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APOCALIPSIS

Introducción

NATURALEZA DEL LIBRO

El estudio del Apoc. ha sido dominado a menudo por cuatro formas tradicionales de enfocarlo.
El método llamado “pretérito” relaciona al libro exclusivamente con las circunstancias de la
época del autor y descarta su aplicación a hechos posteriores de la historia. El concepto
“futurista”, al contrario, relaciona al libro sólo con la última generación de la historia, cuando
sus profecías serán cumplidas. La interpetación histórica ve al Apoc. como un bosquejo de las
edades entre la encarnación de Cristo y su venida final. El criterio “simbólico” o “poético”
enfatiza el elemento pictórico del libro y se abstiene de hacer aplicaciones específicas de las
profecías a una era determinada; considera que el libro está revelando los principios generales
de la acción de Dios en la historia.
Estos modos de interpretación del Apoc. resultan ser todos insatisfactorios. Nadie podría pensar
en aplicarlos a las obras proféticas del ATAT Antiguo Testamento. Debido a que este libro ha
sido interpetado aisladamente del resto de los libros bíblicos y de otras obras de tipo literario
similar fuera de la Biblia, es que ha sido posible tratarlo de esa forma. La misma introducción al
libro indica que pertenece a tres tipos de obras literarias, o sea lo apocalíptico, lo profético y lo
epistolar (ver los artículos generales correspondientes en este comentario).
1. Lo apocalíptico. La primera palabra del libro es “revelación” (en gr. apocalupsis). El título del
libro en español es una transliteración del gr. Para los lectores actuales tiene un significado
especial e inclusive notas inquietantes. En los tiempos del autor, simplemente significaba la
remoción de una cubierta de algo escondido, o sea el descubrimiento de algo oculto, como
cuando es descubierto un cua dro ( o aun cuando se corre la cortina para dejar ver un escenario
sobre el cual se presentará un drama). El término ha llegado virtualmente a ser técnico para
cierto tipo de escritos, especialmente judíos, que aparecieron durante los dos siglos antes del
nacimiento de Cristo y continuó a lo largo del primer siglo cristiano. Su principal preocupación
era la revelación del propósito de Dios en la historia, especialmente en traer juicio sobre los
malvados de la tierra y su reino sobre los justos. Hay poca duda de que el modelo para estas
obras fue el libro de Daniel. Su estilo fue imitado en ellos y gene ralmente se redactaban en
nombre de algún santo famoso (p. ej.p. ej. Por ejemplo los tres libros adjudicados a Enoc:
Apocalipsis de Abraham, la Asunción de Moisés, Apocalipsis de Elías, o el de Esdras, etc.).
Estos libros usaban libremente símbolos para presentar su mensaje, aunque ninguno de ellos lo
hizo con la amplitud del Apoc. de Juan. Algunos de esos símbolos llegaron a ser aceptados
normalmente, como el monstruo del mar que indica la opresión de los poderes políticos, y que
aparece con varias formas en Dan. 7, en Apoc. 11:7 y en los caps. 13 y 17. El paralelo moderno
más cercano a estas figuras y su uso es la representación de naciones y sus líderes en caricaturas
políticas. Un nuevo hecho característico de los apocalipsis es su frecuente uso de profecías
anteriores, tanto del ATAT Antiguo Testamento como de obras posteriores. Esto no se debía a la
falta de originalidad, sino a la convicción de que la Palabra de Dios aún no estaba
completamente cumplida, por lo cual los autores apocalípticos combinaron oráculos de
profecías previas, las adaptaron y las aplicaron a situaciones de sus propios tiempos. Esto lo
hacía Juan frecuentemente, tanto en nuevos usos de las profecías del ATAT Antiguo Testamento
y su aplicación en una forma totalmente nueva de las profecías de sus contemporáneos (ver p.
ej.p. ej. Por ejemplo caps. 7, 11, 12).
2. Lo profético. La segunda expresión del Apoc. expone una bendición para aquel que lee y para
los que escuchan y cumplen “las palabras de esta profecía”. Por lo tanto, Juan se incluye con los
profetas del ATAT Antiguo Testamento y también del nuevo pacto (cf.cf. Confer (lat.), compare
Ef. 2:20). Generalmente se reconoce que los primeros se dirigieron a sus contemporáneos en
relación con su propia situación, o sea que daban la palabra de Dios para su tiempo. El carácter
único de su ministerio yacía en la forma en que ubicaban a su pueblo en el contexto de los tratos
de Dios con ellos en el pasado y a la luz del propósito de Dios para ellos en el futuro. La profecía
en el NTNT Nuevo Testamento se puede des cribir como las palabras de predicadores guiados
por el Espíritu en favor del mundo, y la iglesia por medio de la cual Dios reveló su propósito
para el mundo y su voluntad para la humanidad. Eso sería una descripción adecuada del Apoc.
Comunica la seguridad de que la oposición de los humanos y de todos los poderes del mal no
pueden frustrar el propósito de Dios para el mundo que él ha hecho y, a la luz de esto, sale el
llamado a la perseverancia en la fe y la obediencia al Señor de parte de su pueblo.
3. Lo epistolar. El párrafo introductorio de Juan es seguido por un típico saludo como el que se
encuentra en las cartas del NTNT Nuevo Testamento: “Juan a las siete iglesias que están en
Asia: Gracia a vosotros y paz … ” Es extraño que en general no se ha reconocido que el Apoc. es
fundamentalmente una “carta” dirigida a las iglesias por las que Juan estaba preocupado y por
las que tenía una responsabilidad especial. Las implicaciones de esto son claras: el libro
realmente estaba dirigido a la situación y necesidades de las iglesias mencionadas en el saludo
como, p. ej.p. ej. Por ejemplo la carta de Pablo a Colosas (que estaba en las proxi midades de las
siete iglesias del Apoc.) o la carta a las iglesias de Galacia (que no estaban muy lejos al oriente de
ellas). Todos los cristianos concuerdan en que las cartas a los Col., los Gál. o a los Rom. llevan la
palabra de Dios al pueblo cristiano en todas las edades siguientes, pero que el mensaje de esas
cartas nos llega más eficazmente cuando captamos que estaban escritas teniendo en mente a las
iglesias a las que estaban dirigidas originalmente. Eso tiene aplicación al Apoc. de Juan del
mismo modo que para el resto de las cartas del NTNT Nuevo Testamento. Sólo cuando
relacionamos su descubrimiento pictórico de la palabra de Dios a la situación de las siete iglesias
del Asia Menor es que podemos entender la revelación para las iglesias de todas las
generaciones, incluyendo la que será última en la historia.

EL MARCO DEL APOCALIPSIS


Es probable que la tradición común en la iglesia de que el libro se escribió hacia el fin del primer
siglo sea la correcta. Entonces el emperador Domiciano estaba comenzando su persecución a la
iglesia. Es improbable que haya estado en acción por un largo tiempo, porque el número de
martirios aún habría sido poco (2:13). Pero el hecho de que Juan hubie ra sido exiliado a una isla
penal refleja el comienzo de una oposición activa a la iglesia cristiana por parte de las
autoridades. Domiciano era más insistente que sus predecesores en la presión de sus exigencias
a su carácter divino; su título favorito era Dominus et Deus noster (“Nuestro Señor y Dios”). En
ninguna parte del Imperio había un apoyo más entusiasta de tal adulación del emperador que
entre los sacerdotes de los santuarios dedicados a su adoración en el Asia romana. Pero ningún
cristiano que reconociera a Jesús como Señor y Dios podía asentir a tal reconocimiento del
emperador. En esa situación, a Juan se le permitió ver cuáles eran los principios en acción y su
resultado en un anticristo que habría de declarar la guerra contra el único grupo del mundo que
podría resistirle hasta la muerte. Sin embargo, el fin habría de ser la victoria del Cristo de Dios
sobre aquella imitación de Satanás, y el reino de este mundo llegando a ser el reino de nuestro
Señor y de su Cristo (11:15). Es en este marco que debe captarse el significado y el mensaje de los
símbolos y las visiones parabólicas.

EL PROPOSITO DEL APOCALIPSIS

Esto fue resumido por E. F. Scott, quien llamó al Apoc. un “llamado de trompeta a la fe”. El libro
fue escrito para fortalecer la fe y el valor de los creyentes en Cristo, contemporáneos de Juan,
para darles fuerza para la batalla contra las fuerzas anticristianas en el mundo y para ayudarles a
dar testimonio del único verdadero Señor y Salvador del mundo. Este fin fue alcanzado
poniendo énfasis en los siguientes temas:
1. La soberanía de Dios en Cristo, en aquel tiempo y en todos los tiempos. Así como Jesús hizo
conocer el advenimiento del reino de Dios en su ministerio, muerte, resurrección y regreso
(Mar. 1:14, 15; 8:31; 10:45; 14:62), ese mismo tema es central en el Apoc. desde el principio
hasta el fin (1:8; 5:5–14; 12:10–12; 19:11–21:5). No debe sorprender ya que el libro no es sino
“¡la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo!” (1:2).
2. La naturaleza satánica de la adulación contemporánea al emperador. En la misma Roma el
reclamo del emperador de que era “Señor y Dios” a veces era motivo de burlas, ¡por supuesto en
privado! En el ámbito de las iglesias a las cuales fue dirigido el Apoc. se tomaba con profunda
seriedad. Que el César exigiera lo que pertenecía sólo a Dios indicaba que “ya está obrando el
misterio de la iniquidad” (2 Tes. 2:7) y que había de alcanzar su clímax en la manifestación del
último anticristo. Aun así, Dios nunca es más soberano que en el frenético reino del anticristo
(13:5).
3. Los inescapables juicios del Señor sobre aquellos que se someten al falso Cristo antes que al
Cristo de Dios. Es significativo que la segunda y tercera series de juicios mesiánicos en este libro
sean una reminiscencia de las plagas sobre el Faraón y los egipcios que resistieron a la palabra
de Dios que vino por medio de Moisés. El Apoc. nos invita a considerar “la bondad y la severidad
de Dios” (Rom. 11:22).
4. El elemento seguro del conflicto entre la iglesia y los poderes de opresión en el mundo en la
manifestación de Cristo y la gloria de su reino. La victoria es segura, porque el diablo es un
enemigo derrotado ya en la muerte y resurrección de Jesús (cf.cf. Confer (lat.), compare Juan
12:31, 32 con Apoc. 12:9–12), lo que anticipa el completamiento definitivo del propósito de Dios
para el bien del mundo que ha creado y redimido (21:9–22:5).

LEYENDO HOY EL APOCALIPSIS


Los cuatro elementos estudiados antes han caracterizado la historia desde el primer siglo de
nuestra era hasta el presente, y sin duda seguirán haciéndolo hasta que el Señor vuelva. Sin
embargo, es significativo que los dos últimos tercios del siglo XX se han caracterizado por dos
fenómenos contrastantes. Por un lado, la más intensa oposición al evangelio y a la iglesia desde
que se escribió el libro del Apoc. y, por el otro, una expansión sin precedentes del evangelio y un
crecimiento de la iglesia. Lo primero ha sido dirigido por los poderes seculares anticristianos,
pretendiendo como suyo propio lo que sólo corresponde a Dios, y produciendo indecibles
sufrimientos en el mundo por medio de la opresión y las guerras; lo segundo avanza
continuamente a menudo a pesar de una cruel oposición, sufrimiento y probreza. El colapso de
mu chos poderes políticos opuestos al evangelio ilustra la realidad de la soberanía de Dios en el
mundo contemporáneo. Los cambiantes modelos de oposición al evangelio y la confusa
situación política de los nuevos y viejos mundos, con un aumento más que una disminución del
sufrimiento de las multitudes, reclama el testimonio cristiano del evangelio del orden de Apoc.
11:3–11; 12:11 y 14:2–7, y fe para creer en el cántico de Moisés y el Cordero (15:3, 4). No es sin
razón que el libro del Apoc. ha sido el libro preferido de los cristianos oprimidos en nuestro
tiempo. El “llamado de la trompeta a la fe” inspira la perseverancia en el reino de Dios, viviendo
en el espíritu de Cristo, sobrellevando la cruz y el poder de su resurrección, en la luz de la
revelación del reino de gloria en su venida.

LA PATERNIDAD LITERARIA DEL APOCALIPSIS

El autor se presenta en la frase inicial del libro como “su [de Dios] siervo Juan”. Se refiere a sí
mismo con frecuencia a lo largo del libro, mayormente como profeta (1:2, 3, 9–11; 10:11; 19:10;
22:8, 9) pero nunca como apóstol. A este respecto difiere señaladamente de Pablo (cf.cf. Confer
(lat.), compare p. ej.p. ej. Por ejemplo Rom. 1:1; 11:13; 1 Cor. 1:1; 2 Cor. 1:1; Gál. 1:1). Desde la
segunda mi tad del siglo II se ha dado por sentado que el cuarto Evangelio, las cartas de Juan y
el Apoc. fueron escritos por una misma persona, o sea Juan el hijo de Zebedeo. Sin embargo, hay
dificultades para dar esto por sentado, tal como se lo reconoció en los primeros tiempos. En el
sigloIII, Dionisio, obispo de Alejandría, se impresionó especialmente por las diferencias en estilo
y lenguaje entre el Apoc. y los demás escritos atribuidos a Juan. Se ha sugerido que estas
diferencias se pueden explicar por las que hay en el tema y la naturaleza del Apoc. y el cuarto
Evangelio, o por la posibilidad de que el Apoc. fuera escrito una generación antes que el
Evangelio (al final del imperio de Nerón), dando así tiempo al autor para mejorar su estilo. Más
plausible es que Juan puede haber escrito el libro en su propio idioma (el arameo) y algún otro
lo tra dujo muy lit.lit. Literalmente al gr., por respeto a su contenido. Si así fuera, las diferencias
lingüísticas perderían su importancia. Por el otro lado, si, como algunos piensan, el profeta Juan
pudo haber pensado en arameo y escrito en gr., las diferencias serían insuperables, porque eso
no habría ocurrido con el autor del Evangelio y las cartas.
Es interesante que los indicios de los Evangelios sinópticos sobre Juan, el hijo de Zebedeo, son
notablemente coherentes con el tipo de persona que pudo haber escrito el Apoc.: él y su
hermano fueron llamados “hijos del trueno” por Jesús (Mar. 3:17); prohibió que alguien que no
era del grupo apostólico hiciera milagros (Luc. 9:49, 50); quiso pedir fuego del cielo sobre los
samaritanos hostiles (Luc. 9:52–54); fue testigo de la transfiguración y la resurrección de Jesús.
La posible existencia de una “escuela de Juan”, de la cual surgieron los libros que fueron
adjudicados al Apóstol, podría ser de ayuda aquí, porque eso explicaría la relación positiva entre
los libros y también sus diferencias. Si no logramos certeza en este asunto, sigue siendo verdad
el hecho de que no hay otro libro de la Bi blia en el cual tenga tan poca importancia la identidad
del autor. El libro no es “la revelación de Juan” sino “la revelación de Jesucristo, que Dios le dio
[a Juan]” (1:1) y su contenido se describe más aun co mo “la palabra de Dios y el testimonio de
Jesucristo” (1:2). La autenticidad de esa afirmación no se establece por el nombre de la persona
que lo escribió sino por la naturaleza de su obra, que en la providencia de Dios llegó a ser la
coronación de las Escrituras.

LA ESTRUCTURA DEL APOCALIPSIS


El libro se abre con un prólogo (1:1–8) que declara su título y destinatarios, seguido por una
visión del Hijo del Hombre, en la cual Juan es comisionado para escribir lo que verá a
continuación y mandar el libro a las siete iglesias de la provincia romana de Asia (1:9–20).
Siguen luego las cartas a las siete iglesias (caps. 2, 3). Una visión de Dios y del Cordero, que
ocupa los caps. 4 y 5, provee la clave pa ra comprender el Apoc., y forma el punto de apoyo de su
estructura en cuanto indica el proceso de los eventos que llevan al reino final de Dios (caps. 6–
19). Prominente entre éstos están tres series de jui cios, presentados bajo las figuras de la
apertura de los siete sellos del libro divino del destino (6:1–8:5), siete trompetas (8:6–11:19) y
siete copas de ira (caps. 15, 16). Parece que estas tres series no se deben considerar como
ocurriendo sucesivamente, sino básicamente como tres presentaciones de un período de juicio,
dado que el último término de cada serie lleva al fin de la historia. El resultado de los juicios
mesiánicos es la caída del imperio impío (“Babilonia”) y el advenimiento de Cristo (caps. 17–19).
El libro llega a su clímax en la visión del reino triunfante de Dios (20:1–22:5) y un epílogo final
(22:6–21).

BOSQUEJO DEL CONTENIDO

1:1-8 Prólogo

1:9-20 Llamado de Juan a profetizar

2:1—3:22 Las cartas a las siete iglesias


2:1-7 La carta a la iglesia en Efeso
2:8-11 La carta a la iglesia en Esmirna
2:12-17 La carta a la iglesia en Pérgamo
2:18-29 La carta a la iglesia en Tiatira
3:1-6 La carta a la iglesia en Sardis
3:7-13 La carta a la iglesia en Filadelfia
3:14-22 La carta a la iglesia en Laodicea

4:1—5:14 Una visión del cielo


4:1-11 El trono en el cielo
5:1-14 El libro y el Cordero

6:1—8:5 Los siete sellos


6:1, 2 El primer sello
6:3, 4 El segundo sello
6:5, 6 El tercer sello
6:7, 8 El cuarto sello
6:9-11 El quinto sello
6:12-17 El sexto sello
7:1-17 Intervalo entre el sexto y el séptimo sellos
8:1-5 El séptimo sello

8:6—11:19 Las siete trompetas


8:6-12 La primera, segunda, tercera y cuarta trompetas
8:13—9:21 La quinta trompeta
10:1—11:14 Intervalo entre la sexta y la séptima trompetas
11:15-19 La séptima trompeta

12:1—14:20 Conflicto entre la iglesia y los poderes del mal


12:1-17 La mujer, el dragón y el libertador
13:1-18 El anticristo y su profeta
14:1-20 Oráculos del reino y del juicio

15:1—16:21 Las siete copas de la ira


15:1-8 Introducción a las copas de juicio
16:1-21 La descripción de las copas de juicio

17:1—19:10 El reinado y la ruina de la ciudad del anticristo


17:1-6 Una visión de Babilonia y su gloria
17:7-18 La interpetación de la visión: la condenación de Babilonia
18:1-24 Una maldición sobre Babilonia
19:1-10 Acción de gracias por los juicios sobre Babilonia

19:11—22:5 La revelación del Cristo y de la ciudad de Dios


19:11-21 El jinete del caballo blanco
20:1-3 La subyugación del dragón
20:4-6 El milenio
20:7-10 La última insurrección del mal
20:11-15 El juicio final
21:1-8 La nueva creación
21:9—22:5 La ciudad de Dios

22:6-21 Epílogo
Comentario

1:1-8 PROLOGO

Así como el prólogo del Evangelio de Juan es como un especie de apertura del libro, anunciando
sus temas principales y colocando al lector en posición para comprender la historia de Jesús, así
el pró logo del Apoc. sirve para un propósito similar. También declara sus principales temas y
aporta un ventajoso punto desde el cual el lector puede entender correctamente la visión que
sigue.
Una revelación puede referirse a un acto de descubrir o a un objeto descubierto, de modo que
aquí la revelación de Jesucristo puede indicar el proceso por el cual el Señor revela los
elementos de la historia o la verdad que ha sido revelada. Lo último ocupará el primer plano de
atención sin excluir lo primero. La revelación ha sido dada a Jesús por Dios, así como en el
Evangelio el Hijo sólo habla lo que el Padre le ha dado (Juan 3:34; 8:26). La mediación de un
ángel está en línea con las visiones de profetas y autores apocalípticos (cf.cf. Confer (lat.),
compare Eze. 8; Dan. 10). El anuncio de Cristo, Dios y un ángel como fuente de la revelación
adjudica una extraordinaria autoridad a la enseñanza del libro. El pensamiento recibe más
énfasis en el v. 2. Apoc. es el testimonio de Juan de la palabra de Dios y del testimonio de
Jesucristo, o sea el mensaje de (desde) Dios y el testimonio de (BJBJ Biblia de Jerusalén, “de
parte de”) Jesucristo.
La bendición del v. 3 es la primera de las siete que aparecen en el libro (ver 14:13; 16:15; 19:9;
20:6; 22:7, 14). Declara la bienaventuranza de aquel que lee Apoc. a una congregación y de
aquellos que lo oyen y que toman en serio su mensaje. (El término heb. que subyace en
bienaventurado tiene el sentido de “¡Qué felicidad la del … !”)
Apoc. se dirige a las siete iglesias que están en Asia (4). La naturaleza epistolar del libro es
subrayada por la bendición invocada sobre las iglesias (4, 5). Pide gracia y paz; la primera era la
bendición característica de la nueva era y la última la del antiguo pacto; ambas juntas
comprenden la salvación del reino de Dios. La bendición es trinitaria, aunque como gran parte
del Apoc. tiene un fondo complejo. El primer elemento refleja el nombre de Dios revelado a
Moisés (Exo. 3:14), pero tal como era interpretado por los judíos contemporáneos. El Tárgum de
Jerusalén sobre Deut. 32:29 amplía el “Yo soy el que soy” como “yo soy el que es, el que era y el
que será”, estableciendo así que Dios es el Señor de las edades. Nuestro texto lo modifica en
forma significativa: Dios no es sólo Señor de las eda des, sino que su naturaleza incluye el hecho
de que él ha de venir a cumplir sus propósitos. Esto lo cumple y lo cumplirá a través de
Jesucristo (la indirecta de la venida del Señor al fin de la era es inequívoca). En este contexto,
los siete Espíritus que están delante de su trono deben ser una indicación del Espíritu Santo;
aquí hay una reminiscencia de Zac. 4:6, 10 (cf.cf. Confer (lat.), compare Apoc. 5:6) y del Espíritu
Santo como Espíritu de las siete iglesias y por ende de toda la iglesia en su conjunto (cf.cf.
Confer (lat.), compare Apoc. 2:7, etc.). La descripción de Jesús en el v. 5 es especialmente
relevante para los creyentes a quienes estaba dirigido el libro originalmente. Jesús era el testigo
supremo para Dios, y murió a causa de tal testimonio (cf.cf. Confer (lat.), compare Mar 14:62,
63; 1 Tim. 6:13 y nótese que el término gr. para testigo ha dado lugar en español al de “mártir”);
el primogénito de entre los muertos indica que por su resurrección Jesús asumió el primer lugar
en el reino de Dios (primogénito=heredero) y lo abrió para toda la humanidad; soberano de los
reyes de la tierra señala su supremacía sobre los gobernantes hostiles de este mundo, cuya
oposición no puede impedir la victoria de su reino.
La doxología de los vv. 5, 6 refleja un tema fundamental del Apoc., o sea el concepto de
redención como un segundo éxodo. El primer éxodo trajo la liberación de Israel de la esclavitud
de Egipto para que pudiera llegar a ser el pueblo de pacto de Dios en Sinaí y el pueblo libre en la
tierra prometida. Su esperanza se resumió en la creencia de que las obras del “primer Redentor”
(Moisés) pudieran ser re petidas por “el segundo Redentor” (el Mesías). Dios hizo que esta
esperanza surgiera por medio de Jesús en su muerte y resurrección y será completada por medio
de su venida futura. El Redentor nos ama —eternamente, pues nos libró de nuestros pecados—
de una vez para siempre y nos constituyó en un reino, sacerdotes para Dios o sea reyes y
sacerdotes al servicio de Dios, haciendo así que se cumpliera el llamado a Israel en el Sinaí (ver
Exo. 19:6 y Apoc. 5:10; 22:5). Jesús adoró, amó, confió y obedeció a Dios su Padre, como deben
hacerlo todos los cristianos. Sin embargo, es sorprendente que nunca se habla de Dios como
Padre de los cre yentes en el Apocalipsis: la relación paternal se reserva sólo para Jesús,
enfatizando de ese modo su relación única con Dios.
El v. 7 ha sido declarado el tema del Apoc. La primera línea de la cláusula hace eco de Dan. 7:13,
el resto surge de Zac. 12:10; la misma relación se hace en Mat. 24:30 (pero no en Mar. 14:62). El
pasaje de Zacarías habla específicamente del lamento de las “tribus” de Israel (“La tierra
lamentará, familia por familia”, 12:12) y de su amargo dolor como el lamento fúnebre por un
primogénito, en consecuencia del cual se abre una fuente para remover todo el pecado y la
impureza (Zac. 12:10–13:1). El hecho de que todas las tribus de la tierra harán lamentación por
él es algo natural, ya que todas están implicadas en la muerte de Cristo a causa del pecado. La
cuestión de si el lamento de toda la humanidad por su pecado contra Cristo significa un
arrepentimiento aceptable a Dios o un remordimiento que llega demasiado tarde, es algo
incierto. 15:3, 4 sugiere que es posible la primera interpretación.
La declaración de que Dios es el Alfa y la Omega (8) es una forma pictórica de afirmar que Dios
es el Señor soberano de todas las edades. Alfa es la primera letra del alfabeto gr. y Omega es la
última, o sea las equivalentes de nuestra A y Z, como si dijera “Yo soy la A y la Z”. Los judíos
acostumbraban usar una forma de hablar equivalente en su propio idioma. Por ejemplo, los
rabinos decían que Adán transgredió la ley “de la A a la Z”, mientras que Abraham la observó
“desde la A hasta la Z”. Eso sugiere que Yo soy el Alfa y la Omega significa: “Yo soy el comienzo y
el fin de la historia y el Señor de todo lo que hay en medio.” Esto se implica de la “traducción” de
la línea siguiente: el Señor Dios … el Todopoderoso mantiene su control sobre el mundo desde el
comienzo hasta el fin de los tiempos, aun cuando los poderes de este mundo re sistan su
voluntad, y ha decidido venir para completar su buen propósito al respecto. (Nótese que el símil
de la A y la Z se aplica a Jesús en 22:13).

