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PRINCIPIO DE IDENTIDAD DEL PAGO

Las obligaciones con prestaciones de dar son, a grandes rasgos, aquellas que implican la
entrega física o jurídica de un bien. El Código Civil peruano de 1984 inicia el tratamiento de las
obligaciones de dar en su artículo 1132, precepto en el que se refiere a los bienes ciertos.
Antes de analizar la norma citada, consideramos imprescindible dar una noción de bien cierto.
Entendemos por bien cierto a aquel que al momento de generarse la obligación (cualquiera
sea su causa) se encuentra total y absolutamente determinado o individualizado, vale decir,
que se ha establecido con precisión qué deberá entregarse. Tras lo expuesto, podemos afirmar
que las obligaciones de dar bienes ciertos consisten en la entrega 70 Revista de Derecho de un
bien determinado. De la definición que acabamos de esbozar se deduce como lógica
consecuencia la regla contenida en el artículo 1132: Artículo 1132.- «El acreedor de bien cierto
no puede ser obligado a recibir otro, aunque éste sea de mayor valor». Así, dicho artículo
recoge el principio fundamental de identidad en las obligaciones con prestaciones de dar,
consistente en que el acreedor de bien cierto no puede ser obligado a recibir otro, aunque éste
sea de mayor valor. Utilicemos como ejemplo, para ilustrar el caso, que el deudor se ha
obligado frente a su acreedor a entregarle el día de mañana el auto usado marca Nissan,
modelo Sentra, año 2000, de placa KQ-2426, número de motor «X» y número de chasis «Y». En
virtud de la norma, es claro que el deudor no podrá entregar un vehículo distinto, ni siquiera
un auto de similares características, pero de diferentes números de placa, motor y chasis, o
uno que tuviera un valor mayor. Sin perjuicio de lo anterior, la norma le concede al acreedor la
posibilidad de aceptar un vehículo distinto si lo considera conveniente. Si el acreedor decide
aceptar un bien diferente al acordado en su origen, no habría problema conceptual alguno, en
tanto se estaría configurando —dentro de lo previsto por el Código Civil peruano— una dación
en pago, figura contenida en los artículos 1265 y 1266 del mencionado Código (no obstante
ello, nosotros consideramos que se trataría de una novación objetiva, pero no es objeto de
este ensayo analizar el porqué de esta afirmación).2 Debemos señalar, que dentro del
principio de identidad va implícito el derecho del deudor de no estar obligado a pagar
entregando un bien diferente, lo que implica, a su turno, que el acreedor pueda negarse a
recibir ese bien. Pese a su ubicación, la premisa a partir de la cual se construye esta norma es
aplicable a todo el Derecho de Obligaciones. Por lo mismo, lo allí prescrito no sólo se debe leer
respecto de las obligaciones de dar, sino también respecto de las obligaciones de hacer y de no
hacer. La importancia del principio, entonces, trasciende el campo de las obligaciones de dar,
para ingresar —con igual fuerza— en las de hacer y no hacer. En general, él podría resumirse
afirmando que el deudor está obligado a ejecutar la prestación convenida y no otra. El
principio de identidad tiene directa relación con aquello que se va a cumplir, mas no con las
dimensiones de dicho cumplimiento. Es así que consideramos que el principio de identidad de
la prestación apunta al pago con idéntica prestación a la convenida, mas no al pago con la
prestación convenida pero con dimensiones distintas.
CONSERBACION DEL BIEN

Derecho real de conservación es una nueva institución de derecho civil que se ha definido
como el derecho real que consiste en la facultad de conservar el patrimonio ambiental de un
predio.1
La definición del derecho real de conservación2 se centra o tiene como elemento esencial la
´facultad de conservar´ y es esto lo que permite distinguirle de la servidumbre de conservación
-conocida principalmente en el derecho norteamericano como conservation easements- que
se definen como restricciones y que en el derecho civil se tipifican como un gravamen.
A este respecto es importante indicar que los derechos reales principales -a veces también
denominados derecho real ´activos´- son aquellos que consisten o tiene como elemento
esencial a ciertas facultades principales. Las facultades principales tradicionales son, desde el
derecho romano, la facultad de uso -ius utendi-, la facultad de goce -ius fruendi- y la facultad
de disposición -ius abutendi-. Por lo tanto, los derechos reales principales han sido
tradicionalmente dos: el derecho de dominio y el derecho de usufructo. Los derechos reales
principales no requieren de otro derecho para existir, y tradicionalmente son considerados
como activos económicos o contables. Los derechos reales pasivos o accesorios son aquellos
que dependen de la existencia de otro derecho principal al cual acceden -como el dominio
sobre el predio dominante en el caso de las servidumbres o el derecho de crédito en el caso de
la hipoteca y la prenda- y tradicionalmente no son considerados separadamente como activos
económicos o contables.
El derecho real de conservación viene a agregar una nueva facultad principal: la facultad de
conservar -ius conservandi. De este modo se facilita la delineación de nuevos atributos de los
bienes que vienen en constituir nueva riqueza, a veces denominada capital natural, y por lo
mismo, se facilita la circulación de esta nueva riqueza.
