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“El problema de la confianza en los partidos en las democracias latinoamericanas:

reflexiones desde el caso mexicano”

Por Esperanza Palma y Miriam Alfie


Departamento de Ciencias Sociales de UAM-C

El problema

Este trabajo tiene por objetivo mostrar algunos datos preliminares y discutir

algunas tesis, que aun deben ser trabajados y discutidos, sobre la confianza en los

partidos en México después de 2000, comparando con otros tres países

latinoamericanos, Chile, Brasil y Uruguay. Se propone describir, de manera inicial, los

perfiles de los ciudadanos que tienen mayor confianza en los partidos políticos a través

de un análisis descriptivo de algunas variables sociales y de cultura política con el

objetivo de discutir qué factores intervienen en la formación de actitudes positivas

hacia las instituciones de representación. Para ello se utilizó la EMV de 2001 y se

presentan, en esta fase inicial del proyecto, frecuencias simples de algunas variables.

El objetivo no es simplemente presentar datos sino entrar a un debate más general

sobre los desafíos que los partidos enfrentan en las democracias de la tercera ola para

mantener su credibilidad y fortalecer los vínculos ciudadanos con las instituciones de

representación. La confianza en partidos se toma como un indicador de la evaluación

ciudadana de las instituciones de representación más que de legitimidad democrática.

Antes de presentar resultados debe aclararse dónde se plantea este tema.

I El punto de partida es el análisis del caso mexicano que exhibe tendencias

contradictorias y paradójicas en el ámbito de la cultura política pero consistentes con los

procesos ocurridos en prácticamente todas las democracias: (i) los partidos han jugado

un papel central en la democratización en México que finalizó tardíamente en el 2000,

definiendo las nuevas reglas de competencia por el poder, dándole sentido a los

1
procesos electorales y permitiéndoles a los ciudadanos tener acceso a los recursos del

Estado. (ii) Al mismo tiempo, los partidos atraviesan por un creciente desprestigio en el

contexto de la democracia, lo cual se ha manifestado en la rápida caída de la confianza

ciudadana en estas organizaciones. Si bien hay vaivenes en el nivel de confianza en

México, salta a la vista que después de 2000 la confianza haya caído por debajo del

30% Según el estudio de Payne et.al., (2000) que toma datos de 1996 a 2001, los puntos

más altos de la confianza en los partidos se registró en 1998 y 1999-2000 (33% y 34%

respectivamente) para caer al 21% en 2001. De acuerdo a Carta Parametría en 2002 la

confianza en los partidos se redujo al 25% y desde entonces ha oscilado entre 25% y

33% tomando el periodo 2002-2006. Los partidos eran más relevantes durante la

democratización, desde la perspectiva de la opinión pública, que una vez concluida.

II Lo observado en el caso mexicano es generalizable a la mayor parte de las

democracias de la tercera ola y de las democracias consolidadas (Pharr y Putnam,

2000). De hecho, esta es una de las paradojas de la política contemporánea: la

democracia se ha extendido y adoptado en un número creciente de países y por otro

lado, ha habido un deterioro de la confianza en las instituciones de representación y en

la satisfacción con la democracia, en particular con los partidos y los políticos. Este

déficit de confianza aparece como un problema más grave en las democracias jóvenes

que viniendo de largas tradiciones autoritarias y en el contexto de una débil tradición de

rendición de cuentas, enfrentan mayores problemas para generar consensos y garantizar

la gobernabilidad.1 Justamente, el conflicto postelectoral en México, pone en evidencia

el desfase entre por un lado, el cambio institucional y por otro, las acciones de ciertos

actores y las percepciones ciudadanas y coloca en el centro del debate la importancia de

la confianza para sostener los mecanismos y las instituciones de la democracia.

1
De hecho, como plantea Hagopian (2005) la mayoría de los latinoamericanos se muestran ambivalentes
ante los regímenes democráticos.

2
En síntesis, estos problemas conducen al tema de la confianza en los partidos y a

la necesidad de hacer análisis comparado para tratar de encontrar similitudes y

diferencias y a una revisión inicial del debate académico.

El debate académico en torno a la confianza en los partidos y su relevancia para la

teoría democrática

El tema de la confianza en las instituciones democráticas, como parte de

un conjunto de actitudes y evaluaciones de los ciudadanos del sistema democrático, es

hasta cierto punto marginal en el debate académico sobre los problemas de

funcionamiento de las democracias. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, la

confianza es un factor clave, para entender hoy lo que sucede en el ámbito de la política

en dos de sus dimensiones: a) la representación, desencanto de las viejas instituciones

que no personifican los intereses de la mayoría y b) la participación, pues aunque pueda

existir un mayor número de espacios para ella, éstos no garantizan que el individuo

actúe y se involucre.

