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Institución del sacramento por Jesucristo

La primera y radical conversión del hombre tiene lugar en el sacramento del bautismo: por él
se nos perdona el pecado original, nos convertirnos en hijos de Dios, y entramos a formar
parte de la Iglesia. Sin embargo, como el hombre a lo largo de su vida puede descaminarse no
una, sino innumerables veces, quiso Dios darnos un camino por el que pudiéramos llegar a Él.

Como era tan sorprendente la divina misericordia dispuesta a perdonar, el Señor fue
preparando a sus Apóstoles y a sus discípulos, perdonando El mismo los pecados al paralítico
de Cafarnaúm, a la mujer pecadora , etc., y prometiendo, además, a los Apóstoles, la potestad
de perdonar o de retener los pecados: "En verdad os digo: todo cuanto atareis en la tierra ser
atado en el cielo, y cuanto desatareis en la tierra, será desatado en los cielos".

- La potestad de perdonar se extiende absolutamente a todos los pecados.

-Esa potestad fue conferida sólo a la Iglesia jerárquica, no a todos los fieles, ni sólo a los
carismáticos. En la persona de los Apóstoles se contenía la estructura jerárquica de la Iglesia,
que se había de continuar en todas las épocas.

Unida íntimamente a la misión de Cristo está la misión de la Iglesia, pues a ella sólo otorgó su
potestad y prometió su asistencia hasta el fin de los siglos.

-La potestad de perdonar los pecados que tiene la Iglesia es judicial; es decir, el poder
conferido por Cristo a los Apóstoles y a sus sucesores implica un verdadero acto judicativo: hay
un juez, un reo y una culpa. Se realiza un juicio, se pronuncia una sentencia y se impone un
castigo.

Por esta razón, la forma se dice con carácter indicativo y en primera persona: "Yo te absuelvo
de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

El sacerdote, sin embargo, dicta la sentencia en nombre y con la autoridad de Cristo, y por
tanto, es el mismo Jesucristo -representado por el sacerdote- quien perdona los pecados en un
juicio cuya sentencia es siempre de perdón, si el penitente está bien dispuesto. Sirviéndose del
ministro como instrumento, es el propio Jesucristo quien absuelve.

El signo sensible lo componen la absolución del sacerdote y los actos del penitente: La
actuación del ministro que imparte el perdón en nombre de Cristo se resume en las palabras
de la absolución (ya vistas), que constituyen la Forma del sacramento; Como los sacramentos
producen lo que significan, estas palabras manifiestan que el penitente queda libre de los
pecados.

La actuación del penitente se concreta en las disposiciones con que se prepara para recibir la
absolución, y constituyen la Materia del sacramento: esas disposiciones son la contrición o
dolor de los pecados, la confesión o manifestación de los mismos, y la satisfacción para
compensarlos de algún modo.
Los actos del penitente: La penitencia mueve al pecador a sufrir todo voluntariamente; en su
corazón, contrición; en la boca, confesión; en la obra, toda humildad y fructífera satisfacción.

De los tres actos del penitente el más importante es la contrición es decir, el rechazo claro y
decidido del pecado cometido, junto con el propósito de no volver a cometerlo. Esta contrición
es el principio de la conversión, de la metanoia que devuelve al hombre a Dios, y que tiene su
signo visible en el sacramento de la penitencia.

Por voluntad de Dios, forma parte del signo sacramental la acusación de los pecados, que tiene
tal realce que de hecho el nombre usual de este sacramento es el de confesión. Acusar los
propios pecados es una exigencia de la necesidad de que el pecador sea conocido por quien en
el sacramento es a la vez juez -que debe valorar la gravedad de los pecados y el
arrepentimiento del pecador-, y médico, que debe conocer el estado del enfermo para
ayudarlo y curarlo.

La satisfacción es el acto final del signo sacramental, que en muchos sitios se llama
precisamente penitencia. No es, obviamente, un precio que se paga por el perdón recibido,
porque nada puede pagar lo que es fruto de la Sangre de Cristo. Es un signo del compromiso
que el hombre hace de comenzar una nueva vida, combatiendo con la propia mortificación
física y espiritual las heridas que el pecado ha dejado en las facultades del alma.

