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‘LAS MUJERES‘. M.

LA REVOLUCIÓN.
M. J. MICHELETTE.
. mnccxon A

DI n. GONZALO cum ASENSIO y POSADAS‘;

MADRID. —- 1863.
IIPBENTA nz JOSÉ m: nous,
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M‘ ¡{Aflflflïd . .
IJA especie de Galería ó Museo biográfico que el
lector vá: á recorrer, se compone principalmente de
retratos de las mujeres que Michelette ha. pintado
en su Historia de la Revolucion. _
Algunos están incompletos; el historiador no ha
querido, en esta historia. general, mas que delinear.
los cen rapidez.
Él híproporcionado, sin embargo, las mejores
fuentes biográficas.
Muchos artículos son nuevos completamente, como
se podrá ver; otros han sido refundidos ó considera
biemente aumentados.
I:
camino 1.

Influencia de la maternidad en el siglo XIX.

Todo el mundo ha notado la fecundidad singular


delos años 68. 69 y 70 del siglo anterior, tan ricos
en jóvenes de genio; años -que produjeron los Be
naparte , los Fourier , los SaintSimen , los Cha
teaubriand, los de Maistre, los Walter-Scott, los
Cuvier, los Geofroy, los SaintHillaire, los Bichat, los
Ampére y un increíble número de descubridores de
secretos y adelantos en las ciencias. '
Tambien otra. época, diez años antes, hácia el 60,
no es menos fecunda. y asombrosa. Es aquella en la
cual nació la heróica generacion, que ïertió su san
gre sobre el primer sólio de la libertad, á la que con
tan noble riego ha hecho estenderse y asentarse en
la pátria: de esa generacion son la Gironda y la Mon
taña, los Roland y los Robespierre, los Vergniaud,
los Danton y los Camilo Desmoulins; Todos estos
constituyen la pura, heróica y sncrificada generacion
que creó las armas invencibles de la República de
los Kleber, y tantas otras.
La riqueza de estos dos períodos, el luio singu
lar de fuerzas que de repente brillan en el espacio,
¿con debidas á una. casualidad? Segun nosotros, nada
existe’ en el mundo por casualidad.
Nó; la causa natural y sencilla de este fenómeno,
es el exuberanre calor que nació y se desbordó en
aquello: instantes.
V‘

/
6 BIBLIOTECA POIJÍTICA DE LA IBERIA.

La primera fechgqhácia el año 70), es el crepúscu- .


lo, por decirlo así, en que despunta Rousseau, elprin
cipio de su’ izifluencia, el primero y poderoso efecto
del libro titulado Eanuo, la viva emocion de las ma
dres que quieren dar alimento y se unen á la cuna.
de sus hij os.
La segunda fecha. es el triunfo (le las ideas del si
gio, no solo por el universal conocimiento de Rous
seau, sino por la victoria preyísgïtgi sus ideas en las
leyes, por las grzlïxdesflrbnüofiré ias de Voltaire,
por las sublimes defensas de Sirvent, Calas y Barre.
Las mujeres se apoderan de sus pasiones poderosas,
y desprecian la. snlvacion propia. por elporveníy.
Los niños en tal momento, llevan todos un signo en
la frente_ '- e m, - mjj‘ benmwns1¡1¡sl ob hnsrvunhnl
¡Ohi Poderosas generaciones salidas de los altos
pensamientos de un amor sublimemente engrande
cido, inspiradas por la llama. del cielo, nacidas en un
momento solemne y sagrado, demasiado instantá
1160, pero en el cual la mujer, á. través de la. pasion,
entrevió, adoro una idea. h , _ _ p p
El; ¡ïrincipgcifpé pena; r ¿Elláffïbïiltrafóvn los niïevbsb
pensamientos: ver medie dé.1%i.eïïu..¿%‘91°n» Por 13s ¿si
pera-mas. prïrïloflrïiflipe 561?» m??? vïïidfad, ‘pbr 4530?;
los mediosque elbijo entrgfiaïfip _¡ Zúgirezon , i 3,93
mujergdesdesu natcic; igntoimug digo! en Szfidïï,
demasïxsaantes
jzAhl ‘qug-Ílcggigéjgá.
Que sen feliz imeifléï. "Ïïlï-Ïe
eéïemfino, ¿gqeseieglphlidfio em 3},
«wm sx1-3ihre-,Santá libertad’ cañïtw que; fífiflfaÏiï"
ï-ïércw, ¿mi (11330ïbgdfiimïáiïiiatéégflaiïitnr 0.
1m lorineeïwwïiïrï . e E??? e .W
qfléfflzfiüñrïüïlpï-neïïzbfiïïïïélgï , ,. 2921-3335:?
gn flevhïáíñfifik“ e-finlmaxïrsïeih r a
vcosantczáicáonl. . . km
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fue el amorentusiesta, l. f‘; fingir . .
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grandes ideas, y ¡a voi‘ïilécïïáyááfiibrasau
¿es? ‘esta; i au l. ‘ »- i
:'I,¡I5,Ü,Q5P1l‘_ltl1a1e5 comdrergg gfayg. á _.*
los elocuentes monólogosdé ma aah A '
o P
us ¡IUIEIEB nz LA nnvewuou. 7
canto de la compañía de Anteuil, de madame Belve
ziusó de madame Recamier, no hubieran cambiado
el mundo ni aun con el apoyo de la infatigable plu
ma de madame Genlis.
Las causas que, en medio del siglo. cambiaron
toda su situacion; las causas que introdujeron la fé
en estos primeros albores de ella. en el corazon de
las mujeres, en el seno de las madres, se reconcen
tran en estos dos rasgos brillantes: OLA xxmxxmo,
u mammmn.»
Y de estos dos brillantísimos rasgos («no nos asom
bremos), salió una. inmensa llama de amor y fecunda.
paaion, una eobrehummxa maternidad.
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Hcroismo dc piedad.—Una mujer ha destruido la Bastilla.

La primera aparicion de las mujeres en la carrera


del heroísmo (fuera de la esfera de la familia), tuvo
lugar con un rasgo de piedad. .
Esto en todos tiempos se ha visto: pero lo que hay
de verdaderamente grande en este siglo de humani
dad; lo que hay de nuevo y original, es una asom
brosa tenacidad en una obra infinitamente peligro
sa, dificil e’ improbable; una humanidad intrépida
que domó el peligro, que se sobrepuso a todo obs
táculo, y que sujeto el tiempo. ‘
Ninguna leyenda mas trájica que _la del prisione
ro “Latude; y ninguna más sublime que la de su li
bertadora madame Legrós.
No nos detendremos á. narrar la historia de la.
Bastilla, ni la de Latude, tan conocida. Basta decir,
que mientras todas las prisiones estaban como ador
mecidas, solo la de nuestro héroe era mas cruel y
encarnizada. Cada año se redoblaba esa. crueldad;
cada año se cerraban más ventanas de su prision , y
cada vez se añadian más grillos al cautivo.
Sucedió que en Latude, la antigua é imbécil tira
nía se había ensañado, para sendenunciada en su
deformidad por el hombre más apto para ello; un
hombre ardiente y terrible, á. quien nada podia ate -
morizar, ante cuya voz sedestruian las murallas, y
‘¡RN!’ (u! S’! l"\l"'";.;k" > M9
LAS MUJERES DE LA nsvonuciox} '
¿‘la Mi’!
f‘ " ‘Ï’ ' Ïeïmyf“ 3.55731"znvérïblbïesfüigïgb
¿”JA- Í ¡EMT i“. "13 . . 5' » ' uso‘

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nada, sangrienta y sin ap,e1‘¡acion,' se ïhombre; libre
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qaszrssssiïdmses-iï:.-ï,...u1,ï¿,ij " ,. ' i
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g; Una‘ vez escriiij n ” Pompadouzgy Ie ‘hace
prender; otrafiïa, s , Vprgaiyes, filuiere hablar‘ a1 Re".
Regala suantecá ya, jy en ella se fleï ‘arrestáf ‘P e’
ahi cómo _queii,al,dernotstrado' que‘ el sitio donde esgtá
313m npvsïemgreg; s-ásrado- “ ’ ‘ ‘ ' ' ’
¡,5 Aquiimeveo olglïgfdo a" "(ieciiyïaiinjcon dolor mio,
_‘ ue_eg.aquella,soc"edad. l {enaïjïïe gipiicie,‘ débil,‘ cá
V uca, hubo ‘almas’ iaiitrópicashlministros’;magistra
figg, ¿{anales rsfixïggresi’, pla¡a')liorarj_ semejante des
Jentura; nmgqgoparaplia €l','I1i_.í}1d?.:pQÏ"el: perseguir
.419: M‘ leshaerbrs; 219,29.g l; WQÍSÜQ“ y Rohanzwodós
dqrramerogsnlorpéafigisnrfzïaé»' .,; — ',Í¿
Ijatude habitaba en’ léetre‘, durmiendo sobre 531
vsuelo”glfgeícugenizemerptie, tragsido de hambre.‘ ‘Habla
.pscr¿i,to_ un memorial a nct, se ‘que filantriopo,¿y se lo
maipu; ' “(lo or, m ?.,
ifinflzïíqï’. diorle un llavero ebrio‘. Feliz
.
-meetegesie 21226149H ïiïïnazmwf? 19 eneue9“..:”*— 19°
ernafipegte, sdevcognpïaflecio bdel dïsgraciaáïízüy
s1 le, no. or tentoncesnen earn 1.o e. ‘pieza a ,_ -
psjarznfaypgtdei prisionero. Hacia ‘aquella mujer
a1°..;<l‘1@}¡9. rabia?! heehsz; vete“??? ïderteey. podem?“
' P913551:'PPÉ191°’5°?°¿3«Ñ<-
á.mr.}eesr.0%9ra una .; Pobre obrera
- ' : . ‘Wi?I’, XIV“
..de suitneïieaoz eesycedo en: ise, tiende; S“ manito ¿{e
repartidor dezselïlgsnyl‘ ¿guiarte de latín‘. Ella no tjenno
‘Vacometer ama terrible y pfieïigrogauííu oignlgly tidjtïon Lin
iygrfectq biien senfiidoiïo ¡me Gtqosïlo _VC:‘JQL3¿Ï‘,Ó,,F.1Ó,CLÏÏG‘
gaxgglegjgquegi infeliz Latude‘ noerÏg loemfisinoïïüe
Migtimgflderuna necesidad
nofse veía obligado espantosa
oeuluiny Éiijulel Gobier
á. seguiqsopogjrtïando
131x259}. , detsissiatzfiiws ..fiütas.-, lygadanga 2631799 1°
9999339»; nWseztensane211x550: f???
r eseernpisee-iïcuvole ¿edite a .911, amar-rd», «W 9»
n» a: . wing-Jeaobstinaelon i131 S? Frfifisro e 34219 ¡día Y
33M’? . 53,. atraía: ¿,3 desvresmile 9V‘%.‘-‘-’Lf?5' Y
la sagaci para burla‘: las calumnias. ¿le ‘los ti c998
Tres años sucesivos prosiguió‘ aquella valerosa

p u
¡o BPBLIOTECA POLÍTICA DE LA IBERIA.

mujer bácia su fin, con una admirable invariabili


dad en el‘ camino del bien, obstinanuose en perse
guir el derecho, la justicia, y en representar el sin
gular papel, ya de acusador, ya. de jugador, vicio
que no practica. nunca el hombre, sino conducido
y obligado por sus torpes y depruvadas pasiones.
\ Todas las desgracias la preceden, y ante ellas no
sucumbe su admirable valor.
Su padre muere, su madre muere: ella pierde sti
cortisimo comercio, y es escnrnecida y villanamente
acusada. por sus parientes. Se la pregunta si es la.
querida del prisionero, puesto que tanto por él se in
teresa. ¡La querida de aquella sombra, de aquel ca
dáver devorado por la carooma de la miseria!
La teiitacion de las tentaciones, la cima, la punta
más aguda del Calvario de las injusticias , de las
deseonfianzas, es la que ella recorre, y ante cuya.
perspectiva se sacrifica.
¡Gran espectáculo es ver á una mujer pobre, mal
vestida, que marcha de puerta en puerta, que adula
á. los criados para ser introducida en los hoteles, de
fender su causa ante los grandes y magnates, y pe
dirles su auxilio!
La policía se desespera, se indigna; madame Le—
grós puede ser nrrojada de un momento a otro en
ferma, y perdida para. siempre: todo el mundo se lo
advierte. El jefe de policía Ia hace llamar, la ame
naza. Pero la. encuentra inmutuble, firme; ella es
quien hace temblar á aquel adusto funciona. io.
Por fortuna, la presta su apoyo madame Duches
ne, camarista de la Reina. Madame Legrós va á
Versailles á. pié en pleno invierno, estando embara
zada de siete mesex La protectora se halla ausente,
corre tras ella. Madame Duchesne noia mucho; ¿pero
qué puede hacer ella noia contra tre-s o cuat. o minis
tros‘! El partido es muy desigual. Tenia en su ¡nano
una peticion suplicatoria , y im abans cortesano que
allí se encuentra , se la arranca de la mano, diciéndo
la que suplica por un miserable, y que se rebaja pi
diendo por el.
Era bastante una palabra tan sombria para volver
glacial ó indiferente el corazon de Mana Antonie
ta, á. quien se había hablado de antemano. Lila so
lo tenia en sus ojos preparadas á salir las lágrimas
finjidas: pero se chanoeó, y todo en aquel instante
habla. concluido.

m_..A
ue uumuzs n: n nsvowcion. ll
u‘- llobabia en Francia hombre mejor que el Rey, y
,4’: else apeló por fin. El cardenal de Rohan (hombre
licencioso, pero á pesar de todo, caritativa), tres ve»
ces habló a Luis XVi, y otras tantas fue’ rechazado.
Lim XVI era demasiado bueno para no dar crédito
alas palabras de Mr. de Sartines , antiguo jefe de la.
policía. No se hallaba este en activo servicio, pero
este no era suficiente razon para deshonrarle y en
tregarle a sus enemigos, dando crédito á, lo contrario
de lo que él le proponía. Sartines, como Luis XVl,
es necesario confesado, amaba la Bastilla; no quiso
contrariarle, y mucho menos quitarla su reputación.
El Rey era muy humano. Había suprimido los
calabozos del Chatelet, los de Vincennes, y había
creado la Force, para separar á. los presos por deu
das. de los ladrones.
i Pero la Bastilla, la Bastilla era un antiguo servi
dor que ni a la ligera podia maltratar la antigua
Monarquía. Era un misterio de terror; era, como di
oe Tácito, INSTRUMENTUM nncm.
Cuando el conde de'Artois y’ la. Reina quisieron
juzgar á. Fícmo y le acusaron ante el Rey, solo di—
jet-on sin que se.‘ les opusiera ninguna objecion:
qlíabrá. necesidad de suprimir la Bastilla?»
Cuando tuvo lugar la revolucion de París, en julio
del 89. el Rey pareció dispuesto á toma-r una deter—
minacion. Pero cuando se le dijo que la municipali
dad parisiense habia determinado la demolicion de
la Bastilla, fue para él esta noticia como un golpe de
muerte, y dijo: «¡Qué desgracia tan terrible!» e
El Rey no podia recibir bien 'en 178i una resolu
cion que comprometía la existencia de la Bastilla.
Rechazo cuanto Roban había heeho en favor de La—
tude. Dos señoras de alto rango insistieron. Enton
ces hizo un concienzudo estudio del negocio. leyen
do todos los papeles relativos al preso; pero no te
nia á su alrededor por consejeros mas que á los per
tenecientes á 1a policía ,\, todos conspirando para
retener en prision á. Lamde hasta que exhalase el
último suspiro. El Rey respondió por fin que era un
hombre muy peligroso, y que JAMÁS le daría la li
bertad.
¡Jamás! Y loque no se hizo entonces con el con
sentimiento del Rey, puede ser que luego se ba%;
despues, á. pesar suyo, madame Legrós persiste. e
acoja á los Conde, siempre descontemos y numero—
'12 muuomcx rovrúox’ m: ‘til ‘mmm.
sosyinspiri-“ai 3am; duiqwevglé"0r'lézirl9 ‘ráïflflfiefls
"S; sensibléesposaïla hija del Uiieh Péiiflhfé We; ‘¡Mítica
‘¿los filósofos’; al marquésüïéncohdorcet, ’al’B€€Má-_
í-io‘ perpétucïüe la-‘Aeádeinfizvde "Üleiiéias; ‘si Búpitï,
áv-‘mette; secretario de-Vgíltttiïlfletcïjetc.‘ 7’- w _
"jLa opinionsekráïiifmando‘ ymfioïnaïfdo bula ‘mz;
más cuerpo; la” 015. delïtürlfizfekittviïlfir; eefváluuflién
tando; Neker hr-Ibia‘ destitiiido’ á-“Sfirtihés; si!‘ está! o
"lsucesor Lenbir había caldójiiïsúlvuetta’; “En “peris -,
erhncia sera. fihairfientev; camisas. ‘lïaátu‘d'e"vi'té’,¡'y
‘madame Légrósse dbstliia ‘en nbertane. '- f""—“V " " _.
' ‘ET favorito dejaxneinu, ereceuïrs llega- en’ ‘s3; y
‘este consigue que el nomisreueimadavme regresé sea. -
‘énaitecido y adorado. El alcunzaázi"fihïqheiaiïcáfle
corbne á madame Legrósfpor siiwirtudflespre
szindose el motivo de tal coronaeion. Err¿*1784*;«‘—'se
arranca áLbis XVI la’ óúïefi een ertaunueiiflatu
de (i); y algunas serrfanas después’, vló 1:: luzlpúbïi
bala bizarro. e inesperada‘ ‘meyw q-ue ptfiéscrïftfifiáfiá
los emp'eados de la Bastillztjquemtïencerraseln á n'e
die A n‘) grietas‘ FUNI)A'.Ï:A'_‘RÏJ\'ZON; indicando‘ï1trj"'rr-Q.\ir_>o
Pastrso’ que’ había’ de durar la pedida detbdcioN-‘Es
‘decir, quese desfijuia‘ cllrorrerqfió abismo delïafltt
bitrariedad gue portante-tiempo habia'domltíadd"á.
“Francia. " " ‘ ", " " "”,"\'
,' Ma dame Legrósïio vio ‘la destrucción’ de lahïsït
llafmurió’ un‘ poco antes. Perdmiiáfasi, ‘nose lap ’ e
jde quitar la gloria’ de haber sido ellalttcausái (Baku
‘ ‘destrueciohfEllaïfuéïiuien ‘ínciilcóefi la imagi" -
cion popular el Gdioïy el’ horror-háciaï-iaprisionfllh
mada irónicïfménte del Bizrïicïrïifiictn‘, ‘quisfitantflsïfnár
tiresde la F196 en penéaiïiieh’t’d'fial5la dnóferratliïfn
sii fondolóbregiïïy cafeïnosóï’ f” ' ‘”'Ï ' ' ' " ‘“ ""
La débil y tiiícatla‘ maña‘, ae una‘“tñ‘izjer’aié‘fa‘dh,
destru yo‘, en realjtl ad ;-_ ¿sin retire“ yfsoriíbriá roïkaré?
la dréhilpmand de tnaj-mujnr-‘afizincó las duras b
tiras’ de cártel ‘horrible edificio; ‘aniqüilü sus jinaéiibs
' ‘cerrojos ‘de hierro ‘yfarrasd eleiïadas t0rrésr:1‘_‘¡";;’:
"-4 *‘ ' ' ."‘«' mw Nz-o" 4, áuÏVxlï-"ï" 0.111 l;
_,¡ (¡ldïtIïaaïdlïlirafllefltfialïgï;‘aevá tungrsfiqu t mi:
me 1 as,
versan mas‘sa que
vo sobre
os corlaosvanz}ozos e’ del
golémica e orS7. á -“”
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I. u. ¡v1.1 x: v, ‘r- r‘ .,

mutuo 111.12». *

El amor, y clamor de una idea.

El carácter d_e este momento solemne es el que


distingue los partidos, el que ofrecen las religiones.
Dos religiones se presentan frente a frente; la idola
tría devota y realista, y la del ideal republicano.
En la una, el alma ercitada por el sentimiento de la.
piedad misma, y volviéndose violentamente hacia el
pasado, que la oisputamse encarniza con los ídolos
de la humanidad‘, con los dioses materiales que casi
estaban olvidados. En la otra, el alma se exalta con
Ia adoracion de la idea puramentepno mira más.
ídolos que lo ideal: la patria, la libertad‘.
Las mujeres marchan delante de loshombres, en
la prosecucion de ambas religiones. Es cosa noble y
digna de admiracion ver entre ellas, no solo á las.
mujeres sin mancha, sino á las menos dignas, seguir
con noble ardimiento lo bello del desinterés, tomar
ala pátria como la amiga de su sensible corazon,
amando el derecho eterno. .
¿Por esto cambian las costumbres? Nó: y el amor
vuela encumbrándose á. los mas altos pensamientos;
la patria, la libertad, la dicha del linaje humano,
llenan con su delicioso peritnïe el corazon de las
mujeres. La virtud de los romancs, si no existe imi
tada en las acciones, vive eterna ‘en la imaginacion,
cn elalma, en las nobles y elevadas aspiraciones.
Ven esas mujeres á. su alrededor los héroes de
3.
‘in.
li BIBLÏOIECA POLITXCA DE LA IBERIA.

Plutarco, los quieren, y conseguirán formar otros a


su imitacion. No basta. para agradarlas, que hablen
Rousseau y Mably. Vivas y sinceras. elevando sus
ideas hasta la sublimidad, quieren que las palabras
se conviertan en hechos.
Muchas de ellas desearán la fuerza. comparan al
_ hombre moderno como lo ideal de la fuerza antigua,
que tienen ante su espíritusNada, quizás, ‘ha contri
buido mas que esta comparacion, esta exijencia del
sexo femenino, á. precipita!‘ alos hombres y á. apre
surar el curso rápido de nuestra revolucion.
La sociedad era un volcan. Hemos visto actos es
traordinarios, admirables sacrificiosumasas ¡de hom
bres que daban gustosos sus vidas, y siempre que
me separo de lo presente, que vuelvo la vista á. lo pa
sado, á la historia de la revolucion , encuentro mu
cho más calor; la temperatura. es diferente. Y pre
gunto á mi vez: ¿por qué de un modo tan notable se
ha enfriado ese ardor en la actualidad? ,
Los ¡nombres dela generacion anterior me habían
hecho notar esa diferencia que yo no comprendí en‘-_ p
tonces. Pero despues, a me iida que entraba, en más.
detalles, no solo estudiando el mecanismo iegislati:
vo, sino ‘el movimiento de los partidos y además á.
sus hombres o“ a sus biografías, he comprendido
la diferencia. Esta se resume en una sola palabra:
«ANTES sn AMABA.» . _ _
El interés, la arnbicion, las pasiones eternas del ,,
hombre, estaban en juego como ahora: pero la que .' "
sobresalia entre ellas era el amor. Tomad esta. pala
bra en todos los sentidos, el amor si la idea, ' el amor
a la mujer, el amor á la. patria y al género Qhumano. ' .
Amaron la belleza existente y la belleza ideal: dos _‘ f.
sentimientos entonces mezclados como el oro y el . ‘f
bronce, fundido’; en el eden de Corinto (l). o
Las mujeren reinan ‘entonces por el sentimiento,
por la pasion, tambicn por la ‘superioridad, por de- , ¡.
cirlo así, de la iniciativa. Jamas, ni antes ni despues,’ ..., .
tuvieron tanto ascendiente. En el siglo XIX, bajo ¡ _
(-4) A medida. que se entre en el análisis de este tiemrro, se ‘ W
descubriraflla parte frecuentemente secreta, perojmpe osaét ‘N’
l
inmensa, (Eye cl corazon ha tenido en los destinos de- los-i nb.
hombres.‘ n‘ ninguno de ellos se verifica una. ligera 6Svs-j¡¡_[¡ n
_cepcion desdeNekei-liasta Robespierre. Est-a eneracion, . _—¡
razonablnmenteiatiendo álasirleas, pero’ las afecc ones 1a 6.0-’ ‘
minan con un podermmcuso. ilimitado.
LAS MUIERES n: LA anvonucion. , 15
los enciclopedistas, el espíritu ha dominado en la. so
ciedad; despues será. la accion, la accion cruel y
violenta. En 91, el sentimiento supera, y por lo
tanto, descuella la mujer. .
El corazon de la Francia permanece fuerte en esta
época. La emocion, despues de Rousseau, ha ido
creciendo. Sentimentalpdesde;luego,_inq1iieta, como
se halla. la tierra una hora antes ‘de la tempestad,
como el amor vago de una jóveu r pudorosa ante su
amante. Se levanta en torbellino inmenso en 89. y
todo corazon paipita. En el 90,19. federacion, la fra
ternidad. las lzigrimas, En 91,,la crisis, el debate, la
apasionada discusionj ' "“ ' ‘ ‘“' ‘ ' ""
Pero por todas partes las mujeres; por todas par
tes mezcladala pasion individu-il con la pasion politi
ca; el drama privado, el dramapolítico quieren, mez
elándose, caminarjuntos; bien pronto ambos serán
destruidos. '
circulaba una leyenda inglesa, ,que en los france—
ses había encendido una gran emulacipn. Mistress
Macaulay, la eminente historiadora de los Stuardos,
había. inspirado al viejo ministro Williams tanta ad
miracion hacia su genio y su virtumque en una igle
sia. la consagró una estatua de mármol, como diosa
de la LIBERTAD. _. .
Pocas mujeres entendidas hubo que no quisiesen
ser en Francia unajnueya ilíacauhiy. ‘ En cada salon
se encuentra la ‘diosa inspiratriz. Dictan, corr-ijen,
reforman los discursos que al diasiguiente debían
ser pronunciadas en los clubs, ó en la Asamblea na
cional. Siguen con la vista} ‘con el pensamiento,
los mismos discursos, y con su presencia fortalecen
á los oradores tímidos .ó Ídébiles, ymconsiguen re
animarlos y elevarlos. ¿Cómo ante el fin de obtener
una sonrisa de madame de Genlis, colocada entre sus
seductoras hijas, la princesa} Pamela, óante el ar
diente ynegro ojo de madame Stael, ha de debili
tarse la elocuencia? ¿Y á quién fïiltará elvaloivante
madame Roland’! '
CAPITULO IV.

Im mujeres del 6 de octubre.

Los hombres pusieron manos á. la obra el 14 de


julio; las mujeres el 6 de octubre. Los hombres to
maron la Bustilla real, y las mujeres conquistaron
el mismo poder real y ‘lo entregaron en manos de
París, ó por mejor decir, de la revolucion.
El ¡nativo fue el hambre. Rumores terribles circu?
laban acerca de la próxima guerra, acerca de los
tratos
gre, consecretos de la Reina
los príncipes y Los acerca
alemanes; prim ipes de la san
de Josuniform V

mes estranjeros verdes y rojos que en París se veían;


acerca de las harinas de Corbeikque no venían sino
con retraso é interrupciones, y sobre los temores del
crudo y aterrador invierno que preveian. No hay
tiempo que perder, se decía; si se quiere prevenir el
hambre y la guerra, es ¡preciso que defendamos al
Rey aquí; si nó, que otros cuiden de ello.
Nadie sentía todo esto con más intensidad que las
mujeres. Los sufrimientos ya estremos habían es—
tinguido casi la familia. Una. mujer dió la. voz de
alarma el sábado 3 por la tarde; viendo que su ma
rido no la atendió lo suficiente, marchó al cafe de
Foy y denunció á la indignacion pública. las cucardas
ó escarapelas antinacionales. indicando que eran el
signo del peligro comun. El lúnes, en los mercados,
una. jóven tomó un tambor, tocó generala, y tras si ar
rastró á un ejército de mujeres.
LAS MUJERES DE LA BEVOLUCION.

Estas cosas no se ven mas que en Francia (l); las


francesas tienen fama de valerosas, y lo son. El país
de Juana de Arc, de Juana Monfort yJuana Ha
chette,- puede’ citar cien heroinas. Tuvo una en la.
Bantillsyla. cual más tarde‘ fue en la guerra, capitaua
de artillería,‘ siendo su marido soldado. El 18 de ju
lio, cuando el Reyíue á París, muchas mujeres es
taban armadas. LasWnu-jeres‘ fueron la vanguardia de
la revolucion. " '— ‘ ‘ ‘- _
Pero no hay que asombrarse, porque tambien ellas
sufrían sus ren-ses. V - '
Las grandes miserias, son feroces, hieren siempre
a’. los debiles, mnïtutarx á los niños, y a las mujeres
mucho más que ái-‘losthombrcs: Estos van, vienen, se
ingénian, trabajan para encontrar su sustento diario.
Pero las, mujeres, las pobres mujeres. viven la ma
jor parte encerrados, rhilando, cosiendo; y no les
permite su sexo, » ‘l dia en que las falta. trabajo
3 alimento, buscarse ln vida, como vulgarmente
se dice_ '1Z.':5 Í . 1;» - I . .
Cosa dolorosa es pensar que un sér nacido para.
vivir unido a otro,’ ‘este solo con más frecuencia que
el hombre. Este siempre encuentra por todos lados
sociedad‘ y se ‘crea ¡nuevos recursos. Pero la mujer,
nada es sinïla farfiiligï." Y ‘la misma fui. ‘ilia es la que
la debilita-fic; que "sobre ‘ella inclina todo su peso:
habitando un ‘aposenty frío,‘ desmueblado, con niños
que lloranfiya: estando‘ ‘enfermos,’ ya moribundos.
Un hecho digno de notarseesyque aquella mujer de
corazon-niaternaimaséefisiblefeÏfrecuentemente pa
gada con injusticia por su hijo. Acostumbrado á en
contrar en’- str-‘madie ‘una Providencia universal que
(c) Tambien enrEspañaá ha habido muchas heroinas, cuyos
‘nombres sc han perdido enia. oscuridad por falta de canto
res. Sin. remontarnos á épocas remotas, puede decirse ( ue en
cada pueblo hubo alguna durante la. guerra de la. ln epen
dencia, y poco tiempo hace ‘murio’ la. famosa. Sancho, llannada
la heroína de Zaragoza, cuyas hazañas bien merecen que las
refiera un historiador. En el año 8 en Madrid, en el sitio de
Gerona, durante la inolvidable guerra de la independencia,
cn nuestras revueltaspoliticas y aun en la. reciente guerra de
‘Lírica, mujeres españolas «se handistinguido, ya combatien
do con arrojo y rcsolucional lado de los soldados, ya desple
do su celo y su patriotismopor curar á los heridos, en
medio del combate, ó vllevsindt) á.- los combatientes á, quienes
nraban.enardecer,__aui_iilios de boca. ygncrra para luchar‘
mii-fe) enemigo. ,
“ *' ’ 'r (N. del fradzector.)

h ‘Ï Jill‘. _ ‘H HH‘ .

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n; _—' ¡f _=, v 7'” W154i. ‘stiptigíf tu?) ¿‘>14 jsi) ¡IIIML ‘¡II
basm u: .1Ï€U%X¡°,É‘?d!‘-‘v eI-‘ali-Aïnt»wnawmuxy semana.»
que 31gb, ¿=.,.J?i1r'ri--srita— ,.vr‘—.:..eut'u<l.¡sq y: ‘Añïkélhrïihwïïñiixauíl
Z0" des?‘ irrhrésïtïz-f ¡í üuudokw..-o.tr'riaiolo.r máS,B‘3I-!1ï!1n su.
zante. _' ¡‘w ' f .5 V. .. ,,¡,Ynr . ¿r Mi! sgpfipurr; _o¡[
IIé ahí h; xiiadre. (Jcnsjáerggdva ,l_2,:<¡.hija8 sohmguïgg una; 3
tes criáturassin Cjimilin, sin apoyo, que, Ï€tÏ3m7¿-¡ m
“F3538 ó;ÍÏF”Ï3SÏ3.dÏ’_3’Ï{"P93‘!33} E",rÜF/‘ïeïinkifllïiflmzw’!
rïuamzipte, m eonocimzentó siquiera de psplaqornmnin g
de la VlQ.‘1_._(¡)l1(-3 su cartojqlzyrp mjgggzyqgie ulimepg ¿muy
tar, y que x30 sa’ ben suplir qu; escgsez; que yivemqnr. ¿__..¡ ,.
el granero} en unzycovncha, y, que ¡enter-Ama per‘ , "m,
casualidad se fwercibe de sii pgdegimiepgoiunxtaeim __ ¿pi
que cer'éa',ci'e'ralius hnbitá. 1
__ l , _. ,, 33037:‘
Estas ‘iníortuuxuhis tamppco, tierna; spüpieiite ener- ,‘-¡ my
gm para, pene; congcei‘ su situagiorr y protesta; com 4. 1',”
tm su suerte.‘
'
T405, que rxzzostse‘ agitan ¡y - .
recta“ .,-. . l.
man son ios fuertes, 10.: cuales, en las calamidadesr, qu. q:
son los menos perseguidos por la. z¡1ís9riu,,que se en; -¡
saña, más nun que en lbs pobres, eu, losiridigezzccs _,
Ilacos de espíritu; .. ‘ __ ' _ _, k,
Las intrópid.as,'que en. tal situaqion _n1arch:zi1 de— -.¿.¡-.
lante, souias mujeresde umgran corazon. que se ..I. .4
cuidan poco de si’ Irñsnias, y mucho de losdemás; la. .-_|
piedad ‘es inerte} pasiva, entre los hombres _ más ;, .3;
rcoznpasivos; entre las mujeres es un sentimiento l. ,¿.
muy actio, muy violento. que algunas veces llega ¿i , .1
áser heróico, y las arrastra imperiosamente als.- ,.:¿,r,
acciones más peligrosas. . , V ¿ — ¿,
ilabia, el 5 de 0ctubre,'desgi'aci:;d;1s criaturas que . ., ,;,-,
no habían comido hacia treinta. horas. Este espec» -
táculo doloroso herria las; fibrasndelooraton, mas’ ' '
¡indie hacialnadzl, cententánoiose con culparsiïla du- ' ‘"1
reza. del tiempo. ' ' ' V’ ' " , “M,
El domingo; una rxfujer yniertxsáflf "cine ¡ió pu—— , - ,4
flia» ver‘ sufrir por (más tiempo; zi Los demás. cor .1
re desde el cuartel de SÍnt-Ddnifl aLDalncio Real: v ' "Wt-‘v
se hace lugzuventre la ardiente multitud que pBm."U-..-.,‘,'.,Í:
rabu. y se hace escúchar; era. una muïerïie años, ,, ¿ _ ,__, -
hermosa,jperdintrépida., . ,,— u. . . , — . .'-3 .4»
Anuncia‘ ‘ que debe irse á Mersqillas. y que em, .1 sim:
marchará á la cabeza. Al diu siguíenterpartióhde*ltrsw"_f"i- f"
primeras con ‘el -sab!ae enla mnhd; tomóïm cnñou¿_ein"ffj,'_'_fi;_"
la. ‘filial, sube sobre gilhyfidiríj ele á Versailles con la,‘ ' ‘
mecha encendida‘. "' ' ' -
Entre las varias profesiones que parecían destina
das á. morir con el antiguo régimen. se encontraba
LAS MUJERES us LA navonuclox. 19
el arte de la escultura en madera. Se trabajaba mn
cho en este género, ya para iglesias, ya para. otros
lugares. Muchas mujeres se dedicaban á. este traba
jo. Una de ellas, Magdalena Chabry , no teniendo
trabajo en su arte, sehabia establecido como ramille
tera en el cuartel del Palacio Real, bajo el nombre de
Louison; era. una jóven de 17 años, bonita y espiri
tual, y se puede asegurar que no fué el hambre lo
que á. aquella mujer condujo á. Versailles. Siguió el
torrente general, llevada de su buen corazon y de su
' valor. Las mujeres la colocaron á. su cabeza y la
nombraron el- orador de ellas. _.
Había otras a quienes el hambre no conseguía ha
cer que se moviesen. Había mujeres dedicadas al
comercio menor, porteras, mujeres no muy recatadas,
compasivas como suelen serlo con frecuencia. Había.
un número considerable de las que se entregaban a la
reventa en la plaza del mercado; demasiado realis
tas, pero que deseaban desde luego tener al Rey en
A París. Habían estado á verle en otro tiempo antes
de esta época, no sépor qué motivo; le hablaron‘ con
sinceridad, mas con un lenguaje tan familiar, que
,-.- “aun, cuandorhacía, reír, era admirable por su verdad,
,_ y revelaba un perfecto conocimiento de la situacion.
_. «¡Pobre Rem-decían” mirando á Luis XVI;—,qué
buen hombre ygué buen papá!» Y dirijiéndose con
- más seriedad á lalteina: gxseñora, señora, proceded
con entereza yresolucion... y no principiaremos nos
,_ ,.otras. No os ocultamos nada; decimos francamente
_ Io que debemos decir.» * » _
_ ¿ Estas mujeres no son generalmente las más que—
brantadas por la pobreza; su comercio, sobre objetos
,_ necesarios a la vida, tiene pocas variaciones. ‘
,. , Pero ven la miseria mejor que nadie,‘ ‘y casi la
'_—,_palpan. Viviendo siempre en laplaza, no se les es
_ ,,_c_apa, como á nosotros, el espectáculo de los sufri
,.‘_ mientos. Nadie disfruta mejor, que ellas de lasven
_ta'jas en las alteraciones de precios, pero nadie es
__ , (mejor que ellas para los infortunados. Con formas
¿m groseras, palabras rudas__y violentas, tienen por lo
""¡' . coman un corazon leal, lleno de bondad: Nosotros
filíemos visto á. las Picardas, pobres vendedoras de
. legumbres, salvará un_ padres; cuatro hijos, que
_ ibafiás-ser guillotinado: era en el momento deLsacri
, vfipiojdecárlos X:. dejaron su comercio, snTamilia,
.-.-.,,-__ ¡Inici! á Reinas loáraron hace: arrancar unafilágrim
¿{ya j,‘ , ¡»H _ -,_-__- q “u, , ., - ' L, Q:.'J:JZ'.'I_
.11‘ ¡{Ilha-i- Ï ¿’QT 7 '— "V. "'— i‘ n'- .3 -’- '5 r ‘rm
' ' ¡‘Ar A
20 aumenten POLITICA nn LA IBERIA.
al ‘Rey, consiguieron el perdon para aquel desgra
ciado, y á su vuelta, reuniendo entre ellas algr-znas
mercancías suyas, le entregaron su valor. ylal volver
á la vida al padre, :2 la mujer y á. los hijos les dieron
medios para recobrar tamhíexr sus fuerzas per
didas. '
El 5 de octubre, á las siete, oyeron tocar un tam
bor, y al instante se armaron. Una jóven le había
tomado en un cuerpo de guardia, ‘y tocaba generaia.
Era lunes; las plazas se vieron desiertas; todas las
vendedoras marcharon. «volveremos á. traen-de
cian,—-al panaderoy á Ia panadero. L. y tendremos el pla
cer de escuchar ¿nuestra pequeña madre, Illirabeau.»
Recorren las plazas, y van á. parar al arrabal de
San Antonio. Por el camino, las mujeres; arrastra
ban cuanto por delante veían, amenazando á todas‘
las que no las seguían con arrancarlas los cabellos.
Al principio se dirijiaífa la Casa de Villa.‘ Se acababa
de prender un panadero que’, exLun pan de dos li
bras, robaba siete onzas; Su delito ‘había sido descu
bierto. Aunque el hombre era ' culpable, habíéndolo
‘confesado, la Guardia Nacional le hizo escapar, por
que no muriera víctima de la ira popular ‘Para esto
presentó sus bayonetas en actitud defensiva y aun
hostil, á. ciento ó ciento cinco mujeres reunidas allí.
Por el otro lado, en el fondo’ de la plaza, ‘estaba la
caballería de la Guardia Nacional. Mas las mujeres
no se asustahan. '
, Principiaron á. tirar piedras á la caballería y á la.
infantería; estas fuerzas armadas no se decidida a
acometerlas, teniendo en‘ cuenta el sexo ¿le laspro
vocadoras dela asonada; y ellas/aprovechándose de
‘ aquellos momentos de indecisión de ¡‘a milicia ciuda
dana, fuerzan el [Intel de Ville y ocupanjsuráposen
tos. Muchas‘ de ellas se‘ hallaban bienyeátidas, pues
se habían adornado con sn mejor traje para ‘aquel
gran día. Preguntahnn cuidadosamen-tequién servía
¡cada sala, y suplícnbawü 10's’ ‘representantes los
distritos que-tratzísen men-á todaslas quvenas habían
conducido’ por ia fuerza, deflas‘ cuales unas festhban
u-J’? rabiosas y otras llenas de miedo. Otrasmiïjeres cole
'-¡_ irieas ysaivájesgígritabhnï. «¡Pan y-armasg» ‘Iiosïrom
.-¿
¡H bres ‘estaban fríosfy lasínujeres ner n enseñ‘ rlos
¿“Wa-tener faldrnTodarlas gentes‘ er‘ lotélwfé" i114’
estaban en buena posicion para ser destruidas; mas
era preeisoquemar sus libros y papeles. Las mujeres,
'.c

LAS MUJERES me LA BEVOLUCION. 21


menos escrupnlosas en esto, lo querian poner en:
práctica, quemando el edificio si era posibie.
Un hombre las detuvo, un hombre muy alto, con
trajenegro, sério, y aun más triste y sombrío "que
el color de su traje. Las mujeres al principio le que
‘ rian matar, creyendo que era. de los de la Casa. de
Villa, y llamándole un traidor. Respondió friamente
que no em traidor, sino que era ugier.‘ y uno de los
vencedores de laBastilla. Este hombre se llamaba
Estanislao M aillard.
Desde por la mañana, había estado trabajando en
‘el arrabal de San Antonio. Los voluntarios dela
Bastillnfioajo el mando de Hullin, estaban en la pla
za. sobre las armas: los obreros, que demolian 1:1 for
taleza, creyeron que se enviaba. á los voluntarios
contra. ellos; pero Maillard se interpuso y. provino el
' tumuito. En la; Casa. de Villa fué muy feliz,-pudiendo
impedir el incendio. Las mujeres promefian no dejar
entrar á.- los hombres, y para esto habían puesto sus
centinelas armados en la puerta principal.
A las once, los hombres atacaron la pequeña puer
- ta que‘ daba; á. la arcade. de San Juan. Armados de
' martillos, hachasypicas, forzaron la puerto y las
iiendns de armas. ‘Entre ellos se encontraba un guar
‘(lia francés, que por la mañana había. querido dar el
‘grito de alarmayy decía. que por milagro se habia.
salvado; los más moderados, t tan ‘furiosos como los
otros; le hubieran muerto sin las mujeres, puesmos
'- traba. su cuello sin corbata. y en el ‘habían colocado
- yaia. cuerda. Para represalias se" detuvo d'un hom
‘Jhbfire dela Casa de Villa, y era. el bravo Lefevre,.dis
2 3" tribuidor de municiones en el 14 de julio: las muje
' ' res, ó los hombres distrazados de mujeres, se apode
"'* ‘ratón ‘de 'él, le suspendieron de un ‘pequeño cam
“¡A pánario; y cortando uno de’ ellos la cuerda, cayó
"' solamente aturdido, :5. una sala que tenia veinticinco
"’ pide de altura. ‘ ‘
'- "¿Hi Bailiy, ni Lafayette habían. llegado: Maillard
"” "fuck buscarniayudante mayor ‘general, y lejdijo
-_"—' gue no‘ hasta otro‘ medio "de concluiifi-n-queflo,» gue
‘¿F ¿l n tjque dig, Maillard, ‘condujese ias mujercsia-Yey
“ “tii es; Que‘ este’ viaje dario tiempoá. reunir ‘naaa
“m ñiéïüfis: ííabiéndoio‘ conseguido. tocay hace ‘Gir el
tamrïljáïfiguraïiriamente trájica deaquel «horn
bre vestido de negro, hizo buen efecto en 1:; Gre\ e;
pues pareció hombre prudente y hombre. 3P“) Pa?“
22 BIBLXOTECA POLITKCA DE LA IBERIA.

hacer que terminase bien aquella cuestion. Las mu


jeres, que ya partian con cañones de la Casa de Villa,
le elijieron por su capítan. El se puso a su cabeza
rodeado de ocho ó diez tambores; siete ú ocho mil
mujeres le seguían, algunos centenares de hombres
armados, y á. retaguardia una compañía de volunta
. ¡‘ios de la Bastilla.
Llegados a las Tullerias, Maíllard quería seguir
por el pretil, pero las mujeres intentaban pasar triun
falmente bajo el reloj, por el palacio y por el jardín.
Maillard con buenas formas las hizo notar ‘que era la
casa del Rey y el jardín del Rey, y pasar por ellos
sin su permiso, era insultarle. Se acercó entonces
r‘ políticamente a un suizo, y le dijo que aquellas sc
ñoras querían solo pasar por el palacio, sin ocasio
nar la menor incomodidad. El suizo-sacó su, espada
y se arrojó sobre Maillard, que tambien sacó-la su
ya. Un portero da en aquel momento con un’ baston
en la cabeza al suizo, y al caer le asesta un bayone
tazo en el pecho otro hombre que juntoa ellos esta
ba. Maillard los contiene, y consigue desarmar a los
dos con una frialdad impasible.
Avanzabaia noche, y el hambre ibaaumentánde
se. En Chaillot, Anteuil, Sévres, era difícil conse
guir detener á los infelices hambrientos , que que
rianá. todo trance conseguir alimento. Maillard no
pudoresistir. Tampoco podla más. en Sévres; no ha
bla a quién hacer frente, todas las puertas estaban
cerradas, escepto una de‘ un infeliz que est-abaen
carcelado por sus padecimientos. Maillard pidió, pa
o: gandolo, algunas azumbres de vínmdcspues mandó á '
' siete hombres traer todos los panaderos de Sévres
con todo el. pan que tuviesen. Entre todos resultó que
tenían siete panes, es decir ,‘ 32 libras para 8,000
í personas, y Maillard no tenia el don-de repetir el
milagro de los panes y los peces. ‘La fatiga, obligó á
muchas mujeres á arrojar sus armas, Maillarq les
hizo comprender que, queriendo hablaral Rey y. á. la.
Asamblea para enterarlos de la situacion en que se
' ' nlhallaban y conseguir ' que les atendíesen, no era ne
acesario entrar con un equipo tal de armas. Ascme
jante insinuacien depusieron y ocultaron las armas.
El entendido ugier quería conducir al puebla, sin es
- . mcáruialo, frente del Palacio. En la entrada de Versai
n lles, para, hacer notar bien su pacífica intencion- hi- '
no cantar á las mujeres el himno de Enrique IV,
f v — . ‘, , ,, V, t‘ A

' a i‘ s h '¡...'
us morenas m: LA nsvowcrox. 23
Los deW/‘ersailles estaban admirados y gritaban:
eqVivan los parisienses!» "
' f... - Los espectadores estranjeros no’ veían más que
, ¡inocencia en aquella multitud que venia a ‘pedir
. socorro al Rey. Un hombre , poco favorable á la
' revolucion , el genovés Dumont», que estaba co
n" —. uniendo en el Palacio de Petitjes-Ecuries, y miraba
u, desde una ventana, despues de harto, dijo: «¡Y todo
v- ese pueblo no pide más que pan!» - ' ‘ . <'
. g La Asamblea» había estado aquel día tumultuo
el‘ sa. El Rey, norqueríendo sancionar ni la declaracion
' delos derechos del hombre, ni las ‘prisiones del 4 de
u agosto, respondía que élno podia juzgar leyes cons
-. titutivas mas que en su despacho; que si acceden al
. guna vez, era por las circunstancias alarmantes, y
eonla condicion espresa deque el poder ejecutivo
+ volvería á recuperar toda su independencia.
., . .«Si aceptais la proposicion delRey, no‘ existe la.
nwconstitucion, ni existe en nosotros ningun derecho,»
m decía Mirabeau. Duport , Gregoire y otros dipu
J- tados hablaron en‘ el mismo sentido; Petion, usan
— ., do de 1a palabra, ‘censura severamente la perpetua
.. e... * ¿insolente orgía. de los guardias de Corps. Un dipu
0 tado que con ellosfhabiaservido, pide, por su honor,
a. «gue se formule laudenuncia, y sean los culpables
o ; perseguidos.» «Yo» los denunciare’ y los señalaré , si
. e la Asamblea declsravinviolable SOLA la persona del
n Rey,» dijo Mirabeau.
. _ Esto era acusan á. la. Reina. La. Asamblea entera
u: retrocedió , se retiró la acusacion, pues en semejan
w-te día, hubiese sido decretar unaïiïlríérte.
El mismo ‘Mirabeau estaba‘ inquieto. ‘Se aproximó
u. presidente y le dijo á. media voz: «Mounier, París
v. o waenesóbre nosotros... Ya me creaís, ya dudeis de
mis palabras, lo cierto es que cuarenta mil hombres
llegan ya á. estas puertas. Aunque os parezca mal,
subíd al castillo y dad este aviso, pues no hay ni un
minuto que perderm-«¿Qué París marcha?...-díjo
.. secamente Mouniem-(pues creía que Mirabeau era
—-— uno de los autores del movimiento.) Bien; tanto me
- vjor: estaremos más pronto en plena república.»
' ‘La Asamblea. decidió que iría á ver al Boy para
v» pedirle la. simple y pura aceptacion de la declaracion
a 104913437103. Apenas trascurridas tres horas, Target
¡anunció que una numerosa multitud se hallaba. á las
‘o: fuertes de París. l '
.' r P .
.1 0p.: ' .7"‘
i’ "-1 ¡I! ‘ -¡.

u. l ‘ .‘ l’
M nmmomc; POLITICA m: LA isianm. . jsa
Todo el mundo sabia. lo sucedido. Solo el Rey en.
el quelo ignoraba. Había. marchado aquel dia,.o'omo
de costumbre, por la. mañana. decaza, y entonces re
corría los bosques de Meudon. Se le buscaba; ¡se to
cabo. por todos lados generaln; los‘ guardias de G01713 '
montaban á. caballo en- la. plaza. de Armas. y sd) c0
locaban delante de las rejas: el regimiento de Blan
des ocupaba. la entrada de Secnux; detrás dewïste se
hallaban los dragones, y detrás de los gaiardias de
Corps, los suizos. - . 1
Mientras tanto, Itíaillard llegaba á la Asamblea na
cional. Todas las mujeres querían entrar. Fuépraciso
trabajar mucho para persuadirlas que no penemsen '
más que quince de entre ellas. Se colocaron las damas
en la entrada, teniendo :5. su cabeza 1:1 Guardia‘ fran
cesa, con quien había. hablado una mujer queflievaba
á manera. de pértiga un tambor hecho de un ‘¡Eddon
' 7 de una. casaca, y en medio de todas el jigantesco
ugier con su destrozudotraje negro, hy con‘ una es
pada enla mano. Un soldado tomó la palabra. ¡con
arrogancia y dijo -á laAsamblea. que por la mañana,
‘ no encontrando pan nadie envlus panaderíamáinuï
. so tocar el tambor, y que por esto se le había: quer‘!
- do castigar, debiendo su salvacion á las mnjeresq que
le acempa. aban. «Y venimos,-’-—dijo,—<á zpedir pan,
y el castigo de los guardias de Carps ‘que han ¡tisul
tado nuestra. bandera. Nosotros soanos buenos pz»
triotns, y hemos arrancado en nuestro camino- todas
ias banderas negras. Voy»a'.— tener el placer ele ¡ies
garrar una, á, presencia dela gxsambiea.» - i
. A lo cual añadió otro gravemente: «E2; precispquo
todoel mundo tome la enseña patriótico...» Aquellas
palabras produjeron grandes murmullos. -I
a Por la cual somos‘ todos’ hermanospx-e-dijo 1:1 ne
._gru1igura. ‘ v ‘ ' -' .— n 4
. . -.Maillard hacia alusion, á. que el día antes la maní.
o. cipalidad de París había. declarado: «Que- 1a- bandera
tricolor, habiendo sido adoplúda como signo zdcufrzofpr
zzidad, era. la única qlle- debía ‘llevar todo : citada
dqno.» ' - -5 . -.'-. ¿l
.L:as mujeres impacientesqgritaban todas ‘jm-as:
= ,_ u-¡P-an, pan!» Lamina rd; entonces principióú pintbr b
_. "— horrible situacion dei Furia-ui causa de- ¡lumbar ‘inten
ceptado algunos convojues otras ciudades, ó! laztqriw
tocrácia.
molinerc ha
«z Quieremwdecía,
recibido doscíentaslíbras
—hacern0s pormorir‘.
no moler,

P
‘LAS ¡arenas m: LA uzvozuerou. _ 25 »
habiéndole prometido la. persona. que le entregó esa.
cantidad, otro tanto todas las aemanasn-La, Asam
blea grita: «Nombradle,nombradlegxv-Las mujeres
dijeron por casualidad: «El arcipreste de París.) _
Bobespierre tomó una gran parte, en la cuestion.‘
Solo, apoyando á.‘ Maillard , ‘ dijo que el abate Gre
gorio había. hablado del hecho , y que ¿[daría más
noticias. _, ,.
Los demás miembros de la Asamblea hicieron
Nomcsas ó amenazas. Un diputado clérigo, abad
ó prelado, fué á. dar su mano a besara una mujer.
Ella, encendida en cólera, dijo: «Yo no he hecho
nada malo, para besar la mano de un perro.» Otro
diputado militar. condecorado con 1a cruz de San
Luis, oymdo decir á Millurd que el grande obstácu
lo á la. Constitucion em el clero, se dirijió hacia él
diciéndole, que se debía ejecutaren él ‘al momento,
un castigo ejemplar. Maillard, sin espantarse, res
pondió que el no culpaba a ningun miembro, que
quizás tampoco el clero supiera nada de aquello,
pero que era conveniente dar aviso de todo lo que se
decía. Por segunda ivez ‘Robespierre, apoyando s’.
Maillard, calmo gl las mujeres. Todas las de afuera
> se impacientaban, temiendo por su jefe, pues había
,_ corrido la voz entre ellas quehabia muerto. Enton
‘ cos salió .Maillard fy se presentó ante‘ ellas un mo
monto. “¡" _' . — '
Junillardydespues ‘de contener-las, volvió á. la
Asamblea, diciendo que era. preciso invitar á. los
guardias de Corps ‘á hacer reparacion de la injuria
Los ádiputados
— hecha ‘desmentian
su bandera. u; - tal suceso,
' y Maillard
' -* insistió en términos poco mesurados. El presidente
Mounierle recordó el respeto que debía á. la Asam
blea, y añadió rudamente que los que quisieran ser
ciudadanos, lo podían ser segun su voluntad. Esto
era dar ocasion á.— Maillard para que cuestionase.
Maillard aceptó el reto, y contestó: «No hay nadie
- ue no deba. estar orgulloso con el nombre de ciuda
. “gano: y si hay alguien cn esta augusto. Asamblea que
a no lo esté, es digno de ser arrojado de ella.» Enton
¿i- ces todos los diputados, aplaudiendo, dijeron: «Todos, _
- Étodos somos’ ciudadanos,» . a4 _
Éïz-Al instante se llevó, por parte de los guardias de
' nzbandera tricolor. Las. mujeres gritaron:
ey, vivan los guardias de Corpslr» mai
, _ a,
Ir

