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SESIÓN 11

EL NOBLE SENDERO ÓCTUPLE:


RECTA CONCENTRACIÓN (SAMMA SAMADHI)

1. Definiciones fundamentales / atención y concentración

La concentración es la intensificación de la unidireccionalidad de la mente. En otras


palabras, la capacidad de permanecer con la mente concentrada en un solo objeto. Esto
unifica y le da dirección al flujo mental. Sin embargo, no toda concentración es samadhi.

Un asesino que piense en matar a su víctima o un soldado en el campo de batalla, están


concentrados, pero su concentración no puede ser considerada samadhi. Samadhi es
exclusivamente la concentración en un estado provechoso de la mente. Pero incluso
entonces su terreno es más restringido, pues no significa simplemente cualquier forma
de concentración provechosa sino la concentración intensificada que se produce como
resultado de un intento deliberado por llevar la mente a un nivel de consciencia más
alto.
[...]
Las dos características sobresalientes de una mente concentrada son la atención
ininterrumpida en un objeto y la consecuente tranquilidad de las funciones mentales,
cualidades ambas que se distinguen de la mente no concentrada [...] La mente que ha
sido entrenada en la concentración puede permanecer enfocada en su objeto sin
distracciones. Esta ausencia de distracciones induce a una ductilidad y serenidad que la
convierten en un instrumento eficaz para penetrar en la realidad.
La mente concentrada es como un lago cuyas aguas no están agitadas por la brisa, un
espejo fiel que refleja cualquier cosa que se coloque ante él exactamente como es.

Bhikkhu Bodhi, La liberación del sufrimiento, pp. 87-88, el subrayado es mío.

Así, pues, la atención enfoca y depura; la concentración penetra, conoce. ¿Qué penetra,
qué conoce?
Aquí el camino se bifurca. El samadhi puede, o bien ser llevado hasta sus últimas etapas, y
es la experiencia de la quietud suprema, pero no se da la liberación del nirvana; o bien, a
partir de una base de concentración y quietud, contemplar y desenvolverse en el
movimiento, con vistas a una captación de la ley del cambio. La primera vía se llama
samatta (foco, tranquilidad), la segunda, que es el aporte original del budismo en relación
a la tradición previa, vipassana (percatación o visión cabal).

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2. ¿Por qué es importante la concentración?

La experiencia de samadhi es la exacta contracara de nuestra experiencia ordinaria, que


tiende a ser dispersa. El Buda compara el movimiento de una mente no entrenada con los
coletazos de un pescado que acaba de ser sacado del agua.
La concentración se fundamenta en un hecho que para el budismo es un factum y que ha
sido respaldado por la moderna neurociencia: no podemos percibir más de una cosa a la
vez con plena atención, por lo menos con una atención concentrada, que es la que exige el
escrutinio de la naturaleza última de lo real o, como diría Nyanaponika, la mirada científica.

3. Quietud estática y quietud dinámica: concentración en samatta y concentración en


vipassana

Samatta, “el camino de la concentración”, es caracterizado en los comentarios budistas


sobre la Recta Concentración, a partir de dos aspectos: (1) los objetos susceptibles de ser
tomados como objetos de concentración y (2) las distintas etapas, progresivamente más
absortivas, que se van ganando a medida que la concentración se intensifica.
De los objetos, el más habitual es la respiración, pero existe una variedad, dependiendo
del temperamento del meditador. Por ejemplo, a un temperamenteo colérico le
aprovechará más absorberse, unificar la mente y mantenerla concentrada en metta, amor
benevolente, mientras que a un temperamento extremandamente dado a la sensualidad le
será de mayor provecho unificar la mente en las meditaciones sobre las partes del cuerpo
o, las así llamadas, “meditaciones del cementerio”; más allá de esto, el objeto “universal”
es la respiración.
La descripción de los estados absortivos o jhanas ha concitado una vasta literatura, que
describe con un detalle extraordinario, como si fuese una expedición submarina, las etapas
de inmersión, pero no tiene caso referirlas y no todo el budismo considera indispensable
atravesarlas en el orden que sugieren las fuentes para poder alcanzar la iluminación. Al
contrario, en determinada etapa, cuando se ha ganado lo que se conoce como
“concentración de acceso”, es preciso renunciar a la profundización en la concentración
absortiva y valerse de ese samadhi para contemplar, no ya un objeto estático que conduciría
a la quietud última, sino para contemplar la quietud en el mudable flujo de los fenómenos:

Hay otra clase de concentración que no depende de la restricción del radio de acción de
la conciencia. Es lo que se llama “concentración momentánea” (khanika samadhi). Para
desarrollar la concentración momentánea, el meditador no intenta deliberadamente
excluir de su campo de atención toda la multiplicidad de fenómenos. Lo que hace
simplemente es dirigir la atención a los cambios que se producen en la mente y el cuerpo,
captando todo fenómeno que se presente; el trabajo consiste en mantenerse atento
constantemente a todo lo que entre en el campo de la percepción, sin apegarse a nada
[...] La unificación mental permanece fija a pesar del cambio del objeto [...] cuando se ha
fortalecido lo suficiente, desemboca en el último paso del sendero, el surgimiento de la
sabiduría. / Ibid, pp. 96-97, subrayados míos.