En este sentido, la ´forma´ del derecho real de conservación se centra en el aspecto activo del
derecho (que permite que este derecho delinee nuevos bienes o nuevos atributos de los
bienes) y no en la restricción de la propiedad tradicional (ver abajo los Fundamentos Teóricos).
Es importante notar que el derecho real de conservación, analizado desde la perspectiva del
derecho de propiedad o dominio será ciertamente considerado como una limitación del
mismo, pero lo será en un carácter similar al derecho de usufructo. Esto lo diferencia
sustancialmente de gravámenes como las servidumbres.
Los diversos elementos de la definición adoptada por la ley de Chile que establece el derecho
real de conservación fueron discutidos fundamentalmente en la Comisión de Constitución del
Senado de la República de Chile. En el trabajo de la referida comisión, el Centro de Derecho de
Conservación de Chile tuvo una participación sustancial y permanente por medio de sus
investigadores Jaime Ubilla Fuenzalida y Francisco Solis -www.centroderechoconservacion.org-
. El Centro de Derecho de Conservación por medio de documentos sometidos a la referida
comisión sugirió una nueva definición de este derecho real sobre la base de la ´facultad de
conservar ‘y fundamentó el reemplazo de la definición contenida en el proyecto aprobado en
la Cámara de Diputados justamente en la necesidad de eliminar la noción de un derecho real a
modo de gravamen o servidumbre. Ver también Ubilla.
Asimismo, ha sido sobre la base de este nuevo paradigma que se focaliza en la delineación de
nuevos bienes y no en la restricción de la propiedad tradicional que ha sido posible -
argumentar la existencia de circulación de nueva riqueza y por lo tanto- argumentar por la
posibilidad de establecer derechos reales de conservación de manera perpetua o indefinida.
En el caso de Chile, el proyecto original de la Cámara de Diputados había establecido un límite
máximo de duración a este derecho -40 años-, pero ha sido en el Senado donde bajo el
entendimiento del nuevo paradigma -tal como fue propuesto por el Centro de Derecho de
Conservación7- se tomó distancia de la idea o concepto de ´servidumbre´ permitiendo de esta
manera el establecimiento de una duración indefinida en el derecho real de conservación. Esto
se relaciona al mismo tiempo con dos principios del sistema de derechos reales: el principio de
circulación de la riqueza y el principio de restricción de restricciones. Este último envuelve que
toda restricción al derecho de propiedad debe a su vez ser restringida pues aquellas dificultan
la circulación de la riqueza -que es promovida tanto en el derecho civil continental como en el
common law-. Por lo tanto, debido a que bajo este nuevo paradigma el derecho real de
conservación promueve la delineación y circulación de nueva riqueza no existe razón para
restringir su duración.
El derecho real de conservación puede aplicarse tanto en áreas rurales como urbanas, tanto a
biodiversidad en sentido estricto como a otros elementos ambientales, sociales o culturales,
gracias a la amplitud del concepto de medio ambiente adoptado por la legislación de Chile -Ley
19.300-.
Fundamentos Teóricos
El sustento teórico de esta nueva institución se encuentra fundamentalmente en la teoría legal
y social, y particularmente en teoría social de sistemas (el análisis económico del derecho ha
cumplido un rol secundario aunque relevante).
Si entendemos que la sociedad está integrada por diversas esferas de sentido -científico,
moral, político, estético, económico, religioso, legal, de medios, educacional, etc. y sin
embargo advertimos que la estructuración jurídica de la relación con las cosas (los derechos
reales) ha sido tipificada predominantemente en base al acoplamiento estructural entre
derecho y economía (puesto que las facultades de uso, goce y disposición que constituyen al
derecho de dominio -y a las que se refieren las limitaciones al dominio- se relacionan
fundamentalmente con la esfera económica -o con lo que la esfera económica observa o
considera relevante), entonces se puede concluir que los derechos reales tradicionales no son
socialmente responsivos o reflexivos a las otras esferas de la sociedad -distintas de la
economía-. En este contexto puede entenderse que todo derecho real que sea concebido
como ´gravamen´ está siendo tipificado desde la perspectiva del derecho de dominio, esto es,
desde la perspectiva de la reducción de la valoración económica del bien gravado.
En consecuencia, el derecho real de conservación viene a invertir la consideración de lo valioso
y hace posible que las observaciones y valoraciones de otras esferas sociales -i.e. la valoración
ecológica, estética, etc.- (y el correspondiente ´conocimiento´ proveniente de esas esferas
sociales)- se internalicen en el derecho civil y se transformen o traduzcan en elementos
jurídicamente valorados en la relación con las cosas -o en la relación con el patrimonio
ambiental-. En términos simples, y a modo de ejemplo, la belleza escénica ya no será tipificada
como un gravamen o restricción sino como algo valioso que es objeto de la ´facultad de
conservar´. Esto tiene transcendentales consecuencias, entre otras:
(i) respecto a lo que se ha denominado la ´forma reflexiva del derecho´ que implica
que ciertas formas del derecho tienen mayor capacidad para internalizar nueva
complejidad social;
(ii) (ii) respecto al reconocimiento de intereses sociales en el derecho civil -la esfera
pública dentro del derecho civil-; (iii) respecto a que esta institución no queda
sujeta a tradicionales críticas a la ´propertización´, y otras.