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1) Medicina Amerindia Prehispánica y Contemporánea.

Conocimiento, pensamiento y médicos


de nuestras raíces culturales

Este documento es la primera parte del texto “Las raíces de la formación médica en Colombia. Una
mirada al pensamiento educativo médico desde la América prehispánica hasta el siglo XIX”. Próximo a ser
editado.

Resumen

Cuando se piensa en las raíces de la educación médica se suele evocar de inmediato a Hipócrates de
Cos o analizar la medicina científica y los grandes clínicos o escuelas médicas francesas o norteamericanas,
pero pocas veces se habla de nuestra medicina indígena.
La dramática hecatombe que significó la conquista americana implicó no solo el exterminio físico de
la inmensa mayoría de nuestros ancestros, sino también de sus conocimientos.
Algunos de los primeros narradores de Indias se asombraban con el desarrollo, en varios aspectos, que
tenían nuestros indígenas y el conocimiento médico superaba la capacidad de los médicos venidos de España
en el siglo XVI, en muchos casos.
El estudio de la cultura y valores de la medicina indígena tiene una tradición investigativa entre las
escuelas de antropología colombinas pero no sucede lo mismo con las escuelas médicas, el legado occidental
racionalista determinó que cualquier concepción o terapéutica no científica fuera apartada por la medicina
occidental y en nuestras facultades de medicina estos saberes, cuando son abordados, son vistos
marginalmente desde las ciencias sociales, con muy raro interés por lo que para el conocimiento de nuestra
práctica médica puedan significar.
La Gran Exploración Humana desarrollada en 1993 constituye un primer y significativo paso por
acercarnos como científicos y como profesionales de la salud al saber médico indígena. Los principios y
prácticas de la medicina indígena han sido valorados y estudiados por investigadores europeos y
norteamericanos mucho más que lo que nosotros hacemos con lo propio. Reconocer y valorar lo propio es
un paso necesario para ampliar la comprensión de la medicina y el significado del quehacer médico en
nuestro entorno.

Introducción

Los americanos y en general, los humanos tenemos una deuda histórica con nuestros antepasados que
aún no ha sido saldada. Parte de esa deuda proviene del saber acumulado que las comunidades primitivas
atesoraron y cultivaron por siglos en toda la América precolombina. Estos saberes que apenas empiezan
a ser reconocidos y revalorados cultural, legal y socialmente, fueron construidos por una gran diversidad de
comunidades indígenas que poblaron nuestros territorios. El conocimiento médico indígena que se ha
logrado preservar, a pesar del arrasamiento cultural y de la hecatombe que significó la conquista americana,
superior en magnitud al holocausto judío de la segunda guerra -si la miramos en cifras y en su repercusión
económica, moral y cultural para nuestros pueblos-; es un conocimiento propio de la América Indígena,
históricamente válido, apropiado a nuestros climas, recursos naturales disponibles, armónico con las
cosmovisiones de sus creadores y con la naturaleza. En una palabra, el conocimiento médico indígena es un
conocimiento auténtico y original, que, aunque inaplicable a la mayoría de los americanos modernos que
fuimos transformados mentalmente en occidentales, es un conocimiento rico, válido y respetable que ha
sido injustamente olvidado, marginado y subvalorado por las fuerzas económicas y políticas dominantes.

Pareciera en principio que la medicina indígena nada tuviera que ver con la educación médica, las
reformas curriculares y la relación médico paciente, que es el tema que motiva de fondo esta reflexión y la
tesis que la orquesta, pero por lo contrario se trata de los conocimientos y prácticas médicas auténticamente
americanos que tenían el carácter que solo buscaron las medicinas de las grandes civilizaciones de la
antigüedad: los egipcios, los griegos, los vedas (antiguos hindúes) y los chinos; la medicina que perdimos,
estaba basada en la búsqueda no solo en conocimientos y soluciones prácticas, sino especialmente en la
sabiduría; porque fueron medicinas fundadas en la cosmovisión de sus habitantes y en la armonía que

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originariamente unía al hombre con la naturaleza. Este breve recorrido por las medicinas y los médicos
amerindios tiene pues el propósito de reconocer este carácter sabio, base primordial de la medicina, que
poco a poco se ha ido extinguiendo y de la que tenemos mucho por aprender.

Saberes y Prácticas Médicas Amerindias

El conocimiento médico que tenían las culturas indígenas encontradas por los españoles en América fue
destruido en gran parte durante la conquista, y el que pudo mantenerse o recuperarse fue rechazado y
subvalorado como fuente de conocimiento para el saber médico que luego se instauró como
oficial. Empero, este saber es reconocido por diversos sectores sociales y académicos y ha sido investigado
significativamente. Lo importante de estos saberes es identificar en ellos los elementos que han trascendido
al saber popular y que constituyen parte del ideario sobre medicina, salud, enfermedad y curación que tienen
las comunidades indígenas aún existentes, las cuales que se han reorganizado y fortalecido gracias a la
legislación indígena vigente.

Debido al sacrificio de las culturas indígenas durante la conquista y la colonia y a que pocas de ellas
tenían escrituras (aún en el caso de los Mayas sus códices fueron en buena parte destruidos), la
reconstrucción de la historia indígena de América Latina y la de Colombia se ha tenido que elaborar a partir
de exploraciones arqueológicas, de los textos de algunos cronistas de indias y con la indagación de las
escasas tradiciones orales que conservan los grupos subsistentes. Estos indicios muestran que los aborígenes
americanos habían alcanzado algún grado de progreso a la llegada de los conquistadores.
Se destacan los conocimientos astronómicos de los Mayas, las técnicas de agricultura, comercio y
comunicaciones de los Incas y la arquitectura de los Mayas, Aztecas e Incas; en general la mayoría de
culturas amerindias poseían una estructura social bien definida, con distinción jerárquica de poderes, artes
y oficios, que permitía una convivencia social organizada.

Los conocimientos de los ancestros indígenas americanos llegaron a ser considerados por algunos,
comparables con los del período neolítico de los europeos, sin embargo otros piensan que en algunos
aspectos como la comprensión de funciones terapéuticas de cientos y tal vez millares de plantas, así como
el desarrollo de diversas técnicas quirúrgicas, que en algunos aspectos superaban el saber vigente en Europa
durante la conquista.
La enfermedad es vista en el contexto de la concepción de realidad que tienen los indígenas, que
proviene de cosmovisiones que consideran al ser humano como parte de la naturaleza y en este contexto
identifican múltiples agentes causantes de enfermedad, tanto visibles como invisibles, pero todos
externos al ser humano. No se hace distinción entre causas naturales y causas «sobrenaturales» o
«mágicas», en el mundo indígena no parece existir en general dicha distinción, todo su mundo es natural.

La medicina amerindia contiene muchos elementos chamánicos, pero no es el único modelo al que
responde. El médico podía ser un individuo escogido por tradición o llamado por fuerzas internas en
quienes se fundía la labor sacerdotal y la médica dada la unidad de la ideología ecológica y social
indígenas.
Este médico-sacerdote no sólo es el sanador de problemas individuales es ante todo una consciencia
socializadora, puesto que la enfermedad es entendida como síntoma de un desorden grupal o económico y
por tanto su papel también consiste en ser un importante foco de la organización social, política y
religiosa, pudiendo servir de catalizador de ciertos procesos psicosociales o incluso ser fuente de conflicto
frente a su quehacer, visto como simple brujería, a nivel interno o externo de la comunidad.
En el caso de los Jaibanás actuales se ha enfatizado su papel fundamental en la reproducción de la vida
social adquiriendo importancia crucial en los procesos de resistencia y supervivencia étnica. En razón de
ello se ha afirmado que la persecución que han tenido los Embera se halla centrado en el acosamiento a los
jaibanás por su supuesta brujería, cuando en realidad se busca es desterrar su visión simbólica de la
naturaleza, que sustenta su orden social.

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El médico indígena responde a varias denominaciones. Los grupos Tayrona, Colimas y Panches los
nombraban Mohanes o Noamas, entre los Tukano y Kogí, los médicos se denominaban Shamanes,
mientras que en el litoral pacífico se denominan Jaibanás, entre los Emberas, o Nieles entre otros grupos.
Los Muiscas daban a sus médicos-sacerdotes el nombre de «Ogque», que los españoles cambiaron a
«Jeque». Entre los paeces se les llama the’ wala y entre los guambianos médicos tradicionales. En la mayoría
de grupos actuales, existen diferentes tipos de agentes de salud al servicio de las comunidades para aliviar
distintos sus problemas desde diversos enfoques. Los que tienen experiencia en campos específicos como
son las parteras y los sobanderos, atienden solo un determinado tipo de situaciones mediante tratamientos
básicos, tales como los relacionados con ensalmos o la obstetricia para partos normales. Otros tipos de
dolencias son tratadas por “herboristas”: hierbateros, curanderos o botánicos, cuya pericia les permite
conocer el uso de una amplia gama de substancias vegetales y minerales disponibles en su entorno; además,
existe un grupo de médicos que tratan enfermedades asociadas con hechizos o brujería, 11 así como los
soñadores guambianos, que interpretan las enfermedades a partir de las ensoñaciones que ellos tienen de
cada enfermo.

