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Porfirio Barba-Jacob
Piedad Bonnett Vélez

Popularidad y escándalo
Cuando Miguel Ángel Osorio, un joven maesrro de escuela que habÍa nacido
en Santa Rosa de Osos, el 29 de julio de 1883, y que se harÍa llamar más tarde
Porfi.rio Barba-Jacob, se embarcó para México en 1907, jamás se imaginó que su ;;;;;
exilio iba a durar casi cuarenta años. Tampoco, aunque 1o deseara, podÍa saber NE6RnS
que un puñado de poemas de los que ya empezaba a escribir le daría un puesto
importante en la historia de Ia literatura colombiana, ni que llegaria a niveles
de popularidad tan altos como los que obtuvo en su momento el poeta Julio
Flórez. Asi quedó demostrado con el apoteósico recibimienro que se prodigó el
10 de enero de 1946 a la pequeña comisión que traÍa sus cenizas: una multitud
de hombres y mujeres sencillos corrÍa por los campos aledaños al aeropuerto de
Medellin acompañando al aüón que aterrizaba, dando testimonio del fervor y
la admiración que sentÍan por el poeta. «Canción de Ia vida profundar, <<La pa- Portada de Rosas negras, Guatemala,
rábola del retorno» y otros poemas suyos que Ia declamadora Berta Singermán lmprenta Electra G. M. Staeble¡ 1933,
contribuyó a divulgar, fueron memorizados por muchos de los admiradores de Biblioteca Lús Angel Arango, Bogota.
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su obra, en una época en que los colombianos reci- por ia norma golpea el mezquino mundo burgués
taban los poemas de sus autores preferidos. ¿Cómo que le tocó en suerte. Este mito sedujo desde muy
explicarse la enorme popularidad de este poeta temprano a Porfirio Barba-Jacob; asÍ lo demuestra
largamente radicado en el exterior? Quizá porque el hecho de que en una autobiografÍa aparecida en
la exaltación romántica del tono de su poesÍa, su la revista Arte de MedellÍn en 1907, cuando conraba
viva expresión del sentimiento, la confesión perso- veinticuatro años, alude a algunos que le reprochan
nal, a veces desgarradora, que se descubre en ella, escribir:
encontraron eco en el alma popular. Pero, tal vez,
conto bajo el inJlujo de una embriaguez diabólicas
y sobre todo, porque el mito que el propio Barba-
Jacob ayudó a crear sobre sÍ mismo, Ia aureola de y añrma que:
poeta maldito, de ser luciferino, de la que se rodeó
en la tremenda actítud de la musa se podría ensayar
en vida, fascinaron las conciencias burguesas de un
una mistica de Satán.
público lector que dudaba entre la reprobación y Ia
complacencia. A lo largo de su vida Barba-Jacob exaltó y añan-
'Canción zó su supuesto satanismo: su vida errante, su ho-
de la vida proJunda
mosexualismo exhibido, su alcoholismo, su gusto
Hay días et'L que somos tan móyiles,
por la marihuana,Ia confesión de su lujuria, fueron
tan móyiles, como las leyes briznas al yiento utilizados para hacer ingresar su figura de poeta
/ y al azar.. maldito en dl repertorio de mitoiogÍas de ia cultura
Tal vezbqo otro cielo la Gloria
nos sonría... colombiana. Conocemos parte esencial del verda-
La vida es clara, undfuaga, y abierta cotl.Lo un dero Porfirio Barba-Jacob a través de sus versos,
/ mar... pero su vida apasionante de andariego nos llena de
Y hay dias en que somos tan curiosidad, y cuando la conocemos en detalle, de
fértiles, tan fértiles,
como en abnl el campo, que tíentbla de pasión; desconcierto, de admiración, de sorpresa. Escribe
bajo el influ1o próvido de espirítualeslluvias, Jorge Luis Borges en su poema «lsidoro Acevedo»
el alma estabrotando florestas de ilusión. -en el cual trata de revivir la memoria de su abuelo
materno-:
Y hay dtas en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;
la noche nos sorprende, con sus proJusas lamparas,
en rútilas moned,as tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plá,cid.os,


/ tan plácidos...
-¡niiLez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafr!-
que un yerso, un trino, un monte, un pdjaro
/ que cru7a,
¡y hastalas propias penas! noshacen sonreíx..

Y hay días en que somos tan lubricos, tan lúbncos,


que nos depara en yanl su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acanciar un seno,
la redondez de un Jruto t"tos yuelye q estremecer.