1:9-20 LLAMADO DE JUAN A PROFETIZAR

La visión trae a la mente las experiencias de los profetas del ATAT Antiguo Testamento cuando
recibieron su llamamiento a profetizar. Sin embargo, es dudoso que esto signifique el comienzo
del ministerio profético de Juan; había sido confinado a Patmos porque predicaba la palabra de
Dios y el testimonio de Jesús. Más bien, aquella visión era la oportunidad de recibir y escribir el
Apocalipsis. La descripción que hace de sí mismo es la de vuestro hermano y copartícipe en la
tribulación y en el reino y en la perseveracia en Jesús (9) lo cual es significativo; esa fue la suerte
común de la mayoría de los cristianos del primer siglo d. de J.C.d. de J.C. Después de Jesucristo
(cf.cf. Confer (lat.), compare Juan 16:33), y Juan previó la intensificación del sufrimiento y la
perseverancia necesaria a continuación (cf.cf. Confer (lat.), compare caps. 11–13). La tribulación
y el reino son partes del patrón mesiánico (Luc. 24:26); por lo tanto, estar en Jesús es
experimentar desde ya ambos, con una visión de compartir la gloria del reino en el futuro.
Juan estaba en el Espíritu en el día del Señor (10) o sea en estado de éxtasis, no por ser
transportado a ver sucesos del “día del Señor”, sino para recibir la visión del “día que pertenece
al Señor” (como en la frase “cena del Señor”, 1 Cor. 11:20). La expresión el día del Señor
probablemente fue moldeada según el “día del César” (Sebaste) lo que es compa rable. A su vez
imita el hecho del egipcio Tolomeo Euergetes, que designó al 25 de cada mes como “día del rey”
en honor a la fecha de su coronación. Se piensa que el día del César era observado
semanalmente en ciertas áreas. Evidentemente, un cristiano desconocido reclamó el título día
del Señor para celebrar el día en que Jesús, el ungido de Dios como Señor del mundo, se levantó
de la muerte para compartir el trono de Dios.
La lista de la siete iglesias (11) figura en el orden de su aparición en el camino que llevaba de
Efeso al norte a través de Esmirna hasta Pérgamo y luego hacia el sur a través de Tiatira, Sardis,
Filadelfia, Laodicea. C. Hemer sugiere que este itinerario había existido desde los días de Pablo y
concuerda con Sir William Ramsay en que las siete iglesias habían adquirido “especial
importancia como organización y centros de distribución para las iglesias de la zona”. Las
ciudades eran centros tanto administrativos como postales. Se ha considerado que en el tiempo
en que Juan escribía, esta zona tenía la mayor concentración de cristianos en el mundo. Al
dirigirse a estas iglesias Juan no sólo podía alcanzar a otras en el Asia Menor, sino también a las
que estaban desparramadas por el mundo.
Las figuras de los siete candeleros de oro (12) recuerda el candelero de siete brazos en el templo
de Jerusalén (Exo. 25:31; Zac. 4:2), pero el pueblo único de Dios se representa aquí como siete
candeleros en cuyo medio está el Señor resucitado. De ese modo, la iglesia en su conjunto es
representada por cada congregación y cada una disfruta de la comunión con el Redentor.
La descripción del Señor resucitado en los vv. 13–16 es un eco del “Anciano de Días” de Dan. 7:9
y del ángel poderoso en Dan. 10:5, 6. La intención es mostrar que el Señor posee la gloria del
cielo y comparte la imagen de Dios. La expresión uno semejante al Hijo del Hombre lleva
directamente a Dan. 7:13 (más bien que a los Evangelios), donde es alguien a quien se da el reino
del mundo, como representativo tanto de Dios como de su pueblo. El hecho de que usara una
vestidura que le llegaba hasta los pies podría indicar su carácter sacerdotal (el sumo sacerdote
de Israel usaba una túnica de ese tipo; Exo. 28:4); pero como también la usaban personas de
alto rango, no conviene insistir al respecto. Que su cabeza y sus cabellos eran blancos como la
lana blanca es una reminiscencia delibera da de Dan. 7:9, donde Dios se describe de esa manera.
La aplicación a Cristo de los atributos de Dios es un elemento constante en el Apocalipsis. Los
ojos … como llama de fuego (Dan. 10:6) penetran las profundidades del corazón y son adecuados
para alguien que juzga al mundo. La voz … como el estruendo de muchas aguas, en Eze. 43:2
describe la impresionante voz de Dios. La espada aguda de dos filos que sale de su boca es una
nueva alusión al papel del Señor como juez de la humanidad, cuyas palabras tienen un poder
irresistible. Es ese Señor el que sostiene en su mano derecha siete estrellas, o sea las iglesias;
tiene poder no sólo para juzgar el mal, sino también para sostener a quienes son suyos (cf.cf.
Confer (lat.), compare v. 20).
La reacción de Juan a la visión del Señor exaltado es similar a la de todos los que tienen tal
experiencia (cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 6:5; Eze. 1:28; Dan. 7:28). Yo soy el primero y el
último, el que vive es de hecho una exposición de Alfa y Omega en el v. 8 (cf.cf. Confer (lat.),
compare también Isa. 44:6; 48:12), pero se aplica a Cristo a la luz de su muerte y resurrección.
El primero y el último se encarnó, murió y fue levantado, y como aquel que vive tiene poder
sobre la muerte y la esfera de los muertos y de ese modo ha abierto las puertas del reino eterno
para toda la humanidad.
La orden de escribir las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de éstas
(19) se considera generalmente que indica la división en Apoc. A base de este entendimiento las
cosas que has visto se refiere a la visión ya dada; las que son se refiere a las cartas a las iglesias
en los caps. 2 y 3; las que han de ser después de éstas comprende las visiones de los caps. 4–22.
Eso es posible, pe ro no se aplica a los caps. 4, 5, que describen hechos presentes, pasados y
futuros (como lo hace también el cap. 12). Es mejor ver el v. 19 como una orden de escribir todo
el libro, más bien que un análisis del mismo.
La interpretación de las siete estrellas como los ángeles de las siete iglesias ha producido
dificultades. Si ángeles se entiende en un sentido lit.lit. Literalmente se produce la cuestión de
por qué Juan recibió la or den de escribir a ángeles. En cualquier caso, las cartas tienen en vista
las iglesias mismas y los miembros individuales. ¿Son entonces los “ángeles” los líderes de las
iglesias tales como obispos o mensajeros (án gel significa “mensajero” sea celestial o terrenal)?
Eso es posible, pero es excepcional en la literatura apocalíptica que los ángeles simbolicen
hombres, y además las cartas tienen en vista a las iglesias y no a sus líderes. El criterio más
plausible es entender que los ángeles de las iglesias son las iglesias mismas en relación con el
Señor exaltado. Aunque viven en la tierra, su existencia está determinada por estar “en Jesús”
(9) y por ello son sacerdotes y reyes con él. La naturaleza angélica de la iglesia recuerda a los
cristianos que deben cumplir en la tierra su llamado celestial. El propósito de la siete cartas es
ayudarles a cumplirlo.

2:1-3:22 LAS CARTAS A LAS SIETE IGLESIAS


Estas cartas son breves y muy concentradas en su contenido. Nos recuerdan de los breves
oráculos proféticos del ATAT Antiguo Testamento, especialmente los de Amós 1 y 2, que
también son siete en número. Las cartas a las iglesias tienen una estructura casi idéntica.
Comienzan con una descripción de Cristo, tomada de la visión inicial, citando elementos que
tienen especial relevancia para la ubicación de la iglesia; ala banza por los aspectos
recomendables de la misma y luego una crítica de sus faltas. Concluyen con una promesa de
recompensas en la venida de Cristo, generalmente relacionadas con los aspectos de la visión de
la ciudad de Dios al fin del libro.

2:1-7 La carta a la iglesia en Efeso

Efeso fue una de las grandes ciudades del mundo antiguo y considerablemente la mayor en Asia
Menor. Estaba orgullosa de su título de “Guardadora del Templo”, que originalmente se refería
al templo de Artemisa (Diana), pero más tarde incluyó dos templos dedicados a la adoración de
emperadores romanos. El templo de Artemisa era un famoso lugar de refugio para fugutivos,
pero su envanecida “salvación” era objeto de mucho abuso, y la zona alrededor daba a los
criminales un santuario fuera del alcance de la ley, por lo que llegó a ser el cuartel general del
crimen organizado. El interés del populacho en la magia y la superstición se ilustra en Hech.
19:13–20. Pablo fundó la iglesia en Efeso y la hizo centro de la evangelización de la provincia
(Hech. 19:1–10). De acuerdo con una tradición posterior, el apóstol Juan y María, la madre de
Jesús, se establecieron allí. 1 El saludo inicial cita 1:12, 20; el Señor tiene las siete estrellas en su
mano. Esto indica que él mantiene la vida espiritual de las iglesias; camina en medio de los siete
candeleros y de ese modo está presente en todas las iglesias. Pero el poder que sostiene también
es capaz de una remoción judicial; para ello se prepara al oyente con el título del v. 5.
2, 3 Yo conozco tus obras encabeza cada una de las cartas a veces dando aliento (p. ej.p. ej. Por
ejemplo 2:9, 13) y a veces produciendo vergüenza (p. ej.p. ej. Por ejemplo 3:1, 15). Aquí in
troduce un encomio. Las obras de los efesios eran arduo trabajo y … perseverancia; lo primero se
muestra en los esfuerzos para vencer a los falsos maestros, y lo segundo en la persistencia ante
la oposición tanto de los falsos profetas como de otras fuentes. Los malos son aquellos que dicen
ser apóstoles y no lo son. Es probable que se trate de las personas mencionadas en el v. 6 como
“nicolaítas”. Su maldad no se relaciona tanto con su doc trina como con el mal moral que surge
de la doc-trina (sobre los nicolaítas véase en 2:14, 15).
4, 5 El fracaso de los efesios era la perversión de su principal virtud: has dejado tu primer amor.
El llamado al arrepentimiento y a hacer las primeras obras sugiere que el fracaso de estos
cristianos no era primordialmente la pérdida del amor a Dios sino a los demás. Cuando el
rechazo de las prácticas de aquellos que yerran (6) se transforma en odio hacia las personas que
yerran, los cristianos se apartan del amor redentor de Dios en Cristo (cf.cf. Confer (lat.),
compare Juan 3:16) y pervierten la fe. De allí la seria advertencia del v. 5: Vendré pronto a ti
denota una venida en juicio, aun del mismo modo que el Señor vendrá al mundo un día para
eliminar el mal. La remoción del candelero de su lugar puede significar nada menos que el fin
del reconocimiento que Cristo ha hecho de la iglesia como algo propio. Estará tan vacía de Cristo
como el templo de Jerusalén quedó vacío de Dios antes de su destrucción. (cf.cf. Confer (lat.),
compare Eze. 11:22, 23; Mat. 23:38). Así tan grave es el pecado de la falta de amor en una iglesia
cristiana.
7 El mandato el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias aparece en las promesas
a los vencedores en todas las siete cartas. Es improbable que el Espíritu hable sólo con sus
promesas; habla a lo largo de todas las cartas. Parecería que el Señor resucitado se dirige a las
iglesias por medio del Espíritu Santo. Esto está plenamente de acuerdo con la enseñanza de
Jesús en los discursos del apo sento alto en Juan 14–16 (ver especialmente Juan 16:12–15). El
creyente que venza lo logra por medio de la derrota que Cristo ha infringido sobre los poderes
del mal; comparte la victoria del Señor (ver 12:11; Juan 12:31, 32; 16:33). Al que venza le daré de
comer del árbol de la vida que está en medio del paraíso de Dios: El término paraíso es una
palabra persa que denota especialmente un parque rodeado por una pared. Se usó en la
LXXLXX Septuaginta (versión griega del AT) para tradu cir la palabra “jardín” (Edén). En la
literatura judía, “jardín del Edén” y “paraíso”, ambos se usaban igualmente para la morada de
los justos en la vida futura. Por lo tanto, los maestros judíos hablaban del paraíso de Adán, el
paraíso de los benditos en el cielo y el paraíso de los justos en el reino venidero de Dios. Lo que
está en mente en esta promesa es el último significado. Adán y Eva perdieron el acceso al árbol
de la vida y fueron echados del jardín (Gén. 3:22, 23); el creyente que comparte la victoria del
Señor tiene la promesa de que le serán restauradas ambas bendiciones (ver 22:2). En el NTNT
Nuevo Testamento un término frecuente para la cruz de Cristo es “árbol” (especialmente de
labios de Pedro; ver Hech. 5:30; 10:39; 1 Ped. 2:24). El templo de Artemisa estaba construido
sobre un altar hecho con un árbol, y con frecuencia un árbol simbolizaba a Efeso o a su diosa.
Así como los creyentes efesios alguna vez consideraron el árbol de Artemisa como el asiento de
la vida divina e intermediario entre la vida y la naturaleza humana, ahora habían aprendido que
la vida eterna en el paraíso de Dios era suya por medio de la cruz de aquel que murió y resucitó.

2:8-11 La carta a la iglesia en Esmirna

Esmirna era un puerto marítimo y su prosperidad, gracias a esa ubicación, estaba bien
establecida antes de los tiempos cristianos y sigue hasta hoy con el nombre de Ismir. La primera
ciudad con ese nombre fue destruida en el año 600 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo y fue
reconstruida por el sucesor de Alejandro Magno. La imagen del fénix, el ave legendaria que se
levanta de las cenizas de la destrucción, se aplicaba a Esmirna. Este no es el único caso de una
iglesia que reflejaba la historia de la ciudad en la que estaba ubicada. Hay un tema que domina
esta breve carta, el del sufrimiento en la persecución. Eso lleva al saludo del Señor en la frase
inicial: El primero y el último, el que estuvo muerto y vivió, dice estas cosas. Se recuerda a la
iglesia que su Señor es el conquistador de la muerte y ha vencido en favor de ellos. Ocurría que
uno de los más conocidos cristianos de la iglesia primitiva probablemente ya estaba en la
congregación cuando se leyó esta carta. Era Policarpo, que luego llegó a ser obispo de Esmirna y
fue martirizado alrededor del año 160. Cuando en su juicio se le ordenó que maldijera a Cristo,
declaró que lo había servido durante 86 años y sólo había recibido la bendición de él, ¿cómo
podría traicionar a su rey?
9 La tribulación y la probreza de los cristianos de Esmirna posiblemente se debían a las
persecuciones que habían sufrido (al respecto, ver Heb. 10:32–34 y contrastarlo con lo que se
dice a los laodicenses en 3:17). La blasfemia de los judíos de Esmirna es característica de la
amargura judía contra los cristianos de aquella ciudad, y otros autores hacen mención de ella.
Estos judíos habrían aprovechado para informar contra los cristianos. La iglesia de Esmirna más
tarde citó los alegatos de los judíos de que Policarpo resistía a la religión del Estado; hablaron de
él como “el maestro de Asia, el padre de los cristianos, el derribador de nuestros dioses, que
enseña a muchos a no sacrificar ni adorar”. Tales personas ya no merecían tener ese nombre
“judío”, sino que se habían transformado en una sinagoga de Satanás (cf.cf. Confer (lat.),
compare Núm. 16:3, donde dice “la sinagoga del Señor” en la LXXLXX Septuaginta (versión
griega del AT)). El nombre Satanás significa un acusador, blasfemador; este grupo de judíos se
aproximaba a ese carácter. Naturalmente esto no es una indicación del criterio de Juan sobre los
judíos, pues él mismo lo era. Refleja la profundidad de la apostasía a la que se había hundido
esta congregación.
10 El diablo por medio de sus instrumentos enviará a la cárcel a algunos cristianos de Esmira, y
su persecución durará diez días. La prisión no era un lugar de castigo, sino un lugar donde
esperar la sentencia, sea a trabajos forzados en una mina de sal, deportación o muerte. La
persecución será corta, pero bastará para que algunos paguen el sacrificio final. Si era así,
quedaba la seguridad de la corona de la vida de parte del Señor, o sea la rama de laurel para el
vencedor en los juegos, que consistirá (en su aplicación) en la vida en el reino de Dios.
11 El consuelo del vencedor es que jamás recibirá daño de la muerte segunda. Esa es una
expresión judía, que contrasta a la muerte que debemos sufrir todos con el destino de aquellos
que nunca escaparán de su poder, ya sea porque son indignos de la resurrección de la muerte, ya
sea porque sufrirán el juicio en el fin de los tiempos (21:8 significa ser echado al lago de fuego).
Tal condenación significa morir dos veces. Los de Esmirna han de recordar que morir a causa de
la ira humana es poco si se compara con el sufrimiento del juicio de Dios.

2:12-17 La carta a la iglesia en Pérgamo

Durante muchos años hubo rivalidad entre Efeso, Esmirna y Pérgamo sobre cuál era la principal
ciudad de Asia. No había duda en cuanto a que Pérgamo era el centro de la vida religiosa de la
provincia. La ciudad estaba dominada por una gran colina de unos 300 m.m. Metro sobre el
nivel del mar y tenía muchos templos. El más famoso era el de Escu lapio, el dios de la sanidad,
estrechamente asociado con la serpiente, que dio a Pérgamo una reputación similar a la de
Lourdes hoy. Había un gran altar a Zeus construido para conmemorar una notable victoria. Lo
más importante de todo era que Pérgamo tenía el primer templo de la zona dedicado a Augusto
y a Roma, por lo cual se transformó en el centro del culto al emperador en la provincia. Como se
trataba de una afiliación tanto política co mo religiosa creaba problemas especiales para los
cristianos. Los títulos de Señor, Salvador y Dios eran aplicados continuamente al emperador,
algo que los cristianos no podían menos que resistir a la luz de su exclusiva adhesión correcta a
Jesús.
12 El título es un eco de 1:16 y anticipa 2:16.
13 El Señor reconoce a Pérgamo como el lugar donde está el trono de Satanás. Lo más probable
es que esto se relacione con el altar a Zeus, en forma de trono, que era en sí mismo un símbolo
de la idolatría que dominaba en Pérgamo. Pero estos cristianos seguían siendo fieles al nombre
de Jesús, el único Señor, Salvador y Dios encarnado. Es claro que había tenido lugar una
persecución en el lugar, durante la cual había sido ejecutado Antipas, mi testigo fiel, uno de
ellos. Esto pudo ser el primer caso de alguien que fuera testigo (gr. mártir), porque la palabra se
usa para alguien que ha dado su vida a causa de su testimonio de Cristo.
14 Pero la iglesia de esa ciudad tenía a algunos que se adhieren a la doctrina de Balaam, que era
asociada con la doctrina de los nicolaítas. Desde los tiempos más antiguos se ha considerado que
los últimos fueron seguidores de Nicolás de Antioquía, uno de los siete que fueron designados
para ayudar a los apóstoles en Jerusalén (Hech. 6:5). Ambos nombres eran considerados como
teniendo una similitud de significado. Nicolás significa “vencedor del pueblo” y Balaam “el que
ha consumido al pueblo”. El mal que estaba en juego era la persuasión a comer de lo sacrificado
a los ídolos y a cometer inmoralidad sexual. Después que Balaam pronunció sus oráculos de
bendición en vez de maldición sobre Israel (Núm. 22–24), los israelitas cayeron en inmoralidad
sexual con las mujeres moabitas y comieron de sus sacrificios y adoraron sus dioses (Núm. 25:1,
2). En Núm. 31:16 se declara que las mujeres moabitas actuaron por consejo de Balaam. En
Pérgamo, como en otros lugares, habían llegado maestros a las iglesias y habían tratado de
persuadir a los miembros para que actuaran libremen te en cuanto a la verdad reconocida de
que los cristianos no estaban bajo la ley de Moisés. ¡El concepto de una sociedad permisiva por
cierto no es nuevo! Ni tampoco lo son sus daños.
16 El Señor llama a arrepentimiento (o sea a volverse del pecado) porque de otro modo vendrá
pronto y ejecutará el jucio sobre aquellos que enseñan y actúan de esa manera (cf.cf. Confer
(lat.), compare 2:5).
17 La promesa al vencedor es doble: Le daré de comer del maná escondido. Esto está de acuerdo
con la comprensión de la redención como un segundo éxodo. Los judíos lo planteaban así:
“Como el primer redentor hizo descender el maná, así el segundo Redentor también lo hará
descender.” Por supuesto, para el cristiano eso tiene un significado espiritual, similar al del
“agua de vida” (cf.cf. Confer (lat.), compare 22:17). La piedrecita blanca es algo ambiguo, dado
que tenía una variedad de significados y usos en la sociedad antigua. Un individuo que estaba
bajo juicio recibía de los jurados una piedra: una negra significaba que era culpable y una blanca
que era inocente. Si esto estaba en mente, la promesa se relacionaría con la que fue dada a
Esmirna (2:11). Existía la costumbre de que, cuando dos personas querían sellar una amistad,
rompían una piedra en dos y cada una de ellas retenía una parte, lo que le daba acceso a uno a la
casa del otro. Una ampliación de esa costumbre era el uso de una piedra para admisión a una
fiesta; cuando se aplicaba a una asociación que celebraba fiestas regularmente podía ser caro y
restrictivo, algo así como un club cerrado en la actualidad. Hay evidencia de haber dona do a los
vencedores en los juegos una piedra que servía como recompensa y era provista de los fondos
públicos. En cuanto a las posibilidades de interpretación, mucho dependerá de quién era el
nombre nuevo escrito sobre la piedra en cuestión. Si era el de un creyente, entonces la promesa
podría indicar la entrada en una relación distintiva en la nueva vida del reino de Dios. Si era el
nombre de Dios (cf.cf. Confer (lat.), compare 3:12), o de Cristo (cf.cf. Confer (lat.), compare
19:12b), entonces indicaría una relación nueva y oculta con el Señor, quizá con una alusión al
poder inherente en el nombre de Dios. El cristiano participa en el poder del Señor y, de una
manera única sin que otro lo compartiera, en el carácter de Dios.

2:18-29 La carta a la iglesia en Tiatira

Tiatira era una ciudad de artesanos y mercaderes. Recordemos que la primera persona
convertida en Macedonia fue Lidia de Tiatira, una vendedora de púrpura (Hech. 16:14). El
mayor problema para la iglesia fue planteado por los muchos gremios comerciales de la ciudad.
Esto no era común, ya que la administración romana lo desalentaba; pero se cree que Tiatira era
útil a los romanos como fuente de aprovisionamiento para su guarnición en la cercana Pérgamo,
de modo que podía tolerar la existencia de esos gremios. Sin embargo, los cristianos no podían
hacer lo mismo. Los gremios tenían un dios patrono y posiblemente una representación de
Apolo ocupaba ese lugar en Tiatira. Las fiestas de los gremios eran celebradas en un templo y
eran consideradas como momentos religiosos; la carne se ofrecía al dios y los participantes la
compartían; por lo general, se terminaba en una orgía. ¿Cómo podían participar los cristianos de
tales reuniones? La mujer Jezabel tenía la respuesta (20).
El v. 18 es un eco de 1:14b y 15a. Los ojos como llama de fuego lo ven todo. El bronce bruñido era
una aleación común y se producía en Tiatira, aunque sea extraño que el término técnico que se
usa aquí no aparece en ningún lugar de la literatura gr. Su asociación con la representación local
de Apolo y el descubrimiento de monedas en las que aparece sosteniendo la mano del
emperador podía estar en mente en esta introducción, donde el Hijo de Dios se describe como
alguien ataviado con una armadura que brillaba como metal refinado en los hornos de la ciudad.
La obras mencionadas en el v. 19 son significativas para comprender qué es aceptable a Dios y
cuál debe ser la interpretación del juicio de acuerdo a las obras en 20:12–14. Aquí había una
iglesia que estaba creciendo en su servicio a Cristo (tus últimas obras son mejores que las
primeras).
20 Pero la iglesia permitía que una profetisa ejerciera un peligroso ministerio en su seno.
Jezabel es sin duda un nombre simbólico, que recuerda a la reina de Acab, que introdujo la
idolatría en Israel y amenazó la existencia de la continuidad de la verdadera religión (ver 1 Rey.
16:29–32; 2 Rey. 9:22). Algunas fuentes autorizadas tienen una curiosa variante en el v. 20
donde se lee “tu esposa Nezabel”; es improbable que eso sea correcto, pero re fleja la idea de que
la profetisa pudo haber sido la esposa del “ángel” de la iglesia, o sea su obispo. Jezabel pudo
haber sido de la orden de los nicolaítas y haber alentado a los miembros de la iglesia a no tener
escrúpulos para participar en las reuniones de esos gremios y dedicarse libremente a la
inmoralidad sexual y a comer lo sacrificado a los ídolos. Esto es típico de la actitud de ir “más
allá” de la moralidad de los gnósticos libertarios.
21 Ya se ha dado la advertencia a Jezabel para que cese en su destructiva influencia, pero sin
resultado. Por lo tanto, ella y los que le responden serán castigados. El lenguaje de los vv. 22 y
23 es claramente figurado, señalando un castigo adecuado al crimen. Los que con ella adulteran
son los mismos que se mencionan como sus hijos, o sea todo el grupo de sus seguidores será
exterminado y todas las iglesias sabrán por experiencia lo que ya conocen en teoría: que el Señor
escudriña la mente y el corazón y paga de acuerdo con sus hechos.
24 Las cosas profundas de Satanás podría referirse irónicamente a las pretensiones de los
gnósticos de conocer, de manera exclusiva, los secretos profundos de Dios; la respuesta del
Señor a tal pretensión sería la de que sus “secretos profundos” son inspirados por Satanás y no
por Dios. Por otro lado, los nicolaítas pueden haber enseñado que los cristianos no deben dudar
en conocer los “secretos de Satanás”, sino más bien demostrar su superioridad sobre los pecados
de la carne, dado que en cualquier caso no pueden afectar el espíritu que está dentro. Cualquier
interpretación exige un repudio de tales nociones. No os impongo ninguna carga más alude a las
dos principales demandas del concilio apostólico de Hech. 15:28, o sea la abstención de lo
sacrificado a los ídolos y de la inmoralidad. El llamado a la perseverancia en el v. 25 apa rece de
nuevo en 3:11, pero con un agregado significativo.
26, 27 El vencedor se describe como aquel que guarda las obras del Señor hasta el fin. Tal
persona recibirá una delegación de la autoridad de Cristo sobre las naciones y compartirá en su
triunfo sobre los pueblos rebeldes. Los verbos del v. 27, guiará y son quebradas, constituyen un
paralelismo y cualquiera de los términos puede verse como controlando el sentido del otro. Si
bien la mayoría opta por lo segundo (o sea “destruir”), lo primero estaría más de acuerdo con el
contexto: los cristianos de Tiatira, conscientes de su impotencia, reciben la promesa del poder
sobre sus adversarios. (Nótese que el término que aquí se traduce guiará significa lit.lit.
Literalmente “pastorear” y originalmente se refiere al uso de un bastón de pastor y luego de un
cetro (Sal. 45:6), y también como de un instrumento de castigo (Isa. 10:24).
28 Yo le daré la estrella de la mañana debe interpretarse menos en los términos de 22:16, donde
Cristo mismo es la brillante estrella matutina, que por el hecho de que la estrella matutina es
Venus. Para los romanos esa estrella era un símbolo de victoria y soberanía; los generales
romanos construían templos en honor de Venus y los ejércitos del César tenían su signo escrito
en sus estandartes. Si esto es lo que debe tenerse en mente, la promesa agrega fuerzas a las
declaraciones de los vv. 26, 27; el vencedor recibe una doble seguridad de su participación con
Cristo en su triunfo y dominio.

