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El regreso de la Estela de Raimondi

7/19/2015 Chavín , cupisnique , formativo , museo , Patrimonio , sierra norte , Tello , Uhle

Esta escultura de granito de dos metros de altura fue alguna vez un objeto sagrado. Tras siglos de olvido fue
usada como un vulgar batán de cocina. Un viajero famoso la vio y le impresionó tanto que convenció a un
presidente de rescatarla. Un esforzado sargento la llevó a Lima abriendo caminos en las montañas a golpe de
dinamita. Estuvo tirada en un parque, fue escondida durante una guerra y dañada por un terremoto. Por fin
descansó varias décadas en el museo de Pueblo Libre. Y ahora, 170 años después de su descubrimiento, una
de las piedras más famosas del Perú será restaurada para muy probablemente regresar a la región en donde fue
esculpida hace ya 25 siglos. Esta es la increíble historia de la Estela de Raimondi.

La sección central de la pieza, que muestra el rostro cuadrado de un curioso personaje del que sobresalen varias serpientes y que sostiene
entre sus garras dos báculos.
El hallazgo
Alrededor de 1840 el señor Timoteo Espinoza, un agricultor que tenía tierras en las afueras de la entonces
remota localidad de Chavín de Huántar (que en esos años tenía menos de 1000 habitantes) encontró en los
alrededores de las antiguas ruinas de piedra conocidas como "El castillo" una gruesa laja rectangular de casi
dos metros de alto que tenía unos curiosos tallados en uno de sus lados. Ya entonces estaba algo rajada y tenía
sus bordes ligeramente desbastados producto de un golpe (¿una caída? ) del que nada se sabe. La hizo llevar a
su casa donde la utilizó para presumir ante sus pocos visitantes, pero también para usarla como mesa y
aun como batán para moler sus granos.

No era raro que los habitantes del lugar coleccionaran ese tipo de reliquias: Se habían encontrado piedras
talladas antiguas por todas partes e incluso muchas se utilizaron para construir las casas de la zona.
Consideremos el contexto: En 1840 arqueología y patrimonio era palabras desconocidas para la mayoría de
los habitantes de la joven república, que vivían preocupados tratando de sortear las múltiples crisis políticas
qe los mariscales de ayacucho no se cansaban de generar (el año anterior había sido la Guerra de la
Confederación; el año siguiente sería la Guerra con Bolivia)
Piezas de piedra como esta gran cornisa eran extraídas por los habitantes de la zona de las ruinas de Chavín y reutilizadas para colocarlas
como muros en sus casas o como meras curiosidades en la época en que Raimondi visitó la región. A principios del siglo XX muchas de
ellas fueron reunidas para formar un pequeño museo local que sería ampliado en la década de 1930 por Tello. Desgraciadamene un
aluvión destruyó el pueblo y el museo llevándose muchas de ellas en los años 40. Esta pieza es una de las que sobrevivió y se exhibe
actualmente en la muestra de Chavín del Museo de Arte de Lima. Foto: Robert Laime.

Veinte años después, atraído por lo que había escuchado sobre esos objetos, el naturalista italianoAntonio
Raimondi, un apasionado de la geografía que estaba empeñado en recorrer todo el Perú para escribir sobre
sus recursos naturales, llegó a Chavín para inspeccionar sus ya famosas ruinas y sus misteriosos túneles
subterráneos. Al enterarse de la presencia del ilustre visitante, Espinoza lo invitó a su casa para comer y
mostrarle el objeto que poseía. Raimondi se quedó maravillado con la mesa del dueño de casa. Y al respecto
escribió lo siguiente:

Se dirá que el esculpió esa piedra tenía la idea de representar al Genio del Mal. Dicha piedra es de gran
estimación, por lo complicado y la hermosura del diseño, por la finura y sorprendente simetría que se nota en
un dibujo tan difícil que el mejor artista no habría podido hacerlo más perfecto. Ella es de por sí precioso
monumento que debería conservarse con el mayor cuidado en el Museo Nacional, porque da una exacta idea
del grado de desarrollo que había alcanzado el simbolismo, el dibujo y el arte de trabajar las piedras entre
los antiguos indios.
pero junto con esas palabras de admiración, escribió también lo siguiente sobre el trato que los pobladores le
daban a las ruinas cercanas.

