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Universidad Nacional del Litoral

Facultad de Humanidades y Ciencias


Profesorado de Letras

17-12-2018 Trabajo final de


“Teoría literaria I”
Figuraciones de sexualidad y proble-
mática de género en un episodio de
El juguete rabioso de Roberto Arlt
(1926)

DOCENTES: GERBAUDO, ANALÍA – GAUNA, DA-


NIELA – VENTURINI, SANTIAGO
ALUMNA: MOLINA, GABRIELA CAROLINA
Teoría literaria I - Trabajo final
Molina, Gabriela

Introducción
En el presente trabajo abordaremos un capítulo del texto El juguete rabioso (1926) de Ro-
berto Arlt a partir de una lectura desde una perspectiva de género. Nos proponemos estable-
cer las figuraciones de sexualidad que se juegan allí y problematizar en torno al género (según
S. de Beauvoir, 1949 y J. Butler, 1990, 1999 y 1993)
En primer lugar, haremos un breve desarrollo sobre la emergencia de Roberto Arlt en el
contexto literario de los años 1920 y en el impacto que tuvo su obra. Especialmente, mencio-
naremos algunos aspectos relevantes del texto El juguete rabioso.
Luego, nos centraremos en los planteos de Simone de Beauvoir (1949) y en el avance pro-
puesto por Judith Butler (1990 [1999] y 1993) acerca de la “performatividad” para pensar la
configuración de los cuerpos y qué sucede allí con el género. Esto contribuirá al desarrollo
de nuestro análisis sobre el capítulo III del texto de Arlt.
Veremos cómo Maristany (2010) se apropia de estas teorías (especialmente de Butler) para
plantear un recorrido por la narrativa argentina del siglo XX desde una perspectiva de género.
De este crítico retomamos el breve esbozo que hace sobre el episodio antes mencionado para
poder desarrollar en profundidad nuestro análisis.
Finalmente, daremos algunas conclusiones que se desprenden del análisis realizado del capí-
tulo anteriormente mencionado, a modo de que se pueda generar un debate que se extienda
sobre otros episodios de este texto literario.

La emergencia de Roberto Arlt en el contexto literario argentino de la década de 1920


y la aparición de El juguete rabioso (1926)
Este autor, hijo de inmigrantes y ajeno a las convenciones lingüísticas de nuestro país, inicia
su trayecto literario cuando se publican, en 1925, algunos episodios sueltos de lo que luego
sería El juguete rabioso. Esta visibilización tuvo lugar gracias a la relación que Arlt mantenía
con su compañero Ricardo Guiraldes. Pero la exclusión del contexto de estos grupos consi-
derados martinfierristas y boedistas (los primeros relacionados a la estética realista y los se-
gundos a la renovación formal) no tardó en llegar una vez fallecido Guiraldes. Fue rápida-
mente corrido de lugar, ya que no encajaba dentro de la estética formal pretendida por un
determinado grupo de intelectuales donde se encontraba Borges, por ejemplo.

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En palabras de Martín Prieto, quien analiza la historia de la literatura argentina del siglo
pasado, “para el martinfierrismo escribir era escribir bien, y escribir bien era tener una rela-
ción natural con la lengua, no la que tenían ‘los gringos de Boedo’, casi todos ellos inmigran-
tes o hijos de inmigrantes no españoles” (2006: 266). Por lo tanto, Arlt no encajaba dentro
de esa normativa.
El juguete rabioso (Arlt, 1926) y Don Segundo Sombra (Guiraldes, 1926) son dos textos que
se publican el mismo año. Sin embargo, ambas obras representan realidades textuales total-
mente divergentes. Tanto el texto de Arlt como el texto de Guiraldes pueden leerse en clave
de relato autobiográfico, pero El juguete rabioso plasma una mirada crítica sobre la sociedad
de los años veinte. Esa mirada no se desarrolla de igual manera en Don Segundo Sombra,
puesto que se trabaja sobre un relato memorístico y puede ser considerada como novela de
aprendizaje1.
Un punto importante a destacar de la estética de El juguete rabioso es que escapa a los dos
movimientos literarios instalados de esa época (al martinfierrismo y al boedismo), ya que
Arlt deja ver allí un relato realista impregnado por las lecturas que él mismo consumía y que
no solamente se limitaba a la novela de folletín, sino que también filtra aspectos de la litera-
tura francesa y rusa. Silvio Astier, joven comerciante pero con fama de ladrón, anhela con
ser un poeta como Baudelaire y recorre las calles de Boedo persiguiendo sus sueños, sueños
que no transgreden nunca esa barrera puesto que siempre está limitado por su condición so-
cial2.
Debemos mencionar que la narrativa de Arlt marca un antes y un después en la literatura
argentina del siglo XX, y esto se debe al gran impacto que causó su modo de escritura en la
crítica posterior:
Ha sido y es una obra controvertida y polémica, de un enorme poder de convocatoria intelectual (…) que ha
vuelto, en setenta años, más arltiana toda la narrativa argentina en dos sentidos convergentes. Por un lado,