3:1-6 La carta a la iglesia en Sardis

Sardis era una ciudad con un pasado ilustre del cual estaba orgullosa, pero en los tiempos de
Juan tenía menos motivos para vanagloriarse. Como capital del antiguo reino de Lidia, alcanzó
el clímax de su riqueza alrededor de 700 a. de J.C.a. de J.C. Antes de Jesucristo bajo Giges,
conocido por los asirios como Gugu. Los judíos dieron a este rey el nombre de Gog y se lo
consideraba un símbolo de los poderes del mal que se levantarán al fin de los tiempos. Fue
muerto en un ataque sorpresivo de los cimerios. La ciudad se hundió en el olvido después de la
conquista persa, pero recuperó algo de su prestigio cuando, por medio de la ayuda de Tiberio,
fue reconstruida después de un terremoto en 17 d. de J.C.d. de J.C. Después de Jesucristo La
iglesia de Sardis reflejaba la historia de la ciudad; en un tiempo tuvo prestigio por sus logros
espirituales, pero ahora es taba sin vida (1). Otros dos elementos de la vida de la ciudad son
reflejados en la carta. Sardis fue construida en una montaña y tenía una acrópolis que era
considerada inexpugnable. “Capturar la acró polis de Sardis” era entre los griegos un proverbio
para alcanzar lo imposible. Pero la acrópolis fue conquistada no menos de cinco veces, dos de
ellas por falta de vigilancia. El paralelo con la falta de cuidado de la iglesia y su pobre situación
es notable (2, 3). Sardis también era un centro de tejedurías y pretendía ser la primera en el
negocio de lana teñida, lo que también parece reflejado en los vv. 4, 5.
1 El título es un eco de 1:4 y 16. El Señor resucitado posee los siete Espíritus de Dios; a la luz de
las figuras de 1:4 esto parece representar al Espíritu Santo enviado a las siete iglesias. El Espíritu
inspira la profecía y vivifica a los muertos; esta iglesia necesitaba escuchar las advertencias
proféticas y buscar la vivificación de vida del Espíritu. Como en 2:1 las siete estrellas, las iglesias,
están en las manos de Cristo tanto para sostener como para juzgar. No he hallado que tus obras
hayan sido acabadas delante de Dios (2). ¡Pero no se menciona ninguna! La congregación de
Sardis ne cesitaba las cualidades que tenía la iglesia de Tiatira: amor, fe, servicio, perseverancia.
Si tenían alguna de ellas, o algo similar, en verdad estaban esforzándose poco para ponerlas en
práctica. Nada de lo que ellos comenzaron llegó a ser completado. Por ello, la iglesia es llamada
a estar vigilante (cf.cf. Confer (lat.), compare Ef. 5:14) y a reforzar las cosas que quedan o sea
todo aquello que es de Dios en la iglesia y que no ha muerto; también a acordarse de lo que ha
recibido, o sea el evangelio de los apóstoles y su enseñanza sobre la vida cristiana; a guardarlo y
arrepentirse (3) o sea el volverse a Dios como en su conversión. De otro modo, dice el Señor,
vendrá como ladrón. La parábola del ladrón tiene un claro reflejo aquí (Mat. 24:43, 44; cf.cf.
Confer (lat.), compare 1 Tes. 5:2–4), como en Apoc. 16:15. Considerando el uso de este lenguaje
en las cartas a Efeso y Pérgamo (2:5, 16), sin embargo, es probable que se tenga en vista una
venida del Señor para juicio más bien que la posibili dad de que la iglesia padecerá juicio en la
venida del Señor en poder y gloria.
4 Hay unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestidos o sea que han resistido
la tentación al acomodamiento de sus vidas a las costumbres paganas de sus vecinos. De
acuerdo con eso, ellos andarán con el Señor en vestiduras blancas. 5 La misma promesa se
dirige al vencedor (cf.cf. Confer (lat.), compare 19:7, 8). La santidad siempre es un don del Señor
forjado en la vida del redimido. Nótese, además, que el vestirse de blanco se asocia con los
festejos (como en 19:7, 8; cf.cf. Confer (lat.), compare también Ecl. 9:8) y la victoria. Hay un
complejo de ideas relacionado con este cua dro. En cuanto al concepto de ser borrado del libro
de la vida, ver Exo. 32:32, donde la idea es de un registro de ciudadanos. En Dan. 12:1, Luc.
10:20; Fil. 4:3 y en este pasaje simboliza un registro de los ciudadanos del reino de Dios. El
recono cimiento del Señor del vencedor es un eco de Mat. 10:32: “Yo también le confesaré
delante de mi Padre.”

3:7-13 La carta a la iglesia en Filadelfia

Como su vecina Sardis, Filadelfia sufrió por un terremoto y, si bien no fue tan afectada como
aquella en el catastrófico sismo del año 17 d. de J.C.d. de J.C. Después de Jesucristo, los
experimentó con más frecuencia. Sobre este aspecto de la ciudad, Estrabón escribió: “Las
paredes nunca dejaban de quebrarse y las diferentes partes de la ciudad están siempre sufriendo
daño. Por eso, la ciudad ahora tiene pocos habitantes, pero la mayoría vive como campesinos en
los alrededores, ya que allí tienen tierra fértil.” La inseguridad de la vida en Filadelfia se
contrasta en el v. 12 con la promesa de un lugar permanente en la ciudad de Dios, y quienes
vivan en ella no necesitarán buscar un lugar seguro fuera de las murallas. Toda la carta está
dominada por la perspectiva segura y cierta de la vida en el reino de Dios.
7 El Señor resucitado es Santo y Verdadero, como el Padre (6:10), y así se le puede confiar para
guardar su palabra. El tiene la llave de David. En 1:18, como el resucitado, Jesús tiene “las llaves
de la muerte y del Hades”, y así puede abrir las puertas de la muerte que conducen a la vida
eterna; aquí la expresión recuerda Isa. 22:22 donde la autoridad sobre la casa de David significa
y se refiere a la autoridad indisputable del Mesías sobre la entrada al reino de Dios o la exclusión
de él.
8, 9 El símbolo de la puerta abierta a menudo se interpreta a la luz del uso paulino en 1 Cor. 16:9
y 2 Cor. 2:12, o sea la apertura de una posibilidad evangelística. Sin embargo, en este contexto se
refiere a la puerta del reino de Dios. Como en Esmirna, los judíos de esta ciudad son llamados
sinagoga de Satanás; no sólo se habrían opuesto a los cristianos, sino que habrían afirmado que
éstos no tenían lugar en el reino de Dios, puesto que sólo era para los judíos. Por lo contrario, el
Señor del reino ya ha abierto la puerta a sus seguidores y, en el día de su revelación, hará que
estos judíos apóstatas hagan lo que ellos esperaban que los gentiles hicieran por ellos: caerán
delante de los cristianos que despreciaban y reconocerán que son los amados del Mesías (ver
Isa. 60:14).
10 La hora de la prueba que ha de venir sobre todo el mundo habitado no indica el tiempo del
reloj cuando los juicios mesiánicos se hagan sobre la tierra, sino los juicios mismos. Un uso
comparable de hora se ve en la oración de Jesús en Getsemaní, donde representa los horrores de
la crucifixión y todo lo que eso significaba para él (Mar. 14:35; Juan 12:27). La tribulación ha de
probar a todo el mundo habitado. En el Apoc. esta frase se usa habitualmente para los
incrédulos del mundo (ver 6:10; 8:13; 11:10; 13:8, 14; 17:8). La preservación de la iglesia de los
efectos de estos juicios se presenta en varias figuras de los juicios de Dios a lo largo del libro (ver
7:1–8; 11:1; 12:6) y tiene un estrecho paralelo en Juan 17:15.
11 Ahora se introduce una nota de urgencia que vuelve a aparecer en 22:7; 12:20.
12 El conquistador ha de ser una columna en el templo de mi Dios. En 21:22 queda claro que no
hay otro templo fuera de Dios y el Cordero en la ciudad de Dios. La promesa que se da aquí es de
una seguridad de la unidad inseparable con Dios en su reino venidero. Escribiré sobre él el
nombre de mi Dios continúa la metáfora de la columna, ya que la inscripción se menciona como
estando sobre aquélla y no en la frente del vencedor. En 1 Mac. 14:25–27 se cuenta cómo los
hechos de Simón Macabeo se escribieron en tabletas de bronce, que se ubicaron “en un lugar
destacado en el precinto del santuario”, asegurando así un registro permanente de la grandeza
de Simón. Sin embargo, la gloria del vencedor no está en sus hechos sino en que lleva el nombre
de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios y el nombre nuevo de Cristo, o sea en el hecho
de que pertenece a Dios y al Hijo de Dios en su gloria y es un ciudadano de la nueva Jerusalén, el
reino eterno de Dios (21:2).

3:14-22 La carta a la iglesia en Laodicea

Laodicea estaba situada a orillas del río Licio. Su ubicación en la conjunción de tres caminos
imperiales que atravesaban el Asia Menor favorecía su desarrollo como centro comercial y
administrativo de gran riqueza. Tres hechos sobre esa ciudad, conocidos por todo el mundo
romano arrojan luz sobre esta carta: era un centro bancario, recomendado aun por Cicerón para
el cambio de moneda; su ropa fabricada y sus alfombras de lana, hechas especialmente de la
esponjosa lana negra de ovejas criadas localmente; y su escuela de medicina y productos
medicinales, en especial un tratamiento ocular hecho con el polvo de una roca que se encontraba
en la zona. La directa caracterización de la vida espiritual de la iglesia (17) y el llamado a su
arrepentimiento (18) se combinan con esos tres aspectos de las actividades de la ciudad.
14 Como El Amén Jesús es la encarnación de la fidelidad y veracidad de Dios (ver Isa. 65:16). El
uso cristiano de “Amén” agrega el pensamiento de que él también es quien garantiza y ejecuta
los propósitos de Dios. Esa designación es un vívido contraste con la infidelidad de los
laodicenses. El título el origen de la creación de Dios tiene la idea de “la fuente primordial de
toda la creación de Dios”. Es como el “Alfa” en el título “el Alfa y la Omega” (1:8), y quizá aquí
intenta enfatizar la autoridad del Señor y su poder para llevar a cabo el propósito del que él es
garantía y fiel testigo.
15, 16 Los términos frío, caliente y tibio quizá se relacionan con las aguas que había alrededor de
Laodicea. La cercana Hierápolis era famosa por sus fuentes cálidas; Colosas, también muy cerca,
se conoce por un torrente de excelente agua potable fría y clara. Sin embargo, como el río Licio
se secaba en verano, Laodicea tenía que usar un largo viaducto para tener agua, que no sólo era
turbia sino también impura y a veces nociva, que hacía enfermar a la gente. La iglesia de esa
ciudad tenía ese efecto en Cristo, lo que era un vívido y horrible cuadro de juicio. (No se debe
tomar el v. 16 como si dijera que el Señor prefiere a un ateo o un fanático que a un cristiano
tibio. El tema está en la posesión de una genuina vida en Cristo por parte de aquellos que
declaran ser cristianos y no la forma en que la practican.)
17, 18 En una sola cláusula con frases contrastantes (Tú dices … yo te aconsejo), se deja ver la
ironía de la situación laodicense. A pesar de su riqueza es desgraciado y miserable; a pesar de
sus médicos y medicamentos para los ojos es ciego, y a pesar de su abundancia de ropas está
desnudo. Por lo tanto, el Señor los llama a comprar de él lo que les falta (cf.cf. Confer (lat.),
compare 1 Cor. 2:6–16; 2 Cor. 4:1–6).
19 La nauseabunda condición de los laodicenses no ha apagado el amor de Cristo por ellos; sus
acusaciones mordaces son la expresión de un afecto que quiere llevarlos al arrepentimiento
(cf.cf. Confer (lat.), compare Heb. 12:4–11). La bondadosa invitación que sigue en el v. 20 se da
no a toda la iglesia, como si Cristo estuviera fuera de ella (lo que requeriría que dijera: “Si la
iglesia oyera mi voz … iré y comeré con ellos y ellos conmigo”), sino a cada individuo dentro de
ella, que transmite la oferta del Señor resucitado de compatir con cualquiera que abra la puerta
de la comunión, aun en las actividades más comunes de la vida.
21 Así como se ofrece un alto privilegio a estos cristianos indignos, tenemos una promesa mayor
que todas las presentadas antes: así tal como los creyentes invitan a Cristo a morar con ellos en
esta vida transitoria, el Señor invitará a cualquiera que persevere hasta el fin a compartir en las
edades futuras el trono que el Padre le ha dado. El cumplimiento de la promesa es descripto en
20:4–6, el gobierno “milenario” en la historia, y en 22:5, el reino eterno en la nueva creación.

4:1-5:14 UNA VISION DEL CIELO


Esta sección puede verse como un punto de cambio en el Apoc. Permite una comprensión más
completa del Cristo y su salvación que domina los caps. anteriores y los juicios y el reino que son
el tema de los caps. que siguen. Un solo motivo liga la doble visión de los caps. 4 y 5, o sea que el
Dios de la creación es el Dios de la redención que hace cumplir su propósito por medio del
Cristo crucificado y resucitado. El cap. 4 se lee como una de las visiones de Dios en el ATAT
Antiguo Testamento (cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 6; Eze. 1), en las que Dios se presenta
como alguien exaltado en santidad, muy por encima de las tormentas de la historia y los
esfuerzos de los poderes del mal para resistir su voluntad. En el cap. 5 se concentra la atención
en el Cristo que ha vencido a todos los poderes del mal y que por lo mismo ha ganado el derecho
de abrir el rollo del destino de Dios y conocer lo que está escrito en él. Combinando las dos
visiones, se hacía claro que la voluntad de Dios en la creación, celebrada en el himno que
clausura el cap. 4, se logra por el Cordero que fue muerto y exaltado al trono de Dios. Así es
como la historia termina con el reconocimiento y adoración de Dios y el Cordero por los vivos y
los muertos.

4:1-11 El trono en el cielo

El escenario de la visión de Juan se cambia de la tierra al cielo y permanece allí hasta el cap. 10,
después de lo cual el punto de vista se va alternando. Debe notarse que sólo el profeta y no la
iglesia es llamado a pasar a través de la puerta abierta; su elevación en visión es con el propósito
de recibir una revelación, para que pueda comunicar lo que ha visto a los que están en la tierra.
2 Lo primero que captaron los ojos de Juan fue un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el
trono uno sentado. Es de primera importancia saber que el Dios que mora en el cielo posee
absoluta autoridad sobre el universo. 3 No se da descripción alguna de Dios; Juan dice
simplemente que emanan varios colores de piedras preciosas que brillan a través de una extraña
nube en forma de arco iris. Hay alguna incertidumbre sobre los nombres dados a las joyas en el
mundo antiguo: el jaspe era probablemente un diamante (cf.cf. Confer (lat.), compare 21:11), la
cornalina era roja, pero no estamos seguros sobre la esmeralda. Puede indicar cristal de roca que
actúa como un prisma, y en ese caso se recuerda al arco iris después del diluvio, un recordatorio
del pacto de Dios de retener su ira de la humanidad en la tierra (Gén. 9:13). El trono y el arco
iris, la omnipotencia y la misericordia, son símbolos significativos en un libro cuyo tema
dominante es el juicio y el reino de Dios.
4 Los veinticuatro ancianos recuerdan Isa. 24:23, donde los “ancianos” se veían como líderes de
Israel. Estos ancianos a menudo han sido interpretados como representantes de Israel y de la
iglesia (12 patriarcas y 12 apóstoles). En 1 Crón. 24:4, sin embargo, leemos de 24 órdenes
sacerdotales y en 1 Crón. 25:1 de 24 órdenes de levitas señalados para profetizar y alabar con
arpas y címbalos. Puesto que en 5:8 los ancianos presentan las oraciones del pueblo de Dios y en
4:6–11 se los relaciona con los cuatro seres vivientes, es mejor entenderlos como seres
angelicales exaltados, adorando y sirviendo al Creador. 5 Los relámpagos y truenos y voces
recuerdan la teofanía en el Sinaí (Exo. 19:16) y describen el aspecto terrible de Dios. En cuanto a
los siete Espíritus de Dios véase 5:6. 6 No se dice que el mar de vidrio sea un mar lit.lit.
Literalmente, sino que era semejante a ello. Es una adaptación del concepto de las aguas sobre el
firmamento (Gén. 1:7), pero se introduce aquí aparentemente para enfatizar la grandeza de
Dios.
Los cuatro seres vivientes están alrededor del trono. Su descripción se toma de la visión de los
querubines (Eze. 1:5–21) pero está considerablemente modificada. Las principales diferencias
son que en Ezequiel cada uno de los querubines tiene cuatro rostros, mientras que aquí cada uno
tiene uno. Los primeros tienen “ruedas”, llenas de ojos alrededor (soportan el trono de Dios),
pero aquí los mismos seres tienen los ojos. 7, 8 Su adoración incesante rendida a Dios bien
puede representar la sujeción de toda la creación a Dios. Los judíos llegaron a entender de esa
manera la visión de Ezequiel, considerando al hombre como principal representante de los seres
creados; al águila, de las aves; al león, de las bestias y al becerro, del ganado. El simbolismo
antiguo de los cuatro vientos y las cuatro principales constelaciones del Zodíaco por medio de
estas cuatro figuras, si era conocido por Juan, serviría para fortalecer este criterio. La canción de
los querubines implica que el futuro triunfo de Dios está enraizado en su misma naturaleza; el
Señor, que es santo y todopoderoso, ha de venir. 9, 10 La renuncia de los veinticuatro ancianos a
sus coronas pareciera ser la expresión de la adoración dada en ocasiones especiales cuando Dios
“viene” y manifiesta su poder soberano para juzgar y salvar (ver 5:8, 14; 11:15–18; 19:4). 11 Los
ancianos reconocen que el único digno de tener preeminencia en la creación es el Creador. En su
canto que celebra su dignidad dicen que debido a tu voluntad tienen ser y fueron creadas (mejor
que por). Esta es una mirada hacia adelante más bien que hacia atrás; la voluntad de Dios es el
poder último en el universo y su voluntad será realizada. Esta es la lección suprema de las
visiones del Apoc.

5:1-14 El libro y el Cordero

El foco de la visión cambia dramáticamente. Es como si una cámara de televisión en el cielo


enfocara la mano de Dios para mostrar el rollo de un libro que nadie puede abrir. Entonces la
cámara enfoca a alguien que aún no se ha visto: está de pie en el centro del trono y, en virtud de
su “triunfo”, puede tomar y abrir el libro. Cuando lo hace, en todo el cielo se escuchan las
alabanzas. Es probable que tengamos aquí una representación de la coronación de Jesús el
Señor a semejanza de las antiguas ceremonias de entronización en el Medio Oriente. Los pasos
de la ceremonia generalmente son definidos como exaltación, presentación, entronización y
aclamación. El equivalente de la exaltación se ve en el v. 5, la presentación en el v. 6, el
otorgamiento de autoridad en el v. 7 y la aclaración en los vv. 8–14. Así es como el Cristo
Redentor entra a su reino de poder.
1 Se ha especulado mucho sobre la naturaleza del libro en la mano de Dios. Dos de las
sugerencias que se han presentado son especialmente dignas de mención: una, que es un acto de
contrato inscripto por partida doble y la otra que es un testamento. La primera retrotrae a los
tiempos antiguos, cuando los contratos se escribían en tablillas de arcilla, y que tenían en la
parte exterior señalada brevemente la naturaleza del contrato. Cuando se introdujeron el papiro
y el pergamino, se usó fundamentalmente el mismo procedimiento y el documento se sellaba
con siete sellos. Se usaba un procedimiento similar cuando se escribía un testamento pues éste
era sellado por siete testigos, y se abría después de la muerte del testador en presencia de
aquéllos, si era posible. No se da ninguna descripción de su contenido escrito en el exterior, pero
ese aspecto de la visión de Juan podía deberse a un eco consciente de Eze. 2:8–10. En realidad
las dos nociones están estrechamente relacionadas, dado que un contrato es una forma común
de pacto y un testamento es un tipo especial de pacto. En base a esa interpretación el rollo en
manos de Dios representa su promesa de pacto de juicio y reinado para la humanidad.
2, 3 El ángel debe ser poderoso, dado que su voz tenía que llegar hasta los límites del cielo, la
tierra y la esfera de los muertos (debajo de la tierra es el Hades; cf.cf. Confer (lat.), compare Fil.
2:10). 5 El León de la tribu de Judá (cf.cf. Confer (lat.), compare Gén. 49:9), la Raíz de David
(Isa. 11:1, 10) ha vencido por medio de su muerte y resurrección y por eso puede abrir el libro y
sus siete sellos. La redención obrada por Cristo fue el medio por el cual el reino de la salvación
de Dios fue establecido. 6 La descripción del Cordero combina varios usos de esa figura en el
pensamiento heb. Se lo ve como inmolado y, sin embargo, está de pie … en medio del trono, vivo
y victorioso. En el Apoc. el éxodo es el cuadro fundamental de la redención; el Cordero inmolado
es, pues, el cordero pascual. También recuerda al cordero muerto de Isa. 53:7, el Siervo del
Señor, que sufre inocentemente por toda la humanidad. Pero el Cordero tiene siete cuernos, que
significa un inmenso poder (Sal. 75:4–7) y una posición de realeza (Zac. 1:18). Esto asume la
representación apocalíptica contemporánea del Mesías como un poderoso líder (¡el carnero!) del
rebaño de Dios, quien libera a las ovejas, venciendo a las bestias salvajes que tratan de
destruirlas. En Zac. 4:10 es Dios mismo el que tiene siete ojos, lo que simboliza la omnisciencia;
aquí se los identifica con los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra, en armonía con la
enseñanza de Juan 16:7–11. El Mesías de la promesa del ATAT Antiguo Testamento y de la
esperanza apocalíptica aparece así revelado en términos del cumplimiento del nuevo pacto.
8–10 Los querubines y los ancianos cantan un cántico nuevo, porque Jesús ha introducido la
nueva era del reino de Dios por medio de su obra redentora (cf.cf. Confer (lat.), compare Isa.
42:9, 10, que habla del nuevo cántico en un contexto similar). El Señor ha redimido para Dios
gente de toda raza y de toda nación. La figura es la de la liberación de las gentes por un precio.
En el mundo antiguo a veces los esclavos eran liberados por personas generosas que pagaban el
precio; en el mundo moderno ha ocurrido lo mismo con rehenes. El patrón considerado aquí es
el de la liberación de Israel de Egipto para llegar a ser el pueblo libre de Dios en la tierra
prometida. La mayor liberación —la que lleva a la vida eterna en el reino de Dios— se ha
realizado para toda la humanidad al costo de la sangre del Redentor. De ese modo los redimidos
llegan a ser un reino y sacerdotes para nuestro Dios, cumpliendo así la vocación para la cual fue
llamado el antiguo pueblo de Dios (Exo. 19:6). Su reino sobre la tierra será su “servicio” (cf.cf.
Confer (lat.), compare 20:4–6; 22:3).
11–14 Las multitudes angelicales se suman ahora a la canción de alabanza al Cordero (cf.cf.
Confer (lat.), compare Dan. 7:10). La doxología se refiere al poder y bendiciones de Cristo al
comienzo de su reino (11:17) y es muy similar a la que se canta a Dios en 7:12. Toda la creación
en el cielo, la tierra, el mar y la morada de los muertos se une finalmente a la hueste de ángeles y
arcángeles (13). Mientras que la alabanza en el cielo en los vv. 8–12 celebra la iniciación por el
Cordero del reino de la salvación, la adoración universal de Dios y del Cordero espera su
consumación en el futuro. Lo mismo se aplica al himno de Fil. 2:6–11: el Señor ha recibido el
nombre que es sobre todo nombre en su exaltación al trono de Dios; su reconocimiento espera
su manifestación en gloria.

