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Jorge Quispe

Creció en un hogar de escasos recursos, hoy destaca como profesional.


Tiene 25 años y su meta ya no es dejar su barrio, sino educar a los chicos
de su entorno para que su futuro sea mejor. Está formando un ejército de
programadores

Jorge Quispe es matemático de la UNI y un especialista en el análisis de


datos. Su oficio es hoy muy cotizado en el sector financiero, pues puede
brindar soluciones a grandes problemas comerciales. Desde hace tres años,
usa parte de su sueldo y de su tiempo para dar talleres gratuitos de
programación a chicos de las zonas más pobres de Carabayllo, el distrito
donde él creció.
CodeHunters Lab, así ha bautizado a su emprendimiento social. En julio del
año pasado tomó una decisión radical: renunció a su empleo para probar si
podía vivir de esto. El resultado viene siendo positivo, pues los chicos que
jugando aprendieron a programar, hoy integran un equipo que está
sembrando expectativas de superación en barrios donde antes solo había
desesperanza.

Lleva 3 años enseñándole a programar a chicos de entre 14 y 18 años y


no les cobra por ello. ¿Por qué lo hace?

En un principio, mi plan de vida era muy distinto al de ahora. Nací en una


familia muy humilde. Hay una foto que siempre muestro en mis
presentaciones: salgo yo, chiquito, regando mi jardín sin zapatos y en mi casa
de esteras. Esa era mi realidad sin embargo, gracias a la educación y a que
ingresé a una universidad nacional, se me abrieron muchas puertas. Pero no
todos tienen esa oportunidad y más bien se pierden. Muchos chicos de mi
edad ahora están robando o los han atrapado drogándose, otros han muerto.
Esa es la realidad que se vive en la ciudad.
¿Cómo salió adelante?

En gran parte se lo debo a mis padres. Ellos me inculcaron los valores que
aún mantengo. El control que ejercieron sobre mí, el que me prohibieran salir
a jugar con mis amigos, terminó creando un ecosistema de seguridad.

Al principio los debió odiar.

Como cualquier adolescente, no lo entendía. Ahora sí. Eso me permitió


concentrarme en mis estudios, ir cumpliendo mis metas y avanzar en lo
académico, en lo profesional y, ahora, en mi emprendimiento.

“Me di cuenta de que con mis conocimientos podía hacer muchas cosas por el
sector financiero, pero también que podía darles a otros la oportunidad de aprender”

Creció en una casa humilde, desde muy pequeño apoyó a su familia a


salir adelante.

Y poco a poco la calidad de vida de mi familia fue mejorando. Mi mamá se


puso a trabajar, yo también. Vendía chupetes en la calle, salchipapas,
anticuchos; hacíamos de todo para apoyar. Llegaba del colegio, cogía mi
cajita (de chupetes) y salía a vender por el mercado.

¿Qué le enseñó eso?

A no tener vergüenza. Hay gente que dice que le da ‘roche’ salir a vender.
¡Debería ser motivo de orgullo! Porque sea cual sea tu condición, eso prueba
que tú quieres seguir avanzando. Siempre hay un punto más alto que
alcanzar.

En julio del año pasado renunció a un buen empleo para enfocarse en


CodeHunters Lab y seguir beneficiando a chicos de su zona.
Sí. Hace tres años participé en un voluntariado, eso cambió mi visión. Me di
cuenta de que con mis conocimientos podía hacer muchas cosas por el sector
financiero, pero también podía darles a otros la oportunidad de aprender,
cambiar su perspectiva y, al aplicar lo aprendido, enrumbar sus vidas.

Ese voluntariado ocurrió el 2016.

En enero del 2016.

Hasta entonces su plan era dejar su barrio.

Alcanzar un muy buen trabajo y llevar a mi familia a otro lado. Pero me di


cuenta de que con lo que sé puedo impactar en mi comunidad; y en marzo
del 2016 nació CodeHunters Lab, para darle a los chicos la oportunidad de
aprender sobre tecnología. No tenían laptops, así que me prestaba las de mis
amigos y las llevaba al ‘laboratorio’, que en realidad era un espacio
comunitario.