Y hay días en que somos tanlúgubres, tanlúgubres,


como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
el alma gime entoncesbajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Mahay también ¡ohTierra! un día... un día...


un día en quelevamos anclas para jamas volver;
un dia en que discurren yientos ineluctables...
¡Un dfa en que ya. nadie nos puede retener!
A principios de siglo, de aquella «unión de lo
pavoroso con lo demente» que pregonara Charies
Baudelaire como parte del principio creador, perdu-
raba apenas el mito romántico del bohemio pobre Porfirio BarbaJacob. Caricatura de
y vicioso, que con su actitud insolente y su desdén 0mar Rayo, 1949.
Porfirio Barl¡a-Jacob 281
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Es verdad que lo ignoro todo sobre él


salvo los nontbres de lugar y las fechas
jraudes dc la palabra.

Fraudes de ia palabra son en realidad los vanos


intentos de reconstruir la vida de un hombre a par_
tir del recuento de sus peripecias, pues esta es siem-
pre secreta, insospechable, irreductible. Sin embar_
go, un colombiano, Fernando Vallejo, ha hecho un
esfuerzo enorme y muy fructÍfero por rescatar los
itinerarios del poeta. Vallejo recorrió uno por uno
los lugares que üsitó Barba-Jacob y enrrevisró, a ve-
ces poco antes que murieran, a aquellos que fueron
sus amigos, sus amantes, sus colegas de periodismo.
Gracias a su crónica despiadada y poética tenemos
la semblanza de un hombre contradictorio, cÍnico,
apasionado; el rasgo que ha quedado más podero-
samente grabado en la memoria de quienes lo cono-
cieron es el de su elocuencia. En las tertulias de café
con sus amigos atraÍa siempre a un gnrpo numeroso
de curiosos que escuchaban, embelesados, sus dis-
quisiciones sobre los más diversos temas, salpicadas
de comentarios irreverentes y escandalosos, pues le
gustaba provocar a la gente. Eduardo Avilés RamÍrez
le decÍa -según cuenra Vallejo-:

Usted lleva el cielo y el inferno en lalengua.

El periodista

Fue fundador perenne de periódicos y reüstas y


puso su brillantÍsima pluma al servicio de las más
diversas causas, pues en materia política fue Barba-
Jacob tan cambiante como ürulento. Sus implaca-
bles y estruendosos editoriales contra el gobierno de
Plutarco ElÍas Calles en su periódico Churubusco le Ya sé su.secreto (el del penodismo); lo aprendí po- Autógrafo de Porfirio
valieron su expulsión de México en 1922, de donde cos días después de llegado a Monterrey. Consiste Barba-Jacob con su
partió para Guatemala. AllÍ, después de ejercer con el en escnbir muchos artículos cortos con desenyoltura verdadero nombre y
mismo ügor dos años de periodismo, fue expulsado comedida, opinar sobre todos los temds que uno no pseudónimos más

porJosé MarÍa Orellana, debido a un incendiario dis- conoce, saber ponerse romantico todos los dlas d.e
conocidos. De:0bras
conpletas, lledellín,
curso enJocotenango. La misma suerte correrÍa más distinto modo, profesarle horror a la verdad y urdir
Editorial Montoya, 1962.
tarde en EI Salvador y Peru, paÍs, esre úhimo, donde todos los días pequeñas trampas donde caigan los
Cua de Poesla Silva,
cayó en desgracia con el dictador Augusto LeguÍa, lectores ingenuos, que aún quedan algunos. Bogotd,
luego de haber gozado ampliamente de sus favores.
Pero Barba-Jacob no sólo ejerció el combativo perio-
El seudónimo
dismo polÍtico. También fue el autor del más barato
amarillismo, pues era afecto a Io espectacular, y fue- Main Jiménez, Ricardo Arenales, porfirio Barba-
ron célebres las crónicas que escribió sobre la ocu-
Jacob, fueron algunos de los seudónimos de este
rrencia de lenómenos ultraterrenos en el palacio de hombre flaco, de piel cetrina y mejillas hundidas,
la Nunciatura en México. Virulento, muchas veces cuya fealdad era notable. Es como si el alma ines-
sus artÍculos fueron despiadados ataques a los que table del poeta volüera a nacer con cada nombre
fueron sus benefactores y amigos, como en el caso de
-un amigo suyo se refería a él en la prensa como «el
Rafael Arévalo MarrÍnez, a quien llamó desde un pe- hombre que se suicidó tres veces»- y en cada patria:
riódico colombiano «mÍsera vulpeja con hambre». üüó en La Habana, Ciudad de México, Monterrey,
A pesar de haber dedicado roda su vida al perio- Tegucigalpa, [-a Ceiba, Chihuahua, Managua, El Sal-
dismo, con entera pasión y dedicación, en uno de vador, Nueva York, Lima. Diversas conjeturas existen
sus escritos afirma: sobre el origen del nombre Porfirio Barba-Jacob, con
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ba-Jacob. Las indagaciones de Fernando Vallejo nos


llevan a un texto de Marcelino Menéndez y Pelayo,
quien habla de un apóstata que en 1507 publicó que
Barba-Jacob era el Dios verdadero, y que era el padre
que venÍa a dar testimonio del hijo.