6:1-8:5 LOS SIETE SELLOS


Muchos elementos complejos confluyen para formar el panorama que ahora nos describe el
profeta. La convicción de que el juicio precederá a la venida del reino de Dios está arraigado en
la enseñanza de los profetas del ATAT Antiguo Testamento relativa al día del Señor (ver p. ej.p.
ej. Por ejemplo Isa. 13 y 34; Jer. 4–7; Eze. 7 y 25; Amós 5:18–29; Sof. 1–3). Juan los ha
elaborado y esquematizado de manera única, pero la división de los ayes mesiánicos en siete
juegos de siete bien puede haber sido inspirada por la profecía condenatoria de Lev. 26, donde
se declara cuatro veces “Volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados” (18, 21, 24,
28). El discurso sobre los tiempos del fin en los Evangelios (Mat. 24; Mar. 13; Luc. 21) contiene
los siete juicios enumerados en Apoc. 6, pero la forma de los cuatro juicios iniciales refleja la
visión de las cuatro carrozas y caballos de Zacarías (cf.cf. Confer (lat.), compare Zac. 1:7–17),
adaptada por Juan para dar su mensaje. Notemos que, mientras que la apertura de los sellos
produce juicios, no son sino los precursores del reinado final de Dios. El libro representa el
pacto divino de dar a la humanidad el reino de salvación.

6:1, 2 El primer sello


La orden ¡Ven! se dirige al jinete que aparece en la apertura del sello (lo mismo es verdad en los
vv. 3, 5, 7). Muchos intérpretes consideran que el jinete conquistador es Cristo y relacionan el
pasaje con la visión del Señor que regresa en 19:11, 12. El único elemento en común de los dos
cuadros en realidad es el caballo blanco, un símbolo de victoria. Otros sostienen que el jinete
representa el triunfo del evangelio y citan Mar. 13:10 (2 Tes. 2:7 también se interpreta bajo esta
luz). Sin embargo, en vista de la evidente similitud de los cuatro jinetes, lo más natural parece
ser el interpretar a los cuatro como símbolos de juicio. Este jinete aparece como significando
una fuerza militar de poder abrumador.

6:3, 4 El segundo sello


El jinete del caballo … rojo también señala un poder guerrero. Si se pregunta en qué se
diferencia del primero, el lenguaje sugiere que el primer jinete representa un ejército que invade
a otros países; el segundo, una confusión general de lucha, incluyendo hostilidades entre países
y quizá guerra civil ( … que se matasen unos a otros). Nótese la doble referencia a la guerra en
Mar. 13:7, 8 y paralelos.

6:5, 6 El tercer sello


El jinete sobre el caballo negro muestra el hambre. La balanza en su mano sugiere la escasez de
comida, ya que los precios indicados son prohibitivos. Dios Habla Hoy parafrasea
adecuadamente denario por “salario de un día” (cf.cf. Confer (lat.), compare Mat. 20:1, 2). Una
medida de trigo sería suficiente para la ración diaria de una persona, sin dejar nada por cierto
para su familia. Tres medidas de cebada serían para algo más, pero aun sería una provisión sólo
para la subsistencia. Por otro lado, el mandato de no hacer ningún daño al vino ni al aceite
refleja la preocupación por dar prioridad para tales casos de aquellos que podían permitírselo.
En 92 d. de. J.C. poco antes de haber sido escrito el Apoc., una aguda escasez de cereales, junto
con abundancia de vino en el Imperio obligó a Domiciano a ordenar la restricción del cultivo de
vino y el incremento del grano; la orden creó tal reacción que fue necesario abandonarla. El
texto puede haber tenido esa situación en mente.
6:7, 8 El cuarto sello
El cuarto jinete recibe el nombre de Muerte, pero pareciera que representa un tipo especial de
muerte, o sea la pestilencia. Ezequiel habla de los cuatro duros actos de juicio de Dios: la espada,
el hambre, las bestias feroces y la pestilencia (Eze. 4:21), y la traducción gr. emplea el término
“muerte” para el último (posiblemente Juan hace lo mismo en 2:23 y seguramente en 18:8). Que
el Hades le seguía muy de cerca recuerda que la muerte no termina la historia de la vida; el
juicio espera a los pecadores (cf.cf. Confer (lat.), compare Heb. 9:27, 28).

6:9-11 El quinto sello

Las almas de los mártires estaban debajo del altar porque, por decirlo así, habían sido
“sacrificados” (cf.cf. Confer (lat.), compare Fil 2:17; 2 Tim. 4:6). Se trataba de una idea que los
judíos apreciaban. El rabino Akiba enseñaba: “El que es enterrado en la tierra de Israel es como
si fuera enterrado debajo del altar, porque toda la tierra de Israel es adecuada para el altar y el
que es enterrado debajo del altar es como si fuera enterrado bajo el trono de gloria.” A la luz de
12:17, el testimonio que los mártires tenían es el testimonio de Jesús (ver también 1:2 y 19:10).
10, 11 El vestido blanco que les fue dado es probablemente una representación de su
justificación por medio de Cristo a la luz de la condena de ellos por el mundo, y así una señal y
una prenda de la gloria que les pertenecerá en la “primera resurrección” (20:4–6). Esta visión de
los mártires se considera como una parte integral de los juicios del Señor, pues la oración
pidiendo justicia (10) se concede y por lo mismo el fin se apresura.

6:12-17 El sexto sello

La descripción de las señales cósmicas al fin de los tiempos se toma de una serie de pasajes del
ATAT Antiguo Testamento que hablan del día del Señor (en cuanto a un gran terremoto como
señal del fin, cf.cf. Confer (lat.), compare Eze. 38:19, 20; en cuanto a el sol que se pone negro
como tela de cilicio y a la luna que se pone como sangre, ver Isa. 13:10; Eze. 32:7, 8; Joel 2:10;
3:15; para la caída de las estrellas y el cielo como un pergamino enrollado, ver Isa. 34:4; para la
búsqueda de escondite en las rocas, ver Isa. 2:10; y para la oración a las montañas, ver Ose.
10:8). Estas señales son indicaciones no de que el fin se acercara sino de que había llegado (así
en el v. 17 ha llegado el gran día de su ira). Originalmente eran expresiones pictóricas del terror
del universo ante la majestad del Creador cuando él se adelanta para el juicio y la liberación (ver
especialmente Hab. 3:6–11) por lo cual servían para magnificar lo terrible del Señor en su
teofanía.
15–17 Estos versículos dan una séptupla clasificación de la humanidad, desde los reyes de la
tierra hasta todo esclavo y todo libre. Su clamor en los vv. 16 y 17 es una contraparte del de los
mártires bajo el altar. El último día revela la identidad de aquel que tiene la autoridad final
sobre el universo y el irresistible juicio del Cordero; pero el fin del ejercicio de la autoridad y
juicio de ellos es el triunfo del reino de gracia y gloria (ver 21:1–22:5).

7:1-17 Intervalo entre el sexto y el séptimo sellos

El sexto sello anuncia el fin de la historia con la venida de Dios y del Cordero. Uno queda a la
espera de que se abra ahora el séptimo sello y sea revelado el reino de gloria. Por lo contrario,
Juan relata dos visiones del pueblo de Dios en los últimos días. La primera se relaciona con el
período anterior a los juicios descriptos en el cap. 6; la segunda revela a los redimidos en la
gloria que seguirá. El propósito de Juan es el de asegurar a sus lectores cristianos (¡y a sus
oyentes!; 1:3) que no hay por qué tener temor de los juicios en los últimos tiempos, ya que Dios
les protegerá.
A menudo se piensa que las dos mitades del capítulo se refieren a dos grupos diferentes de
personas, dado que los vv. 1–8 muestran el cuidado de Dios por Israel en los últimos tiempos, o
por lo menos de los judíos cristianos, mientras que los vv. 9–17 describen a los salvados de las
naciones del mundo. Esta es una interpretación dudosa. Si el “sellado” de la primera visión
describe la protección de Dios de los juicios destructores que vienen sobre la tierra, entonces
todo el pueblo de Dios lo necesita y no una parte limitada de ellos (y eso es lo que se hace; ver
9:4). Además, la expresión los siervos de nuestro Dios, que son sellados (3) aparece varias veces
en el Apoc. y regularmente indica a todo el conjunto de los redimidos (ver 2:10; 11:18; 19:2, 5;
22:3, 6). Es probable que Juan haya sido guiado a emplear una profecía que originalmente
estaba dirigida a asegurar a los judíos de la certidumbre de su herencia en el reino de Dios. Lo
aplica a la iglesia como el nuevo Israel, dado que su simbolismo llega allí a su perfecta
realización (para la iglesia como nuevo Israel véase Rom. 2:28, 29; Gál. 3:29; 6:16; Fil. 3:3; 1
Ped. 1:1; 2:9).
1 Después de esto señala una nueva visión; no es una indicación de tiempo en relación con los
hechos que son narrados en el cap. 6, sino que introduce una nueva revelación dada a Juan. Los
cuatro ángeles … que detenían los cuatro vientos de la tierra son un símbolo alternativo de los
cuatro jinetes del capítulo anterior (como en Zac. 6:5). La furia destructora de los vientos
representa toda la manifestación de juicio simbolizada por los sellos, las trompetas y las copas
de ira. 2, 3 El cuadro del sello del Dios viviente se aplica a los siervos de Dios y proviene de la
visión de Ezequiel de un hombre con un equipo de escribir, al que se le dice que atraviese
Jerusalén y ponga una señal en las frentes de los justos para que puedan ser preservados por los
agentes de destrucción (Eze. 9:1–6).
4–8 La enumeración de las tribus una por una sirve para enfatizar lo completo del número de
los santos de Dios por los que cuida durante el juicio venidero. La lista es inusual en varios
aspectos. Judá aparece primero, en vez de Rubén, el primogénito de Jacob (Gén. 29:32; cf.cf.
Confer (lat.), compare Núm. 13:4–15; Deut. 33:6); esto se debe al reconocimiento de que Judá es
la tribu del Mesías. Dan se omite, pero Manasés aparece, aunque éste debiera estar incluido en
José. Ciertamente esto es deliberado. Los maestros judíos asociaban persistentemente a Dan
con la idolatría. En los Testamentos de los Doce Patriarcas, se dice a Dan: “Tu príncipe es
Satanás.” Desde Ireneo en adelante entre los cristianos se afirmó que el nombre de Dan se
omitió porque el anticristo saldría de esa tribu. Por supuesto, éste era el concepto judío, pero en
realidad las descripciones del anticristo en el Apoc. son irreconciliables con esto.
9 La visión de los 144.000 sellados para evitar los efectos del juicio es reemplazada por la de una
gran multitud que nadie podía contar, de pie delante de Dios y del Cordero en la gloria de su
reino. A. M. Farrer consideró que este contraste señala dos temas complementarios de las
Escrituras: por un lado, que Dios conoce el número de sus elegidos y, por el otro, que aquellos
que heredan la bendición de Abraham son sin número como las estrellas. Sus vestiduras blancas
significan pureza y gloria de resurrección y las palmas en sus manos la victoria y la alegría
después de la guerra.
10 La salvación pertenece a nuestro Dios … y al Cordero es un eco del Sal. 3:8 (ver también
Apoc. 19:1). Los vencedores atribuyen su redención a Dios y al Cordero. 12 La alabanza de las
huestes angelicales refleja la de la multitud redimida.
13, 14 La respuesta de Juan a la pregunta de los ancianos implica: “Yo también quisiera saber.”
La gran tribulación de la cual ha salido la multitud no es una designación general de las pruebas
que son la suerte normal de los cristianos, sino la tribulación que tiene lugar al fin de los
tiempos. La visión describe la escena después del cese de los juicios del Señor en la historia, y de
los sufrimientos de los cristianos a manos de los enemigos de Dios, por lo cual tiene en vista a la
última generación. Sin embargo, la declaración de los ancianos en los vv. 14b–17 describe la
bendición de toda la iglesia. La dificultad se alivia si recordamos que Juan profetizaba de un día
que para él está casi en el horizonte; no se le permitió ver el período intermedio antes del fin. La
última persecución puede venir en cualquier momento. Aquellos que se han ido antes, habiendo
dado un buen testimonio, por supuesto están incluidos en esta multitud, pero era superfluo
señalarlo. Lo que está en vista es la iglesia del presente y su situación llena el marco de Juan.
Para nosotros, casi dos milenios después, la iglesia está principalmente en el cielo, pero
podemos saber que todos los creyentes, incluyéndonos a nosotros, estaremos en esa multitud.
Han lavado sus vestidos y los han emblanquecido en la sangre del Cordero (14) es una expresión
simbólica sobre el perdón de los pecados por medio de la fe en el Cristo que murió por todos. La
frase la sangre del Cordero es una forma abreviada para referirse a la muerte de Cristo,
considerada como un sacrificio por los pecados; así las figuras del v. 14 presentan la eficacia de
la redención del Señor en las vidas de su pueblo. Incluye la derrota del pecado en la vida en
virtud del poder de la expiación de Cristo y de ese modo cubre toda la peregrinación de la vida,
así como también el evento de la conversión. Los vv. 16, 17 utilizan un lenguaje tomado de Isa.
29:8 y 49:10: Cristo aplaca la sed de la gente proveyendo en sí mismo el antídoto para su
inquietud, que es la contraparte plena de sus deseos insatisfechos. Las fuentes de agua viva en la
visión final de la ciudad de Dios se convierten en un río de agua viva (22:1, 2), o sea más de lo
que es suficiente para las necesidades de todos.

8:1-5 El séptimo sello


1 Tuvo lugar un silencio en el cielo. A la luz de los vv. 3, 4, es probable que fue así para permitir
que se oyeran las oraciones de los santos. En el Talmud se distinguen siete cielos; en el quinto,
“hay compañías de ángeles ministradores, que emiten canciones de noche y están en silencio de
día por el bien de la gloria de Israel”, o sea que guardan silencio a fin de que las alabanzas de
Israel puedan llegar delante de Dios. Hemos leído en los caps. 4 y 5 de la entusiasta adoración de
las huestes angelicales; aquí el cielo es silenciado a fin de que los clamores pidiendo liberación
de parte de los cristianos sufrientes en la tierra puedan ser oídos. 3, 4 El incienso ofrecido con
las oraciones de todos los santos les hace aceptables delante de Dios. Deben ser limpiados de
toda mancha de egoísmo y pecado. 5 Sus oraciones son contestadas. El fuego que quemó el
incienso se echa a la tierra y llega a ser un medio para el juicio. Siguen los fenómenos que
indican que el Señor viene y el reino de Dios se establece en poder (ver 11:19, acorde con la
séptima trompeta, y 16:18, luego de la séptima copa de ira).

8:6-11:19 LAS SIETE TROMPETAS


Las trompetas tienen muchas asociaciones en el ATAT Antiguo Testamento. Cuando Dios se
manifestó en el Sinaí, un prolongado sonido de trompeta se dejó oír, aterrorizando a la gente
(Exo. 19:16–19). Un toque de trompeta anunciaba el acceso de un rey a su trono (1 Rey. 1:39, 40)
y la celebración del reinado de Dios se señalaba de la misma manera (Sal. 47:5–9). Las
trompetas eran tocadas para anunciar la declaración de guerra (Jue. 3:26–28; 7:19, 20; Neh.
4:18), y el día del Señor había de ser anunciado de esa forma (Joel 2:1; Sof. 1:16). Todos los
festivales de Israel eran anunciados con toques de trompeta (Núm. 10:10); en ellos había una
extraña mezcla de gozo y juicio. Para los rabinos de Israel el día de expiación era el día de juicio.
Caird señala que en la Mishna se declara que Dios juzga al mundo en la Pascua en cuanto al
rendimiento, en Pentecostés en cuanto al fruto y en los Tabernáculos en cuanto a la lluvia, pero
el día 1 de Tishri (el comienzo de la preparación del día de la Expiación) es el día cuando juzgará
a toda la humanidad. Algunos pasajes del NTNT Nuevo Testamento describen la venida de
Cristo en su reino como algo anunciado por una trompeta (Mat. 24:31; 1 Cor. 5:52; 1 Tes. 4:16).
Estas múltiples asociaciones de las trompetas pueden haber sido conocidas por Juan, sobre todo
sus conexiones con el día del Señor y el reino de Dios. Al emplearlos, los juicios anunciados por
las trompetas caen en dos grupos de cuatro y tres (como con los siete sellos). Los primeros
cuatro recuerdan las plagas del éxodo sobre los egipcios; el quinto y el sexto lo hacen con menos
claridad. En 15:3 la venida de Cristo es comparada tácitamente con el éxodo (los redimidos
cantan la canción de Moisés y del Cordero); por lo tanto, es comprensible que la redención final,
el segundo éxodo, sea anuncido por plagas similares como el primer éxodo.
8:6-12 La primera, segunda, tercera y cuarta trompetas

La primera trompeta afecta un tercio de la tierra (cf.cf. Confer (lat.), compare la plaga de granizo
y fuego en Exo. 9:24). Toda la hierba verde fue quemada, o sea en la tercera parte de la tierra
que fue afectada; a las langostas de 9:4 se las prohíbe dañar la hierba de la tierra, que no hubiera
existido si se tratara de un juicio universal.
8 La segunda trompeta afecta un tercio del mar. Como el Nilo se volvió sangre en la primera
plaga en Egipto (Exo. 7:20, 21), así también ocurre con la tercera parte del mar aquí.
10, 11 La tercera trompeta provoca que una tercera parte de las fuentes de las aguas resulten
envenenadas y de ese modo continúa el pensamiento de la plaga anterior (cf.cf. Confer (lat.),
compare 16:3–7). Como la estrella que cae al sonar la quinta trompeta (9:1) es un ser angelical,
es posible que Ajenjo también sea un ángel. En cuanto a las aguas amargas cf.cf. Confer (lat.),
compare Jer. 9:15.
12 La cuarta trompeta oscurece una tercera parte del cielo, de modo que quedó a oscuras el día
durante una tercera parte y también la noche de la misma manera. Una vez más se nos recuerda
la plaga de las tinieblas en Egipto (Exo. 10:21–23), lo que quizá sea la razón por la cual el golpe
de los cuerpos celestiales produce una reducción de su duración más que de la intensidad de su
luz. ¿Es que Juan insinúa que la gente experimentará tinieblas durante el día y tinieblas
intensificadas en la noche debido a sus pecados, pero que el Señor les da luz suficiente de día y
de noche como para que puedan abandonar su tiniebla moral para alcanzar vida a la luz de su
presencia?

8:13-9:21 La quinta trompeta

13 Un águila anuncia ahora por en medio del cielo (para que todo el mundo pueda oír su clamor)
un triple ay a los que moran en la tierra. Los tres ayes corresponden a las tres trompetas que
restan; serán más drásticos que los juicios de la trompeta anterior, dado que no están dirigidos a
los elementos sino a los rebeldes de la humanidad. El cap. 9 describirá los dos primeos ayes,
pero no se describe el tercero, sino sólo su consecuencia en la revelación del reino (11:15–19).
Ese ay es reflejado en 11:18, declarado más explícitamente en 16:17–20, descripto con mayor
detalle en 17:12–18, celebrado en el lamento del cap. 18 y los himnos de 19:1–10 y finalmente
retratado en 19:11–21. La tipología del éxodo es evidente en el primer ay, teniendo un paralelo
con la plaga de las langostas en Egipto (Exo. 10:1–20), pero menos en el segundo, que puede ser
comparado con la matanza de los primogénitos en Egipto, el juicio final de Dios sobre aquella
nación.
9:1 Al sonar la quinta trompeta, una estrella había caído y recibió la llave del pozo del abismo. La
estrella es un ángel; aunque ha caído, sigue siendo un instrumento para cumplir la voluntad de
Dios (la llave del abismo le fue dada por la autoridad de Dios). El abismo representa el caos de
las aguas; en la mitología del antiguo Oriente eran personificadas por un poder del mal que se
oponía a los poderes del cielo y así llegó a denotar la morada de los agentes demoníacos. En
20:1–3 éste es el lugar donde Satanás es arrojado y aprisionado. De modo que aquí la referencia
a la llave indica que todos sus habitantes están firmemente bajo el control de Dios.
2–4 El surgimiento de una nube como el humo de un gran horno sirve para producir la
impresión de una nube de langostas que avanza. La comparación de estas huestes demoníacas
con langostas es un eco de la visión de Joel 2:1–10, donde se dice que los ejércitos de langostas
parecían caballos de guerra corriendo hacia la batalla, haciendo ruido como carrozas, atacando
como poderosos guerreros, oscureciendo los cielos y teniendo garras como leones. Además de
estos hechos, Juan declara que las langostas tenían poder para infligir dolor como escorpiones
(cf.cf. Confer (lat.), compare 9:10). Las langotas normalmente devoran la vegetación y no dañan
a los seres humanos, pero éstas pasaban por alto la vegetación y atacaban a la gente, más
precisamente a los que no tienen el sello de Dios en sus frentes (al contrario, éstos tienen la
señal de la bestia; ver 13:16). Cinco meses es el tiempo normal de vida de una langota (la
primavera y el verano), pero su visitación en cualquier lugar naturalmente será por un tiempo
más limitado.
7–9 La descripción de las langostas recuerda Joel 1:6; 2:4–9, pero es común en las tradiciones
árabes. C. Niebuhr en 1772 relataba la descripción árabe de una langosta: “Comparaba la cabeza
de una langosta con la cabeza de un caballo, su pecho con el de un león, sus pies con los de un
camello, su cuerpo con el de una serpiente, su cola con la de un escorpión y sus antenas con el
cabello de una muchacha.” 11 Su rey es llamado Abadón en heb. y ApolioŒn en gr. El primero en
el ATAT Antiguo Testamento indica las profundidades del Seol y significa “destrucción”. El
segundo es parecido al verbo gr. apollumi, “destruir”, pero bien puede ser una variante de Apolo,
a quien los autores gr. hacen derivar de apollumi. El culto de Apolo, entre otros símbolos, usaba
el de la langosta, y los emperadores Calígula, Nerón y Domiciano pretendían ser encarnaciones
de Apolo. Si esto estaba en la mente de Juan, la ironía de la quinta trompeta es impresionante:
¡la hueste destructora del infierno tiene como rey al emperador romano! (Esto de hecho se pone
como paralelo en 17:16–18.)
13, 14 Cuando suena la sexta trompeta surge una voz que viene de los cuarto cuernos del altar de
oro que estaba delante de Dios. Está relacionada con los clamores de los mártires debajo del
altar en el cielo (6:9, 10) y las oraciones de los santos en la tierra pidiendo liberación (8:4, 5),
aunque debe entenderse que es Dios quien responde a las oraciones de su pueblo. Los cuatro
ángeles que han estado atados junto al gran río Eufrates serán desatados. Este río y el Nilo
forman los límites ideales de la tierra prometida a Israel (Gén. 15:18). También formaban el
límite oriental del Imperio Romano y más allá estaba el imperio de los partos (o persas), el único
poder militar del mundo que había derrotado decisivamente a los ejércitos romanos y a los
cuales Roma había llegado a temer. Los judíos consideraban esa zona como el punto del norte de
donde partían los ejércitos que invadían Palestina (1 Enoc 56:5–8 parece interpretar la profecía
de Gog en Eze. 38 y 39, como algo cumplido por los partos y los medos). Sin embargo, los cuatro
ángeles no mandaban un ejército humano sino una aterrorizadora fuerza demoníaca, que no
invadía la tierra prometida sino el mundo impío. 15 En el programa divino no hay nada
accidental. Ya está fijado el momento preciso de esta invasión. 16 El número de las tropas
montadas es señalado como de dos miríadas de miríadas (doscientos millones, ver nota de la
RVARVA Reina-Valera Actualizada). Este y otros cómputos similares están inspirados por el Sal.
68:17 (la cantidad de carros de Dios cuando bajó del Sinaí) y Dan. 7:10 (el número de ángeles
que acuden a Dios por juicio). El ejército demoníaco llega a servir tan plenamente los planes de
Dios como la compañía angelical.
17–19 La descripción de los caballos y jinetes es aterrorizante, inconcebible y repugnante. Es
extraño que son los caballos los que producen terror y destrucción; los jinetes y los caballos
parecen sumarse en una unidad, pero su poder destructor (con el fuego, el humo y el azufre )
surge de la boca de los caballos. Estos no son seres de la tierra; el fuego y el azufre corresponden
al infierno (19:20; 21:8), así como el humo es característico del abismo (9:2).
20, 21 La plaga no alcanza para producir un efecto salutífero en el mundo que se opone a Dios;
la gente persiste en la idolatría, con sus males derivados, y no descubre que hay lugar para el
arrepentimiento. ¿Cómo hemos de interpretar estas descripciones extraordinarias de los dos
primeros ayes? G. B. Caird sugiere que “hay en ellos una importante afirmación teológica: que
los poderes del mal tienen una inmensa reserva militar, de la cual pueden ser notoriamente
reforzados, de modo que ningún orden terrenal puede estar seguro ante los ataques desde más
allá de la frontera, excepto en la victoria final de Dios. En un mundo en el cual el mal es
virulento y tenaz, no debe esperarse que el programa del evangelio produzca una continua
disminución del poder de Satanás, hasta que éste haya sido reducido a la impotencia, sino más
bien un firme y continuo endurecimiento de la resistencia, lo que lleva inexorablemente a una
gran batalla”.
10:1-11:14 Intervalo entre la sexta y la séptima trompetas