1
Para más detalles ver Martín Prieto Breve historia de la literatura argentina, Capítulo 10 (2006) y Enrique
Pezzoni El texto y sus voces (1986). Este último autor, desde una perspectiva bajtiniana, desarrolla un análisis
en paralelo de ambas obras para trabajar la disposición del narrador y las voces que aparecen en estos textos
literarios, teniendo en cuenta las categorías de “memoria” y “actuación”.
2
Al respecto, Oscar Masotta caracteriza con certeza a los personajes de Arlt: “trataba de mostrar a los hom-
bres no en el momento en que cada uno se forja su destino individual (…) sino coincidiendo con el destino
(...) Si hace luchar a sus personajes no es para hacerlos buscar una salida hacia la victoria sino para que se lo-
gren en la frustración, para que sucumban en la rabia de la singularidad” (1965: 10).

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porque ya no se puede escribir como Roberto Arlt. Por el otro, porque tampoco se puede escribir sin la
vigilancia de su obra (Prieto, 2006: 276)
Asimismo, Masotta en su ensayo titulado Sexo y traición en Roberto Arlt (1965) también
hace una crítica de la narrativa arltiana. Este crítico destaca la dialéctica que persigue Arlt en
su obra, desde el comienzo como novelista hasta desarrollar un perfil destinado más a la
narrativa teatral. Por un lado, destaca la capacidad que cada individuo tiene de ver el mundo
y de recibirlo, es decir, cómo se enfrenta a este y cómo logra decirlo. Es una relación que va
desde una profundidad interior hasta una realidad exterior. En palabras de Masotta:
Cuando nos enfrentamos a una obra, entonces, es preciso no olvidar que en ella un hombre nos cuenta la
aventura de una conciencia vuelta hacia el mundo por un movimiento original que la refiere a las cosas, a
los otros hombres y a sí misma. Toda obra no es más que un movimiento vertiginoso de idas y vueltas, una
dialéctica viva entre profundidad y mundo (1965: 13)
En este sentido, el ensayo de Masotta subraya la evolución que se produce esta narrativa
desde sus primeras novelas, comenzando por El juguete rabioso, hasta llegar a sus primeras
obras de teatro. Y es que, según la crítica, se produciría un proceso regresivo en el sentido
que, en sus primeras novelas, Arlt configura a sus personajes bajo la estética realista: por
ejemplo, Astier aparece como un personaje/narrador serio, que transita este artificio del ve-
rosímil puesto de manifiesto por la novela de una manera crítica impulsada por su condición
de “humillado” o de ser “inferior”. Sin embargo, la evolución de los personajes a lo largo de
su obra, empezando por un tono serio y desembocando en un trastrueque burlesco, denota
una evolución estructural al interior de su obra: no sólo por una cuestión netamente formal,
sino también por la relación evolutiva que se genera del lector de novela al espectador de
teatro.

El devenir “mujer” y la posición “queer”: lecturas en clave de perspectiva de género


Entre los años 40 y 50, Simone de Beauvoir (1949) revolucionaba las posturas en torno a la
condición del ser mujer, proyectando su pensamiento hacia una teoría feminista. Pone en
duda la categoría de “mujer” ya que las condiciones biológicas no determinarían un rasgo
inherente a esta condición. Entonces el debate se declina hacia una postura de corte social.
El “devenir mujer” se da por la oposición al hombre: este es lo esencial, se configura así
porque desde un inicio la humanidad (como devenir histórico) se proclama como “macho”
y, en consecuencia, la mujer es lo otro, lo negativo a éste. No es un ser autónomo: “El drama
de la mujer es ese conflicto entre la reivindicación fundamental de todo sujeto, que se plantea

