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FUBINI

LA ESTÉTICA MUSICAL

En el concepto de mousiké se hallaba comprendido un conjunto de actividades de lo más diverso,


aun cuando todas ellas se integraran en una única manifestación; el término música incluía, sobre
todo, la poesía, aunque también la danza y la gimnasia. Una educación de cuño aristocrático exigía,
pues, el aprendizaje de la lira, el canto y la poesía, así como la danza y la gimnasia. Este significado
compuesto del término va a perdurar durante muchos siglos, estando ya presente en los primeros
testimonios directos acerca de la música, o sea en los poemas homéricos.

Pseudo-Plutarco (s. III d. C.):

"El gran Homero nos enseñó que la música es útil al hombre (...) nos presentó a Aquiles calmando
su cólera contra Agamenón por medio de la música que le enseñara el sabio Quirón".

"Homero, además, nos indica que ésta (la música) es el ejercicio más idóneo, tanto por su
intrínseca utilidad como por el placer que procura, en estado de inactividad: cuando Aquiles,
guerrero y hombre de acción, ya no participaba de los riesgos de la guerra a causa de su disputa
con Agamenón, Homero consideró conveniente al espíritu del héroe que se ejercitara con la belleza
perfecta de las melodías (...)".

"No vaya a creerse que Homero no atribuía a la música otra virtud que la de proporcionar placer,
puesto que en sus versos hay un sentido oculto mucho más profundo: pedía a la música ayuda y
consuelo, importantísimos en los momentos en que más se necesitaba de ambos, como era en los
banquetes y en las solemnidades de los antiguos. En semejantes ocasiones, la música se introdujo,
por considerársela capaz de combatir y de calmar el efecto excitante producido por el vino, tal
como afirmara también Aristóxeno en alguno de sus escritos, quien decía que se introdujera la
música cuando el vino ya hubiera revuelto mucho tanto el cuerpo como el espíritu de aquellos que
de él hubieran abusado; entonces, la música, por efecto del orden y de la mesura que le son
propios, los llevaría de nuevo al camino recto y los volvería cuerdos".

Los instrumentos cordófonos fueron típicamente helénicos, mientras que los aerófonos (el aulós o la
syrinx), aun cuando después alcanzaron una enorme difusión en Grecia, eran de importación
asiática.

Según la tradición, el poeta y músico Terpandro instauró la enseñanza de la música en Esparta y


perfeccionó la lira, al aumentar el número de cuerdas de este instrumento de cuatro a siete. Pseudo-
Plutarco también recoge la tradición de que Terpandro fue el inventor de los nómoi. Es difícil saber
lo que fueran los nómoi (¿melodías establecidas de forma rigurosa para las diferentes ocasiones a
las que se destinaban, o para la consecución de los efectos que debieran producir?). El término
aparece por primera vez en su acepción musical con el poeta Alcmán (670-630 a.C.).

Es entre los siglos VI y V a.C. cuando adquieren verdadera entidad todas las innovaciones
acometidas tanto en el terreno de las técnicas instrumentales como en el de las técnicas
compositivas; se introducen en Grecia la armonía frigia y la lidia, que determinan su sistema de
relaciones entre cada tonalidad o modo y los diferentes temas o motivos con que debía ejecutarse
cada canto. El desarrollo técnico de la música durante estos siglos va acompañado no solo de esa
teoría que podríamos llamar de la ética musical, sino incluso de la defensa y afirmación, de modo
cada vez más incisivo, de un conjunto de doctrinas que se agrupa bajo el nombre de pitagorismo, y
que constituirá, quizás, el filón de conocimientos musicales más importante de toda la civilización
helénica y, más aún, del pensamiento occidental cristiano.

Para el pitagórico Filolao, las relaciones musicales ezpresan, del modo más tangible y evidente, la
naturaleza de la armonía universal, y por esto, las relaciones entre los sonidos, expresables en
números, pueden ser asumidas como si de un modelo se tratara de la misma armonía universal.

(...) analogía entre armonía del universo y armonía musical: el fundamento común a ambas es, por
lo exacto, el número, la ley matemática que rige por igual las relaciones que se dan entre los astros
y las que se dan entre los intervalos musicales.

El alma también es armonía para los pitagóricos. Debido a esto, la música ejerce un especial
poderío sobre el espíritu, gracias a que ambos, ontológicamente, son afines, y no solamente esto: la
música puede restablecer la armonía espiritual, incluso después de haber sido turbada. De tal idea se
sucede uno de los conceptos más importantes de la estética musical - y no solo musical - de la
Antigüedad: el concepto de catarsis.

