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Jean Laplanche .

La sexualidad

Ediciones Nueva ,Visión


Buenos Aires
~

Título del original en francés: Lá sexualité,


Bul/etitJ de Pbychologie, tomos XXIII y XXIV, I
París, 1969-1970.
INT~ODUCCION Ai:f;.A HISTORIA Y A LA
Traducción de Hugo Acevedo PROBLEMATICADE'LA SEXUALIDAD
Corrección técnica de Jorge Rodríguez

: ~-

- Este cu:rso de Enseña~ia ·_e Irivestiga_ción de.''Iá.s Ciencias


Bu manas Clínicas. se_ .Qasf. ~Íl,la jde!l de ifl1partir una ense-
ñanza qh~ por_ wi~ P.~.r.~é foe{ P.lM'tJciiscfplina,Ha. _y' i>ó,(la otra
se centre en la'"élíriica ·y, con''ello, en aetermihaqaJorinación
y no t¡m s.?l<? .en una ense~~nza _teórica;_ meydr'- diCho, gue ·
apunte a ltacer más dúctiles las 'ftdntera:s qué' existen; precisa-
mente; éntre eriséñanza y fbtniaéión; y entré enseñanza, prác-
tica e irivestigaé:iÓ'n.' r , · :- -; ' ' • • · • - - ·
En' esta oportiihidad deb<!mos plantearnos una ··pregunta:
¿Puede ,'impartirse ·tina·· ~enseñánza ·psitoañ'alítica de 'Índole
forrna·tfvá? Por lo demas; es ifuüy 'cierto que1'exrsté 'desde hace
años tina :for:Ihacrón ;-:-psicoan~Htítá 'precisa; , bien delimitada.
En el sentidó, univei'S'a:tmeíite''teconoddo del termino, la for-
maCión psicoarialítiéa 'irrlplíc'a -'como purith' de partida el aná-
lisis petsoria.f;o es· ;decir;: éli>fieano''ae' 1convertirseren analizando
(si queremos' retornar este ítérmiho, más' e merios criticable,
por supüesto) analizándose a sí mismo.
No es mi propósito examinar directamente las razones que
se vinculan con la naturaleza misma de la práctica psicoana-
lítica. Pero quiero establecer claramente, y desde el principio,
I.S.B.N. 950-602·044-2 este límite a nuestros objetivos: impartir una enseñanza,
sin ofrecer de ningún modo una formación psicoanalítica.
©por Ediciones Nueva Visión SAJC 1980 También he querido establecer este marco de referencia
Tucumán 3748, Buenos Aires, República Argentina al propósito que me anima porque, en nuestros días, muchos
Queda hecho el depósito que marca la ley ·11. 723
.Impreso en la Argentina f Printed in Argentina analistas van más allá de la· exigencia freudiana ·de analizarse
para .sér analista y llegan a sostener -dando algunos argumen-

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tos sólidos- que el psicoanálisis se trasmite, pero no se enseña. res·'a un libro al que probablemente tendré ocasión de referir-
En revistas de publicación reciente podemos encontrar una me: El psicoanálisis, su imagen y su público, de Moscovici;·
discusión ampliamente desarrollada sobre esta argumentación, en esta obra se intenta, precisamente, mediante. el método
sobre el problema de saber si el psicoanálisis puede ser enseña- de la encuesta psicosociológica, hacer un balance de la difusión
do o sólo trasmitido. Pienso que no hay en ello únicamente del psicoanálisis y de lo que queda de él en cada uno de noso-
una referencia a la sacrosanta experiencia que, en última ins- tros, aunque sólo sea a través de los conceptos psicoanal íticos
tancia, vendría a ser simplemente una referencia al empirismo. adoptados.
Tampoco se hace referencia al psicoanálisis como una técnica Por último -'-Y para no hacer uso de lo que casi se ha con-
que sólo es susceptible de ser enseñada, como un arte que sólo vertido en nuestro inconsciente colectivo, o sea, palabras como
puede demostrarse. Pienso que hay en esto, evidentemente, "complejo", por ejemplo-"-, es evidente que el psicoanálisis
razones más profundas, que dejo en suspenso por ahora. está presente en· todo lector medianamente culto; pero hay
aquí diferentes puntos que son característicos.
Decir, sin embargo, que el psicoanálisis no se enseña sino En ·primer lugar, la avalancha de publicaciones. Tal ve;z
que se trasmite es oponerse a cierto número de evidencias, ~

no nos damos cuenta cabal de ellas. Pienso en algunos alurrinos


como por ejemplo el hecho de que el psicoanálisis está en que están preparando un trabajo del tercer ciclo,* por ejem-
todos los niveles de nuestra cultura, que está insertado eh el plo: me proponen un tema pensando que es una buena hipóte-
siglo, para utilizar una expresión correspondiente a otto tipo sis de partida y que van a trabajar en un terreno relativamente
de experiencia. , nuevo. Ahora bien, apenas ponemos a su disposición las obras
El psicoanálisis está en todas partes. Se redactan tratados de referencias bibliográficas, advierten que ya se ha dicho un
de psicoanálisis; incluso se presenta como ciencia constituida. montón de cosas sobre todos los temas, o poco menos. (Desde
¿se trata de una ciencia .constituida en el sentido en que se un punto de vista práctico, me permito señalar la única obra
emplea este término con respecto a las ciencias exactas? Para que puede permitir realizar un trabajo personal serio en
ello habría que demostrar que es acumulativo, esto es, que los materia de psicoanálisis: Tbe Index of psychoanalytic writings,
conocimientos que aporta vienen a sumarse a cierto tesoro y de Grinstein, que comprende en la actualidad nueve volúmenes
que, por otra parte, supera sus hipótesis precedentes sin dejar de referencias bibliográficas solamente pero que está, sin
de incluirlas. Pensemos en lo que pudo ocurrir cuando se pasó embargo, lo bastante bien hecha como para discernir Jos temas
de la física de Newton a la física de Einstein: los hechos ya materia por materia.) ·
descubiertos no fueron anulados sino incluidos dentro de una Así pues, existe una avalancha de publicaciones, y también
hipótesis más abarcativa, de un sistema explicativo más amplio. particularismos lingüísticos en las diferentes escuelas e incluso
Por último, habría que demostrar que el psicoanálisis puede ser las diversas sectas, que en algunos casos pueden llegar hasta el
olvidadizo con respecto a su propia historia. Creo que éste es esoterismo.
el punto más importante. ¿En qué medida se olvida una cien- Todo lector tropieza con la dificultad (un poco como con-
cia de su historia? ¿Hasta qué punto puede ser expuesta luego secuencia de los dos puntos anteriores) de hilvanar las cosas,
como un sistema? Al fin y al cabo, Freud mismo escribió trata- de establecer por sí mismo su sistema, de formular su propia
dos psicoanalíticos, "esquemas" de psicoanálisis, en los que in- perspectiva. El lector que se introduce en la literatura psicoa-
tentó, justamente, olvidar (pero sin ·lograrlo) la historia de su nalític~, no importa por qué entrada, digamos, de este inmenso
propio descubrimiento.
• El tercer ciclo de la carrera de Psicología en Francia corresponde aproxima-
El psicoanálisis parece alzar-se, pues, como ciencia consti- damente a los dos últimos de la carrera universitaria en la Argentina y la prepara-
tuida. El psicoanálisis está en el público. Remito a ios lecto- ción de la tesis. (N. del R. T.)

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edificio, se ve casi necesariamente llevado a fonnarse una espe- Un físico puede utilizar· los descubrimientos de uno u on·o de
cie de sistema personal de puntos de vista, fof+osamente falso, estós gra:ndes·físicos del pasádo, pero sin volver explíciamente
en el que se codean nociones perteneciente~ a diferentes escue- a ellos, sin reflexionar una y otra vez sobre su obra y dmodo
las o épocas. Se ve llevado a relacionar nociones como la de en que surgió. Se me dirá que entonces el psicoanálisis no es
"yo autónomo", por ejemplo -que pertenece a la más reciente una ciencia, que sólo es un último avatar de la filosofía. y ya
escuela psicoanalíúca norteamericana-, y la de "trauma" se sabe que ia filosofía se convierte cada vez más en lahistoria
-que se vincula, por el contrario, a los orígenes del psicoanáli- de la filosofía. La filosofía es, en verdad, inseparable de una
sis-, o bien la de "objeto bueno", puesta en primer plano por incesante reflexión sobre sí misma y sobre Jos sistemasque ha
una escuela muy particular: la escuela inglesa de Melanie Klein. descubierto, desde Hegel en particular, y más aun en nuestra
Otra característica del psicoanálisis para el lector mediana- época. En determinado sentido, la historia de la filosofía es a
mente culto es el hecho de advertir muy pronto la existencia la vez (lo dijo Marx) la muerte de la filosofía. Pero la filosofía
de un personaje fundamental al que siempre se hace referencia. sigue gozando de muy buena salud, mientras realiza su propia
Quiero decir que en psicoanálisis recurrimos permanentemente historia. Ahora bien, el psicoanálisis no es la historia dd psico-
a Freud, a los textos freudianos, que en cietto sentido parecen análü·is; es una ciencia<: en sentido lato, o por lo menos tiende
ser una santa biblia. Pero, en resumidas cuentas, esa referencia constantemente a setlo: Apunta a decir .y formular verdades
a un texto· no tiene el carácter de algo singular. En la Edad sobre un objeto: el in'consé:iente, Pero la particularidad de esta
Media se hacía referencia a Aristóteles, y en toda una corriente ciencia consiste· en que ya cuando ·surge, cuando apam:e, se
del pensamiento socioeconómico contemporáneo, a Marx o vincula con la historia de su propio objeto. Quiero decir que
los autores marxistas. Pienso, por lo demás, ·que. sería muy in- el descubrimiento freudiano está necesariamente ligado_ con el
teresante realizar un tra.bajo comparado sobre esta referencia descubrimiento que }<reud ·hizo. de su propio inconsciente,
a un texto o una serie de textos básicos, considerados el cor- así como de ciertas dimensiones que se encuentran en el in-
pus que se cita o se discute. Tal vez se repararía en que, pese consciente de cualquier hombre, por. lo menos en un período
a su aparente similitud, los casos son muy diferentes con res- histórico determinado.
pecto· a los tres personajes en cuestión: Aristóteles, Marx y El psicoanálisis tampoco es historia; no lo es, en tOdo caso,
Freud. en el sentido más común del término, o sea, en el de prtsentar
Diré que, en todo caso, ,la refer.encia a Freud en psicoaná- un desarrollo cronológico con un antes y un después. Demane-
lisis se hace, no obstante, de manera muy cautelosa. Después ra que podríamos limitarnos a decir, sin tomar otros reaudos:
de todo, no nos aferramos ·a Freud como si fuera un argumen- antes de Freud, con fi'reud y después de Freud. Quiero decir
to de autoridad, y el hecho de recurrir a él quizá no sea lo que que la c_ronología -dimensión importante en la historiade las
realmente nos importa; para nosotros, lo importante es volver ideas- tal vez no ocupe en el psicoanálisis el mismo lugar que
a Freud. Como iniciador del psicoanálisis, Freud nos. plantea ocupa en otras partes. Y, pese a ello, me orientaré en sentido
una y otra vez un problema, porque, aun cuando no tomemos opuesto a lo que estoy afirmando. Es cierto que, para aquel
a Freud como argumento de autoridad, la mera necesidad de que participaba en la historia del descubrimiento analítico -es
volver a los orígenes plantea un problema epistemológico con decir, para Freud-, existía un probÍema de cronología, y que
respecto al estatuto de esta ciencia_, de este modo de conoci- cada uno de sus descubrimientos, o de sus pequeños descubrí·
miento qu~ quiere ser el psicoanálisis. Tomando otra vez el miemos (por_que no siempre y a cada instante fueron ~por­
ejemplo. de la física, ¿se vuelve a Galileo, a Newton, o aun a tantes), o incluso de sus seudodescubrimientos, estaba signado,
Einstein? Por cierto que no, a merios de dedicarse a la historia sobre todo en sus comienzos, por una especie de exclamación,
de la física, lo cual constituye una especialidad muy particular. por un Eureka!: "Lo encontré"; y este momento merecía
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de 1897: "Mi muy querido Wilhelm: 'Erase, pues, el12 de no-
ser fijado con una fecha. Para que se entienda mejor esta
viembre de 1897; el sol se encontraba justamente en el cua-
dimensión cronológica -:-Y también pienso que. se trata de una
drante oriental, con Mercurio y Venus en conjunción .. .'· iNo!
ilusión cronológica de Freud (debo explicarme sobre el proble- iLos anuncios de nacimientos ya no comienzan de esta mane-
ma de la ilusión, no sólo ahora sino en otras oportunidades)-, ra! Fue el 12 de noviembre, un día dominado por úna hemicrá-
señalo la conveniencia de consultar su libro más personal: Los nea izquierda, un día.en que Ma:rtin sentóse a cierta.hora de
orígenes del psicoanálisis, donde figura la correspondencia la tarde para componer un nuevo poema, un día en cuya noche
mantenida entre Freud y Fliess en los comienzos .mismos del Oli perdió su segundo diente; fue ese día cuando, después de
descubrimiento freudiano. Hay en él cartas en las que escribe los horribles dolores de parto que me atormentaron durante las
con entusiasmo a Fliess (y a veces también con el ánimo de- últimas semanas, pude dar a luz un nuevo trozo de mi conoci-
primido): "Ya te he revelado un gran secreto: la histeria es tal miento. No del todo nuevo, para decir la verdad, pues ya se
cosa, y la neurosis obsesiva; tal otra... ". O bien este otro pasa- había asomado -algunas veces y vuelto a retirarse; pero esta vez
je, más entretenido, en el que comienza en t.ono de broma: se quedó pa.ra ver la luz del día". . .
"¿crees que en esta casa se podrá leer algún. día una placa de Ya vemos cómo _Freud mismo, tras haber ':.!fijado una fe-
mármol que diga así [y en la carta figura la placa encuadra- cha", es consciente· de que todo aquello. no es nuevo sino cí-cli-
. da]*: Aquí, el 24 de julio de 1895, se le reveló al doctor co, y cómo la comparación con el inoviq:liento astral puede
Sigmund Freud el enigma de los sueños?"** tener razones profundas. En una palabra, el descubrimiento del
Creo, ~or lo demás, que la placa fue efectivamente coloca- p'sicoanálisis en determinado sentido -y .decirlo no es una
da. Leamos, pues, las cartas a Fliess (a pesar de la dificultad Óriginalidad- es en esas cartas dirigidas a Fliess el autoanálisis ,
del texto, de las expresiones -todas ellas mezcladas con un de Freud. El descubrimiento psicoanalítico no sigue un movi-
vocabulario neurológico propio de la época-): nos permitirán miento cronológico; todo puede ser puesto en tela de juicio, y,
comprender un poco qué es la historia del psicoanálisis, cómo a la inversa, lo presuntamente "ignorado" viene a ser lo "siem-
se va en ella de descubrimiento en descubrimiento, pero sobre pre sabido". Y hablo a la vez del descubrimiento científico y
todo cómo los descubrimientos no lo son tanto como creemos, del de su propio inconsciente por parte de quien comenzó a
como Freud mismo lo cree. Los descubrimientos siempre se analizar y a analizarse.
identifican apres-coup. No obstante, lo que a Freud le queda Para formular bien los caracteres de la historia psicoanalí-
es, dentro de esa especie de movimiento en espiral que lo lleva tica con respecto a otras concepciones de la historia, creo que
a descubrir cosas que en el fondo ya había pensado, la necesi- puede resultar interesante referirse brevemente a lo que Al-
dad, en cada espira de ese movimiento, de "fijar una fecha" thusser ha convenido en denominar "ruptura epistemológica".
por así decirlo. Veamos otro pasaje, en el que "fija una fecha" Al estudiar la obra de Marx, Althusser piensa descubrir en ella,
también de manera humorística, aunque esto corresponde cier- justamente, un momento en el que, a pesar de todas las apa-
tamente a algo más que al humor. Carta del 14 de noviembre riencias y de los retornos ulteriores a antiguas terminologías,
a ciertos modos con<:eptuales, los conceptos se modifican
• Siempre que no se indique lo contrario, los corchetes intercalados en citas
de Freud son comentarios de jean Laplanche. [N. del R. T.)
súbitamente y adquieren un valor científico del que carecían
• • En la transcripción de las citas que Laplanche hace de Freud seguimos la hasta entonces. Cualquiera que sea el valor de este concepto
traducción de Biblioteca Nueva, tomos 1 y 11 (1948), y tomo III (1968}; en los para la historia del marxismo -y confieso que en esta materia
casos en que la versión de Laplanche del texto de Freud presenta diferencias con·
ceptuales con la española nos atuvimos al texto de Laplanche. En la p.l65 ofre- no tengo la menor competencia-, opondré a la noción de
cemos un listado de las obras de Freud citadas en el texto. Con respecto a la traduc- "ruptura epistemológica", que ve a la historia como un progre-
ción _de los títulos de los trabajos de Freud seguimos el mismo criterio que con las so, como un adelanto científico, otroconcepto pertenecie:nte
citas. [N. del R. T.)

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a Freud y de importancia fundam~ental .erí· la- historicidad toria que nunca resulta. tan nueva como podría espaarse, pero
fr.eudiana; me refiero aL concepto de•Nacbtriiglicbkeit, apre·s~. tq.mpq~<>.Ji:l:g._I,!lOJ1Óto~a
cpmopodr(a.<;_!eerse. : _ . ..·
coup,.* sustantivo inventado por Fteüd sóbnflaibase:del advér- . He hablado de recurrir a Freud y de volver a heud; ah o- -
bio alemán ·-adjetivo, en rigor.;_ de naeptiiiglicb. Nacb'tréi- ra hablo de reconsiderar a Freud y al movimientopsicoanalí-
glicbkeit podría ser traspuesto al francés tnediante un barba" tico. Reconsiderar a Freud: pues bien, Freud millao lo hizo
rismo, algo.. así como .apres-toup-ité. El apres-coup ha pasado innumerables veces. Al leer sus te.Xtós: nos asomiD compro-
a ser l}n concepto fundamentaL bar .cuántos pasajes están dedicados a ·¡a historia ~ sp propio
¿Qué quiere decir apres-coup? Quiere decir que, tanto en pensamiento, cómo ree~cribe su propia historia. No se trata
lo referente al desarrollo del sujeto como a su análisis, no pue- sólo de los textos explícitamente históricos, como Autobio-
de utilizarse verdaderamente el concepto de causalidad pura- · grafía o Historia del movimiento psicoanalítico; lien puede
mente lineal -es decir, que nunca el antes determina en forma decirse que en. casi. todos; los textos hay un desarrollo histó-
puramente mecánica el después-, ni, a la inversa, tampoco rico; una reconsideración de Freud por él mismo, ca ese movi-
puede emplearse de manera simétrica un concepto que sería, miento en espiral que hemos mencionado. Freud KCScribe su
lisa y llanamente, el de.r~einterpretación a posteriori, incluso el historia, y a decir .v!i=rd~d ese es el efc::cto de apreKOUp, en el
de .ilusión retroactiva, o de una ilusión' retrospectiva. Ello sentido en que se dice. de· alguien: "Usted reescrik. su histo-
dio ·lugar a una discusión que ocupó intensamente a Freud ria"; es decir, con poca preocupación por lo que pmle creerse
y que lo opuso, en· especial, a Jung. El texto niás importante que es la objetividad his~órica .. Se trata de una mdadera e
al respecto se encuentra en el análisis de· ''El hombre de los incesante reinterpretación de su propia historia, y., es seguro
lobos", y es aquí donde mejor se ha des-arrollado el .~oncepto que esa reinterpretación no sea más verídica que aa historia
de Nacbtréiglicbkeit: Freud demuestra que ciertos aconteci- meramente cronológica.
mientos de la infancia pueden inscribirse de:manera relativa~ Reconsideración de sí mismo en un movirniente-de espiral,
mente difusa en alguna parte, sin •adquirir todo su sentido e y Freud cree una y otra vez descubrir cosas que ya formuló
incluso sin tener prácticamente sentido alguno para· d sujeto; mucho .tiempo atrás. En 1920,, p.or ejemplo, pie1111 que hace
quedar allí en estado de huellas info:rmes~Lí~>'araJ posteriormente un gran descubrimiento ;con la ,noción de "yo", Dlimtras que
cristalizar, adquirir sentido y esclarec~r retrospectivamente to- ya .se encuentra íntegra, en sus primeros escritos.lledescubre
do el pasado. En inglés, el término, d~ ;tan' difícil traducción, cosas como la "defensa", y hasta es dable advertir. con la in-
ha sido vertido como after~effect, es ·decir, simplemente, troducción de un concepto. tan especial, particubr. y extrailo
"efecto diferido". Pero pienso ·que hablar de efecto diferido corno el de "pulsión de muerte" -:-también fonmdado en la
es caer nuevamente en un lenguaje: bastante mecanicista: década de 1920-, que en realidad estamos más lien ante la
también podría hablarse de efecto antidpad'O. En psicoanáli- ilusión de un descubrimiento que ante un descubñmiento au-
sis, siempre existe la dialéctica de un dema~ado pronto (lo téntico. ¿y por qué es así? Porque para Freud no llay más que
he señalado hace poco: se trata de acontecimientos ocurridos un solo y gran descubrimiento, que no es el de talo cual pun-
en fecha demasiado temprana para ser comprendidos, para to sino el de su propio inconsci<jnte. ·
adquirir verdadera{Ilente su importancia) y un demasiado tar- Descubrimiento de su propio inconsciente. &o vuelve a
de, con todos los yerros¡ todos los retornos (preferimos utili- llevarnos a una gran exigencia planteada por los analistas,
zar el término .. de regresion) posibles. Por lo tanto, es una his- indispensable para llegar a ser analista: emprender un análisis
personal. Ahora bien ¿de qué se trata cuando se efectúa un
análisis personal? Esto lo planteamos para señala y además
• Por las razones expuestas por el autór en el texto hemos optado por· con·
servar el ténnino francés apres·coup. [N. dei.R. T.] eliminar las interpretaciones más simplistas.

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•.

¿se trataría sencillamente de "trabajos prácticos"? ¿o se consciente, sea cuál fuere la interpretación que se le dé desde
trata de conocer en carne propia aquello.· de que se habla?
un punto de vista científico o, como decimos nosotros, metap-,
¿se tratará tal vez, más o menos en el mismo sentido, de la sicológico, se halla fuera de las categorías del tiempo, o en
trasmisión de un arte, el arte de la interpretación, de la labor todo caso del tiempo cronológico, y sin embargo se lo debe
analítica? ¿se trata, por lo contrario, deünaespecie de inicia- adquirir en el tiempo. Pensemos nuevamente en la idea de
ción que reemplaza· a tantos ritos de iniciación conocidos en "fijat una fecha"~ Con respecto al propio inc.onsciente y al
emologí.a y sociología, e incluso en nuestra sociedad contem- inconsciente en general; se trata de "fijar una feclia".
poránea? También podríamos acentuar el hecho de que todo En cuanto a la formación analítica -modo electivo de "fi-
consiste en la relación establecida a través de· la· experiencia,
jar una fecha!'-, la enseñanza del análisis no está bien vista.
de una experiencia' revivida del Edipo, o ·de una experienCia
No haría más que sumarse al fárrago del supuesto saber consti-
revivida del complejo de castración. Desde luego, el análisis
tuido, a la confusión de lenguas (ya he mencionado al pasar las
personal -una vez vez más, no deseo explayarme al respecto-
lenguas de las sectas psicoanalíticas) o bien a la defensa. El
es un poco todo esto. Freud empleó fórmulas a veces bastante
psicoanálisis es; en efecto, el primero en haber señalado la
triviales para caracterizarlo: "Familiarizarse con su propio
función defensiva representada por todo saber y toda teoría
inconsciente"; "Adquirir algunas vivencias de lo que es el aná-
con respecto a la pulsión, al inconsciente, o incluso -para
lisis". En esa época su exigencia de análisis personal establecía
'profundizar máS.:.: al deseo.:' intelectualización que es una
una duración de algunas semanas, de algunos meses, de algunas
formalización, racionalización que es la invocación demotivos
sesiones de análisis. Y tiempo después en un texto tardío
racionales para. dar cuenta de motivaciones en realidad más
-Análisis terminable e interminable (y esta vez, realmente, en
oscuras y profundas. Se trata, en verdad, de mecanismos de
un momento en que ya se ha fundado el movimiento psicoana-
lítico, que ademas ha avanzado, y en que ya ha)l psicoanalis- defensa puestos en evidencia por d análisis. Y,. sin embargo,
Freud no se impuso la prohibición de .enseñar; claro que lo
tas)-, lo vemos insistir, en cambio, en el hecho de que el
hizo en una época en que su enseñanza producía una verdadera
psicoanálisis debe ir al fondo de los problemas personales,
conmoción y' no tenía un significado de establishment. La
sobre todo a lo que él cree que es el fondo, la piedra funda-
mental, eh1úcleo de cada individuo: e\ complejo de castracibn. enseñanza de Freud seguía caminos que correspondían a su
propia marcha hacia la verdad. He intentado indicar que la
marcha hacia la verdad no puede ser otra cosa, cuando se trata
·D<mtro det ~arco de nuestro propósito actual, que -una vez
del inconsciente, que la marcha de éste hacia su propia verdad.
más- no consiste en adquirir una formación analítica sino en
En nuestros días, Freud mismo ha sido colocado en cierto mo-
alcanzar pese a todo una verdad analítica, el problema se man-
do del lado de la defensa, o, como suele decirse -utilizando
tiene íntegro: ¿cómo se puede enseñar, cómo se puede apren-
una palabra harto confusionista- del lado de la represión. Más
der algo del análisis si no se lo aprende a través de la experien-
de un analista que ejerce su profesión, o que incluso escribe,
cia analítica? Freud cita en más de una oportunidad este verso
esto es, más de un analista serio, recomendaría -y lo hace en
de Goethe: "Aquello que has ~eredado, adquiérelo con el fin
la actualidad- callarse, dejar en manos de otros, vulgarizado-
de poseerlo". Me parece que la fórmula de Goethe no tiene
res o charlatanes -o aun más serios, pero cientificistas-, la
nada de oscurantista, que no se limita a preconizar cierta habi-
tarea, necesariamente alienada y alienante, de difundir lo
lidad. Es la idea de que todo está ya ahí (hace unos instantes
que sólo son ideas, lo que no es más que teoría.
mencionábamos el apres-coup, ·~hora tenemos el "ya ahí":
Sin embargo -y volviendo a nuestro Curso-, no es posible
consid~ro que en materia de análisis ambos son inseparables)
que nuestros estudiantes no hayan aprendido y asimilado ya
pero que, sin embargo, es preciso adquirirlo, poseerlo. El in-
estas ideas, que no tengan como trasfondo de sus lecturas, de
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sus cursos, todo el contexto cultural que acabo de indicar;· Jones f-oe uno de los discípulos más fieles de Fr.eud. Tuvo a
tampoco puede,.ser posible que en,e};fuwr.o, a lo largo de su vi- ~­ su- alcance -prácti_cam_ent~ todo lo que en aquella, época se
da profe~ional, dejen de conocer las ideas psicoanalíticas en podía ten~r ~ce~ca :de F;eud, tod~s los fragmentos de los
su medio de trabajo merced a la lectura de artículos, etc. Con papeles mas mumos, mas de~perd1gados, todas las cartas.
respecto a. -este Curso, no deseo aportar_ conocimientos sino Espulgó todo, eliminó y censuró pro-fusamente. (Es notable,
'proporcionar -puntos de referencia. Tomemos, si cabe, la ima- por lo demás, cuánto censuraron los historiadores del psico-
gen de una especie de dos conos invertidos,. opuestos por el análisis, Freud en primer lugar y muchos otros después de él.
vértice. Sea, de un lado, el inevitabkautodidactismo de lo que Freud censuró su propia historia; incluso quemó varias veces
nuestros estudiantes ya han podido acúmular en materia de sus papeles personales; de modo que no se pudiera escribir su
conocimientos sobre el análisis y, del otro, nueva.Illente el au- historia ni la de ciertas ideas que él consideraba carentes ya
todidactismo de su futuro, que deseo -sea lo más ,amplio y rico de valor. Su hija 'trabaja en el mismo sentido, que_ es el del
posible. Pues bien, entre ambos autodidactismos deseamos in- black-out, para utilizar una expresión inglesa.)
troducir puntos de referenciq., la posibilidad de adquirir una Contarnos, pues, con jones, que es por lo menos una
perspectiva, de desdogrnatizar lo que ya .se ha recibido; si es buena referencia; o en todo caso difícilmente agotable. En el
verdad que fárrago y dogmatismo van a la par. En los grupos polo· opuesto, también contamos con La, revolución psicoana-
y por mí mismo, esta enseñanza será impartida .por analistas .. · lítica, escrito por Marthe Robert. Aunque· contiene conferen-
¿Podrán éstos impartirla en su condición de tales? Esta es cias- difundidas radiofónicamente, ·se trata de un libro (se
nuestra apuesta. En lo que me compete, he plan.teaqo desde trataba asimismo de;-una apuesta) muy claro, excelente, un
un primer momento esta ambición o este ideal: tratar de ense- libro que ofrece- un ,panorama:· auténtico de la vida y la obra
ñar el análisis· como analista, ver cÓm() es. posibl_e l}acerlo. Creo de Freud; No obstante; tiene un defecto, que no encontramos
que para ello se requiere cierto número de c~mdiciones (y claro en:•Jones:''es \:ma ~xposición' demasiado lineal, que nos permi-
está que hablo, una vez más, de enseñar el análisis fuera de la te orientarnos eon demasiada facilidad; en el de Jones, en
situación analítica). cambio, pareciera que estamos perdidos. De todos modos,
creo'que en ambas obras falta (y esto no implica injuriar a sus
Pienso que toda enseñanza, para que sea enseñanza analítica autores, cada uno :de los cuales tiene verdaderamente grandes
en su modalidad misma, debe ser histórica e in~eri!retativa a la méritos) la dimensión histórica en el sentido psicoanalítico de
vez; además, debe hacer referencia q la estructura, _ la histori'a, es decir, la utilización de lo que sabemos acerca de
Histórica. Ya me he referido hasta cierto punto a lo que la repetición, el resurgimiento incesante de lo inconsciente y
pienso de la historia del psicoanálisis; no se trata de una his- la dimensión del demasiado pronto, del demasiado tarde y del
toria cronológica, lineal. Me veré llevado, desde luego¡ a seguir apres-coup.: Si queremos llevar las cosas más alla de Freud,
la misma línea, el mismo desarrollo en el tiempo. Con respecto extendiéndolas hasta la esfera del psicoanálisis y del enrique-
a las bases actuales de esta historia, contamos por lo menos cimiento dado por otros a los conocimientos psicoanalí ricos
con dos textos que podrían servirnos de puntos de referencia. y la teoría psicoanalítica (y es un enriquecimiento de no poca
Uno es de Ernest Jones: Vida y _obra de Sigmund Freud. Es monta, pues al fin de cuentas no ha sido Freud el único en
una historia inglesa, es decir, una historia decididamente anti- aportar algo al análisis: enormes descubrimientos se efectua-
histórica, un verdadero fárrago en el -que todo se reformula ron después de él o en su misma época), podemos decir que
una y otra vez, pero de tal manera que prácticamente resulta no tenemos una historia del psicoanálisis ni una historia del
dificilísimo orientarse en ella y encontrar una referencia cual- movimiento psicoanalítico sino un artículo de Freud, pero
quiera; es, en fin, una suma, una recopilación exhaustiva. sumamente viejo, ya que data de 1915. Queda aún por desbro-

18 19
zar un campo muy amplio, falta hacer una historia del psico- Freud o de cualquiera, puede constituir una ayuda, desde
análisis. Se trata, pues, de un~ enseñanza que, si quiere ser . ,luego; pero creo qu.e, ~uand.o .se trata de interpretar, el pro-
analítica, debe ser ante todo histórica; esta es la mejor manera blema es otro. A m.i juicio,se trata sencillamente de encO:ntrar
de precaverse contra el dogmatismo. una especie de terreno intermedio (en general, en la interpre-
E interpretativa. Como en el plano de la historia, también tación de la obra intelectual, y especialmente en la inter-
aquí tenemos que innovar, pues cuando hablamos de interpre- pretación del pensamiento .psicoanalítico) que no sea el del
tación, es evidente que pensamos en las contribuciones del pro- empleo de la razón -el más superficial y· defensivo, lo sabe-
pio Freud al respecto. ¿Qué aportó Freud ala interpretación en mos-:-, ni, por supuesto, el del deseo individual en su singu-
comparación con otros métodos? (Se interpreta desde siempre, laridad. Y creo que, la mejor manera .de calificar ,ese terreno
seamos magos o paranoicos. El hombre interpreta desde que intermedio es aplicarle; un término como el de·exigencia. La
existe, descle hace milenios.) Pues bien, es un método muy pre- exigencia -teórica; naturalmente; la exigencia en el nivel
ciso. Un método que es 'un análisis, por ·supuesto, pero llevado científico- ·no parece. ap-untar· al inconsciente sino a su refrac-
hasta sus últimos límites, más lejos que lo que nunca pudo llevar- ción en el plano de}. descubrimiento .. Por lo demás, Freud
se la noción de análisis como desestructuración. A quienes sdn- Utiliza el vocablo exigencia cuando habla d~ "exigencia pul-
teresen en esto, me permito recomendarles la lectura de u.n ar- _sional": Triebanspruch-. (o. "reivindic~ción", si se prefiere).
tículo que escribí al respecto·y que se titula "Interpertar [con] Pues bien,. consideremos por un instante· que esta exigencia
Freud". * Sostiene.la idea de que, para interpretar a Fr.eud, sería o reivindicación teórica .es la sombra o el embajador del
necesario (lo es) utilizar algo del propio descubrimiento de deseo. Me agradaría alentar a los estudiantes a perseguir las
Freud en cuanto a la interpretación. De o.tro modo no hacemos exigencias teóricas recurrentes que se hallan sin cesar a lo
más que caer en métodos oscurantistas de interpretación. Ahora largo de toda una historia, a lo largo de la historia de Freud
bien, cuando se trata de interpretar a Freud y al pensamiento y aun mucho después de él, o por lo menos algunas de ellas.
analítico, carecemos del méto4o, ya que no disponemos del cam- Tercer y último aspecto: la referencia a la estructura.
po en que es aplicable, es decir, el.método de la asociación La palabra estructura es un término muy rebatido. No creo ser
libre, para hablar de la sesión analítica. Y tampoco disponemos precisamente un estructuralista; no es este el problema. Sim-
del objeto, puesto que el objeto d~ la}nterpretación -la de un plemente deseo atraer la atención sobre un aspecto relativo a
sueño, por ejemplo- es, como se sabe, el deseo de ese sueño, o la estructura en psicoanálisis y, sobre todo, en la obra de
sea, lo que está oculto, io que constituye su móvil. ¿cuál es la Freud. Si tomamos esta última en cortes trasversales (es decir,
fuerza movilizadora que pone en marcha el sueño? Esto es lo haciendo una especie de corte trasversal del pensamiento freu-
que procuramos descubrir y hallar gracias al .método freudiano diano en determinada fecha, en 1905, o en 1915, o en 1920,
de interpretación. Cuando. se trata. de interpretar a Freud o la etc.), se -obtiene algo que puede parecer, en efecto, una estruc-
historia del movimiento analítico, sólo tenemos a nuestra dis- tura, algo que puede sostenerse muy bien, orle manera cohe-
posición una especie de sucedáneos del método freudiano, y a rente; esta estructura, donde los elementos remiten unos a
veces ni éstos. Y, por otra parte, no podemos apuntar al deseo otros, puede ser descrita como el "sistema" freudiano de 1920,
último de Freud. No se trata, claro está, de hacer el análisis del por ejemplo: la segunda tópica, la segunda teoría de las pul-
individuo Freud, o del individuo Melanie Klein, o de otros siones. Si se intenta luego hacer una historia de esa suce-
individuos. Referirse al método, a la vivencia individual de sión de estructuras, se llega a cosas muy extrañas. Se com-
prueba, sobre todo, que en la evolución de las estructuras
• Véase "Interpretar (con] Freud" en }. Laplariche, Interpretar (con] Freud (constituidas por conceptos científicos o que pretenden serlo,
y otros ensayos, Nueva Visión, Buenos Aires, 1978, [N. del R. T.] ya sea el concepto de pulsión, el de sexualidad, el de yo, etc.)
20 21
los conceptos no evolucionan al mismo: ritmo que aquéllas. de cierta interpretación del psicoanálisis, interpretdn que,
Quiete- decir que encontramos, -por ejemplo-; un concepto que_ a¡mi juicio, !;.S válida; de ac.uerdo con__ ella, la sexuali<Wdesem-
cumple una función diferente, por completo, o en grán me- péña de c~b.o a rabo, des~e el cOinie-nió'-hasta C::l fin de la
dida, en cada nueva molienda del pensamiento psicoanalí- teoría anahnca y, antes que nada, dela obra freud!aJR, un pa-
tico. Ya se ve cuán engañoso puede ser enfocar en forma des- pel absolutamente fundamental. . ·
prevenida la literarura: psicoanalítica, tomando un artículo En este curso se tratárá de demostrar ei·predoroilüo de la

l
de 1900 y otro de·l940, para ver luego cómo juntarlos, a ·me- · sexualidad. Se habla a menudo de desviación con n:specto a
nudo sin tener ideas precisas sobre qué ha podido relacionar Freud, pues ya se sabe que gran número de ~nalisas y varias
aquél con éste. Es engañoso no sólo .cuando se pasa de un au- 1 escuelas se han separado de la ortodoxia freudiélDI.. Ahora
tor a otro, sino dentro de Freud mismo; Puede demostrarse 1:~
bien, mirándolas con detenimiento, la mayoría de CSIS desvia-
que un concepto como el d6 sexualidad, designado con el tér- ciones, si no todas, están basadas en un abandono ckesta. pri-
mino de Eros en los últimos años de vida de Freud, desempe- macía (aunque esto no sea siempre evidente). Sería aecesario
ña en las postrimerías del pensamiento freudiano un papel
estructural prácticamente opuesto al que podía desempeñar
en los comienzos. Está claro el peligro que implica describir
los sistemas sucesivos sin tomar en cuenta· ese ret~que de los
conceptos, ese desplazamíento·de lugar; que también nos lleva
a pensar en algo perteneciente al orden de lo inconsciente, por-
'
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:!.,
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,¡1
mostrar en cada caso por qué y cómo, al dejar de l.ai> la con-
cepción y la teoría freudianas de la sexualidad {y no de la se-
-xualidad como palabra, como término general), se haaabando-
nado muchas otras cosas contenidas en esta teoría. Y esta
circunstancia me lleva a introducir tres preguntas que han
de ser los mo~ivos rectores de nuestra reflexión ulterior.
que en este orden podemos encóilttar, realmente, en su forma tt Primera pregunta: Ws cierto que el análisis casera que
más aberrante, algo que se esperaba ehéontrar en otra parte.
Dentro de esta perspectiva histórica }' problemática: del
' la sexualidad está en todas partes, que no habla IIIÍs que de
esto? Tal el problema denominado del pansexuámlo; in-
pensamiento psicoanalítico, tengo 'el' propósito de encarar sistiré en él enseguida.
el tema de la historia de la sexuaJ.idad; No espero desarrollar- Segunda preglinta: ¿Qué es la sexualidad de la que habla
la hasta el final, objetivo que séría muy ambicioso alcanzar el analista? He aquí, igualmente, un problema que lmdremos
en unas pocas lecciones; petó pienso llegar bastante lejos que abordar de manera paulatina, justamente a m~ que se
al respecto. amplíe la concepción de la sexualidad. Se. puede decir, en
efecto, que con posterioridad a Freud la noción misma de se-
Hoy trataré el tema que versa sobre la historia y la proble- xuali,dad -ha sufrido \u} a verdadera mutación, tao en su
mática de la teoría de la sexualidad, Vuelvo a hacer presen- extensión a fenómenos que· hasta ese momento ., estaban
te que procuraré seguir una linea histórica determinada, denotados corno tales, c_omo en su sentido; comidero que
pero sin prohibirme -todo lo contrario....,., retornos, regresiones este segundo aspecto de la sexualidad, es decir, el !k su senti-
y anticipaciones, y sin abstenerme, sobre todo, de subrayar do, resuelve el de su extensión. No es suficiente decr. "Lo que
las repeticiones de los mismos problemas a lo largo de una hasta ahora no reconocíais como sexual es, en efecto, sexual".
obra y una teoría. El psicoanálisis ha puesto en primer plano, Además, hay que poder demostrar las razones y los criterios
y de modo muy particular, el concepto de repetición, como que se tienen para decir, por eje111plo, que la activi4ad oral del
si éste fuera el signo de la insistencia de algo que no encon- lactante es de índole sexual. ¿Qué quiere decir estoen psicoa-
tró aún plena expresión. nálisis?
¿Por qué he elegido el tema de la sexualidad? Evidente- Tercera pregunta: ¿Qué justifica la primacía Ít la sexua-
mente, en función de una opción que no es tan sólo personal, lidad, y en qué campo ca be hablar de ese preda.inio? Esta

22 23
es, a m1 JUICIO, la pregunta fundamental, ya que plantea el hasta cierto punto sobre el prefijo "pan" (todo) del término
problema de saber cuál es el campo psicoanalítico. <¿Hay. . pansexualismo, ·porqué ese ''todo'' puede. ·querer decir dos ·
un campo propio del psicoanálisis? Es evidente que esta pre- cosas (vinculadas en estas dos afirmaciones): todo el psiquis-
gunta se vincula con la primera de la manera siguiente: el psi- me se explica únicamente por la sexualidad; por lo tanto, la
coanálisis deslinda cierto campo, incluso correctamente -el de sexualidad está en_ todas partes; y, en segundo lugar, la sexua-
la cura-, y cierto ·tipo de discurso en la cura· psicoanalíti- lidad explica todo por sí sola. Freud reaccionó a menudo
ca. Verifica en él.determinados efectos y fenómenos, como,
por ejemplo, los efectos del inconsciente y el fenómeno del
retorno de lo reprimido. ¿cómo justificar entonces la rela-
ción de la sexualidad con ese campo, o, si se prefiere, con las
otras dimensiones principales que aparecen en el campo:
lo inconsciente, lo reprimido o, incluso, el simbolismo? Con-
,
•..-.·

~
¡~
· contra estos ataques. Su respuesta permanente es la ·que sigue
(léjos de mí la intención de afirmar que las respuestas de Fr~ud
en este terreno son cabalmente satisfactorias. Pienso que tam-
bién en este punto sobran motivos para interpretar al propio
Freud, para ver más lejos, para descubrir las intenciones y las
exigencias ocultas· detrás ·de una polémica en la que suele
cretamente, ¿existe una justificación? ¿Puede darse la razón hallarse, hay que decirlo, incómodo). La cito textualmente:
profunda que justifique . afirmar que lo reprimido es lo se- "La sexualidad no· es lo únicorjamás hemos dicho tal cosa. El
xual, o que el simbolismo es fundamentalmente simbolismo conflicto, la noción ·misma de conflicto, nos impone el hecho
sexual? de que hay dos fuerzas enfrentadas. Siempre hemos sido dua-
listas, es decir, siempre hemos dicho que existe la sexualidad
Se sabe que, a menudo, se ha hablado de pansexualismo para y, además, otra cosa que se opone a ella, se trate del yo, la au-

'
caracterizar la teoría freudiana. Es un término polémico, un toconservación o, en otro momento, la pulsión de muerte".
término que entraña un ataque contra Freud (o, asimismo, ,J:i Esta respuesta, que es, por supuesto -ya que alega ser ino-

una defensa contra la sexualidad), y que se traduce y explicita \\

cente-, limitativa (cuantitativamente, la sexualidad no es un
en esta formulaéión: todo se reduce a la sexualidad. Es lo que f.
1
todo), no tiende a disminuir la repercusión de la sexualidad
se oye decir con frecuencia, no sólo en los debates teóricos sino, por el contrario, a pres<!rvarla. Y la prueba a contrario
o en la historia del movimiento psicoanalítico, sino también de ello la tenemos en las doctrinas que, precisamente, estable-
en cualquier consulta previa a un análisis: "Sí, el psicoanáli- cen que la sexualidad es todo, pero que pasan de la sexualidad
sis freudiano es muy razonable, pero me suscita algunas reti- a la libido, de la libido a la energía psíquica y, por qué no,
cencias contra él; preferiría a alguien que no fuese estrictamen- de !a energía psíquica al gran "pan"; por supuesto, esto tiene
te freudiano, porque ustedes reducen todo al sexo". Dentro literalmente la apariencia de un pansexualisrno, pero en rigor
de la orientación pansexualista, enuncio la tesis atribuida a termina por eliminar completamente el sentido específico de la
Freud: todos los fenómenos humanos de carácter psicológi- sexualidad. En este punto me refiero en especial a la escuela de
co o sociológico tienen una significación sexual, y puede Jung, que rechaza terminantemente el dualismo freudiano para
explicárselos íntegramente por las pulsiones sexuales y sus proponer, en cambio, una única energía psíquica, a la que lla-
trasformaciones; éstas apuntan, evidentemente, a determinados ma, claro está, libitlo. Recordemos el título de su primer li-
fenómenos: por. ejemplo, lo que el psicoanálisis denomina bro importante: Metamorfosis y símbolos de la libido. Pero,
"sublimación". Incluso cabe citar otra formulación: todo lo justamente a través de sus metamorfosis y símbolos, la libido
que ocurre en el psiquismo podría deducirse únicamente de termina por no ser más que otro nombre para la energía psí-
la sexualidad. quica, de manera que lo que podría denominarse, con un neo-
Sin querer ser demasiado quisquilloso en materia de etimo- Iogis::no horroroso, "panlibidinismo", remata en una completa
logía, pienso que hay, no obstante, motivos para reflexionar desexualización de la teoría. Contamos a este respecto con un