Así como ha insertado un paréntesis entre el sexto y el séptimo sellos, Juan hace lo mismo entre
la sexta y la séptima trompetas. Sin embargo, mientras que el propósito del intervalo anterior
fue el de aportar seguridad de la mano protectora de Dios sobre su pueblo durante los juicios
mesiánicos, ese motivo se menciona apenas brevemente en el pequeño oráculo de 11:1, 2. El
propósito primario de esta interrupción en la historia es muy diferente. Primero, se hace una
solemne declaración de la seguridad y proximidad del fin cuando suena la séptima trompeta (1–
7); segundo, la comisión de profetizar de Juan se reafirma nuevamente y aun se extiende, pues
debe profetizar sobre muchos “pueblos y naciones y lenguas y reyes”; y tercero, la tarea de la
iglesia en el tiempo de la tribulación queda clara en cuanto a que es la de dar testimonio de
Cristo ante quienes se oponen al evangelio (11:3–13). Por primera vez aparece aquí la figura del
anticristo (11:7), y la doble naturaleza de la última tribulación se hace evidente, o sea los juicios
de Dios sobre aquellos que se le oponen y la guerra contra la iglesia por los seguidores del
anticristo. No se da promesa de que haya escapatoria de la última, pero el fin de la historia es la
reivindicación de la iglesia y la conversión de muchos.
10:1–11 La proximidad del fin. 1 El ángel poderoso a veces se identifica con Cristo, pero es
improbable que Juan hable del Señor como de un ángel. El lenguaje de la visión recuerda Dan.
10:5, 6 y 12:7. 2 En vista del v. 11 parece que el librito incluye el resto de las visiones del Apoc. 3
Los siete truenos no son emitidos por el ángel, ya que éstos vinieron luego de su clamor.
Presumiblemente provenían de Dios o de Cristo (como el mandato del v. 4). 4 Se le prohíbe a
Juan que escriba el mensaje de los truenos. Lo que era el mensaje y por qué no fue revelado es
algo que ha intrigado a los exégetas durante muchos años. Quizá eso quiere decir que la
voluntad de Dios es mucho mayor de lo que la profecía puede expresar.
5 El ángel se levanta sobre la tierra y el mar porque su mensaje es de importancia universal. 6, 7
El peso de su declaración está en que ya no habrá más tiempo. El propósito de Dios para la
humanidad, revelado a los profetas, ahora ha de cumplirse; cuando el séptimo ángel hace oír su
trompeta, será consumado el misterio de Dios. El misterio no es una revelación “misteriosa” de
Dios, sino su propósito escondido al mundo incrédulo. Su contenido es revelado y celebrado en
11:15–18.
8–11 Al negársele el derecho de escribir un mensaje, Juan recibe una nueva comisión para
proclamar otros. Esta parte de la visión recuerda Eze. 2:9–3:3. Como en el caso de Ezequiel,
comer el rollo provocó tanto dulzura como amargor, lo que ilustra (seguramente en el Apoc.) la
mezcla de gozo y dolor cuando se reciben y se hacen conocer las bendiciones reveladas y los
juicios de Dios.
11:1, 2 La seguridad de la iglesia. En este breve oráculo el templo de Jerusalén y sus adoradores
son medidos para su protección en el tiempo de la prueba (sobre este simbolismo ver Eze. 40:3,
4 y Amós 7:7–9); el patio exterior de los gentiles y la ciudad son abandonados a la destrucción
por parte de un poder pagano. Es improbable que Juan quisiera que esta “profecía” se
interpretara lit.lit. Literalmente (la ciudad y el templo habían sido destruidos una generación
antes), o que lo enmarcara como un tipo de parábola profética. Más bien, como en el cap. 7,
parece que hubiera adaptado una profecía judía previa; lit.lit. Literalmente ha sido cumplida,
pero espiritualmente aporta la verdad de la seguridad de la iglesia al soportar el sufrimiento. El
mismo procedimiento de adaptación es evidente en la profecía de los vv. 3–13.
1 El templo de Dios y el altar, y a los que en él adoran implican una idea, la de la iglesia (cf.cf.
Confer (lat.), compare 1 Cor. 3:16). 2 Del mismo modo, el atrio de afuera y la ciudad santa en
conjunto representan el mundo fuera de la iglesia. Es una transformación osada, pero el v. 8
implica que la que una vez fue ciudad santa ahora ha llegado a ser pecadora junto con Sodoma,
Egipto, el opresor del pueblo de Dios, y el imperio tiránico que guerrea contra el Mesías. Los
cuarenta y dos meses del v. 2, “1.260 días” de 12:6 y “un tiempo, y tiempos y la mitad de un
tiempo” de 12:14 son expresiones equivalentes de los tres años y medio del gobierno del
anticristo y todo ello deriva de las profecías de Daniel (ver Dan. 7:25; 9:26, 27; 12:7).
11:3–14 La profecía de los dos testigos. Aquí están envueltos principios de interpretación
similares a los de los vv. 1, 2. El ATAT Antiguo Testamento se cierra con una profecía del regreso
de Elías para ministrar al fin de la era (Mal. 4:5, 6). El gran maestro rabínico Johanan ben
Zakkai, contemporáneo del Juan que escribió el Apoc., declaró que Dios dijo a Moisés: “Si
mando al profeta Elías, ambos debéis ir juntos.” Esa identificación se adecua a la descripción de
los testigos descriptos en los vv. 5, 6. ¿Es que Juan quiere que entendamos que Moisés y Elías
han de volver y cumplir el ministerio descripto en este pasaje? No, hay indicaciones de que,
como en los vv. 1, 2, la visión debe interpretarse simbólicamente. En el v. 4 Juan presenta a los
profetas testificadores en los términos de Zac. 4; allí los dos olivos representan al sumo
sacerdote Josué y Zorobabel el gobernador, y el “candelero” es Israel. El candelero único se
convierte en dos para adecuarse a los dos árboles y ellos retratan la iglesia en su capacidad
profética. El candelero ya ha llegado a ser séptuplo para representar a las siete iglesias del Asia
romana (1:12; 2:1); era una simple transición para hacer que se conviertan en dos y así
adecuarse a los dos profetas. Así también, cuando en el v. 7 se afirma que la bestia ataca (mejor
“hace guerra a”, como BJBJ Biblia de Jerusalén y BABA Biblia de las Américas) a los dos testigos
y los mata, y que la gente de los pueblos y de las razas y de las lenguas y de las naciones miran
sus cadáveres y celebran el hecho mandándose regalos entre sí (9, 10), es evidente que un
cuadro original de dos profetas martirizados en Jerusalén ha llegado a ser un símbolo de un
esfuerzo mundial para aplastar la iglesia de Dios. Sin embargo, la celebración es prematura (11,
12).
3 Los testigos visten cilicio porque su mensaje es de juicio, llamando al arrepentimiento, y por lo
tanto es paralelo a 14:6, 7.
5, 6 El extraordinario poder de la iglesia que testifica es planteado en términos que recuerdan a
Elías y Moisés. El fuego destructor recuerda 2 Rey. 1:10, 11; la capacidad de evitar que caiga
lluvia a 1 Rey. 17:1; la transformación de agua en sangre y la agresión a la tierra con toda plaga a
Exo. 7:12.
7 Aquí está la primera mención en el Apoc. de la bestia que sube del abismo. Se habla de ella
como de algo bien conocido, pero las descripciones más completas sobre ella aparecen en los
caps. 13 y 17. Nótese la similitud del lenguaje en 13:7 al describir la guerra de la bestia contra la
iglesia. En cuanto al abismo ver sobre 9:1. 8 La gran ciudad originalmente indicaba a Jerusalén
(cf.cf. Confer (lat.), compare vv. 1, 2 y la cláusula final de esta frase), pero ha llegado a significar
lo que Juan Bunyan llamó “Feria de las Vanidades”. A lo largo del resto del libro la frase se usa
refiriéndose a la ciudad ramera de Roma (16:19; 17:18; 18:10–24). En un notable giro literario,
Juan identifica a Jerusalén con Sodoma, Egipto, la ciudad del anticristo y el mundo que rechazó
y mató al Hijo de Dios.
9, 10 Los judíos y los gentiles se combinan para celebrar su aparente victoria sobre la iglesia. La
negativa de permitir el entierro de un cadáver significa la mayor vergüenza a la cual se puede
sujetar una persona (ver Sal. 79:3). 11 La iglesia es sometida por sus enemigos por tres días y
medio, un juego de palabras deliberado sobre los tres años y medio de la tribulación; sin
embargo, ése es también tiempo del poderoso ministerio de los testigos. En comparación con la
victoria del anticristo, no es victoria alguna. La declaración de que un aliento de vida enviado
por Dios entró en ellos, y se levantaron sobre sus pies cita Eze. 37:10, que se refiere al
avivamiento espiritual de la nación israelita. Por lo tanto, la “resurrección” se debe ver como
algo que significa un despertar tan grande que llenará al mundo de asombro; pero teniendo en
cuenta la enseñanza apostólica sobre la resurrección de los muertos y la transformación de los
vivos (1 Cor. 15:51, 52; 1 Tes. 4:14–18) es más probable que se refiera a la “primera resurrección”
(20:5). Junto con el grave terremoto del v. 13 cf.cf. Confer (lat.), compare 6:12 y 16:18,
implicando ambas cosas la llegada del fin antes de la revelación del reino. 13 El número 7.000
indica adecuadamente un décimo de la población de Jerusalén en el primer siglo a. de J.C.a. de
J.C. Antes de Jesucristo Al hacer que la ciudad represente la ciudad mundial, Juan no tiene
necesidad de alterar su imagen porque “7.000” puede ser interpretado como que significa
cualquier número grande. El hecho de que los sobrevivientes dieron gloria al Dios del cielo
indica que estos hechos evocan el arrepentimiento de parte del populacho que lo había hecho
hasta entonces (cf.cf. Confer (lat.), compare Jos. 7:19).

11:15-19 La séptima trompeta

El sonido de la séptima trompeta tiene el fin de presentar el tercer ay (14), pero en lugar de una
descripción de calamidad, se hace la proclamación de la venida del reino de Dios. La naturaleza
del tercer ay se expone en detalle más adelante (ver nota sobre 8:13).
15 El lenguaje de la proclamación es un eco del Sal. 2:2, pero fraseado de manera especial, dado
que lo que ha llegado es el reino … de nuestro Señor y de su Cristo, como una soberanía
indivisible. El reinará por los siglos de los siglos. ¿Quién es él? ¿Nuestro Señor o su Cristo?
Tenemos aquí un estrecho paralelo con Juan 10:30: “Yo y el Padre una cosa somos.”
17 El habitual atributo de Dios se abrevia significativamente; ya no se dice que ha de venir (cf.cf.
Confer (lat.), compare 1:4), ¡porque ya ha venido! El reino “ha venido a ser” (v. 15), dado que
Dios ha puesto por delante su gran poder para aplastar la rebelión de la humanidad contra su
gobierno soberano, que ha existido a través de las edades. El reino de Dios es esencialmente la
liberación del mal y el don de la vida. El cap. 5 muestra que ha comenzado con la muerte y
resurrección de Jesús y su victoria se celebra en la canción del v. 17. La canción marca una
progresión ordenada de pensamiento que se expone luego en el Apoc. Dios ha comenzado a
reinar, tal como se ve en el reino milenario (20:4–6); las naciones se enfurecieron, levantándose
en rebelión (20:8, 9); ha venido tu ira, manifestada en juicio (20:9); ha llegado el tiempo de
juzgar a los muertos (20:11–15), cuando los santos han de ser recompensados en la ciudad de
Dios (21:9–22:5) y los destructores de la tierra serán echados en el lago de fuego (20:15; 21:8).
19 El templo de Dios que está en el cielo se abre para revelar el arca de su pacto. Su
manifestación en este punto implica que la meta del pacto, que es la promesa del reino, ahora
está por ocurrir. Relámpagos, voces, truenos, un terremoto y una fuerte granizada son el
testimonio de que ha llegado la consumación (cf.cf. Confer (lat.), compare 8:5; 16:17–21).

12:1-14:20 CONFLICTO ENTRE LA IGLESIA Y LOS PODERES DEL MAL


Dado que las siete trompetas siguen a los siete sellos, sería natural dar por sentado que las siete
copas de ira seguirían inmediatamente siendo derramadas, completando así la historia de los
dolores de parto del reino de Dios. Sin embargo, un largo paréntesis es lo que aparece. Es
necesario revelar la naturaleza del conflicto que el Cristo traerá a su fin en su aparición. La lucha
de los cristianos contra la exaltación del emperador de su época como señor y salvador del
mundo se fija en el contexto de un enfrentamiento más terrorífico, en el cual el antiguo
adversario de Dios y su pueblo lucha por todos los medios para torcer el propósito de Dios. De
ese modo, el “paréntesis” se encuentra en el corazón del libro, tanto en significado como en
ubicaci ón. Cubre todo el período mesiánico desde el nacimiento de Cristo hasta la consumación.

12:1-17 La mujer, el dragón y el libertador

No es difícil reconocer la esencia de la historia cristiana en los vv. 1–6, pero de una cosa
podemos estar seguros: ningún cristiano debe resumir el evangelio de Cristo de esta manera,
omitiendo toda referencia a la vida y muerte de Cristo. Sin embargo, existen muchos relatos
similares en el mundo antiguo sobre el conflicto entre los poderes del cielo y del infierno. El
ciclo ugarítico sobre Baal habla de la batalla de Baal, el dios de las tormentas, con Yam, el
príncipe del mar. Los babilonios hablan de que Marduc mató a Tiamat, el monstruo de siete
cabezas en las profundidades (la madre de Maduc se describe en forma similar a la mujer de 12:1
y se dice que Tiamat, al luchar contra el cielo, hizo caer un tercio de las estrellas). Los persas
hablaban del hijo de Ahura luchando contra Azhi Dahaka, el dragón del mal. Los egipcios
relataban cómo la diosa Hator (Isis, esposa de Osiris) huyó del dragón rojo Tifón a una isla; éste
fue vencido por su hijo Horus y finalmente destruido por el fuego. Los griegos tenían una
historia similar en el nacimiento de Apolo de la diosa Leto, que fue perseguida por el gran
dragón Pitón, porque éste oyó que su vástago lo mataría. Leto se escondió debajo del mar y el
recién nacido Apolo inmediatamente alcanzó la madurez y mató al dragón. Otras variantes y
adiciones a la historia eran comunes en el Medio Oriente y algunos judíos veían en ellas notables
paralelos con la promesa del Mesías. Un desconocido autor apocalíptico retomó la saga y la
adaptó a la esperanza judía agregando en el v. 5 la referencia al hijo varón que ha de gobernar
todas las naciones (cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 2:9), y la derrota del dragón por medio de
Miguel, el ángel guardián y protector de Israel (cf.cf. Confer (lat.), compare Dan. 12:1; hay un
notable paralelo a los vv. 1–6 en uno de los himnos de acción de gracias de Qumrán). Pareciera
que Juan fue llevado a presentar el cumplimiento de estas expresiones de las creencias paganas
y la promesa del ATAT Antiguo Testamento en el Cristo del evangelio por medio de la simple
adición de los vv. 10, 11, transformando así la historia en una proclamación de la victoria del
Señor crucificado y resucitado sobre los poderes del pecado y de la muerte.
1, 2 Las personas religiosas del mundo antiguo podían contemplar en una parturienta a una
diosa coronada con doce estrellas como el zodíaco; un judío la habría entendido como la Madre
Sion (ver. Isa. 26:16–27:1; 49:14–25; 57:1–8; 66:7–9), pero para Juan representaba la “Madre”
de la comunidad mesiánica, el creyente pueblo de Dios en el viejo y el nuevo pactos. 3 El gran
dragón rojo se identifica con Satanás en el v. 9. Es el anticristo del mundo espiritual, así como su
agente la “bestia” (13:1) es el anticristo de la tierra. 4 Su cola arrastraba la tercera parte de las
estrellas del cielo lo que muestra una victoria del demonio sobre los poderes angelicales, pero
para Juan habrá sido simplemente una alusión pictórica al terrible poder del dragón. 5 La
afirmación del destino del hijo para guiar todas las naciones (cf.cf. Confer (lat.), compare Sal.
2:9) explica el deseo del dragón de devorarlo, pues considera que aquéllas son su legítima presa.
Mientras que el arrebatamiento del niño ante Dios y su trono era originalmente para su
seguridad, la escena es suficientemente similar a la ascención victoriosa de Cristo como para
aplicársela en ese sentido en este pasaje. 6 El pueblo de Dios está seguro de las acechanzas del
demonio durante el período del reino del anticristo; esto concuerda con la enseñanza de 7:1–7 y
11:1, 2.
7–9 La guerra en el cielo puede haber significado originalmente un intento de atacar el refugio
del niño Redentor. El protagonista celestial es el arcángel Miguel que lleva a las huestes de Dios
a derrotar al demonio y su ejército diabólico. Pero la significativa adición del v. 11 transforma el
cuadro. El verdadero medio de la derrota del dragón era la obra expiatoria de Cristo; su pueblo
comparte la victoria cuando confiesa su fe en el evangelio y da testimonio de él por medio de su
palabra y sus hechos. La victoria angelical llega a ser una figura de la victoria de Cristo y sus
seguidores.
La canción de los vv. 10, 11 expresa con otras palabras las canciones del cap. 5 que celebran la
victoria del Cordero por medio de su muerte en sacrificio y su resurrección. Así es también en el
extraordinario paralelo de Juan 12:31, 32, el precipitar a Satanás es el resultado de que Cristo
fuera “levantado” en la cruz y por ende al trono de Dios. Las figuras del v. 9, como lo declara el v.
10, indican que Satanás ya no puede acusar falsamente a los santos delante de Dios (ver Job 1 y
Zac. 3), dado que Cristo ha asegurado su liberación y los ha reconciliado con Dios por medio de
su redención.
13 Ahora el dragón dirige su atención a la mujer, o sea la iglesia, después de fracasar en vencer a
su Señor (cf.cf. Confer (lat.), compare Juan 15:20). 14–16 Dentro del simbolismo de esta
historia, la serpiente dragón es un monstruo marino, de modo que estar en el desierto es estar
fuera de su alcance.
El paralelo con Exo. 19:4 sugiere el motivo del segundo éxodo: así como el Señor libró a Israel
del tiránico Faraón, cuidó de ellos en el desierto y los guió a la tierra prometida, ahora hará lo
mismo para todo su pueblo en la tribulación que lleva al reino final. 15, 16 La serpiente envía
una inundación detrás de la mujer, pero la tierra la absorbe y no puede hacer nada más. El
cuadro ilustra la seguridad espiritual de los creyentes en relación con todo lo que Satanás pueda
hacer contra ellos. 13:1 Subía del mar una bestia para recurrir a un aliado desde el abismo, su
propio hogar.

13:1-18 El anticristo y su profeta

En su determinación de aniquilar la iglesia, el dragón llama en su ayuda no a uno sino a dos


aliados. La primera bestia proviene del mar (1) mostrando su condición como un monstruo
marino, como el mismo dragón y por lo tanto demoníaco. La segunda bestia viene de la tierra
(11). Esta diferencia corresponde a la que hay entre el behemot, el monstruo terrestre (Job
40:15–24) y el leviatán, el monstruo marino (Job 41); en la literatura profética y apocalíptica,
estos seres tipifican los poderes que se oponen a Dios (ver p. ej.p. ej. Por ejemplo Isa. 27:1; 51:9;
Eze. 32). En consonancia con eso el dragón, la bestia del mar y la bestia de la tierra forman un
tipo de trinidad perversa (ver 16:13). Satanás pretende ser Dios; el anticristo es el cristo de
Satanás y la bestia de la tierra cumple la función de un espíritu impuro. El anticristo persuade al
mundo a adorar al diablo; tiene una herida fatal pero vive (3) en una monstruosa imitación del
Cristo de Dios. La segunda bestia trata de persuadir al mundo para que adore al anticristo por su
testimonio en acción y palabra, así como el Espíritu Santo testifica del Cristo de Dios; y por
medio de la marca de la bestia (que es una parodia del sello de Dios) crea una imitación
demoníaca de la iglesia de Cristo. De ese modo Juan describe al mundo dividido entre los
seguidores de la Verdad y los seguidores de la Mentira.
1, 2 Los detalles del monstruo marino son tomados de Dan. 7, pero allí las características de
leopardo, oso y león se compartían entre los cuatro imperios y sus gobernantes. Aquí se
combinan en una temible unidad de poder y maldad: el leopardo significa la crueldad y la
astucia, el oso la fuerza y el león la ferocidad. 3 El hecho de que una de sus cabezas estaba como
herida de muerte, pero su herida mortal se había sanado indica que uno de los emperadores
había muerto pero vuelto a la vida. Precisamente, eso es lo que se afirmaba de Nerón en el
tiempo en que se escribió el Apoc., ya que, aun cuando Nerón se suicidó en el año 68, se creía
generalmente que había vuelto a la vida y retornaría a dirigir los poderes orientales contra Roma
(ver luego sobre 17:8, 11 y la nota sobre el imperio anticristiano al fin de la exposición del cap.
18).
4–7 El mundo adora tanto al demonio como al falso cristo. Al último le fue dada una boca que
hablaba insolencias y blasfemias (lo que ya era claro en las pretensiones de los emperadores
romanos de ser divinos) y autoridad para actuar por cuarenta y dos meses, o sea el período de la
tribulación (ver 11:2, 3; 12:14). ¿Quién le dio esa autoridad, incluyendo el poder para hacer
guerra contra los santos y vencerlos (7)? En el v. 4 el dragón es el que da la autoridad, pero el
límite de cuarenta y dos meses fue fijado por Dios. De acuerdo con ello, lo que finalmente
controla las acciones del anticristo es el permiso divino (cf.cf. Confer (lat.), compare Dan. 8:9–
14; 11:36). La soberanía de Dios nunca es más evidente que cuando la maldad llega a sus límites,
tal como se evidencia en la crucifixión de Jesús. 8 La referencia de las palabras desde la
fundación del mundo es incierta; puede ser relacionada con la muerte del Cordero (RVARVA
Reina-Valera Actualizada, RVR-1960) o con la escritura de los nombres en el libro de la vida
(DHHDHH Dios Habla Hoy, BABA Biblia de las Américas, BJBJ Biblia de Jerusalén, NC, etc.).
Ambos significados son igualmente verdaderos; en cuanto al primero, cf.cf. Confer (lat.),
compare 1 Ped. 1:19, 20; para el último Ef. 1:4. La dificultad se resuelve para la mayoría al
recurrir a 17:8, donde se usa un lenguaje casi idéntico, relacionando la frase con la escritura en
el libro. Sin embargo, el orden de las palabras no favorece aquí esta interpretación y es
preferible mantener la de la RVARVA Reina-Valera Actualizada.
10 Hay diferencias en la interpretación de este paralelo. Según RVARVA Reina-Valera
Actualizada, BJBJ Biblia de Jerusalén y otros, ambas frases se refieren a los perseguidores de la
iglesia, indicando que la justicia alcanzará al opresor, pero puede ser mejor DHHDHH Dios
Habla Hoy o BABA Biblia de las Américas, donde se señala que recibirán la penuria los que
estén destinados a ello. Este dicho es un eco de Jer. 15:2 y es un llamado a la perseverancia y la
fidelidad hasta la muerte en el espíritu de Jesús (cf.cf. Confer (lat.), compare Mar. 8:34, 35).
11 La segunda bestia tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, simulando el carácter de
Cristo, pero sus palabras eran demoníacas (cf.cf. Confer (lat.), compare Mat. 7:15). El hecho de
que esta bestia hace que la tierra y sus habitantes adoren a la primera bestia sugiere que
representa el sacerdocio del culto del emperador y las autoridades políticas que lo apoyan.
Luego se le llama “el falso profeta” (16:13; 19:20; 20:10). Es posible que la primera bestia
signifique el imperio anticristiano encarnado en un anticristo personal, de modo que este
sacerdocio pagano se representa en una cabeza suprema que dirige su obra demoníaca. 13–15
Los sacerdotes paganos sienten escaso remordimiento cuando apelan a trucos, como la
producción de fuego, presuntamente del cielo, y hacen que un ídolo hable por medio de la
ventriloquia. Sin embargo, nótese que es un hecho característico de la profecía cristiana que los
engaños anticristianos ocurrirán en el tiempo del fin (p. ej.p. ej. Por ejemplo Mar. 13:22; 2 Tes.
2:9).
16–18 La marca de la bestia sobre los no cristianos es una contraparte del sello de Dios sobre los
cristianos (7:1–8); ambos muestran la lealtad a un individuo, sea a Dios o al demonio. El efecto
inmediato de reclamar que todos reciban la marca de la bestia es el ostracismo social de aquellos
que la rechazan, y produce la guerra económica del Estado contra la iglesia, con la muerte de
aquellos que no se rinden a ello.
La marca se describe como el nombre de la bestia o el número de su nombre. Muchos idiomas
antiguos no tenían cifras para indicar números sino que en lugar de ellos usaban las letras del
alfabeto (a=1, b=2, c=3 y así sucesivamente). Esto hace posible que un nombre sea representado
por el número que se obtiene agregando los valores numéricos de las letras del nombre. Por
ejemplo, hay una inscripción en una pared de Pompeya que dice: “Amo a aquella cuyo número
es 545.” ¡Sin duda, la muchacha sabía cuál era ese nombre! De modo que, a pesar de las muchas
posibilidades que permite el número 666, es virtualmente seguro que el individuo indicado de
ese modo fuera conocido por las iglesias a las que se dirigía Juan y probablemente más allá. El
nombre “César Nerón” transliterado del gr. al heb. produce el número 666. Si lo es de latín al
heb. da el número 616, como se lee en algunos mss.mss. Manuscritos antiguos del Apoc. El
número habría tenido un valor especial en los círculos apocalípticos donde el heb. (lenguaje del
ATAT Antiguo Testamento) era conocido. Para los cristianos 666 era una cifra sumamente
adecuada para el anticristo; representa una forma coherente de mostrar que no se alcanzaba la
perfección divina que es sugerida por 777, ¡mientras que el nombre de Jesús en gr. totaliza 888!
He aquí un aspecto de la diferencia entre el cristo del demonio y el Cristo de Dios; el falso cristo
es tan incapaz de llegar a ser el liberador del mundo como el Cristo de Dios excede todas las
esperanzas de la humanidad que espera un salvador.

