Está en la página 1de 50

+TEORÍA GENERAL DEL CONTRATO GAMARRA TOMO III

RESPONSABILIDAD Y CRITERIOS DE IMPUTACIÓN DEL DAÑO


CAP. I - La transformación de la responsabilidad civil.
Crisis de la doctrina tradicional. Ideas modernas.
1.- Introducción: La responsabilidad civil se divide en 2 TIPOS O ESPECIES
CONTRACTUAL (art.1342) el deudor (incumplidor) es condenado al
resarcimiento de los daños y perjuicios en razón de la falta de cumplimiento
de la obligación asumida
EXTRACONTRACTUAL (1319) todo hecho ilícito del hombre que causa un
daño a otro impone la obligación de repararlo.
Desde la sanción del Código de Napoleón, fuente del nuestro y fruto de la concepción
que sobre la responsabilidad civil tenía la doctrina unánime en esa época han habido
transformaciones sociales, económicas y políticas, que influyeron centralmente en
referencia a la RESPONSABILIDAD EXTRACONTRACTUAL, que es el objeto de este
volúmen.
2.- La culpa y la doctrina tradicional. Justificación de una responsabilidad basada
en la culpa.
Para la doctrina tradicional, la responsabilidad extracontractual se encuentra en el
art.1319, de forma tal que la culpa es el núcleo de esta doctrina, resulta imposible
dentro de ese criterio desvincular la responsabilidad de la culpa.
Se responde únicamente por ACTOS ILÍCITOS, o sea que el daño causado es imputable
a dolo o culpa (culpabilidad) o sea no hay responsabilidad sin culpa, por lo que la
responsabilidad nunca se extiende más allá de la culpa. Un daño causado sin que se
haya incurrido en culpa no genera responsabilidad y por ende no es reparable.
La culpa es el único fundamento de la responsabilidad civil. El sistema es unitario,
integrado por un solo criterio de imputación del daño.
La imposición de la obligación de REPARAR EL DAÑO al ofensor culpable, tiene por
finalidad castigarlo por haber obrado mal. La función de la responsabilidad es entonces
SANCIONATORIA.
Obviamente que ese aspecto sancionatorio opera como una función PREVENTIVA, al
promover el espíritu de vigilancia, operando como amenaza que desaliente la infracción
(al igual que la amenaza de una pena previene el delito penal).
La doctrina tradicional de la responsabilidad tenía por centro LA FIGURA DEL AUTOR
del hecho ilícito. La responsabilidad adquiere un rostro definidamente sancionatorio y toda
la concepción rota en torno al autor culpable del acto ilícito y su castigo; la víctima
permanecía en las sombras, y recibía la indemnización sólo en razón del castigo que se
imponía al ofensor por haber actuado culpablemente. Los perjuicios inculpables quedan
sin reparación (debe soportarlos la víctima).
3.- La situación en la época del código francés. Su transformación posterior.
Las ideas de la doctrina tradicional eran adecuadas a una economía modesta,
escasamente evolucionada, de carácter agrícola o pastoril, con una industria incipiente,
regida ideológicamente por concepciones liberales (dejar hacer, dejar pasar, laissez faire,
laissez passer). Estaba destinada a amparar empresas recién en el comienzo de su

1
desarrollo, sin fuerza para absorber una obligación de indemnización que fuera más allá
de los límites de la culpa.
La revolución industrial cambió radicalmente la realidad. La aparición de la gran
industria genera intensidad creciente de daños por la circulación (automóviles,
ferrocarriles, aviones), gran densidad de centros poblados, la utilización de medios
mecánicos de peligrosidad intrínseca, que causan perjuicios a los obreros que las
manipulan. Los terceros también se veían afectados por estas fuentes de riesgo.
Por otra parte las empresas se encuentran en condiciones de hacer frente a las
demandas de responsabilidad, incluso por su obrar inculpable, ya que les es dado
trasladar a los costos las indemnizaciones que deban pagar. Surgen otros principios
económicos y las ideas sociales reclaman una actitud más solidaria entre los hombres,
una mayor integración de la esfera individual en la social.
4.- La “crisis” de la culpa. Insuficiencia de ese principio.
En la sociedad moderna es absolutamente insuficiente el principio de la culpa como única
justificación de la responsabilidad civil, porque ahora el daño pasa a ser una constante,
que acompaña inexorablemente el desarrollo del progreso, se vuelve inevitable y se
produce necesaria y regularmente, sean cuales fueren las precauciones y cuidados. Se
generaba una gran masa de daños que quedarían sin reparación, demasiada injusticia
que no podía quedar sin respuesta.
El obrero que veía atrapada su mano en el telar en el cual trabajaba, estaba obligado a
aportar la prueba (imposible) de que el hecho era producto de una deficiencia de la
máquina y que ese defecto provenía de la negligencia de la empresa en su
mantenimiento (culpa del patrón). Sin prueba de la culpa no había responsabilidad.
Pero descartada la culpa como criterio único de atribución de responsabilidad, era
menester encontrar otra razón que justifique la imposición de la obligación resarcitoria a
quien corresponda, sin culpa.
Así se entra en el ámbito de la RESPONSABILIDAD OBJETIVA, la cual, no es
sustitutiva, sino que permite la implantación de uno o más CRITERIOS
COMPLEMENTARIOS al de la culpa, convirtiendo el sistema unitario de la
responsabilidad en un SISTEMA PLURAL.
5.- La consideración absorbente del interés de la víctima en la moderna concepción
de la responsabilidad. La función indemnizatoria.
La doctrina moderna se coloca en las antípodas de la posición tradicional.
El protagonista de la responsabilidad NO ES EL OFENSOR sino el DAMNIFICADO,
situado en primer plano, queda superada la culpa como fundamento de responsabilidad,
ya no se trata de sancionar la violación de un deber, SINO DE REPARAR UN DAÑO. La
función pasa a ser la reacción contra el daño injusto. Esta función REPARATORIA es
genuina, aún para los que postulan la doble función.
Doctrina Tradicional Doctrina Moderna
Centro OFENSOR VÍCTIMA
Valora su comportamiento Atiende el daño sufrido
Función SANCIONATORIA REPARATORIA