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siempre como lo esencial, y las exigencias de una situación que la constituye como in-esen-
cial” (1977: 17-18)
Para esta autora, la hostilidad que se genera entre hombre/mujer se sitúa en el área del psi-
coanálisis. El problema aquí se sitúa en la inferioridad que se le otorga a la mujer en la so-
ciedad. Desde la perspectiva psicoanalítica se entiende esta oposición por la incitación al
deseo de castración para anular la superioridad masculina:
La mujer, dicen, tiene envidia del pene del hombre y desea castrarlo; sin embargo, el deseo infantil del pene
sólo adquiere importancia en la vida de la mujer adulta si vive su feminidad como una mutilación; en ese
caso, porque encarna todos los privilegios de la virilidad, desea apropiarse del órgano masculino (…) su
sueño de castración tiene un significado simbólico: desea privar al varón de su trascendencia (…) La lucha
entre ellos no puede tener una imagen clara, ya que el ser mismo de la mujer es opacidad; no se alza frente
al hombre como un sujeto, sino como un objeto paradójicamente dotado de subjetividad; se asume a la vez
como ella misma y como alteridad. (1970: 888-889)
En este sentido, Judith Butler parte de las teorías feministas del estructuralismo y posestruc-
turalismo de mediados de siglo XX para cuestionarlas y avanzar sobre la problemática de
género. Propone la noción de “performatividad” para desarrollar algunas ideas centrales en
torno a cómo concebimos los cuerpos. Parte de la idea de que el género es una construcción
cultural establecida bajo un sistema heteronormativo, que permite imponer ciertas leyes y
regular las formas. Sin embargo, al ser una construcción desprende herramientas para poder
repensarlo y volver a resignificarlo.
Retoma de Foucault el planteo que este filósofo hace sobre la categoría de “sexo” como una
cuestión normativa, ya que no solo funciona como una norma, sino que también es una prác-
tica reguladora que se impone en la materialización de los cuerpos. Entonces, Butler plantea
que “la performatividad debe entenderse no como un “acto” singular y deliberado, sino como
la práctica reiterativa y referencial mediante la cual el discurso produce los efectos que nom-
bra” (2002: 18). Al problematizar sobre la categoría de género y sexo, se piensan los cuerpos
como una construcción cultural y discursiva: pretende generar una ruptura en la naturaliza-
ción de la binaridad de género.
Con una propuesta de lectura que se desprende de una investigación sobre un corpus selec-
cionado de la literatura argentina, orientada desde una perspectiva de género; José Maristany

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(2010) realiza un recorrido por algunos textos literarios que va desde 1920 hasta 1980 apro-
ximadamente, para cuestionar los modos en que se figuran allí las morales sexuales. Nos
centraremos en el breve apartado que le dedica a Roberto Arlt, puesto que nos permitirá
delimitar algunas precisiones previas al desarrollo de nuestro análisis.
En la década del 20 se produce una ruptura de las representaciones de un modelo viril vigente
en la literatura de finales de siglo XIX y principios del siglo XX. Uno de esos quiebres se da
con un episodio del capítulo III del Juguete rabioso (1926) ya que se muestran conductas
sexuales diferentes y estas no se dan precisamente en sujetos considerados como abyectos
(por lo general inmigrantes, proletarios y delincuentes), sino que, por el contrario, en sujetos
de la clase media: “Tal vez no escapan al arquetipo literario (…) pero acercan, desocultan y
desestabilizan la complejidad de las pulsiones eróticas en el entramado fuertemente hetero-
sexual de los discursos de la época” (Maristany, 2010: 187)
A modo de disparador para nuestro análisis, retomamos una breve cita del texto de Beauvoir
para pensar el devenir de Silvio Astier:
En realidad, el hombre es como la mujer, una carne, es decir, una pasividad, un juguete de sus hormonas y
de la especie, presa inquieta de su deseo; y ella es como él, en el seno de la fiebre carnal, aceptación, don
voluntario, actividad, cada uno vive a su manera el extraño equívoco de la existencia hecha cuerpo. En estos
combates en los que creen enfrentarse entre ellos, cada uno lucha consigo mismo, proyectando en su com-
pañero esta parte de sí que repudia (1970: 899) [El subrayado es nuestro]
Por lo tanto, nuestro interés recae en problematizar sobre las distintas figuraciones sexuales
significativas que sufre el narrador Silvio Astier en su configuración en el capítulo III de El
juguete rabioso.