Azares de su obra
Su obra, que no pasa de ciento veinte poemas, per-
maneció publicada sólo fragmentariamente durante
muchos años. En su deambular por el continente
cargó con sus. originales de un lado a otro, publi-
cándolos en cuanto periódico podÍa, con tÍtulos y
dedicatorias diferentes según la ocasión, y muchos
de ellos fueron revisados y pulidos en varias opor-
tunidades, de modo que conservamos varias versio-
nes. La primera publicación corrió por cuenta de
unos amigos suyos guatemaltecos que quisieron
ayudarle en una de sus numerosas crisis de salud;
se tituló Rosas negras, y suscitó la ira del poeta pues
estaba llena de erratas y era una recopilación caóti-
ca e irresponsable de sus poemas. También en vida
se publicaron sus Canciones y elegÍas y La canción
de la vida projunda y otros poemas, edición elaborada
por su amigo Juan Bautista Jaramillo. Después de
su muerte, Ia versión más seria de su obra comple-
ta parece ser la realizada por su biógrafo Fernando
Vallejo, la cual apareció publicada por Procultura
en l9B5: Ios poemas aparecen allÍ en el orden en
que fueron escritos y van acompañados de valiosa
S: información sobre el nombre del lugar y la fecha en
que fueron escritos. Posteriormente apareció Poesía
completa, en una edición de bolsillo basada en Ia de
Vallejo y publicada por Arango Editores y El Áncora
Editores.

El yo poético ante el misterio


A propósito de su libro Rosas negras nos dice Porfi-
rio Barba-|acob:
Aparece en este libro el yo, el odiado Yo.

Es que bajo este modesto pronombre se esconde lo


único que creo t?conocer y, sobre todo, lo único que
me hq intercsado hastahoy.

En efecto, su obra toda tiene el tono romántico


de la confesión personal, a veces exaltado o franca-
mente desgarrado, de modo que el poema cumple
una función calárLica, como 1o ha afirmado Her-
Porfirio Barba-Jacob. el cual habrÍa de perdurar. Opinan algunos que pudo nando Valencia Goelkel en su trabajo «Destino de
Caricatura de Maribona. ser un Secreto homenaje a Porñrio Diaz, el dictador Barba-Jacob».
mexicano, quien siempre admiró y defendió. Ba¡ba-
a En un breve poema aparecido en 1921 y que ha
Jacob aparece como apellido en dos poemas suyos, sido titulado de distintas formas («Momento», en la
«En la muerte de Carmen Barba-Jacob» y en «Los edición de Vallejo; «Corazón», en alguna publica-
desposados de Ia muerte», en cuya primera versión ción en El Tíempo; «Futuro» y «SÍntesis», en otras
uno de los jóvenes descritos se llama Emiliano Bar- ocasiones) el poeta se autodefine:

¡
Porfirit¡ Earl¡a-iacoO ZSS
I

Yo fuerte, yo exaltado, yo anhelante, entonces, formula la estremecida pregunta al infinfto