La formación del médico indígena dura toda la vida, desde que se saben escogidos para desarrollar ese
don, inician una preparación muchas veces desde la infancia o adolescencia; muchos son aislados de su
comunidad y son entrenados no solo en el reconocimiento, preparación y uso de las medicinas naturales,
sino que reciben una formación espiritual y religiosa para enfrentar su tarea.ii Los médicos muiscas recibían
educación especial por años en un seminario especial llamado «Cuca» cerca de Chia, donde eran instruidos
por indios mayores. La formación del médico incluía el conocimiento del entorno ecológico, las
características de la comunidad y de cada uno de los miembros del grupo. En las diferentes familias Catías
los Jaibana o kaibana son designados a una edad temprana. Su preparación cuando no la realiza el padre es
costosa y demanda mucho tiempo. Cuando el maestro juzgaba que su discípulo estaba ya bien instruido, le
regalaba unos fetiches o Kay. El nuevo kaibana se fabrica su bastón ritual o angí-jai-ara, que lo acompañara
toda su vida. Para obtener mayores conocimientos visitaba otros kaibana de la misma tribu.

El médico sacerdote adquiere unas condiciones excepcionales que le permiten percibir el orden de su
entorno, en el cual está incluido el estado de salud y la sabiduría para restaurar la armonía cuando esta se
pierde, ya sea a nivel personal o colectiva; esto le confiere una autoridad legítima y un saber sistematizado,
riguroso y apropiado a su realidad y su contexto, que le permitieron controlar y administrar los recursos
naturales ancestrales, una responsabilidad que aún recae entre los actuales médicos de comunidades
contemporáneas. Mas allá de los conocimientos adquiridos sobre la naturaleza, puestos en práctica por el
indígena en sus actividades de subsistencia, es su cosmovisión lo que constituye un saber ecológico, un
modelo metafórico del funcionamiento de su ecosistema y de los equilibrios que deben respetarse para que
este ecosistema se mantenga en un estado de homeostasis.

El diagnóstico se basaba en prácticas adivinatorias, pero no eran las únicas fuentes. En muchos casos sus
juicios se solían basar y aun así se hace, en una minuciosa indagación sobre las costumbres alimenticias,
el modo de vida familiar, las condiciones sanitarias de la vivienda, las actividades agrícolas y el
cumplimiento de los preceptos religiosos. Además, se realizaba una detallada evaluación del enfermo, al
que se tocaba y olía en busca de indicios etiológicos de su problema de salud. Posteriormente bajo en estado
de trance dado por algunas substancias alucinatorias y cantos rituales entraba él y a veces el enfermo, en el
mundo espiritual para consultar el origen y significado de la enfermedad así como la vía de la curación.15 En
el caso de los Tukano, el diagnóstico es la terapia misma ya que las visiones y signos interpretados en los
sueños son considerados en sí misma la solución, pues hacen consciente al paciente de su desequilibrio vital
para que procure sanar al restaurar el orden perdido; lo que revela un principio de autonomía en la
responsabilidad de la enfermedad y la curación. En el caso de los kogí se requiere la intervención de una
jerarquía mayor y el chamán hace solo de intermediario.

Estas descripciones sirven de ejemplo para señalar la rica diversidad cultural del mundo precolombino.
La medicina indígena americana tenía múltiples expresiones y seguía los procesos de desarrollo histórico y
cultural de cada pueblo siguiendo enfoques heterogéneos; de esta forma la medicina peruana estaba

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dominada por la magia; la mexicana era teúrgica; la de los indios de las praderas norteamericanas y los
suramericanos era la brujería. Los grupos precolombinos Latinoamericanos crearon el universo de sus
culturas médicas gracias al conocimiento del medio ambiente en que se desarrollaban y a la observación de
los fenómenos de la naturaleza que sirvieron para generar y mantener su cosmovisión y prácticas
tradicionales.

En la medicina indígena americana la terapéutica está basada en el conocimiento empírico de las


plantas. Este tipo de medicina se mantuvo por siglos en nuestras tierras y el afortunado conocimiento
botánico aborigen sirvió para mantener la salud de los pobladores. También realizaron con carácter ritual
algunas intervenciones quirúrgicas, como la testifican cráneos trepanados por los muiscas y sin duda,
debieron inmovilizar fracturas y extraer cuerpos extraños con pericia. Cabe destacar que entre la mayor
parte de estas culturas se conocía profundamente el uso de la coca y de muchas existen descripciones
escritas hacia el siglo XVI, en las que sobresalen las de Pedro Cieza de León, y Garcilaso de la Vega
quienes describen detenidamente la gran difusión de la utilización de la hoja de coca en su obra «Los
Comentarios Reales» en los albores de los años 1600:

«... No será razón dejar en el olvido la hoja que los indios llama cuca y los españoles coca, que ha sido
y es la primera riqueza del Perú para los que la han manejado en tratos y en contratos. Antes será justo
que se haga larga mención de ella, según lo mucho que los indios la estiman por las muchas y grandes
virtudes que della conocían antes y mucho más que después acá los españoles han experimentado en cosas
medicinales [...] La coca preserva el cuerpo de las enfermedades y nuestros médicos usan della hecha
polvos, para atajar y aplacar la hinchazón de las llagas, para fortalecer los huesos quebrados; para sacar
el frío del cuerpo o para impedirle que no entre; para sanar las llagas podridas, llenas de gusanos. Pues si
las enfermedades de afuera acá tantos beneficios con virtud tan singular, en las entrañas de los que la
comen no tendrá más virtud y fuerza?”

Esta medicina indígena que ha sido interpretada desde la mirada occidental como mágico-religiosa
o religioso-filosófica, al compararla con el concepto contemporáneo del «Chamanismo», institución que
reflejaba conceptos cosmológicos, procesos psicológicos y normas sociales, que concentrados en la persona
del Chamán, parte Dios y parte hombre, le capacitaban para aplicar la curación entre muchas otras funciones.
Las descripciones de Gerardo Reichel-Dolmatoff,19señalan que parte del sentido mágico y visionario de
la dimensión del chamán se asocia a la utilización de drogas alucinógenas, que se utilizan en los ritos
de iniciación chamánica. Algunos estudiosos del chamanismo sin embargo lo conciben más
trascendentalmente, como Fred Alan Wolf que se acercó a la medicina indígena Peruana y tuvo experiencias
con ayahuasca, da cuenta en La búsqueda del águila20 de la relación entre chamanismo, física cuántica,
psicología y ciencia. Esta comprensión lo llevó a formular nueve hipótesis acerca de los chamanes:

1. Los chamanes ven el universo como hecho por vibraciones.


2. Ven el mundo en términos de mitos y visiones que en un principio parecen contrarias a las leyes de
la física.
3. Perciben la realidad en un estado de conciencia alterada.
4. Utilizan cualquier truco para alterar las creencias del paciente sobre la realidad.
5. Escogen lo que es físicamente significativo y ven todos los acontecimientos como universalmente
comunicados.
6. Penetran en mundos paralelos.
7. Trabajan con una sensación de gran poder.
8. Utilizan el amor y la energía sexual como energía curativa.
9. Penetran en el mundo de la muerte para alterar su percepción en este mundo.

Los sistemas tradicionales de salud indígenas parten de una concepción integral de la salud y de la
enfermedad, razón por la cual consideran que las causas de las enfermedades están relacionadas con
situaciones de desequilibrio y desarmonía del mundo material y espiritual. Los sistemas de salud de los
indígenas colombianos combinan los siguientes elementos:

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1. La propias creencias y valores sobre salud y enfermedad.
2. Los sistemas curativos que involucran el poder de los chamanes.
3. La enfermedad se explica desde la tradición.
4. Sistemas curativos que incorporan el uso de medicamentos naturales, especialmente plantas.
5. El papel que juegan los agentes comunitarios de salud.
6. Mantienen una relación pacífica con la medicina profesional y los sistemas curativos no indígenas.