2
Porque viola un deber- castigo
Se afirma la opinión que ve en la responsabilidad la satisfacción de una exigencia que
pertenece al ámbito de la JUSTICIA DISTRIBUTIVA. Ya que de nada le sirve a la víctima
cuando se está ante un insolvente o el culpable no puede ser individualizado, lo que hacía
fracasar el principio de la culpa. Además a la víctima nada le importa del castigo del
victimario, dado que solo persigue la indemnización.
6.- El daño como esencia de la responsabilidad. Fundamento de la responsabilidad
y criterios de imputación. La responsabilidad objetiva: noción.
Fue un error de la doctrina tradicional considerar a la culpa la esencia de la
responsabilidad, en forma excluyente, creer que constituía su fundamento intemporal,
válida para todas las épocas y lugares.
En realidad, LA ESENCIA DE LA RESPONSABILIDAD NO SE ENCUENTRA EN LA
CULPA SINO EN EL DAÑO, porque puede haber responsabilidad sin culpa, pero no es
concebible una responsabilidad sin daño. Lo que sirve para situar la responsabilidad no
es el acto ilícito, ni el acto culposo, el punto de partida de la responsabilidad civil es el
hecho dañoso. El juicio de responsabilidad consiste en DECIDIR SI ESE DAÑO DEBE
SER REPARADO Y POR QUIEN.
Este planteo revoluciona radicalmente la concepción de responsabilidad, que ahora
aparece como un sistema plural con función predominantemente INDEMNIZATORIA. La
cuestión ahora se centra en quién debe pagar. O sea, el FUNDAMENTO de la
responsabilidad civil es la razón por la cual un sujeto está obligado a reparar el
daño sufrido por otro.
La culpa, como criterio de imputación, reinó desde el período post-clásico del Derecho
Romano hasta la revolución industrial del siglo XIX. Fué esta última que puso de
relieve las insuficiencias de la culpa.
Esta forma de ver la responsabilidad no se funda en la culpa, por eso la responsabilidad
OBJETIVA es responsabilidad SIN CULPA.
El nuevo criterio no viene a expulsar a la culpa del campo de la responsabilidad, para
ponerse en su lugar, se trata de un complemento, un nuevo criterio que se coloca junto a
ella.
Lo que importa señalar es que EL SISTEMA DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL
MODERNA pasa a ser MÚLTIPLE, ya que resulta compuesto por diversos criterios de
imputación, cada uno dotado de su propia y específica razón justificante, y también con
un propio y específico campo de aplicación, que no admite superposición.
CAPÍTULO II
NOCIÓN DE RESPONSABILIDAD
1.- Introducción. La responsabilidad dijimos se generaba cuando un hecho ilícito de un
sujeto causaba a otro un daño y que su consecuencia era el nacimiento de la obligación
de REPARAR EL PERJUICIO causado: art. 1319 “Todo hecho ilícito del hombre que
causa a otro un daño, impone al primera la OBLIGACIÓN DE REPARARLO y el 1342 “El
deudor es condenado al resarcimiento de daños y perjuicios, sea en razón de la falta de
cumplimiento de la obligación…”

3
2.- Responsabilidad como sanción por el hecho ilícito. La doctrina tradicional solo
requiere identificar al autor del hecho ilícito para individualizar quien debe resarcir. En
este caso, tomado como sanción, sólo puede hablarse de responsabilidad en caso de
culpa o sea que haya un culpable.
3.- Crítica de la posición que concibe a la responsabilidad como sanción por el
hecho ilícito.
El código patrio se inspira claramente en la concepción de la responsabilidad con culpa,
sin embargo el trabajo hermenéutico de doctrina y jurisprudencia, así como la legislación
posterior han abierto la puerta a la responsabilidad objetiva
Por ejemplo, la unánime aceptación de la naturaleza objetiva de la responsabilidad POR
HECHO AJENO. Si en ocasión del reparto de mercaderías el empleado de la empresa
embiste a un peatón, el patrón será responsable independientemente de cualquier
análisis de su conducta. La culpa es claramente del empleado pero la responsabilidad
SIN CULPA es del patrón. Responsabilidad INDIRECTA o POR HECHO AJENO, descarta
toda identificación entre el autor del hecho y responsable, y al mismo tiempo la propia
concepción sancionatoria de la responsabilidad, porque no se justifica una sanción
aplicada a un sujeto que no ha cometido hecho ilícito.
Ejemplos 1) Daño causado por animal feroz (será siempre imputable a quien lo tenga, por
art.1329) 2) El daño producido por una cosa que cae o se arroja desde lo alto de un
edificio (art.1330). En la esfera de leyes especiales 3) La Ley de Accidentes de Trabajo
del 28 de febrero de 1941, también 4) El Código Aeronáutico /art.166 basta probar que la
cosa caída o arrojada provienen de una aeronave en vuelo. También 5) La Ley 17.250
que regula relaciones de consumo, incorporó la responsabilidad objetiva en la zona de los
daños causados al consumidor por productos o servicios defectuosos.
La doctrina acompañó este cambio, aportando interpretaciones a textos nuevas.
A comienzos del siglo XX reinaba en Uruguay, la doctrina tradicional, representada en la
figura de Amézaga. Un segundo momento, podríamos decir de transición, queda
señalado por la obra de Peirano Facio donde se advierte la incorporación de ideas que
llevarían a consagrar la responsabilidad objetiva, aunque sigue manteniendo a la culpa
como fundamento exclusivo de responsabilidad.
Los casos en que se responde sin culpa (arts.1324, 1327 en la nueva interpretación que
les atribuyó) son incluidos por este profesora en la noción de “garantía” y no de
responsabilidad.
La última etapa, de recepción y sistematización de la responsabilidad objetiva, adviene
con la obra de GAMARRA, que tuvo como punto culminante la nueva interpretación que
preconiza sobre el art. 1324, que cuenta con el apoyo prácticamente unánime de nuestra
jurisprudencia y doctrina.

CAPÍTULO III
CRITERIOS OBJETIVOS DE IMPUTACIÓN DEL DAÑO
1.- Posibilidad jurídica de los criterios objetivos. Cuando ni la víctima ni el autor del
daño, incurren en culpa, la doctrina tradicional encuentra que NO HAY RAZÓN para hacer