-Estudiaremos a continuación dos incisos relacionados con la forma sacramental: el rito y las
absoluciones colectivas

El rito del sacramento incluye también otras oraciones que, sin formar parte esencialmente de
la forma, muestran el profundo sentido de la penitencia y facilitan la contrición y el propósito
de enmienda; por eso pueden ser objeto de algunas modificaciones, a diferencia de las
palabras esenciales de la forma, que no las admite.

Hay tres ritos de celebración de este sacramento:

1- Rito para reconciliar a un solo penitente, con confesión y absolución individual;


2- Rito para reconciliar a varios penitentes con confesión y absolución individual;
3- Rito pata reconciliar a muchos penitentes con confesión y absolución colectiva.

En cualquiera de estos tres ritos, debe recordarse que la confesión individual e íntegra y la
absolución continúan siendo el único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con
Dios y la Iglesia.

La absolución colectiva: La Iglesia enseña al respecto que: "En caso de necesidad grave se
puede recurrir a la celebración comunitaria de la reconciliación con confesión general y
absolución general”.

Semejante necesidad grave puede presentarse cuando hay un peligro inminente de muerte sin
que el sacerdote o los sacerdotes tengan tiempo suficiente para oír la confesión de cada
penitente.
Una gran concurrencia de fieles con ocasión de grandes fiestas o de peregrinaciones no
constituyen por su naturaleza ocasión de la referida necesidad grave.

-El abuso sobre esta materia atenta contra el precepto divino de la confesión individual, y es
preciso valorarlo bien en cada caso.

Cuando se dan las condiciones para perdonar los pecados de esta manera, al desaparecer la
imposibilidad física o moral para confesarse de modo auricular y secreto, los pecados
perdonados de este modo han de ser confesados individualmente. Por eso la Iglesia siempre
insiste en que la acusación o confesión personal, y la absolución individual es, por ley divina, el
único modo ordinario.

A través de la lícita absolución general, el penitente obtiene el perdón de los pecados que no
ha confesado personalmente al sacerdote, sólo si:

- tiene arrepentimiento y propósito de no pecar,

- de reparar los daños y el escándalo causados,

- y está dispuesto a hacer la confesión individual de los pecados así absueltos a su debido
tiempo; es decir, en la primera confesión que haga.

Efectos:

La reconciliación trae al alma un maravilloso caudal de bienes:

1. Infunde en el alma la gracia santificante (o la aumenta, si ya se poseía), devolviendo la


amistad con Dios.

2. Perdona los pecados, la pena eterna y la temporal (esta última, en todo o en parte).

3. Restituye las virtudes y los méritos.

4. Confiere la gracia sacramental específica.

5. Reconcilia con la Iglesia.

1. La penitencia infunde en el alma la gracia santificante que se había perdido con el pecado.
En efecto, el sacramento de la reconciliación con Dios produce una verdadera ‘resurrección
espiritual’, una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más
precioso de los cuales es la amistad de Dios. Este proceso se llama justificación. A través del
sacramento de la penitencia, el hombre deja de ser injusto y enemigo, y es hecho justo y
amigo de Dios.

2. Al infundirse la gracia desaparece el pecado mortal, pues no es posible el consorcio de


ambas realidades: la una excluye necesariamente la otra. Se perdonan, asimismo, los pecados
veniales confesados.

En todo pecado se puede distinguir:

-la culpa, que es la mancha que queda en el alma después del pecado;
-la pena, que es el castigo que se merece al haber pecado.

A través de la confesión se perdona la culpa, borrándose eficazmente todo pecado, mortal o


venial, pero no sucede lo mismo con la pena:

-la pena que es eterna a causa del pecado mortal, se cambia en pena temporal;

-la pena que es temporal por ser el castigo del pecado venial, se perdona sólo en parte, a la
medida del dolor del penitente, es decir, de sus personales disposiciones.

3. Le son restituidas por este sacramento las virtudes infusas pérdidas -teologales y morales-, y
los méritos de las buenas obras hechas antes de cometer el pecado mortal; o bien se le
aumentan, si no había cometido pecado mortal, sino solamente pecados veniales.