opreso en la urna del dta, que encontramos en «La hora de tinieblas», de Ra_
engreído en mi corazón fael Pombo, en «¿Qué paisaje?», de Rafael ñúñez, no
ebrio de mífantasía, por artiñcioso menos sentida, y en los estremecidos
y la Eternidad adelante... versos deJosé Asunción Silva:
adelante...
adelante... ¡Estrellas, luc es p e nsativ as!
e strell as, pupil as in ci e r t as !
Porfirio Barba-Jacob resume aquÍ algunos de los ¿Por qué os calláis si estáis yiyas
rasgos que a lo largo de su poesía va a mostrar como y por qué alumbrdis si estdis muertas?
consustanciales a su yo: la vehemencia romántica
Barba-Jacob recoge esre tópico poér.ico y lo recrea
, de su espÍritu, el desasosiego de su corazón, la fuer-
con gran sensibilidad. El poema titulado «Oh, no-
za pasional quelo anima, y que él destacó siemprl che», por ejemplo, comienza con esta hermosa es-
como un valor. Pero también enfrenta el yo fugaz
trofa'-
del hombre, el yo perecedero, a la eternidad, idea
que Io conmoüó siempre. La desmesura de su alma Mi mal es ir a tientas con alma enard.ecida,,
que él elevó a la condición de mito está presente ciego sin lazarillo bajo el azul de enero;
también en «El son del yiento», poema que se cons- mi pena, estar a solas errante en el send,ero;
tituye en una pequeña autobiografÍa en la que el ¡y el peor de mis datns no coñprend.er la vida!
poeta señala algunos de sus rasgos más esenciales. Es uno de sus mejores pbemas, «La estrella de
Están allÍ la fuerza de su pasión: la tarde», el rono pausado, melancólico, le impri-
... me una especial profundidad a su reflexión sobre
soy unafuerza exacerbada
el misterio:
y soy un clamor de abísmo;
Un monte azul, un pójaro viajero,
la contradicción que encontraba entre su yo yla ar-
un roble, unallanura,
monÍa cósmica:
un niño, una canción... Y, sin embargo,
Entre los coros estelares nada sabemos hoy, hermano mí0.
oigo algo mío dísonar;
Es la presencia del misterio en la vida del hom-
su homosexualidad confundida, que jamás asumió bre Io que produce la conciencia en el poeta de que
con sosiego: jamás podrá, con las palabras, apresar la verdadera
esencia de las cosas. De ahí que el poeta se llame
... y, movíend.o alas normas gterra,
alguna vez «Rey del reino vacuo de las ñmas» y en
JuiEvay Jui Addn; «Canción ligera» se lamente:
su errancia, su anhelo de trascendencia, su grito que
Y nosotros, los míseros poetas,
aspira a perdurar en el tiempo:
temblando ante los yértigos d,el mar,
... después un yiento... un yiento... un yiento... yemos la itexpresads maravilla,

¡y en ese yíento mi alando! y tan sólo podemos suspirar.

En la poesÍa de Barba-Jacob el yo suele enfrentar-


se a la naturaleza en actitud contemplativa, y esta, Entre lo satánico y lo celestial
a través de sus seres elementales, Ie revela un orden
secreto: en muchos de sus poemas el poeta se detie- Pero, además, el poeta siente que disuena en medio.
ne conmoüdo ante el silencio de Ia noche, la tarde de la armonÍa universal. Y es que Barba-Jacob asu-
sosegada, el mar, Ias bestias apacibles., el camino mió su atormentada üda, más sórdida en verdad
solitario: que demonÍaca, con una actitud ambigua que osciló
siempre entre el cinismo y la conciencia de culpa.
Sencillez de las bestias sin culpa y sin resabio; VÍctima de los prejuicios generalizados sobre ho-
sencillez de las aguas que apuran su cornente; mosexualidad, Barba-Jacob asumió la propia como
sencíllez de los drboles... ¡todo sencillo y sabio, algo monstruoso que no acababa de entender que
Señor, y todo justo y sobno y reverente! hiciera parte de sÍ mismo. Valencia Goelkel, en el
El corazón rebosante. mencionado ensayo, hace notar al respecto:
La sabidurÍa, nos dice en otro de sus poemas, con- ... yeía
sus aficiones sexuales como algo en cierta
siste en conocer y comprender la naturaleza. pero ajena a sl mismo, como un dato desgraciado
Jorma
irremediablemente algo se nos escapa: nos enfren- que había venido a interJerir en su esencia mascu-
tamos, seducidos y aterrados, al misterio. EI poeta, lina (...) era tlmbién una enfermedad, algo sittnclo

I
284 Gran Enciclopedia de Colombia
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despertar a los ardores de la carne. Barba ha crea-


do una bella imagen alrededor de su «iniciación»
en la adolescencia: «,La dama de los cabellos ar-
dientes», que según carta enviada a Arévalo Mar-
tÍnez es «nuestra señora la voluptuosidad», pero
que según se desprende de su prólogo «La divina
tragedia» y de la crónica «La dama de los cabellos
, íl* ardientes se bebe la vida de sus amantes», seía
,....-, !
la marihuana. Para Valencia Goelkel es el homo-
sexualismo.
tJ La dama de cabellos ardientes:
f.i , {'}
' trdnsmutó para mi todas las cosas,
y amé la soledad, los prohibidos huertos
rT
DE
*
K3 *"
i. .l

LA CANCION
'
y las hazains

Ya
v ergonzosas.

no le abandonará nunca; al ser tocado con

LA sus dedos ardientes el poeta se conüerte en:

VIDA PROFUNDAY
... la lwguera espléndida que inJlama
los tyles de la noche y la ilumina.
Su carne se ilumina con un «r$izo resplan-
dor», esÍremecida por la pasión; pero esta para

OTROs POEMA§ Barba es perniciosa porque üene a romper el


equilibrio de la naturaleza, como en «Pecado
original»:
l. Todo se ajusta alaley: el monte, el do,
el mar profundo en su projunda ciencia
sLL Gspero hertor y su nocturno bño;

¡sólo yo pierdo la inefable esencia


de la vida inocente, porque crio

1937 tLL gusano letal, Concupiscencia!