26 ' *\’. _ , nmuolnca


a r POLlTXCA m: LA
r xmnm. i *
iiard, que no se contentaba con tanta‘faciiidad,'in'— '
sistió en la necesidad de hacer salir de allí al regi- '
miento de Flandes. . . ' f
Mor-gnier, esperando entonces poderlos hacer salir,
dijo que la Asamblea no había desatendido nada.»
para la subsistencia. del pueblo; que se buscarian"
medios mejores y que podían marchar errpaz. Mai
llard no se movia, diciendo: «No, eso no es bas
tante.» '. , '
Un diputado propuso entonces ir á. pintar al Rey
la. desgraciada situacion dc París. La Asamblea lo
aprobó, y las, mujeres, teniendo en ello una gran.
esperanza, se abrazaban á los cuellos de’ los dipuLa-z
dos y del presidente. aun cuando el se resistia. «Pe- ‘
ro dónde está. MirabeauY-Gritaban‘ otrasp-quere:
mos ver frMirabeau.» .
- Mounier, sofocado. abatido, medio ahogado. salió
tristementecon la diputacion, seguido de una mul
titud de mujeres que se empeñaban enseguirlos.
qNosotros,—dijo,—-vamos ápié en medio de un lo
dazal, y atravesamos por medio de una’ multitud
mal vestida, ardorosp. y bizarramente armada; ‘Los .
guardias de ‘Corps formaban patrullas. y corrían‘ de
un lado para otro. Viendo á Mounier ya los demás
diputados, con ei estraño cortejo con queiban ‘hanT
rados, creyeron ver aiii los jefes de la insurreéeïon,
y qnisieron disipar aquella masa y ia acometieron.
Los ‘invioiables diputados escaparon por donde pú
dieron, y se salvaron entre e1' iodazal; Mal juz
garon la rábia dei pueblo, cuando creyeron que con
él no serían respetados. Dos mujeres fueron heridas
de varios sablazos, segun algunas varidicas noti
cias. Al pronto el ‘pueblo se, contuvo. Desde las
tres hasta ias ocho de la tarde, ‘estuvo tranquilogin
móviiysalvo algunos gritos cuando se veía crukar
alguno delos que vestian el odiado traje de guardias’
de (Zorps. Un niño les arrojó algunas piedras. y‘
Se había encontrado por fin al Rey, que había ya.
- vuelto de Meudon. Mounier, habiendo sido reconoci
do, fsé recibido en compañía de diez mujeres. IIabió. '
upeticion-
al Rey de delalaAsambien, y soloygueria
miseria de París, lapura yjde
a los ministros sim

rpie aceptacion de 1a Declqrapiou, de los’ ríen-has y


erlgunosyotros artículos qonstitucionalcql ienftfás
tantwei Rey, escuchaba’ con bondadïg‘ las ïniijeres.
Lajóven Louison Óhabry,‘ que había sivo. encargada.
¿As Marsans n: LA nevowciou. 27
de dirijir la palabra á. el Rey, tal fue’ suemocion, que
solo pudo pronunciar «pan,» cayendo desvanecida.
El Rey, lleno de sentimientoJa hizosocorrer, des- y
pues de besarla la mano-y deabrazarla como un ca
riñoso padre. ‘ ‘ ,
De modo, que ella, salió de palacio hecha realista,
,y gritó: «¡Viva el Rey!» Las mujeres. que estaban en
la plazo. principiaron á decir que la habian “pagado; '
Lquison rchabry tuvo que mostrar-las-sus.ves'tides_
para que se conyenciesen de «que no tenia). dinero.
Las mujeres se abalanzabarrá los cuellos «lelas que
habían subido ‘zi palacio. yquerian ahogarlas: ,.fué,
por lo tanto preciso que subiesen ctm vez al castillo
y obtuviescn del Rey una. órden escrita para. quen/se
cpndujesen ‘á. palacio las heridas, yv evitar todo obs»;
cáculo con objeto-de que tuviese París toda clase de
provisiones. ' ‘
A lassúplicnás delpresidente, =el Rey, tranquilao
mente había contestadoí «Volved áilas nueve.» Mou
nier, habiéndose detenido á. 1a‘ puerta del Conse
jo, estuvo pidiendo una, respuesta. de hora en hora. '
‘hasta. las diez.'Y hasta. entonces, nada se‘ resolvió.
El ministro de París, Mr. ‘Saint-‘Prlest, había ne
‘cibido la nueva demasiado tarde (locual pruebaque
la salida de Versailles fue’ alnesperadané instantánea).
Propuso 'que.-la. ‘Reina -saliese para iRwmbouinett,
que el Rey se quedase, se resistiese, y si había. nece
sidad se opusiese, pues la. sola. marcha de la, Reina,
rtranquilizaria al pueblo y talvez le dispensase de
combatir. Mr. Neker queria..que elRey marchar
se á. París, que confiase en el pueblo, es decir, que
fuese franco. sincero , y aceptase la, revolucion.
.Luis XVI , sin resolver nada,,-aplaió el consejo,
á fin de consultar áj la Reina.
Ella. quería partir, pero con el Rey, por no dejar
entregado á sí mismo á un hombre tan débil; el
— nombre del Rey era su arma para principiar una
guerra, civil. Saint-Prierst, á. las|sietei. sabiendo que
Mr. de gLafuyette, arrastrado por la Guardia Nacio
‘nelïi: marchaba sobre Versailles, «es necesario par
tir al cum o,-—-—decia.—'ElReyï:i, la cabeza delas trig
pcspajsar ‘con —fa'ciiidad.» Pero era imposible? dem:
‘dirle ágiada; Greia-—que iiriarchándose. la Asamblea
‘nombraria Rey al duque de Orleans, Por eso moque
ria hxlixu-y-paseándose» conapresuramiento . 560131
«¿Un Rey fugitivo, un Rey fugitivo!» Sin embargo,
‘28 BIBLIOTECA POLITICA m: LAieeiuA.
insistiendo la Reina sobre la marcha, se dió la órden
de preparar los carruajes. Ya no habla más tiempo.
Un miliciano de Paris, a quien una multitud de
mujeres había nombrado jefe, a pesar suyo y que,
exaltado por la distancia y el cansancio del camino,
estaba en Versailles, mas ardiente que los demás, se
aventuró á. pasar por detrás de los guardias de Corps,
y viendo las puertas y rejas cerradas, apostrofó en
malos términos al guardia colocado delante de ellas,
y le amenazó con su bayoneta. Un teniente de
guardias y dos soldados del mi-mo cuerpo, tiran en
tonces de sus espadas, y arrojándose al galope en,
medio de los amotinados, principian a acuchillarlos.
El hombre huye, quiere entrar en una choza, choca.
contra un tonel, cae, pidiendo á gritos socorro. El
soldado de caballería se iba ya conteniendo, cuau
do apenas podían resistir más los guardias naciona
les: uno de estos, un tabernero, sale de las filas, le
dirije un tajoa la cara; pero el soldado sale ileso,
pues al ver venir el golpe , le evita con pres
teza, y rompe el brazo en que el nacional sos
tenia el sable.
Estaing. el comandante de la Guardia Nacional,»
estaba en el castillo, creyendo partir con el Rey.
Leccinre, el teniente coronel. estaba en la plaza, y .
pedía órdenes a la municipalidad que no daba nin
guna. sospechaba, y con razm, que aquella arreba
tado. multitud no temiese recorrer toda la villa, cre
ciéndose con el peligro y con la. esperanza del
triunlo. _
Marcnó a contenerla, pidió todos los víveres que
faltaban, solicito arrastrar consigo ala. municipalidad,
y solo consiguió llevar un poco dearroz, que no era
suñcienie para tan crecida multitud. Entonces hizo
detenerla por todas partes, y gracias á su admirable
inteligencia é istrepidez. calmo u_n tanto al pueblo.
Al mismo tiempo se dirijia á; los soldados y oficia
les del regimiento de Flandes, y les preguntaba si
dispnrarian contra el pueblo. Pero ellos estaban sn
jetos á una influencia mas poderosa. Las mujeres se
habian arrojado entre ellos, y les suplicaban no hi
ciesen mal á los paisanos. Una apareció entonces, de
quien hablaremos con frecuencia, que no había. mar
chado a la cabeza de las demás mujeres, por haber
llegado sin duda tarde,‘ y se arrojó en medio de los
soldados. Era la preciosa señorita Teroigne de Me
LAS Mussnzs n: LA nnvowciou. 20
ricourt, una liegeois llena de fuego, como todas las
mujeres pertenecientes á Lic-ja, que hicieron la re-v
volucion en el siglo XV, (combatiendo bizarramente
contra Cárlosel Temerario. Original figura, llena de
génio, con el sombrero de amazona, su abrigo‘ rojo,
el sable al lado, hablandoá la vez, con unafgran elo
cuencia, en francés y ‘liegeois. Se sonreía, pero no
cedia. Impetuosa, arrebatadora, terrible, no encon
traba obstáculos. y, .
Habiendo ella acometido, al frente de las demás
mujeres, al pobre regimiento de Flandes, le hizo
huir y le desarmó, aun cuandono oponia gran resis
tencia á entregar sus municiones á sus hermanos los
guardias nacionales de Versailles.
Estaing mandóles retirar.‘ Unos partieron, otroo
dijeron que no partirian si no marchahan delante
los guardias de Corps. Esto era á las ocho; la noche
iba. a ser sombría. '
El pueblo les seguia. y no cesaba de gritarlos. Los
guardias, con los sables en la mano, quisieron ha
cerse plaza. Los que estaban los primeros, más ar
dientes que ' los otros, tiran unos cuantos pistoleta
zos. Son heridos tres guardias nacionales, uno en el
pecho, y los demás salieron poco mas que con sus
trajes agujereados. Entonces sus compañeros res
ponden, tirando contra los guardias de _Corps. Estos ’
contestan con sus mvosquetones.
Entran en la palestra más guardias nacionales, y
piden municiones. Entonces Estaing quedó asom
brado con aquel rasgo de valor. y con la audacia
qne mostraban, ellos solos en medio de lastropas;
«Verdaderos mártires de entusiasmo,» decía luego á.
la Reina. -
Los habitantes de_Versailles habían mostrado la.
misma firmeza á el otro lado del castillo. Cinco car
rllajes estaban tras _de las rejas, dispuestos á, par
tlr:’eran para. la Reina, que segun se decía, marcha
‘ba á Trianon.
guardia suiza abre las rqÏas, yla misma guar
dia cierra. el paso. Entonces dice el comandante:
¡hay peligro para ‘S. M. , si quiere salir. n Los
carruajes, entran otra vez en el castillo. Queda,
gun-deshecho el dispuesto viaje. El Rey queda
reto. , , . .
‘_ El mismo comandante salvó á un guardia de Corpa,
9: quien el pueblo quería hacer trizas, por haber dis
‘ nmtioricn mmm»; LA msnm, _
¡jarado contra. la multitud. El comandante lo hizo de ;
tal modo, que dejó marchar al, guardia. cayendo '
mperto su caballo á manos del pueblo. En el acto
descuartizan al animal y principian á. asarlo en me
dio de la plazmy á muy poco tiempo ya se lo habían
comidomedio orudo, ¡Tal em el hambre de que es—
taba transida aquella multitud!
Llovia. La. multitud se guareeia donde’ mejor en
contraba: unos rompieron las puertas de f- ‘ÍQDÚS-J
Ecuries, donde estaba el regimiento de Flandes, y
se mezclaron el pueblo y los soldados. Los hombres,
permanecían cíallados, pero las mujeres no podían;
soportar tal estado de inaccíon; hablaban, jurabaïnr
chillaban. Solo Maillzzrd podía. apaclguarlas, y él' nos
ienia á causa deestar-arengandoá la Asamblea. Otra
cosa. que motivó el que no se calmase el —alboroto,
fue que 1os_ guardias deCorps pidieron ‘socorro ál
‘los dragones para apoderarse de las piezas que el
pueblo había colocado frente al castillo; Ya. se iban
' á. arrojar sobre ellas, cuando los dragones, negándoi
se, les hicieron huir. j
A las ocho, otra. tentativa. Se llevó una. órden del.
Rey, donde sin ‘hablar nada de la» declaracion de los
derechos, prometía ‘vagamente ‘la libre circulaeion’
de los granosuEs probableque en ‘aquel momento‘
intentase la fuga. Sin ‘responder nadan Mounier, que
estaba todavía á las puertas‘ del Consejo; enviaba
esta órden para distraer la atencion del pueblo.
Una singular aparicion vino ¿aumentar-el espam
to de la córte. Un jóven del pueblo entra, mal vestía
do , todo‘ desarrapado. ‘La córte se espanta. Era‘ el
jóven duque de Richelieu, que bajo aquel disfráz,
'se habla mezclado con la multitud,‘ con aquella. line‘
vn pls. del pueblo que salió de París.‘ ‘ - l.‘
' El los habla’ abandonado a’. mitad de camino pa
randvertir á la familia real: habla escuchado planes
horribles, amenazas atroces que lïabianuerizado súa
hermosos cabellos. Contando tales planes ¿ ¿ki «su
ástuba, pálido, todo d mundo ‘a! escucharlo g IpuIL
eciól ' , _ , ' —» ¡n
¡Elhorazon del Rey principio á debllltíarse. 00m
‘prenüía quela Reinn‘ estaba en peligro. Aun ‘cuando
‘tanto repugnnbaïïsu
legislativa, conciencia.
producto dela. filosofíaeldesañcionarla-obra
losenciclopedis- l
Atng,‘-’flr,rnó‘z_i his diez’ la 'nbche'lá*'d'ec'1dra¿-i0ñ' de los
“ ‘ h
LAS Humus n: LA REVOLUCION. , 31
Mounier pudo al fin partir. Tenia, gran prisa por
‘volver á ocupar la presidencia antes de la. llegada de
aquella multitud armada procedente de París, y cu
yos designios no conocia. Entra: en la. Asamblea la
multitud más amenazadora, mas exij-ente; había pe
dido que se disminuyese el precio del pan y el de
3. las Viandas. Mounier encontró en su lugar , en
‘la. silla. ‘de la presidencia, á una mujer de buenas
maneras , que tenia. en la mano la campanilla, y que
bajó del asiento al verle llegar. '
2 —Dió orden de reunir los diputados, y luego ‘anun
ció ai pueblo que el Rey acababa de sancionar los
ui. ‘31171011108 -constitucionaies.,Las mujeres, colocándose
-- alrededor de él, le pedían las diese ‘varias copias.
Otras le decían: «Señor presidente, ¿eso nos‘ será.
2- ' ventajoso? ¿Esto servirá para. tener pan en París y
:9 tenerlo barato?» Otras: «Señor presidente, tenemos
hambre. Todavía hoy no hemos comido.» Mounier
, ,dijo que fuesen á pedir pan á las panadería, Por
;todos lados se trajeron víveres, y la multitud princi
— pió á comer en el salou con un ruido atronador.
r Las mujeres comiendo decían al presidente: «¿Por
n; «quéhabeís defendido este villano veto? Considerad
siempre las cuestiones con claridad.» Mounier las
. .1 .- respondió con firmeza, diciéndolas que ellas no esta
. '- ban en estado de juzgar, que se las engañaba, y que
por su parte, antes quería esponer sur vida‘) que
» agrevarsuqonciencla. Esta, respuesta; las doblegó
. un poco: despues lo atestiguaron con el respeto y la.
amistad. 2.- r »
.— Solo Mirabeau se pudo hacer escuchar, consiguien
. do calmar el —,.;tumuito. Aparentaba‘ no inquietarse;
ya; pero realmente estaba intranquilo. Por la. tarde se
"L-¿zhabia estado paseando‘ entre el pueblo con un sable
en la mano-yy diciendo á los que‘ encontraba: «Hijos
rIIIÍOS, nosotrosz-os‘defendemosar Despues sé fue á.
1.30: acostan Dumont el genovés marchó á buscarle,
-. . y leí llevó á la Asamblea. Cuando llegó, dijo con voz
-.n—vamenazadora: «X03 quisiera saberqué causas han
motivado tal tur bacion en la Asamblea. Señor presi
. «y; dentcghacedirespetar esteïsitiowsagrado.» Las muje
z_—.3 ¿‘es gritaron; ruBraNo, bravo!» Entonces hubo un mo
3a.. mento dex silencio. Y para. pasar el tiempo, se prin
1..< «zipióádiscutir las leyes criminales. ‘ ‘
.-:I»-.. E0. estaba en: una galería (dicernumont) donde
Y una. Yerdulera mandaba con una. autoridad muy su
nxïa .35. .7 .:¡::.'. .-:— ‘. » . 76
¿gan v.‘ .. u“ ' v
H3 H I nl',_"' ' i" n‘

- r
10g f '32, ¡‘nano-tau Poíïrxc/i iia LA resina.
;I .
¿It . períor, aun centenar sle*mujeres,‘ln.mayor parte jó
¡J - venesgque á unarseñal suya, .ó- gritaban ó enmude
«th. cian; Llamaba á. los diputados por sti-nombre con
,1, cierta familiaridad, y preguntaba: «¿De-qué se está.
si r hablando? ¡Haccdreaiziazr a ese parianchin! Aquí no
. th. se debe tratar sobre lo que ahoraellos discuten; aquí
Jb,‘ se debe trataracerca. de la adquisiciomde pan. Que
\ 4 se haga hablar á-nuestra. pequeña. madre, m: Mira
—1 beau.» Y todas. las demás gritaban: «Nuestra: peque
‘a ña. madre, Mirabeau.» Pero él no quería hablar.
n r. Mr. de Lafayette, íhabíendo salido de París entre
l las cinco ó las seispllegó un minuto despues de es
ta escena. . . . l . x.»
Es necesaríoxque- retrocedamos más atrás, y es
Ü preciso que le sigamos desde el medio día hasta el
‘minuto critico. v
A las once, advertido de la invasjon delyHotel de
Vifle, encontró á. la multitud desesperada -.y se. puso
a’. dictar un despachopara el Rey. ‘La GnardíwNacio
nal ocupaba la. Gréve, y. decía que era’ tpreéiso ir á.
Versailles. ' ‘ayette fue á París, en vista del rumor
general. — ‘
Se decía. smaembargo, queLafayetter. aparentaba
ir comoforzado y violento, y‘ que ‘se aprovecharía
de las círcunstancías.--Se' esperó hastalas once, por
ver si una vez disipnda lai ‘multitud, podrían pasar
los carruajes por la puerta del Dragen‘. Peroglaguar
día de Versailles velaba, y cerraba el pasoir * w
Lafayette. antes í centrar en Versailles, hizo re
novar el/juramentosde fidelidad á. rla -ley y al Rey.
Díspuso que se‘ le avisase su llegada, y el Rey le res
pondíó que le vería con gran placer, y ‘que acababa
de aceptarla dcclaracion de los derechos.
A bro. de los guardias
Lafayette y-de,
entró solo entodo elmundo.
el Palacio, En l‘0E¡l—
conxgran asom

(le-Banif, un cortesano dijo con ironía: die’ ahí á


< , Cromwell. » Lafayette le contestó: «Caballero, Crom
«well no hubiera entrado solo.» x * n‘ »
3A! ., . ‘El-Rey die‘ orden-á lai Guardia Nacional de perma
._.¡n necerenlavs puertas esteríoresxde palacio, yaa los
..r¡i¿¡.gl‘lll'difls de (¿arpa delante de ella. rEl interior no fué
confiado enteramenrte á. Lafayette. Qaeríendo: ».pasar
.1 al parque, ¡mande las patrullas- le‘ ce-rró—rla' entrada.
El parqumestaba ocupado por-guardias de Corps y
otras tropas; hasta las dos de la mañana estuvieron
esperando, por si se decidía la fuga del Rey.
nru- v r w y. 1 no‘ n. H-l uu zi
5m‘, un‘ ".—_- .431, , ÍrJI.‘ ¿"H1 JH.‘ Ïïïld ¡UT "1 "_ "J'
r «-.¡-45..—!!UJEKE5;Ï’5 Les-introwaslom 33
Í ’ “s; Dos. horas! despues,’ - tranqni—liiiadol"“iïor" Lafflgïette,
.4 sezdióorden á Has)’ tropasfdexgue podían ¡mer ará.
-— -;'v»Bamb0uillett.»I on "L. . - había‘ ïletátlítádo
2- A ‘las rtres, laúsamblear o strslésion .
¡.P|
9:’. El pueblo-soberbia rdispersado; tvácdjidogcomo pu
1’ i -do,' álasiglesiaszry amis ‘sltiosïl “capaces: úMai-llárd y
y -. lmuchasunujereaentre ‘otraslaïmrlsen-‘ïflhdbry, ha
bien marchado 9'. París un ‘poóodespuesdelda ‘llega.
,s.—da de Lafayette, ‘llevando! losldiécretos"sd'bre.lo‘s gra
nos y la declaracion deJnsv-Wevknsfl-‘í i.“ I“ _— -
.01 - - Lafayette ‘tuvo mncho-trabaljomúerd mánder á sus
‘m: aguardins nacionales: míertiamrseiáïlsus caïsásg) todw iban
molidos; cansados, deseándohaller ddndeïrédojerse
— ¿y donde comer. El mismo; en 4ta‘, creyendo‘ que todo
- seihallabwtranqmlo, ‘smarchóml‘villotet-‘dc-Lwáaiflcs, y
durmió comolse duerme despues ‘de veinte libras de
esfuerzoyuagïlracionwlw‘? i 1 ' ‘- -"
¿{Muchosno ’ dorïnian; y leiianhlos- que; ‘bebiendo
. salido de Barís por-ala tardeglno ‘hsjbian-‘suflido la fa
tiga del dial La primeraxespddicionlïdondé «las muje
. res dominaban más espontánea; más naturalmente,
1 por e-spresarme 728i, nacida" de las- necesidades, no
había costado sangre.‘ Maillard tuvo la gloria de‘ con
servar algun orden en‘ el desorden imismo.‘ El cres
cenda natural que en tales agitaciones ‘siempre se
observa, “no permitía’ creer que’ en- la segunda espe
dicion sucediese. 10 que en lapprimera. Esverdad
quese habiahecho-‘oon la ‘GnardiaNacionnl; y como
. Pdevacuerdotconéelia. Algunos esvtafiarïirmuypruden
tes y sensabosuen sus juicios: y deseos; yotros, muy
furiosos, deseaban matar— á; lar-Reina. Háoia las seis
de la mañanzuen efecto,‘ lasgcntes’ de París y de
Versailles más enardecidasyéforzaron los- aposentos
reales, á pesar de los guardiaswïe com, que ¿mata
ron cinco hombres ‘delpuebloï en’ cambio, mnrieron
i e .1 siete guardias» i — tm ‘ " " “9
‘La Reina. corrió un verdadero peligro‘, yno hubie
-u:_- ra escapadorde-él, ááínoghaberse ï acojido á la cámsrn
crudelrlïey. ‘lilué malvada; «pbr- Láfayette, ‘que. acudio a
- ¡ar-tiempo con los guardiasfranéeses. —' i: I_ "
4:0 mm áparecewel «Rey en elúbelcon, todos gritaron:
¡El ReyáParísJ
mfiífleinalsedpi ubngeïwsalir: ‘Bi? éttcWe 13'0
._¡;«Jlwfióiflzdwfümïmïáfldflïaifigïflíl“ 169W ¡a
mano. El pueblo sorprendido, atónitofllo VÏÓ e“ en“
más que ála mujer y ála madre, y principióáraplaudir.
:4 BIBLIOTECA POLÍTlCA DE LA IBERIA.

¡Cosa particular! Los políticos, los sabios, los que


querían h-ncer al duque de Orleans teniente general,
temian estraordinariamente la traslaoion del Rey á.
París. Creian que para Luis XVI era una chanza vol
ver á ser popular. Si la Reina no le hubiese seguido,
los parisienses hubiesen probablemente vuelto á. mos
trar su amor al Rey. Habían tenido siempre una de
bilidad de amor hacia este hombre gordo, que en su
robustez tenia una cara de hombria de bien beata y
paternal a gusto de la multitud Ya se sabe que las
mujeres de los mercados le llamaban un buen papá, y
esta era la opinion general.
El Rey habla mandado ir a la Asamblea a Pala
cio. No hubo ni cuarenta. diputados que concurriesen
al aviso. La. mayor parte estaban inciertos, y se ha
llabanencerrados en el salou de la misma. Asamblea.
El pueblo, que ocupaba las tribunas, aumentó su
.1 incertidumbre ; a. la primer palabra pronunciada.
acerca de la marcha aPalacio, principio á dar gritos.
Mirabeau se levantó entonces, y. segun su costum
bre de avasallar alpueblo con su lenguaje fiero, di»
jo: «Que la libertad de la Asamblea estaba compro
metida, 85-105 representantes del pueblo iban al pa
lacio delos Reyes; que no era propio de su dignidad
abandonar sus puestos, y que para enterarle de lo
que conviniera ó fuese preciso ,5 era suficiente una
comision.» _ -- v
El joven Barnave lo apoyó, y: en vano se opuso el
presidente Mounier. w "
En fin, se sabe que ¿el Rey consiente en marchar a
París, ,y la Asamblea, segun laqpropcsieion de-Mira
, bean, ¡resuelve que para las discusiones pendientes
w es y debe serdnseparable del Rey. ,
. El día avanza"... Ya se ha pasado cerca de una
hora... Es preciso partir, abandonar a Versailles...
iAdios, antigua Monarquía! ’ i —
Cien diputados. rodean aLRey, todo un’ ejército,
todo un pueblo. Este se aleja del palacio de LuisXVI
para no volver á éljamás... ' "i'- — ' '
Toda la multitumse agolpa, y marcha á. París de
lante ysletras del Rey. Hombresy mujeres caminan
como pueden, a;pié,-,a,caballo, enieoche, en las car
. retas que encuentran, entlas cureñas de los ca
ñones. ,,; ¿a -., .:\ —
,80, encontró unconvoy con harinas: ¡feliz encuen
tro pei-ala hambriento» ciudad-l Las mujeres llevaban,
..u .."' Ü tu": , fufltflll ... ». .É ""‘-"‘
r
- 324.1445“: zq —¿ uzziunu." ‘r '. " ‘If ‘¿La
LAS MUJERES m: LA nzvonucrou. 35
unas en la punta de las picas gruesos molletes de pan;
otras, ramas de álamos, ya amaríllentas, como que
era el mes de octubre. Iban apaciguadas y compues
tas, escepto cuando se acordaban de la astúcía de
la Reina. «Nosotras pasearemos,-—dccian,——al pana
dero, á la. panadera y al panaderíto.» Creian que no
se podían morir de hambre,estando el Rey con ellas.
Todas eran realistas, cuando pensaban entregar al
buen papá en buenas manos; le había faltado hasta
entonces díreccion y palabra , pero llegando áPa.
rís no le faltarían buenas mujeres que le aconse
jasen mejor. " ' ,
Todo esto era alegre, violento, triste, placentero
y sombrío á la yez. Se esperaba: pero el cielo no
estaba del mismo parecer.
El tiempo desgraciadamente favorecía muy poco
la. fiesta. Llovia, y en plena lluvia. se. marchaba con
lentitud.
Muchos, ya por divertirse, ya. por secar las ar
mas, daban furibundos culatazos en los objetos iner
tes que tropezaban á su paso.
El coche real escoltado, y llevando en su porte
zuela á Lafayette, avanzaba como si fuese un ataud.
‘f-'- La. Reina estaba inquieta. «¿Estaís seguro que llega
' remos salvosnï-Ïpreguntaba a Lafayette-Y el ge
neral respondióestas significativas palabras: «Dudo
¡’v ‘í «que la Reina
vez en llegue
el Hotel sola llegareis
de Ville, a las Tullerías;
segura.» pero una
"’ ‘ Veamos, pues, al Rey en París, donde debía estar,
e; el corazon de Francia. Observemos si es digno
t‘ a í. ‘ -
La. revolucion del 6 de octubre, natural, legítima,
‘ necesaria , verdaderamente popular, pertenece es
"*" clusivamente ¿’las mujeres, como la del 14 de julio
‘-“ ‘i. los hombres. ' , "
" -* sien el 1.“ de octubre todo se perdió por las mu
;‘_ jeres; el 6 fue todo reparado por ellas mismas.
‘¡Ji '. '11 . ‘ .
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vbí n u n; '
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uz. Al, 9' -- -" ‘i’
mw»; . , - - «¿,02

‘Las mujeresen la Federacion (4790).

v.

_ - ¡‘Así ¿originó el ¿dejar-día demuestra vídgi.» Es


fltnsjybálgliras; q elos’ federados de. una aldea¿.cscri
Iiérbïx al éónclu r esta. grab jiesggi-giagional‘ al fin del
“ "¿ha lie'e'stlifido',feñ‘téz‘dp"‘á eficribirlás, para mi mismo,
" alcgncltïir en‘ ‘i847 la xliigtoiidfdxm las federaciones.
¡Nada máérsublime
‘ “iiídíjilïfiïïlülia que áquelláü palabras
de? reeordarvengmiswaefiqg, deque he te
referir en
1
' ‘miïescrïtos , esas grandes y admirables comunio
nes del, pueblo!
' "ïïásfederagïbïíleátïle lás ‘preíwrixieiásjdefiloá depar
',"'5_t'árl;éinó,s, delas villáls’ jaldeag, es necesario-consig
- What!» y"‘i-e‘ferir‘s“ia"historia.'
' ' Las escribian gi su
madre, la. Asamblea nacional, fielmente yen una.
’ ‘fórïha alguhasfireces groáera é infantifidecián quan
toboflían ‘decir’, y” escribía quien 10 szfbia hacer. No
se encontraba en las campiñas un escritor hábil que
fuese capaz de trasmitirlas á. la memoria; pero la
buena voluntad lo suplia... ¡Verdaderos monumentos
de la naciente fraternidad, actos informes, pero es
pontáneos, inspirados, de la Francia, vosotros exis
tireis siempre para hacer notar al corazon de nues
tros padres, sus arrebatos y trasportes, cuando po;
primera vez vísteis la faz de vuestra amada pátfla!
Yo he encontrado todo ese, vivo, abrasador, c0
mo si hubiera. sucedido ayer, despues de sesenta
años, cuando he hojeado esos papeles, que tan pocas
ud ¡FIEBRE! m LA‘ anvonucxox. 88 37
_,.., pgrsonashabiaa leído. La.‘ primeraïlectura. me ins
,¿, piróunagysero ¡espetmíuenttunz-tzcsa si-nguiar, úni
. .3 ca, que nq._puede,espresa1= la voz humana. Esa‘ lectu
- ra de hechas entusiastas,‘ encarnadosen el cariño á la
pátria, á la cual representaba la Asamblea, están lle
nos de amor. _ _ -
Nada. 0fiQial-,,nada. mandado», Visiblemente, solo el
corazon es el que habla. No ¿se puede encontrar eso
en el artemn la retórica, em la-declamacion; es jus
tamente la completa carencia de arte, es el entusias
. n10 de un jóven que no sabía‘ cómo espresatfilos sen
,,,_'-L'{_.¡ti_míent0s ¡{mas sinceros, , y , que empleaba palabras
_,._;,_3 romanas, a falta. de otras, para trasmitir un amor
_._¡,.¿¿ verdadera. Pero aman momentorsupremo, una pala
m m- bra arranca de lg profundo de! rcorazop, se,_eleya s0
,_¿¡_.,l;1;_ ,la._1mpgtenc1a* dellenguagp, _y hace vxbpar las
¿”h mas ,p.pa‘rytadas fibras del sgntlmlento.‘ . ¿m
W __-r '¿I,)e__.qué,sen\_nini;a la verbosidadmuómo se, satisfaria
“ "¿í sí misma? El detalle material le ha. pregqupado
.3,¿(.1ïuer1¿enpeqt9;-nipsun‘essánittz-tan bello, ntnsturfpapel
mu,“ ‘tag; pgagxglticmzfilï! zhagblar de-Jas pug-guosas ‘banderas
__ ¿”me tgcolpxjgs _pgra espresar sus sentxmlentos. Cuando yo
los percibo, hrïillanqes y. desaliñados, recuerdqvïo que
,¡ .—,¡, diceáïnnssean. sieycuidado y trab-«íq qu9;emp1eaba
q, ¡’pam ¿engbellepexr y adornar. su 114114...‘. No ‘fueron
_ x mo pgyiog ensamluentop los, de nuestrïos pgdrgsay sus
.¡ ¿y 61116;} os, sus mquxetudes, s0n_.qh_¡et0s1mperfectos,
413;”, elevandqse entre ellos el ¡Lugqr a una bellrza eterng.
,. ¿gh “¿ptqestqs qpsayqgpnmnuvog; de la nueva. reh
fmh 3101;, todas las, bgroxcldacles antiguas y ya cgnoci
‘m?! das” tpqos los s1guosde' lp pasado, todos Los unas ve
_¿, nérados símbolos, se debilitzm ó desapareggn. L0 que
festa, ponejkwmplq, de las ceremonias dergntïguo
_—
pplto; llamadas para solerqnizap estas fiestas nuevas,
“Mi, es accesorio, Hay en esas;i 1001611888, xfeugiongq, don
' '2:ï1‘{'
' ‘ d; elgïueblqfide ‘toda
. clase se reung en
— un, solof
. ‘ cora
v ggon, una cosa ligas sagrada que el altar. Nmgun cul
LQÏ,‘ ¿fiizgagpgqiauïá sgntidad á; un_a 00855833173,” cgmo el
« ohh: brefratcrnzzandoztnts Bros: w
1.20,‘. m * ' Qdqsllos qnnguog. emblemas pahdecexyv y_,los_ que
, m, ,7 galmente sqensgyan, tlenen may¿.ppca._815nlfic8
.,¡¿_,,¡. ‘ '_._ cuando _se__jura auge la. ‘fnaximággnsde la
' ’ ‘¡tad abstracta, el verdadero‘ símbolo: 8G. Qpcnen’
_ ¿a ,3‘ y, mph-a guante. Es laJxelleza. él ‘encanto 353m0; ¡I
" u ei rwu: 33g»
Í’2:5‘Éïgïfgghïmfafléïéiflgmïuïorïtfibfi?:1 "entehem
N» 38 ' ‘nnnxomcn POLPÜCA sus intmznm.
— ¿:5 bregónundo ePmundo estádesplomindósegfli’ ima
IN gende ‘Dios inspira, respeto; lïotcuandoies‘ Hflmína
z='- dor ó veneeder; ‘en condiciones" má-S"g'r;ífles" alar
í mantes; es cuando ‘el hombre npirecelüeñpétu‘ so. La
52-1‘! vanidad‘- de/su orgullo renace en" él, paaá€6‘e1 pe
lo w- ligro.
Las nobles y aun sublimestarmoníás -—dé 1a' familia,
u-ï’ ‘ de lwnataraleza, de ia páfiriá, bafsían-ïtoarïjflefllcar á.
-' “t ‘Estudfiestas un interés granüe, religioso‘; 132161500,
J J- ‘ Ï En todas-hs ocaéiófies se'-vé.áï'lh anciahidáfl ante
u ¡el pueblo, rocíuïïandoüïl‘ sítioïwléfláreferregïcïafi-‘Ï man
‘ ‘dandopï la multitud. cY— alrededldg"‘suyoïïnñfhijas,
'* ‘Wódmo ima corona..de’hermovas-flol‘eá. En” ’ i123 estas
‘—’ ‘ fiestas, tanlámablefvompqñiza rmdfpha blau
_ r- có"có1no respondiendo la 1ta_¿:_i9‘n‘_'(_esta “es; A ojor
’* ‘ '-'baÏ1dem ‘tricqloflüñlfin ‘aquelgmómflñtofiíé. nieta.
pronunciaïéósuñaïabras’ fifiiá, "eneáutádo ' , alar
uz . qhaïhïesrde ellhs broeárán pijobgylépffifg“ 3 día si-, ‘
i 11gb
nos héroes?’ ' — -- sm? ía V’
2 ' m: ‘En aatprae-ebionciiviicsrz1e Issfiromafiudyaeaefinaur. ‘
' tiré, un bénzrjóveiï marfehabangvahgïoregggitmano
"Z ‘ -‘1,áñ'a—palma (abr; ¿sin inbéñpcïpnij ‘flgï. fMÉÍbEJjEnJD/snn
‘-"_' ' “NóJMuchqQ ' nsdbáh‘ en cdnqhisláláxwï‘ ""‘
"Ba ‘Daufñ 51a waleitná-‘ptbvinüji ‘ueïsüüïéïpïó la
1" revolucion," lzó numerosas. fédéivaci nah ¡éflqas al- ‘
’ ' deus: qiüdrádefsfiïfbñïla" firpvjïnéiáïféütéïá} jfiïïpïcüomu
' ‘ ‘nidades rurales dela frontéfaübajo‘ ¿P415 de la.
_¿
¡.. «sabzsyag-iá 30's’ pasos» dé losiémliïgït-áfigis’,‘"ï(i ’v gran
‘ V‘ des’ flebtasr Bátállonee: de zmpíeresïde‘ .enes y
13-» ¿ag "mans. ái-ïiáfidómïxesfllabzfix, en’ Máübeüfl muy
5‘? "M513151660; llévaïídd-áflyhtïálïfifip_flfi¿‘__ ane
"¡“.'_“jarïd'gi'l'á.“daïïaéïa'üéáííüda ¿ón gszfgraaaj-‘¡sïoputjy sin
-'r»r .' «guisa» qúe áe"atr'ibuyéh ¿las frandéshü." —'-: 'I“‘_‘
.2 HfVLDgbo-contar _1‘a ¿hjefóíca- ïnieiativazjdgfi, ylejas y
“W de -A2n’.g'ers,'p31és'qü,eriáh páflilfifffiiggfndo á.
fmu-¡ïtihggíïa ájjmïádá.’ de"'Anj<_)u,"ïlé'Brdtgïfimïgffle mar
"-’° “¿haha cóñtfá Ramas; ‘y r‘ lsbinaïsn parflééá ¿‘sïta pri
‘ ti‘ “L-men ‘éïüïádfifflefia ‘libértad, .. yá‘ . Pflzïïiflo con
las el númerdüe‘ ¿ds jbornbatientéfi.‘ q: rándo a’.
“mu; 1 ‘¿a1 y hamaca.‘ Jurssbandnoiehzmgár
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3; fuertes};jmpfesionizbïes,[Iajesfiergi za. de
‘J;- ïh.’Witt:‘Wflïsfloszrwentïas 192m ‘sir: corazón‘ esta
fa???‘ ‘i . ,1,Sage‘E9539"9:g;*;i°?:3€“~ïIí?*vt??a
-_.__.,;,.,‘.i’<??'€n fre‘; ¿‘Wi ,03, ¡ïtzpsaáfiaïnfiqrtotxo
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°IV°WEQVÉ'.ÉÚF,L?Ï°‘ÍÏE‘ É°'Ï-‘-5¿1;'V%°1Q“.d¿lfipatrla.
‘Übahajzfieéïiïï’rsééïítszs. íïdesïïsnps. más
L}, “ïrüïoeïrï. ïïïabrhlfe< 1°,? hómlïrev .r..rí1,i2mos;w más
i, “Éïrnpaexénp a; po; prest:‘1r_'servip1ps _;)_or__ felfbiéq de la
‘ ühaïátr¡a_ ¿m 4.1 .. L. >— , ¿lung _,;;._ _
‘ÏJ ‘Sr?’ Yeïa-álzagfñuierïes 4° 1.a Yídapeïblíváfïiïvïdan
.ï__"’%.ív!6ïq?5 1193125 "Iïáïdféïcoáïafltp qerecb‘o‘;á'éïlárïcomo
1,1918‘ ‘ni, ïvtés-ïi, 14s‘ W931"Sïkïïrïtïïiflxïéfltfl"á‘#65 hom
_ mnvïiïfegg‘ ¿‘tíos no; m, jïeïdglfzíïízïé’) dülsh ‘rifdirïmien
qïïp únfellaé uefle ‘perder láïényzlflxylvfilfïlásus hi
éwírïííers’ áiflm ' hlï"'iiór“lá'_ páffirïg‘, Ïzieren ’
, _ ahnyentar legrmgles. }f"ánñ¿ülí‘él3seïío"del¿ milla,
‘íbzïfiofiiofeátáïlga ¿layer rtjé>;% ga¿ssva{;¡e¿ug_ig á. todos
z: ¡Iasrfiafvfq qksl-"Qéf 1031’ ¿she? _‘,‘-“y¡'z’tj’lft¿á‘viéijzírias y
‘¿F19 ‘ilérrbtaï’ e‘ igwqïegïsx; 321333 greïaréétófïabmogo? Nó;
J enwAfrioa amb‘: an" cfllasifiiïálñás? fivlaïéíbïres que
. ‘íflieátfásflí "íficyégónébaten
¡«3"',Elq'_no"á5 V
“ÁfïjïñïúÏhgg éagfigfgzirjgïoïors‘hóïílffifeyrïéünidos
‘eiiofgïaraflreúií fugaz cütfiijhïfiacíon
“MP3 éálxfablbnal,’ entra‘ ,'éáiéiïf‘ï—eg—cn m, y .
71.???
L“ ' ' ïíïüffisrgfiaxxé ehjfofi" rfiárpárte’
‘¡Üflíféfifífiy ‘gbïarflbn “tïsfïipujgpeh; fsfidmite
eïx.losi'asun
i tos ‘ ve que alïéqn_a_ bien del ísïffiáfifdïntima
__ ' ’L‘ rÍ de

fié éfif ¿’estas- flestas’


. ‘sfiár-sïnïlrïtaïsï’? ‘L todos
‘actdrgifïhbmbïfiéí‘mhjtíresfl’ y Ss; to
N Ïnfáïví ejólïastg érrecjetxvfacïü v.
i . ira; ¿mi q ino"c_omdnórï*givzgghamó_ i124: de la
' A ‘BtrfiiáïdPeÏIef"ófreCÏá¿ ',I¿-'*’dé1i05i_fa_láa‘fe¿n el al
. ' \ ‘nólïíïqï-pfiiifiülpásl’€o*de;‘una_jdfi'enda,
e - 4,6 ïiásüifïgilïiáí“’fides‘por‘bbéa' ¿’siïmadre
ü :3 ser}: Í, ’ malaria-w ¿gama de
ü Qfefitáü%olbbáü’clfidiáfelï’ poder
“e ¿m?éliffhïuiafiïá“éáïieraífïawdé'wlíarla.
A gfióïrxúiïífiérïéxïlfinflapaï actor. En
" g‘ ÍÏÉÜÜH pfiüjéffiiïbglstrado por un
_,¡ k0 J innuorEcA POLITICA nn LA msnm.
V Ahí los teneis: á. la edad delá á 1Q años‘, se apartar:
: Jps jóvenes de sus madres ya armados, llenos de valor
g z yfuego. Estos otros, aun más pequeños, cuyos brazos
tan débiles api-nas saben 10mm!‘ direccion. parecen ya.
el prólogo de los soldados de Austerlitz... Su mano ha.
‘I: producido la felicidad; han cumplido el feliz augurie,
e " han coronado la Francia. Hoy-día, débil y pálida, se
sienta bajo esa coiona eterna, é imponeálasnaeiones.
_ y ¡Grande y feliz generacion , nacida en tales mo
,_. , mentos,‘y cuya primera mirada se dírijió ¿aquella
' ' sublime perspectiva! ¡Niños bendecidos en el altar de
la pátria, ofrecidos 3'. ella por vuestras madres , y
» con resignacion heróica dados ála FrancialmLos
n . mque de tal modo nacen, son inmortales. Ilabeis gus
tado en tan sublime din el elixir de la inmortalidad.
Y nun aquellos á quienes la historia no ha, nombra.
do, no por eso dejais de inculcar al mundo con vues
tro espirituysin nombre, el sublime pensamiento que
porla tierra estendist is. ._. '
Yo no, creo que haya. habido una época en ¡[ue el
corazon del hombre se haya. mostrado más_,grnnde,
- mas espontáneo, sobreponiéndoseá las distinciones
,., de clases, de fortunas y de,partid0s_.. '
En las ciudades. sobre todo, no se, distinguió más
al rico que al pobre, al noble que al zplebeyo; la
admiracion fué para todos igual; las invitheiones fue
ron para todos sindistincion. Desaparecieron las divi
siones sociales, las discordias; los enemigosse recon
ciliaron, fraternizaron las sectas opuestas, ioijnismo
que los creyentes, los filósofosflos protestantes y los
católicos. _ y " .z . A;
Ensan Juan de IaGuardn, ceros degiláix, el po
tentado y el pastor se nbrazaban ante el‘ tempio. Los
católicoshcond ujeron á. laiglesiaá lbs protestantes, y
el pastor ocupó elsitio primerwelsitio rnásjbqnroso
Los mismos/honores se hicieron á los protestantes
- por el sacerdote cristiano,’ ebcual, colocado en un
distinguido lugar,’ pronuncie un serÏrnon puramente
e católico. Las religiones jmisrnás fraternizan. en el
_ lugar de su másjenóarnizada. lucha, en Céfilcnnes,
,1,’ '¡ sobre lastumbasïisïe‘siisjpnfiepasádos, los cuales se
55.:“ mataron iínosáfotroq ,-_ y. sobre las aun calientes ho
-_,_, ueras, ‘loseoruzonespe ensanebaroii; la prosa, no
,. — astó, yuna, especie de.‘eríu}pci,o,u_‘1iqetica pudo es
presar ug_,pqco un sentimientb tanvyrófuífisdg‘, el sa
“"1°*°:°ï!ï°%ó—-himn°s_á Ianzbensaqlzr, sígalwde
LAB munnzs mr. LA nsvowcxon. L1
respondió con cantatas; su mujer, madre de una res
petable familia, en el momento en que llevó á. sus
hijos al sacro altar, ensanchó su corazon con versos
patéticos.
Este papel, casi pontifical, de una. madre, no nos
debe asombrar. Las mujeres, mas que Pontífice,
son símbolo de religion.
Entonces, una jóven pura. se creía capaz de arran
car del sol, en vaso ardiente, el fuego que debía. a:
der ante el altar de su pátria. '
La revolucion no necesitaba dudar para entregarle
sus más altas, y sublimes funcionesj pues que es co
m0 el alma de la familia, como perpetuidad de la
raza humana, como alegría suprema. del corazon, el
mismo altar vivo.

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las damas jacobiuasuïao), -..,¡'¡Ï: a

El mismo día del. 6 de octubre del 9€), en que


Luis XVI, abandonando á Versailles, firmó el acta
capital de la revolucion, la declaracion de los derechos,
habia enviado al Rey de España su protesta. Adop
tó la idea de huir á Austria, y volver á. Francia con
gente armada. Este proyecto, recomendado or
Breteuil, el favorito de Austria y el de María- n
tonieta, fue reproducido por el arzobispo de Pamurs,
que obtuvo del Rey el pleno poder para que Breteuil
se entendiese con las naciones estranjeras; negocitr
ciones seguidas por Mr. de Fersen. un suizo perso
nalmente querido por la Reina, hacía. muchos añoil,
y á quien hizo venir espresamente de Suecia, y al
que confió semejante asunto.
Por cualquier lado que se considere la situacion —
de Francia en el 90, se vé una inmensgy gruesa ca
dena, ya interior, ya esteriormente, colocada contra
la revolucion. Si no encuentra una fuerza enérgica
de asociacion, perece. No son las inocentes federa
ciones las que la conservarán. ‘Si, necesitan asocia
ciones mas fuertes. Son necesarios los jacobinos,
asociaciones vigilantes de la autoridad y sus agen
tes, de la astúcia del clero y de los nobles. Estas so
ciedades se forman por si mismas, y se estionden por
Francia.
He visto en una acta inédita de Roiien, que el 14
LAS uvnzsrzs nz LA mzvorucios. 43 u;
de julio de 1790, tres amantes de la Constitucion (es-r
te es el nombre que tomaban los jacobinos), se re
unieron en casa de una señora viuda, rica é influ- -
yente, y la hicieron prestar el juramento civil. Se
cree ver á Caton y Marcio en Lucano:| - -
«JUNGvNrUa mcm conrnrmous AUSPICE Bnuro.»
Enviaron fieramente el acta de su federacion á. su‘
Asamblea nacional, que recibía al mismo tiempo la
de la gran federacion de Rouen, donde. aparecieron
los diputados de sesenta ciudades y de medio millon
de hombres. r ‘ . ‘- 7
Los tres jacobinos son , un sacerdote, limosnero de
la Conserjería, y dos médicos. Uno de ellos tenia un
hermano, á, quien trajo consigo, y era impresor del
Rey en Rouen. Añadid dos niños, sobrino y nieto de
la señora, y dos jóvenes de su clientela ó su casa.
Todos los ocho prometieron ante ese nuevo Cor
nelio prestar el sacro juramento. ' a ï
Pequeña sociedad, pero firmey completa. La se
ñora. (viuda de un comerciante ó armero), represen
taba las grandes fortunas comerciales; los médicos,
la capacidad, el talento, la esperiencia; el sacerdote
es la misma revolucion; no será cura mucho tiem
po; él es quien escribe, copia, y envía el acta á la
Asamblea nacional. El es el agente del negocio co
mo laseñora es el fondo.
Por eso es completa tal sociedad, aun cuando no
se ve’ en ella una de las indispensables y útiles figu
ras, un abogado, un procurador. El sacerdote del
palacio de Justicia, de la Conserjería, limosnero de
los prisioneros, confesor de los necesitados, ayer
dependiente del Parlamento, jacobino hoy y como
tal escribiendo á la Asamblea nacional, vale por
tres abogados. '
No nos debemos asombrar de que una señora sea.
jel centro de tan reducida pero fuerte sociedad. Mu
— jeresentraban en esas asociaciones, mujeres princi
pales, con todo el fervor de sus ardientes corazones,
con un ardor demasiadamente ciego, llenas de afec
ciones é ideas, con el espíritu del proselitismo, y con
todas las demás pasiones de la Edad media, arraiga
das en sus sensiblgs y tiernos corazones, y sin em
bargmsofocadas enteramente para entregarse al ser
vicio de la mueva fé. ' _'-
Todo cuanto aquí decimos ha sido suficientemen
te probado. Y así como aquella dama 5011;“ NÏÓ 00""
“ BIBMOTECA POMTICA DE LA IBERIA.

vertirse á. otra religión á. toda su familia, ípermane


ció ella israelita, asi tambien esta, despues de per- -
der á su marido y su hijo, siguió armando con fervor
la revolucion. Rica y sola, fue incitada por sus ami—
gos á obtener lucros permitidos, á. causa. de las va
riaciones introducidas por el nuevo sistemubrino
dándole. á que consagrarse su fortuna en la, adquisición
de bienes nacionales.
Ella lo rehusó, porque amaba. la revolucion por
los bienes que había de producir á. todas las clases,
no por las ganancias que. ella pudiera prometerse con
el nuevo régimen.
¿Por qué esta pequeña. sociedad hizo ó constituyó
su federación aparte? Es que Rouen, en general, le
parecía demasiado aristocrática; es que la. gran fe
deración, compuesta de sesenta ciudades, con sus
jefes MM. de Estouteville, dflerbouville, de Se
vrac, etc., toda aquella federación mezclada de no
bleza, no le parecía, demasiado pura: es, en fin, pot
que ella se constituyó el '6 del mes de julio, y no el
14 del mismo mes, dia sagrado por la célebre y sie
seadn toma dela Bastilla. .
Pues en el 14, aquellos, fieramente [separados en
tre sí, llevaron á. cabo la santa. jornada. No quieren,
pues, confundirse; bajo fines diversos, son ellos una
clase selecta, como lo eran la mayor parte de los
primeros jacobinos, una clase de noblezas en que el
dinero, el talento, el l valor, estaban unidos á lane»
bleza del corazon, á la nobleza del nacimiento.
CLAPITULO VII.

El Palacio Real en elaño de Sou-Emancipacion de las mnjev


ÏfiS.-—Ïú\ 611CV?! de los jacobinos.

El derecho de las mujeres a la igualdad, sus títu


los a la influencia, al poder político, fueron recla
mados en el año 90 por dos hombres muy distintos:
el uno, elocuente orador, espiritu calorosmarornan
cesco; el otro, el hombre más grave yautorizado de
la época. . i . -
i Entremos en el mismo lugar de donde procedió la.
revolucion del 12 dc julio. en. el Palacio Real, en, el
circo que entonces ocupaba la mitad del jardín. Pa
semos por alto la descripcion de la multitud ó la ple
be agitada, esa densísima nube de mujeres, entrega
das por si mismas a la libertad de la naturaleza.
Atravesemos las estrechas galerías de madera, al
fombradas y llenas de estufas, y pasando por medio
de un oscuro callejon, por el que hemos pasado más
de quince ycces, nos encontraremos en medio de!
circo. - '
¡Se predica! ¿Cómo será. atendido el ‘orador, en
aquel sitio, ante una. reunion tan mundana y llena
de preciosas y equivocas mujeres‘! Al primer golpe
de vista se podría decir: «se predica para jóvenes be
llas...» Pero nó: la Asamblea es más grave, hay en
ella una infinidad de hombres, ilustres académicos, y
otras personas de-distincion: al pié de la tribuna- se
Vé áMr. de Condorcet. ' '
Mas el orador es un sacerdote, ¿no es verdad? Su
raje talar así lo indica: bella figura, de cuarenta
‘años, ardiente palabra, muchas veces seco y ‘violen
E6 í nmmorrca POLlTlCA m; LA 1:32am.

to, sin ninguna uncion, el aire audaz, y un poco fan


tástico. Predicador, poeta _(',» profeta, quien habla es
Mr. Fauchet. Este nuevo San Pablo habla entre dos
Thécla: la una, _que no le abandona nunca, que de
buenaó mala gana le_ sigue al club, al altar; tan
grande es su fervor: la otra, una holandesa de buen
corazon y noble espíritu; es níadama Palm Aelder,
‘la oradora entre las mujeres, que exhorta constante
mente á. su sexo a la emancipacion. _
Estas vagas aspiraciones tomaban una forma ar
diente yprecisa en las doctas y elocuentes diserta
ciones del secretario de’. la Academia de Ciencias.
Condorcet, el 3 dejulio de 1790, formuló la demanda
de la admision dc las mujeres al derecho de ciudadanía.
Con este título, el amigo de Voltaire, el último filo
sofo del- siglo XVIII, puede ser legítimamente con
tado entre los precursores del socialis r 0. . _
Pero si se quiere ver a las Inujeres en plena accíon
política, es preciso, Edesde el Palacio Real, marchar
un poco mas lejos, á.' la calle de Saint Honoré. La. ‘
brillante asociacion de los jacobinos cuesta época,
que cuenta - en su seno una multitud de hombres
instruidos y nobles, ocupa la iglesia de los antiguos
monjes; y en la íglt sia, en un ámbito claro de ella y
á horas determinadas, dan asilo á. una sociedad tira:
ternal de obreros, á los cuales los jacobmos esplica
ban la Constitucion. =
En las cuestiones de subsistencia, de peligro pú—_
blico, no iban solos los obreros; las inquietas mu
jeres, las madres de familia, llevadas por los su
frimientos domésticos, por las necesidades de sus
hijos, van con sus mariios, se informan de los ma
les y de los remedios. Muchas mujeres, ó solteras, ó_
dejando á. sus maridos en sus trabajos, van solas, y
solas discuten. Primero y brillante origen de las so
ciedades de las mujercs . -
¿Quienes había que mas se ocupasen que ellas de
la revolución? ¿A quiénes se les hacían más largos
los mesesy aun los años? Estaban en aquella época,
mucho más violentas que los hombres.
Mardat estuvo muy satisfecho del valor de sus
mujeres (30 de diciembre del‘ 90): gozaba pintando
el contraste entre la energía de aquellas mujeres
del pueblo en aquel subterráneo, y la frívola‘. y esté
"il charlatanería de la Asambleajacobina que a su
‘edor se ajitaba.
. iv,» r ¿‘ -' ' 1 CAPIÏÜI-O VIII.

Í
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_ ‘.,;r<,.— . ',
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¡‘— Fí’ Los salones.-—Ma'dáme Stael.


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ÍÏÍÏ’ ,. —\‘ , -', I,‘ y’ r

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dos
‘Eldllerentes
¡’genio de madainestaelha
maestros y dos distintas
sido dominado
ideas: hasta
el año de 89 por Rousseau, despues por ltíontesg
¡quie-u . _ _ " .
' , Tenia 23 anos en el 89,,Ejercia sobre Neker, ‘ su
padre, a quien gobernaba por entusiasmo, una
poderosa accion. Jamás, sin la intercesion de su
ardiente hija, el banquero genovés hubiera mai»,
"qhado tan lejos en la vía dela política. Ella es- _
taba entonces llenade ardor, de confianza; creía
firmemente en el buen entendimiento del género
humano. No ‘estaba aún influida por los media
nos adoradores de que luego se vió rodeada. Siem
jprg madame Stael fué gobernada por el amor.
Así‘, el que tenia por su padre, hacia que- fuese
uno-nde‘ los ‘hombres mas. avanzados; y en ‘reali
i dad, en un “momento, se elevó a gran altura por su
.fé.‘_Bajo la inspiración‘ de su hija’, no hay que dudar
lo, se lanza a la difícil empresa del sufragio univer
sal: medida ardua en un país tan numeroso y tan
poco adelantado; medida contraria a su carácter,
poco monforme con las doctrinas que antes y des
pues esposo. _ _
El padre y la hija, espantados de su audacia, bien
pronto retrocedieron un poco. Y madamestael, 3d‘
miradora de lau/Inglaterra, que no conocia a fondo,
L8 BIBLIOTECA POLÍTICA DE LA IBERIA.

fue entonces la persona más brillante, más admira


da. y más elocuente; pero en su totalidad, permí
tasenos decirlo, fue una mediania, aunque conquistó
tan alto nombre. '
Pai a. nosotros, no dudamos en afirmarlo, en su
primera época es donde existe su originalidad ; su
gloria, en el amor á. su padre y el valor que le ins
piró. Su mediania, en el de sus apa-ionados aman
tes, los Narbonne, los Benjamín Constant, etc, que
en sus salones, dominados por ella, no se resistierou -
á. las sugestiones de intimidad.
h_ Volvamos al principio, es decir, alpadre y á lo
Ua- i, ,, ._ . .
Mr. Neker, banquero gnnovésí, se había casado ,
con una dama suiza, cuyo solo defecto fue su abso- '
¡uta perfeccion. La jóven Neker había atormentado ‘
á su madre, cuya dureza formaba un doble contras
te con su naturaleza - fácil, espansiva y movible.
Su padre que la consolaba, la admiraba y era el
objeto de su adoracion. Se cuenta que habiendo ala- .
bado Neker frecuentemente al viejo Gibbon, la. niña
se quiso casar con él. La jóven Stael era confidente 1
delos secretos políticos de su padre, y tomó de el a
sus buenas y malas cualidades, como la elocuencia
y la hinchazon, la sensibilidad y la demasiada ¡de
‘clamacion; Cuando Neker publicó su famosa f‘ ont-pie
rendu, tan diversamente juzgada, le presentó’ ‘f: día
‘una elocuente ‘apología de su trabajo. llenafide ¿sus
siasmo, inflamándose (letal modo su ..corazon que
el padre no se engaño’ y reconoció a suhija.‘ Éxito};
ces tenia 16 años. . . .fi ' -
Amaba ¿su padrecomo hija, le admiraba como
escritor, y le veneraba como el ideal del ciudadano,’
del filósofo, del sabio y del hombrede Estado. No
toleraba á quien no considerase a Neker “como
á un semi-dios, virtud estraña, original, ‘y másalar.
mante que ridícula. Cuando Neker, en (su ‘glorioso
j triunfo entró en París, y apareció en "el balcon ‘del
Hotel de Ville, entre su mujer y su hijajesta llego flá
la plenitud del sentimientoy se enorgulleció contan
ta felicidad. _ . ‘y _ ‘ “ .
Recibia grandes impulsos de su corazomcom ara
tivamente á su talento. Despucs de la huido. e su ‘
padre y de la pérdida de sus primeras ‘esperanzas,
leyendo á, Rousseau y zi. Montes uiemren susypm
dentes teorías constitucionales, se izo romántica en
‘ I’ ÉÏPáUL .113 wifi; t
:""IÍ :1; ‘)'I!— ¡f "i
S "i v "1 "'_ otra‘
.3‘ .1: , .___._ ,:_,
LAS Morenas m: LA nzvowcxon. L9
amores, y hubiera querido amar á un héroe. Su
esposo, _el honesto y frio embajador de’ Suecia,
Mr. de Stael, no satisfacia ninguna de las condicio
nes de su ídolo. No teniendo ningun héroe que
amar con su espíritu caloroso, determinó crear uno.
Encontró á un hombre que era su ideal: valiente,
ardoroso, espiritual, Mr. de Narbonne. Aun cuando
no existia gran heroicidad en su pecho, creyó que,
que el impulso de ella bastaría para que conquistase
aquella alta prenda con su ardiente corazon. Le
amaba, sobre todo, por los heroicos dones de que le
quería revestir. Le amaba, es necesario así espresar
nos, pues era mujer, por su audacia y fatuidad. ‘
Estaba mal mirado en la córte y bien en los salo
nes. Era verdaderamente un gran señor; lleno de
elegancia y galanteria, pero mal visto de los suyos:
de modo , que tenia una existencia equivoca. Lo
que más violencia causaba á las mujeres, es que se
murmuraba que era fruto de un incesto de la fami
lia delLuis XV. La cosa tal vez no fuera muy invero
símil. Cuandoel partidojesuita quiso destruir á. Vol
taire y a todos los ministros que participaban de sus
ideas (los Argensons, Mauchault, aunque hablaban
de los bienes del clero), había necesidad de encon
trar un medio de anular la influencia que en el co
razon del Rey ejercía la Pompadour , protectora
de aquellos innovadores. Una hija del Rey, viva y
ardiente, polonesa como su madre, se dispuso para
serlo como otra Judith, por su obra heroica, santifi
cada por el fin. Era estraordinariamente violenta
apasionada, loca por la música, por lo cual la dirijia
el poco escrupuloso Beaumarchais.
— De aquí toma origen la tradicion del hombre bello
espiritual, que llevó al nacer un amable apresura
miento para sacar de quicio á todas las mujeres.
Madame Stael tenia una circunstancia mala para.
toda mujer: que no era bella. Tenia las facciones
grandes y gruesas, y sobre todo una deforme nariz.
Tenia el talle muy ancho, y el cútis demasiado ás
pero. Sus gestos eran más enérgicos que graciosos,
y dominaba sus salones con actitudes viriles, con pa
labra poderosa, que hacia un notable contraste con
el tono conveniente a su sexo, y que hacía dudar
muchas veces si quien la pronunciaba era mujer.
Sin embargo, solo tenia 20 años; bellisimos brazos,
un cuello hermoso a lo Juno, y magnifico; cabellos
50; nismorncn normes. m: LA mama.
negrosgue, cayendo en_ gruesos búcles ,' prestaban
un sorprendente ‘efecto a su rostro, y aun relativa
mente hacían. parecer 1113.8‘ delicadas sus facciones y
mucho menos hombrunas. — ' ' —
¿Pero lo ué arrebatïabajo que hacía olvidar todos
sus demás efectos, eran‘ sus ojos; ojos negros, gran
desflasgados, llenos de fuego y cspresion, y queen
ellos se revelaba el rayo del genio y la bondad, asi
comolas demás pasiones que germinaban en aquel
corazon. Su mirada wralia un mundo. Y al verlase de
ciaque era latinas’ buena y bondadosa‘ de todas las
mujeres «lel orbe’. No había ningun enemigo suyo
que despuesde mirarla y oirla, no dijese ‘aun a su
pesar: «La buena, la noble, la escelente danza.»
Retiremos 1;, palabra de genio, y reservémonos
esa sagrada palabra. Madame Stael tenia un grande
y sublime talento, y cuyo’ origen era ‘cl corazon. La
profunda novedad, la sutil invencion, esos dos dis
tintivos del genio, nunca se encontraron en ella.
Trejo, naciendo, un desacuerdo completo de ele
mentos hasta la más completa irregularidad, como
la que existía en casa de Neker, su padre, pero que
neutmlizó la rcsolucion de este en gran parte, pues
la impidió elevarse y la retuvo en una limitada es
1era. Los parientes y amigos de. Neker, eran alema
nes establecidos en Suecia, labradores enriqueci
dos. liladame Stael tenia algo, si no tosco, al menos
algode fuerte, que escluia el tinte de lo delicado.
De ella Juana Jacques. su madre, habla la dife
rencia del acero al hierro.
Justamente porque era labradora, a pesar de su
talento, de su fortuna, de su noble entereza, mada
me Stacl tenia la debilidad de adorar a los grandes
señores. _Admira.ba al pueblo que creía eminente
mente aristocrático, á, Inglaterra; reverenciaba a su
nobleza, ignorando que ella es reciente, sabiendo
muy malla historia de que siempre estaba hablando,
y no sospechando siquiera el mecanismo por el que
la Inglaterra constituía su nobleza. '
No la faltaba mas que el gran fascinador del mun
do, clamor, para hacer creer a aquella apasionada.
“mujer, que podía colocar al joven oficial á. la cabeza
de un moyimiento, tangrande como el‘ que entonces
se operaba.‘ De modo, que la jigantcsca espada de la
revolucion pasaria, como gaje de amor, de manos de
una nrujerá las de un joy-en fatuo. Esto era bastante
¡‘q .
‘I.
LAS MUJERES DE LA REVOLUCIÓN.

ridículo; pero lo más ridículo era que quería, con


una política bastarda, constituir una libertad casi
inglesa, con’ una asociacion con los Jeuillants, ya.
terminada, y otra con los Lafayette, casi concluida.
Robespierre y los jacobinos suponían que madame
Stael __l\larbonne estaban en connivencia con Brissot
y la. ’ irondajy que ‘unos y otros se entendían con
la corte para precipitar a la Francia y ocasionar,
por ‘medio de la guerra, la contrarevolucion.
Todo esto era romano.‘ L0 que "se ha sabido hoy
día, es que la Gir-onda detestaba a madame Steel,
que la córte aborrecia á. Mr. Narbone, que se oponia
al aventurado proyecto de la guerra- zi que se la. que
rialanzany con razon pensaba que, al dia siguien
te, dado el primer golpe en fitlso, acusada de trai
ción, Se encontrarían en un peligro espantoso, y que
lflarbonne y Lafayette no tendrían ni un mcmento
que desaprovechar, y la Gironda, recojiendo la es
pada tan villanamente abandonada, la volvería con
tra el Rey. 4"
«¿No veisL-«decia Robespierrc,—que al aplaudir es
ta guerra tan pérfida, por la que se nos quiere entre
gar alos Reyes de Europa, procede por instigaeío
nes del embajador de Suecia?» Esto era suponer que
madame Stael era la mujer de su marido; snposicion
ridícula, cuando tan públicamente se la veia perdida
de amor por Narbonne, con el objeto de ilustrarle,
' ¡Hé ahí é. la pobre Corina! Tenia veinticinco años,
era demasiado ardiente, apasionada, generosa, y es
taba muy lejos de ocuparse de una traicion política.
Los que observan y conocen la naturaleza, mejor
que el mas sutil lógico, comprenderán perfectamen
te esto quefiaunque á todas luces inmoral, es real,
verdadero; ella, en caso, sería movida por su aman
te, no por su marido. Ella tenia un gran deseo de
ilustrar al primero en la cruzada revolucionaria, y
se ocupaba muy poco de que los golpes hiriesen de
rechazo al ilustre dueño del embajador de Suecia.
El 11 de enero. Narbonne, habiendo recorrido en
su viaje las fronteras, vino á. dar cuenta a la Asam
blea. ¡Verdadero cuento de cortesano!
Ya por precipitacjon, ya por ignorancia, bosquejci
un cuadro espléndido de nuestra situacion militar,
¡presentó enormes cifras de tropas, exageraciones
de toda especie, que mas tarde fueron rebatidas por
unallïemoríaixrov notable del entendido Dumouriez.
52 BIBLIOTECA POLÍTICA. DE LA IBERIA.