¿Dónde?

A veces usábamos el centro comunal de Villa El Polvorín, en Carabayllo. ¿Por


qué ahí? Porque esos chicos no tienen para ir a otro lado. Ir a un taller en el
Centro de Lima es gastar en pasajes y el almuerzo del día. Por eso lo hago
ahí.

“Ganamos el premio América Solidaria por desarrollar actividades alineadas con los
Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU”

Esa es la realidad.

¡Yo la he vivido cuando estaba en la universidad! Apenas tenía para mis


pasajes; y estos chicos aún están en el colegio. Entonces, ¿qué era lo mejor?
Que sea gratis, en su comunidad y lúdico. Por eso, las dinámicas de nuestros
talleres son juegos.

¿Qué hizo que cambie de rumbo?

Hubo un caso, un chico con el que si bien he perdido el contacto, sé que


emocionalmente está bien. Él tenía problemas con las drogas, y pese a eso
se aferraba a los talleres. Eso me marcó y motivó a seguir adelante. Otro caso
es Javier, él perteneció a nuestra primera generación, encontró su pasión en
la programación, ingresó a una universidad y ahora está becado por su
rendimiento. Lo llevé a una hackatón (torneo entre programadores), el año
pasado ganamos tres, ha aprendido un montón y ahora me ayuda a enseñarle
a las nuevas generaciones. Javier no sabía qué hacer con su vida y ahora es
instructor, está impactando en su comunidad, se le han abierto oportunidades
laborales y recién tiene 18 años. Javier ya logró lo que yo recién conseguí a
los 20.

Usted es su mentor.

Soy un amigo y guía. Comparto lo que sé porque viví esa realidad. La


tecnología y las ciencias aplicadas me cambiaron la vida y quiero que también
les pase a más chicos.

Renunció para dedicarse de lleno a esto.

Fue un reto. Había llegado a mi techo en ese empleo y, con CodeHunters


Lab, ya estaba logrando algunas cosas: ganamos el premio América Solidaria
por desarrollar actividades alineadas con los Objetivos de Desarrollo
Sostenible de la ONU y nos dieron una pasantía en Chile. Entonces decidí
tomarme seis meses para dedicarme de lleno a esto, abrirme como consultor
independiente, canalizar proyectos con los chicos de generaciones pasadas
y tratar de llegar con más talleres a otros lados. Llegamos a Huaycán,
Huancayo y Huancavelica; gané varios premios y exposición para dar a
conocer lo que hago. ¡Comenzaron a llegar los aliados! Estos seis meses sí
han valido la pena.

Ha beneficiado a más de doscientos chicos.

Con los talleres generacionales y con los de un solo día.

Los de un día son “Vamo a Programarno”.

Los creé porque había chicos que decían: “Qué aburrido, ¡eso es para nerds!”.
Así que les ofrecí talleres súper dinámicos.

“Se siente muy bien saber que ahora tienen un nuevo futuro, pero lo que más me
llena de felicidad son sus ganas de compartir con las nuevas generaciones”

Y para ello usó pokemones.

Videojuegos con pokemones que habían sido desarrollados por las


generaciones pasadas. También hicimos que vivan la experiencia de la
realidad virtual.

Además, eran aplicaciones creadas por chicos como ellos.

Y todos menores de edad.

O sea, es bueno ser nerd.

Está de moda (ríe)… Los nerds dirigen las grandes empresas: Facebook,
Google, Amazon; y seguro que, en los años 90, eran los más ‘buleados’ del
salón.

¿Por qué decidió empezar en Carabayllo?


Ahí nací, crecí, y se debe empezar por casa. De ahí fui a comunidades gracias
a otros emprendedores sociales.

Varios chicos que han pasado por CodeHunters Lab hoy se dedican a la
programación.