24 25
.
:~~ .:~·-

gran número _de textos, como por ejempl9 una cart::t de Freud esto quiero decir que desde el' principio hasta el fin de la obra
a Claparedé:-·Al presentar una obra de Freud, Claparede sostie- ; treudiana se plantea a la sexualidad como lo reprimido funda-
ne, precisamente -para la crítica, por lo demás-, la idea de mental, incluso como lo único que· se reprime. .
que Freud es pansexualista (se hallará la mención a esta corres- Ya he tenido oportunidad de referirme. al. libro· de Serge
pondencia, que data de 1921, en S. Freud, Obras Completas, Moscovici titulado El. psicoanálisis, su imagen y su público,
Standard Edition, tomo XI, p. 214 ). Claparede hace esta críti- qúe. es una indagación psicosociológica sobre la difusión y las
ca a Freud: "El instinto sexual es el móvil fundamental de to- distorsiones (¿con respecto a qué? Es evidente que se necesita
das las manifestaciones de la actividad psíquica". Como se ve, ser ortodoxo para cometer una distorsión) del psicoanálisis en
volvemos a dar con la noción de pansexualismo .. No obstante, el mundo contemporáneo, especialmente en. Francia. El libro
Freud responde: Os engañáis sobremanera; no soy yo, sino incluye un prólogo muy interesante de Daniel Lagache, que,
Jung quien asimila la libido a la fuerza pulsional de todas las por su parte, se opone a la idea de que el freudismo .es un pan-
facultades humanas, y él es quien, de manera concomitante, sexualismo, e incluso a la idea. de que la sexualidad -en el se-
por una parte asimila la libido a esa fuerza general, a esa fuerza gundo sentido que he señalado- esté en todas partes. He aquí
vital, pulsional, y por la otra, combate la naturaleza sexual de lo que dice Lagache en su prólogo (op. cit. p. 9)': "Al esforzar-
la libido. Así, pues, cuando decís que soy yo quien pone a la se por sacar a luz, la. distorsión del psicoanálisis en la imagen
sexualidad en todas partes, hacéis una mezcolanza: "Tomáis de que de él se hace el público, Moscovici se refiere a un modelo
mí la naturaleza sexual de la libido (a lo que Freud no está psicoanalítico centrado en la libido". Efectivamente, si se quie-
decidido a renunciar a ningún precio]* y de Jung su s~ptido re hablar de. distorsión, hay que hablar de normas; y si, ade-
generalizado". ; más, se quiere medir las desviaciones, es necesario referirse
Ya vemos que la respuesta más explícita de Freud es: ·''Os a cierta imagen verdadera. Por lo tanto, Moscovici se refiere al
equivocáis; leed lo que escribo: soy dualista". Es una respuesta
formulada con irritación, pero cuyo sentido latente, si no ocul- 1! modelo que centra el psicoanálisis en la libido, y Lagache
continúa: "Si realmente, como Jo sostengo, el conflicto de-
to, es que justamente, mediante ese dualismq, Freud entiende fensivo constituye el elemento esencial y constante. de la antro-
defender a ·la sexualidad contra esas insulseces. (tipo Jung) y pología analítica, la centración del psicoanálisis en~ la 'libido
quizá también contra toda psicología psicoanalítica que sólo ya es una distorsión propia de ciertos momentos o de ciertas
se refiera a términos desexualizados. Esto lo vemos. ahora. to- formas de la representación social del psicoanálisis". De este
dos los días en la literatura de inspiración analítica. Términos modo vemos, pues, que Lagache toma una posición muy
co~o apego, relación, protección, dependencia, etc., son, -por clara contra la idea de que la sexualidad ocupa un lugar fun-
supuesto, válidos dentro de determinado campo; pero cuando damental én el psicoanálisis. "Históricamente -continúa-,
comienzan a ser los únicos que se emplean, también significan podemos intentar señalar esos momentos. Un primer hecho es
un abandono de la teoría freudiana de la sexualidad. Pero el que la centración del psicoanálisis en la libido constituye un
segundo aspecto de la respuesta de Freud no es tan sólo el de . rasgo del período heroico del psicoanálisis; el descubrimiento
"no soy culpable de lo que me acusáis". Es el de mantener el ·.freudiano del papel de la sexualidad en la patogenia de las
otro sentido, recién mencionado, del prefijo "pan": la sexua- neurosis y en la existencia humana ha impresionado los espí-
lidad no es todo, desde Juego, pero está presente en todos los ritus y dado a la práctica y la investigación una orientación
niveles del ámbito psicoanalítico. Está en todas partes, y con sistemática y a veces hasta tendenciosa. Es un hecho corriente.
Cada vez que una idea nueva sorprende al psicoanalista, el
descubrimiento induce a éste a multiplicar sus aplicaciones.
• Toda vez que, dentro de una cita, aparece una frase entre corchetes. se trata
de un comentario de Jean Laplanche. (N . .del R. T.] Ley muy conocida por la psicología genética: en el curso del

26 27
desarrollo del niño, una capacidad recién aparecida es explota- bio un modelo general abstracto, o sea, un modelo psicoló-
da insistentemente." ~g¡có (insisto en este término) e incluso psicologizante del con-
Según el prólogo, pues, la primacía de la sexualidad queda flicto en general, sean cuales fueren los adversarios en éste,
reducida a un momento transitorio de entusiasmo y juventud, ·en todo caso, sea cual fuere el agresor, aquel contra el que
0
a un momento del período heroico. . uno se defiende. El Compendio comienza, pues, a desarrollar
Desde luego, no es cuestión de negar que esta concepción durante páginas y ·páginas un modelo de ese conflicto. Conoce-
nace en el período heroico. Ya me he permitido remitir a las mos grosso modo a los protagonistas. Por un lado, el "ello",
cartas escritas a Fliess, justamente las .cartas del período lá.s exigencias instintivas pero innominadas, las exigencias pul-
heroico de descubrimiento del psicoanálisis [Los orígenes del sionales ·(no se hace referencia a tal o cual pulsión en particu-
psicoanálisis]. En esos "orígenes" encontrarnos con suma fre- lar); por el otro, el "yo", Jt:lnto con las exigencias del "super-
cuencia la idea de que, en el caso del conflicto (tomo como yó". Por último, toda una tópica y toda· una estrategia que, en
ejemplo un pasaje de la carta 18, en la que se trata el conflicto efecto, puede ser descrita sin referirse en momento alguno al
en general), uno se defiende (das abgewehrte) siempre de la hecho de que la sexualidad está presente en el plano de las exi-
sexualidad. Aquí, Freud. efectúa de manera explícita una vin- gencias pulsionales. Pero·; tras haber expuesto ese modelo teó-
culación completamente ·intrínseca entre dos elementos que rico, Freud se rectifica para decir que, de manera casi univer-
Lagache pretende disociar, o con respecto a los cuales piensa, sal, la sexualidad siempre está ligada con lo reprimido. Freud
en todo caso, que habrán de disociarse posteriormente: por insiste en algo que ya dijo en diversas oportunidades, incluso
una parte, la teoría del conflicto; por la otra, la omnipresencia en un texto como el Compendio, en el que habla de la pulsión
de la sexualidad en la esfera de lo reprimido. de muerte. Esto plantea el problema referente a saber qué es la
Esta es, si se quiere, una comprobación; pero de la compro- . pulsión de muerte. ¿Acaso es algo próximo a la sexualidad, o
bación nace una exigencia explicativa. Cito otro pasaje, en el algo no reprimido?
que también habremos de insistir; se trata del Proyecto de una Así, pues, pese a haber expuesto en el Compendio del psi-
psicología para neurólogos, donde, en los primeros párrafos coanálisis que no hay una sola pulsión, sino por lo menos dos
de un capítulo sobre psicopatología -que desarrolla, precisa- clases -las pulsiones sexuales o Eros, y las pulsiones de muer-
mente, una teoría muy elaborada del conflicto en su relación te-, vuelve a formular la vieja idea del período heroico: la se-
con la sexualidad-, encontramos esta frase de Freud: "Debe xualidad está siempre del lado de lo reprimido; siempre se la
de existir algún otro atributo de las representaciones sexuales encuentra allí. Y existe -dice- una laguna entre la teoría y
para explicar por qué sólo ellas están expuestas a la represión". la experiencia (vemos que, una vez más, toma a la "teoría",
Tenemos, pues, el hecho: "Sólo las representaciones sexuales en su sentido más abstracto de mecánica psicologizante). Aho-
están expuestas a la represión"; es de nuestra incumbencia ra bien, Freud intentó más de una vez establecer un puente
buscarle ~na explicación intrínseca en los caracteres mismos de entre esa teoría psicologizante y la experiencia. Y en el mismo
la representación sexual. Se trata, por supuesto, del período Compendio encontramos indicaciones teóricas intrínsecas.
heroico. Pero vayamos ahora al otro extremo de la obra de Freud retoma la respüesta a la pregunta que se formulara ya
Freud; se trata de un escrito que tampoco se publicó en vida en 1895, más de cuarenta años atrás; debe de existir en la re-
del autor (aunque por otras razones; es decir, sencillamente presentación sexual un rasgo específico que la convierte en lo
porque a la muerte de éste se hallaba inconcluso): Compendio reprimido privilegiado. Y da indicaciones, por supuesto frag-
del psicoanálisis. En un primer momento, esta obra parece dar mentarias y parciales (no hace una teoría), que se relacionan
la razón a quien afirma que en adelante el psicoanálisis se ha esencialmente con la gran diferencia entre la sexualidad hu-
liberado de tal o cual contenido, para proporcionar, en cam- mana y la sexualidad animal. Señala también_ -y creo que esto

28 29
rada esencialmente sobre la base del autoanálisis de los sueños
es interesantísimo, aunque se trate de ideas en estado de. ges~ :d~l: propio freuq; _Tenemos, pues, una fecha, yá menciouada
tación- un Jactar tefupofal, es "deCir' el carácter ternporal. a.propósito de la placa que Freud deseaba ver fijada en el lugar··
de la sexualidad humana como diferente de la sexualidad ani· an que había llevado a cabo su primer análisis de sueños, el
mal; por ejemplo, el hecho de que la sexualidad humana no sueño de la inyección aplicada a lrma en 189 5, y luego, a par-
esté ligada a épocas de celo, como lo está la del animal. Por tir de1897, el autoanálisis sistemático de Freud.
consiguiente, Freud busca la esencia de lo que designa como Al comienzo, el descubrimiento de la sexualidad va a la
sexual y, a la vez, la raíz del conflicto defensivo, eh esa carac- par del perfeccionamiento del método psicoanalítico en el
terística diferencial y, para decirlo de una.vez, en una especie análisis de los histéricos. E insisto una vez más en·la dificultad
de perversión de la .sexualidad humana con respecto a un mo- de realizar un señalamiento meramente cronológico. Además
delo del instinto sexual animal. ¿oe qué modo se relacionan la de las dificultades fundamentales, que traté superficialmente a
esencia de la sexualidad y el conflicto defensiyo? Es~o es lo propósito de la noción. de historia en psicoanálisis, tenemos en
que procuraremos investigar, si no delimitar por completo. el citado período. dos tipos de documentos: por una panc.los
documentos publicados -artículos y libros-, y, por la oua, la
Mientras tanto, vuelvq ahora, tras esta especie de preámbulo famos_a ·correspondencia y los manusc;ritos, que sólo se puYica~
a la primacía sexual, a la. experiencia de Freud, puesto que an- ron posteriormente. Entre ambos tipos se intercala el desajuste
tes que nada, y a pesar de todo, la primaCÍa· de la sexualidad que puede haber entre el momento de'-Ia redacción y la salida
es en el psicoanálisis la primacía de un hecho, de un descubri- de la .,imprenta, pero en este caso el desajuste .se acentúa aun
miento, y no la primacía de una ,teoría . Este descubrimiento más por el. siguiente hech_<?: Estudios sobre la histeria se publi-
abarca por lo menos el perí.odo 1890-1900, y culmina en ca en 1895; es.obra conjunta de Breuer y Freud, pero en el
1905, con la publicación de Tres f!psayos sobre una. teoría momento de concretarse la publicación, y desde algunos años
sexual Esquel_Iláticamente, se puede decir que se produce ~n atl-ás, Freud y Breuer estaban distanciados (en las canas a
tres dominios, en tr~s campos de experiencia. En primerlugar, Fliess encontramos la referencia a este re~pecto). El conflicto
en el campo de la histeria; _de manera más general, está .cla.;ro, entre ambos-reside precisamente -y de manera apenas encu-
en el campo de las neurosis en conjunto. _Pero,: en resumü:las bierta-. en el problema de la. sexualidad y su primacía. Por
cuentas, la histeria ocupa en ese momento un ·lugar indiscu- consiguiente, Estudios sobre la histeria representa; en mis de
tiblemente privilegiado. en d. campo de la,s ,neurosis. Ofre?-CO; un aspecto, una especie de compromiso personal entre dOs au-
simplemente 'por razones de comodidaq, ~Jgunos puntos-dere~ tores, que han .trabajado en común durante cierto tiempo, que
ferencia. De 1887 a 1889, Fr.eud realiza los primeros trata~ han decidido publicar un libro y que, en el momento de pu-
miemos por hipnosis; a partir de. 1889; retoma el método blicarlo, ya no están realmente de acuerdo; esto quiere decir
catártico de Breuer; en 1895 redacta Estudios sobre la histeria,. que Freud se halla a la sazón mucho más lejos, en lo que atañe
a los .que nos referiremos más. de una vez; en 1900 publica a la se:Xualidad adulta, de lo que aparentemente está en Estu-
"Análisis fragmentario de una histeria" (caso Dora). Por lo dios sobre la histeria, en 1895, y que incluso su descubrimien-
tanto, el primer campo de experiencia donde se revela la pri~ to, que tiende mucho más a retrotraerse a la sexualidad infan-
macía de la sexualidad es la histeria. El segundo campo es el til, ya existe en áq.uel momento. Ahora bien, en Estudios so-
de las neurosis actuales, es el de la teoría de estas neurosis pa- bre la histeria apenas se alude a esto, o no se lo trata en abso-
ralela a) trabajo sobre la histeria, ya que el gran período de luto.
esta teoría es el de 1892-1895. Por último, el tercer campo: Hace unos instantes me refería al segundo campo, el de
el autoanálisis de Freud y la teoría de los sueños, difícilmen- las neurosis actuales. Si leemos las cartas dirigidas a Fliess
te disociables entre sí, pues la teoría de los sueños fue elabo-
31
30
durante ese período, digamos, 1893-1894-1895 -justo antes una serie de investigaciones. No son psicoanálisis, sino -para-
de ia publicación de Estudios sobre la histeria-, a-dvertim~s .idamenxe a.: su .tra.b:~.jo analítico- entrevistas muy breves. con
que Freud no habla, o poco menos, de la histeria, y que insis- las que intenta formarse un legajo de casos de neurastenia y
te en cambio en seguir adelante por el camino de las neuro-. neurosis de angustia. No se trata sólo de que tenga prisa en for-
sis actuales. Parecería que traslada su interés por el descubri- mar un legajo; también piensa que, en los casos en que la etio-
miento de la sexualidad a un cainpo menos obstaculizado, me- logía tiene su raíz- en el presente, no hay razones para admi-
nos hipotecado, donde se sentiría más cómodo que en el de nistrar una terapia analítica, para ir muy lejos, pero sí, a me-
la histeria, sobre la cual, justamente, está a punto de publicar nudo, para buscar sencillamente un comportamiento sexual
un libro con··Breuer. actual que debe ser corregido o, en todo caso, elucidado.
Freud define las neurosis actuales como neurosis que, De la teoría de las neurosis actuales nace toda 'una serie
opuestamente a ·las de trasferencia, tienen su etiología y su de conceptos que serán reformuhidos tiempo >después en la
mecanismo en acontecimientos actuales, en una supresión teoría general; por ejemplo, el concepto de libido; o lo que se
actual, podría decirse, de la sexualidad (empleo el término denomina primera teoría. de la angustia, o incluso conceptos
de supresión y no el de represión),. porque no sólo implica la como elde acción específica; a esta última se la define como
actualidad del acontecimiento e incluso de lo social, sino tam- una acción, como una especie de montaje instintivo destinado
bién la actualidad del .cuerpo. Las neurosis actuales se tradu- a proporcionar la descarga satisfactoria, esencialmente en el
cen esencialmente en síntomas corporales. Quiero decir que, campo sexual.
en la actualidad, tendemos mucho menos a aislar e identifi- No examinaré los pormenores de la teoría de las neurosis
car el campo de las neurosis actuales, y mucho más a desman- actuales; el esquema más general estriba en la idea de que en
telarlo, .en parte en beneficio de las neurosis a secas, y en parte, 1\ls neurosis actuales hay una excitación sexual insatisfecha, o
y cada vez más, en provecho de lo que se denomina psico- imperfectamente satisfecha, que desemboca en una. retención
somático. de la libido o en una estasis libidinal (tomamos el término de
Las dós neurosis actuales descritas por Freud son: 1) la estasis de la medicina, como se habla de estasis de tal q cual
neurosis de angustia, caracterizada esencialmente por una an- humor). Esa libido, esa excitación sexual no satisfecha, parece
gustia no psicologizada, podríamos decir, en estado bruto, no trasformarse directamente -insisto: directamente- en angus-
ligada a objetos, o en todo caso sólo secundariamente ligada tia, o bien encontrar de manera directa, no diré su expresión
a objetos que suscitan miedo; 2) lo que ya Beard, antes de siquiera, sino su consecuencia en malestares somáticos como
Freud, había identificado con el nombre de neurastenia, los de la neurastenia.
con todo un cortejo de perturbaciones somáticas de tipo de- Esto cala más hondo que la aseveración de que se trata
presivo, como cefaleas, raquialgias, etcétera. simplemente de una sexualidad no satisfecha. Q~iero decir que
Ahora bien, en el campo de las neurosis actuales Freud hay aquí dos planos delimitados por Freud. De otro modo c;e
innovaba, quizá, menos de lo que se cree -pienso que habría diría que, al fin y al cabo, aun en la teoría freudiana de la ;~,p­
que hacer una indagación al respecto- cuando ponía en pri- gustia histérica, por ejemplo, la energía básica, que sirve :de
mer plano la etiología sex\,lal, admitida tal vez en círculos dis- motor y que alimenta los síntomas, es también la libido no
tintos del suyo. En todo caso, era más conVincente por el he- satisfecha. Pienso que la teoría analítica no ha cambiado un
cho de estar más ligada con el presente, de modo que podía ápice con respecto a este punto teórico. En cambio, lo dife-
disponerse de cierto número de fenómenos de supresión sexual rente en la teoría de las neurosis actuales es el hecho de co~si­
o de sexualidad desviada, eventualmente capaces de explicar derar que la angustia no sólo es una libido insatisfecha sino
en última instancia los síntomas. Freud realiza en esa época además una excitación sexual que no está psicologizada siquie-

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32
ra. Y el término fundamental, tanto para comprender esta "~·iJ~~bfrezco a título de cuadro, para fijar las ideas, la gran oposi-
teoría en particular como la teoría psicaarialítica en conjunto, 7i'(i;tión establecidayor Fre_u._de~ esta época y quehabría de sub-
es el concepto de elaboración psíquica, o sea, el hecho de que . sistir en el conjunto del campo de las neurosis, es decir, la opa-
una excitación se incor.pora al circuito representativo y se hga -- sicíón entre neurosis actuales y psiconeurosis: la, subdivisión
con representaciones, es decir, entra en el dominio especí- de estas últimas en neurosis· de· trasferencia y neurosis narcisis-
fico del análisis, de las fantasías, o bien, para emplear un tér- tas es posterior, ya que en la época a que nos referimos no está
mino muy similar puesto en vigencia por Lacan, de la simbo- presente la noción de narcisismo; corresponde, en términos
lización. Elaboración psíquica no es otra cosa que simboli- ·muy generales, a la distinción neurosis-psicosis, o, en todo ca-
zación. Por lo tanto, en la neurosis actual se produciría, se- so, a una pan:e de las neurosis igualmente descritas y denomi-
gún Freud, un cortocircuito en el nivel psíquíco; no habría, nadas neurosis narcisistas. Pero lo importante es la oposición
pues, vinculación entre la sexualidad y las repre~entaciones; entre las neurosis actuales y las psiconeurosis. Está claro que
sino directamente una sexualidad que, :inhibida en el plano lo que llamarnos neurosis -la histeria,· por ejemplo:- es una
mismo de su descarga somática, hallaría directamente una psiconeurosis, o sea, una neurosis en la que el conflicto se pro-
expresión igualmente somática. _Qui~~o decir que la angustia duce en el plano psíquico.
es una expresión evidentemente somática. Hasta tal punto, Para resumirla. oposición en el plano etiológicp en primer
que es dable encontrar expresiones de esta clase que pueden lugar, digamos que en un caso es la oposición de acontecimien-
parecer paradójicas y poco comprensibles si no se. tiene en tos actuales que ejercen efecto por su actualidad misma, y en
cuentá que lo que falta en las neurosis actuales es la libido. el otro, por el contrario, la repercusión de acontecimientos pa-
Lo que acabo de decir parece indicar que hay, por el contra- sados, o sea simbolizados, reactivados por la acción de deter-
rio, un excedente, úna estasis, que existe un monto muy gran- minado elemento actual, relativárnente contingente. En ambos
de de libido insatisfecha; que se descarga en angustia o en los casos hay, por supuesto, un elemento actual, pero vernos que
síntomas ·más diversos. Pero Freud·dice, a propósito de las neu- su función es muy diferente en uno y otro. Podría decirse que,
rosis actuales, que hay una ausencia de libido. Entiéndase
en el primer caso, el elemento actual actúa por su impacto
que, a este·respecto, Freud denomina libido justamente a la
mecánico, mientras que en el segundo sólo lo hace reactivando
excitacion sexual elaborada psíquicamente.. Por lo tanto, es
un conflicto o un elemento del pasado. ·
un excedente de excitación somática -no digamos libido,
para no embarullar más las ideas- que no consigue abrirse Desde el punto de vista patogénico, del mecanismo más
paso en el nivel psíquico y convertirse en libido psíquica. general, en un caso tenernos el hecho de que una fuente de
El sujeto que padece una neurosis actual vendría a ser, pues, excitación somática no puede expresarse simbólicamente, y en
alguien que no está siquiera, por así decirlo, en el nivel del el otro, en cambio, el conflicto ocurre por completo en el nivel
neurótico, alguien que no ha efectuado el gasto psíquico re- psíquico, es decir, en el nivel de elementos ya elaborados o
querido para tener un conflicto psíquico. Esto puede parecer simbolizados. Por último, en el nivel de la formación de los
un poco extraño, pero a pesar de todo me siento obligado a síntomas, ésta es puramente somática en un caso; habría, pues,
decir que, aun hoy, la teoría psicosomática de la que hablaba trasformación directa de la excitación en angustia o en otro
hace unos instantes ha recurrido a veces a la idea de que jus- síntoma, cuya significación el psicoanálisis no puede elucidar
tamente lo psicosomático es tal vez un dominio donde se pro- de manera radical porque es incompetente para interpretar
duce una especie de cortocircuito de la elaboración psíquica. los síntomas de la neurosis actual; parece que éstos no son
Esto se expresa en algunas oportunidades con la idea de que en interpretables. En cambio, en el caso de las psiconeurosis, la
los trastornos psicosomáticos hay una falta, una ausencia de formación de los síntomas debe de llevarse a cabo en el nivel
actividad de la fantasía. psíquico, esto es, siempre con una mediación simbólica, en

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cuyo caso el síntoma es expresión y lenguaje y, por consiguien- Uno de los modos de comprender a Reich consiste, justamen-
te, interpretable. . te, en comprenderlo a través de la teoría de este particular
Claro está, se trata de una oposición muy esquemática. El sector del campo neurótico descrito por Freud, pero que nun-
propio Freud no le dio jamás el carácter de una oposición radi- ca adquirió para éste una verdadera independencia·. Para Reich,
cal que permitiese decir: "Fulano tiene una neurosis actual, y en cambio, lo~ elementos actuales no son sólo elementos que
Mengano, psiconeurosis pura". Es una oposición entre dos cla- puede~ ser desencadenantes, sino además determinantes de la
ses de neurosis, pero ambas guardan siempre cierta correlación, neurosis.
cierta intrincación mutua. Puede decirse que Freud alimenta la
idea de que existe en un individuo una intrincaciá'n constan- Tras el anterior paréntesis sobre las neurosis actuales, he de
sesuir con la introducción de algo que gira en torno del descu-
te entre factores actuales y factores de índole psiconeurótica, bnmiento de la sexualidad en las psiconeurosis, haciendo al-
intrincación que puede revestir diferentes modalidades; la pri- gunas referencias temporales (una vez más, sin embargo, ten-
mera de éstas es que el síntoma actual constituye el punto de go sumo interés en que se las tome únicamente c;omo medios
partida, el núcleo de la psiconeurosis. A la inversa,. otra modali- poco menos que mnemotécnicos). A grandes rasgos, podemos
dad consiste en que un cuadro sintomático con síntomas ac- establecer tres períodos:
tuales -es decir, en el que aparecen esencialment~·o bien an- 1) El período de descubrimiento de la sexualidad en las
gustia, o bien una especie de fatiga, o bien síntomas difusos de psiconeurosis se extiende hasta 1895; se da particular rele-
carácter neurásténico- se origina, al fin y al cabo, en conflic- vancia a la sexualidad adulta, y, junto con el descubrimien-
tos de índole infantiL O, por último, la modalidad de que una to de la. sexualidad y _el de su papel fundamental en las psi- '
neurosis de trasferencia, esto es, una psiconeurosis, pueda en coneurosis se descubren, claro está, el método psicoanalíti-
determinadas circunstancias, acaso al cabo de cierto tiempo y co, el inconsciente, la defensa y la represión. Pero este perío-
con una especie de enquistamiento, desembocar en síntomas do se caracteriza por el hecho de que hay poca o ninguna teo-
no específicos. rización explícita entre estos dos aspectos: por una parte, el
Sea cual fuere, pues, la intrincacióri, lo importante consiste descubrimiento de la sexualidad en los contenidos aportados,
en que lo actual siempre se situará, con respecto a las neurosis digamos, en los psicoanálisis; por la otra, el descubrimiento
llamadas de trasferencia o las psiconeurosis, como algo ajeno del inconsciente y del conflicto.
a la esfera analítica, en el sentido de que compete al campo de
lo reprimido, es decir, está fuera del campo del simbolismo. 2) En un segundo período, al que podríamos situar apro-
Creo que también aquí hay una correlación acerca de la cual xímad'amente desde fines de 1895 hasta el otoño de 1897,
habrá que insistir: se trata de la necesidad de que haya habido prosigue el descubrimiento de la sexualidad; proseguirá mu-
simbolización para que un elemento sea reprimido (en el sen- cho IT!ás allá, aun, y entre 1900 y 1905 nada habrá llegado
tido estricto del término), es decir, para que se convierta en un aún a su consumación en el pensamiento freudiano. Pero,
elemento inconsciente. Por eso empleé hace unos momentos, a no obstante, se ha dado un nuevo paso: remontarse cada vez
propósito de las neurosis actuales, el término de supresión y no más en los recuerdos, y, al mismo tiempo, descubrir el papel
el de represión. desempeñad o por la sexualidad infantil. Paralelamente se. des-
Y para pasar ahora a algo mucho más actual o, en todo ca- cubre algo importantísimo: la relación entre ambos aspectos,
so, mucho más reciente, voy a referirme a Reich, quien, en su o sea, entre el contenido, por así decirlo, y el mecanismo,
cada vez más acentuada divergencia con Freud y con el movi- una teorización del hecho de que existe una razón para que
miento psicoanalítico, llegó a hacer hincapié, de manera esen- la sexualidad aparezca siempre y constituya lo reprimido. A
cial y antes que nada, en el mecanismo de las neurosis actuales. esta teorización se la llama teoría de la seducción.

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,~ ..

• 1

.· 3) Por último, con posterioridad a 1897, el período de 11


abandono-aparente (y creo que también a este respecto habrá LA SEXUALIDAD EN LOS
mucho que decir) de la teort'a de la seducción.· ORIGENES DEL PSICOANALISIS

Ya he indicado que distingo tres momentos en el período de


los "orígenes" del psicoanálisis: el primero, hasta fines de
1895; el segundo, entre fines de1895 y el otoño de 1897,yel
último, a partir del otoño de 1897.
Como deseo abarc~r al máximo la evolución del peusa-
miento freudiano sobre la sexualidad, sólo puedo hacer dos
sondeos acerca del primer, período; uno· de ellos, muy rápido,
es más bien una referencia a la experiencia de Breuer am
Anna 0., y el otro, algo más extenso, sobre el caso lsabd de
R. Recomiendo leer y releer este último (ambos figuran en
Estudios sobre la histeria). Breuer y Freud colabor"aron en la
redacción de este libro, que se publicó en 1895, fecha que me-
rece algunos comentarios nada ajenos a nuestro propósito.
Los Estudios se componen, por una parte, de un resUJDtn
de observaciones y, por la otra, de un capítulo teórico confia-
do a Breuer y de un capítulo sobre la psicoterapia de la histe-
ria, . confiado a Fre'Qd. (En rigor, es igualmente un capíQtlo
teórico; Freud no podía dejarle a Breuer, ni aun con el título
de "Consideraciones teóricas", toda la responsabilidad de for-
mular la teoría de su descubrimiento.) El primer caso fuerra-
tado por Breuer; los otros casos pertenecen a Freud. El de
Breuer es un caso muy antiguo; lo trató de 1880 a 1882, osea,
trece o quince años antes de la publicación. Prácticamen~ es
el único caso de Breuer que quedó en los anales, y hay buenas
razones para pensar que es verdaderamente el único caso que
realmente retuvo su atención. Por lo tanto, Freud oyó hablar
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con sumo interés del caso Anna o. en 18'82, mucho antes de
que éí mismo aplicara el método denominado "catártico",. pide, lisa !'.llanamente, que las ~o~as sean. reeditada~ como lo
método propio de Breuer y que se empleó en el caso Anna O. · fúeron ongmalm'ente. Declara que, ·a-paror de la pnrnera edi-
En el ínterin, Freud llega a París para ingresar en el servicio ción, no ha seguido en absoluto el movimiento fr<:!udiano, que
de Charcot, al que intenta hablar acerca de esa cura; pero Char- ha dejado de adherir al pensamiento de Freud y que incluso se
cot no se interesa. En resumen, Freud abandona el asunto du- ha dejado arrastrar más lejos de lo que su convicción lo autori-
rante siete años, puesto que sólo comienza a aplicar el método zaba. Deja entender esto rnuch9 an~es de 1908~ Hay un episo-
catártico en 1889; sus casos, publicados en los Estudios, se dio bastante divertido cuyo relato se encuentra én una carta in-
escalonan entre 1889 y 1893. Al revés de Breuer, tiene en esa cluida en Los orígenes del psicoanálisis (la número 3 5, del 8 de
época numerosas pacientes histéricas, y resulta evidente que noviembre de 1895). Cito el pasaje correspondiente. Freud es-
gracias a esa experiencia evoluciona el método freudiano y se cribe a su amigo Fliess: ''No· hace mucho, en el Colegio de Mé-
descubre el psicoanálisis como método. Freud abandona fun- dicos, Breuer pronunció un gran discurso sobre mí, presentán-
damentalmente los medios hipnóticos, e incluso otros medios, dose como un convertido a la creencia en la etiología sexÚal
como el de la sugestión, a los que había recurrido en algún mo- [vemos, pues, que el problema sexual está en el centro del de-
mento. En el caso !sabel de R. emplea aún, aunque con una bate Breuer-Freud]. Cuando se lo agradecí privadamente, me
frecuencia y una sistematización cada vez menos marcadas, el i:nalogró el placer diciendo: 'iPero si de todos modos yo no
método hipnótico, o el método de la sugestión (consistente en creo en nada de eso!'. ¿puedes comprenderlo? Yo no".
formular preguntas a la paciente, o ep. decirle, por ejemplo: Qué ambigua es, pues, la mencionada fecha de 1895. Para
"En este momento, usted ha de estar pensando en algo impor- Freud es un movimiento progresista; para Breuer, no sólo un '
tante", etc.). Bajo su influencia deja hablar a sus pacientes alto, sino además un retroceso. Y para Freud, tal cual lo indica
-justamente, a Isabel-; a menudo ellas le reprochan que él no en su prólogo de 1908, todo se encuentra ya en germen en los
haga lo mismo. Estudios (creo que este es. •. por lo demás, el interés que reviste
Freud se halla, pues, en plena evolución desde el punto de una atenta lecnira de -esta obra). "El lector atento -dice
vista metodológico cuando logra que Breuer se decida a publi- Freud- hallará en germen .en este libro todo cuanto posterior-
car con él los Estudios. Para Freud, esa publicación no es más mente se ha añadido a la teoría catártica: el p~pel del factor
que un momento dentro de su evolución. Es una recapitula- psicosexual, el del infantilismo, la significación de los sueños y
ción de experiencias escalonadas en el tiempo, y el año en que el simbolismo de lo inconsciente." Hay en ello un verdadero
aparece el libro -1895-, Freud ya las dejó atrás. Esto se sitúa resumen de los puntos que van a ser dogmáticos, doctrinarios,
para él en una curva, y en 189 S prácticamente ya no hac.e y con respecto a los cuales Freud nunca transigirá: d papel de
bu~nas migas con Breuer, para quien, contrariamente a Freud, la sexualidad y el de lo inf-antil -es ~ecir, naturalmente, el
los Estudios no constituyen una especie de instantánea dentro problema de los recuerdos y de la sexualidad infantiles-, la
de una evolución sino, a decir verdad, un alto en el camino. significación de los sueños, el simbolismo de lo inconsciente:
Aconsejo, al respecto, leer los dos prólogos que contiene la está todo. Para Breuer hay en ese momento un bloqueo abso-
segunda edición. En 1.908 se agota la edición de Estudios; luto; que se traduce en el hecho de no adherir a lo que él.
Freud ha adquirido notoriedad y solicita a Breuer autorización mismo dice en público.
para hacer una nueva edición del libro. Breuer accede, y ahora Ahora bien, en este curso intentamos demostrar que exis-
contamos con dos prólogos breves: uno de Breuer y el otro de te una intrincación esencial entre diferentes elementos -en mi
Freud. Breuer deja sentado que para él se trata de un alto y opinión, tres:-; es menester demostrar que ninguno de ellos
que desde entonces no ha vuelto a preocuparse por el tema; puede prescindir ae los otros: la sexualidad, el inconsciente y'
por último, el n:étodo y el campo propios del psicoanálisis.
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.¿Hace falta a.grega~_ un_ último elemento, o primero, a pro-
pósito de Anna 0.? SÍ:- el de la trapsferencia. Breuer trope- ccl\ un término más mgenioso y personal, "lblwllinar la
chimenea~·. . .. -.t
zará -ya ha tropezado- con el elemento de la transferencia,
pese a haber tenido un punto de partida deslumbrante. Considero que en el·caso de Anna O.hay úÚioterés y U"n
aspecto muy positivos. Merece ser leído al nliino tiempo
que los casos tratados por · Freud, en la medicli en que las
El caso Anna O. curas de Freud son mucho más sistemáticas y producen la
impresión de alguien que busca algo y se orientam el sentido
No tengo la intención de resumirlo. Hay que leerlo Íntegro; de· su búsqueda. Bre~er, por el contrario, peniinece en el
es un caso decididamente apasionante, corno todos los casos nivel de las fantasías de su paciente, sin tratar almente de
descritos en Estudios sobre la histeria; Se trata de una histé- teorizar ni de reducir a experiencias reales la~ Í31115Ías que se
rica como muchas de las que entonces se veían, y que pre- le revelan; lo imaginado no sale de su propio Dilrl. En este
sentaba, por ci_ert(), algunos elementos a los que actualmente sentido puede decirs~ que Breuer se anticipa a freud y a los
denominaríamos phlapsicóticos; en especial, las alucinacio- analistas, mientras q\le ·por aquel entonces Frellll se refiere,
nes. Pero también tenía síntomas de índole completamente ·.... mucho más que .Breuer, a una realidad extel'DI y asedia al
histérica, como parálisis con contractura, trastornos visuales trauma real~ Breuer permanece .en el nivel dé lit que liama-
mal sistematizados o no sistematizados desde el punto de vista mos -y espero que tendremos ocasión de definidt- "realidad
neurológico, y tos n"erviosa. Por otra parte, algo evidentemente psíquica", confiando eri' la dinámiCa o en la diílctica de es-
común en aquella -y en esta- época: un aspecto de doble per- ta realidad. Pero, como 'contraparte, Breuer se iilntiene ciego ,
sonalidad ·que se manifestaba en determinados momentos · con respecto _a un punto esericial: se niega a ver .. fenómenos
del día y, en particular, en ciertas horas, en que caía en una manifiestos de la transferencia y, desde luego,· 1 controlar en
especie de e~tado hipnótico espontáneo o autohipnosis. Por él mismo, o simplemente a señ'alar, su propia -contra trans-
lo tanto, habia recuerdos diversqs, una personalidad dife- ferencia. Y su rechazo de la teoría sexual no es en el fondo
rente en los fl.omemrs en que no estaba en esa especie de otra cosa que el rechazo de la transferencia. fa d caso de
estado segundó, y momentos de estado segundo en que resur- Anna O. podemos leer esta breve frasé ~e Braaer: "El ele-
gían verda¡jerament.e . contenidos completamente distintos y mento sexual se hallaba sorprendentemente p~ acentuado
una personalidad del· todo diferente., _Y esa autohipnosis,. o en la observación". Era una verdadera mentira, -.a escotomi-
ese estado¡. hipnoide -;:fa que es c~\o;.\'"fu mismo, y se trata de zacibn, puesto que el problema sexual ha b'rot36J en la cura,
un término de Breuert, es lo que éste va a utilizar a fondo especialmente al finaliz'ar ésta,· de 'manera diía:ta y extre-
en el caso de Anna O. ., madamente cruda. Nada mejor puedo hacer al respecto que
Podemos atribuir a' Anna 0., corno a todas las enfermas atenerme a lo que dice Ernest Jones en su biqgmfía de Freud
de los Estudios, una parte del descubrimiento del psicoa- (Vida y obra de Sigmund Freud, t. 1, pp. 235-36}: "Freud me
nálisis, con el mismo derecho que asiste a Breuer y al propio ha participado circunst:ancias especiales que rodearon el fin
Freud. Anna O. inventa4)o que ella llama talking cure (cura del nuevo tratamiento, un relato más circunstaciado que el
hablada), que consiste en agotar -a medida que aparece, día que ha insertado en ·sus trabajos [porque Freudmismo se re-
. tras día- la vivencia patógena o patológica. Ese agotamiento, fiere a esa fuga de Breuer ante los fenómenos tansferenciales
esa evacuación, podríamos .decir, de recuerdos y de vivencia de su enferma; creo que lo hace, sobre todo, en ..Cincó confe-
patógena, esa liberación, esa descarga, en fin, es lo que Breuer rencias"; Parece que Breuer tuvo para con su iateresante en-
llama "catarsis" y lo que Anna O. designa muy sencillamente,· ferma 'lo que hoy calificaríamos de contratralllferencia mar-
cada: En todo caso, se hall~a tan absorbido qa su esposa se
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·cansó de no oírlo hablar más que de ese único tema, y, sin conducir): "Más o menos diez años .después, en una
confesarlo, muy pronto experimentG unos celos que la entris- ; ;>epoca en la .. que Breuer y Freud estudiaban juntos cierto~ .
tecieron y desvelaron. Breuer, preocupado como estaba, tardó casos [o sea, probablemente en momentos en que comen-
tiempo en advertirlo y. en comprender los motivos de ese zaban a redactar juntos los Estudios], Breuer llamó a· Freud
estado de ánimo, que no obstante prov~c6 en él una violenta para cons-ultarlo sobre un caso de histeria. Antes de mos-
reacción, imputable, sin duda, a una mezcla de amor.,y remor- ti"arle la enferma, describió los síntomas que ésta presenta-
dimientos. Decidió poner término al tratamiento y comu- bá, y Freud declaró que los ~Íntomas revelaban de manera tí-
nicó su decisión a Anna 0., cuyo estado había mejorado no.:. pica una fantasía de embarazo. Breuet no pudo soportar
tablemente. Se despidió, pues, de ella; pero esa misma tarde la repetición de un hecho semejante. Sin pronunciar una
1olvieron a. ijam~lo, y la encontró muy agitada, más enfer-
1
sola palabra, tomó su bastón· y su sombrero y se dio prisa en
ma, al parecer, que nunca. Breuer habfa sostenido desde un abandonar la casa".
primer momento que su paciente era . asexuada. En, ningún Vemos, pues, que, el descubrimiento de la sexualidad
punto de su tratamiento había hecho elia la menor alusión a en el análisis o en la cura ·catártica es un descubrimiento an-
un tema tan prohibido. [Breuer decide,. pues, interrumpir el
.terior a Freud, puesto que Breuer descubrió la sexualidad en
tratamiento en razón de las repercusiones que tenía toda esa
su primera cura, para ignorarla y reprimirla de inmedüito.
historia en sus propios sentimientos y, a la vez, en los de su es-
posa.] Pero esta vez la encontró presa de los dolores de un Es un punto que compete a la historia, un punto interesante;
parto histérico, fin lógico de un embarazo imaginario que pero también deseo, sin embargo, que se reflexione e~ este he-
había pasado inadvertido y que se había producido en respues- cho: si hay defensa, quizá no exista sólo por parte de Breuer.
ta a los cuidados prodigados por ~reuer. [Por lo tanto, en el Pensemos en el hecho de que .aquel que se lanzó a fondo en
plano de las fantasías, Anna O. se· vio encinta de Breuer, y el plano de las fantasías, esto es, Breuer, sin cuidarse de mante-
fi!)giÓ estarlo.] Aunque profundamente alterado, éste la cal- ner hitos ni puntos de anclaje en la realidad, como tienden a
mó hipnotizándola; luego, bañado en sudores fríos, huyó hacerlo los analistas en nuestros días (en realidad, no puedo
de aquella casa. Al día siguiente, su esposa y él partieron a pensar en Breuer sin pensar; mutatis mutandis, en lo que hace
Venecia. para pasar· allí una segunda luna de miel, cuyo resul- una Melanie Klein, que vive permanentemente en el nivel de
tado fue la concepción de una niña... [ ... ] La confirma- la actividad de la fantasía; para ella, toda la cura analítica es
ción de este relato se encuentra· en una carta dirigida por Freud sólo dialéctica interna de las fantasías, sin referencia alguna
a Martha (su novia). En ella se cuenta la misma historia en tér- de éstas a una realidad que permita limitar su alcance, hacer
minos poco menos que idénticos [y Martha reacciona de la de ellas algo puramente imaginario y, eventualmente, rectifi-
misma manera que la esposa de Breuer]. Martha se identi- carlas), aquel, pues, que se lanzó a fondo en el nivel de las fan-
ficó inmediatamente con la esposa de Breuer y deseó que tasías, se topó con la sexualidad y la transferencia. Y Freud,
nunca le ocurriese nada semejante. En su respuesta, Freud que por su parte acepta el descubrimiento de la sexualidad y
le reprocha la vanidad de que da muestras al suponer que poco a poco, pero de manera abierta, admite el fenómeno de
su marido jamás podría llegar a enamorar a otras mujeres: la transferencia -poco y nada nos dice de sus propias contra- ·
'Para eso se necesita ser un Breuer' :•. transferencias, es cierto, pero al fin de cuentas permite vis-
Pero veamos un poco la continuación de aquel aconteci- lumbrarlas, o en todo caso no huye ante ellas-, Freud, digo,
miento, evidentemente. cómica (aunque de una comicidad va a aferrarse, mucho más que Breuer y por muchísimo tiem-
trágica, al fin de cuentas, o que .en todo caso lleva a pensar po, a una problemática centrada en la realidad (tendremos
en qué es una cura psicoanalític~ y la manera en que se la ocasión de volver a tratar este problema).

