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“Bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y cuando, por mi causa, os

acusen en falso de toda clase de males. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa

será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a

vosotros” (Mt 5,11-12).

Cada vez que contemplo la cruz de Cristo mi alma siente gozo porque recuerdo las

palabras del apóstol san Pablo “¿Quién nos separará del amor de Cristo?

¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo, somos contados

como ovejas de matadero. Pero, en todas estas cosas somos más que vencedores por

medio de aquel que nos amó”. (RM8,35-37 Biblia de Jerusalén Nueva Edición).

Me imagino como pudo ser ese momento, en el que Jesús dirigiéndose a la

muchedumbre en el monte expresaba un discurso agradable lleno de amor a los más

necesitados, a los pobres, a los enfermos; a los pequeños ante los poderosos, pero grandes

para el hijo del hombre. Estas palabras cargadas de luz y esperanza en medio de la

oscuridad serían la fortaleza para muchos y el motivo de burla para otros. La escena debió

ser maravillosa porque era Dios mismo, quien estaba en la realidad humana revelando los

secretos para la felicidad.

El evangelista Mateo en la última bienaventuranza utiliza dos verbos que parecen ser

palabras que ningún hombre quisiera escuchar: “os insulten y os persigan”, que duro

debió ser para nuestro Señor decir “Bienaventurados” cuando para los oídos de los

hombres esto está relacionado con sufrimiento.


El ser acusado, insultado y perseguido por causa de Jesús debe ser para el cristiano

gozo, porque así lo vivió Cristo mismo. ÉL fue acusado de blasfemo, de mentiroso, lo

llamaron pecador, pero nunca dijo nada; de esa forma nos dio ejemplo de humildad y de

alegría, cumpliendo la voluntad del padre. Cada vez es más difícil seguir a Cristo en el

mundo de hoy, ahora entiendo por que se hizo hombre, por que se anonadó a si mismo y

tomo la condición de siervo doliente, como cordero fue llevado al matadero (Isaías 53:7)

…para demostrarnos que la vida solo tiene sentido cuando hacemos la voluntad del que

nos eligió primero.

Ahora bien, no basta solo con conformarnos con las migajas, el señor en su infinita

misericordia no lo da todo, si nos abandonamos en sus manos y si confiamos en ÉL

estaremos algún día compartiendo en la morada eterna, lugar preparado y acondicionado

para reunirnos con todos aquellos que nos precedieron y que vieron en Jesucristo su

consuelo, y el amor de los amores.

No nos angustiemos cuando el mundo esté en contra de nosotros por anunciar a cristo

resucitado, por el contrario, como lo recuerda el evangelista San Juan tomando las

palabras de Cristo “Si el mundo los aborrece, sepan que a mí me ha aborrecido antes que

a ustedes. Si ustedes fueran del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero el mundo los

aborrece porque ustedes no son del mundo, aun cuando yo los elegí del mundo” (Juan

15:18-19).

Entender a Jesús cuando nos dice que nos eligió del mundo no es fácil, como entender

que un Dios se vale de la miseria humana para seguir un proyecto de salvación de las

almas en la iglesia; solo queda agradecer por que se ha fijado en nosotros, nos ha mirado

y ha sentido compasión de nuestra pequeñez; me recuerda y me invita a anunciar su


mensaje como lo hicieron nuestros antepasados los profetas, siendo auténticos y capaces

de contribuir con la construcción del tesoro que es cielo, morada del Dios padre, hijo y

espíritu santo que nos inspira y hace que nos regocijemos como lo hizo San Pablo

cuando dice “Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y

dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.(2

Corintios 12:10).