Barba-Jacob, asqueado, aborrece su pro-


pio placer, que lo conduce al abismo, que
i'¿ 1o hace «caer» en el pecado:
L. (.,., . ,
' "Au'll-;ltÁL .-ttün,
'' t\i'"' "t4 Y deje nri carne, ruinToba
.{,\b" B0GOTA de lúgub res anhelos arrecída,
, se me abandone allogro del deleite,
desnuda enla impudícía de la vida.
¡áAN14l,L,Eb i

. Pero, a \a vez, a partir de cierto mo-


ri mento de su vida, exhibe su homosexua-
ii lidad (o más bien su naturaleza bisexual),
a veces sencillamente como expresión a
el deseo amoroso:
0bra de Porfirio Barba-Jacob editada en Manizales,
lmprenta Departamental, 1937. Pensando estoy... ya, cómo ceñirta
Biblioteca N acíonal, Bogotd. la cabeza encrespada y voluptuosa
de un joven, enla playa deleitosa,
en el terreno de lo mothoso y de lo patológico, y que , cualbesa el mar con sus lenguas el día (...)
erala anor-
en consecuencia, no podia ser superado; ¡Dame tu miel, oh niin de boca perfumada!;
malidady de ahtlavergiienzay el abatimiento.
a veces, como parte de sus vicios, de su naturale-
Algunos poemas de Porfirio poseen una estruc- za maldita, satánica. Barba-Jacob oscila, pues, en
tura que corresponde al proceso de infancia, juven- su poesÍa, del miedo al goce sexual, y sobre todo
tud y madurez. En ellos, el poeta nos muestra cómo homosexual, a la exaltación del placer de la came.
dejar la niñez significa perder Ia inocencia con el Barba-Jacob sublimará sus vicios y, desañante y ex-
Porfirio BarbaJacob 285
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hibicionista, configurará una autoimagen a la vez mozuelos de la grata Cuscatlan -¡oh ambrosía!-
adolorida y perversa. Es muy conocida su hermosa y mozuelos de Honduras,
«Balada de la loca alegrÍa»: donde hay alondras ciegas por las selvas oscuras;

Mi yaso lleno -<l vino del Andhuac- entrad en la danza, en el feliz torbellino:
mi esJuerzo yano -esténl mi pasíón- reíd, jugad al son de mi canción:
soy un perdido -soy un manhuano- la piña y la guandbana aroman el camino
abeber y a danzar al son de mi canción... y un vino de palmeras aduerme el corazón.
Cifrc el tirso oloroso, tairc el jocundo cimbalo. La, Muerte yiene, todo sera polto:
Una bacante loca y un satiro afrentoso ¡polvo de Hidalgo, polvo de Bolívar,
conjuntan en mi sangre sufrenesí amoroso.

Atenas bnlla, piensa y esculpe Praxiteles,


y la gracia encadena con rosas la pasión.

¡Ah de la vida par-va, que no nos da sus mieles


sino con cierto ritmo y en cierta proporción!

Danzad al soplo de Díonisos que embnaga el


corazón...

La Muerte yiene, todo serd polvo


bajo su imperio: ¡polvo de Pencles,
polvo d,e Codro, polvo de Cimón!

Mi yaso lleno
-el vino del Andhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
abeber y a danzar al son de mi canción...

De HispaniaJructuosa, de Galia deleitable,


de Numidia ardorosa, y de tod,ala rosa
delos yientos quebebenlas aguilas romdnas,
venid, puras doncellas y dyidas cortesanas.

Danzad en delitosos, lúbricos episodios,


conlos esclavos nubios, conlos mannos rodios.

Flamínio, de cabellos de amaranto,


busca para Heliogab alo en lcrs termas
varones de placer.. Alzad el cqnto,
reíd, danzad enbaquica alegría,
y haced brotar la sangre que embnaga el corazón.
Ln Muerte yiene , todo serd polvo:
¡polvo de Augusto, polvo de Lucrecio,
polvo de Ovidio, polvo de Nerón!