Da lástima ver que las autoridades del lugar no hayan podido impedir la destrucción de tan importante
monumento: y que todos los habitantes de la población acudan al "Castillo" a sacar piedras utilizándolas en
hacer sus casas, como si se tratara de una cantera (...) No hay más que el deseo de hallar tesoros lo que
redunda en arrasar el mejor monumento, tal vez que se conserva, de los antiguos peruanos: que está casi en
escombros y los mismos habitantes que se lamentan de tamaña barbarie poseen magníficas muestras sacadas
por sus manos del Castillo. ¡Esto da cólera!

Aspecto actual de la esquina suroeste muro norte del Templo principal de Chavín de Huántar. En la época en que Raimondi estuvo allí
más de las dos terceras partes de esta estructura estaban aún bajo tierra y no serían liberadas hasta los trabajos arqueológicos de Julio C.
Tello entre 1919 y 1940. Buena parte de los bloques de piedra que formaron parte de este monumento fueron retirados por los habitantes
de la zona en el siglo XIX para construir sus casas.

El traslado a Lima
Raimondi publicó esos duros textos en 1873 (en su libro "El departamento de Ancash y sus riquezas
minerales"). La historia del Perú precolombino no era todavía un asunto importante. Tengamos en cuenta que
la primera excavación arqueológica moderna se realizaría recién en 1896 (en Pachacamac, por parte de Max
Uhle). Pero a pesar de eso, el impacto del testimonio de Raimondi de 1873 fue tal que el mismísimo
presidente Manuel Pardo ordenó que la pieza fuera trasladada a Lima de inmediato para ser protegida.

Pero no era un encargo sencillo. No había ninguna ruta de ferrocarril que cruzara las dos cordilleras (La Negra
y la Blanca) que separaban Chavín de la costa y los caminos utilizados por los arrieros no eran lo
suficientemente anchos para transportar con seguridad una pesada losa de piedra de 2 metros de largo, 75 cm
de lado y 17 centímetros de espesor que, además, debía llegar a la costa sin ningún rasguño. Por eso el
prefecto de Ancash (TAL) escribió al gobierno para que le autorice la compra de barrenos para perforar la
roca de las zonas estrechas del camino y 90 kilos de pólvora para volarlas. La pieza fue trasladada en una
carretilla especial hasta Casma y de ahí a Lima. No tenemos los detalles de lo que sin duda fue una ardua
travesía, pero sí el nombre del sargento comisionado para llevarla a cabo que, aparentemente, cumplió la tarea
de manera impecable: José Manuel Marticorena.

La Cordillera Blanca fotografiada desde lo alto de la Cordillera Negra, en Ancash. Detrás de la primera se encuentra la región conocida
como Callejón de Conchucos donde está Chavín de Huántar. No conocemos con exactitud la ruta que utilizó el sargento Marticorena para
trasladar la piedra, pero sin duda no fue una tara fácil. Imagen tomada de http://www.all-peru.info
Los jardines y la guerra