Estas dos dimensiones ocupan un lugar fundamental cuando hablamos de

transformaciones: la falta de credibilidad y de confianza en las instituciones existentes,

así como una proliferación de espacios inocuos que no son abordados por los actores

interesados, serán algunos de los conflictos a los cuales la política se enfrentará. Vivir

en la incertidumbre aparece como un estilo de vida donde las instituciones políticas

pierden cualquier tipo de ascendiente sobre los individuos; ninguna agencia es confiable

o capaz de reducir la incertidumbre que se propaga: el desempleo, el riesgo ambiental,

las crisis financieras, no pueden ser frenadas por las instituciones políticas existentes; el

individuo las vive en carne propia, desencantado de la matriz estatal. Y el deseo

inalcanzado de seguridad de la vida política produce mayor y más profunda inseguridad.

3
Autores como Mainwaring y Scully (1995) han analizado el vínculo de los

ciudadanos con los partidos a partir del estudio de la institucionalización de los sistemas

partidistas en América Latina. Según estos autores, una de las dimensiones de la

institucionalización es la de las raíces sociales de los partidos cuyos indicadores son la

confianza y la percepción ciudadana de que los partidos son los legítimos agentes de

representación. A mayor vínculo entre ciudadanos y partidos, mayor identificación

partidista, menor volatilidad electoral, mayor confianza y mayor nivel de

institucionalización.

Desde otra perspectiva teórica, más centrada en el estudio de la opinión pública

y la cultura política, se han desarrollado estudios comparados que han dado lugar a

distintas hipótesis acerca de los perfiles de los que menos o más confianza tienen en las

instituciones.

Algunos estudios han planteado que la progresiva erosión de la confianza en los

partidos forma parte de un fenómeno más amplio de distanciamiento expresado en la

desalineación y la volatilidad electoral. Según Dalton et.al., (1996) y Pharr y Putnam

(2000) los bajos niveles de confianza en los partidos y en las instituciones de

representación es una actitud que se encuentra con más frecuencia entre los más

educados y políticamente informados e interesados en política. Este déficit de confianza

en las instituciones de la democracia proviene de las grandes expectativas depositadas

en las instituciones democráticas y por tanto, la desconfianza está más generalizada

entre los sectores más informados y por tanto, más enterados de las acciones de los

partidos y los políticos.

Así, las expectativas generadas no se corresponden con los actos de las élites y los

resultados del gobierno. De aquí que Pharr y Putnam (2000: 13) planteen que si bien la

erosión de los vínculos partidistas forma parte de un fenómeno de alejamiento del

4
público con respecto de la política en general, también lo es que la desafección

ciudadana con respecto del gobierno puede ser positiva ya que lleva a los electores a

buscar un cambio de gobierno en la siguiente elección y apoyar en consecuencia, a la

siguiente administración. Esta tesis supone que los electores tienen suficiente interés e

información para evaluar al gobierno y votar por otro partido. Desde una perspectiva

analítica similar, Diamond y Gunther (2001: ix) plantean que existen tendencias

generacionales. Los más jóvenes y con mayor educación formal tienen niveles más

bajos de lealtad partidista aunque presentan niveles altos de interés en la política.

En este sentido, cabe destacar el planteamiento Anthony Giddens (1997, 1998),

según el cual, la confianza proporciona al individuo herramientas para enfrentarse a un

mundo de desanclaje y sistemas abstractos. Para este autor la confianza tiene el poder de

restablecer la seguridad ontológica mermada por la Modernidad Tardía. Así, son los

sistemas de expertos, que se encuentran en todas las áreas de la vida social, los que

restituyen los lazos de confianza y seguridad. En la Modernidad Tardía existe un

proceso de desvinculación provocado por la separación tiempo-espacio (des-

tradicionalización y des-territorialización), y al mismo tiempo una revinculación basada

en la confianza que la experiencia del conocimiento otorga.

Son las señales simbólicas (sistemas abstractos de la modernidad) y el sistema de

expertos, los que pueden llegar a restablecer la confianza y la fiabilidad en la que

descansan las instituciones de la Modernidad Tardía. El papel que juega la fiabilidad

será el de tender a reducir o minimizar los riesgos a los que están sujetas ciertas

actividades, entre ellas la política.