Mi -el vino del Anahuac-


vaso lleno
mi esJuerzo vano -estéñl mi pasión-
soy un perdido -soy un manhuano-.
abeber y a dqnzar al son de mi canción...

Aldeanas del Cauca con olor de azucena;


montañesas de Antioquia, con dulzor de
colmena; inJantinas de Lima, unciosas
y augurales,
y princesas de México, que es como la alacena ,,¡*lu:¿¿:;j;l,¿:¡¿r;i;i.;IñI

familiar que resguardalos mds dulces panales;


y mozuelos de Cuba,languidos, sensuales, 0bra editada en Bogotá por la Biblioteca
ardorosos, baldíos, Popular de Cultura Colombiana, 1942.
cual fantasmas que cruzan por unos suettos míos; Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá.
286 üran EncÍclopedia de Colonrbia
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polvo en la urna, y rota ya la urna, En ansías de la cumbre que dora un sol fulgente

polvo enla ceguedad del aquilón! ir con fatales pasos hacia el fatal abismo.
Mi vaso lleno -el vino del Anó,huac- Detrás de esta luchi entre 1o celestial y 1o demo-
mi esJuerzo vano -estéril mi pasión- nÍaco, entre la tentación y la culpa, aparcce un [on-
soy un perdido -soy un manhuano- do de nihilismo, de conciencia de la nada:
abeber y a ddnzar al son de mi canción... En nada creo, en nada... Conto noche iracunda
La noche esbella en su entbriaguez de mieles, llena delhuracdn, asl es mi «Nada»
la tierra es grata en su cendal de brumas; la reina.
vivir es dulce, con dulzor de trinos; Una certeza de que el placer es el remedio con el 1

canta el amor, espiganlos donceles, que sueña el hombre curarse de su radical soledad,
' se puebla el mundo, se utdenlos destínos... nacida de la conciencia de su fugacidad, de que es
jugo de las vinas me alívie el corazón!
el
transitorio y cle que finalmente impera la muerte;
¡Que
así se expresa en «Canción de la hora feliz»:
Abeber, a danzar en raudos torbellínos,
vano el esfuerzo, inútilla ilusión... Bien sé que alucinándome conbesos sin ternura
me embñagardn un punto la juv entud y abnl;
El satanismo de Barba-Jacob ha sido considerado
y quehay enlas orgías un gnto de pavura
por algunos crÍticos como un rasgo fundamental de
tras la sénsualidad del goce jurenil.
su lirismo trágico, mientras otros, más escépticos,
lo consideran apenas una coartada desprovista de AsÍ, pües, la incitación al placer que encontra-
autenticidad, una impostura que los lleva a tildar- mos en muchos de los poemas de Barba-Jacob no
1o de farsante o a juzgar su actitud de ingenua o es sino la única posible respuesta al pavor de üür
infantil. Lo cierto es que, tal vez por esa forma de y de morir. Su obra es necesariamente atormentada
vivenciar sus vicios no exenta de culpabilidad, la porque en la lucha entre Eros y tanatos triunfa esta
obra de Barba-Jacob está recorrida por un anhelo última, porque alma angustiada del poeta oculta, fi-
de trascendencia que se va a expresar a través de las nalmente, el anhelo de la muerte misma:
imágenes del üaje, el urelo, 1o luminoso, lo azul. Qué vana es la vida, qué inrltil pulso,
Este último término aparece casi medio centenar de yel verdor edénico y el azul abril...
veces en sus poemas, en ocasiones con el elemental ¡Oh sórdido guía del viaje nocturno:
sentido de üda, dÍa que se prodiga en esplendor de Yo quiero moñr!
luz («bajo el azul de enero», «talle Jertil, con ojos azu-
les»), a veces con el sentido que la palabra azul suele
Evocación de la infancia
tener en los poemas de Rubén DarÍo: lo etéreo, lo
.infinito, lo plácido, Io ideal. En ocasiones, también, Ya en tiempos de madurez Barba-Jacob se vuelca cada
será un término para decir ternura, pureza, silencio vezmás hacia la infancia, tiempo, como ya se dijo,
o infancia. En su poema «El son del viento», en la de la verdadera inocencia, en el que habia sido entre-
estrofa 15, Barba-Jacob crea una imagen que nos va gado al cuidado de sus abuelos, con los cuales viüó
a permitir comprender el sentido de su tensión poé- hasta que tenía 13 años. Resintió siempre Porñrio es-
tica más esencial: te abandono de sus padres, a quienes nunca quiso
(un intento de üvir con ellos en la adolescencia ter-
Mis pies se hincaban en el suelo
minó en fracaso) y sus verdaderos afectos familiares
cual pezuna de Lucit'er algo en mí tendía el vuelo
fueron parula abuela, doña Benedicta, a quien desde
por la y niebla, hacia el rosicler
el exilio evocó muchas veces en cartas al borde del
Planteados quedan aquí los dos polos simbólicos llanto. La infancia en su poesÍa es presentada como
entre los cuales se mueve el alma desgarrada del poe- lo más hermoso que puede haber en la üda de un
ta, que batalla entre cielo e infierno, armonÍa y caos, hombre. Evocada a través del huerto con,sus flores,
santidad y pecado, vida y muerte. El azul la a enca- de olores, de las voces familiares, aparece en ella «[-a
mar en esta dicotomía todo io que signiñca reden- infanta de las maraüllas», una metáfora para todo 1o
ción, salvación, üda. En «Acuarimántima» o «Can- alógico, 1o mágico que encierra esta edad primera:
ción de la soledad», el azul es bálsamo prru dolor; Entre tapiales rotos, la lugubre altamisa:
"1
en «Parábola de los üajeros» es la meta inalcanzable sangrando en sus ruinas mi propio corazón...
en su andar; en «El pensamiento perdido», sinóni- Y en medío.de mi pena, yo siempre me decfa:
mo de infinito, «hambre de azul; melódicanostalg¡a del - ¿D óndee stard I a Inf anta?