Cultura y Medicina Amerindia frente a la Medicina Contemporánea

Las medicinas y prácticas médicas indígenas están arraigadas culturalmente y poseen una importancia
social; estas tratan las dolencias que en algunos casos no son reconocidas por la “Medicina Occidental” que
son serias y reales para las comunidades indígenas. Si bien estos elementos han sido rechazados por la
medicina occidental como conocimientos no válidos para su práctica, en algunas escuelas de medicina
colombianas empiezan a constituir al menos parte de los contenidos de los programas de historia de la
medicina, antropología médica o medicina social; entendiéndose que por lo menos es importante la
comprensión de otras culturas para aproximarse a ellas. La investigación desarrollada por diversas escuelas
de antropología colombianas empieza a significar una recuperación de los significados y valores que
conceden las culturas indígenas y negra a la salud y la enfermedad, que permiten ampliar y resignificar
nuestros horizontes de sentido de la visión médica.

El trabajo dirigido por el genetista Jaime Bernal Cuellar en la Universidad Javeriana desde 1993
en la Gran Expedición Humana con la participación de más de 50 investigadores colombianos, significó
un paso trascendental para el conocimiento de la medicina y el estado de salud de las comunidades indígenas
y negras colombianas. Este conjunto de investigaciones interdisciplinarias permitió rescatar múltiples
conocimientos sobre los sistemas de salud de 35 comunidades indígenas y negras de un amplio sector de la
geografía colombiana, conocer las enfermedades parasitarias y los factores de riesgo; las condiciones
de salud visual, nutricional, odontológicas; las prácticas de cuidado personal y de salud, los aspectos
demográficos, las características de la vivienda, sus expresiones culturales y sus problemas sociales.
Esta investigación interdisciplinaria permitió abrir la puerta de una parte importante de las condiciones
vitales y valores de las comunidades más marginadas de nuestro país, que siguen siendo subvaloradas por
nuestro saber, mientras que diversas investigaciones extranjeras se siguen aproximado, en algunas
ocasiones, buscando nuestros propios saberes y recursos biológicos más con fines comerciales que humanos
o académicos.

El Programa de Medicina de la Universidad del Cauca ha tenido durante las últimas dos décadas diversas
experiencias con varios grupos indígenas del departamento, especialmente con las comunidades
Guambianas y Paéces que han permitido que estudiantes, internos y algunos profesores se aproximen al
pensamiento cultural y médico de otras culturas. Por su parte el Programa de Antropología de la misma
Universidad ha estudiado y trabajado diversos aspectos de salud de estas culturas.

Mientras que muchos médicos “occidentales” no advierten sus propios límites cuando subvaloran o
rechazan las medicinas tradicionales, los médicos indígenas si suelen enviar al paciente con el médico
alopático cuando se ven enfrentados a problemas orgánicos complejos para los cuales se saben limitados.
Puesto que las medicinas y prácticas médicas indígenas así como las occidentales tienen sus limitaciones,
es importante que los dos sistemas reconozcan sus limitaciones para aquellos problemas en los cuales
carecen de pericia, así como aquellos para los que ambas pueden complementarse. Se ha observado que
el campesino acude a un chamán cuando percibe una enfermedad que tiene que ver con un hechizo o
un trastorno psicológico o social, mientras que buscan curanderos o doctores “occidentales” para
enfermedades que se ven como tratables en esos marcos. Además, la medicina oficial tiene limitaciones de
costo y accesibilidad; muchos hospitales y centros de salud son poco accesibles para grandes comunidades
rurales, mientras que la “medicina indígena” cubre lugares y espacios restringidos para los indígenas y
habitantes rurales que no lo son pero que valoran su saber. No se trata de sustituir una medicina por otra,

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sino más bien de entender sus dimensiones y campos de acción, de establecer sus ventajas y
posibilidades, de aproximarlas para mejorar la salud de las comunidades.

De esta forma la medicina indígena se ha preservado como conocimiento y práctica que se han ido
organizando, integrando y difundiendo, no solo al interior de sus mismas comunidades, sino además
empiezan a tener intercambios entre estas y con la medicina occidental; con la resistencia de muchos pero
con la aceptación y reconocimiento de la comunidad que cada vez más busca en estos saberes alternativas
para sus problemas de salud, demostrando que el conocimiento médico es uno solo y que a pesar de su
origen empírico merece el respeto y consideración que le dan centenares y tal vez miles de años de
aprendizaje y el hecho de ser un conocimiento propio, surgido de nuestras propias y auténticas raíces, el
conocimiento médico amerindio.

2) Aporte de la Medicina Aborigen Americana a la Medicina Moderna

La aportación de la medicina aborigen americana a la medicina moderna es un tema siempre apasionante,


no solo por su interés histórico, sino porque es un tema siempre abierto a nuevas perspectivas.

Comenzó esta aportación en 1492 y constituyó una verdadera revolución terapéutica en su tiempo, que
aún no ha cesado ya que en nuestros días se está trabajando en Botánica aborigen en diversos centros
de la investigación de América y la Botánica americana sigue proporcionando nuevos elementos valiosos a
la terapéutica moderna.

¿Cómo era la Medicina aborigen americana a la llegada de los descubridores españoles al Nuevo
Mundo? Acompañando a Cristóbal Colon fueron a América el cirujano maestre Alonso, vecino de Moguer,
el doctor Diego Álvarez Chanca, el flebótomo Melchor, el maestre Juan, cirujano y el maestre Diego,
boticario. Posteriormente irían el cirujano Berlanga, que introdujo en América la caña de azúcar, base de
riqueza para muchos países de aquel continente aun en nuestros días, el cirujano Camacho y los médicos
Sepúlveda y Navarro.

Entre los primeros mártires hubo dos médicos, junto con el primer contingente de españoles que Colon
deja en el Fuerte de la Natividad en las islas recién descubiertas: maestre Alonso y maestre Juan. La ciencia
médica fue la primera en pagar con su sangre y su vida la nueva etapa del Descubrimiento.

El contacto con la nueva patología americana, desconocida en su mayor parte por los españoles, les hace
conocer tempranamente garrapatas y coloradillas, jejenes y morrongóys, moscas y mosquitos de voracidad
inusitada, pulgas arenarias y niguas, y les da pestilencias "de las cuales murieron muchos soldados y demás
de esto todos los demás adolecimos de unas malas llagas en las piernas" según dirá Bernal Díaz del Castillo.

Balboa ya había señalado anteriormente que de las entradas o exploraciones por aquellas selvas del
Darién regresaban todos plagados de llagas en brazos y piernas. Todos los españoles que desde el primer
momento escriben sobre las tierras recién descubiertas de Indias, repiten una y otra vez que los insectos les
hacen la vida imposible. Oviedo hace repetidas menciones y descripciones de los nuevos males, en especial
de la bubas, que tanta polémica creará hasta nuestros días.

Sífilis tropical, treponematosis, no transmitida en forma venérea, pian, frambesia, yaws, leishmaniasis,
pinta o mal del pinto o carate, fiebres palúdicas, disenterías a causa de las aguas contaminadas, amebiasis,
alimentos descompuestos, escorbuto en las tripulaciones que pasaban meses en el mar sin comer alimentos
frescos vegetales, parasitosis de todo tipo, dermatomicosis, filariosis, enfermedad de Chagas, viriasis
múltiples, epidemias de modorra...

¿Qué hacer ante esta variada, polimorfa e infinita de nueva patología, muchas veces de insospechado
origen?

Br. Javier Marcano


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Hernán Cortes dará solución, observando en carta al Rey que "no necesita médicos de España, ya que
con los curanderos indios tiene bastante", Cortes comprobó en sí mismo la eficacia terapéutica de aquellos
hombres que si no tenían hospitales, ni religión cristiana, ni ancestrales avances filosóficos, tenían algo que
para él era mucho más sutil como hombre práctico que era: un empirismo tradicional, una experiencia de
ensayos milenarios y que les había hecho llegar al conocimiento por medio del acierto y el error, transmitido
de generación en generación de los efectos curativos de las plantas. La extensa Botánica del Nuevo Mundo
proveían al descubridor de toda clase de nuevos remedios desconocidos para el europeo. Dios daba la llaga,
pero también daba la Medicina.

Bernal Diaz, Pedro de Alvarado, Hernán Cortés, Balboa y miles de descubridores españoles fueron
maláricos. Disentería de sangre adolecieron muchos de los que participaron en la batalla de Uspactán en
1529.

Bernal nos habla del mucho padecimiento de bubas que sufrieron los soldados de Cortes, Pedrarías
Dávila sufrió una úlcera en sus partes pudendas, probablemente leishmaniasis, hasta el fin de sus días. Y
así, infinidad de nuevas enfermedades, junto con exacerbación de otros viejos padecimientos, maltrataron a
los descubridores.