14:1-20 Oráculos del reino y del juicio

El capítulo puede dividirse en siete breves oráculos: vv. 1–5, una visión de los creyentes fieles en
el reino de Cristo; vv. 6, 7, la predicación del evangelio en el período de la tribulación; el v. 8,
una declaración de la condena de “Babilonia”; los vv. 9–12, una advertencia relativa a la
recepción de la marca de la bestia; el v. 13, una bienaventuranza sobre los que “mueren en el
Señor”; los vv. 14–20, dos visiones del juicio, una que usa el simbolismo de la cosecha del grano
(14–16) y la otra que usa la figura de la cosecha de uvas (17–20).
14:1–5 Los 144.000 en el monte Sion. El propósito de esta visión es alentar a los cristianos en
vista del relato del reino del anticristo en los capítulos 12 y 13.
1 La identidad de los 144.000 está determinada por 7:1–8 y 5:9, 10. Juan no habría representado
dos grupos diferentes por un número simbólico tan insólito, especialmente cuando declara en
ambos casos que llevan la marca de Dios en sus frentes (7:3, 4). La multitud se define como
quienes habían sido redimidos de la tierra (3), un eco de la descripción de la iglesia en 5:9. Están
sobre el monte Sion, o sea la Jerusalén celestial (21:9–27). Esto también se adapta a la canción
de acción de gracias en 5:9, 10, pero representa un avance sobre el cuadro anterior de los
144.000 (7:1–8), donde esta multitud sigue en la tierra, aunque luego se ve en el cielo pero sin
disfrutar aún de los privilegios como realeza (7:9–17). El nombre escrito sobre sus frentes
explica la naturaleza del “sello” de que se habla en 7:1–8; es el nombre del Padre del Cordero
(¡contrasta el nombre o número de la bestia sobre la mano o frente de sus seguidores!). 3 Las
huestes angelicales de 5:9 cantaban una nueva canción, pero sólo los 144.000 podían aprender
ésta que trata sobre la experiencia de la redención, que sólo los pecadores salvados podían
conocer. 4, 5 Esta descripción de la multitud salvada tiene un sentido tan pictórico como su
número. Se los ve como hombres que nunca se mancharon con mujeres, lo que
presumiblemente es así porque eran soldados del Cordero, en servicio activo (cf.cf. Confer (lat.),
compare las reglas en el ATAT Antiguo Testamento sobre la guerra santa, que incluyen la
abstención de relaciones sexuales: Deut. 20:1–9; 23:9–14; 1 Sam. 21:4, 5; 2 Sam. 11:6–13). El
simbolismo podía incluir la abstinencia de “fornicación” con la ramera Babilonia (cf.cf. Confer
(lat.), compare v. 8).
14:6–20. El día de la ira. Esta sucesión de cortos oráculos se unifica por el uso de seis ángeles
que anuncian el juicio y lo llevan a cabo. Como los vv. 1–5, tiene la intención de fortalecer el
ánimo de los cristianos; la primera visión describe una compensación por el bien y la otra una
paga por las malas obras.
6, 7 Se da una última advertencia a los incrédulos. Todas las naciones son llamadas al
arrepentimiento y la adoración a Dios. El mensaje se llama el evangelio eterno, dado que las
bendiciones eternas de las buenas nuevas aún permanecen para aquellos que respondan.
Obsérvese que la representación de un ángel predicando el evangelio es parte del simbolismo de
las profecías; el término “ángel” significa “mensajero” y los mensajeros son de carne y hueso.
8 La caída de Babilonia se repite extensamente en los caps. 17 y 18. Este nombre se aplica a
Roma en 1 Ped. 5:13 y en textos extrabíblicos.
9–13 Esta advertencia forma un complemento a la predicación del evangelio eterno en los vv. 6,
7. Los seguidores de la bestia beberán el vino del furor de Dios que ha sido vertido puro. El texto
gr. describe el vino como “mezclado sin mezclar”, o sea vino fuerte mezclado pero no aguado
(sobre este simbolismo ver Sal. 75:8; Isa. 51:17–23). El simbolismo de fuego y azufre (o “azufre
ardiente”) como juicio viene de tan lejos como la destrucción de Sodoma en Gén. 19:24, 25 (cf.cf.
Confer (lat.), compare Isa. 34:8–10). 12 El llamado a la perseverancia de los santos encuentra un
elemento adicional en la contemplación de la condena de los adoradores de la bestia, así como el
conocimiento de que muchos cristianos serán llamados a sufrir prisión y muerte (ver 13:10).
13 La bienaventuranza de los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor sirve para un
propósito similar. Si de aquí en adelante indica un punto en el tiempo será el “ahora” de la
redención de Cristo (cf.cf. Confer (lat.), compare 12:10). Una traducción alternativa es
“seguramente”; en cuyo caso la afirmación es simplemente énfática: “¡Bienaventurados con toda
seguridad son los que mueren en el Señor!”, o expresiones parecidas (p. ej.p. ej. Por ejemplo NC,
BABA Biblia de las Américas).
14–20 Es habitual interpretar los vv. 14–16 como una descripción de la reunión de la iglesia por
Cristo en su venida, y los vv. 18–20 como la reunión del mundo incrédulo para juicio,
especialmente en vista de la aparición de uno semejante al Hijo del Hombre en el v. 14 (cf.cf.
Confer (lat.), compare 1:13). Sin embargo, parece extraño que Cristo reciba la orden de parte de
un ángel para aparecer en gloria y cumplir su obra salvadora. Es más probable que aquel “de
aspecto similar a un hombre” sea una figura celestial que comparte algo de la gloria de Cristo,
como el “ángel poderoso” de 10:1. La cosecha del grano y la recolección de las uvas representa
entonces un acto abarcador de juicio, como en Joel 3:13, sobre el cual se basan estos dos
oráculos. En cuanto a la cosecha en la tierra por medio de un instrumento angelical cf.cf. Confer
(lat.), compare Mat. 13:41, 42.
El sexto ángel tenía poder sobre el fuego y salió del altar; esto se relaciona con 6:9–11; 8:1–5;
9:13; 16:7. Ejemplifica nuevamente la conexión entre el sacrificio y la oración de los santos de
Dios así como el advenimiento del reino de Dios. La figura del juicio divino como un lagar donde
se pisan las uvas parte de Isa. 63:1–6. Tiene simbolismo como la medición del fluir de sangre del
vino del lagar y su exageración es algo típico, al decir que salió sangre del lagar hasta la altura de
los frenos de los caballos (20).
En 1 Enoc 100 se habla de la guerra en los últimos días cuando padres e hijos lucharán entre sí y
los hermanos contra los hermanos “hasta que los torrentes se llenen de su sangre … y el caballo
pisará con sangre de pecadores hasta el pecho y la carroza se sumergirá hasta lo más alto.” Los
judíos describían en forma similar la matanza hecha por los romanos en tiempos de Adriano:
“Asesinaron a la gente [de Beter] continuamente, hasta que un caballo hundió las narices en
sangre. Y la sangre se derramó en el mar hasta seis kilómetros. Sin embargo, si piensas que
Beter está cerca del mar, ¿no sabes que está a 65 kilómetros?” La profecía de Juan es una
representación característica del juicio en la parousía de Cristo y debe ser interpretada a la luz
de la naturaleza de un apocalipsis.

15:1-16:21 LAS SIETE COPAS DE LA IRA

Después de terminar el largo paréntesis de los caps. 12–14, Juan vuelve al tema de los juicios
mesiánicos en el tiempo del fin. Como ocurre con los siete sellos y las siete trompetas, se retiene
el número siete, y se habla de copas de la ira (en 15:7 y a lo largo del cap. 16). El término gr. del
caso se usa comúnmente para un bol o tazón de uso doméstico (y probablemente sea así en 5:8),
pero también se puede usar en cuanto a copas para beber (lo que es claro en Prov. 23:31). La
frecuencia de la “copa de ira” de Dios como figura del juicio en el ATAT Antiguo Testamento
debe ser determinante en cuanto a su significado aquí (de esos muchos casos, ver p. ej.p. ej. Por
ejemplo Jer. 25:15; 49:12; Eze. 23:31, 32; Hab. 2:15). De particular importancia es Isa. 51:17, 22
por sus referencias a la “copa de vértigo” de la ira. Como el mismo Juan usa el simbolismo de
beber la copa de la ira de Dios en 14:10 y 16:19, parece como si la misma imagen controla la
presentación de los juicios en los caps. 15 y 16.
Se dice que las copas causan las siete últimas plagas (1). A menudo esto se relaciona con el hecho
de que no se da ninguna descripción del juicio de la séptima trompeta, aunque produce el fin
(11:15); de allí se sugiere que los juicios de las copas siguen el sonido de la última trompeta. Esto
es concebible, pero improbable. El contenido de las siete copas es muy similar al de las siete
trompetas; en la mayor parte de los casos la diferencia radica en la amplificación de la copa
anterior por parte de la siguiente. Por ejemplo, la segunda y la tercera copas revelan que la
segunda y la tercera plagas han aumentado en extensión (8:8–11; 16:3, 4); así como el terremoto
que sigue a la séptima trompeta parece ser el de la séptima copa, sólo que descripto con más
detalle (11:19; 16:17–20). Los paralelos entre la cuarta trompeta y la cuarta copa son evidentes
(8:12; 16:8) como también entre la quinta y sexta trompetas y la quinta y sexta copas (9:1–21;
16:10–16). Los juicios de las copas, por lo tanto, parecen dar una revelación más amplia de lo
que ya se ha mostrado en los juicios de las trompetas, junto con ciertos nuevos detalles.
El cántico de los vencedores frente al mar de cristal (3, 4) celebra la conversión de las naciones
en el cumplimiento de los actos justos de Dios (4). Por lo tanto, la visión exalta los efectos de las
últimas plagas más bien que anunciar su venida. Mira hacia adelante y sirve para subrayar la
afirmación del v. 1: con las cuales la ira de Dios es consumada.
Un nuevo aspecto de los juicios de las copas requiere mención: tienen una llamativa similitud
con las plagas del éxodo. Esto se notó ya en las cuatro primeras trompetas de juicio (8:7–12),
pero es más claro en esta serie, en cuanto todos los juicios de las copas reflejan las plagas de
Egipto y su aparición es celebrada con “el cántico de Moisés y el cántico del Cordero” entonado
junto a un “Mar Rojo” celestial (15:3, 4). En este segundo éxodo todo es mayor que lo que
ocurrió en el primero, sea en sus juicios como en sus bendiciones, pero está en consonancia con
la misión del Cristo al llevar a su cumplimiento las promesas de Dios bajo el antiguo pacto.

15:1-8 Introducción a las copas de juicio

2 Mar de vidrio, mencionado en 4:6, mezclado con fuego, sugiriendo la ira pronta para ser
revelada desde el cielo (cf.cf. Confer (lat.), compare 8:5). Pero los vencedores sobre la bestia …
Estaban de pie sobre el mar cerca de Dios, como los israelitas estuvieron en pie al lado del Mar
Rojo y cantaron su canción de liberación (Exo. 15:1–18). 3, 4 El cántico de Moisés … y el cántico
del Cordero son lo mismo, puesto que el patrón de la redención en el primer éxodo se ha
realizado y cumplido en el segundo éxodo. Cada línea del cántico hace recordar a los profetas y
salmistas. Grandes y maravillosas son tus obras, cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 98:1; 111:2;
139:14. Justos y verdaderos son tus caminos, cf.cf. Confer (lat.), compare Deut. 32:3; Sal. 145:17.
¿Quién no te temerá … ?, (cf.cf. Confer (lat.), compare Jer. 10:7) Todas las naciones vendrán … ,
cf.cf. Confer (lat.), compare Sal. 86:9. Porque tus juicios han sido manifestados, cf.cf. Confer
(lat.), compare Sal. 98:2; Isa. 26:9. La visión es notable en su contexto, y es un recordatorio de
que el éxito del anticristo es menos de lo que los cuadros hiperbólicos de los juicios mesiánicos
pueden sugerir.
5 El tabernáculo del testimonio (o tienda de testimonio) era el nombre dado al tabernáculo en el
desierto (Núm. 9:15), porque en él se guardaba el arca que contenía las tablas de piedra del
pacto. Ya que más adelante el arca se guardaba en el templo, éste mismo a veces fue llamado un
tabernáculo. La expresión el tabernáculo del testimonio aquí enfatiza el hecho de que los juicios
a punto de ejecutarse son la expresión de la justicia de Dios. 6–8 Cuando se les dio a los siete
ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios … el templo se llenó de humo por la gloria de
Dios … (8); para ocasiones similares a este fenómeno ver Exo. 40:35; 2 Crón. 7:2, 3; Isa. 6:4;
Eze. 10:4; 44:4). Tal manifestación denota la presencia de Dios, y en este contexto indica que
Dios mismo ha de ejecutar los juicios que introducirán su reino. Los ángeles son sólo sus
instrumentos.

16:1-21 La descripción de las copas de juicio

1 Como nadie podía entrar al templo hasta que terminaran las copas de juicio (15:8) la gran voz
… desde el templo debe ser la de Dios. 2 El juicio de la primera copa repite la plaga egipcia de las
llagas (Exo. 9:10, 11). 3–7 La conversión de los ríos y las fuentes de las aguas en sangre, como en
los juicios de la segunda y tercera trompetas (8:8–11), divide en dos la plaga única en Egipto
(Exo. 7:19–21). La declaración del ángel en los vv. 5, 6 tiene el mismo pensamiento que la
Sabiduría de Salomón 11:5–14, pero aplicado al anticristo y sus agentes para derramar la sangre
de los santos y los profetas. El altar interviene en este juicio (cf.cf. Confer (lat.), compare 6:10;
8:3–5). Nótese la ausencia de “ha de venir”, como en 11:17; dado que Dios mismo actúa en los
juicios que producirá su reino, no es conveniente hablar de su futura venida.
8–11 Una vez más una plaga egipcia (la de las tinieblas; Exo. 10:21) se divide en dos juicios de
copas. El derramamiento que hace el ángel de la cuarta copa sobre el sol aumentó su calor sin
extinguir su luz, pero la quinta copa se derramó sobre el trono de la bestia y así es como produce
las tinieblas. Es posible que el dolor de esta plaga se deba a las langostas demoníacas de la
quinta trompeta, que produjo tormentos a los adherentes de la bestia (9:1–6). Esta
interpretación está de acuerdo con la relación de los juicios de la trompeta y la copa esbozados
en la introducción a los caps. 15 y 16.
12–16 La sexta copa, como el juicio de la sexta trompeta, afecta al gran río Eufrates (cf.cf. Confer
(lat.), compare 9:13–16), pero mientras que la sexta trompeta hace surgir las huestes
demoníacas, la sexta copa prepara para la invasión del imperio por los reyes del Oriente. Estos
últimos son descriptos más en 17:12, 13; se ponen a las órdenes de las huestes del anticristo
(17:17), saquean la ciudad de la ramera (17:16) y hacen guerra contra el Cordero (17:14). El
impulso para hacer estas cosas es por medio de tres espíritus inmundos semejantes a ranas que
salen de las bocas del dragón, la bestia y el falso profeta. En tiempos antiguos, las ranas eran
consideradas seres impuros, y a veces aun como agentes de los poderes del mal. Aquí su misión,
como la del espíritu mentiroso en la historia de Acab (1 Rey. 22:19–23), es la de persuadir a los
gobernantes del mundo que se unan en una gran batalla final contra Dios, en el lugar que se
llama en hebreo Armagedón. El significado del nombre es desconocido. Es una transliteración al
gr. del heb. Har-Megiddo, “los montes de Meguido”, pero la ciudad está ubicada en la llanura de
Esdraelón en Israel y no tiene montañas; la más cercana es el Carmelo hacia el norte. Tal como
el número 666, tiene una historia en la tradición apocalíptica, pero no contamos con su secreto.
Para Juan designaba no tanto un lugar como un hecho, o sea el último levantamiento de los
malvados contra Dios que resulta en el establecimiento de su reino.
17–21 La séptima copa se derrama por el aire, lo que sugiere algo más terrible que el desastre
provocado por los juicios previos; significa el golpe final contra las fuerzas del mal, por lo que
una gran voz del santuario desde el trono (¿la voz de Dios?) proclamó: “¡Está hecho!” No
podemos dejar de pensar en el clamor de Jesús desde la cruz: “¡Consumado es!” (Juan 19:30) y
la declaración cuando el propósito de Dios en la nueva creación se realiza: “¡Está hecho!” (21:6).
Los relámpagos y estruendos y truenos sugieren, como en 8:5 y 11:19, la teofanía que concluye el
juicio e introduce el reino de gloria. Pero mientras que el terremoto es un elemento integral de la
venida de Dios (p. ej.p. ej. Por ejemplo Isa. 13:13; Hag. 2:6, 7; Zac. 14:4, 5), este terremoto es
distinto porque sacude la gran ciudad y las ciudades de las naciones. La huida de las islas y las
montañas simboliza la reacción de la creación ante la abrumadora gloria de Dios en su aparición
(cf.cf. Confer (lat.), compare 6:12–14). El juicio definitivo se produce por un enorme granizo
(cf.cf. Confer (lat.), compare la plaga en Egipto, Exo. 9:24; la destrucción de los ejércitos
perseguidos por Josué, Jos. 10:11; y la condenación de las huestes de Gog, Eze. 38:22). Todas
estas descripciones son eclipsadas por este evento, pero no produce arrepentimiento en la gente.
Una explicación más completa de lo que se trata en los dos últimos juicios de las copas es el
contenido de los caps. 17–19.

17:1-19:10 EL REINADO Y LA RUINA DE LA CIUDAD DEL ANTICRISTO

Esta sección expande la visión del juicio de la séptima copa, descripto brevemente en 16:17–21.
Es importante observar que no describe lo que ocurre después del juicio, porque en él llega el fin
(16:17). Más bien, el pasaje cuenta cómo “Babilonia” es llevada a beber toda la copa señalada
para ella (16:19).
Las figuras en el cap. 17 fluctúan en manera complicada. En el cap. 12 el dragón de siete cabezas
y diez cuernos se presenta como representación del demonio (v. 9), y en el cap. 13 es una
encarnación del espíritu del mal, el anticristo. En el cap. 17 la bestia sostiene a la mujer que está
sentada sobre ella; se declara que es la ciudad del anticristo (18), y la bestia es claramente el
imperio que la sostiene. Este uso del simbolismo es comprensible, porque en la forma acadia de
la batalla del monstruo del mar y de los dioses del cielo, el monstruo es femenino. La mujer y la
bestia son formas alternativas de representar al mismo poder del mal. Pero, además, en el v. 11
la bestia es un rey (DHHDHH Dios Habla Hoy, “es el octavo rey”) en el cual se encarna la
naturaleza del imperio. Esto concuerda con la forma frecuente de identificar a los reyes en los
escritos apocalípticos así como a sus reinados (ver especialmente Dan. 2:38–44; 7:2–8, 15–26).
El cuadro de la mujer que representa a la ciudad del anticristo en este capítulo se contrasta en
forma extrema con la descripción de la mujer que representa la ciudad de Dios en los caps. 19 y
21, 22. Por ejemplo, la primera se describe como la “madre de las rameras” (5); la última como
una novia pura, esposa del Cordero (19:7; 21:9). Babilonia está embriagada con la sangre de los
santos y con su vino atrae la muerte al mundo (6; 19:2); la novia ofrece agua de vida al mundo
(22:17) y da testimonio de la redención del reino eterno de Dios (21:6–22:5). Babilonia termina
en la destrucción eterna (19:3); la novia-ciudad es el corazón de la nueva creación (21:1–5). ¡Es
buena la caracterización que se ha hecho del Apoc. como la “Historia de dos ciudades”, a
semejanza de la novela de Carlos Dickens!

17:1-6 Una visión de Babilonia y su gloria


1, 2 Las palabras del ángel a Juan podrían conformar un título adecuado al conjunto de 17:1–
19:10. La condenación (o “juicio”, BJBJ Biblia de Jerusalén) de la gran ramera. La ciudad de
Tiro fue llamada “ramera” por Isaías (Isa. 23:15–17), y también lo fue Jerusalén (Isa. 1:21; Jer.
3) y Nínive (Nah. 3:4, 5). La última parte del v. 2 alude al discurso de Jeremías a Babilonia: “Oh,
tú que habitas junto a muchas aguas, rica en tesoros” (Jer. 51:13). El río Eufrates fluía a través
de la ciudad, que también tenía muchos canales y mantenía un sistema de irrigación que
aseguraba su riqueza. De acuerdo con el v. 9 es claro que la ciudad de Roma está en mente, pues
había llegado a ser la nueva “Babilonia” que reprimía al pueblo de Dios y corrompía toda la
tierra. 3 En el v. 1 la ramera está sentada sobre muchas aguas, pero aquí aparece sentada sobre
una bestia en el desierto; la figura contrapuesta se explica por la asociación del desierto con los
seres demoníacos (cf.cf. Confer (lat.), compare Luc. 11:24). La bestia es escarlata, de acuerdo con
el aspecto del dragón, o sea el demonio (12:3). Estaba llena de nombres de blasfemia,
refiriéndose en primer lugar a las pretensiones de divinidad de los emperadores romanos. 4 El
lujo y las impurezas morales de la ciudad aquí están presentadas vívidamente, una vez más con
la ayuda de Babilonia caracterizada como en Jeremías (Jer. 51:7). 5 La declaración del nombre
de la frente de la ramera alude a la costumbre de las prostitutas romanas de escribir su nombre
en la tira de género que acostumbraban usar las mujeres en la cabeza. El prefijo misterio
significa que el nombre es simbólico (cf.cf. Confer (lat.), compare 11:8). El título caracteriza a la
ciudad tiránica como alguien de la misma naturaleza como aquella contra la cual protestaron
vehementemete los profetas de la antigüedad. 6 La mujer estaba embriagada con la sangre de
los santos, especialmente por la increíblemente cruel persecución de Nerón, pero también en
anticipo de la guerra del anticristo contra la iglesia.