Por otra parte, autores como Torcal et.al., (2002) relacionan la desconfianza con

el antipartidismo y un conjunto de actitudes profundamente negativas en torno a la

política en su conjunto, tales como el cinismo, formando parte de un fenómeno más

5
amplio de desafección política cuyos formas de expresión son el distanciamiento,

desinterés y bajos niveles de participación electoral. Contrariamente a los estudios

citados anteriormente, el hallazgo de estos autores, derivado de su investigación sobre

Europa del Sur, es que no hay una asociación positiva entre los niveles de información

política y el antipartidismo reactivo (del cual sería parte la desconfianza). La falta de

confianza en las instituciones, el cinismo y los débiles vínculos con los partidos no son

rasgos de los más informados políticamente sino que más bien se corresponde con

un perfil de desinformación (Torcal et.al., 2002: 273).

¿Quiénes son entonces los que menos o los que más confían en los partidos y

qué consecuencias tiene la desconfianza sobre el sistema político? Estos son temas

centrales para los estudios de la democracia y la representación política dado que la

desconfianza agranda el abismo entre los representantes y los representados; puede

erosionar la legitimidad y la capacidad de gobernabilidad de las élites.

No obstante, la legitimidad democrática y las evaluaciones del desempeño del

sistema democrático son actitudes independientes en tanto las variaciones en el segundo

conjunto de orientaciones afectivas no necesariamente afecta el apoyo de los ciudadanos

a un sistema democrático (Montero, Gunther y Torcal, 1999).

Efectivamente, apoyo a la democracia y confianza son actitudes de dos órdenes

distintos. Sin embargo, cabe preguntarse si la desconfianza puede afectar la percepción

social de que un régimen democrático está cumpliendo con sus objetivos. Eso está

ocurriendo en la actualidad en México en donde la falta de confianza en la autoridad

electoral y en la limpieza del proceso está llevando a cuestionar no sólo la validez del

sistema electoral sino también, la viabilidad del sistema político en su conjunto con el

argumento de que lo existente no es democracia. La táctica de la élite perredista ha sido

eficaz precisamente porque cuenta con una base de desconfianza ciudadana. Según una

6
encuesta de Carta Parametría el día de la elección, el 2 de julio, el 71% de la población

consideraba que México era una democracia, el 21% que no y 8% no sabía. Hacia

finales de julio el porcentaje de quienes consideraban a México una democracia cayó a

59%, mientras que el 28% declaraba que no es una democracia y el 13% que no sabía.

Asimismo, la falta de confianza en los partidos, como parte de la desafección

política, puede ser un reflejo de una sociedad muy desigual políticamente en la cual los

que cuentan con menos recursos políticos están más marginados de la vida política. En

México los que menos recursos políticos tienen generalmente se corresponden con los

que tienen menos educación formal y son más vulnerables socialmente y al final, son

los que tienen menos acceso a los procesos de toma de decisiones y están por tanto, sub-

representados. Así, la falta de confianza podría estar reflejando fenómenos más

profundos de desigualdad política y educativa más que una actitud crítica frente a los

partidos.

Análisis comparado: cuatro casos con distintas trayectorias partidistas

Con el objetivo de contribuir a este debate acerca de los perfiles, se tomaron

cuatro casos con distinta longevidad democrática e institucionalización de sus sistemas

de partidos. Los casos son Brasil, Chile y Uruguay. Dos casos de países con una fuerte

institucionalización el sistema de partidos (Uruguay y Chile) uno, México con mediana

institucionalización, y Brasil con baja institucionalización.2 Se tomaron también

variables que permitan entrar a la discusión del tipo sociológico de aquéllos que más

confían, según el debate que muy sucintamente describimos.

Algunos datos generales de estos países son que: Brasil restauró su democracia

en 1985. Chile restauró su democracia en 1990. Uruguay en 1985 (Hagopian y

2
Se toman las dimensiones de institucionalización de Mainwaring y Scully (1995): estabilidad en las
reglas y patrones de competencia, las raíces en la sociedad, el hecho de que los actores y las élites
partidistas vean en los partidos y las elecciones los canales legítimos para acceder al poder y finalmente,
los partidos tienen autonomía de sus líderes y organizaciones sociales.