44 45
El, caso. J~l>el de. R. identificaciones de Isabel. "Aunque ella había ganado mu-
en esas relaciones desde el punto de vista intelectual, el
Cuando se lo lea, si no ha sido leído. ya, se verá que es un :padre comprendía que la manera de ser de su hija no era la que
texto que sigue un desarrollo cronológico aparentemente bas- nós agrada encontrar en una muchacha. A menudo ·l'epetía
tante embrollado. Esto se debe a varias razones: una de ellas que le costaría sobremanera hallar marido, y en rigor támbién
es que Freud insiste varias ve_ces en la misma cronología y ella se sentía muy descontenta de su femineidad, forjaba to-
su exposición sigue simultáneamente el desarrollo del caso y da una cantidad de ambiciosos planes, quería cursar estu-
el de la cura. En. varias oportunidades recurre, durante la cu- dios y graduarse en- música y se rebelaba contra la idea de
ra.; a. las mismas secuencias temporales ocurridas en la vida tener que sacrificar en un matrimonio cualquiera sus incli-
de la paciente, y una y otra vez las profundiza. El mismo in- naciones y su libertad de juicio."
troduce una imagen que le resulta muy conocida y de la que Y esa idea de que el matrimonio implica- un sacrificio
espera mucho, como la del arqueólogo que descubre paula- -metafórico, digamos (se trata, por supuesto, .de sacrificar
tinamente estratos, capas sucesivas 4e civilización. Leamos, -.sus inclinaciones y su libertad)-, aparece una y qtra vez en la
P.ues, el caso Isabel teniendo 'é1 cuenta ese carácter tan vivo observación: ¿ya Isabel a decidirse o no al sacrificio?
de .la exposición, que va siguiendo todas las alternativas del Freud se hallaba en esa época, según lo he recordado, real-
trabajo analítico. mente en una actitud de investigador. Indagaba recuerdos,
Por mi parte querría, para comenzar, resumir el caso de momentos traumáticos en los que se hubiese instalado, con-
acuerdo. con el orden cronológico, .completamente artificial, firmado y ampliado la sintomatología de la histeria, o incluso
l9 cual" ·quizá permita seguirlo mejor· y extraviarnos luego la "conversión", término que por ahora no comento y que sig-
-también en mejores condiciones..,- en cierto dédalo freudiano. nifica, lisa y llanamente, el paso de ciertas fantasías a ciertos
Se trata de una joven de 24 años, afectada:, piensa Freud en un síntomas somáticos. Retomo cr~nológicamente los mencio-
nados mome~tos traumáticos, tal como Freud consigue redes-
primer momento, de astasia-abasia, es decír, de incapacidad ·
cubrirlos. Se clasifican en tres períodos: un período de enfer-
para mantenerse de pie y caminar. ·Así se la presentan, pero
en rigor se da cuenta de que los síntomas no son en absoluto medad del padre, que dura un año y medio, es decir, de los 18
tan marcados. Isabel tiene simplemente una fatiga dolorosa años cumplidos a los 20 de Isabel. Luego un intervalo libre de
dos años, de los 20 a los 22 de ésta, y por último el momento
a la altura de la parte anterior del muslo, por lo cual le resul-
de la histeria confirmada, que va d~ los 22 a los 24 años. Al
ta difícil, cuando no imposible, caminar. Hace ya unos dos
cabo de dos años de sintomatología confirmada, la enferma
años . que apareció el síntoma cuando; Freud emprende su
consulta a Freud.
tratamiento. Veamos qué nos dice acerca de su familia: "Era
la menor de tres hijas, tiernamente apegada a. sus padres; ha-
bía pasado su juventud en un campo de Hungría. El estado
,l. Período de la enfermedad del padre
de salud de su madre dejaba mucho que desear a causa de
una afección ocular acompañada de alteraciones nerviosas.
Isabel se agota desempeñando el papel de enfermera: "Dormía
'De allí, pues, que Isabel. sintiese· un apego muy profundo por
en la habitación de su padre, se levantaba de noche a su
su padre, hombré jovial, buen disfrutador de la vida, que tenía
llamado, se ocupaba permanentemente de él y se esforzaba por
la costumbre de decir que para él Isabel hacía ·las veces de
aparecer alegre, mientras el padre soportaba su estado sin
un hijo y un amigo con el que. podía intercambiar ideas".
abrigar esperanzas, con una amable resignación".
Sólo comento brevemente estos puntos, que para noso-
El papel de enfermera no es en absoluto único en los
tros tienen muchas- resonancias en cuanto a la situación de

46 47
·'
Estudios sobre la histeria; por el contrario, es uno de los pun- Vemos, pues, que es suficiente un pasaje como el anterior
tos que reaparecen a menudo. Breuer y Freud establecieron para confirmar lo que decút,Freud en su prólogo de 1908, o
poco menos que una teoría sobre el papel patógeno de esa sea, que son muchas las cosas qu~ se encuentran ya en germen
situación; es un aspecto que se trasluce, por así decirlo, en ~ti textos como los citados. Por lo pronto tenemos dos; una
una frase: la enfermera se veía sencillamente obligada a di- no entra directamente en nuestro propósito, pero de todos mo-
simular sus verdaderos sentimientos, su tristeza, y a esforzarse dos la señalo; es el problema del duelo. ?l hecho es que el pa-
en aparecer alegre ante alguien que estaba gravemente enfer- ciente se encuentra, una vez ocurrida li muerte del enfermo,
mo. Ahora bien, de una manera más general, Breuer y Freud en un conflicto de duelo: por una p3:rte aspira a liberarse, y
-éste después que aquél- atribuyeron a ese papel de enfer- P.sa muerte es una liberación, y por la otra subsiste su apego
mera una función casi hipnótica o hipnógena. Veamos qué por el obje~o.amado,. es decir, por la person~ que ha fallecido.
dice Freud al respecto en Estudios sobre la histeria: "Hay Freud habra de r~fenrse con suma frecuencia al problema del
buenas razones para que la condición de enfermera desempeñe duelo; lo hará, sobre todo, en un texto de 1915 .incluido en
un papel mqy importante en la génesis de las histerias. Mucho~ Metapsii::ologia: "Duelo y melancólía''. El otro punto, que ha-
son los factores activos que evidentemente entran en juego: brá de reapatecer ala vez en contextos de carácter clínico y en
perturbación del estado físico por sueño interrumpido, descui- diversas teorizaciones, es lo señalado más arriba conla palabra
do del arreglo personal, repercusión en las funciones vegetati- retención; yo lo calificaría, también, como una especie de
vas de una inquietud permanentemente desgarradora; pero en "apartamiento". Hay en la formación del síntoma -hemos de
. mi opinión es conveniente buscar por otro lado el punto más verlo luego, en la teorización respectiva que proporciona
importante. Quien se halla absorbido e incesantemente preo- Freud- una parte importante que en un primer tiempo de la
cupado por los mil cuidados que exige la atención de un pa- formación no se atribuye a una verdadera represión, sino a .una
ciente -cuidados que se prolongan sin interrupción, intermi- especie de segregación en un rinconcito del campo de la con-
nablemente, durante semanas y meses- se acostumbra poco ciencia, si es lícito emplear esta metáfora; es decir, algo que
a poco a sofocar en él todos los indicios de emoción, y por se deja a un lado y que, en un segundo tiempo pero en otras
otra parte desvía su atención de sus propias impresiones, por- condiciones -una vez que se lo reactive-, será reprimido. Pero
que carece de tiempo y fuerza para tenerlas en cuenta. De este por ahora no se trata de represión; se 'trata, simplemente, de
modo, toda enfermera [Freud quiere decir, claro está, toda lo que no puede expresarse, teniendo en cuenta la situación
enfermera apegada a la persona que cuida, y en este caso se y su estado psicológico. Por ejemplo, Isabel no puede, a la
trata de un pariente] almacena una cantidad de impresiones cabecera de su padre, expresar sin más ni más su inquietud
con carga afectiva, muy poco advertidas y a las que no s·e ha frei1te al mal del enfermo, como tampoco puede expresar
podido atenuar por abreacción [no se las ha podido vivir y su tristeza ni, por el contrario, su alegría, si le acontece un he-
descargar]. Debido a ello se encuentran acumulados .los ma- chÓ agradable, si la atrae algo que no sea su padre. Y de ese
teriales de una histeria de retención. Si el enfermo 'se sana, período de la enfermedad del padre, de ese papel de enferme-
todas esas impresiones pierden, naturalmente, su valor; per.o ra, data un primer episodio de dolores en la pierna derecha, o,
si llega a morir, entonces se instaura el período de duelo, en con mayor exactitud, en la cara anterior del muslo. Es un
el curso del cual nada parece importante fuera de lo que dolor que ha durado tan sólo un día y medio; por lo demás,
incumbe al difunto. También entonces llega la hora de los sen- Freud se siente inclinado a atribuirlo, n6 a· un sÍntoma de
timientos de liberación, y tras un corto intervalo de agota- origen verdaderamente psíquico, sino a una afección orgá-
miento aparece la histeria, cuya semilla se sembró durante nica fugaz, de tipo reumático, a la ·que designa de este modo:
el período en que hubo que prodigar cuidados". "Una ligera afección reumática [ ... ] enfermedad orgánica,

48 49
prototipo de su posterior reproducción histérica". La repro-
ducción, el síntoma $omático histérico, tendría, pues, su embri~guez experimentada" con el joven cuaado éste
punto de partida, de cris.t~lización, en- una afección somá- ·-y "la miserable condición en que se cllcuentra
padre", in~,ompa,ti~ilidad que "engen~ra. }a r~pRSÍón de
tica. Gran número de recuerdos penosos datan de esa época.
Freud los hace resurgir, en _especial un recuerdo del tipo ··representacwn eronca fuera de la asoc1acwn'·'. Paa Freud
''dejados de lado" o "retenidos". Es la escena siguiente: cor- ._,,_~;;~'es el primer momento en que realmente hul;>o re¡nsión y
teja a Isabel un muchacho, o por lo menos tiene ésta estre- . • 2},';j~<e6nversión a la yez. Eq~ivale a decir que la represmtadón

chas y amistosas relaciones con un joven al que estima. Ha :-:.·~:·st halla reprimida, y el afecto, por su parte, "se ha conver-
considerado la posibilidad de casars_e con él -ha considerado, ,:~·-:~[~t~:tido y sirve para aumentar o reanimar un dolor físico pre-
tal vez, hacer por él el "sacrificio"-, y un día acept31 "dejar . <~~,:;. sénte en aquel momento (o poco antes)". Quiero insistir
la habitación del enfermo para asistir a una reunión en la · '\.:r. una v_ez más en el problema de la conversión. Pero adviértase
que espera.hallarlo. Tenía prisa en volver, pero la obligaron ··,en el texto que cito (no hay que leerlo simplificáil&lolo, co-
a quedarse, y sólo cedió cuando él le hizo la promesa de ', ·, mo lo hago en esta oportunidad, sino que hay que dejarse
acompañarla. Nunca se había sentido tan atraída por él como · · llevar por sus ambigüedades y contradicciones) qat Freud
durante el camino de regreso, pero cuando, eh· pleno arroba- nunca· está seguro, a lo largo_ de toda la cura, de poder fijar
miento, regresó a la casa, ya tarde, se encontró con que el ' · ia fecha del comienzo de los síntomas .. No está sqnr~ del
estado de su padre se había agravado, y se dirigió los más todo de que la mencionada esceria haya sido seguidainmedía-
amargos reproches". Como era una mujer decidida y sabía timente por dolores histéricos. 'ILa oscuridad provime -nos
cortar por lo sano, no volvió a ver a aquel amigo, o sólo dice- del hecho de que el análisis hace remontar una conver-
lo hizo muy ·rara vez, pensando que .el fracaso de ese primer sión de excitación psíquica en dolores físicos _a lDia época
á.mor era lo que la hacía sufrir; en efecto, cada vez que pien- en la que éstos no se habían observado ni habían ckjado re-
sa en él, sufre. cuerdos. , ." Hay, por lo tanto, una especie de consttUccíón,
En ·.esa escena, que se puede lla!Jlar escena de "supre- .tanto- por parte del analistá como de la paciente, c¡Ue hace
sión" (no se trata de una represión, de algo que se haya vuelto remontar el síntoma a un momento en el que realmente ··no
inconsciente, sino en realidad de una supresión por parte del hay ningún recuerdo· de éste y en· el que quizá -lo ·que es
sujeto de algg que en su opinión no. está de acuerdo con el más grave aun- no· se lo ha advertido. Quiero déá que en
resto de su actitud,. de algo que no le resulta conveniente), ve aquel momento el dolor pudo _no haber sido petóbido si-
Freud la causa de los primeros dolores histéricos, y entonces la quiera.
estigmatiza como si se tratara de una incompatibilidad, térmi-
no en el que insiste frecuentemente en esa época. El conflicto
psíquico es un conflicto de incompatibilidad. Por lo demás, ·2. Después de la muerte del padre .
hay en los textos freudianos una especie de interesantei juego
de palabras entre incompatible e insoportable, hasta el extre- Después de la muerte del padre se abre un período de dos
años que es el del duelo, pero también de cierta iberación,
mo de que en ciertos textos nos preguntamos, habida cuenta
de las erratas, cuál de las dos quiso escribir Freud: unertra- en el que. por un momento parece posible un cambio en su
glich, que quiere decir insoportable, o unvertraglich, que existencia. Isabel concibe, dice ella m~sma, "un ardiente de-
significa incompatible. Y, efectivamente, lo incompatible se seo de ver que una nueva felicidad reemplace la felicidad per-
vuelve insoportable. · dida de los suyos". Querría. desempeñar ante su madre un pa-
pel tal· que pudiera devolverle a toda la familia la felicidad.
Nos habla, pues, de incompatibilidad entre aquella ''ju-
Ahora bien, este período está signado por fracas<&, por nu-
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merosos acontecimientos que pueden .desempeñar un papel ; " ...un deseo la invadió -dice Freud-: el de poseer un
traumatizante. En primer lugar, la madre: sus trastornos ocu" , que .se pareciera a aqué~''.._ De,spué~~ }.lD paseo·solitari(),
lares, acerca de los cuales carecemos, por lo demás, de· datos ya todo el mundo se habta tdo. Isabel regresa a los mis-
precisos en cuanto a su naturaleza y su diagnóstico, se agra- lugares y se sienta a -admirar el paisaje en el mismo lugar
van. Las otras dos hermanas se casan: la mayor contrae un ma- que había trascurrido el feliz primer paseo, y entonces la
trimonio que la aleja moral y físicamente de su familia: su tan realmente dolores sumamente agudos. Asimismo, al
marido no quiere mantener relaciones íntimas con la fami- de su paseo -creo que en oportu~idad de darse un
- , los síntomas se agudizan hasta el paroxismo. Así, pud,·
lia de Isabel. Ten~mos, pues, un matrimonio bastante detes- 0
table de la hermana. ¡payor y otro de~asiado bueno de la dos acontecimientos durante la permanencia en el bal-
. U'-"'•w• hasta que Isabel y su madre son llamadas a ·la cabecera
segunda hermana; pues bien, este ro::¡.trimonio es el que revis-
te principal importancia. Matrimonio dichoso co11 "un hombre .:de la hermana encinta; se teme lo peor. Durante el viaje en
hecho para complacer a mujeres dueñas de sentimientos de- tiJ•t.~c}SF·Jir~n, Isabel p~ensa. de continuo qué puede h~berl~ ocurrido a
licados" y que· ''reconcilia a Isabel con la institución del ma- ~- ;;,.:,.l],¡~:·$~ hermana, sm deJar de atreverse a esperar e unagmarlo peor.
-trimonio y el pensamiento del sacrificio que éste implica". l ~';'~,~'<Bíega por fin a la casa-, pero para", encontrarse a la cabecera de
Para Freud, el análisis: sólo habrá llegado a su términ0 cuando )¡;¡~,<.úna .muerta.. Y en ese momento S\lrge en ella una idea (como
haya traído a la conciencia y hecho expresar de manca emoti- ...¡,;,:f ~n ·ocasión del paseo): "A mo.do de un relámpago fugaz; un
va -'-mediante la abreacción- lo que él c:onsidera la etiología · pensamiento había atravesadolastinieblas: 'Ahora él ha vuelto
de la enfermedad: el amor reprimido de Isabel por su cuñado. a ser libre y yo puedo convertirme en su mujer' ". Este recuer-
do, este momento, consolida apres-coup el todo. Y, en la his-
toria del tratamiento, es también la reaparición del mismo re-
3. Tercer y último período cuerdo lo que adquiere todo el valor curativo, .terapéutico. El
último acontecimiento de la historia da a ésta, apres-coup, su
Tres acontecimientos lo jalonan, tres acontecimientos que fijan sentido. Tomemos la imagen de una serie de piezas, como las
definitivamente los síntomas de conversión. Isabel y su madre, de esos rompecabezas chinos en los que hay una última pieza
así como la hermana del medio y el cuñado, se trasladan a un que sirve de elemento clave y sustenta ·el conjunto. Exactamen-
balneario, en el que Isabel, "agotada por los desvelos que la te esto -la última pieza, el último recuerdo- configura la base
habían agobiado durante los últimos meses, habría debido res- de la neurosis en conjunto. Y hay, por supuesto, todo un tra-
tablecerse [ ... ] y en el que, por primera vez desde la muerte bajó (podemos hallarlo en este texto: una iluminación que du-
del padre, sufrimientos y temores habían dejadó de abrumar a ra lo que un relámpago; iy la enferma se levanta curada!)
la familia". No es la primera ni la última vez que Freud obser- cuando la paciente redescubr~ y confiesa ese recuerdo, pero és-
vará que los síntomas neuróticos surgen, o pueden surgir, en te es la pieza clave de toda la sintomatología. Por eso Freud le
un período aparentemente feliz. El neurótico, o el individuo concede tanta importancia, aun cuando cronológicamente el
predispuesto a serlo, no tolera en absoluto una situación que, último episodio esté lejos de haber inaugurado los síntomas y
por el contrario, debería proporcionarle posibilidades de ser la enfermedad. Así, concluye Freud, "la joven había sentido
feliz. · por su cuñado una tierna inclinación, pero toda su persona
Ahora bien, dos acontecimientos .se producen durante la moral, sublevada, se había negado a tomar conciencia de ese
permanencia en el balneario .. En primer lugar, un paseo con el sentimiento. Por fin, cuando la certidumbre terminó por
cuñado, sin la presencia .de la hermana (ésta, encinta, se sentía imponérsele (durante el paseo que dio con él, así como en su
mal, y dijo a su marido y su hermana que saliesen a pasear jun- ensoñación matinal, en el balneario y ante el lecho de su

52 53
;:¡:(ntíhcacwnes.mascuunas y femeninas en Isabel. Repito que
_,__ hermana), hubo de crearse dolorés mediante una conversión
. - ···-·- .. -- ·--r - . . .. ··tengo .la intención de volver a escribir o comel}~r este caso
exitosa de lo ps1quico en somátioo". · habría podido- hacerlo ·el propio Freud; per~ sí deseo
Deseo que el caso sea leído y .releído, pues lo- comentaré tar, de manera sencilla y rápida, algunos puntos que se
nuevamente; lo haré refiriéndome a cuatro puntos que indican, más o menos directamente con la sexualidad. Ya
precisamente, mi plan al respecto:
enumerado.
1) elnivel clínico, el de la sintomatología; _,. ~;· ~-- ~ 1) En la clínica de esta yacie~te, ~n la sintomatología, el
2) el nivel de 'la motivación o de la significación del sínto- primer plano lo ocupa la ex1stenc1a de una zona dolorosa a la
ma; . 'altura de la cara anterior del muslo derecho. Esta idea de zona
3) el nivel del mecanismo de lo que Freud denomina "me- .;emite a Freud a una teoría que no es tan antigua, ya que per-
tapsicología" del síntoma, es decir, la conversión; tene_ce a Cbarcot; Freud la adopta p,ara ampliarla. Se trata de
4) el niv~l que, al fin y al cabo, me parece más interesante, la idea de zona bisterógena. · ._
más problemático: o sea, el de la dialéctica temporal, o de lo · · Históricamente, Charcot se caracteriza en el campo de la
que 'puede captarse de una dialéctica temporal propia de la se: histeria como a_lguien que deseó conferir a- ésta la dignidad de
xualidad. Esta dialéctica va a·· introducirnos, a su vez, en la úna enfermedad auténtica. El problema no consiste en diluci-
fase siguiente de mi exposición, esto· es, en un comentario de dar si quiso darle una signifi-cación psíquica u orgánica. Para él,
un pasaje de Los orígenes del psicoanálisis. el problema consiste en aplicarse al estudio de la histeria y
'demQstrar que ésta posee una sintomatología susceptible de
Breuer y Freud dicen, en el prólogo de su primera edición, que ser descrita y discernida como cua~quier otra afección neuro-
los casos incluidos en 'Estudios sobre la pisteria se ~ligieron en-
lógica; ganarse, pues, un sitial (y se lo ganó) en la sintomatolo-
tre aquellos en los- que la sexualidad estaba· menos a la vista, y
ello por razones de discreción. Sin embargo, el caso Isabel de gía de las afecciones neurológicas en sentido lato (o neuropsí-
R~ no desentona demasiado con nuestro problema, a pesar de quicas) mediante la delimitación de la histeria. Con este desig-
esa elección y ;esa censura. Si quisiéramos comentarlo con un nio, Charcot se vio llevado, sobre todo, a definir la "~ona his-
enfoque más. moderno, es evidente que encontraríamos fácil- terógena". Para él, se trata .de una parte del cuerpo (mejor
mente, con Freud y más allá de éste, lo reprimido como deseo dicho, de la superficie cutánea, de la piel) cuya excitación por
eróti~o: el deseo por el cuñado, y el deseo por el joven que un medio cualquiera (pinchazo, pellizco) provoca un comien-
corteja a Isabel durante la enfermedad de su padre; por último, zo, incluso una crisis de histeria. Así, se discierne un primer
trascendiendo el amor por este joven, el.atnor por el padre, un carácter: la zona es histerógena porque su excitación provoca
padre enfermo, postrado, ·disminuido ..En este contexto, ni una crisis histérica. El segundo carácter del síntoma -,y aquí
una palabra explícita sobre el Edipo. El descubrimiento del es donde Charcot sigue su indi~ación hacia una sintomatología
Edipo es posterior, pero está presente, y por cierto que con objetiva de la histeria, lo que al fin y al cabo no es tan critica-
toda claridad, en -su doble aspecto, y Freud mismo lo subraya ble cuando se piensa en la hipersubjetivación de la histeria que
alt~rnadamente: por un lado, apego por el padre, e identifica- siguió a Charcot y que culminó en la idea de que la histeria es ·
ción con el padre, sobre todo después de su muerte, cuando una pura y simple enfermedad por sugestión, por autosuges-
Isabel quiere desempeñar ante la madre y dentro de toda la tión- es: estas zonas histerógenas están bien delimitadas, y
familia el papel de jefe de familia capaz de proporcionarle a es posible establecer una especie de mapa corporal al respecto,
ésta la felicidad que el padre no pudo darle. Volvemos a encon- prácticamente invariable de un sujeto a otro. En las obras
trar igualmente el Edipo como conflicto y alternancia de las
., de
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54
Charcot hay, por lo demás, láminas donde se.aprecia la topo- 1te, que la noción de zona erógena va a desempeñar un p.a·
grafía, de las zonas histerógenas. . ··· ·:determinante en la concepción freudiana de 1~ sexualidad.
Freud define la zona dolorosa de Isabel -la cara anterior Freud habrá zonas erógenas típicas -zona genital,_ oral,
del m1,1slo- estableciendo que está en relación con las zonas pero también el cu.erpo entero; el revestimiento cutáneo
histerógenas de Charcot; no obstante, modifica sus dos carac- los órganos internos pueden considerarse zona.s er6ge-
teres. Ante todo, el carácter topográfico, ya que evidentemen- Aunque no se trate todavía de sexualidad infantil. diga-
te se trata de una zona no incluida en la topografía de las zo- que uno de los rasgos principales de ésta ya se ha descu·
nas histerógenas de Charcot; por consiguiente, se trata de una , por lo tanto, en el caso de Isabel de R. Resulta rnuy
topografía esencialmente individual, variable de un sujeto a recurrir a un texto posterior, esto es, el de los 'Tres
otro y determinada por la historia del sujeto. Es, pues, como sobre una teoría sexual, en el que hallamos, a prop6·
Freud mismo lo dice, una "zona histerógena atípica" por su la zona oral y de su excitación en el lactante; la 'evo-
localización. Otro punto:. ~a zona histerógena es a la vez (aun de los mismos criterios, que permiten afirmar que esta
cuando esta palabra no se pronuncie aún) "erógena", lo cual oral es una zona erógena. Recordemos lo que dice Freud
quiere decir que lo· que se desencadena debido a la excitación -·- de la excitación ord en el lactante: "Viendo aun niño
de determinada zona cutánea no es tan sólo, ni esencialmente, ha saciado su apetito y que se retira delpecho de la madre
una crisis histérica, sino algo semejante a una excitación eró- ,,,;¡.,"'~"'l-'" las mejillas sonrosadas y una bienaventurada sonrisa, para
tica. Veamos cómo lo describe Freud en su preocupación por · "'aer en seguida en un profundo sueño, hemos de reconocer en
establecer una sintomatología universal de la histeria y por he cuadro el modelo y la expresión de la satisfacci6n s~xual
diferenciar esta zona y estos dolores de los que pueden hallar- · e el sujeto conocerá después". Se trata, como vemos, de una
se en otras afecciones, o sea, en su afán por establecer desde , •N'·. ''" scripción completamente análoga a la que sirve para descri-
un primer momento un diagnóstico diferencial: "Cuando en el ~if.,,_,,,,_t''pir la excitación de la zona anterior del muslo de Isabel.
caso de un enfermo afectado de alteraciones orgánicas, o en el 2) Deseo abordar ahora la motivación, la significaci6n del
de un neurasténico, excitamos una zona· dolorosa, la fisonomía síntoma, e~ decir, lo que la interpretación saca a luz. Esto nos
del sujeto deja traslucir claramente una impresión de malestar remite a la cura, a la exploración por Freud e Isabel de tonas
o de dolor físico; además, el enfermo se contrae, quiere rehuir
dejadas en la sombra -más o menos reprimidas- del psiquis~
el examen y se resiste. Por el contrario, en el caso de Isabel de
R., al pincharle la piel o los músculos hiperalgésicos, o al ejer- mo. Durante el primer período de sus entrevistas con Isabel,
cer presión sobre ellos, los rasgos de la paciente tomaban una Freud obtiene un relato biográfico de las desdichas de su pa-
singular expresión de satisfacción antes que de dolor. Lanzaba ciente, incluyendo la escena con el joven que la acompaña du-
unos grititos ("como volupruosos cosquilleos", me decía yo), rante la enfermedad de su padre. Luego, e.n el segundo período
se ruborizaba, echaba la cabeza y el busto hacia atrás, cerraba -porque Freud procede de manera bastante sistemática~, va
los ojos; todo ello sin excesiva ponderación, pero no obstante a partir del síntoma mismo y -cosa interesante- nos 'dice que
muy claramente. Era preciso atribuir todas esas manifestacio- el propio síntoma habla en la cura, que las piernas se largan a
nes a la histeria y pensar que la excitación había afectado una "hablar": "Además, también las doloridas piernas comenzaron
zona histerógena ". Existen, por consiguiente, manifestaciones a 'hablar' durante nuestras sesiones de análisis [lo de que el
voluptuosas, que para Freud representan el signo del conteni- f slntoma "habla" es pn término que Freud empleará con moti-
¡
do sexual que se encuentra en la historia de la paciente y que vo de otros pacientes, sobre todo los estudiados en los Histo-
ha desembocado en la creación delsíntoma. Al respecto pode- f riales clínicos]. Expliquémonos este extraño estado de cosás.
mos evocar la historia de las zonas eróg~nas para decir, justa- En general, en el momento de dar comienzo a nuestro trabajo,
f
56 57

l
·~
la.·enferma nC?,_ sufría; p~rocuando con mis preguntas, o al po- la que ~odas las mañanas dejaba el padre descansar su
nerle una· ffi!inO sobre SU frente, despertaba yo algún recuerdo, , muy inflamada, mieritás ella· le cambiaba los vendajes.
se producía una sensación de dolor; generalmente era, incluso, ue la .escena se había repetido más.de cien veces, nunca
tan intensa, que la enferma se contraía y se tomaba la zona do- entonces había reparado la .paciente. en la mencionada
Lorosa. Ese sufrimiento, así despertado, persistía mientras la 1'AiaL,ón; de este modo por· fin me .proporcionaba la. explica-
paciente seguía siendo presa del recuerdo, y alcanzaba su pun- . ___ de la génesis de lazona histerógena atípica". · ·
to culminante en el momento en que la enferma iba a revelar · 'é b:;c Por lo tanto, el punto del muslo sobre el que Isabel hacía

hechos esenciales y decisivos, para desaparecer con las últimas "·~;;~;¡l'({~scansar la pierna de su padre para practicarle la cura es el
palabras de su relato. Poco a poco aprendí a valerme del des- de partida topográfiCo del síntoma, y Freud piensa
pertar de su dolor como de una brújula". sé si actualmente seríamos tan categóricos) que· puede
Hay en esto un verdadero trabajo de descomposición a '''"''·\>~_omponer éste por adición,· como si a cada zot:ta de exten-
partir delsíntoma, es decir, un auténtico trabajo analítico. ~¿,}~,.~iAn del síntoma correspondiese una extensión en el campo del
El método analítico consiste precisamente en seguir, a partir ; 2.. 1 , •. ,., ....... ~erdo, como si se pudiera decir: "Tal superficie se vincula a

de un punto inicial (en este caso, el síntoma), diferentes cade- . . recuerdo, y tal otra superficie adicional a tal otro recuer~ .
nas asociativas. Cada elemento del análisis es úna cadena de ~·\g~-,·do';, y así. por el estilo. Pero veamos qué (iice Freud al res-
·asociaciones; es, si se quiere, un análisis en sentido cartesiano: ··.~·.pecto: "Hallé, en efecto, que durante la hipnosis se presentaba
descomponer en elementos el hecho observado. Pero lo que va · d dolor en la pierna derecha .cuando se trataba de recuerdos de
mucho más lejos, en un sentido mucho más radical que el aná- :>·I:vasistencia prestada al padre en su enfermedad, de sus relacio-
lisis cartesiano, es que los elementos no son partes extra partes, .· ··hes con el joven o de Ct!alquiera otra circunstancia pertenecien-
es decir, no permiten necesariamente reconstruir el síntoma al primer período de la época patógena, y, por el contrario,
(en este caso) por adición, sinó que se entrecruzan de una ma- en: la pierna izquierda no bien surgía un recuerdo relativo a la·
nera mucho más compleja. Nos hallamos en punto de transi- hermana muerta,. a los cuñados o, en general, a una impresión
ción entre una descomposición racional en sentido cartesiano correspondiente ala segunda mitad de la historia de sus pade-
(y Freud emplea un método en efecto muy raciorralista en es- cimientos. Sorprendido por esta constante particularidad de la
tas especies de interrogatorios a partir del síntoma) y una des· localización de los dolores, la hice obje!<> de una detenida in-
E:omposición que se ajusta a las vías de la fantasía, mucho más vestigación y pude observar que cada nuevo motivo psíquico
tortuosas y entrecruzadas. de sensaciones dolorosas se había ido a enlazar .c;on un lugar
En el caso de Isabel, la descomposición del st'ntoma se distinto de la zona dolorida de la pierna.
efectúa en tres direcciones. Primeramente, en una dirección Todo esto se halla aún, desde luego, muy influido por el
anatómica o topog'IIIÍfica. Freud señala ante todo -gracias, criterio de Charcot y, una vez más, por la necesidad de estable-
por supuesto, a Isabel- un primer recuerdo, que explica, en cer una sintomatología objetiv¡mente fundada. ·Me permito
su opinion, el punto central del dolor (central, una vez más, indicar en este punto la lectura de un texto que proporciona ·
en sentido topográfico). Supongamos que hay una zona de una idea muy clara de ese enfoque de la sintomatología histé-
dolor generalizado, que hay varias zonas quizá, pero sobre to- rica. El texto integra las Primeras aportaciones a la teoría de
do una, central, a la que corresponde un recuerdo; es éste: las neurosis y lleva por título "Estudio comparativo de las pa-
"La enferma comenzó sorprendiéndom~ al anunciarme que rálisis motrices orgánicas e histéricas". Freud se entrega allí
ahora sabía por qué razón los dolores partían sie.mpre de un a un estudio propio de un neurólogo. Con el fin de establecer
determinado punto del muslo derecho, punto en el que siem- los síntomas diferenciales entre las parálisis orgánicas y las pa-
pre eran los más violentos. Se trataba justamente de la zona 1 rálisis de origen ~istérico, trae a colación diferentes criterios.
58 59

1
Por ejemplo, el hecho de que en las parálisis his~éricas marchan hasta la "astasia-abasia", en la que la histérica no puede
a la par una limitación topogfáfica·exacta de la sintomatología ealmente·; se trata, no obstante,. de ·síntomas como
-es decir, que siempre es atacado un determinado número de . de la "astasia-abasia". Freud va a investigar y reclasificar las
músculos o de superficies cutáneas bien definidas- y una for- .,. ' i'd,ificultades funcionales y los dolores en las diferentes posicio-
tísima intensidad. Mientras que en las parálisis orgánicas puede es ligadas con las. funciones de la pierna: posición de pj.e, de
haber una sintomatología limitada, pero que sigue siéndolo en marcha, posición sentada y posición acostada. Y en cada una
la medida en que la intensidad es débil. No bien se produce d;e estas posiciones encuentra, en el trascurso de la cura, líneas
un.a fuerte intensidad de los síntomas, casi obligatoriamente se a.;.c ;·;.;••,) ..de asociación relacionadas con recuerdos generalmente trauma-
produce también una irradiación de la sintomatología hacia su t.1zantes -o, en ~oda caso, displacenteros o dolorosos-, que
delimitación topográfica. Así, pues, en el caso de la parálisis implican el carácter de estar, o bien de pie, o bien caminando,
orgánica, la limitación y la intensidad son inversamente pro- ~tcétera. En las traducciones francesas, esto no se advierte con
porcionales entre sí, mientras que en el de la parálisis histérica ta necesaria claridad,. ipero en el texto en alemán hay algunas
marchan de modo paralelo. Pero el punto más interesante in- ·· palabras subrayadas que indican las delimitaciones! Steben
cumbe a la topografíamisma. . .··{estar de pie), geben (andar, caminar), sitze'n (estar sentado),
Freud saca a luz un descubrimiento "--que, en rigor, no le liegen (estar acostado, yacer); .. .
pertenece a él sino a la Escuela de Charcot- según el cual la · He ahí lo que nos dice Freud a propósito de la posición
anatomía del síntoma histérico nada tiene que ver con la ana~ de pie: "Descubrí que agrupaba todas las escenas vinculadas
tomía objetiva; es tina anatomía puramente subjetiva, popu- a impresiones penosas de acuerdo con la posición, de ·pie o
lar, como la califica Freud, o fantasea4a. Un brazo está parali- acostada, en que se hallaba en el momento de producirse esas
zado -a partir de su articulación con el hombro; un muslo está escenas. Por ejemplo, estaba de pie delante de una puerta en el
insensibilizado, es insensible o hipersensible a partir del pliegue momento en que trajeron a la casa a su padre, afectado de
de la ingle, es decir, según una topografía que no corresponde · una crisis cardíaca. Se quedó entonces como clavada en su sitio
a la inervación objetiva sino a la idea que uno se hace corrien- [observamos, pues, el elemento que fija el síntoma a l:,1 posi-
temente -que todos nos hacemos, al margen dei.los estudios ción de inmovilidad provocada por el espanto]. A ese primer
médicos- de lo que •es una. mano, un brazo, un muslo, etc. recuerdo de 'espanto sufrido en posición vertical' se añadían
Veamos un pasaje característico del mencionado texto: "Sos- otros recuerdos, hasta el de la terrible escena en que se encon-
tengo que !:¡.lesión de las parálisis histéricas debe. de ser com- tró nuevamente paralizada ante el lecho de su hermana muer-
pletamente independiente de la anatomía del sistema nervioso, ta".
puesto que la histeria se comporta en sus parálisis y otras mani- · Veamos, por último, la tercera dirección; Freud la denomi-
festaciones como si la anatomía no existiera o como si no" tu- na dirección simbólica. Las dos primeras son direcciones aso-
viera conoCimiento alguno de ella". Y más adelante Freud se ciativas. Quiero decir que la topografía de los dolores está
refiere a una delimitación y una especie de anatomía popular asociada con ciertas escenas; el efecto funcional ejercido por
que es, precisamente, la que sirve de elemento rector a la sinto- los dolores en la función de los miembros inferiores se liga con
matología de la histeria. otras escenas mediante vínculos de concatenación, asociativos.
Segunda dirección en la interpretación del síntoma: la di- Freud nos dice, con todo, que esta parálisis no es sólo una pa-
rección funcional. Se supone, claro está, que seguimos la idea rálisis funcional psíquica creada por asociaciones, o producida
y asimismo la verificación de que, en este caso, el dolor no es asociativamente, sino además una parálisis funcional simbólica.
sólo dolor, sjno que además implica para la histérica de que
tratamos una impotencia funcional más o menos notable. Sin
i y
Aquí, evidentemente, la palabra "simbólica", que tantos usos
acepciones tiene -a veces, incluso, contradictorios-, debe
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60 ! 61
t
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i
. ser tomada en un sentido específico. Sabemos que Freud suele seguir a sus pad~es y que se encuentra reJI.ente in-
emplearla, -y <:oh mucho mayor razón hi emplean·los psicoana-. ); paralizado en'SU·sitio]". ···
listas, en un sentido muy amplio, y en este sentido puede de- bien, vemos que lo que caracteriza en este aso al sim-
. cirse que aun el vínculo asociativo que acabo de mencionar es -y va a continuar caracterizándolo en el deimollo ul-
un vínculo simbólico si se lo toma en una acepción amplia. ;'.or del pensamiento freudiano, especialmente enfoque dirá
Sin embargo, Freud emplea a veces, y aun a menudo, el térmi- d al respecto en La interpretación de los sueie- es su
no de simbólico o el de simbolismo en un sentido mucho más universal. En lo que a mí respecta, entiendo dsimbolis-
restringido y preciso. Las relaciones y el determinismo simbó- en su sentido preciso, restringido, y no en su srllido am-
licos del síntoma pasan aquí directamente pqr el lenguaje. Pue- ·''"t'..·-· Cuando Freud e~plea el simbolismo en sentidtRstringi-
'!; do le concede valor umversal, por lo menos dentro e un área
de decirse que el síntoma. utiliza de manera directa el simbo-
'1'tcultural o'lingüística determinada, puesto que se tDD de una
lismo inmanente a ciertas expresiones fijadas en la lengua · urtiversalidad (estamos viéndolo) muy exactamente mextensi-
corriente. Veamos qué dice al respecto Freud, aurique esto va a la universalidad de determinado bagaje, de cicqa batería
sólo · tiene valor, naturalmente, con referencia a la lengua de expresiones .ya inscritas en d lenguaje, gráficas, «sentidos
alemana, y las traducciones lo expresan de manera muy figurados, causantes d·e que para expresar "no puaiD salir de
imperfecta: "Era indudable que un tercer mecanismo ha- esto" se diga en alemán "no puedo salir del sitio mnde es-
bía debido entrar en juego en la formación de la astasia--abasia. ' ,,
toy .
Efectivamente,la enferma siempre concluía el relato de toda Para retomar, en fin, los tres puntos de la motiración del
nna s~rie. de incidenteS>COn la queja de haber experimentado síntoma, digamos que éste se halla tejido -de ua manera
dolorosamente su 'soledad' [.e::l;vo.cablo "soledad" no permite ,_.,,¡.;:,;j;¡;<p;;,. compleja, como entrecruzada-'- con recuerdos, con lalguajes y,
comprender lo que Freud. quiere decir .. El término alemán claro está (aunque este último punto es menos evickirte), .con
es de muy difícil traducción, por supuesto, pero reza· Alleins- fantasías. En efecto, el .punto referente a las famísías es el
teben: estar de pie sola; se refiere al hecho de estar de pie solo. menos explorado en esa época, pese a estar más viuallado con
Ya vemos, pues, que hay una relación directa con la función la sexualidad, sobre todo con la sexualidad infanti.. Todavía
de caminar]. Al narrar otros hechos relativos a sus infructuosas estamos en los comienzos de la investigación de·Ía fantasía;
tentativas de establecer una nueva vida familiar, nunca se can- de modo especial, cuando se repara en la escena dt la pierna
saba de repetir que ·lo que en tales casos le parecía penoso era del padre sobre el muslo de Isabel, resulta evidenttciue no ha
la sensación de su 'impotenCia' [su Hilflosigkeit: su desamparo, -salido a luz.todo el trasfondo fantaseado de semejaarelación
su incapacidad de ayudarse a sí mismo, que es lo que define al · corporal.
niño pequeño, al lactante}, su impresión de que 'no lograba 3) Vamos a tratar ahora el determinismo delsirltoma.o su
avanzar un solo paso' [aquí la traducción francesa halló un
equivalente. "No lograr avanzar un solo paso" respeta la expre- metapsicologt'a, término 'de uso constante en psic~isís. La
sión utilizada por Isabel: Icb komme nicbt von der Stelle, es metapsicología es una construcción de modelos abggctos des-
decir, "no puedo salir de esto", "no puedo salir de este lugar", tinados a informar acerca de cuanto se observa tallb> en el ni-
declaración que también hace referencia, evidentemente, al vel clínico como en el de la cura y en el de la intapretación.
acto de caminar y desplazarse en el espacio. Desde luego, el Son modelos que encontramos a lo largo de toda la obra freu-
texto en alemán es, pese a todo, mucho más expresivo, ya que diana. Cito tan sólo tres fases de ellos: el modeleque quizá
se refiere a la "impotencia" del lactante y a su incapacidad de tengamos ocasión de volver a tratar brevemente; elJtOdelo abs-
avanzar un paso; esto lo lleva a pensar que está detenido, que tracto presentado en el último capítulo de La intDpretación

