado de libre comercio, es un tratado especial, diferente pero no de libre


comercio, porque en un tratado de libre comercio no puede haber subsidios y naturalmente
todo el sector agrícola de los Estados Unidos está supeditado a los subsidios. Yo me sostengo
en rechazar el TLC, porque los beneficios ya los logramos con el sistema andino, por combatir
el narcotráfico, de tal manera que no veo ninguna ventaja, yo lo retiraría.

¿UNA POLÍTICA DE TIERRAS?

Es cierto que muchos predios necesitan ensancharse para mejorar su productividad. Sin duda
hay que entrar a revisar la tenencia de la tierra en manos de los mafiosos para redistribuirlas.
La solución está en darle una salida rápida a esa situación y no amarrarla a estos procesos de
parajusticia que son excesivamente lentos. A propósito de esos casos quiero señalar algo que
me parece interesante y es que por algunos estudios he llegado a la conclusión que muchas
personas han abandonado sus predios y se incorporan en las filas de los desplazados, son
muchísimos los que sacan una ventaja comparativa o un mayor provecho al obtener dineros por
su condición de desplazados, de tal manera que sí hay que entrar a revisar el tema de la
tenencia de la tierra a partir de los predios mafiosos.

Este tema toca con la estructura del Estado, con la estructura de los poderes. Ese problema
corresponde a una realidad que no hemos asumido y es que este país es absolutamente

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


disfuncional; es el primero o segundo en desplazados internos, con millones de hectáreas de
tierra en poder de la mafia; el primer país con minas antipersonas y el país que le da por
subsidiar al rico cuando los índices de pobreza absoluta son estremecedores y parece que aquí
no pasara nada.

Nuestras ciudades, son ciudades campesinas en su estructura, que de la noche a la mañana


multiplicaron su población, entonces si vamos a hablar del país disfuncional tendríamos que
establecer una agricultura limpia para las ciudades, una agricultura urbana. En materia de
tecnología agropecuaria tenemos veinte años de atraso, mientras que el promedio de la
participación de tecnología en el PIB es 2.7%, en Colombia estamos en el 0.16%. Es evidente
que hay que buscar unas modificaciones a las estructuras a fin de acabar con los conflictos,
dándole un sentido diferente a la propiedad de la tierra.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


PROPUESTA DE POLÍTICA AGRARIA

De Germán Vargas Lleras34

INTRODUCCIÓN

Nuestro campo no es lo que debería ser ni hace lo que podría hacer. Decisiones
macroeconómicas desafortunadas, políticas equivocadas, afrentas de la violencia y del
narcotráfico han disminuido la participación del sector en la economía nacional y afectado el
empleo rural. La agricultura, en particular la pequeña, se ha visto injustamente desplazada por
la ganadería y la gran plantación.

La discusión del programa AIS va mucho más allá de la entrega de unos dineros a familias
adineradas, extraditables o funcionarios públicos. Se trata de la política agraria durante los
últimos 40 años. La política de hoy parece ser la de la gran ganadería, la de la explotación
empresarial del campo, la de los subsidios para los ricos y la de los campesinos tratados como
peones.

ENFOQUES DE LA POLÍTICA AGRARIA

I. Desarrollo rural

Bloqueo de la expansión de nuestra frontera agraria: La expansión de la frontera agraria


está produciendo un costo ambiental de incalculables proporciones, que no es justificable. No
toleraré la ocupación de los territorios sin vocación agrícola, más cuando existen grandes
regiones subutilizadas. Se sancionará a los transgresores y será una entidad del más alto nivel