7
Mainwaring, 2005). México es un caso tardío de democracia ya que la transición llegó a

su fin en 2000 después de veinte años de proceso de democratización.

Tanto Uruguay como Chile se caracterizan por una larga tradición partidista bajo

la democracia antes y después de sus periodos autoritarios, mientras que México y

Brasil se asemejan porque algunos de sus partidos contemporáneos surgieron bajo el

autoritarismo; en el caso de México, los tres partidos relevantes surgieron bajo el

sistema de partido hegemónico. De acuerdo al análisis de Mainwaring (1999: 34),

Uruguay tiene los partidos más antiguos con un promedio de 115 años; México de 43

años, Chile de 40 y Brasil un promedio de 13 años. Según el estudio de Payne, et.al.

(2002) en el cual construyen un índice de institucionalización siguiendo el criterio de

Mainwaring y Scully,3 Uruguay es el país con mayor grado de institucionalización

partidista de toda la lista de países; después Chile y debajo de éste México ocupan

también un lugar de alta institucionalización y Brasil obtuvo un índice de baja

institucionalización.

Es un tema a debate si estos dos factores, longevidad de los partidos y de la

democracia, influyen en la confianza en lo partidos y en general, en las instituciones de

representación. Parece que al menos en el caso de Uruguay existe una relación, ya que

como se mostrará, en este país donde los partidos están más estructurados, la confianza

es un poco más alta. Extraña que en el caso chileno, como veremos, la confianza en los

partidos sea tan baja debido a que estas organizaciones antes del golpe de 1973, tenían

vínculos muy fuertes con la sociedad civil, jugando un papel central en la estructuración

de identidades.

Las variables independientes tomadas para este ensayo con el objetivo de

describir el perfil de aquéllos que tienen mayor confianza en los partidos fueron edad,

3
Los criterios tomados son: volatilidad electoral, estabilidad del sistema de partidos, identificación
partidista, confianza en partidos, legitimidad de los procesos electorales y percepción de que los partidos
son indispensables para el progreso nacional (Payne, et., al., 2002:143).

8
escolaridad, preferencia por la democracia, interés en la política, frecuencia con la

conversan de política, percepción de si el gobierno responde sólo a algunos intereses

particulares o al interés general y pertenencia a alguna organización social. En la

medida en que todos los ciudadanos están expuestos a las acciones de gobierno se trata

de problematizar si la confianza en los partidos debe depender de ciertos tipos culturales

y sociales.4 Partiendo de las hipótesis que algunos estudiosos del tema han planteado, y

el debate al que se hizo referencia, seleccionamos estas variables suponiendo que la

confianza puede depender de: (i) un cierto nivel educativo e interés en política; ambas

podrían ser consistentes y potenciar un sentido de eficacia individual y de que la política

afecta la vida de las personas, (ii) la preferencia por la democracia como el mejor

sistema posible, ya que la interiorización de los valores democráticos tienden a generar

una mayor valoración de las instituciones de representación como los partidos, (iii) la

percepción de que el gobierno gobierna para todo el pueblo y no para unos cuantos

intereses poderosos en su propio beneficio, que puede traducirse como percepción de

que el gobierno es representativo, tiene un vínculo con la confianza política en general,

ya que en la medida en que se perciba que el gobierno representa a todos, las élites no se

ven alejadas de los intereses de la colectividad y (iv) la pertenencia a una organización

social en tanto esto socializa a los individuos en la política, les da más información y va

creando un capital social que vincula a los individuos de manera positiva con las

instituciones.

Resultados

4
Para este supuesto ver el estudio de Newton y Norris (2000: 52-73).

9
Edad no tiene relación alguna según la prueba de Ji cuadrada, lo cual es interesante

porque quiere decir que al menos en la actualidad la desconfianza no parece ser una

cuestión generacional. Está distribuida entre todas las edades.

El análisis comparado permitió encontrar, a partir de tablas cruzadas, que hay

ciertas tendencias similares en los cuatro casos que tal vez permitan hacer algunas

generalizaciones. Antes de referirnos a las similitudes y a las discrepancias mostraremos

los niveles de confianza en partidos para los cuatro países:

Gráfica “Confianza en partidos para los cuatro países

La EMV pide que los encuestados respondan si tienen “muchísima”, “mucha”, “alguna”

o “ninguna” confianza. Se juntaron las dos primeras respuestas bajo la etiqueta de

“mucha” confianza” y se dejaron las dos últimas separadas porque no son simétricas. La

población que dice “alguna” confianza es distinta a la que dice no tener nada de

confianza.

