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1.

Darwinismo social como justificación del imperialismo europeo

1.1 Violencia simbólica justificada científicamente

Llegada la segunda mitad del siglo XIV en los países más civilizados del
occidente se llegó a constituir para la mayoría de la población el resultado
lógico de una verdad demostrada por las ciencias naturales más
avanzadas del periodo. Se definía como una violencia conceptual de la
biología evolutiva humana basándose de esta para justificar la dominación
de las comunidades más débiles del planeta desde el punto de vista
económico y militar. Para muchos, era una verdad irrefutable la cual debía
ser aplicada para lograr la civilización; ésta sirvió para legitimar una
violencia directa y material impuesta por élites en donde tuvieron que
civilizar a “seres no tan humanos como el hombre blanco”. Los grandes
perjudicados fueron los africanos negros, esclavos de plantaciones
americanas, australianos, tasmanos, indios, malayas, pigmeos, nativos
coloniales, mujeres en general, etc. Muchos de estos fueron condenados
a una inferioridad biológica de la cual no podían escapar ya que era parte
de una biología evolutiva, propia de sí mismos. La gran ciencia de fines
del siglo XIX situó a estos grupos en un nivel de inferioridad evolutiva, los
cuales deberían ser ajustados a los estándares y a los intereses de la
burguesía blanca de fin del siglo. “Como señalan Brace y Montagu a
propósito del racismo de la antropología física ortodoxa en el siglo XIX, "el
hábito de percibir a los seres humanos de forma estereotipada era tan
fuerte que incluso Darwin fue incapaz de librarse de él al tratar con el
problema de la variabilidad humana". (Sánchez, 2007, parf.2)

Se constituyó una ciencia en donde el hombre blanco tenía una


superioridad biológica de modo tal que, se idealizó a los hombres blancos
como una población educada de las sociedades burguesas. De esta
manera, el ejercicio del genocidio y exterminio practicados, quedó
legitimado al encontrar sus fundamentos en el orden racional de la
naturaleza humana, tal y como lo había definido en su teoría, evolucionista
Charles Darwin. Gracias a la misma, el sentido de dominación imperialista
ejercido en las colonias, pudo darse sin muchos problemas, como una
misión civilizadora de las razas superiores sobre sus parientes
biológicamente subdesarrollados.

“La violencia simbólica sirvió así, siendo o no consciente de los propios


científicos del periodo, como el vehículo perfecto para la legitimación
cultural de la violencia física ejercida en las colonias sobre las poblaciones
de origen extraeuropeo. En pocas palabras, el discurso irrebatible de las
ciencias naturales se utilizó para legitimar simbólicamente un proceso de
expansión colonial que, en términos materiales, supuso un verdadero
genocidio en varios continentes” (Sánchez, 2007, parf.3)

1.2. Mito biológico de las jerarquías sociales

Darwin había desarrollado la idea de que la desaparición de razas


inferiores podía comprenderse como el natural darwiniano del proceso
colonial contemporáneo. De acuerdo con lo que mencionó el sabio inglés,
las diferentes especies humanas se encontraban en un proceso de lucha
intergrupal por la existencia. Esto le daba una cierta inferioridad biológica
a las razas no civilizadas, lo que daba como consecuencia, la pérdida de
sus tierras a manos del colón blanco. De este modo, el imperialismo debía
interpretarse como un resultado de las leyes, de la zoología y de la lucha
por la supervivencia. En definitiva, la ideología de Darwin encontró una
síntesis perfecta avalada por el lenguaje y el método de la mejoría
biológica del periodo. La descripción darwiniana de las jerarquías raciales
se situó en un lenguaje científicamente intachable.

“En concreto, Darwin trazó las líneas de la evolución humana


componiendo -consciente o inconscientemente- una nítida escala de
superioridad racial, matizada, eso sí, por un humanitarismo monogenista
(partidario de la unidad de la especie), aparentemente alejado de los
extremos racistas de otros científicos de su tiempo . De esta forma,
quizás, puede comprenderse en parte su formidable éxito en la cultura
burguesa y colonial del fin de siglo.”(Sánchez, 2007, parf.15)

2. Las necesidades económicas en Europa durante el imperialismo del


siglo XIX.

2.1. Necesidad de materias primas para producción industrial y de nuevos


mercados para vender.