El juguete rabioso
Para nuestro análisis, retomamos el capítulo III “El juguete rabioso” del texto homónimo al
capítulo3. Allí, Silvio Astier, joven de dieciséis años, de clase social baja; recibe una carta de
recomendación del señor Ricaldoni donde éste destaca las habilidades y conocimientos del
joven Astier y, acto siguiente, su vecina, la señora Naidath le acerca un aviso en el que hay
vacantes disponibles para ingresar a la Escuela Militar de Aviación. Entonces, convencido

3
Utilizamos la edición del Centro editor de cultura (2004)

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de poder cambiar su condición social y tener un futuro próspero fruto de sus conocimientos,
se dirige en busca de un puesto.
Por desgracia, la situación se torna en su contra y resulta expulsado de aquella escuela. Al
salir de allí, desdichado y sumido en la penuria de que su condición de desempleado no sería
favorable para sostener la situación de su casa, decide pasar la noche en un hotel. Aquí ocurre
un hecho significativo y es que Silvio compartirá habitación con otro joven de clase alta,
quien a mitad de la noche se le insinúa. A partir de esta lectura, nos proponemos indagar
sobre cómo se juegan las distintas figuraciones sexuales que atraviesa Silvio Astier en este
capítulo.
Casi al final del episodio, Astier hace una afirmación acerca de su condición: “Envidiaba a
los cadáveres en torno de cuyos féretros sollozaban las mujeres hermosas, y al verlas incli-
nadas al borde de los ataúdes se sobrecogía dolorosamente mi masculinidad” (pág. 107) [El
subrayado es nuestro]. ¿Qué sucede con esta afirmación? ¿Es necesaria la remarcación de la
masculinidad que enuncia el narrador?
Tal como plantea Butler (2002) el sujeto que se afirma en un género, no pertenece a éste ya
que su existencia viene configurada por un determinado género. Es decir, Astier se enmarca
en una supuesta masculinidad, pero no pertenece a ella. Desde comienzos del capítulo su
existencia aparece subordinada por la figura de su madre: Silvio aparece como una “alteri-
dad”.
Beauvoir (1949) reconoce que se deviene mujer por oposición al sujeto esencial, es decir, el
“hombre”. Entonces, éste no necesita enunciarse como tal para hablar de sí ya que es el sujeto
esencial. En cambio, cuando una mujer habla o se enuncia a sí misma o a un conjunto de
mujeres, necesariamente afirma esa condición: “soy una mujer”.
Proponemos que Astier necesariamente textualiza esa “masculinidad” porque carece de ella.
Es un sujeto otro, se configura a través de la figura significativa de la madre. Necesariamente
desea cambiar esa sujeción tratando de escalar en pos de una figura autónoma: proclamarse
el hombre de familia, consiguiendo un trabajo que mejore su condición, la de su madre y la
de su hermana. Sin embargo, cuando se ve rebasado por las circunstancias, desea acabar con
su vida y finalmente retorna entre lágrimas hacia el regazo de su madre quien, nuevamente,

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termina siendo la red de contención dentro de ese hogar conformado por ella, Silvio y Lila
(su hermana).
Otro foco de problema con Astier es el encuentro homoerótico que sucede en el hotel donde
pasa la noche luego de ser expulsado de la Escuela. Sumido en el deseo, pero paralizado por
el miedo que le produce dicho acercamiento, la relación entre el adolescente adinerado que
comparte habitación con él avanza por vías del deseo de este joven, quien trasvestido de
mujer se vuelve un cuerpo abyecto por ser considerado “raro”4: “-¿Por qué no habré nacido
mujer?... en vez de ser un degenerado, sí, un degenerado…” (pág. 103). Allí, Silvio encuentra
una conducta moralizante para dejar perplejo al otro joven por su comportamiento raro. Sin
embargo, también es una vía de escape de esa moral heterosexual para poder contener al
adolescente luego de haberlo reprendido:
¿Quién era ese pobre ser humano que pronunciaba palabras tan terribles y nuevas?... ¿que no pedía nada
más que un poco de amor?
Me levanté para acariciarle la frente.
-No me toqués –vociferó-, no me toqués. Se me revienta el corazón. Andáte. (pág. 104)
A pesar de ser excluido por manifestar su deseo de ser “mujer”, Silvio queda extrañado por
ese deseo y hasta duda de su propia condición. En ese breve encuentro homoerótico que se
da entre cuatro paredes a escondidas de los demás, es el único espacio donde Astier puede
proclamarse como un sujeto esencial: es quien reprime la condición “extraña” que le presenta
su partenaire, pero que, a su vez, se figura como aquella parte esencial e imprescindible que
necesariamente le solicita el otro joven que desea ser “mujer”. En consecuencia, se termina
parodizando el travestismo que presenta el joven adinerado: necesariamente, al traer ropa de
mujer debajo de su elegante traje masculino, propone un juego de roles de género hom-
bre/mujer detrás de las cuatro paredes de esa habitación.
A modo de cierre, destacamos que, en este episodio de El juguete rabioso, Astier se figura
constantemente como una alteridad: su destino está condicionado y no puede salvar la es-
tructura que el desearía cumplir ya que se encuentra preestablecido para ser un sujeto abyecto
dentro del texto. Sin embargo, queremos dejar en claro que, para el contexto de producción
y recepción del texto, aún no existía una teoría queer que ampare los análisis de la obra desde