No es de extrañar que desde el primer momento que los españoles pisaron tierra de América se despertase
en ellos el interés por las cosas que en ella había y en especial de las plantas. Basta leer a los cronistas de
todo tiempo para comprobarlo. Así debemos al propio médico de Colón, Álvarez Chanca, el conocimiento
de la patata, cacao, maíz, mandioca, copaiba, guayaco y palo Brasil. El mismo Colón anota que hay miles
de árboles nuevos para él. Oviedo dedica buena parte de su obra a la descripción de las plantas y animales
de las tierras recién descubiertas y una especial atención a la acción medicinal y alimenticia de las plantas
del Nuevo Mundo.

Le seguirán con más preparación científica, aunque no con mayor capacidad de observación, el P. José
de Acosta, quien ya menciona la patata como alimento y numerosas plantas medicinales como la
zarzaparrilla, la raíz de mechoacan y otras muchas.

Agustín de Zárate en su Historia del Descubrimiento y conquista del Perú (1555) habla también de la
patata.

¿Cómo era la medicina aborigen en América a la llegada de los descubridores españoles? Dependía del
grupo cultural y había muchísimos y muy variados. Mientras la mayoría basaba la terapéutica en la magia
y en el empirismo, otros grupos habían evolucionado hacia estados más avanzados y así aztecas, mayas e
incas habían logrado un notable desarrollo tanto en la terapéutica medicinal como en la quirúrgica. Se daba,
sin embargo, el contrasentido de que su desarrollo no había podido prescindir del sacrificio humano ni del
canibalismo por muy ritual que fuese.

El chamanismo era una institución generalizada como lo es aún en los grupos que, como fósiles vivientes,
conservan sus antiguas tradiciones y culturas lo es aún en Oceanía y África. Pero en las altas culturas
americanas había evolucionado hacia una medicina sacerdotal, como ya había ocurrido en el antiguo Egipto,
Siria y Babilonia, por ejemplo.

En Méjico, capital del Anahuac, el emperador disponía cerca de sus templos de grandes jardines
botánicos donde se aclimataban, a la par que plantas ornamentales de todo el imperio, otras medicinales de
todos los territorios bajo su mando. En los tianquez o mercados aztecas, que eran verdaderas instituciones,
los herbolarios vendían toda clase de plantas medicinales. Los Tlama-tepati-ticitl eran los medicos generales
que curaban con plantas, baños, dietas, laxantes o purgantes. El Texoxo-Tlacicitl era el que se dedicaba a la
cirugía. Los que practicaban flebotomías y sangraban eran los Tzoc-tzoani. Las parteras eran las Tlamatkiti-
tzitl. Los yerberos eran los Papiani-Panamacani. Los especialistas en las enfermedades de los ojos
tlancotinalitztli y los arregla huesos eran los teomiquetzani.

Br. Javier Marcano


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Practicaban la adivinación para llegar al diagnóstico y la purificación para desagraviar al dios ofendido.
Extraían la causa del mal por medio de la succión, como hacían todavía muchas tribus primitivas. La
fisioterapia estuvo muy extendida entre los aztecas y así conocieron y usaron el baño de vapor o temazcalli,
el masaje, la dieta y el ayuno como técnicas curativas.

La cultura médica de los mayas fue en conjunto muy similar a la azteca. El ahmen es el que sabe y era
capaz de curar por diversos procedimientos, seguían a la previa ceremonia de adivinación o diagnóstico.

Entre los incas, al llegar los primeros españoles, la medicina era como entre aztecas y mayas, una mezcla
de religión, magia y empirismo. El amauta es el médico-sacerdote de la nobleza incaica, casta sacerdotal
dedicada al arte de curar, con sus propias escuelas donde eran entrenados los más selectos de sus
descendientes. Llegaron a tener conocimientos muy por encima de su tiempo en Neurocirugía, cirugía
craneal principalmente, practicando con profusión la trepanación craneal (a veces parece haber existido una
verdadera locura de trepanar) logrando un elevado índice de supervivencias, incluso en casos muy delicados
de traumas craneales tan frecuentes a causa de sus armas y forma de luchar. Sus mazas golpeaban
espacialmente la cabeza, de manera que la fractura con hundimiento fue su principal lesión craneal en la
que adquirieron gran practica quirúrgica los cirujanos militares.

Los hampi-camayoc, por su parte, eran los guardadores de medicinas. Otros eran los comasca o
sancoyoc, que en un plano inferior equivalían al curandero, hechicero, envenenador y médico del pueblo
llano. Utilizaban la adivinación diagnóstica lanzando las hojas de coca y la succión como terapéutica unida
al uso de hierbas de acción medicinal.

Los collahuaya eran otros buenos hierberos, buenos botánicos y el ichuri era el chamán adivino.

Todos los cronistas de Indias refieren extensos capítulos al arte de curar entre los pueblos amerindios.
Los españoles no dejaron de aprovechar los nuevos descubrimientos en materia médica, y los nuevos
remedios fueron pasando en una u otra forma al viejo mundo.

En esta acción destacan los médicos Nicolás Monardes, que vivió en Sevilla donde ejerció su profesión
y recibía de América las plantas y substancias medicinales que utilizaba en sus propios pacientes,
observando sus buenos efectos curativos y el doctor Francisco Hernández, protomédico de Felipe II, quien
realizó en 1570 su viaje a Nueva España para estudiar la Historia Natural por orden del monarca. Allí
conoció e hizo amistad con numerosos médicos aborígenes, utilizando sus conocimientos para escribir su
voluminosa obra, gran parte de la cual estaba dedicada al estudio de los remedios vegetales. Posteriormente,
las numerosas expediciones como la de Mutis, que estudió las plantas del Nuevo Reino de Granada, que
abrió el camino para el conocimiento de innumerables plantas medicinales de América que luego penetraron
en Europa. Su Flora de Bogotá y Nueva Granada es algo verdaderamente notable, como lo son los miles de
dibujos del natural que aún se conservan en sus maravillosos colores, por fortuna bien guardados en un
armario de acero, contra todo riesgo de incendio o inundación en los sótanos del Instituto Botánico
Cavanilles del Jardín Botánico de Madrid, donde he podido verlos y estudiarlos.

Ruiz y Pavón estudiaron la Flora de Perú y Chile, resultado de lo cual es su obra Flora peruviana et
chilensis. Ellos fueron quienes extendieron el uso de la Ratania y la Calaguala y el conocimiento de las
quinas del Perú.

Mociño, Sessé y Castillo harán otro trabajo de investigación botánica en América, resultado del cual será
su obra Plantae Novae Hispaniae.

¿Qué influencia ejercieron las nuevas substancias en España y posteriormente en Europa, en la dieta y
en la terapéutica?

Br. Javier Marcano


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Bastaría que citásemos la quina, la zarzaparrilla, la ipecacuana, el palo santo o guayaco, el curare, la
coca, la cáscara sagrada, jalapa, el Bálsamo del Perú, el Podófilo, la ratania, la angostura, la escobilla, la
cuasia, la kamala, la copaiba, el paico, el jaborandi y la guaraná y la raíz de polígala entre miles de plantas
americanas de acción medicinal. Y la yuca, el maíz, la patata, el cacao entre las alimenticias para comprender
que podemos hablar de una verdadera revolución terapéutica y alimentaria, sin mencionar las especias, como
la canela (Cinamomun ceylanicum), vainilla (Vanilla planifolia), nuez moscada (Myristica fragans),
pimienta (Piper nigrum), clavo (Eugenia aromática).

O las plantas de uso industrial como las tintóreas: añil (Indigofera tinctorea), palo Brasil (Caesalpina
brasiliensis), alheña (Lawsonia inermis), achiote (Bixa orellana), jagua (Genipa americana), cúrcuma
(Cúrcuma longa), glasto (Isatis tinctorea), Reseda silvestre (Reseda lutea), y otras maderables o productoras
de substancias tan difundidas como el caucho (Hevea brasiliensis), el marfil vegetal o cabeza de negrito
(Phytelephas seemanii), la caoba, el guayacán, los cedros amargos, los bongos, los tangarés, etc.

La quina (Cinchona spp) fue una verdadera panacea. Decía Ramazzini que "la quina fue a la medicina
lo que la pólvora al arte de la guerra". Una verdadera revolución.

Y el maíz y la yuca (Zea mays y Manihot utilísima o mandioca para millones de seres humanos en el
continente africano) que son originarias de América, hoy son base alimenticia, especialmente la yuca.

En cuanto a la patata (Solanum tuberosum) siendo oriunda de América hoy es base alimenticia de muchos
pueblos de Europa. Venció el hambre en Inglaterra y países como Rusia, Polonia, Alemania y todos los
países de Europa no se conciben hoy sin patatas. Por ello podemos decir, que, como muchas de las plantas
medicinales, las alimenticias han ejercido una influencia decisiva y la seguirán ejerciendo sobre la salud y
la dieta de los pueblos europeos.