La caída de Mr. de Narbonne, ocasionada por los


girondinos, despertó de repente en madame Stael un V‘ _ ;
gran celo realista.
Ella propuso un plan de evasion para la‘ familia
real. La córte creyó que no se debia poner con se
guridad en manos tan-ligeras. Refugiada en Suiza
durante el Terror; despues del Tcrmidor, participan
do ciega dela reacción, cambió bruscamente en el
96, apoyó al Directorio, y participó del golpe de Es
tado que salvó á. la República.
Bonaparte la odiaba, creyendo que había auxilia
do a Neker en sus últimos trabajos, tan contrarios á
su política. No encontró otro medio mejor de alejar
la, que decir que ella se le había declarado, cosa na.’
da probable en aquella época, en que estaba entre
gada en brazos de Benjamín Constant, que hizo la
oposición a Bonaparte. Se suben las ridículas perse
cuciones del Señor de Europa, el destierro de mada
me StaeL-la prohibición de su Alemania, y las estra
ñas proposiciones que la hizo muchas veces. Bona
parte, cónsul, la ofreció devolverla dos millones,
prestados por Neker, y mas tarde, se los reclamó por
escrito al Rey de Roma. '
En 1812 se vió precisada a huir a Austria, Rusia y
Suecia. La tierra le faltaba, cuando ella escribió sus
Diez años de destierro. Madame Stael se había casado,
en 1810 con un oficial, enfermo y herido, Mr. de
Rocca, jóven de veintiun años. Ella murió en 1817.
Finalmente; mujer escelente, buen corazon y gran
talento, quizá sin los salones, sin las medianías que
la lisonjeaban, sin las amistades a que allí se entregó,
sin las miserias del mundo murmurador; del mundo,
permítasenos la frase, escritor, se hubiese en ella
‘encendido la brillante chispa del sublime genio. '

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su Los salones-Madame de Combi-cet. "

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5 Cási enfrente ‘de las Tullerias, al lado opuesto,


frente al pabellon de Flora y del real salen de mad
(Tagle de Lamballe, está situado el palacio de la Mo
ne a. ,
Allí hay otro salon, el de Mr. de Combreet, que
un contemporáneo llama la hoguera de la Repú
blica. ' ' . ' -
Este salou europeo, del ilustre secretario. de la
Academia. de Ciencias, vió en efecto concentrar en su
seno, de todos los puntos del mundo, á los hombres
que albergaban el pensamiento republicano de aquel
fiémpmAl fin la idea fermentó, tomó cuerpo, y en—
contrósus fórmulas. Pero la primera iniciativa, se
gun hemos visto, perteneceá Camilo Desmoulins. En
junio del 91, Bonneville y les Corderliers, dieron la
primer señal.
El último filósofo del-siglo XVIII, el que sobrevivia
á. todos para. ver sus teorías lanzadas ‘al campo de
las realidades, era. Mr. de Combreet, secretario, de
la Academia de Ciencias, suceor de D‘Alambert, el
último corresponsal de Voltaire, y el amigo de Tur- '
‘got. Sus salones eran el centro natural de la. Europa
1380835.013. Toda nacion, como toda ciencia, tiene su
determinado lugar. Los estranjeros distinguidos,
despues de haberse enterado de las teorías france
sas, iban allí 93 buscar y discutir su aplieacion. Tales
54 BIBLIOTECA POLÍTICA m: LA xsimxA.
como el americano Tomás Paine, el inglés Williams;
el escocés‘ Makintorch, el genové: Dumont, el ale
man Anarcharchis Clootz; este úitimo no tenia n0
ticia de que existiese semejante salen, hasta. que en '
el 91, todos se hallaban en el reunidos. Tamhien es
taba continuamente su asiduo amigo, el médico Ca
banis, siempre melancólico, y que había. allí tras—
portado su tierno y respetuoso cariño hácia Mi- »
rabeau. .
Entre todos resaitaba la noble y virginnl figura de
madame de Combi-ect, que Rafael hubiera elejido
como tipo de la. metafísica. Todó en ella era. talento,
luz; ante su vista todo se esciarecin, todo se distin
guia con perfeccion suma. Ilabia sido canonesa, y
menos parecía una señora, que una. noble señorita.
Entonces tenia 27 años (22lmenos que su marido).
Acababa de escribir sus Cartas acerca de la Simpatía,
libro de análisis, finoy delicado, donde bLljO el velo
de una estremada reserva, se siente In melancofia
existente en un corazon, al cual algo le ha contra-v
riado. Vanamente se ha. supuesto que ella, ambicionó
10s honores, elfavor de la córte, y que no consi
guiéndolo , su despecho ¡laynrzïojó a. lwnevglnciop.
Nada más lejano que esp de st; noble cuisicter. ' f, ¿_.
L0 menos inverosímil ‘es lo queseidijofiambieh;
que antes de casarse Combreet, ella le dechrógne
su corazon no era libre; que amaba.’ sin, esperanza;
El sábie,—-dicen,—perd0nó tal ceguedad‘ con 1l':'l.\C,:}-¡
riño paternal, y la aceptó á pesar de aquella dee???
racion. ' ’ .- ,
Dos años enteros-segur: Iairadioion e-wíirzíeren
como dos espíritus. En el «S9, fue mu: ‘ ‘mádgzzïipj
Gombreet conoció le ardiente pasipn quede inspira
ba aquel hombre,‘ en la apariencia fri0¡ cbrnezgzógï e
que
amarsualpecho guardaba. suelpropia
gran ciudadano, bondzz á!, (y sii ,_L1e‘: »
alma tierna

seo de la felicidad del linaje humano, Entonceá 10,5


encontró jóven, pero con 1:! juventud eterna ¡degíng
gran idea, de un hermoso-desee. El, u no. ¡lili
tuvieron
la. nació abril
Bastillaben nuevedel
_meses despnes‘
aím.90-., _. ., de 13;’," cms,
' " L J de

Combreet, á. la edad. de 49 añogrseïencbïiïïffiáá
jóven en efecto: con todos aquellosïflsqcesos 39g — Ï
’za'oa una nueva vida, y eraelaitflercera. Había, _ _.,_ <
la vida de matemático con Dflilambcrt, ¡‘a Yi ¿en
con Voltsiive, y ahora se emharcaflsnmnxgiagefiaq
—' ¡v ¿"I r""": ‘. Si» ¿Ü-‘Jq-ÏJÜÍ).
a,xÏ1’.'( q, ¡ ,, ¡, y 1_¡w7¡_.¡{‘q.|¡'¡.‘¿’.d: ¿“,9
LAS nuseass m: LA REVOLUCION. , 55
la vida política. Había estudiado el progreso, era
preciso en tales circunstancias ponerle en práctica ó
manifestar su marcha. En toda su vida 'se habían
reunido en él dos facultades, casi apartadas siempre,
la firme razon y la fé inmensa en el porvenir. Firme
contra el mismo Voltaire, cuando le encontró injus
to; amigo de los economistas, sin ciega pasion por
ellos, se mantuvo con la misma independencia á.
presencia de la Gironda. Se lee aún con admiración » ' ‘
su defensa en favor de Parígcontra el monopolio de .
las demás provincias, que era el pensamiento mis— '
mo de los ‘girondinos. r 3.‘;
Este gran espíritu siempre se hallaba en guardia,
advertido, y dueño de s1’ mismo. Su puerta se en
contraba siempre abierta, cualquiera que fuese el
trabajo que hubiera que eneargarle. En un salón, en
medio de la multitudjestaba pensando; nada le servía -
de distraccion. Hablaba poco , entendía perfecta—
mente todo; de todo se aprovechaba; jamás olvidaba
ni la más mínima cosa. Toda persona especial que le
interrogaba, le hallaba mas especial aún en el asun—
to de que se trataba. Las mujeres estaban asombra—
das, casi espantadas, al ver que sabia la historia de
sus modas, desde su más alto origen, sin olvidar el
mas insignificante detalle. Ante el público aparecía
como ¿m hombre frio, porque jamás descubria a
nadie su corazón. Sus muchos amigos no conocían
su amistad mayor ó menor, mas que por el interés
' secreto que mostraba por servirlos en sus asuntos.
«Este es un volcan cubierto de nieve,» decia D‘Alambert.
Se cuenta que siendo jóven había amado, y no es
perando nada, había, en un esceso de dolor, intenta
do suicidarse. Entonces, escarmentado y maduro,
con un corazon no menos ardiente, esperimentaba
para su Sofia un amor contenido, inmenso, una de
esas pasiones profundas, tanto mas terribles, cuanto
más contenidas se encuentran: más profundas que la
vida misma, y que no se pueden sondear.
¡Notable época, en que las mujeres eran dignas
. y.’ de ser amadas, de estar confundidas en el corazon
del hombre, en el mismo ideal en que se ,unlan la
patria y la virtud! ¿Quién no recuerda los últimos
¿Siinstantes de Camilo Desmoulins, en los cuales sus
ag amigos le suplicaron no publicase su Viejo Cordelier
- ¿ïy su petición al Comité de Piedad? Su Lucila, olvidan-v
. dose de que era esposa y madre, se arrojó á su cuello
"w "

P:
¡‘Í
I ,,
..
56 BIBLIOTECA ¡»orinar n: LA xauu,
ydijo: «Dejadle; ¿por qué no le permitía seguir su
destino?» — - l
Así. ellas gloriosamente se consngraron al matri
monio y al amor, elevando la fatigwda frente de sus
esposos en el momento de ir zi espnrar, é inculcando =
en su corazon el deseo de la inmortalidad.
‘ramhien ellas la. alcanzaron, y vivirán eterna
mente. Siempre los hombres venideros sentirán no
hacer conocido á. mujeres de tal sublimidad y ‘cora
zon. ¡Siempre tendrán unelevado lugar en toda alma.
ardiente y apasionada! '
Había como una señal de tan trájico suceso en el
rostro y en la espresion de Condorceet. Con una con-_
tinencia tímida (como la de los sabios, siempre s0
litarios en medio de los hombres), tenia algo que
indicaba paciencia, tristeza y resignacion. Sus ojos,
nobles y dulces, llenos de una, ideal seriedad, pare
cian mirar el fondo del porvenir. Y su espaciosa
frente, capaz de contener la ciencia, parecía un in
menso aimacen; un tesoro precioso de lo pasado.
El homb e era más profundo que fuerte. Siempre
hablaba con debilidad. La universalidad. estendida
en un objetm, es causa de la. inaccion. Añadamos á,
esto que, viviendo en el siglo XVIII, pasó su vida en
el siglo XIX, y que sostenía sobre sus hombros todo
su enorme peso. ’
IIabia obmrvado todas las discusiones, grandezas
y-miserias. El. sin embargo, tenia fatalmente algu
nas cemtradiciones. Sobrino de un arzobispo jesuita,
debía mucho al poder de los Rochefoucauld. Aunque
pobre, era noble, y su nombre era el marqués de
Condorcét. Su nacimiento, sus relaciones y otras
muchas cosas. le atraian al régimen antiguo; ycon
txt-estaban admirabiemente estos antecedentes -y re
cuerdos, con su salou, su casa, su mujer.
liladzrne Condorcéet, nacidafien Gruochi, canonesa
entusiasta de Rousseau y de la revolucion, salida de.
su posicicn medio eclesiástica, para presidir un,—sa
lon, que era la reunionide los libres pensadores, pa-‘.
recia una noble sacerdotisa de la filosofía.
Gondorceet y ella le exhortaba
La crísísrdejunio á que seápronunciase.
del 91, obligaba decidirse

Era preciso elejir, entre sus relaciones, sus prece


dentes-y sus opiniones.s,Ezi cuanto ti. los intereses,
nadiïiizifluïan en semejante hombre. 8010,10 gue le
hubiere siesta-io, era quelalïcpúblicr, (É';‘,’:’C‘L>l2—'JC3cl1
\
_ me azuaznzs m: LA nzvomcror. 57
do toda grandeza y_ superioridad natural, no encon
trase digna de ser reinaa su Sofia. «v3.4
Mr. vie la 'R0chefOUC9.\11d, su íutimoxamigo, no
desoonfia-ba de poder neutralizar su republicanismo
como el de Lafayette. Creía dirijir fácilmente al szí—
bio‘ modestwal hombre dulce y tímido, que tantos
favores había debido a su familia. Llegó a afirmar
en pública que Condorcéet participaba de las ideas
realistas de Siéyes. Así se le comprometía, y al mis
mo tiempo le ¡presentaba la. agradable ¡aerspectim
de ser nombrado gobernador de Dauphin.
Estos rumores esparcidos en ‘determinados sitios,
le obligaron á. declararse más pronto de lo que 10 hu
biera hecho quizás. El ‘l.° de julio hizo anunciaron la
Boca de fuego, que hablaria en el Círculo social acerca
de la. República. En un ingenioso discurso reiÏutó
¿las objeciones que a la República ‘hacían sus ad
‘ï-“versarios , y concluyó con asombro universal di
ciendo: «Si el pueblo se reserva nombrar una Con
vencion para decidir si se ha. de conservar ó nó el
Trono; si el derecho hereditario continúa por unos
cuantos años entre dos Convenciones, la potestad real,
en este caso, no es esencialmente contraria á los derechos
de los-ciudadanos.» Aludia a los rumores que corrían,
sobre si se le iba á. nombrar gobernador de Dauphin,
í que en tal caso, sobre todo, aprenderia á. saber apar
'- tarse del Trono.
Esta apariencia de indecision, no agradó mucho a
los republicanos, y chocó á. los realistas. Estos se
vieron más confusos cuando se repartió por París
una proclama espiritual, escrita por mano muy gra
ve. Condorcéeqfué su eco probablemente, y se le hizo
secretario de la reciente sociedad que frecuentaba
‘su salou. La proclama era una Carta de un ¡duen
Ïanzrricano, que por una suma morigerada, se ofrecía
zi proporcionar al país un Rey constitucional. «Este
Rey,—-decia,—sera un 1, maravilla en sus reales fun
ciones, concurrirá alas ceremonias, se sentará en
ellas convenientemente, ira á la mesa y tomará. de
manos del presidente de la zisamblea, la lista de los
ministros que la mayoría designará... Mi Rey no sera
ppeligrosopara 1au-,__li'beri:ad, y tratandole con cuida
do, será eterno, que es aun mejor que ser heredita
rio. Se podrá declarar inviolable sin injusticia, y ser _
a infalible sin, cometer un "absurdos
58 BIBLIOTECA POLITICA nz LA ¡LERM
eon placer se embarcaba en el focéano de la. revolu
cion, no ignoraba los peligros que iba á correr. Lle
no de fé en el porvenir lejano de la. especie huma
na, no tenia menos fé por locpreseute ; mas no ¡se
hacía ninguna ilusion acerca. de su situacion , y co
nocía sus escollos. Los temía, no por él, pues hu
biera dado gustoso su vida en aras de la pátria, sino
por aquel hijo adorado, nacido despues del sagrado
hecho de julio. Despues de algunos meses se infor
mo’ bien de la puerta por la cual podría huir su fa
milia en un momento de peligro, y se trasladó a’. una
calle cercana á la. gran puerta de San‘ Valerio.
Todo se aplazó, y de etapa. en etapa. el suceso se
verificó. Llegó, pues, el momento decisivo para el
mismo Condorcéet, y este hombre tan prudente, se
hizo enérgico en pleno dominio del Terror. Redactor
del proyecto de Constitucion del año de 92, atacó
con energía y demasiada violencia. la. Constitucion
del año 93, y tuvo que buscar un asilo para librarse
de la. general proscripcion. ‘

rre-viv cerrñferv-"m".

n-ar- o . un .... '. Ü ,.


Continuacioir-Madame Condoroéet (94).

(El amor es fuerte contra la pálida. muerte.» Y los


tiempos de muerte son quizás los de más triunfos;
porque la muerte incita al amor con yo no sé qué
actitud y fuego, de amargos y divinos gustos que no
son propios del mundo miserable.
Leyendo el audaz viaje de Louvet, a través de
toda la Francia, para encontrar á. la persona á
quien amaba, y asistiendo á. aquellos momentos en
que reunidos en la caverna del Jura, caen uno y
_ otro en sus brazos desfallecidos , casi espirantes,
¿quién no dice cien veces, qOhlhMuerte; si tú tienes
tan misterioso poder para trasfigurar las alegrías de
la vida, tienes verdaderamente las llaves del cielo?»
El amor salvó á. Louvet. Había perdido á. Desmou— -
lins ayudándole en su heroísmo, y no dejó tampoco
desaber la muerte de Condorcéet. '
El 6 de abril de 1794, Louvet entraba en París pa
ra volver á ver á. su Lodoiska, y Condorcéet salia para
disminuir los peligros de su Sofia.
Esta. es al menos la esplicacion que se puede dar
á. la fuga del proscrito al abandonar su asilo. __
rvíigDecir cómo se ha hecho, que Condorcéet salio
de Pai-is para ver la campiña, seducido por la ¿pri
mavera, es una esplicacion muy estraña,inveros1mil
y poco seria. u
60_ BIBLIOTECA POLITICA DE LA IBEPJA.

Para comprenderlo es necesario pintar la situa


cion de la. familia.
Madame deCondorcéet, bella, jóven y virtuosa, es
posa. del ilustre proscripto, que por su edad podia
ser su padre, se encontraba. en el momento de la
proscripcion y del secuestro de sus bienes, falta c0m—
pletamente de toda clase de recursos. Ni el uno ni
la otra. tenían medias para. poder huir. Cahanis, su
amigo, se acercó á. dos médicos. célebres despues,
Pinel y Boyer. Condorcet fue colocado por ellos en '
un lugar cási público, en casa de la señora Vernet,
cerca. del Luxembourg, donde se recibían pensio
nistas para la habitacion y ln. comida, Esta señora
se condujo admirablemente. Un montañés que vivía.
en la misma casa, 1 ‘que conoció ‘desde luego a’.
Condorcet, se mostró con él tan bueno y tan discre
to, que el mismo filosófo que gozaba de los favores
y de la‘ proteccion del montañés, no llegó á com
prender hasta, los últimos días, que aquellas deferen
cias no eran debidas al hombre oscuro , sino al sá
bio virtuoso que había sido reconocido. - -—
‘Madarx e de Condorcet habitaba en Auteuil , y
tados los días iba á París á pié, Encargada í de una.
hermana del viejo gobernador, enferma, y» cuidando
de un niño, necesitaba vivir para dar. á. los suyos la.
vida. Un jóven, hermanodel secretario de Condorcéet,
tenia para »ella enla calle de Saint-Ilonore’, en nel mi
mero 352 (á. dos pasosde, la casa de Bobespierre),
una pequeña tienda. En la. trastienda, ella hac a. re
tratos. Muchos poderosos fueron á retratarse. Pero
ninguna industria prosperó bajo la época. del Terror,
y se causaba de anunciar su industria como la. som
bra. de aquella. vida tan poco segura. El atractivo
singular de pureza y de dignidad que había en aque
lla mujer, conducía hácia ella los más violentos
enemigos de su esposo.
¡Cuánto debió escuchar su casto oido! ¡Cuántas
‘palabras duras, crueles, debieron herir su delicado
corazon! Por la tarde, muchas veces, cuando osaba
hacerlo, temblorosa y con el corazon agitado, iba
háeiala calle de Servandonis, calle sombría, en
, charcada y como oculta pqr las torres de San Sulpi
cio. Temiendo ser conocida, subía con ligero paso á
la. habitacion del gran hombre; su amor, y sobre
todo su amor filial, daban á Condorcéet algunos mo
mentos de alegría y satisfaccion. Inútil es decir que
\

LAS nun-mes nz‘. LA nnvomerox. 6!


le ocultaba cuánto padecía - en las ¿diferentes horas
del dia en que tenia que° dedicarse-á. su modesta é
iinprovísadaándustria: "las humillaciones, las bárba
ras lígerezas de algunos de los concurrentes, todos
los suplicios para su alma herida,‘ a precio de los
'. cuales alimentaba á. su familia y a asu-esposo, dismi
nuyendo la ira de unos con su paciencia, encantan
do á los coléricos con su dulzura, y haciendo retener
los arranquesrde» aquellos impetuosos, cual‘ sí fuese
el» hierro suspendido sobre las cabezas, y suspendido
de un cabello. Pero Gondorcéet penetraba-demasiado
en el alma’ de su esposa para no adivinar todo aque
llo; leia en aquella pálida sonrisa» la-xmuerte de su
tierno corazoqzv-Poco espansíwww, sin embargo, todo
se lo ocultaba; pero alguna {vez ‘cometia algunas
imprudeneias “que pudieran haberle perdido, oca
síonando‘ la muerte de" lo que mas amaba en el
mundo. , " ' . '
¿Qué había hecho para merecer aquel suplicio‘!
Nada; había tenido poco respeta á los gírondínos.
Lejos de ser federalista , habiardefendido el derecho‘
de París ingeniosumente , y’ demostrado la — venta
ja de la centralízacíon en aquellos momentos, en
esta capital. ' »
El nombre deRepúbliea, el primer manifiesto re
‘ publicano había; sidobscrito en su‘ casa, yhabia sido
lanzado por susamígos cuando Ro-bespierre, Dan
ton, Vergniaud, se hallaban todos ‘en elípoder. Ha
bía. escrito, es verdad, el primer ‘proyecto de Consti».
tucion, impracticable, inaplieable, por el cual ‘nunca.
la máquina. se hubiera podido poner’ en movimiento.
“¡Tantas barreras y límites ‘ponía al ‘poder, ytantas
seguridades daba al-indivíduo! La terrible palabra
de Chabot de que la. Constitucionpreferida, la de 93,
no era. más q’ e un inmundo lodazal, un medio hábil
e de organizar la- díctadura, no la habiapronunciado
Condorcéet, pero habla demostrado’ swverdad en una.
_ disertacionfuriosa; Pero Chabot‘, espantado de su
propia audacia, creyó reconcilíarse con Robespíerre,
hacíendodesterrar á- Condorcéet, sobre quien hizo
recaer toda la responsabilidad de la frase y sus con
secuencias. '
Cohdorcéet, que había demostrado la verdadde
aquella terribletfrase el 31 de mayo, sabia müY P15“
que al hacerlo,‘ ponía ent gravísimo riesgo su Vida;
así es que se preparó á. todo evento, hacïend‘) que
BIBLKOTECA POLÍTICA DE LA IBERIA.
Cabanis le preporcionase un veneno enérgico. acti
vo, que siempre llevaba consigo.
Fuerte con tal arma, y pudiendo disponer de si,
quería, desde su habitacion, continuar la polémica,
el duelo de la lógica contra el cortante acero, y des»
truir el terror con los brillantes cimientos del lumi
noso edificio de la sublime razon. Tal era su fe pro
funda hacia ese dios del siglo XVIII, en su infalible
victoria por el buen sentido del género humano. A
Un poder dulce y magnético le detuvo; poder ÍIl-'
vencible, soberano: la voz de su amada esposa der
ramando lágrimas, abandonada a ¡las violencias del
mundo y espuesta por él, pues por él vivía, á. aban
V donar tan tristisima vida. Madame Condorcéet le
exijió el sacrificio más terrible, el de su pasion; en
medio del combate interno, el de‘ su corazon. Le di
jo abandonaseásus enemigos a aquel iracundo y
furioso mundo que alrededor suyo se agitaba, y que
tomase posesion de su inmortalidad, poniendo por
obra la idea que en su corazon se había albergado
de escribir un Cuadro de los progresos Izumanos.
Grande fué el esfuerzo. Apareció en el autor la
ausencia de la pasion y la frialdad triste y austeta. -
¡Cuanta elevacion unas veces, cuanta frialdad otras!
El tiempo pasaba. ¡Cómo saber si existiría al dia si
guiente! Retirado, no viendo en el invierno del 93
mas que los descarnados troncos de los árboles del
Luxemburgo, precipitándose los días tras ios días,
y las noches tras las noches, le parecía que felizmen
te había de decir en cada hoja y á. cada siglo dela
historia; «Llegó una época libre de la muerte.»
La vitalidad de las ciencias, 1a poderosa inmorta—
lidad parecían reflejarse en su libro y en él. ¿Qué son
la historia yla ciencia en general? La cruel lucha
contra ‘la despiadada muerte. La vehemente inspira
cion de un alma inmortal, para comunicar la inmor
talidad, le llevó hasta elevar sus votos proféticos di
ciendo: wxLa ciencia vence-rá á la muerte , y entonces
nadie morirá.» _ .
¡Sublime desafio 9'. la muerte, de la que estaba ya
próximamente amagado! ¡Notable venganza! Ha
biendo refugiado en su alma la felicidad del género
humano, y asegurádose en sus infinitas esperanzas
de la salvacion futura, Condorcéet, el 6 de abril se
puso su sombrero de lana y su traje de obrero, y
abandonó perla mañana la casa de la señora Ver
LAS MUJERES DE LA REVOLUCIÓN.

et. Esta adivino el proyecto de Condorcéet, y le


¡ _ mpidió la salida; pero él burló su vigilancia por me
,. dio de su astucia. En un bolsillo llevaba enemigo
‘ fiel, su libertadorfi en el otro, las obras del poe
ta romano que escribió himnos a la libertad mo- .
ribunda:

¡,1 _ . Altera jam teritur bellis ei villibus mas;


l 5 zïustumat tenacem propositi virum‘. . .- .

;
Et cuneta terrarumsubacta,
Praeter atrocem animum Catonis.
A_ ,.
Camino todo el dia por el campo, Por la’ tarde en
tró en la encantadora ciudad de Fontanay-aux
Roses, llena de gente instruida; hermosa poblacion,
en que el mismo secretario de la Academia de cien
ciasse asoció, por decirlo así, al poder de Voltaire,
y donde tenia muchos amigos, casi todos cortesanos,
pero todos prescritos. Quedaba la casa de Petit
Mondges, como 1a llamaban Mr. y madame Suard.
. Suardppequeño y. gracioso hombre, y su esposa,
viva y gentil, eran instruidos, aunque no se habían
lanzado á. escribir libros; publicaban, sí,.. cortos ar
tículos, noticias sentimentales; en lo cual se distin
— guía la señora. Nadie turbó su vida. Siempre fueron
amados, influyentes y considerados, hasta su último -
dia. Suard murió siendo censor real.
Al negar á su casa el‘ proscrito, se turbó el so
siego y la tranquilidad de que gozaba aquella fa
milia. Se ignora por qué causa; pero lo cierto es que
inmediatamente Condorcéet se marchó por una puer
ta. del jardín. Segun dicen, esta puerta debía. endon
trarla abierta, y la encontró cerrada. El egoísmo
de Suard no es suficiente para dar crédito á. tal tradi
eion. .
Se afirma, y lo creo, que Condorcéet abandonó á
París por no comprometer á. nadie, y que tampo
co queria comprometer á. los Suard, sino que fue’.
a su casa á pedirlos alimento: se lo dieron, y hé
ahí todo. d‘ -— _
Camino dia y noche por un bosque, pero se canso
pronto; y este hombre, caminando sin reposo de
aquella manera, cayó estenuado de fatiga. -
Se detuvo, abrió el libro del poeta romano para
64 memoriam POLÍTICA es Lrmnu.
aliviar su corazon. Todo le denunciaba: su’ aire, su
libro, sus blancas manos. Los perteneeientesal 00
mité republicano de Marmat, le acusaron de‘ traidor
á la República. Le quisieron conducir á. sü distrito?!
pié; pero no pudiendo andar. le metieron en un carro
y le condujeron á la cárcel de Bour-le-Reíne.
Se debe acusar á la República de parricida, por el
crimen de matar al último filósofo del siglo XVIII, y
sin el cual, ella no hubiese existido. °
CAPITULO XI.

‘Sociedades "de mujeres-Olimpia dc Couges: Rosa Lacombe.

Los jacobinos se llamaban Amigos de la Constitu


cion, y la sociedad que se reunía en sus salones, se
llamaba «Sociedad fraternal de patriotas de ambos
sexos, defensores de la Constitucion.» Ilabia tomado
esta sociedad gran preponderancia en mayo. del 91.
En una ocasión solemne en que protestó contra los
decretos de la Asamblea constituyente, firmaron
dicha protesta tres mil.
Recibió en esta época un miembro ilustre, Mr. R0
land, que viajaba para París.
Desgraciadamente sabemos muy poco de la histo
ria de las sociedades de las mujeres. De algunas no
tas de los periódicos, de las biografías, etc., es de
donde se pueden recojer algunos datos.
Muchas de estas sociedades fueron fundadas del
90 al 91, por la brillante improvisadora del Medio
día, Olimpia de Gouges, que como el grande y su
blime Lope de Vega, escribía una comedia cada día.
Se ha dicho, sin embargo, que ni sabia leer ni escri
bir. Había nacido en Montauban, siendo su madre
modista y su padre comerciante, segun unos, y se
gun otros, un hombre de carrera. Algunos la creían
bastarda de Luis XV. Esta mujer desgraciada, llena
de generosas ideas, fue el mártir, el juguete de su
estremada sensibilidad. Fundo el derecho de las mu
jeres, con una frase justa y sublime: «Las mujeres
' 12
66 nmuencn rouncn nn un 113mm.
tienen derecho á subir á. la tribuna, puesto que lo
tienen para subir a ca dalso.» >34"
Revolucionaria. el año S9, fue realista el 6 de oc
tubre, cuando vio prisionero al Rey. Republicana en
junio del 91, bajo la impresion de la huida y la trai
cion de Luis XVI, fue su partidaria cuando se le
formó el proceso. Se la acusaba de ineonsecuencia, y
en su vehemencia meridional, desafiaba á- pistola á
sus detractores. 7 —. ‘kim, . ‘y:
El partido de Lafayette contribuyó á. perderla,
cuando dirijió una lucha contrarevolucionaria. Se la,
hizo dirijir la. lucha; escribir en ciertas circunstan
cias, cosas que no comprendía. Mercier y otros ami
gos la aconsejaban en vano que se detuviese, pe
ro ella seguía. el mismo camino, confiando en la
pureza de sus intenciones; y las esplicó en público,
en una muy notable proclama: La Ficreza dc la Ino
cencia. La. piedad le fue demasiado cruel. Cuando vió
al Rey en la Convencion, republicana sincero, ofre
ció defenderle. Su ofrecimiento fue rechazado. Pero,
desde entonces, se perdió. »
Las mujeres, en sus motines publicos, se endure
cen mucho más que los hombres. fl“ ' ‘I? - eg.‘
Era un odioso maquiavelismo de aquel tiem-p
poner la mano en las snujeres, cuyo heroísmo podia
escitar el entusiasmo, y hacerlas ridículas por los
ultrajes que la barbarie hace al sexo débil; Un dia,
estando en un grupo, Olimpia fue arrastrada por los
cabellos, y se gritaba: «¿Quién quiere la cabeza de
Olimpia por doce sueldos?» Entonces ella, dulce
mente, dijo a su opresor, sin temblar: «Amigo mio,
yo doy treinta.» Y riéndose, se escapó.
No duró largo tiempo su fuga. Llevada al tribunal
revolucionario, presenció el doloroso espectáculo
de ser rechazada por su hijo con desprecio. Entonces
la faltaron las fuerzas. Por una triste reaccion de la.
naturaleza, de la que no están exentos los más fuer
tes, vertiendo siempre‘ amargas lngrimas, se volvió
débil mujer, y tuvo un gran miedo zi la muerte. Se
la dijo que las mujeres habian ido á suplicar se re
vocase la órdon del suplicio. Pero un amigo la c0
municó, llorando, la inutilidad de la súplica. Los
médicos y cirujanos, consultados por el tribunal,
fueron demasiado crueles, y dijeron que, si existía
en ella la locura, había sido tan reciente que no p0—
dia haber influido en sus acciones. i
‘ v
\

tus IUJERES m: LA nsvowcrom 67


el cadalso recobró su valor, y murió recomen
dando á lapatria su venganza y su memoria.
jor, Las sociedades ‘de las ‘mujeres, influyen ahora
fuertemente. La de las Mujeres revolucionarias tuvo
por jefe á. una jóven elocuente, arriesgada, que en la
noche deiwïl}. de mayo. en la reunion general del
Eveobeïazdonde se decidió la pérdida .de los girondi
znosptomóvla‘ más . violenta iniciativa é inflamó los
ánimosde los hombres. Amaba entonces al jóven
Lionaysvíaeclerc,adiscípulo de Chalier e’ íntimo amigo
flerfieqabsfloux, el «tribuno de la calle de San Mar
tin; "¿E3118 ‘predicaciones estendian ideas comunistas.
Lacie-rc, Roux y otros, despues de la muerte de Ma
l zpublibaron un ‘periódico con tendencias demasia
‘ _ retiene: La Som-brade zllarat.
s ardientes innovadores. violentamente odia
' ‘ -" ‘s por Robespierre y losjacobinos, se hacían hosti
les a las sociedades de las mujeres, cuyas novedades
eran bien recibidas.
- hñPor otra parte, las verduleras, ó mujeres de la. pla
casi. todas realistas, yí demasiado irritadas por
i: _ disminucion de su comercio, odiaban a’, las socie
’ adesdetlas mujeres, á quienes, injustamente, las
‘hacían ¡responsables de todo. Más’ fuertes y mejor
alimentarias que estas (pobres obreras), las batian
algunas veces. En cierta ocasion invadieron una de
esas sociedades, e’ hicieron huir a las mujeres á
ggolpazos.
. ¡en Tambien las republicanas llevaban a mal que
das verduleras no quisiesen ostentar la bandera
tricolor, cuando todos la llevaban conforme á. la
ley. En octubre del 93, época de la muerte de los gí
rondinos, acompañadas de los hombres, y armadas,
se pasearon por ‘las plazas é injuriaron a las verdu
leras. Estas cayeron sobre ellas, y con sus robustas
manos las dieron , con gran admiracion de los
hombres, una ¡ndecente leccíon. París, en mucho
tiempo, no habló en sus diferentes reuniones de otra '
"2cosa.
La Convencion falló, pero contra las víctimas, y
prohibió‘ el que se reuniesen las mujeres. Esta gran
¡cuestion social se encontró mutilada como por ca
ïgsualidad. 3,31%‘:- _
47;‘: ‘¡Qué sucedió á. Rosa Lacombe? ¡Cosa estrana! Es
‘ ta violenta mujer tuvo, como la mayor parte de los
‘terrprístas de su tiempo, un día de debilidad y de
¿gt wit: .
>68 BIBIJOTECA POLÍTICA m: LA ini-mu.
humanidad que en otra ocasion la hubiese perdido.
Esto era en el momento trájico de marzo del año
>94. Y ella, al verse en tan apurada situacion, obtuvo
un pasaporte, como actriz contratada para. el famoso
teatro de Dunkerque. o
i En el mes de junio del año 94, la encontramos en
la puerta de las prisiones vendiendo á. los presos
vino, pan, azúcar y otros efectos semejantes; lo
cual constituía. una posicion lucrativa , que por la
connivencia con los carceleros, permitía vender to
dos aquellos efectos á muy diferentes precios. No se
hubiera podido reconocer, en una situacion tan pre
. cária , á. la siempre valerosa fúria del año 93.
Ahora se había vuelto una. infeliz vendedora, como
todas ellas muy interesada, pero siempre dulce y
afable. '
a

la
u. r.

Existia un bellísimo retrato de la hermosa, va


iiente é infortunada Liegeoise, que en el 5 de octu
bre tuvo el gran pensamiento de ganar á la guar
dia de Flandes, destruyendo el apoyo de la Monar
quía; que en el 10 del mes de agosto, entre los pri
meros combatientes , entró en ei castillo con la
espada en la mano, y recibió una bella corona de
mano de uno de los infinitos vencedores.
Desgraciadamente este retrato , destinado a la
Salpetriere, cuando se volvió loca, recuerda la he
róica belleza que animó el corazon de nuestros pa
dres, y les hizo ver en una sola mujer, la bella,
grande, patéticay sublime imagen dela LIBERTAD.
La cabeza redonda y fuerte (verdadero tipo lie
gés), los ojos negros, un poco abultados un poco du
ros , no han perdido su viveza. La. pasion aun se re
trata en ellos , y el rasgo del violento amor en
que estuvo sumida aquella jóven bella y valiente,
desde su más tierna infancia hasta su muerte. ¿Amor
al hombre? N ó (aunque parezca esta respuesta. con-
traria a su agitada vida), sino el amor á la idea, á l
revolucion y á la libertad. '
"‘ Su mirada no es enérgicafestaimpregnada de melan
. colía yde dolor, llena del sentimiento de una grande
ingratitud. Por le demás, el tiempo ha pasado; pe
ro no pasa como él la desgracia.
70 BIBLIOTECA POLKTICA m: LA msnm.
Sus bellas facciones, abnltadas, han tomado algo
ïle ránaterial 321 grolserol. Esgeptolsus cabázllos (íntegros,
o emas se a a. an ona o; e seno csnu ‘o, u -
m3. belleza que queda, de formas puras y virgina
les, como para atestiguarquelainfortunada, entrega
ga ia. cuildar de alas] pusáones ajenas, usó muy poco
e os p aceres e a Vi a. «
Para. comprender á esa mujer, es necesario cono
cer su país; su país walon, desde Tournay hasta
Liege, nuestra. ardiente y pequeña Francia de Men
re , avanzada arrojada en medio de las poblaciones
alemanas de los Países-Bajos.
a con placer cuento, que siendo hostigada una. de
sus villas , solo sus habitantes, que serían unos tres
cientoshornbres, desbarataron á. cnarenta mil para.
iznataiílïfarlos el Temerano. (Htstorca de Franca-a,
omo .
Para comprender los hechos de Theroigne , es ¡Je-
cesatriodccïnolegr t121d salen-te de la. vállalde Liefehese
mar ¡r e a l er :1 , a prlnclplo e a revo uczon.
Esclavos del poder tiránico, esclavos del clero, los
liegeses se sublevaron dos años, y arrojaron de la
ciudad ai obispo, que fue restablecido en su silla por
el Austr1a._ Refugiados eninesa. entre nosotros, 138
llegeses bnllaron en el ejercito por su valor y arub
miento, y no menos se distinguieron en los cluts por
su elocuencia colerlca. Ellos eran nuestros herma
nos 0 nuestros hijos. La mayor solemnidad de la re
yoláicilon eslquizzis aquella en que lapcumuízzdad, ¿adop
an o os so emnemente, paseo por «ans os are ¡vos
de Liege antes de recibirlos en su seno el Hotel de
Ville.
Theroigne era la hija de un sencillo y franco hi
brador, el cual la hizo dar_ uns. buena edueziczon,
ademas de tener ella. gran vivacxdad de espn-itn y
mucha. eloouencla nalturáall: estgroïzfi del Norte tiene
gran semejanza con a e Me 1o 1a. ,
Seducida por un señor aleman, abandonada, muy
adrgiroda en Inglaterra y rodeads dle adorado???
pre ens, entre todos a un cantante 1ta 12m0. que
biéndola entusiasmado, la acojió vendiéndola todos
sus diamantes. * v _
Entonces se hacia llamar, en memoria (‘e su par!
(la Campine), condesa de Campinades. En Francia
» amó á todos los hombres queodíaban el amor. ‘bin
público decittrabs. que odiaba, la iszzinoraliri-zd de WW
LAS ¡usanza m: LA REYOLUCIOK. ‘¡l
rabeau; ella no amaba mas que al seco y frio Siéyes,
enemigo acérrimo de las mujeres. Amaba casual
mente á un hombre austero, á uno de los que funda
ron más tarde el culto dc la Razon, al autor del Ca
lendario republicano, al matemático Romme, tan
feo de rostro como puro y grande de alma: y des
cubrió aquel corazon, el día en que creyó haber
muerto totalmente la República. Romme, en c189,
negaba de Rusia, siendo el maestro del jóven prín
cipe Strogouoft‘, á. quien no tuvo inconveniente en
presentar en los salones de la. liegesa, frecuentados
por hombres como Sléyes y Petion. Esto es bastante
para. comprender que There gne,‘ aunque en una
dudosa. posiciou, no era la doncella de Liege.
I niPasaba
una sola
lospulabra. dadasenque
dias enteros la se pronunciaban.
Asamblea, sin perder

Aun cuando Tneroigne no hubiese hecho nada,


hubiese sido inmortal por un discurso admirable de
Camilo Desmoulins, en una sesion de los Cordeliers. ‘
He aquí el estracto de lo que sucedió entonces:
_ «El orador fué interrumpido. Se sintió en la puerta.
un murmullo como de adulacion muy agradable...
Unajóven entra, y quiere hablar... ¡Cómo! Es The
roigne, con su redíngote de seda roja y su gran sa
ble del 5 de octubre. El entusiasmo llega á. su
colmo. «Hé ahí la reina Saba,—grita Desmoulins,—
que viene a visitar al Salomon de los distritos.» ‘
¡Con un paso ligero atraviesa tod-a la Asamblea, y
sube á. la tribuna. Su divina é inspirada cabeza,
lanzando rayos de genio, se veía entre las apocalip
a fiticas sombras de Danton y de Marat.
¡Si sois verdaderamente Salornones,——-dice The
rolgntïq-probadlo edificando un templo, el templo
de la sacra libertad, el palacio de la Asamblea na
cional... Y le edificareis en el mismo lugar donde
existió la Bastilla. '.
)MiCDtl'aS que el poder ejecutivo habito el palacio
más magnífico del universo, el pabellón de Flora y
las colonias del Louvre (l), le sucederá lo que ála
paloma de Noé, que aun no ha podido hallar lugar
para detenerse. .
¡Esto no puede seguir así. Es preciso que los pue
blos, viendo los suntuosos edificios que deben ocu
_———-———_'—___"__'__"Í"_—__I_—
(l) ‘Se debe leer: «Mientras que el poder ejecutivo habito
ol palacio del Louvre, al poder legislativo le sucedeïg.» etoa
f

73 mueran path-ion m: LA mmm.


par los dos poderes, marchen por la sola vía que
conduce al verdadero Soberano.‘ ¿Qué es un Sobera
n_o sin un palacio? Lo que Dios sin un altar. ¿Quién
reconocerá su verdadero y legítimo culto‘!
_ nEdifiquemos, pues, ese altar tan necesario. Con
‘tribuyamos todos con nuestro oro y nuestras pedre
rias; he’ aquí todo lo mio. Edifiquemos el solo ver
dadero templo. Ninguno es digno, mas queaquel en
el cual se han confirmado los derechos de los hom
bres. París, guarda de ese templo, será. la reunión
de la patria y de los tribunales; será, en fin, su Je
rusalem.» . i '
Cuan o Liege, acometida por los austriacos, fue
reducida bajo su tirano poder en 179i, Theroigne
marchó a su pátria. Pero fue seguida desde París á.
Liege, detenida al llegar, como la eulpabldespecial
del atentado del 6 de octubre‘ contra ‘la ‘Reina de
Francia, hermana delEmperador LeopoldogHabién
dola llevado a Viena, falta de pruebasmstaba furio
sa, sobre todo contra los agentes de’ la Reina, que la
habían seguido y la habían detenido. Escribió su
aventura, queriéndola publicar; y los jaccbinos ha
bian leido unas cuantas páginas, cuando lució cl 10‘
de» agosto. _
Uno de los hombres que más aborrecia, era el pe
riodista Souleau, uno de‘ los más furiosos jefes de la
contrarevolucion. Ella le aborrecia, principalmente,
por haber publicado un periódico que había escitado
la revolucion de Austria contra Liege, titulado La
Tocsím de Rois. Souleau era peligroso, no solo por su
pluma, sino por su valor y susestendidas relaciones
en su provincia y en sus alrededore . Montlorier
cuenta que en un apurado peligro det-m: «Yo levan
taré‘, si necesario fuese, toda mi provincia de Picar
día, y acudirá en vuestro socorro.» Souieau, dema
siado activo, estaba en ‘todos lados, y se le encontra
ba frecuentemente disfrazado. Lafayette. el-SlO, dice
que le encontró así una tarde al salir del Ilolel del
arzobispo de Bourdeanx, Disfrazwdo aún esta vez,
‘armado, la misma mañana del 10 de agosto, en el
momento del mayor encarnizamiento de'la ira po
pular, cuando la multitud, ebria por el deseo del
combate, al cual se entregaba, no buscaba más que
un enemigo’; Souleau, al ser conocidmdebia morir.
Se le detuvo y entró con una patrulla de realistas,
quehacia un reconocimiento por las-Tullerías.
, ‘tnflflrlktfnl L4 nivomcion. ' i 73
' —.“'.'l'h‘e’roígne "sjefpaseaba con ‘un, ‘guardia’? francés,
_ouando'sérdetiiyo"ág Sóúleaiïï’ Sijpereïziajfño‘ era. ella.
' lhqarewnenos: par-té"‘podia"ténery'en'su muerte. Las
‘adulhéiones que eïffavór dei-na había escrito, le de
' bianprotejer, Bajo ei o ppnc_o‘_pdeï'vis¿ta' cabïilleresco,
' enaidebirtdefenaerie‘: hajeupuncqde yïsta queen
‘ ‘tonces domiúahaqá’ ímitacion de los’ ferocesïepubli- l
i.’ -r' “curiosas: la mese
Pgcïiíúbiïco; antigüedad
q-‘uieá* en‘:
fuesedebía; castigar al
Ïel ‘éiiefrííigof Unenemi-
comi- i._

e parto» ‘pugnaïfaïín vano’ por ‘calmar fzïlasaiïguinariu


multitudrïpero “Theifoigne, ‘decifliéndoáefi 511:; imita
f _ ¿ion ‘de: ¡’a -án'ti'g‘ua' crdelïlzfidyrepüblicafifra’, "habló en‘
vpúbïico‘ bongrafsoñigzau: ‘ l‘ - «
'—‘7-‘ Desci’ ‘ritos hombrésïdéïtla Guardia Nacional, de
¡Ïéndih-h 'á,ríos'presos;"p'e'r'o seïdió orden defevitar el
.' _.- ftïerrámñrñiedtóf'tïe"sáfigire'ï"Y sacados’ uno á uno,
— fueron muertos por la multitud. Para ornar el rela- .
to, se dice que Souleau, agarrando un sable á los
“ matadores, quiso morir matando, é inmortalizarse
aqueldia. Unos dicen que Theroigne desarmó con su
manolal hombre ápquien la’ desesperacion centupli
eaba las fuerzas. Y otros,‘ que fue el guardia fran
cés, que además sostuvoyen ‘sus brazos a Theroigne,
que había recibido el primer golpe. -
- Su participación, en el 10 de agosto, además de
una corona que le fue dÍla por los inarselleses, le
granjeó el cariño de los girondinos, amigos de los’
primeros. Y se adhirió más á. ' ellos, por el horror
comun inspirado por las víctimas de setiembre, á.
quien defendió y lloró enérgicamente.
‘ Desde abril del 92. había roto con Robespierre,
diciendo fieramente en un café, «que si e’! sin pruebas
a‘cusaba,,ella le retiraba su estimacion.» La cosa, iró
nicamente contada por Collot-de-llerbois á los jaco
binos, produjo en la soberbia ama zona una escitacion
feroz de ira. Estaba un dim en una tribuna, en medio
de las apasionadas y admiradoras de Robespierre. A
pesar de los innumerables esfuerzos que hicieron
para detenerla. saltó nor encima de- la barrera que
aseparaba la tribuna de la sala, y con atento oido por
ver si se blasfemaba del Dios del templo, pidió ú.
gritos la plabra; mas sin ser escuchada, fuéïirrx jada
del salou. " _ , , _
Sin embargo, aún era popular, y aún era. admira
da y querida de la multitud, por su estraordlnario
valor 'y su estremada belleza. Se imaginó un medio
17,
‘N. BIBLIOTECA POLÍTICA m: LA mama.
para quitarla tal prestigio y envilecerla, por medio
de una de las más ignominiosas venganzas que el
hombre puede tomar contra la débil mujer. Tervigne
se paseaba por las Tullerias; formaron un numeroso
grupo á. su lado, cerraron sobre ella, la arrojaron
al suelo‘, la quitaron los vestidos, y la dejaron a’. la
vista de la. multitud, desnuda, siendo la irrision del
pueblo. Sus gritos, sus súplicas , sus rujidos de
desesperación, aumentabanla risa. de aquella multi
tud bárbara y einica. Avergonzada continuó gritan
do, y. muerta. por aquel ultraje a’. su dignidad, se
volvió loca. Desde el año 1793 hasta el 1817, estuvo
loca furiosa, casi la mitad de su vida, 24_ años. Era.
un espectáculo doloroso, capáz de conmover el co
razon más duro, ver aquella mujer loca, gritando
y maltratándose; aquella. mujer cuya belleza la fué
tan fatal. '
carmto x111.

." l Lg; vendeanasgen el 90 y 94.

-v

En el momentoen
V enemigo como por laque los emigrados,
mano," trayendo
le abren las al
fronteras
del Este. el 24 ó 25 de agosto, el dia del aniversario
de SanBartolome, estalló en el Oeste la guerra de
c la Vendée.
¡Cosa ¡estraña! El mismo dia 25, en quelos ven
deanos ataeaban á la revolucion, la revolucion, en su
generosa. parcialidad, juzgaba en el paisano el largo
proceso de los siglos, y abolia los derechos feudales
sin indemnizacion. 7_ ' '
av En este momento. todas las naciones, Saboya,
Italia, Alemania, Bélgica, apelaban a la bandera.
tricolor, y todas deseaban ser francesas. Y he’ ahí un
pueblo que armándose c’ ntra su madre la Francia,
pelea contra el mismo pueblo. Y estas‘ gentes igno
rantes, desatentadas, gritan: «¡Muerte á la naeion!»
Todo en la, guerra de la Vendée es un misterio.
Es una guerra de tinieblas y ‘enigmas,’ una guerra.
de fantasmas é inaccesibles espíritus Los mas con— ._
tradictorios recuerdos circulan entre el público. Des
pues de un hecho trájico, los comisarios destinados
á ello, llegan inadvertidos, encuentran al paisano en
sus cuotidianos trabajos, a la mujer á. la puerta de
su casa, rodeada de sus hijos, con un gran pañuelo
en el cuello é hilando. Y el gran señor, convida
alos comisarios; estos marchan llenos de satisfac
76 srsuorscA PonmcA m: LA rusnm.
cion, y á la mañana siguiente principian los incen
dios y muertes de la guerra. - ‘
¿Dónde podremos encontrar el‘ gran genio de
la. guerra civil?
Miremos. Nada veo, sino una hermana de la Gari
dad que ca » ina humildemente con ‘la cabeza baja.
Nada más veo. Solo entre dos bosques, una dama
que marcha á caballo, seguida de su escudero , y se
mete por los lugares más recónditos, temiendo ser
vista. , . " '
Por el mismo camino veo á. una honrada labrado
ra con una cesta llena de pan ó de frutos. va apne
suradamente porque qugre llegar a la aldea antes
de anochecer.’ , ’
Pero lahermana de la Caridad, la dama, la labra
dora. ¿a dónde se dirijen? Van por tres distintos ca
mino-‘, y se detienen en un mismo lugar. Todas lla,
man á. la puerta de un convento. ¿Por qué? Acaso
tiene la dama allí á. un hijo á. quien desea ver y es»
_trechar en sus maternos brazos; acaso quiere l;
‘¡labradora venderlos frutos que la madre tierra en
sus fértiles campos la ofrece; acaso quiere la herma
na pedir abrigo enel convento solo por una noche.
' ¿Mas pensaisquede ben tomar órdenes delparrocoï
Si, pero no es aun de día. Es preciso, que el m
‘ cerdote llegue l los ‘sábados confesar’ a . las reli
giosas; peto confesor y director, no solo las diri
'je, sino que por medio de ellas instruye zi otras mn
_ . chas; él confia á. sus virginales corazones. un secreto
‘c
¿que desea se sepa, una sospecha que quiere esten
r
jder, una señal que quiere dar á. conocenAunque
“inmóvil en su habitación, dirije los alrededores del
convento. ' ‘
Con la mujer y el párroco, teneis formada la Ven
dée: la guerra civil.
Pero notad y fijad vuestra. atencion en que , sin
la mujer, nada hubiera podido el sacerdote. '
eciAh malvadasb-decia un oficial republicano. al
llegar una tardeá. una aldea en que solo estaban las
mujeres , durante esta guerra calnmitosa , en la.
que ‘tantos hombres pereciam-Ias onujergs s-n la
causa de nuestra desgracia; sin las mujeres estaría la Ro
pública establecida, y nosotros ‘estaríamos tranquilos m
‘nueslras casas... Marchad; todas sereis fusiladás maña
na. yquevvengaiï despues esos bandoleros á ma
tamos.» (Memorias de madame Sapínaud.)
LAS Murraas m: LA nsvorvcior. 77
No mató zi las mujeres; pero había dado á, co
nocer en realidad en aquella frase, el gérmen ver
dadero dela guerra civil. Este oficial republicano
había sido sacerdote; había dejado la carrera, y
sabia perfectamente que las maquiaaciones secretas
había sido siempre dirijidas y llevadas á. cabo por
la intima fraternidad que existe entre la mujer y el
sacerdote.
La mujer es como‘ la casa; pero son su seguro
puerto la iglesia y_el confesonario. A la. sombra de,
la. santidad pura y sincera, es donde la mujer de ro
. dillas, entre lágrimas y sollozos, recibe y estiende
en su corazon, arrebatado de fanatismo, el verd ero
gérmen de la hoguera de la guerra civil.
¿Qué es, pues, la mujer? Es la. influencia conyu
gal. El marido rendido, duerme, pero ella vela; él
da’. vueltas y revueltas, y llega al fin á despertarse.
A cada instante lanza la mujer un profundo suspiro,
un sollozo comprimido-¿Qué tienes esta i1oche?—
Mira, el Rey está. en el Temple... Al Rey le están
crucificando, como á. Nuestro Señor Jesucristo...——
Y si el hombre- se duerme un. momento, le dice
«que van a vender la iglesia, la iglesia y el presbí
terio... ¡Maldito sea quien tal haga!...»
De este modo, en cada. familia, en cada casa, la.
contrarevolucion tenia un ardiente predicador, celo
so , infatigable, sincero, fuertemente apasionado,
que lloraba, sufría, y que no pronunciaba una sola.
palabra en la que no se ‘descubriese que su corazon '
estaba henchido de un acerbo dolor. ¡Fuerza in- —
menea, verdaderamente invencible! A medida que
la. revolucion , provocada por infinitas contrarie- '
dades, necesitaba herir de repente, ella. recibía otra.
herida, la reaccion de las lágrimas, de los suspiros, _
de los sollozos; lo- gritos furibundos de las mujeresei
herida más temible y mortal que la acerada punta.
de los sangrientos puñales.
Poco a poco, principio a revelarse aquella inmen
sa desgracia, aquel cruel divorcio: la mujer llegaba.
á ser el obstáculo y la contradiccion del progreso
revolucionario que ambicionaba el marido.
Este hecho. el más grave y terrible de la época,
ha sido poco notado. El hierro quitó la vida. a mu
chos hombres; pero existía otro acero secreto, que
cortaba la union de la familia, y que hacía. marchar
al ‘hombre por un lado y a la mujer por otro. *
14 '
ía,
o. u' ln
'78 ' nmncrncngronírrcn m: LA manu.
sEn el 92 se descubrió este hecho trájico y doloro
so. Ya fuese amor al pasado, ya debilidad del cora
zon y natural compasion á. las innumerables vícti
mas dela revolucion; ya, en fin, un gran respeto
y una gran obediencia a los sacerdotes, la mujer era.
el abogado de la czmtrarevolucion. _
Sobre el hecho material de la venta de bienes na
cionales. era sobre lo que naturalmente disputaban
7- éhombre y la mujer.
¿Escste cucstion material? Se puede decir que si y
que nó. y ‘
Desde luego, era cuestion de vida ó muerte para
la. revolucion. No habiendo impuestos, necesaria
mente se tenia que recurrir a los bienes nacionales;
y si’ no se realizaba tal venta, estaba perdida y total
mente entregada a la invasion. La salvacion de ¡a
revolucion moral, la victoria de los principios, era
la revolucion financiera.
Comprar, era el acto que constituía la salvacion
del país. Acto de fé y esperanza.
Esto era decir, que se cmbarcaba en el zozobrante
navío del Estado, dispuesto a salvarse ó perecer. El
buen ciudadano, compraba; el ‘perverso, impedía
comprar.
Impedir, por un lado, los impuestos; y por otro,
la venta de los bienes nacionales: arrebatar los ví
veres .4, la República, y hacerla parecer de hambre;
este eva el plan, muy sencillo, pero muy bien conce
bidopor el cruel partido clerical.
El noble arrastra ba consigo al estranjero, y el
Sacerdote impedía a la Francia defenderse. Por un
lado daba a la Francia el puñal sanguinario, y por
otro la rïesarmaba.
¿Y como detenia aquel movimiento el sacerdote?
Introduciendo sus ideas en la familia, colocando en
oposicion ala mujer y al hombre, y cerrando, por
medio de ella, la bolsa de cada casa en particular,
para las necesidades del Estado.
Cuarenta mil clérigos, cien mil confesores, traba
jaban en el mismo sentido. Maquina inmensa de in
calculable fuerza, que sin dificultad luchó contra la
máquina revolucionaria de la prensa. y de los clubs,
que seguir-nba, si los quería vencer. a organizar el terror.
Pero ya en el 89, 90, 91 y aún 92, el terror ecle
siástico se dibujaba en los sermones y en la confc
sien. La, mujer no se presentaba ante los sacerdote .
l
r _ q;
LAS MUJERES nz LA návoniícrbu. 4 y;
v, _ w319.
sino con la cabeza baja, encorvada de espanto, toda
llena de miedo. No veía en todas partes unas que- el
infierno y sus eternas llamas. No -se.podia ejecutar, -
nada sin condenarse; y icondenándose, era como se j.
podian obedecer las leyes. Y el diablo se lanzaba s0
bre el que, comprando bienes nacionalemseidenrum-ï _‘ .
baba en el abismo y sufría, ‘el ‘horror de los tormen- ,_
tos eternos, ¿Cómo habían de comer ellas con quien’
tal hiciese? Su pan, en aquel momentm se converti
ria en ceniza. ¿Cómo dormir con_un réprobo? El
ser su mujer, _su más querida mitad, bastaba para. ,-,
»
condenarse. » .
¡Quién puede decir las diferentes maneras con que '
se perseguía, acallaba y atormentaba almaridopara _
que no comprasehïamás empleó más diversos ‘blanes
y más estratagemas diferentes, un general óun capi
tan para tomar una ¡plaza sitiada. Aquellos bienes '
ningun fruto reportaban, pues estaban malditos y ya.
se, sa bía lo que pasaba al compraderz-«Juan, que ha.
comprado, le ha caído un fuerte granizo en su p0s,e-_.
sion; ¿y la de Santiago, no se inundó? Pedro está aún y
peor; se le ha caído la casa. A Pablo se le ha muerto
su niño. El señor cura dijo bien: «Así. perecierop los
reciennacidos del Egiptó...» , -
Generalmente el marido nada respondía, y vól
viendo la cabeza, finjia. _ estar dormido. Nunca, aun
que quisiera, pudiera responder á tal cúmulo de pa
iabras. La mujer le embarazaba con la vivacidad de.
su sentimiento, con su natural y patética elocuencia, ,
y principalmente con sus lágrimas. No respondía á.
una palabra que á todas horas diremos. No estaba
rendido todavía. No era fácil que se hiciese contra
revolucionaria su madre, su bienhechora, ,que juz
gaba y le animaba, le hacía hombre y acrecentaba, r
su fé naciente. Y aun cuando nada gauase, ¿nddebía
alegrarse de la inmensa confianzarpopular? No po-r
día despreciar aquel triunfo de. la. justicia, y cerrar
los ojos ante el espectáculo sublime de aquella in—
mensa creacion; ante la vista de un naciente y pode
roso pueblo. _ _. . .
Se spbreponia á sí mismo, sxNo,—decia;—-todo esto -
es justo, y además todos loapoyan; y no, seria un
hombre de. buenas ideas, si aun no lo creyesexjusto.» .
Así estaban las cosas en cási toda ia Francia.
marido resistia, y como hombre, ers. fiel á la revo
lucion. . _ _
80 . emma-rece Porn-ren ns- LA msnm.
Én la Vendée, y en una gran parte del Anjou du
Main y de la Bretgña, le arrastró la mujer, la mujer
y el sacerdoteestrechamente unidos.
Todos los esfuerzos de la mujer consistían en im- V
pedir á. su marido comprar bienes nacionales. Pose
sion tan deseada, del ciudadano, tan ardientemente
ambioneda‘. por él por espacio de tantos siglos; y en
' el momento en que la ley, por decirlo así, se la en
tregaba, la mujer se interponia. y la rechazaba. en y
nombre de Dios. . , - i _
Y en presencia de este desinterés (ciego, pero hon
roso) de la, mujer, ¿el sacerdote disfrutaria de los
bienes materiales que la revolucion le daría? Hu
_ biera decaidocnla opinion de las mujeres, le hubie
ran negado su confianza. -y hubiera descendido del
alto ideal en que su corazon se quería colocar.
Mucho se ha. hablado de la influencia de los sa
cerdotes sobre las mujeres, pero mucho más de la
de estas sobre aquellos.
Nuestro parecer es que_ las mujeres fueron más
sincera yviolentamente fanáticas que los mismos
curas; que su ardiente sensibilidad, su dolorosa pie
dad para. las víctimas, culpables ó nó, de la. revolu
cion; la exaltacion que las produjo la trájica leyenda
del Rey en el Temple, de la Reina, del príncipe, de
madame Lamballe ; en una palabra: la profunda
reaccion de la piedad y de la naturaleza, en su cora
zon, fué la real y enérgica fuerza de la contrarevolu
cion. Ellas dominaron, arrastraron á. 10s que pare
cían conducirlas; impelieroná. sus coñfesores en la.
vía. del martirio, y á. sus maridos eh la. siempre
cruenta guerra civil. s
. e
o . . . ¡"nos . a o a o a o o
a o n . u 1 ' u u n n . u o u
¡Ü n . a o o. o o o