4. La gracia sacramental es precisamente esta fortaleza que recibe el cristiano para la lucha
interior, a fin de evitar los pecados en lo sucesivo, especialmente aquellos de los que se acusa.

5. El pecado, siendo esencialmente personal, daña también a la Iglesia, por lo que el pecador
tiene una responsabilidad ante ella: El pecado menoscaba o rompe la comunión fraterna.

Necesidad:

Para los que han caído en pecado mortal después del bautismo, el sacramento de la penitencia
es tan necesaria como lo es el bautismo para los no regenerados.

Resulta, pues, condición imprescindible para salvarse, hecha la única excepción quien muere
luego de un acto de contrición perfecta sin haber podido recibir el sacramento.

La Iglesia establece la ley que obliga a confesarse al menos una vez al año a partir de la edad
en que se comienza a tener uso de razón (hace a los pecados mortales).

Ministro:

La Iglesia enseña que la potestad de perdonar los pecados -propia de Dios: "¿Quién puede
perdonar los pecados, sino sólo Dios?"- fue entregada por Cristo a los Apóstoles y a sus
legítimos sucesores en el sacerdocio; de tal manera que, sin la intervención de los sacerdotes,
no es posible obtener el perdón en el sacramento de la penitencia.

La esencia misma de la institución jerárquica de la Iglesia, exige que no todos los fieles sin
distinción posean el poder judicial de absolver, sino que únicamente lo tengan los miembros
de la jerarquía.

* El lugar propio para administrar el sacramento de la penitencia es la iglesia o el oratorio (ya


que es un lugar sagrado).

* Respecto a la sede confesional debe haber un confesionario provisto de rejilla fija. Esta rejilla
sirve para salvaguardar la necesaria discreción, y para garantizar el derecho de todos los fieles
a confesar sus pecados sin que tengan que revelar necesariamente su identidad personal.

Obligaciones del confesor: Ciencia, Prudencia en las interrogaciones, santidad (debe tener una
profunda vida interior, celo apostólico, paciencia, gran fortaleza y guarda del corazón). Debe
de oír confesiones, actitud al administrar el sacramento (enseñar, amonestar, dar remedios),
denegar las absoluciones en caso de no ser necesarias. También tiene la obligación del sigilo
sacramental (guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han
confesado, bajo penas muy severas).

Sujeto: El sujeto de este sacramento es todo bautizado que haya cometido algún pecado,
mortal o venial.

Basta, por tanto, cualquier acción que tenga realidad de pecado, y no bastan, en cambio, otras
acciones que no fueran al menos pecado venial, porque en ese caso propiamente no habría
materia en el sacramento (p. ej., imperfecciones, descuidos, etc.).

Condiciones para una buena confesión

Son cinco: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los
pecados al confesor y cumplir la penitencia.

a) Examen de conciencia: Primero, recordar y reconocer los propios pecados.

b) Dolor de los pecados y propósito de enmienda: En segundo lugar, hemos de dolernos de


nuestras faltas: es el arrepentimiento o, mejor aún, la contrición.

Las restantes condiciones ya fueron vistas.

*La indulgencia se concede sólo a los fieles debidamente dispuestos. Hay dos tipos de
indulgencias:

1. Plenaria, que perdona toda la pena temporal debida por los pecados;

2. Parcial, que sólo perdona una parte.


Sacramento de la Unción de los Enfermos y las Postrimerías

Noción: La unción de los enfermos es el sacramento que "tiene por fin conferir una gracia
especial al cristiano que experimenta las dificultades inherentes al estado de enfermedad y
vejez".

-No es sólo un sacramento para quienes se encuentran en el último momento de su vida, sino
para aquellos cristianos que empiezan a estar en peligro de muerte, por enfermedad o vejez.
Se llama ‘unción’ porque al sujeto se le unge con óleo sagrado.

-La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento
especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad (la Unción de los
enfermos).

Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un sacramento
del Nuevo Testamento. Mc. 6, 13 dice:

"Saliendo a predicar, exhortaban a que hiciesen penitencia, y lanzaban a muchos demonios, y


ungían a muchos enfermos con óleo y los sanaban. En este texto se encontraría una
insinuación o una preparación para la futura institución del sacramento".