Sí, algunos ingresaron a institutos o universidades nacionales a seguir


carreras de tecnología y están desarrollando proyectos; otros han terminado
carreras técnicas y ya están trabajando. Nosotros somos el puente: los
capacitamos en desarrollo web y les damos las herramientas para que puedan
aprender mucho más.

¿Qué se siente saber que está guiando vidas?

Se siente muy bien saber que ahora tienen un nuevo futuro, pero lo que más
me llena de felicidad son sus ganas de compartir con las nuevas
generaciones. ¡Es muy bonito! porque si bien he avanzado bastante estando
solo, para dar ahora el gran paso requiero de un equipo; y el equipo ya se
está armando.

Jorge Quispe, matemático: "El problema es


que los profesores no inspiran"
“El aprendizaje de programación será tan o más necesario como aprender otro
idioma. Pero no hay políticas al respecto. ¿Quiénes crean los proyectos de ley?
Los congresistas. Y que yo sepa, no hay ningún científico de datos o matemático
congresista”, apunta.
“Si las personas entendieran en qué parte de su día a día están las matemáticas, las valorarían, sentirían más curiosidad
y las respetarían”

"Se van a automatizar casi el 100% de las carreras profesionales. El ser humano pasará a un plano de supervisión y para
eso tiene que saber programar”

"Me gustaban todos los animes, Dragon Ball, Pokemon y, al mismo tiempo, me gustaban las matemáticas", comenta el
emprendedor social

Nació y creció en Carabayllo, entre animes, cómics y la resolución de problemas


matemáticos. El resultado es que hoy Jorge Quispe se define como académico,
profesional, científico y emprendedor social. Y enseña programación con pokemones
a menores de bajos recursos económicos.

Con un libro viejo de Baldor practicaba matemáticas. Su primera computadora la tuvo a


los 18 años; fue una máquina usada que un tío le regaló. En casa no sobraba el dinero y
eso no frenó sus aspiraciones. Sus padres no llegaron a ser profesionales, pero son sus
pilares e inspiración. Hoy es matemático con una visión social.

Utiliza los números tanto para la educación como para la investigación y solucionar
problemas en los negocios. Ha creado CodeHunters Lab, donde enseña gratis a chicos
de Independencia y Carabayllo a desarrollar aplicaciones y programas para
computadoras. “La tecnología no solo es para ganar plata, sino para lograr un impacto
positivo en la humanidad”, aclara Jorge, quien ya piensa en utilizar la inteligencia artificial
para la seguridad ciudadana.

¿Cómo se enseña a programar con pokemones?


La programación tiene bastantes conceptos complejos y abstractos. Para que los chicos
entiendan, o uso lo que se enseña en la universidad o les enseño con ejemplos de la vida
diaria. Una vez que reconocemos las características de los pokemones, hacemos
dinámicas y eso lo pasan a lenguaje de programación. Son chicos entre 14 y 18 años.
Desde el primer día saben qué quieren crear y siempre alineado a los objetivos de
desarrollo sostenible que planteó la ONU. La idea es que entiendan que en el mundo hay
muchos problemas y que a través de la tecnología se pueden solucionar de forma
divertida.

En tu caso, ¿qué fue primero: las matemáticas o los pokemones?


Me gustaban todos los animes, Dragon Ball, Pokemon y, al mismo tiempo, me gustaban
las matemáticas. Era muy sencillo para mí. Lo que para otros era un castigo para mí era
una diversión. Es más, con mis propinas me compraba compendios de matemáticas.

¿Las matemáticas son como un juego?


De alguna forma, sí, porque en el fondo los juegos resuelven problemas también. Las
matemáticas son un reto.

¿Por qué a muchas personas les cuesta enfrentarse a las matemáticas?


El problema es que los profesores no inspiran. Un profesor no solo debe enseñar, sino
también debe inspirar a los chicos. Los videojuegos llevan mucha matemática, usas plano
cartesiano, intervalos, conjuntos de números, etc. Si en el colegio te explicaran cómo
determinadas cosas de las matemáticas se usan en los juegos, engancharías a los
alumnos. Lamentablemente, los profesores no tienen esos conocimientos o no tienen
ganas de inspirar.