En cuanto a confianza en partidos encontramos que los porcentajes más altos de

“ninguna confianza” se encuentran en Brasil, 47%, y México 38%, luego en Chile 33%

y Uruguay 26%. Los porcentajes de mucha confianza se ubican en Uruguay, 36%,

Brasil 32%, Chile 27% y al final México 24%.

Se podría esperar que Chile tuviera una confianza mayor en los partidos, dada la

tradición de estas organizaciones. Parte de la explicación puede ser que muchos

chilenos perciben una transición incompleta debido a los enclaves autoritarios que los

militares mantuvieron hasta mediados de los noventa (Hagopian, 2005: 71).

En Brasil, la confianza en partidos es más alta que en Chile y en México. Sin

embargo, Brasil es a la vez el que presenta el más alto porcentaje de ninguna confianza,

como si la población estuviera polarizada entre estas dos actitudes frente a los partidos.

Cabe mencionar que en el estudio de Payne et.al. (2002:138) que toma datos de

10
Latinobarómetro, Brasil es uno de los países que muestra uno de los niveles más bajos

de confianza en América Latina.5 Hay cierta correspondencia entre el nivel de

institucionalización del sistema de partidos en Uruguay y la confianza en partidos.

México que en otro momento mostraba porcentajes más altos de confianza; ahora que

sus partidos están centrados en la competencia electoral y están más expuestos al

escrutinio público como parte de la conclusión de la democratización, ha aumentado la

desconfianza.

Tabla: resultados comparados con tendencias similares por país.

La variable dependiente es “mucha confianza en partidos”. Tres variables mostraron la

misma tendencia en los cuatro países: hay una relación positiva entre mayor

confianza en partidos y percepción de que el gobierno gobierna para todo el

pueblo, y no por unos cuantos intereses poderosos, mucho interés en política y

preferencia por la democracia.

1. Uruguay. El dato general es que el 20% de la muestra percibe que el gobierno

gobierna para todo el pueblo, es el porcentaje más bajo para los cuatro países: Chile

32%, Brasil 24% México 24% En general, para todos los países es muy bajo. De

cualquier manera, la tendencia en los cuatro casos es que aumente esta percepción en el

grupo de mucha confianza en partidos. De los que tienen confianza en partidos en

Uruguay, el 69% tiene esta percepción pero de los que no tienen ninguna confianza sólo

el 18% tiene esta percepción, es decir, el 82% en ese grupo cree que el gobierno

responde a unos cuantos intereses. En México el 63% del grupo que tiene mucha

confianza en los partidos percibe que el gobierno representa a todos; en Chile el 58% y

en Brasil el 68%. En todos los casos conforme aumenta la desconfianza en partidos

aumenta la percepción de que el gobierno responde a algunos intereses poderosos.

5
No obstante, el estudio de Hagopian (2005) arroja que los partidos brasileños se han fortalecido en el
sentido de ser más programáticos y estar más cohesionados en el congreso.

11
La confianza en los partidos parece estar vinculada a la percepción de que

el gobierno es representativo.

2. Uruguay es el país en donde comparativamente encontramos el porcentaje más alto

de interés en política6, el 39%, frente al 34% en México, el 31% en Brasil y el 25% en

Chile. En general los porcentajes son bajos, consistentes con la baja confianza en los

partidos en los cuatro países. En Uruguay el 58% de los que tienen confianza en

partidos, está muy interesado en política. De los que no tienen ninguna confianza,

sólo el 16% está muy interesado en política. En México, el 52% de los que tienen

mucha confianza están muy interesados en política frente al 16% del grupo nada

interesado en política. En los otros países encontramos porcentajes más bajos. En Chile

es el 37% de los que confían en partidos, está muy interesado en política y en Brasil el

40%. Cabe aclarar que en estos dos países los porcentajes de interés en política son

muy bajos en los tres niveles de confianza pero los más altos niveles de interés se

encuentran en términos relativos, entre los que más confianza tienen en los partidos. En

Chile sólo el 28% de los que no tienen ninguna confianza están interesados en política y

en Brasil el 22%. Como en el caso de la variable anterior, encontramos una relación

positiva entre ambas variables.

