Está en la página 1de 1

ANIMALES FORÁNEOS

Estaba un día el Huemul bebiendo agua a la orilla de un estero cuando de pronto pasó
delante de él, un veloz animalito mucho más pequeño que él, de pelo tan café que casi ni se
veía entre las ramas. – Hola Huemul, ¿Cómo estás?- preguntó el curioso animal. – B...Bien,
¿y tú? – respondió algo extrañado el monumento natural de Chile. -¿quién eres?, ¿Te
conozco? – insistió el ciervo nacional. – Soy el visón, un animal carnívoro y carroñero que
me alimento de todo tipo de peces, mamíferos, aves, crustáceos, insectos, y anfibios –
respondió muy campante el pequeño animal.
Intrigado, nuestro emblema nacional le preguntó: - ¿De dónde eres?, porque de aquí,
me parce que no. – Sentenció el Huemul, - No, no soy de aquí, vengo de américa del norte.
Llegué hace algunos años a la Patagonia, cuando mi piel era usada para hacer abrigos para
las señoras pitucas. Pero cuando eso pasó de moda, me dejaron en libertad y comencé a
recorrer todo este inmenso territorio.- explicó el animal mirando hacia arriba
Toda esta escena la miraba desde lo alto del cielo, un Cóndor, otro de nuestros
emblemas patrios, quien no dejaba de sorprenderse por la historia del visón. De pronto vio
a lo lejos a un cerdito amigo suyo que corría muy de prisa por la pampa, cuando comenzó a
descender para saludarle, se dio cuenta que no era su amigo del alma, sino que, uno muy
parecido. Se apresuró para darle alcance y aterrizó justo frente a este extraño cerdo, grande,
peludo y veloz. – ¿Quién eres tú y qué haces aquí?- preguntó muy serio el Cóndor - . –Soy
un jabalí, y soy muy rudo -. Agregó algo desafiante el porcino salvaje. – Pero tú no eres de
acá -, argumentó el cóndor, mostrando aires de soberanía.
- ¿Cómo fue que llegaste hasta mi país?, interrogó el ave con tono despreciativo. – Yo
llegué hace varios años ya, porque habían algunos hombres que deseaban sentirse
poderosos cazando un animal tan imponente como yo, tal como lo hacían en Europa, de
donde yo vengo. Pero no tenían muy buena puntería y como no pudieron controlarme, al
escapar y reproducirme, causé un gran impacto en los ecosistemas del lugar. Nadie podía
contra mí.- Señaló orgulloso el cerdo silvestre.
Un poco incómodo, el Cóndor abrió sus enormes alas y se echó a volar, pensando: -
Todo estaba mucho mejor hasta que el hombre quiso tener más de lo que necesitaba. Estos
animalitos seguirían viviendo en sus hábitats naturales, si no los hubieran traído por gusto
a nuestra región.-

Intereses relacionados