La quina tiene una larga historia que no vamos a exponer aquí, pero ha dado lugar a muchos libros
escritos sobre sus propiedades y ha curado a millones de personas, especialmente sus derivados, utilizados
aún hoy día para curar la malaria.

El Curare (Strichnos toxifera) también utilizado ampliamente en cirugía moderna, como anestésico de
base, mediante sus derivados.

La Cáscara sagrada o jalapa (Convolvulus jalapa) purgante que se encuentra hace muchos años en la
Farmacopea de toda Europa. La raíz de Michoacán o el ruibarbo de Indias que tanto alababa Monardes.

La ipecacuana (Psychotria emética) excelente amebicida y emético, del que se obtiene la emetina,
insustituible amebicida.

El guayacán (Guayacum officinale) muy utilizado como sudorífico, diurético y antisifilítico en tiempos
pasados. Se le llamó también palo santo o palo de bubas porque los indios lo usaban para curar esta
enfermedad.

La zarzaparrilla (smilax sp) se usó y aún se utilizaba como diaforético, antigotoso, tónico gástrico,
depurativo, diurético y aún antisifilítico. Hoy ha caído en desuso, pero durante varios siglos ha sido medicina
de uso diario. Mutis preparaba con ella su famosa cerveza policresta combinada con la quina anaranjada.

El Bálsamo del Perú (Myroxylon peruiferum) aunque nunca lo hubo en el Perú, sino en Méjico, América
Central y Colombia, fue muy usado por los indios (su savia negruzca) para la curación de las heridas. Luego
se difundió por Europa para curar enfermedades de la piel, entre ellas la sarna y para la elaboración de
pomadas. A este árbol se le llamó en Méjico huitziloxitl.

Br. Javier Marcano


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El Bálsamo de Tolú (Myroxylom balsamum o Toluiferum balsamum). Se utilizó su resina como la del
Bálsamo del Perú para curar las heridas. Monardes lo alabó en gran medida entre las plantas recibidas por
él.

El Podófilo (Podophyllum peltatum), purgante, colagogo, usado en trastornos hepáticos. En tintura


concentrada es excelente y aún se usa para extirpar las verrugas especialmente el herpes progenital.

El Paico (Chenopodium antihelminticum) excelente vermífugo ampliamente utilizado, primero por los
indios y luego en toda Europa.

La Ratania o estancadera (Ratania trinada) usada por los indios tupí como antihemorrágico fue
introducido por Hipólito Ruiz en España. La había encontrado en el Perú. Hizo extractos que proporcionó
al famoso médico Ruiz de Luzuriaga quien trató a varios pacientes con excelentes resultados, presentando
luego un trabajo sobre el tema a la Real Academia de Medicina.

La Cuasa (Cuasia amara L.) traída a Europa desde Surinam pasando del Caribe a las Farmacopeas
europeas como febrífugo, aperitivo y alexitérico, diurético y tónico estomacal, así como vermífugo en
enemas.

La Angostura (Cusparia trifoliata) estudida por Mutis, se difundió por Europa como febrífugo,
antipalúdico y tónico digestivo.

La Escobilla (Scoparia dulcis) que cito aquí por ser la preferida de Mutis quien la usaba como tónico y
febrífugo, asegurando que había reducido toda su farmacopea personal a esta sola planta.

La Kamala (mallotus philippinensis) una Euforbiáceas de gran poder tenífugo y vermífugo, así como
excelente en muchas dermatitis fue utilizada en Filipinas trayéndola a Europa donde fue también muy usada
como tenífugo.

El Jaborandi (Pilocarpus gondotianus) conocido por los indios tupí-guaraní como emenagogo, abortivo,
antirreumático, antianémico, anticatarral, también fue muy utilizado en Europa como sialorreico, sudorífico,
gracias a sus alcaloides, isopilocarpina, pilocarpina, y pilosina, excitantes del Sistema Nervioso Central,
muy utilizado en oftalmología.

La lista sería in terminable y aún más... ya que existen en América todavía miles de especies y géneros
de plantas cuyos efectos terapéuticos aún no se han difundido.

Personalmente he tenido la suerte de conocer y utilizar numerosas plantas de Centro y Sudamérica en


diversos procesos patológicos. Pondré un ejemplo de los más llamativos para terminar: la jagua (Genipa
americana). He podido experimentar en repetidas ocasiones sus efectos antimicóticos, fungicidas,
extraordinarios en las dermatomicosis, pie de atleta y afecciones dermatológicas pruriginosas. Fue desde los
primeros tiempos del Descubrimiento muy alabada por Gonzalo Fernández de Oviedo, nuestro primer
cronista de Indias y tenía mucha razón para hacerlo.

En el instituto de Investigaciones Amazónicas de Manaos, en Brasil, así como en otros muchos centros
de investigación se están llevando a cabo una serie de estudios sobre las plantas utilizadas por los indios
actuales como remedios para sus enfermedades, para comprobar en ella la existencia de posibles substancias
terapéuticas nuevas. Algunas de ellas podrían revolucionar la terapéutica actual.

Los indios conocen muchos de sus efectos terapéuticos, aunque las utilicen por sus aspectos mágicos. El
amplio campo de los líquenes, de los hongos, de los cactus, aún casi virgen, está aún por estudiar. Creemos
que en este terreno existe aún un gran futuro para la medicina y la terapéutica de las enfermedades que no
debemos olvidar.

Br. Javier Marcano


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3) Medicina del Siglo XIX en Venezuela

Introducción
 La especialización médica es una característica moderna. En Europa, comenzó su desarrollo a partir
de mediados del Siglo XIX.
 Desde la época del Renacimiento, algunas ramas se individualizaron: Obstetricia, Ginecología,
Oftalmología, Pediatría y Urología.
 Disciplinas que empiezan en el Siglo XIX: Oftalmología, Obstetricia, Urología, Pediatría y
Bacteriología.
 La práctica especializada estuvo en manos de los médicos generales e internistas.
 Las especialidades médicas se consolidan en una etapa avanzada del Siglo XX.
 La oftalmología fue la que mereció el mayor número de adeptos. Cirujanos-oftalmólogos.
 Las intervenciones se reducían a iridectomías, enucleación y ablación del saco lacrimal y así mismo
operaciones por estrabismo y cataratas.
 La Real y Pontificia Universidad de Caracas fue creada en el año de 1721.
 En 1763, el médico mallorquino Lorenzo Campins y Ballester fue autorizado para dictar una
Cátedra de Medicina.
 1775, Francisco Molina fue el primero en obtener el título de Bachiller en Medicina.
 El protomedicato se establece tardíamente en 1777 y subsistió hasta 1827, año en que Bolívar decretó
la creación de la Facultad de Medicina.

Personajes representativos
José Vargas y su discípulo dilecto, Eliseo Acosta, dictaron cursos regulares de Oftalmología en la
Universidad Central.
Los especialistas del ramo consideran a Vargas como el padre de la Oftalmología vernácula.

Discípulos de J. M. Vargas:
1. Manuel Porras.
2. Geronimo Eusebio Blanco.
3. Joaquin Esteva Parra.
4. Pedro Medina.
5. Generaciones post-vargasianas:
6. Rafael López Baralt.
7. Francisco Eugenio Bustamante.
8. Alberto Couturier.
9. Manuel Carreyo Luces.
10. Juan Pablo Tamayo.

Juan Cuello. Primer especialista, oftalmólogo, autentico, por capacitación y dedicación exclusivas;
formado en Europa, revalidó su título y se estableció en Caracas a partir de 1866.
Francisco José Delgado Jugo y Manuel Isidro Osío. Ejercieron en España.
Ricardo Espinal. Lima. Cirujano oculista y obstetra.

Personajes extranjeros representativos:


 Antonio de Laloubie (Francia).
 Nicolás Gibernau y Subirá (España).
 Carlos Federico Carrón du Villards (Francia). Inició la especialización quirúrgica (1856), como
cirujano especialista en enfermedades de los ojos y órganos genito-urinarios.
 Pietro Tetramanzi (Italia).

Urología

Br. Javier Marcano


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Pedro Medina. Discípulo de Vargas, profesor universitario. Graduado en 1842, practicó la Cirugía
general con éxito y se especializó en las vías urinarias. En 1854, practicó una cistotomía suprapúbica bajo
anestesia clorofórmica.
Luís Rodríguez Hernández. Profesor universitario. Graduado en 1865. En 1878 se anunciaba en la
Gaceta Científica de Venezuela, como “Especialista” en “Enfermedades de las Vías Urinarias”.

Cirugía de uretra y vejiga (Caracas):


 José María Vargas.
 Eliseo Acosta.
 Guillermo Michelena.
 Carlos Arvelo (Hijo).
 Guillermo Morales Machado.
 Martín Herrera.
 J.M. Escalona.
 P. Acosta Ortiz.
 Luís Razetti.