Si elmátrimonio es la union de las almas, el ver


dadero marido es el confesor. Este espiritual matri
mómo es más fuerte, y sobre todo, más puro. El sa
cerdote algunas yeces, era amado con pasion, con un .
abandono, con un arrebato y una galantería poco,
disimulados. Estos sentimientos se mnnifestaroxicon
una fuerza estrema, en jupio del 91, cuando estando
el Rey en’ Varennes. se‘ creyó en la. existencia. ge
una. gran conspiracion en el Oeste, y muchos jefes e
destacamentos prendieron á varios sacerdotes. Io
. 4. n .’¡
... i‘.
n O
0'3
v
rss ‘Marsans mr. ‘LA nsvotucion. 81'
dos fueron perdonados en’ el mes de setiembre, cuan
do el Rey juró solemnemente la Constitucion. Pero
en noviembre se dió una órden’ general para perse
guir á todos los quese- negaban a prestar juramento.
La Asamblea autorizó ‘á. los jefes para alejar alos
sacerdotes refractarios, pues podían ocasionar dis
turbios religiosos. "-
-Esta medida fué tomada, no solo por las ‘muchas
violenciaslcometidas con los sacerdotes constitucio
nales, sino por una necesidad fiolítica"y financiera.
La palabra de órden que todos ellos habían recibido
de sus superiores eclesiásticos, y que fielmente se
guianyera, segun hemos dicho, oponerse ‘á la revo-'
lucion. Ellos creyeron imposible la subida de los im
puestos- Y era esta una. cosa tan peligrosa, que en
Bretaña nadie se quería encargar de ella. Losyugie
res, los oficiales municipales, estaban en peligro de
muerte. La Asamblea se vió obligada ájlanzar el de
cr‘eto de 27 de noviembre del 91, que enviaba. á la,
cabeza de partido á los sacerdotes refractarios, para
-alejarlos de su numerosa comunidad, de su centro
de actividad, de su germen del fanatismo y de rebe
lion, en la que encendian el fuego.
Les trasportaba a la gran ciudad, bajo la pene
trante mirada’ y la vigilancia, continua de las patrió
ticas sociedades. , v‘ e
Es imposible decir los clamores que aquel decreto .
causó. Lasmujeres llenaron el mundo con sus la—
mentos. Había la ley creído en el celibato del sacer
dote, y le desterraba creyendo de más fácil cumpli
miento tal condena que la de-un padre de familia; El
sacerdote, el hombre de espíritu, ¿tiane, pues, pue
blos, y en ellos conocimiento? ¿No es tan movible
como el espíritu deun ministro? A todas estas pre
guntas respondían negativamente, y á. sí mismos se
acusaban. En el_ momento en que se arrojaba de una,
tierra al sacerdote,‘ en aquella tierra se destruian las
nacientes raíces; y las mujeres, creyéndolo, gritaban
y se desesperaban: . Í
«Hé ahí arrojado lejos al jefe del lugar, á diez,
ziquince, a veinte leguas de la aldea.»
Se llorabatan lejano destierro. En la estremada
lentitud de los antiguos viajes, cuando «se necesita-v
ban dos días para salvar tan pequeña distancia, se
aflijian mucho más, El jefe del pueblo era él objeto
de los» miramientos de todos. Para efectuar tal’ viaJe
_ o
a
': fl
l
' ‘81 ¡mueran POLÍTIÓA ns LA manu. .
V‘ o v

_ se necesitaba hacer testamento, y hacer quedar a 13,


conciencia libre. 4 V
‘¿Quién puede pintar las dolorosas escenas de aque
llas tristisimas partidas? Todo 'e1 pueblo reunido, las
mujeres arrodilladas para recibir su última bendi
Cíüïlhllenos sus bellos rostros de ardientes lágrimas,
‘ydespidiendolal sacerdote en medio del murmullo
de los sollozos en los abogados pechos. Las mujeres
lloraban dia. y noche. Si el marido se asombra
ba’, no era por el destierro delcura, de que tanto su
esposa se larnentiba; era porque tal iglesia se iba á
vender, tal convento si. cerrar.‘
En la primavera del 92, las necesidades financie
ras de la revólucion, hicieron decidir la ventade las
iglesias no necesarias al culto, y la de’ los conventos
de hombres y mujeres. Una carta de un arzobispo .
desterrado, ‘enviada a las Ursulinas de Landenneau,
fue interceptada; y por ella se supo de un modo au‘
téntico, que el verdadero centro, el más fuerte gér
men de las intrigas realistas, estaba en dichos con
ventos. Las religiosas no dejaron de aprovecharse de
todo lo que pudiera dar a su espulsion un interés
dramático; se agarraban á los cerrojos y no querían
salir: los guardias municipales, forzados ellos mis
mos por la ley, y responsables de la ejccucion, las
arrancaban de las manos los cerrojos.
Estas escenas , tan repetidas , tan cargadas
de patéticas figuras , ‘turbaban todos los espi
ritus.
Los hombres comenzaban a conmoverse casi tan
to como las mujeres. ¡Admirable y rápido cambio!
El paisano, en el 88, estaba en guerra contra. l:L_
Iglesia por causa del diezmo, siempre deseando abo
lirle. Viene la revolucion, aboliendo el diezmo. Con
esta medida, mas generosa que política, hizo dueño
al sacerdote del cana-mo‘. Y si el diezmo hubiera.
durado, jamás el paisano hubiera dado oidas á. su
mujer, yjamás se hubiera api-estado á. ‘combatir en
favor de la contrarevolucion.
Los curas refractarios, unidos con su jefe del lu-_
gar, conocianperfectamente el estado de las campi
ñas, el profundo dolor de‘ las mujeres, la sombría
indignacion de los nombres. Exitoiices etitrevieron
una esperanza grande’ y principiarun áfcornunioarse,
con el Rey. Le escriben una multitud, de cartas , y
18s contestaoen-la primavera del 91, y ellos le acon—
Langa/roxana nx LA nrvonucxon. 83
¿Ejan la firmeza,_el niugun temor á. la revolucion,
que es una paralizacion, un obstaculo constitucional,
y que profiera el veto. Se le aconseja la obstinada y
enérgica. resistencia en todos los tonos, con argu
mentos diversos y bajo la firma, de diversas perso
nas. Luego ved las cartas de los sacerdotes, escritas
con frases de Bossuet: «Señor, vos sois el Rey más
cristiano... Recordad á. vuestros ilustres abuelos...
¿Qué hubiera hecho San, Luis? etc.» Y cartas escri
tas por religiosas, ó en sunombre, cartas verdadera.
mente alarmantes. Y aquestas palomas piden al Rey
permiso, cuando van a ser arrancadas de su nido,
para permanecer en el hasta mo: ir. Otras veces dicen,
que no acepte el Rey la ley de la venta. de los bienes
eclesiásticos. Las de Rennes confiesan que la muni
cipalidad les ofrece otra nueva casa; pero aquella no
es la suya, y ellas jamás querrán otra.
Las cartas mas astutas, ‘más ingeniosas, y al mis-k
m0 tiempo las más curiosas, son las de los curas:
«Señor, sois un hombre piadoso, no lo ignoramos.
Hareis todo lo que podais... El pueblo esta’. lejos de
la revolucion. Su espíritu ha cambiado; su antiguo
fervor se ha apoderado de él otra vez, y son en él
muy frecuentes los sacramentos. A los populares
cánticos, han sustituido 10s Salmos. El pueblo está.
con nosotros...»
Una terrible carta de este género, debió engañar
al Rey (l), enardecerle, conducirle á supérdida, y
es la de los curas refractarios reunidos en Angers
(9 de feLrero del 92). Pudiera pasar por el acta origi
naria de la Vendee; ‘pues la predice, la anuncia. y
audazmente. En ella se habla alto y firme, como te
niendo en la mano, como un arma poderosa y firme,
una. turba de paisanos a sus órdenes.
Esta sangrienta página parece escrita de mano del
puñal de Bernier, de un joven cura de Angers, que
más que otro alguno, fomento la Vendée, descubrió
sus crímenes, divisó su ambicion y la esplotó en su
interés. - _ .
«¿Se dice que escitamos las poblaciones"! Todo
‘lo contrario. ¿Qué sucedería al reino, si no retuvié
-—"*_' '
(4) '_'_—""—“"‘_—""'.
Estas gartas (conservadas .
en los archwos nacwnalex, nr
mfio ¿e him-m, c. 37, folios del proceso de Luis XVI), su
ministran ¡m3 atenuante circunstancia en _favor de aquel
hombre magenta, timorato, las cuales mortificarlan su inse
guro espíritu.
15
l

8L 1*‘ mms-mea. PGLÍTlCAÜDE LA msnm. - a


semcs al pueblo? Vuestro Trono no se apoyaria mas a
que sobre un monton de cenizas, de cadáveres y
ruinas.-Sabeis bien, señor, todo lo que un pue
blo patriota puede hacer; pero no sabeis bien de :0
qué es capaz un pueblo á. quien se le arrebata su I}
culto, sus templos y sus altares.» _ -
Hay en esta carta, por demás astuta, una notable
confesion, que es la va-touf del clero, y donde lanza
su último grito ante la guerra civil. Declara la causa .
de su desesperacion íntima, profunda, á. saber, el
ser separada de las que dirije. «Se osa romper sus c0
munfcacimzes, que la Iglesia no solo permite, sino que
aulortzrt.»
Estos profetas de la guerra civil estaban seguros
de tal suceso, y no desconfiaban de no engañarse,
predicicndo por lo que ellos mismos hacían. Las mu
jeres de los curas, que los gobernaban tanto a ellos .
como a otros, se sublevaron las primeras-con una
violencia más que conyugal, contra los curas ciuda
danos. En Saint Servando, cerca de Saint Malo, hubo
como una algnzara de mujeres. En Alsace fue el amar
de un cura la que hizo vibrar en el tímpano del oido
la trompa. para combatir á los curas que hablan
prestadojuramento, Las bretonas no gritaban, sino
que h-erian; invadian las iglesias, armadas de sus
cayados, y hacían huir al cura del altar. Las religio
sas daban golpes más seguros. Las Ursulinas, en sus
inocentes escuelas de niñas, inculcaban la guerra en
sus lecciones. Las Ilijas de la Sabiduría, cuya casa es
taba situada en Saint Laurent, cerca de Illontaigne,
encendian la. hoguera; y estas buenas hermanas, te
miendo las desgracias, inculcaban larabia.
«Dejadlas hacer,—decian los filósofos, los amigos
de la toleranciar-deiadlas llorar, gritar, entonar sus
viejos saimos. ¿Qué mal hay en ello?» Si, pero entrad
una tarde en una iglesia de una. aldea,‘o0nde el pue
blo se reune. ¿Ois sus cantos? Y al oirlos, ¿no tern
blais? Las letanías, los cristianos himnos, las anti»
guns y sacrns palabras, en el modo de pronunciar
las, escitan. el corazon del pueblo, tanto como la
valiente Mar. elíesa. Y aquel DiES mas recitado con
furor ¿no es más que una mortuoria cancion, un lla
mamiento á los fuegos eternos?
«Dejadlas hacer,——decian,—,cantan, pero no 09.11;h
san daño.» Mientras tanto, se veían ya. encendidas en
ira las masas. En Alsace, diez mil paisanosse re
v
1
u
_ 1
LAS morenas ns LA REVOLUCION. 85
unieron para impedir el firmar un contrato ‘de bienes
nacionales. '
Estas, buenas gentes, se decia, no tienen, en ver
dad, mas armas que el capelo; pero por la tardete
nian otras: cuando el cura constitucional entraba en
su casa, recibía piedras en sus vidrios, y algunas
veces la bala heria suscontraventanas.
[No se empleaban medios indirectompequeños re:
sortes é intrigas tímidamente planteadas, para colo
car a las masas en la abierta guerra civil. No; se em
pleaban los masgroseros medios para encender los
espíritus, hacer inculcar en ellos el fanatismo, y se
. les encaminaba al error y a la muerte a grandes pa
sos. La bella Virgen Maria se presentaba, y que
ría que se matase. En Apt y en Avignon se presen
tó, y declaraba que no quería permanecer bajo el
dominio de los constitucionales, y los refractarios la
arrojaron en medio de un violento combate. Pero
había demasiada luz en Provence; la Virgen que
ría más aparecer en la Vendée, entre sus masas,
con las ferradas espadas, y en sus impenetrables
filas.
Aprovecho las antiguas supersticiones locales; se
presentó en tres diferentes lugares, y siempre tras
de ella un viejo perro de Suiza. Su lugar querido
era en Saint Laurent, dondelas Hijas de la Sabiduría.
llevaban los milagros y el llamamiento de sangre.
Esta violenta ydirecta preparacion de la guerra
civil; esta tentativa profunda de‘ las mujeres con lo
curas, y de estos con el Rey, y del Rey (medio ale
targado entonces) con los enemigos de la Fran
cia, cuyos ejércitos llamó desde 1791; todo esto,
digo, tuvo‘ é hizo, su efecto. Los realistas cons
titucionales que habían creido poder conciliar _1a
libertad con el poder absoluto, manejar el antiguo
culto, se encontraron cruelmentc desmentidos por_
el mismo Rey y el clero; fueron destrozados; dejaron
su puesto á los girondinos, que mataron el poder
real; alos montañeses, que mataron al Rey, pero
que, con este mismo hecho, crearon en la sensibili
lidad popular y en el inocente corazon de las mujeres,
laarnás formidable y temible máquina de la contra
revolncion, con la triste y feroz; leyenda del infeliz
Rey’ Luis XVI.
.' ,-.'.';,¿ I;
‘Ju.- .- '
.
CAPITULO XIV.

Madame Roland. (Años 4794-4792.)

Para constituir, hacer, inspirar la República, no


eran bastantes un noble corazon y un gran espíritu‘.
Faltaba una cosa. ¿Y cuál? Ser jóven, tener esa ju
ventud en el alma, ese calor en la sangre, ese fecun
do convencimiento, que cree ver en el mundo lo que
solo tiene firme asiento en cl alma. Faltaba tener fé.
Faltaba cierta armonía, no solo en la voluntad y
en las ideas, sino en los hábitos y costumbres repu
blicanos; tener en sí la interior República, la Repú
blica moral, la sola que legitima y funda la Repúbli
ca política; quiero decir, poseer el gobierno de sí
mismo, su propia democracia, y encontrar su liber
tad en la obediencia al deber. Y aún faltaba,——cosa
que asombra y parece coutradictoria,-—que un alma
así, fuerte y virtuosa, tuviese un momento apasio
nado y la hiciese salir de si misma, la lanzase á la
accion.
En los perversos dias de debilidad, de fatiga, cuan
do la fé revolucionaria desfallecia en ellos, muchos
de los diputados y periodistas principales de la épo
ca, iban á. tomar fuerza y valor á. una casa donde
ninguna de las dos cosas faltaban jamás: casa mo
desta, el pequeño hotel británico situado en la calle
de Guenegoud, cerca 'del puente Neuf. Esta calle,
bastante sombría, que sale ala calle de Mazarine,
mas sombría aún, no tiene, como perfectamente se
c

I us Munmns m: LA REVOLUCION. . 87
sabe, otra vista que la de las murallas de la ‘Casa de
la Moneda. Subian al tercer piso, y allí, invaria
blemente, encontraba á Mr. y Mad. Roland, recien
venidos de Lyon. El pequeño salou no tenia más,
que una mesa donde los dos escribian, y la alcoba,
siempre entreabierta, dejaba ver dos camas donde
dormían. Roland tenia cerca de sesenta años y ella
treinta y siete, representando mucha menos edad;
de modo, que su resposopodia pasar como padre.
Era altoy amarillento y flaco, de aire austero y apa
sionado. Este hombre, que se huho sacrificado por
la gloria de su mujer (I), era un ardiente ciudadano, .
que tenia grabada la Francia» ensu corazón; uno de
aquellos viejos franceses de la raza de Vaubin y
Bois Gilbert, que bajo el poder realfno proseguian
menos ‘en las solas vías entonces abiertas , con la‘
santa idea del "bien píibiico. Inspector de manufac
turas, había pasado toda su vida en los trabajos. los
viajes, para buscar la mejora de que nuestra indus
_tria era susceptible. Había publicado algunos de
sus viajes, y diversos Tratados ó Memorias relativas
á ciertos adelantos. Su bella y valerosa mujer , sin
rehusar la aridez de aquellos trabajos, copiaba, tra
duciaharregla ba sus obras. El arte del hornaguero, el
Arte del fabricante de lana rasa y seca, el Diccionario de
manufacturas, habían ocupado las bellas manos ¡’e
Mda. Roland, sin otra distraccion que la cría del úni
co hijo que tuvo.
Estrechamente asociada á sus trabajos las ideas
de su marido, le profesaba un culto filial, hasta pre
parar frecuentemente ella misma los alimentos; una.
especial preparacion era necesaria, el estómago del
viejo estaba delicado, fatigado por su mucho y con
tinuo trabajo. ‘ ‘ o
e El mismo Roland ldictaba, y no empleaba mala
mente la pluma de su mujer en aquella época; más
tarde, cuandoïfué nombrado ministro, en medio de

(l) Antes de sa matrimonio con Roland, se vió obligada.


flor la conducta de su padre, á. refugiarse en el convento de
calle Neuve Saint-Etienne, que conduce al jardín de Plan
tas; pequeña calle, ilustre- por el grato recuerdo que despier
¿S acerca de Pascal, Rollin y Bernardino Saint-Pierre. Vi
via. aún, no siendo religiosa, en sus habitaciones, entre Plu
tarco yRousscau, bella. yvaliente, pero siempre pobre, con
una sobriedadanás queospartana, y pareciendo que ya. se en
tregaba á ejercitar las sublimes virtudes republicanas.
(
88 BlBLXOTECA POLÍTICA DELA IBERIA.

tantos obstáculos, fue cuando tuve algunos recursos;


Ella no tenía ningunaímpacíencia por escribir, y si
la revolucíon no, hubiese venido á. sacarla, de su re—
traimíento, hubiesen‘ sído flesconecídos sus dones,
entonces inútiles, tales como la elocuencia, el talen
to y taznbiew su estremada belleza.
Cuando iban á. su casa los hombre políticos, mada
me Roland no se mezclaba en sus discusiones, conti
nuaba sus trabajos ó escribía cartas; pero si, como
frecuentemente sucedía, sela llamaba, hablabaenton
ces con una vívacídad, con una propiedad en la. f0r—
me y con una fuerza en el fondo graciosa y [penetran
te que entusíasmaba. El amor propio hubiese que- -
rido encontrar preparacíon en lo que decía, pero
no había ninguna; era. una. naturaleza demasiado
perfecta. .
A1 primer golpe de vista, se creía encontrar en y
ella á. la. Julia de Rousseau (I); pero- despues no se
encontraba ni á la Julia ni á la Sofía, sino á madame
Roland, ciertamente rna hlja de Rousseau, más le-e- '
gítíma quizás que las que inmediatamente brotaron
de su pluma. S010 que esta no era como las otras dos
una noble dama. Manon Phílípon, que este era su .
verdadero nombre (pues yo me opongo con saña á.
todos los que desprecían 10s nombres pupulares),
era. hija de un grabador, y tambíen ella grababa en
la casa p‘ terna. Procedía del pueblo; se veía en ella
cierto reflejo de sangre, que no se nota en las clases
elevadas: tenia. la mano bella, pero grande; la boca.
un poco grande, la barba bastante levantada, el talle
elegante y con una. especie de comba fuertemen
te marcuda, y una riqueza de seno y caderas de que
generalmente las altas señoras carecen. '
En un punto dífería de las heroinas de Rousseau:
en la debilidad. Madame Roland fue vírtuosa; nunca.
se apoderó de ella la ínaccíon ó el desvarío en que

(4) Mirad los, retratos de Lemontey, Riouffe y tantos


otros; como bello y perfecto retrato, cl colocarlo por Cbam- r
pagncn en la. cabeza de la primer; edícíonde sus Memo
rias (año VII). Fué retratada poco tiempo antes de su muer-.
te, á. la edad de treinta y nucvc años. Es fuerte; ya. un poco
mamá, permítasenes la frase, serena. firme y resuelta,’ con
una tendencia visiblemente crítica. Este último carácter‘, no
solo rocede de su política polémica, sino que. tambíen exige
para. os que han luchado. que han contenido, han enfren o
n pasíon, y que han tenido su satísfaccion en el mundo.
¡As MUJERES m: LA miyomcioiv. 89
caen las mujeres; fue en alto grado trabajadora, ac
tiva, y para ella el, trabajo fue la guardia de la vir
tud. Una bella idea, el deber, se estiende en esta.
bella vida, desde su nacimiento hasta su muerte;‘y
rindió este testimonio en la hora de su muerte, en
el momento solemne en que se aleja de la mente la
cruel mentira. «Nadie,—-—decia,——ha conocido menos
que yo la voluptuosidad.» Y despues decia: «Yo he
dominado mis sentidos.» '
Pura. en la casa de sus padres, situada. og el pre
tilde la Horloge, como el azul del cielo que miraba,
decia: «desde aquí, hasta los Campos Elíseos, lo
serena pura en la. mesa de susério esposo, trabajando
infatigablemente para él; pura en la cuna de su
niño, á. quien se obstinaba en criar, apesar de sus
crueles dolores, no lo era menos en las cartas que
escribía a. sus amigos, a los jóvenes que la obsequia
ban con una apasionada amistad (l); los calma y
consuela, y los elevaba por encima de su debilidad.
Ellos 1a fueron fieles hasta la muerte, como ella lo
fué á la virtud. .
Uno de ellos, sin cuidarse del peligro, marchaba,
durante el pleno Terror, a recibir de ella, en su
prision, las inmortales hojas donde escribía su vida.
El mismo, proscrito y perseguido, huyendo sobre la
nieve, sin masabrigo que los árboles cubiertos de
escarcha, sin embargo salvaba aquellas hojas sagra
das. Ellas quizás le salvaron, guardando él en su
pecho el calor y la fuerza. del corazon ardiente que
' las escribió (2).
(4) Leed la bella carta á Bose, entonces turbado y triste
por verla marchar cerca de Lyon, tan lejos de París: «Colo
cada en un rincon al. fuego,’ despues de una. noche dulce. y
de los cuidados piatutinos, mi amigo en su bufete y mi hija.
cosiendo, y yo cuidando del uno velando sobre la obra de
la. otra, saboreando la felicidad e estar dulce y calorosa
mente en el seno de mi pequeña y querida familia, escribien
do á un amigo; mientras que la nieve cae sobre el seno de
otros desgraciados, contenta. con mi suerte... etc» ¡Dulce
cuadro de la intimidal de la familia, seria bondad de la vir
tud, presentada al joven para calmar, purificar y aun eleVa-r
su triste y desconsolado corazon! Quizás mañana el viento de
la. tempestad habrá arrancado el nido. ’
(2) Esto sucedio así: el honesto y digno Bose , que ¿“,91
último momento. elevandose sobre sí mismo, para 011ml? 11‘
'con ella el bello ideal que había admirado siempr e, le «ingle!
noble conse'o de no ocultar su muerte á. las miradas P11 l
eas; que nojse envencnase, sino que seem-ase el °""¡“l"° Par‘
90 DlBLIOTECA ronmcA m: LA 131mm.
Los hombres que ódian el ver una virtud dema
siado perfecta , han querido buscar en la vida de
tal mujer, alguna debilidad, sin prueba y sin el me’
nor indicio (l); han imaginado que el fuertedrama
en que era actor en el momento más viril, en medio
de los peligros y los horrores (¿despues de los suce
. sos de setiembre. ó (n la ruina de la Giroridaíl), ma
dame Roland tenia el suficiente tiempo para. escu
char galanterias y hacer el amor. La única cosa. que
los embarazaba, es encontrar el nombre del favore
cido amante.
Pero que
A hecho hablando
motive verdaderamente, no hayMaziame
tan infundada sospecha. ningun
- Roland, segun noticias fidedignas, siempre fue rei
na de sí misma, dueña absoluta de su voluntad y
de sus actos. Ahora bien; ¿no tuvo ninguna emocion‘!
¿En su lucha?
rrguna alma fuerte, pero
Esta es apasionada,
otra cuestion, no
y hubo nin
sin dudar

diría, «si.» _
V PermitasemeÍ insistir en‘ esto. Este hecho , del
cual se ha hablado muy poco, no es un detalle indi
ferente, puramente anecdótico de la vida privada.
En el 9L tuvo este hecho una grave influencia sobre
madame Roland, y la potente accion que sobre si
ejercía desde aquella época, seria mucho menos es
plicable, si no viésemos como desnudas las causas
que entonces apasionaban aquel corazon; hasta en
tonces tranquilo y fuerte, pero de una fuerza toda
concentrada en si, y sin accion csterior.
Idadame Roland pasaba en el año de 89 su vida
oscura, trabajosa, en el triste lugar de la Platería,
cerca de Yillefranche, y no lejos de Lyon. Enton

morir públicamente, y honrar con su valor la República y la


humanidad. El la condujo á la inmortalidad, por aquel he
roico consejo. Madame Roland marcha sonriendo con la mano
sobre lade su austero marido, y marcha entre un grupo de
' amables é irreprochables amigos (sin hablar de la Gironda),
Bose , Cllampagneux , Bancal dos Issarts. Nada les sepa
rara.
(4) Si leeis esos indicios que se refieren a dos sucesos de
las Memorias de madame Roland, vercis que nada prueban.
Habla en uno de las pasiones, y dice: «De las cuales, aun con
la fuerza de un atleta se puede salvar el fuerte muro.»¿Y qué
se deduce de aquí? Luego habla de las «buenas razones» que
la hacían marchar el 31 de mayo. Y es cstraordinario creer
que esas buenas razones habían de ser un amor á. Barbaroux
7 ó a’. Buzot.
LAS MUJERES m: LA nzvonuciox. 91
«cas se oia en toda Francia el cañonde la Bastilla; su
seno se conmueve, tiembla; aquel prodigiosa suceso
parece realizar todas sus miras, todo lo que habia
leído en los libros antiguos , imaginado y esperado:
hé ahí que tenia una patria. La revolucion se es
_tiende por toda la Francia; Lyon se pone en guar
dia lo mismo que Villefranche , sus alrededores y
‘aldeas. . l w
- 44:; La federaoion del 90 reuiie‘ en Lyon ala mitad
’del reino, a todas las diputaciones de la Guardia
Nacional, desde Corse hasta Lorraine. Por la ma
ñana, madame Roland estaba. estasiada; desde su ad
mirable cuarto de Rhone, su corazon se entusias
maba al ver aquel pueblo, aquella nueva fraterni
dad, aquella espléndida aurora. Por la tarde escribió
lo sucedido á su amigo Champagneux, un jóven de
Lyon, que, sin ningun provecho, solo por puro pa
triotismo, publicaba un periódico. Los números no
firmados, donde 'se daba cuenta de aquellos suce
sos, se vendieron en número de sesenta mil. Todos
aquellos guardias nacionales, de vuelta á sus casas,
llevaban ,3 sin saberlo , el alma de madame Ro
land. ¿pá Í._,.—,.
I Tambien ella’ se sublevó , se hizo pensativa en
"aquel desierto, en aquel terreno de la Platería, que
¡“la parecía más que nunca estéril y árido. Poco á pro
" pósito surcaracter para los trabajos técnicos a que la
dedicaba su marido, leía el Proceso verbal, tan inte
resante, á los lectores del 89,. la Revolucion del 14 de
julio, y la Toma de la Bastilla. La casualidad quiso
justamente que uno de sus electores, Mr. Bancal des
Issarts , fué a casa de Roland, informado por sus
,_ amigos de , Lyon , y pasó algunos días en ella.
_,,Mr. Bancal , procedente de una familia de comer
‘ ciantes de Montpellier, fue llevado a Clermont, y se
había hecho notario: acababa de dejar aquella lu
cratiwra posicion para entregarse completamente á,
wasuntos de su gusto, á. los estudios políticos y filan
tropicos, a los deberes del ciudadano. Tendría cua
prenta años, -no era brillante, pero tenia mucha dulzu
' ïra-
” i “y, sensibilidad,
__a._tenido unay educacion
un cora zon bueno y caritativo.
muy religiosa, y des
, aber atravesado un período filosófico y p0
’ , nvencien, y una larga cautividad en Aus
‘rió con los más sublimes sentimientos, 16
4gibliat en lengua hebrea. ”‘ '
. af”
92 nmnornca POLÍTICA m7. LA manu.
Fué conducido a la Platería por un jóven médico,
Lanthenas, amigo de Roland, que estaba constante
mente con ellos, y pasando semanas y meses. tra
bajando en su compañía y repartiéndose los trabajos
y despachando sus negocios. La dulzura de Lan
thenas. la sensibilidad de Bancal des Isarts, la bon
dad austera pero ardorosa de Roland , su amor
estraordinario á lo bello y lo bueno , su especie de
adoracion á aquella mujer perfecta que le presentaba
la imagen de estas dos ideas, todo esto formaba un
grupo una armonía completa. Y se convinieron en
que si alguna vez tuvieran que separarse, se auxilia
rian mutuamente. No se sabe á. quién de los tres se le
ocurrió tan feliz idea; pero si que Roland, que la atacó
con viveza y con ardoroso espíritu, la. defendió des
pues. L s Roland, reuniendo todo lo que tenían, po
dian dar a la asociacion sesenta mil libras, Lanthe
nas tenia veinte ó más. y Bancal des Issarts hubiera.
podido reunir cien mil. Todo esto constituía una
suma crecida, que les permitía comprar bienes na
cionales. entonces a muy corto precio.
Nada mas tierno, más digno, mas honesto, que
las cartas en que Roland habla de esta proposi
cion á. Banca]. Tanta noble confianza, tanta fe en la
amistad, en la virtud, da de Roland y de todos ellos
una alta idea. «Venid , amigo mio,—le decia:
¿Qué os detiene? Habeis visto nuestro trato franco y
llano; á mi edad es muydifícil que cambie, cuando
nunca he variado. Nosotros predicamos el patriotis
mo; nosotros elevamos el alma; el doctor cumple
con su deber; mi mujer es la providencia de las des
gracias del canton. Ellos y yo ejecutaremos los tra
bajos, etc.» -
El gran trabajo de Roland era catequizar á. los
paisanos de los contornos, predicando el nuevo
Evangelio. Infatigable viajero, á. pesar de su edad,
muchas veces, con el baston en la mano, marchaba
a Lyon con su amigo Lanthenas, arrojando por el
camino la simiente de la libertad. Tan digno hom
bre, creia encontrar en Bancal un util amigo, un
' nuevo misionero, cuya dulce y elocuente palabra
‘haría milagros. Acostumhrado á. ver la desinteresa
da asiduidad deljóven Lanthenas, al lado de su mu
jer, no le sugería en su mente otra idea mas que Ban
cal, más viejo, más grave, no ‘podía llevar otra. cosa.
á su casa. sino la. dulce y‘ bienhechora paz. Res
LAsfMuJenss m: LA nzvowcion. 93
pecto de su mujer, á quien amaba p-ofrndamente, y
de quien había olvidado qu.» erael maridmsolola con:
sideraba como una. compañera de trabajo. Lalroriosa,
sóbria, fresca, lnzana, pura, ‘con un color trasparen
te, la mirada limpia y serena, madame Roland era
la más encantadora ímágen de la fuerza y la virtud.
Su gracia era de mujer, pero su espíritu vigoroso y
su estóico corazon‘, eran de hombre. Se diría, al ver
ásus amigos, que ecceptuánviola, los demás eran
mujeres; Banca], Lanthenas, Bose y Champagneux,
tenían rasgos demasiado dulces. Y el más mujer de
todos, por su corazon, quiza el más débil, aunque
aparentemente el más firme, era. el austero viejo
Roland.
La situacion hubiese sido. si no peligrosa, al me
mos llena. de borrascas y tempusïades. Se parecía a’.
la de Volmaire, huyendo á. SainbPreux, cerca de
Julia; era, como un nnvió en medio de las inmensas
rocas de la Miellerie. Quizás no hubiera naufragado,
lo ‘creemos; pero era mejor no embarcarse.
En este tiempo madame Roland escribió 9'. Baneal
una. carta virtuosa, pero al mismo tiempo demasiado
cándida y espansiva. Esta carta, zi todas luces im
prudente, descubre y levanta por sí misma un mo
numentoinapreciable de lu pureza. de madame Ro
land, de su inesperiencia, de la virginidad del co
razon, que siempre conservó. No se puede leer sino
de rodillas.
Jamás ha. habido nada más sorprendente y alar
mante. ¿Y fué tal héroe Verdaderamente una mujer?
Descúbrese en ella. el valor dclguerrero y una mu
jer enla cual se cree ver el herido seno de Clorinda.
Bancal había escrito á Roland una carta dulce,
tierna, afectussn, donde decía que aquella. union
Proyectada, «sería el encanto de su vida, y que ade
más no serían inútiles á sus semejantes r Roland,
que á. la eazon se hallaba en Lyon, envió aqueïla.
cartaá su mujer Ella estaba sola en el campo; el
estic había sido muy seco, el calor hnhia sido muy
fuerte, aun cuando esto era en octubre. La tor
mema se agrandaba, y durante mucho tiemP° “O
ceso. Tormenta en el cielo y en la tierra, tormenta.
de Pasion, tormenta de revolucion. Grandes sucesos,
Sin duda, se iban á. efectuar: una. ola desconocida. de
. hCChOS, que bien pronto debían conmover IOS cura.
zones ylos destinos; en este gran momento de es
94 marrones PoLiricA m: LA msnm.
pectativa, el hombre cree voluntariamente que Dios
truena por si-mismol
Apenas hubo leido la carta, los ojos de madam
VBoIand se inundaron en lágrimas. ,-
Cojió instantáneamente la pluma, sin saber lo que»
eseribiria, y solo escribió sus verdaderos sentimien
tos sin ocultar que lloraba. Esto no era mas que una
ciega ternura. Pero al mismo tiempo aquella esce
lente y valcrosa mujer, aun destrozando su corazon,
se hacía el gran esfuerzo de escribir: «No, yo no
' estoy segura de vuestra felicidad, y nunca me per
donaré haberla turbado. Yo creo que empleais me
_ dios que me parecen falsos, para conseguir una es
peranza a la que no os debo alentar.» Todo lo damas
es una mezcla bien alarmante de virtud, de pasion,
de inconsecuencia: alguna que otra vez, un acento
melancólico, y no sé qué sombría prevision del por
venir. «¿Cuando nos volveremos a ver? Cuestion que
' muchas veces me propongo, y la cual no me atrevo
a resolver. ¿Pero por qué intentar descubrir el por
venir, cuando la naturaleza nos le ha ocultado? De’
jémosle tras el velo imponente con que se cubre,
pues no nos ha sido permitido penetrarle; nosotros
no tenemos sobre él mas que una especie de influen
cia; es muy grande, sin duda, y es adquirir nuestra
felicidad para el saloio empleo del presente.» Y des
pues decia: «No se han pasado veinticuatro horas en
esta semana, en las que no se haya oido la tempes
tad. Ahora principia á tomar incremento. Yo admi
ro el aspecto que da a nuestra campiña; aparece
augusta y sombría; pero es tan terrible, que solo da
al corazon un mortal frío...»
Ban-cal era sabio y honesto. En el invierno mar
chó a Inglaterra , y allí estuvo largo tiempo.
’ ¿Me atreveré á decirlo? Quizás más tiempo del
que madame Roland hubiese deseado. Tal es la
inconsecuencia del corazon, aun del más virtuoso.
En sus cartas, leídas con detencion, se vé una agita
da y estraña mezcla; ga se aleja, ó ya; se degiene, en
a gunos momentos, e s1 misma escon a; y en
otros, solo en si confia. ¿Quién dirá que en febrero,
al marchar a París, donde los negocios de la ciudad
de Lyon llamaban a Roland, no sentía ningun placer
en ira aquel gran centro, en que necesariamente
volveriaá ver á Bancal? Pero justamente en París
fue donde todas sus ideas dió otro diferente rum
ns uumnu m: LA nzvonuciox. 95
bo. Su pasion se trasforma enteramente, y solo atien
de á los negocios públicos. Cosa digna é interesante '
que se ebe observar. Despues de la gran emocion
de la federacion lyonesa, despues de aquel admira
ble espectáculo de la union de todo un pueblo, ella
se mostraba débil y tierna. respecto al sentimiento
personal. Y entonces aquel sentimiento. en París se
hace universal, ya en lo cívico, ya en lo patríotico;
madame Roland se reconcentra en sí misma, yno '
ama mas que á. la Francia.
Ya se trataba de otra mujer, quien fué salvada
por la revolucion, por la república, y por el combate
de la muerte. La austera union con Roland, fué con
firmada por su comun participacion en los sucesos
dela época. Aquel trabajoso matrimonio vino á ser
un matrimonio de luchas comunes, de sacrificios y
de esfuerzos heroicos.
Así preservada, llegó pura y victoriosa al cadalso,
á. la gloria. . _
Fue á. París‘ en febrero del 91, en el más grave
momento, en el que debia agitarse la cuestion de la
República; y ella. llevaba en si ‘dos fuerzas: la fé y la
pasion. Retirada hasta entonces, por causa de varios '.
sucesos, en su austero deserto, se presentó, con una.
juventud de espíritu, una lozanía de ideas, de ‘senti
mientos, de impresiones“ a rejuvenecer á los más
fatigados políticos. Estos, ya hacia tiempo que esta.
ban allí; ella, ella nacía aquel día. ‘
¡Otra fuerza misteriosa! Esta persona pura, admi
rablemente guardada por la suerte, llegaba, por lo
tanto, en el dia en que izan temible era la mujer; el
dia en que el deber no bastaba: el diu. en que el co
razou, Lrgo tiempo contenido, respiraba libremen
te. Se presentó invencible; con una fuerza de impul
sion desconocida. ‘ -
ïíNingun escrúpulo la detenia. La felicidad quería.
que,.estand0 el sentimiento personal vencido ó elu
dido. el alma se replegase toda entera hácia un no
blefin. grande, virtuoso, glorioso, y se lanzase, hin
chadas las velas, sobre . aquel nuevo Océano dela
rovolucion y de la patria. —
flfiaquí por que’ en aquel moment0'se encontraba
L,
filo e,- Semejante á. madame Roland, Rous
se: de su desgraciada. pasion por mada
me, y replegado en si mismo, encendió
¡Quentin vhoguera, aquella inestinguible lla.
" -i
96 nmuorncn romrica m: LA msnm.
ma en que se abrasó todo el siglo, y de la que el '
nuestro, despues de cien años, siente aún el calor. '
-' Nada más severo que el primer golpe de vista. de
madame Roland sobre París. La Asamblea la. tiene
-, .
horror, y sus amigos la tienen compasion.
sentada en las tribunas de las Asambleas ó de los
jacobinos, hiere con penetrante: vista. todos los ca
ractéres, vé desnudas las falsedades, las debili-- '
dades, las lbajezas, la farsa de ciertos constitucio
nales, las tergiversioues, la indecision de los ‘amigos
de la libertad. Ella no perdona ni a Brisot, á quien
amaba, pero a quien encontraba ligero y timorato,
ni a Condorcéet, á quien creia falsario; ni á. Fauchet,
del que decía, aque siempre se veía en el el sacerdo
te.» No la querían ni Petion ni Robespierre; y al ver
sus miradas centellantes y sus criticas severas, te,
mieron su impaciencia. Joven, ardiente, fuerte, se
vera, á todos pide cuenta; no quiere oír hablar de
dilaciones, deobstáculos; les recuerda que son hom
bres aptos para destruirlos.
Al triste espectáculo de la libertad medio descu
bierta, esperada, y segun ella, perdida, quería vol
yera Lyon, pues vierte lágrimas de sangre... «Nos
salvaria,—decia el 5 de mayo,—una nueva insur
reccion, pero nos perderemos con la felicidadó la.
libertad: mas dado que haya el suficiente valor en
el pueblo, la misma guerra civil, aun siendo tan
horrible, avanzaria en la regeneracion de nuestro
carácter y de nuestras costumbres... Es necesario
estar dispuesto á. todo, aun á perder la vida.»
La generacion de la que madame Roland tan pro
Ïundamente desesperaba, tenia dones admirables: la. ,
fé en el progreso, el deseo sincero de la felicidad de
los hombres, el amor ardiente del bien público, y ha.
asombrado al mundo por la grandeza de sus sacrifi
cios. Mientras tanto, es preciso decirlo. en esta épo
caen que la situacion no mandaba con una fuerza im
periosa, aquellos caracteres, formados sobre el anti—
guo régimen , no se anunciaban bajo un aspecto
' varonil y severo. Faltaba el valor del espíritu. La.
iniciativa z el genio no brillaba en ninguno de ellos;
y no esceptúo a Mirabeau, á. pesar de su jigantesco,
talento. .
Los hombres do entonces habían escrito, habla
do y combatido incesantemente. ¡Qué de trabajos,
discusiones y amontonados sucesos! ¡Que de refor
LAB ¡quienes DE LA nsvowcion. 99
mas rápidas! ¡Qué renovacion en el mundo! La. vida.
de 10's hombres importantes de la Asamblea, de 1a..
prensa, había sido tan laboriosa, que parece un pro
blema; dos reuniones diarias en la Asamblea, sin re
poso; reuniones de los jacobinos y otros clubs hasta
las once yminutos: despues preparar los discursos pa
ra’el diarsiguiente‘, los artículos, los trabajes, las in
trigas, las juntas delos comités, los conciliábulos po
líticos. El inmenso entusiasmodel primer momento,
la. infinita-esperanza, les habían dado fuerzas para. i‘
soportarïtalívida. _Pero aun cuando el esfuerzo dura- "
ba y el trabajo no tenia ni‘ límites ni fin, sinembar
go no se adelantaba lo suficiente, Esta generacion no
tenia la suficiente entereza de espíritu-ini de fuerza;
por sinceras que‘ fuesen sus convicciones._no había.
en ellas la juventud, la lozanía del espíritu, el primer
arrebato de entusiasmo y_de fé. ‘ .
El 22 de junio,’ en medio de la duda universal de
los hombres políticos, madame Roland no. dudaba.
Escribió é hizo escribir á, lasprovincias la debilidad
y Inmortal palidez del entusiasmodeilos jacobinos: .
-que,lasAsambleasprimitïvas pidiesen una convoca
cionlgenerál, paradeliberar si debía ó no conservar el
Gobiernovlaforma monárquicam‘ Y se aprobó uná
‘nimeriaente, por, este medio, el dia. 124, (que toda rc
‘gencia era.» imposible r de ' todo punto’, y que había.
completa necesidad‘ de destituir al antiguo Rey
Luis XVI, etc.» - ‘ ' ‘
' Todos, ó casi‘ todos, todavía retrocedian, dudaban,
y pudiera decirse flotaban.
Balaneeabanzlas condiciones de intereses, de opor
tunidaïggatendian unos áotros, y entre s1’ calculaban.
«Nosotrosnoxéramos más que diez republicanos en
el año’ 89;'r"d'ecia Camilo Desmoulins. Se habían
multiplicado considerablemente ‘enel 91, gracias al
viaje de-Várennes, y había n inmenso número de
republicanos, ¿que lo eran sin aberlo siquiera: era
preeisogenseñarles a conocerse a si mismos. Estos
solo calculaban bien el trabajo, y era que nada cal
‘culaban. A la cabeza de la« vanguardia. marchaba
madame Roland; arrojaba la llave de oro en la ba
Jhnzaindecisa, su‘ valor y la idea del derecho.
¡rra ; ' ‘ ’ -
CAPITULO XV.
L I

Madame Roland. (Continuaciom) ‘

_Madame Roland, en aquella época, a juzgar por


sus cartas, estaba más frenética que lo estuvo des- . '
pues. Estos son sus términos: «La caída del Tro
no es, detenida por el destino de los imperios... Es
preciso juzgar al Rey... Cosa cruel es pensar que no
podemos ser regenerados sin derramamiento de
sangre.» '
El sacrificio del Campo de Marte (en julio del 91),
en el que los que pedían la República fueron muer
tos al lado del altar, la pareció la muerte de la. liber
tad. Mostró el más tierno interés por Robespierre, a’.
quien creía en peligro. Marchó á las once de la no
che á. la calle de Saintonge, en Marais, donde vivía,
para ofrecerle un asilo. Pero ya estaba oculto en
casa de Duplay, en la calle de Saint-Honoré. Desde
allí, Mr. y Mad. Rolan marcharon á. suplicar á
Buzot que le defendies en la Asamblea. Buzot
rehusó; pero Gregoire, que ¿estaba ‘presente, aceptó
tal cargo.
Ellos habían ido a París por los trabajos dela
ciudad de Lyon. Habiendo obtenido loque desea
ban, volvieron a su soledad. Inmediatamente (en
setiembre del 91) escribió madame RolandáRoa
bespierre una bellísima carta, con la fé espartana,
sentimental; carta digna, pero aduladora. En esta.
carta, intencionada, se descubre quizás el cálculo, y
LASEMUJERES ns ‘LA REVOLUCION. 99
además, como ya hemos. dicho, la intencion política.
Vlsiblemente ‘estaba herida de aquella elasticidad
prodigiosacon que la máquina jacobina, lejos de, ,
estar abatida, influia de un modo notable en toda la
Francia y en el papel político del hombre que se
encontraba en el centro de la Sociedad. Son notables
los«Si
siguientes
hubierapárrafos:
seguido la marcha de los Cuerpos le- V
gjslativos por medio de los periódicos , hubiera dis
tmguido
fieles á losel principios,
pequeño número
y entre de hombres
estos valerosos,
hombres, a aquel ' i
.6. quien nunca ha ‘faltado la energía... etc. Hubiera
profesado á tales ra= gos de patriotismo, el respeto y. -
el reconocimiento. (Siguiendo cosas mas altas, hacer
el bien como Dios, sin exijir ninguna recompensa.)
Las pocas almas elevadas que serían capaces de
grandes cosas, ‘dispersadas sobre la superficie -de la
tierra, y obedeciendo á las circunstancias, no pue
den reunirse para tratar de concertarse .. (Con gra
cia introduce en su carta recuerdos de su hijo, dela
naturaleza, muchas veces bien triste, habla del pe
dregoso camino, de la estraordinaria sequía. «Lyon
aristócrata.» En la campiña se cree a Roland aris
tócrata y se grita: «A la linterna,» etc.) Habeis he
cho mucho, señor, para mostrar y estender estos
principios; es bello, es consolador poder hacer esta
confesion en una edad en la que tantos otros no sa
ben qué destino se les tiene guardado... Si hubiera
considerado solo lo que os puedo mandar, me hubie
ra abstenido de escribiros; pero sin tener con vos
conocimiento, he tenido gran fé en el interés con
que recibireis nuevas de dos seres cuya alma ha na
cido para sentir, y que quieren demostraros la esti
macion que les inspirais y que tienen a muy pocas
personas, y una estimacion que á nadie han revela
do mas que a’. los que Üesean por cima de toda gloria
serjustos, y la felicidad de ser sensibles n Mad. Ro
land acaba. regocijándose, fatigada, contristada, etc.
s, No hemos visto quién haya respondido á ideas tan
avanzadas. Del girondino al jacobino había diferen
cia, no fortuita, sino natural, innata; diferencia de,
especie, ódio instintivo, como el del lobo al perro.
Madame Roland, en particular, por sus cualidades
brillantes y vïriles, irritaba a Robespierre.
Ambos tenían lo que parecía poder unir á 105
hombres,’ y que por el contrario, entre ellos cream
l,
100 nmuorrcn Ponmcs n LA isrnis.
vivas antipatías, y era tener un mismo defecto. Bajo el '
heroísmo de la una,-bajo la perseverancia del otro, se i
descubria un defecto comun, digamoslo así, una ridicu
lez. Ambos escribian siempre, habían nacido escritores‘
Preocupados, más por el estiloque por los trabajas,
escribian por el dia, por la noche: escribiendo, mu
riendo; en las más terribles crisis, casi bajo el cor
tante cuchillo, la pluma y el estilo fueron para ellos
un obstinado pensamiento. Verdaderos hijos del si
glo XVIII, del siglo eminentemente literario y bell
triste, como dicen los alemanes, encerraron este ca
rácter en las trajedias de otra edad. llíadame Ro
land, con corazon tranquilo, escribe, sueña, eleva sus Í
admirables retratos, mientras que percibe los des»
aforados gritos de la multitud , que pide bajo sus
ventanas «la muerte de la mujer Roland.» Robes
pierre, al amanecer del 9 thermidor, entre el pensa
miento del asesinato ó el del cadalso, dilató aquel » f, i
término para su decision , menos deseoso de. vivir,
al parecenque de ser tenido por buen escritor.
Como políticos y letrados, desde aquella época ss
quisieron muy poco. Robespierre, desde luego, te
nia un sentido demasiado justo, y un muy perfecto
conocimiento de la necesidad de la unificacionde la‘
vida a los gran des trabajadores, para asociarse con
aquella mujer, con aquella reina. Despues de m9;
dame Roland, ¿dónde hallar la vida de un amigo?
¿Dónde la obediencia, dónde el valor?
Mr. y Mad. Roland no volvieron ¿‘París hasta
el 92, cuando la fuerza de la situacion. la inminente
caída del Trono llevó ó. la Gironda alos negocios
públicos. Madame Roland fue en los dorados salones
del ministerio del Interior. lo que había sido en su
rústica soledad. Solamente que lo que en ella había
de sério, fuerte, viril é intencionado. pareció fre
cuentemente demasiado orgullo, y esto la ocasionó
muchos enemigos. ‘
Es falso que ella diese empleos, pues es lo verda
dero que tachaba con palabras severas todas las pe
ticiones, y que descartaba á los pretendientes.
'Los dos ministerios de Roland, más bien que á la _
biografía, pertenecen á la historia. Una palabra sola-f —
mente-acerca de la famosa carta al Rey, por la. que .
se ha inculpado, con demasiada dureza‘, la fidelidad
wdel ministro y su mujer.
" ï Roland, ministro republicano de un Rey, sentán
un ¡aureus m: ‘LA nxvonucron. . 101
dose cada día en las Tullerías, no había puesto el
pié en aquel fatal recinto, sino con la positiva con
‘ dicïon de que un secretario nombrado espresamente
ad hoc ; escribiria diariamente todas las delibera
ciones, todos los avisos, para lo cual haría el papel‘
de un testigo; y que en caso de perfidia, sepudiese,
en cada medida, dividir, distinguir y eondanar á.’ cada
uno segun su mayor ó menor parte de responsabi
' lidad . —
Tal proposioion fue desechada, y el Rey no la qui
so admitir de ninguna manera. 1
Entonces Roland adoptó dos medios que le ponían
á cubierto. convencido que la prensa es el alma de
un Estado libre, publicó todos los días en un perió
dicotituladoEl Termómetr0,'todo.lo que podía pro
._ ducir utilidad acerca de las decisiones del Consejo; y
- por otro lado las‘ anotó. por medio de la pluma. de su
mujer, en una carta. viva, franca y fuerte, para ente
rar alRey, y más tarde quizás al público si á. él le
_ disgustaba. x
Esta carta no era confidencial, no demandaba para
ella el secreto. segun en la misma se dice. En ella se
adheria visiblemente á. la Francia y alvRey, y decia
en estos términos, ¡que Roland no hubiera recurrido
á aquel estremo, si no le hubiese ‘sido negado el se
cretarioyel
l Fue enviadaregistro, conelel ‘¡O
por Roland que ¡desejunio,
podía en
atestiguar.»
elmismo

día. en que la córte hacia juzgar‘ á la Asamblea. una.


nueva máquina, una peticion amenazadora, en que
pérfidamente se decia, en nombre de ocho mil pre
tendidos guardias nacionales, que el llamamiento de
los veinte mil federados de los departamentos, era
un ultraje á la Guardia Nacional de París.
El li ó 12, no habiendo dicho nada el Rey de la.
.: carta, Roland tomó el partido de leerla en el Consejo
en voz alta; Esta carta, verdaderamente elocuente,
. es la suprema‘ protesta de una lealtad republicana,
que por lo tanto muestra al Rey el último puerto de
salvacion. Hay palabras duras, tambien nobles y
tiernas; esto -si es sublime: «No, la patria no es
una palabra; es un sér por ‘el cual se han hecho tan
tos sacrificios, a quien se venera todos los días por
las inquietudes que causa, que se ha creado para
l grandes.
de las inquietudes, ya; quienque
y sublimes esfuerzos, se se
ama. tanto
eleva por lo
en medio

que cuesta, como por loque de él se espera 8» Y si


1
102 nrsuorscs PQLÍTSCA ns LA msnm.
guen graves consejos, demasiado veridicns profecías
acerca de las terribles resultados de la resistencia,
que forzará. a la República a levantarse en medio de
sangre. '
Esta carta tuvo el mejor exito que pudo imaginar".
‘ su’ autor. Ella le hizo marchar. s _ -
Hemos notado las faltas delsegnndo ministerio de"
Roland, su perplejidad sobre quedarse ó abandonar
á París a la aproximacion de la invasion, la torpeza
con que hizo fuese atacado Robespierre por un hom
bre tan ligero como Louvet, la impolitica severidad’
‘ con que rechazó las ideas avanzadas de Dariton. En
cuanto á. la acusacion de no haber acelerado la ven
ta delos bienesnacionales, y haber dejado á. la Fran
cia sin dinero en tal peligro, Roland hizo enérgicos
esfuerzos para no merecerla; pero las administracio
nes girondinas fueron sordus á. las indagaciones
más cul u inanles. - , x
Desde setiembre del 92, Mr. y Mad. Roland cor
rieron los mayores peligros, respecto á la vida‘ aun
á la honra. No se atrevieron á usar contra elos el
‘puñal. sino emplearon las más crueles armas: la ca.
lumnia. En diciembre del 92, un intrigante llamado
‘ Viard, fué á buscar á. Chabot y á. Murat, y se hizo
fuerte haciéndolos , asociarse a un gran complot? gi
- rondino; Relnnd y su mujer, se hallaban en él. Ma
ra: cayó en el anzuelo con la ligereza de un requin;
¿cuando se arroja á un pez voraz madera, piedras ó
hierro. lo engulle indiferentemente. Chabot era de
masindo ligero, confiado; aun teniendo, con el espi
ritu. poco sentido, menos delicadeza; él instantánea
mente creyó, y no se ocupó en examinar.‘- La Con
vencion perdió todo un dia en examinarse 5. si mis
ma, en disputar entre si é injuriarse. Se hizo a
— Viard la honra de llamarle. y se conoció demasiado
bien que el respetable testigo l que presentó á Murat
y Chabot, era un espía que probablemente trabajaba
para todos los partidos. Se discutió aquella cuestion,
y se escucho á madame Roland, que encantó a toda
la Asamblea. por su razon y-su donaire, por sus elo
cuentes palabras, por su modestia y tacto. Chabot es
_ taba admirado; Murat, furioso. Por la tarde escribió
en un periódico que todo había sido arrebatado por
Jos rolandirtns, y que queriendo sublimar a los pa
triotas. les hacían ridículos. .
E12 de junio, cuando la. mayor parte de los giron
us ¡western LA nzlvonucxox. 103,

dinos se alejaban ü ocultabamlos más valientes, sin


comparaciou, fueron los Roland, que jamás pensa.
ron en ocultarse ni en mudar de domicilio. Madame
Roland no temia ni la prision ni. la muerte; no temía
’ más que un ultraje personal, y para ser siempre
‘dueña de su suerte, no se acostaba sin meter una. ,
pistola debajo de su almohada, Al aviso ‘de que’ la Mu
rxicipalidad. había. lanzado un decreto de prision com’
_ » tra’ Mr. Roland, ella corrió á las Taller-ias, con la he
— róica más ‘que razonable idea, de ¡anonadar «á. los
' — acusadores, de atemorizar á. la Montaña con su'elo-'
cuencia y con su valor, y arrancar a la Asamblea la. ,
orden delibertadpara suesposo. Pero fué aprisio-_
nada aquella misma xnochcmï-Es-preciso here-toda
= aquella escena en sus admlrables Memorias, que al
leerlas frecuentemente, se creera’ no es larplnma
, de una mujer quien las ha escrito, sino el puñal
de Caton. . - e».
e "Pero t-al palabra, arrancado, de entrañas mater
nalos,‘ tal alusion á la irreproehable amistad, hacen
conocer demasiado, por = momentos, que aquel ‘gran
hombrees una mujer, que -aquella alma, aun siendo
tan fuerte, no era. menos tierna.‘ . ‘ A — ‘
< ,- No= hizo nada para sustraerse al arresto, y fue. á la
l _ torre de laz-Conserjería
na, bajolas cerca,
bóvedas vivas del ¿.1a
aún- calabozo
penadede
la-vRei
Ver
" gniaud, de Brissot y de otras respetables sombras.
Fue real lieróicamente , habiendo , ¡como Ver
vgnizmd, arrojado-todo el veneno que en. su pecho ‘se
encerraba, yïquiso morir en un gran dia. «
Creía honrar la República con su valor delante
'del tribunal, y por la firmeza de. su muerte, Los-que
ln vieron en la Conserjería decian que ¡estaba más
jolla, ‘más llena de encantos, y en la edad de los 39
‘años: una juventud entera y valerosa, un tesoro de
vida, despedian sus ardientes ojos. : - . »
- «Su fuerza se mostraba, sobre todo, en- su dulzura
raz nable, en la, armonía irreprochable de su perso
_na ‘su palabra. Desde su prision quiso escribir 3'.
Robespierre, no para pedirle gracia, sino para. darle
"una lecciou.‘ La enseñaba. al tribunal , mientras él
callwba. El 8, en el que murió, era un dia fue de no
_ Vienibre, La naturaleza austera y sombría, esperi—
mentabazel estado de los corazones: tambien la‘ re
volucion se hundia en su invierno y en la muerte de '
sus ilusiones. Entre los dos despojados jardine: . 81

n
104 BJBLIGTECAPGLÍTICA m; LA msnm.
declinar la tarde, á. las _ cinco y media, llegó al
pié de la estatua de la. Libertad, estando colocado el
cadalso en la plaza donde se halla el obelisco; subió
ligeramente sus gradas, y volviéndose á. la estatua,
' la dijo con una grave dulzura, pero sin ¡envolver en
ella ninguna repulsa: «¡Oh! Libertad: ¡’cuántos crí
menes se cometen acojiendose a tu nombre!»
' Había sido la gloria de su partido, de su espo
so, y de ningun modo había contribuido a su’ ruina.
‘Oscurecio involuntanami nte a Mr. Roland para
el porvenir; pero le hacia justicia, y profesaba a
aquella alma antigua, entusiasta y austera, una es
pecie de religión. Cuando por un momento se la
ocurrió la idea de envenenarse, le escribió diciendo
r
la perdonase dispusiese de. su vida sin sueonsenti
miento. Sabia que Roland tenia una sola debilidad,
y era sutviolento amor por ella, mucho más profun
do que el que ella tenia.
Cuando la juzgaron, dijo: «Roland se matará.» No
se le pudo ocultar su muerte. Retirado cerca de
Rouen, en casa de unas señoras, amigas seguras, se
desesperaba, y para ocultar sus intenciones, desea
‘ba alejarse. En tales circunstancias, no hubiera. es
tado el viejo bien lejos de allí. Encontro una mala
diligencia que marchabapor su mismo camino; 133
sendas del 93 eran fronterizas. No llegó hasta por la
tarde alos confines del Euro. En el completo aban
y dono de lla policía, los ladrones recorrían todos 108
caminos y peleaban aun con los mas firmes: Sin
embargo, los gendarmes les perseguian. Esto inquie
tó á. Roland, y resolvió no ir más lejos para poner
su plan en ejecucion. Salió de la diligencia, abando
nó elpamino, y marchó por una senda que conducía
á un castillo: se detuvo al pié de un roble, colocó su
baston ámodo de dardo, y se pasó de parte á parte.
Se encontró sobre él su nombre, y estas frases:
«Respetad los restos- de un hombre- virtuoso.» Los
años que le han seguido, no han desmentido seme
jante calificación. Siempre ha llevado consi o la es
timación aun de sus adversarios , especialm nte de
Roberto Lindet.
Así terminó la vida de este hombre probo. y con
secuente que había servido de una maneratan asidua
y constante á. la República. El epitáfio colocado por
él sobre su cuerpo, es el mismo que le ha consagra
do la historia.
..a'
LAS mu: ¡amas mi LA nzvonucxon, ' 105
No, podemos resistir al placerde copiar la descrip
ahcion que de madameflltoland hace Lemontey , y
ve‘? “dice asíz‘ a,
. - ¿‘T- ‘x; «He visto algunas veces á.‘ madame Roland antes
._,'._'. del año 1789: ‘sus ojos, su talle, ‘su cabellera, erande
o Ïïïuna‘. belleza notable, y su delicado cutis tenia una.
frescura y un colorido, que juntos cen su aire de re
«s .,.,servay candor, la rejuvenecian‘singularmente. Yo
no la encontraba la estremada elegancia de una pa
'. risiensefcomo ella dice en sus’ Memorias: yono
"quierodecir que fuese ‘desmañada, pues que todo
., lo que es sencillo y natural, nunca puede estar
, “despojado de ‘gracia. Recuerdo bien, que la primera
‘vez que la ví, realizó la idea que me había formado
de la pequeña hija de Vévay, que-tantas cabezas ha, -
trastornado, de laJulia deRousseau; y cuando la
oí hablar, la ilusion fue aun más completa. Madame
Roland hablaba; bien, muy bien. El "amor propio
¡hubiera querido encontar más estimacion en. ella
gïide lo que decía, pero no había medio posible ; era
> ¿simplemente una naturaleza demasiado periecta. In
teligencia, buensentido, propiedad enlas espresiones,
e razon picante, gracia nativa, todo corria sin estudio
entre aquellos dientes de marfil y aquellos‘ rosados
labios; era fuerza resignarse. En la marcha dela '
revolucion-no vi más que una‘ vez á madame Ro
_ land, era al principio del primer ministerio de Ro
4. land. Ella no había perdido ¡su frescura y su aire de
I’ adolescencia y sencillez: su marido parecía u_n kuá
" V kero, de quien era hija; y su hijojugaba asu alrede
_Ídor con sus bellísimos cabellos flotando hasta la cin
tura: se creía ver en ellos los habitantes oe Pensil
"yania, llevados al ‘salon de Mr. de Chalonne. Mada
“me Roland no hablaba‘ mas que de los negocios
"públicos,_y pude reconocer que mi moderacion la.
ïinspiraba cierta piedadf Su alma estaba exaltada,
. ¿’pero su corazon permanecía dulce y tranquilo. Aun
«Í que las grandes ruinas de la Monarquía no hubie
- ‘sen acaecido entonces, no disimulaba que los sínto
qmás dela anarquíaprincipiaban a establecerse, y
rometia combatirlos hasta la. muerte. Me acuerde
,11}; eLtono tranquilo y resuelto con que me decía que
‘ ‘ gntregaria, si necesario fuese, su cabeza al ver
, g confieso que la. imágende aquella cabe
—= dora entregada al hacha del verdugo, me
- i :5- jimpresiog difícil de ser borrada de ¡mi
.+> c»;
106 nuuonca POLITICA m: u msnm. . 2
oorazon, porque el furor de los partidos aun no nos
había acostumbrado á. tan espantosns ideas. Así, los
prodigios de la firmeza de madame Roland y su he—
rólca muerte, no me sorprendieron en modo alguno.
Todo estaba de acuerdo , nada había cambiado en
j aquella mujer célebre; no fue este el carácter más
brioso, {pero sí el más verdadero de nuestra revolu—
cion; la historia no le desdeñará, y otras naciones
fimemente le envidiarán.» '
“¡MCU AJ i: ntw-sra-“a: .,u- ¿‘Gx e ¿{u
XT-l‘; i", fu. ‘ql-sam, ¡i ’ . , — u!‘ ,s,‘.,.i
A.¡-'.> J v: p _i[,_.Í.¡ 34:1, p: - _,‘--,_ i ‘ l
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3:5. .047 srnzvra-íï 0.; v. ¿. n: «¡ .¿ .¡ d; _
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,‘.-¡— mdemeiszileelïeralie (madame Robert).—(l7 de’ ¡uno
f-ï -' < del 91.)
7.: . i ‘í un‘ , . . :1
Ji,‘ .2 -’.l-‘,}.',."." T, _ f‘ _ , , V _
"33, -‘,. u" 13:‘: ¡:5 , q: _ y ‘u, ¡ ‘,' -. o
-í "Lf HJ efg-n ,4 _-. mr, 1 '. ‘Á r