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·,

tj.e los sueños, y, por último, el qu~ subyace en los textos de ,~, ~- evocable de~tro de la m~s c~bal indiferencia;_ es. ~o que
1915, publicados en forma conjunta bajo el título deMetapsi- ·'"',.'Fteud va a destgnar con eLt~rmmo de "descatecnz.acion" de
cología, No deseo entrar en detalles sino mostrar de manera la representación. El afecto puede, en fin, relacionarse con algo
general que estos modelos poseen una base .-acaso una corres- distinto de la representación que inicialmente lo justificaba.
pondencia- clínica muy digna de crédito, circunstancia que Este es, justamente, el caso de todo lo que _se encuentra en
justifica su existencia como una constante . dentro del pensa"' las cadenas asociativas: en un primer momento, el afecto esta-
miento freudiano. En efecto, en estos modelos abstractos siem- ba justificado por una determinada escena hallada al recordar,
pre hay dos elementos, cualquiera que sea la manera en que se pero, con el tiempo, el afecto se ha deslizado a lo largo de la
los denomine: una red por la que circula algo, y, en segundo cadena para llevar toda su carga a otra representación.
término, algo que circula a través de esa red. · . . Con posterioridad a· Freud decimos que el modelo metap-
En el mencionado Proyecto, .que está próximo a un lengua- sicológico es un modelo que siempre conlleva tres tipos de
je neurológico, se trata de una red de "neuronas", y.lg que cit· descripción: tópica,.. económica y dinámica. El origen de la
cula se llama, sencillamente, "cantidad". En el modelo de La tópica es la descripción de aquello por donde se dectúa la cir-
interpretaCión de los sueños la red está constituida por siste- culación, esa r~d que presenta cierta topografía, descriptible
mas de: recuerdos, "sistemas mnémicos", y lo que circula es la en· términos de cadenas que se entrecruzan, de núcleos, de
"excitación". Vemos, pues, que hay dos elementos indepért• subestructuras, etc. Si se quiere, el punto de vista tópico es
dientes; no obstante, Freud les descubre una evidente corres· al principio el punto de vista de las redes representativas. El
pendencia clínica. He aquí un ejemplo de esa independencia: punto de vista económico es.el punto de vista de las ·cantida-
lo que Freud denomina, después· de Charcot y en especial a des de lo que circula, de la fuerza del afecto o de la fuerza de '
propósito de Isabel de R., la be/le. indifférence de los histéri- la pulsión que circula en la red .. ¿Y el punto de vista dinámico?
cos. Isabel sufre síntomas molestos, incómodos, dolorosos, que Es el punto de vista de la circulación misma y de los conflictos
limitan sus actividades .sociales, que representan, por lo tanto, que pueden producirse en el sistema, o sea, algo que se halla en
una molestia en el nivel del "yo". Pero los soporta serenamen- el punto de unión de lo tópico y lo económico. ¿para qué sir-
te; los describe sin el menor .patetismo y -hecho más notable ve el aspecto esencial de este modelo en el plano de la histeria?
aun- no sabe siquiera, en última instan"cia, describirlos bien, Es decir, ¿para qué sirve la disociación afecto-representación?
como si toda su atención se hubiera vuelto hacia otra cosa, ha- Para dar una idea simple del síntoma somático, este> es, del
cia recuerdos o pensamientos, como si hubiera una disociación hecho de que todo conflicto psíquico desemboca, en algo que
entre aquello que es doloroso en la conciencia -el dolor físi- adquiere las apariencias de una ilfección somática e incluso
co- y lo inconsciente de ese dolor, motivación a la que se pres- neurológica. Tal es, pues, lo que Freud denomina conversión,
ta una especie de atención. Se trata, no hay duda, de una diso-
mecanismo descrito como fundamental en la histeria. Y al
ciación entre un elemento experimentado -lo que Freud deno- utilizar el modelo de la conversión, Freud parte, precisamente,
mina "afecto"- y un elemento ideativo: escenas, pensamien- de lo dinámico, del conflicto, y al partir del-conflicto termina
tos, recuerdos, lo que Freud denomina "representación". El por describir su repercusión en lo tópico y en lo económico.
afecto puede surgir solo; ya nos hemos referido a un ejemplo: Sabido es que el descubrimiento freudiano con ~especto a
la excitación histerógena. A la representación se la puede evo- Breuer, y también con respecto a Janet -quien trabaja con-
car aisladamente. Por lo tanto, puede ser evocada, neutraliza- temporáneamente en Francia con los mismos hechos-, en una
da, sin ningún afecto aparente; el sujeto puede narrar una esce- palabra, lo que aporta Freud, lo que él mismo dice aportar, es
na sin poner en ella sentimiento alguno, como si ella, que en la idea de que la histeria es una "histeria de defensa". Ahora
mérito a su contenido debería ser muy penosa, en realidad fue: . bien, de una manera un tanto esquemática podemos decir que
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: {0rma~ión de un grypq representativo aislado, o "grupo psí-
Breuer habría favorecido el punto de vista tópico, y Janet, el quico s~para.dg", T~l ~~ ·pgr a:qqeJ en~onces la: expresión co-
· ·¡mn'hn1é ·vista económico; Fre:ua considera, por supuesto, qtie ,. . triente e.nlps ~e:x;tqs q~ ~reqer y Freud. · · ·· ·
ambos puntos de vista son indispensables, pero piensa que el . Cabe señahu q11~ 4 ¡;:Qnversión implica, dentro•del sistema
punto de partida del mecanismo es el punto de vista dinámico, metapsicológi.co genc;:r¡~.l .,.,..constituido por dos elementos:· una
es decir, el conflicto. red y algo q\1<:: ~ircqla ~n la red-; la circulación libre del quan-
Señalé el papel que atribuye Freud a la escena en que Isa- tum, de 1ª c:a.ntidªd del afecto, a lo largo de las vías asociativas.
bel de R. abandona por unos instantes el lecho de enfermo de Esto significa que toda la energía puede trasladarse a un extre-
su padre y se va a flirtear con un joven, y luego, cuando regre- mo de la cadena, pero,los elementos de ésta no retienen nada,
sa, casi enloquece al comprobar que el estado de su padre se al menos en el funcionamiento inconsciente .. Todo se va, todo
agravó durante su ausencia. Es un conflicto al que Freud desig- parte hacia un extremo de la cadena; hay en la red una especie
na corno conflicto de incompatibilidad entre dos grupos en los de pendiente que hace que cada elemento se retire ea h~neficio
que se mezclan, esta vez, afecto y representación (normalmen- del otro; no otra cosa c:s, por ejemplo, lo que se d~'Seribe en el
te, todo afecto conlleva su representación); afecto y represen- Proyecto como "principio ae inercia neuronal". Oo~ una ter-
tación vinculados al joven, por una parte, y afecto y represen- ·minologí~ claramente neurofísiológica, Freud quiere- decir que
tación vinculados al padre, por la otra. Con todo, el resultado las~neuronas tienden a descargar por completo su enci-gía .. Lle-
del conflicto de incompatibilidad es una· disociación del afecto vemos- esto al :nivel afecto-representación; queremos decir que
y de la representación. Veamos de qué modo describe· Freud, en una qdena. inconsciente las representaciones tienden a pa-
con suma rapidez, pero de minera sugerente, el mecanismo de sar por comple.to su afecto a la representación vecina. Y lo que
l_;¡. conversión: "Convenía, pues, buscar la causa de los primeros se describe como "proceso primario" es exactamente lo mis-
dolores histéricos en estos hechos y en la ya mencionada esce- mo: la tendencia de los eslabones intermedios a no conservar
na. Del contraste entre la dichosa embriaguez sentida entonces nal!a de ll;l. energía (del afecto) que se ha depositado en ellos.
y la condición miserable en que se hallaba su padre cuando ·Tomemos el ejemplo del sueño. Mientras se sueña, un elemen-
Isabel regresó a su casa nació un conflicto, un caso de incom- tQ contiene en sí mismo .todo el afecto; -el elemento comple-
patibilidad. En consecuencia, la representación erótica quedó ta.ll.l<inte absurdo del sueño puede acarrear, por ejemplo, angus-
rechazada de la asociación [.observemos que a partir de ese mo- tia .0 cualquier otr() sentimiento, y ese nexo entre el afecto y
mento se produce la escisión: la representación es rechazada de una repres~ntación del sueño se presenta, al-despertar, como
la circulación], y el afecto -que estaba ligado con esa represen- algo enteramente absurdo e injustificado. El trabajo de inter-
tación sirv~ para aumentar o reavivar un dolor físico presente pretación del sueño consiste en remontar las cadenas asociati-
en aquel momento (o poco antes). Se trataba, por tanto, de vas y restituir el afecto a la verdadera escena (si es lícito decir
un mecan~smo de conversión al servicio de una defensa; ya lo que alguna .lo es), o a una de las escenas o una de las fantasías
he descrito en otra parte". · que lo justifican. .
Así, pues, la conversión presenta dos aspectos: por un la- Volviendo a Isabel de R., los dos elementos a propósito de
do, la representación, al perder su afecto y consecuentemente los cuales desarrolla Freud la noción de conversión están en
toda car~a emotiva, se descatectiza y por esto mismo queda los respectivos polos de una secuencia temporal.
-~separada del resto del psiquismo, es decir, reprimida; por el Esto nos lleva rápidamente a hablar del cuarto punto, es
otro, el afecto, merced a un mecanismo que sigue siendo, evi- decir, de la relación o la dialéctica temporal existente en este
dentemente, misterioso, suministra la energía requerida para caso de histeria y su cura. Por lo tanto, los dos acontecimien-
generar un síntoma somático. La represión consiste en una se- tos~límites de esta observación son: a) el. acqntecimiento ocu-
paración de la representación y el afecto, que culmina en la
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rrido frente al lecho del padre, con la escena a la que me refe- do el hecho de qu-e· en la enferma se había producido una pri-
ría hace unos instantes, y ·b) el acontecimiento ante el. lecho de mera conversión en la época en que cuidaba a su padre [ ... ] ;
la hermana. Isabel llega demasiado tarde; su hermana ya ha veía en ello el prototipo de los fenómenos ulteriores [por lo
muerto en el curso de un parto difícil, y bruscamente piensa: . tanto, se trata de un punto de vista causal, si se quiere: lo anti-
"Ahora mi cuñado está libre y puedo casarme con él". Huelga guo es el prototipo de lo que va a ocurrir después]. s.it:l embar-
decir que larelación entre ambos acontecimientos es Compleja, go, de los dichos de la.paciente surge ahora la circunstancia de
y Freud considera diferentes puntos de vista sin descartar nin- que en la época de la enfermedad de su padre y en el lapso que
guno de ellos, que más bien se complementan. siguió, .al que he calificado de 'primer período', Isabel de R. no
Podemos decir, en primer .lugar, que. existe una relación de había experimentado dolores ni alteraciones de la locomoción
causalidad. Todo proviene del acontecimiento más antiguo, y [Freud cree que hubo, quizás, algunos.dolores difusos de ori-
el más reciente no hace más que reproducirlo al retornar, sim- gen reumático, y que eso es todo]. [ ... ] Si se quisiera admitir
bólica o asociativamente, algunos de sus rasgos principales. Por qu~ aquel primer ataque. había resultado de una <::O'n~ersi?n hi~­
lo tanto, el hecho causal es el más antiguo: he aquí un punto ténca como consecuencia del rechazo de sus pensamientos ero-
de vista adoptado con frecuencia por una concep¿:ión del psi- deos, no por ello sería menos cie_rto el hecho de que los dolo-
coanálisis a la que llamaremos vulgar. Siempre hay que rernon• res desaparecieron al cabd. de unos poco~''días. Conque, la en-
tarse más atrás en el tiempo; cuando se h4ya llegado a lo más ferma se había comportado en la; realidad de una manera dis-
antiguo se tendrá la verdadera causa y el nudo se resolverá. tinta de la que el, análisis parecía indicar. Al narrar los hecfi'os
Pasemos a otro punto de vista propio de Freud; me refiero del supuesto primer período, acompañaba con manifestaciones ,
al de la sumación. Es evidente que en este caso se vale de una de.dolor todos los relatos acerca de la enfermedad y la muerte
terminología de índole neurológ1ca, pues toma su idea de la de de su padre, acerca de las' impresiones suscitadas por sus rela-
surnación de las excitaciones, como por ejemplo en neurofisio- ciones con sus cuñados, etc., mientras que en la épbca en que
logía; por lo tanto, se trata de un punto de vista cuantitativo. había vivido esas mismas emociones los dolores habían sido
Así, los dolores del muslo se habrían extendido -ya lo he se- · inexistentes [hace un momento vimos que las piernas "habla-
ñalado- por adiciones sucesivas de zonas relacionadas con ban", y ahora advertimos que hablaban mintiendo, ya que to-
otras tantas escenas. Pero, á pesar de todo, Freud no puede evi- das esas escenas evocaban dolores en el muslo, cuando muchas
tar una paradoja: el síntoma sólo data realmente de los últimos y muy buenas razones llevan en rigor a pensar que éstos no
momentos de toda la secuencia temporal; el resto sólo es, en' su ·existían en oportunidad de ocurrir los mencionados aconteci-
mayor parte, retrospectivo. mientos]. ¿No habría que ver en ello una contradicción ade-
Esto nos lleva precisamente al punto de vista del nacbtrá- cuada para disminuir en mucho nuestra confianza en el valor
glicb (del apres-coup ). Nacbtriiglicb significa que las cosas se explicativo de un análisis como éste?". Y aquí tenemos la con-
instalan retroactivarnente, y que retroactivarnente resultan clusión a que arriba Ffeud, por lo ~e~?s r:ansit~riamente:
comprensibles. Ya Charcot proponía una noción muy pareci- "Creo que puedo reduc1r esta contradicc1on st adm1to que los
da: la noCión de "incubación". Tenía la idea de que, después dolores -producto de la conversión...:.. no habían hecho todavía
de ocurrido un trauma, el síntoma no se establece de golpe si- su aparición en la época en que la enferma sufría la emoción
no que se necesita cierto tiempo de espera, de maduración, pa- del primer período, sino que se presentaron tiempo después,
ra desembocar en el síntoma. Freud, evidentemente, lleva mu- es decir, en el curso del segundo período, aquel en el que la en-
cho más lejos esta idea. Releamos este pasaje: "Paso ahora a un ferma reprodujo en sus pensamientos las mismas emociones
punto que dificulta, como ya lo he indicado, la comprensión [esta es la frase importante] 1 No eran las Ímpresíones recién
del presente caso., Basándome en el análisis, yo había admiti- experimentadas, sino su recuerdo, la .causa del surgimiento de
68 69
la conversión". Esto es lo esencial: para que haya conversión, III
debe producirse-la r-eactivación de un recu.erdo. ·: ·l:.A TEORIA DE LA SEDUCCION
Si volvemos, pues, al esquema de.Ja .represión -existencia
de una escena incompatible, conflicto dinámico y exclusión de ..
la represe_n_tación, conversión del afecto-, vemos que el asunto
se complica, puesto que la formación del· síntoma histérico ·
muy bien podría producirse, no a cos~ del afecto de la escena
misma en cuyo trascurso se produce. la conversión, sino ante
un afecto renacido en la memoria. Para que haya trauma, re-
presión y formación .de, síntomas ~y Freud insiste en ello en
una serie de casos que trae a colación eón motivo del de Isabel
de R.; ~n realidad, hay .toda una serie deobservacione~ breves
formuladas dentro del caso de. Isabel para confirmar este punto
de vista-, es-necesario que existaya-ahí un recuerdo a fin de El caso de Isabel de' R. ya nos ha permitido señálar en estado
que un segundo acontecimiento llegue a ser patógeno, es me· incipiente el descubrimiento de la sexualidad por Fre~d. por el
ne~r que algo se haya.dejado a unJado, sean cuales fueren las psicoanálisis, y <:n ~o que i~sisto es e~ el tip~ de tempotalidad
razones de ese "dejar a un lado". Y~h~b_ía~QS menc;ionado el que ese descubrimiento deja presentir, un upo de encadena-
acto de "dejar a un .lado", de "dejar, en suspenso", realizado miento temporal, particularísimo, con escenas que se evocan y
por la enfermera• y Freud recuerda asiwismq; con respecto a se simbolizan mutuamente y de las que puede decirse, en una
este "dejar ¡:t 4n lado", la _inc;-qb¡¡ción amqr.osa .en sí, todo lo primera aproximación, que adicionan- sus efectos. Podemos
que corresponde al~. cristalización del amor por el cuñado, un hablar de "sumación", pero nos damos cuenta de que, más que
período durante el cual este amor parece haber sido dejado en recurrir a este término mecánicó, cuantitativo, neurológico,
un rincón de la conciencia. Yen,el momento en que el amor se tendríamos preferiblemente que hablar de efecto de desenca-
hace consciente, .en que se reactiva _-pero como representación denamiento, un desencadenamiento que se efectúa, porlo tan-
ya presente-, sólo en ese momento el amor -reactivado, des- to, conforme a un ritmo temporal invertido. En el caso de Isa-
pertado- se reprime realmente. bel hemos visto que es por cierto el final, la última escena, la
que viene a rema'char, podríamos ;décit·, el conjunto del proce-
so y a organizar realmente la neurosis.- Del mismo modo, pue-
de decirse que, en una cura analítica, el final :viene a remachar
la totalidad de la cura.
Indiqué que en el citado descubrimiento pueden distinguir-
se varias épocas. Tengo ahora la intención de explorar con al-
guna rapidez la que va de 189 S a 1897, y que se caracteriza
por seguir dos direcciones en verdad paralelas: por una parte,
el ahondamiento en la investigación clínica de la neurosis, re-
montándose siempre más atrás en el tiempo para desembocar
en el descubrimiento de la sexualidad como sexualidad infan-
til; por la otra, la teoría de la neurosis y de la represión. Así,
pues, existe una clínica por un lado y una teoría por el otro:
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para Freud, ambas se ligan' taÍlto entre sí en esa época que e~ta relación causal [la relación causal va a ser en ·realidad el
podemos reunirlas bajo un~ sola denominaéión, bajo un mis~ p!.Hito. fund~iTiental de la teó~ía- ~e ~a seducción:. Es la conse-
mo rubro: teoría.de la seducción. ~u~pcia suscitada en un corazon v1rgrqal por la pnmera revela-
La seducción es, en efecto -y con esto entro en materia~, ción dt!l mundo de la sexualidad. Es ciertamente la seducción,
un tipo de escena y a la vez una teoría de las neurosis. Si se }¡:~ introducción por la fuerza y acompañada de terror del mun-
quiere, hay escenas de seducción descubiertas y, pdr tltta pat~ do d~ la sexualidad en una .personalidad· virginal, inocente].
te, una teoría basada en la sed1,1cción, la teoría de la defensa)' Teníª en tratamiento, a consecuencia de una complicada neu-
de la tepresfón. . ro~is,"" 1:1na señora joven, quien se resistíá a reconocer, como es
Como escena, como tipo de acontecimiento, la seducción ha,l?jnu:t.l en estas enfermas, que el origen de su dolencia radica-
es de índole claramente sexual: gesto, palabra, exhibki6rt y ba ~n su vida conyugal, con la objeción de que ya de soltera
evenrtlli.lmente un acto sexual esbozado o incluso mediaháhiefi- paqecía ataques de angustia y desvanecimientos. Pese a ello,
. te cumplido; en el que un individuo desempeña un papel acti- m.antuve mi punto de vista. Cuando ya teníamos más confian-
vo y otto un papel pasivo, en el que alguien le impone su se- za, l)n buen día me dijo de-repente: 'Ahora va usted a ~aber
xualidad a otra persona. Y en ese primer descubrimiento clíhi" cuál es el origen ·'de lós a,taques de angustia que me daban de
. co (esencialmente, son las escenas relatadas por las histéricas,· soltera. Por entonces dormía yo en una' habitación inmediata a
ya que, si b1en Freud comienza a tratar otros tipos de pacien- la alcoba de mis padres; quienes dejaban la puerta abierta y
tes; com(j por ejemplo a los obsesivos, todavía predóthlt!anlas una lamparita encendida sobre la mesa. De este modo pude
histéricas), en esas escenas, digo, el seductor es el adulto y d ver varias noches que mi padre se pasaba a la cama de mima-
seducido es e1 ni.fio. Lo aclaro porque esto no cae por su pro- dre y oí luego unos ruidos que me excitaron mucho. Al poco
pio pés0 1 como vamos a ver. Muchas escenas de seducci6n se tiempo c;omenzaron a darme los ataques'".
deseubrleton ya antes de 1895, puesto que encontramos un En este texto, del que Freud dice que es el primer descu-
buen núm,fto de ellas en Estudios sobre la histeria; Breuer rnis- brimiento de este tipo de escena, se reconoce lo que hoy deno-
mo las refiere. Tan s6lo cito dos casos, muy breves por lo de- minamos "escena originaria". Es una escena en la que no hay,
más: el casó Rdsalía y el caso Catalina, este último ya más sin embargo, un gesto directo de los padres para seducír al ni-
denso e interesante. Se trata de una cura rápida realizada por ño; simplemente, e1 niño ·sorprende la relación sexual de los
Freud a una joven campesina a la que encuentra un día en una padres, que se acuestan en una habitación contigua. No obstan-
hostería montafiesa. En ambos casos se trata de insinuaciones te, la "escena óriginaria" entra en el rubro general de la seduc-
sexuales precisas, de intentos de relaciones sexuales realizildos ción; lo hace como introducción de la sexualidad adulta en el
por un adulto. En el textO aparecen atribuidas a un tíoj pero mundo infantil. Desde el punto de_vista terminológico, la ex-
en la reedición de Estudios sobre la histeria efectuada en 1924, presión "escena originaria" se ha restringido sóln de manera
Freud añadió una nota en la que aclara haber disfrazado los paulatina a la observación del coito parental. En un primer mo-
hechos a los efectos de su publicación, pues en realidad se tra- mento, Freud hablaba de toda una serie de escenas; había una
taba del padre, y agrega que la impprtancia y significación de verdadera tipología de "escenas originarias" (en alemán, Urs-
este disfra~ disminuyen. sól.o cuando se procura alterar el Jugar zenen). Tales escenas son .primitivas u originarias por su anti-
para desortentar a los md1scretos. En estas escenas; pues; el güedad, pero pienso que también lo son -al menos para Freud
seductor de esas damas o muchachas éra el padre, y Freud'llega en esa. época- porque están verdaderamente en el origen de la
incluso a describir en una nota la escena descubierta en ptimet sexualidad infantil. Por lo tanto, en la escena de seducción ten-
lugar¡ es una nota muy interesante en sí misma. Releámosla.: dríamos .el siguiente esquema: un niño Originariamente no se-
"Quiero exponer aquí el caso que me reveló por primera vez xual, una sexualidad que le llega del exterior -sexualidad exó-

72 73
. gena-, un njño pasivo y un adulto activo. El Edipo se en_cuen-
--tra ·ya, en-cierto modo, presente, a tal punto que F'reud'lo dis~.
dad,' o; rnejpr aun·,. que una: no é(~l: Góntériido fórtuito.de la
otra·, que la sexualidad nó''és el córiteriidó fortuitó'del'incons-
fraza en su relato, ya qve trasforma al padre en tío. A decir ciente. Freud procura demostrarnos ·p'órqué, por naturaleza, es
verdad, ya nos hallamos ante el descubrimiento del Edipo. Pe- ]a sexualidad la que débé:ser reprimida, la que debe ser incons-
ro, en este caso, el Edipo no está invertido, como se dice. téc- Ciente. Al abordar 'lá. •lec'turá del cap ítüld! sobre ·•IP'sicopatolo-
i

nicamente, sino tras~ocado, puesto que en el complejo de Edi- gía ", recor.daremos tan sólo· que todo el Proyecto cstá-1encerra-
po el amor y el odio provienen del niño: Edipo mata a su pa- do en una especie dejerga neurológica; son sús''dos-términos
dre (el Edipo del mito)" y conquista a su madre. Por consiguien- -repito- el de neurona y el de cantidad~ ·Y cada vez que
te, podemos decir que en el Edipo el niño ocupa una posición leamos "neurona" nos será fácil leer ''representación", y
de seductor; él es el elemento activo. En la escena de seducción "afecto" cada vez que leamos "cantidad". Se describe un
relatada por las histéricas hay, en alguna medida, un enmasca- determinado modo de funcionamiento, la manera en que el
ramiento. Enmascaramiento de los protagonistas: el tío en el . afecto, la ·carga afectiva, circula a lo ·largo de las cadenas de
lugar _del padre, y enmascaramiento por un tr.astocamiento de representaCión, representadas por cadenas de neuronas. He
los papeles:lo cual determina que quizá podamos.'decir tam- intentado mostrar que nada de esto es ajeno á la clínica, que se
bién que, en cierto modo, el niño seduce por su inocencia trata de algo que se acerca a la experiencia dínica y también a
misma. Observemos que hay en_ las histéricas una. deformación, la experiencia onírica .. Antes· de leer el segundó capítulo
y además una manera de traer a colaCión escenas que sólo con- -"Psicopatología"-, debe tenerse·en cuenta que- en el primero
tienen una parte de verd~d. Esto no implica; necesariamente se describen dos modos de:fliridt>namiehtO'·de;;6te aparato,
negar los hechos, ni negar qt]e l()S recuerdos corresponden a dos modos de circulación del 'afectO a lo largo· de las cadenas
hechos reales; significa que el_ rliñ"o enmascara una par~e de la de representación: uni .inodd. d(1 füncioriainiento' primario; no
situación, esto es, su papel eventUalmente activo, su participa- inhibido, en el que la energía: éorre siri obstáéúlos- de un
ción subjetiva en la escena de seducción. ¿Estamos ante una extremo al otro de la cadena y tieri~e a desca:rga~se•-es lo que
mentira? Pues bien, el término de mentira nos lleva al segundo Freud llama, desde· el punto de; vista de 1¡¡ energía,'':'energía
aspecto de la seducción_: el aspecto teórico. libre"-, y un modo'de funcionamiento secundario, en el que,
La· teoría de la seducción debe ser buscada enlos textos de en oposición al flujo del afecto €fde la cantidad, nos encon-
la época: en el Proyecto de una psicología para, neurólogos, de trarnos con un funcionamieritó inhibido por defensas; 'es un
1895, sobre todo en elsegundo capítulo de éste·, que lleva por modo de (undonamiento ell· el que interviene el ''yo" (ya en
tí tul o "Psicopatología". Hallaremos, digo, la teoría de la se- esa época se describe el ''yo" con' toda claridad_; el "yo'' en
ducción en toda una serie de textos de la época, especialmente · sentido psicoanalítico' rio es un descubrimiento de 1920, como
en uno que versa sobre la etiología de la histeria, en otro acer- suele decirse, sino un descubrimiento 'qUé Freud realizó desde
ca de las psiconeurosis de defensa, etc., y en todas ias cartas el primer momento). A este modo de funcionamiénto secunda-
del mis~o período en las que Freud se refiere a aquélla. rio se lo denomina, desde el punto de vista energético, "ener-
Me he detenido en la teoría de la seducción ateniéndome gía ligada".
al propósito que señalé al principio, es decir, considerándola la ¿Funcionamiento primario - Energía libre - Principio de
primera y' acaso la única tentatiya de vincular orgánicamente inercia =1= Principio de placer?
la represión y la sexualidad, o bien -para redondear el descu- ¿Funcionamiento secundario - Energía ligada - Y o =F
brimiento freudiano- el descubrimiento del inconsciente por Principio de realidad?
un lado y el de la sexualidad por el otro. Digamos que no son Indico con esto cierto número de correspondencias que
dos cosas separadas, descubiertas por Freud como por casuali- quizá le sean útiles al lector, pero bien se ve que al final de ca-

74 75
~
da línea hay ciertas incertidumbres; no deseo explayarme al vida: cotidiana utilizamos de modo completarrifiit~ normal al-
respecto: son incertidumbres relativas al lugar ocupado por el gunos mecanismos . que nos permiten defendernos, con todo
principio de placer y el principio de realidad. derecho y a menudo con suma eficacia, de una percepción o
He mencionado el término "mentira". El hecho es que el de un recuerdo penoso. Freud enumera, en reiterádas oportu-
capítulo oiPsicopatología" hace hincapié en asuntos que llevan nidades, diferentes maneras eje defenderse contra un pensa-
un título un tanto enigmático, y por lo demás Fn~ud no se ex- miento doloroso. Tal es la función de atención del yo, es decir,
plica mayormente sobre .ello. Hay un título .en griego: El pro.- su capacidad de catectizar una parte del campo de la concien-
tón seudos, o sea, la. primera mentira. justamente, me refería cia y de descatectizar· otra parte; o bien, la atenuación priigresi-
a la mentira, término. que s~ ajusta bastante bien a .una teoría va por repetición, por fraccionamiento_: el pensami·ento doloro-
de la histeria, -en la medida en que ya en aquella época solía so, o la experiencia penosa, se ha repetido, pero de manera
decirse, y por cierto que de manera tentativa, q1.1e .las histéri- fraccionada, de modo que cada vez. hubo una e-specie de hábi-
cas son mentirosas, simuladoras. Pero a lo que Ffeud apunta . to, una verdadera .vacunación contra la experiencia penosa.
con la noción de; protón"seudos -..ya hay en la primera mentira Otro mecanismo de defensa .muy eficaz y general es el estable-
la idea de que existe algo más originario que las mentiras co- cimiento de. conexiones as.ocÜ}tiva.s. Al contrario de los meca-
tidianas-, es a una especie de mentira objetiva, inscrita en los nismos precedentes) que parecen preconizar, sobre todo, .uri
hechos, y c1.1yas primeras víctimas serían las histéricas, antes de aislamiento, aquí se trataría de una especie de disolución, lo
ser sus autoras. que equivale a decir que el pensamiento penoso está vinculado
Hay en las escenas, sobre todo en su encadenamiento, en con un nÚm<ero mayor de otras experiencias. Es un trabajo de
su dialéctica, algo que resulta ser un elemento falaz y que de- ela_boración que, per~ite reorganizar y relativizar la experien-
termina qu~ la histérica misma sea atrapada por la mentira del cia penosa, volver a msertarla en un contexto. Desde el punto
juego de las escenas; tanto es así, que podría decirse que el de vista. energético, puede decirse que el afecto se halla distri-
protón seudos, la primer:1; mentira, es el verdadero fundamento buido, diluido en un campo más vasto en el que se ha inserta-
de la neurosis. Está claro, por lo demás, que debe darse al do la representación primaria. Es un mecanismo ya designado,
vocablo "mentira" la acepción que tiene en griego, es decir, y así lo será permanentemente, con el término de "elabora-
un sentido muc:ho más amplio que el de mentira puramente ción". También tiene un lugar eri la teoría de la cura analítica,
subjetiva. Podríamos utilizar otro término para dar una idea pero con el añadido de esta idea: se trata de una elaboración
más precisa al respecto; por ejemplo, el de falacia. Pero siga- hecha· a través de todo un material. Se ha propuesto denominar
mos a Freud en su desarrollo acerca de la "primera mentira" esto trabajo elaborativo (Durcbarbeitung), o sea, una elabora-
histérica y enfoquemos el problema, antes que nada, desde u~ ción que prosigue a través de toda una secuencia de materiales.
ángulo ligeramente diferente: el del síntoma. Freud descubrió De todos modos, se trata de hacer volver a la vida psíquica lo
que la neurosis, el síntoma neurótico, reviste una significación que estaba enquP.itado.
defensiva. Y toda defensa implica un motivo que es ~empre un Con respecto a la gran oposición entre proceso primario
displacer, un displacer ligado con una representación. La repre- y proceso secundario, la defensa normal pertenece, pues, al
sentación .reprimida, contra la cual se instaura la defensa -y la nivel del proceso secundario. Hace intervenir al yo y sus fun-
represión es un mecanismo principal de defensa, sobre todo en ciones de inhibición. Unicamente porque el yo es capaz de in-
la histeria-, es una representación que amenaza con evocar, hibir la libre circulación del afecto, de dominar la descarga, son
con hacer resurgir el displacer. En este caso partimos de una posibles todas estas clases de defensa. Y para ello es necesario
comparación entre defensa normal por una parte y defensa his- qu.e el yo -Freud insiste en este punto- esté presente desde el
térica por la otra. Freud nos hace recordar, en efecto, que. ~n la comienzo del .proceso. Debe actuar desde el principio y conse-
.~;

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~

swn de Freud en e~a época. (Poco más arriba he hablado de


gu ir, _mediam:e_ una s~ri~ de actos, reducir e~ _displacer ·-contr.~ apálisis rápido a propósito de Catalina; léase. este caso- y s«:
el cual se trataba de luchar- a una· simple señal, a una especie- verá cómo esto lo ilustra teóricamente.)
de símbolo, €Omo podría decirse en última instancia. Con el "Por regla general, el resultado de un análisis sé presenta de
tiempo, Freud retomará esta teoría en Inhibición, síntoma y este modo:
angustia. Normalmen~e, la angustia, cuando el yo funciona "Antes del anátisis. A es una representación de intensidad
bien, debe quedar reducid~ a un símbolo que. permita desenca- excesiva que surge con demasiada frecuencia en el plano cons-
denar a tiempo defensas ad.ecuadas, sin que el yo se vea invadi- ciente y provoca lágrimas cada vez que aparece [aquí son lágri-
do por el displacer o la angüstia. Eh cambio, con la defensa mas; en el caso de Catalina, lo que el rostro provoca es angus-
histérica el yo va a quedar anulado. • tia. Poco ~mporta; el af~cto puede te?e~ diferentes c~álid~d~,s. ·
En el caso de la defensa histérica liay, ya se sabe, represión; Mucho mas que saber SI se p-ata de lagr1mas, angustia, m1ed~
hay escenas, o elementos de la experiehcia, que no son ya ac- etc., importa saber cómo se desplaza el afecto y a lo largo dr
cesibles a la conciencia: es la parte negativa. Y, como contra- qué vía lo hace, para poder restituirlo al punto en que debería
parte de eS!l represión, hay formación de un síntoma, al que en estar en realidad. Por lo tanto, he aquí un suieto que tiene una
este y otros textos del mismo período se lo denomina símbo- representación intensa, la cual provoca en él cierto afecto
fo mnémico. En cuanto al recuerdo, se lo sustrae, debido a la -cierta cantidad de lágrimas, porque en verdad las lágrimas po-
represión, de toda atenuación. A diferencia de la defensa nor- drían cuantificarse como se cuantifica el afecto-, pero qtie
mal, que debe atenuarla vivacidad del recuerdo penoso, el re- paca nosotros no justifica lógicamente ese afecto]. El sujeto ,
cuerdo parec:e ser hecho a un lado; ·por consiguiente, puede ignora por qué A lo obliga a llorar, y considera esta reacción
resurgir en la cura ~á:jo la forma· de una ·verdader~ explosión de como absurda, sin poder, no obstante, impedirla.
afecto, o; cotllo dicen Freud ·y BreÚer· en esa época, de una "Después 'del análisis. Se ha descubierto la existencia d~
"abreacción". Desde el·punto de vista dinámico de esta defen- cierta idea B, que con toda razón ha provocado lágrimas [ob-
sa, hay que hacer. intervenir dos términos. Por una parte, la servemos cómo, presentado de una manera sumamente simple.
escena penosa, reprimida, precisamente la escena de seducción; · lo reprimido justifica las lágrimas]. Se repite a menudo, hasta
por la- otra, una circunstancia acce·soriá de dicha escena -una el momento en que el sujl:to realiza contra ella un trabajo psí-
percepción c;ompletamente ·superficial sobrevenida durante la quico complicado. El efecto ejercido por B no es absurdo; d
escena de seélucción: un objeto cualquiera de la alcoba, un ros- sujeto encuentra una explicación al respecto y puede combatir:
ti~, :etc.-, circunstancia accesoria que va a conv.ertirse en el lo. [Así, pUes, se descubre la idea B, y se logra que salga de su
símholo de la escena. En el caso de Catalina, la circunstancia estado de represión. En ese. momento, la idea vuelve a surgir y
accesoria es un rostro ~terrador, una verdadera alucinación, se produce el trabajo psíquico propio de la cura, un trabajo
que se le" presenta· a Catalina como separada de todo, en de- complejo que. permite eliminar la idea.]
terminadas circunstancias y que provoca angustia, pero ·sin "B tiene algunos puntos de contacto con A [exactamente
otro contenido ideativo. Así, pues, es un rostro completamen- lo que decíamos hace un momento: el síntoma carece de con-
te separado; se presenta como una imagen recargada qe angus- tacto en la superficie; está verdaderamente aislado, y sus úni-
tia, pero sin vinculación asociativa con cosa alguna, sea la que cos con tactos se encuent'ran en el nivel profundo]. Se produce
fuere. ·Puede decirse que sólo en un nivel profundo está vincu- un determinado acontecimiento; que consiste en A + B. A re-
:lado con lo subyacente, es decif,·con la represión. A los efec- presenta allí una circunstancia accesoria, mientras que B posee
tós de la discusión, Freud llama A al síntoma y B a la escena todo lo que se necesita para producir un efecto duradero."
reprimida. Voy a trascribir algunos pasajes de su desarrollo. He Esa es, pues, la manera en que se forma un símbolo, neuró-
aquí el esq~ema de un análisis que se ajusta ,a la ~encilla vi-
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78
'
t;co o histérico. Y Freud va a formular inmediatamente una . tervenido el yo. Ve.amos ahora qué conclusión surge de com-
e mparación con lo que él llama formación del símbolo nor- !}iar~r el pr<?ceso normp.J co1iel pro~eso_p~atol.~gic_o de ~i~~oli­
L~: "Los símbolos se forman también de manera normal. El zactón, temendo en cuenta que la s1mbohzacwn patologtca no
soldado se sacrifica por un pedazo de trapo multicolor atado a es otra cosa que la formación de un síntoma histérico acompa-
un asta [por lo tanto, por algo que es accesorio con respecto a ñado de represión. Desde el punto de vista cuantibrtivo, Freud
la acci.bn o al afecto, exactamente tomo ocurre en el símbolo nos dice: "Todo lleva a suponer que la represión,denota, desde
histérico], porque ese trapo es el símbolo de su país natal; na- el punto de vista cuantitativo, una sustracción [y no una "dis-
die podría considerar patológico este hecho. Pero el símbolo minución"] de cantidad, y que la suma de ambas (es decir, la
histérico es distinto [por supuesto, esto puede parecernos gra- obsesión [aquí, Freud llama obsesión al símbolo; aclaremos
cioso, porque pensamos que tal ve,z es p'atológico; pero vamos que esta obsesión nO implica que se trate de una neurosis obse-
a ver en qué consisten lo patológic~ y lo que no lo es]. El caba- siva] más la represión) es igual a lo normaL De ser así, entonces
llero que se bate por el guante de una dama sabe muy bien que lo que se ha modificado ~s la distribución de la cantidad".
el guante debe todo su valor a ésta, y el valor que le atribuye Ya tenemos, pues, una especie de complejo representativo
no le impide en modo alguno pensar en la dama y prestarle A B (o A + Bt pero prefiero decir A B porque no se trata de la
servicios de otras maneras [lo que no se ha dicho conrespectÓ' . cantidad sino de la cadena) y una cantidad, que sólo ~s, en
a la bandera es que la verdadera causa del sacrificio ...:.la dama b primera instancia, una cantidad de lágrimas que debe seguir
la patria- no está reprimida. La vinculación .se mantiene en el siendo la misma, de acuerdo con un principio de constancia, de
n1vel consciente, y el sujeto se sacrifica por un símbolo cons- equivalencia cuantitativa; como en física, la cantidad de
ciente manteniendo el nexo entre A y B, es decir, tendiendo lágrimas queda írtú:gramente justificada por B. En ciertos
hacia ambas a la vez, por lo menos en un rincón accesible de su casos, la cantidad se distribuye de acuerdo con ifn determinado
conciencia. Sabe que si se bate por la bandera 16 hace, en rea- equilibrio entre A y B; una pequeña parte pasa al guante de la
lidad, por otra cosa simbolizada por ella. Otro tanto .ocurre dama, y ia mayor parte queda en B. En cambio, en el caso del
con el guante: el caballero sabe muy bien que se bate por la síntoma histérico, toda la cantidad se ha ido y ha catectizado
dama; prueba de ello es que también puede sacrificarse por la umcamente a A. Luego, todo nos permite suponer que la suma
dama de otra manera]. La histérica a'la que A hace llorar igno- de las cantidades que catectizan a la vez la obsesión y la
ra que sólo se trata de una asociación entre A y B en la que B represión es igual a lo normal. De ser así, lo que se ha modifi-
misma no desempeña papel alguno ·en su vida psíquica. En ca- cado es la distribución de la cantidad.
sos como éste, el símbolo ha sustituido por completo al ob- "Algo se le ha agregado a A tras habérselo sustraído a B.
jeto". . El fenómeno patológico es un proceso de desplazamiento, se-
En esto reside la diferencia. En un caso, el símbolo sustitu- mejante a los procesos que nos han dado a conocer los sueños.
ye al objeto; se trata, una vez más, de un proceso primario; to- Constituye, por lo tanto, un proceso primario."
da la carga ha pasado de un extremo al otro de la cadena, y en Advirtamos que se hace intervenir aquí el término despla-
B no ha quedado nada. Por el contrario, en el caso del símbolo zamiento, al cual encontramos fundamentalmente en La inter-
normal sólo una parte del afecto se ha desplazado a lo largo de pretación de los sueños, Pues bien, este término no puede ser
la cadena B-A, de manera que el sujeto ha mantenido parte de comprendido sin una interpretación económica; es preciso que
su afecto· por el guante o la bandera; en efecto, no ha aportado algo circule de una representación a otra para que pueda afir--
más que una parte de aquél: ha distribuido su afecto entre la marse que hay desplazamiento, y huelga decir que el mejor
bandera y lo que ésta simboliza. Este es, por lo tanto, un pro- ejemplo al respecto lo da, como si se tratara de un desplaza-
ceso secundario, donde se ha producido una inhibición y ha in- miento total, la imagen onírica. Así, pues, el fenómeno pato-
80 81
1
lógico constituye un proceso primario y se caracteriza por su funciona el yo· sino·'a·la- -modalidad' del deseo,·es decir, de
desplazamiento excesivo, regido por la ley del todo o nada·, sin acuerdo'· con.· el :proce·so -·':'primario':', que -se ·caracteiiD ·por la
posibilidad de que iriter\iehga 'tüi 'mecanismo de atenuación' o circuláción absolutamente-libre' del afecto a: lo largocklas' ca-·
de fraccionamiento. Ahora bien, d hecho de que Freud haya _-denas de representaciones. ·Hallateri)os algunas de-islas en el
realizado ese· primer desarrollo y esa comparación, se debe, esquema que-comentaréírib'sde inmediato, ·· ·
ciertamente, a -que ha querido mostrar que se trata de una de- Freud desea demo~ttar' que este tipo de defensa-fatológica
fensa; puesto que la neurosis es una defensa, el síntoma neu- sólo es posible en el campo dé la sexualidad, y como~rola:tio,
rótico es el producto de ésta. Pero se trata de una defensa que ,si· se quiere (por ser un aspecto muy relacionado coa d proble-
ocurre -cosa curiosa- conforme al proceso primario; ahora ma de la sexualidad),· que úniCamente puede producirSe cuan-
bien, normalmente, éste no caracteriza a la defensa sino a los do hay varios acontecimientos y no uno solo, o cumdo hay
fenómenos de deseo. Y, paradójicamente, la defensa -que es por lo menos dos escenas traum~ti:tantes_. Estos juegas malaba-
por lo general un fenómeno del yo- debería ser, por defini- res entre las dos escenas constituyen lo que Freud llama el seu-
ción, un proceso secundario. Pero sucede que en el caso de la dos, l:í mentira objetiva, una especie de "falacia•, como se
neurosis estamos ante un proceso defensivo que se produce, no podría traducir. .
obstante, con los caracteres del todo o nada, típicos del modo A los efectos de .demostrar lo dicho, me perrniD'solicitar
de funcionamiento del deseo y no del de la defensa. Por lo una nueva lectura del caso EJ:nnia, al que se refiere Freud en su
tanto, será necesario explicar cómo puede producirse una de- Proyecto de una psicologia·p'!ra neurólogos.
fensa contaminada por el funcionamiento primario; o bien,
cómo se produce una defensa en la que el yoquedará en cier-
to modo, y desde el principio, anulado, de manera que pueda
eventualmente reaccionár en fonna: ,cata~trófi<;a, por así decir-
lo. Téngase en cuenta que ·términos como "anulado", "catas-
trófico", etc., son descriptivamente válidos para informar acer-
ca de lo que ocurre en la defensa neurótica. Y justamente pa-
ra explicar por qué toda defensa se produce conforme al pro-
.
..-
~cmseilnU
(pospubcrtad) ..
ElementoS.· de la ii>q)cndielitet Risa
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1
Ve.tidoi

.
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1
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.
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ceso primario, Freud va a introducir un elemento más: esa de-
i ·
Pasti:lcr~ A · _1-\vestidol
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_::::~•.•rlCDda r:l
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_ _ . __..,.
fensa se produce contra un afecto y contra escenas sexuales; mcmcntot Y' \ / Y · -
. cíe la

~ :~.. ~
1
y ofrece esta comprobación -extra_ída en esta oporlpnidad primera ctCCDa . - . _ .
de la clínica (aun cuando lo que acabamos de decir es asimi's-
mo una teorización muy cercana al descubrimiento clínico)-: .. .. . A ..

la defensa patológica sólo se produce cuando recae sobre un


recuerdo sexual.

