Está en la página 1de 2

PETRARCA

1304-1374

Observaciones filosóficas sobre Petrarca.


ESQUEMA

1. PETRARCA Y LA MODERNIDAD. Petrarca es un pionero del Humanismo por
su poesía, su renovación de la antigüedad clásica, por su pensamiento
caleidoscópico en general y por los novedosos caminos que inició. Su obra es
multiforme, muy variada y su vida se mueve, además, en una escenografía
naturalista que abrirá la reflexión sobre el paisaje y su vivencia. Es un clásico que
nunca termina de decir lo que tiene que decir. Es precursor, según indica la
investigación más reciente, de la mayor parte de los aspectos ideológicos,
literarios, filológicos. lingüísticos, históricos y sociales que iniciarán el
Renacimiento. Incuso, se le ha calificado como padre de una Modernidad que
potenciará y culminará diferentes aspectos de sus ideas.

Es significativa su imago mundi que conlleva una ruptura con la Edad Media,
cambiando la religión como ‘centro’ y derivando claramente a otras ideas
filosóficas sobre lo humano, la naturaleza, el alma, la magia y el saber en su
conjunto. Con otras palabras, en Petrarca ya se perfila una nueva actitud
filosófica hacia la dignidad y grandeza del ser humano que lo convierten en
protagonista de su destino. Petrarca (amante de las Confesiones de Agustín de
Hipona que siempre llevaba consigo) recibió una gran influencia de los clásicos,
iniciando con ello la literatura moderna.

2. LA CRÍTICA a la ESCOLÁSTICA acompaña al humanismo como un rasgo
distintivo, aunque se hizo desde varias perspectivas. Supone un enfrentamiento
sin concesiones entre la Lógica y la Retórica, entre el latín bárbaro y el culto. En
su Carta VII (de Familiarum rerum libri, dedicada a Tomás de Mesina) Petrarca
reúne una buena parte de sus diatribas contra los escolásticos. Observa que es
temerario luchar contra un enemigo que prefiere el combate a la victoria, que
goza con el combate y no le importa la verdad, sino la pura discusión. Considera
la vacuidad y sutilidad de los argumentos escolásticos sin encontrar en ellos
valores de verdad. La disputa contra la Escolástica de su tiempo está en conexión
con otras cuestiones importantes como las Artes y la belleza, la Ley humana y la
Natural y la disputa general entre Antiguos y Modernos.

Los dialécticos reaccionaron. Hay que decir que el ataque humanista a las formas
bárbaras de utilizar el latín encubría una concepción diferente del lenguaje. Las
técnicas de análisis de los medievales presuponen una idea del lenguaje basado
en Estructuras Lógicas Universales, en Categorías de orden metafísico. Los
humanistas, en cambio, dominaban las Técnicas de la Retórica. De ahí su
admiración por los grandes escritores romanos y por Agustín de Hipona. Eso no
significa que, a veces, no se invirtieran estas tendencias. Los dialécticos acusaron
a los humanistas de carencia de rigor lógico y gramatical y de trastocar la
gramática lógica de la argumentación ‘en nombre de Cicerón’. Otros elementos,
como su decantación por Platón, ya muy clara en Petrarca, tendrán un destacado
papel en la configuración del humanismo.

3. EL VALOR de la NATURALEZA, la GEOGRAFÏA, el PAISAJE y los JARDINES es
un elemento configurador en el pensamiento poético y estético petrarquiano que,
además, se acentuó con el paso de los años. De hecho, se convirtió en un
jardinero aficionado. Dos tipos de escritos abordan esta cuestión: el Cancionero y
sus Cartas familiares. Un rasgo destacado es el papel de las vivencias producidas
por el entorno en esta cuestión. Habría que mencionar el papel definitivo que
tuvo la subida al Monte Ventoux en todo este aspecto de su obra. Se supone que
tal acontecimiento sucedió el 26 de Abril de 1336. Subió con su hermano y dos
personas más. Pero hay quien lo niega. En todo caso, se considera un hecho
capital en su vida, produciéndole una especie de conversio religiosa, pues
describen su experiencia en sentido kantiano ‘como sublime’ y como una
ascensión en sentido metafórico. Su relación con el paisaje, su captación e
interacción consciente con él y con su ‘cara visible’, se van a convertir en una
tónica común en pensadores, artistas y escritores a partir del siglo XVI. Petrarca,
pues, inició una senda aún inexplorada, casi desconocida, que dará importantes
frutos teóricos posteriormente.

M. Esteban Sánchez