edén».El poeta aspira al infinito, trata de elevarse, -¿Cuál infantaT


pero cae, irremediablement€; corno en Oh, noche: -Ia inJanta de las mar avillas...
1r

i
',
Poríiriu ü¡rba-.lacoir | 287

I
I

Barba-Jacob y el modernismo Yo no sabía que la paz profunda


del afecto, los lirios del placer,
Paradójicamente, esta poesÍa de vscación tan sincera la magnolia de luz de la energía,
va a tener el lastre de un lenguaje modemista que re- lleva en sublando seno la mujer.
sulta hoy amanerado y desueto, del cual Barba-Jacob Mi sien rendida etL ese seno blando,
no se libró jamás. Cultismos que resultan forzados, un hombre de yerdad pudiera ser...
alambicamiento formal, barroquismos empalagosos,
¡Pero la vida estó acabando,
versos que se abisman a la cursilerÍa, empañan su y ya no es hora de aprender!
altÍsimo aliento de poeta:
No se crea tampoco que el tono exaltado y ro-
Colurnpia el mar su cauda nacanna mántico de esta poesÍa implica improüsación por
y enustoios reldmpagos de espejos parte de Porfirio Barba-Jacob. Reüsó muchas veces
esplende en bruma de ópalo la carne de la ondina. sus poemas, suprimiendo, añadiendo, puliendo, en
fin, hasta quedar plenamente satisfecho. Así se con-
Clasificado como posmodernista, hay que reco-
ñesa en el prólogo a Rosr¿s negras:
nocer que, como afi.rma Valencia Goelkel, en mu-
chos de sus poemas es tan sólo un «eficaz artesano ... escibía generalmente con grqn dtfcultad: la, ima
del verso». No le falta razónalcrítico cuando afirma tne el'aLLn tormento,las asoncncias me contñstabctn.
que no intentó el poeta la búsqueda de un lenguaje
TÍsico, pobre como [ue, siempre, Barba-Jacob
nuevo y que por tanto perrnaneció al margen de «la
murió en un mÍsero cuarto de alquiler el 14 de ene-
aventura cultural de su época», convirtiéndose en
ro de 1942 en Ciudad de México. AI leer la dra-
«un epígono brillante sin complicaciones del moder-
mática descripción que hace Vallejo de sus últimos
nismo. En efecto, mientras León de Greiff exploraba
momentos recordamos su poema «Futuro»:
todas las métricas, todas las cadencias, las posibili-
dades de lo prosaico y de lo culto, desentendiéndo- Decid cuando yo muers... (¡y el dia esté lejano!)
se de la f.ama y burlándose de sÍ mismo de manera sobethio y desdeñoso, pródigo y tut:bulento,
desenfadada, Barba-Jacob, sin duda más ególatra y en elvital deliquio por siempre insaciado,
grandilocuente, se limita a utílizar en gran parte el erq unallama al yiento...
agotado lenguaje de un modernismo decadente.
Aun asÍ, es tal la fuerza de su aliento lÍrico, que
este poeta que no dejó nunca de ser un provinciano,
a pesar de su aparente cosmopolitismo, logró pro-
ducir algunos de los poemas mas hermosos que se
han escrito en la poesÍa colombiana: «La canción de
Ia üda profunda», «Lamentación de octubre», «EIe-
gÍa de septiembre», «Los desposados de la muerte»,
«Balada de la loca alegrÍa», «La estrella de Ia tarde»
hacen parte ya, y pafa siempre, de la mejor poesÍa
en lengua castellana.