La acta primitiva de la República, la famosa peti


rcion del Campo-de Marte, para no reconocenm’ d
Luis XVI m‘ á otro Rey; aquella acta, improvisada en
"V medio de la multitud ante el altar de la patria (en 16
de junio del 91), existe aun en los departamentos del
,3‘? archivo del‘ Sena, y fué escrita por el cordelier
Robert.
- Su mujer, madame Robert (mademoiselle Kera
l-lio); se lo dijo por la tarde á madame Roland: el
«flauta entendida; sobre el particular, testifiea esto mis
Y- mo. Está. materialmente escrita por Mr. Robert, que
fue uno de los primeros firmantes. . —
Robert era un hombre grueso, que tenía mdsipa
triotismo que talento, aunque poseía alguna. facili
dad de espresion. Su mujer, por el contrario, escri
fltora conocida, periodista infatigable, espíritu vivo,
wrápido, ardiente, dictasba, á no dudarlo, y era natural
' que; así fuese, todos los escritos que aparecían con
_ '- la firma de su marido. 4 ‘ r
Este papel ¡»muy notable, y fue por ella imPTQ
¿ visado. Los jaeobinos eran adversarios. Aun el gi
"frondino Brissot‘, que deseaba la caida del Rey, habla.
= escrito una tim-ida. peticion que desaprobaron los
"‘ franciscanos. Estos, unos por la mañana fueron pre
SOS, y otros se ocultaron, huyendo de 19- PTÏSÏOD
' 19
108 mua-mc; ron-nes m: u nun.
Danton, Desmoulíns, Freron, Legendre, no se pre
sentaban en las sesiones de este club, y los más
secundarios franciscanos, como Robert, se encon
traban en primera línea, y aun llevaban la. ini
ciativs.
La señora Robert, consecuente, espiritual y lle
na de resolucion (así la retrata madame Roland),
pero sobre todo. ambiciosa, impaciente por aban
donar, despues de tan largo tle-npo, el oscuro rin
con en que una mujer escribe para vivir, cojió,
como suele decirse, la ocacion por los cabellos. Dic
tó, no tengo duda alguna de ello, y el grueso Robert
escribió. "
, El estilo, al momento hace conocer al autor.
" El de madame Robert es cortado, muy cortado,
como el de una persona jadeante. Muchas faltas fe
lices, pequeños rasgos furiosos (como la cólera de
mujer ó la del colíbrí), delatan al instante la mano
femenil. «Pero, señores; pero representantes de un
pueblo generoso, recordad... etc.» este es puramen
te femenil.
Madame Roland había estado por la mañana en el
Campo de Marte, para juzgar el giro que podían to
mar las cosas. Salió de el, creyendo sin duda que
na a habría que hacer. Por la tarde vio’ la sala de
los jacobínos invadida. por una. multitud entraña que
se creía, no sin visos de certeza, pagada por los or
leanistas, que querían aprovecharse del movimiento
republicano.
Entonces, solo fueron los franciscanos, estando á.
su cabeza Mr. y Mad. Robert, los que, hallándose en
el Campo de Marte, en medio del pueblo, para quien
escribian, tomaron aquella audaz iniciativa, dela
cual se debían aprovechar, primero los girondinos,
-- y luego los jacobinos.
* ¿Qué era, pues, madame Robert, ó mademoiselle
Keralio?
._ Bretona por su padre. pero nacida. en París en
c 1758, tenia entonces treinta y tres años. Era. una
mujer ilustrada, se podría decir un sábio, elevado
á. tal categoría, por los estudios que había debido á.
vw su padre, miembro de 1': Academia de inscripciones.
Guido de Keralio, caballero de San Luis, fué llama
do‘ con Condillac para perfeccionar laeducacion del
príncipe de Parma. Profesor de táctica en lajseuela.
militar, inspector militar de provincias tuvo ‘entre
a. , ' Q.‘ _ _ ,2 nun‘ , , . . , f

i‘: ’ -
us susana n LA nuvonuciou. 109
sus ayudantes al corso Bonaparte. Su sueldo no bas
ïqtaha para sostener á su familia, y para ayudarse es
‘ eribia en el Mercurio, en el Periódico de los Sábios, y
hacia además una multitud de traducciones. La. pe
— sueña Keralio no tenia diez y siete años , 'y ya. tra.
. , uc a y reco llaba.» A los diez y ocho años hizo un
f romance (A Zaida), el cual nadie leyó. bespuesem
picó diez años en hacer un trabajo serio una larga
historia de Isabel, que muestra un gran estudio, y
que está llena de curiosas notas. Por desgracia aca
bó esta obra el 89, era demasiado tarde, no había
tiempo para leer la historia. Visto eso por el padre
y la hija. , se principiaron á. ocupar delos asuntos de
actualidad. Mile. Keralio se hizo periodista y es
ngecribió en el Diario del Estado y de los ciudadanos.
‘te; El viejo Keralio fue, bajo el mando de Lafayette,
instructor de la Guardia Nacional. Y no parece que
ni a el ni á ella les sirvió de mucho tal empleo.
w Cuando lo perdió, siendo lo único con que podían
ïwmantenerse, se casó la hija.
‘wii El marido de‘ esta, adversario del partido de La.
‘ fayette; era el franciscano Robert, que desde el > fin
2 del‘ 90,‘ siguiendo con asiduidad la suerte de Camilo
Desmoulins, había’ escrito el Republicanísmo adaptado
l ¡th-lila flvlncia. Mile. Keralio, de noble cuna, de eleva
' dc posicion wen el antiguo régimen, se impregnó
ardor y facilidad en aquel movimiento. Su ma
"'=.’iri_moni0'la arrojaba á. la más abrasadora hoguera de
agitación parisiense, al club de los franciscanos.
"¿El dia. ‘en que los jefes de los franciscanos, presos ó
' huyendo, abandonaron el peligroso sitio, en. el altar
de la patria, ella promovió la reunión, agito los es
"¡‘p1'ritus,—y por mano de su marido escribió el acta.
“decisiva. ' — ‘
i.‘ »‘—.
¿í El asunto eramuy peligroso: aun cuando no se po»
‘H dia. adivinar las muertes que por la tarde hablan de
" “hacer los realistas y los soldados de Lafayette: el
“ïfiampo de Marte había ¿sido testigo por mariana.
" e una escena demasiado trájica, debida a una burla.
¡preparó un“ acto ‘sangriento. Aunque sea
— gonzoso tal hecho, nosotros no le_pode
ues sirve este ejemplo mucho anues
] . -.- .z.i_,.ï,—g2¿._. íge_üc¿g.—zs_ixxa La» ¿‘p
z z ‘bres realistas, eran en estreiïio
us Actas de los ¿Apóstoles tpreseíilzg:
s; ¡gus rcomo estremadamen e ca 1:
‘¡If in.‘ fiin-q _\. g; . -¡

’ ____., 110 ,¡ ‘BIBLIOTECA potmca m: LA msnm. 7 "

tes. Estos seirritaron, especialmente por la ausen


cia de sus jefes, »y por los bastonazoa’ que algunos
de ellos recibieron de manos de los fayettistas.
Los realistas de baja posiciou , ex-lacaysos, por
teros, peluqueros, tambien eran bastante epigramá
ticos: sin embargo, solo se burlaban de ellos, cuando
se atrevian a hacerlo, estando ausentes los revolucio
narios. Lospeluqueros, e—pecialmente arruinadospor
'la revolucion, eran furiosos realistas. Agentes adu
- nladores, bajo el antiguo régimen; testigos ‘necesa
nrios, para realzarle, de las mas libres pero ‘recóndi
tas escenas, eran ': por lo general libertinos ponen
i-v propia cuenta, y además por imitacion y enseñanza.
A uno de ellos, el sábadopor la tarde, 17 de julio,
se le-ocurrió unaidea que no podía caber en ningu
- na otra cabeza, sino en la de un desalmadocalaïe
r ra, y fue ir á. pasea‘ en el altar de la. patria. y poner
se a. mirar por bajo del zagalejo de l -s mujeres-«No
se usaban entonces tontillos, pero si unos zagalejos
muy huecos por detrás. Los altivos republicanos,
tribunos en el birrete, oradores en los clubs, los, ro
mánticos , las damas letradas , debían sufrir allí
mucho. El peluquero hacia el papel de un bufon
para ver (ó imaginar ver). Verdadero ó falso, tal
accion se creyó repetida muchas veces en los salo
nes realistas: el tono era demasiado libre. aun .entre
ciertas señoras. q
Se vé con asombro, en las Memorias de Lauzun,
lo q e se atrevía á. decir en presencia de la Rei
na. Las páginas de Faublas y de otros libros muy
malos, fueren bien recibidas y devoradas ávidamen
te por aquella alta sociedad que celebraba sus ver
gonzosas y torpes descripciones. .5,
El peluquero, como Lutrin, no quiso encerrarse
solo en las tinieblas; quiso tener un camarada ,. y
elijió un bravo, un viejo soldado, inválido, no menos
realista, ni menos libertino. Tomaron provisiones.
una vasija de agua, fueron por la noche al Campo
de Marte, levantaron una tabla, y bajándola nue
vamente, la colocaron con grande artificio. Despues,
por medio de una barrena, principiaron a hacer agu
JGFOS. Las noches son en julio bastante cortas, esta
ba amaneciendo, y aun se hallaban, trabajando.
Aquel gran día llamaba mucha gente allí: a’, la parte
miserable, por la esperanza de vender algo, a, la
multitud, á otra por curiosidad, y a no poca con otros
, .
u p ‘
A uánfnápíb Im,efiexázoe;¿pyr5¡_:f{¿¿}.'
w » “¡Í

íïi‘é""¡te‘*rïiikímmtítïni '¡,“Í"xz1‘:vór.uczou‘. u? :-,»>-[r:;ll»l


' e» - _ :ïerhfiepïsïeles
Ü? "-«Ij,*=..ï , ;. yhmonadáïáïfimmïdo
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amas,‘ 1 ggg¿-,éo’rn'ó’;‘s;b‘s ¿ido al


_ íepte ‘iéï la parrenafise
rlrxgejpip‘; i“ qbia lievadoeon
_I.\,1.:-‘.1<°-W1Ï15;p
‘¿g i ,
{füácobiar estúdi 3_a
. ggïgïigpglones _patri8fiefág.;:CQ¡f;e á .112". jar
V _ l: ‘ _qL¡.,de_¿_Qros-Ca1llou; laïeuayeb fúiAso, inf,’ y
_ ‘refiggradamente al [Iotelb dqjïzll e,‘ tenue á
_x ,_¡g¿s“a¿p‘res't:z herramientas, áïé'abren'lals7ta—
.1’ ' áfllos dos cu abïgsfmïúy crimiïxa
jü} 7 tent,_:¿1ndo,d0" A
' FÍJMaIse prepara»
Í‘: _ e eg: énïeI alflthr‘ la.
—. _ A _ ¿gh fljeqhó;¿gr_1__pf‘1¡q1al perecxo fen
‘flyrest ponï-¿ágg ‘g (;’ de“ haber { sido lburlado.
_ m‘ _n aquel maüfiogázipc-‘ghetanqia agráwzante, confie
su deptfiavada ifífigeïjeïqn. E9. poblacioúf de Gros
* , ¿i335 estáen s"u totülidzgdlcófqpuesta de lavande
‘vnuág’: p0b1,á9i9n'de..5ïiu5qres». ‘siempreefmadás de
. v‘ ' ñpalágfl‘: qpe tvuflvieroh durante lafrevolucion ¿sus
‘_ _d:e' no? r y reyueltas. Estas mujeres tomaron
“¿:9 . ' ¿ñïmyl Ljgonfeegqn deqsemejante ultraje‘ hecho
- - fasryvá to as las mujeres, Por otra, parte, se mur
. ¡taba queseleshabíaprómetido, para tentarïm
_' gñjandes riquezas en diferenmasT tieiras? el
rrómfle agua, pas;gne1e de boca en boca, se convir
-, ó pin’ jarro de polvo y ‘fgíego: despúfes de tpdo
"a uello, _se seguía que de’ narraclon’ ‘en, narracion se
— ‘ ' aumentando’ el coraje,‘ y ya no se decía otra cosa.
__ que‘ querían hacer saltar al pueblo que se ha.
'e”:en elgaltar en el acto de la. ceremónia. Empeza
V. ‘ lá,‘ ïlgïyaeíon’, la guggrgïa no pudo ya defender á.
‘crimiriales: la mulïïtíi, se‘ apoderó de ellos, y los
ogó; y despues para atefrrotizar á los aristócratas.
, "¡fitóglas cabezas y "las paseó por París. Erítre
' ‘ j y‘ nueve estaban egelPalgció Real
¡fifflïn
‘ ‘S; ¿’gfiïgoshumanosu
_ ento despues la‘ Asamblea, conmovida,
4:15.
. s: 1:83,,-‘tïgígïgácïa_.t pero demasiado hábilmente diríjida por
-‘ gealïstag contra la. petícion republicana, que se
éig. y aun temía, declaró: «Que los que porvcscri
o ividuales ó colectivos pudiesen irritar al pue
ïíáíi briminales de lesa nacion.» La‘ peticion se
_— ‘¿así identificada. con el asesinatqdela
p. . _ ,, "¿r-da xeunion como amenaza de asesinato.
m} ' _ omento en momento el presidente Carlos de
etmïescribia á la, municipalidad para. que des
112 - smmorzca POLÍTICA n: LA manu.
plegase la bandera roja, y lanzase la Guardia Nacio
;, nal contra los peticionarios del Campo de Marte. 7'
,4 _La reunion, en realidad, era completamente in
ofensiva. Dice un testigo ocular, que había muchas
más mujeres que hombres. Entre las señaladas, ha.
bia un gran número de mujeres y doncellas. Sin
duda aquel dia, domingo, se hallaban en brazos de
,.;,, sus padres, al lado de sus hermanos y de sus mari
,’ dos: creyentes con una. dócil fé, querían comunicar y
a atestiguar con ellos aquel gran acta cuya significa
¿ cion muchos no coynprendian. Pero eso no importa
, ' ba; estaban furiosas y eran fieles, y muchas testifi
El número
V caron de con
todo esto las señaladas
su sangre.debe ser inmenso. L

listas, que subsisten aún , contienen millares- de


nombres. Pero es casi cierto que muchos de ellos se
whan omitido. La última fue firmada por cincuenta.
FES prodigiosa. la empresa de firmar todo un pueblo
una acta tan hostil al Rey, tan severa para la Asam
blea, y debió asustar á esta. Presentáronla una de
las copias que circulaban, y vió con terror aquella
Asamblea soberana, casi juez y árbitra entre el Rey
. y el pueblo, que en aquel momento descendia de tan
4, alta dignidad al papel de acusada. Importaba enton
ces, á. cualquier precio, disolver tal reunion y des
echar su peticion. a l’ »
Tal fue el pensamiento, no digo de toda. la Asam
blea, que se dejaba arrastrar, pero si el pensamiento
delos incitadores. Finjieron tener aviso de que la
_ _ multitud del Campo de Marte quería marchar sobre
.5 la Asamblea, cosa ciertamente inexá eta, y positiva
' mente desmentida por todos los testigos oculares y
vivientes aún, fundandose en la muy diferente acti
tud del pueblo. Que hubiese en la multitud algun
loco que lo propusiese, no es inverosímil; pero nadie
ejercía ni la menor accion sobre la multitud. Esta
era inmensa; en ella se hallaban mil elementos di
versos, unos fáciles de arrastrar, otros menos ofen
sivos. Los habitantes de las aldeas de los alrededo
res, no sabiendo nada de los últimos sucesos, se pu
sieron en marcha, especialmente los de las cercanías
R del Oeste, como Vaugirard , Issy, Sévres, Saint
,‘ Cloud, Boulogne, etc. Todos coacurrieronallí como
,_ " á. una fiesta; pero, una vez en el Campo de Marte,
no tuvieron ninguna idea de participar de ella: lo
que buscaban ‘con ansia en aquel ardoroso dia, era
.¡A
l
un poco de us MUJERES
sombra m: LAdenzvowcxou.
debajo los árboles que se113

llaban’ alrededor, ó bien en el centro, en la magnifica.


ha— V
l
i

piramide del altar de la patria. _


Mientras tanto llega un espantoso mensaje de la
Asamblea, una especie de ultimatum, dirijido á. las
cuatro al Hotel de Ville; y entonces esta noticia se
esparce en la Gréve, donde se hallaba estendida una.
gran troupc pagada. «Una tropa de cincuenta mil
bandidos se hallaba colocada en el Campo de Marte.
y quiere marchar contra la Asamblea.»
La municipalidad no resistió. Desplegó la bande
ra roja. El mariscal Bailly, muy pálido, fue á. la Gré
ve mandando una columna de la Guardia Nacio
nal. Lafayette siguió otro camino.
ue aquí el relato inédito de un testigo, muy crei
ble, que era guardia nacional, y estuvo en el Cam
po de Marte, habiendo ido por el arrabal de San
Antonio:
(El aspecto que presentaba la plaza, nos llenó de
asombro. Creimos encontrarla ocupada por un popula
cho enfurecido, y encontramos la poblacion pacífica.
paseando, como que era domingo, formando grupos,
reuniones de familia, compuestas en su mayor parte
de mujeres y niños, en medio de los cuales circulan
han vendedores de coco, pan y pasteles de Nanterre,
que tenían entonces gran aprecio por su novedad.
No habla. entre la multitud ninguna persona que es
tuviese amnada, escepto algunos guardias nacionales
que estaban allí parados con uniforme y sable: la
mayor parte de los hombres acompañaban á. sus
mujeres, y no tenían aspecto amenazador ni sos
pechoso. Tal fue nuestra seguridad , que muchas
compañías pusieron las armas en pabellones y otras
marcharon sin obstáculo alguno hasta la mitad del
Campo de Marte. Fueron a su vuelta interrogadas
y dijeron no había ninguna novedad, sino quese fir
maba. una. peticion sobre el altar de la patria.
¡Este altar era de una construccion soberbia, con
una altura de cien piés; se apoyaba sobre cuatro co
lumnas de proporciones colosales, que ocupaban los
ángulos de su vasto cuadrilatero, y soportaban una.
especie de trespies colosal. Estas columnas estaban
unidas por medio de unas escaleras, de una anchu
ra tal, que cojia un batallon en línea en cada una de.
ellas. La plataforma, ala cual conducian, se eleva
ba piramidalmente por una multitud de gradas. en
0
t '.
Ill. DlBLlOTI-ZCA POLÏTICADE LA manu.
un terreno firme que coronaba el altar de la. patria,
y al cua] daba sombra una palmera.
¡»Se habían hecho en las cuatro caras, desde la.
base hasta la cima, varios asientos que brindaban al
reposo á. la multitud fatigaéa por un largo paseo‘ ó
por el escesivo calor del sol ardoroso de julio. Así,
cuando llegamos á aquel gran monumento, parecía
una montaña elevada, animada y formada de séres
humanos superpuestos. Ninguno de nosotros presu
mia ¡que aquel edificio construido para una fiesta, se
cambiase en un sangriento cadalso.»
Ni Builly ni Lafayette eran hombres sanguinarios.
No habían hecho más que dar una orden general para
emplear la fuerza en caso de resistencia. Los sucesos
todo lo cambiaron; la tropa pagada (especie de gen
darmería), entraba por mitad del Campo de Marte
(por laparte de Gros-Caillou), cuando se le habla
dicho que por el otro lado habían disparado contra.
el alcalde, y habían herido a un soldado de drago»
nes. Y en efecto, un grupo de niños y de hombres
exaltados, habían tirado un tiro, y pasando la bala
por detrás del alcalde, hirió á un dragon. ¿Quiénes
l : ' : x motivado aquel atentado? Los realistas, sin
duda; los peluqueros, que en número muy crecido,
y armados hasta los dientes, querían vengar al pelu
quero muerto por la mañana. p
La guardia pagada a nada atendió, y sin verificar
lo que se la había dicho, avanzaron aquellos soldados
á la carrera en el Campo de Marte, y dispararon to
das sus armas sobre el altar de la patria, cubierto
de mujeres y niños. líolvert y su mujerno fueron
atendidos. Y ya los franciscanos, ó sus amigos, en el
fuego, repartieron las hojas de la peticion, de las que
conserv-imos una parte.
Por la tarde se refugínron en casa. de madame Ro
land. Se la hizo leer su escrito sobre aquellos su
cesos, el cual, por su dureza, no esplica más que la.
escesíva timidez de la política girondina. «Volviendo
V de casa de los gironiinos á la mia, á. las once, en
" cr ntré a Mr. y Mad. Rombert. Venimosrhme dijo
esta,—conla confianza de una antigua amiga, á pedi
' ros un asilo: no es necesario conoceros ni trataros
mucho, para creer en la franquem de vuestro ca
rácter y de vuestro patriotismo. Mi marido apoyaba
la peticion en el altar de la patria: yo estaba á. su
' lado; escapamos del furor de la tropa sin osar reti
‘—fi._pwjïï‘tasuuumnss m: u nsvotucion. 115
‘v "¿iii-amos á, nuestra casa ni á. la de ninguno de nuestros
- ‘wconocidos donde nos pudiéramos haber refugiado.
_*‘:'Yo os agradezcor-la dije,—os hayais acordado de
' ."_ ‘mi en unas circunstancias tan tristes, y me honro
" ‘"1! con ocultar los perseguidos; pero os i hallareis mal
ocultos aquí (vivía en el Hotel Británico, en la calle
‘ iGuengaud); esta. casa es muy frzcuentada, y el due
j" ño es partidario de Lafayette.—-No estaremos aquí
más que esta noche; mañana marcbaremos a mi
‘ fïcasa.» Hice decir á. la dueña-del hotel, que una. pa
y rienia, llegando á París en aquel instante de tumul
fito, había dejado su equipaje en la diligencia, y pasa
“"ria la noche conmigo: que la suplicaba pusiese dos
¿gcamas de tijera en mi habitacion. Fueron colocadas
' ‘en un salen donde durmieron los hombres,vy mada
1 ,me Robert se acostó en la cama de mi marido, cer
‘ {ca de la mia, en mi alcoba. A la mañana siguiente, '
5 Á_ habiendo pasado felizmente la ‘noche, no me ocupe’
1 _’_ más que de escribir á, mis amigos, enterándoles de
‘ f? la ocurrencia. Mr. y Mad. Robert , á. quienes creía.
' -‘ , ‘activcs, y con una larga correspondencia como pe
"ïfigriodistas, estuvieron descansadamente, y despues de
' haber almorzado lo que yo les ofrecí, salieron al
1 " ‘Í balcon de la calle, y aun llamaron por la ventana é
hicieron subir a un amigo suyo.
."._.- »Yo encontraba aquella conducta muy inconsc
¿cuente de parte de gentes que pretendían ocultarse.
f3 La persona que hicieron subir, les contó con calor
1
' ‘todos los sucesos del dia anterior, y se vanagloriaba
de haber herido‘ con su sable a un guardia nacional:
, '--‘ ‘hablaba muy alto, en una pieza contigua. á una ante
' ' “hi cámara comun, y a otro cuarto como el mio. Llamé
" ‘ha madame Robert: «Yo os he recibido, señora, con
"' Ï linterés de la justicia. y la humanidad debida a
yntes honestas en peligro; pero yo no puedo dar
65 italidad á. vuestros amigos: puede comprometer
68' una casa como esta, cualquiera indiscrecion;
' mrecibo diariamente diputados que se comprome
rian si se les veía entrar aquí, en el momento en
ese encontrase una ‘persona que se vanagloriase
ber‘ hecho ayer varias hazañas sangrientas;
" ‘ues, retirar á esa persona.» Madame Robert
V u marido, y volví á. reiterar mis observa.
" voz muy alta; porque aquel hombre. 3150
regia necesitar una fuerte imPïesimï Se '
“des, aquel amigo. SUPO que 5° Female
116 BBLIOTECA poLiricA m: LA msnm.
Vachard, y era presidente de una sociedad llamada
de los Indigentes, y se celebraron mucho sus esce
lentes cualidades y su ardiente patriotismo. Yo pen
sé bien pronto en el precio necesario a comprar el
patriotismo de un hombre que tenia lo que se llama
una mala cabeza, y á qui n yo hubiera llamado un
perverso sugeto. Supe despues que era uno de los
repartidores de las proclamas de Marst, que no sa
bia leer y que es ahora administrador de un depar
tamento de París, y que tenia muy buena fama en
tre sus iguales.
»Era al medio día; Mr. y Mad. Robert hablaron de
marchara su casa, pues todo esturia desordenado;
yo les dije, que por ‘la misma razon comiesen con
nosotros, en lo cual tendríamos sumo placer; me di
jeron que preferian volver, y habiendo empeñado su
palabra, salieron en direccion á su casa. Yo les espe
ré, efectivamente, durante tres horas; ya se halian
arreglado: la mujer traía grandes plumas y mucho
color rojo, y el marido estaba vestido c. n un traje
de seda azul celeste, sobre el cual sus negros cabe
llos, cayendo en grandes bucles, formaban un her
moso contraste. Traia ajustada á su costado una lar
ga espada, que no acostumbrando a usarla, al ins
tante le daria á conocen-Pero, tDios miol¿S0n locas
estas gentes.'—me preguntaba á mi misma. Y yo
atentamente les oia hablar, para convencerme de si
habían perdido el juicio. El gordo Robert comia con
gran satisfacci n, y su mujer hablaba á más y me
‘jor. Me abandonaron despues de un breve espacio,
y no les volví á. ver ni a hablar a ninguno de ellos.
rDe vuelta a París. al invierno siguiente, Robert,
encontrando á toland con losjacobinos, le reconvino
amigablemente, acerca de asuntos políticos, y de no
tener relaciones con nosotros; su mujer vino á. visi
tarme muehas veces, y a invitarme, de la manera
más apremiante, a ir á. su casa dos veces á la sema
na, en los que tenia una especie de Asamblea, donde
concurrian hombres de mérito de aquella legislatu
ra: yo fui una vez; vi a Antonio, á. quien conocia ya.
como una mediania: un hombre pequeño, bueno
para disponer una toillette, hacer lindos versos ó es
cribir sobre cualquier bagatela, pero sin consistencia.
y sin carácter. Vi diputados patriotas a la menuda,
decente a lo Chabot, mujeres ardientes en civismo,
y honorables miembros de la Sociedad fraternal;
LAS MUJERES nn LA BEVOLUCION. 117
componían un circulo en el cual no me convenía es
tar, y del cual me aleje para no volver. "Algunos me
ses despues, Roland fué llamado al ministerio; veinti
cuatro horas habrían trascurrido desde su nombra
miento, cuando vi entrar en mi casa á madame
Robert. «Ved ahí á. vuestro marido colocado; los pa
, triotas deben servirse recíprocamente, y yo espero
‘ ¡no olvidareis a mi esposo-No »me honraré,—-la
dije,——en seros útil, pero yo ignoro lo que podrá ha.
cer en esto, aunque ciertamente Mr. Roland no des
preciará nada que convenga al interés público, al
tratar de dar colocacion á las personas capaces.»
Cuatro días no habían pasado, cuando mu, dame Ro
bert volvió á, hacerme otra visita, y otra pocos días
despues, y hablando siempre con grande instancia.
acerca de la necesidad de colocar á su marido, y de
los derechos que á. ello tenia por su probado‘ patrio
tismo. Yo advertí a madame Robert que el ministro
del Interior no tenia, bajo su poder, más que los em
pleos de sus oficinas; que todos estaban dados; que
á pesar de lo útil que le podría ser cambiar de agen
tes, convenía al hombreprudente estudiar los asun
tos y las personas, antes de hacer innovaciones, para
no alterar la marcha de 10s trabajos; y en fin,
despues de lo que la había dicho, la dije que creía no
querría su marido una. plaza de simple comisario.—
(Verdaderamente, Robert merece mas que eso.
En esc caso, el ministro del Interior de nada os pue
de servir.—[’ero es preciso que él hable a sus com
pañeros, y que den una mision a Robert.—Creo que
en la austeridad de Mr. Roland, es difícil se doble
gue á rogar a nadie, para que vaya ahora á mez
clarse en lo que pertenece á. todos los demás: pero
aunque no eomprendereis probablemente que no
basta para aspirar a tales cargos el demostrar el
" cilvismo ardiente de vuestro marido, yo hablaré
i. '._' nMadame
mio.» Robert se aproximó a Brissot y á Du

Ïaüouriez, y tres días despues medijo que esteúltimo


da había empeñado su palabra, y que se la recordarse
v ndo le viese. v‘
ino á comer á casa aquella misma semana; es
‘tambien Brissotta ycierta
í’ ,-—prometido otros.dama,
«¿No demasiado
habeisr-Hije
exial
ooar á. su marido? Me ha. regado os ‘recuerde
‘ — bra; y su actividad es ¡tan grande: que
Hí 118 nxgzxorgcA POLÍTICA m: LA 11:12am.
estoy deseosa. de poderla calmar á mi presencia, diu
ciéndola que he hecho lo que la. habia pr0metido.—-—
¡No es la mujer de Robert de quien tratais'!-—pre—
guntó Brissot.-—Justamente.-—¡Ahl-dijo con aquel
aire de bondad que le caraeteriza,-—debeis (volvién
dose a Dumouriez) colocar á ese hombre: es un sin
cero amigo, un arrebatado patriota: es preciso que el
reino dela libertad sea util á los que la aman.-—¡Qué!
o-interrumpió Dumouriez con tanta vivacidad como
grncia;—¿me hablais de ese hombre pequeñuelo, de
cabello negro, tan largo como su estatura? En verdad
que no quiero deshonrarme Yo no meteré en nin
gun lado á tal cabezorro.—-Pero,——replicó Brissot,—
entre los agentes que estais en el caso de emplear, ‘
¿no tienen todos necesidad de una capacidad como
eSaY-¡Eh! ¿conoceis bien á.’ R0bert?—-—le preguntó Du—
mouriez-Conociw mucho á Keralio. el padrede su
mujer, hombre altamente respetable, y vi en su casa.
á. Robert; sé que se le acusa de ciertas necedades,
pero sé que es honrado, que tiene un buencorazon,
un ardiente civismo y una gran necesidad de ser
empleado.-—Yo no empleo a un loco semejante.—— ‘
Pero se lo haheis prometido á. su mujer.——Sin duda;
pero un empleo inferior. de cien escudos de. sueldo,
no lo ha querido. ¿Sabeis lo que ardientemente soli
cita? La embajada de Coustantin0pla.——¡La embajada
de Constantinoplah-gritó Brissot ríe: (low-eso es
imposible-Pues así es.—Yo nada tengo que decir.
Ni-yorïañgdió Dumouriez,——sino que haré rodar a
ese botijo a la calle cuando me vaya a hablar, y que
hare cerrar la puerta de_m1 casa a su mujer n
_ nMadame Robert volvlo despues á. mi casn;yo que
riabdssbacertlme de ella á. toálo trance, pero no encon
tra a e me io, pues no po ia emplearle de un modo
contrario á mi franqueza. Ella se lamentó de la ca
chaza de Dumouriez; la dije que yo le había hablado.
pero que no debía engañarla, pues tenia enemigos que
murmuraban y estendmnjmalas nuevas de su conduc- g
ta, y que deseaba que ella averiguase cuál era el ori— ;
gen de aquellos rumores, a flin de qtlie ug hfmbrelpú- l
¡c0 no se viese espues o a. os msn tos e ns ma in
tencionados, empleándolos en una persona á. quien se ‘
la. podían seguir perjuicios grandes, y queíyo la ‘
prometía dar todas las necesarias esplicacioneq. Ma
dame Robert marchó á casa de Brissot, el cual, en
su ingenuidad, la dijo que no había obrado cuerda
us MUJERES nn LA nsvonucion. 119
mente al pedir una embajada, y que con tales peti
ciones, siempre se concluía por no obtener nada. No
la volvimos a ver; pero Robert hizo una. acusacion
contra Brissot , denunciándole de distribuidor de
destinos a su placer y de falsario, pues le había pro
metido la embajada de Constantinopla cuando ya la
había dado. Se unió al partido de los franciscanos y
a Danton, siendo como un comisionado ‘suyo, ‘hasta.
ue en 10 de agosto Danton fue ministro y empleó
¡Robert en la diputacion deParis de la Convencibn;
pagó sus deudas, y además reunió algun dinero y re
cibía. a comer en su casa a Orleans y á. ‘otros mil;
hoy es rico, calumnia a Roland, y desprecia á. su mu—
jer; todo esto se concibe perfectamente; hizo su ne
gocio ganando bastante dinero.»
Este retrato amargo, injusto, y que prueba que
madame Roland, como todos los grandes espíritus,
tenian, sus debilidades, es materialmente inexácta
en más de un punto, y .en uno, sobre todo. Robert
no se unió á los franciscanos al fin del 92,cuando estaba
afiliado á ellos desde principios del 91, pues en julio
de dicho año había escrito, ayudado de su mujer,‘ el
acta más ardiente que tienen‘ los franciscanos en su
historia, el acta original de la República.
Robert era un buen hombre, de‘ im: corazon ardien
te. Parece fue uno de los que, en eiverano del 93
(en agosto ó setiembre), hicieron con Garat algu—
nas tentativas cerca de Robes pierre, para favorecer
álos girondinos, entonces cási perdidos, y á quienes
nadie podía salvar.
Aun cuando lo afirma madame Roland, ni Robert
ni su mujer se enriquecieron. La. pobre mujer,
despues de larevolucion, vivió de su pluma ¡nodos
bw tamente como antes , escribiendo para. los libreros
muchas traducciones del inglés, y de tiempo en
tiempo , algunos romances: Amelia y Carolina , ó
el Amor y la amistad; Alfonso y iilatzlde, ó la Fami
lia española; ‘Rosa y Alberto, á la Tumba de Emma
(1810). Esta fué laúltima de sus obras, y probable
mente el fin de su vida.
rTodo esto ya se ha olvidado, aun su Historíadc
Isabel. Pero lo que nunca se olvidará. , es la. ran
iniciativa que ella tomó en favor de la Repúb ca.
el diaria; de julio de 1791. , w512":
m. u‘
. r uuu“

31
{a

CAPITULO XVII.

Carlota Corday.

,El domingo 7 “de julio de 1793, se había batido


generala, y sehabian reunido sobre el verde-tapiz.
dela inmensa pradera de Caen, los voluntarios que
mnrchaban a París para la guerra de Illorat. Se reunie
ron treinta. Las bellas damas quese encontraban
allí con los diputados, estaban sorprendidos y poco
edificadas al ver aquel pequeño‘ número. Una. seño
rita, entre otros, aparecía profundamente triste; y
era la señorita María Carlota Corday de Armont,
ióven y bella, republicana, de familia noble, pero
pobre, ¿que vivía en Caen con su tio. Petion, que la
había visto‘ algunas veces, supuso que sin duda ten
driaalgun amante cuya marcha la entristecia. Y
chanceándose ágriamente, la. dijo: ¡Vos no estariais
triste, si no partieran, ¿no es cierto?»
.- El girondino, desengañado con tantos y diferentes
sucesos, no adivinaba el sentimiento nuevo y vir
gen, la llama. ardiente que inflamaba aquel tierno y
sensible corazon. No sabia que sus discursos y los
de sus amigos, que en boca de ciertos hombres no
eran más que unos simples discursos, en el-cora
ZQQJÍGHMUe. Corday, eran el destino, la. vida, la
muerte. En aquella verde pradera de Caen , donde
godian cojer cien mil hombres, y en la que solo
abia treinta, había visto una cosa que nadie veía:
la pátria abandonada.
i!» '
_ r tu
us nunmss ng LA nnvonucxon. 12
rr‘ Al ver á los hombres haciendo tan poco , se la.
ocurrió el pensamiento de que allí faltaba. la mano
de una mujer.
' '° adamoiselle Corday tenia. una. gran nobleza, te
n a un cercano parentesco con las heroinas de Cor
neille, de Chimene, de Pauline, y de la hermana. de
Horacio. Era la viznieta del autor de fiinna.’ L0
sublime para ella era la naturaleza. un,
x?" En la carta. que escribiómomentos antes de su
muerte, espresó todo lo que su espíritu sentía; lo en
cerró en una sola palabra, que sin cesar repetía:
«Lupas, la paz.»
Sublime y razonable como su tio, á. la normanda,
hacia este razonamiento: «La. ley es la paz misma.»
¿Quién ha abogado la ley el 2 de junio? Marat
sobre todos. Con la muerte del asesino dc la. ley, vol
verá. á florecer la paz. La muerte de uno, será. la vida
de todos.
Tal fue todo su pensamiento. En toda su vida, que
la entregó gustosa por conseguir su objeto, no pensó
en otra. cosa.
¡Penramiento estrecho, al mismo tiempo que ele
vado! Vió todo representado en un solo hombre; con
el hilo de una sola vida, creyó cortar nuestros malos
destinos, como cuando estorba en la rueca el hilo
arrollado. "“ '
No se crea ver en madamoiselle Corday un bandi
do feroz, que tenia en nada la efusion de sangre.
Todo al contrario; lo que hizo, fue para evitarlo:
por eso se decidió a dar aquel golpe. Creyó salvar á.
todo el mundo, destruyendo al esterminador. Tenia.
un cornzon de mujer, tierno y dulce. El acto que
ella deseaba. cumplir , era un acto que creia de
piedad.
4,, En el único retrato que de ellase conserva, y que
se hizo pocos instantes antes de su muerte, se per
cibe su estremada dulzura. Nada hay que este’ me
nos en armonía con su dulce rostro, que su san
griento recuerdo. Era su figura la de una jóven nor
manda, figura virginal, y que parece representar e_l ¿¡
brillo dulce de manzana en flor. A los veinticiacqá
años representaba mucha. menor edad. Su voz era.
un poco infantil, y aun las mismas palabras que es-rm.
cribió á. su padre, con la ortografía normanda, ¡se ¿
asimilan perfectamente con su fatigosa. pronuncia- _.
cion: «Perdonadme, papá mio.»
122 NBUOTICA POLÍTICA DI‘. LAJBIRIA.

En su trájico retrato parece sensible, razonable,


seria, como todas las mujeres de su país. ¿(Jorn
prendia entonces ligeramente su suerte? ¿No había.
en ella un falso y aparente heroísmo? Es preciso
pensar que cuando aquel retrato se hizo, solo la.
faltaba media hora para la trrriblc prueba. ¿No es
cierto que tiene el aspecto de un niño enfadado? Yo
así lo creo; y mirándola atentamente, se sorprende
en su boca un pequeño movimiento, como movido
por el espanto Si, un poco de irritacion contra la
muerte; contra el enemigo bárbaro que vá acor
tar aquella hermosa vida, llena de amores nove
lescos.
La pintura ha creado para los hombres un senti
miento desesperador. Nadie puede ver su retrato,
sin esclamar en el fondo del corazon: «¡Oh! ¡Por
qué he nacido tan tarde! ¡Yo tambien la hubiera
ama o!»
Tenia los cabellos cenicientos, con el más «luleew t '
reflejo; sombrero blancmyropa blanca. ¿Era un sig
no de inocencia y como una justificacion visible
del hecho que acababa de cometer? Yo no lo sé: en
sus ojos se retrataban la duda y la tristeza. ¿Estaba
triste por su muerte? No lo creo así; pero de su
accion, quizás. Aun el corazon más firme que ha
asestado un golpe de muerte, en el último instante,
cualquiera que sea su fé, vé frecuentemente elevar
se dudas estrañas en su imaginacion.
Mirando atentamente sus ojos tristes y dulces, se
comprende al momento una cosa, que quizás espli
ca todo su destino: «Estaba siempre sola.»
Si, es la única cosa que se encuentra alarmante en
ella. En aquel estado encantador y bello, tuvo esta
siniestra contrariedad: el demonio de la soledad.
No conociólas caricias maternnles; no probó en
sus primeros años la lactancia maternal, a la cual
nada puede sustituir.
‘En realidad, tampoco tuvo padre. El suyo, pobre,
noble, habitando en la campiña, cabeza utópica y
romancesca, que escribia contra los abusos que co
metia la nobleza, se ocupaba mucho de sus libros y
nada de sus hijos. -
Se puede decir que tampoco tuvo hermanos. Al
menos, los dos que tenia, estaban en el 92 tan per
fectamente opuestos á sus ideas, que fueron á unirse
con el ejército de Condes
LAS MUJERES DE LA RBVOLUCIOI.
¡
Admitidaa los trece años en el convento del:
Abbaye-aux-Dames de Caen, donde se recibían las‘
hijas de la nobleza pobre, ¿no estuvo sola enton
ces? Se puede creer que sí, cuando se s.-Ioe que
en esos asilos religiosos que parece debieran ser
los santuarios de la igualdad cristiana, los ricos
desprecian á. los pobres. Ningun lugar, mas que en
Abbaye-auxDames, es más a propósito para con-_
servar las tradiciones del orgullo. Fundado por M21
tilde, hija de Guillermo el Conquistador, domina i.
la ciudad, y en el interior de aquellas bóvedas row‘
manas, elevadas, elevadisimas, va escrita la- insoá
lencia feudal. :
y El alma dela joven Carlota buscó su primer re
fugio en la devocion, en las dulces amistades del
claustro. Amó con fervor á dos jóvenes nobles, y
como ella pobres. Vislumbraba algo del mundo.
Una sociedad mundana de jóvenes de la nobleza,
era admitida en el locutorio del convento y en los
salonesde la abadesa. Su ¡’utilidad ‘debió contribuir
á. fortificar el corazon viril de la jóven, en su separa
cion del mundo y en su gusto á. la soledad.
Sus verdaderas amigos eran sus libros. La filosoJ —
fia del siglo invadia hasta los conventos. Sus lectu
ras eran al acaso, y poco escojidas; frecuentemente
mezclaba á Raynal con Rousseau «Su cabeza,-—dice‘
un periodista,—era un volcan lleno de libros de to‘:
das clases.» . " — ‘I
Era de aquellas que pueden leer todos los libros y L
considerar todas las opiniones, sin ser manchadasu
pureza. Guardo, en la ciencia del bien y del mal, un
don singular de virginidad moral e infantil. Esto
aparecía, sobre todo, en su infantil voz, en su tim- .
bre argentino, donde se veía á. la persona entera,
que jamás había sido corrompida. Se podrian fácil- 4
mente olvidar las facciones de madamoiselle Cor
day, pero nunca su voz una vez oida. Una persona
que la oyó en Caen en unaocasion. sin ninguna im- ,¿
portancia, cerca de diez añosdespues recordaba como
el primer día aquella voz única, y la hacía notar a’.
los demás, intentando recordar su timbre y en
tonacion. . v:
Esta prolongacion de la. edad de la niña, fué una
singularidad que la semejaba á. Juana de Arco, que
siempre fue una. niña, nunca una mujer. _
Lo que más admirable había en madamoiselle
I
0 ' ‘ ,
JM mnuo-rsca POLiTlCA nz LA manu.
Oorday—<,imposible de olvidar, era que aqrella voz
infantil estaba unida á. una belleza seria, viril ¡por
la espresion. aunque delicada. por sus facciones‘.
Este contraste tenia. el doble efecto de seducir e’
imponer. Cuando se la miraba, seentusiasmabu
uno;.pero en aquella flor del tiempo,‘ intimidaba ali
guna. cosa que no era del mundo, sino de la inmor
talidad. Siempre que se la encontraba, se la quería;
Vivía ya entre los héroes en el Eliseo de Pintar
co. y entre los que dieron su vida parano morir.
jamás. y . t;
Los girondinos no ejercieron sobre ella laa menor
influencia. La mayor parte, segur-i hemos visto,
aun ellos mismos. cesaron de serlo. Viósolo dos ve
cesa Barbarouxfl), como diputado de provincia,"
para obtener de él una. carta y solicitar un empleo
para uno de sus paisanos. -. ‘
Tambien había visto á. Mr-. Fauchet, el párroco de
‘Calvados, y ni le amaba ni le estimaba como sacara»
dote, y mucho menos como sacerdote inmoral. Es
inútil decir que madamoiselle Corday, no tenia rela»
ciones con ningun cura.
En la época de la supresion de los conventos, ha- .
biendo encontrado nuevamente casado á. su padre, o
se refugió en Caen, en casa de una tía suya llamada —
madame Breteville; y allí fue donde tomó su herói- '
cn. resolucion. _ y
¿La tomó sin ninguna. incertidumbre? Nó; fué de
tenida un momento pensando en su tia, en aquella «
(1) Nunca ciertos escritores románticos han hablado de a
esta heroína sin querer demostrar que estaba enamorada
Probablemente,——dicen,—lo estaría de Barbaroux Otros,
fundáudose en el dicho de una antigua. sirmente, han ima.
ginado amoríos con un tal Franquelin, jóven sensible y her— -"’ '
moso. que había tenido el insigne honor de haber sido ama- r
do, por madamoiselle Corday, y que por él había derramado
tiernas‘ y abundantes lágrimas. Eso es conocerla naturaleza p,‘ '
humana. De tales actos no se deduce la virginidad del cora- ,,'¡
zoii
era porque
Si la sacerdotisa
ningun amor
de humano
Tauride había
sabia romper
debilitado
un cuchillo,
su coraa- ‘,'

zoneElmáeabsnrdo de todos es Wimpfem, el cual-ln hacia‘ *


realista"); la presentaba enamorada del realista Belzuncerc“
Larábia que a Wimpfem le inspiraban los girondinos, que
rechazaron sus proposiciones para llamar en su favoryá In- ¡o
laterra, parece le hacia perderel juicio. Supuso que el pobre
etion, casi muerto, pues no tenia ‘más’ que una idea, sus "‘
hijos,‘ queriawadivinadlo)... incendiar á Cao», para. ‘imputar
este crimen á la Montaña. Siempre escribía de ese modo.
us MUJERES naaa‘ nnvonpcpou. y cu,‘
a 125 ,
buena señora que la. acojia en su casa_ con cariño, y ’
á quien en recompensa quería cruelmente compro
meter. Suïtia sorprendió, en" sus ojos cierto dia una.»
furtiva lágrima: «Lloro,——decia',—por la Francia,
por mis compatriotas, por vos... Mientras’ ¡Marat
viva, ¿quién podrá vivir?» V _ 1 = .
Vendió todos sus libros , escepto "unofíde ¡Plui
tarco, que llevó consigo. Encontré ‘en la‘ corte ‘a’ un '
hijo de un artesano que había. fivido coiïelfa; le dió _ '_ ‘
todos sus dibujos, le abrazó yrbdófima ardiente lágri- ‘ '
ma por su rosada mejilla. ¡Dos lágrimas! ,. ¡‘Bastantes
son para la naturaleza! ‘«" ' ‘ d ,
Carlota Corday creyó ‘no poder abandonar ‘la vida '
sin saludaruna sola vez‘ ¿“su padre.’ Le vióeuAr
gentant, y- recibió su bendicion; Desde allimarchó á.
París en/un carruaje público, en compañía de 311gb!
nos ‘individuos de la Montaña, grandes admiradores
de Marat. que principiaron desde entónees‘ á. ena
morarla, y hasta llegaron a pedir su mano. ‘Mientras
tanto, ella finjia dormir ó se sonreía, x y jugaba con
un niño. Llegó a París.el jueves li, al medio día, y
marchó á. la calle de los Viejos Capuchinus , “núme
ro 7, Hotel dela Providencia.‘ Se acostó a las cinco de
la tarde, y durmió hasta la. mañana del día siguiente,
con el sueño de la juventud y‘ de una conciencia tran
quila. En su pensamiento, su sacrificio estaba ideado
y ejecutado: no manifestaba ni turbacion ni duda.
Estaba. tan fija eu su proyecto, que no deseaba
precipitarle. Se ocupaba de cumplir un _deber de
amistad,_bajo cuyo pretesto había ido á, París.‘ Había
obtenido en Caen una carta de Barbaroux, para su
colega. Duperret, queriendo,—decia,-—con su auxilio,
que la. diesen algunos papeles’ útiles á su amiga,
.madamoiselle Forbin, emigrada, depositados en el
ministerio del Interior.
Por la mañana no encontró á Duperret, pues ha
bía ido á la Convencion. Se volvió a su casa, y pasó
el día leyendo tranquilamente las Vidas de Plutarco,
especie de biblia de fuertes corazones. Por la tarde
Volvió á. casa del ministro Duperret, le encontró co
mí ' o con su familia y sus inquietas hijas. Prome- A
tiÓ" ' {mente servirle. al dia siguiente. ¿_, , ‘ 1
Sïqdfiqfllqyïó al ver á. aquella familia que preten
L. cfiúï’ ‘ ' "éter, y dijo á Duperret con voz casi su
'- ’ edme, partid para Caen; huid antes
, , " la tarde.» Aquella misma nights, Y
- 3.1.3.1. ¿ggtftu .
126 V _ mueran ¡orina m: LA msnm.

quizás mientras Carlota hablaba, Duperret estaba,


ya proscrito, ó , al mena iba a (starlo. No la habló '
más; Carlota se dírijió al día siguiente otra vez á.
casa del ministro, que no recibía á. nadie, le hizo
al fin comprender que, siendo sospechosos os dos,
no podían servir á la emigrada.
Ella no salió de su casa, sino para despedir :2 Du- ‘
perret que la acompañaba; marchó al campo é hizo
que la señalase el Palacio Real. En aquel jardín, ilu
minado por los ardientes rayos del sol, ocupado por
una multitud alegre, y entre los juegos de los niños,
fué a buscar a un armero y ajustó con él, por el
precio de cuarenta sueldos, un cuchillo con el puño
de ebano, divinamente afilado, y lo escondió bajo su
vestido.
Vedia en posesion de su arma; ¿de qué modo la
empleará? Quería dar una gran solemnidad á su ju
ramento. acerca de Marat. Su primera idea, conce
bída en Caen, que conservó y trajo á París, era cum
plir lo jurado en una ínteresantey dramática escena.
Quería herirle en el Campo de Marte, ante el pueblo,
ante el cielo, en mediodela solemnidad del 14 de ju
lio, castlgando el dia del aniversario de la destruc- .
cion de la Monarquía, a aquel Rey de laanarquía.
Y hubiera cumplido a la letra, como nieta de Cor
neille, sus famosos versos de Cmna:
Demain, au Capitole, il fait en Sacrifice...
Que íl en soit la víctime, et facíons en ses lieux,_.
Justice au monde entier, á. la face des Dieux,
Habiéndose ejecutado ya aquella fiesta, adoptó
otra idea; matar á Marat en el lugar de su crimen,
en el mismo lugar en el que, destruyendo la Repre
sentacion nacional, había dictado el voto de la Con
vencion, designando a unos la vida, a otros la muer
te Le hubiera herido en la. cima de la Montaña.
Pero Marat estaba enfermo, y no iba a la Asamblea.
. Era preciso ir a su misma casa, buscarle en su
mismo hogar, y penetrar a través de los viles adu
ladores que le rodeaban; érale preciso, por más que
le fuera penoso, entrar en relaciones con él, hasta
engañarle. Era la única cosa que la repugnaba, que»
1a causaba escrúpulos y remordimíentos.
El primer billete que dírijió á. Marat, uedó sin,
contestación. Le escribió otro segundo, onde se.
marca perfectamente su grande paciencia y el pror
greso de su pasión. ‘ ' i
y ¿Las nunnns DE LA nrvowcxoin i 127
Hasta le decía, qque le revelaria grandesescritos; —
que era. perseguida. y muy desgraciada,» no temien
do abusar de la. compasion, engañando ‘á aquel á
quien condenaba a’. muerte como impio, como ene
migo dela hum-onidad. - . . ‘
Mas no tuvo necesidad de cometer estafaltaqgpues .
no envió el billete. y Í-‘vï; z}cérï>,,v.«
La. tarde del 13 de, julio, a ‘las’ siete, salió de su :
casa, tomó un carruaje publico en— la. plaza delas
VicLorias, y atravesando el Puente Nuevo, —se detuvo
á. lapuerta. de Marat, callede los Cordeliers, núme
ro 20 (hoy calle de la Escuela de Medicina, núme-l —,
ro 18). Esta gran casa, se halla situada delante de la
torrecilla, que formaba un ángulo en la calle. '
Marat habitaba el cuarto más sombrío de aquella.
sombría casa, en el primer piso, cómodo para el
movimiento del periodista. y del tribuno popular,
cuyo cuarto, estando tan cerca: de la calle, eraïnil
para los porteros, los cajistas que iban y venían con, y
pruebas; componían un mundo ¿lost que entraban-y ,
salían. El interior, el mueblaje, presentaba un raro y
contraste, fiel imágende las disonanclas que carac
terizaban á, Marat y a su destino. .
Las habitacionesque caían al patio y eran oscuras;
estaban adornadas con muebles viejos, mesas sucias,
donde colocaba los periódicos, dando aquellas cáma
ras idea, por su aspecto, de que quien las habitaba —¿ ,
era un pobre jornalero. Pero si se penetraba más
adentro, se encontraba con gran sorpresa un pequeño .
salen que daba. a, la calle, amueblado con damasco- V
azul mhlanco, colores galanes y delicados, con.be
llas cortinas de seda y vasos de porcelana, ordina-V
riamente engalanados con lozanas flores. Era visible
mente la habitacion de una mujer, de una buena
mujer, tierna y candorosa, en la que solicita y dili
gente, parecia para el hombre, destinadadespues
de su mortal trabaio,,como un lugar de reposo. —
Este rfué, el misterio de toda la vida de Murat, y
» más tarde descubierto por su hermana: era un hom
bre que dentro de su casa se creía solo. en este murn- ., r
do. «Marais nocuidaba de sus gastos (es su hermana. aim __
la quekhqblp‘
— muier divina, compadecida de Sflxañ.
situaciorifüpgïündo huia de cueva en cueva, habia l'_‘¿-..-.
ocultado ‘egbsggggsa, ¿al amigo delpueblo , yle habla»
confiado ,s,u'.iortunale , inrnolado. su reposo. r, . i ’eiisr-*"rï‘flgá—‘
‘A Se encontró‘ entrelos‘ papeles de Marat, una P1'°" .
1'28 ' BlBLlOTECA nom-ruina ‘LA IBERIA. '-'—."Í""7”“'

mesa de matrimonio á Catalina Eizrard. Sin embar


go, ya estaba casado con ella ante el sol y ante la na
turaleza.
Aquella criatura infortunada y envejecida antes
de la verdadera edad, se consumía de inquietud. Sen
tia la muerte alrededor de Marrat, vigilaba en- las
puertas y detenla á. toda persona para ella. de rostro
. sospechoso. '
El de la señoita Corday estaba muy lejos de
serlo; su decente porte de jóven provinciana, pre
venia asu favor. En aquel tiempo en que‘ todo era
estremado, en que la firmeza de las mujeres esta- ‘
.ba olvidada cinicamente, la jóven parecía la bella
rosa normanda, no abusando de su belleza, conte
niendo por medio de una cinta su cabellera sober
bia. bajo el sombrero conocido de las mujeres de
Calvados, con un peinado modesto, menos pomposo
que el de las mujeres de Caux.
Contra la costumbre del tiempo, a pesar del esce
ivo calor de julio, su seno estaba severamente cu
bierto con un fichú de seda, que se unía. sólidamente
detrás del talle. Vestia un traje blanco; ningun otro
adorno que el necesario a’. una mujer, cayendo las
cintas del sombrero sobre sus mejillas. Por lo demás,
no estaba pálida; sus mejillas rosadas, su voz segura
y firme, no denotaban agitacion.
Pasó la primera puerta sin detenerse ante la con
signa de la portera, que la llamaba en vano. Sufrió
la penetrante inspeccion de Catalina, que al ruido
había entreabierto‘ la puerta, queriendo impedirla
entrar. Su disputa fue oida por Marat, y los sonidos
de aquella voz vibrante y argentina, llegaron hasta
él. No tenia ningun horror a las mujeres, y a pesar
del baño que tenia que darse, ordenó imperiosamen
te la dejasen entrar.
El cuarto era pequeño y oscuro, Marat estaba en
el baño, cubierto con un paño sucio, y teniendo co
locada. á. su lado una mesa donde escribía , y que no
le dejaba mover más que la cabeza, la espalda y el
brazo derecho. Sus cabellos grises, cubiertos con un
pañuelo ó servilleta, su rostro amarillento y sus
miembros delgados, su grande boca inanimada, no
recordaban que era aquel ser un hombre. Por lo
demás, la jóven bien lo pudo creer, pero no miró
más. Le había prometido nuevas de Normandía, y él
la preguntó los nombres de los diputados refugiados
un mmm nz u. nzvonvcron. 129
en Caen, y al irlos nombrando, iba e'l escribiéndolos.
Despues que terminó dijo: «Bien; no tardarán ocho
días en ir á. la guillotina.»
Carlota, al oir tales palabras, encontró como una
fuerza, una razon más para herir, y sacando de su
seno el cuchillo, le introdujo hasta el puño en el co
razon de Marat.
El golpe dirijido con una seguridad estrema, pasó
cerca de la clavíeula, atravesó todo el pulmon, abrió
el tronco de las carótidas , dejándolo bañado eii
sangre. ,
«¡A mí, querida amiga!» fué todo lo que pudo de
cir; y al concluir de pronunciar aquellas pocas polar’
bras, espiró.
CAPITULO XVIII. ' t’

'z
Muerte de Carlota Corday (19 de julio del 95).