Ya en Lima la piedra fue colocada en un marco de madera negra e instalada a la intemperie sobre los jardines
que estaban en frente de la entrada del recién construído Palacio de la Exposición (el mismo edificio que hoy
alberga al Museo de Arte de Lima) en cuyo segundo piso funcionaba el Museo Nacional. La piedra pronto
generó gran interés y artícukos periodísticos y algunos ensayos. Algunos atribuyeron sus diseños a una
inexistente influencia babilonia y otros vieron en sus dibujos intrincados los restos de una perdida forma de
escritura. Como hasta entonces no se conocía ninguna cultura anterior a los incas se pensaba que era de origen
cusqueño y que el luar en el que fue encontrada, Chavín, era una fortaleza que los incas utilizaron para
defender sus conquistas. Por supuesto ninguna de estas interpretaciones es correcta. Pero a pesar de ello
tuvieron la virtud de inaugurar el debate académico sobre los misterios del Antiguo Perú en una sociedad
que hasta entonces vivía de espaldas a su historia prehispánica. Tengamos en cuenta la época en la que ocurría
todo esto: Todavía faltaban más de veinte años para que se realizara la primera excavación arqueológica
moderna en el Perú (lo haría Max Uhle en Pachacamac, en 1896).

Una vista del entonces recién construido Palacio de la Exposición (1872) desde lo que hoy es el Paseo Colón. En esos jardines fue
colocada la gran piedra traída de Chavín.
Como había sido Raimondi quien había llamado la atención sobre esta pieza, el nuevo monumento del Parque
de la Exposición fue conocido desde entonces como la "Estela de Raimondi".

Pero su protagonismo duró poco. En enero 1881 Lima fue ocupada por el ejército chileno durante
la Guerra del Pacífico. Muchos de los tesoros artísticos de la capital se perdieron durante los dos
años que siguieron. Así como ocurrió con la Biblioteca Nacional, el Palacio de la Exposición fue
saqueado por las tropas extranjeras. La piedra, en cualquier caso, se mantuvo a salvo. Hay dos
versiones sobre cómo lo logró. Una dice que simplemente fue derribada con la cara de los diseños
hacia abajo y así pasó desapercibida. La otra que fue enterrada en una ubicación específica de los
jardines,

En cualquier caso, la piedra dejó de ser protagonista para convertirse en un actor secundario de
una ciudad que luchaba por recuperarse del desastre de la guerra.
Algunos de los protagonistas de esta historia. Arriba, al a izquierda: Antonio Raimondi, científico italiano y peruanista que llamó la
atención sobre la piedra e instó al gobierno a protegerla. Convencido por él, el presidente del Perú Manuel Pardo y Lavalle (arriba,
derecha) dio la orden y los recursos para trasladar la piedra a Lima. Luego de la Guerra del Pacífico José Toribio Polo (abajo, izquierda)
hizo campaña en la prensa local para que la piedra fuera conservada no sólo como una obra de arte sino como un poderoso símbolo de
identidad nacional. Julio C. Tello (abajo, derecha) la llevó al Museo Nacional de Arqueología e Historia y la colocó en su correcto
contexto histórico como una talla de al menos 2500 años de antigüedad..

Deterioro y rescate
El historiador y jurista José Toribio Polo, conocía bien esta obra de arte. Él mismo la había visto en
casa de Espinoza en 1871 "tirada en un rincón" y como funcionario del gobierno en Ancash estuvo
al tanto de su traslado a Lima. Posteriormente la admiró colocada en el Parque de la Exposición
antes de la guerra y escribió artículos en la prensa local sobre ella. En 1892 fue a buscarla para ver
su estado. Esto es lo que escribió al encontrarla:

