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UNIVALLE

ESCUELA DE ESTUDIOS LITERARIOS


MAESTRÍA EN LITERATURAS COLOMBIANA Y LATINOAMERICANA
NOVELA DE LA VIOLENCIA EN COLOMBIA

APORTES TEÓRICOS DESDE UN TEXTO DE ALBERTO VALENCIA PARA EL ANÁLISIS Y


COMPRENSIÓN DE “LA VIOLENCIA” EN COLOMBIA”

La lectura de La novela familiar de “La Violencia” en Colombia” de A. Valencia (1999) es un


texto que permite una aproximación al análisis y comprensión de los hechos que narra la
novela realista “Viento Seco” (1954) de Daniel Caicedo.

Y la permite porque presenta a cuenta y riesgo personal dos tesis muy polémicas desde la
perspectiva sociológica de una búsqueda que explique esa “fuerza impersonal, asimilable
incluso a una fuerza natural” que “impone una lógica -coacción irresistible- por encima de las
creencias, las convicciones, las lealtades, los afectos o las pertenencias regionales o
familiares”: La primera tesis es el par de características que a su juicio deben enfocarse al
interior de este proceso social (el carácter- aparente- de la no existencia de motivos de la
oposición política entre los partidos en pugna y los excesos y sevicia cómo ocurren los
crímenes que cometen ambos rivales contra la población); la segunda tesis es su explicación
sobre la conformación y reproducción de las filiaciones políticas en dos ámbitos sociales-la
familia y la religión- Uno, definido como “espacio institucional” y el otro como “espacio
cultural”.

Y sus argumentadas explicaciones exigen la necesidad de participar como lector de sus


interrogantes acerca de las motivaciones que explicarían la “más significativa de sus
particularidades”: ¿Por qué El enfrentamiento a muerte entre la población, con todas las
características de sevicia y de crueldad? Para A. Valencia esta es una cuestión clave. Y uno
como partícipe de la búsqueda inconclusa del autor debe recoger el proceso de la
intertextualidad para ayudar a dilucidar una duda de esta categoría. Incluso, el autor busca
explicaciones en la construcción del sujeto como ser simbólico e insinúa el camino de la
psicología –Lacan- y la sociología- Fals Borda- como saberes-llave para abrir una puerta que
conduzca a un lugar de posibilidad de encuentro de una explicación satisfactoria.

Y una de las cuestiones que surge en primer lugar al leer Viento seco es el asunto de la rabia y
el odio. Y la inquietud que el autor intenta explicar me permite llegar a dos fuentes acerca de
este asunto: H. Arendt y Cornelius Castoriadis.

La filósofa alemana afirma que es diferente hablar de rabia como una conducta irracional y
patológica y la rabia relacionada con cierta consciencia de los actos que la provocan: “La rabia
no es en absoluto una reacción automática ante la miseria y el sufrimiento como tales; nadie
reacciona con rabia ante una enfermedad incurable ante un terremoto o, por lo que nos
concierne, ante condiciones sociales que parecen incambiables. La rabia sólo brota allí donde
existen razones para sospechar que podrían modificarse esas situaciones y no se modifican.”1

1
Ese es el sentimiento de Antonio Gallardo ante el cadáver de su hija, la disolución de su fe en
dios y en los sustentos ideológicos de su idea de patria o ante el cinismo de los periódicos-
pasquines falangistas-. Es una rabia consciente, capaz de permitirle vislumbrar un futuro
promisorio en los llanos o una vida sin guerra. O la confesión de Cristal: “Mi idea es hacerme
justicia”.

C. Castoriadis (1996) al tratar de explicar las raíces psíquicas y sociales del odio comienza
diferenciando la agresividad que moviliza “pulsiones agresivas limitadas” al referirse “al
monto mínimo de agresividad implicado en la propia defensa” y “una explosión de
agresividad ilimitada, expresada por el racismo, las matanzas sin discriminación de
poblaciones civiles, las violaciones, las destrucciones de monumentos y viviendas, los
asesinatos y las torturas infligidas a los prisioneros, etcétera”.2 Es el “realismo atroz” tomado
en el texto de C. Medrano.