4
responsable al segundo. El problema de la responsabilidad no puede reducirse a una
mera exigencia de protección del damnificado. Nadie puede discutir que amparar a la
víctima es, en sí mismo, loable, pero, para que esto se logre a expensas del sujeto
declarado culpable, hay que demostrar las razones para así decidir el conflicto.
¿Por qué un sujeto que no incurrió en culpa debe hacerse cargo del daño?
La primer objeción es la ausencia de un sistema, o de un nuevo criterio que reemplace la
antigua concepción de culpa. Obviamente que no tiene porqué ser así, ya que la
RESPONSABILIDAD OBJETIVA no se propone reemplazar o sustituir a la culpa, sino
complementarla, por eso la admisión de responsabilidad objetiva no implica destruir antes
el concepto de culpa.
2.- El criterio de la relación de causalidad. Obviamente que limitarse a establecer la
responsabilidad en la mera relación de causalidad entre el acto y el daño, implica un
retorno a primitivos derechos romano-germánicos, donde únicamente contaba la
materialidad de los hechos. En cambio los criterios de imputación objetiva son varios,
mientras que la culpa es el único criterio de imputación subjetiva, la responsabilidad
objetiva dispone de varios. En la responsabilidad coexiste una constante (el hecho
dañoso) y algunas variantes (los distintos criterios de imputación).
Al referirse a la responsabilidad objetiva en Francia se habla de RIESGO. En realidad el
riesgo es uno de los criterios de imputación objetiva y a su vez se desdobla en riesgo-
provecho (riesgo-beneficio o riesgo profesional) y riesgo-peligro.
3.- Riesgo provecho. La idea de riesgo-provecho o riesgo-beneficio, como criterio
objetivo de atribución del daño, es una concepción fundamentalmente de carácter
económico, estrechamente vinculada con la revolución industrial y la aparición de las
empresas.
Grandes empresas, multinacionales, fábricas, transportes, etc. que son altamente
beneficiosas para la sociedad, al mismo tiempo, también son fuente inevitable de daños
para los obreros, los transportados, los terceros en general. Resulta socialmente
justificado vincular el riesgo que crean (el perjuicio que pueden causar) con los beneficios
extraídos de la misma actividad que lo origina y obligar a las empresas a reparar el daño
que causan (aún sin culpa de su parte), como contrapartida del provecho que la actividad
dañosa les procura. El responsable es quien se beneficia con la actividad dañosa (como
dice Larenz) es también quien conoce y puede dominar la fuente de riesgo.
El riesgo forma parte del PASIVO de la empresa y es por ello que debe ser asumido por
el empresario como parte de los costos de producción, para cubrir un valor destruido, en
el cual figuran las energías laborales de los trabajadores, el desgaste del material
empleado y (esto es lo importante para nosotros) los daños que causan a los terceros u
obreros.
La empresa de transporte provocará accidentes de tránsitos. Las industrias asumirán
defectos de fabricación y los perjuicios derivados. Pueden calcularse por anticipado a
través de la estadística, precaverse contra la indemnización, o bien incluyendo los monos
en el precio del servicio o producto o bien recurriendo al seguro.
De no admitirse esta concepción podría darse el caso de empresas activas desde el
punto de vista del empresario, pero pasivas desde el punto de vista social ya que
destruyen un valor mayor del que producen.

5
4.- Principio de la aptitud para soportar el daño a través de su distribución entre grupos o
la sociedad.
La determinación de quién debe soportar el daño causado, era examinado por la doctrina
tradicional considerando únicamente a la víctima y al ofensor. Por tanto cuando el autor
del daño no era culpable el perjudicado debía cargar con la pérdida, aunque él también
fuera inocente. Por su parte el autor culpable del perjuicio quedaba expuesto a una
obligación indemnizatoria que su patrimonio individual muchas veces no estaba en
condiciones de afrontar.
El principio de la aptitud para hacerse cargo del daño y difundirlo entre otros sujetos,
supera estos inconvenientes, con un criterio adecuado a la sociedad moderna, porque
como razón decisiva la víctima nunca queda sin reparación.
La nueva respuesta, supera la doctrina tradicional que se limitaba a la culpa para
establecer la responsabilidad, ya que establece que será responsable aquel que tenga
capacidad para absorber la pérdida y distribuirla entre grandes grupos o sectores
numerosos de personas, esto es, el sujeto con aptitud para esquivar el daño y difundirlo
socialmente. (socializar el daño -ojo, mío-)
No es una cuestión de confrontar individualidades, sino de la capacidad de solidaridad
social, o sea si la sociedad se beneficia con la actividad es lógico que el daño sea
repartido entre la gran masa de consumidores. La responsabilidad civil advierte que los
daños pueden ser pagados por la sociedad.
La responsabilidad objetiva supera la anterior doctrina, tanto en el plano moral porque
asegura el resarcimiento de la víctima, como en el económico porque no carga el pago en
un individuo sino en sectores de la sociedad, lo que lo hace más equitativo y soportable.
5.- El riesgo-peligro y la equidad. El criterio del peligro (no ya económico sino jurídico)
es, dogmáticamente aceptable y encuentra cabida en el art.1329 RESPONSABILIDAD
POR EL DAÑO CAUSADO POR EL ANIMAL FEROZ y también en el art.1330
RESPONSABILIDAD POR LAS COSAS QUE CAEN de la parte superior de un edificio. La
más moderna legislación lo ha acogido en el art.34 de la ley sobre relaciones de consumo
nº 17.250
No puede postularse como criterio general de la responsabilidad objetiva, el criterio tiene
un ÁMBITO LIMITADO, eso explica que que la ley haga responsable al sujeto que crea un
peligro o ejerce actividades peligrosas, esto es, aquellas que frecuentemente producen
daños.
6.- Valoración de los criterios objetivos. Su confluencia en una misma solución legal.
Vimos que la doctrina RIESGO-BENEFICIO también se vinculaba con la APTITUD PARA
DISTRIBUIRLO y por ende soportarlo entre un gran número de individuos. La posibilidad
(en una misma solución normativa) de confluencia de dos criterios distintos de
INDIVIDUALIZACIÓN DEL RESPONSABLE, parece apoyar a quienes profesan una
posición agnóstica, alegando que los criterios objetivos sólo valen como fundamentos
“mediatos” o sea “razones alejadas de los preceptos”, valen sólo para explicar por qué en
ciertas situaciones la ley se alejó del principio de la culpa, por lo que las distintas especies
de responsabilidad objetiva deben ser entendidas por lo que al respecto establece la ley y
no como consecuencia de una plena y coherente aplicación de los criterios del riesgo y
del peligro.