¿Por qué las matemáticas son tan especiales?


Empezaron siendo útiles para contar objetos, luego para calcular movimientos, para la
comunicación y ahora están presentes en casi el 100% de las cosas. Acompañaron al
hombre en el desarrollo de todas las áreas del conocimiento humano, desde las ciencias
hasta las artes.

¿Las matemáticas se pueden aprender mejor si las enseñas desde las artes?
Si las personas entendieran en qué parte de su día a día están presentes las matemáticas,
las valorarían más, sentirían más curiosidad y las respetarían más. Hay gente que dice
que las matemáticas no sirven mientras mandan un mensaje de texto, que se encripta y
almacena en paquetes de datos que se mandan por la red. Y todavía lo postean en
Facebook: “Las matemáticas no sirven”, pero esta red está construida con base en
algoritmos matemáticos. Las matemáticas no se deben enseñar tanto como una ciencia
pura y dura, sino como una ciencia que está incluso en la historia.

¿Si en principio no fuiste bueno para las matemáticas, siempre serás así?
Es relativo. En CodeHunters hacemos que los chicos agarren las matemáticas no como
algo que están obligados a aprender, sino porque es una herramienta para lograr cumplir
su sueño de crear su aplicación. Tratamos de brindar oportunidades a chicos que, de
alguna otra forma, no podrían tenerlas. Encontramos talento tanto en hombres y mujeres;
por eso nuestro proyecto es para ocho chicos y ocho chicas.

¿De acá a unos años, saber programar será tan importante como saber escribir?
Estoy seguro de que el aprendizaje de programación será tan o más necesario como
aprender otro idioma. Para 2025, según cifras del BID, se van a requerir más de 1.25
millones de programadores en la región latinoamericana y hoy la única forma de
aprenderlo es de manera autodidacta o en la universidad, que está un poco desfasada.
En el colegio no hay políticas claras para propiciar espacios donde los chicos aprendan a
programar.

¿Y el Estado sabe las oportunidades que se están perdiendo?


Claro, pero no hay políticas al respecto. ¿Quiénes crean los proyectos de ley? Los
congresistas. Y que yo sepa, no hay ningún científico de datos o matemático congresista.
La mayoría son abogados o gente que a las justas acabó el colegio. No hay especialistas
que tengan conciencia de esta situación. Por otro lado, las profesiones se van a
automatizar. Ya existen algoritmos de inteligencia artificial que realizan posts de noticias
con base en otros posts de noticias. Incluso, la parte de redacción en muchas empresas
va a prescindir de seres humanos. Lo único que queda es que seas capaz de gestionar o
usar esos algoritmos para monitorearlos.

¿Está bien que la tecnología termine desplazando a las personas?


Está bien. Antes el transporte era manejado a caballos. Es la evolución natural y seguirá
pasando. Se van a automatizar casi el 100% de las profesiones. El ser humano pasará a
un plano de supervisión y, para eso, tiene que saber programar.
Autoficha:
- “Soy Jorge Quispe, nací en Carabayllo y me crié ahí. Tengo 25 años. Estudié
Matemáticas en la UNI y, actualmente, estoy a cargo de CodeHunters Lab. Soy científico
de datos, me dedico a la consultoría en ciencia de datos para empresas. Planeo hacer
una maestría en Inteligencia Artificial en el extranjero”.

- “Mis padres son de Huancayo. Vinieron a Lima en los ochenta para trabajar. Se
conocieron en el colegio y aquí se volvieron a encontrar. Soy el tercero de cuatro hermanos
y el único científico. La tecnología te impulsa a seguir aprendiendo cada vez más”.

- “Iba a viajar a Boston para la competencia mundial de emprendimientos sociales, pero


hubo contratiempos en la entrega del apoyo. El reto era solucionar el problema del
desempleo juvenil y en mi caso era con CodeHunters. Por eso clasificamos en el primer
puesto. Ya hemos enseñado a unos 300 chicos”.