34
El texto corresponde a una versión resumida y autorizada por representantes de la campaña
del candidato Germán Vargas Lleras del documento original denominado Discurso de Política
Agraria.
Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010
quien vigile y controle este asunto. Protección de bosques: Los bosques en la región
amazónica, el pacífico y la región andina serán reservas naturales y territorios para las minorías
étnicas, los indígenas y los afrocolombianos, donde no habrá adjudicación de baldíos y se
darán estímulos para su conservación. Aprovechamiento de áreas subutilizadas: El potencial
agrícola del país es de 15 millones de hectáreas, de los cuales se emplean 5 y en ganadería hay
38 millones. Muchas tierras se han concentrado en ganaderos extensivos que evaden
impuestos, grupos insurgentes y narcotraficantes. El problema es que lo que debería utilizarse
en agricultura, se utiliza en ganadería. Proponemos la reconversión de la llanura de la Costa
Atlántica, del piedemonte llanero desde Arauca hasta el Putumayo, bloqueando el proceso de
colonización que se expande hasta el Amazonas. La reconversión debe atacar la informalidad
del pequeño campesino y la ilegalidad de la propiedad extensa en cabeza de los actores de la
guerra. Actualización catastral y reforma del régimen impositivo: Realizaremos una
actualización catastral de los predios rurales, con el fin de imponer impuestos prediales
diferenciados según los usos del suelo, para gravar las tierras con potencial agrícola
subutilizadas y desgravar las tierras que se aprovechen conforme a su vocación natural.

II. Desarrollo territorial

Una política de Estado para la ordenación del territorio: El conflicto armado y el


narcotráfico han impedido el desarrollo del campo, producido una concentración de riqueza,
conducido a un fenómeno de desplazamiento y causado el empobrecimiento de nuestros
campesinos. Ante esto, es necesario el ordenamiento del territorio y de la población rural. Hay
que aumentar la densidad de la población campesina en las tierras aptas y disminuirla en las
tierras no aptas. Inventario de tierras: Definiremos la frontera agrícola a partir de un
inventario nacional de tierras que determine los territorios que deben y pueden ser utilizados de
forma eficiente y racional. Recuperación y tenencia de tierras: La distribución de la tenencia
de la tierra en Colombia es de las más inequitativas del mundo. Nuestros campesinos no tienen
títulos de propiedad, y en consecuencia, tampoco capital. Tenemos que formalizar la pequeña
propiedad campesina para crear capital y mejorar la calidad de vida de los habitantes del
campo. Realizaremos un plan para recuperar las tierras que estén en manos de terratenientes

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010


que no sepan aprovecharlas o que sean objeto de procesos de extinción de dominio. Grandes
extensiones de tierras están en manos de las mafias; hay que extinguir los 4 ó 5 millones de
hectáreas que están en disputa. Es inaceptable que apenas llevemos 70.000 hectáreas
extinguidas. Presunción de la propiedad de los desplazados: Tenemos que ser creativos y
contundentes para ingeniar mecanismos que les permitan a los desplazados recuperar sus
tierras. Propongo que la propiedad del desplazado se presuma, mientras que la de la persona
que diga ser dueña deberá ser acreditada.

III. Desarrollo productivo

Acceso a la tierra: Mediante mecanismos alternativos como el usufructo, el arrendamiento y


el comodato. No puede continuar la disyuntiva entre la pequeña propiedad y el latifundio; la
mediana propiedad, resulta de gran importancia para mejorar el empleo y calidad de vida y se
puede incentivar con cooperativas. Nuevo modelo de desarrollo rural: Desde la mitad del
siglo pasado hasta la apertura económica, Colombia se desarrolló a partir de un modelo de
sustitución de importaciones. Luego de la apertura, se corrigieron algunos de sus desequilibrios
con la transición a un sistema de aranceles con base en la franja de precios. Sin embargo, las
falencias del modelo no han sido corregidas por el mercado y el limitado desarrollo del sector
se ha traducido en la debilidad de la economía rural. Con la seguridad democrática hemos
avanzado muchísimo en recuperación de hectáreas perdidas. Ahora tenemos que construir un
nuevo modelo de desarrollo rural integral. Uso racional de la tierra para lograr eficiencia en
el uso del suelo: El proceso de reconversión de sistemas agrícolas y ganaderos se basará en el
ordenamiento del territorio, en el uso de áreas subutilizadas, en la ampliación de la cobertura
en riego y en una reforma en materia impositiva que acabe con la estructura predial
inequitativa. Reconversión Rural: Un proceso de reconversión rural que parta del uso y
aprovechamiento de las tierras por parte de los campesinos y pequeños productores. Incentivar
formas asociativas de propiedad para los medianos y pequeños productores, en el uso y
tenencia de la tierra, en el transporte, el procesamiento, el almacenamiento y la
comercialización.

Forero J (Editor) El campesino colombiano. Javergraf, Bogotá, 2010