6
Advierten que por consiguiente NO ES POSIBLE ASPIRAR EN EL PLANO DE LA
RESPONSABILIDAD OBJETIVA, AL LOGRO DE UN CRITERIO TAN NETO Y DEFINIDO
COMO EL DE LA CULPA.
No obstante los criterios de responsabilidad objetiva se encuentran presentes en el
derecho positivo, valen entonces porque la ley les consagra y eso es lo que cuenta.
Más de un criterio confluyen en el apuntalamiento dogmático de una misma solución
legal, por ejemplo, el inc.5º del art. 1324, donde la empresa responde SIN CULPA, pero
para que nazca esta responsabilidad (indirecta, por hecho ajeno) es necesario que
previamente el dependiente haya causado un daño culposamente. No basta el criterio del
RIESGO-BENEFICIO para explicar la responsabilidad de la empresa, ya que si éste fuera
el criterio debería responder por TODOS LOS DAÑOS QUE CAUSA EL DEPENDIENTE,
fueron o no culpables.
En este caso se aplicaría el principio de la APTITUD DE SOPORTAR la incidencia del
daño (tal como lo revelan los antecedentes de la norma madre del código francés)
Pero también gravita el criterio del RIESGO PROVECHO en el sector empresarial
(fundamentalmente), porque es irrebatible el fundamento de justicia distributiva que lo
informa.
Sin embargo una aplicación pura del RIESGO no puede postularse en el Uruguay, donde
opera, en cambio, como fundamento MEDIATO o RAZÓN LEJANA del precepto
(Scognamiglio).
CAPÍTULO IV
CRITERIO DE IMPUTACIÓN SUBJETIVO: LA CULPA
1.- Definición legal. Si bien nuestro código no contiene una norma especialmente
dedicada a definir el concepto, ésto resulta posible tomando en consideración una serie
de disposiciones donde se hace referencia a la culpa, se puede lograr una definición de
este criterio de imputación.
No existe en Uruguay el problema del desajuste entre definiciones legales y la doctrina
histórica, ya que la definición legal es congruente con la doctrina universal. El legislador
uruguayo no sólo definió, sino que, además, definió bien.
En el art.1319 habla de CULPA sin más, adquiere un sentido preciso porque otros textos
se lo asignaron (art. 18 CC). En el art.1344 de responsabilidad contractual define la culpa
como “LA FALTA DEL DEBIDO CUIDADO O DILIGENCIA” (inc.1º “se entiende por culpa
la falta del debido cuidado o diligencia”)
CUIDADO Y DILIGENCIA, el inc.2º cuando nos remite a “toda la diligencia de un buen
padre de familia”.
BUEN PADRE DE FAMILIA, incurre en culpa aquel sujeto que no emplea todo el cuidado
o diligencia que habría aportado un buen padre de familia, esto es (como se verá luego) el
cuidado o la diligencia del hombre medio (común) ni excesivamente cuidadoso, ni
excesivamente descuidado.
En art.1310,, se ratifica este sentido de la palabra CULPA “El agente oficioso está
obligado a emplear en la gestión todos los cuidados de un buen padre de familia y será
responsable de los perjuicios que por su culpa o negligencia resulten al dueño…”

7
CULPA O NEGLIGENCIA <<<<<←------------------>>>> OMISIÓN CUIDADOS DEL BUEN
PADRE DE FA..
La noción de culpa es un CONCEPTO UNITARIO, que tiene siempre el mismo sentido, en
el campo de la responsabilidad contractual y en los cuasi contratos)
ART.18 DEL CÓDIGO PENAL, difiere únicamente por el punto de vista enumerativo que
utiliza, partiendo de los elementos indiciarios que sirven para caracterizarla (“imprudencia,
impericia, negligencia o violación de leyes o reglamentos”) y por incluir la IMPREVISIÓN
como elemento esencial, o sea “LO QUE PUDIENDO SER PREVISTO NO LO FUE”
(SOBRE ESTO LA LEY CIVIL GUARDA SILENCIO).
La ley penal no utiliza lo de “BUEN PADRE DE FAMILIA” que es específico de la ley civil,
ya que el juez penal analiza en concreto, sin remitirse a la comparación con el modelo
ideal.
Pero el concepto es el mismo, la variación es en la manera de como se aprecia.
La idea de PREVISIÓN es también compatible, por ejemplo, cuando el hecho no pudo ser
previsto por el buen padre de familia no hay culpa civil.
Los textos uruguayos son plenamente suficientes arts. 1310, 1319, 1324 y 1344 del
código civil y 18 del código penal ES CULPABLE AQUEL SUJETO QUE NO ACTÚA CON
LA DILIGENCIA DEL BUEN PADRE DE FAMILIA a fin de evitar causar un daño a otros.
2.- La culpa como criterio de imputación del daño: reprobación por haber actuado
culposamente.
LA CULPA, en el campo de la responsabilidad extracontractual radica en que
CONFIGURA UN CRITERIO DE IMPUTACIÓN DEL DAÑO. Art.1319 todo hecho ilícito
impone la OBLIGACIÓN DE REPARAR el daño, por cuyo DOLO, CULPA O
NEGLIGENCIA HA SUCEDIDO”.
El perjuicio debe trasladarse del patrimonio de la VÍCTIMA al del OFENSOR. Pero no es
cierto que toda la responsabilidad esté dominada por la noción de culpa.
Cuando hablamos de CRITERIO DE IMPUTACIÓN DEL DAÑO nos referimos a LA
RAZÓN que decide el desplazamiento del perjuicio de un sujeto a otro. La razón es LA
CULPA falta precisar ¿por qué?
La esencia del concepto de culpabilidad ES UN JUICIO DE REPROCHE POR EL
COMPORTAMIENTO reprobable, por su desvalor social, por no haber obrado como
debía, esto justifica que el autor del daño resulte obligado a repararlo. LA CULPA ES UN
CRITERIO DE IMPUTACIÓN.
También lo explica la idea de PREVENCIÓN DEL DAÑO. Cargar al autor culpable del
perjuicio con las consecuencias sirve para promover espírito de vigilancia.
Conclusión: NO PUEDE HABER CULPA SIN UN JUICIO DE REPROBACIÓN, este juicio
permite hacer de la culpa un criterio de imputación, porque, si así no fuera, no tendría
explicación que la ley impusiera al autor del daño la obligación resarcitoria.
3.- El deber infringido. En la base de la idea de culpa se encuentra LA VIOLACIÓN DE
UN DEBER, la “DESOBEDIENCIA” es un aspecto esencial de la CULPA. Pero la ley o
reglamento no puede cubrir todas las posibilidades, además las circunstancias varían
permanentemente y en cada caso, pueden ser necesarias distintas precauciones o
cuidados. Por ello existe, además, un PRINCIPIO GENERAL que impone EL DEBER DE