Pero, el psicoanalista francés en su explicación, formaliza la intuición de A. Valencia sobre el


proceso de socialización del individuo en el ámbito familiar como origen de “las identidades
partidistas” pues éstas “se conforman en el mismo espacio de las identidades del sujeto
humano”. Es decir, el ámbito privado familiar. Lo que amplía la explicación de la socialización
primaria en la postura de Castoriadis es lo que ocurre en la conformación inicial de la psique
humana antes de la constitución de la idea de pertenencia consciente a un núcleo familiar: No
sólo se trata de las dimensiones cuantitativas e instrumentales “sus articulaciones con el
imaginario de los grupos considerados, pero, de ninguna manera, a la naturaleza de esta
agresividad.

“(…) este odio tiene dos fuentes que se refuerzan mutuamente:


- la tendencia fundamental de la psique de rechazar (y, por lo tanto, de odiar) todo lo
que no es ella misma;
- la cuasi necesidad de la clausura de la institución social y de las significaciones imaginarias
que acarrea”

Y es ese sentido de unidad entre el sujeto y el objeto que se construirá la identidad en el


que representación, afecto y deseo son una sola y misma cosa: “Tal es el sentido que la
psique buscará para siempre, que nunca podrá alcanzarse en el mundo real, y cuyos
sustitutos serán formados por largas cadenas de mediaciones o bien de visiones místicas
fuera del contexto cósmico. Si no entendemos esto jamás podremos comprender por
qué motivo la identificación - con personas, tareas, colectividades, significaciones,
instituciones- es un proceso tan poderoso y omnipresente en la vida psíquica.
Tampoco podríamos comprender de qué manera la sociedad puede jugar con la
plasticidad de la psique casi sin límite alguno con una sola condición: que brinde sentido
al sujeto - hablando rigurosamente, sustituciones de sentido- en la vida real.” (op.cit. 67)

Porque es en este sentido que el proceso de socialización construye la formalización de los


saberes sociales respecto a la construcción de la alteridad- un asunto que es imposible que
aparezca en sociedades cerradas como las comunidades campesinas en las que el peso de la
tradición considera que sólo existe una única manera de concebir el mundo. Y no está
preparada para considerar otra posibilidad de pensamiento social que su propia ideología
largamente cristalizada por la tradición.

2
“De modo que existen, desde el punto de vista psicoanalítico, dos vectores del odio. El
primero, odio del otro real: Soy (el) bien. (El) bien soy yo. Él no es yo. Por lo tanto, él no es (el)
bien (por lo menos, no tanto Como yo”: Para el caso se podría aplicar: “Soy conservador. Ser
conservador es ser (el) bien. Él no es conservador, por lo tanto, no es (el) bien. O viceversa
desde la perspectiva liberal.

Habría que agregar que la inclusión de los ámbitos familiares o religiosos como explicación
de la conformación de las identidades básicas es parcialmente válida: Cualquier sitio en el
que exista información es un espacio de socialización. Además, porque cualquier tipo de
relación entre humanos es –en sentido sociológico- una institución. Asunto que Valencia
separa al afirmar lo institucional como lo dado en familia y lo religioso -institucionalizado por
la pertenencia a una comunidad de culto- como contexto cultural. ( ¿!)

Recuérdese también que la formación de las mentalidades proviene de los medios de


comunicación o contacto comunicacional cara a cara: la importancia de la radio y la prensa
escrita o los encuentros en la iglesia, antes, durante y después de misa o en las jornadas de
mercado o en los eventos de carácter cultural en los que se podía participar. Para nuestra
novela, Valencia nombra la radio como botín de guerra.

Por la radio se informa de la muerte de Gaitán y el mismísimo 9 de abril se produce una


masacre de conservadores en Ceilán, según cuenta Arturo Álape (1989) en “Las vidas de Pedro
Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo.

Pero también por la radio se escucharon los discursos de J. E. Gaitán, Laureano Gómez o
Monseñor Builes.