...pude al fin encontrarla donde menos lo pensé: en uno de los parques, entre el "Club Revólver " y la espalda
del Palacio (de la Exposición) junto á una acequia, bajo de un ficus y sobre dos palos; teniendo al lado el
tosco marco negro de madera en que estuvo colocada. Expuesta á la intemperie, en un lugar no muy
transitado, como para que no sea vista, y hasta ahora poco, al alcance de niños traviesos que retozaban
sobre ella, es lo cierto: que esa joya rara de las antigüedades patrias no ha merecido de nuestros ediles
ninguna consideración; con mengua del crédito del país (...) Esa piedra que, con no pocas precauciones, se
trajo a Lima en 1874, de orden y a costa del gobierno, llegando hasta ensanchar con tal objeto los caminos
en algunos sitios, y conduciéndola de Chavín á Casma en una carretilla especial, se ha extraido del rústico
marco, por torpes operarios, con barretas y herramientas que le han descantillado la mitad del borde
superior, una parte del lado izquierdo y sus dos ángulos inferiores; desapareciendo á trechos la cenefa que
encuadra el dibujo. Y mientras esto sucede aquí, en la capital de República, sabemos, que extranjeros
amantes de la ciencia, para enriquecer un museo de Europa, han ofrecido por conducto respetable, hasta mil
libras esterlinas.
El extravagante Museo Victor Larco Herrera construido para imitar un supuesto palacio tianuanacota, fue construido por el filántropo
trujillano en la Avenida Alfonso Ugarte en una época en que la arqueologia se volvió un asunto relevante para la sociedad peruana. Ahí
estuvo la piedra de Chavín durante casi diez años. Actualmente en este lugar funciona el Museo de la Cultura Peruana.

Polo advirtió a las autoridades sobre la reliquia quienes, aparentemente, empezaron a tratarla mejor. La piedra
fue trasladada al Museo Victor Larco Herrera (lo que hoy es el Museo de la Cultura Peruana, en la avenida
Alfonso Ugarte; no confundir con el Museo Larco). Los primeros años del siglo XX eran buenos tiempos para
la arqueología peruana: Uhle había demostrado que diferentes sociedades independientes habían dominado el
Perú antes de los incas, retrocediendo la antigüedad de la cultura andina al menos hasta el siglo II a.C. Luego
tomó la posta de la arqueología nacional Julio C. Tello quien corrió aún más en el tiempo el inicio de nuestra
historia, al menos hasta el primer milenio antes de Cristo. Para Tello la clave de esa antigüedad estaba
precisamente en las ruinas de Chavín, donde estuvo excavando exhaustivamente durante varias temporadas
entre 1919 y 1940. Como director del Museo Nacional de Arqueología, Tello hizo que trasladaran la Estela de
Raimondi a la institución a su cargo, donde permanece hasta hoy. La gran piedra se convirtió, en ese sentido,
en el más ilustre representante del arte de Chavín fuera del sitio arqueológico.
En este gráfico, basado en el calco que publicó Toribio Polo en 1899, se distinguen los dos niveles de relieve del
diseño de la pieza. En este artículo no vamos a tratar acerca de las innumerables interpretaciones que diferentes
investigadores han realiado sobre esta fantástica pieza de arte andino. Bastará decir que, por no haberse registrado
su contexto arqueológico original (no se sabe dónde estuvo ubicada, junto a qué o qué relación de antigüedad tuvo
con otros objetos de Chavín) la gran mayoría son hipótesis difíciles de probar.

Pero dos nuevos eventos golpearon la recuperación de la historia de Chavín.

El primero, una premonición, ocurrió en Lima en mayo de 1940: Un terremoto de 8,2 grados Ritcher
sacudió la zona central del Perú y la estela de Raimondi se desprendió de su ubicación en el museo
quebrándose por uno de sus extremos. El segundo, aún peor, ocurrió en el mismo pueblo de Chavín en
1945. Un enorme aluvión no sólo destruyó completamente la localidad sino que sepultó las ruinasque
Tello había excavado durante los últimos veinte años. La corriente de lodo se llevó consigo la mayoría de las
antiquísimas esculturas y cabezas de piedra que el arqueólogo había reunido en una pequeña capilla que
servía de museo de sitio junto a las ruinas. Esas piezas no solamente procedían de las excavaciones sino
también de las "colecciones pivadas" que los viejos vecinos de Chavín -sí, los descendientes de aquellos que
Raimondi denunciara un siglo atrás- habían decidido donar a su pueblo. Pero durante la catástrofe la mayoría
de estos objetos desapareció para siempre.