"EL CASOEMMA"
Hemos enfocado el problema de la seducción. Decíamos que la_
seducción no era sólo un tipo de e~cena, sino también una teo-
ría destinada a explicar la génesis de cierta clase de defensa, es-
to es, de cierto proceso del yo, como dice Freud. Y este proce-
so defensivo no se ajusta
. -cosa paradójica-
.
al modo en que
83
82
Es un caso muy breve en que sólo nos ofrecen tres elemen- na, por lo menos en su segundo episodio, e~. su repetición in-
tos (hemos -de ver de qué modo repercuten unos en otros). Por ·rnediatá', parece marcar una actitud activa en la niña, que, en .
una parte, el slntoma esd representado en el margen derecho resumidas cuentas' regresa a la pastelería y desempeña a su vez- . .
por la reunión de tres .elementos: "estar sola", "tienda" y el papel de seductora .. Desde ese momento hay algo qUe per-
mite presagiar toda la ambigüedad de lo. que; podemos llamar
sentimientos edípicos, así como la ambigüe~ad de la relación
"huida". Se· trata de una fóbica histérica que tiene miedo de·
entrar sola en las tiendas y que generalmente huye si .se halla
sola en est~ clase. de negocios. Tenemos, además, los elemen- que ·puede haber entre una escena realmente vividas el deseo
tos de dos escenas; por lo tanto, hay dos escenas de un sínto- que la habita por parte del niño. El adulto es el elemento acti-
ma -fobia a .entrar sola en las.. tiendas....,.: una de ellas es cons- vo, pero, en última instancia, su actividad está provocada por
ciente y se. produjo hacia los 13 años, ·poco después de la el niño. ·
En el curso de su tratamiento, la paCiente se refirió sin am-
pubertad (en la edición francesa. (y en la española: Freud,
bages a la segu:o9a escena; considerándola directamente vincu-
Obras completas, ed. cit., t. 111, p. 938 (N. del T.)] se ha come-
lada al síntoma. Lo relacionaba ~n forma directa con esta es-
cena, descrita ~n e~J:.oS t~rmii\.os:· "Emma se encuentra dpmina-
tido ·et error de traducir 11 poco antesn en vez de "poco des-
da .por la compuls~6n d~ I).O¡,pp..der ell:trar sola en una :rienda. La
pués", cuando esto es de suma importancia); la otra, descubier-
explica, esto es, .ff~plica ., ~Lsín,tpm~ -~PI}. up r~c\ler9o que;. data
ta por el análisis -llamémosla .· inconsciente, reprimida-,. ha
de los 13 anos (po~o, qespué~-de: su pul:>értad), cualldQ~entró en
ocurrido hacia los 8 años. Las tomo. en sentido cronológico y
una tienda para comprar ~lgo y~ :vio ~ los dos dependientes (a
denomino primera escena a la de los 8 años. Freud tiene razón,
uno de los cuales recuerda) riéridos~ a. carc.ajadas, antelo cual
por supuesto, en mostrarnos las escenas en el orden en que son
descubiertas, describiendo en primer lugar la segunda y ense- echó a correr presa de una espede de pánico. Tal asociación
ñando luego cómo se remonta a la. primera, pero el sentido en
que yo las presento responde a una finalidad puramente
p~rmitió· evocar ciertos pensamientos en el sentido de .que los
dos sujetos se habrían reído de sus vestidos y· de que uno de
didáctica.
La primera escena, descubierta gracias al análisis (insisto en .ellos le había agradado sexualmente". ·
Freud mismo traslada todo esto (el esquema figur·a en el
ello), es una escena que también ocurre en una tienda; incluso propio libro) a un gráfico que es, en verdad, un modelo de los
veremos que hay dos escenas sucesivas: "Cuando contaba ocho gráficos que reproducen lazos inconscientes, lazos asociativos,
años fue dos veces a una pastelería para comprarse unos confi- tales como los que pueden observarse, por ejemplo, en La in-
tes, y en la primera de esa:s ocasiones el pastelero le pellizcó tos , terpretación de los sueños. Cualquiera de los sueños analizados
genitales a través de los vestidos". La escena se repite: "Ape- en este libro es susceptible de ser trasladado a diagramas de
sar de esa primera experiencia, volvió una segunda y última este género, y a menudo más complejos; es una especie de pro-
vez. Más tarde se reprochó haber regresado a la pastelería, co-
mo si con ello hubiese querido provocar el atentado. En efec- totipo simplificado.
Por una parte, tenemos la escena inconsciente, reprimida,
to, la 'mala conciencia' que la atormentaba muy bien podía
cuyos elementos se ligan por lazos de concomitancia y com-
derivar de ese incidente". Resulta realmente interesante obser- prensión; por la otra, la escena consciente. Lo interesante es
var que la primera escena ya es repetitiva a su vez, ya está en que la escena consciente muestra dos tipos de vinculación. Po-
resonancia, y que además es ambigua en lo que concierne .., la demos decir que tiene, por un lado, vinculaciones profundas,
actividad y la pasividad. Aparentemente, desde luego ..:...y asi lo puntuales, elemento por elemento. Por ejemplo, la risa de los
presenta Freud-, se trata de un atentado perpetrado por el ·.
dependientes trae el recuerdo de la mueca del pastelero, un vie-
aduJto, .esto es, de ,tma seducción por parte del pastelero, que
jo gesticulando. Los vestidos noocupan en absoluto la misma
le pellizca a la niña los órganos geni~ales. P.ese a todo, la esce-
85
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' de la angu~tia;y de la teoría de las neurosis actuales. Una


posiCión; esdn allí, representando simplemente su ~ondición descarga ~d~ -~pido s_e:xual,. de afecto sexual, puede, se-
de tales: en un -caso es la maná que ,pellizca a través de ellos los· :·g(In los casqs, _traducir_~e _eh. a~gu.stia o encontrar$e ligada, re-
órganos sexuales, y en el otro son los propios vestidos, suscep- cqnectaqa con .otra cosa y manifes.tarse eventualmente bajo la
tibles de ser objeto de burla. Hay, por último, un elemento {prm~ del miedo. o de otr()~ .afectos. Si el elemento permanece
emocional de índól~ sexual, digamos, al que Freud no vacila en aislado, es ar;tgustia pura; si el sujeto logra reconectarlo a otros
designar como u_ria verdadera "descarga sexual" y que se rela- . elementc;>s conscientes, en ese momento el aspecto subjetivo de
ciona de algún modo con la escena consciente. Si se prefiere, la angustia se halla de algún modo l~gado, limitado y eventual-
esto no figura. en el esquema de Freud, pero hace un momento . mente deformado. · ·
decíamos que los elementos conscientes tienen dos tipos de co- Además, debemos comprender este esquema corno si se
nexión verdadera; una es de naturaleza inconsciente, y la otra, produjera en un momento actual, como si fuera una estructura
una conexión racióna:l de· bien fundada apariencia, ya que la en el presente y, al mismo tiempo, un esquema temporal. Es
paciente la mencionó en. su relato·de·la misma manera en que un esquema actual, sincrónico, porque permanentemente está
contaría un sueño: sencillamente¡ un par de dependientes se subyacente la escena con el pastelero, supuesto origen de la
echaron a reír a causa de su ropa:, y ádemás' Emma tuvo la im- . angustia, y porqúe cada vez que la paciente va a una tienda se
presión de· que uno de ellos la.. at:taía: sexúálmente~ Este segun- reactiva el conjunto del cuadro, Y es, a la.vez un esquema dia-
do tipo de ~onexión,'·aparentémen~e bien fundada, racional, no crónico, .temporal, puesto,_. que hubo una primera escena segui-
es en realidá.d; más que una especi€ detacionálizacíón; púes los da por el surgimiento de la segunda, causante de la represión
verdaderos:· vínculos' ·son·· •discontinuoS~; ·'elemento· ''f>or ele- de aquélla. ¿cómo explica Freud el hecho de que esta escena
mento. Y; ert-Lpárticblar; el ptiiitó ínás impórtlirlte ·...:el afectó- haya sido reprimida? El elemento esencial consiste aquí en la
está. Iejdf de' hábét ''sido provocado pot la.: e:Sceria' consciente, circunstancia de que entre ambas escenas hay un puente, algo
conid.Io·'pf~teridía'la enfetin'a1;'Eh'realidad; es preciso qúe a que determina que en realidad se hayan producido lo que po-
partir de la eséena: consdente se· haya hecho un rodeo, pasando dríamos llamar dos universos diferentes de "comprensión". Es
por la escena inconsciente, para;llegar al·elériü~nto de eriioci6n deár que entre ;¡.mbas se manifestó el momento fisiológico y
sexuaL ES' como -el falso érilace entre una representación A y psicológico de la pubertad. Compréndase, pues, la importancia
una representacióír·B: 3.1 que ya 'rile he referido esqtiemátiCa- de esta breve. frase: "Una de las escenas se' produjo a los 8
mente. Una representación B·'repriiflida e5 la' verdadera razón años, antes de la pubertad; la otra, después": se señala a la
del afecto, que eri el contenido manifiesto se encuentra despla- pubert~ como aquello que permite cqmprender de otra ma-
zado sobre otra· é:ósa. Admito que nie oriento hacia cosas cada nera acontecimientos de la mism,a índole. Y por "compren-
vez más complejas: En el caso de una representación A y B, en sión" no sólo hay que c:ntender un conjunto de representacio-
el que úna representación provocaba lágrimas -lo cual, ade- nes, una comprensión intelectual, sino una comprensión afecti-
más de ser absolutamente absurdo, estaba fuera de lugar-, va e incluso somática,.si queremos ir más lejos. Significa que el
teníamos que pensar que forzosamente había allí algo que las sujeto dispone de nuevas representaciones, y en especial de
provocaba y que no conseguía ser explicado por el contenido representaciones precisas en cuanto a la excitaci6n sexual, por-
manifiesto. Este otro caso es mucho más sutil, porque en rigor que ahora es capaz de tener una excitación sexual, una descar-
la escena consciente parecería justificar el afecto. Está mucho ga sexual.
mejor constituida, y sólo el análisis muestra que aun aquí el Esto reviste, por supuesto, un valor clínico; pero es menes-
· verdadero origeri ·de. la descarga libidinal es, una vez más, la ter limitarlo, desde luego, como todo lo expuesto hasta aquí,
escena inconsciente .reactivada por la· escena consciente. Ade- pues en resumidas cuentas se trata de protopsicoanálisis, de
más, esa liberación de energía sexual nos trae el recuerdo de la 87

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do; no hay trauma. La pubertad implka a la vez, coino ya he
psicoanálisis incipiente. Ahora bien, d modelo que examina- s"eñalado, las representaciones, él complemento de la represen-
mos adquiere para Freud un valor teórico, metapsicológico, tación y las posibilidades fisiológicas de reacción sexual. En
como dirá él tiempo después, esto es, un modelo abstracto del ''·este punto sobreviene una segunda escena. Es un acontecí·
aparato psíquico. El problema 'r>e planteaba de este modo: 'miento muy sencillo:. EmñUi entra en ufiii tienda, los dos em·
¿cómo una defensa, que es por definición un proceso de con- ': pleados se están riendo a t:arcaja_das -al fin y al cabo, quizá se
trol -ya que defenderse contra uri afecto, contra su sexuali- <iiíen entre ellos y no forzosamente de ella-", y Emma huye con
dad, es naturalme.nte controlar lo sexual, ligarlo, trabarlo-, >precipitación, asustada. Pues bien, esta segunda .escena es
puede producirse de maner¡:t cataclísmic;;a, cat<J.!itrófica, lo cual menos sexual que la prhnent. Hay, por ~u puesto¡ cierta atmós·
consiste, lisa y llanamente, en reprimir todo y en no querer sa- fera puberal -llamémoslá. así-=, una atm6sferá sex-ual, pero de
ber ya nada de ello? Pues bien, veamos cómo lo describe Freud todos modos no aténtán. cofittá ella, río existe, como la prime-
ulteriormente, Debe haber ante todo (y estoy introduciendo ra vez, un atentado deliberado: y explldtarnénte sexual. Esta
términos personales) algo así como el d?pbsitQ de una primera segunda escena no seda ttaurnatizante por sí misma si no llega·
escena (una vez más, es la escena dibujada en círculos en blan- ra a reactivarla primera.. Veatfios cómo describe Fr~ud todo es·
co), que antes de la puber:tad ocuparía una posición comple- . toa título de conclusiónJie,sus br.eves páginas sobre el protón
tamente ambigua, es decir, que no sería c<msciente ni, pese ll seudos: "Nos encontramos ,a<¡ii.Í ant~ el caso de que un recuer-
todo, verdaderamente inconsciente. No está reprimida; simple-· do despierta un afetw que no pudo suscitar cuando. ocurrió en .
mente está deposhada, como aislada en la conciencia, pero no calida.9 .de vivencia [en la época en que se produjor el recuerdo
obstante es accesible. Y es ambigua porque no es consciente ni no hábía sus~itadó el ·a.f'ect~ y la des~ar~a. fisio16gica¡ para
inconsciente, porque es a la vez sexual y no sexual. En efecto, Freud es lo m1smo: es d. equivalente fiswlogtco], pórque en el
para decirlo de un modo grosero, por cierto, pero válido a tí- ínterin las modificaciones de la pubertad tornaron posible una
tulo de primer análisis, es objetivamente sexual porque tanto
para nosotros, que la conocemos a través de un relato, como nueva comprensión de lo recordado.
"Ahora bien, este caso es t~pico de la représión que se pro-
para el espectador que habría podido observarla, se trata, sin duce en la histeria. Siempre cómprobamos que se reprime un
más, de un acto sexual: el pastelero ponía su mano en los órga- recuerdo, el cual sólo apres~coup llega a convertirse en trau·
nos genitales de la niña. Siendo, pues, una escena objetivamen- ma". Esto es importantísimo. El trauma no está en ninguna
te sexual, debe de haber sido no sexual en el plano subjetivo, parte; no está en la primera eseena, que no provocó invasión
o en todo caso parcialmente n"o sexual, debido precisamente a energética alguna, ningún desborde del sujeto por efecto de sus
que las capacidades psicofisiológicas de la niña no estaban to- propios· afectos o de un acontecimiento externo. Por sí mis~
davía a la altura de la escena, por así decirlo. A este tipo de mo, el segundo acontecimiento tampoco es traumático. El
escena, a esto~ acontecimientos, Freud los denomina aconte- trauma está, (ntegro, en el éspacio comprendido entre ambos
cimientos "sexuales-presexuales", término qu.e habla a las acontecimientos o en el juego de ambos; está en la "falacia",
claras de la ambigüedad de los acontecimientos más arcaicos. en esa especie de mentira objetiva que hace que una segunda
Así, pues, la primera escena se encuentra en depósito. El escena reactive, con otro sentido, una escena ya depositada
yo no ha sido alertado por una escena que no lo pone en peli- allí: "Siempre comprobamos que se reprime un recuerdo, el
gro ni provoca descarga de energía (en aquel momento no exis- cuai sólo apres-coup llega a convertirse en trauma". Y Freud
tía la descarga; ésta sólo fue posible en las circunstancias pro- subraya sólo apres-coup. Así vernos que la categotía tem-
pias de la pubertad). Repito: el yo (para personificarlo como poral del nachtraglich, del ttpres-coup; queda muy pronto
una especie de personaje dentro de la persona, como hacen,
deslindada, y que Freud vil. á destacarla eh toda ocasión. No se
después de todo, Freud y_ los psicoanalistas) ho ha sido alerta-
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trata en absoluto de un concepto presuntamente deducido por se produce una. efracción generalizada, de amplio
los posfreudianos sino de'un concepto completamente freudia- ,. esta efracción ocurre; -e:n primer. lugar, en el límite cu-
no. "El motivo de este estado de cosas reside en el retardo de (o:auma "abierto':').. .. .
la pubertad con respecto al restante desarrollo del individuo." Ahora bien, en ~~ ~:~o del trau:A'la psíqui~o,no es süfitiente
Hay en lo anterior, evidentemente, una referencia a las ca- er una trasposición de las cosas y decir ·q'!Je· hay UDa anal o-
racterísticas de la sexualidad humana y al desajuste entre el de- entre el trauma .físico y lo gu.e ocurre en.elniveljlsiquico.
sarrollo sexual en el ser humano y el conjunto de su desarrollo cierto modo, Charcot parece haber tenido c:n ..esa época esta
general. Si se prefiere, podemos traducir esto con una metáfo- ,dencia, aun cuando se acercó bastante a las ideas dcsurolla-
ra más o menos aproximativa. En un primer tiempo se instala al respecto por Freud. Es preciso concebir que cl trauma
una quinta columna en el·territorio, y en un segundo tiempo · o no es externo sino interno: el sujeto mismo se trau-
ésta resulta súbitamente reforzada, reactivada, y llega a conver- manza. y lo traumatizado -en el caso del trauma físico es el
tirse en u!l elemento que desde el interior· ataca al sujeto. En equilibrio del organismo y su límite-, lo invadido, es algo b¡ts-
Estudios sobre la histeria hallamos la prueba de que esta no es parecido al organismo, es ese pequeño sujeto que está

una idea pasajera·de Freud por ese entonces,sino·realrriente el del sujeto,_ ese· pequeño .organismo conténido dentro
eje de su pensamiento. He aquí lo que· Freud mismo· explica en ·del organismo, y al que ya en esa época se lo describe como el
las primeras· páginas: "En lo que respecta a la relación causal yo. Se describe al yo como algo que posee un límite y una ho-
entre el tra'lill\l' psíquico motivador y.·el.fenómeno histérico meostasis, de la misma manera.en que el orgaRÍSmO tiencun lí-
[o sea; entre el síntoma y la escena descubiert.a], hay gue cui- mite y una homeostasis. Pues bien, el yo se encuentra en una
darse de creer' que el· trauma actú·e:a. la manera de u~ agent situación catastrófica porque sus mecanismos de defensahabi-
provocateur ['el 'termino está. ennftancés en él texto y alude' a .. tuales. no han .podido actuar f y' especialmente porque ano ha
las teDfías de la histeria vigentes aila ·sazón· en; Francia] causan- sabido adaptarse. Tampoco ha podido poner en acción lo que
te del desencadenamiento del síntoma;· éste, ya independizado, ya he señalado como el motor de las defensas noriDJks; me
continuada subsistiendo [lue~o, no hay que pensar que existe refiero al mecanismo de la atención. Declara Freud: "El mejor
un desencadenamiento ni que· el síntoma: vive, en suma, de su instrumento de que dispone el yo para la defensa normal es el
propia existencia una vez que el acontecimiento ha pasado]. mecanismo de la atención. Cuando una catexia generadora de
Más .vale decir que el trauma psígüico y subsiguientemente su displacer es capaz de escapar a la atención, la intervención del
recuerdo actúan a la manera de un cuerpo extraño que, mucho yo resulta demasiado tardía. Eso es justamente Jo que ocurre
tiempo después de su irrupción, continúa desempeñando un en el caso del protón seudos histérico. La atención.se concen-
papel activo. [Comprobamos, pues, que el cuerpo extraño e5 tra habitualmente sobre .percepciones por lo general suscepti-
justamente la quinta columna, o, si: se prefiere, esa especie de bles de desencadenar displacer. Pero aquí es una huellamnémi-
externo-interno instalado, depositado en un primer tiempo en ca y no una percepción [por lo tanto, un recuerdo y no un
el .sujeto y luego preparado para realizarse y originar, en es( acontecimiento actual] la que. inopinadamente provota el dis-
mismo momento, un proceso de índole· primaria, es decir, um placer, y el yo lo descubre demasiado tarde. Ha permitido que
~e llevara a cabo un proceso primario simplemente porque no
represión]".
En este sentido, Freud realiza una verdadera revolución esperaba que ocurriera".
con su teoría del trauma supera las dificultades, las aporía~ Todo esto es antropomórfico, como vemos; pero pienso
teóricas, provenientes, sobre todo, del hecho de que la teorú que debemos aceptar este antropomorfismo, tal vez (y en esto
del trauma había sido tomada de la medicina somática. La teo l'oy más allá de Freud) como una de las característicasinevita-
ría del trauma sostiene en principio que en el equilibrio de m )les de toda psicología del yo. No podemos hablar dd yo de

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otro modo que en términos ingenuamente antropomórficos y roonio ocasiones de revivíi' acontecimientos o fantasías mucho
decir' por ejemplo -como nos oicen aquí...,., el yo há. sido-sor- . ihás arcaicas-, más precoces. La segunda ohje-ción apunta ·al-· ·
prendido, tomado por detrás, atacado por el lado en que no lo .. hecho de que este modelo parece implicar la noción de que
esperaba. Está acostumbrado a enfrent~r percepciones, y aquí "existe ijna il)'ócencia originaría en el niño, e incluso una inocen- '.
se trata de algo que desde adentr<r ~algo que para. él ya estaba · prepúber, lo cual se qpone por completo a los descubrí-
clasificado, puede decirse, de una vez por todas-· adquiere , mientos ulteriores y aun a lo ya dicho por Freud. En efecto,
bruscamente. una sígnifica:ción nueva y le impide poner en jue- . iflcluso en el recuerdo que data de los 8 años está presente esta
go t:oda una serie de reacciones fraccionadas, moderadas, en simbigüedad, ya que~ en última instancia, nada prueba que la
la~ que intervienen la atención y el hábito. Pero veamos la con- . chiquilina no provocó al pastelero. Por lo tanto, la inocencia
clusión del ca,pít:ulo; "Lo es~ncial es que e.n ocasión del primer prepúber es .muy improbable. Y, por último, se plantea una ob•
desencadenawhmto de displa~er hayá oposición del yo, a. fin ,ijeción con respecto al realismo· de todo esto, al realismo de las
de que el proceso no se c.fect4e a la manera de una experienci:;J. escenas que intervienen en este caso. Reformulemos sucinta-
afeét:iva primaria 'póstuma' [este es el término empleado aquí mente las tres objeciones para ver- de qué manera serán eriun~
·por Freud; se trata de un trauma póstumo, de un recuerdo éiadas luego -y refutadas, 'en cierto modo-, o, en todo caso,
muerto que a.taca al yo, y. para que esto no se produzca es ne- .cómo se han .desplazado' los problemas planteados por ellas.
cesario que el yo haya podido actuar desde la primera vez]. T4l El hecho de que todo oczlt?-iera en un periodo muy tardío.
es, no ob~tante, lo que se produce cua.ndo, como en el caso del Ante todo, el análisis realizado por Freud en los años subsi-
prptém $CUdQs histérico, el desencadenamiento de displacer lo
guientes permite remontarse a escenas sexuales mucho más ar·
ocasiona un recuerdo. Gracia~ a esto se ve confirmada l:;t im- · caicas y precoces; Freud las llama "originarias", y entre ellas
portancia de un::~. de las con~iciones necesarias que la e4perien- hay, por supuesto, escenas de seducción. Pero ~o hay sólo es-
CÍFJ. clínica. nos ha dado a conocer: t!l retardo de la pubertad
cenas de seducción sino también -y sobre todo-lo que se de·
posibi/itq/a ocurre.n~~ de pro~esos primqrios póstumos".
signa como "escena originaria", e~ ·decir, la observación por el
niño del coito parental. Yo querría limit.arme a señalar que en
Nf:l.tur!J.lm~nte, si tomamos este:: modelo corno la última p:llabra
la escena originaria sigue existiendo la ambigüedad entre acti~
de la t~or(~ fr~udiana, corremos el ries~o de topamos con obje-
vidad y pasividad, o sea, la incertidumbre con respecto a quién
cion~s cap.ítales, No s~ trata, pues, de pr~sentarlo de tal modo.
seduce a quién, quién provoca a quién. De todas maneras, nada
Pero lo qye al fin ele cuentas restllt:a intere~ante -y por eso me
impide en cierto modo concebir que la escena originaria es, en
d~tengo en este moqelq..,... es el hecho ele que en la obra de
alguna medida, el model~ más antiguo y fundamental de una
Freud nunc!J, hJJbo otros mod~los tan elaborados, ni siquiera escena de seducción en que los padres seducen al niño.
un modelo que lígara la ~exualldad cpn la represión. Por muy
hondo qye C:ale la crítica, a este modelo se debe la introduc- Inocencia prepuberal. Es evidente que esto ha sido abando·
ción de ·un tipo de temporalidad compktamente específica, nado completamente en la actualidad; pero querría que se cap-
de la que podemos intentar eJC:traer algo referente a las relacio: tara lo. siguiente: en este caso, lo importante no consiste en
nes entre la $exu~idad y la defcm~>a, ;;aber si el individuo ha dejado de ser inocente después de la
Be hablado de objeciones, y es posible que se nos ocurra pubertad, habiéndolo sido antes, sino en señalar que entre un
un grªn número de ellas. El hecho, por ejemplo, de que todo estado y otro hubo' una fase, un período de transición, un
haya ocllrrido en fecha muy tardía; -se trata de recuerdos que umbral de comprensión. Por lo tanto, lo importante en este
datan de los 8. y los l3 años. Sabemos que el análisis ~;:ohsidera desarrollo de Freud no son las dos fases en sí mismas sino el
esos recuerdos en sí mismos como fachadas o, en todo caso! hecho de que ha habido un momento de transición, un límite

92 9)
entre ambas. Y coQ esto introducimos lo que en psicoanálisis Se trata, pues, de un modélo tópico de diferentes sistemas •
llegará a. se'f' la teotí:f de los "estadiosn o' de las "fases,' una signos; a:gr:upados según "determinados modos de 'córnpreñ-
teoría cuyo esquema más teórico está ya prefigurado aquí, al > como se indica segiiidamente. Y luego ún modelo tempo-
igual que en una carta muy importante y un tanto posterior al ejerce ·sU acdón 'sobre el modelo tópico y es similar al .
Proyecto; me refiero a la carta 52, del6 de diciembre de 1896. ~ya examinado- sincrónico y diacrónico a la vez ..
Resulta interesante asimismo la circunstancia de que, al fin y al · ~,... ,.;.....,..,.., el modelo temporal; casí lo introduce Freud: "Oebo
cabo, mientras que la teoría de las "fases' 1 propiamente dicha que las sucesivas transcripciones representan la pro-
va a enriquecerse y aun fundarse en los años posteriores a 190Q cción psíquica de sucesivas épocas de la vida". Y continúa:
e incluso a 1905, el modelo teórico de las fases y su papel en el cada límite de dos de esas, épocas [vemos que lo importan·
proceso de defensa ya ha sido descrito mucho antes .por Freud. te no estriba realmente en saber que hay épocas sino que se
En la carta 52 advertimos la coincidencia o el juego entre dos tl,'ata de un asunto de límites; de un fenómeno de_ pasaje] debe
tipos de sucesión, de clasificación: por una parte, lo que puede ifectuarse la traducción del material psíquico". Y he aquí el
denáminarse un modelo tópico; po! la otra, lo que podemos modo en que explica ahora:la represión: "Es la falta de traduc-
llamar módelo temporal. · ·· [teníamos al respecto un modelo bastante mecanicista, y
El modelo tópico comist~. dice Fr~ud, en que los recuer- aho~a tenemos un modelo que. se· asemeja más a lo que podría
dos de un individuo parecen estar clasificados de acuerdo con :llamarse modelo lingüístico], lo que- en clínica denominamos
ciertos modos de comprensión, con arreglo· a sistemas. Es la ·· 'represión'. Su causa es siempre la producción de displacer, que
prefiguración de la tópica tal ctial será desarrollada, por ejem- resultaría de una traducción [... ] La defensa patológica
plo, en La interpretación de lqs sueños; y en toda la teoría! [nuevamente distin~e entre defensa normal y defensa patoló-
tópic~- posterior de Freud .. Veamós uri breve pil53.jé que versa' gica]' sólo se dirige contra las huellas mnémicas todavía sin
sobre esa estratificación (porque de esto se trata} de capas d~ traducción y pertenecientes á una fase anterior". Y además
recuerdos en el sujeto: "Parto de la hipótesis de.que nuestro este pasaje, que recuerda e:Xplícitarriente la teoría de la seduc-
mecanismo psíquico se ha establecidó por un proceso de estra- ción: "Un suceso sexual sobrevenido en el curso de. una
tificación: los materiales preseñ:tes en forma de huellas mnémi~ determinada fase actúa durante la fase siguiente como si fuera
cas se encuentran de tanto en' tanto modificados de acuerdd áttual, esto es, irreprimible. En otros términos, en la dimen-
con las nuevas circunstancias,. . sión del presente 'sobrevive un "cuerpo extraño interno". Por
Hay, pues, estratificaciones, y al mismo tiempo, como lo tanto, la condición que determina una defensa patológica, o
vamos a verlo, transiciones, traducciones· -así se expre~a sea, la represión, es el carácter .sexual del incidente y su ocu-
Freud-, posibilidades de traducción,- o, por el contrario, difi- rrencia en el trascurso de uria fase· anterior; consiguientemente,
cultades de traducción cuando se trata de pasar de un sistema por supuesto, se abandona la inocencia prepúber, pero se
a otro. ·Ese era exactamente el caso; el problema consistía en conserva lo esencial del mencionado esquema, a saber, el hecho
traducir al lenguaje presexual, o "sexual-presexual", el lenguaje de que la psicología de la defensa· y de la represión es incom-
de la sexualidad pospuberal. "Lo esencialmente nuevo que hay prensible si no se destqca sobre el telón de fondo de una
en mi teoría -continúa Freud- es la idea de que la memoria sucesión de fases. Y también vemos ahora que las fases no
está presente, no una sola vez, sino varias veces, y que se com· desempeñan en el psicoanálisis el papel que pueden desempe-
pone de ·diversas especies de 'signos'. Ignoro el número de tales ñar en otros ámbitos. No se trata de formular una génesis del
registros, pero probablemente alcanza a tres y tal vez a más. individuo a través de fases, aun cuando esto ocurra en el nivel
El esquema que figura a continuación ilustra este modo de fisiológico o desde cierto punto de vista psicológico. Lo
ver." [Remito al esquema que figura en la carta 52.] interesante para la psicología del inconsciente es el hecho de

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que esa sucesión de fases implica que debe de haber diferentes tiempo) a propósito de los cuidados prodigados por la madre
sistemas de co~prensión, así como problemas _o dificultades. de al bebé. El aseo, el acunamiento, en fin, todas la·s atenciones
traducción, cuando se pasa de una fase a otra. Las fases psi- de carácter corporal de que se halla rodeado el bebé. corres-
coanalíticas no son genéticas. Constituyen el telón de fondo ponden, según Freud, al capítulo de la seducción·, de la acti-
que hace posible la existencia de procesos inscritos en esa vidad sexual del progenitor con respecto al niño:
temporalidad tan particular designada con términos como el de Pero, además, ese abandono es ambiguo en el sentido de
apres-coup. que esta "fantasía", que proviene del término pbantasieren
Veamos la tercera objeción, por fin -la que apunta al rea- -imaginar, estE imaginación que va a reemplazar al recuerdo-,
lismo de las escenas-, y el hecho de que el propio Freud toma · no puede quedar en el aire. Ella no es en sí misma una solu-
en esa época un poco demasiado en serio quizá (él mismo ha ción; debemos preguntarnos, por nuestra parte, de dónde pro-
de decirlo). lo que en otro momento designa como menri!a. viene la im~ginación, porque limitarse a permanecer en el terre-
Significa que muchas escenas de seducción son, en realidad, no de lo imaginario, de la imaginación, implica -como perci-
construcciones, o lo que poco después Freud designará con el bió Freud- estar muy dispuestos :a desvalorizar toda neurosis,
término de "fantasía" .. Se sabe -no quiero insistir en esto- especialmente la -histeria; y no habría necesidad de la fanta-
que muy pronto, en un momento de depresión, Freud P.arece sía si sólo se .tratara de convenir en que,. después de todo, los
aoandonar la teoría de las escenas, para decir que, en rigor, to- histéricos, y los neuróticos en general, son personas que toman
do debe ser reconstruido a partir de la noción de fantasía. Re- sus imaginaciones por realidades, que sufren de males imagina-
. sulta imposible, aun material y estadísticamente, pensar que rios, que son, para decirlo de una vez, enfermos imaginarios.
1as seducciones reales ocurren tan a menudo en la vida de un Esto quiere dedr que, para Freud, el problema referente a los
niño. Pero he calificado de depresivo ese momento de Freud; f~ndamentos de la fantasía, a su origen, sigue en pie y va a ser
en todo caso, nunca será un momento definitivo: quiero decir siempre objeto de investigaciones y discusiones; señal,9, en este
que jamás abandona en forma total las escenas reales, y que es- punto, las tres direcciones que seguirá Freud en su afán de fun- ·
te abandono ocurre en el contexto de una ambigüedad que se damentar la fantasía. Se apoyará, por un lado, en aconteci-
perpetuará en la historia del pensamiento freudiano. Por mu- mientos reales, o por lo menos en indicios elementales de un
cho que Freud diga en 1897 que las escenas reales sólo son acontecimiento, en elementos perceptuales r.einterpretados.
casi siempre construcciones de las histéricas, jamás dejará de Por ejemplo, en "el hombre de los lobos" formula la hipótesis
buscar escenas reales ni de rastrear en todos sus análisis los de que si el protagonista no tuvo oportunidad de observar el
elementos de realidad. Uno de sus análisis más característicos coito de sus padres, quizás haya habido en el origen la percep-
al respecto es el de "el hombre de los lobos", cuya discusión ción de un coito animal susceptible de proporcionar bases rea-
teórica se centra, justamente, en la búsqueda de lo que pudo les a su fantasía. Por lo tanto, la primera vía es esta: búsqueda
ser, aun en estado rudimentario, la realidad perceptual a par- de elementos reales, y no ya de acontecimientos, si se prefiere.
tir de la cual se construyeron la fantasía y el sueño de los lo- Freud toma a veces esta segunda vía, pese a ser muy dudosa
bos en cuestión. Por consiguiente, Freud continuará rastrean- y escabrosa: vincular lisa y llanamente la fantasía con la fisio-
do los elementos reales y la seducción misma -me refiero a la logía. En este sentido, Freud dice sencillamente -como últi-
·seducción real- llevada a cabo por los adultos primero y, mo recurso, en mi opinión- que, al fin y al cabo, la fantasía
fundamentalmente, por los padres del niño después. La seduc- no es más que la florescencia de la sexualidad espontánea,
ción seguirá desempeñando un papel importantísimo; sólo mu- fisiológica, del niño. Podemos preguntarnos, ·a justo título,
cho después repetirá Freud esta afirmación, sobre todo (ya se por qué camino algo tan elaborado, complejo y estructurado
ve que relacionamos cosas que se ·hallan muy separadas en e] como las fantasías, con las que el psicoanálisis tiene que véP
96 97
~

selas, puede llegar a ~er, sin m_~diació!l,alguna, el resultado pu- junco ge gestos en los que no podemos -en los que el niño
ro.y simple de la evoluci6ñ fisiológica del niño. Por último, la no puede- dejar. de percibir o de aprehender, hasta cicito
tercera vía consiste en la idea de que hay en la fantasía algo punto, las fantasías que estructuran esos gestos. Quiero decir
que supera al individ_uo, de que hay una trasmisión. En efecto, que las fantasías maternas otorgan su particularidad a esa se-
las fantasías se repiten de determinada manera -es un hecho-; ducción,. y que el problema consiste en saber de qué manera se
poseen una resistencia que hace de ellas elementos duros, por trasmiten -yo preferiría otro término, pues éste tiene deaaa-
así decirlo, para el análisis, y también tienen una estructura y siado que ver con el aprendizaje-, de qué modo las fantasías
son universales (es decir, se las encuentra en todos los indivi- - parentales, ~n especial las maternas, están refractadas en el
duos), por lo menos dentro de un mismo medio cultural (por~ psiquismo del niño.
que sería muy presuntuoso querer trascender el tipo de cultu-
ra en que se han descubierto las fantasías). Pues. bien, Freud
intenta explicar todo éSto formulando la hipótesis de que
existe una trasmisión hereditaria de fantasías prehistóri-
cas, o, con mayor exicritiid; de recuerdos prehistóricos. Es,
en resumidas cuentas, la idea de que lo que fue acontecimiento
en la prehistoria se ha convertido en fantasía en el individuo;
por .ejemplo, la escena originaria; o el asesinato del padre o, en
fin, toda una serie de estructuras fantaseadas fundamentales
deben de tener, según Freud, un origen en la prehistoria real
de la humanidad, especialmente en la historia de la horda
primitiv~.

Está claro que ninguna de estas tres soluciones es realmente


satisfactoria. La tercera debe ser tomada como lo que -,-a mi
juicio- es para Freud: una especie de mito y no una teoría ·
histórica cabal. Pero a pesar de todo tiene el mérito -si se
accede a interpretarla, porque no hay que tomarla al pie de la
letra- de destacar el hecho de que la fantasía no es una simple
manipulación y creación del individuo, sino que supera a éste
en sus estructuras fundamentales. Si quisiéramos retomar este
problema, habría que llegar a concebir la fantasía como el mo-
do en que el individuo -con mayor precisión, lo que ya es pre-
individuo, es decir, ese animalito humano que es el lactante-,
refracta subjetivamente un universo, estructurapo a su vez por
las leyes del parentesco y constituido también por fantasías.
Creo que Freud nunca estuvo tan cerca de la ubicación -yo no
diría solución- de este problema como cuando se refirió a los
cuidados y a la seducción materna, en la medida en que esos
cuidados, o esa seducción, no son simples gestos sino un con-
99
98
IV
EL INSTINTO PERDIDO

He de referirme a ,los Tres ensayos sobre una teoría sexual,


publicados en 1905. Su plan estaba previSto mucho antes, des-
de 1899, época en que Freud terminaba su trabajo sobre La
interpretación de los sueños, de· manera que, al parecer, vol-
vemos a encontrar aql:tí algo de la dualidad que intento discu-
tir: ¿Existe, por un lado, una teoría psicoanalítica de los meca-
nismos tal como aparece sobre todo en La interpretación de
los sueños, libro en que, al fin de cuentas, se habla bastante
poco de la sexualidad, rero mucho de los procesos del sueño,
y, por el otro· (o sea, a margen de esos mecanismos), algo que
vendría a ser un descubrimiento del contenido sexual de
éstos? Ya he tratado de demostrar que esta separación no
llegó a ser, por cierto, la última palabra en el pensamiento
de Freud.
La importancia que atribuye Freud a los Tres ensayos
es muy grande, a tal punto que constituye uno de sus trabajos
que, junto con La interpretación de los sueños, modificará
permanentemente en el curso de su vida para tenerlos al día.
Las fechas de las sucesivas ediciones alemanas son: 190 S (la
primera), 1910, 1915, 1920 y 192 5, esto es, cada cinco años.
Considero que, si se leen los Tres ensayos dentro de una .pers-
pectiva que deje alguna enseñanza, que no ponga todo en un
mismo plano, sino que sea verdaderamente una lectura en va-
rias dimensiones -y la dimensión histórica es esencial-, hay
que tener muy en cuenta esas sucesivas ediciones.
Los principales agregados o modificaciones de los Tres

101
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~~~: ensayos son: en el r.rirr~ro. todo el r.asaje a(:e~_ca del sadism? El plan de los· Tres ensayos es sencillo en sus líaeas genera-
y el masoquismo; en el segundo, tenemos por un lado el capi- les; es decir, en sus tres capítulos, que son: "Laslherraciones
tulo sobre la investigación sexual, relacionado con la elabora- sexuales", "La sexualidad infantil" y "Las modificaciones de
ción freudiana de la teoría de la fantasía, que no data de la pubertad". Es, como· vemos, un plan que mezcla a ia vez el
1905 sino de 1915, y por el otro tenemos lo que quizá tenga género históríco, puesto que tenemos la secuencia sexualidad
mayor importancia: el capítulo consagrado a las fases de de- infantil-pubertad, y una introducción a la primera parte que no
sarrollo de la organización sexual, lo cual significa claramente sigue el desarrollo histórico· del asunto, pero q.: tal vez se
que Freud tuvo desde el principio la idea de fase de la sexuali- ajusta, en rigor, a una interesante dialéctica, cpt intentaré
dad, idea que se desarrolló de manera gradual. En la primera . señalar a grandes rasgos.
versión de los Tres ensayos, la de 1905, se advierte una gran Si trazamos un índice interno de estas partes, cacontramos-
oposición entre la sexualidad infantil y la sexualidad adulta, una extrema complejidad que hace del libro un tato .difícil
sin que dentro de la primera se hayan distinguido aún fases; de planificar y, al mismo tiempo, muy vivo. Fmld retorna>
Freud se refiere, en realidad, a tipos de organización. Por lo varias veces los mismos temas, con el fin de ~~rlos.
tanto, no debemos pensar que este aspecto surgió en forma Finalmente, se trata de un plan a la vez de_)mmigación y
acabada del cerébro de Freud, es decir, incluyendo todas lás de polémica, por así decirlo. Y consid~ro-qlle unotk los aspec-
fases de la sexualidad infantil. Y eh la tercera parte hay un ·pa'" tos fundamentales de esta ·obra _c.e~nsíste en dar pita una polé-
saje muy importante, el de la "'Teoría de )a libido", que sé , mica que simultáneament.f}r:Sigue muy de cerca elmovimiento
añadió en 1920, lo cual' signifi;ca ·que integra la contribución de lo que describe·; Estamos, pues, si se quiere, ante un plan ,
de la teoría del narcisismo. heurÍstico, UD plan de investigaciÓn, polémico y, BO obstante,
En cambio, no se incorporó a' los Tres ensayos lo que genético.
habría de venir' poco después, alrededor de 1920, con motivo El hilo conductor que propongo para leer lasTres ensayos
de una modificación de fondo destinada a introducir lo que es la noción de pulsión (en alemán, Trie b) y su ~sición a la
hoy se denomina "pulsión de muerte"; esta modificación fue noción de instinto (en alemán, lnstinkt). Quizá sarprenda ver
ta·n importante que no se incluyó en los Tres ensayos, y sólo esta oposición. Pero sucede que muy a menudo -y lámenta-
apareció principalmente en notas. Cabe preguntarse qué blemente, porque dificulta la comprensión- se lsa traducido
habría podido reescribir Freud si hubiera utilizado su oposi- Trieb por instinto, es decir, no se ha tenido el Cllidado de ad-
ción entre ptilsión de vida-sexualidad y pulsión de muerte. vertir que para Freud había explícitamente lugarno sólo para
Podemos hacernos una idea de lo que habrían podido llegar a la noción de Trieb', sino también para otra denaminada lns-
ser los Tres ensayos modificados -por lo menos podemos tinkt, a la que asignaba un sentido completamellte diferente.
imaginarlo- remitiéndonos a un trabajo muy posterior; me · Está claro que Freud atribuye una significacióa diferente a
refiero al Compendio de psicoanálisis, sobre todo a su tercer ambos términos, aun cuando en la lengua alermna suele to-
capítulo. Surge allí, por lo demás, una <;lificultad para llevar márselos por sinónimos; se oponen, por lo tanto, en su acep-
a cabo una síntesis entre la teoría de la pulsión por antono- ción estrictamente freudiana, porque por lo demás son térmi-
masia,. o sea, la pulsión sexual -hasta el punto de que pode- nos que desde el punto de vista etimológico qurren decir lo
mos interpretar rápidamente diciendo que para Freud no hay mismo. Trieb deriva de trieben, que significa impulsar, e lns-
más que una pulsión: la sexual-, y la introducción, precisa- tinkt tiene a-simismo una raíz griega y latina que significa im-
mente, de lo que él llama pulsión. ¿se trata de lo mismo? pulsar, excitar, estimular. En ambos casos se trala, en efecto,
Aclaro: ¿se sitúa la pulsión en el mismo plano que la sex.ua- de una fuerza que hace avanzar algo. Bien vemosque la etimo-
lidad ;¡ Este es otro problema. logía no nos sirve de mucho. Lo interesante es d uso, la dico-

102 103
' Pues bien, señalamos dos puntos: por una parte, con el tér- jeto. Para captarlo··de manera aproximativa, es necesario ver
mino de- Drang se introduce la hipótesis denominada económi- con claridad que rio se trata en absoluto de la misma cosa·. El
ca, es decir, el hecho de que los procesos psíquicos conllevan fin es el tipo de acciÓn; y d objeto, aquello a lo que ese tipo ·de
un factor cuantitativo, una especie· de X -como dice Freud en acCión apunta. En :}oS Tres ensayos se dice: "Comencemos
varios textos-, que no se puede medir en términos absolutos, por fijar dos términos. La persona que- ejerce una atracción
quizá, pero que por lo menos se puede comparar en determi- sexual será designada como objeto sexual, y el acto al que .
-nados casos. De esta manera podemos hablar de un conflicto impulsa la pulsión se denominará fin sexual". Por ejemplo, en
económico y pensar, como dice Freud utilizando una metáfo- la relación sexual· heterosexual llamada: normal,·el fin sexual es
ra, que en el psiquismo la victoria final siempre corresponde al el coito, y el objeto sexual, la persona del sexo opues-to. Esto
batallón más fuerte. En los conflictos siempre vencen los bata- es aparentemente simple, pero se trata, una vez más, de una
llones mayores; no hay nada que hacerle. El empuje equivale primera definición, y ya veremos cómo ésta se suprime un tan-
pues, a lo que ya se había denominado "cantidad", según vi- to a sí misma.
mos a propósito del Proyecto de una psicología para neurólo- Ya indicada sutintamente la anterior oposición, tomemos
gos, y que subjetivamente se traduce por 1<;>' que Freud llama los términos. El fin es el acto al que empuja la pulsión. Y en
afecto. Cito uno de los primeros t(!xtos eri los que se intro- "Pulsiones y destinos de las pulsi()nes" se lo especifica. En
duce la noción de cantidad; se trata de- un texto de 1894: Las efecto, ¿qué puede buscar la pulsión al margeri del objeto en
neuropsicosis de defensa. "En las funciones psíquicas debe dis- el que ·tiene que realizarse? Sólo una cosa puede buscar, y es
tinguirse algo (quantum de afecto, suma de excitación) [se los su satisfacción: "El fin -sólo puede ser obtenido suprimiendo
da como sinónimos] que tiene todas las propiedades de una el estado de excitación en la fuente de la pulsión". (Dejemos
cantidad, aunque no poseamos medio alguno, de medirlo), algo por ahora a· un lado el término de "fuente".) En este caso hay,
susceptible de aumento, disminución, desplazamiénto y des- pues, una distinción: 'El fin resultaría ser aquí algo muy vago,
carga y que se extiende por las huellas mnéniicas de las repre- muy, monótono: la Satisfacción. En realidad, este es sólo el fin
-sentaciones, coll?o una carga eléctrica por la superficie de los final; hay fines intermedios o preliminares, que también nos
cuerpos." Surgejotra ve~ el dualismo de la cantidad y represen- interesan. Veamos: ¿por qué vías se puede llegar a la-satisfac-
tación, pudiendo aquélla circular "por la superficie de esos ción? De modo que diferentes fines, más ·próximos Q interme-
conductores que son las cadenas representativas';'. Y Freud va dos, pueden ofrecerse a una pulsión, Son fines. que Se combi-
muy lejos, pues no sólo plantea la hipóte¡~ económica, sino que nan o intercambian unos 'con otros. Por lo tanto, existe un
además nos'.·dice que el,t"carácter 'db efupuje' es una propie- final, pero muy vago, que no nos ensena gran cosa, pero
que es acaso efúnico que está ligado a la esencia de la pulsión,
dad general de las pulsicfues y aun la esencia de éstas". De mo-
es decir,· a su cantidad, una cantidad que debe descargarse. En
do, pues, que la pulsió~\ está definida por algo muy vago. Se
cambio, los fines intermedios; muy fragmentados, especifican
dice que es su esencia, pero al mismo tiempo nada se puede
tal o cual pulsión; es lo que se denomina pulsión "parcial". Es-
decir de ésta fuera de que hay en ella cierta cantidad que em-
puja a actuar. Y los otros elementos -el fin, el objeto, la fuen-
to plantea, claro está, un problema, y no sólo en el caso de
Freud, sino también en el de la clínica y el movimiento psicoa-
te- van a ser sometidos 1.a una crítica; como resultado de
nalíticos: ¿Qué determina esta especificidad, esta diferencia-
ésta, en ciertos momentos tendremos la impresión de que no
ción entre los fines? Hay dos formas de buscar la especifici-
queda gran cosa de ellos. Lo único que queda es la mencionada
dad: por el lado de la fuente, o bien por el objeto. Buscar-
X cu~ntitativa, de la que no se sabe siquiera en qué dirección
la por el lado de la fuent~ equivale a decir que, en resumidas
empuja.
cuentas-, la pulsión no es otra cosa que la acción de determina-
Ahora, veamos el fin. Se lo comprende co11: relación al ob-
107
106
especie humana, como por ejemplo la escena originaria; en
ton»a, si se prefiere, que establece Freud en 9os términos que
fin, todas las fantasías que ·giran en torno del complejo· de
(en la lengua alemana) quieren decir más o menos ia misma
Edipo. Incluso podría decirse que, para Freud, el complejo
cosa.
de Edipo va a desempeñar finalmente en el hombre el papel
En alemán, no siempre se había determinado, hasta Freud,
que desempeña el instinto en el animal. ·
la palabra Instinkt ni su correspondiente concepto. Son raros
Vamos, pues, a definir la pulsión con relación a la n·oción
los pasajes de la obra de Freud en que figtJra este vocablo,
de instinto. Propongo pata ello cierto número de hitos relati-
precisamente porque su objeto no es el Instinkt sino ei Trieb
vos al concepto de pulsión, rogando que se los considere provi-
humano y su relación con aquél; se considera al Instinkt muy
sionales. Por lo demás, ya lo son en el seno mismo de la obra
similar a. lo que en lerigua francesa se denomina instinct,
freudiana, en el sentido de que se los toma dentro de un mo-
esto es, urt comportamiento observado más en el animal que
vimiento, de manera que a menudo se llega a contradicciones
en el hombre, con un esquema preformado que fija, de ma-
nera estable e imperativa, su desarrollo y su objeto. En dife- aparentes:· lo enunciado al principio termina por ser objeto de
rentes pasajes de la obra .freudiana hallamos el vocablo Ins- revisión. No hay que tomarlos, pues, como cosa en sí, sino
tinkt empleado precisamente en este sentido específico: la más bien como hitos o guías, como hilos conductores, pero a
idea de que existe en los animales un patrimonio filogenéti- lo largo de los cuales se produce una evolución. Estos hitos
co. Y este es el punto en que se plantea a veces el siguiente están constituidos por un cierto número de términos, o de con-
problema: ¿Existe en el hombre algo que determine fisioló- . ceptos, que permiten analizar el concepto de pulsión y que ya
gicamente, genéticamente, sus compor~amientqs? La respues- están presentes en los Tres ensayos, incluso desde las primeras
ta no puede dejar de ser ambigua. El Trieb, la pulsión, es, páginas. Se trata de los conceptos de "empuje" (Drang), "fin"
con respecto al instinto, algo que n"o se halla predetermina- (Ziel), "objeto" (Obfekt) y "fuente" (Que/le). Es, si se quie-
do. Y, sin embargo, existe en el hombre algo análogo al ins- re, un análisis lógico -en cierto sentido, categorial- de la
tinto: es la fantasía. La fantasía, es dec_ir, cierto guión imagi-· pulsión, pero que al mismo tiempo tiende a proyectar la reali-
nario, fija finalmente el desarrollo de la pulsión. Y la hipóte- dad de ésta. Encontramos. este análisis en los. ](res ensayos, pe-
sis freudiana -muy tentativa y cuestionable- asevera que ro está mejor condensado en un textp de la Metapsicologia:
las fantasías individuales se relacionan a su vez con fantasías "Pulsiones y destinos de las pulsiones": Tomaré este texto co-
a las que Freud llama "originarias"; estas fantasías básicas mo punto de partida. . .
serían patrimonio de la especie humana y se reacnializarían Veamos en primer l~gar el empuje. Trieb quiere decir em-
en el individuo, pero tendrían una difusión y una significa- puje, al igual que Instf71K't;· por lo demás. Drang significa urgen-
ción más amplias, mucho más amplias que las significaciones cia; viene de drangen. Nos enfrentamf;s, como se ve, con una
indiyiduales que, al fin de cuentas, se deslizan en ellas. Veamos especie de tautología. Pulsión se deflne por el hecho de que
este pasaje de "Lo inconsciente", perteneciente a su Metapsi- empuja. Su definición es ésta: "Por empuje de una pulsión
cología: "Existen en el hombre formaciones psíquicas hereda-
[y en francés existe, por lo demás, la misma homologil] se
entiende el factor motor de ésta, la suma de fuerza o la canti-
das, algo análogo al instinto de los animales [vemos que no
es el instinto sino algo. "análogo"]; esto con~ituye el núcleo dad de exigencia de trabajo que representa. [En esta segunda
del inconsciente". Menciono también otro t·exto, "El hom- parte del enunciado se advierte hasta qué punto intenta Freud
bre de los lobos", en el que Freud se refiere de manera más aproximarse a la ciencia física, pues mide la fuerza por la can~
precisa a este patrimonio, o sea, el patrimonio humano aná- tídad de trabajo que ésta puede producir.] El carácter de 'em-
puje' es una prop1édad general de las pulsíones, y aun la esen-
logo al de los animales y constituido, según él, por esas fanta-
sías básicas, esos esquemas, en suma, los más generales de la cia de éstas".