Incluso el mismo autor afirma “La radio ha sido un elemento de motivación social de grande
importancia en muchos de los recientes acontecimientos políticos en Colombia. Ha sido un eje
conductor de la comunicación de masas; la posibilidad de llegar a los oídos más lejanos, de
penetrar en lo más hondo de la geografía del país y establecer en el mismo instante de la
transmisión un ambiente propicio para asumir una actitud y accionar la pasión política hasta su
desbordamiento total. O, por el contrario, inducir a la masa oyente a una posición pasiva." 3

Imaginemos a un campesino que escucha por la radio la voz del obispo Builes que afirma
“…hay una gran parte del pueblo, hasta ahora equivocado que acaba de convencerse que no
se pueden jugar dos cartas a la vez, y que no es posible conservar la doble posición de ser
católico y liberal” o que “Matar comunistas y liberales no es pecado mortal”.

A los liberales debía causarles miedo esta condenación en vida al conocer que sus propias
decisiones personales causarían no solo la molestia del ser supremo, sino que el valor de su
vida quedaría en nada, apenas, quizá una porción de agua bendita que un cura lanzaría desde
lo alto de un puente con la esperanza de medio lavarle su culpa de haber muerto por ser
apóstata de sus ideas y convicciones.

O imaginemos a una audiencia campesina que escucha de la voz de Laureano Gómez que “El
partido liberal es un basilisco, que camina con pies de confusión y de ingenuidad, con piernas
de atropello y de violencia, y con un inmenso estómago oligárquico; con pecho de ira, con
brazos masónicos y con una pequeña, diminuta cabeza comunista”. (Discurso del 24-06-49 en
Medellín al regresar del auto-exilio por el de Abril) ¿Qué imaginaría pensando en un basilisco?;

3
¿El dragón a vencer por los Sanmigueles conservadores colombianos?, o ¿el alma monstruosa
del vecino que puede-literalmente- devorarme mientras duermo?

Definitivamente el texto de Alberto Valencia exige la necesidad de buscar e indagar el


problema de la configuración simbólica que opera y sigue operando en el proceso de
socialización de los sujetos.

Pero debe quedar claro que las expresiones de crueldad y sevicia que describe en las diez
características de los crímenes ocurridos en La Violencia son el resultado de una sociedad que
es incapaz de reconocer que es imposible una única expresión de la cultura, que existe en ella
la necesidad de construir la alteridad, de romper las identificaciones dogmáticas, la
heteronomía a través de la palabra. Y la literatura es un camino posible…

Concluyo con un aporte de C. Castoriadis:

“La dimensión dadora del sentido de la institución sociales, evidentemente, mucho más que
multidimensional, y es extraordinariamente compleja; de hecho, consiste en la creación de un
mundo, el mundo de esta sociedad. Una de sus múltiples dimensiones es, sin duda, el lenguaje.
El lenguaje no es un instrumento de comunicación, como si existieran individuos totalmente
hechos y plenamente conformados que se muriesen de ganas de comunicarse y sólo
necesitasen un instrumento para este fin. El lenguaje es el elemento en el interior del cual se
establecen objetos, procesos, estados, cualidades y distintas clases de relaciones y lazos entre
ellos.”

BIBLIOGRAFIA:
ALAPE, Arturo. El 9 de abril en provincia. En: Nueva Historia de Colombia, Bogotá, Editorial
Planeta, 1989, p. 58.
ARENDT, Hannah. Crisis de la República, Madrid, Grupo Santillana editores, 1998, p. 163.
CASTORIADIS, Cornelius (1995): “Las raíces psíquicas y sociales del odio” en “Guerra y Muerte”
Compilación de Fabio Giraldo I. Editorial Fica. Cali. 2002, págs., 65-88
VALENCIA G., Alberto: “La novela familiar de “La Violencia” en Colombia” en “Violencia, Guerra
y Paz”. Editada A. Papacchini y otros. UNIVALLE, Cali. 1999, págs.101-130

CARLOS HUMBERTO ECHEVERRY G.


1300357-7274