La mujer entró seguida. del comisario... Encontra


ron á Carlota en medio como petrificada al lado del
cadáver. El hombre la. dió un silletazo en la cabeza,
y cerró la puerta para. que no saliese. Pero ella ni
aun se movía.
A los gritos corren los vecinos, todos los trsnseun
tes. Se llama á. un cirujano y solo encuentra un
muerto. Mientras tanto la Guardia. Nacional había.
impedido que se pusiese á Carlota en manos del
pueblo, y la agarraron de las dos manos. Ella no pen
saba en defenderse. Inmóvil dirijia miradas tiernas,
pero frías. Un peluquero que había. tomado el cuchi
llo, le blandia gritando: «Ella no se resgunrdnba.»
La única cosa que parecía atormentarla,—como des
pues dijo,—eran los gritos de Catalina Marat. Y la
dominaba esta primera y penosa idea: «despues de
todo, Murat era hombre.» Y parecía decir entre -sí:
«Tamhien era. amado.»
F2; El comisario de policía. llegó pronto, á las siete y
tres cuartos; despues fueron los administradores de
policía, Louvet y Marino, y en fin, los diputados
Maure, Chabot, Drouet y Legéndre; acudieron apre
surados á la Convencion á ver á aquel mónstmo. Y.
se admiraron al encontrar entre los soldados á. una.
bella jóven, impasible, que respondía á todo con
firmeza y sencillez, sin temor, sin confusion; y con
v
us humus m: LA nlvoruciou. 131
fesaba ingénuarnenteque hubiera huido si hubiese po
dido hacerlo. ¡Tales son las contradicciones de la. na
turaleza! En una proclama que habia ‘dirijido á. los
franceses, y que se la encontraron en su seno, decia
que deseaba parecer, para que su cabeza, paseada por
Pana, sirviese oe ejemplo á. los amantes de las
leyes. v '
Otra contradiccian. Iiabia dicho y escrito que
quería morir desconocida; y sin embargo, se la encon
traron su partida de bauti—m0 y su pasaporte, que
necesariamente debían hacerla conocer.
Los demás objetos que la. encontraron, revelaban
perfectamente toda su tranquilidad de espíritu; y
eran todos los necesarios á una mujer cuidadosa
y que tiene hábitos de orden.
' su llave y su relój. su dinero, y además un dedal
é hilo, para reparar en la prlsion el desorden bastan
te probable que’ un arrcsto violento —p.odia ocasionar
en su traje. ‘
El trayecto hasta la Abbaye no era largo; apenas
do minutos. Pero e.a muy peligroso. La calle esta.
ba llena de amigos de Marat, franciscanos furiosos,
que lloralran y pedían a grandes y desentonadas vo
ces IrS entregasen el asesino.» Carlota había acepta
do toda; clase de (Lúerte. escepto ser arrastrada. Se
dice que se mostró débil un instante; creyó encon
trarse mal. he la introdujo en la Abbnye.
lntern gada de nuevo, por la noche, por los miem
bros nel (¿omite de ‘seguridad general y por otros di
putados, no selo most ó firmeza, sino jovialidad.
Legeudre. engolfaxso con su ‘importancia ycreyen—
dolu. digna del martirio, la dijo: «¿No estuvísteis
ayer en u.i css», vestida de religiosa?—Os engañaís,
ciudadana-dijo ella‘ s0miéndose;.—-yo no deseaba.
nulas, que o su vida ó. su muerte fuese útil para la
salvucion de la Republic-am,
‘Cnalzot, que constantemente con su relój enla mano,
no re separaba ni un instante de ella. la. dijo: «Yo
creía que los capuchinos hacían voto de pobreza.»
Lo que causaba gran ira,’ á, Chabot, como a todos
¡esque la iuterrogaron. era no encontrar nada, ni en
ella ni en sus respuestas, que pudiese hacer creer
que había. sido enviada por los girondinos de Caen.
E I el interrogatorio de la noche, el impudente Cha
bot sostuvo qu: tenia Carlota en su seno escondido
un papel, y aprovechandose bajamente de que tenia
‘ ' 23 ,
182 ¡mueran POLÍTICA 1m LA nssnu.
atadas las manos, metió iamano en él: hubiese que
rido encontrar sin duda lo que no hapiafl-¿«el maQÁÍÉZIZÉQd w , ¡
de la Gir-onda. Aunque Carlota sqericg-‘trïiïa a ' fir
_le rechaaï) dignamente; lorlíiz t ¡ l con‘ tau ‘ fiñiüleiiqïfq" _
cía,
ug inque sele romfliïeron
staïnltffsu lo; cordones’
costo’ y lieïfóico y ldegcïibrlójj _
seno‘? filfoïloïáxquedatofiíïflxg‘?
a "y ‘h v‘ ; .' to‘: s,’ . i. '<'ii.I-,,.. ' ‘a i
Sela deésatá bara'que pudieraarréigiarse er iiestidof; ‘v:
Tam ien sela perxnitio,,qui lg_todas,sus, ‘ar chamjzf
se la‘ ejó que pnsjfesysfgïran ésdjelqajfi>idejlfs "adenfisï _
uabiéndoggia l_lev Ádojel 16 ¡im jra‘ niañana;ï_d‘e la‘ -'_’ -’
Abbaye áfla “conse Jeria, e53 ibió pofia tarde “una '
larga carta,‘ álïarbaroiïx, jgïarta ‘¿eficiente ente cal? "
cuia a fiárapfinoetrar, ‘po?’ médiq de_"’s_u‘ jofialïtïaïtfl‘
(que
dad dentristéce
‘alma. Enyesta
hacecarta,
¡ha ,j_‘uníls,_
fque ‘no perïkcta
podía‘ tranqu . «f ’ y
_g_g¡._g_fiq¡¿qgs.n
ser leidagastendida por Haría ,41 día.’ ,en_te,' g ¡Z
a pegar de su forma“ familiar; parecefjserÏïm ‘an -._“_, ,
fiestmïiacia creer que"lo_s yóiuntariosïde Caen eraii“Ai’
_ derrotado
ardientes ‘yVernon.
numegcsos. _ Sin ‘tiúdajgnorfiba
1 , a 1 r. aün‘ _.lá\_"'__'
fin"
Pero loque’ demuestrafqqe tenia’ rnends. ‘caitpalleï
lo que’ realmente aparentaba,_fes‘que cuatro‘ veces in‘, ; ‘_'
sistia en lo que servía. de escasa á. sii accion: la,‘ paz,” "
eldeseo delapaz. . . ‘ ' ' ‘. ‘f’;
La Ícarta lleva por fecha; «Segundo día de la ‘re-g’ “
‘paracien de la paz.» Y decía entre otras cosasr c u -_‘ ‘
de establecerse 1a paz tan pronjto como yo desea-L‘. ‘j .
Yo disfruto de esa’ misma paz hace dos días. La feli- ‘ "
cidad de miá’‘país,
— Escribió ocasiona
su padre parala‘pedltlefierdoii
mia.» ' 'dellialier‘
‘ ,7 :
dispuesto sin su consentimiento de su vida,fy lecitó 'j
este verso; j, P, ' j " “
«Le crime fait la honte, et non pis Pechafaudz)‘ _,
' Había escrito tambien a un jóveh diputado,’ solifi: ‘
no dela abadesa de Caen, llamado Douicetïie Poná " _
tecouiant,
que seelevaba
girondino
su defensor. sobre no
Douicet la
prudente’
Montaña.
de uien
‘¿e invitaba
estaba entonces dijo
en suCarlota;
ájser‘ ‘ ¿n
casa,

y no pudo recibir la carta. _ ' - j - V _


Silie decreer una muy’, curioa nota dela; {ami-f
lia del pintor que fué á, retratarla en la prision; han‘
bia mandado la hiciesen. un soxnbrerdespresameritc" _} _
para ei día. de su juicio. Esto es lo ‘que esplica bot’ _;'
qué gastó treinta. y siete francos Aenfuna prision tan “.3;
corta. . y ‘ ‘ ‘
t.
-:
LA» ¡rumana nn LA iínvorvcion. Í . 133
¿Cuál sería el sistema de su acusacion? Las auto-pj,
ridades de París, enïina proclama, atribuian"‘el crí-ï" ‘
men a los afederalistas, ryal nlismotiempo decianaxqueï, jiï
aquella furia había salido de la casa delgcondei Dot-zar?‘ 3
set. nwouquier’ Tinville, * escribía ‘al Comité. de. segu- .2»;
ridad, que, «bien informado, sabia que era la amiga de‘, ¿í
Belznnfize,’ que le había-querido: ¿vengar y a. -,sn- » ' _
pariente
rat, yrváBiron,
¡quien recientemente
Barbarbuxálhabiadenunciado
recbazadon-ietc;
por «Ma- ‘(Ï
z:
Semcïáantenufbsurdo, ini-zaun se‘ osó' cita-r..xen.su.re—... :,-;
quisitbria.‘ l? j=.-: = 115mm, ' ‘ ‘grj".‘.‘.l‘ ‘Iii «¿su ¿’<
El público no se engañaba. Todo el mundo com :.
prendiótque-erasolar-que no habiaïrecibido más-edad»: '
sejossqme los de su ,val0r,;su.= ira y su fanatismo; Los .«
prisibnems de ‘la; Abbayeiide la Conserjería, el puse-u; i!
blo mismo que ocupaba las calles :(salvos' los gritos.- m:
del primer nromento),.tedo's la ¿miraban silencinsa- 2:: ‘
mente con una respetuosa admiracion. «Cuandozapam -‘ '
Jeció en;el auditorio;—dice su defensor Chauveau
Lagarde,—_todos, jueces, jurados, espectadores, par‘
recian mirarla como ' al juezvque.1es— había, citado ante 0L
tribunal‘ supremo. Se pueden’ ‘pintargsus .facei0nes,-— ,1
dicerareproducif sus palabras; ¿pergzno hay arte que
pueda-pintarsugrande alma, respirando entera. en * :
su bellaflsonomla... Elefeéto moral. de ciertos y dee .— '
terminados debates, se siente, pero no se puede
espresar.» ‘ . . _ .
' Sigue rectificandosus respuestas, hábilmente dese‘
figuradaamutiladasriy aun» como palideciendo, en ‘nazi.
el Aronitzur. _En todas suscontestaciones se recuerdan -
lasjde Corneille- a. , , ¿a . i a , . —
q-«¿Quién os haiinspirado tan «encarnizada ira?
Yo no necesito la rabiosa ira de otros, me basta con
la mía» .1a-u -' ’ * u" '- . s.‘s‘
«¿Qué os hacia aborrecer á.‘ vuestra víctirna?—Sus. r."
crímenes.) -r , , u,
«¿De qué modo los comprendeis?—C0mo la des—
' truecion de la Francia.» .
¿Quién es ha sugerido tal idea?-—Se ejecuta mal lo
que .una misma no concibe.» - _
«¿Q ées lo que-esperábais al matarIeT-Darla .
paz«¿creas haber‘ muerto
a mi paisa ‘ ‘ á todos
, _ los -Maruti-Aun
a u‘:
cuandtvyo no los haya muerto á todos, quizás los '.
demás tendrán miedo-w» ‘ r ' _ » — '
--«¿D_esde cuándo habeis ideado tal proyectoïv-(zigr
4).’; r - ' ' fi . ' »: _
’n
w

181 BIBUOTECL venirte; m: LA manu.


Desde el 30 de mayo, cuando se encarceló á los re
presentantes del pueblo.» - .
El presidente la presentó una declaracion que se
la atribuia.
-—c¿Qué respondeisá estoï-Naia, que yo lo ho
rehusado.» _
Esta veracidad no se desmintio ni una sola vez.
Tambien sostuvo que habia treinta mil hombres á
vla vista de Caen. Quería aterrorizar al pueblo’ pari- -
siense.
' Muchas respuestas demostraron que aquel core.
zon tan resuelto, no era de ningun modo contrario á
la naturaleza. No pudo escuchar impasible hasta el
nn la declaración de la mujer de Marat, á través de
los verdugos , y principio á decir: «Si. yo le he
muerto. n
Cuando la enseñaron el cuchillo, tuvo un ligero
movimiento. Volvió á. otro lado la vista, y apartán
dole de si, dijo: «Le reronozco,‘ le reconozco.»
Fouquier-Tinville hizo observar que el golpe se
había dado desde muy alto, para que fuese seguro,
habiendopodido ella herirle sin matarle; y despues
la preguntó: «Os habíais estado ejercitando antigua
mentem-¡Oh! mónstruof-gritó‘ ella;-_-¿me tomais
acaso por un asesinob‘ . ,
(Esta palabra,-—dice Chauveau-Lagarde,——tué co
mo una centella. A continuacion los debates fueron
e puerta cerrada. Entre todo duraron media hora.»
El presidente Montané, hubiera querido s.lvarla.
Cambió en cierto modo la cuestión que debia presen
tar al Jurado, contentándose con preguntar, «si ha
bia habidopremeditaciom» suprimiendo la segunda.
mitad de la fórmula: - ¿Lo ha ejecutado con designio
criminal ó contra-revolucionario?» De esto resultó la
prision del presidente a’. los pocos dins.
El presidente para salvarla, los demás jueces para
humillarla, hubieran querido que el defensor la hu
biese presentado como loca. La miró y leyó en sus
ojos; la sirvió como ella deseaba, estableciendo la
larga premeditacioiz, y que por toda defensa no quería.
ella que se la defendiese. Jóven y colocada sobre sí
misma por su escesivo valor, aventuró ciertas pala
bras (próximaal cadalso). «Esta calma y esta abue
gacion sublimes, bajo un recuerdo...» etc.
Despues de la condena, hizo llamar á su jóven
abogado y le dijocon mucha gracia, que quería darle
o -- ¡ J .. ¿hi
4

m ¡amm ns u nsvonuaor. 135


una prueba de su agradecimiento por aquella defen
sa. «Estos señores acaban-de comunicarme que mis
bienes han sido cpnfiscados; yo debo algun dinero á
la prisión , hacedme el favor de satisfacer mi
deuda.» _ .
Salió del salou y bajó por-una sombría escalera á
los calabozos que están debajo, y "sonriendo á. los '
compañeros de prisios que la estaban viendo pasar,
se escusó con el conserje Richard y su mujer, acer‘
ca de su desayuno. Recibiólaivisita de un sacerdote:
que laofrecia su ministerio, y le dijo políticamente:
«Dad gra eias de mi parte aulas personas que os han
enviado.» ' _ - Xd‘
' Había notadcque un pintor, durante toda la vista,
parecía como que quería grabar en su memoria sus
facciones, y la miraba con un vivo interés. Ella en
' tonces .sc volvió hacia el; Le hizo llamar despues de
‘la vista, y le conssgrólcs últimos momentos que la.
quedaban antes de morir. El. pintor Mr. Haüer, era
comandante‘ del segundobatallon de Franciscanos.
Debió, sin duda, a este título el favor de estar á su
lado, acompañados ambos de un-solo gendarme. Ha
blo tranquilamente con el do-cosas indiferentes, tam
bien del acontecimiento de aquel dia, y de la paz
moral que en si misma sentía. Suplicó a Mr. Haüer
que copiase su retrato en pequeño, y le enviase á su
«fa miiia.
Al cabo de‘ hora y media‘, llamaron suavemen
te a una puerta secreta, y se presentó el verdugo.
Al volverse hacia él, vió las tijeras y el sayon
rojó que llevaba. No pudo contener una ligera emo
cion,’ y dijo involuntariamente: «Qué. ¡estais ya!» Se
volvió al momento hacia Mr. Haüer, y le dijo: «Se
ñor;vno sé cómo p-«garosel cuidado que habeis mos
' trado por mi. Yo no tengo más que esto que efrece
ros, guardadlo en memoria mía.» Y al mismo tiem
_po cojió las tijeras y, cortó un hermoso bucle de sus
largos cabellos ruoios cenicientos, que de su som
brero se escapaban, y se le dió a Mr. Haüer. Los
gen-iarmes y el verdugo estaban muy conmovidcs.
En el momento en que subió sobre el carro, la;
multitud, animada de dos fanatismos contrarios, el
furor ó la admiración, vió salir de la puerta baja de
la Conserjería á la bella y espléndida víctima, con su
rojo manto; la naturaleza pareció asociarse a 19- Pa‘
cion humana, y una violenta tempestad brillo sobre
o

136 nmuorsca POLITICA nit u msnm. '


París. Duró muy‘ poco, pues parecía huir ante ella,
desde el momentoen quéaparedió ¿ser Puente
Nuevme ibaavanzando lentamente ponrla calle de
Saintál-Ionoré. El sol en su mayor‘ a-ltirrauy< esplen- .
dor alumbaó la escena, siendo ya. las-sietede la tar
de (19 de julio). midi u‘ ‘l - '
Los reflejos del manto dorado, presentaban. de un y
modo esti-año y fantástico, el efecto de su tinte ante -
susSeasegüra
ojoss queRobespierre,
‘ Danton, Camilo Desr il
monlins, se colocaron en uno delos sitios por donde
debía pasar para contemplarla. Apacible y al mismo
tiempo terrible imagen de la. Nemesis revoluciona
ria, turbaba los corazones y los dejaba; llenos de
espanto. '
Los serios observadores qqela siguieron hasta sus.
últimos momentos, hombres entendidos, médicos
por lo general, se admirar-on deuna cosa en estre
mo rara: los condenados más! firmes, se sostenían
por la animacion, ya por cánticos patrióticos, ya por I :2:
el recuerdo de venganzas terriblesqueles inspiraban v4
sus enemigos. Pero ella mostró una perfecta calma. , o
en medio de los gritos de la multitud, una serenidad «al
grave y sencilla; llegó á. la plaza con una majestad
singular, y como trasfigurada en medio de una au
reola. del poniente.
Unvmédico, que no la perdió ni .un solo instante de
vista, dice q.ue palideció su semblante cuando aper
cibió la guillotina. Pero al momento se coloreó su
rostro y subió con paso .firme. La pudorosa joven
reapareció en el putibulo; cuando el verdugo la ar
ranoó= el cha]. sufrió un tormento grande su pudor,
y abrevió el camino, colocándose por si misma so—’
bre el tajo. .
En el momento que cayó su cabeza, un carpintero
maratista que servía de ayudante al verdugo , la
agarró brutalmente, y mostrándola al público, tuvo
la audacia de abofetearla. Un grito de horror, un
sordo murmullo se estendió por toda la. plaza. Se
creyó oír rujir deindignacion la cabeza. Simple; t.
efecto ‘de óptica quizás; la multitud, turbada, veis
aquel espectáculo alumbrado por los rojos rayos del
sol, queherian las cimas de los árboles: de los Cam»
pos jEliseos. ' ¡.1
l
'
El tribunal de París dió satisfaccion al sentimiento" ’
público, poniendo a aquel hombre en prision.
sn, 1 : '- « . -
A.
2 .
v

,. ¡:1 :»"‘-.'= 4' A’:;'=I*Ír0¡s"'ív' 5"»l '


Í á‘ "“,‘FF".“" “PA F“°..""S'°l--‘ . . ¡”uy ..\
T?" Entre los’ giitos de‘ lo's"-'es_c_aso’s¿marntistge; ,41¿1¡ín;.,. ÏQ
» presion violentáhnbia eidaqe adngrnelop ygdoloz. Ym i.
g-{füfiüe juzgar esto. P0r»la'áudacia.= qhetuvo m
I ¡ica de París; dur'_nte aquel peyíodp degpfielgyitpá. ‘m;
'para la prensa; imprimiendo‘ un elogio, mi sufres’, , _ ,
triooiom-de Carlota Gorday._,,.__.,._, _, ¿p ,. f‘.¿¡l¿ - .
Muchos hembras quedaponjlgceradagen‘ Superar ,í_. h;
zon, éinconsolablen. Seflvie perfeptaugente.lïlaïjetigo—_-- . -
vez
la
cionestuve
emocion muy sqbteeíe
del presidente,
del ehqgadp, " ._ .3; _._ ¿qureJaqgellg
simtobbtinagienjpara
jóventimldo, ..
Salva-la; l,

La d',°l.piptor no‘ in} vienen; Espnáogaqnel año 3.1-; : ¿r


públicomnretralzp (ÏQgMRTÜÜrSÍQ dndiupara: digcul- y
¡»me deháber líeebojeldenflanlota Cqnday. Pero su,
. .. ¿Ïpmtarne
nombre no ¡‘elvïóxá ¿parecefïén ninguno, otra esponja _._ Mi CI '31
- cien. ‘No volvió " ‘ ga, degpnes de haber con-v; , -, u.
cluido aquella obia,'fa;tal..".‘-.-. , - _. .- . , l,
El-efecto ‘det-aquella, muertefnéterriblenxfuéggl: . s
díhaeervnmafïaïniglpitgl’ .,— j, , J , ‘:1
Su ejemplo; ‘s quélla calma; intrépidzfde una jóven‘ , mi
encantadora, produjo urïefieqto de atnjaccion. Más de ,
uno qúe la hábïa entreviátojíonrnefel "ppópóálte. ,,
seguirle‘ para. enqont’ arla en joe ‘mundpsdesconopím q ._
dos. Un jóven alelí1a'ñ,"Adá'nï Ijux; ¿enülado 351;’;
para. apístit áíla vrgunion _de_ ‘¡Mayegíce en Ffxfancía, "
imprlmiólïnlïolleto enrel (¡ne para unir. i,‘ ' '¡
se con can-let's.’ Cefduy‘. _' , _ _, _. _ . _ ,1 , . m‘;
.2" Aquel infertnnado,,.con un cprazonlleno_de.,entn-, _
siasmoLqueffué ¿“fi , ¿nó:/ende
frente en lazrevbluktipn francesa,‘iïcóntemsláráífrehte‘ á . _Í._¿A,__r,
4:1 pure ideal de la,
regeneraelenhúmaïxa, pq pedía. sufrí; la muerte’ pre- ¿.‘ -, ,¡
coz de aquella/idea: no comprendía las crueles pruel-u,“ .3 ,
bas que consligorlleva. eldesep“ de semejante ‘renacig, "
miento: ‘Enmedio de _,s'u_svmel‘anóólïcos peneamientos, .,_ {
cuando creyó‘muerta‘laglibeltádgtumana, la.’ vió re- z , ‘¿
nacer enjpatglotg Cerdggn; ló'_á‘a_qln'ella muje: ante , ¿ ,:-,¡
el tribúnál enbantadora, ¡idmirálïleeïi intrepldez; la, “¿i
‘veces sale apagyéfióá
contempló, majestuosaErïnazïsïeïeflas.;ls=°4itév9pló ¡á \ m
’¡y_"x"ein2,‘sob1je,el cadalsg, Doe
muerta.’ . . .',¿3Í:j»=-‘*— " ' ' ‘ . :3» .-.n.
¿(ge j ‘ llena. de valen-dice en ¡su folleto,—pero
21,: _ , _ , wvé en ella la dulzura, en medio de los
birb o»: a. j rofes del pueblo, aquella mirada. pe
nettnte, aq ' ‘mas brillantes estrellas que en sus ojos.
brillaban, y detrás de las que se dibujabakun alma. >
y ‘¿la _z intréplda. ¡Oh recuerdo ¡nïertal! ¿e
;—.._ ,.
138 nrnmoncumnirxcn DE u 1312311.‘ L r
— rin vhwurwser su id 8.14111!!! 3m y
Ïoncesïdesizonbéiïásf
'Oh'HCmQCIOD-CS "Ellas
dulcesy amar as ra has 29153533
. ’ '

a esaïiarrihv‘ droiliéñléila sae ¿a si‘: sida?” "iia


- cualsïfy sastre hoy-ii jd-aqgptiio»:
108 tïïïfliï?’ 5.711“ ‘Üadïïsïh
el altarsngradtfá)‘ f ï- ' "
quéïiïaïlïl»?
" _' , _, _, ,_,, dog,“
¡Alma pura y santa, coralalïonfmísticoihadoïa"aigaijig
lota carasyy no-qqferÏe-‘áatj ‘ucrteïji ‘jfif’ ‘jj ,’“ ha‘,
‘ «Se ‘tienejdercchó’ sin udïi ‘¿dice-Éjáiaïa" mataral" ¿paar
usurpadofy al tirano’; pere Mïfnt no10 _era:¿j‘ *=_ ,_‘_;:_ú9.¿_,
'¡Notalilel7'dulzura "(le ‘dura?’ ijhecgnïrasta ¿fuerte-faxe; i
mente con lznpasionyhorriblelg elfam‘ i"fde_s.pxiafiiadg‘ga¿ r
del pueblo a1 ‘asesinitclllïab jdeipïfelb; €ÍF9FÏ1ÍÏÍ'@¿:¡¡¿¿ í
y aundei realista.’ sdfmroirj necïsitab __np;-'san,t°.;3« "gg. 1
una leyenda. Carlota formaba;_lftr_o" edüegoïfg‘ ‘¿flog ï
cerraba ‘otra muy iiistfntalpoesfal Jim?‘ tng; 3.- i
tir vulgar, “yliacia ‘quien nada" es’ iihtehresaïnteüescegñábig’;
tuando su desgracia.‘ ,_ _ ,¿_M"";Ï r“ , ,-_ _Ï“,j_,—.__ Ki
Pero<tn1a‘='muerte'de Carlóta‘. orda ‘se funda ¡plí%gd_.áb
nievei;.,rervssi=r>ie;sslisi9v»..32113
Puna . ; l‘, u: l. ..« A‘
"réïiéíság,;sïs
‘:1—." -:—'—K air,’ “ar; v ‘Ppyi,
,33
M:
i
. Alíïtésflheniereécïïiïïsïaun ifimflsáïïa nusiazidiéïï"ziï.z
vinidaá‘. que rnnsínrara: . . nat; es
'«¡0h‘re,rtu_!1¡: e._n9,isrfard, seulrgroir‘ ¿lala ¿erre "v, 20g
“Esttoii armegshtréfwy; , ' '_.'. ¿z .- y ¿W
Este irimño .: ipsesantsnrtente 'r.ep.étidd.;.es ,.í;o'<1as“¿.,,,,¡
edades Tentodosjpuéblos, hacía recordar; ‘el ga
alpunal de_Pu.sch_lgine.¿, , L.‘ ¿y , _._¡¡j"‘-_¡A—
El viejo
pálido patrónde
‘recuerdo’. rdfejlqs
una. ‘martires, Jgeróic ,¡.,‘Bruto,_,{_f
lejana [astigüedgg ' ' m‘ 1P'
‘ ,_se en '
cuentra‘ traslormado. _ uevament, reproduciidoñenlyfqfjïgf
una nuera diyixlÏdadQWm
seducïor}: y‘ «l
, potente
i:
y aun‘ muchonias HE. SUI
1:, v; rki.l.ïi-utvll-kié"li' ent‘

El jófvenrque suena comen, gran ,go_lpc¿,gue-se .,_,,¿‘_¿


llama Aiibaut ‘ó Sand, ¿a ‘quiénconeibeahora ¡su , :1”,
sueñosïfCüál esïel idealenjqpese fijal,’ Esen, ¡‘ht q .,'
No; enflaïirrebatador, Carlota, revssti__
plandoi 'ñ'1és€r'0',tán,‘int9ns9. 90090,24. défhii roqoaqs“.
manto,“
roso soi‘ euna aureola tan sangnentaconio
de7jiuil8,‘"'circundsdo eljardo-j
con' la púrpura ‘de lágflffle‘:’
" L‘? (H
tarde. by“
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Las étxiociónes
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debilitado demááiááe
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Ig-fuérzaïnoral, ~ "queetzimbiénfiiabiá
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‘ïrerfiúenïesyíxïcïjsolo
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quieneprimitarqn otrogi, ei sentimienjigtyde la. cpnsér-ï n‘


vacioïvde
bres que ciegaïnentívsé’
‘la. yidát‘ y eh,‘ ‘opinion
entñegaban‘
‘común
á ‘los
que" placeres},
los_ hom4¡"_‘,_‘ :_,‘f. ‘1,

eran frecuentemente los más indiferentes á laNida. “


' Muchos, cansados;"disgnstndos, ‘pogeo _cuidáadqsog n,
de
conseguirlo!
su “piiópiaxexistenpia,
suicidio? Serha-«podido
se entregaban‘ al
observar
‘placer para.
es,t,<_>'¿,\
‘,—Í¿; f,‘ j’

desde el príncipiodefïla wljeïolxucipn. A¿megiid_'a._ gue -¡ "*


un partido”pbl_ífiád“se"‘ü bilifiaba, "¿Vibáïcafningndo - "’—“ . n- ¿ g9¿
hácia sufing? QÜQIÜIQÓÏÉÜÏCÏQS’ áfiél ¡‘gp se cuidgbán" LF?“ 5 I:'

más qüéïïe SW‘ l)“: ~;4'-',¿~¡'Ü'¿>'.’{,II<=<¡<*» uflï’ Z189 vn.siemr.. . i=’;—Í.-:


ploenmigábeaüfi¿‘ha 'ef,_ ‘_alleyrán _ ‘6 ,_ 5 mermonhgpfqgg‘l,¿¡
ïonnerre, ios del cin ‘ ‘ del 89 z reunidosien‘ casa"ïduélri‘
' 3.31) 12
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festíneqïlzbda.’ ‘úïtïa’ lla tffiafiiïïilla‘;llegóu¿ «¡l '
vertirseÍen: ‘ung-“cqííi ."ia‘la,Iïégidïaïivay
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El centro también‘ ‘
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010D ’ yianfios
¿“Go i.otroá oníb es“,lanzasïqs_.al
u ‘ .3.‘ uïïïïfiïïl‘, S24‘? 'Ïf"*“‘r‘*- '*-‘-"&' < gata‘???
“"’- ' 5:50" ‘v‘ ‘¡.

‘¡l
110 ¡mamen noni-nen m: nAflmmm.
fatalidad, marchaban á consolarse, á. olvidarse de
sus dolores, en sus casas de ruina. .
Y aun aquel Palacio Real, tan encantador y lucien
te, tan llene de lujo y oro, de bellas mujeres que os_
brindaban la felicidad, ¿qué era en realidad sino la
casa de la muerte? - -
Si’; ella era quien la ocupaba en todas sus más bri
llantes formas. En el esterior, los mercaderes de
oro; enlas galerías interioresdas mujeres. Los prime
ros, emboscados en casa de los mercaderes de vino ó o
de pequeños cafés, os ofrecían, á buen seguro, el
medio más perfecto de ar uinaros. Vuestra cartera,
realizada sobre el campo como moneda corriente,
dejaba primero en el esterior una buena parte, otra
en los cafés, despues en losjuvgos del primer piso, _
luegonnzlas galerías interiores. Por último; todo eram- w’?
árido; todo estaba evaporada.‘ - v. ‘r -.
Ya no eran aquellos primeros tiempos del Palacio
Real, en que los cafés fueron los centros de la revo
lucion naciente; donde Camilo, en el café de Foy,
santificó la cruzada. No era aquella inocente y revo
lucionaria edad, en la que el bueno de Fauchet pro
fesaba en el Circo la doctrina de los Amigos, y la de
la asociacion filan3rópica,,del girado ‘(le la. Verdad.
Los cafésh-lñs restaurant; eranmny frecuentados, pero) p. ._.
á la vezpermanecian sombríos, Algúnos de «aquel-10s! ‘ 1. ’
famosos establecimientos debían llegar aser. dema .
muertoássxlado áSainïÉwseau.
siado íunestos. Fevrier, dueiio,,de_ Más tarde”
hn paté, en ely, .- —;—
viógcaer,
café de ‘Dorrazahfue trarnadala muerte sie, la, Gig. A,._¿,-.'
ronda" ', ' m‘; l‘. ¡' ‘Tn v: "¡"33
La vida, ¡la muerte.pel placerrápïdo. grosero, es» e;
terminador: he ahí?‘ lo’ queformabagql Palaciofiealf -\_'1
del 93.jEran recisos los juegos, pero de a uellos enïb ._,‘—.,
que de un se o golpe se pierde o se gana 1030.7
¡les
Laseran‘
mujeres‘
elejidas,
que,permitasenos.
entonces pnseaban
lajrase por
, como
las ca-
se -517;
. :1‘

elijen entre los pastos normandos los jigantescos _, .:_ ,'


animales, llenos de fuego rpy vida. Insolentes en ,-:=. m ¡
‘ su ataqfo, 'y¡¿__d¡esrii_1_dez de formasïjlaplcabezaraxdorm. ,K,Ï¡y
nada con’ enormes, giiirnaldas dcrfloreswen, pleno‘ ¿.-_¿¿.,
invierno, giominabanfnon, osadia-fsijtodoslos .h_0m'¡a.)(víjy e
bres} LOS, añeiahósÍse acuerdan Ïhaberjvisto en e'1.Ï,_,—{»—q
Palacio‘ Real Ídurïznte ‘ 'el tefioriÏÏd ‘i ÍÓdnsulado, cua-' l n}, y 51
¿to damas, colosalesg enormes ¿verdaderos Atlas‘, un;
de la prostituciomqne ¡ñásïiueningíma otra, co1o- ' “
cam los_ a“cimientos: de. labrar?» rwevoz. novena:
ngs‘nqqut,tigdg'pú'n'riniiornhóioi züpn,z:fïi?
-"ï3‘-"ï."’r‘“1(g_
ué desprecio veimiagifiarsexeïrxïasï‘gfiiérïafirïñ ' Ïgï. "f
era, el enjambre de meróadefeg de mpdáféüggïm ¿fiin
na.m ah; todosltosglgdos-visibïes’
espiritual
pitar 9-derparagtoïnealí‘
y "uyampïm fefiúxiradgsjhgciaígtfirecï-z
lávflsqueza!ï,-ig=uxz> ,‘ ‘f’ S?" _. tg v;

Pere quienhpbigra recofrídollqg 3 yállïafiderfigï’ j’ ‘ ¡


mona; iquien‘ hubiese1fec0rfídojlos¿ ueva ;‘is¿ah_fc1el‘i,‘_"- . ff
pasajeïde Radzwill. vbrdadera torreíde-Se‘ óiihithu-k"l‘z'i ' ' '
biese ve¡'n:ontra—do¿bien iiijgtintd áspecto. "Múchósfdet t" .
sgahanfraquellos antros oséurüs, de: aspectg.tl'e'tgngég'f;"j’"° '
bresaflbóvïedas '. «especie deftríiíoües‘ muyfiequefiós, ÏÏ}? ‘
callejones sin salida, cueva; afumbradgaá por’ üflmdiaï- E”
por lámparas, lls_{r'as"=de_l‘ olbr-QgiropióflehngÏfigEéáÍïÏj: ‘
viejafique aun éna Verbáilles mismo-",'*en_fmedio .d'e',"_‘\'__ _
tqdo annnwrsg peraibia} tal olor-ande el ‘prmcïpia '- “f!
de la gscalerqlajgmviejb, áuquesa ‘dé I)..g‘ái.ent¿rarïéxf__fï°'ï _
las Tulleriásxengtslwt‘, cuando laffelicltqbári; dipiéxfï-"W _'_’."
«lola.
posible
y qúefelizmentghgbia
percibirel
ventura. olor
«Sha-dijo deWersafllegs»
llegado el tigzñptg'gglïq'ggüï¿
tristemehtep-áperq’ ; -< ’mí"
‘es’ 'áíqlíí_ ‘í r ’ ' -' "

Hegzhi el mundo‘ ajo, infegtbg‘ oscuïfó=,‘"ileúoff'ti_'le _ f“


vergonzosos goees,=z donde«astiitfaïñáféfúgígfibs¿úxiaPï f")
multitud‘ de. aaomurss; r míos "wutrarevïnncianmiqs;
otros sin Ïpartido alguuq-disgïustádos, iïástíádgïs, 51:63‘ w
carmentados por ltzsvvtïiftll‘6111268’T shbégós, fáflbgis tïeïóo-“Ï ‘ ' ‘,""'¡
razon ‘éidba. Todost.est0s-e_st_gbg»n‘ ¡‘eáueïboïáïïígïfiéur "j 1 _
un aliviopn el-juggp yien goce‘! inmundoá, ‘f " ’
mientraapaáaba- 1a- ‘ tempestad». "¡YF arraïgáúdósb " ïen’ V ‘ f
ellos talpensámiento, estabanplenumente tïecídïddi" "5 ‘Í’.
a’. no cuidar de más.‘ m pueblo ‘moría-Aa Bamba-g‘ y_el riff-W
Ojércitoxle’ frio; ¿y á ellos _. que’. legïfiáípbftabaïflgñéá """""
migos de? laïrevolucibxr, 19.- ‘lveg ‘Ugïtflhbaïal V,
ficio, teúian e'l descaro ‘de ídbbírlsfliilistatñds-en "ti: ' "'“
gruta: guededmaeumosïunoïái uhá,'=á=es’te¿hoy, áïñí’. 7 " ‘É .
hombres;
mañana:
do; pin-a.’- sublevar
pegoïparayhacerrde ‘núestwos’
tieues-‘podefilparsréllo,
hacemeshganerosps nosotros
insensible" ¿’dbyázonesr
estamds
uudáïverdadem’
‘á ¿los pau-a)" ' ‘J’: ¿“g
de acuers
—" sufrimientos‘

delmunddsrparatodgïesote esáfiambs.=nb « "w


Velli. f‘ . .88, ‘á losáshombres sumiñótfwan ermáít [fi "’
._’. A 515,‘.- sengïiïafirgïdgbagkuïgïlíázg’ ¿Q
3mm
_ g. - ¡i uesgiv" a‘ fic ‘ eggs ¿’Ñ » '
No d mpjïmïpár ¡mana ufismmlem- 35523;;
« » — ‘ .- a otrbí-Iïfitii-‘¡GB pur, ftrïnkfl"
x v. ‘a. "“
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cion qjgïigggp,» entonces, innumerables; ‘y iosuojino
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,_ m‘. -—.-m.‘¡.e ¿mas e" mi"
’ < 11113;‘. ""9
. i ,i¡’l9j'

Los _ ¡iq ing; aggnqeshllegaban, 10 misma, ‘en


que los“ é lás iteratas 0 las; intrlgantes. politicïlsffi-‘¿í
a un nikelndepiggqhlqgppm escala en. la. que :3;
la. elepvgciiznngoïés.lamejqra-‘¿Ln-más bajo» Quim“ '31‘3 " ‘1
¡o meñqg zLosljóyepgpsvi represenzabandaxzigms
estolidgz yy: pqueian su. vidaporwei camno de‘ Iavqeassq
muerta; aiigïámas regressntabanxotrav-‘muerte «ine- r “i
era aun ¿pedí? la} de las gxgenciasL-y principiomulmv-si wa
enervápéion dejas 9' jniopeg, un. arte fatal para debi- r. «rd
litar fájxiïirtíghhrl os Qaïfiletéres. —— . ,_» Lu .« ¡.-:-. - - .nqi_-¿s.aa
Entggycgs aparecían en {mis ,hombres nuevpqnrg uqq
arrojadós á npnrnupdcgpareciio, donde todo. .‘ 2317
para‘ de’ ‘lizar es; afeminarlos, enervari-su-valpr ci-r. n59;
vico, ¿me y. ayeterxidadi Iaa-w-mayqr-pute 5:: «o,
de los ‘giróndinbepgrdiexïop; hay» la misma‘ mfluenmí un!
cía , noífiyap Tardes, enulgp-¿peleapno ltz-fuerza dq..- xíuf:
ánimq ‘para resistir. iawmuferte “sino 1a,. esperanmvrggrrï ‘L
de vender‘; la fija. y fqertraresolucion jde obtener‘: tvzo-z
¡a victgpjaváuoualquiflr
conserïárón pijgciqgnsevaxieïxïiitaron;
áaqueflaiaeriggel y; ‘no un
enalasangre quwhaceiugnáv
ganar Íaahntáliaáauïlïl MW!‘ ïaiaafiïoflüfía ¡es hacían 431355
resignáigé. ¡Desde el momento mu. que un hombre‘ 20'13“
políticofperesigna, todo flehaperdidoï , "¡W
Aquellos hombres, la mayor parte áóvenev, zcusi‘ Nm
todos swnidosen la. oscuridad de las Pmifïnniask 45° ¿‘"- m‘
“¡an qgspoggádppqde repente- enpmediomie laluz, asian
en pregéncinu de ug iujo 1 enteramente. nuevo-apgrsy; ¿una
ellos, rodeadpgydg, engañadoras‘ P3131335 Y‘ ¿"mms — “-' "
astutaá a3‘ ‘mlïïldïlelfifianlïgí üinp. v.“ Ii: -'. .\:I'! ‘tu z; ¿’ñflifi
Adulácidnés y caricias frecuentemente más‘ Pode- b: 7- H
rosas que‘ ganga-gs, debilitaban su energía. cuando y .4 la 1
tanta raItaJeShAcia su completalmesïim- L.” ‘m’ . "1
jeres, sobretodo, ¿’ganen en tales casos una mfluen-n: usa‘
cía. tan poderospWquqnadig sin. un poder estrgordi- .9 iv
nario sqbva símismo. Puede-resistirwminen enjuego» — mi
sus g,ac¡‘¡,¡3;)con_más fpgcuencianel interés -encanta-.:u'9.— u‘.
dor que inspiran, por. el_ miedo que deseancalmüïsïülí!" ¡'55
aun másagonqqguquielrnnélsesuratse de VDSSIÉW- veo-NW,
Para. resistir estasqtentacionns en. necesanwestflgc, 015d
en guardia, men armado» firme‘ á:«?°d3'—ï3—°d“°°¡°“7‘39 ‘¿m?
entoncerynada. conseguiría; la. belleza. ¿PQN-cóml 94
resistir ¿’una mpjer. qqgmqestra tener v111143.65), que; jr? de]:
se ase demïumaïsfimamoa. que osidice: «¡A115 Sfilflïcwí-OÏO!"
Las normas ni: LA nzvotnclom; 143 r
¡M1, míamigo! Aún me podeis salvar... Hablad por
nosotras, os lesuplicoraseguradme que hareis ‘por-f
mital ó cual discurso, que seguireis tal ó cual‘ mar
eha... ‘Yo ‘bienes que lo que os pido no lo haríais por
‘nadia enelmundo, pero estoy ‘segura que lo harels
a por mimvedcuányagitado está mi corazon?» » - t»:
“Todaísaquellasaiariïas eran demasiado hábiles. Se
guardaban muyabien’ de descubrir su íntimo pensar‘ - l
miento. EL-primer ‘dia no se encontraban en sus sa
lones, mas- que buenos y honrados repulslicanos. Al
segundmaseos presentaban Feuillants, Fayetistemïy
¡durante algun tiempo, no encontrábais ninguna otra
ventaja.- En fin, seguras dejsu poderyconquistado ya
- ‘eldebil corazon, acostumbrados los ojos, los oidos á.
aquellas modificaciones de sociedades poco republi
canas; se deseubria. por fin que eran por los antiguos
amigosrealistas por quienesse había. trabajado‘. ¡Fe
lizse‘ podía conceptuair el pobre jóven si, llegado
tan puro a París, no- se encontraba al fin mezclado
entre «gentiles-hombres, espías, ¡ó intrígantes. de
0oblentz.l"ï'.. - ‘ “.2. ' .
' La Gironda, casientera, cayórde ese modo á manos
de la sociedad parisiense. ' ' -' -
No ‘se obligaba alos girondínos á. hacerse realistas,
3 sino ue .es‘tos se hacían girondinos. Este partido
' vino ser poco á. poco el asilo del realismo,'la más
cara protectora bajo la cual v" la . contrarevolucion
‘ pudo‘ mantenerse en París, en presencia de la revo
lucionmisma. Los ricos estaban divididos; unos eran
girondínos. otros jacobinos. Mientras la. transícion
de sus primeras opiniones, demasiado conocidas, á.
lnsrepsblicanas, les parecía más fácil el partido de
lagGironda. Los salones de los artistasmie las: mu
ieres á. la moda, eran un terreno neutral; donde los
ricos encontraban, como por casualidad, a los hom
bres políticos,’ hablaban con» ellos. conferenciaban,
sin ninguua-otrapresentacion, y concluian por. unir
se mutuamente. ' a - _ . . .
¿Aunlsisiïelaciones más puras, más alejadas de la
' g másllenasde amor, no contribuyeron me-fi
el poder de la Gironda.’
¡nun --— . ¡adamoiselle Candeille contribuyó en
Íïdïípérdida de Vergniauda, Aquellaprea.
Z a pde Safe enamorado y munante corazon, su»
- _ ¡su indolencia naturalz-So decim
“ ntemente- parecía mera: en otra "
’ 25
l“. BIBLIOTECA romrlckns LA msnm.
parte. Nose decistesto sin una. fundada razon. Aque
llaalma, en que la patria la necesitaba. toda-entera,
moraba en otra alma. Un- corazoxk tie-mujer, débil y
encantadoíytenia como encerrado aquel vcorazon de
lean de Vergniaud. Le habían fascinado la voz. y-el
arpa de la. buena, bella y 34iormble——madamoisello_ -
Gandeílle. Pobre, había sido amada, aquella ¿»quien
la. multitud seguía. No, tuvieron parte en-aquel amor:
V lavanidad por ‘los
ni, por los éxitos ebrillantcssdiscnrsos-de
brillantes de ella, pues;Vergniaud,
cada pieza‘
suya obtenía, por lo regularycíento cincuenta.» re
presentaciones. a - . — . - . - =
_--Aquella mujer, bella ty seductora, llena de gracia
moral, encantadora por su talento, ‘por sus virtudes,»
v por su piedad filial, había buscado, amado, á-aquel
genio colosal que dormía en las celestes mansiones;
y aquella á. quien la multitud seguía, se’ olvidó de
todo para ascender hasta él». Vergniaud se dejaba
amar; había consagrado. su vida a. aquel» amor, :y
continuaba en sus sueños. Demasiado astuto casi
siempre, entonces no veía que ambos caminaban
por les bordes de un abismo, en el cual era preciso
cayesen. Otra pena: aquella mujer que á. él estaba
entregada, no le podia protejer. ‘Pertenecia algú
blico; su piedad, la necesidad de mantenerá ens pa
dres. la habían colocado en el teatro, espuesta alzas‘
caprichos de un público tormentoso. La rque aqueria‘
agradar a un solo hombre, necesitaba agradar arto-i
dos, distribuir entre aquella multituduividaideasen-‘í
saciones, astuta, inmoral, el tesoro de su belleza, al:
cual solo uno tenia. derecho. ¡Losa humillante y‘ do
lorosa y terrible tambien, que conmovíaycuando á.
presencia delas facciones, la 11111101201011‘- de una jo‘
ven podia ser, a cada instante, un juego cruel de los"
partidos, un bárbaro goce de ellos.
Allí, era vulnerable el orador. Allí,:se temía el
que no se temiese nada. Allí, no había ní coraza, ni
traje, nada que garantizase su corazon. '
En aquella situacion se amaba el peligro. Fue jus
tamente, en medio del proceso de Luis XVI, bajo las
«horribles miradas de los partidos que se señalaban
para la, muerte, y que presentaban-al publico las
armas con que podían herirse mutuamente. Ver»
gniaud acababa de conseguir uno de sus más grandes
triunfos, el triunfo de la. humanidad. Madamoisello
Candeílle misma, descendiendo al teatro, representó
(f
LAS MUJERES nz LA navotucion. 115
su propia pieza, cuyo título era La Bella Labradora.
Durante su representacion, llevó al público entu
siasmado á. cien leguas, á. mil de todos los sucesos
que en la" actualidad pasaban, trasportándole á u'n
mundo dulce y ameno,_donde todo se olvidaba, aun
‘el peligro de la patria. ,
La Bella Labradora tuvo un éxito inmenso; los ja
cobinos mismos admiraron aquella encantadora mu
jer, que iba repartiendo incesantemente el ópio del
amor, y sumerjiendo atodos en las aguas del Leteo.
La impresion no fué menos favorable enla Gironda.
La pieza dela amiga de Vergniaud demostraba que
su partido era el de 19.-‘ humanidad y la, naturaleza,
más aún que el de la patria, y que seria elabrigo de
los vencidos; y en fin, ‘que aquel partido ‘no tenia la
idnlflexible austeridad que en aquel tiempo se co
‘ciaba.

-'¡1
CAPITULO xx. ‘f

La primera. mujer dedDantoíLkdeí 55). ‘

La coleccion del coronel Maurin, desgraciadamen


te vendida y dispersa hoy dia, contenía entre otras
cosas preciosas, un retrato de la primera mujer de
Danton, hecho pocos instantes antes de su muerte.
Su carácter era bondadoso, apacible, pero recto.
Nadie deberá admirarse de que ella ejerciese tanto
dominio sobre el corazcn de su marido, y le ocasio
nase tantos pesares.
¿Cómo hubiera sucedido de otro modo? Fué la
mujer de su juventud y de su pobreza, de sus prime
ros y oscuros tiempos. Danton entonces, abogado
del Consejo, abogado sin causas, no teniendo más
que‘ deudas, era socorrido por su suegro, limosnero
de un estremo del Puente Nuevo, el cual,—segun
dicen,—le daba algunos luises todos los meses. Vivía
realmente sobre el embaldosado de París, sin miedo
ni inquietud, ganando poco y no deseando nada.
Cuando les faltaban víveres para su sustento, mar
chaban por algun tiempo al bosque de Fontenay, cer
(¿a de Vincennes, donde su suegro tenia una peque
na casa.
Danton, con una naturaleza rica en elementos para
‘sufrir los vicios , no tenia ninguno costoso. No
era_ni jugador ni bebedor. Amaba a las mujeres,
es cierto; no obstante , sobre todo amaba a la suya.
Las mujeres eran el lado sensible por donde le ata
¿ .

un uúignzs mi LA nizvonvciox. ‘ll?


» aban los partidos, y con laecuales podían dominar
letun poco. Así el partido de Orleans ensayór infla—
mar su amor con la querida del príncipe., «la, bella,
madame de Buffon. Danton, por su imaginacion, »
por la exijencia. de su temperamento borrascoso, era,
demasiado impetuoso; pero su necesidad y su ape.
go al amor real le atraian invariablemente cada.
noche al lecho conyugal, al lado de; la. buena y bella
mujer de su juventud , y‘ ¿á la Ncasa del anciano
Danton. - A o , u» i '
-' La desgracia de la pobre mujer: fue el haber sido
trasportada bruscamente en el 92,»al ministerio de
Justicia, en el terrible momento-de la. invasiotryde
las muertes de París. Cayó enferma, durante el gran‘
enoiode su marido. No ‘dudamos que esto eontribuyeá
seen gran paite a’. que Danton hiciese en noviembre
(¡diciembre un último plan, penoso, humillante, para‘
reconci iarse con la Gironda; .y,_afirmarse, si- era po
sible, enla punta del abismo. ‘que’ iba á. devorar-í
IOJSOÓO. -' - ‘I '¡ .
La. formidable rapidez; de. una. revolucion‘ tal que
atormentaba al corazon ‘con sucesos .que se amon
tonaban unos» tres otros habían debilitado á madame
Damon. La terrible reputacion‘ de su marido, su
espantosafanfarronada cuando hablaba de sus haza
ñas de .setiembre, la habían muerto. Habizrntrado
temblando en aquel fatal hotelldel ministeriode Jus
tioiag salió muerta, ó por mejor xdecir, herida. de:
muerte. Y fue como-una sombrstque volvió al peque
ño-cuarto del pasaje ‘deLComercio. en la triste casar‘;
que formaba una arcada; y una especie de bóvedas! '
entre el- pasaje y la calle (triste y (sombríartambien)
de los franciscanos , que hoy es la de la Escuelwdea
medicina. ':1 . . — 4 —. o : rw .. ‘tu — ,
_ El golpe era demasiadopfuerte para. Danton. Llegaba‘ .
"aLpiJfitd-‘fátuIren-«qúe 014mm refbabiendo cumplido
por la-concentracion de. sus uerzas la obra. principal \
demi’: vida, disminuida: su unidad, reaparecia su dua- -
lidad. Estando el_resorte'_de la voluntad menos ten
didonïuelven con más fuerza la naturaleza y el co- a
men, todo lo quefuérprlmitivoenvel hombre; Esto,
en.el natural trascursmde larvida deLhombre, suce
de en dos edades diversas, , divididas‘ por el tiempóm
Pero entonces, como hemos dicho, ni aun tiempot p
había paraeso: la revolución le había matado mu- a
chas cosas. - i .— = — '- -"*—
148 BIBLIOTECA POLÍTICA ns ¡.4 XBERIA.
-‘v El momento para‘ Danton estaba ‘próximorpsu
obra concluida; la salvaci-on pública en- el »92 tuvo;
contra su voluntad, ummomento débil; la insurrec
cion de la naturaleza le comprimidel corazon, le
destrozó duramente, hasta que el orgullo‘ ye] fue;
ror le contuvieron a‘. su vez y le amenazaron furiosos
con la muerte. r ' <_ ' -—
Los hombres que arrojan fuera de sí -l-a vidancon‘
una tan terrible abundancia, que alimentan los pue-'
blos con su palabra, con su tormentoso pecho yiaunï
con sangre de su corazon , necesitan gran fogosidad
y constancia. v «_ ' -
Pero además necesitan alguien que amortigüe en»
ocasiones dadas, aquel abrasador corazon, aquella”
hirviente sangre. Y esto no lo consigue mas que“
una mujer buena, como lo era madame Danton. Era,
si la juzgamos por el =retrato ynel busto, vigorosa
pero tranquila, bellayal mismo tiempo dulce : la
tradicion de Arcis,-—donde estuvo frecuentemente,‘-'-—'
añade, que era piadosa, naturalmente melancólica,’
y-de un carácter bastante tímido. ' '
Había tenido el doble mérito, en su situacion traná
guila y cómoda, de correr a Ja. ventura, despues
e reconocer y seguir á. aquel jóven, á. aquelgénio
ignorado, sin reputacion ni fortuna. Virtuosa, le ha- '
bia elejido, á. pesar de sus vicios visibles, formanr
do contraste su dulzura con la faz sombría y tr:s-'
tomada de Danton. Se había asociado a su desti
no oscuro, y bien pudiera decirse levantado en Ia
tormenta. Mujer sencilla, pero llena de corazon, ha,"
bia cojido al paso a aquel ángel de tinieblas “y Puz- '
para seguirlo a través del abismo, y pasar el puente
estrecho y terrible. ' ‘
En aquella situacion no tuvo ella demasiada fuer‘
za, y entregó su espíritu en las manos de Dios.
era«La
solamente
mujer es la
la mujer
fortuna,»
la que
ha abandonaba
dicho POrient.
a Dani‘)
No‘

ton, sino tambien la fortuna y su buen destino: eran‘?


la juventud y la gracia; era aquel favor con que la
suerte dota al hombre cuando no ha merecido nada.”
Eran la confianza y la fe. el ‘primer acto de fe que B‘
él ¡e le habla mostrado. Una mujer del profeta árabe f‘
le-preguntaba por qué siemgre sentía tanto la 11111614“
tede su primera mujer, «Es,—respondió,—porque
ella ereia en mí, cuando nadie aun había creído.»
No dudo de ningun modo que fudmadameban» i
us nuunnsfiaa LA ïnsvozucion. 149

ton, quien hizo jurar á. su ‘ marido que si era pre.


ciso derribar al Rey, que. cuidasc de salvarle la vida,
ó al menos la de la piadosa Elisabeta y las de sus
dos hijos. Tambien el tenia dos hijos: uno, nacido
(segun datos fldedign/ s) en el sacro momento de la.
toma degla Bastilla; el otro, en el año 91, en el mo
mento en que muerto Mirabeau y estinguida la.
Constitúcioii, le presentaban el brillante porvenir en
el que, individuo de la nueva Asamblea, iba a ser el
rey de la palabra. r
Aquella madre, entre las dos cunas, yacía enfer
ma, cuidada por la madre de Danton. Cada vez que
él entraba, enojado, herido por las cosas ocurridas;
que dejaba a’. la. puerta la armadura-del hombre polí
tico y la máscara de acero, encontraba aquella. heri
da muy distinta: aquella úlcera terrible y sangrien
ta, la certidumbre que él mismwdebia buscar en si,
como dividido en dos, destrozaba su corazon. Había.
amado siempre á aquella escelente mujer; pero su
ligereza. su ardor no le habian dejado conocerlo. Y
cuando‘ ella se moría, entonces él conoció lo grande,
lo intenso de su pasion. Entonces el nada podia ha
cer; ella huia de el, cuando este se esforzaba por es
trecharln cn su seno. ’ '
Aquella mojer, que apreciaba en todo su valor
aquel cariño, que podríamos llamar póstumo. con su
delicado instinto quería alejarlo. Temiaren su amor,
que aquella. últimafase pudiera dejar herida o’ lasti
mada el alma. del hombre áquien tanto había amado.
Lo másduro era, que él no podia estar cerca. de
ella hasta suyfin". y recibir su último adios No podia
permaneceralli; tenia que abandonar necesariamen
te aquel lecho mortuorio.
Su situacion contradictoria le desesperaba, y era
imposible, ponerse de acuerdo el Danton político y el
Danton enamorado.- En aquel fatal proceso, la Fran
ciïi, el mundo, deseaban dirijirle una horrible mira
da, Élno podia hablar. pero callar tampoco. Si no
áïéggntraba algun medio que uniese el costado dere
‘“ ' E1“ cilantro, la totalidad de la Convencjon, necesi
’ v ree, huir de París, marchar á. Bélgica , y
, ' ándoleklcurso- delas cosas hubiese desatado
' W “bug ¿Pero viviria
x nferma hasta
entonces? su vuelta
¿Encontraria
jfuerza para vivir hasta enton
¿ ‘naturaleza, y guardar hasta su
'26
a

150 l Émnorzu mimo; DÉH; iesmsj- y ' .. .. .: .,


n . , ..: ‘un . . .
vuelta guflúltlmo ¿dios para su marido? Segpodia, ¿Í
que no '19.
prever volvería. sino para,que
que sucedió: encontrar ‘su, cesa_ solita: '-' _ __'
era dïemasiadoftarde,

ría, sus hijosjin madreq aquel cuerpo V tan violen


tamentemnado, en él, fondo deun sepulcro. ‘Dantoiro Ïo-I.

no creiagiada acerca del alma; el quería ver el .cuer-" _


po, el cual sacó dela tierra, despues de siete días y
siete noches, espantoso, desfigurado, y disputó ter
riblemente por ver en un amante arrebato.
_CAÉITULO in. ' " * "
h,

La. segunda mujer de Dant0n.—El amor en el 95.

v L ï Á” "3*..s*' v‘ "«»‘ A.- -..


r ‘fat’.
.;¿.
A la caidaïde-la Gironela se‘ ¿siguió ‘un decaimien»
to inmenso? Tan descomzonados quedaron. ¡‘os-ven
cedoreá- como ios‘ Neneïdos; Marat eayócnfermo.»
Vergniaud ni aun quiso huir -Danton buscó en su
segundo matrimonio una especie de alivio dá los tra
bajes políticos. '- f V - < '
El amo”:- entró por muchov en ,»l'a muerte» de. Ver
gniaud yde-‘Dantol-L u? p,’ - - 2,: n- - '
1.
,¡¡
El‘ gran órador-girohdino, prisionero en la calle, dez)‘ ._
Clichy, en un cuarto entonces desiertm-en- medio de . -. : .-'
unosjardinemprisioneromenos de. la Conwencion que
de madamoiselle candeilleyse. hallaba; entre clamor y. e.‘ e . r _ i
la duda. ¿Qué le quedaría-con aquel amnrhácia ¿una g
actriz, en ‘el anonadamiento de todasdas cosas? Todo '.
1,0 que en s1’ mismo pasaba, se ‘descubrí: en sus z
agrias cartas, lanzadas contra‘ la Montaña. fLa fata
lidad le había dispensado el-obrar, aun cuando e'l no
lo sentia,‘de aquella manera; encontrando dulce mo
rir así, saboreando las bellas lágrimas que una mu
jer vierte fácilmente queriendo hacerle creer que
’/‘
era. amado.
Danten, en aquellos momentos, él mismo Se PT°'
cut-nba. el suicidio. r i» v‘
Desgraciadamente entonces sucedió lo mismo á u: ‘¡O

gran número de hombres. En el momento enrg‘;


los trabajos públicos, convertidos en trabaJOS P
152 a rumano; POLÍTICA me LA iusnu.
dos, formaban una, cuestión de vida ó de muerte,
decían: «Para mañana esos trabajos.» Y se ensimis
maban y se entregaban al amor, á. la naturaleza. La
naturaleza‘ , como buena madre , les atraerá, les
absorberá bien pronto en su seno.
Danton se casaba en medio de un duelo. Su’ pri
mera mujer, por él tan amada, acababa de moiir el
10 de febrero, y el dia 17 la había desenterrado para
volverla áver. Solo hacía. hasta el 17 de junio, cua
tro meses, dia tras dia. en los que- perdido, trémulo
de dolor, había roto la fosa para abrazar bajo el velo
mortuorio, su juventud, su felicidad, ‘su’ fortuna.
¿Qué es‘ lo que vió. lo que abrazó al cabo de-seis días?
Todo 1o triste y real que en si encontró.
Ella, moribunda, dispuso su segundo matrimonio,
el cual tanto contribuyó á. perderle. Amándole con
pasión. comprendió que él la amaba, y procuró ha
cerle feliz. Dejaba dos niños y creyó darles una ma
dre en una joven de 16 años, llena de encantos, pia-_
dosa como ella. y perteneciente á. una familia rea
lista. La pobre mujer, moribunda cuando los aconte
cimientos de setiembre, y al verla terrible reputación
de su marido, creyó sin duda. volviendole á casar,
retirarlo de la revolucion, preparar su conversión,
hacerle secreto defensor de la Reina, del niño del
Temple y de todos los perseguidos.
Danton había conocido en el_ ‘Parlamento al padre
de la bella joven, que eraugier audienciero. Hecho
ministro, le dió un buen empleo en la marina. Pero
aunque estaba muy agradecida la familia á Danton,
no se prestaba gustosa á. que se hiciera aquel ma
trimonio. La madre, dominadapor el terror de su
nombre, le echó en cara secamente ser el autor de
los acontecimientos de setiembre y de la muerte del
Rey ,_ á quien él habia querido salvar.
Danton se guardó bien de cuestionar sobre tal
asunto. Hizo lo que hace en idéntico caso aquel que
quiere ganar im proceso, que es amoroso y apre
miante; se arrepintió de sus hechos. confesó lo que
era Verdadero: que le era muy dificii soportar los
escesos de la anarquía , que el sentía los de la revo
lucion,- etc.
Pero si élrepugnaba tanto á la. madre, en cambio
no agradaba nada á ln hija. Mile. Luisa Gely, deli
cada y linda, elevada por su familia campesina, era.
muy adicta» al antiguo régimen. Al lado de Danton
Las ¡sumas m: LA nnvomcion. 153
esperimentaba asombro y aun miedo, pero nunca
amor. Aquella estraña persona entre hombre y leon,
le era incomprensible. Hubiera parecido más bello
limándose los dientes, certandose sus greñas , y
ella no estaba segura delante de aquel monstruo
sublime. »
El mónstruo era, por lc tanto, un buen hombre;
pero todo lo que en él había de grande, se volvía
contra él. Aquella. energía salvaje, abuella poética
fealdad iluminada de brillantes rayos. aquella frente
de coloso, en la que se encerrala una multitud de
ideas, do palabras eternales, todo intimidaba, asusta
ba el corazon de la tímida y candorosa jóven.
La familia creyó hacerle desistir presentándole
un obstáculo que creia era para él invencible, la ne
cesidad de someterse á. las ceremonias católicas.
Todo el mundo sabia que Danton, verdadero hijo de
Diderot, no veía mas que superstición en el cristia
nismo, y solo adoraba la naturaleza. ’
Perojustamente por eso, aquel siervo, aquel hijo
de Ia naturaleza, obedeció sin ningun obstáculo.
Ante cualquier altar ó ídolo que se le presevtase,
ante él se postrnria yjuraria. Tal era la tiranía de
su ciego deseo. La naturaleza era cómplice; deplo
raba sus contenidas energías: la primavera, un poco
retrasada, anunciaba un estío abr-asador; era enton
ces la verdadera erupcion de las rosas.
No hubo jamás un contraste tan fuerte entre aque
lla ‘brillante razon y una situacion tan turbulenta.
Ante el abatimiento moral, se presentaba una tem
peratura ardiente, exijente, apasionada. Danton, bajo
aquel móvil, no luchó-consigo mismo muy Violenta
mente, para decir que era un sacerdote refractario
que necesitaba la bendición. ‘Se había encendido en
él una abrasadora llama. Era preciso que se arrodi
llara, que finjiese se confesaba, profanando en un
solo acto dos religiones a la vez, la nuestra y la del
pasado.
¿Dónde, pues, estaba aquel altar consagrado por
las Asambleas a la religión de la Ley. sino sobre las
ruinas del viejo altar de la arbitrariedad y del favor?
¿Dónde estaba el altar de la Revolncion donde el
buen Camilo, el amigo de Danton, que había llevado
su hijo reciéunacido, dando el primer ejemplo á las
generaciones’ venideras? _ u‘
Los queconooian el carácter de Danton, especial
o-zwzvrssa y
«. .'f ‘-2':fi*:—i:¡".
15€‘? _, patrono/i 90:41:04 p: ‘¡Jigsaw _¡ _c,_,_
menteen las nochesde laflonvencion; sabían cuán-m q’
fácil era que eayese, doreotovyjusto; enrlo sanguimb «m:
rio, tipo «bajmsom-brio, lleno de sensualidad salvaje. -: ‘q.
Hé ahí una fuerza nueva que vá á reinar enell-f ¡a
sangrientoperiodo ázque nos-referimosg-fuerza. mue- > ,1
lle, terrlbie; quevdisuelye, pulverizael nervio dela ‘r;
revolucionrBujoi la’ aparente austeridad de las cos- .—
, tumbas-republicanas,zentre el terror trájico de los A; -,'<.
cndalsos; la: mujer y el amor físico son los reyes i .
del93. ' ‘lr m’ q.‘
Se veían condenados á. muerte. dentro del carro, u: .
insustanciales, een rla. —rosa enla.‘ mano. Esta; es la.
verdadera imágen deltiempo. Aquellas rosas san
grientas dondmcianáia muerte. i: 0.-: J» ‘¿v - - u q,»
Dantonyconducido; arrastrado del mismo modo, firm;
' lo confesaba con-una naturalidadmínicav ydolorosagnt í .'
siendo preciso, para decirlo devuna "venmodificar la -a.-—
frase. Se’ le acusaba. deeonspiradorm «¡Y‘o,—decia,— vu‘
es imposible! ¿Qué quereis quehaga‘ un hombre que.
todas las noches se entrega al amor?» =-2 e ‘ i.
Entre los ¡tantos fúnebres que aun ahora se’ repi- a‘ .
ten, nos han ‘dejado la Marscllesa; cantada. en las pri-v -- '
siones, ante los tribunalespal piévdel cadalso. El
amor, en el 93, se presentó del modo que e'l es, her
mano de la muerte.
Ï ‘ . carmona xxu.