8
CONDUCIRSE CON PRUDENCIA Y DILIGENCIA. Impuestos por necesidades de la
CONVIVENCIA SOCIAL, pero también está en la Ley, o sea no comportarse con la
diligencia del buen padre de familia, es asimismo “VIOLAR LA LEY” (arts.
1310,1319,1324, 1344)
Aparte de la ley y reglamento que no debe infringir existe un DEBER GENERAL (de
origen legislativo) que puede descomponerse en el deber de no ser imprudente, no ser
negligente y no ser imperito, lo que incide en la clasificación del concepto de culpa.
4.- Negligencia, imprudencia, impericia. Los usos. Bianca: la falta del esfuerzo debido.
Alimena: la falta de atención, los textos legales cuando el sujeto no se comportó como
buen padre de familia. La NEGLIGENCIA se vincula a la desidia, la falta de atención y la
IMPRUDENCIA a la falta de cautela y precaución, en realidad indican el mismo estado
espiritual, la diferencia se ha buscado en que la IMPRUDENCIA concierne a estados
humanos activos (exceso de velocidad centro poblado) y la NEGLIGENCIA a los pasivos
(madre que deja un frasco de veneno al alcance de un niño). La IMPERICIA no sería
distinto, ya que es la negligencia o imprudencia aplicada a la CULPA PROFESIONAL.
LA CONDUCTA USUAL, NORMAL, ES LA EXIGIBLE AL HOMBRE MEDIO, SIEMPRE
QUE EL USO REFLEJE LAS EXIGENCIAS DE LA VIDA SOCIAL Y NO SEA
INADECUADO O INSUFICIENTE.
LA OBSERVANCIA DE USO Y COSTUMBRES NO EXCLUYE LA NEGLIGENCIA, A
FALTA DE NORMATIVA CONSAGRADA POR REGLAS O SOCIALES (USOS) EL
CRITERIO DE PREVISIÓN O PREVENCIÓN DEL EVENTO DAÑOSO SERVIRÁ PARA
DECIDIR LA CULPA.
5.- Culpa y previsión. El código penal art.18 incluye la previsión dentro del concepto de
culpa. Sin embargo se discute si la PREVISIÓN es o no un elemento de la culpa, también
el concepto de imprevisión fue objeto de críticas. Todo esto tiene menos resonancia en la
culpa civil, donde no aparece expresamente consagrada. De todos modos NO HAY
DUDAS CUANDO EL EVENTO DAÑOSO NO ERA PREVISIBLE NO HAY CULPA.
6.- Culpa por violación de las leyes y reglamentos. No es materia de un vivo
cuestionamiento doctrinario, está prevista en el art.18 del cód.penal, integra también el de
culpa civil. Numerosos fallos resuelven por este criterio la existencia concreta de la culpa.
INDIVIDUALIZAN LA VIOLACIÓN DEL REGLAMENTO (normalmente la Ordenanza
General de Tránsito) y DE ELLA PASAN A DEDUCIR LA CULPA.
1) Hay que precisar que NO TODA VIOLACIÓN SIGNIFICA QUE EL AUTOR ES
CULPABLE, la especie exclusivamente de las “NORMAS PRECAUCIONALES”, por
ejemplo conducir sin tener paga la patente es una violación pero no implica la culpa por
un accidente, al no tratarse de una NORMA PRECAUCIONAL. Es como si la ley detalla lo
que considera el comportamiento de un BUEN PADRE DE FAMILIA, por ejemplo manejar
a velocidad moderada, por su mano, aminorar en los cruces, llevar las luces encendidas,
respetar las preferencias, no conducir en estado de ebriedad, etc.
La norma reduce así, con estas especificaciones el campo de INDETERMINACIÓN DE
LA NORMA GENERAL (DILIGENCIA DE BUEN PADRE DE FAMILIA) y con ella el
ÁMBITO DE DISCRECIONALIDAD DEL JUEZ. La amenaza de sanción (multa, retiro de
libreta de conductor, etc) trata de evitar actos nocivos.
2) La segunda precisión: la constatación de la existencia de la culpa por haber violado la
ley o reglamento, no implica (por sí solo) que el sujeto deba responder por el daño sufrido

9
por la víctima, sino que el juez debe constatar la relación de causalidad entre la culpa y el
daño. Porque siempre que individualice una culpa deberá constatar la relación de
causalidad para saber SI LA CULPA ES CAUSA DEL DAÑO.
Este es un principio general enunciado expresamente en el propio art. 1319 “por cuyo
dolo, culpa o negligencia HA SUCEDIDO”. Si la culpa no es causante del caño, el
demandado debe ser absuelto.
Ejemplos a) aunque tuviera índice superior de alcohol en sangre pero se comprueba que
el accidente se produce por el cruce indebido de una calle que realizó la víctima, b) si
para evitar atropellar a un ciclista o peatón, pasa de contramano. Estaríamos en el ámbito
de los principios generales de fuerza mayor, estado de necesidad, causas de justificación
o eximentes de responsabilidad.
7.- La diligencia del buen padre de familia. Apreciación en abstracto de la culpa. Las
normas del código civil imponen al juez la tarea de comparar la conducta con UN
MODELO IDEAL ABSTRACTO el del BUEN PADRE DE FAMILIA (arts. 1310,1319, 1324,
1344). Según el derecho positivo la culpa no debe ser apreciada en concreto comando en
cuenta las dotes individuales, las inferioridades particulares, sino OBJETIVA y
ABSTRACTAMENTE, en referencia al prototipo, que es el hombre medio, normal,
prudente, precavido, atento, razonable, cuidadoso. El juez debe prescindir de examinar
particularidades. No interesa el grado de su inteligencia, habilidad, atención, si es sordo o
miope, torpe, violento o emotivo.
La operación se reduce a un SILOGISMO, cuya PREMISA MAYOR es la conducta que
habría observado el modelo ideal, en las mismas circunstancias, la PREMISA MENOR la
conducta particular, la CONCLUSIÓN surge de la comparación entre ambas. No basta la
relación de CAUSALIDAD ENTRE LA ACCIÓN Y EL DAÑO, la responsabilidad no es
objetiva, sino que hay que analizar EL COMPORTAMIENTO DEL SUJETO, no basta
saber que el sujeto causó el daño, es menester COMPARAR LA CONDUCTA DEL
AUTOR DEL DAÑO CON LA DEL BUEN PADRE DE FAMILIA, habrá culpa en caso que
no coincida con el modelo elegido por la ley. En cuanto a “INFERIORIDADES
PARTICULARES”, un sordo que no escucha la bocina, un anciano de 90 que cruza
lento.CREO QUE DEBE SOSTENERSE (COMO LO HACE GAMARRA EN EL
PÁRRAFO SIGUIENTE) que en esos casos tampoco resultan afectados los principios de
la diligencia subjetiva, tanto el sordo como el anciano deben TOMAR LAS CAUTELAS
ACORDES CON SU ESTADO DE DISCAPACIDAD O INFERIORIDAD, ya que esa es la
conducta que un buen padre de familia hubiera adoptado.
EXISTE UNA GRIETA EN EL SISTEMA GENERAL DE LA CULPA Este régimen de
apreciación en ABSTRACTO en cierta medida crea, en cierta medida, una zona de
RESPONSABILIDAD OBJETIVA, digo en cierta medida porque hay matices, podría
preconizarse que los sujetos con dotes deficitarias se abstengan de ciertas actividades,
que en nuestro derecho están atemperadas art. 1320 (“no son capaces del delito o
cuasidelito los menores de diez años ni los dementes…”) en mérito al cual en Uruguay no
se puede prescindir por completo de las circunstancias “internas”.
8.- La ley requiere el empleo de “toda” la diligencia. Apreciación según las circunstancias
del caso. Influencia de la importancia del daño y del peligro sobre el deber de diligencia.
Es importante subrayar que los textos legales no se limitan a exigir el empleo de la
diligencia de BUEN PADRE DE FAMILIA, sino que además requieren que el sujeto utilice
TODA LA DILIGENCIA. No basta el empleo de cautelas y precauciones que están a su