El segundo texto -Sant. 5, 14-15- es citado por el Concilio como el momento de la


promulgación del sacramento: "¿Alguno de vosotros enferma? Haga llamar a los presbíteros
de la Iglesia y oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe
salvará al enfermo y el Señor le aliviará, y los pecados que hubiere cometido le serán
perdonados".

*Primeramente se trata de una enfermedad de relativa importancia, que impide al enfermo


salir de casa, pues hace llamar a los presbíteros. Los presbíteros acuden, oran sobre el
enfermo (tal vez con una imposición de manos sugerida por la preposición ‘sobre’) y lo ungen
en nombre del Señor. Esa oración y esa unción tienen como efectos un alivio del enfermo y un
perdón de sus pecados. Nos hallamos claramente con todas las características de un
sacramento: signo sensible (Materia: unción; Forma: oración) y efectos espirituales (perdón de
los pecados) sin que se desdeñen en ese caso los corporales (alivio).

Signo Sensible:

La Materia remota es el aceite de oliva bendecido por el obispo en la Misa Crismal del Jueves
Santo.

En caso necesario, es materia apta cualquier otro aceite vegetal, sobre todo porque en algunas
regiones falta o es difícil de conseguir el aceite de oliva.

Aunque el obispo es quien habitualmente bendice el óleo que se emplea en la unción, pueden
también hacerlo los que jurídicamente se equiparan a él, o en caso de necesidad cualquier
presbítero, pero dentro de la celebración del Sacramento.
La materia próxima es la unción con el óleo santo.

Están previstas por las normas litúrgicas unciones en la frente y en las manos, y por tanto,
estas unciones son las exigidas para la licitud.

En caso de necesidad, para la validez basta una sola unción en la frente o en otra parte del
cuerpo.

El Catecismo Romano señala razones de conveniencia sobre el uso del aceite en este
sacramento:

"así como el aceite sirve mucho para aplacar los dolores del cuerpo, así también la virtud de
este sacramento disminuye la tristeza y el dolor del alma. El aceite además restituye la salud,
causa dulce sensación y sirve como de alimento a la luz; y, por otra parte, es muy a propósito
para reparar las fuerzas del cuerpo fatigado. Todo lo cual da a entender los efectos que se
producen en el enfermo por virtud divina cuando se administra este sacramento”.

-La Forma del sacramento son las siguientes palabras, prescritas por el ritual y pronunciadas
por el sacerdote: "Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor
con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te
conforte en tu enfermedad".

Estas palabras determinan el sentido de lo que se hace para que, junto con la unción, se
expresa el significado del rito, se realice el signo sacramental y se produzca la gracia.

Efectos:

- aumento de gracia santificante;

- gracia sacramental específica;

- la salud corporal, cuando conviene a la salvación del alma;

- el perdón de los pecados veniales y la desaparición de las reliquias del pecado.

- Secundariamente, puede producir el efecto de remitir los pecados mortales.

1. Como todo sacramento de vivos, la unción de enfermos produce un incremento de la


gracia santificante en el alma del que lo recibe.

2. La gracia sacramental específica de la unción de los enfermos es una gracia de


consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de
enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez.

Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece
contra las tentaciones del maligno, especialmente la tentación de desaliento y de angustia
ante la muerte.
3. La gracia sacramental propia de la unción tiene como efecto la curación, si ésta
conviene a la salud del cuerpo. "Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu
quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal
es la voluntad de Dios. Ya que los sacramentos no existen para causar milagros.

4. Ambas cosas son obstáculos para la inmediata entrada del alma en el cielo; aunque
este efecto depende de la debida disposición, es decir, del sincero dolor por los
pecados veniales.

La indulgencia plenaria, que suele acompañar al sacramento, perdona la pena temporal.

5. Si no es posible recibir la confesión y la persona está arrepentida, aunque sólo sea con
contrición imperfecta, la unción también perdona los pecados mortales.

Necesidad:

Este sacramento no es necesario por sí mismo para la salvación del alma, pero a nadie le es
lícito desdeñar su recepción, y por tanto ha de procurarse con esmero y diligencia que los
enfermos lo reciban cuando están en plenitud de sus facultades mentales.