La diosa de la Razón (10 de noviembre del 95).

He conocido en 1816 a madamoiselle Dorotea, la


cual, en no sé que’ villa, había representado a 1a Ra
zon en las fiestas del 93. Era una mujer severa, y de
una vida ejemplar. Se la. había elejido por su altura.
y su buena reputacion. Jamás había sido bella, y
además era bizca.
Los fundadores del nuevo culto, que de ningun
modo pensaban en envilecerle, recomendaron espre
samente en los periódicos á. los que quisieran hacer
la fiesta en otras ciudades, elejir para representar un
papel tan augusto, personas de belleza respetable. de se
veridad de costumbres, que á su vista se rechace la licen
cia y llene los corazones de sentimientos honestos y puros.
Generalmente fueron elejidas señoritas de familias
estimadas, que, de grado ó fuerza, debían represen
tar la Razón.
La Razon fue representada en San Sulpicio por la.
esposa de uno de sus primeros magistrados, y en
Nuestra Señora por una artista amada y estimada,
madamoiselle Maillard. Se sabe que en reuniones de
esa índole, las primeras personas se ven obligadas
(por el arte mismo) a guardar una vida recatada y
laboriosa. Ese don divino les es vendido á costa de
una gran abstinencia de la mayor parte de los pla
ceres. El día en que el mundo, más sabio, de’ el sa- ,
cerdocio á las mujeres, como sucedió en la antigü‘
27
156 ' nmuoirrcia poLi-rxcA m: LA mmm.
dad, ¿quién se admirará de ver marchar a’. lsfcabeza.
de las fiestas nacionales, á. la buena, piadosa y santa,
García Viardot? ,
Tres dias antes de la fiesta, se quería que el símbo
lo que representase la Razon, fuese una estatua.
Pero se refutó diciendoque un simulacro fijo po
dria crear una especie dc idolatría. Se prefirió un es
pectáculo movible, animado, ileno de vida , que, .
cambiado á cada fiesta, no produciría la supersticion.
Era el tiempo en que Chaumette, el célebre pro
cdcador del Comun, poniéndose en abierta oposi
cion» con su colega Hébert, había pedido que la tira.
nía fantástica. de los Comités revolucionarios, fuese
inspeccionada, y-aun limitada: por ‘la inspeccion del
Consejo general. Bajo aquella barrera. de modera.
cion yjusticia indulgente, se inauguró el iO de no
viembre la nueva religion; el poeta Chenier hizo la.
letra, y Gossec la música. So había, bien ó mal, edi
ficado en dos días, en el estrecho paseo de Nuestra.
Señora, el templo de la Filusofia, al cual adornaban
ias efigïes de los ‘sábios y ‘las de los padres de la.
revolucion. Sobre ¿una montaña estaca el templo, y
sobre una roca se desprendia la liárna deiajVerdad.
‘Los magistrados se seritaban bajo las ‘calumnias.
Nada de armas ni de soldados. Dos filas de niñas co
ronaban la fiesta; estaban vestidas con ‘ropas biene '
cas, adornadas de’ roble, y no como se habia, dicho,
conLa
rosas. " ‘ blanco con un manto asul, ‘
M Bazon, yestidaïde
msaie del templo dédáhFilosofía, yse sienta _en "im
banco de v_erdura.,Las niñas cantan un himno: _
atrayiesa el pié de lamontafia, mirando dulcemen
te á todos los concurrentes, ‘y sonriéndose con dul
zura. Despues de haber entrado, siguen cantando. A
esto se reducía. tal fiesta. ,
Cesta, triste, seca y aun enfadosa ceremonia (i).
Desde Nuestra. Señora, tal culto fué á ‘la Qonven

(i) Es preciso decir V ue tal culto no era. ei verdadero de


la revolucion. Este era emasiado antiguo para entuéiasmar.
Aquel frío ensayo del 93, no ‘salió de sn seno abrasador, sino
delas razonadoras escuelas del tiempo de la enciclopedia.
Aquella. faz negativa, abstracta, de Dios, por sublime que
sea, nola creían suficiente para calmar los corazones y las exi
jencias dei tiempo. Para sostener el esfuerzo de los héroes
y__de los mártires, inventaron un Dios distinto del de la.
Geümetm.
us nuxsnrs m: LA nsvonuctou. 157
cion, Entró, con su inocente ‘cortejo de niñas vesti
das de ‘blanco, la Razon; la Humanidad, Chaumette,
que la conducía, por la valerosa iniciativa de la Jus
ticia, se armonizaba enteramente con el sentimiento
de la Asamblea (l).
¿gggsi Una franca fraternidad brilló entre la Comune,
la Convencion y el pueblo. El presidente hizo sentar
á. laBazon cergadefisí, la dióen nombre dela Asam
blea el abrazó frataérnahyntbdos ‘unidos , en un mo
mentolbajmun rdulce punto de vista, esperaron me
jores días; '
_ Un pálido sol de Mediodía (muy raro en el bru
marioy-‘penetrandoaven -la oscuragsala,» ¡disperso las
sombras. Los dantonistas pidieron que la Asamblea
fuese á Nuestra Señora, á pagar la visita que la ha
bia hecho, la Razon. Todos aprobaron tal pensa
miento.
Eltiempo ‘estaba admirable. austero y puro, como
“en” los bellos dias deinvierno. La Convencion se puso
‘¿en ‘marcha, feliz y ‘contenta, al ver ' resplandecer
áqusllaïcliïspa de ‘unidad queen un momento apare
vcin”; ‘dos ues de tantas, tan continuas y tan encarni
Zagdaed visiones. ¿un ' ‘
_Muchos se asociaron de corazon á, la fiesta, cre
yendo con laimás buena fe ver la verdadera consu
ïnaeionde losfltiempos. . y
_ pensamiento estaba formulado de un modo
ingenioso en una frase de Clootz: «El discordante fe
‘ derïlismo delas sectas se desvanece ante la urlídad
y .1 » r . ‘ visibilidad de ¡a giazon. »
, í: " ' .."',..

y , .‘ ‘atente Dios de la naturaleza, desconocido en la


a inéd ajeriéïque’ hacía falta. 'Eran insuficientes 1os"mo—
' uïnentos de Didron, y las revelaciones de Newton y Lavoi
- - 'Ï r..El Dios que animaba el alma, era el Dios de la justicia
'. r‘_eróica,,por_quien la Francia, sacerdotearmado de ‘la Eu
; dcbiaevooaïden las tumbas á. les pueblos amortajados.
. ntxhaber s‘ o nombrado aun, por no haber sido ado
'— Jen los ¡ltoxhplou ese; Dios no fué por eso menos ve—
‘v 7 cïporanuégtros.padres,t' en su cruzada por las libertades
-‘ üjlnígmklflpoyïdia, ¿qué seriamos sin él? Sobre las ruinas
'W¿él3. 39bl7&13.í¿ cenizas apagarias de la en otro tiem- —
- i ,01‘ , afuera; estarían). destrozados nuestro cora
.. ¿‘íïán
CAPITULO XXIII.

Culto de las mujeres para Robespíerre.

Puede ciertamente asombrar una cosa, y es que


un hombre tan austero en la apariencia como Ro
bespierre; un hombre voluntariamente pobre, de
una abstinencia completa del lujo, haya sido amado
y voluntariamente busca-io por las mujeres.
A esta pregunta no hay otra respuesta, que to
do el secreto del culto era: «Porque inspiraba con
fianza.» , y
Las mujeres no desprecian las apariencias auste
ras, graves. Víctimas frecuentemente de la ligereza
de los hombres, se aprovechan voluntariamente de
aquel á quien creen seguro. Suponen ínstintivamente
que el hombre austero, en general es el que mejor
guardará su corazon para. entregarlo entero á una
persona por él amada.
Para ellas el corazon es todo. Hay quien cree que
se necesita arrebatarlas, entu-iasmarlas, en una pa
labra, trastornarlas La retórica sentimental de Ro
bespierre contribuia mucho á ello , y le bastaba
decir, «los encantos de la virtud, las dulces leccio
nes del amor maternal , una santa y dulce inti
midad, la sensibilidad de mi corazon,» y otras fra
ses parecidas, para arrebatar a las mujeres. Añadid
que, en medio de esas generalidades , tenia siempre
una parte individual, más sentimental aún. que ordi
nariamente hacía recaer sobre si mismo, sobre los
trabajos de su penosa carrera, sobre sus sufrimientos
us xumnrsïu: LA ‘nnvomcion. 159
personales; todo esto en cada discurso, y tan regu
larmente, que en fijándose en tales pasajes , á. las
mujeres se las saltaban al momento las lágrimas.
Despues , á. la emocion comenzada. sucedía el trozo
consabido con corta diferencia , sobre los peligros
que corría, la rabia de sus enemigos, las lágrimas
con que se debían regar las cenizas de los mártires
de la libertad.
Pero al llegar áaquella partcde su discurso, el co—
razon se sublevaba, las mujeres no se podían conte
ner y pedían la muerte de los verdugos.
Robespierre se servía demasiado de aquella. triste
y pálida mina , sabiendo que abogaban por el todos
los corazones sensibles. Con sus fragmentos del Emi
lio ó del Contrato social, tenia en la tribuna el aire de
un triste bastardo de Rousseau. Sus guiñadorcs ojos
movibles, se dirijian a los ángulos más oscuros, y
más frecuentemente á las tribunas de las mujeres.
Para esto, tenia á su derecha dos pares de lentes:
unos para mirar cerca, y otros para mirar á. lo lejos,
y corno para buscar en el salon á. alguna persona
que le interesase mucho. Cuando se los ponía. todas
las mujeres decían entre sí: «Es á. m1’, es á, mi.»
La viva parcialidad de las mujeres se demostró
particularmente cuando, al fin del año de 92, en su
lucha contra la Gironda, declaró á los jacobinos que
si los intrigantes no desaparecian, él mismo’ abando
naria la vida pública, huiria de la tribuna,‘ no de
seando más que «pasar sus días en las delicias de
una dulce y santa intimidad.» Numerosas voces de
mujeres salieron de las tribunas gritando desafora
damente: «Nosotras os seguiremos, nosotras os seA
guiremos.»
Aun en medio de aquella preocupaeion había, es—
ceptuando ciertas ridiculeccs de persona y tiempo,
una cualidad demasiado respetable. Ellas seguían á
aquel cuyas costumbres fuesen más dignas, á aquel
cuya probidad estuviese de todo punto demostrada,
cuya. idealidad fuese más alta; á aquel que, con tanta
habilidad como valor,’ constituyéndose defensor de
las ideas liberales, en diciembre del 92, se convirtiese
en Providencia para la salvacion de la patria.
dni}
CAPITULO XXIV.

Robespierre en casa de madama Di-iplay (del 9i al 95),

Hay un retratode Robespierre cuando tenia diez


y siete vaños, que le representa con una rosa en la
mano, quizás para indicar que era miembro de la
Academia de Rosati’, en Arras. Tiene, en el retrato,
la rosa colocada sobre-el corazon. Y se lee por bajo
esta dulce frase: «Todo para mi amiga.» (Coleccion de
Saint-Albin.)
El jóvon de Arras, trasplantado á París, ¿perma
necerá invariablemente fi-l á. aquella pureza senti
mental? Lo ignoramos. En la Constituyente, quizás,
la íntima amistad de Lamech y otros jóvenes no
bles, le hizo desviar un poco. Quizá en los primeros
meses de aquella Asamblea, creyendo tener necesi
dad de ellos, y queriendo estrechar aquellas ligadu
ras, con un rasgo calculado, no fué estraño á. la
oorrupcion del siglo (1). Si fué así, creeria seguir en
(i) Acerca de su conducta, contaremos una anécdota que
he sabido por boca de un artista, verídico, ‘admirador de Ro
bespierre. Este condujo un día á. un antiguo miembro de la
Asamblea. delante de‘. hotel de Lamech, y le dijo, que una
tarde Robespierre, habiendo almorzado con otros, se prepa
raba á volver á. su casa, y se apercibió que no tenia dinero;
pidió un escudo de seis francos, diciendo que le necesitaba,
porque tema que detenerse en casa de una señorita ¡Esto es
mejer,—decia,—que seducir las mujeres de los amigos.) Si
secree que no ha sido inventada por Lamech tal frase, la es
plicacion más probable á. mi ver es, que Robespicrre, que
habia llegado á París hacía muy poco, y queriendo adoptar el
partido más avanzado, que era el de la juventud noble, que
ri_a imitar sus costumbres, al menos al hablar. Y hay quien
dice que estaba abstraido de todo en su honesto Marais.
' v-> -—-. .. n

us ¡num m: nxnmzbcion. 161


todo ‘á su maestro’ Rousseau, ' el Rousseau de ‘las
o Confesiones. Pero felizmente se detuvo,’ y nadie .or
donó ‘mejor su vídaven lo”: días sucesivos. "ElEMílio,
El Vicario Savoy 1rd, El‘ Contrato social’, leelevgtonj
.ennobleoieron.¿En cuanto á sus costumbijes, tafirlnpo
' ¡eo estalló oorfompido. - 4 ‘ «¡r “r ‘ ‘ '_
Le hemos visto ¡{tarde de las ‘ñiuertesdelflaïhpo
de Marte (17 ‘dejulioá del‘ 91), refizgiarse enoasa de
un carpintero; unaïfelïz ‘casualidad así loouiso‘; piáfo
si-‘él se fijtienftnlcosa; ncrfuévcanualmente. ‘ 7 '
¿.- A envuelta’ de sutriunfovdegirrasg-"en octubre
del 91?, sehospedó con‘ su ‘hermána, en un ouartgfde
le; calle deSan Florentino, noble yaristocrática. cano,
_ de la. cual‘ sus» nobies ¡habitantes habían emlgrado.
_ j‘: Carlota de’ Robespierre, deearácter duro y ágrio‘, te
niaidesde susprimerosaños todo. la aspereza de una
joven aviejadaysus t maneras, ‘sus gustos,"eran' los
de una aristócrata de provincias ,y ‘se hubiese vuelto
fácilmente una ‘gran ‘dama. Robespierrmlmás fino,
tenia, en medio-de ‘laraspereza dosu hermana", algu
na sequedad,‘v contenida, y un aire aristocrático par
lamentario. Supalábra erá. noble, aun hai-blando fa.
- "wmiliarmente, y-sus-predilectos ¡escritores eran Raci
' " ne‘y Rousseau. '
No ¡‘aramiembro de la Legislativa. Había‘ rehusado
el empleo defizousador público,‘ porque decía, ‘que
' estando violentamente pronunciado contraxlosque se
perseguía; le hubieran podido recusar como enemigo
personal. Se: suponiaque‘ hubiera tenido que esfor
zaree mucho paradestruir su repugnancia‘ háciá-h
' peude muerte; En Arrás,'su misma repugnancia le
obligó á -renunciá.r ‘su empleo de juez de Iglesia.
i j En la’. Asamblea constituyente se declaró en abierta
"n ‘lucha cohtraïla rpena‘ de muerte, contra la ley‘ mar...
‘ cial, y contra toda pena violenta pana laxsalud públi
L ca, puesto que-irepugnaba demasiado’ á. su corazon.
‘f; En aquel año, dessetiembre del 91.9.1 d692, Ro
bespierre; ibera- de los cargos públicos, «sin otra ml‘
sion ni otrá ocupacion‘ que ser periodista y miembro
de los jacobinos,s se agitaba. menos. 1 ‘Losx girona
dinos, por el contrario; brillaban porusn perfec
to acuerdo con el sentimientounaeional : sobre-dd
cuestion dela guerra. Robespierre yïlos jacobinofl
defendieron la paz, defensa altamente-impopular q“
es ocasiono bastantes agravios. Ninguno" ignolüm ,‘ A
enlaqïlella‘ época la. popularidad
¡.162 nmuorau Pou-nc; p: LAIBILIA.
,no tuvo ¡necesidad de formar-suní rejuvegecetse.
¿Había hablado infatígablementc Por espaciotde—.._u'es
ïylïosfiyvha ._ ,Qwfl, 9; ‘¡fijadola atencion y al gn
Qebiap... g;
me}:_o,8u
que- el público c0ron_.a.-.r._
tgnucrxysu , ese rey fantástico.
f . ¿v ‘gï/

XoIuble, creyese que él no ¿leabahiamrrespandido


' .m,°.deñiaa Yfuese ctm suyfaverito, « -ru :—"fi .' 1'
g _- La pal hradglobeepienre. no -podia cambiar, te
¿niasliempre un estilo; snaccioruy Íeu adorno» en _.la.
escena era .10 quepodiaueambiar. . Eranneoesuiaama
.máqn_ina, Robespierre no. «la 1211986.. ella ,<vina. ¿k dl.
La aceptó} Vid pomo una cosa, providencial el» hos
pedmez en casa ¿eeuu carpintero. Miu-at,‘ insfintive
megtejpghabia senïtidq. Hubiera mdidc» permanecer ,
cómodamgnnerenssz. Dlïifigeflflfiüofififi-{Qlïdfiïafl delete!
nicem LeSendIQ:.ntefiIió.-dastiniehlea de «laecuevaido
losjrancisganos: aquel miro. subterráneo ‘donde vans
ardientes palabra; produciannna erupcionJodas das
mañanasmomo de umvolcanxdesconacido, -y además
encantaban por su viva imaginaciomelia-debia apo
derarse de la del pueblo. Mercat, demasiado imitador.
sabia perfizctamentetqne Jen el.— 88,0; Murat» belga,
el jesuita Felleyse había popularizado estraordina
riamente por, haber elejido urrdornicilio ¿’cien piós
bajo tierragen el funda‘ de un: pozo rdmulla, un
Robespierre no—._ imitó á. Mami; nin’. Feller, ‘ pero se
apederójvolnntariamente de una ocacion para imitar
álïoasaeau, pax-suponer en práctica ad libreqneimi
taba sin cesar. em laypálabra, copiando El? Emilio del as
modomejonqneeppdxese. «m. - . —- u. .. ¿arca *—
_ Se hallabaerxfermo, enla calle de Sam Florentino, -
al finde} 91:. enfermo a causa de-¿sus fatigas, renfe]:
mo á. causa de una inaociarx; nueva -para di; enfermo
por causa de suben-mana “¡cuando madame Duplay
- íuéa "suscitar á. Garlotanna escena espantosa, por
no haberla avisado de la enfermedad de suahere a9
mano. Noeemaréhó
nuopuao sin levantará
resistencia alguna. Robespierre,
Le colocó que6.
en su casa,

pesar delo estrecho. del cuarto, en una buhardilla, _


donde; coloéólos mejores muebles, de su casa, un’?
bello» lecho, cómodo y blanco,- con algunas buenas si
llas. Estantemde abeto, estaban colocados ‘alrededor
paracolopar loetlibros’, poco numerosos, del orador:
sue diseureosumemorías, etc", bastante numerosos-,
llenabantodolo demás. En los muros, 1a- malIO ‘Pa’
donada dgánadameïDüplay, había colocado port-toa»
us mvmmgrnznA nzvonucrou. ¿ 163
a dm pagtggglomretratos, gue habían hcchode- ‘sir dios;
e á. eualquler lady dondezmirasewno, ptadiar: mamando
verse; s1 mmm; p0__r lnuderechafipor» la ‘izquierda,
gfiobeppigrre, Rebesmemner-aup; Robespgerre siempre.
V,‘ ;;¡- ._ más. hábil Apolitiqa,._-,que-;huhiese edifieadw ia.
c888 para.‘ - su uaagnrm, lo, hubieaeuhechqseom tanto
¡CÍGÜO-QOIDO: la smsaalidad. lo :habiq, zefectuhdü. si
aquellornoerera una huevas 09m0- la;haifibacion mama
rat, álo menos gu hübitflfliflúÏOSGHFB2yAÉOmÜÏÍRtfVZHÉ
para el caso tanto -c0m01—nna'; cueva, L2,; qua Aguja,
cuyas tejas verdosas. la«¿llenaban..de>hnme<ïad;r;cdrn
el pequeño jardixmin ventilmioniqueidstmbm situado
delantede ella, estaban e0m0»-_xah0gada' en ¿añadía de
las jigantescas-oasaqg-{de ¿lhec le Saintr-Honere; em.
una habitacionse-en ¿aquella gana, ¿Inedzio estament
miento público y Antistocrátieoe ¿abajagnse anua
ban 10s hotels-Princiers, dnL-Arrabalqs deilraeespiénrfli
da ¡alle Real»
mientos. QOILQI en
ahorcados odios» recuerdqde»
y al ¿matrimonio de?los
Luís XVI .
Más atríba, ¿estabanzlos «hotels y de wlabraáoiesaga
nerales de la plaza Vendvomepedificados pon-da‘ mi
seria del pueblo. - .——.a»¿<;-¡ ,-_»-—;:—:«1¿«_=»;- \ . «si: wn. ,-_-:.»
¿Cuáles eran las impresiones de los ‘visitantes ¡le
' Robespienregde lo’: devïotos, de los-peregrinosmuan
do en aquel-mano. jmpío, donde. tedo;heriaá:lo,svojog,
iban á contemplar aláuntoïana-rmisma msm: decanta,
bt, hablaba. p. «u. tíszïflq mit i‘ w Z‘: '{ v t " ‘r “'“‘v
Desde el- umbraL- el aspecto pobre y izistsvdeñ In.
casa ,-_ hacia‘ pronpncian-nl pueblo, eatazirnse: zmAquí
vive el incorruptiblem’ Si subían, la buhardilla} usos
gurabazarxfis aun; limpia¿ympábrmubrubajbstwxvïsi
blementtg ‘¿sinxotro azdongnozqne; los retratosz-sdbxfa
planchasídei abeto , ¿bimestre-banana perfecta Ermua
ralidad, sus. áqfatigables trabajesnmawída zdonsaü
grada alpuebloáAllñnodambiamada- derwteatmlx,'" de
fantasmagórico, como en-zla habitaeioú deMai-át,
paseándose por 8mcuev9;—,<.grita.n6oAy colodándose. on
posiciones’ dadas. En ¿sin hnbitacion, utodoestaba
arreglado honesta. uyvsevnrameúte. EIiregbpijo-se
suscitaba. alvqr aquellar habitacion. en (¡odotvloaeoü
razones, y se creiaeataramiendb pon prtuxe1€a¡<we'z* em
este miserable Amundo,r—.la» casada lwwmud.rrf>‘»‘VÓL I!
Y hay que notar además,; queïbién mirathfllar c288:
no era de un simple artesano. ‘El primermueïzio guél
en el pequeño salou se veía. cream: zpimow 1'15‘
trumento mnycqaw entonwvr=Elr1nstrW°>“h““
715i. ¡mio-nos POLITIGA17I‘ LA msnm.
cía adivinar la educacion que recibían las señoritas
l rDuplay, en el vecino convento , durante‘ algunos
Jneses. El carpintero no era‘, ‘precisamentcycarpin
.tero, sino ‘que era. empresario en la carpintería de
agedificacion. ‘Aunrcuundo la casa era pequeña, sin
, embargo, era suya, yvivia en ella. '
Todo, esto presentaba dos aspectos: el D110,‘ P0°
pillan-el otro, distinguido hera,‘ si‘ así se quiere
..l1amar;* el pueblo industriosc‘, laborioso y tras
Vformado, por sus esfuerzos y trabajos, al estado
de pequeño propietario; La transicion era perfecta
-mente invisible. El padre, un buenhombre, ardien- —
te y rudo; ia madre, de voluntadfuerte y viva; am
zbos, llenos de energía, de cordialidad, representaban
perfectamente alas gentes delpueblo. La más ióven
de las cuatro hijas, tenia’ imaginacion y arrojo: las
demás, tenían distinto-carácter, sobre todo la mayor,
¿’quien el vulgo llamaba con respeto la señorita.
Cornelia; Esta, decididamente; era una señoritafy
-apreoia’ba las muchas beilezas de Racine, cuando Ro
ubespierreleia algo de él en familia: conservaba siem
pre runa fiereza austera, tanto. en¿ los asuntos de
la zcasa , como puesta‘ al piano-z ella era -la que
ayudaba á. su. madre en todas sus faenas, como ‘lavar
-.gps-apurar
- Robespierreiestuvc-allíun
lo necesarioa la demás‘
año, lejos
familia.
de la, tribuna:
— '

escritor y periodista, allipreparaba todos ‘los’ artículos


¿y discursos que por lmtarde ‘debía pronunciar para
los jacobinos: una año, el que ' vivió en «este
mundo; - ‘ ' te " -
Para la‘ señora.‘ Duplay», era muy dulcewlïte
nerle en su casa. Y esto se puede juzgar por la viva
cidad con que respondió al“ ‘Comité el 10 de agosto,
cuando buscabareu-zsu ‘casa un‘ lugar’ seguro: «Mar
chaos, que-«podeiscomprometeráïRobespierre n- L3?!"
.— Era ‘allí el hijo mimado- de la casa, era el Dios;
Todos estaban a su disposicionJEl hijole servía de se
cretario, eopiaba ‘sus’ discursos tan col-tejidos. El p»;
dre Duplay, el tío, le escuchaban insaciablemente,
devoraban, por respresarnos así, sus palabras. Las‘
« señoritas Duplaylei miraban-como un hermanofla
más jóven, vivay encantadora, noperdia unaocaw
Sion de distraer al pálido orador. Con tal hospitali
dad, es ‘imposible que ninguna casa se halle entris
tecida por el dolor. ' -c= - u.
r En la pequeña cámara, avivada por la ‘familia y
a
us unirnos m: LA RIVOLUCXON. 165
los obreros, no faltaba movimiento. Robespierre, en
su buhardilla o en la mesa de abeto donde escribía,
en cual uier direccion en que mirase, veia ir y ve;
nir, des e la casa al soportal, y desde el soportal a
la casa, á la señorita Camelia. ó alguna de sus ama
bles hermanas. ¡Cuán fortificado debió _ quedar su
pensamiento democrático, al ver, tamdulce imágen
de la vida del pueblo! ¡Aquella vida, ‘a la vez popu
lar y noble, en que-los cuidados ‘domesticos realzan
la distincion moral de aquellos á. los cuales se en
tregan! ¡El pueblo, sin vulgaridad ni vicios, ambos
compañeros de la. miseria! La belleza que cuida y
dirige la. casa , la escelencia de todo lo prepara
do por la mano amada... ¿quién es el que no ha sen
tido todas estas cosas? , ’
_Nosotros no dudamos que el infortunado Robes
pierre, en la vida seca, superficial, sombría, _á que
las circunstancias le hablan destinado, no habla sen
tido tanto encanto encerrado en la naturaleza, go
zado de tan dulce placer. _ _
«¡Tenia bien entendido que el hospedaje, coiï tal
fimilia, era nin-y dificibl. Un jacobinodlsideiiten fre
prochó un diáswRobespierre, que‘ ‘había estado-‘üsw _
plotando la casa de Duplay, que había‘ hecho? que-Sie
alimentasengiomlsmo que Orgonwaïlirmeiitó’ á. Tar
tufie, reproche bajo y ‘grosero da u‘n— hbmbfeïhdïgtlo ‘
de sentir la iraternidad de la «época/y lafelicidad
Afielaamistadgí ',-:-- v ‘» 415G”
Lo ‘cierto ostia: Robespierre no zeiitró-eit casaéde
lfleñora» Diïp y‘, sino con ‘la condicion deïípa
gar peusiomfivdelicadcza lo‘ exijia asiqNo seis
oontuidyg¿,se=le'dejó hablar. Quizás quisieiroiifpor
contenía ei, recibirlos primeros meses. ‘Perro ¡eii el
curso fieiiriblodesu corto destino, en la sucesión-dd
los días, perdió la. cuenta, creyendoïpágar “eli
deje de otra/manera. Con ‘lirpensibnï païgaidaíïár- su
hermana, coiirelfdinero gastado en algunos trajes, fly
con: algunoraiiemosfiladosvá unes-pequeños =saboyb—‘
nos, se qjifltiuïbspïneanlente sin nada.‘Élno<tenia’,i
mi 1,"; ¿maquina ¡ú- tratamientordaí diputado;
. -'- '--‘ '-“ ‘ s'que dijeron se le vhabianen-ï
(30 w _ _ e e19 thermidor, es unanfiibiilb‘
¡nm _ «enemigos; Entonces‘ debia-“roua- ‘
m: » e w a la señora ’_Dspl’a*y.= v2 "h;
411:: N 1) - ! . —— __ ;,-;‘- ?i‘.‘- ":1. ' 1m“ b’! 95"
‘ Lgfiltiáii-Ï {en-viña 'iyi{,,:-;. ¡gm-it 3:) mL-¿unriui ¿wr
ll‘ ,__¡.";,.
. i, -.u- —.
CAPITULO xxv. Í
m:
J-‘L- S.

r - '
5'. -_ _ . t" . L'Ï'.l=_
-- ’_‘ . . .0 In.‘ ‘a 5:1.

- t- ‘ ..
11.-‘; LaAsamblea constituyente había ordenado-que
gg ¡ansia municipal dpn e se efectuabau los matric
monios, las declaragiphes dsnaeimiqntow deman
tmiseedificaseuns-altggt. ¿«z- ' — r u; ‘lam
. Los tresgmomentesgpatéticos del destino humana,
- ¿encontrandosei así ópnsqgradosren-el altar del ‘(lab
muxas- y las religiones zds«,las familias anidan ¡las di!
la. pátria, aquel altar hubiese sido bienrparonto nl
‘_ —úxiioo,:.yg.la municipalidad‘ hubiese 85.410,01 templos:
, ¡»Elgonsejjo detMirabeau fue’ seíuifloti «Novconsoé
guireis, paga,’ sino descríat-ianiztïís amvolnciolnpwux
¡..M_l1fih0fl obreros del arrabal desata .A{lflQÍiÍQ,—"Qn
gl 93, atieelararonque no olteiantlegítimszeus mu»
montos ¡»mi no estpbaneeonsagradosü ondek comun
por ctnnasistradoaa=-x-:z-w- . — — i?» un!
l, cmnjkaïgeqlmoulbs,‘ eneLQI, se casó en Sama
eio asegm e gito QQÉÓIÍQO,'TFDQFQQBIOEÍ lo guisa:
, ilia ;de su muj er. B11141269 01:92., Jubiendqxñacidn
su Übrïloïjficiflylfi llevóiél: mismoyal-¡Hqtil ¡e _ En
¡las y: reclamóda ley dela Asambieamqstitaymtsp
All-acuesta prime: ejempgo; deb bautismo. repa
bliflnflbqgru r - » 0 9 u} rra m3 0brn}i—.c»:a
. El másgadmirable.pomefi_ a. revolqcidlumnl
de su gym esefitor. el bueno y qbeum flamilfiuo!
de su enhantadora Lucila; el acta que los llevó ¿am
bos á la muerte (á. la cual contribuyó muy directa- _ t
us MUJERES n: LA nrvonucron. 167
mente), la proposicion tan arriesgada, en pleno ter
ror, de un Comité de clemencia.
Pobre, mejor dicho indigente; en el 89, poco favo
' recido de la naturaleza bajo su aspecto fisico, y aun
más, casi tartamudo; Camilo, por el solo atractivo de
su corazon y el encanto de su sublime espíritu había
adquirido á. su Lucila, bonita, graciosay relativa
mente rica. _ - "1
Ezistia de ella un retrato, quizás el único, una
preciosa miniatura (de la col: ccion del coronel Mau
rin), ¿Qué se ha hecho de e12 ¿Quién le tiene? Tal
preciosidad pertenece á. Francia. Ruego encarecidaw
mente al dueño de tan. precioso objeto, que cual
quiera que sea su fin al tenerle, haga el favor de
entregárnosle. Que sea coiocado en el Museo, para
que ocupe un lugar en el museo revolucionario que
más ó menos tarde se debe formar.
- Lucila. era hija de un antiguocomisario de adua
nas, y de una bellísima y encantadora mujer, que
decía había sido madrastra del ministro Terray. Su
retrato demuestra ser una jóven muy bonita, pero
de una clase poco elevada, como el nombre lo ates
tigua: Lucila Duplessis Laridon.
,4, Era hermosa, pero sobre todo muy constante: un
pequeño Desmoulins en mujer. Su encantador pe
queño rostro , conmovido, impetuoso, fantástico,
_ tenia el genio de La Francia libre (el bello folleto de
‘su marido). El genio -tambien descendió á ella; le
sentía, al concentrar en su corazon el amor á. un
hombre de genio (1)., Nosotros no podemos resistir
al placer de copiar la carta’ interesantísima en que
una jóven de veinte años cuenta sus emociones du
rante la noche del 10 de agosto:
, ¿E18 de agosto había vuelto del campo: ya todos
‘ los espíritus se hallaban fuertemente alterados; es
tuve á. comer con unos marselleses, y al fin de la co
midahdiscutimos acaloradamente. Concluida la comi

; amó- hasta querer morir con él.—Y por lo tanto,


doentero aquel corazon leal y francoï ¿Quién lo
i- ra amada de un hombre muy inferior (el (ÏBIIMÍS
ebre Freroi? Está. bien turbada. en su retrato: la vid}
' - en ella muy estruida; su tinte es oscuro. ¡Pobre Lucr
., ""ls!"l‘ú' bis visto detenidamente esa revolucion, y ella se
halla ent. tamente concentrada en ti. Yo te creo sentir unida
á ella or un nudo inquebrantable; pero cuando 81°r1°°“¡“‘“'
te te estacas por; tu muerte. "-Ï:.¿,«._.7"¡ ¿‘te
d 29
v o - t

’ BIBLIOTECA POLÍTICA DE LA msnm.


da, fuimos á casa de Mr. Danton. La madre lloraba,
y no podia estar más triste de lo que estaba : su
hijo tenia el aspecto de, un tonto. Danton estaba
resuelto; y yo, al ver aquel cuadro, reía. como una.
loca. Temian que los acontecimientos "deseados no
tuviesen lugar; yaun cuando yo no estaba segura,
oles decia, como si 10 supiese bien, que si’, que’ se ve
‘ rificarian. «¿Y cómo puedes reír de ese modo en tales
circunstancias?»——me preguntaba madama Danton.
«He ahi,—la contestaba,—esto ' me aseguraque muy
pronto verteré yo amargas lágrimas; quizás. esta mis
ma tarde.»—Hacia«miiy buen tiempo; salimosála
calle, y en ella encontramos una multitud de gente.
Muchos, descamisados, pasaron gritando: «¡Viva la
nacion!» Despues, tropa de caballería, ya poco rato
una. gran masa de tropa de todas clases. Me sobre
cojió el miedo. Dije á. madama Danton: «Vámenos,
vámonos.» Se reía al principio de mi miedo, y á
fuerza de mis súplicasmambien. lo tuvo ella. Dije á.
su madre: «Adios, no tardareis en oir el grito de
alarma.» Cuando llegamos á su casa, todo el mundo»
se armaba Camilo. mi querido Camilo, llegó con un
fusil. ¡Oh! ¡Dios mio! Yo me metí llorando en una
alcoba; ocultaba mi rostro entre las manos, y prin
cipié á llorar. Mientras tanto, no queriendo mostrar
tanta debilidad, y decir delante de todos que no que
ría que se mezclase en nada, esperé con anhelo el
momento en que podia hablarle solo, y entonces lo
dije mis cuitas. Me consoló, pero me dijo que era su
deber no abandonar jamás a Danton. Yo supe des
pues que él se había espuesto demasiado. Freron
deseaba perecer. «Yo estoy cansado de vivir,—de
cia,—y deseo con fervor la muerte.) A cada patrulla
que yo veia pasar, me parecía que por última vez
les veía. Yo me fui apresuradamente á encerrar en
un salen sin luz, para no ver todos aquellos bélicos
preparativos... Nuestros patriotas marcharon: yo
_fuí á. sentarme en un lecho, fatigada, anonadada,
adormeciéndome muchas veces; y cuando quería. ha.
blar, decia cosas absurdas. Danton fué a’. acostarse; -
no tenia el aire de revolucionario, y no salió de su
casa. Pero por fin vinieron á- buscarle repetidas ve
ces, y marchó al Common. El grito de alarma de
los franciscanos sonó, y sonó por largo tiempo.
Sola‘, bañada en lágrimas, de rodillas al lado de una.
ventana, ocultando el rostro con el pañuelo, escu
LAS ¡rumana m: LA nsvorueion. 169
cbaba aquel fatal y para mi desgarrador sonido.
Danton volvió, y vino muchas yeces, á, darnos ya
buenas, ya malas noticias: yo creí entrever" en sus'
palabras su proyecto de marchar alas Tullerías.
Creí que entonces me iba a desmayar. Madama
Robert ¿preguntaba á todo el mundo por su ma
rido , y decía : «Si ha perecido , no le podré so
brevir. Pero ese Danton es causa de vestas des
gracias. ¡Ah! Si mi marido parece, tengo el su
ficiente valor, para asesinarlcin: Camilo, al‘ cabo de
una hora, yolvió, y se durmió sobre mis rodillas. Ma
dama Danton pareciaestar preparada. para la muer
te de su marido. A la mañana-siguiente se oía el
sonido del cañon. Vaciló y se desmayo.‘ ‘ ‘ut -
S¿Qué nos sucederá ¡chi-mi Camilo? Ni aun tengo
fuerza para respirar. Dios mio, sLbien es‘ verdad que
túexistes, salva a los que son dignos de ti .. Que
remos ser libres: ¡chi » Dies, zescuchami plegaria...»
Lucila, que se muestratan flesalentada. en su na.
tural debilidad de mujer, fué una verdadera y admi
rable heroína‘ en el acto desu muerte.
Era preciso verla en aquel momento decisivo en
que Dcsmoulins y sus amigos ‘rdeliberaban sobre la
ejecución del decisivo y probablemente mortal paso,
—reclamar por las libertades de-zla prensa y dela tri
buna, ahogadas con la prision de: su amigo Fabre-de
Eglantine, por haberse puesto en medio del torrente
deltycrronfl u : wi.- ,- ‘
¿Quién no veía en aquel ‘momento en peligro á
aquel pobre artista? Entremos en su humilde y glo
riosa casa (calle de la Antigua Comedia, cerca de la
calle de Dauphine). En el primer piso habitaba Fre
ron. En el segundo, Camilo Desmoulins y su encan
wtadora Lucila. Sus amigos aterrorizados, iban a su
plicarles, á detenerles, á amedrentarles, presentán
doles el hondo abismo en. el cual se esponian á. caer.
Un hombre valiente, el general Brune, amigo de la
Iteasa, estaba una. mañana con ellos y les aconsejaha
rud_encia¿rg.‘-‘:ái¡¡gr A v-r;:'.-.- _

' _ jiiíüs ct vítmmusr-dijo en latin á Brune para que no


lo ‘entendlese su mojan-eras enim morwmur. Habló
luegb con un calor de su ardorosa resolucion, ‘N13,
Lucila corrió á abrazarle. «Dejád¡e.-4e°¡3—"‘l“°
cumpla su honrosa mision; este será quien salve a la .
170 BIBIJOTECA POLÍTICA DE LA IBERIA.

Francia... Todos los que piensen otra cosa, no vuel


van a hablarme.» . o
Freron, el amigo de Camilo, el ardiente admira
dor de su mujer, acababa de escribir la parte que
había tomado en el asalto de. Toulon, contando del
modo con que había {saltado las enemigas baterías
con la cortante espada colocada en su potente mano.
Creo que Camilo deseaba colocarse á. una gran altu
ra alos ojos de su mujer, y entonces no era mas que
'un gran escritor. Yel quería ser un héroe.
El sétímo número de El Viejo Franciscano, tan en
sañado con los dos Comités gobernantes, y ‘el octavo
contra Robespierre (publicado en 1836), perdieron á.
Camilo y le introdujeron en el proceso de Danton.
La viva impresion que causó el proceso, la dema
siada concurrencia que’ rodeó el Palacio de Justicia,
favorable á los acusados, hacía creer que si los pri
sioneros del Luxembourg llegaban á salir, podrían
alborotar la poblacíon entera. Pero la prision debili
ta al hombre; atodos les faltaban armas, y á algunos _
Una mujer dió el ejemplo. La jóven esposa de Des- l
valor.

moulins paseaba llena de dolor, y continuamente,


los alrededores del Luxembourg. Camilo estaba allí,
asomado a las rejas de su prision; la veia pasar por
delante de el, y escribía las cosas mas terribles que
han conmovido el corazon humano. Tambien ella se
preparaba á. aquel bárbaro instante , puesto que
amaba violentamente á su marido. Jóven y brillan
te, podía rendir homenaje á. los importantes milita
res que conocía, tales como Freron y Dillon. Freron
estaba en París y no se atrevió áhacer nadaporellos.
Dillon estaba en el Luxembourg , haciendo la vida
de un verdadero irlandés, y jugando a las cartas con
el primero que se le presentaba.
Camilo‘ se perdió por la Francia y por Lucila.
, Lucila tambien se perdió por e'l.
El primer dia confió en conmover el corazon de
Robespierre. Se había creído varias veces que Ro
‘ bespíerre les casaria. Y recordaba en la carta, que
había sido testigo de su matrimonio, que había sido
su primer amigo, que Camilo no había hecho nada
que fuese contra su gloria, añadiendo una frase pro
pia de una mujer jóven , bellafapasíonada, que
siente verdaderamente. «Tú nos matarás á ambos:
herírle á él es matarme a mi.»
‘Q
‘i .

LAB MUJERES’ DE LA REVOLUCIÓN.


No tuvo ninguna respuesta.
Escribió a’. su admirador Dillon: «Se habla de mi
marido. ¿Sereis un hombre de tan poco corazón que
no defendais su vida?»
Los prisioneros se animaron con el ejemplo de una
mujer, y prometieron sublevarse. Siempre parecía
que no se determinaban a empezar sino despues de
Lucila, cuando desde luego, colocándose en medio
del pueblo, ella hubiera amotinado la multitud.
s Dillon, bravo, hablador, indiscreto , jugando á. las
cartas con un tal Laflotte, le contó todo lo sucedido.
Laflotte le escuchó y le hizo hablar. Laflotte era re
publicano; pero entonces enfermo, sin ninguna es
peranza, no los denunció aquella misma tarde (3 de
abril): esperótoda la noche porversi se decidian. Por
la mañana entregó su alma; en cambio de la vida,
‘vendió su honor, los delató. Por medio de esta arma
indigna, se consiguió matar á Danton, á Camilo Des
moulins, y algunos días despues á. Lucila y a otros
varios prisioneros del Luxembourg, todos estraños
á. tales sucesos, y que ni aun se conocían.
El único de los acusados que mostró un gran va
lor: fue LucilaDesmoulins. Apareció intrépida, digna
de su honroso nombre. Declaro que había dicho á
Dillon y á. los prisioneros, que en el caso de obrar
como en el 2 de setiembre, «estaban en el deber de sal
varla la vida.»
No hubo un hombre, de cualquiera opinion que
fuese, que no sintiese profundamente tal muerte.
Porque no era una mujer política, una. Gorday, una.
Roland; era simplemente unajóven, cuya presencia
era de una. niña. Y bien; ¿que había hecho ella? ¿Ha
bía querido salvar á su amante? No; á. su marido, al
buen Camilo, al abogado del género humano. Ella
moría por su virtud, porque aquella intrépida. y en- ._
cantadora mujer, cumplía con uno de sus más santos
deberes. -
Su madre, la bella y buena madame Duplessis,
espantada al ver un suceso que nunca se había figu
rado pudiera suceder, escribió á Robespierre, que no
se atrevió á. responder. .
Rabia amado á Lucila y quiso casarla. Se hubiera
creído, si respondía, que aun la amaba; y entonces la.
situación de ambos hubiese sido muy comprometida.
Todo el mundo execraba tal prudencia. El sentido
humano se rebelaba contraylla. Una voz se elevó de
l
¿ Q
s
172 BIBLIOTECA POLÍTICA m; LA msnm. a:

todo el pueblo sin dístincion de partidost(de esas


voces que llevan en sí la desgracia): «¡Que desven
tura! Es tarde.» -
¿Qué se había hecho para aflijir con tan cruel tor-f
tura el alma humana? Se había suscitado a las ideas
una cruel guerra; desencadenado contrawllas un
terrible poder, ciego, bestial, temible: la sensibilidad:
salvaje que marcha delante delos principios, que
por derramar sangre, se convierte en lágrimas, y»
que destruiria una. nacionentcra por salvar á. los
hombres (l). -
(1) «De la. prision del Luxembourg, á. las cinco de la
mañana: ' ‘ ' ' ,
»El.sueño bienhechor ha suspedido mis males. Soy libre '_
cuando duermo: no esperimen to entonces el sentimiento ‘de’.
su cautividad: el cielo ha tenido piedad de mi. Hace un mo-'-'
mento, que en sueños te veía y os abrazaba á ti, á. Horacio,
á Durousse , y que estaba es casa: pero nuestro hijo había.
perdido un ojo por un humor que sobre él había nacido, y
esto me ha despertado. Me encuentro otra vez en mi calaba
zo. ‘Ya esta amaneeiendo. No pudiendo verte y escucharte,
porque tú y tu madre meliablais, me he levantado al menos
para hablarte y escribirte. Pero al abrir mi ventana, el re
cuerdo demi soledad, los afrentoses hierros que me separan
de ti, han vencido toda. mi firmeza de ánimo. Yo he llo
rado sin cesar, y desde mi tumba gritaba: «¡Lucila! ¿dónde te y
encuentras?» (En esta parte hay una señal de una lágrima.) Ayer
tarde he tenido otro instante parecido á. este, al vor atu
madre en el jardín. Mi primer movimiento fué caer de rndi
llas, unir las manos para pedir tuviese piedad de mi; ella, _
que estoy bien seguro lloraba. rcclinada en tu senoI Contem- _
plc ayer su dolor (otra señal de una lágrima), al ver sus faccio
nes y su rostro desfigurado, y entonces no pude resistir tal '
escena. Cuando volvais, que se siente más cerca de ti, para
que os pueda ver mejor. Envíame tu retrato, que tu pintura
tenga compasión de mí, pues la ha tenido de otros en medio.
del horror de la prision, será. eso para. mí una fiesta, un día
de gozo y amor el en que reciba tu retrato. Además envíame
‘un mechun de tus hermosos cabellos, para que yo le enga '
sobre mi doliente corazon. ¡Mi querida Lucila! éme
vuelto á. los tiempos de nuestros amores, que solo apreciaba
‘todo lo que era tuyo Ayer, cuando el ciudadano quote bag.
dado mi carta volvió, le pregunté: «¿La habeis visto?» Lq
mismo que preguntaba al abate Landreville, cuando sabia?
que me podía dar noticias de ti. Es un alma caritativa,‘ pues
que te ha dado mi carta sin tardar. Yo le veré, segun le he «'
oido, dos veces al diaz por la mañana y por la tarde ‘Estei
mensajero de mis crudos y acerbos dolores me es tan queri
do, como el de mis alegres amores. He descubierto’ una veug,
tanilla sumamente pequeña en‘ miprision, "he aplicado el
oido, y he oido gcmir, he oido algunas palabras de un desdi
chado que horriblemente sufría: Me preguntó mi nombre; yo
CAPITULO XXVI.

Ejecuciones de mujeres.—-Las mujeres pueden ser ejecr


tadas. ‘

Las muertes de las mujeres eran terribles. La más


simple política debió suprimir el cadalso para las
mujeres. Él mataba la República.
La muerte de Carlota Corday, sublime, intrépida,
formó una nueva religion.
La dela Dubarry, toda llena de terror, pobre, an
ciana, que sentía. la muerte en sus venas, que recon
‘centraba todas sus fuerzas, gritaba. y se arrastraba
por el suelo, reveló todas las fibras de la piedad ani
M,
se 10 di le. «¡Oh! ¡Dios rni0!»—dijo elinfeliz revolviéndose en
su cama, y levantándose de el1a:—y le dije; «Yo reconozco
en vuestra voz á Fabre d‘Egla.ntine.» «Si, yo soy Fabre,—
me dijo;—¿pero cómo estás tú aquí? ¿se ha. efectuado la contra
revolucion?» Callamos, por miedo de que nos sorprendiesen
y nos separasen, encarcelándonos más duramente. ¡Ah, que
rida Lucila! No sabes lo que es estar encarcelado sin saber
la razon, sin leer ni un solo periódico; no es vivir, es más
bien morir de angustia y dolor. Se dice que la. inocencia
está siempre en calma, sin ser bbrrascosa. ¡Ah, mi querida
Lucila, mi bien amado; mi inocencia se debilita algunas ve
ces como la de un padre, como la. de un marido, como la de
un hijo! Si hubiesen sido Pitt ó Cobourg quienes mc tra
tasen tan crlelmente... ¡Pero mis colegas, pero Robespierre
mismo firmando la órdon para ponerme en rision! ¡Pero l‘ JI!

República, por quien tanto he trabajado! ¡Éste es el Prem“


Y’:
que reciben todos mis sacrificios, todas mis virtudes! A1 en‘
trar aquí he visto á Horault-Sechelles, á Simon, aageïrw"
174 BlBLlOTECA poLmcA nn LA 151mm.
mal. «El cuchillo,-—decian,—no entraba en su enve
jecido y encorvado cuerpo...» Todos al sir tal relato
se espantaban. _
Pero el golpe más terrible fue la ejecución de Lu
eila. Ninguna produjo tanto horror, tanta desespe
racion, tal deseo de ser ásperamente vengada. _
_Se sabe bien que una sociedad que no se ocupa de
la educación de las mujeres, y que no es su defen
sora , esta completamente perdida. La medicina
preventiva es desde luego más necesaria, pues que la
curativa es casi siempre imposible. No hay contra las
mujeres ningun medio útil de reprension. La simple pri
sion es cosa-ya difícil, porque se dice: «¿Quis custo
diet ípsos custodes?» Ellas todo lo corrompen , todo lo
debilitan. Pero hacerlas subir al cadalso, ¡gran Dios!
Un Gobierno que de tal manera procede, se guillo
tina a si mismo. La naturaleza, que por cima de
todas las leyes coloca el amor y la perpetuidad de la
especie, ha puesto en las mujeres el siguiente mis
terio (absurdo, sise quiere, a primera vista); Las muje
res son responsables, pero no pueden ser castigadas.» En
toda la revolución se las vé violentas, intrigantes, mu
cho más culpables que los hombres. Pero aquel que
las hiere, se hiere a si mismo. Quien las castiga, a si

á. Chaumette, á Antonelle; aún son menos desgraciados; nia


guno se halla prisionero de secreto. Es á mi, a quien ha. tra
bajado tanto durante cinco años, y se ha espuesto á. tantos
peligros, solo por la República; a mi, que en medio de la re
volucion he conservado intacta mi pureza; á mi, que no tengo
que pedir en el mundo perdón a’. nadie mas que á. tí, mi que
rida Lucila, aunque me le has concedido, porque sabes que
á pesar de las debilidades de mi corazon, no es indigno de ti’;
es a’. mí á quien los hombres que se llamaban amigos mios,
que se llamaban republicanos, arrojan á un oscuro Calabozo
en secreto, como un dcpravado conspirador. Sócrates bebió
la cicuta; pero al menos veía en su prisión á sus amigos yá
su esposa. ¡Cuán duro es estar separado de ti! Al más gran
criminal se le castigaria demasiado, si se le separase de una
Lucila como tú, aun cuando solo en el momento de la muer- .
te esperimentase el dolor de tan bárbara separación: pero
he dicho mal; un culpable trunca sería tu esposo; y si yo lo
he sido tuyo, es porque me sacrificaba por ‘mis conciudada
nos... Se me llama... En este moments los comisarios, del
tribunal revolucionario vienen á interregarme. No se racha.
preguntado más, que m‘ había conspirado contra la República.»
¡Qué sarcasmo tan sangriento! ¡Y se uede insultar impune
mente al rcpublicanismo más puro e ese modo! Ya. debes»
comprender _ la suerte que me espera. Adios, mi Lucilamli
amor, nn felicidad; da’. en mi nombre mi odios áJni buen pa: 'r'
— — r , < un « “'l""»7-'
In; '
LAS MUJERES m: LA nsvorucnox. 173i
-. mismo se castiga. Cualquier cosa que hagan, destrua
ye la justicia, haciendo nacer y estenderse la idea.
Si son jóvenes, de ninguna manera se las puede cas
tigar. ¿Por que razon? Porque son jóvenes, y en ellas
se encierra el amor, la felicidad , la fecundidad. Si
son viejas, tampoco se las puede castigar. ¿Por que?
Porque son viejas, es decir, porque han sido madres,
porque son sagradas para elhombre yporque,sus ne
vados cabellos, os recuerdan los de vuestra. adorada.
madre. Por eso la pobre justicia no se atreve en tal
cuestion á. pronunciar ni una palabra; y convirtiém
dose, humillándose, tiene que ser injusta. Es un p0
der que domina la ley; si se obstina la ley, tanto
peor: se presenta cruel, impía, enemiga de Dios.
Las mujeres quizás reclamarán contra todo esto: I
quizás dirán que puesto que se las acusa de conspi
radoras, quieren marchar tambien al cadalso : que
quieren poner por obra sus pensamientos, y atener
se á. las resultas de sus actos. Entonces, ¿qué hacer?
No es culpa nuestra. si la. naturaleza las ha hecho,
no débiles, como se dice. sino poco firmes, perió
dicamente enfermas , morales más que físicas,
hijas del mundo sideral, pues que, por sus debili
dades, son inútiles para desempeñar muchas funcio

dre. Contempla en mi un ejemplo de la barbarie e ingratitud


de los hombres. Yo mehe casado con una mujer celestial por
sus numerosas virtudes; he sido un buen esposo, un buen
hijo; hubiera. sido un buen padre. Yo llevo en mi lo que» es
timan todos los verdaderos republicanos, todos los hombres:
la virtud la libertad.
He viví o treinta y cuatro años: es un verdadero fenómeno
que yo haya vivido tanto tiempo y que durante Cinco añw
no haya sucumbído entre los furores de la revelucion , exis
tiendo aún, y pudiendo aún reclinar mi cabeza. con orgullo.
sobre mis numerosos escritos, puesto que todos respiran la
misma ‘filantropía, el mismo deseo de hacer a mis conciudada
nos dichosos y libres, y á. los cuales nunca el hacha. cortante
y despótíca de los tiranos podrá herir. Sé bien que el poder
debilita á. cási todos los hombres, y que todos dicen como
Dionisio‘ de Siracusa: «La tiranía es un bello rpitafio.» Pere con
Buólate, vive desolada; el epitafio de tu buen Camilo _es mas‘ zx.
glorioso, es el de los Brutos y los Catones. el de los tiranos. w‘
_. 10h, mi querida Lucila! Yo había nacido poeta para de- .93
fender á. los desgraciados, para hacerte feliz, para componer ¡nl
con tu madre y mi padre, yalgunas personas segun el afecto ú
que hacía. ellas tuviésemos, un Otaiti. Yo había. ideado 11713- =¿'
Re ública que todo el mundo debia adorar. u: no: 0x8‘ , Fïf
injustos.
unca pude
¿Cómocreer
pensar
queque
losalgunOB
hombrespequenosflüaïfim‘
fuesen tan feroces“:
h“ '
176 BIBLIOTECA Pounca n: LA IBERIA.
nes rígidas de las sociedades políticas. Ellas tienen
siempre una influencia inmensa, y la mayor parte
de las veces, fatal. Esto 10 vemos palpablemente en
nuestras revoluciones. Generalmente las mujeres han
sido quienes las han hecho abortar: sus intrigas las
han minado, y sus muertes (frecuentemente justas,
aunque impolíticas), han sido la base de la contra
revolucion.
Distingamos una cosa hace mucho tiempo xiotada.
Si son por su temperamento, que es la pasion, perju
diciales en política, son más aptas que el hombre en
la administracion. Sus costumbres morigeradas , el
cuidado que manifiestan en todas las cosas, el gusto
natural de satisfacer, agradar y contentar, hacen de
ellas unos escelentes empleados de Hacienda. Desde »
hoy mismo se las destina para la administracion de
postas. La revolucion que renovará todo , lanzando
los hombres en las carreras activas, deberá emplear
necesariamente a la mujer en las carreras adminis
trativas. Yo he visto a una mujer entre los emplea
dos del Comité de Salud pública. (Archivos, registros
de los procesos verbales del Comité, 5 junio, 93, p. 79.)