]05
104
do órgano. Freud, por lo demás, lo dice en ciertos momentos; que son, en este sentido, más abstractos, tale~ como interi 0 ri-
por ejemplo, cuando se refiere al voyeurismo habla de una zar o identificarse; por último, la. identificación comointroyec-
"pulsión de ver": aparentemente, el fin del ojo sería ver. Pero ción. ¿De qué manera, pues, se prolonga cabal y directamente
si nos atenemos a este punto nos. acercamos mucho a cierto la noción de fin y se salva de un fisiologismo puro? Por la no-
aristotelismo: el fin del ojo es ver, el fin de la boca es succionar ción de fantasía, o sea, por la idea de un guión imaginado ba-
-para tomar _la fase oral, por ejemplo-, y así sucesivamente. sado en el modc:!lo de los procesos fisiológicos.
En consecuencia, si se intenta especificar el fin únicamente Ahora, el objeto. Hay que comprenderlo como objeto de
por un órgano determinado, se llega a una conclusión que la pulsión y disipar desde ahora mismo los malentendidos. No
puede ser bastante pobre en "última instancia. Cabe, por otro se trata de decir, por ejemplo, que el objeto seopone al sujet9.
lado, especificar el. fin en función del objeto: este es el origen No es cuestión de decir que por el mero hecho de tener·objetos
de lo que con posterioridad a Freud, y _s!n parte ya -con él, se sexuales tratamos a éstos como si fueran cosas. Quiero decir
ha designado con el término de "relaci~n de objeto". En sí que en semejante noción de objeto no está presente una inter-
misma, esta expresión quiere decir que'•entre la acción y el pretación -:por no .decir una ideología personalista- de la
.tipo, de objeto al que se apunta hay una relación intrínseca, . relación con el otr.o. Cuando se habla de objeto sexual no se
o, lo que es lo mismo, que a una acción oral corresponde un . trata por ello de maltratar a éste; o, como suele decirse·, de
. objéto de tipo oral, es decir, susceptible de ser incorporado, in- tratarlo como a una persona. Reparemos, por. eje~plo, en el
troyectado, y así sucesivamente. Cuando se intenta definir empleo .del término "objeto" en la lengua preciosista del
someramente el fin, se puede decir que por una parte se en- siglo XVIII: "El objeto de mi pasión"; de e~o se trata. "El
cuentra disociado en la fuente y el objeto, pero que por la otra objeto de mi pasión" no quiere decir que sea una <;0sa; sim-
recupera su unidad en un término al que ya me he referido y plemente se .define, por lo tanto, como aquello a lo que tiende
que por ahora me limito a señalar: la fantasía. Desde el punto. la pulsión y, en segundo lugar, como aquello en lo cual o gra-
de vista sexual, el fin es' una fantasía de cierta acción imagi- cias a lo cual puede la pulsión alcanzar su fin. Ya vemos que
nada, cierto guión calcado de un proceso corporal. ¿Qué quie- hay cierto vínculo en el sentido de la relación de objeto. Al
re decir esto?.·Tomemos el ejemplo más sencillo, más fácil: el comienzo de los Tres ensayos, que, como pronto veremos, va
de" la oralidad. Hay un proceso corporal elemental que consiste a ser luego negado, se presenta al objeto como una persona
en la .ingestión: introducción de alimento en el cuerpo. A par- que ejerce atracción. Podría decirse, en consecuencia, que es
tir de aquí se deriva una serie de términos, los cuales adquieren la persona quien aparece subjetivamente como si estuviese en
un carácter cada vez más metafórico y cada vez más ps1quico, el origen de la pulsión. Así, la pulsión no sería un empuje
es decir, ·se impregnan cada vez más de fantasías: es la incorpo- sino una atracción. Tal es, si se quiere, el aspecto subjetivo
ración, que implica que al objeto se lo hace entrar en el con- de la pulsión. Y al comienzo de. los Tres ensayos, todo esto
junto del cuerpo, y no tan sólo que se lo ingiere en un punto se describe, debido a razones simplemente propedéuticas, co-
de éste. El objeto se halla integrado, incorporado al cuerpo. En mo persona total. Pero muy pronto advertimos que el objeto
·segundo lugar, la noción de introyección, menos somática aun no es forzosamente una persona total; también puede ser una
y claramente más psíquica. Se habla de objetó introyectado si- parte del cuerpo, o sea, esta vez, un objeto que se asemeja más ·
guiendo el modelo del proceso C;Orporal, pero incluyéndolo en a una cosa, como por ejemplo el objeto parcial: el pecho ma-
el contexto de una fantasía que no es m~ramente corporal; por terno, el falo, etc. Es, pues, algo que se aproxima, una vez más',·
ejemplo, se habla de la madre como objeto bueno o malo a la noción de fantasía, porque la incorporación del pecho n.o
introyectado. Y luego viene tod_a~ una serie de términos que se es en principio un proceso real. Justamente la dimensión del
acercan más a la descripción de mecanismos psicológicos y objeto parcial nos lleva a pensar en un objeto fantaseado y no

108 109
·1
.j_,.' .
en un objeto objet!~o, en ~1 sentido de objetividad perceptual
. fin a la movilidad de ·ésta. al resistirse intensamente a toda
disolución". .. . . .
¡~
0 : científica. -Tambten aqu1 hay. que oponer, desde el punto de
vista ter~inológico, la noción de objeta/ y la noción de obje-
'. . ·oesde esta perspectiva·, ¿cómo encuentra.la pulsiónm ob-
r_,1
jeto, o por lo menos su tipo de objeto? Porque. el hecho es
tivo. La noción de objeta!, es decir, de relación con cierto co- que no se trata forzosamente de un objeto determinado, si-
rrelato de la pulsión, no significa que este último sea un objeto no que puede ser cierto .tipo de objeto, que después smí ha-
real, palpable en la realidad; puede ser un <;>bjeto fantaseado, llado a lo largo de la vida del .individuo. Pues bien, justamen-
incluso en el yo; al yo mismo podría considerárselo objeto de te el proceso es lo que se. nos indica como hallazgo del objeto
la pulsión. Ya me he referido a la noción de narcisismo, que se y lo que se nos describe, sobre todo, en el tercero de los
define, precisamente, de este modo. Observemos toda la Tres ensayos.
ambigüedad y la riqueza del término "objeto"' así como los Paso a la fuente. He aquí lo que se dice de ella en el texto
problemas que puede plantear. El problema principal plantea- de la Metapsicología: "Por fuente de la pulsión se entiende
do por Freud -el que se:;. plantea dentro del movimiento eL proceso somático que se localiza en un órgano o en una
psicoanalítico- es de esta índole: ¿Es contingente el objeto? parte del cuerpo, y cuya excitación se representa en la vida
. En otros términos:- mn sí misma la ·pulsión entraña un movi- psíquica por la pulsión". Ya existe, cómo vem·os, la idea de
miento que implícitamente la lleve a buscar cierto tipo de ob- un proceso somático, químico o mecánico (se lo explicita
jeto? ¿Está espedficada,,pties? ¿se relacionará estrechamente luego), que parece tener su tradición subjetiva .en la noción
con el instint~?. Toda 'luía e~cuelá:' psic6a!lalíticasostiene que:la de pulsión: "El estudio de las fuentes pulsionales desborda
pulsión :no es 'Ccin~ebible sin una:' déterminada orientació~, sin a la psicología", etc. Habría que indagar en el campo de la '
una iritencionalidad'·específica hada derto tipo. de objeto. La fisiología. Aquí se toma a la fuente en un sentido relativamen-
pulsióft. está. en bu5c~ dd objeto'(iibj~clseeking~ como diceJ1 te estrecho: es el órgano en que supuestamente se produce el
los anglosajones). O:bíen .:_y creo que 'esta es, pese a todd, la proceso de excitación, o sea, lo que habrá de .denominarse
tesis de Freud-, la pulsióri está. eh busca de su placer, y· el "zona erógena". A veces se la considera en un sentido más
objeto sólo es el fruto de un- encuentro contingente de cierto amplio y, a mi juicio, más interesante; acaso tenga oporruni-
tipo de realidad susceptible de vinculación con ese placer en dad de hablar de esto a propósito de los Tres ensayos y de la
un momento histórico determinado. Pero veamos qué dice noción de fuente que figura allí. Ahora bien, si a la noción
Freud en "Pulsiones y destinos de las pulsiones": "El objeto de fuente se la toma en un primer momento en el sentido es-
es lo más variable de la pulsión; no se halla enlazado origi- trecho de órgano, no hay nada que decir de ella desde d pun-
nariamente con ella sino subordinado a ella en consecuencia de to de vista físico; por lo menos, los psicólogos nada parecen
su adecuación al logro de la satisfacción [ ... ] se lo puede re- haber dicho al respecto: sólo los biólogos podrían hablar even-
emplazar a voluntad a lo largo de los destinos que conoce la tualmente de ella; por otra parte, lo único que podernos decir
en el plano psicológico es que el fin surge de la fuente. En
pulsión, y a este desplazami'ento de la pulsión corresponde el
otros términos, no conoceríamos la fuente si no conociéramos
papel más importante [este desplazamiento, este intercarn bio el fin que se expresa en ella. Sólo conocemos la excitación oral
posible de los objetos, no excluye, sin embargo, el hecho d~ porque ésta exige -una vez más, al margen de la fisiología-
que la pulsión pueda fijarse en' tal o cual objeto, pero esta f~­ ciertos comportamientos para apaciguarse: en primer lugar,
jación es una fijación histórica ... ]. Cu-ando la ligazón de ~~ la succión, y luego la incorporación. El fin se nos presenta,
pulsión con el objeto es partil;:ulatrnente íntima, la distingt(í- por lo tanto, como· aquello que conocemos, como la manera
inos con el término de fijación·. A menudo se realiza en lÓs de conocer la fuente, y esta última, corno la razón de ser del
períodos más tempranos del desarrollo de la pulsión. y pone
111
110
fin. Hay aquí una especie d_e remis~ón, de atolladero d~ tipo el lenguaje científico se vhle del término libido [y ya tenemos
filosófico, que no . es muy mstruct1vo. Y por esta razqn. he una definición del término de libido. La libido es para la sexua-
afirmado que la fuente tiene otros desarrollos que resultan lidad. lo que d hambre para la alimentación; es la energía de ia·
mucho más interesantes y positivos; en especial, el que figura pulsión sexual. Así, pues, la lioido se sitúa en el nivel del
en los Tres ensayos. Drang: es un concepto cuantitativo). La opinión popular se
Definidos ya los cuatro ·conceptos mencionados, deseo forma ciertas ideas bien definidas sobre la naturaleza y los .
señalar rápidamente que, mutatis mutandis, también podrían caracteres de la pulsión sexual. De este modo se ha convenido
ser aplicados a la noción de instinto. Por lo demás, los mo- en decir que esta pulsión falta en la infancia,. que se constituye
dernos etólogos, los psicólogos especializados en psicología en el momento de la pubertad y en estrecha relación con los·
comparada, no han dejado de describir los comportamien~os proces'os que conducen a la madurez [otro punto de la concep-
preformados ni de retomar parámetros muy semejantes a los ción popular: la evolución, mejor dicho, la génesis de la sexua-
freudianos. Pienso sobre. todo en la escuela etológica, es de- lidad, es un proceso· puramente madurativo. Y. otro punto
cir, en la escuela de Lorenz-Tinbergen. Es, por lo tanto, un.a más:), que se manifiesta en forma de.una atracción irresistible
delimitación válida asimismo para el instinto y especialmente ejercida por uno de· los sexos sobre el otro [por lo tanto, fije-
para comparar el instinto con la pulsión, para definir a uno con 'za del objeto,. predeterminación del objeto heterosexual]. y
respecto a la otra, y viceversa. que su fin sería la unión sexual o, por lo menos, un conjunto
Examinemos ahora los Tres ensayos sobre una teoría sexual. de actos que tienden a este fin [nuevamente un fin completa-
Ya provistos -escasamente por cierto, pero no desarmados mente fijo y estereotipado)".
por completo- de la anterior delimitación conceptual que ¿oe qué manera van a_criticarse estos puntos? La ecuación
hemos hecho, ¿cómo comprender las metas a que apuntan ; que establece una equivalencia entre la sexualidad y el hambre
los Tres ensayos? Estas figuran íntegras en el comienzo, inclu- nunca fue explícitamente criticada por Freud. Durante gran
so en las primeras líneas de la obra, por un la.do, y también parte de su obra, al menos hasta 1920, Freud sigue poniendo
en su plan general. Tomemos las primeras líneas. En la pri- en cierto plano de igualdad a la sexualidad y al hambre, o
mera página del libro se describe lo que se designa corno con- estableciendo cierto paralelismo entre ambas, aun cuando el
cepción popular de la sexualidad. Pero popular no significa en hambre es, pese a todo, el prototipo de algo más amplio que
este caso "vulgar"; más bien es la concepción popular de los la alimentación, es decir, de todas las necesidades que apuntan
científicos. Dice Freud: "para explicar las necesidades sexua- a la conservación del individuo. Tenemos, pues, la pulsión se-
les del hombre y del animal [observemos: de entrada se pone al xual por un lado, y las funciones de autoconservación por el
hombre en un mismo plano con el animal, cosa que será luego otro, a las que Freud denomina pulsiones. Es, evidentemente,
criticada) nos valemos en biología de la hipótesis de que existe un punto para discutir, pero Freud no lo hace de manera direc-
una 'pulsión sexual', así como para explicar el hambre supone- ta. Podernos plantearnos el problema de saber si cuando habla
mos la pulsión de nutrición. [Primer punto, pues, siempre de pulsión está refiriéndose a las pulsiones sexuales o a las de
dentro de la concepción popularmente científica, difundida "autoconservación".
entre los propios investigadores: se pone al hombre y al animal El segundo punto, la contradicción de la idea popular de
en el mismo plano, esto es, el plano del instinto. Segundo pun- que la sexualidad surge en la pubertad, posibilita uno de los
to: se pone a la pulsión sexual en un mismo plano con la pul- grandes descubrimientos freudianos relativos a la sexualidad:
sión de nutrición, es decir, se toma como modelo el hambre.) la sexualidad infantil. Cuando relacionamos esta última con la
Sin embargo, el lenguaje popular no dispone de término alguno sexualidad púber, se llega a la idea de que en el hombre hay, a
para la necesidad sexual que corresponda a la palabu hambre; diferencia del animal, una instauración difásica -o sea, en dos
112 113
fases- de la sexualidad, nocwn que queda expresada de este rnosexualidad: "Si en los datos de que disponemos no nos ha
modo, por ejemplo, en }!_n tex~to qHe lley_a,,ppr título Pegan a . sido posible hallar la explicación de la inversión, no obstante
un niño: ,."El destino que, entr~ todos los animales, únicamente hernos'podido.Uegar a puntos de vista que para nosotros pue-
el hombre sufre y que lo obliga a recomenzar dos veces su vida den ser más importantes de lo que lo sería la solución·delpro-.
sexual". Por último, la especificidad del fin y del objeto, lo blema. [La solución del problema de la homosexualidad no es
cual será criticado, en primer lugar, en el primero de los Tres en realidad mi fin, _dice; por lo menos no la he alcanzadQ, pero
ensayos, titulado "Las aberraciones sexuales". Propongo una he conseguido algo mucho. más importante. Esto:} Ahora esta-
especie de paráfrasis, tal vez más expresiva, de los tres títulos mos advertidos del error que habíamos cometido al establecer
para indicar en qué sentido comprendo los Tres ensayos. El vínculos demasiado Íntimos entre la pulsión sexual y el objeto
de las aberraciones se5l:uales podría subtitularse "El instinto sexual. En los casos que consideramps como anormales, la
perdido"; el de la sexualidad infantil, "La pulsión"; y el de las experiencia nos enseña que entre la pulsión sexual y el objeto
metamorfosis- de la pubertad, "El instinto reencontrado", o sexual existe una soldadura [y el término de soldadura quiere
quizás "El instinto imitado", en el sentido. de que, pese a todo, decir que hay dos elementos heterogéneos conectados de
existe en el ser humano algo que fija la pulsióny le da el carác- ma~era casi artificial l?or el pu1_1to de soldadura] '\ue corremos .
ter relativamente regular, estereotipado, que en el plano de la · el nesgo de no adverur en la v1da sexual normal, ~ la que la ...
psicología animal corresponde, en rigor, al del instinto. pulsión ya parece contener por sí misma su objeto. Esto nos ·
Doy una idea sucinta del primer capítulo, que actualmente induce a disociar hasta cierto punto la pulsión y el objeto, Es
no es, por cierto, t1 más interesante. No creo, por lo demás, lícito pensar que la pulsión sexual existe en un principio
que Freud haya tenido otro interés que no sea el de destruir independientemente de su objeto, y que su aparición no está
la idea de que en ~1 hombre existe un instinto sexuál. Se des- determinada por excitaciones provenientes del objeto".
criben las aberraciones sexuales de acuerdo con las dos grandes Freud critica, como vemos, no sólo la concepción popular,
vertientes aquí propuestas: por una parte,.la:s aberraciones en sino también ·la primera definición que él mismo había pro-
cuanto al objeto, esto es, las perversiones que hacen que a me- puesto cuando definió el objeto como la persona que ejerce
nudo no se adopte el 9bjeto supuestamente normal; por la una atracción sexual. Ahora dice, en cambió, que es incluso
otra, las perversiones, las desviaciones en cuanto al fin. Lo inte- un error creer que la pulsión sexual esté determinada por la
resante es el movimiento mismo del texto, más que tal o cual excitación proveniente del objeto.
detalle suyo, especialmente en lo que atañe a la perversión La segunda parte del mismo capítulo versa sobre lo que se
en cuanto al objeto y sobre todo a la homosexualidad. Cabe denomina "Desviaciones relativas al fin sexual". ·Se refiere, en
decir que la teoría formulada no es una teoría muy sólida de otros términos; a todas las pFácticas perversas, las que se reali-
la homosexualidad; es una rápida revisión de las principales zan en el seno de un acto sexual que culmina, no obstante, en
teorías: degeneración, bisexualidad, etc. Pero, en resumidas el coito, en el orgasmo -por lo tanto, lo que se ha dado en lla-
cuentas, no es esto lo que realmente le importa a Freud~ Lo mar fines sexuales preliminares-, como a las perversiones en
que le importa es poner de relieve una idea que él considera que los fines sexuales no genitales,· o extragenitales, están fi-
destructora: la idea de que el comportamiento heterosexual jados, ocupan el primer plano e incluso son exclusivos. Tam-
es preformado, y que la homosexualidad es, si se quiere, algo poco en este caso entraré en detalles, pues lo que a Freud le
menos marcado en la naturaleza que la heterosexualidad. Vea- interesa mostrar es la fragmentación y, por lo tanto, la multi-
mos, por lo demás, la conclusión del capítulo sobre la inver- plicidad de los fines sexuales. El hecho es que est.os.. fines, que
sión sexual, donde Freud dice que, en efecto, no ha llegado a parec~n ser únicos y estar incluidos ~n cierta tendencia que
un resultado satisfactorio con respecto al problema de la ho- culmina en el orgasmo, son, en rigor, múltiples, diversificados
114 115
y susceptibles de ser inc;iept:ndientes. Por _cons.i~iente, el: fin V
sexual no es único; se halla fragmentado,.diversifica.clo.en fmes LAPULSJpN
parciales, y éstos se vinculan sobre todo con zonas o partes del
cuerpo que son, justamente, las zonas erógenas, de las que ten-
dremos ocasión de volver a hablar.
En conclusión, este primer capítulo -el del instinto perdi-
do, como yo lo llamo- destruye la noción corriente de que la
sexualidad es un instinto. La sexualidad aparenta serlo eri el
adulto calificado de normal, pero no es más que el resultado de
una soldadura, el resultado de lo que podríamos denominar
una feliz casualidad. Sin embargo, para adentrarnos un poco
más en la distinción entre fin. y objeto, la actitud no es del to-
do la misma con respecto a la especificidad o la no-especifici-
dad de uno y otro. El 'objeto se encuentra radicalmente cues- Consideraremqs _en forma poco exhaustiva el capítulo de los
tionado en su especificidad. El hecho de que se vuelva típico e Tres ensayos·sobre una teoría sexual relativo a la sexualidad in-
incluso fijo en un sujeto sólo se debe a contingencias históricas fantil. Este capítulo se refiere a un descubrimiento sumamente
(al decir "típico" quiero señalar una serie de objetos de cierto importante delpsicoanálisis, cual es, justamente, el de la exis-
tipo; .cuando se vuelve decididamente "fijo", es determinada tencia de la sexualidád infantil. Las prim~ras páginas están ·
persona, determinada parte del cuerpo). Y aun cuando se vuel- dedicadas a fa represión de dicha sexualidad; y los propios
ve típico en el sentido de la presunta normalidad, ésta no disi- títulos de ambas secciones son muy elocuentes cuando se los
mula el hecho de que también en este caso hay la misma con- relaciona: "Omisión ·del· niño en el estudio de la sexualidad",
tingencia, la misma feliz casualidad, El fin, en vez de· mostrar- por una parte, y "Amnesia· infari til", por la otra. Esto significa
se carente de ~specificidad y ligado puramente a la historia, que los teóricos, los psicólogos, omitieron hasta ese momento
ofrece una apariencia polimorfa, está fragmentado en múl- la sexualidad infantil, y que Freud relaciona esta omisión teó-
rica directamente con la: represión, que en todos nosotros se
tiples fines· parciales que pueden intercambiarse entre sí, in-
centra en la sexualidad. Se trata, por lo demás, de un criterio
venirse, reemplarse; proporcionarse su energía, para decirlo
muy frecuente en Freud, y además muy rico, pues relaciona la
en lenguaje económico. Pero, a pesar de todo, una vez efec-
represión en la teoría con la represión en la historia del indivi-
tuada esa fragmentación en: toda una serie de acciones vincula-
duo. Simplemente añado que, cuando la represión comienza a
das a actividades de tal o cual parte del cuerpo, los fines par-
ser menos sólida, cuando presenta fallas, se trasferma en con-
ciales permanecen ·determinados, fijos. Se los puede hallar
denación: condenación de la sexualidad infantil corno manifes
como especies de átomos, como elementos últimos de la pul-
tación perversa, desviada. Por lo demás, condenación y repre-
sión sexual considerada en su conjunto. No se trata aquí de
sión pueden coexistir dentro de una contradicción que no
un hallazgo meramente histórico. Pero lo que es una casuali-
causa miedo al individuo, en particular a las madres, a los pa-
dad, feliz o desdichada, lo que viene a fijar cierta tipificación,
dres. Freud lo aclara en más de una oportunidad. Podemos re
es una determinada organización, la manera en que los fines
sumir de esta manera la argumentación al respecto: la sexua-
parciales, fragmentarios, llegan a organizarse entre sí.
lidad infantil es algo malo, y de todos modos no existe.
La sexualidad infantil suscita, evidentemente, una serie de
problemas que no abordaré directamente. Por ejemplo: ¿Por
117
11 b
1
~ ··:

qué pOti'~mos denominarla ra sex~alidad? ¿Qué nos per?:ite_


....;.,
calificar de sexuales las.!!!~mfe~tactones observ.adas.en el nmo?· mente en esta sección sobre "las. manifestaciones de· la sexua-
y a la inversa; si se ad-mite que dichas manifestaciones son se- , lidad en el·niño". Se.tr;~.ta, insisto_, e_n .u_ntérrtlino diferente del
xuales, ¿en -qué medida constituyen el prototipo de toda se-- de succión.' No .se trata de la succión-del pecho sino de la acti:
xualidad humana, puesto que descubrir en el niño manifesta- vidad de chupetear, así sea .el chupeteo de los labios o el chu-
ciones sexuales es, desde luego, plantearse el problema de la se- peteo del pulgar. Freud relaciona su primera descripción del
xualidad adulta en _sus relaciones con sus primeras formas? Y chupeteo con la obra de un psicólogo llamado Lindner, quien
·nuestra concepción de la sexualidad adulta no puede salir in- lo describió en un artículo de 1879: "La succión de los labios
cólume, intacta, de esta lectura. y los dedos en el niño.(chupeteo)".
Tomaré como puntos de referencia dos pasajes del segundo Esta es la descripCión de Freud: "La succión y el 'chupe-
Ensayo: "Manifestaciones de la sexualidad infantil" y "Fuen- teo', que aparecen ya en los lactantes y pueden subsistir hasta
tes de la sexualidad infantil", y uno, importantísimo, del ter- la edad adulta e incluso conservarse en ocasiones a través de
cer Ensayo:· "El hallazgo de objeto", que retoma el desarrollo : toda la vida, consist<::n en un movimiento rítmico repetido y
de la lactancia y el advenimiento, dentro; . d~ ~sta, ,de la sexua- verificado con los labios, acto al que le falta todo fin de absor·
lidad denominada oral. · ción de alimento. [Se_ señalan aquí dos puntos: la idea de que
La frase que .va a servirnos de guía es .u~ br.éve pasaje que existe una actividad rítmica, algo que puede suscitar el recuer-
resume la sección .consagrada ,a ''las manifestaCiones de la se.:. do de la actividad sexual en general, y, por otra parte, una ac-
xualidad en d niño,;: ... En el acto de l::t s.ucción productora de tividad que carece de finalidad vital y cuyo fin no es la absor-
placer hemos podido observar los tres ~aracteres esenciales de ción de alimento.] Una parte de los labios mismos, la lengua o
la sextialiciad infantil. Esta se origina apoyándose en una fun- cualquier otro punto asequible de la piel del mismo individuo
ción fisiológica esencial para -la. vida; no- conoce aún ningún (a veces hasta el dedo gordo de un pie) se toman como objeto
1
objeto sexual, es autoerótica -y su fin sexual está determinado de la succión. [Por lo tanto,. no hay objeto exterior al niño;
por la actividad de una zona erógena [a propósito, considero podría decirse que el pla;cer se obtiene en el lugar, en el propio
que hay que sopesar bien todos los térrninos]. Anticiparemos cuerpo, y que lo más característico es evidentemente la idea
ya que estos caracteres son aplicables asimismo aJa mayoría ·de de que los labios mismos parecen ser chupeteados. Pese a todo,
las demás actividades de la pulsión sexual infantil". se escoge un objeto distinto de los labios, otra parte de cuerpo,
Apoyo, autoerotismo y zona erógena: vamos a tomar estos en especial el pulgar, que puede llegar a ser, como dice Freud,
términ'os por separado, aunque estén muy interrelaeionaélos y una especie de zona erógena secundaria. En seguida nos
no podamos estudiar ninguno de ellos ~in referirnos a los otros indica una transición, un desplazamiento acompañado por una
dos. Para seguirestas tres ciJmensiones1de la sexÚalidád infantil, masturbación ya más explícita: se explora el cuerpo, se descu-
me permito recordar los ya indicados hilos conductores, esto bren zonas más particularmente adecuadas a la satisfacción.]
es, las nociones de fin, fuente y objeto. Al mismo tiempo aparece una pulsión de aprehensión, que se
manifiesta por un simultáneo pellizcar rítmico del lóbulo de la
oreja y que puede ta:~1bién apoderarse de esta misma o cual-
Comienzo por la noción de autoerotismo. Freud nos propor-
ciona su modelo en el chupeteo. No cabe duda de que este quier otra parte del cuerpo de otra persona con el mismo fin.
[ ... ] Con frecuencia se combina la succión productora de pla-
modelo va a signar toda la concepción freudiana del autoero-
cer con el frotamiento de determinadas partes del cuerpo de
tismo, hasta el punto de que podemos preguntarnos si el auto-
erotismo puede ser separado realmente de ese primer modelo gran ser.sibilidad: el pecho o los genitales exteriores. De este
modo suelen los niños pasar de la succión a la masturbación.
que es la actividad oral. Encontraremos el chupeteo particular·
[Y uno de los aspectos inherentes a la sexualidad infantil y al
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119
problema de las zonas eróge~as es el ~e prestarse a una serie de cía de una estimulación externa o interna, mientras que par!!
desplazamientos]". Freud senala, en fm, como uno de los argu- Freud el peso de· la -definición del ·autoerotismo recae sobre
mentos ~ue le permiten afirma: que nos ~allamos ante u~a m~­ la relación con el objeto, ya que el autoerotismo se define por
nifestacion sexual, la presencia de fenomenos de apanencta la ausencia de objeto, una ausencia cuya significación no es
orgásmica: " ... la voluptuosidad del chupeteo absorbe toda la inmediata, .aun cuando, para decirlo de otro modo, no deja de
atención del niño; luego lo adormece, o puede, incluso, inducir plantear problemas. .
reacciones motrices, una especie de orgasmo". Son fenómenos A veces, la ausencia de objeto parece plantearse de manera
que Freud describe en otros pasajes como fenómenos vaso- radical. Así, en 1915 definirá el autoerotismo como una acti-
motores, de congestión, de espasmos, como una actividad vidad en la que "el objeto desaparece en favor del órgano que
rítmica que desemboca en un adormecimiento, cuando el es fuente de la pulsión y coincide, en general, con él". Habría
placer alcanza su punto culminante. en ello .una especie de repliegue total de la actividad hacia la
Basándose en la descripción del chupeteo, Freud define zona excitada; no habría ya ninguna intencionalidad en el au-
luego el concepto de autoerotismo. Veamos de qué modo toerotismo. Es el modelo más puro y menos frec,uente, el
lo introduce: "El ejemplo que acabamos de dar merece, en modelo, podríamos decir, en el que los labios buscan el placer
nuestra opinión, una atención particularísima. Lo que nos en sí mismos, o acaso en otros labios, en. el beso, que no
parece más sorprendente de esta actividad sexual es que no se sería más que un peor-es-nada del placer en su propio si-
dirige hacia otra persona. El niño se satisface con su propio tio. Veamos qué dice Freud: "La insuficiencia de esta se-
cuerpo; su actitud es autoerótica, para emplear un término gunda zona (es decir, el pulgar] será una de las razones que
de Havelock Ellis". En efecto, Havelock Ellis acuñó el tér- conduzcan al niño a la búsqueda de una parte de valor equiva-
mino y formuló la sigt~;iente definición del autoerotismo: lente: los labios de otra persona. 'Qué lástima que yo no pue-
"Por autoerotism<> entiendo los fenómenos de emoción se- da darme un.beso', podría hacérsele decir".
xual espontánea producidos con aus~ncia de todo estímulo Fuera de esa forma del aÚtoerotismo, la más pura y tam-
externo, ya directo, ya indirecto". Havelock Ellis es un sexó- bién la más abstracta, resulta evidente que, en general, el au-
logo cuyo pensamiento está muy mezclado con el pensamiento toerotismo es una actividad que encuentra un correlato en el
psicoanalítico. Ha dado numerosas observaciones utilizadas. propio cuerpo; por ejemplo, en el pulgar o en un sustituto de
por Freud y, a la inversa, siempre se ha mostrado muy atento éste, como el chupete. Y no es tan formal el problema consis-
al descubrimiento psicoanalítico, sin ser él mismo psicoana- tente en determinar si puede hablarse aún de autoerotismo
lista. Havelock Ellis describe como esencialmente autoeró- cuando en vez de existir una sola zona somática existen dos.
ticas algunas manifestaciones adultas: por ejemplo, la mas- Si este placer interrelaciona necesariamente dos zonas somá-
turbación. Al mismo tiempo, relaciona con el autoerotismo, en ticas del sujeto -los labios y el pulgar, oJos labios y otra re-
una adaptación del psicoanálisis un poco superficial quizá, gión- queda abierto el_camino que permite pasar del placer en
pero sugerente, manifestaciones como los síntomas histéricos, el órgano mismo a un placer que implique ya la totalidad del
pues dice que todo síntoma implica una satisfacción sexual no cuerpo. El goce ya no se halla cerrado sobre sí mismo, sino
relacionada con una estimulación exógena; por lo tanto, una que se dirige al objeto. Pero, por otra parte, si existe un objeto
parálisis histérica es un goce sin objeto real, y, en consecuen- diferente de los labios, así sea una parte del cuerpo, lo impor-
cia, una manifestación autoerótica. No he de detenerme en la ""tante estriba en saber si hay una significación sustitutiva; por
breve discusiónJ un poco confusa, que sbbre este punto sos- ejemplo, si t;l pulgar tiene un valor .de sustituto simbólico del
tuvieron Freud y Havelock Ellis; este último parecía definir pecho.
más bien el autoerotism:o en relación con la presencia o ausen- Y esto nos lleva a un segundo problema, atinente a la an-
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-qbjetalidac:L a la ~usencia de objeto en el autoerotismo. En d .• facer las necesidades en juego. ,fr5!ud critica consuma {Kcuen-
'propio cuerpo hay ausencia de objeto exterior, pero, ¿existe cia la idea de que sea posible formular rrietafísicamentda exis-
la posibiliaad de que haya un objeto que pueda denominarse tencia .. de tantos instintos como se~ necesario para expicar la
fantaseado? Freud no plantea explícitamente este problema en actividad humana, como por ejemplo el instinto gregario para
el referido pasaje de los Tres ensayos, pero está claro que la . explicar la psicología colectiva, o el instinto maternaJ.etc, A
noción de fantasía entronca de manera absolutamente indiscu- criterio de Freud, la idea de pulsión parcial no tiene CJUe ver
tible con la noción de autoerotismo. Sin duda, la fantasía con una descdpción del ser humano en •general y sus cmden-
masturbatoria es reprimida en las etapas púber y prepúber, cias, sino con la descripción de un estado particular del ser
pero en psicoanálisis puede decirse que no hay clínica psicoa- humano, un estado particular de la infancia: originari11nente,
nalítica, no hay señalamiento de una manifestación mastur- el placer se halla fragmentado, vinculado a tal o cwl parte
batoria sin que inmediatamente se plantee la pregunta: ¿cuál del cuerpo.
es la fantasía, consciente o inconsciente·,. que acompaña a la La noción de pulsión parcial -y me veo llevado a pasar
masturbación y.le da su sentido2 Freud-insiste en que el senti- revista a una serie de términos, a fin de organizarlos- se li-
rriiénto 'éle culpa que acompaña.~ a los: actos masttirbatorios rio ga, desde luego, ·con otra noción: la de perverso polimorfo.
es tan obvio como parece•. Un detallado examen a este respecto Esto sólo quiere decir, ni más ni menos, que el niño cuenta
se encuentra en el artículo titulado· "Pegan a un niño", en el · con tantas posibilidades como zonas capaces de proporcio-
que Freud no se satisface en modo alguno·.con una explicación narle placer. A través de la lectura del pasaje a ella daticado,
vulgar, según la cual la masturbación, considerada como· un vamos a ver que Freud considera lo perverso polirnmfo más
acto reprensible; sería comph~tart)en'té ·normal¡ aunque actnn- como una virtualidad que como una realidad en todo niño.
pañada por un sentimiento de•culpa.'Para,'Freud, lo esencial El niño es virtualmente un perverso polimorfo, a ccadición
del sentimiento de culpa· mastütbatetib no se vincula·con la de que se despierte el polimorfismo en él; pero la definición
prohibición de masturbarse sino conlas'fantasías; por ejemplo, del niño como perverso polimorfo es quizás un pQCO apre-
con las fantasías agresivas y, de manera ·más general, con las surada.
fantasías edípicas que subyacen en el acto masturbatorio. Por · Hay otra noción más ·que va a darnos una comprensión
lo tanto, tenemos ya un primer punto de referencia para más amplia del autoerotismo; me refiero :t. la noción <k placer
definir el autoerotismo: la ausencia de objeto, con los matices de órgano, formulada en varias oportunidades por Frmd, es-
que procuro proporcionar, es decir, que la ausencia de objeto pecialmente, -creo, en Introducción al psicoanálisis-. Freud la
es correlativa a la presencia de equz·valentes simbólicos y a la utiliza como un argumento o un pivote en su discusión sobre
presencia de fantasías. qué es la esencia de la sexualidad. En cierta medida, la esencia
Segundo y constante punto de referencia para definir el au- de la sexualidad tiene una relación muy cercana con la noción
toerotismo: el autoerotismo se define como un estado en que de placer de órgano. Y entiendo qtie no es posible comprender
cada una de las pulsiones se satisface· por su propia cuenta, sin la introducción de esta noción sin suponer -quizás unaindaga-
que haya organización de conjunto. Es un estado de fragmen- ción más profunda podría demostrarlo realmente- que .hubo
tación del placer: cada pulsión parcial actúa por su propia a la sazón discusiones dentro del movimiento psicoanalítico y,
cuenta. en especial, con los sexólogos, y que el placer de ÓipllO fue
Considero que la noción de pulsión parcial -pulsión oral, definido en oposición a la noción de placer de [unció.. Placer
anal, pulsión de ver, incluso, como Fr.eud mismo suele decir de función es el placer que acompaña a un funcionamiento
.a propósito del voyeurisino, etc.- no equivale de ninguna ma- armonioso de cierto aparato, de un montaje necesario para
nera a una multiplicación de los instintos destinada a satis- la vida. Pensemos ~iempre en la alimentación. En cambio, el