Lamentacíón de Octubre

Yo no sabía que el azul mañana


es ydgo espectro del brumoso ayer;
que ag¡tado por soplos de centunas
el corazón anhela arde4 ard,er.
i Siento su inJlujo, y su latencia, y cuando
I quiere sus luminarias encender
Pero la vida estdllamando,
y yano eshora de aprender
Yo no sabia que tu sol, ternura,
da al cielo de los niños rosiclet
y que, bajo el laurel, elhéroe rudo
algo de niño tíene que tener.
¡Oh, quién pudiera de niñeztemblando,
a un alba de inocencia renacer!
Retrato
Pero la vida está pasando,
de Porfirio
y ya no es hora de aprend,er BarbaJacob
286 288 [nciclnpedia rle Coioinl-.ri¿i
iGran

Vagó, sensual y tnste, por islas de su Aménca, Arurmo, «La moral de la angustia», en:
BpnN.qr- R¡ruÍnpz,

en un pinar de Honduras vigor'ízó el aliento; Porfirio Barba-Jacob, Poemas selectos: Bogotá, Printe¡,
la tierra mexicana.le dio su rebeldía, 1983.
su libertad, sus ímpetus... Bo¡.¡urrr VÉl¡2, Prro¿o, «Porfirio Barba-Jacob: ¿Poeta mal-
Y eraunallama al viento. dito?» en: Ia poesía tiene la palabra. Revista Casa Silya,
# 1,2: Bogotá, enero, l9Bl.
De simas no sondadas subía a las estrellas;
un gran dolor incógnito vibraba por su acento; BoN¡lrrr VÉlez, Prcoeo, «La poesía de Porfirio Barba-Ja-
cob», en: Cuadernos de FilosoJíay Letras,Yol.-ix, Nos. 1-2:
t'ue sabio en sus abismos l ltumilde,
/ humilde,humilde- Bogotá, enero-junio, 1986.
potque no es nada unallamita al yiento... Cu¡enos oe Vrrrucre, BEArRlz, Porfino Barba-lacob. Colec-
cidn Clásicos Colombianos, Vol. B: Bogotá, Procultura,
Y supo cosas lúgubrcs, tanhondas y letales,
1989.
que nunca. huntana líra j amd.s esclareció,
y nadie ha contprendido su trdgico lamento... HorcuÍN, ANonEs, Antología crítica de la poesía colombiana,
Eraunallama al viento y el yiento la apagó. 1874-1974, Vo1. I: Bogotá, Biblioteca del Centenario del
Banco de 1a República, 1974.

Jeneuru-o, JueN Baurrsre: Vida de Porfno Barha-Jacob: Bo-


BibliografÍa gotá, lnstituto Colombiano de Cultura, 1972.

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ternut'a.: Bogotá, Editoriai Minerva, 1957. rio Barba-Jacob>>, en: Thesaurus, tomo XII: Bogotá, 1957.

An¡¡¡co, DaNrrl, «Porflrio Barba-Jacob», prólogo a: Por- Poseoa Mr;Íe, Grru,¡AN, Revísta del Centenano de Porfno
firlo Barba-Jacob, en: El corazón iluminado: Medeliín, Be- Barba-lacob,5 números: Santa Rosa de Osos, abril-agos-
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V¡r-ENcr,n
ballo», en: Porfrrio Barba-J acob, Obras cotnpletas: Medeilín, Mito, 1955-1962. Selecciótt de textos: Bogotá, Instituto
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Benre-Jecor, Ponnmo, Poemas. Recopilación y notas, Fer- Verr-e1o, FrnN¿Noo, Barba Jacob, el mensajero: México, Edi-
nando Vallejo: Bogotá, Procultura, 1985. torial Séptimo CÍrculo, 1984.

Repatriación de los restos de Porfirio BarbaJacob, enero 14 de 1945, en el Cementerio [Jniversal de Medellín, por el embajador en México, Germán
Arciniegas, con el gobernador de Antioquia Germán Medina Ángulo, el director de Educación Ramón Jaramillo Gutiérrez y familiares del escritor.
Fotoyalíd dc Carlos E. Rodrigutz C.