17:7-18 La interpretación de la visión: la condenación de Babilonia

Para explicar la visión de los vv. 1–6, el v. 8 es crucial. La “bestia” sobre la cual cabalga la mujer
es claramente el imperio de la ciudad anticristiana, pero el lenguaje parece relacionarse con un
individuo que era, y no es, y ha de subir del abismo (cf.cf. Confer (lat.), compare 11:17). En
realidad, esta expresión se aplica tanto al imperio como al emperador. El antiguo mito de la
conquista del primitivo monstruo del mar llega a indicar por un lado la naturaleza de los
poderes políticos que oprimían al pueblo de Dios (¡y por ende se oponían a Dios mismo!) y por
el otro su segura derrota por Dios. En algunas versiones el monstruo aparece como habiendo
sido muerto y en otros simplemente como dominado. Lo primero se tiene en cuenta en Isa. 51:9,
10 y se aplica a la derrota de Egipto en el éxodo; lo segundo aparece en Isa. 30:7 para indicar la
impotencia de Egipto para ayudar a Israel. Aplicando todo esto al fin de los tiempos, puede
decirse que el monstruo del abismo era, es decir era vencido y dejado aplastado, y por lo mismo
no es, pero ha de subir todavía, de modo que el poder de Satanás se verá en otro poder político
encabezado por otro gobernante malvado. En el tiempo de Juan una circunstancia peculiar dio a
este concepto una fuerza extraodinaria. Cuando murió Nerón las noticias parecían demasiado
buenas para ser verdad. Circulaban rumores de que aún estaba vivo y que volvería con un
ejército para atacar Roma. Cuando pasaron los años se comprendió que había muerto, pero se
esparció el temor de que podía levantarse de entre los muertos. De modo que, con un
simbolismo apocalíptico, Juan combinó las dos expectativas para expresar la horrible realidad
de la ciudad impía y su gobernante impío; ambos eran infernales en su naturaleza y ambos eran
instrumentos del diablo. (Sobre este tema, ver luego en la nota sobre el imperio anticristiano al
fin de la exposición del cap. 18).
9–11 La dualidad de la aplicación de estas figuras se expresa en el v. 9, pero con una
identificación específica: las siete cabezas de la bestia son los siete montes sobre los cuales está
sentada la mujer, o sea Roma, conocida comúnmente como “la ciudad de las siete colinas”.
Roma estaba representando la parte de la “madre de las rameras”. Pero las siete cabezas
también representan siete reyes. Sea lo que fuere que el número siete representa para otros
escritores, para Juan es un símbolo de plenitud, de algo completo. De acuerdo con ello, cinco
han caído, lo que quiere decir que la mayoría ha venido y se ha ido; uno es se relaciona con el
gobernante del momento; y el otro (o sea el séptimo) todavía ha de venir, pero cuando lo haga
debe quedar sólo por un breve tiempo, naturalmente porque “el tiempo está cerca” (1:3).
Después de su partida, la bestia se revelará en toda su bestialidad como un octavo rey, que no es
un recién venido, porque ya ha aparecido como uno de los siete, o sea Nerón. Pero no ha de ser
temido, porque va a la perdición, como está condenado a terminar todo monstruo que se opone
a Dios.
12–14 Los diez cuernos, en la línea de Dan. 7:7, se interpretan como diez reyes. En la visión de
Daniel preceden al poder que se opone a Dios (algunos son derribados por él; Dan. 7:24), pero
en la visión de Juan están confederados con el anticristo, los gobernantes de estados satélites o
de provincias. Pero ellos todavía no han recibido reino y cuando lo reciban su autoridad, junto
con la de la bestia, será por una hora. ¡Tan corto es el tiempo que se les permite ir en una
agitación violenta! Su guerra contra el Cordero es infructuosa, porque él es Señor de señores y
Rey de reyes, incluyendo los reyes del anticristo y sus llamados y elegidos y fieles compartirán la
victoria (cf.cf. Confer (lat.), compare las promesas a los vencedores en los caps. 2, 3).
15–18 Mientras que las aguas de Babilonia tenían un sentido lit.lit. Literalmente en la profecía
de Jeremías (Jer. 51:13; ver nota sobre v. 1), Juan las considera como un adecuado símbolo de la
gente sobre la cual gobierna la ciudad anticristiana. El anticristo que vuelve y sus confederados
aborrecerán a la ramera y la dejarán desolada y desnuda (el lenguaje del v. 16 se toma de la
descripción de Ezequiel del castigo de Israel; Eze. 23:25–29). No se da ninguna explicación de
por qué el gobernante anticristiano se vuelve en contra de la ciudad anticristiana. La historia
popular sobre Nerón esperaba que el emperador se levantara a dominar el Imperio, pero este
capítulo, y el v. 13 explícitamente, da por sentado que gobernará sobre el Imperio y con su ira
devastará las obras de Dios. Pero Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar su propósito. Los
agentes del demonio ejecutan la voluntad de Dios. El mal se destruye por el mal y produce su
propia cosecha. El anticristo y sus aliados, como el demonio a quien sirven, están en manos de
Dios hasta que se cumplan las palabras de Dios. 18 Ahora se identifica la mujer, por lo menos
con la claridad que permite un escrito apocalíptico, y lo suficiente como para que los lectores de
Juan sepan de quién está hablando: es la gran ciudad que tiene imperio sobre los reyes de la
tierra, o sea Roma en los tiempos de Juan, la amante del mundo. En cuanto al significado de
esta identificación para los cristianos modernos, ver la nota sobre el imperio anticristiano al fin
de la exposición del cap. 18.

18:1-24 Una maldición sobre Babilonia

Este capítulo está moldeado de acuerdo con las endechas de los profetas del ATAT Antiguo
Testamento sobre las naciones opresoras y arrogantes de su tiempo. A tal punto esto recuerda a
aquéllas que se puede decir que resume todos los oráculos proféticos sobre la condenación de los
pueblos injustos. Las profecías contra Babilonia (Isa. 13; 21; 47; Jer. 50; 51) y contra Tiro (Eze.
26; 27) parecen haber estado especialmente en la mente de Juan. La canción sobre la ruina de
Babilonia es considerablemente más larga que la descripción que Juan hace del evento en 17:12–
18, pero forma parte de esa historia y aporta un fuerte clímax.
1 La gloria del ángel que desciende del cielo se describe en palabras usadas por Ezequiel al
hablar de la gloria de Dios que vuelve al templo restaurado en la nueva edad (Eze. 43:1, 2). 2 ¡Ha
caído, ha caído Babilonia la grande! es una cita de Isa. 13:21, 22. Hablando estrictamente, este
cuadro no es coherente con el de 19:3, pero son diferentes formas de retratar el juicio de Dios
sobre una ciudad. Juan no tiene reparos en mezclar su simbolismo y espera que sus lectores lo
interpreten a la luz de las escrituras proféticas. 3 Juan hace responsable a Roma de la
corrupción de toda la tierra y, por lo tanto, esta nueva Babilonia debe ser arrasada de la tierra. 4
Cf. Isa. 52:11; Jer. 51:6, 45. 5 Cf. Jer. 51:9. 6 Ver Isa. 4:2; Jer. 16:18; 50:29. El clamor del v. 6
debe ser considerado como si se dirigiera a los ejércitos vengadores del anticristo y sus aliados.
Ver 17:12, 13, 16. El juicio de Roma debe ser proporcional a su autoglorificación, desenfreno y
orgullo; cf.cf. Confer (lat.), compare Isa. 47:7–9. 8 De las plagas que cayeron sobre “Babilonia”,
la muerte presuntamente significa “pestilencia” (ver sobre 6:8) y llanto significa “calamidad”, de
modo que las tres plagas son “pestilencia, calamidad y hambre”. La destrucción por fuego se
cumple por los ejércitos invasores a órdenes del anticristo; cf.cf. Confer (lat.), compare 17:16.
Los lamentos sobre Babilonia son emitidos por los reyes de la tierra (9, 10), los comerciantes
(11–17a) y los marineros (17b–19). Juan debe esto especialmente a la endecha de Ezequiel sobre
Tiro (Eze. 26; 27). 9 Los reyes de la tierra son los que se mencionan en 17:18 y no los que están
aliados con la bestia (17:16, 17; cf.cf. Confer (lat.), compare Eze. 26:16, 17). 10 La sustancia de
cada lamento es la misma: En una sola hora vino tu juicio (ver vv. 17, 19).
11–13 Cf. la lista de las naciones comerciantes que traficaban con Tiro (Eze. 27:12–24) y su
asombro y temor (Eze. 27:35, 36). Los vv. 12, 13 aportan una lista de productos vendidos a Roma
por los comerciantes; cf.cf. Confer (lat.), compare las importaciones de Tiro (Eze. 27:12–24). La
madera olorosa era una esencia de madera del Africa del Norte, usada especialmente para mesas
muy costosas. El marfil era popular entre los romanos tanto para muebles decorativos como
para ornamentos. El término usado para canela indica una planta aromática de la India, que se
usaba en costosos ungüentos para el cabello. Los carros eran un tipo especial de carrozas, de
cuatro ruedas y a menudo decorados costosamente. Se usan dos palabras para mencionar los
esclavos (cuerpos y almas de hombres). La última expresión aparece en Eze. 27:13 y, si bien en el
lenguaje común ambas era sinónimas, la última significa seres humanos. Sobre esto, Swete
comenta: “El mundo del tiempo de San Juan ministraba de mil maneras a las locuras y vicios de
Babilonia, pero el clímax llegó en el sacrificio de vidas humanas que se reclutaban de las familias
de los ricos, llenaban los burdeles y proporcionaban los brutales placeres del anfiteatro.”
17–19 La preocupación de los marinos, así como la de los comerciantes, no era por la ciudad, ni
por los que perecieran con ella, sino por sus propias pérdidas de ingresos. 20 El llamado a
alegrarse por el juicio sobre Babilonia debería separarse del lamento de los marinos. Se lo ve
mejor como cumplimiento de la afirmación del ángel que comienza en el v. 4 e incluye los
lamentos de los reyes, comerciantes y marinos. Sea o no intencional, 19:1–7 resulta ser una
respuesta adecuada al clamor. 21 La acción simbólica del ángel se sugiere por una similar
cumplida sobre Babilonia por Jeremías (Jer. 51:63, 64). Los vv. 22, 23 recuerdan a Eze. 26:13 y
Jer. 25:10 en sus descripciones del cese de las artes, la industria, las alegrías del matrimonio y
todos los medios de iluminación. Sus “comerciantes eran la nobleza del mundo” fue dicho por
Isaías referente a los mercaderes de Tiro (23:8). Se aduce que una de las razones para el jucio de
Roma fue porque, a juzgar por el v. 3, sus comerciantes habían promovido la corrupción de la
ciudad y de ese modo ellos mismos estaban implicados con los vicios lujuriosos de la ciudad.
Isaías ya había comentado las brujerías de la Babilonia original (47:12) y Nahúm condenó las de
Nínive (Nah. 3:4). Hechicerías, o “brujerías”, puede traducirse como “encantamientos” o
“maleficios” (NC); término que armoniza con el criterio de que no está hablándose tanto de la
hechicería literal como “hechicería de alegres vicios lujuriosos y las idolatrías que acompañan
por las cuales el mundo era fascinado y desviado” (Swete). 24 Cf. Mat. 23:35, donde nuestro
Señor acusó a Jerusalén del mismo modo. La declaración de Juan se justifica no sólo por las
persecuciones del pasado y la tribulación futura, sino también por su interpretación de Roma
como encarnación del espíritu del mal que siempre ha atacado al pueblo de Dios (ver notas
sobre 17:7–18).
Notas sobre el imperio anticristiano. Una pregunta apremiante surge de la lectura de los caps.
13, 17 y 18. En estas descripciones de la condenación de la ciudad y el imperio del anticristo hay
poca duda de que Roma estaba en la mente de Juan. En 17:9, 18 lo único que no hace es
nombrarla y para ello apela al nombre místico de “Babilonia”. Sus profecías presentan la
aparición pendiente de un anticristo que incorpora su maldad, pero cuyo reino duraría sólo un
breve tiempo, terminando con la destrucción de la ciudad y la aparición del reino de Cristo. Es
una suprema ironía que Roma, en vez de llegar a ser la esfera del gobierno del anticristo,
capituló ante el Cristo de Dios y llegó a ser un centro mundial del cristianismo. Muchos han
llegado a la conclusión de que las profecías de Juan recibieron su verdadero cumplimiento en
ese entonces; pero el profeta, al anticipar la venida de Cristo y el descenso de la ciudad de Dios
desde el cielo, difícilmente hubiera admitido esa interpretación.
Aquí es necesario recordar que la visión de Juan está relacionada fundamentalmente con las de
los profetas del ATAT Antiguo Testamento. Todos ellos, en sus descripciones del derrumbe de
las naciones opresoras de su tiempo, esperaban el establecimiento del reino de Dios luego de
esos juicios (p. ej.p. ej. Por ejemplo Isaías esperaba la liberación mesiánica después del juicio de
Dios sobre Asiria, Isa. 10, 11; Habacuc esperaba la destrucción de Babilonia, Hab. 2:2, 3;
Jeremías y Ezequiel esperaban que fuera después del regreso de los judíos bajo Ciro, Jer. 29–31;
Eze. 26; y todas la visiones de Daniel la esperaban después de la caída del tirano Antíoco
Epífanes; ver especialmente Dan. 7–9, 11, 12). En el NTNT Nuevo Testamento los evangelistas
colocaban la enseñanza del Señor sobre la segunda venida cerca de sus profecías relativas al
juicio sobre Jerusalén (Mat. 24; Mar. 13; Luc. 21), y ese advenimiento se espera en un futuro no
muy distante, aunque nunca con fecha (cf.cf. Confer (lat.), compare Rom. 13:11, 12; Heb. 10:37;
Stg. 5:8; 1 Ped. 4:7; 1 Jn. 2:18). En esto Juan no era una excepción. En su opinión podía haber
dos realidades: por un lado, el Señor había llevado a cabo una redención que traería el reino de
Dios al mundo, y él llegaría pronto para su consumación; por el otro lado, el “misterio de la
iniquidad” era obviamente algo que actuaba en el mundo (2 Tes. 2:7) y Roma estaba jugando ya
el papel del Anticristo. El escenario estaba dispuesto para el fin y Juan describe el drama como
fue enseñado por los profetas, por Cristo y por sus apóstoles. Aplica esa doctrina a la situación
de su tiempo. La escala cronológica era demasiado breve, pero la esencia de su profecía no era
invalidada por ello. Los “muchos anticristos” (1 Jn. 2:18) de los días de Juan se han
incrementado tal como muestra su cuadro y culminarán en uno que cumplirá perfectamente ese
papel.
El simbolismo usado en este “cuadro” del Anticristo es tan evidente como el que se emplea en el
retrato de Satanás, la ciudad y el Imperio y su uso en el cap. 12. Juan adapta la expectativa
contemporánea de la resurección de Nerón para describir al anticristo que venía como “otro
Nerón”. Hay un paralelo a esto en su aplicación de la profecía de que Elías vendría antes del día
del Señor (Miq. 4: 5). Juan habría conocido cómo Jesús aplicó esta profecía al ministerio de
Juan el Bautista (Mar. 9:12, 13); él mismo la coloca en un uso aun más amplio en relación con el
ministerio de toda la iglesia (cap. 11). Para él era tan natural representar al anticristo como
alguien que actuaba “con el espíritu y poder de Nerón” (cf.cf. Confer (lat.), compare Luc. 1:17),
empleando la historia del Nero redivivus sin mayores explicaciones, en la misma medida que
podía usar la profecía del Elías redivivus sin explicaciones.
Así como no debemos tratar de definir la venida de Jesús sin otros cálculos, sino prestar
atención más bien a lo que el gobierno providencial crea delante de nuestros ojos, así debemos
permitir que Dios cumpla la profecía de Juan a su tiempo y forma.
19:1-10 Acción de gracias por los juicios sobre Babilonia

Las palabras de alabanza que resuenan desde el cielo por la manifiesta justicia de Dios al
destruir la ciudad del anticristo conforman una respuesta al clamor del ángel en 18:20 a
alegrarse por lo que Dios ha hecho. Las alabanzas del cielo son registradas en los vv. 1–4 y las de
los santos, apóstoles y profetas en los vv. 6–8. El orden de las alabanzas del cielo en el cap. 5
aquí aparece invertido; primero, la multitud de los ángeles hace oír su gozo entusiasta y luego
los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes agregan su Amén. El llamado a la alabanza
por parte de los siervos de Dios, pequeños como grandes (5) es respondido por el clamor de los
redimidos en los vv. 6–8. El cuádruple Aleluya de este pasaje es único en el NTNT Nuevo
Testamento; este término no aparece en otro lugar de sus páginas. Lo conocemos por su uso en
los Sal., en particular en los llamados Hallel, o sea los Sal. 113–118, cantado en los festivales de
Israel y asociado sobre todo con la pascua.
1, 2 La canción desarrolla 7:10 y es similar en significado a 12:10. La salvación incluye la
liberación de los poderes contrarios a Dios y por lo tanto del juicio. Los ángeles celebran lo
último, como es característico del Apoc. (cf.cf. Confer (lat.), compare 7:9, después del juicio de
los sellos; 11:16–18 después del juicio de las trompetas; 15:3, 4 en anticipación del
derramamiento de las copas de ira). 3 El segundo Aleluya celebra lo irreversible de la
destrucción de Babilonia. Su lenguaje es un eco de Isa. 34:9, 10, el día del Señor sobre Edom,
que en sí mismo recuerda la destrucción de Sodoma y Gomorra. La descripción del fuego que no
se apaga en el foso ardiente de Edom es seguido, sin embargo, por otro de la tierra que es
habitada por aves y bestias salvajes, ligando dos cuadros simbólicos de juicio, que estrictamente
son irreconciliables. Del mismo modo, el v. 3 también debe ser calificado por la descripción de la
nueva creación hecha por Juan (21:1–5), en la cual no habrá lugar para los fuegos de Babilonia.
5 La voz que salió del trono debe ser de uno de los seres vivientes y no del Cristo glorificado, que
difícilmente llamaría al pueblo de Dios diciendo: Load a nuestro Dios. 6–8 Las alabanzas de la
iglesia se relacionan con la venida del reino de Dios y las bodas del Cordero más bien que con la
desolación de Babilonia. La afirmación de que reina el Señor nuestro Dios Todopoderoso debe
ser, como en 11:16, “nuestro Dios Todopoderoso ha comenzado su reinado” (BJBJ Biblia de
Jerusalén, “ha establecido su reinado”; Besson, “entró en el reinado”), o sea que ha llevado a la
perfección su reino de salvación con bendiciones sin límite para la humanidad, por lo tanto,
ahora es el tiempo de las bodas del Cordero, en un sentido similar, porque la iglesia ya es la
novia de Cristo, pero aún no es “una iglesia gloriosa que no tenga mancha ni arruga ni cosa
semejante, sino que sea santa y sin falta” (Ef. 5:27). El comentario explicativo de que se vista de
lino fino, resplandeciente y limpio. Porque el lino fino es los actos justos de los santos (v. 8),
viene claramente de Juan y no es una parte del canto. Note el delicado balance de la gracia de
Dios y la respuesta humana que aparece en las declaraciones: Se le ha concedido que se vista de
lino fino, resplandeciente y limpio, porque la santidad es un don de Dios y su novia se ha
preparado, ocupándose en los actos justos de los santos. La doble realidad continúa a través de
la vida cristiana (cf.cf. Confer (lat.), compare Fil. 2 :12, 13).
9 La cuarta bienaventuranza del Apoc. anticipa el clímax de las relaciones de Cristo y su pueblo.
Estos son los que han sido llamados a la cena de las bodas del Cordero o sea creyentes,
indicando que aquí se emplea un doble simbolismo: la novia y los invitados son lo mismo (cf.cf.
Confer (lat.), compare 21:9, 10, donde la novia es también la ciudad santa. Estas son palabras
verdaderas de Dios; incluyen también a aquellas que hablan del juicio sobre Babilonia y la
bienaventuranza de la participación en la boda del Cordero, o sea las visiones de 17:1 hasta este
punto. 10 El ángel rechaza la adoración de Juan dado que él también es un consiervo tuyo que
mantiene el testimonio de Jesús. Dios es el único que debe ser adorado, porque el testimonio de
Jesús es el espíritu de la profecía. Esa traducción podría significar que el testimonio de Jesús es
el “aliento” o principio de la profecía, pero eso es demasiado impersonal. La declaración se
aclara cuando se comprende que el nombre favorito de los judíos para el Espíritu de Dios era “el
Espíritu de profecía”, por lo cual ello significa “el testimonio presentado por Jesús es la carga del
Espíritu que inspira la profecía”, ¡y él glorifica al Señor! Eso expresa perfectamente la enseñanza
del Espíritu Santo en los discursos de Juan 14–16 (ver especialmente Juan 14:26; 16:12–15).

19:11-22:5 LA REVELACION DEL CRISTO Y DE LA CIUDAD DE DIOS


El juicio de Babilonia ha sido el tema de 17:1–19:10, afirmado sobre todo por la séptima copa en
el juicio de 16:17–21. Pero aún no se ha expresado el destino del anticristo y sus aliados, que es
el tema del juicio de la sexta copa (16:12–14). Esto es el prefacio de las visiones finales del
triunfo de Cristo y su reinado, que consiste en una descripción de la venida de Cristo y la
subyugación de los poderes del mal (19:11–20:3), el reino de Cristo en este mundo (20:4–10); el
juicio final (20:11–15); y la nueva creación y la ciudad de Dios (21:1–22:5).

19:11-21 El jinete del caballo blanco

11–15 El cuadro de la venida de Cristo se logra por medio de una serie de imágenes simbólicas
que iluminan aspectos de un hecho demasiado grande como para ser captado de antemano.
Cuando se abre el cielo, lo primero que ve Juan es un caballo blanco, con un jinete que se llama
Fiel y Verdadero. Por lo común no pensamos en Cristo regresando en un caballo, acompañado
por multitudes de ángeles en caballos, ni tenemos por qué hacerlo. Es una representación de
Jesús el todopoderoso Conquistador, “mariscal” de los ejércitos celestiales, viniendo a dominar a
los rebeldes de la tierra, que son dirigidos por los poderes del infierno. Sus ojos como una llama
de fuego se relacionan con el juicio; sus muchas diademas, con su posición como “Rey de reyes y
Señor de señores”. Tiene un nombre escrito que nadie conoce sino él mismo, sin embargo, sus
nombres son dados en los vv. 11, 13 y 16; testifican de quien es él, pero sólo Dios puede captar el
misterio de su persona (cf.cf. Confer (lat.), compare Mat. 11:27). Su vestidura teñida en sangre es
la de Dios (ver Isa. 63:1–6), que según los rabinos Dios usaría el día de su venganza sobre Roma.
Los ejércitos en el cielo que siguen a Cristo son las “huestes celestiales”, o sea los ángeles que le
rodean (cf.cf. Confer (lat.), compare 1 Rey. 22:19; Sal. 103:20; Dan. 7:9, 10, 13; Mar. 8:38; 13:26,
27; 2 Tes. 2:5, 6). El Señor tiene una espada para herir con ella a las naciones y pisa el lagar del
vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso: dos figuras complementarias en las que Jesús
se revela primero como soldado y luego como granjero que asegura su cosecha de uvas.
16–18 Las órdenes del ángel a las aves de presa ¡Congregaos para el gran banquete de Dios! se
toman de la visión de Ezequiel sobre el derrumbe de Gog y Magog (Eze. 39:17–20), aunque el
ataque a Gog y Magog es puesto por Juan en el final del reino terrenal (20:7–9), en armonía con
la visión de Ezequiel (Eze. 38:7–9). Este gran banquete para las aves de rapiña es una
contraparte de la fiesta que comienza en el reino de Dios (Isa. 25:6), descripta aquí como la cena
de las bodas del Cordero.
19–21 La bestia y sus aliados se reúnen para hacer la guerra contra el que estaba montado sobre
el caballo y contra su ejército. Están congregados, o sea en Armagedón (16:16). ¡Pero no hay
batalla! Los ejércitos del cielo vigilan mientras la bestia y el falso profeta son capturados, el
Cristo esgrime la espada de su boca y el demonio es arrojado en el abismo. Esta es una escena de
juicio por medio del poder de la palabra de Dios. Toda la descripción es pictórica, incluyendo el
caballo de Cristo, la espada que sale de su boca y las aves que se hartan de la carne de los que
han sido muertos. No podemos estar seguros del significado de los detalles de este cuadro,
aparte de una realidad dominante: la victoria de Cristo sobre los que se oponen a él es total. El
anticristo y el falso profeta fueron lanzados vivos al lago de fuego ardiendo con azufre. El lago de
fuego es un cuadro variante del infierno, que en gr. es Gehenna, transliteración del heb. Ge-
hinnom, el valle de “Hinnom”, donde en tiempos de Jeremías los judíos ofrecían sacrificios
humanos (ver Jer. 7:31). En la literatura apocalíptica, ambos términos son pictóricos; el primero
es un desarrollo del concepto del abismo y ambos representan el inescapable juicio de Dios
sobre aquellos que persisten en su rebelión.
20:1-3 La subyugación del dragón