La industrialización, en resumidas cuentas, es un proceso que permite una


mayor productividad y eficacia en el avance tecnológico y la economía de un
sector. Que un proceso así se diera en tantos países de tal magnitud a la vez –
como al principio de la Segunda Revolución Industrial de 1850 a 1970- ocasionó
un gran demanda de materia prima alrededor del mundo; por tanto, una
exportación masiva, de manera que los países subdesarrollados exportaban
materia prima a los países avanzados, para que estos hicieran las máquinas
necesarias para industrializarse. Esto después generó una gran demanda de
todo tipo de cosas, ya que los países industrializados producían, vendían y
exportaban rápidamente; y por tanto, tenían que buscar nuevos mercados cada
vez más.

2.2. La primera Gran depresión y el comercio de las colonias

Al principio la industrialización fue un evento que trajo grandes avances, no solo


económicos y tecnológicos sino que dio paso a una expansión que con el tiempo
se extendería a prácticamente todo el mundo. Sin embargo, con el exceso de
producción en países tan grandes y las órdenes de venta masivas alrededor de
mundo, se daba una competencia extrema, en la que la variación de precios
generó un mercado mundial inestable. Para que un mercado sea estable debe
haber un equilibrio entre la oferta y la demanda, por lo que el exceso de oferta
culminó por fin en lo que fue conocido como la primera “Gran Depresión”, ya que
como bien se sabe, cuando hay mucho de algo, este pierde su valor.
Hacia fines del Siglo XIX se daba el fin de la primera Gran Depresión (1873-
1896), que afectó principalmente a Estados Unidos y algunos paìses de Europa,
que habían empezado a progresar gracias a la Segunda Revolución Industrial y
a la culminación de la Guerra Civil de Estados Unidos. Esto llevó a que el
mercado mundial estuviera basado en el libre comercio, para que se diera una
circulación de capitales entre los países y se estabilizará la economía. Durante
este proceso se promovió la migración principalmente entre Europa y América
para implementar una mayor fuerza laboral. El comercio mundial fue el doble
entre 1896 y 1913, siendo el imperio británico el que dominaba una tercera parte.
Una de las mayores preocupaciones de la época fue el mercado de insumos, el
cual, a pesar de tener ciertas restricciones seguía siendo libre y contínuo. Las
potencias imperialistas tendían a forzar a sus colonias a comerciar sólo con su
metrópoli.

2.3. Inversión de exceso y avances nacionales

Una vez establecidas las empresas y los comercios, hubo la necesidad de


centrarse en invertir los recursos en infraestructuras propias, en vez de sólo en
la exportación para evitar cometer los mismos errores del pasado. Así, la materia
prima volvió a ser esencial para la construcción, sólo que en este caso, iba
centrada a la industria interna del país, un claro ejemplo de esto es la
construcción de ferrocarriles y tenes, que además de servir como vehículos eran
útiles para transportar materias primas tanto dentro del país como a los países
vecinos. En este punto de la historia se crearon muchos artilugios, como las
turbinas a vapor, la telegrafía y el teléfono y el mercado mundial estuvo basado
en los avances tecnológicos dentro de cada país, lo que reforzó la economía de
las materias primas, que eran exportadas principalmente de estados soberanos
no industrializados, como la mayoría de los de América Latina.

3. Dominación cultural en el imperialismo europeo

3.1. Delirio del Imperialismo

El nuevo o gran imperialismo es una consecuencia directa de la segunda


revolución industrial más que del capitalismo en sí, y no es hasta 1870 cuando
se inicia con un carácter diferente al que hasta entonces había tenido. La
diferencia principal que se puede señalar respecto con los otros imperialismos
es que no se rige por normas hegemónicas, mercantilistas o por el afán de
exploraciones, sino por acciones políticas, económicas, sociales culturales que
suponen el dominio total del territorio a conquistar, lo que marca una diferencia
con las otras metrópolis europeas. Lo movimientos ideológicos que se dieron
durante el siglo XIX también terminaron siendo un factor determinante para que
el pensamiento europeo, quienes se consideraban como la raza blanca, se
exaltase. La obra del británico Rudyard Kipling fue fundamental para la
mentalidad inglesa, siendo los propios parlamentarios, como Chamberlain, los
que la impulsaron como motor de la idea de imperialismo, donde se presentaba
como la gran responsabilidad de la raza blanca, civilizar a las demás. Se terminó
implantando un darwinismo colonial: la raza mejor dotada por la naturaleza será
la que sobrevivirá en un mundo salvaje y tendrá como objetivo “desbarbarizar” el
mundo para igualar a los otros consigo misma.

