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Alfredo Mena Ruiz

Historia Económica II
04/03/2019

El curso de la economía Mexicana 1780-1910

Introducción.

Conocer nuestra historia es fundamental para entender el mundo en el que vivimos.


Nuestra nación se ha visto por el resto del mundo bajo un foco segregado que solo
es visible cuando se quiere algo de ella, como aprovechar sus recursos naturales o
su mano de obra barata.

El discurso político actual apoya la inversión extranjera directa, brindándole tierras


y mano de obra local para poder implementarse en el país y lograr que estas
inversiones extranjeras ayuden a mejor la calidad de vida de los ciudadanos, sin
embargo nos encontramos ante una contracción del mercado interno que hace cada
vez más dependiente a la economía mexicana a flujos del extranjero.

Desde la construcción del país se ha visto necesaria la entrada de inversión


extranjera pues sin ella, hubiera sido imposible la expansión de la economía ¿Será
posible que repitamos ciertos patrones desde entonces?

El presente trabajo hace un resumen del libro “El largo curso de la economía
mexicana” escrito por Cárdenas, explicando de forma breve los tres primeros
capítulos que narran de la caída de la colonia al porfiriato.

Desarrollo
La concepción internacional de la nueva España en la última parte del periodo
colonial, era presentada con un desempeño positivo. La producción minera por
ejemplo, estaba en sus niveles más altos, lo cual facilitaba el comercio y ponía al
peso de plata mexicano, como una moneda de gran valor para el mercado mundial.
Sin embargo, Cárdenas expone que la economía novohispana se dirigía a un
colapso que hubiera ocurrido aun sin la guerra de independencia, pues dentro del
territorio existía un deterioro en los niveles de vida de la población, gracias a las
epidemias que había traído consigo la conquista y a esto se sumaba, la reducción
de los rendimientos agrícolas, la concentración de la riqueza, el menor dinamismo
de la minera (el cual presento tendencias a la baja por la fuerte explotación de los
yacimientos), y la extracción fiscal excesiva que había establecido la corona
española para defenderse de las ambiciones hegemónicas que le demandaban
Francia y Gran Bretaña, lo cual hizo disminuir el ingreso disponible.

En el caso de la agricultura, esta tuvo su periodo de auge en la segunda mitad del


siglo XVII, esto debido más a la explotación intensiva de la tierra, a la inversión de
diques y a un aumento de la población1, que a cambios tecnológicos. Dirigiéndose
a lugares donde la tierra era más fértil (el centro del país) y desplazando la
ganadería hacia tierras de inferior calidad (el norte el país), esto tenía una base
estratégica pues se traba de satisfacer la demanda de alimentos en centros urbanos
y mineros que estaban expandiéndose y los cuales se encontraban localizados, de
igual manera en la parte central del país.

La productividad de la agricultura tuvo una tendencia a disminuir, en la segunda


mitad del siglo XVIII, cuando se presentó la expansión minera que provocó la
migración de la agricultura, no solo a la minería, sino todos aquellos sectores que
se conectaban con la minería, como el transporte y el comercio. Además el sector
agrícola siempre presento deficiencias salarias, que no permitían a la población
aspirar a una mejor calidad de vida, por lo que se puede afirmar que la relación
laboral entre los pueblos y haciendas, dificultaba la formación de un mercado de
trabajo semejante al que existía en el sector minero, el cual parecía más atractivo.

Con la expansión minera del siglo XVIII, dicho sector tuvo un gran auge y a la vez
esto provoco la conformación de centros agroindustriales, que en pocas palabras,
eran regiones que abastecían a la minería, teniendo un dinamismo que demandaba,
alimentos, viviendas, ganado de arrastre, materias primas como el azogue (el cual
era fundamental para la refinación de la plata). Es por eso que los centros mineros
se constituían en polos de actividad económica que en ocasiones llegaron a formar
ciudades enteras.

Aparte como ya se ha mencionado, el peso de plata de la America española, era


muy apreciado por su calidad y precisión en su valor, gozando de gran legitimidad
y confianza mundial. Por lo que su producción era elemental para la economía de

1
La población agraria aumentó durante la segunda mitad del siglo XVIII, aunque a un ritmo variable por
regiones y estratos étnicos con distintas vulnerabilidad ante epidemias y enfermedades. No obstante, la
población disminuyo hacia el final del periodo colonial, pues tuvo que enfrentar la expansión de la
agricultura destinada al mercado.
la Nueva España, pues esta era el principal producto de exportación, la cual se
exportaba tanto en moneda como en barras.