Guillermo Michelena: inventor de un dilatador uretral (1847).


Carlos Arvelo (hijo): realizó la primera cistotomía por cálculo vesical en Trinidad (1861).
J. M. Escalona: abrió un curso libre de Cirugía infantil, en el Hospital de Niños, Caracas (1894).
Valencia: Joaquín A. Zárraga y José R. Revenga.
Barquisimeto: Antonio María Pineda.
Mérida: Ramón Parra Picón.
Maracaibo: Joaquín Esteva Parra, Gregorio Fidel Méndez, Francisco E. Bustamante, Manuel Dagnino y
Rafael López.

Pediatría
Francisco de Asís Mejía especialista en “Enfermedades de los niños” (1878).
J.M. de los Ríos, discípulo de Vargas, es el padre de la pediatría venezolana. Clínica de Niños Pobres y
la revista del mismo nombre (la primera editada en Hispanoamérica de carácter pediátrico).

Obstetricia
 Vargas dicta su primer curso en 1833.
 Creación de la Cátedra de Medicina operatoria y Partos en 1855.
 Creación de la Clínica Obstétrica en la Universidad Central en 1895.
 Ruiz, Lobo y Razetti.

Otorrinolaringología
 Emilio Conde Flores y Francisco Hermógenes Rivero.
 Bernardino Mosquera (1878).
 Dermatología:
 Nicanor Guardia (hijo). Fundador del antiguo Instituto Pasteur de Caracas.

Bacteriología
José Gregorio Hernández, Santos Aníbal Dominici, Enrique Meier Flégel y Rafael Rangel.

Tres grandes hechos:


 Cátedra de Histología Normal y patológica, de Fisiología experimental y de Bacteriología (1891).
 Instituto Pasteur de Caracas (1895).
 Laboratorio del Hospital Vargas (1902).

Representantes de la Medicina del Siglo XIX en Venezuela


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JOSÉ MARÍA VARGAS (La Guaira, 10/03/1786-Nueva York, 13/06/1854)

 Doctor en Ciencias Médicas, Universidad de Caracas,1806.


 Estudios en París, Londres y Edimburgo.
 Proclamado Rector en 1827.
 Funda las cátedras de Anatomía, Cirugía y partos, y Química.
 Reformador de los Estatutos de la Universidad.
 Presidente de la República 1834.
 Renuncia y se dedica a la actividad académica.

JOSÉ GREGORIO HERNÁNDEZ (Isnotú, Estado Trujillo 26/11/1864 - Caracas, 29/06/1919)

 Considerado como una de las figuras más relevantes del movimiento de renovación, iniciado a finales
del siglo XIX.
 Escritor y filósofo, escribió un Tratado de Bacteriología.
 Graduado en la Universidad Central en 1888. Estudió en la Facultad de Medicina de París (1889-
1891).
 Fundador de la Cátedra de Histología Normal y Patológica, Fisiología Experimental y Bacteriología.
 Miembro fundador de la Academia Nacional de Medicina, 1904. Comisión de Higiene Pública, 1909.
 Jefe del Laboratorio del Hospital Vargas a la muerte de Rafael Rangel, 1909.
 Murió atropellado por un automóvil cerca de su casa.

LUIS RAZETTI (Caracas, 10/09/1862-Caracas, 14/05/1932)

 Perteneció a la generación renovadora de la medicina.


 Doctor en Medicina y Cirugía, Universidad Central de Venezuela, 1884.
 Fundador de la Gaceta Médica de Caracas, 1893 y su director hasta 1924.
 Fundador de la Academia Nacional de Medicina (1902) y de otras instituciones académicas.
 Rector de la Universidad Central de Venezuela 1908. Escritor y polemista.
 Considerado como uno de los grandes valores de la medicina en Venezuela.

FRANCISCO ANTONIO RÍSQUEZ (Juan Griego, Nueva Esparta, 10/10/1856-Caracas,


10/07/1941)

 Doctor en Medicina y cirugía (1896) y de Farmacia (1900) en la Universidad Central y en Madrid.


 Perteneció a la generación renovadora de la medicina. Fundó y ejerció varias cátedras.
 Autor de la Farmacopea Venezolana. Rector de la Universidad 1935.
 Fundador del Colegio de Médicos y Cirujanos de Caracas y de la Gaceta Médica de Caracas.
 Miembro de la Academia Nacional de Medicina y de la Academia de la Lengua.

SANTOS ANÍBAL DOMINICI (Carupano19/06/1867-Caracas 02/09/1954)

Pertenece a La generación de médicos de La UCV de 1890. En Francia se gradúa de Doctor en Ciencias


Médicas en la Universidad de París (1894). Clínico, Bacteriólogo e investigador destacado fue promotor y
fundador del Instituto Pasteur de Caracas (1895) y de la Cátedra de Clínica Médica (1895). Rector de la
Universidad Central de Venezuela (23/09/1899 al11/01/191). Cirujano Jefe del ejército de la Revolución
Libertadora comandada por el general y empresario Manuel Antonio Matos. Exiliado en 1903. Diplomático,
Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Venezuela ante los gobiernos de Berlín y
Washington durante el lapso 1909 a 1922, año en que renunció y se pasó a la oposición. Presidente de la
Junta de Liberación de Venezuela fundada en París: Regresó a a la muerte del dictador general J.V. Gómez.
Fue Ministro de Sanidad y Asistencia Social (08/07/1936 a 24/02/1937) en el gobierno del general Eleazar
Br. Javier Marcano
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López Contreras, Director-fundador de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (1944-1946)
Presidente fundador del Colegio de Médicos del Distrito Federal.

4) Historia de la Medicina en el Estado Bolívar

1º La medicina durante la Colonia y durante la independencia, un período de tiempo que abarca


2º La medicina republicana, desde el año 1822 hasta 1904.
3º La medicina contemporánea, desde 1905 hasta 1962.

1º Período

Abarca desde la llegada del primer galeno a Guayana hasta la Independencia de Venezuela.

En 1692, Guayana sólo tenía una ciudad en la margen del río Orinoco, se llamaba Santo Tomás de
Guayana o simplemente Guayana La Vieja.

En ese mismo año, llegó el cirujano español José Ruiz, allí atendió por pocos años a soldados e indios,
y luego regresó a España.

En 1754, la expedición de Límites del Orinoco trajo a los cirujanos Antonio Álvares, Antonio Ramírez,
Matías Vercial y Fco. Rodríguez.

En el año de 1764, por razones militares y de defensa contra los piratas ingleses, la ciudad se traslada a
la estrechura del río Orinoco con el nombre de Santo Tomás de Guayana o Angostura del Orinoco.

En la nueva ciudad, laboran: el cirujano Juan Adolfo Von Rosen en 1766, Pedro Goudet en 1784, junto
con José Bani y Andrés Caballero.

En 1786, laboraron los cirujanos José Troch y Andrés De la Guerra.

El año de 1817 es la fecha de la independencia de Guayana, el 11 de abril el General Manuel Piar derrota
en San Félix (Chirica) al Capitán General de Venezuela, General La Torre. En julio de ese año, el ejército
libertador toma la ciudad de Angostura y queda Guayana independiente de España y establece la república.

Lamentablemente, el 16 de octubre de ese mismo año, es fusilado el General Manuel Piar en Angostura,
la que él mismo ayudó a libertar.

En la Angostura liberada se construye un hospital militar, con base en construcciones españolas ya


existentes, usadas como instalaciones militares.

El nuevo hospital militar, fue llamado “El Convento”, posiblemente por estar muy cerca de la edificación
donde moraban los capuchinos franciscanos.

Este hospital funcionó hasta 1878, cuando fue demolido totalmente. Sus ruinas permanecieron hasta
1913.

Este fue el único hospital construido para tal fin en nuestro país.

2º. La medicina republicana (1822-1904)

Entre los años 1820 y 1830, se instalan en Angostura notables médicos extranjeros, ellos:

Br. Javier Marcano


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El doctor Juan Teófilo Benjamín Siegert, alemán, cirujano mayor del hospital militar, experto en cirugía
militar. Inventor del “Amargo de Angostura” conocido mundialmente.

El doctor Santos Gáspari y el doctor Juan María Bonavita eran corsos.

En 1844, llegó a Guayana el médico francés Luis Plassard, “uno de los cerebros más brillantes después
del Barón Humboltd” dijo de él Tavera Acosta. Venía de ser médico de la recién fundada Colonia Tovar.

Más tarde, llegó el doctor José Miguel Núñez, guayanés, egresado de la Universidad Central de
Venezuela y discípulo del doctor José María Vargas, es el primer guayanés graduado de médico y discípulo
del padre de la medicina nacional.