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4. Quietud en el movimiento: la vía taoista

Testimonio del cocinero Ting en el Chuang Tse:

Un buen cocinero necesita afilar su cuchillo una vez al año. Trocea con destreza. En
cambio un cocinero torpe lo afila cada mes. Corta la carne a golpes. He usado este
cuchillo durante diecinueve años y he destazado miles de bueyes. Pero el cuchillo sigue
tan afilado como la primera vez que se separó de la piedra de afilar. Entre las
articulaciones hay espacios y la hoja carece de grosor. Al no ser gruesa y pasar por ellos,
puede moverse libremente donde desee: tiene todo el espacio que quiera para moverse.
Así que, después de diecinueve años, mi cuchillo sigue tan afilado como el primer día. /
La sabiduría de Chuang Tse, cap. 3.

El movimiento hábil, aquel que se adecua a los cambios que se van presentando, hace que
la hoja del cuchillo pueda adaptarse y moverse libremente entre ellos. Por eso es que el filo
permanece sin desgaste: porque el movimiento se ha abierto paso sin fricción, sin
resistencia. El cuchillo “fluye”. El cocinero torpe, al contrario, maniobra a la fuerza, a los
golpes, y así desgasta el filo.
Pero los claros que el cocinero encuentra al destazar la carne, suponen que el propio
cocinero tenga una disposición clara en su interior. Él debe ir “sintiendo”, en cada
momento, por dónde puede avanzar la hoja y para eso requiere de una disposición
plenamente receptiva, alerta, una concentración máxima en el cambio de dirección que le
impone la materia que se le presenta, momento a momento. Algo típicamente chino:
cualquier actividad práctica es una ocasión para un ejercicio meditativo. Ting no lograría
destazar el buey de este modo sino estuviera en samadhi y no hubiera desarrollado el arte
de mantenerse quieto en el movimiento. Esto será típico del budismo zen japonés, nacido
en China (conocido como Chan): desarrollar vías (do) capaces de cultivar concentración y
percatación. Algunos ejemplos son las artes marciales, el arte de la arquería, los arreglos
florales (ikebana), las ceremonias del té, la escritura de cierto tipo de poemas, como los
haikus. Estrictamente hablando, todo es susceptible de ser transformado en una
experiencia de samadhi y percatación, si hay una mente concentrada en ese propósito.
Algunos psicólogos contemporáneos, le llaman a este tipo de experiencias, experiencias de
flujo, si bien no todas ellas serían estrictamente consideradas samadhi por la tradición
budista. Aun así, vale la pena observar la caracterización que se hace de esta clase de
experiencia.

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5. Fluir como experiencia óptima: una perspectiva desde la psicología contemporánea

Los siguientes fragmentos pertenecen a: Mihaly Csikszentmihalyi (pronúnciese Cis-zen-


mijáli), Fluir (Flow). Una psicología de la felicidad, Kairós, Barcelona, 1996. Su autor dedicó
varios años de estudio a lo que él llama “experiencias óptimas” o experiencias “de flujo.

El elemento clave de una experiencia óptima es que tiene un fin en sí misma [...]
La palabra “autotélico” deriva de dos palabras griegas, autos, que significa en sí mismo,
y telos, que significa finalidad. Se refiere a una actividad que se contiene a sí misma, que
se realiza, no por la esperanza de algún beneficio futuro, sino simplemente porque
hacerlo es en sí la recompensa. Jugar a la bolsa para ganar dinero no es una experiencia
autotélica, pero sí jugar para poner a prueba la propia habilidad de predecir las
tendencias futuras. / p. 109.

La experiencia autotélica, o flujo, eleva el transcurso de la vida a otro nivel. La alienación


da paso al involucramiento, el disfrute reemplaza al aburrimiento, la impotencia da paso
al sentimiento de control [...] Cuando la experiencia es intrínsecamente gratificante la
vida está justificada en su presente, en vez de ser rehén de un hipotético beneficio
futuro. / p. 112.

Nuestros estudios sugieren que la fenomenología del disfrute [se refiere a las
experiencias óptimas, autotélicas o “de flujo”] tiene ocho componentes importantes.
(1) Primero, la experiencia suele ocurrir cuando nos enfrentamos a tareas que tenemos
al menos una oportuidad de lograr.
(2) Segundo, debemos ser capaces de concentrarnos en lo que hacemos.
(3 y 4) Tercero y cuarto, normalmente la concentración es posible porque la tarea
emprendida tiene unas metas claras y nos ofrece una retroalimentación inmediata.
(5) Quinto, uno actúa sin esfuerzo, con un profundo involucramiento que aleja de la
conciencia las preocupaciones y frustraciones de la vida cotidiana.
(6) Sexto, las experiencias agradables permiten a las personas ejercer un sentimiento de
control sobre sus acciones.
(7) Séptimo, desaparece la preocupación por la personalidad aunque, paradójicamente,
el sentimiento acerca de la propia personalidad surge más fuerte después de la
experiencia de flujo.
(8) Finalmente, el sentido de la duración del tiempo se altera; las horas pasan en minutos
y los minutos pueden prolongarse hasta parecer horas. / pp. 82-83; los corchetes son
míos.