La minera tuvo un tuvo un gran auge en los últimos treinta años del siglo, para
después disminuir en el decenio de 1801 a 1810, esto en parte por la escases de
azogue que ocurrió durante la invasión napoleónica a España, aunque no se
descarta la disparidad del crecimiento entre los centros mineros que tenía el país,
pues todos demandan diversos servicios que no siempre eran cubiertos y que se
acrecentaron con la crisis de la agricultura, pues se presentó una escasez de
alimentos.

Además es lógico pensar que otro factor determinante para la reducción de los
rendimientos de la agricultura, fue la sobre explotación de los yacimientos y la falta
de financiamiento para perforar más hondo y drenar las minas2. Los costos estaban
aumentando más rápido que los ingresos, lo cual hacia insostenible la producción
minera; estas solo podían mantearse con apoyos, un ejemplo de esto son los
apoyos recibidos por el régimen borbónico, quienes otorgaban subsidios en el precio
del azogue y de la pólvora, reduciendo los impuestos indirectos de la minería. Sin
embargo las crecientes necesidades del sector, hacían que los apoyos fueran
insuficientes; se necesitaba cada vez más inversión de recursos que a su vez eran
cada vez más escasos, por lo que muchas minas fueron abandonadas, haciendo
inevitable el colapso al inicio del siglo XIX.

La actividad comercial por su parte, también presento una tendencia creciente


durante los últimos años de la colonia, tanto nivel interno como internacional,
comerciando internacionalmente, la plata mexicana y los bienes de exportación
como la vainilla, azúcar, entre otros bienes agrícolas y a cambio se importaban
textiles, vinos y aguardientes, etc. Casi todas las importaciones se pagaban con la
explotación de plata, y por tanto llegó a haber escasez de metálico en la Nueva
España.

La falta de plata marco una desigualdad en las regiones, beneficiando a las regiones
cercanas a centros mineros, los cuales estaban en ventaja en comparación con
otras regiones que no contaban con medios de pago líquido. Además el deterioro

2
Las minas mexicanas eran famosas en el mundo por su profundidad y longitud, y por tanto representaban
un costo hundido enorme. Solo el hallazgo de nuevas vetas, más superficiales o que pudieran aprovechar las
inversiones ya realizadas, si enfrentar excesivos costos de desagüe, podían hacer crecer la producción sin
invertir grandes cantidades para rehabilitar y expandir las minas existentes. Pág.- 50.
de los caminos, hizo imposible la traslación eficiente de esta mercancía, pues
muchos de ellos no habían recibido mantenimiento en años3.

Si bien la situación en la Nueva España cada vez enfrentaba más problemas en


temas productivos, la presión ejercida por la corona Española no hizo más que
afectar las cosas, pues esta enfrentaba presiones fiscales por parte de potencias
hegemónicas que la hicieron tomar decisiones excesivas, traducidas en impuestos
cada vez más onerosos4. En pocas palabras, las demandas de la guerra recayeron
sobre la economía de la Nueva España como lo mencionaba Cuevas. Todos los
estratos fueron afectados de manera singular, lo cual fue un factor relevante que
llevo a la guerra de Independencia.

Si bien la mayor carga fiscal en términos absolutos, recayó sobre la población de


mayor ingreso, en cuanto a consumo de puros y cigarrillos. Es importante destacar
que algunos impuestos eran cubiertos principalmente por las clases populares e
indígenas, en cuanto al consumo del pulque, Marichal estima que los impuestos a
las comunidades indígenas se duplicaron al pasar de 939,000 a dos millones. La
carga fiscal era 20% superior de lo que se cobraba en España y Francia.

Las grandes extracciones que obtuvo el estado, solo fueron posibles por impuestos
especiales, donativos, préstamos voluntarios y forzosos (por parte de la iglesia que
se vio presionada para apoyar al estado o de lo contrario perdería tierras), los cuales
sirvieron para pagar deudas que tenía la corona y financiar guerras.

Conforme se concretaba la amenaza napoleónica las exigencias fueron aún


mayores. Las élites coloniales y la Iglesia se resistieron pero fue inútil, pues la
corona presentaba gran problema bélico que necesitaban ser financiados. La
desesperación fue tanta, que incauto los fondos de las instituciones financieras que
otorgaban crédito a corto y largo plazo para la producción, por lo que el
estancamiento era algo seguro. En los últimos treinta años de dominio Español, se
estima que la corona extrajo 250 millones de pesos en impuestos ordinarios y en
forma extraordinaria.