3. En cuanto a preferencia por la democracia Uruguay es el país que muestra un

porcentaje más alto que respondió estar muy de acuerdo o de acuerdo con la pregunta

“la democracia es la mejor opción”, 96%, Brasil, 83%, Chile 81% y México 80%. Hay

una distancia relevante entre Uruguay y el resto de los países. Este país presenta los

niveles más altos de confianza y apoyo a la democracia. De los que tienen confianza en

los partidos en Uruguay 98% prefiere la democracia. Llama la atención que el 100% de

los que no prefieren la democracia no tienen ninguna confianza en partidos; preferir la

6
No incluyo “conversa de política” por ser una variable de control consistente con los resultados con
“interés en política”.

12
democracia y confiar en los partidos parecen ser actitudes complementarias. En 10

puntos porcentuales o más se encuentran por debajo de Uruguay, Brasil con 87% que

prefiere la democracia de los que tienen mucha confianza, 85% México y 84% Chile.

Esta es la variable que muestra una relación más clara con la confianza en partidos.

Hipótesis: la valoración de la democracia como opción preferible lleva a depositar más

confianza en las instituciones de representación. En tanto la preferencia por la

democracia es mucho mayor que la confianza en los partidos puede plantearse que la

desconfianza hacia los partidos no parece cuestionar a la democracia. Como se sugería

al principio, son actitudes independientes.

Hasta aquí se han presentado algunas tendencias en común.

Ahora se muestran algunas diferencias en cuanto a dos variables: escolaridad y la

pertenencia a una organización social.

Los cuatro países muestran distintas tendencias (se agregaron confianza y ninguna

confianza para contrastar porcentajes por país. No está incluido el nivel de “algo de

confianza” sino que sólo se muestran los extremos). En cuanto a escolaridad7 puede

observarse que tanto en Uruguay como en Chile hay una relación negativa entre alta

escolaridad y mucha confianza en partidos; es decir, los que tienen un nivel escolar más

alto confían menos en los partidos. Por su parte, Brasil no parece mostrar ninguna

tendencia clara en tanto existe la misma proporción de individuos de educación alta

entre los que tienen mucha confianza y ninguna, como si este sector estuviera

polarizado. En México, por otro lado, son claramente los que tienen mayor educación

los que confían más en los partidos, quizá como un reflejo del debilitamiento de los

mecanismos clientelistas y de coacción de la que fueron objeto los sectores más

vulnerables socialmente con menos recursos políticos y económicos. Si bien Brasil

7
La EMV distingue entre Baja, Media y Alta escolaridad.

13
también podría compartir ciertas características socioeconómicas con México debe

tomarse en cuenta que la democratización en este último país es más reciente. Debe

agregarse que así como los mexicanos más escolarizados confían más en los partidos,

también son ellos los que participaron más en las elecciones en 2003 según estudio

UAM-A/IFE de 2004. Las interpretaciones: i) los sectores con menos escolaridad y

más bajos ingresos perdieron el sentido de participar en política y se han alejado de los

partidos después de finalizada la democratización. Lo cual podría se positivo. Sin

embargo, ii) los datos anteriores reflejan la desigualdad de recursos políticos de la

sociedad mexicana. Hay un sector con menos escolaridad e información que no vincula

la política a su vida, esto es, no percibe que le afecte ni tampoco que él o ella pueda

influir en las toma de decisiones.

En cuanto a la pertenencia a una organización social y su relación con la confianza, el

hallazgo es que en los cuatro casos, el porcentaje de encuestados que pertenece a una

organización es bajísimo: en México 23%, Brasil, Uruguay y Chile 30%. Segundo, en

Brasil, Uruguay y Chile no se encuentra ninguna tendencia ya que en los tres niveles

de confianza aparece un porcentaje muy similar de pertenencia a una organización. El

porcentaje que se ve en la gráfica para estos tres países es el que, con pocas variaciones,

se encuentra en los otros niveles de confianza. Llama la atención que en México sí haya

alguna relación entre las dos variables ya que los que confían en partidos son

comparativamente con los otros niveles de confianza, los que más participan en una

organización social (el 31% frente al 24% -alguna confianza- y el 22% ninguna

confianza. Hay una diferencia de 10% entre los que confían mucho y nada).

