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Noticia extraída de Diario Chaco (17/5/18)

Luego de seis horas de voces a favor y en contra de la interrupción legal del embarazo llegó el
turno de Débora Beli. Enfermera socorrista y feminista chaqueña.

En Resistencia, algunas -sus compañeras en el socorrismo y el resto de las feministas- esperaron su


exposición. Sabían que iba a ser emotiva, sabían que iba a hablar de lo que les toca sufrir a las
mujeres reales, las de carne y hueso que viven y sobreviven en el litoral profundo de Argentina.
Comenzó hablando de las experiencias socorristas en Chaco. Habló de “Tere”, una mujer a la que
hace unos meses acompañaron para que pudiera abortar con Misoprostol, esa pastilla tan nombrada en
los extensos debates por la Ley de Despenalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo.
“Tere estaba sentada en el inodoro. Una compañera le masajeaba la espalda, la puerta del baño abierta
daba lugar a la charla que lograba distraerla. Mientras otra compañera iba y venía haciendo los
mandados, cocinando. Los acompañamientos llevan horas, donde aprovechamos para poder
mimarnos, la comida es uno de esos mimos”, recordó Débora.
Ahí en el Congreso, frente a los autodenominados “defensores de las dos vidas” y “anti abortos”,
después de haberlos escuchado culpar a las mujeres por no desear un embarazo, Débora relató cómo
realizan acompañamientos las Socorristas y rompió con el mito de que "las mujeres sufren cuando
abortan".
“Tere había llegado desde lejos esa mañana de lluvia (…) Eran las 13 y estábamos poniendo la mesa
para almorzar todas juntas. Más justo, imposible. En un momento recordó: ‘Así tuve a mi hija,
estuvieron conmigo y me acompañaron’. Nos contó, entonces de su niña, se reía al relatar sus
historias. Se fue de tarde con largos abrazos y promesas de volver a cocinarnos algo rico. Este relato
es de un acompañamiento real, que rescata la experiencia y las palabras de una mujer que fue
respetada en su decisión. Nos preguntamos qué llevó a Tere a conectar estas dos situaciones, lo
humano, el calor del acompañamiento, el trato respetuoso. Ella tuvo lo que por ley se llama ‘parto
humanizado’”, describió.

SALUD DESHUMANIZADA
Luego inició con los datos de la cruda realidad del sistema sanitario en Chaco, situación que, a juzgar
por las exposiciones que se vienen dando desde inicios de abril, no difiere de otras provincias. “El
desfinanciamiento del programa de Salud Sexual y Procreación Responsable, somete a las personas
destinatarias de dicho programa a una suspensión o cambio en la ingesta de los anticonceptivos
debido a la escases de los mismos vulnerando el derecho a la planificación familiar de las
comunidades con bajos recursos. La ausencia del Estado en políticas públicas con perspectiva de
género empuja a las personas a los peligros y a las inseguridades que promete lo no legal”, reveló
Débora.
Recordó que así como las Socorristas pudieron acompañar a Tere y a otras, no pudieron acompañar a
María Campos de Santiago del Estero o a Luisa Romero de Chaco, “quienes han perdido la vida en
abortos clandestinos e inseguros donde la muerte parece ser la sentencia por no maternar”, vidas que
podrían haberse salvado.
“La penalización lleva a las personas con capacidad de gestar a distintas situaciones de violencia, a
abortos inseguros, soledad, estigmatización y criminalización incluso por la mera sospecha de abortar.
Como es el caso de Noemí en Chaco, presa por un presunto aborto, a quién una vez más el Estado y
sus instituciones patriarcales negaron durante años el pedido de DIU y de ligadura de trompas, como
también desoyó las denuncias por los abusos violentos de su pareja”, denunció.
Por eso exigió “que toda práctica médica en el sistema de salud sea abordada desde una perspectiva de
derecho, teniendo en cuenta las leyes vigentes, los tratados internacionales, el pacto internacional de
los derechos económicos, sociales y culturales, donde se asegura el acceso a los avances científicos y
al goce de los beneficios de su progreso y sus aplicaciones”.