Los diversos sectores comenzaron a sufrir una fuerte descapitalización y la falta de


recursos impidió realizar inversiones necesarias para contrarrestar el decrecimiento
de los rendimientos mineros, mantener los caminos y otra infraestructura, y evitar la
descapitalización financiera.

3
La reducción de los ingresos fiscales destinados a la administración del virreinato, y específicamente a los
caminos reales, afectando negativamente la calidad de los caminos. Pág.- 59
4
El aumento en la recaudación es muy superior al incremento de la actividad economía de esos años.
La invasión Napoleónica a España a principios del siglo XIX y la falta de un monarca
en funciones al ser apresado Fernando VII, aceleró el estallamiento de la guerra de
independencia. Ello acrecentó la salida de capital líquido, que se sumó a las
extracciones voluntarias y forzosas realizadas por la Corona en los años anteriores.
A la descapitalización se sumó la destrucción de capital físico, sobre todo de
ganado, de los caminos y de las instalaciones mineras en el centro del país, por
parte de obreros molestos que se levantaban en armas por el descontento de las
decisiones tomadas por la corona, lo cual termino por desarmar al sector agrario,
que ahora se sumaban a la lucha por la independencia del país.

El decaimiento de la actividad productiva durante esos años en varias partes del


país trajo consigo la irremediable pérdida adicional de capital y vidas humanas. El
resultado inmediato fue el profundo decaimiento de la actividad económica, que si
bien comenzaría una cierta recuperación gradual a partir del decenio de 1830, no
alcanzó nuevamente su nivel pre independiente hasta ya pasados varios decenios.

La independencia había dejado al país en una situación crítica, sus primeros años
de vida independiente estuvieron marcados por inestabilidad política extrema y una
penuria fiscal.

El país enfrentaba una contracción minera y una descapitalización de la economía,


y a esto se sumaba una fractura del poder central con las demás regiones, pues
cada una de ellas, se vio obligada a pagar los propios gastos militares y perjurios
que había provocado la guerra de independencia. De igual manera surgieron
tensiones por el presupuesto y las atribuciones fiscales de cada nivel de gobierno,
especialmente el gobierno central del primer imperio instaurado y los gobiernos
estatales y regionales, los cuales seguían enfrentando gravámenes que había
impuesto la monarquía española.

Las regiones se oponían a pagar impuesto a la zona central del país, pues no
reconocían su autoridad y legitimidad por lo que el estado al no contar con una
recaudación fiscal interna, se vio obligado a pedir préstamos a economías
internacionales, lo que la hizo dependiente. Conforme Cárdenas, esta recaudación
ineficiente destruyo al Imperio, instaurando una república federal que apoyo a que
las provincias se administraran por sí mismas5, pero de que igual manera trazo un
distribución de los ingresos entre el gobierno central y los estados en la Ley de
Clasificación de Rentas promulgadas en agosto de 1824. La federación solo
gravaría a la ciudad de México, la amonedación de la plata, el monopolio de la sal,

5
El establecimiento de la republica federalista, era más bien una confederación de estados libres y
soberanos, que estableció el triunfo de las fuerzas regionales sobre el poder central. Pág. 93
la producción y venta de tabaco en rama y las operaciones del comercio exterior,
mientras que los estados tendrían la facultad de gravar la propiedad, la producción
minera, las alcabalas o impuestos al comercio interior y otras contribuciones
directas. Por otra parte los estados deberían enviar al gobierno federal un monto
mensual llamado contingencia con base en su población, el producto de su diezmo,
la riqueza de cada entidad y los daños causados por la guerra. Dicho monto fue
enviado en regla durante el primer año, para después enviar una cantidad cada vez
menor a lo establecido. Los estados y ciudadanos se negaban a enviar recursos
fiscales al gobierno federal ante las dudas prevalecientes sobre su autoridad y
objetivo, lo cual hizo reducir aún más los ingresos fiscales.

Las luchas entre los jefes regionales y el gobierno central, o entre regiones, fueron
la constante de esos primeros años. Inmediatamente el espacio económico quedó
segmentado y el comercio interno decayó, esto debido a los escasos medios de
transporte y el encarecimiento de los caminos, pues estos quedaron en condiciones
peores tras la guerra; solo persistió el comercio exterior, que se llevaba a cabo al
pagarse casi todo en plata.