Conclusiones provisionales

14
¿Cuál es el hallazgo central de este simple y descriptivo ejercicio? Hay una

relación entre preferir la democracia y confiar en los partidos y entre interés en política

y confianza y la percepción del gobierno como representativo y confianza. La baja

confianza en los cuatro casos se corresponde con la percepción bastante generalizada,

por cierto, de que los gobiernos no son representativos de todo el pueblo. Así, en

general, haciendo abstracción de las diferencias entre los casos, el sector de los que

confían representa una minoría en los cuatro casos: menos del 40%. No obstante, este

sector muestra un perfil que sugiere que la confianza es los partidos está asociada a

valores democráticos y actitudes políticas positivas en relación al sistema. Así, el déficit

de confianza no parece ser el reflejo de una ciudadanía sofisticada, educada y

crítica sino más bien de una ciudadanía desencantada.8

Entendemos por sociedad desencantada, el deterioro y la descomposición de los

referentes colectivos que mantenían unida a la colectividad (las ideas de progreso,

las seguridades, el Estado, la clase, el sindicato, los partidos, etc.) dando pie a los

procesos de individualización, donde todos los esfuerzos de definición se

concentran en la figura del individuo (Beck 1996).

No hemos desarrollado en este trabajo un modelo explicativo que de cuenta del sentido

de la relación entre las variables independientes y la variable dependiente (qué

determina qué). No obstante, puede plantearse que (i) los niveles de apoyo a la

democracia son más elevados que los niveles de confianza, lo cual indica que no basta

con preferir la democracia para confiar en un partido. (ii) No obstante, la valoración de

la democracia y sus instituciones así como el interés por la política son un conjunto de

actitudes y valores que potencian la confianza en los partidos.

8
Se puede encontrar esta hipótesis en Catterberg y Moreno (2005).

15
Queda planteado el problema de si la confianza depende entonces de manera

sustancial del desempeño del gobierno como concluyen Newton y Norris (2000) en su

estudio comparado de Europa, Japón y EU y Canadá. Como plantean Pharr y Putnam

(2000) las causas son políticas. En este sentido, algunos estudios comparados de la

calidad de la democracia en América Latina (Hagopian (2005: 72) han arrojado que el

apoyo y la satisfacción con la democracia y la confianza en sus instituciones tiende a

aumentar cuando la calidad de la gobernanza también aumenta.

16
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Carta Parametría. “Ver un México Democrático”. México. 18 de agosto de 2006.

Carta Parametría. “Confianza en instituciones”. México. Julio de 2006.

ANEXO

Gráfica 1
47 Confianza en partidos
50
45
36 37 37 38
40 34
32 33
35
26 27 Mucha
30
24
25 19
20 Alguna
15
10
5
Ninguna
0
Brasil Uruguay Chile México

18
Gráfica 2
Confianza en partidos y escolaridad
Brasil

60% 53
46 46
50% 41 42
35
40%
Alta
30%
13 Media
12 12
20% Baja

10%

0%
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 3
Confianza en partidos y escolaridad
Chile

48
46
50% 44
39
33 36
40%

30% Alta
18 18 17
Media
20%
Baja
10%

0%
Mucha Alguna Ninguna

19
Gráfica 4
Confianza en partidos y escolaridad
México

55
60.00%

50.00% 40
38 40 40
40.00% 32
Alta
30.00% 22 23 21
Media
20.00% Baja

10.00%

0.00%
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 5
Confianza en partidos y escolaridad
Uruguay

65
70
53 54
60
50
40 28 Alta
26 25
30 20 Media
18
10 Baja
20
10
0
Mucha Alguna Ninguna

20
Gráfica 6
Confianza en partidos y escolaridad
Chile

48
46
50.00% 44
45.00% 39
33 36
40.00%
35.00%
30.00% Alta
18 18 17
25.00% Media
20.00%
Baja
15.00%
10.00%
5.00%
0.00%
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 7
Confianza en partidos y preferencia por la democracia
Brasil

60
51 51
46
50
38
35 Muy de acuerdo
40
30
Deacuerdo
30
En desacuerdo
20
8 11 Totalmente en
7 8 8
5 desacuerdo
10

0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 8

21
Confianza en partidos y preferencia por la democracia
Chile
50
46
50
42
45 39
40 34 Muy de acuerdo
34
35
30 Deacuerdo
25
16
20 15 En desacuerdo
12
15
6 Totalmente en
10
4 2 desacuerdo
5
0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 9
Confianza en partidos y preferencia por la democracia
México
56
60
51 50
50
Muy de acuerdo
33
40
25 27 Deacuerdo
30
15 16 En desacuerdo
20 11
7
4.3 Totalmente en
10 4
desacuerdo