El retorno a casa
El Museo Nacional Chavín. Imagen tomada de viajaporperu.com/

Pues bien, y ahora sí llegamos al asunto que motiva este largo recuento. Y es que la Estela de Raimondi, que
pasa sus días en un ambiente abierto del Museo de Pueblo Libre, regresaría por fin a su tierra de origen.
Una campaña promovida por varios municipios de la región Ancash y algunas recientespublicaciones en la
prensa local indican que la piedra seguiría así el mismo camino que ya tomó antes otra famosa pieza chavín
(el Obelisco Tello).

Los tiempos han cambiado y mucho. Chavín ya no es un lugar inseguro para el patrimonio histórico sino una
efervescente localidad turística, que cuenta con uno de los sitios arqueológicos más fascinantes del Perú, que
es Patrimonio de la Humanidad, que tiene una población preocupada por su herencia histórica y que cuenta
con un buen museo (el moderno Museo Nacional Chavín) que ya estaría preparando un ambiente para
albergar a la archifamosa pieza (posiblemente donde está la réplica que le sustituye hasta el día de hoy). Así
podrá exhibirse junto con la gran colección de tallas de piedra y otras piezas de arte de las culturas del
Período Formativo.
Cronología de esta historia. Clic para ampliar. Elaboración: antiguoperu.com

Pero antes de ser trasladada la escultura sería sometida a un proceso de restauración en Lima a cargo de
unos expertos suizos encomendados por el Ministerio de Cultura. Esta tarea forma parte, según indica la
prensa, de una serie de medidas que varios municipios de la Región Ancash están promoviendo para mejorar
la infraestructura turística de la región. Una de ellas no deja de llamarme la atención: Se trata del
acondicionamiento de la carretera Catac-Chavin. Es parte de la misma ruta que hace 140 años, cuando no
había vehículos a motor, tuvo que ensanchar, a golpe de dinamita, el sargento Marticorena para llevar la
piedra a Lima. Sólo que esta vez, como sucede con todos los retornos, el camino será mucho más fácil.

Más información

 La nota de prensa que informa del traslado y la restauración puede consultarse aquí.
 La estela de Raimondi puede visitarse actualmente en el Museo Nacional de Arqueología,
Antropología e Historia. (Información aquí)
 El trabajo que Raimondi publicó en 1873 sobre su viaje por la región de Ancash ("El departamento
de Ancash y sus riquezas minerales") está parcialmente digitalizado por Google Book y puede leerse aquí .
Sobre este gran naturalista recomendamos la página web del museo dedicado a su vida y legado. Clic aquí
 José Toribio Polo publicó un compendio de sus artículos periodísticos sobre la estela de Raimondi.
Este escritor conoció a Espinosa y es el único que relata la forma en que fue encontrada la piedra. en sus
páginas también pueden leerse las resoluciones del gobierno de Pardo sobre el traslado de la pieza y los
materiales que se compraron para traerla a Lima. También hace un análisis de la pieza que, a pesar de que se
basa en especulaciones (en ese momento no se sabía de ninguna civilización anterior a al de los incas en el
Perú) y no tienen ningún rigor arqueológico, resulta muy interesante para comprender las ideas que había
sobre las antigüedades peruanas a fines del siglo XIX. En el siguiente enlace puede leerse una versión de
este libro, digitalizado por la Biblioteca Nacional de España. Clic aquí.
 Hay un interesante ensayo de Raúl Hernández de la PUCP sobre cómo fue que la propia población
del pueblo de Chavín empezó a interesarse por su patrimonio en las primeras dos décadas del siglo XX, antes
de que Julio C. Tello iniciara los estudios arqueológicos en el lugar en 1919. Para leerlo haz clic aquí.
 Si usted se encuentra en Lima y todavía no ha ido a ver la muy buena exposición sobre arte Chavín
en el MALI hágalo pronto, es sólo hasta el 9 de agosto. No se exhibe la piedra de Raimondi, pero sí se pone
en contexto la historia de Chavín y se muestran algunas de sus más notables esculturas de piedra.