La debilidad del Estado arrastro consigo a la economía y la hizo presa de las


ambiciones de su vecino del norte, quien termino por adueñarse de gran parte de
su territorio ubicado en el norte del país, específicamente con los estados de Texas,
Nuevo México y California. Dicha perdida hizo surgir una lucha interna entre
conservadores y liberales, que se disputaban por el manejo adecuado que debía
tener el país, siendo los liberales los ganadores de las disputa, aunque estos no
pudieron hacer nada de inmediato, pues las contracción macroeconomía sufrida
desde el México independiente, que comenzó con la caída del ingreso nacional y el
desarticulamiento del sector productivo, lo hicieron dependientes de fuertes sumas
de ingreso provenientes del extranjero las cuales le fue imposible pagar y
provocaron por lo tanto invasiones y disputas políticas con Francia e Inglaterra. La
situación se empeoraba por la constante demanda de recursos adicionales para
financiar las diversas campañas militares. Por lo tanto la única forma de enfrentar
estos retos era a través de préstamos e hipoteca de ingresos futuros negociados
principalmente con prestamistas nacionales y a través de préstamos
internacionales, lo cual encarecía más la autosuficiencia del país, pues de igual
manera los estados, en su ambición de querer controlar su propia soberanía fiscal,
los obligo a preservar sistemas fiscales onerosos e ineficientes que realmente
requerían de una mayor integración para poder funcionar. La penuria fiscal no fue
por lo tanto, exclusiva del gobierno central, sino también la resintieron algunos
gobiernos estatales, de hecho se recobraron nuevos impuestos que se habían
abolido tras la independencia, como el tributo indígena que se restableció en
estados como Oaxaca, Yucatán y Chiapas. El país no contaba con gente calificada
para desempeñar las labores administrativas necesarias para un sistema
recaudatorio eficiente.

La falta de recursos fiscales suficientes afecto severamente el mercado de capitales


y las tasas de interés, pues como se ha mencionado la minería había estado
decayendo ante una falta de financiamiento que se hacía cada vez más imposible
por las penurias fiscales y la descapitalización del sistema crediticio.

Empezaba en el país una espiral depresiva que solo fue contenida parcialmente por
el regreso a la economía de subsistencia basada en la agricultura. La capacidad
productiva había sufrido severamente por la destrucción de capital y por la falta de
financiamiento para realizar nuevas inversiones. Sólo a través de la inversión
extranjera fue posible comenzar la rehabilitación de la minería, aunque los
dividendos esperados por los inversionistas extranjeros nunca llegaron a
materializarse. La falta de recursos impidió mejorar los caminos y los medios de
transporte, lo que mantuvo al mercado segmentado y al proceso productivo
truncado.

La segmentación del mercado provocaría el crecimiento de las importaciones, pues


por el deterioro de los caminos hacia más barato traer mercancías del extranjero
que obtenerlas en el mercado interno. La falta de caminos adecuados encarecía los
costos de transporte y transacción, aislando las diversas regiones del país y
provocando la autarquía. Cada región se tenía que bastar a sí misma, lo cual ayudo
a segmentar las líneas de comercio.

Cada región aprovecho sus singularidades y localización para trazar diversas


actividades económicas que lo ayudaran en su crecimiento, en el norte del país se
fomentó la ganadería y la minería, la cual se apoyó por la inversión de los estados
sureños de Estados Unidos, pues el poder central carecía totalmente de poderla en
dicha región. Los puertos como Veracruz, donde el Océano pacifico era una gran
canal de transporte, permitía comerciar con las ciudades del norte de los estados
Unidos y al poniente con el comercio asiático. La parte centro por su parte,
diversifico su producción, apoyándose en el desarrollo de la agricultura y la industria,
teniendo un comercio entre esas zonas que no estaban demasiado alejadas entre
sí, como es el ejemplo de la zona del bajío, en la que se encuentra Guanajuato,
Querétaro, parte de Jalisco y Michoacán, dicha región poseía una gran población
por lo que Cárdenas especifica que dicha zona se desarrolló como una región
aparte, independiente de la parte norte y sur que en su mayoría necesitaban del
comercio con los Estados Unidos para subsistir, como lo era el caso de Yucatán
que comercializaba el henequén, ya que dicha planta servía a las algodoneras
norteamericanas, permitiendo que su desarrollo se viera aislado del gobierno central
y del país en general.