La descripción de la subyugación del “dragón” (Satanás) continúa sin una interrrupción el relato
de la conquista de la trinidad malvada que ha reunido a “los reyes de todo el mundo … para la
batalla del gran día del Dios Todopoderoso” (16:14). Esos párrafos nunca debieron haber sido
separados. Después del juicio del anticristo y el falso profeta y las multitudes que ellos han
engañado, el enemigo final, o sea el diablo, que había inspirado la rebelión contra Dios, es objeto
de atención. No es necesaria ninguna gran lucha; un ángel le prendió, le ató con una cadena, lo
arrojó al abismo y lo cerró, y lo selló sobre él, un medio cuádruple de asegurar que ha sido
removido de todo contacto con la humanidad en la tierra (sobre este simbolismo ver Isa. 24:21,
22). Como declara el texto, esto era para que no engañase más a las naciones, hasta un momento
decretado por Dios cuando será liberado por un breve lapso, o sea hasta que se cumpliesen los
mil años. La liberación, así como la prisión, son el cumplimiento del propósito inescrutable de
Dios.
Nota. El reinado de Cristo de mil años. La atadura de Satanás por mil años coincide con el “reino
de Cristo” por mil años (20:4). Este reino de mil años ha recibido el nombre de “milenio” (mille
significa “mil” en lat.) y se llama “quiliasmo” a la doctrina (chilias es mil en gr.). La limitación de
reinado del Mesías a mil años no se encuentra en el ATAT Antiguo Testamento, sino que el reino
sobre el cual él domina se representa típicamente como un reino de este mundo, centrado en
Jerusalén. En Isa. 65:17–25 y 66:22, 23 se habla de la creación de nuevos cielos y nueva tierra,
pero la descripción del reino de Dios se da totalmente en términos de este mundo (una
Jerusalén gozosa, longevidad humana, estabilidad en los hogares y el campo, niños felices,
animales pacíficos). Algunos autores apocalípticos enfatizan este concepto de una nueva
creación, de modo que entre los judíos es común distinguir entre el reino del Mesías en este
mundo y el reino de Dios en el nuevo (aunque no sin el Mesías). Existía una gran diversidad de
opiniones sobre la duración del reino mesiánico entre los rabinos. Se sugería que duraría 40
años (de acuerdo con los que estuvo Israel en el desierto), o 400 años (tiempo en Egipto), o
4.000 (desde la creación hasta el presente). Otros puntos de vista eran que duraría 365 días (Isa.
63:4 habla de un “día” de venganza y un “año” de redención) o 365.000 años (Sal. 90:4 habla de
un día como mil años ante el Señor). Este último pasaje llegó a ser combinado con la idea de la
historia como recapitulando la semana de la creación, seguida por el reposo divino el sábado, de
modo que los seis días de la historia llevarían a un sábado histórico, el reino del Mesías, que a su
vez sería seguido de un octavo día sin fin. Este criterio se presenta en el cap. 15 de la Epístola de
Bernabé, una obra cristiana más o menos contemporánea al Apoc. Para Juan los “mil años”
probablemente indicaban el carácter del reino de Cristo más que su duración, o sea que habla de
su naturaleza como el reposo sabático de la historia humana, y así se vincula con la enseñanza
en Heb. del reino como el reposo sabático que espera al pueblo de Dios (Heb. 4). Sin duda, Juan
habría sido confirmado en esta interpretación por la lectura de Eze. 36–48, donde la
restauración de Israel a su tierra bajo el Mesías, el nuevo David (caps. 36, 37) es seguida por la
rebelión de Gog (caps. 38, 39) y la promesa de una nueva Jerusalén con un nuevo templo (caps.
40–48). La oración que Jesús enseñó a sus apóstoles sería así más importante aun (“venga tu
reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra”, Mat. 6:10); y Juan
también habría conocido las bienaventuranzas (“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque
de ellos es el reino de los cielos … Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra
por heredad”; Mat. 5:3, 5).
La exposición de Pablo sobre el reino de Cristo en 1 Cor. 15:22–25 está estrechamente
relacionada con la exposición de Juan e indica la probabilidad de que sea una tradición
establecida en la iglesia primitiva. Ciertamente, fue así en los primeros siglos, pero algunos
líderes cristianos destacados se oponían, favoreciendo interpretaciones más extravagantes. La
interpretación de Agustín de que el milenio es el período de la iglesia entre la primera y segunda
venida de Cristo llegó a ser la enseñanza oficial tanto de la Iglesia Católica como de las
reformadas. Un ejemplo es el comentario de Hendriksen sobre el Apoc., donde identifica la
atadura de Satanás (20:1–3) con su expulsión del cielo (12:9); los mil años del poder de la iglesia
(20:4–6) con su tiempo de triunfante testimonio (11:2–6; 12:14, 15); el ataque de los ejércitos de
Gog y Magog (20:7–9) con la persecución de la iglesia por el anticristo (11:7–10; 13:7, 8); la
posterior destrucción de esos ejércitos (20:9) con el Armagedón (19:19–21); y el juicio final
(20:11–15) con el juicio mesiánico (14:14–20).
Esta es una plausible e interesante interpretación del texto, pero parece incluir dificultades
insuperables. En 12:9 Satanás es echado del cielo, donde ya no podrá acusar más a los santos
delante de Dios, para caer en la tierra, donde se intensifica su guerra contra la iglesia, porque su
tiempo es corto; en 20:1–3, es sacado de la tierra y encarcelado en el abismo, para que ya no
pueda corromper a la humanidad. El juicio de 14:14–20 está en línea con los juicios mesiánicos
de los últimos tiempos, sobre todo con lo que ocurra en la venida de Cristo (19:19–21); mientras
que el juicio final de 20:11–15 es sobre todas las generaciones de la humanidad. La derrota de
los poderes del mal se describe en el indivisible pasaje de 19:19–21:3, y eso ocurre en la venida
de Cristo en gloria, lo que es seguido por un reinado de mil años. Agreguemos a ellos la
imposibilidad de reconciliar la presunción de Juan, compartida en general por los profetas, de
que el Señor puede venir pronto (1:3; 22:20) con la noción de que el reinado de mil años
precederá su venida, lo que produce la dificultad de atribuir a Juan este esquema interpretativo.
Juan sabía bien que el reino de Dios se estableció por medio de la redención de Cristo (caps. 5;
12:10–12); el reino que el Señor traerá en la segunda venida será el triunfo del que trajo por
medio de su ministerio encarnado, de allí la revelación de lo que ha estado en el mundo desde la
resurrección en adelante.
Entonces, ¿por qué Dios permite la liberación de Satanás al fin de los mil años? Juan hubiera
contestado: “Así está escrito.” La profecía del ataque de Gog sobre Israel (Eze. 38, 39) se ubica
después de la restauración del pueblo al reino. Gén. 1–3 aporta mucho del simbolismo de la
ciudad de Dios en el Apoc. La meditación de Juan sobre esos caps. pudo haber sugerido que
como se permitió a Satanás entrar al Edén para exponer la naturaleza de los corazones
humanos, del mismo modo se le permitirá hacerlo en el paraíso final, de modo que toda la
hostilidad a Dios puede ser expuesta plenamente y ser aniquilada antes que su reino sea
absoluto. Como otros autores apocalípticos, Juan debió haber sabido que la plenitud del reino
de Dios no puede lograrse dentro de las limitaciones de este mundo, ni aun en el paraíso
restaurado; la meta de la creación sólo puede ser alcanzada por medio de una restauración como
la de Cristo.

20:4-6 El milenio

La descripción del reinado de Cristo es extraordinariamente breve; nada se dice sobre las
condiciones de vida en esos mil años, salvo una simple afirmación de quién ejercerá el dominio
en ellos. Sin embargo, hay razón para creer que la extensa descripción de la ciudad de Dios en
21:9–22:5 se aplica al reino de la era milenaria tanto como a la próxima era eterna. 19:6, 7
celebra el matrimonio de la novia en la venida de Cristo; 21:9 revela que la novia es la ciudad
santa de Jerusalén. Las huestes de Gog rodean “el campamento de los santos y la ciudad amada”
(20:9), que debe ser la ciudad de Dios, la nueva Jerusalén de este mundo. Las naciones caminan
a la luz de la ciudad y llevan su gloria a ella, pero nada sucio entrará por sus puertas (21:24, 25) y
las hojas del árbol de la vida sanan a las naciones (22:2). Tales afirmaciones son más apropiadas
aun en cuanto a la ciudad en el mundo que en la nueva creación. No hay una línea en 21:9–22:5
que no se pueda aplicar al reino en este mundo, lo que sugiere que significa vida en la historia
así como en la eternidad.
4 ¿Quiénes son los que se sentaron sobre los tronos? Dan. 7:9–14, 27 da la respuesta: “los santos
del Altísimo”, con lo cual concuerdan Apoc. 5:9–20 y 19:7. De estos “santos” Juan hace una
mención especial al hablar de los mártires y de quienes confesaron a Cristo, para aliento de
todos los que han sido llamados a recorrer el sendero del martirio. 5 Los demás muertos no
volvieron a vivir se relaciona casi seguramente con los muertos sin Cristo; Juan no negaría la
resurrección de la iglesia en la venida de Cristo (ver los comentarios sobre el v. 4; cf.cf. Confer
(lat.), compare sobre 11:11, 12; 1 Cor. 15:51, 52; 1 Tes. 4:16). 6 La quinta bienaventuranza declara
la bendición de aquellos que comparten la primera resurrección. Sobre éstos la segunda muerte
no tiene ningún poder (cf.cf. Confer (lat.), compare v. 14 y sobre 2:11) y ellos serán sacerdotes de
Dios y de Cristo mientras que reinan con él. Por lo tanto, su reino es su servicio a Dios y la
humanidad.

20:7-10 La última insurrección del mal


Como se mencionó antes, aquí Juan sigue la profecía de Eze. sobre la invasión de la tierra de
Israel por Gog y Magog después del reino mesiánico ya establecido. Si bien en Eze. 38, “Gog de
la tierra de Magog” viene del norte para invadir la tierra santa, en la visión de Juan, Gog y
Magog ocupan el lugar de las naciones que están sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra
(8). Estas subieron sobre lo ancho de la tierra y rodearon el campamento de los santos y la
ciudad amada por Dios; ¡una urbe de unos 2.200 km.km. Kilómetro(s) de ancho, largo y alto
(21:16)! El evento es tan simbólico como el Armagedón y representa un ataque sobre la
manifestación del dominio de Cristo en el mundo. 9b, 10 Los presuntos destructores son
destruidos, y el demonio es echado al lago ardiendo, para no volver a perturbar más a la
humanidad.

20:11-15 El juicio final

Si la huida del cielo y la tierra de la faz de Dios ha de verse como el precursor del nuevo cielo y la
nueva tierra (cf.cf. Confer (lat.), compare 2 Ped. 3:10–13), el espectáculo del gran trono blanco
como la única realidad que la humanidad puede contemplar es ciertamente una visión terrible.
Pero la descripción probablemente es simbólica para aumentar la terrífica grandeza de la
escena, la última teofanía abrumadora de la cual quiere escapar la humanidad sin lograrlo (cf.cf.
Confer (lat.), compare 6:12–17).
12 Los muertos, grandes y pequeños, están de pie delante del trono, o sea que toda la
humanidad es convocada al juicio. ¿Está exenta de esto la iglesia? 20:4–6 sugiere que sí, pero en
ese caso los creyentes habrían sido juzgados antes (cf.cf. Confer (lat.), compare 3:5; 2 Cor. 5:10),
pero Juan no da indicios de esto. El pasaje destaca la necesidad de que todos sean juzgados,
sean santos o pecadores ¡y hay bastante tiempo como para ello! El juicio continúa de acuerdo
con dos criterios: primero, de acuerdo a sus obras y, en segundo lugar, por el testimonio de los
libros. Este último hecho se toma de Dan. 7:10, que refleja tanto una corte común en sus
procedimientos como el hábito de los reyes persas de registrar cada detalle de los eventos en sus
provincias. Lo más importante es que el testimonio conjunto de ambos criterios concuerda y el
libro de la vida ha de revelarlo.
14, 15 La Muerte y el Hades representan el hecho de morir y la condición a que se llega luego de
la muerte. Ambos fueron lanzados al lago de fuego, circunstancia que muestra la naturaleza
claramente pictórica de la escena, incluyendo el lago de fuego. En ese lago fueron echados
aquellos cuyo nombre no fue hallado inscrito en el libro de la vida. El lago tiene su origen en el
abismo, la sede del monstruo enemigo de Dios, y tradicionalmente la morada de los malos
espíritus y el lugar donde los ángeles caídos fueron castigados. Es la alternativa a la ciudad de
Dios. De acuerdo con ello, Juan representa la misma realidad por el muy diferente símbolo de la
vida fuera de la ciudad (21:27) en contraste con la vida dentro de ella (21:24–26). Es
significativo que todo comienza en relación con la nueva creación, la obra de Dios en Cristo;
podemos estar seguros de que la gracia y la verdad (Juan 1:17) serán tan realmente unidas en el
juicio como lo fueron en la cruz de Cristo.
21:1-8 La nueva creación

El desarrollo de las acciones de Dios con la humanidad en el Apoc. alcanza su clímax en este
pasaje: los vv. 1–4 describen una nueva creación en la cual Dios y su pueblo moran juntos en
comunión; los vv. 5–8 declaran la verdad de esa descripción y sus implicaciones para los
lectores. Su propósito es fortalecer la fe, esperanza y decisión de la iglesia al enfrentar la prueba
definitiva.
1 La creación de un cielo nuevo y una tierra nueva se enseña en Isa. 65:17 y 66:22 (cf.cf. Confer
(lat.), compare Mat. 5:18; Mar. 13:31; 2 Ped. 3:12). Los maestros judíos interpretaban Isa. 65; 66
de distintas maneras: algunos creían que Dios renovaría la creación y otros que la reemplazaría
por otra completamente nueva. La visión de Juan admite cualquiera de esas interpretaciones; el
hecho de que 20:1 describe una teofanía, o sea una representación pictórica de la respuesta
divina de una creación frente a la venida de Dios para juicio, puede ser vista como algo favorable
al primer punto de vista. En cualquier caso, el mar ya no existe más, lo que tiene menos que ver
con el agua que con la maldad: el demonio, el anticristo y el imperio del anticristo son todos
descriptos como monstruos del mar; nada de ese orden ha de sobrevivir en el nuevo. 2 Las
imágenes usadas en el cuadro de la santa ciudad aquí y en 21:9–22:5 fluctúan entre una ciudad
novia, como contexto de vida en el reino de Dios, y la comunión de los redimidos con Dios. 3
Este último elemento aparece como la primera y mayor bendición del reino eterno. El término
para tabernáculo es lit.lit. Literalmente “tienda”; hace recordar el tabernáculo en el desierto,
sobre el cual descansaba la columna de fuego y humo que era la señal de la presencia y gloria
manifiesta de Dios. La misma asociación de lenguaje se usa en Juan 1:14; en la nueva creación se
cumple todo lo que significa Emanuel. 4 Cf. 7:17; Isa. 25:8. 5 He aquí yo hago nuevas todas las
cosas se refiere a la acción divina en la nueva creación, pero fue comenzada en la resurrección de
Cristo y es experimentada por todos los creyentes en el presente (2 Cor. 5:17). ¡Está hecho! es un
eco del clamor desde la cruz (Juan 19:30) y la voz desde el trono (16:17). Dios es el Alfa y la
Omega; su carácter garantiza la verdad de esta revelación. La promesa agregada recuerda Isa.
55:1 (cf.cf. Confer (lat.), compare también 22:17; Juan 7:37, 38). 7 Se da una promesa final al
cristiano que venza: las bendiciones de la ciudad Santa serán su herencia. 8 En contraste con el
vencedor, que hereda el reino, están aquellos que se excluyen a sí mismos de él. Los cobardes
son los que niegan o rechazan al Cristo de Dios y adoran al anticristo. Los términos restantes
describen a los incrédulos cuyas vidas han demostrado su oposición a Dios.

21:9-22:5 La ciudad de Dios

En cuanto a la sugestión de que esta sección describe a la ciudad de Dios a semejanza de los “mil
años” del reino de Cristo y de la nueva creación, ver la nota sobre el milenio.
9 La revelación de la novia fue anticipada en 19:7–9. Aquí la metáfora nupcial da paso a la de
una ciudad; una transferencia de imagen similar aparece en Isa. 54:4–8. 10 El lenguaje es tan
similar a Eze. 40:2 que debemos dar por sentado que Juan lo tenía en mente; la ciudad
desciende del cielo al monte donde ha de detenerse. ¡El cielo viene a la tierra en el reino de Dios!
11 La apariencia de la ciudad es comparada a la del jaspe así como su gloria es como la del
Creador (ver 4:3). 12, 13 El muro grande y alto sirve para el doble propósito de mantener fuera a
los que no tienen parte en la ciudad (21:27; 22:14, 15) y de proveer seguridad eterna a los que
están adentro. Sus doce puertas tienen una inscripción con los nombres de las doce tribus de los
hijos de Israel, así como el muro tiene doce fundamentos que dejan ver los doce nombres de los
apóstoles del Cordero. He allí la unidad del pueblo del antiguo y el nuevo pactos a la vista;
juntos forman “el Israel de Dios”, expandido como para abarcar a todas las naciones en Cristo,
14 Los doce fundamentos del muro de la ciudad no deben ser considerados como uno sobre otro
sino que forman una cadena continua alrededor de la ciudad, dividida por sus doce puertas. Los
doce apóstoles corresponden a las doce tribus del v. 12; como en el último caso, denotan un
conjunto colectivo más bien que una lista de indivuos. Por lo tanto, no hay necesidad de
preguntar si el nombre de Pablo está incluido en los doce y si algún otro nombre es omitido; la
cuestión no se presenta.
16 La ciudad está dispuesta en forma cuadrangular, pero como su altura es la misma que su
ancho y su largo, es un cubo. En el ATAT Antiguo Testamento se menciona una estructura de esa
forma, o sea el Lugar Santísimo en el templo (1 Rey. 6:20); aquí el aspecto cúbico indica que
toda la ciudad es un santuario y participa de la santidad del altar interior de la antigüedad.
12.000 estadios representan aproximadamente 160 km.km. Kilómetro(s), pero traducir a
medidas modernas es privar a las mediciones de su claro simbolismo: un múltiplo infinito de
doce. Juan puede estar diciendo que la ciudad de Dios alcanza desde el cielo a la tierra y así los
liga en uno. 17 El muro tiene 144 codos (unos 70 m.m. Metro) probablemente de alto más que de
ancho, lo que nuevamente es un múltiplo perfecto de 12. En este contexto no hay necesidad de
subrayar la disparidad entre las medidas de la ciudad y el muro: ¡el segundo es bastante grande
como para cumplir su fin!
18–21 El lenguaje del simbolismo continúa en la descripción que Juan hace de los materiales de
la ciudad. Ya ha dicho que la apariencia de Dios era como el resplandor del jaspe (11). Ahora
declara que toda la muralla está hecha de jaspe. El oro puro puede recordar el santuario del
templo de Salomón, que estaba cubierto completamente de oro (1 Rey. 6:20–22), o aludir al
pensamiento de 3:18. La lista de las joyas que decoran los fundamentos es sorprendente. A pesar
de ciertas incertidumbres para la traducción, parecen ser idénticas a las que tenían inscriptos los
nombres de las doce tribus en el pectoral del sumo sacerdote (Exo. 28:15–21). Tanto Filón como
Josefo dirigen su atención al hecho de que esas doce joyas también representaban los doce
signos del zodíaco. Sobre la base de una antigua correlación de las joyas y esos signos pareciera
que la lista de joyas de Juan describe el progreso del sol a través de los doce signos del zodíaco,
¡pero en orden inverso! Quizá Juan quería disociar la Ciudad Santa de las especulaciones
paganas sobre una ciudad de los dioses en los cielos, o puede ser verdad lo contrario y Juan
estaba queriendo mostrar que la realidad que anhelaban los paganos se encuentra en la
revelación de Dios en Cristo (las piedras fundamentales tienen los nombres de los apóstoles del
Cordero, ¡que son sus testigos!).
22–27 En una ciudad modelada sobre el patrón del lugar santísimo no hay necesidad de templo;
toda ella es santa y Dios es adorado por doquier (cf.cf. Confer (lat.), compare Juan 4:20–23). 23
Isa. 60:19, 20 está claramente en su pensamiento. No se trata de que ni el sol ni la luna hayan
dejado de existir, sino de que su esplendor ha sido sobrepasado por la gloria del mismo Dios.
24–26 Estos versículos reproducen la esencia de Isa. 60:3–11, pero con una diferencia: ¡allí las
naciones llevan a los exiliados judíos a Jerusalén y sus riquezas a los judíos! Aquí llevan la honra
y la gloria a Dios y al Cordero cumpliendo de ese modo 15:4. El lenguaje de todo el párrafo es
especialmente adecuado al reino de Cristo en la era milenial, pero también puede ser aplicado
en un sentido menos directo al reino de Dios en la nueva creación.
22:1–5 Esta conclusión de la visión de la ciudad de Dios muestra vínculos con la descripción del
paraíso en Edén (Gén. 2, 3).
1 El trono de Dios y del Cordero es la fuente del río de agua de vida (cf.cf. Confer (lat.), compare
7:17; 21:6; 22:17). El jardín del Edén tiene un río (Gén. 2:10). En la visión de Ezequiel un río
fluía desde el templo (Eze. 47:9; véase la aplicación de este pasaje a Jesús en Juan 7:37, 38). 2 El
árbol de la vida (a diferencia de Gén. 2:9; 3:22, pero como en Eze. 47:7 ss.) es considerado en
forma colectiva. Como el símbolo del agua de vida, sus hojas son para la sanidad en sentido
espiritual, posiblemente en el primer caso para la curación de las heridas que le han sido
infligidas en su gran penuria. 3 Ya no habrá más maldición cita Zac. 14:11 e invierte la maldición
pronunciada sobre el paraíso original (Gén. 3:14–19). En la nueva Jerusalén los efectos de esa
maldición quedan completamente eliminados. 4 La meta de una humanidad redimida es
declarada aquí: Verán su rostro. Esa visión implicará la transformación de los que la contemplen
para ser a su misma semejanza (2 Cor. 3:18; 1 Juan 3:2). En cuanto al nombre … en sus frentes
ver sobre 3:12 y 19:12. 5 Reinarán por los siglos de los siglos expande 20:4 y es el cumplimiento
final de 3:21 (nótese que en 11:15, “reinará por los siglos de los siglos”, lo cual incluye el reino
milenial y el de la nueva creación).

22:6-21 EPILOGO

En esta conclusión aparecen tres temas que se destacan: la autenticidad de las visiones relatadas
(6, 7, 16, 18, 19); la inminencia del regreso de Cristo (6, 7, 10–12, 20) y la necesidad de la
santidad dada la consumación pendiente (10–15). Es difícil estar seguro de la identidad de
quienes hablan en las diversas oportunidades. Los vv. 7, 12, 13 y 20a parecen expresiones de
Jesús; los vv. 6, 8, 14, 15 del ángel y los vv. 8, 9, 17–19, 20b y 21 adiciones de Juan. Es posible
una gran dosis de variaciones, pero en última instancia importan poco, ya que en definitiva el
que habla es Cristo, cuyo mensajero es el ángel (9) y cuyas expresiones Juan registra en su
carácter de profeta (10).
6, 7 A la luz del v. 7; 19:9 y 21:5, el hecho de que las palabras son fieles y verdaderas se
relacionan no sólo con el contexto previo sino con todo el libro. Tienen que ver con hechos que
tienen que suceder pronto porque el Señor anuncia:¡He aquí que vengo pronto! (cf.cf. Confer
(lat.), compare también v. 20). 8, 9 La inclusión de este pasaje por parte de Juan no significa
necesariamente que algunos de sus lectores se dedicaran al culto a los ángeles, aunque esa
práctica tenía lugar entre los judíos y aparentemente entre los cristianos (Col. 2:18). La acción
de Juan es bastante natural y su relato no necesita otra explicación que la de haber ocurrido y
ser de interés. No se trata tanto de una polémica contra el culto a los ángeles, sino una
corrección de una exaltación excesiva de todo instrumento de la revelación. Los ángeles,
profetas y otros cristianos están en un mismo nivel delante de Dios.
10 La advertencia es lo inverso de la de Dan. 8:26; 12:4, 9 y de los apocalipsis judíos en general.
Mientras que éstos profetizaron en tiempos remotos, el mensaje de Juan era de importancia
inmediata y fue dado en su propio nombre. 11 No hay una ironía en esta expresión. Daniel había
dicho (Dan. 12:10) que en los últimos días muchos serían purificados por su experiencia de ser
probados, pero los malvados actuarán malvadamente, o sea que en la crisis final la gente
aparecerá en sus verdaderos colores y se alineará del lado de Dios o en contra de él. Esa
enseñanza es continuamente subrayada en el Apocalipsis (7:1–8; 11:1, 2; 12:1–14:5, etc.). Aquí
tenemos su exposición final. Como el tiempo está cerca, que aquel que insista en aferrarse al mal
continúe haciéndolo; pronto se enfrentará a su juicio. Que el justo y el santo se cuiden a sí
mismos, porque su Señor pronto viene para su liberación. Hacer de esta afirmación una doctrina
sobre la fijeza del carácter y destino de las gentes en los últimos tiempos va en contra del
contexto y la enseñanza general del libro (e.g. 14:6, 7; 15:4; 21:6–8; 22:17). La última de las siete
bienaventuranzas del Apocalipsis. Los que lavan sus vestiduras son aquellos cuya culpa ha sido
removida por medio del Salvador crucificado y resucitado, y por ello tienen derecho al árbol de
la vida y pueden entrar a la ciudad de Dios. El uso que hace Juan de esas diferentes imágenes
para expresar juicio indica la gran flexibilidad del simbolismo.
16 Jesús como la raíz y el linaje de David cumple Isa. 11:1. Como estrella respladeciente de la
mañana, cumple la profecía de Balaam en Núm. 24:17. 17 El Espíritu, que es especialmente
activo en los profetas (19:10) se une a la iglesia para clamar al Señor “¡Ven!” Se invita al pecador
arrepentido a acercarse y tomar del agua de vida gratuitamente y así estar listo para dar la
bienvenida al Señor cuando venga.
18, 19 Juan ha sido muy severamente juzgado por concluir su profecía con estas palabras. Sin
embargo, era costumbre en los escritores antiguos que protegieran sus obras contra la
mutilación y la interpolación agregando un anatema de ese tipo. La preocupación de Juan era
impedir que su mensaje fuera pervertido por medio de agregados o sustracciones. Se ve la
misma preocupación en Deut. 4:2. La llamada “fórmula de canonización” en este pasaje —“no
agregar ni quitar”— ha sido rastreada en Egipto hasta el año 2450 a. de J.C.a. de J.C. Antes de
Jesucristo En vez de su habitual maldición, Juan advierte sobre el juicio y la pérdida del reino de
Dios.
20 La respuesta de Juan a la última promesa del Apocalipsis corresponde a la palabra aramea de
advertencia Maranata, o sea “ven pronto” (ver 1 Cor. 16:22). La promesa es la culminación de
todas las promesas y la respuesta es la suma de todas las esperanzas de los seres vivientes.
21 La bendición nos recuerda que el Apocalipsis es una carta y que sus lecciones deben ser
aplicadas personalmente. Sólo por la gracia de nuestro Señor Jesús puede alcanzarse la victoria
que recibirá la recompensa descripta en este libro. Nos desafía a abrir continuamente nuestras
vidas a esa gracia y agregar nuestro propio Amén.