4
Al respecto, Masotta (1965) agrega que en Arlt no hay repulsión por la homosexualidad, pero sí una fuerte
impronta de seguir una ética sexual alineada: de cierta manera trata de moralizar esta perspectiva.

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una perspectiva de género. Por lo tanto, la misma lógica del texto y más precisamente el
episodio que se juega en el capítulo III, presenta ciertas dificultades para pensar libremente
la categoría de género tal cómo la resignificó Butler5.

Conclusiones
Tanto las teorías de Beauvoir y Butler buscan problematizar en cómo pensamos y afirmamos
el género. Por un lado, Beauvoir se detiene en la proclamación de autonomía de la implican-
cia del “devenir” mujer. Por otro lado, Butler va más allá y plantea la performatividad de
género para desnaturalizar la dicotomía hombre/mujer y pensar la configuración de los cuer-
pos disidentes que no cuadran con el binarismo regulado por las instituciones culturales y
sociales hegemónicas.
En este sentido, y siguiendo a Masotta (1965), Arlt instala a los personajes en un desacomodo
entre lo que quieren ser y lo que verdaderamente pueden ser: en este sentido, Silvio se em-
barca en asuntos imposibles para poder elegir quien ser, pero sus accionares y deseos (esta
repulsión sexual hacia su compañero de habitación, cómo se dispone allí y qué genera la
figura de su madre) tuercen hacia lo que realmente es: por eso la necesidad de decir su “mas-
culinidad”, masculinidad que no es más que una alteridad en el texto.

5
Recordemos que Butler, en el “Prefacio (1999)” de El género en disputa, se pregunta acerca del vínculo en-
tre sexo y género. Para ella, la distinción analítica entre género y sexualidad que proponen algunos teóricos
queer es adecuada en tanto que la normativa heterosexual no debería ordenar el género, sino que las prácticas
de subversión de género no están precisamente vinculadas con determinadas prácticas sexuales. Por lo tanto,
intenta desnaturalizar las convenciones normativas establecidas acerca del género ya que violentan la reali-
dad, es decir, no dan lugar a las expresiones de cuerpos disidentes: “Si hay una labor normativa positiva en
este texto es poner énfasis en la extensión de esta legitimidad a los cuerpos que han sido vistos como falsos”
(2001: 29) [El subrayado es nuestro]

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Bibliografía consultada
Beauvoir, S. D. (1970). “Introducción”, “Conclusión”. El segundo sexo, 2 vols. Buenos Ai-
res: Siglo XXI.
Judith, B. (2001). “Prefacio (1999)”, “Prefacio (1990)”. El género en disputa. El feminismo
y la subversión de la identidad. UNAM–PUEG/Editorial Paidós. México.
Judith, B. (2002). “Introducción”, “Acerca del término queer”. Cuerpos que importan. Sobre
los límites materiales y discursivos del sexo. Editorial Paidós, Buenos Aires.
Masotta, O. (1965). Sexo y traición en Roberto Arlt (Vol. 7). J. Alvarez.
Oliveto, M., & Maristany, J. (2010). “Fuera de la ley, fuera de género: escritura homoerótica
y procesos de subjetivación en la Argentina de los 60-70”. Aquí no podemos hacerlo: moral
sexual y figuración literaria en la narrativa argentina (1960-1976). Editorial Biblos.
Prieto, M. (2006). “Capítulo 10”. Breve historia de la literatura argentina. Taurus.
Viñas, D. (1971). “El escritor vacilante: Arlt, Boedo y Discépolo”. De Sarmiento a Cortázar:
literatura argentina y realidad política (Vol. 1).. Ediciones Siglo Veinte.

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