El general Santander Vice-presidente de la República de Colombia, decretó la creación de colegios


nacionales en la capital de algunas provincias, creando el de Guayana el 8 de abril de 1834, sin embargo, al
fin el 24 de junio de 1840 en Angostura, fue fundado un Colegio para primeras letras y, posteriormente,
para bachillerato. A estos colegios se agregaron carreras profesionales.

Uno de los colegios ocupó el local fundado por el gobernador español Manuel Centurión, quien lo había
edificado para esa función docente en 1776, en la plaza de armas.

En ese edificio, se instaló en 1819 el Congreso de Angostura.

En ese mismo local, se fundó la primera Escuela de Medicina guayanesa, el 1º de septiembre de 1858,
gracias al esfuerzo del Rector Mantilla y de los galenos Luis Plassard y José Miguel Núñez, sus primeros
profesores, quienes no cobraron honorarios el primer año.

Entre muchos otros profesores, se recuerda al doctor Modesto Plaz en Anatomía, con Plassard, Pedro
Ignacio Aguerrevere en cirugía y primer profesor de bacteriología en 1891, junto con el doctor Félix R.
Páez, por primera vez en el país; los doctores Francisco Goicochea y Carlos Arvelo hijo, en Obstetricia,
JTB Siegert, Wenceslao Monserrate y Félix Moreno.

Por un decreto, la primera Escuela de Medicina no podía otorgar los títulos de doctor, por esto las tres
primeras promociones presentaron sus tesis en Caracas.

De los egresados, señalaremos algunos de los integrantes: Alfredo Machado, primer presidente de la
Academia Nacional de Medicina en 1904; José Angel Ruiz, médico, político y pegagogo, fue el motor del
hospital de Caridad que lleva su nombre; José María Emazábal fue Rector de su Colegio y profesor de varias
materias; José Tadeo Ochoa, fundador de la Sociedad Médica de la ciudad en 1914; Ramón Barrios Gómez,
docente de la Escuela de Medicina; Luciano Teófilo Holmquist realizó una gran obra en la ciudad y en el
hospital de caridad; Federico Hammer, el primer oftalmólogo en la región.

Eduardo Oxford, autor de revistas médicas regionales y del libro “Geografía médica del Yuruari y fiebre
amarilla en Upata” con prólogo de Luis Razetti.

Félix Rafael Páez fue director de los hospitales Ruiz y Mercedes por treinta años, especialista en
medicina tropical en Londres y autor de muchas monografías y trabajos científicos, fundó en 1944 el
Laboratorio de Medicina Tropical en el hospital que más tarde llevó su nombre.

Juan de Dios Holmquist, médico en Ciudad Bolívar y en Soledad.

Antonio Bello, Rector del Colegio Nacional.

José Manuel Agosto Méndez, médico generalista y poeta, historiador y escritor.

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Juan Manuel García Parra fue el cirujano mejor preparado después de su maestro Aguerrevere, inició la
cirugía abdominal en 1912 a su regreso de Francia.

Carlos Emiliano Salom, además de historiador, primer pediatra y alma de la clínica de niños pobres.

Oscar Luis Perfetti, médico y pedagogo.


Rafael Velásquez García atendió a parturientas.

Ramón Antonio Gómez, Diego Alberto Blanco Ledezma, Mariano Figarella, Pedro S. Crededio.

En la última promoción sólo se graduó José Eusebio Bastardo, pero durante la toma de Ciudad Bolívar
por el ejército del presidente Cipriano Castro al mando de su ministro, el General Juan Vicente Gómez en
1903, trajo algunos estudiantes avanzados, quienes solicitaron al Colegio presentar exámenes de grado y
obtener la borla, ellos fueron los galenos:

Pedro Elías Revollo, Manuel Heredia Alas y Manuel Felipe Flores, este último primer presidente del
Colegio Médico en 1942.

En el año de 1862 es creado por el Obispo de Guayana, Mariano Talavera y Garcés, un Hospicio en
Ciudad Bolívar, en la calle Igualdad.

Ese hospicio se transformó rápidamente en hospicio-hospital y más tarde en el hospital de Caridad y


primer hospital civil hasta el año de 1900, cuando toma el nombre de Hospital Ruiz, en honor al doctor José
Ángel Ruiz. En ese año, es remodelado totalmente y comienza a ser dirigido por el doctor Félix Rafael Páez.

En 1900, se inician los trabajos para un nuevo hospital enfrente del anterior y separado por la calle
Igualdad; ese hospital se llamó Mercedes y se inauguró en 1907.

El Dr. Páez fue director de ambos hospitales hasta 1936.

3. La medicina contemporánea (1905-1962)

Con este título nos referiremos a los médicos y sus instituciones, entre la clausura del Colegio Nacional
en 1904 y la creación de la segunda Escuela de Medicina en 1962.

Guayana se queda por largo tiempo sin estudios universitarios. Los médicos de la ciudad se reúnen a
instancias del Dr. José Tadeo Ochoa y fundan en 1914 la “Sociedad Médica de Ciudad Bolívar”.

Sus reuniones científicas periódicas y su órgano divulgativo la “Gaceta Médica de Ciudad Bolívar” de
1914 a 1944, mantuvo por treinta años la llama de la ciencia en la provincia.

La sociedad construyó el edificio de la “Clínica de Niños Pobres”, mal llamado Hospital de Niños. En
ese local laboró el Dr. Salom hasta su muerte en el año de 1943.

En Tumeremo se funda el hospital Santa Rosa, y en Upata se funda el hospital Jesús Crucificado, por
obra de algunas damas de la sociedad.

En ese hospital operaba el cirujano Dr. Raúl Van Praag en 1935, graduado en el Hospital Vargas y
discípulo del Dr. Razetti.

Van Praag sentó cátedra quirúrgica en Upata a muchos cirujanos que más tarde laboraron en Ciudad
Bolívar.

Br. Javier Marcano


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En esa ciudad se funda el nuevo Hospital Oxford en 1945, pocos meses después muere Van Praag.

En 1936, se crea el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social y fundan la Unidad Sanitaria de Ciudad
Bolívar y al Dr. Arcilla su director, quien era el médico más joven de la ciudad y se desempeñaba como
cirujano en el Hospital Ruiz.

En 1939 se funda la Escuela de Enfermeras de la Cruz Roja, por los Drs. Yánez y Páez y también la de
enfermeras auxiliares del hospital, con cursos de seis meses.
Entre 1925 y 1955, se fundan 16 clínicas privadas en el Estado Bolívar, de ellas recordaremos las
siguientes:
 Clínicas Páez y García Parra;
 Clínica Fragachán,
 Clínica García Parra la más importante,
 Clínica Cuenca y Clínica Bolívar, todas en Ciudad Bolívar y en Upata, la Clínica Van Praag.

Después de 1940, comienzan a multiplicarse los centros de atención médica: medicaturas rurales,
unidades sanitarias, consultas pediátricas.
El Dr. Carlos Emiliano Salom, propuso a los miembros de la Sociedad Médica de Ciudad Bolívar, la
creación del Colegio Médico del Estado, que se había establecido en cuatro de nuestras capitales nacionales.

La idea fue acogida por ser de tipo gremial y científica y sería la sucesora de la Sociedad.

El Colegio se fundó el 23 de enero de 1942, su Presidente fue el Dr. Manuel Felipe Flores, Vice-
presidente Ciro Medina, Secretario Fernando Huncal, Tesorero David Padua y Vocales Félix Rafael Páez y
Luis Felipe Vargas Pizarro.

Los sanitaristas del Orinoco llamaban «los galenos de la ciudad» a sus colegas que atendían a las
poblaciones ribereñas del Río Orinoco, desde una “gabarra-consultorio” remolcada por una lancha o un
remolcador. Esto ocurrió en el año de 1953 y los consultorios flotantes se llamaron “Agosto Méndez” y
“Gabaldón”, el primero recorría desde Caicara del Orinoco hasta el medio y bajo Orinoco, el segundo desde
Caicara hasta río arriba.

Sus entrenados médicos rurales practicaban la medicina clínica y terapéutica, la medicina preventiva y
de muchas otras cosas que no le habían entrenado.

En 1954, se inaugura el edificio de los Seguros Sociales en la avenida Paseo Meneses, su primer director
fue el Dr. Héctor Nouel Joubert, nombre que actualmente lleva ese hospital.

El 2 de diciembre de 1957, el Ministerio de Sanidad inaugura un nuevo hospital en la avenida Germania


que suple al viejo y también se llama Hospital Ruiz y Páez; a solicitud del Dr. Fernando Huncal; siendo el
último hospital inaugurado antes de su derrocamiento (Pérez Jiménez) después de más de 110 años de
prestar servicios los viejos hospitales Ruiz y Páez del centro de la Ciudad.