La industria se concentró en el centro del país, tal como había ocurrido en la época
colonial, donde el gobierno central había apoyado a que las industrias se situaran
en un radio geográfico que permitiera su control, dicho acto fue la causa de porque
la zona central del país permitió su desarrollo bajo un enfoque más industrializado,
mientras que la zona norte y sur, tuvieron que crecer en un principio, a base de
comercio. Sin embrago al crecer las regiones individualmente, se necesitó que cada
una de ellas tuviera una industria sólida y fue para mitad de los años cuarenta donde
cada ciudad importante tuviera una empresa textil, dicho acto fue posible gracias a
la inversión extranjera que ayudo a inyectar capital para la conformación de
industrias más productivas.

Otro sector que abrazo a la inversión extranjera fue el sector minero, en donde la
inversión extranjera, especialmente inglesa, intento rehabilitar la minera, que logro
un dinamismo en los años de sesentas, pues invirtió en ella tecnología de drenaje
que se utilizaba en las minas de carbón de la Gran Bretaña

Cárdenas citando a Robert Randall, explica que los erros de estrategia en la


explotación de minas, se encontraba en la dirección que se tomó, pues se decidió
trabajar en las viejas vetas en lugar de explorar sitios nuevos, gastándose el capital
inicial durante los primeros tres años en la construcción de instalaciones fijas en la
superficie que poco tenían que ver con la extracción del mineral. Por lo que los
rendimientos no fueron del todo eficientes, la paciencia de los inversionistas
extranjeros se agotó poco antes de que las minas volvieran a producir cantidades
crecientes de plata, la mayoría de las empresas extranjeras que habían entrado a
México fracasaron.

Sucedió algo semejante a lo ocurrido en la agricultura. Los nuevos dueños


compraron las minas a un precio tan bajo, con equipo y con infraestructura física
significativa, que con poco financiamiento adicional pudieron alcanzar otra vez
niveles positivos de rentabilidad, lo cual serviría para la lenta recuperación
económica que tendría el país, pues el comercio no presentaba una tendencia
creciente, los caminos seguían sin ser rehabilitados y el costo de transporte seguía
siendo elevado, por lo que el país pasaría a la implementación del ferrocarril, la cual
había llegado 20 años después a comparación de algunos países de Sudamérica
como Brasil, Chile y Perú.

La causa de su atraso ferroviaria, no fue otra que la necesidad constante de capital


a largo plazo en cantidades cada vez mayores con las que no se contaba, al igual
que una planeación a largo plazo, pues se requería la adquisición o acceso a tierras
que pertenecían a personas, ejidos o entidades gubernamentales de carácter
estatal o federal cuya adquisición podía ser sumamente tortuosa. Por una parte se
estima el capital disponible para la infraestructura del ferrocarril era escaza y que
se hubiera requerido que la mayor parte de los recursos de varias personas más
ricas se concentraran solo en este campo, lo cual parecía poco atractivo ya que no
estaba asegurado un rendimiento, y aun así hubiera sido necesario contar con el
subsidio público.

Finalmente con sus altibajos, la concesión para construir el ferrocarril empezó el 1


de enero de 1873, aunque conforme Cárdenas, quienes decidieron construir el
primer ferrocarril de México a Veracruz, cometieron los mismos errores que la
inversión inglesa en la minera en el decenio de 1820, en lugar de explorar nuevos
caminos, se guiaron por aquellos que ya eran conocidos. Dicha ruta, tenía
inconveniente de confrontar una cordillera que requería grandes y costosas obras
de ingeniería6, lo cual se hubiera ahorrado si se hubiera explorado una ruta alterna,
más al norte de Veracruz, como Matamoros o Tampico.

Si bien es de lamentar el relativo retraso en la construcción del Ferrocarril Mexicano


al puerto de Veracruz, su impacto inicial fue muy importante en la zona, pues por un
lado disminuyo los costos de transporte a largo de la ruta. El país por lo tanto,
comenzó a ampliar su mercado gracias a la reducción del costo de transporte,
ayudando a un aumento en la producción de productos agrícolas veracruzano.

La construcción del Ferrocarril Mexicano abrió la puerta para nuevas inversiones


tanto nacionales como extranjeras, en especial la inglesa, ayudaron a ampliar la red
ferrería, apoyando una integración de las regiones en un mercado nacional, el cual
sería más visible en la época del Porfiriato.

A la época de integración del mercado, le siguieron el descubrimiento de nuevos y


ricos yacimientos, una reducción en los impuestos, ante una articulación más
eficiente del sistema tributario y por lógica, una mayor productividad.