10
alcance, sino TODAS. La ley uruguaya exige una diligencia ESPECIALMENTE
CALIFICADA, imponiendo al sujeto que AGOTE LOS MEDIOS QUE ESTÁN A SU
ALCANCE a fin de evitar el daño. Es un criterio DEONTOLÓGICO, que no considera lo
que el HOMBRE MEDIO habitualmente hace, sino LO QUE DEBE HACER. Además el
comportamiento debe ser apreciado teniendo en cuenta EL LUGAR Y EL TIEMPO.
Analizar la conducta EN ESE MOMENTO en que resolvió la acción a adoptar. Por ejemplo
el exceso de velocidad es un elemento relativo, habrá que considerar el dominio del
vehículo, ancho del camino, densidad del tránsito, estado de la calzada, condiciones del
tiempo, etc. La oscuridad y las circunstancias que dificultan la visibilidad, son
frecuentemente consideradas para exigir una mayor diligencia.
También la diligencia debe medirse en PROPORCIÓN AL PELIGRO DE DAÑO que la
actividad crea y en particular en atención a la MAGNITUD DEL DAÑO que puede causar.
9.- Unidad de la culpa contractual y extracontractual. Los grados de la culpa. La
culpa leve. En el derecho romano existían 3 grados de culpa: levísima, leve y grave. En
el derecho moderno (incluído el código civil uruguayo) el límite de responsabilidad es
llamada la CULPA LEVE (o culpa media), se excluye de la categoría a la culpa
LEVÍSIMA. Si la negligencia o imprudencia es la que hubiera cometido un buen padre de
familia NO ES CULPA CIVIL. Solo se entiende como tal la que un buen padre de familia
no había cometido. En la responsabilidad contractual existe TEXTO EXPRESO, para
fundar la solución en la responsabilidad extracontractual, razones del derecho positivo la
imponen, de orden lógico apoyan esta solución. En el caso de la CULPA GRAVE, grosera
o inexcusable, carece de importancia en la responsabilidad extracontractual, sea cual
fuere la intensidad de la culpa, incluso cuando hay dolo y no culpa, para todos los casos
una respuesta UNIFORME, la víctima tiene derecho a la reparación del perjuicio que ha
sufrido y a nada más. En nuestro derecho no existen DAÑOS PUNITIVOS como en el
common law, que se suma a la indemnización del perjuicio causado.
10.- Dolo y culpa. La distinción entre dolo y culpa es la base que sirve para clasificar los
actos ilícitos en delitos y cuasidelitos, según el inc.2º del art. 1319 “hay delito cuando el
hecho ilícito se ha cumplido con dolo o sea CON INTENCIÓN DE DAÑAR”, el mismo
inciso el “elemento negativo” o sea la falta de intención de dañar, define el cuasidelito
(hecho ilícito culposo). La importancia de esta división (que aparece en el Derecho
Romano) está en crisis hoy en día, ya que en ambos casos se trata de actos ilícitos.
Tanto delitos como cuasidelitos están sometidos a la misma regulación, salvo
excepciones, como el art.1331 y la ley nº 16.074 sobre ACCIDENTES DE TRABAJO, en
su art.7º otorga al obrero o sus derecho habientes, además del régimen de indemnización
especial que consagra la ley, todas las acciones del derecho común, siempre que el
accidente sea causado por DOLO DEL PATRONO. El caso del art. 1331 del código civil,
está ligado al acto ilícito doloso cometido por una PLURALIDAD DE SUJETOS (“DOS O
MÁS PERSONAS”), en este caso la ley consagra una RESPONSABILIDAD SOLIDARIA
de los autores, mientras que en caso de cuasidelito responderán proporcionalmente.
Los dos actos son voluntarios, tanto el culposo como el doloso, la diferencia radica que en
el caso de DOLO la voluntad del sujeto está dirigida no sólo al acto sino también al daño
que quiere ocasionar.
El incendio del taller textil, en el que mueren las trabajadoras por falta de salida de
emergencia y medidas preventivas, antiincendios, es culposo. El incendio voluntario del
taller textil con las trabajadoras dentro para romper una huelga, es doloso.