á mis colegas en mis escritos, habían de borrar dc_1a historia


el brillante recuerdo que de los hombres yo esperaba? Yo
nunca me disimularé el morir víctima de m1 amistad con
Danton. Condeno á mis asesinos por hacerme morir con el
y con Philipeaux; y puesto que nuestros colegas son tan de
biles que no se atreven á defendemos de las acusaciones que
no cïnozco, ego áyie sin conocerlas afirmo qu: serán btajlzss
e m ignas, e o ecir que morimos por nucs ra m exi l 1
dad crítica. a las faltas de nuestros colegas, y_ por nuestro
amor a la verdad. Y aún podemos decir con un justo y legi
tiïiïáïiïáïátïïfïfaïïfïáï 23,5522“ïïeïíïiïïïaïfïnfïïá‘;
cugndlo debería hacértela. olvidar. Dí mi querido Horacio;
to 0 o que tú crees que yo siento y que no uedo espresar.
Que le hubiera amado mucho. A pesar de mi esgracia, creo
que hay un Dios. Mi sangre borrará mis faltas, las debilida
des de la humanidad; y mis virtudes, mi abnegacion, mi
amor á la libertad todo creo me lo recompensará Dios. Yo
os volveré á. ver aligun dia, ¡oh Lucila! ¡oh Anita! La muer
te, s1 me libra de ver tantos crímenes, no es ahora una gran
desventura. Adios por siempre, mi vida, mi alma, mi divini
iiïad sobre}: tierra. Adios, Lucila, mi querida Lucila; adios,
' Oraclo, nitav adios padre. Yo aun veo á Lucila. Yo la
V60, 13 abgazo con amor; y mi cabeza, separada del tronco, ¿ '-'
reposa s0 re ti. Adios para. siempre la eternidad me aguar-n
.da.. voy a morir.» m, ,,_ JL, , ' ¿en _ z
CAPITULO XXVII.

Csthsrina Tcot, madre del Dios. —-Robespi0rre, Mesías.


(Junio del 9L.)

En este tiempo dominaba el fanatismo. El esceso


de emociones había debilitado, humillado, descora
zonado la razon. Sin hablar de la Vendée, donde no
se veían más que milagros, había aparecido en Ar
tois un Dios. En el 94, los muertos resucitaban. En
Lyon, una profeta tuvo escelentes resultados; cien mil
almas tomaron, segun se dice, el equipo de viaje,
marchando sin saber adonde. En Alemania, las sectas
innumerables de los iluminados se estendian, no solo
al pueblo, sino a las más altas clases: el Rey de Pru
sia’ era uno de ellos. Pero ningun hombre en Europa
escitaba tan vivamente el interés de todos aquellos
místicos profetas, como el admirable Maximiliano.
Su vida, su elevacion al supremo poder por el solo ‘
de la palabra, ¿no era el milagro más asombroso de
todos? Recibí-a muchas cartas en que le llamaban el
Mesías. Algunos lo veían claramente en el cielo, en
1a constelaciïñz Robespierre.
El 2 de agosto del 93, el presidente de los jac0bi
nos designaba, sin nombrarle, el Salvador que debia
venir. Una infinidad de personas tenían su retrato,
comws de algun objeto santo. Las mujeres, los
mismos jefes del ejército, llevaban una miniatura de ,
Robespierre en su seno, y en algunos momentos re
_ zaban ante dicho retrato. Y lo más asombroso es.
178 msuorscA POLÍTICA m: u. mmm.
que los mismos que le ayudaban en sus empresas
políticas, como las santas mujeres, un varon, una
dama principal, le miraban como un sér de otra na.
turaleza que la de ellos. Las mujeres unian las ma
nos, y decían: «Si, I-lobespzerre, tú eres un Diosa.
En el pequeño hotel, ya demolido, donde estaba
situado el Comité de Seguridad, cerca de las Tulle
rías, y donde se hallaba tambien el Comité de la Sa
lud pública, existía un pequeño y oscuro corredor.
Allí iban los hombres de policía á. poner los ocultos
paquetes. Allí iban las bellas jovenes a depositar
cartas, hablando de aquellos paquetes del Salvador
futuro,
No hemos hablado de la vieja idiota de la calle de
Montmartre, refunfuñando siempre con dos pedazos
de yeso: «Dios salve á. Manuel y Petion. Dios salve
á. Manuely Petion.» Yestaba así lo menos doce horas
al dia Es verdad que en el 94 no estaba tanto tiem
po refunfuñando de Robespierre.
El amargo Cevenol, Rabaut-Saint-Etienne, habla '
indicado bien que todas aquellas ridículas cosas,
aquel valor de los devotos, aquella paciencia. de Bb:
bespierre para soportarlas, era el punto vulnerable
el talon de Aquiles, por medio del cual se heriria a y
héroe. Girey Dupray, en un escrito duro, le hirió, ,
aunque ligeramente. No era el autor de esta. comedia
Fabre d‘Eglantine, que se hacia. desaparecer; ¿y por
medio de la cual, quizás Fabre desapareció?
Para formular la. ycusacion era necesario un he
cho, una ocasion que se pudiese aprovechar. Robes
pierre mismo presento la ocasion. ,
En su< instintos de policía, insaciablemente de
mite de
seoso deSeguridad, que sus
pruebas contra quería hacer contra
enemigos, desaparecer,
el Co-_
l
estaba siempre huroneando en todos los escritos con
1
cernientes al Comité. Encontró y llevó á. su casa _.; l
unos papeles relativos á. la duquesa de Borbon, y no_,_,,. 4
quiso devolverlos. Esto escitó la curiosidad. El 00-M,
mité procuró cojer pruebas dobles, y vio en tal 2,5
°Ï°l1 una prueba de iluminismo. ' H ,- —
¿Qué motivo había para impedir a los _iluminadgs¿_,,
continuarsus
ElEstassectas trabajos?
duque de Orleans , de_masiado.,amigo¡.dew
era
jamás fueron indiferentes en pol; rJ ' Ir ' "

. a
francmasones yJos. templados, de los que, se: 5g, fíg
fué ‘srssgnaestre. . ., ¿.3
Las MUJERES ns LA nrvonvcíoil. 179
Los jansenistas, declarados por la persecucion dela
sociedad secreta, por la habilidad poco comun con la
que organizaban la publicidad misteriosa de las nuevas
eclesiásticas, habían merecido la atencion particular
de 10s jacobinos. El cuadro ingenioso que revelaba
aquel mecanismo, era el solo ornamento de la bi
blioteca delos jacobinos en 1790. Robespierre, del
89 al 91, vivió enla calle de Saintonge de Marais,
cerca de la de Touraine, a la. puerta misma del san
tuario donde aquellos energúmcnos del janscnismo
espirante’, hicieron sus últimos milagros: el princi
pal habia sido crucificar a las mujeres, que al des
cender de la cruz, no comían mucho. ,
Una violenta vuelta al fanatismo , despues del
terror, era fácil prever; ¿pero qué se adclantaba
con ello?
El castillo de la duquesa prestaba asilo a un adic
to, al cartujo don Gerle, colega de Robespierre en
la‘ Constituyente, el que asombro á. la Asamblea, pi
diendo como una cosa. sencilla y fácil, que se decla
rase a! catolicismoreligíon del Estado. Ai mismo tiempo
quería don Gerle que la Asamblea proclamase como
ciertas, las profecías de una loca, la jóven Susana
Labrousse. Don Gerle era intimo amigo de su antiguo
colega: iba frecuentemente a verle, le honraba tante
como si fuese su patron, y sin duda por agradarle,
tenia en su casa un carpintero de taller. Había obte
nido de el un certificado de civismo.
El cartujo era tan buen republicano como profeta.
En un desvan del barrio Latino, su espíritu se había
entusiasmado por una vieja mujer, idiota, á quien él
llamaba la Madre de Dios. Caterina Theot (así se
llamaba), estaba. asistida en sus misterios , por dos
jóvenes, dos encantadoras mujeres , una morena y
otra blanca, a las cuales se las llamaba la Cantante y
la Paloma. En el desvan efectuaban todos sus miste
rios. ¿Y había de descender ó. todas aquellas bagate
las el grave Robespíerre? Se ignora. Solamente se
sabia que tenia la vieja tres especies de divanes,
blanco, rojo y negro; que ella se sentaba en el pri
mero, su hijo don Gerle en el segundo, á la izquier
da, ¿y para quién era el otro, el divan de honor, á la
derecha de la Madre de Dios? ¿No era para un hijo
querido. el Salvador que debía venir? _
No pudo ser más ridícula la cosa en Sl misma , y
tampoco se pudo tener más actividad paraaïnsenarla
3.‘ .
180 BiBLXOïBCA POLÍTlcA m: LA msnm.
_ _ - i1v ‘i
tal como em, lo cualse podia mirar por dos distm- — ' . -
tos lados, que descubren una. asociación ‘grosera. en
tre el iluminismo cristiano, el misticismo revolucio
nario ‘y la inauguración de un gobierno de pro
fetos.
«El primer secreto del Evangelio, fue el anuncio
del Verbo; el segundo, la separacion de cultos; el
tercero, la revolucion; el cuarto, la muvcrte de los Reyes;
el quinto, la. reunión de los pueblos; el sesto , el
combate del ángel esterminador; el sétimo, la resur
rección de los elejidos por la Madre de Dios y el bien
general que ocasionan los profetas.‘
y>¿Dónde se encontrará. la Madre de Dios el din de
la revolución? Sobre su trono, entre los profetas, en
el Panteón.»
El espía Senart. que se hizo iniciar en todos sus
secretowpara publicarlos y para prender á sus auto
res, dice que encontró una carta, en casa de le Mar
dre, escrita á Robespierre, como si fuese su primer
profeta’, el hijo de Dios, elRedentor, el Mesías.
Los dos gascones, Barrera yVadier, hicieron juntos
la obra maliciosa. delprospecto que los Comités lan
zaimn en la Convención, y-le miraron como una cosa.
estmña. Esto daba lugar á. que hubiesen del pros
pecto tzin realistei, y de la restauración de la Monar
quía. La Atamblea. , desorientada , no sabia qué
hacer ni que creer. Poco á poco lo fue compren
diendo. Bajo la débil sombra de Vadier , sintió la.
poderosa mano del sangriento sarcasmo. El sarcas
mo en boca de un hombre llamado serio, escita. la.
hilaridud sin poderlo resistir.
El efecto fue tan violento, que bajo el cortante
cuchillo de la guillotina, en las hogueras, en los más
sangrientos suplicios , la. Asamblea se reía de sí
misma. '
g» ¡Se decidió, con gran entusiasmo, que aquel pros
fiecto seria. enviado á todas las administraciones ci
viles y militares. La tirada fue qui..ás de cien mil
ejemplares.
Nada contribuyó más directamente á la. caída. de
Robespierre que todo lo referido.
‘v- :_ -. i. ¿l ,_

3-.

CAPÍTULO XXVIII.

Las damas de Saint-Amaranthe. (Junio del 94.)

\
Este suceso de la Madre de Dios, se complicó en
otra acusación , no menos merecida , contra R0
bespierre.
Se supuso gratuitamente que el apóstol. de los ja.
cobínos había buscado prosélitos hasta en las casas
de juego, y discípulos entre las damas que recibían
jugadores.
En realidad. se confun ió maligna, calumniosa
mente al Robespierre viejo, con el Robespierrejó
ven, que frecuentaba aquellas casas.
Robespierre jóven, abogado, orador fácil y aun
vulgar, hombre d'e sociedad, no se cuidaba lo que de
sí exijia la alta y terrible reputación que su herma
no disfrutaba. En todas las misiones en que su nom
brejugaba un principal é importante papel, velaba
muy poco por si mismo. Se le veía abogar por todos,
y aun en los clubs, por una mujer equivoca.
Había conservado, ya por su juventud ó. P01‘ S11
buen corazon, la esperanza de que su hermano po
dria detener la revolución. No ocultaba á. nadie su
esperanza, no teniendo en cuenta los obstáculos in
mensos que habían de oponerse á. tal accion. En la
Provenza demostró su humanidad, despreciando a
los girondinos. En París tuvo el valor de salvar a
muchas personas, entre otras al director de la eco
¡ 182 BIBIJOTECA POLÍTICA m: LA 131mm.
nomía del clero, que más tarde fue el buen padre de
Geoffroy-Saint-Hilaire.
En la precipitacion de su celo anti-terrorista, llegó
al punto de humillar y aun hacer callar á. violentos
patriotas, dispuestosápromover la revolucion. En el
Jura, por ejemplo, impuso silencio realmente al
representante Bernardo de los Santos. Esta escena
dió alos contrarevolucionarios del Jura una con
fianza ilimitada. Decian ligeramente (sobre todos,
Nodier): «Tenemos la proteccion de MM. Robes
pierre.»
En París Robespierre, jóven como era, visitaba una
casa muy sospechosa del Palacio Real, entrando por '
la gradería esterior, al lado de la calle Vivienne, sita
en el antiguo hotel Helvetius. Aquella gradería era.
la reunion de los revolucionarios y mercaderes de
oro, y aun de mujeres. Suntuosascasas de juego es
taban casi a’. su alrededor, llenas de aristócratas. Yo
tengo observado que todos los antiguos partidos, a
medida que se disolvian, venían á. morir allí entre
las mujeres y la ruleta. Allí concluyeron los Consti
tuyentes, los Talleyrand, los Chapelliers. Allí fene
cieron.lo Orleanistas. Allí fueron á perecer muchos
adictos á la Gironda. Robespierre , jóven ardiente,
quería encontrar tambien en aquel lugar, algunos
restos de la tan antigua sociedad.
La casa donde e'l iba á. jugar estaba dirijlda por
dos damas realistas, demasiado bonitas; la hija tenia
diez y siete años, y la madre apenas cuarenta. Esta,
madama de Saint-Amaranthe, viuda, segun decía,
de un guardia de Corps que murió el 6 de octubre,
habia casado á. su hija con un sugeto perteneciente
:5. una familia cuyo nombre era muy distinguido en
la policía, con eljóven Sartine, hijo del ministro de
la Pompadour, á. quien Latude ha inmortalizado.
Madame de Saint-Amaranthe, sin ningun miste
rio, dejaba ver alos jugadores, retratos del Rey y
de la Reina. Tal prueba de realismo, no perjudicaba
de ningun modo a la casa. Los ricos eran realistas.
Pero aquellas damas necesitaban el apoyo de altos
patriotas.
La jóven Saint-Amaranthe era muy amada de
Jacobo Desfieux, agente del Comité de Seguridad
(cuando era director Chabot) , íntimo amigo de
Proly‘, puesto que habitaban un mismo cuarto, ami
go de Fanius Frey, aquel famoso banquero con cuya
us numnrs Dr LA REVOLIICION. 183
hermana. se casó Chabot. Todo esto habia aparecido
erfel proceso de Desfieux, juntamente con el de
Proly, en el proceso de los Hebertista.
Cuando, fue ejecutado Desfieux con Hebert, el 24
de marzo, Saint-Just trasmítió una nota contra la
casa. que frecuentaba, al Comité de Seguridad, el
que, el 31, hizo prender á. las Saint-Amaranthe y á.
Sartine. (Archivos del Comité de Seguridad. registra" '
642, 10 germínal.) _
Pero Robespierre jóven, lo ‘mismo que’ Desfieux,
era amigo de los de aquella casa: esto fue, sin duda,
lo que valió a aquellas damas permanecer en la pri
sion bastante tiempo, sin ser juzgadas. El Comité de
Seguridad estaba perfectamente enterado de lo su
cedido. Y había conseguido tener un recurso, una
prueba contra su enemigo. ¡Admirable prueba:
Arreglada hábilmente la cosa, á. Robespierre le po
dian hacer aparecer como un patrón de las casas de
juego. x
Robespierre", ¿cuál delos dos? Se guardaron muy
bien de decir el jóven. La cosa hubiera perdido todo
su valor.
Fue’ enterado bien pronto de todo aquello por su
mismo hermano. Vió el al ismo terrible que ante él
sejevantaba, y sufrió crselmente.
¿Fue el mismo a los Comités, ó los Comités le lla
maron? No se sabe sobre este particular nada de
cierto. _
Lo que sí es seguro, que en la tarde del 25 prai
vial, ó sea el 14 de junio, sucedieron dos terribles
cosas entre él y ellos.
Reflexionó que el suceso que temía era irremedia
ble, que su efecto se aumentaría con su resistencia,
que era preciso‘ sacar de todo partido, obtener de los
Comités, en vez de aquella vana alegría de maligni
dad, un poder nuevo que quizás le serviría para he
rir de nuevo a los mismos Comités, y en todo caso,
para dar un paso decisivo, ante la vista de la dicta
dura judicial.
‘ Cuando el viejo Vadier le dijo con aire observa
dor: «Mañana principia la causa. de las Saint-Ama
ranthe,» hizo algunas objeciones con frialdad, y
como nadie creia.
Todos creían á Robespierre ligado con las Saint—
Amaranthe, y segun sps palabras, ni, aun las c0
nocia. t
'
.0.
184 BIBLIOTECA POLiTlCA m: LA 1:32am.
La frialdad, prqplamentéïromana, de aquel hom
bre, no contuvo á nadie._
briamentmustero, Qué" aquelagitado,
teen cruelmente hombrellevado
som '-—l 12.‘.

impetuosamente por la tumultuosa y bárbara c0r-. * - u» '


riente de;su trájico, destino, marchase como una‘ a
Barrierencomo un ymarqués de" la Terreur, ádis ¡- .
traerse emma deunas damas tan renombradas, por - ne . - f
todos se encontró muy natural. Aun álaincredulidad 9 ...."

más furiosanse la arrancaba el tupido, velo de‘


sus ojos, ¿tu .— , e
Era de temer que la ¿equidad y el zbuen sentido lle-‘
gasen á un día en que avisadospor los más pro
eaces, se hlciesen esta sencilla advertencia: «Hay
dos Robeapierre.» \
En junio tuvo lugar, con una pompa increíble, el
suplicio de los pretendidós asesinos’ de Robcspierre,
entre ellos, las Saint-Amaranthe.’
El drama dela ejecucion, presentado con un cui
dado y un efecto. estraordinarios, ofreció de perspec
tiva cincuenta y cuatro personas, todas llevando el
traje que hasta Carlota Oorday nunca se había usa
do, la siniestra camisa roja de los parricidas y de
todos aquellos que asesinaban á los padres del pue
blo ó á. sus representantes. El fúnebre cortejo tardó
tres horas en ir desde la Conserjería hasta la plaza
¿’lle la Revolucion , y en la ejecucion se tardó una
ora. .
De suerte que, en tan larga exhibicion de cuatro
horas enteras, el pueblo pudo mirar, conocer, exami
nar á las asesinos de Robespierre; y lo que es más to
davía, saber la. historia completa de todos y cada
uno de ellos. A . '
Detrás de los carros marchaba una infinidad de
ÏTOPHS y cañones. Pomposo y temible aparato, jamás _
visto despues dela ejecucion de Luis XVI. «¿Pero
que,-decian,——todo esto para vengar á. un hombre?
¿Pues entonces, qué harían. sc‘ Iiobespíerre fuese rey?»
Había entre los sentenciados cinco ó seis mujeres
hermosas, y dos ó tres’ niños. A esto era á. lo que el
pueblo atendía sobre todo; y alrededor de aquellas
eneantadoras mujeres, iban sus familias enteras , la.
SamtrAinaranthe con todos 10s suyos, la Renault
‘cambien con todos los suyos, es decir, una trajedia
c01'ï1I>1t‘,t,:a.:sob1'e cada. carruïj e, que marchaban, entre
{EUSPÉIOS y lágrimas, lacerando horriblemente sus
infelices corazones.
x

ue ¡únnleuns-u RIVOÍ/fimrffljill’! 185 bat


, Madame: de Saint-Amaranthe,‘ fiera y‘ resuelta. rin
hasta entonces, desfallecia á cadamomento. — in: - 2.’;
Una=aetriz delos Italianos, mademoiselle Grand- d}
Maison, llevaba-á. su colmo el interés. Dueña’ en otro » 1
tiempo delcorazon de Sartine, que ya estaba-casado’
corría jóven Saint-Amarantheg:permanecía aún» fiel ‘ ..
a’. aquel desventurado amor. Por el‘, estaba ella ente- ‘vb
tamente perdidaglbawainbas, Grand-Maison y’ la: .
jóven Salnt-Amaranthe, abrazadas ¡»hechas herma- ’
nas enla muerte, "ymuriendovtambien llevando en
el corazon urrmismo amena‘. ' ' . i ‘o ,-.
L-l
circulaba Feutre el pueblo una; noticia horriblemen- .
te ealumjniosajqueSaint-Just había dejado correr, .4
acerca. de lanjóven Saint-Amaranthe, y que por rá- lla
bia tal vez había hecho estender.
Yera que Robespierre habiaabandonado á. las
Saint-Amaranthe, 9'. las cuales se suponían sus dis- 4;.
cipulas, lo cual era arrojar sobre ellas el ridículo.
De modo que el horror y el ridículo estaban mez
clados en aquel solemne momento. El Comité de Se
guridad que había dejado correr entre las turbas tan
bárbara noticia, había unido en aquel momento , la.
sencilla y graciosa comedia, con la sublime y espan
tosa. traj edia. Tales comentarios se suscitaron, tales
enredos se forjaron, tales y tan variadas escenas se
imaginaron, que el genio de Shakespeare estaba hu
millado, vencido el de Moliere, lo mismo que los de
Talma y Garrik. ¿ag
Pero al mismo tiempo, cuando se consideraba.
que aquel nuevo Salvador del género humano, que
aquel Mesías solo cuidaba de librarse él, dejando
á. sus apóstoles , a Judas con Maria Magdalena,
completamente abandonados, el furor y el desprecio r
brotaban sangrientos de todas las almas.
Ayer, dictador, Papa y aun Dios... y hoy el mismo
Robespierre caminaba derecho á. la ignominia.
Tal fue la agria, la feroz é impetuosa impresion
de la calumnia en las almas bien preparadas. El ha
bia usado toda su vida acusaciones vagas. Y sucedió
que cayó en el mayor desprestigio por el medio que
él usaba para desprestigiar á los demás.
Los buhoneros, por la mañana del dia siguiente,
iban gritando por las calles , cual si fuesen mercan
cías: La santa guillotina, Los cincuentay cuatro con mim
tos rojos, los asesinos de Robespíerrq; y aun mas alto.
Los Misterios deJaMadre de,Dios._Nnll0nes_de_m;>;ca8 P1
\
I

186 EN nmmorma- rorinu DE. u- unan. es.)


canta; nacidas en- la tormenta; rcvoloteabbnrahddd-t
dor de tal titulo. -:Los—buhoneros, maratistas, :heber4af;rí
tistas, ‘gritaban ferozmente anunciando el.—:snma.rio__:
monstruoso, ïyar impreso segun un decretos wi fioalsM
se
. Nose
hacía.les
¡Existm
dejabaen
tranquilos.-
todos los Perono
ánimos-el
obstantennada;
combate: ¿Brun?
dos encontrados-poderes. '-: .':€..— e . - s xi-¡nsvasi ltJUpS: i:
Eli Comité‘ de Robespierre les aterraban. Pero-la m
Junta r de Seguridad les daba ánimos. _ .Y no hacían, oí_
en es ta incertidumbre, mas: que - gritar WmOÜIJnOB-sii?
furiosos salvajes. Desde la Asamblea deiloo jucobi- le
nos hasta la casa de Duplay, delante de laiásunciong
toda‘ la callar de Saint-Ilondrór temblaba-«antc. sus. si
desaforados gritos. .La grancólera del PadrcgDucbesnms-oa
parecía haberse presentado triunfanteg-al oír: ¡“cid
desaforadas voces salidas de aquellas bocas endemo-z’
niadgs, «u: In: w —' e: - ta. U .4.. a ,f:[ÍÏ¡l1'.'ls:Lïl¿. JxiinH
.u':- ‘.Í .' Í:*« 214m: ‘i I- 122-. ¿.1 íruo un’ 5-, ÍLHJÍO
-;s-sn. - n. 1.10. c v. 1.-‘ 15- ‘z 10.1021 io en,» vi ona e'l‘
Jr" 1:31 5:‘- .1 t i.‘ l. AJÜÚÍÏÍOÍÍ! (H1 310/1044 s- J’) Htlhglf)
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‘¿li-ip Üfwell} :0 .- ¡ 05:3" -:_ , q ¿-_- ;_-.. ¿Kra w?
"i": —-Ï w! M Í:-.','¿}il -> .93 e- ': ¿Hu-sir l:
'."’“mi¡'ïït4 ‘¡i! “Í 1'11» i“! ' ‘Í ‘m! uüt-¡uwiít! "¿ml
¿Lun-mi .. .' :3. j, _;,_ ‘ _- _¡ ¡a ¡_ .¡, ¡1”¡_¡¡.¿¡¡¡_,: zum“
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¡nidad (S103 fismmcbasza ¡mi eh ítiïmchgív al si) #11191
dlbífllb Janudíu h; su‘. 02M eluvsbuev‘ l».- u’ oinrxuup
«(M5 xsmeb así i. ‘tmlawsoxe obu-oq Mi mr (¡I! : wi)
‘ «Eïzseimxbxxag «nacen-ir 11-5383 el ¿mb enmxueuexaaïb
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474i! ¡km9 517m1 «ya mi .21: numflarx- - a .' un‘ u»: 29d
Indiferencia de la vida-Rápidos amores en las prisiow ‘Ve’
¡’mus-sv (Delosaíos95al9L) I-H-l iszb
¿BX-HH Í‘. .Íl"'s.ílx’ill uzl 1Jq-;.uv iv. 0.a! tu! ‘(m l t.)
jandur-ïrñ‘ mu; Hurt-É‘: r U3 1‘. 4-;»..¡‘l'..»u ,O"LI'JVÓÍ_
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mos’ .. ‘A a “¿u .~ - l b,
.'_ u .

serg 1, 4
188 nmuortcn POLITICA m: LA msnm.
París de la vigilancia de los gendarmes: solo habían
querido ir al Vaudeville. Uno fue al tribunal, dicien
do: «Yo no he podido encontrar á los demás. ¿Po
dríais decirme dónde están nuestros gendarmes?»
Todos estos y otros signos parecidos, indicaban
ue decididamente se mofaban del Terror; y tal es
uerzo contra la naturaleza, no se podia sostener por
largo tiempo. La naturaleza, la poderosa é indoma—
ble naturaleza, que en ningun lado germiua con más
valor que sobre las tumbas, aparecía victoriosa bajo
mil formas desconocidas. La guerra, el terror, la
muerte, todo lo que parecía amenazarla, la daba
nuevos y sublimes triunfos. Jamas las mujeres fue
ron tan valerosus. Parecian multiplicarse, encender
’ se su valor. La atrocidad de la ley hacía casi legí
timas lasdebilidades de la gracia. Decian, consolan
do á los prisioneros: «Si hoy no soy buena, mañana
es muy tarde.» Se veia por las mañanas á. lindas
jóvenes, corriendo á. toda rienda con los birlochos:
y er.-.n todas aquellas humanas mujeres que solici
taban, buscaban reposo despues de las fatigas del
dia anterior. Desde entonces no era simple caridad
lo que las conducía á. las prisiones. Ellas, desde
fuera, consolaban á. los prisioneros, ysindisputar,
la Una
a todas
nunca. palabra
las cosas:
Y para se repetía
todas La
era naturaleza,
frecuentemente,
como seguir laaplicando-Í
una diversion natuí-aïeé
la. vida. "

za, entregarse completamente á la naturaleza, ete. En el_‘ _,


año95, sucedióala palabra naturaleza la lpalaljrag:
vida; y asidecian: Dejemos correr lavída, etc. ' " ‘ ' "’
v No se sentía abandonar-la, y se desperdiciaban intuir] f
migajas de ella. Sedueriaentreïgar ‘todo ‘al destino¿:_"‘".
No se esperaba nadafenjel ,porye_n’i_r‘.i_1(úmano.¡l;aj'“_‘_'
cautividad era, en aquel tiempo‘, ‘una completa franf “‘
quiciaí Hombres graves; mujeres serias, se‘ entregaï, ‘i,
ban impaïvidoifiá. 1a muerteÜSh recreo" ‘favbríttfff
su última.
era tpílétte, del
la,re eticion f-flasgraéiasjd ‘la’ guïiigtimgzïun‘
drama“ supremo, el enfiayoïd f,
en la sófn’bria' Conserjería, dond no-seÏïbaïriieque“ "9
ú móflrï “aqueïlaihíbxacion”Guiada? uffurífistfijüéstiïïwi’
moñío «is ‘las virnesvpieaiqacisaear{de"madame-wapa"¿ v.
land, frecuentemente ieséeñaó’ "una" ="sénas=; ‘ p_ bj“:
porïg.‘ noche; ‘Llïa ÏinúeñPIáS ïzqbfiflíï ‘áïïiïsïéb L?‘
pues, paren; estar ïiülatflïzadalrfll fai-íiíéïpibïsülïéayï I-D
des???’ Hamas’. « ¡Henri _v. ut:

Davoifiiier‘ acababa?" " grin ¡Mini63 39°


\

tu ¡minus ns LA nnvorucron. 189


doma: sólida, -fluida y gaseosa; tres formas de una
misma sustancia. »
Luego ¿qué es el hombre físico y la vida‘! Un‘ gas
lolidlficado (l). ’ ‘

(i) He encontrado felizmente en casa de LiebigÏNuem


cartas sobre la química, carta. xxxvi), una observacion tan .
jnetmque en aquella movilidad estrema del sór físico, me
garantiza. la fijcza de mi alma ysu independencia. «¿El ser in
material, consciente,’ pensador y’ sensible,’ que habita. la
bóveda de aire condensado que se llama hombre, es un sim
ple efecto de su estructura y composición material? Muchos
¡si lo creen. Pero si estoes verdad, el hombre debe ser idén
tico al buey ó á otro animal inferior, igual que él en su com
posición y disposición.» Aun cuando la qurmica demuestre
que el hombre es materialmente semejante á un animal, veo
que el hombre se eleva á. un principio diferente, y sus
enérgica; disposiciones son más elevadas que las de los ani
mfBÏIÓÏOI.
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¿rin s n uu '- (‘r-md small 5a sep ol-n-nnhnm mín 9h n‘ avod


¡o L-nnf. L. i-wmu. um u-oqmm y ¿’HITJKHÍ-‘D un -l» unreal‘: elq
-.¡-,-.i .-,. u: z» ‘It-md l‘) Anti M152) 012933010‘! uma ol n:
«no; n . u 1'» un" i ;u..¡ (iuiuïm: [mmm 011o á i) ¿que «mi
...J¿ïi.‘..:_.', u- tu -i.1.¡ ..! -|‘1¡":l) ¡m1. .- m-íuinueif» ¿auhíaoq
n.” _' ¿firmo ‘¡grace-pm- l“ m¡jg¡-”_ , dr mi lo «mp
un. y ¡ ',-'I‘IÏIÍ) nEqi-nmq m- r. ¡Hai-a 0a mdnod le sup
4...; .-. l ui. -.,- ap daba-Tui‘! u.- - non mimi ¡í-mpvil- «M3151!
¿simulan una!
o

Aun cuando lasmujeres, con su ciega y fanática


sensibilidad, escitaron, al principio de la revolucion,
¿los partidos, luego fueron causa de una reaccion
que les dió muerte.
Lafayette, por el desinterérde su carácter en la
imitacion de la América, en la amistad de Jeffer
son, etc., hubiera ido mucho mas adelante.
Fue’ detenido, sobre todo, por la influencia de las
mujeres aduladorws que enlazaron á. su mujendy
cuya apariencia de resignacion, de dolor y de virtu ,
agitaron potentemente su sensible y tierno corazon.
Tenia en su casa una, abo ado eminente y poderoso
por sus finjidas lágrimas. 0 estaba contenta viendo
á su marido ser el carcelero del Rey. Nacida en
Noailles, vivió por mucho tiempo cerca del conven
to de Miramiones, centro del fanatismo realista.
Concluyó por huir á. Auvergne. abandonando asu
marido, que fué, poco á. poco, el campeon del rea.
lismo.
Ya hemos enumerado las valerosas imprudencias
de madame Roland. Hemos visto el génio de Ver
gniaud, dormirse y aun enervarse a’. los dulces sones
del arpa. de mademoiselle Candeille.
Robespierre, falsamente acusado por las ligereza:
de su hermano, se perdió por la ridícula adoracion
un mmm n: u nsvonucion. ' 191
de sus devotas. Fue verdaderamente para él un gol
pe de muerte, todo lo sucedido con Catherina Teet.
Si de los republicanos pasamos á los realistas,
hacemos la misma cbservacion. Las imprudencia:
de la Reina, su violencia y sus faltas, sus recuerdos
con ebestranjero, contribuyeron más que ninguna
otra cosa, a precipitar el destino de la Monarquía.
Los vendeanos, en hora buena, trabajaron con un
ardor indescriptible para preparar y lanzar la guer
ra civil. Pero la ciega furia de su celo, fue tambien‘
una de las causas que les perdió. Su obstinacion en
seguir el gran ejército que pasó el Loira en octubre
del 93, contribuyó más que ninguna otra cosa, á. pa.
ralizar los horrores de una guerra civil. El más capaz
de los vendeanos, Mr. de Bonchamps, había confiado
enla desesperación, en las fuerzas que proporciona
ria, cuando habiendo abandonado su fuerte, su pro
fundo Bocage, y puesto en campaña rasa, la Vendée
recorreria la Francia, cuando sus fuerzas estaban si
tuadas en las‘ fronteras. Tan sanguinario curso exijii;
una. rapidez, ‘un arrojo terribles, una decisión vigo
rosa ren nombres y soldados. Bonchamps no había
calculado que diez‘ ó doce mil mujeres semarcharian
coltodos los vendeanos. ‘ " “ _
Ellas creyeron muyvpeligroso permanecer en el
país. Arriesgadas, con ‘eliiiismo fuego con’ que ha- '
bian-comenzado la lucha civil; quisieron mezclarse
en aquella última chama. J‘uraron que irían -_ con más
valory más decisión que losyhombres, yque marcha
rlan hasta el fin del mundo. Unas,’ Á mujeres seden
táarias; otras‘, religiosas (como ’la abadesa de Fonte
muawahrazahan voluntariamente lo desconocido:
¡cuna cruzada’, con ‘una vida libre y guerrera. ¿Y
qué- una revolucion tan mal zoom-batida por los
hombres, no ¡había ‘de ser vencida por las mujeres,
. iidr da, p f8» v’ A’ ' t ‘

Se preguntó a la abadesa: ‘j que” era lo que es-l‘


peraba marchando a correr‘inmensostpeligrosïïj
ella respondió con nna‘marcia_lidad_ y un ‘arrïjó ’ ini-r:
propios‘ ‘del traje que vestía:
. .z-..— kué«Hacer
. ¿Junaebtemb ar‘). la‘
' Convencioifii ' r “a i mq IÉÍDALLLQU
Un con Jarama sume", de [vehdcanasjuéreïaíuü
que aun‘? ' ‘hofiibres más; esforzadosg sui‘, r A’;
¡ion y audáciafiEllas
tidonecesitariau
maridos querían“
seranimados‘
y á sus amantes, haber’
pei-veu
y dar marc dr-
ene,23128
valor af‘ á‘____ "
P301
192 nxBLxoncA poLmcA m: LA manu.
con‘ sacerdotes. Al pasar el Loira se confesaban
gesde los pocos barcos que, te,nia11_,.con los sacerdotes
¿ende las riberas. En esto seoyó un cañongzo ¡epu
blibano, y queriendo huir un sacerdote, la que con él
seconfesaba. le dijo: «¡Eh! ,Padre mio,, la absolucion.»
‘ Él la replicó: «Hija. mía, ya. la. tienes. x» Beto ella, agar
Lrandolal sacerdote por-suis hábitos, le hizo permane
cer allí, valiéndose de una fuerzameitdaderamopta
hercúlen, mientras duróia lucha. ‘ _ “V m“;
_ A Pero’ ó. pesar de lo intrepidas y urpjadasque-eran
todas ellas" no de'_aron sin embargo de ser un grup
embarazo Ïaara to o_e1 ‘ejercito. . A ,. .34, m,“
. Muchasl ggvabanmños, otrasestaban embuazgdan.
Las virtudesxie los vandeanos estabanxeasumidpsgn‘
sus hábitos: en el momento de parderlqgse m
ltró la Vendee completamente gïesmoralizadaubofi
apareció aánella ciegaflconfianzaven los jefes; ¡a
los, sacerdq es; estos solo ¿deseaban Jmixyembatcnrr
5g. ‘Entre los sqcergipteshsus .cont1nqas..d1sput2s,..las
mtriggsde Bermer, hasta. entonces .'s_qs,_pQstmbj-Qs
ocultas, todo aparegióeípicpmente, El eiércitosente»
ro perdió completamentegu fe. Ayer. arfiientes de»
_yotos,hoy imbéciles descreidos, nada. es imponía
respeto, , a nadie cepsiderabanïeqrno,supgrimghgjigg.
' Tambien las vendeanas pagaron cruelme todo
parte más ó menos activa quefizomaron Íen la. , gu
trosa guerra. civil” Despnes de‘ la batal a de . Mm
fueron fusiiadas una infinidad de mujerlesrMqchgg,
es cierto, fueron salvadas por ossso qaflocgfigge
dando el robusto brazoj. las páli, as ‘y. temblp pe”
damas, consiguieron salyarlas, del barbero, pe _
qnelas amenazaba. No’ se ocuitaron, como so‘ A
bieose guerido, tantas pérdidas p. suslgiesponsglsdq
íámiliaswMaïcñaü. en un lisfi-ïo Gabriela-saltos!!!
señorita queahabia perdido á toda ¡gía 11%,, Ella,
siendo tan infortunada, no hacía tcaso de gvldanïs
así no cuidó de salvar á su libertador-gine j, , q.‘
y‘, V reció,.,Algunas de ellas se casaron oongnqgx , A -
“¿áreas pero concluyeron. Por 1.0 retsnlflraumlt _ r . :
aqpellos matrimonios: la,irnplacgible,gniaggiuggagipm¿
me ¡andaba 45118 ‘citp-ient . n ¿lobos Wtrwïmfinl;
conciuia. por destruirlos esapiadadamentgu; 9, mg,
nUNóven-nmleado de Mamollñmada. ,11. .nc”'
cüqntra, dnspufllirle la, batalla, a 11133331 aJÓY¡%%.
¡figyflultaba-detráide uns-Puerta,» fimpfie — a
muii-sumamos. Luismi»; pstranoen“ _ mg
«¡iiosu u’ .. xrun‘: 1st; ¿ .",-:'1 ¿me hjzaebmmg,
¡.8
LAa mvmnss níu nzvonvcron; 193
conociendo ninguna casa segura, la llevó á la suya. ,
La colocó, pues se encontraba bastante enfermaá.
causa del frio y del miedo, en su misma cama. Con
gn escaso sueldo, solo podía disponer de un reducido
gabinete, un sillon y su lecho. Durmió ocho noches
seguidas sobre su desvencijado sillon. Fatigado por
las malas noches, enfermo, la suplico le permitiese
dormir en su lecho. Una feliz ocasion permitió á. la
jóven volver a casa dedsus padre]; Era rica, inmen
samente rica,- ¿ ' _ e io r ‘oso porte se acor
dó, cosa verda ¿gané grïbrosa, del desdichado
Goubin. Le hizo llamar, diciéndole que deseaba ca
sarse con e'l; á lo cual respondió, á pesar del bri
diante porvenir que le esperaba, pues debía ser ro-‘
¿le ~ <1aorn>s.1uio,P°r--stqflas,-pa.rtes,. digna-shon
ra. amente: mrefahgov“ 4' ‘si A
«No, señorita, yo soy republicano; los pobres deben
siempre ser pobres, pero honrados.»

‘fl¡.,1¿fil, _¡u‘ “fi, “:0: . ' ... sfl¡ ‘ f,’ I I v . o

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' ¿no son iszlfí? ¿asu ¿»vais flor-w»: a. sw mi); uznlYfIt-‘¿htvü
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' ¿existir 1' Jrnbilsisïïlí’! Wmdrz. .' f‘ 5= "NV-i sus W” 9.‘?
Jpïngm (¿maig (¡again-ora or-Li-rtncs 3 na.» o‘! 85457,01.
¿‘n59 .2?" w139 118€?- wn '-1- - ¡r "¡ L"? t" ‘f. t “od u’ ’ . o v l ‘Í’
CAPITULO XXXI.

La reaction á causa delas mujeres, en el medio siglo dupnes


de la revolucion.

Muchas cosas precipitaron la reaccien, despuel


del 9 thermidor.
La tension escesiva del Gobierno revolucionario,
la tirantez de un órden de cosas que imponía los
mas duros sacrificios a los sentidos y al corazon. In
mensos rasgos hubo de piedad ciega, irresistible.
No hay que asombrarse si las mujeres fueron los
principales agentes de la reacción.
En realidad, la autoridad republicana, en su cre
ciente gravedad, estuvo perfectamente acórde, como
garantía de civismo, en designar la austeridad de
costumbres.
La censura moral, no solo era ejercida por los ma
gistrados, sino por las sociedades populares. Más de
una vez, los procesos de adulterio fueron llevados á
la Commune y á. los jacobinos. Unos y otros deducian
siempre que el hombre que es inmoral, es altamente
sospechoso. ¡Grave y terrible signo, más fatal que otra
cualquier pena!
i; Ningun Gobierno persiguió más tenaz y encami
zadamente a las mujeres públicas.
(¿a De ahí los socorros dados á. las jóvenes madres,
de los que tanto se ha hablado. En realidad, si tales
Jóvenes no eran socorridas, concluian siendo muje
res publicas , y el hijo habido de un crimen, era
A

un morenas): LA nrvorvcron. 105


llevado brutalmente a los hospitales y allí moría
Los bailes y los juegos (entonces sinónimos de las
casas de prostitución) habían desaparecido comple
tamente.
Los salones en que tanto hablan brillado las mu
jeres en el 92, se cerraron en el 93.
Las mujeres entonces estaban como anulada,
Bajo aquel Gobierno feroz, no podían ser más que
esposas y madres.
lDesde el 9 thermidor, principio una bacanal com
p eta.
. En la larga carrera que se hizo recorrer á Robes
pierre al conducirle al cadalso, lo mas horrible fue’
el aspecto de las ventanas y balcones. rica y profu
samente enlutadas. Figuras desconocidas , largo
tiempo ocultas, se presentaron a la. faz del mundo.
Un mundo dc ricas y elegantes jóvenes poblaba to
dos los balcones por donde el fúnebr(cortejo debia
pasar. A favor de aquella violenta. reaccion de sensi
bilidad pública, osaba presentarse el furor. Las mu
jefes, sobre todo, presentaban un espectáculo into
lerable. Impúdicas, medio desnudas, bajo pretesto
del ardor de julio, la garganta adornada de flores.
recostadas en las barandillas de los balcones, incli
nadas deshonestamente a presencia de los hombres,
gritaban con voces enronquecidas por la rabia: «¡A la
muerte, á. la guillotína!»
Cuando el fúnebre cortejo llegó a la Asunclon,
frente a la casa de Duplay, las actrices representaron
una. terrible escena. .
París se presentó alegre. En el Oeste Íy el Medio
día se asesinaban unos á otros con toda libertad. En
el Palacio Real manaban, por decirlo así, jugadores
¿jóvenes medio desnudas que avergonzaban aun á.
s mujeres públicas. Despues, abrieron todos aquellos
bailes de las víctimas, en que la lujuria y la. deshones
tidad tenían su sólio más elevado.
El hombre sensible, aun sintiéndolo, especulaba con
el asesinato y los bienes nacionales. La banda negra,
lloraba amargamente todos los parientes que nun
en. conoció. Las marquesas y las condesas, las actri
cc: realistas , todas trabajaban desesperadamente
para introducir en el Terror el realismo: ellas enla
¡than consigoa los terroristas para afilar el treme
bundo puñal que debia asesinar a’. la República. Un
gran número de montañeses, tales como Tallienn
196 ' nmuorsc; POLÍTICA m: LA msnm.
|'ÍI"‘ I

Bentabolc, Rovére, se casaron noblemente. ¿Le -


dre se presentó terrible bajdel aguijondé ‘l ‘Co’ l:
«aquella maligna ‘Susana de Beaumarchaisï" rro ó vel
bárbaro ‘lazo al toro, y le‘ arrójó con impetú "furiodp,
en me_dio de los jacobinos. " "
- ' No queremos ‘contar todas‘ las cosas Ïcjüea tales
desastres siguen.‘ Todo‘ esto_nc'es más que la revb
.lncion. No son estos hechos mas que el principio ¿de
lareaccion quedura . _medio'ïiglo._
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r lun‘ ‘_ |.’,'_ ,3 ¡ , ‘q —¿j;‘l; . ¡¡| ‘g’ n ' v.¡."ug‘ .

." . \' í .- . .- I-.¡ ."" ¡‘L-uu (¡.3 ‘o; '.|"“¡L'" "¡V3


, .
CONCLUSIÓN.

.3. q‘ . . . n...

El único defecto que tiene este libro, es el ‘no


cumplir. durante todo él con lo que el título repre
senta. En élno se dan á. conocer todasllas mujerescéle
bres, sino algunas heroinas más ó menos arriesgadas.
De ellas solo presentamos sus. más brillantes virtu
des. Era antes un mundo de oscuros sacrificios, y que
la gloria todavía no pudo sostener. ’
Lo que fueron las mujeres en el 89, en la inmortal
aurora, es lcrmismo que en el 90 cuando las fede
raciones de cuyo corazon se fundó el altar sagrado
del porvenir, y al concluir el 92, cuando fue preciso
arrancarlo y dar todo lo que más amaba... ¿qué
se podría decir de todo eso? Quisimos entonces de
mostranenseñar al ‘pueblo los rasgos de valor y
constancia‘ de todas ‘ellas; pero lo hemos hecho
Ïncompletamente. x
Durante los diez años . - costó tan histórico y
qriiuef
valeroso hecho, estuvimos revolviendo en la biblio
teca del Colegio de Francia, para profundizar perfec
tamente tan grandes rasgos, yla influencia poderosa.
de la mujer y la. familia.
'En 1848, especialmente, iniciamos lo que la mujer.
estaba llamada á ejecutar en aquellas nuevas cir
cunstancias. Decíamo_s a la República: «No fundareis
eLEstado sin un"a reforma moral en la familia. La
desgajada familia no se reunirá. sino ante la hoguera
del nuevo altar, fundada portla revolucion.» n
¿De qué sirvieron tantos esfuerzos, qué efecto
produjeron tales palabras? ¿Dónde se hsgliaba, N131 I-L
198 BIBLIOTECA rorirxcn m‘. LATBIMA.
debia encontrarse, un auditorio bienhechor , sim
pático?
Debo decir como el viejo Villon: «¿Dónde están los
frutos del año anterior?»
Pero á. lo menos los muros se sostienen, la sala.
donde vibró la potente voz de Quinet; la cueva don
de vi aquella palabra profética de Mickiewiez gra
bada en letras de fuego...

¿‘Él X53 ,3. ,5."

Si, decia yo á las mujeres; nadie más que vosotras


se debe interesar en la suerte del Estado , porque
nadie lleva más que vosotras los fundamentos de las
desgracias públicas. . _
si?‘Ïïflbïiïáïíïvfi%ïsïil‘d‘“ ‘Ïïiïiiï; Y“,
iiién pagar-ll impuesto‘ de sangre“! Ïlhtñiadret" 'f
‘ ¿"que suire, ‘en todos’ los .cambiosgdelEstadg
ertemente-‘a c {Bono . -r,_l . . a»: , ‘..

diïájï
a _ 2ra 10's negocios
ién,'_pues; del Estado,‘
másque‘ ¿‘ÍÜÏQÏMQE gófimglï-Í
vootrasLtienejerlÏüebefr‘
engrase 12s {latinas delagmvï.wz:n?“¡bil-cul
' su‘:' °JJ-'
---;irír v, a r ÏJBU!) Ü‘; ¡€- r I. 95' p amuainfol gs n-vmug
-'-...—.r-j. -. ‘i. rír. {Qe mlflul '. ¡Inicia-ü uyuo un . ‘Hlíilfïg’!
‘th’. ' l‘I—‘.'::.'-. .31: ---- 51. ¡r » .-:s * — . ¿’no
,¿ ‘p’ , . 1.1;
l‘ , .41: i"

7-’- Mujeres que leeis este libro, no entreten ais vuesn


tra atencien en los diversos episodios de é , en sus,’
diversas biografías. Mirad‘ seriamente las primeras
y las ‘lasárimerasfi
últimas páginas.
' ide es" lo que‘;
' 3"ontrais ’""'¿“"‘°-‘¡f“Ï
”"
Iiïsen‘: bilidaiïflézjoraaon ‘la atia ¡iaüf
mis rías del "¿Inicio amanda, g _ ‘del
r u: Qfipetgggaisubasftgïgialpptï “cagas. _
g y a
121153 4Q‘ "m
1,’! L ' ' . ¡A "f. .
5 9,0,9 H , .
rnmsque: s .,n aiïfifi,yd:
.a- . si J . . .

¡#99 «¿dl-irá ea abnótí; iemdzlsi; acia: noïowborq


LA! nwrns m: LA nsvoLvcxoN. 199
en 1815_ deseó más los asesinatos, que en el 93 ¡los
cadalsos. p f
'-" ¡El amor de laffaihilia! Fora vuestros hijos, para. su
da y para su salud, ‘haceisp renacer elpensamientQ
1 92,_sobre la nbertaqjde told 1 aspndo’. ‘Aún cuan:
' . *!1'Stei8.vt°.d%5üé1u.
únmqy niño “mi meáïfgfiSi?¡fiF“l"’ ilíÏÏ',;Ï'*' “Ï
st'_'181

r €nganó"áuizás"‘vné _ ‘¿Brazon en‘ (2189; El


enir respdnderá _ negativamente.‘ Pero‘ qúe’ og
engañásteis’ ea: laïeaccion ¿’e ‘esta ¿poca cuando
inmolasteis el mundo s’, la familia, para verla en’
Sesma“ destmñsfllaeaïeflemhnm lfirfiutopau de. huesos
de vuestm 11119€».aelspaaaáatagxzlaaha-¿aempstrado
plenamente‘ unlihh u‘. ams", na 3am wifi ¿».1
, Analia» fiuzïnv-s- v} ‘n >
Á-"r- """‘ ’ .
'.'<\ :_ ..‘. :—v*«r

. Otra cosa debeis considerar en este libro. Compa


rad, os ruego, la vida. de vuestras madres y la vues-
tra; s11: vida llena y gierteaíiecunda en grandes obras
Y: 93 .35} Pefig, l rGQDÉI .531??- 61.1. Se 11 b, .» 0
de ¡Ïgsrpgraz "y lañéuideï t.
diassitcuálhs sido elpapelïigüé‘ ssge’ pena?
53’? ¿Ï1“Ïii*i"3«°'m°“‘° mi‘. “¿é ' “si” rasïetarx,
r 6'}; n. J w ‘. .‘J m3.- ,‘ V!‘ ‘ J \n;-_ V...”
. '."|b ,. v-"*”'. 42". v".——<; (‘fttb-RLI‘,
f1 ¿’gfiñtïgïïféfigïizgïïbïaïgkiïiïgleQBÁÉÉBÍÏÉÉQÉJT:
‘filas aángron ááosdvivos. vosotras, ‘vüsdtiáïafiíais
ar c b:s1'ó‘rïo.,9 losïmnértoaïx, L“ ‘.
Ymaïuo 'vivósy"Fáguellósftïiiófl actúa. iféuyas’.
Ïíïeïtïsïiïïiïïsïïïïïd‘Éïilïïïáfigïqïiïg ¿’ÉÉÏÉÏI
él respirando el aura divina "c312 " ', ‘, ‘ ' ' "
v’ {del ‘siglo, y que en me 8€ ‘ ljüée, Ï_,én. é .
ïbïq
s y valerosos
esculpidas
delos
tambie
m ' ¿el?Qfiaïgoneg
sigpiéntgffr s53

«ADELANTE.» ¿"f1 __ f’ ‘_ M, __ '_ ‘¿g


Y a quién llamo muertodtAlos hombres queMos
ro‘ éan, inútiles, dqérseïïóübslíisóbárdos, qüe.,=91°'íss.
. molestan‘! ¿d ¡regaï , causándoqs ¿enojogj
disgusta ,- ,38 w
, _ ags s99 feáííatazéreiz,‘
o"--' >--:'.".1‘

.91dso.clq¡ru
,_' 5 b IIUÜQJÍÜÜM
. . ¿si sim: euuxiuvb’ n00
í
200 ¡mnrorscn rouncs m: LA msnm. ‘l
producido el vapor, el telégrafo, el daguerreotipo,
todas las artes mecánicas y químicas; y considerad
que aun el traje que llevais quizás sea obra de vein
te ingenios, mientras que dejan apagarse en vuestros
corazones, el patriotismo ardiente y bienhechor,
dominándolos con forzudo brazo, el irritante egoísmo .
Si amais la Edad media ,. escuchad este canto
profética, traducido de una antigua prosa, cómica y
sublime:
(Le nouveau amporte lc vieux,
Hombre est chasséé par la clartc‘
Le jour met en fuite la nuit...

A genoux et dit «Amen.»


Asez manga’ d‘herbe et de foint
Laisse les vicilles chores... Et vá.. .3

Hijas de la paz conseguida desde el año de 1815,


conoced vuestra situacion. , V — ' _
¿Veis en el horizonte, todas esas negras nubes
que principian á. crecer? ¿Y bajo vuestros pie's escu-'
chais esos ruidos sordos, bajo tierra, esos estremecï
mientos, esos volcanes subterráneos, esos gemidos
de la naturaleza? — . , »
¡Ah! Esa mentida paz que tan largo. tiempo ha
beis disfrutado entre la pereza y el fastidio, vá.’ á
concluir. Confiad, solamente en Dios.
Aun cuando hasido ‘infinita vuestra molicie ,. era.
hora deque concluycse. _ _ '
Qlvidad queÍhabeis sido hijas dela paz. Os ‘encon
trais ahora en la’ alta y difícil sitnacionmde Jruestras
madres, en los días de sus, desastrosos, combates. ¿De
qué modo sostuvieron “tan difíciles“ pruebas T ‘Es
tie!!! 0 de que se lo pregunteis. q a ‘ ' '
El as no aceptaban solamente _ el sacrificio , sino,
que leamaban,‘ ysiempre marchaban las primeras
por la senda delhonorydel deber. . ' ‘ “ ',
La fortuna, la necesidad que creían encontrarlas
aterradas, ‘venían’ hácia ellas, y armando sus delica
das manos, las vieron serenas y valientes, sonriendo " '
con dulzura ante la muerte fiera é implacable.
us ¡sumas ns LA nsvomcxon. ' ' 201
El destino lasifué contrario. Hirió todo cuanto ellas
amaban... Y entonces se las encontró más grandes,
diciendo ante los cadáveres de las personas por ellas
más amadas: «La muerte... pero muerte inmortal.»
A este contestais muchas: «Y nosotras tambien,
nosotras seremos fuertes... Venga en buen hora la.
prueba. y el peligro... Los grandes acontecimientos
nos encontrarán siempre dispuestas. Nosotras nos
elevaremos sobre nosotras mismas.»
¿A1 peligro? quizás: ¿pero á. las privaciones, al
cambio prolongado dela situacion de las costumbres?
Hé ahí lo difícil, el escollo opuesto á los designios de
vuestro noble corazon. . .
Dar el último adios á la vida abundante, regulada,
gara prepararse á. sufrir, á pasar frio, calor y aun
ombre, quizás lo hiciórais. ¡Pero despojaros de las
pompas inútiles del mundo, que casi han llegado á
ser, en el estado de nuestras costumbres, la poesía
de la mujerl... Eso es lo difícil. Muchas querrían,
antes que renunciar á tales pompas, morir. '

. IJ
¡J ..

En los años llamados felices, encontré una. juven


tud llena de vida, simpática, habladora, sin fé, sin
creencias , pero elegante , deslumbradora, lujosa;
aristócrata. hasta. el último punto. Estudiaba el
medio más útil para. hacerla. tal cual debia. ser, des
interesada, modesta. f
El sacrificio es la. ley de este mundo. ¿Quién será
el que se sacrifique? . e- =
Tal era la cuestion que tristemente me proponía.
«Dios me de un punto de apoyo,-‘-decia¿ el ¡filóso
fo,—y me encargo de hacer girar ante mi vista el
mundo.» * l "“ ' "' ' ' "
Ningun ‘otro, apoyo que la disposicion al sacrificim
¿Bastaria el deber? Nó, es necesario el amor. ; r {p
vQQHién es, pues,‘ el ‘que una?» Esta es la. segunda.
cuestionjiqnerdebia proponerse-el moralista. ' 2.‘. El‘ —
‘¿Fáoirpues deresolver? Seguramente nó, en el“
mundo glacial, lleno‘ de interés ‘creciente, de’ egjeis»
mo, de intriga política, de Banca ' y ‘Bolsa, del cual; -'.
nos encontramos rodeados.
BIBLIOTECA POLlTlCA DE LA lBERIA’.

«¿Quién es el que ama? (Y la naturaleza me res


pondió:) La mujer es solo la que ama.-:>._.n:.-_g,f», ._.¡
«El amogal hombre, leesperimenta un diam/El
. amorqmatermkgdura es sir-coraza: toda la sldaamr.
..Ent0nc.es meaadheria. anyla» madre, para». ol-canbio
social,tan..ímpbrtante x necesario (1).: no0 03:9 ¡r
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.' , ElbuenLablanche, entre sus oscuros romances


místicos, tuvo muchas veces al unos rasgos brillan
tes, algunas intuiciones verd eras, —Un sdifiumm ,
P3332119: lsprttssstamss; «eéavueatrommnesnxtflra
ans . llave 1a mugen. psss? mundo?» Quedó, mfleanin;
133% .. uxtlarso rato- Ssszdosuojostda xibersponm
posanparepian adquirir, en _ aquel; . instante» un ¿tinto
salygajermayor que de’ ordinario.‘ rEn fin, elgzviejo,
sonriendo únicamente como sonríe una jóven allen:
cucliar una, palabrade amor, dijo: «Dios ¿alba ¿eche
para iniciarl» ' ’
Frase encantadora, profunda, delioadamente ver
dadera. bajo todos aspectos y puntos de vista.
El sacrificio penoso y dramático‘, el esfuerzo, que
enla madre es su soberana belleza. Cuando dá. su
vida por aquel á quien ama, á quien adora, cree no
haber hecho aun todo lo que debía,» creerno haber
hechouna heroicidad dignmde ser imitada. Enoiéiïn‘
ensí misma, en su profunda. natuíralezaídewñudrïp
el sacrificio ilimitado. El ¡hüoh debesimitarci ' '
el sacrificio de la madre; elsacñfioio, por medio? eli:
cusl no desea para sí la gloria, sinoslawfelicïdaduïoik y
el mmdo, . , ¿.5 4 r —¡ ;- [1 ‘y’ Í ri - ‘l M501133338 I i
Esto es Io infinito del sacrificio: Esto es-justamenk ‘
-(1'.)-::(LOI sábioi hablaron ‘de la. mayor ó míarroivbbfleiú le l
una. idetug‘, eme 1- d‘: u-sasd m; 05x30“? xau‘. ¿ u
Mas yo les digo que no consiste en que una. idea seapbïuenqrg
ó-mslmfie útil o inútil, sino en gue, se apo e y ¡pe,,dcl_is_l_lñgz, .
pdmprend da ‘por’ lajmefite, mi ‘togpïel ar oride ‘unjcortzon
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te el objeto de la iniciativa; es lo que siempre debe
conservar en su corazon el hijo, imitando á su ma
dre: Amar, no para st, sino preferir antes al mundo.
Esta elasticidad divina del amor y la asimilacion;
en dilatacion del corazon que en nado, hace dismi
nuir sus fuerzas, ¿quién puede destruirla? Nadie. Es
grande desde el primer instante, y no se puede en
grandecer más... porque entonces se halla encerra
do en el el mundo entero.
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