0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 10

Confianza en partidos y preferencia por la democracia


55 Uruguay
60
51
46 50
50 42
42
40 Muy de acuerdo

30 Deacuerdo

20 En desacuerdo

6 Totalmente en
10 2 3
0 0 2 desacuerdo
0
Mucha Alguna Ninguna

22
Gráfica 11
Interés en la política
43
45

40 37
35 34
35 31 32
28 27
28
30 26
Muy interesado
25
19 Algo interesado
18
20 No muy interesado
13
13 Nada interesado
15
8
10 5

0
Brasil Chile México
Gráfica 12 Uruguay

Confianza en partidos e interes en la política


Brasil

44
45 41 41

40
33
35
30 24 Muy Interesado
25 21
19 19 20 Algo interesado
20 15 No muy interesado
13
15 Nada interesado
9
10
5
0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 13
Confianza en partidos y conversa de política
Brasil

56
60

43
50
38 42
34
40
28
23 Frecuentemente
30 18
Ocasionalmente
15
20 Nunca

10

0
Mucha Alguna Ninguna

23
Gráfica 14

Confianza en partidos e interes en la política


Chile

58
60

50
41
38
40 35
Muy Interesado
26 28
30 Algo interesado
23
18 No muy interesado
20 15 Nada interesado
11
10 4 4

0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 15
Confianza en partidos y conversa de política
43
41 Chile
45 40
37
40
32 31
35
27
30
24
23
25 Frecuentem ente
20 Ocasionalm ente

15 Nunca

10

0
Mucha Alguna Ninguna

24
Gráfica 16

Confianza en partidos e interes en la política


México

42
45 39
37
40
33
35 30 30
30
22 Muy Interesado
25 20
18 Algo interesado
20 15 No muy interesado
15 Nada interesado
7
10 5
5
0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 17
Confianza en partidos y conversa de política
México

46
50
38 40
35
40 33 32
27 28
30 21 Frecuentemente
Ocasionalmente
20
Nunca
10

0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 18
Confianza en partidos e interes en la política
Uruguay

70 66

60

50
35 35 Muy Interesado
40
31 Algo interesado
23 26 25
30 No muy interesado
18
16 Nada interesado
20 13
9
10 3

0
Mucha Alguna Ninguna

25
Gráfica 19
Confianza en partidos y conversa de política
Uruguay

60 51

50 41
39
37
33 34
40
29
Frecuentemente
30 20 Ocasionalmente
16 Nunca
20

10

0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 20
Pertenece o es miembro de alguna organización social
(porcentaje)

35 30 30 30

30
23
25

20

15

10

0
Brasil Uruguay México Chile

26
Gráfica 21
Confianza en partidos y pertenece o es miembro de una organización
social
Brasil

71 71
68
80
70
60
50 29 32 29 Sí
40
No
30
20
10
0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 22
Confianza en partidos y pertenece a alguna organización social
Chile

60 51 52
47

50

31 31
40 28

Si
30
No
20

10

0
Mucha Alguna Ninguna

27
Gráfica 23
Confianza en partidos y pertenece a alguna organización social
México
60.4
70
52.2
60
41.5
50
30.9
40
23.8
22
30 Si
No
20

10

0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 24
Confianza en partidos y pertenece a alguna organización social
Uruguay

71 72
69
80
70
60
50 28 31 Sí
29
40 No
30
20
10
0
Mucha Alguna Ninguna

28
Gráfica 25
Confianza en partidos y en su país se gobierna para algunos grandes
innteréses o para todo el pueblo
Brasil
80
77
80 68
70
60
50 39
32 Para algunos grandes intereses
40
23 Para todos
30
20
10
0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 26
Confianza en partidos y en su país se gobierna para algunos
grandes innteréses o para todo el pueblo
Chile

75
80
58 61
70
60
42
50 39 Para algunos grandes
intereses
40 25
Para todos
30
20
10
0
Mucha Alguna Ninguna

29
Gráfica 27
Confianza en partidos y en su país se gobierna para algunos
grandes innteréses o para todo el pueblo
México
80
74
80
63
70
60
50 37 Para algunos grandes
intereses
40 26
20 Para todos
30
20
10
0
Mucha Alguna Ninguna

Gráfica 28
Confianza en partidos y en su país se gobierna para
algunos grandes innteréses o para todo el pueblo
Uruguay

82 82
90
69
80
70
60 Para algunos grandes
50 intereses
31
40 Para todos
30 18 18
20
10
0
Mucha Alguna Ninguna

30