3.2. La superioridad racial durante el imperialismo

Uno de los factores que más influencia tuvo durante el imperialismo en el siglo
XIX, fue la creencia de la superioridad de la cultura europea frente a las otras, a
las que consideraban incivilizadas. Se tenía la idea de que era su deber para con
los demás, una obligación moral de formar una forma de gobierno que pueda
contribuir con la civilización de los salvajes, difundir el estilo de vida europeo
junto con su cultura entre los catalogados como inferiores. También se veían
influenciados por el pensamiento darwinista, en el que se entendía al
imperialismo como el triunfo del más apto, por lo que empezaron a menospreciar
otras razas y civilizaciones. Esto llevó a que la expansión reflejara lo que se
entendía de estas ideas, en donde quien lograse mayores colonias era la más
apta.

4. Imperialismo y comercio

4.1. Consecuencias de la revolución industrial

El imperialismo europeo surge en el siglo XIX. El monopolio nace por el alcance


de un grado elevado de desarrollo. Lo formaron asociaciones capitalistas y
monopolistas, y ha formado un papel muy importante en la vida contemporánea.
En cuanto al lado económico, se hizo necesario buscar nuevos mercados para
sus productos, abundantes materias primas y baratas ya que la industria llegó a
un grado elevado de crecimiento. Además, hubo una búsqueda de nuevos
espacios económicos donde invertir el capital para conseguir más beneficios,
aprovechando que la mano de obra era abundante y barata, por lo cual, la
ideología imperialista estuvo presente en las clases obreras.

4.2. Industrias de los países europeos desarrollados

Entre 1872 y 1912 las importaciones y exportaciones entre Gran Bretaña y Egipto
resultaron en un aumento menor que las de Gran Bretaña en importaciones y
exportaciones generales. Como dijo Hilferding: “La respuesta del proletariado a
la política económica del capital financiero, al imperialismo, no puede ser el libre
mercado, sino únicamente el socialismo. El objetivo de la política proletaria no
puede ser actualmente la restauración de la libre competencia”. El comercio que
tuvieron las Colonias Británicas con metrópoli funcionó con más lentitud que con
otros países. La Gran Bretaña también fue afectada por la metrópoli, por el
imperialismo, principalmente de Estados Unidos y Alemania. Se sabe que las
agrupaciones de empresas del mismo sector dieron un lugar para establecer
aranceles proteccionistas, donde se protegieron los productos susceptibles de la
exportación. Los ingleses llamaron “el dumping” a las agrupaciones del capital
financiero. Dichas agrupaciones vendían sus productos a un precio monopolista
elevado, mientras que en el extranjero vendían productos a un precio muy bajo,
para arruinar la competencia, y elevar su propia producción, etc. La superioridad
del imperialismo alemán sobre el británico era tan fuerte como el de las fronteras
coloniales o de los aranceles proteccionistas, lo que usaron como “argumento” a
favor del libre mercado. “Es interesante señalar que incluso el economista
burgués A. Lansburgh, que critica el imperialismo de manera tan
pequeñoburguesa como Kautsky, ha estudiado de un modo más científico que
él los datos de la estadística comercial.” En 1891, a través de los bancos
alemanes se concedió un préstamo a Rumania, el principalmente sirvió para
adquirir el material ferroviario alemán.

4.3. Libre comercio y nuevos mercados

En 1890 las exportaciones de Alemania a Portugal alcanzaron los 21,1 millones.


En los siguientes años bajaron hasta 16,2 y 7,4 millones, pero en 1903 recuperó
su nivel de exportaciones. Las de Alemania a Argentina alcanzaron 60,7 millones
a consecuencia de los préstamos de 1888 y 1890. En los dos años siguientes
sólo fueron 18,6 millones, es decir menos de la tercera parte. La exportaciones
de Chile alcanzan hasta 45,2 millones en el año 1892, que descendió un año
más tarde a 22,5 millones gracias al préstamo del año 1889. En 1906 hubo un
nuevo préstamo de bancos alemanes, lo que elevó las exportaciones hasta 84,7
millones en 1907, sin embargo terminó cayendo en 1908 a 52,4 millones.

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