11
11.- La imputabilidad sicológica, presupuesto de la culpa. Concepto. Hemos hablado
de criterios de IMPUTACIÓN del daño, las razones que justifican la traslación del perjuicio
sufrido por un sujeto (la víctima) al patrimonio de otro sujeto (responsable). La
IMPUTACIÓN ES EL FUNDAMENTO por el cual se explica que el efecto previsto por la
norma se impute a un determinado sujeto. Así la CULPABILIDAD ES UN CRITERIO DE
IMPUTACIÓN. Ahora vamos a estudiar la IMPUTABILIDAD y principalmente la
imputabilidad sicológica, que es presupuesto de la culpa.
Está legislada en el art.1320 del cód.civil que en lugar de imputabilidad usa el término
“CAPACIDAD”.
La ley establece que NO SON IMPUTABLES el demente y el menor de 10 años.
Imputar es atribuir poner a cargo de alguien, aquí se trata de la imputación de un acto, el
acto que se imputa al AUTOR MATERIAL (CAUSA FÍSICA) o a su autor sicológico. Un
menor de 9 años tira una piedra y rompe un vidrio, el acto le es imputado materialmente,
pero NO SICOLOGICAMENTE. El hecho no puede serle abrituido, no puede ponerse a su
cargo y por tanto NO ESTÁ OBLIGADO A REPARAR EL DAÑO CAUSADO. Se toma en
cuenta LA CAPACIDAD DE DISCERNIR ENTRE EL BIEN Y EL MAL
12.- Imputabilidad y culpa. Ahora estamos en situación de responder a la interrogante
formulada ¿Por qué el incapaz no responde? No responde porque no puede incurrir en
culpa. Sólo el imputable tiene aptitud para ser culpable. La violación de una regla de
comportamiento puede ser imputada SÓLO a un sujeto CAPAZ, que esté en condiciones
de observarla. Esto permite precisar EL ÁMBITO DEL REQUISITO DE LA
IMPUTABILIDAD. En todos aquellos casos en que la ley haga responsable a alguien
prescindiendo de la valoración de su comportamiento, la imputabilidad sicológica carece
de relevancia.
EL RESPONSABLE INDIRECTO LO SERÁ CON PRESCINDENCIA DEL ELEMENTO
IMPUTABILIDAD.
SE PUEDE SER RESPONSABLE SIN SER IMPUTABLE (por ej. el demente que explota
un negocio será responsable por el hecho de sus dependientes), la responsabilidad por
hecho del dependiente ES OBJETIVA, no se toma en cuenta la conducta del patrón,
ninguna incidencia puede tener la inimputabilidad que sólo sirve para excluir la culpa.
13.- La imputabilidad en el sistema del derecho positivo uruguayo. En Uruguay la
imputabilidad es ESPECÍFICA, por cuanto sus causas son establecidas por el legislador.
De esta manera el juez tiene un campo restringido, ya que su labor se reduce a
establecer si el acto fue cometido por un menor de 10 años o un demente. Este criterio
tiene el inconveniente de suscitar la duda frente a aquellos casos no previstos, p.ej.
provocados por el alcohol, los estupefacientes, que al igual que la minoridad y la
demencia, pueden viciar o aniquilar la voluntad del sujeto. Cuando la ausencia de
voluntad proviene del ABUSO NO CULPABLE del alcohol, estupefacientes,
sonambulismo, crisis cardíaca, etc. corresponde adoptar la misma solución. A esta
solución se llega también partiendo del punto de vista de que si la norma sobre
imputabilidad sicológica (art.1320) no se hubiera consagrado legalmente, de todas formas
este requisito tendría que tenerse en cuenta, ya que no se concibe la culpa en un sujeto
privado de discernimiento.
Por qué se habla de 10 años, para responsabilidad cuando todavía no puede contratar,
porque se piensa que la CONCIENCIA MORAL existe desde la más corta edad, mientras

12
la capacidad contractual se vincula al ámbito intelectual y una actividad desarrollada en la
vida económica y social, donde se requiere mayor madurez para apreciar las
consecuencias de los actos, que a veces suponen valoraciones de muy complejos
intereses.
En cuanto a la demencia, el estado de interdicción no obsta a su responsabilidad
EXTRACONTRACTUAL, la capacidad de incurrir en responsabilidad no corresponde a la
exigida para realizar negocios jurídicos. Aquí no importa considerar los “intervalos lúcidos”
ya que se atiende a diversos supuestos.
14.- Imputabilidad de la persona jurídica. No se discute la capacidad de la persona
jurídica para incurrir en actos ilícitos, por el trámite de sus órganos. El órgano expresa la
voluntad de la persona jurídica, cuya responsabilidad también asume frecuentemente la
forma indirecta (por el hecho del dependiente).
EL SUPUESTO DE HECHO DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL
ELEMENTOS CONSTITUTIVOS
1.- Introducción. Ámbito del art.1319. Hecho del hombre.
(ART. 1319) RESULTA IMPRESCINDIBLE PARA QUE SURJA LA RESPONSABILIDAD
QUE EL DAÑO A REPARAR HAYA SIDO CAUSADO POR CULPA O DOLO,
NECESARIAMENTE EL HECHO DEBE PROVENIR DEL HOMBRE
2.- Hecho positivo o negativo. EL HECHO PUEDE SER TANTO POSITIVO COMO
NEGATIVO (inc.3º del art. 1319, principio puramente dogmático, fuera de lugar en un
código) ES CIERTO QUE EL HECHO PUEDE CONSISTIR EN UNA ACCIÓN U
OMISIÓN. Ej. del derecho penal “omisión de asistencia”.
3.- Todo hecho: la atipicidad civil. SIN UN HECHO EL FENÓMENO DE LA
RESPONSABILIDAD CIVIL ES INCONCEBIBLE. A DIFERENCIA DEL CÓDIGO PENAL
EN EL QUE EL LEGISLADOR CREA “MODELOS DE HECHOS” Y SI EL HECHO
JUZGADO NO CORRESPONDE AL MODELO EL JUEZ ESTÁ OBLIGADO A
ABSOLVER, en el DERECHO CIVIL, no existe ese “catálogo de figuras, por el contrario el
art.1319 emplea una EXPRESIÓN ABSOLUTAMENTE GENÉRICA “TODO HECHO DEL
HOMBRE”.
En el código penal los hechos están tipificados en distintos artículos. En el código civil
todos están incluidos en el mismo artículo.

II. LA ILICITUD
1.- Planteo. Se trata de un concepto que ha sido legislado de distinta forma en los
diversos ordenamientos, el panorama en jurisprudencia y doctrina no es menos complejo,
por eso resulta imprescindible (a fines pedagógicos) simplificar, por eso hay que partir de
que EL HECHO PARA SER CONSIDERADO ILÍCITO
1º) CONTRA IURE, o sea no conforme con el derecho o contrario a él
2º) NON IURE, o sea no debe estar justificado por el ordenamiento jurídico
La otra simplificación es considerar la ilicitud
a) vinculado al hecho (concepción subjetiva)
b) vinculado también al daño (concepción objetiva)

13
2.- Primera etapa. La ilicitud vinculada al ofensor. El deber violado. Resulta lógico
que la ILICITUD SE VINCULE EXCLUSIVAMENTE AL HECHO, y por ello el hecho ilícito
es aquel que viola un deber impuesto por el orden jurídico. La cuestión radicaba en
determinar ¿“cuáles eran esos deberes”? Además esta doctrina resulta insuficiente para
ya que deja afuera la “responsabilidad objetiva”, al prescindir del comportamiento del
ofensor. Dos características de esta concepción 1º) La TIPICIDAD del ilícito, había que
encontrar una norma que estableciera UN DERECHO DE LA VÍCTIMA y de ahí deducir
que había sido violada y 2º) una ANTIJURIDICIDAD de tipo subjetivo, que permite
apreciar si el comportamiento del ofensor es violatorio de un deber consagrado por el
orden jurídico.
3.- Segunda etapa. Del ofensor a la víctima. Del hecho al daño. El reinado de la CULPA
COMO ÚNICO CRITERIO terminó drásticamente con la revolución industrial, por la
multiplicación de los daños y sus causas. Al cambiar el eje desde el ofensor a la víctima,
ésto influye sobre la ILICITUD, ya que si la inalidad de la responsabilidad extracontractual
es reparatoria, si es el daño (y no el hecho del ofensor), ES LÓGICO QUE LA ILICITUD
SE VINCULE CON EL DAÑO.
A LA DOCTRINA MODERNA LE BASTA LA LESIÓN DE UN DERECHO AJENO (punto
de vista de la víctima) para configurar la característica contra ius del hecho y HABRÁ UN
HECHO ILÍCITO.
EL DAÑO ILEGÍTIMAMENTE CAUSADO DEBE SER REPARADO (GAMARRA)
4.- Los derechos tutelados. Las móviles fronteras de la responsabilidad
extracontractual: de los derechos absolutos a los intereses legítimos.
No es suficiente para que se configure la ilicitud con comprobar la lesión de un derecho o
interés jurídicamente protegido (característica contra ius) sino que además debe procederse
a una comparación valorativa de éste con el que está o puede estar presente en la acción
del ofensor. Si prevalece el de la víctima se habrá configurado también la característica non
iure y por ende la ilicitud, en caso contrario (prevalencia del derecho del ofensor) estaremos
frente a una causa de justificación (ejercicio de un derecho) y no será posible tildar de ilícito
el hecho de éste imputado.