Dentro de la antigua Grecia, los aspectos moralista y pedagógico de la música fueron acogidos y
desarrollados por Damón, filósofo-músico que vivió durante el siglo V en Atenas. Éste pronunció
delante del Areópago un discurso con ocasión de su alejamiento de dicha ciudad. Este discurso,
llamado precisamente areopagítico, por lo que se desprede de los fragmentos citados por varios
autores, versaba sin duda primordialmente sobre la música y el valor educativo que ésta encerraba
para la juventud, e incidía sobre el concepto del vínculo entre el mundo de los sonidos y el mundo
ético, concepto que ya había sido afirmado, antes que por Damón, por Pitágoras.

La actitud negativa de Platón hacia la música de su tiempo y sus innovaciones - las nuevas
armonías y los nuevos ritmos que se introdujeron entonces en la práctica, por ejemplo, con el teatro
de Eurípides - está en relación, no solo con su postura conservadora, sino con la idea de la música
como ciencia divina: como expresión de la armonía cósmica. Efectivamente, sería un contrasentido
que pensáramos realizar mutaciones e innovaciones en un arte cuyos principios gozan de la
consideración de estables y eternos como el propio mundo. Guardar la tradición significa guardar,
en relación con la música, su valor de verdad, su valor de ley (nómos).

Aristóteles. Los que son "sacudidos vigorosamente" si oyen "cantos sagrados que impresionan el
alma, se hallan entonces en las mismas condiciones de quien haya sido curado o purificado.
Semejante cosa vale también para los sentimientos de piedad y de miedo y, en general, para todos
los sentimientos y afectos de que hemos hablado, que pueden producirse en cualquiera durante el
tiempo que cada uno tenga necesidad de ellos, a fin de que todos puedan experimentar una
purificación y un agradable relajamiento." En razón a esto, no hay armonías o músicas dañinas en
absoluto desde el punto de vista ético; la música es una medicina para el espíritu cuando imita con
propiedad las pasiones o emociones que nos atormentan, de las que queremos liberarnos o
purificarnos.

El movimiento viene a ser el puente que conecta de forma indirecta sonido y ethos: "¿ Por qué los
ritmos y las melodías, que no son otra cosa, no obstante, que sonido, guardan relación de
semejanza con las cualidades morales, mientras los sabores no, ni tampoco los colores y los
olores? ¿No será porque son movimientos como lo son también las acciones? La actividad tiene ya,
por sí misma, carácter ético y produce ethos, mientras los sabores y los colores no hacen otro
tanto."

Este constante llamamiento al valor de la experiencia ("los fenómenos deben ser correctamente
observados") y, en particular, al valor de la percepción sensible en orden a la formación del juicio
musical, válido como fundamentación de toda la ciencia armónica por su autoevidencia ("cuanto
requiere demostración no puede establecerse como fundamento de una ciencia"), constituye la
novedad del pensamiento de Aristóxeno dentro del ámbito de la tradición griega.

Música como "Scientia bene modulandi"


San Agustín nos ha dejado uno de los más imponentes tratados medievales de argumento musical:
De musica, en seis libros; aunque, en realidad, sólo en el primero y en el último de cuantos libros se
compone, pueden hallarse otra vez nociones de estética musical, mientras que los restantes pueden
definirse, más bien, como un tratado de métrica. San Agustín articula todo su razonamiento en torno
a la definición que desde entonces se haría célebre, situada ya en las primerísimas páginas de su
tratado en forma de diálogo: "Musica est scientia bene modulandi". Esta definición gira, ante todo,
alrededor del término ciencia. Por encima de cualquier otra cosa, la música es una ciencia y, en este
sentido, compromete nuestra razón más que pueda comprometer el instinto o los sentidos.

El De institutione musica de Boecio (obra de, aproximadamente, un siglo más tarde ) es, sobre todo,
un tratado de armonía parangonable a muchos otros tratados de la Antigüedad clásica.

A la naturaleza humana la ennoblece una melodía dulce y la exaspera una melodía bárbara; debido a
esto, la música (Boecio sigue las líneas marcadas por La República de Platón) es un poderoso
instrumento educativo y sus efectos, benéficos y maléficos, se explican en función de los modos
que se usan; para opinar así se apoya Boecio en las más antiguas leyendas pitagóricas sobre los
efectos de la música e incluso en aquellas otras sobre los poderes de ésta en orden a curar
determinadas enfermedades.

La famosa subdivisión de la música según tres géneros distintos (que tanta importancia mantuvo
durante todo el Medievo e incluso en el Renacimiento), es también de derivación clásica y
pitagórica y no cuenta con ninguna cuña de signo teológico. Se trata de la música mundana, la
humana y la de los instrumentos. (...) La música mundana (la primera por orden de preferencia para
Boecio) no es otra que la música de las esferas, identificándose con el concepto de armonía en
sentido amplio. (...) La música mundana es la única verdadera, mientras que los otros tipos de
música lo son solamente en tanto reflejo o en la medida en que participan o recuerdan la armonía
del cosmos.

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