Es obligación de todo cristiano prepararse del mejor modo para la muerte, y los que rodean a
un enfermo tienen el deber -que es grave- de darle a conocer su situación peligrosa y de
sugerirle la conveniencia de recibir el sacramento. Ha de administrarse en un momento
prudente: ni demasiado pronto, ni demasiado tarde, obrando con sentido común y caridad
cristiana.

Reiteración del Sacramento:

La unción de los enfermos no imprime carácter, y por lo tanto puede repetirse, teniendo en
cuenta lo siguiente…

Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de una nueva
enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el
sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava.

Ministro:

Todo sacerdote, y sólo él, administra válidamente la unción de los enfermos. Ordinariamente
son los sacerdotes con cura de almas quienes tienen la obligación y el derecho de
administrarlo a los fieles que tienen encomendados.

Sin embargo, por una causa razonable cualquier otro sacerdote puede dar la unción, con el
consentimiento al menos presunto del sacerdote que tiene la cura de esa alma.

Para facilitar la administración del sacramento, todo sacerdote puede llevar consigo el óleo
bendito.

Sujeto:
Se puede administrar la unción de los enfermos al fiel que, habiendo llegado al uso de razón,
comienza a estar en peligro por enfermedad o vejez.

Para juzgar la gravedad de la enfermedad, basta con tener un dictamen prudente y probable
de peligro de muerte, aunque no sea necesariamente inminente el desenlace.

Las condiciones que ha de reunir el sujeto son:

a) estar bautizado,

b) haber llegado al uso de razón,

c) tener intención de recibirlo, y

d) peligro de muerte por enfermedad o vejez.

a) Quien vaya a recibir el sacramento, como en el caso de todos los demás, debe estar
bautizado.

Si se hubiera bautizado en aquel momento, podría recibir inmediatamente la unción pues de


esa manera se recibe un aumento de gracia que es muy necesaria para resistir a las posibles
tentaciones.

b) También es necesario que el sujeto tenga uso de razón y, por eso, capacidad de cometer
pecado personal.

c) Para recibirlo válidamente, es necesario en el sujeto la intención. Si se trata de un enfermo


que carece ya del uso de razón, se le debe administrar si, cuando estaba en posesión de sus
facultades, lo pidió al menos de manera implícita.

d) No hace falta, como ya dijimos, que el peligro de muerte sea grave y cierto, basta que
comience.

En cambio sí hace falta que ese peligro se deba a enfermedad o vejez. Es decir, puede darse la
santa unción a un enfermo que va a ser operado, con tal de que una enfermedad grave sea la
causa de la intervención quirúrgica; también a los ancianos, cuyas fuerzas se debilitan
seriamente, aunque no padezcan una enfermedad grave; e igualmente a los niños, a condición
de que comprendan el significado del sacramento.

No es sujeto del sacramento el hombre sano, aunque esté en inminente peligro de muerte por
causa externa, por ejemplo, el soldado antes de entrar en batalla.

-Si se duda que el enfermo aún viva, o ha sido muy reciente su fallecimiento, se le debe
administrar de cualquier modo la unción.

En estos casos se conferir ‘bajo condición’, que se expresar en los términos ‘Si vives...’

Es praxis comúnmente admitida conferir este sacramento hasta dos horas después de la
muerte aparentemente sobrevenida.
Las Postrimerías:

Son las cosas Postreras, es decir, las cosas últimas. Y son 4:

1) La Muerte: Es la separación de cuerpo y alma. No es el fin, sino que comienza la


eternidad. Es importante por 3 motivos:

a- Por su Trascendencia: Porque es un problema que se plantean todos los hombres


dándole importancia.
b- Es una Enorme Eficacia Sobrenatural: Porque al hablar de la muerte pensamos en
las almas, en su camino hacia Dios.
c- Por su Palpitante Actualidad: Ya que es un tema que no envejece con el tiempo
(siempre se ha hablado).

-La Muerte tiene Relación con la Vida; Y en este sentido hay 2 posturas:

La Materialista: En concebir que no hay nada más allá de la muerte.

La Realista: En donde entra la Fe y se cree en un más allá.