122 123
placer de órgano es un placer que no tiene yajor ..funcional citado, el fin de la actividad sexual es estar ligada, determi~
alguno, que carece de significación vital, que no se encuentra ' nada por la actividad de una zona erógena. ¿Qué es una zona
ligado con un montaje sino. que se vincula en verdad a u11 solo erógena? Es toda parte del cuerpo susceptible de ser d asiento
lugar y a la excitación de éste. Si se prefiere, órgano Se opone· de una excitación de tipo sexual. Las zonas erógenas -por lo
a: función: en el chupeteo, los labios se oponen a la alimenta- menos lo que habitualmente se llama zonas erógenas, sin pen-
ción. El placer de órgano se opone al placer de objeto, justa- . sar en la generalidad de la definición- son, esencialmente,
mente porque lo propio de aquél es una especie de repliegue cíertas zonas d.ei revestimiento de la piel y de las mucosas,
del objeto sobre el órgano mismo. Por último, el órgano como en especial las zonas orificiales. Ya he tenido oportunidad de
lugar determinado del cuerpo, de la superficie corporal, se referirme a esta idea de zona erógena, precisamente en su pun-
opo-ne a la totalidad del cuerpo. Placer de órgano quiere decir to de origen, que es la idea de zona histerógena. Recordemos,
que se deja fuera de acción a un yo que viene a contabilizar a propósito del caso Isabel de R., la aparición de lo que Freud
el placer. El placer de órgano no se contabiliza, no entra en denominaba zona histerógena atípica, una zona específica
una balanza de los placeres y los displaceres, no se comp"ara de la cara anterior del muslo, convertida en un punto de exci-
con otros, no se suma ni se S\lstrae; está ahí: nace y muere en tación sexual posible. De allí a poco, tanto en los Estudios so-
el mismo sitio. · bre la histeria como en uria carta (la 52) dirigida a Fliess en
Gracias a la idea de que existe un autoerotismo que se ca~ 1896, en la que Freud se explaya al respecto, reaparece la no-
racteriza por fragmentarse en una pluralidad de placeres, ción de zona erógena. Freud define las zonas que pueden ser
aquél se opone a mi concepto que evidentemente se vincula a erógenas, en especial las bucofarí11geas y las anales. Así, pues,
él, pero con el que a menudo se lo. confunde, concepto al mucho antes de que llegue a concretarse la idea de fase oral,
que sólo menciono por ahora: el de narcisismo. Este implica, anal, etc., ya se ha formulado la de sus zonas erógenas corres-
en oposición a.l autoerotismo, una totalización del sujeto y, pondientes. Y Freud establece desde un principio la idea, de-
por consiguiente, la referencia a un yo, sea cual fuere el senti- cididamente interesante, de que aun la superficie íntegra del
do o la pluralidad de sentidos que pueda darse al término de cuerpo puede ser una zona erógena. Leamos este pasaje de los
yo. Precisamente, hago hincapié en la necesidad de tomarlo Tres ensayos: "La cualidad erógena puede hallarse señalada-
en todos sus sentidos•posibles. mente adscrita a determinadas partes del cuerpo. Existen
La noción de autoerotismo -primera característica de la zonas erógenas predestinadas, como nos enseña el ejemplo del
sexqalidad jnfantil- nos conduce inmediatamentea las otras. chupeteo; pero el mismo ejemplo nos demuestra también que
Por una parte, en efecto, y en la medida en que hay anobje- cualquier otra región de la epidermis o de la mucosa puede
talidad, ausencia de objeto; la discusión nos planteaba el pro- servir de zona erógena, esto es, que posee a priori una deter-
blema de saber si no existen, sin embargo, equivalentes sim- minada capacidad para serlo. Así, pues, la <>CUalidad del estí-
bólicos y fantaseados del olljeto, y de dónde provienen estos mulo influye más en la producción de placer que el carácter
equivalentes, lo cual n'os lleva inmediatamente; a la noción de de la parte del cuerpo correspondiente". Con esto se formula
apoyo. Y, por otra parte, el aspecto del autoerotismo, en vir- la idea· de que hay una erogeneidad general que supera amplia-
tud del cual éste es fragmentación, nos conduce a la multipli- mente, como potencialidad, lo que va a concretarse como lo-
cidad de las fuentes de la sexualidad, o sea, al problema de las calización particular, hasta el punto de que es una erogeneidad
zonas erógenas. atribuible no sólo a la piel, sirio también a los órganos internos.
Freud seguirá esta idea cuando estudie el oroblema del narci-
Me referiré a las zonas erógenas, justamente, antes de enfo- sismo y el de la hipocondría, relacionado con aquél. Para él,
car el punto esencial, el del apoyo. En la d~finición que ya he el fenómeno hipocondríaco se vincula con la catectización de

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un órgano interno, que por esta razón se convierte en una es- los alimentos.: .bncoritraremos otros dispositivos que. también_..
pecie de zona érógená .. SI. vamos ahora de la eiogeneidad'·ge- son fúentes.de la actividad sexual". El término 'de "<Jisposi-
neral a las zonas localizadas con precisión, habitualmente de- tivos" que pueden ser "fuentes de actividad sexual~' nos sir-
nominadas zonas erógenas, podemos descomponer esta locali- ve de punto de transición para pasar a la tercera noción, la de
zación en . varios factores; un elemento fisiológico innato, apoyo, ya que, al fin de cUentas, se considera que el dispositivo
que determina la particular excitabilidad de esas zonas; el he- funcional en conjunto está en el origen de la sexualidad, co- ·
cho de ·que éstas sean puntos de relación funcipnales -no por mo si fuera su misma fuente; en este caso, el vocablo fuente
nada son zonas orificiales- de entrada y salida, ya de alimen- tiene un ·sentido algo más general que el definido hasta aquí.
tos o. de excrementos por ejemplo, e igualmente zonas de rela- En cuanto al término apoyo, está muy vigente. Se tra-
ción que ·apelan con toda naturalidad a las relaciones interper- taba, en verdad, de un concepto muy bien elaborado dentro
sonales, se trate de la alimentación o, de manera más general, del pensamiento freudiano y que sólo pudo ser olvidado por
de los cuidados. En efecto, las zonas erógenas polarizan muy dos razones. Una de éstas, en mi opinión la más profunda, con-
especialmente los cuidados, la atención vigilante de la madre. siste en que, a pesar de todo, Freud mismo lo olvidó poco p.
Son, por último,'. zonas vinculadas lateralmente, podríamos poto, y un olvido de este género tiene, sin duda, sus motiVos.
decir -aunque de manera muy sólida-•. con una función de Podemos pre·guntar:nos si esta noción no fue reprimida hasta
importancia vital, lo· cual determina que obligatoriamente se cierto punto en el desarrollo de su pensamiento. En todo caso,
exciten cuando se ejerce la función. esta represión se produjo en fecha relativamente tardía, y la
idea ha surgido no pocas veces. La segunda razón, más con-
Por lo tanto, el placer de ~rgano se suscita necesariamente
tingente en apariencia, pero por cierto ligada con las mismas
cuando se ejercita el placer de función. Pen:Heamos otro pasa-
fuentes inconsciente~ y profundas, es el hecho de haber sen-
je: " ... como sucede en la succión, toda parte del cuerpo tido la necesidad de traducir el vocablo apoyo -que en alemán
puede llegar a adquirir igual excitabilidad que los genitales y es un término corriente (Anlehnung, esto es, el hecho de apo-
ser elevada a la categoría de zona erógemi". Y en seguida: "El yarse en, o apoyo, si se quiere)- tanto al inglés corno al.fran-
fin sexual de la pulsión infantil consiste en la satisfacción ob- cés* con términos como el de anaclítico, es decir, la necesidad
tenida por la adecuada excitación de tal o cual zona erógena. de formar neologismos que, además de ser muy poco elocuen-
Preciso es que el niño haya experimentado antes la satisfacción tes, han posibilitado toda una desviación del sentido de apo-
para que desee repetirla, y debemos admitir que la naturaleza yarse en. Así, en una ideología maternal, el término de anaclí-
procede de ·modo que el conocimiento de una satisfacción tico ha t~rminado por significar el hecho de que el niño se
como ésa no· 'quede librado al azar. Por lo que concierne a la apoye en la madre, y el apoyo que el niño encuentra. en suma-
región bucolabial, ~onocemos los medios de que se vale la na- dre. Fundamentalmente, por supuesto, esto puede ser un sen-
turaleza para lograr sus fines [... ] [ existe una ligazón verda- tido derivado de Anlehnung, pues el proceso del Anlebnung
deramente intrínseca entre el placer sexual y el placer funcio- no se describe en el nivel de la relación interpersonal, en el ni-
nal]: esta parte del cuerpo sirve al mismo tiempo para la·pren- vel de la relación hijo-madre, sino en el del surgimiento de la
sión de los alimentos [no creemos que estas ideas relativas a sexualidad y de la manera en que la sexualidad se apoya en la
la naturaleza sean otra cosa que una manera de hablar. El función no sexual antes de liberarse de ésta. Puede ser, si se
hecho es que no por nada, efectivamente, las zonas que más quiere, la definición más general del apoyo. .
habrán de vincularse con la función son a la vez las más ex- La idea de apoyo supone, pues, una serie de oposiciones,
puestas a la excitación erótica. Luego, esta parte del cuerpo
-los labios y la zona bucal- sirve a la vez para la prensión de • Al castellano también. [N. del R. T.)

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de lo que se apoyay de aquello en lo que se apoya; oposición pu.es, mediante un ligero desfasaje pasamos del objetó -vital
de la pulsión, por una parté, a la función o al instinto, por la -leche- al objeto sexual -pecho-. La fuente está determina-~
otra. Y oposic,ión de la sexualidad a la autoconservación; opo· da por la alimentación, como sabernos: es la zona erógena, el
sición, en el ejemplo utilizado como model~, entre la sexuali- hecho de que la alimentación pasa sencillamente por la boca. Y
dad oral y la alimentación. Voy a retomar una serie de pasajes también el fin se halla determinado por la alirnenta~ión, ya
que son los más claros acerca de esta noción de apoyo. que en un primer momento se trata tan sólo de obtener una
Tras haber descrito el chupeteo, Freud se pregunta de dón- excitación por el paso de la leche, por el contacto. con ésta o
de proviene éste, y es evidente que no se halla lejos de encon- con el p<i:cho. Por consiguiente, apoyo quiere decir que ante to-
trar su origen. "Es también fácil adivinar en qué ocasión do la alimentación sirve de modelo a la sexualidad, y al mis-
halla por primera vez el niño este placer, hacia el cual, una vez mo tiempo significa que la sexualidad se halla por completo en
hallado, tiende siempre de nuevo. La primera actividad del ni- su diferencia respecto de la -función, en el movimiento que la
ño y la de más importancia vital para él, la succión del pecho lleva a desviarse ligeramente con relación a aquello en que se
de la madre (o de sus subrogados), le ha hecho conocer, apenas apoya. Para Freud, el prototipo de la sexualidad no es la suc-
nacido, este placer. Diríase que los labios del niñ-o se han con- ción sino el chupeteo, es decir, el momento en que el aspecto
ducido como una zona erógena, siendo, sin duda, la excitación sexual se separa: del aspecto propiamente funcional. También
producida por la cálida corriente de la leche la causa de la pri- podría decirse que tenemos como fuente de la sexualidad el
mera sensación de placer." Por lo tanto, un primer tiempo: el ·conjunto de la función o del instinto, que a su vez posee su
de la alimentación. Hay, si se quiere, un ciclo de la necesidad. propia fuente, su propio objeto, su propio fin. La función -o
Ya he señalado que el instinto mismo puede ser descrito según el dispositivo-, nos dice Freud, se vuelve a su vez fuente de se-
las diferentes dimensiones de la fuente, el objeto e incluso el xualidad. Y, con respecto a esta separación, podemos pregun-
empuje y el fin: en el funcionamiento instintual alimenticio tarnos en qué se han convertido los diferentes elementos de la
hay tensión, acumulación de tensión y aporte de un objeto es- función. ¿Qué ocurre con el objeto? El objeto se ha perdido en
pecífico -el alimento-, y no el pecho. Proceso de relajación y el chupeteo, lo mismo ha ocurrido con la leche;, y aun el pecho
apaciguamiento, un fin fijo, todo aquello que caracteriza un mismo, que era su sustituto por desplazarnie*to -por meto-
comportamiento relativamente fijado, preformado. Pero Freud nimia-, se ha perdido, o por lo menos se ha transformado en
considera que junto con el comportamiento alimenticio se fantasía al chupetear el pulgar. ¿y en cuanto al fin? En el ins-
produce un proceso sexual: la excitación de los labios y la len- tinto, el fin era la ing~,f.tión, y se ha convertido, mediante otro
gua por el pezón y la leche cálida. "Esta excitación es al prin- tipo de desplazamienro~t.:.'"al que podríamos denominar meta-
cipio inseparable de la función alimenticia. Al comienzo, la fórico-, en la incorporación, que es ehfundamento fantaseado
satisfacción de la zona erógena estaba estrechamente ligada de todas las acciones imaginadas a propósito de la actividad
con el apaciguamiento del hambre." _[Y en 1915 añade, para oral. Siempre se trata de hacer entrar en mí algo. Pero, por
precisar bien este concepto: J "La actividad sexual se ha apo- otra parte, el fin se ha escindido, ha pasado a ser, por un lado,
yado ante todo en una función que sirve para conservar la fin fantaseado, sustituto por semejanza, metáfora de la inges-
vida [ya· tenemos aquí la oposición pulsión-tunción vital], de tión alimenticia, y también, por otro lado, ha pasado al domi·
la que sólo con el tiempo se ha independizado." Por lo tanto, nio de la excitación puramente local, de la excitación casi me-
la sexualida,d está modelada al principio por la fúnción en que cánica de la zona labial. De esta escisión del fin hallaremos
se apoya. Su objeto lo proporciona la necesidad, ya que no huellas en las vacilaciones del propio Freud para definir cuál
hay que ir lejos para pasar de la leche al pecho, e incluso la es el fin de la pulsión oral. Hay un pasaje en que nos díce que
leche y el pecho excitan en primer lugar la zona erógena. Así, la actividad sex~al no se halla separada, en la fase oral, de la'in-
'
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gestión de alimentos; todavía no se hace presente la diferen- un producto marginal de ésta., uh producto que se da por
ciación de las dos corrientes. Ambas actividades tienen el mis- añadidura y- a la vez, si se quiere; una especie de desecho. Esta
mo objeto, y el fin sexual está constituido por la incorporación perversión de la función se produce de acuerdo con un doble
del objeto, prototipo de lo que ha de ser, con el tiempo, la movimiento: un movimiento de desviación y otro de vuelta
identificación, llamada a desempeñar un importat:tte papel en hacia sí mismo. La desviación está compuesta por todas esas
el desarrollo del sujeto. En .este caso, el fin es, por lo tanto, un series de desvíos que nos llevan a pasar de un fin a otro y de un
fin desplazado con respecto a la ingestión de alimentos, es objeto a otro objeto conexo; pero derivado de los objetos
la incorporación, y después la identificación. Pero Freud dice primitivos. La vuelta hacia uno mismo es el movimiento que
además -y considero que no se contradice- que es necesario posibilita pasar a la fantasía. .
mantener esta idea de una escisión del fin en la sexualidad, La segunda idea, sobre la que lamentablemente no puedo
que el fin es al mismo tiempo pura y simplemente la excita- detenerme en 'esta ocasión, es que el esquema del apoyo puede
ción local de la zona labial. ser aplicado, de hecho y de derecho, a toda función y aun a
Consecuentemente, la función provee .el objeto, el fin o toda actividad humana. Freud desarrolla con toda claridad esta
los fines y, por· último, la zona, en Ja.. que se produce una idea en etcapítvlo acerca de las fuentes de la sexualidad. Des-
fijación -ya lo hemos señalado suficientemente.,-, junto con cribe allí, con el nombre de "fuentes indirectas", la mayoría
la posibilidad, después, de utilizarla .en su condición de zona . de las actividades e incluso de las conm'ociones posibles en el
dentro del acto sexual mism.o como punto de excitación erÓ" ser humano; no sólo las furidones vitales, sino además los actos
ti ca, en el beso o en cualquier otra a~tivid:J.d relacionada con y actividades de índole intelectUal; emocional o muscular,
la zona labial. toda conmoción rítrhica, como por ejemplo el viaje en ferroca-
Pero la zona es también un signifka~te susceptible de toda rril, etc. Toda función es, pues; susceptible de este desvío,
una serie de desplazamientos, que . hacen que la noción de que hace de éste el productor marginal de sexualidad. Se trata,
pasar por la boca -la ingestión- pueda desplazarse a otras como vernos, de un verdadero aporte a la noción de pan-
imaginaciones, ~ otras fantasías. La zona es a la vez, por con- sexualismo.
siguiente, una 'Zona fisiológicamente fijad'a, pero al mismo Tercer punto: la idea de pérdida del objeto. En el autoero-
tiempo una zona expresada en un determinado tipo de fanta- tismo el objeto es abandonado y se produce un vuelco hacia
sía y, por eso mismo, ·SUSCeptible de todas las metabolizacio- uno mismo y hacia la fantasía. Esto significa que el autoero-
nes propias. de la activid~d imaginaria. · tisrno no es un estado primario sino un estado secundario. Es
Concluyo ·con la noción de apoyü resumiendo lo que me primario en la sexualidad, pero no lo es para el ser.hurnano. In-
parece esencial en ella. (a primera idea consiste en que en el cluso para poder existir, presupone que hay una primera inten-
apoyo la sexualidad es perversión de la función; aquí habría .cionalidad hacia un objeto vital, lo cual permite que éste p~eda
lugar para todo un desarrollo relativo a la noción misma de ser abandonado. Esto implica también, corno dice Freud, que
perversión. Están, por supuesto, las perversiones sexuales. lo que hay que reencontrar es el objeto perdido. Encontrar el
La sexualidad puede ser calificada de perversa, pero e·sto objeto sexual es siempre, pues, reencontrarlo. Avanzando más
siempre con relación a cieha norma más o menos social y con en la misma dirección, digamos que el objeto a reencontrar no
la dificultad, justamente, de fijar ésta. Creo, no obstante, que es el objeto perdido sino un sustituto de éste por desplaza-
lo que in,troduce Freud respecto de la noción de perversión no miento. Claro está, esto implica la imposibilidad de un vuelco
es la idea de qu~ hay perversiones de la sexualidad; sino de que absoluto.
la sexualidad mism~ es ya desviación: desviaci9n de la activi- La cuarta idea es la de la vuelta hacia sí mismo y de la
dad natural, vital. La sexualidad es perversión 9~ la función; es vuelta en uno mismo: el fin se encuentra Íntegramente tras-

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puesto en la _fantasía. Si recor~amos los, pri~e:os desarrollos VI
freudianos aonentes a la sexuahdad y a 1a teona de la seduc- EL INSTINTO REENCONTRADO
ción, veremos que existe más de una analogía con la noción
de apoyo, o en todo caso con una serie de puntos en los que
pueden articularse una y otra. En ambos casos encontramos,
por ejemplo, la idea de una desviación, de una verdadera per-
versión de la función. En el taso del apoyo, se lo describe
como una desviación espontánea; en el de la seducción, como
una desviación por medio de la fantasía del adulto, de manera
que es evidente el paso de la seducción al apoyo -de la vuelta
hacia sí mismo a la vuelta en uno mismo-, sobre todo si se
introduce, además, la idea de los cuidados parentaks, de los
cuidados maternos. Por ambos lados encontrarnos asimismo la
idea de una interiorización, que presenta la esencia misma Una de las implicaciones de la teoría del apoyo, tal como
de la pulsión: la idea de que hay verdaderos cuerpos extraños acabamos ~e des~ribirla, es la noció~, o acaso .la ex~l~~ación,
internos que atacan al sujeto. Y en el caso del apoyo se nos de la funcwn umversal de la s~xuahdad en ps1c0anahsts. Las
describe nuevamente la constitución de este cuerpo extraño, fuentes de la sexualidad se dividen en dos clases: "fuentes di-
pero de otro modo, justamente corno la vuelta en uno mismo, rectas" y "fuentes indirectas". Freud considera varias veces
el hecho de que toda la sexualidad se halla ahora centrada en el problema, pero el pasaje más claro al respecto es d siguien-
la fantasía. te: "Si resumimos lo que los diferentes ejemplos y observa-
ciones nos han enseñado sobre las fuentes de la excitación se-
xual infantil, podemos deslindar los siguientes rasgos: causas
múltiples concurren al desencadenamiento del proceso sexual
[ ... ]. Son las excitaciones más o menos directas de las superfi-
cies sensibles (tegumentos y órganos sensoriales) y, de un
modo inmediato, las excitaciones que se producen en cier-
tas zonas erógenas. Aquí, lo que importa es la calidad de la ex-
citaci6n [por lo tanto, el primer tipo de excitación sexual:
la que está vinculada directamente con las zonas erógenas,
en la que Freud piensa que se podría ey¡contrar un proceso
cualitativo fisiológico específico. Por otra parte, las fuentes
indirectas, así descritas:] Añadamos que en el organismo se
encuentran dispositivos que hacen que la excitación sexual
se produzca como efecto sobreañadido [nosotros decimos
"efecto marginal"; es un término más exacto] en un gran nú-
mero de procesos int.ernos no bien la intensidad de éstos ha
superado cierto umbral cuantitativo . Lo que hemos denomina-
do pulsiones parciales de la sexualidad, o bien deriva directa-
mente de las fuentes internas, o bien representa un efecto

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combinado de éstas mismas y de la acción de las zonas eróge~ sadomasoquismo: Sólo se co~prende por la existeiria de una
nas". [Y concluye F!eud:] "Es .p.osible que nada importante identificación ·-'-en el seno de ·la f-antasía- con el lugar que
suceda en ·el organismo que no contribuya con sus compo- ocupa el individuo que sufre, porque el placer sexuales perci-
nentes a la excitación de la pulsión sexual." Estamos, pues, bido en el lugar del que sufre: Un ejemplo más de lis fuentes
ante la idea de que toda conmoción interna -y hay en ello un indirectas está· dado poF · el · pla,cer provocado por d trabajo
factor cuantitativo puesto en· tela de juicio-, cualquiera que intelectual. Sólo dispongo de tiempo para mencia.r uno de
sea su naturaleza, puede contribuir de manera marginal a la los aspectos que interesan en la noción de 'fuente indirecta:
sexualidad. Entre las fuentes indirectas, Freud ha enumerado y el que concierne a la noción de sublimación. En el aso de la .
estudiado las excitaciones de orden mecánic-o: son excitaciones sublimación, el fin sexual se trasforma en actividad no sexual,
pasivas de carácter rítmico, desde la acción de mecer al bebé pero que eventualmente puede adquirir un sentido simbólico.
hasta algo que tenga un valor personal, como el viaje en tren; Por lo tanto, hay un trastocamiento en el nivel tld apoyo,
asimismo, a título de ejemplo, la actividad muscular en su un recorrido en sentido opuesto. Y' la base de mo de los
condición de tal, corno suscitadora de un placer sexual, espe- elementos explicativos de la sublimación es que si las activi-
cialment'e en la actividad deportiva. Freud estudia igualmente dades más diversas pueden ser sublimaciones de la sr::rualidad
lo que él llama procesos fl[ectivos. -las emocio~es~, y dice es porque precisamente en sus orígenes esas actividades pue-
que ~oda emoción pued{ pr9dt1cir, jtintó con ·su carácter den, a la inversa, dar nacimiento a la excitación sexual
placentero o displacenteto, una excitac~ói1, sexual. Desde lue.:.
go, el elemento dé prueba más cabal no_ reside en las emocio- También quería abordar en esta oportunidad el tacer capí-
nes placenteras sino en las displacenteras. Así, por ejemplo, tulo de los Tres ensayos: "La metamorfosis (o lasmodifica-
el miedo, la angustia. el susw,: pueden suscitar en el niño, ciones) de la pubertad". He anticipado que este capítulo pue-
tanto como .en el adulto, una excitación sexual !)bservable. y de igualmente tit;ularse "El instinto reencontrado", o "El ins-
en este aspecto se rnencio_nan dos' aplicaciones particularmen- tinto imitado". Efectivamente, tomemos término poc término
te interesantes: una concerniente a un placer acerca del cual lo que define a la sexualidad infantil.
Freud se dirigirá preguntas más de una vez, o ~ea, el placer La sexualidad infantil se define por la fragmentación de
producido por la obra de arte, en particular el placer del ~s­ sus diferentes zonas erógenas y sus diversas fuentes. La sexua-
pectáculo, por penoso, dramático o trágico que sea, placer lidad púber y adulta se define por la existencia deUDa organi-
que proviene, justamente, de este efecto erógeno marginal. La zación, de una síntesis, que implica el predominio de cierta
otra aplicación, igualmente muy importante, compete al sa- fuente sexual, de una zona determinada: la zona de los órga-
domasoquismo y al placer masoquista. Desde este texto hasta nos genitales. La sexualidad infantil se define por d apoyo y
el texto principal s~bre el masoquismo -"El problema econó- por el hecho de que en éste nunca hay, en el nivd infantil,
mico del masoquismo", de 1924-, Freud sostendrá que, pese a separación _total de la sexualidad. La sexualidad adalta se de-
lo que· pueda parecerle al sentido coinún, el placer sádico, el fine, en cambio, por la idea de que puede e:Xistir cierta autono-
placer de hacer sufrir al otro, es menos evidente, mientras que mía de la actividad sexual con respecto a las actividades llama-.
el placer masoquista se inserta con toda naturalidad dentro del das de autoconservación. Por último, y sobre todo, la sexuali-
marco que hace que toda conmoción, así sea la del dolor, dad infantil se define por el autoerotismo y por el hecho de
provoque marginalmente, o en carácter de coexcitación (Mi- que el objeto es objeto fantaseado, interiorizado. Por el con-
terregung es el término que emplea en' "El problema econó., trario, la sexualidad púber y adulta se define por la elección
mico del masoquismo"); un placer. Contrariam-ente, pues, a de un objeto, primero un tipo de objeto y luego un objeto ex-
lo que podría pensarse; el placer sádico es secundario en el terno real. ·-
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Para tener una visión histórica esquemátiea de la evolución Jrepara su posterior intensidad. Considera sus actos como
freuCiiana ..,....:y pienso que no hay mejor acceso al pensamiento naniíestaciones de 'puro' amor, asexual-'.. ".
de Freud-, debemos distinguir bien la posición asumida por Tenemos, pues, la idea de que los cuidados de los padres
Freud en los Tres ensayos de lo qtie esa posición llegará a ser ;on importantes, no sólo en su aspecto material, sino también
posteriormente, de la manera en que se enriqu~cerá. Hay en ~n lo concerniente a la meta a que apunta el adulto y, además,
los Tres ensayos una oposición global entre la sexualidad in~­ :n el hecho de que esta última es inconsciente. Ya está del to- ·
fantil y la sexualidad púber. Quiere decir que a la sexualidad jo presente la idea de fantasía parental y de su intervención
infantil en conjunto, en bloque, se le atribuyen los tres rasgos Jara suscitar la vida sexual del niño, puesto que la propia ma-
q\le acabo de indicar. No se la describe como organizada; las jre se espantaría si se le revelara el sentido de sus actos, es de-
organizaciones o fases de la sexualidad no se hallan aún defini- :ir, el hecho de que en sus gestos de cuidados para con él niño
das en la edición de 1905 de los Tres ensayos; y, por otra par· :onsidera a éste como el "sustituto de un completo objeto
te, la primacía del apoyo de SU; primera fase se caracteriza -en ;exúal''.
todo lo que describe Freud sobre la sexualidad infantil- por Ahora bien, esta oposición, esta polaridad entre ternura y
el predominio de la relación calificada de ternura. Freud utiliza ;exualidad, entre autoconservación y sexualidad, persistirá
este término como una gran corriente que se.opone a la de la iespués de Freud. Es, si se quiere, una invención de Freud,
sexualidad; ambas corrientes se complementan mutuamente en )ero no algo efímero: volvernos a encontrarla a lo largo de
elamM. · :oda la teoría psicoanalítica. Menciono tan sólo dos autores
Ahora bien, la ternura se relaciona ante todo con la auto- !n cuya obra puede hallarse esta id.ea: por una parte, Feren<;zi,
conservación; los objetos de la ternura son, esencialmente, la ~ue en un artículo titulado ''Confusión de lenguas entre el ni-
madre que alimenta y el p_adre que protege. Así, pues, la sexua- )o y el adulto" opone claramente dos tipos de lo qué él cali-
lidad infantil aparece, en la esquemática descripción que hace :ica de "lenguajes", lenguas: el lenguaje o la lengua de la ternu-
Freud en aquella época, como perma.nentemente injertada y :a, y el lenguaje de la pasión, propio de la sexualidad. Por otra
renovada sobre la base de una relación fundamental: la de la )arte, un autor como Winnicott expone la misma idea; -sin
ternura con respecto a los padres. Esta sexualidad se renueva, iuda, la· desarrolla en menor medida, pero ella subyace a toda
podría decirse, de manera· instantánea en función, sobre todo, ma parte de su argumentación, sobre todo cuando opone
de las seducciones parentales, de las seducciones maternas, que ientro de la relación padres-hijos lo que él llama "relación
desempeñan un papel principal en su despertar, pese a lo que ranquila" y "relación excitada". -Si bien Freud logra definir
pueda pensarse, por lo demás, del abandono, o del supuesto :oda la sexualidad infantil como autoerótica, es decir, como
abandono, de la noción de seducción formulada por Freud. He :arente de objeto, como fantaseada, de todas maneras vemos
aquí lo que nos dice éste en "El hallazgo de objeto": "La re- 1ue ese predominio del tiempo autoerótico sólo significa
lación del niño con las personas que lo cuidan es para él una lue en el plano sexual es donde hay un primer período vuelto
inagotable fuente de excitación sexual y de satisfacción de las 1acia el interior y en modo alguno puede significar que duran-
zonas erógenas. [Ya vemos que existe la idea inicial a partir :e cuatro o cinco años el niño no tenga, según Freud, la menor
de los cuidados y de la ternura.] La madre, sobre todo, atiende ·elación con el exterior. El sentido de autoerotismo proviene
al niño con sentimiento procedente de sll propia vida sexual, ie una noción que sólo se justifica dentro de un tipo de rela-
y lo acaricia, lo besa y lo mece tomándolo claramente como :ión muy particular: la sexualidad.
sustituto de un completo objeto sexual. La madre se sorpren- El tercer capítulo, el del instinto reencontrado o imitado,
dería mucho probablemente el conocer esta explicación y vei .1os pone en contacto con la noción de organización, que
que con su ternura despierta la puisión sexuai de su hijo y iefine lo que ocurre progresivamente en la época púber, tras

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placer genital, que. culmina en el orgasmo y en la descarga
el período intermedio-llamado de· latencia. Veamos de qué ... - completa de la tensión:-:-. y; por otra parte, placeres que se vin-
modo se define la organización en los comienzos de esta ter- vez
culan. a la con ·la tensión:· placeres de las demás zonas eró-
cera parte: "La pulsión sexual, hasta aquí predominantemente gel}aS;-cuya excitación desemboca, dentro de una ·especie de .
autoerótica, encuentra por fin el objeto sexual. Hasta este mo- visión UJl tanto .ideal. d.el acto sexual, ;en la excitación terminal
mento actuaba partiendo de pulsiones parciales y de zonas eró- de la ,.zona genitaL
genas, que, independientemente unas de otras, buscaban como Esta es, pues, la distinción entre dos tipos de placeres: el
único fin sexual determinado placer. Ahora aparece un nuevo placer ~e satisfacción, que es relajación completa, y el placer
fin sexual, a cuya consecución tienden de consuno todas las preliminar, ligado con la tensión y que, no obstante, ofrece,
pulsiones par~iales, mientras que las zonas erógenas se subordi- en cada uno dé los momentos del acto sexual, su cuota margi-
nan a la primacía de la zona genital". Esto significa que la nal de placer sin dejar de contribuir a crear una tensión mayor.
organización se comprende según dos líneas; por una parte, Por lo tanto, la primacía genital define como "prege-
según la línea del fin y las fuentes: subordinación a un único nital" a la. sexualidad infantil que la precede. En esta 'tercera
fin y a ..una s_ola zona; por la otra, según la línea del objeto: parte del libro de Freud -q~e es, por lo demás, bastante bre-
elección de un objeto, que viene asimismo a centrar la organi~ ve- hay algunos capítulos intermedios, pero el que se relacio-
zación. Quiere decir, pues, que la organización (aunque los tér- na con las trasformaciones de la pubertad es: "El hallazgo de
minos se hallan todavía en ese momento mal articulados en objeto". Desde luego~ esperarnos hallar, bajo el título de
Freud) supone la primada genital por un lado:, y el Edipo en "objeto", el complejo de Edipo, que define a su vez como
el plano del objeto por el otro. . "preedípico" a aquello que lo precede, esto es, la sexualidad
· La descripción de la Pfimacía de las "i<:>nas genitales figura infantil. Pero ocurre que el complejo de Edipo en cuanto tal no
en el primer capítulo: "Pi'imadá de lás zonas genitales y phi:.. figura casi en los Tres ensayos de 190 S. Y, posteriormente,
cer preliminar". Me atengo a él a fin_ de que se advierta cómo Freud tendrá bastantes dificultades para integrarlo; tanto es
en aquella época se la concibe como una primacía completa- así, que sólo hablará de él en notas añadidas al texto. Co:a
mente fisiológica, y cómo, también, se preocupa Freud por esto quiero decir que Freud no hizo eri. el tercer capítulo de
comprender de qué manera puede haber una comunicación su libro la modificación fundamental que habría sido necesa-
entre diversos tipos de excitación que recaen sobre zonas ria pára introducir completamente en él una teoría del comple-
erógenas diferentes, sobre diferentes zopas del cuerpo. Esto jo de Edipo. Pm lo demás, esta teoría no se halla presente en
no quiere decir que Freud renegó del punto de vista fisioló- parte alguna; no hay siquiera un artículo específico que des-
gico, sino que hubo de agregarle lo que debía completarlo: criba exhau.stivamente el complejo de Edipo, que lo describa
la genealogía fantaseada de la genitalidad. Y a ésta no se la totalmente. Sin embargo, el complejo de Edípo -cuyo nom-
indica aún aquí porque faltan, precisamente, las etapas previas bre ni siquiera figura en este capítulo, excepto en las notas,
para establecerla. que son, repetimos, posteriores- se ha descubierto, o por lo
Primada de los órganos genitales, primacía del pl~cer ge- menos está por descubrirse desde hace mucho tiempo a través
nital: esto significa que los placeres llamados pregenitales, de la teoría de la seducción y el autoanálisis de Freud, y luego
los placeres de las pulsiones parciales, pasan a subordinarse de La interpretación de los sueños. No obstante, está presente
en parte al acto sexual terminal, al orgasmo, bajo la forma de de manera marginal bajo el título del hallazgo del objetó, pues-
placer preliminar. Y ya tenemos todo un desarrollo, que al to que el descubrimiento del objeto -como se nos hace saber
mismo tiempo es una interrogación sobre el difícil problema desde un primer momento- entraña el hecho de reencontrar
del placer. Esta interrogación se refiere al hecho de que pueda el objeto perdido en la infancia. Esta es, pues, una de las ideas,
haber p~aceres que constituyen una relajación completa -el
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liar, y también más moral que fantaseada, más ligada con
aunque n~ la única, del complejo de Edipo. A éste se lo des- preceptos explicitos que con fantasías. Hablando si~mpre
cribe parcialmente, en el sentido de que lo que se pone en pri- de los Tres ensayos en su edición de 1905, digamos que el
mer plano no es tanto el clásico triángulo hijo-pareja parental Edipo se encuentra limitado en el tiempo, ya que·parece sur-
sino el lazo incestuoso por el progenitor del sexo opuesto .. No gir y desaparecer en la pubertad. Exagero un poco al respecto,
se indica, por consiguiente, la dimensión negativa, la dimensión pues se nos ha indicado que se esboza en la infancia. Pero
de rivalidad con el progenitor del mismo sexo. Y es importante podría decirse que, si se halla en realidad muy marcado en la
volver a situar esta idea, pues no carece de valor: la prohibición infancia, Freud considera en ese momento que el Edipo es
del incesto no es función de la dialéctica interna de una situa- casi patológico.
ción triangular, no definida aún verdaderamente. Se la formula Pues bien, entre ambos polos, entre ambos extremos del
como una especie de ~priorismo de origen sociológico. El com- desarrollo temporal -sexualidad infantil y sexualidad adulta-,
plejo de Edipo está ~quí igualmente limitado en su función, toda la evolución de la investigación freudiana y todas las mo-
ya que sólo interviene en ese aspecto muy parcial, pese a todo, dificaciones de. los Tres ensayos van a culminar en la interca-
que es la elección .del objeto. No se indica su relación con la lación de fases intermedias, u organizaciones que podemos
fuente y con el aparato genital, y Fr~ud necesitará tiempo denominar pregenitales. Creo que hay motivos para distinguir
para establecer esta relación. Tampoco se menciona la relación con claridad entre pregenital y preedípico, dos términos que
con el fin genital. Esto requerirá tiempo y, además, la inter- se confunden muy a menudo. Pregenital se refiere a un tipo
calación de una secuencia evolutiva entre la sexualidad infantil de satisfacción sexual. Preedípico se relaciona con modos de
y la sexualidad adulta. En alguna parte, Freud dice que, des- relación interpersonal. Al principio hay, por supuesto, una
pués de todo, en este momento (está hablando, evidentemente, confusión entre ambos, y al psicoanálisis le toca explicar y
en 1905) sólo contamos con los dos polos de la evolución co- explicitar por qué el complejo de Edipo se realiza y, al mismo
mo cosas ciertas; con respecto a lo que hay entre ambos, no tiempo, finaliza y se suprime en el nivel genital. Pero nada
tenemos más que algunos informes muy incompletos, muy implica que cada vez que hablemos de preedípico tengamos
tentativos. Lo único que Freud saca a luz en el nivel de la pu- que hablar de pregenital, ni que cuando hablemos de· prege-
~ertad es, más que la función del Edipo -mal articulada, una nital haya que considerar necesariamente que la sexualidad
vez más-, la evidencia de la elección incestuosa, esto es, la pregenital no es edípica. Ahora bien, lo que va a ubicarse pro-
evidencia del lazo incestuoso en su momento de -mayor inten- gresivamente no es lo preedípico sino lo pregenital. Y no
sidad, en el momento del despertar puberal, y especialmente sólo lo preedípico, sino también el Edipo mismo, podrán
el vínculo de la hija con el padre, descrito con más precisión quedar realmente definidos nada más que en última instancia.
quizá que el del hijo varón con la madre. Esto último se Hace unos instantes me he referido al hecho dé que no hay,
debe a la comprobación -reformulada luego teóricamente- en rigor, un texto freudiano fundamental, definitivo, sobre
de que el Edipo femenino termina de manera más progresiva el complejo de Edipo. Repito que Freud e incluso sus suceso-
que el masculino. Con respecto a la elección de objeto, la hija res sólo podrán llegar a definir el Edipo en último análisis, y
se desliza en forma mucho menos marcada desde el objeto pienso de manera especial en Melanie Klein.
incestuoso hasta el objeto definitivo. En el ínterin, lo que se ha Hace ya mucho tiempo -desde las primeras elaboraciones
introducido realmente es la 4l.tencia, período en que las acti- de Freud en 1895, 1897 y 1900- se descubrió la noción de
vidades sexuales y tal vez las fantasías mismas duermen, se que la actividad pregenital es una actividad fragmentaria. Las
hallan en gran parte reprimidas; también es el período durante actividades fragmentarias ya se encuentran descritas con bas-
el cual se establece esa barrera contra el incesto que acabo tante precisión en la correspondencia con Fliess. Además, ya
de destacar, en el sentido de que parece más social que fami-
141
140
antes de 1900 hay varias tentativas de lo que podríamos lla- sólo qujero sugerir algunas pregunta~ y cierto modo decnfocar
mar ,~~estadificación", es decir,"de ordenar en el tiempo las·. los prüoleiriás. ·· ·
diferentes actividades vinculadas con las zonas erógenas, ¿organización en el nivel pregenital? Es cas~ paadójico
como por ejemplo la actividad anal. Ahora bien, en los Tres tratándose de Freud, que siempre consideró y seguirá conside-
ensayos no se retoman estas tentativas. Se enumeran las ac- rando que la única organización verdadera es la genilll. Y si
tividades sexuales infantiles, pero no se las inserta realmente a la fase fálica. la denomina "organización genital ilfantil"
en una secuencia. Sólo cuando la clínica termina por coinci- es porque ya ve en ella los rasgos de la organizacióa genital
dir con las primeras intuiciones de Freud, esas actividades púber, casi todos los rasgos de ésta, en verdad. Y allÍ, en la
son descubiertas e insertadas en un orden secuencial. En pri- organización genital infantil, que es la última en imerta_rse
mer lugar la organización denominada anal; en este caso el en la sexualidad infantil (a los 4 años, aproximadamente),
texto principal es uno que lleva por título "La predisposición sitúa. Freud el establecimiento pleno del complejo de Edipo.
a la neurosis obsesiva"; data de 1913, y. en él Freud se ve lle- Recordemos que en la organización genital hay suboninación
vado a estudiar, a propósito de la neu:r:osis obsesiva, el tipo a una zona; los demás pla~eres, procurados por las otras zonas,
de fijación y de regresión ,propio de esta neurosis y, asimismo, ·. pasan a ser simplemente placeres preliminares dentro de una
el tipo de relación Jigado con la analidad. Curiosamente, la secuencia de excitación creciente. Es evidente que ~ud no
organización oral es descrita en segundo lugar. Ya hemos vis- puede apuntar a esto con la idea de organización oral u orga-
to que la oralidad intervino muy pronto hasta como modelo nización anal, por ejemplo. No se trata de que haya una se-
propio de la sexualidad pregenital y como tipo de organiza- cuencia que de~ernboca en el· placer, oral. o anal, a partir de
ción con toda su dimensión fantaseada. Pero sólo se la descri- los otros placeres., a los que se consideraría prelirniiJI[es. Po-
bió posteriormente, y de modo parcial, en Tótem y tabú, dernos comprobar que no hay aquí nada semejante al tipo de
donde estaba enfocada desde una perspectiva histórica y et- organización fisiológica mostrado por Freud en el orgasmo
nológica; en los Tres ensayos sólo aparece en la edición de genital. . '
1915. ¿Qbjeto? La elección. de objeto define la orga.niza:íón ge-
Por último, otra organización pregenital: la organización nital definitiva. En las organizaciones pregenitales llay, por
llamada fálica, también denominada por Freud "organización cierto, un tipo de elección de objeto; pero, a difermcia del
genital infantil", no descrita hasta 192 3. Evidentemente, las objeto genital, ese objeto permanece ligado, adherido al ob-
fases no se suceden por completo en el mismo orden de su jeto de la autoconservación, puesto que el apoyo no culmina
descubrimiento; se sabe que las fases se ordenan de este modo: en una escisión auténtica del objeto sexual con respetro al ob-
oral, anal, fálica, y que con posterioridad a Freud, en tentati- jeto de autoconservación. Y, por otra parte, el objetoes, ante
vas no desautorizadas por éste, autores como Karl Abraham todo, objeto parcial y no objeto total -persona-, como en la
dieron además una orientación que consiste en subdivid.Ír relación genital. El objeto parcial define lo que las organiza-
las fases, en especial la oral y la anal, eb subfases. ciones pregenitales tienen de más específico. Los objetos
No tengo la intención de examinar esta subdivisión y esta parciales son el pecho, los .excrementos, el falo, o \:)im lo que
secuencia de las organizaciones;_ prefiero, en cambio, formular puede ser "tratado como ... ", lo que puede ser "mtado de
·algunas preguntas al respecto. ¿En qué consiste la noción de la misma manera que ... "cualquiera de estos objetos.
organización cuando se trata del nivel pregenital? ¿cuál es Por último, ül fin?· Considero que la primacía de un
la modalidad secuencial de las fases? Y, por último, ¿qué rela- fin caracteriza lo que Freud llama, con razón o, más bien,
ción existe entre esa secuencia de fases que el psicoanálisis sin ella "organización pregenital". En efecto, con respecto a
nos deja entrever y una .psic~logía genética? Evidentemente, la genitalidad no puede concebirse al predominio de un fin.