En 1958 contaba con servicios integrados por jefes y adjuntos: servicio de Medicina I, Dr. Fernando
Huncal y el servicio de Medicina II, Dr. Francisco Batisttini; adjunto el Dr. Florencio García Morales y
Residentes Dr. Oscar Contreras y Dr. O Hernández Rojas.

En 1962 ingresan los doctores Luís Navarrete G, Eduardo Jahn M y Waldemar Kiechle como internistas
egresados del primer curso de posgrado en Medicina Interna de la UCV, específicamente del Hospital
Vargas de Caracas. Después de ellos, se incorpora el Dr. Jorge Andrade, también internista, siendo este
último el primer jefe del departamento; los médicos residentes asistenciales eran Dr. Álvaro González, Dr.

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Félix Gruber y Dr. Camilo Perfetti, ingresa también el Dr. Arnaldo Piñango, gastroenterólogo y su esposa
la Dra. Carmen Luisa Arocha de Piñango, hematóloga.

En el año 1966 ingresa al Departamento otro Internista el Dr. Rafael Agelviz Prato quien se había
formado como médico en México y el posgrado lo realizó en Nueva York.

En el año 1967 se incorpora al Departamento de Medicina: el Maestro Dr. Abigail Marín Velásquez.
Para ese tiempo eran residentes asistenciales los doctores Asdrúbal Ferrer, Otto Fornes, Elizabeth Casanova,
Hernán Paublini, y se consigue por la Universidad de Oriente el cargo para el primer profesor instructor en
la persona de la Dra. Elizabeth Casanova.
En 1951, durante el Primer Congreso Venezolano de Cirugía General, su presidente el Dr. Pedro Blanco
Gaspari, hace público su apoyo a la creación de una universidad en el Oriente venezolano, luego los
Consejos Municipales de Maturín y Ciudad Bolívar apoyan esta solicitud.

En 1955/56 un humilde comerciante bolivarense, Tomás “Negro” Rivilla, inicia una campaña y recolecta
14 mil firmas de apoyo en Anzoátegui y Bolívar, y años después, al caer la dictadura de Marcos Pérez
Jiménez, , mediante Decreto 459 del Presidente de la Junta de Gobierno, Dr. Edgar Sanabria y el Ministro
de Educación, Rafael Pizanni, nace la Universidad de Oriente.

La nueva Escuela de Medicina de la Universidad de Oriente se edifica en Ciudad Bolívar en 1961 y es


inaugurada en funcionamiento el 8 de enero de 1962.

Esta es una Escuela nueva, no tiene cátedras sino materias, está departamentalizada, programación
semestral y notas de 0 a 10 puntos.

“Dieciocho Doctores forman del personal docente fundador, entre ellos:


1. Miguel Suárez del Collado, morfòlogo de la Universidad de Puerto Rico;
2. Carlos Cruz Echavarría, histólogo y embriólogo de la Universidad de Cartagena (Colombia),
3. Arturo Llorens, español, docente en psicología y psiquiatría,
4. Eberhart Sauerteig, patólogo alemán;
5. Junto a los venezolanos:
6. Rito Tinedo (Epidemiólogo),
7. Hildemaro Torres (becario docente de Morfología);
8. Miguel Lima Ostos (becario docente de Fisiología),
9. Armando Piñango (Gastroenterólogo),
10. Carmen Luisa Piñango (hematóloga e investigadora),
11. Juvenal Montes (Ginecoobstetrra),
12. José Luis Cestaris Finamore y Hèctor Nouel Joubert (traumatólogos),
13. Médicos internistas Luis Navarrete, Eduardo Jahn, Waldemar Kiechle y Jorge Andrade”.
El componente estudiantil lo formaban 45 bachilleres que habían aprobado el Curso Básico en Cumanà.

A partir de 1962, se inaugura el Hospital del Tórax, como sede del departamento de medicina y de las
enfermedades pulmonares.

En 1968, se inaugura el Hospital Guaiparo en San Félix, más tarde denominado hospital Raúl Leoni, el
presidente que lo construyó; también se inaugura el Hospital Centro de Salud Mental, anexo al Hospital
Ruiz y Páez.

Son múltiples los hospitales, módulos urbanos y rurales, clínicas privadas, etc., que se han inaugurado
en el Estado Bolívar desde 1962.

Escuela de Medicina de la Universidad de Oriente

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La Escuela de Medicina, hoy de Ciencias de la Salud “Dr. Battistini Casalta”, se inaugura el 8 de enero
de 1962, a las 8 de la noche, en el Auditorio, con la asistencia de connotados personeros de la vida
gubernamental, académica, universitaria y científica de la época, encabezadas por el Gobernador Leopoldo
Sucre Figarella, el Arzobispo de Guayana Juan J Bernal, el Rector Fundador Luis Manuel Peñalver, el Dr.
Battistini (primer Director), el Ministro de Sanidad y Asistencia Social, José Ignacio Baldò; el Ministro de
Educación, Humberto García Arocha; y el Dr. Luis Delfín Ponce Ducharne, presidente de la Comisión
Organizadora.

En 1963 se inician los cursos clínicos en el Hospital “Ruiz y Páez”, con los doctores Jorge Andrade, Luís
Navarrete, Eduardo Jahn, Waldemar Kiechle en Medicina Interna y después de 6 años de estudios sale la
primera promoción el 1-12-1966 con 10 egresados.

Pasado del Departamento de Medicina.


Jefe de Departamento: Dr. Luis Rafael Navarrete Guevara. Período (1972-1976).
Jefe de Departamento: Dr. A. Marín Velásquez. Período (1976-1989)
Ingresan los Dres. Kaled Souky, Xiomara Guerra y Cruz Ramón Marín.

Período (1983-1985)
Se presenta un cambio político y de opinión dentro de la universidad y por primera vez hay 2 jefes de
departamento: uno asistencial, Dr. Waldemar Kiechle y uno docente, Dr. Abigaíl Marín Velásquez.

Período (1989-1992).
Jefe de Departamento Dra. Marisol Sandoval de Mora.
En la docencia para ese momento se atravesaba una masificación estudiantil, en el 8ª semestre, había 300
alumnos represados que no podían avanzar.
Se pidió apoyo profesoral concediéndonos 6 nuevos profesores: Dra. María Milagros Silva, Dra. María
O De Sousa, Dr. Ángel Granado, Dr. Tarik Saab y el Dr. Walid El Yamel (internistas) y un nefrólogo Dr.
Carlos Rendón.

Período 1992-1995
Jefe del Departamento Dr. Abigail Marín V, en este período siendo director del hospital el Dr. Luis
Sánchez Parra, se sacan a concurso las jefaturas de servicio de hospitalización y son seleccionados: en
Medicina I el Dr. Abigail Marín, en Medicina II el Dr. Eduardo Jahn, en Medina III la Dra. Marisol Sandoval
y en Emergencia de Adultos el Dr. Tarik Saab.

Período 1996-1999
Jefe de Departamento Dr. Tarik Saab S. Médico Internista egresado de nuestro posgrado e integrante de
la 1ª Promoción.
En su gestión se crea la Unidad de Cuidados Coronarios y el Servicio de Hemodinamia junto al Dr.
Henry Rodney, se inicia de común acuerdo con el posgrado la rotación de los residentes por el ambulatorio
Los Aceititos, bajo su supervisión.
Se inician las Jornadas del Departamento.
En los posgrados se crean el de nefrología y la maestría de Geriatría, e ingresan 3 internistas de nueva
generación, los doctores Luís Soto, Alida Navas y Pedro Martínez.

Posgrado de Medicina Interna


En marzo de 1979 se aprobó por el Consejo Universitario de la UDO la creación del Programa de
Posgrado en Medicina Interna, era Jefe de Departamento el Dr. Abigail Marín V y el 16-02-79 el Decano
del Núcleo designa al Profesor Luis Navarrete G como coordinador fundador, pasaron 8 años de luchas
contra la resistencia y el 09-03-1987 se da inicio al primer curso con 6 cursantes becados por el MSAS.

Presente del Departamento de Medicina.

Br. Javier Marcano


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El Dr. Luis Navarrete se mantiene en la Coordinación hasta marzo de 1992, cuando asciende a la
coordinación de posgrado del Núcleo.
Desde 1992 al 2005 se encarga la Dra. Marisol Sandoval de la coordinación.
Se obtiene la acreditación ante el CNU, el año 1997.
A partir de marzo de 2005 se nombra coordinador al Dr. Tarik Saab.
Actualmente, el jefe del Departamento de Medicina es el Dr. Carlos De Pace Q.

Br. Javier Marcano


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