Un hecho clave que Cárdenas hace más que notorio durante la narración de este
texto, fue como la conformación del mercado interno se debe a la conexión que

6
El ferrocarril México-Veracruz tenía que cruzar a una altura de 2540 metros sobre el nivel de mar, lo que lo
colocaba como uno de los más altos del mundo, hasta entonces construido, con enormes problemas de
pendiente que alargaban la ruta y encarecían su construcción. Dicha ruta resulto ser al menos el doble de
costosa que cualquier ferrocarril construido un decenio más tarde. Pago. 154
logro el sistema de ferrocarriles, provocando una expansión económica
implementada por una importación de bienes intermedios y de capital.

La expansión económica permitió la mecanización de la industria, que termino por


desplazar al sistema de producción artesanal, pues la manufactura se extendió con
gran introducción tecnológica que hicieron a dicho sector más rentable al hacerlo
tener economías de escala. Dicha consecuencias hizo que en 1890, el país
experimentara una modelo de sustitución de importaciones, lográndose de esta
manera llegar a una autosuficiencia en la producción nacional de muchos productos
que eliminaron las importaciones, dejando solo a la exportaciones bienes de lujo
que aún no se producción en el país como lo era el caso del vino, y algunos bienes
intermedios y de capital.

En cuanto a la minería por su parte se concentró, en los centro en el desarrollo de


los antiguos y nuevos centros mineros en el norte del país, los cuales fueron
influenciados por el mercado Estadounidense, ya que en ellos predominaba el oro
y este se había vuelto más relevante que la plata.

A pesar el gran cambio que presentaba el país, aun presentaba ciertas deficiencias
y quizás una de las más marcadas, fue la falta de un marco institucional adecuado
y la poca disponibilidad de información empresarial que restringió la función de los
bancos. Solo tenían acceso a crédito aquellas empresas relacionadas con los
bancos, es decir aquellas empresas que tenían vínculos económicos o políticos, lo
cual las ponía en una evidente ventaja en comparación de la competencia. Aunque
de igual manera se estima que el banco fue un gran factor para la integración del
mercado en esos años.

Es notorio el cambio que tuvo el país en la época del Porfiriato, pues este parecía
ser totalmente diferente a aquel que empezó en los primeros años de vida
independiente, la economía se había expandido y el país gozaba de una mayor
infraestructura que facilitaba el comercio, por otro lado, dicho periodo de la historia
Mexicana alimento la codicia de una clase privilegiada dispuesta a hacer lo que
fuera con tal de obtener mayores ganancias, dando lugar a la usurpación de tierras
de las comunidades indígenas que posteriormente darían paso a las leyes de
reforma.

Las actitudes capitalistas durante el porfiriato no hicieron más que crecer el


descontento de la población, lo cual marco diversos episodios violentos como lo
fueron los ocurridos en las minas de Cananea y en las fábricas Rio Blanco Veracruz,
donde las manifestaciones empezaron por las exigencias de un trabajo mejor
remunerado y que asegurara la calidad de vida de sus empleados. Dicho factor,
junto con la pérdida de cosechas, empeoro las condiciones de vida de la población
hacia el final del decenio de 1910. El descontento gradual desencadeno el
movimiento armado que daría paso a la Revolución Mexicana.

Conclusión

La frase “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, no es


nada nuevo, todos la hemos escuchado por lo menos una vez en nuestra vida, dicha
conceptualización nos hace ver que solemos repetir los mismo errores sin aprender
de ellos, como si la vida fuera una serie de patrones codificados que solo sigue su
curso.

Si bien México se ha proclamado como una nación independiente desde el año de


1821, su construcción como nación ha distado mucho de ser autónoma, pues los
grandes conflictos tanto internos y externos, le impidieron tener trazado un plan de
desarrollo económico estable. El país distaba mucho de ser autosuficiente, en
primera termino porque dentro de él se gestó una segmentación regional que se
oponía al poder central y sentía la necesidad de autorregularse y en segundo
término porque sus cualidades eran vistas por naciones extranjeras que querían
una parte de lo que antes pertenecía a la corona española.

La triste realidad es que México ha carecido de una estructura interna para su


desarrollo y esto la ha hecho vulnerable para los intereses internacionales, pues el
país parece no funcionar sin la ayuda del capital extranjero, esto la ha hecho repetir
patrones por lo que su independencia parece parcial, pues desde entonces está
influenciada y tiene que rendir cuentas a economía hegemónicas que se han
aprovechado de su vulnerabilidad.