142 143
como el canibalismo, una retención del pene en el interior
del cuerpo.
No hay exclusividad, ni siquiera subordinación real. El predo- Pese a todo, advertimos que la idea de organización es ten-
minio de un fin es inseparable de un tipo de actividad que no tativa, que -en gran medida- no es una idea realista sino, en
es real sino fantaseada. Un tipo de actividad: pensemos, por cierto modo, evanescente. Y Freud lo advierte con tanta cla-
-ejemplo, en el acto de ingerir, de incorporar, tipo de actividad ridad que llega a decir en ciertos -momentos que la organiza-
respecto del cual ya he intentado mostrar que deriva metafó- ción pregenital existe realmente, en sentido propio o en un
ricamente de la actividad vital. Por último, puede decirse que sentido que se asemeja al de la organización genital, sólo cuan-
lo que parece caracterizar a la organización pregenital es, mu- do nos acercarnos a la patología. Veamos qué nos dice en
cho más que un modo real de subordinación o de organización, 1915, con motivo de la introducción del capítulo sobre las
cierto lenguaje, cierto código de la fantasía. Por lo demás, la organizaciones sexuales: "Al estudiar, con la ayuda del psicoa-
manera misma en que los analistas describen el carácter general nálisis, las inhibiciones y las perturbaciones_ del desarrollo,
de las fantasías en tal o cual fase muestra a las claras que se reconocemos que existen rudimentos y preformaciones de una
trata de un código. Así,- por ej~mplo, lo que se ha definido organización de las pulsiones parciales, las que de este m_od'O
como tríada oral: comer, ser comido y dormir. O bien lo que han realizado una especie de régimen sexual [reparemos en la.
se define como las dimensiones fantaseadas fundamentales cautela con que se utilizan los términos:- "rudimentos", "pre-
de la analidad: retener, expulsar, dominar. Hay en este código formaciones", "una especie de régimen sexual", comparable
una dialéctica que también existe, por lo general, en la orali- esta última a la organización genital). Normalmente, el niño
dad y la analidad, o que, en todo caso, va desde la destrucción pasa sin dificultades por las diversas fases de la organización
y la pérdida del objeto has~a ciertas modalidades de conser- sexual, sin que éstas s.e puedan descubrir corno no sea merced
vación del objeto. En la oralidad, por ejemplo, la ingestión a unos p_ocos índices. Unicarnente en los casos patológicos se
e incorporación implica la: desaparición del objeto, su destrl.lC- acentúan y se vuelven fácilmente reconocibles''. .
ción; pero la fantasía oral sólo queda verdaderamente comple- Esto nos lleva a la segunda pregunta, la de saber cuál puede
ta cuando se le añade lo que se ha dado en denominar caniba- ser la modalidad correspondiente a la secu"encia de estas fases.
lismo. Esto quiere decir que en el canibalismo se imagina que En psicoanálisis, lo que generalmente se llama fases es, antes
el objeto ingerido no ha sido destruido, que realmente fue que nada, fases libidinales. Estas sólo predominan en forma
incorporado, y que el individuo conserva e integra sus cua- imperfecta en esa época, e incluso su secuencia no siempre
lidades. está asegurada. Podemos pensar que algunas de ellas pueden
Vemos, pues, que el descubrimiento de la oralidad como faltar por completo, o ser aun más evanescentes que otras.
organización sólo era posible después del rodeo representado La transición de una fase a otra no es tanto un progreso cuanto
por Tótem y tabú y mediante el expediente de los mitos y una traducción. Retomemos la imagen de un lenguaje corres-
las prácticas antropofágicas. Por lo tanto, el predominio de una pondiente a cada una de las fases, un lenguaje de la fantasía,
actividad sexual en la organización pregenital es un tipo de entendiendo por ello un mínimo de términos simbólicos
actividad fantaseada que, además ______:y aquí es donde, en cierto trasmitidos por las fantasías y que se intercambian mutuamen-
modo, se subordina a otros tipos de sexualidad-, impregna te dentro de una de éstas. Si imaginamos, pues, que las fases
las demás actividades. Puede hablarse de incorporación o de libidinales son otros tantos dial~ctos sucesivos, el punto central
canibalismo oral, si se desea -es su terreno por definición-, de la trcaducción de un dialecto a otro, el eje -lo que podría-
pero también de incorporación anal, cutánea o visual. Todas mos comparar con lo que representó la piedra de Roseta en
ellas constituyen fantasías posibles. E incluso podemos hablar el desciframiento de los jeroglíficos-, la piedra de Roseta
de la i~corporación oral del pene, incorporación que implica,
145
144
de la traducción, es el objeto parcial. El objeto parcial es el desajuste de estas dos. evoll;lciones es mu~ho más importante
elemento común, fundamental, a partir del cualson posibles que su paralelismo. Freud esbozó muchas otras secuencias
las traducciones de un lenguaje a otro. Y en este punto me además de estas dos, y nunca -insisto en· ello- lasabandonó.
permito recomendar la"lectura de otro artículo, en el que todo Traigo a la memoria el recuerdo del apoyo y de la elección de
esto se halla claramente indicado en unas pocas páginas; es objeto, que hace pasar del funcionamiento en apoyo al autoe-
de 1916 y se titula "Sobre la trasmutación de las pulsiones y rotismo y a ·la fantasía, y luego a la elección de o.bjeto. O bien
en especial del erotismo anal". FigUra en t;ste artículo el papel la secuencia que hemos podido señalar en la teoría de la seduc-
axial desempeñado por el objeto parcial, que pertenece a las ción, que es al mismo tiempo una teoría de la represión; esta
diferentes organizaciones, entre las cuales se establecen equiva: secuencia recurre, justamente, a la noción de que el lenguaje
lencias y deslizamientos, pasando el sujeto sucesivamente de de una escena se traduce a otro, o sea, primera escena- segun-
una a otra. Los términos son numerosos: pecho, excrementos, da escena - represión. Esto significa que una síntesis de esas
heces, pene, niño, regalo e incluso dinero. Encontramos un diferentes fases, o secuencias, sería, en última instancia, absur-
efiquema de esas equivalencias en la evolución de la sexualidad da, aun cuando este absurdo haya sido a veces énfocado en
femenina. Este esquema no es lineal, lisa y·-llánamente crono- algUnos ensayos, eriparticular los de Abraham, quelleva hasta
lógico, sino que tiene todo tipo de desvíos, de derivaciones sus últimos límites el genetismo freudiano. No debemos con-
y retornos. cebir una síntesis y un paralelismo· puntual entre las diversas
Los caracteres generales del objeto parcial que lo convier- secuencias, sino la existencia '<fe ¡emporalidades diferentes,
ten en el centro, en el eje de toda traducción posible de una podríamos decir' de diferentes modelos secuenciales, de regre-
fase a otra, pueden reducirse a uno: el objeto separable por sión o de apres-coup, de secuencias móviles. Pienso sobre todo
definición. Es separable porque introduce diferentes modali- en la secuencia del apoyo, que se renueva sin cesar, pero que
dades y posibilidades de fantasear un elemento esencial: la puede apoyarse en tal o cual fragmento de la cronología bási-
castración, y porque introduce la posibilidad de intercambio, ca. O en la secuencia de la represión. Es menester imaginar que
como aquello que se puede dar, recibir,. pedir; y es separable, existe una especie de cronología puramente secum.cial, que
por último, porque es lo que circula dentro del complejo de esas secuencias parciales, esos fragmentos de secuencia casi
Edipo. Ya vemos por qué el complejo de Edipo sólo podía instantáneos, son susceptibles de desplazarse a lo largo de ese
establecerse realmente al final, cuando estuviesen mejor defi- eje más general que configUra la continuidad de las fases libi-
nidas las organizaciones pregenitales, una vez que se hubiese dinales.
definido mejor lo que en resumidas cuentas las centra: el ob- SigUe en pie, no obstante, el hecho de que las fases libi-
jeto parcial y el complejo de castración. dinales constituyen -y no por nada- la serie básica, en la me-
Tercera ·Y última pregUnta: ¿Es el psicoanálisis comparable dida en que son una serie de códigos sucesivos que permiten
a una psicología genética? Me parece que lo que se pone sobre comprender -son los únicos en permitirlo- el funcionamiento·
todo de relieve son las diferencias. La secuencia más clara es de las secuencias más localizadas y, en particular, el mecanismo
la de las fases libidinales. Pero es preciso recordar que esta del inconsciente y de las defensas inconscientes, así como el
secuencia de las fases libidinales no es más que una entre otras mecanismo de la represión.
secuencias. De este modo, entre las diferentes evoluciones
posibles, Freud señala en part:lcular que existe una evolución
del yo .y que -hecho más importante que nos aleja "de una
psicología genética- no puede establecerse una corresponden-
cia entre la evolución del yo y las otras; precisamente el

146 147
VIII
COMPLEJO DE EDIPO Y
COMPLEJO DE CASTRACION

He procurado resumir el plan de los Tres ensayos, es decir,


el instinto. perdido, la génesis de la. sexualidad humana y, por
fin, el último estadio, sm duda el más difícil: el instinto reen-
contrado~ ¿Reencontrado? Esto parece un bappy-end, pese a
no ser este el caso_ mi instinto imitado? Es, a pesar de todo.
un poco artificial.. En fin, es el problema de la sitUación del
complejo de Edipo en la sexualidad humana, sobre el cual
me limitaré a dar algunas impresiones_ En los Tres ensayos
-he tenido ya la ocasión de decirlo-, el complejo de Edipo
aparece en forma muy parcial. No se lo menciona, sino que se
presenta esencialmente bajo la modalidad del amor poda ma-
dre, o sea, del amor por el objeto primordial, y bajo la forma
del hallazgo del objeto, mientras que, por el contrario, apenas
se ve. el camino del hallazgo de un fin; en este caso, el fin
sexual; el fin de la unión sexual. Tampoco se menciona su fun-
ción normativa, su función modificadora en el individuo,
porque reenconlirar un nuevo objeto y un nuevo fin implica
que el propio individuo se halle estructurado o reestructurado:
es el problema de la identificación en el Edipo.
En ninguna parte de la obra de Freud encontramos una
exposición del complejo de Etlipo, y me parece necesario
señalar que el tema del complejo de Edipo, a pesar de su
enorme importancia, permaneció en estado incipiente, y que
su elaboración se efectuó en forma un tanto oculta, marginal;
en otros términos, que la utilización del Edipo precedió a
sus formulaciones_ Pero el caso es que me he limitado, en lo

149
son ya muchas, los .padres desempeñan un papel esencial en
la vida psíquic¡t de· todos los nii)os que enfermarán, con el
esencial, al período que llega hasta 1905. Deseo, pues, rec.or- __
tiempo, de, psicqneurosis. La ternura por uno y d odio al otro
dar tres etapas del descubrimiento del Edipo conforme a los
pertenecen a la reservainrnutable de impulsos que se forman
textos. en esa edad y que ocuparán un lugar tan importante enla sin-
En primer término, la teoría de la sedl!cción, porque tornatología de la neurosis posterior. [Hasta aquí tenemos el
descubrir que el progenitor es un seductor, es decir, que ama complejo como fenóm·eno. patológico. Pero muy pr_onto so-
a su hijo con un amor sexual, es descubrir realmente de mane- breviene la dimensión verdaderamente universal del Edipo.]
ra inversa el complejo de Edipo. Y cuando Freud pasa revista Pero no creo que los neurópatas se distingan, en lo que al Edi-
a su propia evolución, señala su presencia en el descubrimien- po se refiere, de los individuos normales. No hay ninguna crea-
to de la seducción, esto es, que en el descubrimiento de las ción, nada que les s~a privativo. No es posible ~ecir que unos
escenas en las que el padre· introduce la sexualidad en el niño, tienen el complejo de Edipo y otros no. Más bien parece, y la
ya había descubierto el complejo de Edipo. La segunda etapa, obse~ación de los niños normales tiene la apariencia de ser la
que viene a cristalizar ~as cosas con respecto a la teoría de la prueba al respecto, que los deseos afectuosos u hostiles para con
seducción (pero siempre hay en estas cristalizaciones un movi- los padres no son más que una ampliación de lo que sucede
miento de vaivén y de apres-coup ), la constituye el au toanálisis de una manera menos clara e intensa en el espíritu de la mayo-
de .Freud de 1897, a.utoanálisis que le permite descubrir .sus ría de los niños. La Antigüedad nos ha dejado, para confirmar
tendencias o sus mociones .pulSionales hostiles y tiernas hacia este descubrimiento, una leyenda cuyo éxito cabal y universal
los padres, pero qué, en realidad, estuvo signado por el mito de sólo se puede comprender si se admite la existencia universal
Edipo y la tragedia de Sófocles. de parecidas tendencias en el alma del niño. [Por lo tanto,
He mencionado la retroacción. Hay, igualmente en Freud nuestra reacción individual ante el mito y la tragedia de Edipo
una precesión de la tragedia de Sófocles, y:resulta muy intere- rey proviene de la existencia universal del complejo que se
sante observar que en las pocas cartas de Freud que se han con-
representa en aquélla.]
servado, muy anteriores, como se trata de cartas escritas a los
"Deseo hablar de la leyenda de Edipo rey y del drama de
dieciséis años, ya menciona, como por casualidad, al Edipo rey
Sófocles. Edipo, hijo d~ Layo -rey de Tebas- y de Y ocasta,
de Sófocles. Así, pues, el a1.1toanálisis estuvo signado por el se halla en peligro desde la cuna, porque ya antes de su naci-
mito de Edipo. El tercer enunciado de la obra publicada -que miento un oráculo le ha prevenido a su padre que. su hijo ha-
es, pese a todo, su punto de partida- es el capítulo de La bría de matarlo. [En otros textos, Freud considera que el·
interpretación de los sueños. También es marginal; se trata de oráculo que predice el destino de Edipo es una compulsión,
un capítulo acerca de determinado tipo de sueño. Tras haber un Zwang. Es, en verdad, algo absolutamente ineluctable. Y
formulado la teoría de conjunto de los sueños, Freud propone el oráculo, la compulsión, es el propio Edipo. És el hecho mis-
la de ciertos sueños que él denomina típicos. Es, por ejemplo, mo de tomar a Edipo en un determinado discurso y en una
el sueño típico llamado de la muerte de una persona querida. estructura específica, indic-ada. por el discurso.] Lo salvan. Lo
El hecho de ser típico es, por supuesto, importante, pero al educan, como a hijo de rey, en una corte extranjera; pero él,
fin y al cabo hay otros sueños que también son típicos, como ignorante de su origen, interroga a un oráculo. Este le aconseja
por ejemplo el de la desnudez. Así vemos cómo se introduce no volver a su patria, porque en tal caso se convertiría en el
aparentemente en un rinconcito algo que es indudablemente asesino de su padre y en d esposo de su madre. Edipo huye
fundamental. Leamos el pasaje de La interpretación de los de la que él supone su patria; en el camino encuentra a Layo
sueños sobre el mito de Edipo, sobre el carácter general que y le da muerte en el curso de una disputa que ha estallado
Freud otorga. a la idea de que ciertos sueños representan la
muerte de un padre querido: "Según mis observaciones, que 151

150
bruscamente. Luego llega a Tebas, donde resuelve ·el enigma clinación, porque el odio por el padre se trasforma en identi-
de la Esfinge que cerraba el paso y recibe de los tebanos, en ficación en función del amor que se siente por él.
agradecimiento, el título de rey y la mano de Yocasta. Mucho · Lo que presenta un verdadero problema en el freudismo;
entre ~sus innumerables vacilaciones -incertidumbres del pensa-
tiempo reina la paz, y tiene dos hijos y deshijas de su madre.
miento de Freud, que se precisa poco a poco-, es Ja ubicación
De pronto estalla la peste, y los tebanos interrogan nuevamen- del Edipo en el tiempo. Al comienzo de los Tres ensayos, el
te al oráculo. Aquí comienza la tragedia de Sófocles. Los men- hallazgo de objeto, que toma como modelo el -primer objeto,
sajeros traen la respuesta del oráculo: la peste terminará cuan- hace las veces del Edipo y se lo sitúa en la pubertad ..Luego,
do haya sido echado del país el asesino de Layo. Ahora bien, paulatinamente, Freud ubica el Edipo en períodos más tempra-
¿dónde encontrarlo? '¿oónde hallaremos la difícil pista d'e un nos, hasta que termina por situarlo en el final de la evolución
crimen antiguo?' La obra no es otra cosa que una revelación de la sexualidad infantil, entre los tres y los cinco años. Es-
progresiva y muy diestramente mesurada, comparable a un to es muy importante, porque situar al Edipo fuera de la
psicoanálisis, del hecho de que Edipo mismo es ·el asesino de sexualidad infantil era, en resumidas cuentas, situarlo en un
Layo, pero también el hijo de la víctima y de Yocasta. Espan- plano diferente de la- sexualidad. Implicaba situarlo, más bien,
tado de los crímenes que sin quererlo ha cometido, Edipo se en el plano del sentimiento, del afecto por el objeto -el amor
arranca los ojos y abandona su patria. La profecía se ha cu~­ ·y el odio-, y no con relación a la sexualidad propiamente
plido". dicha ni al placer y al objeto sexuales. Por consiguiente, poner
La comparación de la tragedia de Sófoclc:s con un psicoa- al Edipo en la infancia es, en verdad, hacer de él algo sexual y
nálisis, con un autoanálisis -por cierto que también con el no tan sólo una relación afectiva, una estructuración afectiva.
autoanálisis de Freud-, y el hecho de que Edipo se haya ¿Por qué se introduce tan tardíamente al Edipo en la sexuali-
vuelto clarividente después de haberse cegado -esto no se dad infantil? Considero que sólo era posible introducirlo en
dice aqut-, parecen evocar el mismo proceso' sufrido por ésta con el descubrimiento y la preponderancia cada vez mayor
Freud, que también se ha vuelto clarividente. del problema referente al objeto parcial.
Volvamos a cosas más triviales, que conocemos mejor. No El término de objeto parcial no es esencialmente freudia-
deseo describir el complejo de Edipo, sino simplemente-recor- no; en cambio, el descubrimiento del objeto parcial es algo que
dar que Freud comenzó a describirla en su forma masculina. en verdad puede seguirse de un extremo al otro de la obra de
Su forma femenina, mucho más enigmática y compleja para él, Freud, aun cuando no se mencione el término. En un primer
es ·un descubrimiento muy posterior. La descripción adopta momento, el objeto parcial se halla ligado a la pulsión parcial;
asimismo una forma simple, la del mito, que hay que enten- es el objeto vinculado con esa fragmentación, con esa localiza-
derla considerando su forma invertida. En la forma simple, ción descrita como uno de los dos caracteres del autoerotismo.
el ser amado es el progenitor del sexo opuesto, y el del mismo Pero el objeto parcial es también algo más, y estimo que dos
sexo que el niño es el rival odiado, mientras que la forma in- de sus elementos pasan ahora al primer plano con Freud y des-
vertida es, digamos, la forma homosexual. Pero una y otra pués de él. Son elementos, digamos, bastante correlativos: por
coexisten en todo individuo, de manera, pues, que la ambiva- una parte, su carácter de separable; por la otra, el hecho de ser
lencia con respecto a los padres es un elemento fundamental un elemento de intercambio. El texto que mejor deja sentir
del complejo de Edipo: el amor y el odio por el padre del sexo el peso nuevo que adquiere el objeto parcial en el pensamiento
opuesto, pero también -con mayor intensidad quizás- el de Freud lleva por título "Sobre las trasposiciones de la pul-
amor y el odio homosexuales. Esta ambivalencia es uno de los sión y en especial del erotismo anal". El objeto parcial se ca-
motores de la superación del Edipo, de su represión o su de- racteriza por ser un símbolo, por ser una cosita (Das Kleine ),

152 153
dice Freud; consiste en ser separable -de manera virtual,
tipos de perversos,'a los fetichistas y'acaso también a los psicó-
real o fantaseada- e intercambiable. Adecir verdad, todo esto
ticos, rio es ·el·rechazo' de· percibir, sino el rechazodccíertaes-
es lo mismo.
truct:ura,que ordena .la: percepción de acuerdo con'd~inado
El carácter de separable del objeto parcial nos lleva a otro
orden simbólico.' '; ' , · ,-
complejo, .como se suele decir: el complejo de castración, ele-
,Una' ,característica del,_ "objeto parcial: su sepa_nbilidad.
mento que ta¡pbién es completamente esencial. No más que en
el caso del complejo de Edipo, no se puede decir que sea un
es;
El otro• ete:ménto: el del intercambió; al cual tuabién nos
introduce la-noción d.e estructura. En efecto, es esuestructu-
complejo en el sentido de que podemos tenerlo, o no. Es un
ra·de más y menos; de1presenéiay ausencia, la que introduce al
complejo como el de Edipo: estructurado. Cierto es que pode-
niño en la, problematica del ·intercambio. De este modo, el
mos cometer, como Freud; un error, porque durante mucho
Edipo; formulado en un primer momento como relación afec-
tiempo él nos dijo que; después d_e todo, el complejo de castra-
tiva, como dóble:pdlaridad;•como amor yodio, vaaiserformu-
ción no es universal, que él conoc.ía algunas personas que no
lado de manera mucho más• rigurosa y estructural, pRCisamen-
tenían el complejo ,de castración .. En la obra de Freud, la
te cuando se introduzcan -las nociones de castración, objeto
castración aparece como una "teoda". Esto.c;:s muy importan-
parcial e intercambio. Considero que el aporte de la teoría
te, pues es una manera de é.Xpresar, de, hacer inteligible, de_ del Edipo femenino con repecto al masculino consiste: ·en abrir
simbolizar un hecho natural: el origen de la diferencia de los esta nueva· dimensión y convertir la primera formulación en
sexos. Tanto en el caso del niño como en el del adulto; la dife- algo más o-menos caduco, o por lo menos muy imperfecto.
rencia biológica de los sexos, que ,es la heterogeneidad, debe
Al Edipo femenino le cupo este papel. Por mucho que se afir-
ser relacionada con una tc;:oría que la explique dialécticamente.
me que Freud' construyó el .Edipo basándose en el modelo mas-
Y en los enunciados freudianos del complejo de castración
culino, en verdad sólo entró en la problemática estructural del
hay siempre dos cosas que a Freud se.le pres~ntan como temas Edipo cuando tropezó con las dificultades para refcmmlarlo a
distintos, pero que en mi opinión son uno solo. Existe por un
propósito de la mujer. ·
lado la percepción -percepción de la diferencia de los sexos- La situación de la' castración con respecto al Edipo es dife-
cuando, digamos, el niño ve desnudo.s a sus padres o a otro rente en el caso del varón· -y en el de la niña. Freudla ·expone
niño. Por otra parte, hay una amenaza formulada o implícita, poco más o menos así: en el caso .del varón, la casti2CÍÓn pone
directa o simbólica: la de cortar el miembro. Y cuando digo fin al Edipo. En efecto,' la ámenaza de perder su miembro viril
que ambos términos -percepción y amenaza, o percepción y le ·prohibe rivalizar con el padre y lo lleva a poner su sexuali-
ley-, a los que el niño se halla sujeto, son sólo uno, quiero dad en reserva, por·así-decirlo, durante el período de latencia.
decir que sin la ley, sin la idea de que el pene puede ser corta- En cambio, eLEdipo femenino se instala con la castración en
do, no hay percepción de la castración. Lo único que se perci- vez de terminar con ,ella. En términos muy generales, este es
be es, una vez más, una pura y simple heterogeneidad. Sencilla- el esquema del Edipo .femenino: la niña advierte la castración,
mente, aquí hay una cosa y allí hay otra; y esto es todo. Hay o la diferencia de los sexos, y pasa luego a la idea de que
diferenóas, pero no se trata de diferencias en más o en menos. fue perjudicada por su madre. Por lo demás, el primer objeto,
En la castración se trata de algo que existe en un lado y que 1ha tanto para la niña como para el varón, es la madre. Por lo tan-
sido sustraído en el otro. Lamento no poder explayarme un to: comprobación de la castración considerada comoperjuicio,
poco más al respecto y tener que limitarme a decir que la cas- y reivindicación ante la madre, en el sentido de que ésta le
tración, pese a ciertas formulaciones de Freud, no es una com- dé a la hija aquello de lo que no la ha provisto. La niña pasa
probación sino una estructura, y que la renegación de la castra- después a la idea de que también la madre ha sido castrada
ción que él atribuye a ciertos sujetos, sobre todo a algunos (Freud dice "comprobación", pero yo pienso que c:s la intro-
]'
154 l 155
il
!
ducción de la ley), de que la hija no es la única que ha sido riamente, el descubrimiento del objeto parcial, el acento
castrada sino que la castración es una ley. Y. esto es muy im- puesto· en· ~a castración reconocida como fantasía universal y
portante, porque la introducción de la ley de castración, lejos estructuran te, y, por fin, la noción de intercambio.
de ser una sujeción -y aludo, con ello, a todas las reivindica- Por lo tanto, una vez introducida la noción de objeto par-
ciones, especialmente las enunciadas por las psicoanalistas, cial, el complejo de Edipo se convierte en: co:q¡plejo de Edipo
contra la teoría freudiana de la sexualidad femenina-, el pa- + complejo de castración. La función estructurante del Edipo
saje de la castración como hecho, como insuficiencia, como consiste, justamente, en que permite introducir en una sexua-
perjuicio, a la castración como ley, es un fenómeno liberador. lidad fragmentada, polivalente y polimorfa, cierto vector con
Gracias a la introducción de esta ley la niña se aparta de la ma- respecto al objeto, _a la genitalidad, porque sólo en la relación
dre y se vuelve hacia el padre. Se introduce, precisamente, en genital se realiza plenamente la estructura edípica. Y su fun-
una dialéctica de intercambio, es decir, se vuelve hacia el padre ción es estructurante en relación con las identificaciones, co-
como hacia aquel que puede darle el pene que ella no tiene. mo ya he señalado, porque la elección del objeto y del fin
Dar un pene tiene muchos sentidos. Dar un pene es implantar- sexual implica a la vez una identificación del sujeto, cierta po-
le un pene, hacer que ella tenga uno, somática o psíquicamen- sición,de éste dentro del triángulo. .
te. Dar un pene es dar un sustituto del pene que es el niño. Me limito a mencionar las identificaciones, concepto su-
Dar un pene es, en fin, introducir un pene en el acto sexual. Y mamente complejo porque se refiere, como se sabe, a dife-
con esto encontramos algo que estaba ausente en la primera rentes instancias de Ja personalidad, no sólo al yo, sino tam-
elaboración de Freud. Al comienzo, Freud sólo informaba bién al superyó (no tengo espacio suficiente para analizar este
respecto del hallazgo de objeto, mientras que, al proseguir su problema); pero complejo también -y aquí entra el tema del
elaboración del Edipo, también introduce el fin sexual, el Edipo- en cuanto a los modos de las identificaciones, en el
coito, y e.l Edipo tiene igualmente que rendir cuenta de él. sentido· de que si bien Freud descubrió desde un primer mo-
A partir de este momento, la dialéctica del Edipo se centra mento que hay identificación con el rival y elección de un ob-
en la "fase fálica" u "organización genital infantil". Esta or- jeto sobre la base del modelo representado por el objeto ama-
ganización, que no deja de parecerse en más de un punto a la do primario -digamos de la madre en el caso del varon-, el
organización adulta, se distingue esencialmente de ésta porque progreso indica que hay asimismo una segunda identificación
la diferencia de sexos no se capta como heterogeneidad sino dentro del complejo invertido, y aquí se puede hablar además
como estructura binaria. Decir que los sexos son heterogéneos de rival, que esta vez es el progenitor del sexo opuesto, siendo
es pronunciar una fórmula que no justifica obligatoriamente el objeto el progenitor del mismo sexo. Hay, por último, iden-
que los sexos sean dos. Nada impediría imagínar, dentro de tificación con el objeto mismo; aquí, el complejo de Edipo
una heterogeneidad cualitativa (la de los aparatos genitales, está complementado por una problemática que no se da
por ejemplo), que hay tres, cuatro, ...n sexos, así como hay solamente en el nivel genital sino también en el de las fases
n especies animales. Pero ocurre, nos dice Freud, que la fase pregenitales y, en particular, el de la fase oral. Pues las prime-
fálica no se caracteriza por la dualidad "masculino-femenino" ras identificaciones en la fase oral no se efectúan con el rival
sino por la oposición "fálico-castrado". Y en una oposición dentro de una relación triangular sino con el objeto. Esta es
así planteáda no existe un tercer término ni n términos: el una de las conexiones entre las muchas que hay entre el com-
individuo, o tiene el falo, o no lo tiene. Si no lo tiene, quiere plejo de Edipo por una parte y toda la sexualidad pregenital
decir. que ha sido despojado de él por un acto efectivo, situa- por la otra.
ción concretada por la fantasía o la "teoría" de la castración. El Edipo es estructurante; el Edípo es estructura. Digamos
Observemos de qué manera vienen a articularse aquí, necesa- que, más allá de su formulación en nuestra sociedad, que al fin

156 157
prohibición dirigida a la familia, al triángulo familiar; para
qu~.··~? se ci~rre en. sí ,tpisma. Con ello se retienela premoni-
y al cabo ha permitido .descubrirlo, "no cabe dJida de que el cio"n a-e esta idea:· el É.dipó es iiria estroctu.ra que se reproduce·
Edip.o ha podido ser descubierto en función de cierta evolu- porque· se prohíbe a sí misma.· Muy tempranamente, mucho
ción y de cierta simplificación de las relaciones familiares en antes de publicar los Tres ensayos, de abandonar la teoría de
la sociedad contemporánea. Fue descubierto coino triángulo, la seducción, antes de lo que se llama "el descubrimiento del
como estructura de intercambio y -lo que considero muy im- Edipo", Freud había formulado la misma .idea en un manus-
portante- como estructura prohibida. 1
crito de 1897; La encontramos bajo el tí tul<? de ' Definición
Efectivamente;· todo el movimiento del Edipo consiste en de la 'santidad'",. (aunque en realidad creo que habría que
prohibirse a sí mismo, en llevar en sí mismo una prohibición: decir de lo "sagrado") en una de las cartas dirigidas a Fliess:
la prohibición del incesto, que obliga a buscar en otra parte. "Lo sagrado se funda en que d .ser humano sacrifica, en aras
Hay en ello algo comparable a lo que se intenta definir en el de la.más amplia comunidad humana, una parte de su libertad
campo biologico (pero, en realidad, mi comparación sólo tiene sexual perversa. El horror al incesto (como algo impío} se basa
el valor de una simple alusión): un virus es una estrUétura que en el hecho de que, a consecuencia de la vida. sexual en común
se reproduce por sí misma, y el Edipo <::s u~a ~struct:Ura que se .(aun en la infancia); los miembros de la familia se mantienen
reproduce por sí misma porque ·s·e·pr'ohíbe·a sí misma, porque permanentemente· unidos y pierden su capacidad de entablar
lleva en su seno la prohibición de continuarse tal cúal. Puede contacto con extraños. Así, el incesto es antisocial, y la civi-
decirse que ·Freud descubrió esta función absolutamente fun~ lización, para existir; debió renunciar poco á poco a él".
damental de la prohibicíón en el complejo de Edipo aun antes Pasamos del hecho psicológico representado por la prohi-
de haberlo descubierto. Es decir, tenemos formulaciones sobre bición del incesto mediante la amenaza o la rivalidad paterna
la prohibición del incesto que smi' mucho más fundamentales a un hecho que no sé si puede calificarse de so!=iológico; tal
que una formi.llación en términos de prohibición por parte de vez sí, ya que estamos refiriéndonos a la sociedad en cuanto
los personajes rivales. En los Tres ensayos encontramos este unidad mayor que prohíbe encerrarse en la célula familiar. Pe-
pasaje a propósito de la prohibición del incesto: "Sin embargo, ro creo que más allá de lo sociológico hay una estructura que
debido a la avanzada época en que ocurre la maduración se- se podría llamar fundadora, presociológica, algo muy seme..:
xual, se ha llegado al momento en que es necesario alzar, al jante a lo que Lévi-Strauss enunciará mucho después, a propó-
lado de otros diques sexuales, los que han de oponerse a la sito de la prohibición del incesto, como ley de exogamia, es
tendencia al incesto, esto es, inculcar- al niño aquellos precep- deci:(, como obligación de los grupos humanos de intercambiar
tos morales que excluyen de la elección de objeto a las perso- y no· de permanecer cerrados en sí mismos. Lévi-Strauss no ha
nas queridas durante la niñez y a los parientes consanguíneos. prestado mayor atención a este texto, que manifiestamente
El respeto de estos límites es, ante todo, una exigencia civi- decía con absoluta exactitud lo mismo que ha dicho él; en
lizadora de la sociedad [no se trata aquí de una exigencia cambio, se ha detenido en aspectos mucho más contingentes
del padre; la verdad es que en este tercer ensayo se habla muy de la teoría psicoanalítica relativos al complejo de Edipo y
poco del padre. En cambio, se habla de la madre como ob- al incesto. Cuando Freud introduce, en Tótem y tabú, lo que
jeto deseado y prohibido, pero, ¿prohibido por quién?}, también puede ser tomado, si existe el deseo de desacreditar-
que tiene que defenderse de la concentración en la familia lo, por una ficción histórica -el mito de la horda primitiva y
de intereses que le son necesarios para la constitución de del asesinato del padre-, introduce algo que acaso no sea para
unidades sociales más elevadas, y que actúa, por tanto, en él la primera forma de lo social sino, en rigor, la estructura que
todos, y especialmente en el adolescente, para desatar o aflo- funda una determinada sociedad como lugar de intercambio.
jar los lazos contraídos en la niñez con la familia".
Se plantea, pues, la prohibición del incesto cÓmo una 159 .
i
(1:

158
*
1
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-~

Quiero decir, a título de prolongación del texto freudiano, ¡\dvertim()S que, basándonos en la noción de precursor
que el Edipo. no se vincula ·con la familia en sentido restrin- del objeto parcial· y de· 'precursor de la castración -puesto que
gido -en el que se lo descubrió- sino con una ley que ordena se habla de objeto oral y anal, pero también puede hablarse
la apertura y prohíbe el cierre, que ordena, si se prefiere, el de castración anal y oral-, corremos el peligro de regresar a
intercambio simbólico. . un punto de vista genético, esto es, de hacer que el después
Se sabe que el problema de la univer-Salidad del Edipo fue dependa del antes, de que todo dependa de la sexualidad oral.
planteado en términos antropológicos. ·Muy a menudo se ha Y considero que este punto de vista genealógico o genético no
objetado al psicoanálisis su pretensión de que el complejo de ~~
está ausente del todo en cierta concepción del psicoanálisis.
Edipo es susceptible .de ser descubierto en cualquier civiliza- No es gratuito, pues, que Melanie Klein y otros· autores hablen
ción, en cualquier grupo humano, cuando las observaciones de castración -y no sólo de privación- cuando se refieren a la
demuestran que en algunas civilizaciones la función represiva, fase oral. Tampoco es gratuito que hagan intervenir en esta
interdictora, en modo alguno ha sido asignada al padre, por ¡ fase no sólo al objeto parcial oral -el pecho-, sino también al
ejemplo. Creo que es una objeción de hecho, pero que no afec- ,rr pene del padre. Melanie Klein suele hablar, en el caso de las
ta el valor de derecho de la estructura triangular, de la estruc- ~·~ fantasías ·primarias, de una introyección del pene del padre, ·
\
tura que prohíbe la relación incestuosa, y a la cual se apunta ¡: . que ataca, que destruye el interior del cuerpo, o qué, por el
más allá de una estructura familiar determinada, como la '
1'-
r.
contrario, da seguridad.· Es fácil, en fin, introducirse en esta
de nuestra civilización occidental de fines del siglo XIX. dimepsión de la fantasía, que es también una especie de fan-
Hablamos, pues, de extender el Edipo a otras estrucruras ~~ tasmágoría. Si se habla de castración en un nivel tan prima-
sociológicas. Esto implica que, en realidad, no se quiere re- &, rio, y no sólo de retiro del pecho, de privación; si se habla de
ducir el E;dipo a su contenido. manifiesto o a su manifesta- ti pene del padre en un momento en que realment~ se necesita
ción contingente en nuestra sociedad, sino que se desea ver 11"'·' mucha imaginación para pensar que el bebé de seis meses
~-~
realmente cuál es su estructura simbólica. Por otra parte, tene- pueda tener una· idea de qué es el pene del padre, considero
mos la extensión del Edipo al nivel pregenital (y creo que tam- que ello se debe a dos orientaciones complementarias. S.on las
bién esto lleva un sentido convergente), si se quiere aceptar la mismas que ya encontrarnos en la noción de seducción y de
disociación entre la idea de Edipo y genitalidad y la idea de primera mentira, de protón seudos. Se trata, por una parte,
preedípico y organización pregenital, es decir, de organización · de la noción de apres-coup: únicamente en el apres-coup
basada en otros tiposJ de sexualidad. Ya se sabe que el nom- del· Edipo se pueden organizar las fases previas, porque única-
bre ilustre relacionado con la extensión del Edipo a lo pregeni- mente allí se las puede comprender. De ahí, pues, la preerni~
tal es el de Melanie Klein, que suele hablar -lo hace, en parti- nencia del Edipo y la legitimidad de hablar en términos edí-
cular, en un texto que lleva por título Los estadios tempranos picos de un período en el que el triángulo padre-madre-hijo
del complejo de Edipo- de una dialéctica edípica en el nivel no está realmente presente; sólo lo está de manera virtual, y
de la sexualidad anal, o, más aun, de la sexualidad oral, o sea, se hará presente de\ todo cuando llegue a reorganizar algo que
desde los primeros meses de la infancia. En este caso el Edipo no lo estaba. Es, repito, legítimo hablar en términos edípicos
se vincula con el intercambio de objetos parciales y con el de lo pregenital, por una parte en función del apres-coup del
intercambio deb'ido a la castración. Y si el Edipo está ligado al Edipo, y por la otra en función del hecho de que el apres-
intercambio de objetos parciales, es posible que este objeto coup mismo supone, podríamos decir, un avant-coup, un ya-
sea en ese momento no sólo el falo, sino también los objetos ahí, o sea, precisamente el hecho de que la estructura e-
parciales precursores de éste, sobre todo los de la sexualidad dípica está presente en los padres antes de actualizarse en
oral -e! pecho- y los de la sexualidad anal: los excrementos. los hijos. La verdad de la seducción es, por lo tanto, la intJ;"O-

160 161
··:
Recordemos que en el Edípo de la madre el riiño aparece
ducción en el niño de la fantasía parental y, juntó con ésta, como un sustituto susceptible de ~er intercambiado .. Y aparece
la introducción de la estructura en sí, antes de que la reactua- sobre todo ·en la dialéctica de la castración y de la envidia del
lice efectivamente en su fase fálica. pene, la envidia de r~paradón de la falta de pene, y en el
Podemos imaginar esto de diferentes modos. Podernos hecho de que la niña se vuelve hacia el padre como aquel que
decir que, junto con el triángulo que . se reptoduce porque puede darle un sustituto del objeto parcial.
se prohíbe a sí mismo el triángulo edípico, hay que concebir Se habla mucho de ser y de tener desde muchas perspecti-
que ese triángulo ya contiene en cada uno de sus ángulos un vas. Freud mismo ha hablado de ello, y creo asimismo que
ensamblamiento de triángulos sucesivos ante~iores, que son los estos términos de ser y tener hallan uno de sus fundamentos
complejos de Edipo de los padres. También se puede decir, afectivos e ideológicos en cierta teoría existencialista; por
recurriendo a una imagen, algo así: la estructura nos la come- ejemplo, en un pensador existencialista que ha pasado de
mos desde el primer día, desde el momento en que succi<;>na- moda, pero que pese a todo ha dejado huellas con el problema
mos el pecho y. la leche maternos. del ser y el tener: Gabriel Marcel.
Querría concluir de dos maneras, aun cuaQdo, podría ha- Se habla, pues, de ser y de tener, y me asombra que, por lo-
cerlo de varias. La distinción de. dos etapas~ .en la sexualidad general, se denigre ellener y también, quizás, el saber corno
-una etapa infantil no organizada aún y· otra etapa organiza- ·tener, y que todo el problema consista, digamos, en pasar al
da y organizadora- aparece como una distinción cronológica ser, en pasar· a ser por fin alguien y no sólo el conjunto de sus
que incluye dos tiempos, en un principio alejados: la idea de posesiones. Pero en el caso de Freud, lejos de tratarse de pasar
que la organización sólo llega con la pubertad es la tesj.s de del tener al ser, se trata en los orígenes de pasar del ser al te-
1905 formulada en los Tres ensayos; la organización, el Eqipo, ner. Se trata de pasar de ser el pene, es decir, de ser objeto de
llega antes, a los S años, y no a los,.13. Con Melanie Klein, intercambio en la pareja de los padres y en el complejo de Edi-
resulta que llega más temprano aun:. a los 6 meses. ¿Pero po de los padres, a tenerlo. Cito en forma no textual una fór-
acaso el problema consiste en saber si hay que hacer remon- mula de Lacan que dice que, para el niño, el pasaje es el pasa-
tar a períodos cada vez más tempranos la organización, cuidan- je a una dialéctica: la de tenerlo o no tenerlo, sobre la base de
do que ésta esté .precedida siempre por la falta de organiza- no serlo. Esto ya es, si se quiere, comenzar a rehuir el serlo
ción? Hay en estas dos etapas un problema de fondo, y es q\le para llegar a una dialéctica del intercambio, pasar del ser al
en rigor no se trata de dos etapas sino de dos dimensiones que intercambio a través del problema del tener. Acaso se suprimalil
coexisten desde el primer momento y que se correlacionan mu- ciertas formas del intercambio: la forma familiar no ha existi-
tuamente, en el sentido de que una -y aquí concordamos con do siempre, como sabemos, y al fin y al cabo no hay razón
un punto de vista biológico-, representada por la desoq1;aniza- alguna para pensar que habrá necesariamente de perpetuarse.
ción, por la prematuración del pequeño ser humano, es el pun- En e! plano de la economía, también es probable que la forma
to de llamada para la otra. Así como la desestructuración del del mercado sea abolida. ¿y tal vez la trasmisión puramente
instinto, que es un hecho simbólico pero también biológico, es .selectivista del saber? Pero es una aberración creer que esto
la llamada al complejo de Edipo. habrá de ocurrir sin la creación de nuevas estructuras de inter-
Pasemos a mi otro punto de vista. En el Edipo parental, cambio. La enseñanza de Freud consiste en mostrar que una
al que acabo de referirme, en ese ensamblamiento de peque- sexualidad, una sociedad y una cultura sin intercambios son
ños triángulos que se encuentra en los dos. vértices paren- utopías peligrosas, 'si no ridículas, porque implican lisa y llana-
tales del triángulo que contiene al niño -finalmente, la idea mente la negación del orden humano.
de seducción es la precursora de esta otra-, ~l níño iw es su- · Del intercambio, más allá del hecho de recibir lo que no
jeto sino objeto.
163
162
'
se tiene, retendré dos fórmulas. Una es de Goethe, y ya he Obras de Fr~ud citadas en el texto
tenido ocasión de citarla: "Lo que tú tienes, adquiérelo con el
fin de po~eerlo ". En otros términos, recibir lo que se tiene.
Otra fórmula -que, a mi juicio, complementa la anterior-
pertenece a Lacan, que con ella define,_a su entender, el amor:
"El amor es dar lo que no se tiene". O sea; recibir lo que se
tiene y dar lo que no se tiene serían quizás igualmente defi-
niciones de cierta dimensión: una, de la sexualidad masculina,
la otra de la sexualidad femenina. Pero la obligación de dar y
recibir es inseparable de la prohibición: prohibición del replie-
gue narcisista autoerótico, y prohibición de la relación de dos,
que nunca es otra cosa que espejismo o devoración. Y si de la
Año Título
enseñanza de Freud fuese posible extraer una lección más
directa, sería la. del carácter ilusorio de una ideología· de la 1887-1902 Los orígenes del psicoanálisis, t. Ill, pp. 585·882.
relación, de la autenticidad, de la implicación de persona a 1893 Primeras aportaciones a la te oda de las neurosis
persona. Es, creo, lo que nos recuerda duramente Freud con el "Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas
e histéricas", t. 1, pp. 193·200.
complejo de Edipo y la prohibición que le es fundamental. 1894 Las psíconeurosis de defensa, t. 1, pp. 173·180.
1895 Proyecto de una psicología para neurólogos, t. 111, pp. 883·968.
1895 La histeria, • t. 1, pp. 25·130.
"Comunicación preliminar", t. 1, pp. 25·32.
"El caso Catalina", t. 1, pp. 73·79.
"El caso Isabel de R.", t. 1, pp. 79·104.
1900 La interpretación de los sueños, t. 1, pp. 13 3·588.
1905 Una teoría sexual, t. 1, pp. 779·832.
1912 TÓtem y tabú, t.ll, pp. 419·507,
1914 Historia del movimiento psicoanalítico, t. 11, pp. 889·919.
1915 Metapsicología, t. 1, pp. 1043·1095.
"Pulsiones y destinos de las pulsiones", t. 1, pp. 1047·1057.
"Duelo y melancolía", t. 1, pp. 1087·1095.
1916·17 Introducción al psicoanálisis, t. 11, pp. 59·299.
1917 Sobre la trasmutación de las pulsiones y en especial del ero-
tismo anal, t,l, pp. 1011·1015.
1918 Historia de una neurosis infantil (El Hombre de los Lobos),
t. 11, pp. 693·750.
1923 La organización genital in Jan ti/, t. l, 1209-1211.
1924 Inhibición, síntoma y angustia, t. 1, pp. 12 3 5-12 7 5.
1924 El problema económico del masoquismo, t. 1, pp. 1036-1041.

lt't 1925
1937
1938
Autobiografía, t. Il, pp. 921-950.
Análisis terminable e interminable, t. lll, pp. 54(}-572.
Compendio de psicoanálisis, t. III, pp. 392-440.

\ • La histeria es el título que en castellano corresponde a Estudios sobre la


histeria. En este último figuran dos textos de Breuer, "Consideraciones teóri-
cas" y "El caso Anna 0.", que fueron excluidos en la edición castellana de
las obras de Freud.

165
164
SI
ti
f IN DICE
e
I
'

1.
1 Introducción a la historia y a la proplemática de la
' sexualidad 7'

II
La sexualidad en los Orígenes del psicoanálisis 3-Y
El caso Anna O. 42
El caso Isabel de R. 46

IIl
La teoría de la seducción 71

IV
El instinto perdido 101

V
La pulsión 117

VI
El instinto reencontrado 133

VII
Complejo de Edipo y complejo de castración 149

Obras de Freud citadas en el texto 165