-La existencia del más allá tiene 3 argumentos:

a- En el Plano de la Mera Posibilidad, por ej. Contratar un seguro de vida.

b- Por la Certeza Natural que equivale a tener precaución para salvar el alma.

c-La Certeza Sobrenatural ya que cuando se afianza la fe, la muerte tiene sentido. Por ej. San
Francisco de Asís la llamaba la “Hermana Muerte”. Y Santo Domingo Sabio dijo “Seguiría
jugando por más que la muerte venga”.

-Se presentan 3 características en relación a la Muerte:

1- Es Cierta en su venida, ya que lo vemos todos los días o cuando recordamos a nuestros seres
queridos en el cementerio.

2-Es Insegura en su circunstancia, debido a que nadie sabe cuándo va a morir. Así se presentan
los diferentes Tipos de muerte:

Muerte Natural: Es la que sobreviene por el desgaste.

Muerte Prematura: Aquella que llega con un poco tiempo de vida. Por ej. Un niño- joven.

Muerte Violenta: Es la producida por un agente extrínseco. Por ej. El atropello de un auto-
camión.

Muerte Repentina: Aquella que sobreviene por una causa intrínseca. ¿Suicidio?

3-Es Única en la vida, ya que se muere una vez. Por ej. Lázaro.

2) El Juicio: El nuevo testamento habla de un juicio que dará retribución inmediata


después de la muerte como consecuencia de las obras y de la fe.
Tanto la Misericordia como la Justicia se van a dar en nuestro señor Jesucristo. Hay 2
clases de juicios:

*El Particular: En el cual al morir me encuentro con Cristo que me dice mi destino
(cielo o infierno), determina el Estado al que voy, de acuerdo a mis obras llevadas a
cabo en la vida terrenal.
*El Final: Es aquel que se producirá al final de los tiempos, donde vendrá Jesús a
juzgarnos, separando los buenos de los malos… Será público.

3) El Cielo: Implica la Felicidad Perfecta en donde se ve a Dios cara a cara. Llegan ahí los
que mueren en la Gracia y en la Amistad con Dios y están perfectamente purificados.

-Es el fin último sobrenatural de la persona. Es la plena posesión de los frutos de la redención
realizada por Cristo, quien asocia a su glorificación celestial aquellos que han creído y que han
amado como Él. Es la participación en la naturaleza divina. Es gozar de Dios para toda la
eternidad. Es la última meta del inagotable deseo de felicidad. Es la satisfacción de los más
profundos anhelos del corazón.

-En la sagrada escritura el cielo presenta algunas imágenes:

a. Boda y Banquete: Es como una fiesta de Amor y de Gozo.


b. El Paraíso: Modelo de felicidad, armonía y de convivencia pacífica.
c. El Reino: Representa la presencia triunfante de Dios que llena con su majestad
toda la creación y es por esto, que Cristo es Rey.

4) El Infierno: Aquel donde se encontrarán los condenados junto a los demonios. Es el


lugar de tormento al que llegan aquellos que mueren en pecado mortal sin estar
arrepentidos ni acoger el Amor misericordioso de Dios.
Es estar separados de Dios para siempre por propia y libre elección.

Existen 2 penas en el Infierno:


La Pena de Daño: Es el sufrimiento, en donde se utiliza como figura el fuego- el llanto-
el rechinar de dientes- etc.
La Pena de Sentidos: Consiste en tener sufrimientos por no gozar de la presencia de
Dios, sabiendo de todas las oportunidades que aparecieron para salvarme.

*La falta del pecador que murió sin arrepentirse queda irreparada para siempre
porque en el infierno No es posible el arrepentimiento. Lo mismo que en el cielo no es
posible pecar.

*En la postrimería del juicio también debemos creer en el juicio final. El catecismo de
la iglesia católica nos dice que vamos a resucitar antes del juicio final debido a que
Cristo vendrá en su gloria acompañado de todos los Ángeles; Serán congregados
delante de Él todas las naciones y va a separar los buenos de los malos, como el pastor
separa las ovejas de las cabras. Y en éste juicio se comprenderá la verdad de la relación
de cada Hombre con Dios.