Repercusiones sobre el alcance de la ilicitud


Para Gamarra, la ilicitud viene a reducirse a la existencia de un derecho o interés o
situación, jurídicamente protegidos, el cual cuando es lesionado, legitima activamente a su
titular para accionar por responsabilidad civil. Por medio de la ilicitud, el sistema opera
entonces una selección de los daños, indica cuales son resarcible y por ende los sujetos
con legitimación activa en materia de responsabilidad civil.

La ilicitud sería la invasión de la esfera jurídica ajena, que lesiones derecho, intereses o
situaciones jurídicamente protegidas.

Ilicitud y daño
El elemento que permite distinguir la ilicitud del daño es el evento lesivo o dañoso. En un
accidente de tránsito, la lesión sufrida por la víctima es el evento lesivo mientras que el
daño está constituido por la consecuencias perjudiciales (gastos de curación, lucro cesante)
que se derivan de la lesión de la integridad física.

14
Para saber si existe ilicitud debe considerarse exclusivamente el evento lesivo, si el interés
lesionado cuenta con la tutela del ordenamiento jurídico habrá ilicitud, en caso contrario no
la habrá.
La ilicitud no implica necesariamente la existencia de un daño, puede haber ilicitud sin daño.

Para que se configure la ilicitud basta con la invasión de la esfera jurídica ajena o la lesión
de un derecho, situación o interés protegido, analizado desde el punto de vista jurídico
conceptual.

Ilicitud y culpa

CULPA ILICITUD

Desvalor en la acción (exceso de velocidad) Desvalor en el evento (peatón atropellado)

Dice al sujeto cómo debe comportarse para Dice al sujeto cuáles son los límites de su
no causar daños a terceros obrar

Puede violarse sin que exista un sujeto Su violación implica necesariamente un


pasivo ofendido sujeto pasivo ofendido

LAS CAUSAS DE JUSTIFICACIÓN

El ejercicio del derecho. La excepción: abuso de derecho.


El daño producido como consecuencia del ejercicio de un derecho amparado por una causa
de justificación (el obrar conforme a derecho) que exonera de responsabilidad a su autor
porque ésta no puede configurarse al faltar la ilicitud. Para que se configure responsabilidad
de su titular deberán agregarse los requisitos exigidos por el 1319 (culpa, nexo y daño).

Abuso y exceso
El exceso se da cuando el sujeto actúa más allá de los límites externos de su derecho, esto
es, aquellos fijados por el propio orden jurídico en forma concreta. No se habla de abuso
cuando el derecho nace limitado y el titular actúa más allá de esos límites, sino que sería
correcto hablar de exceso.

Los remedios
Existe disposición expresa para casos de abuso de derecho como por ejemplo en la
competencia desleal, que pueda dar lugar tanto a una pretensión resarcitoria (por los daños
sufridos) como a una inhibitoria (por ej cese del uso de marca que lleva a confusión).

Para los casos que no existe una disposición expresa, queda en manos de los magistrados
la determinación concreta de los casos y del remedio correspondiente, tomando en cuenta
las particulares circunstancias del caso, ya que en el ordenamiento jurídico existe una
pluralidad de remedios.

Legítima defensa y estado de necesidad

15
Forma parte de la categoría de los actos lícitos dañosos: es lícito causa un daño a otro para
defenderse de su agresión ilegítima y también lo es el que ocasiona el sujeto en estado de
necesidad, a quien la ley permite sacrificar un bien o derecho ajeno, cuando sea la única vía
para evitar el prejuicio.

Un sujeto colocado en situación de necesidad, con caracteres de inmediatez e


inevitabilidad, no provocada por el, que se origina en otras personas (imputables o no),
fuerzas naturales, cosas o animales, el cual, para evitar el daño recurre a un
comportamiento necesitado, que lesiona a un tercero, el mal causado debe ser igual o
menor jerarquía que le amenazado.

LA RELACIÓN DE CAUSALIDAD
Concepto
Para que exista responsabilidad civil se requiere un hecho ilícito del hombre que CAUSA a
otro un daño (art. 1319).
No habrá responsabilidad sin un nexo de causalidad, un ligamen que vincule el daño al
comportamiento demandado, la conducta (acción u omisión) del uno debe ser la causa
(eficiente o productora) del evento dañoso que sufre el otro, vale decir que el daño es
consecuencia o efecto del hecho del ofensor.
El nexo causal tiene carácter material (objetivo, externo), su individualización es básica o
imprescindible para que pueda pronunciarse el juicio de responsabilidad, porque permite
atribuir determinado efecto a un sujeto que debe responder por él.

Pluralidad de causas y responsabilidad proporcional (no solidaria)


Nuestro Código Civil consagra expresamente la responsabilidad proporcional de los autores
del daño cuando éste proviene de cuasidelito: si se trata de un delito, los ofensores
responde solidariamente (art. 1331). La división de la responsabilidad es la regla, a
causación parcial, responsabilidad parcial.

El art. 1323 del Código Civil


En materia de responsabilidad contractual el art. 1346 contiene una norma refería a la
previsión: “El deudor no responde sino de los daños y perjuicios que se han previsto o
podido prever al tiempo del contrato…”. Este principio es inaplicable a la responsabilidad
aquiliana porque atiene al momento del contrato, que no existe en la responsabilidad
extracontractual y porque además limitaría excesivamente la responsabilidad aquiliana,
donde muy pocas consecuencias dañosas son previsibles.

La relación de causalidad pertenece a la zona del comportamiento del ofensor y del evento
dañoso causado al perjudicado por esa conducta (hecho + evento). Lo cual en el plato del
derecho positivo uruguayo está contemplado por el art. 1319: “Todo hecho ilícito del hombre
que causa a otro un daño, impone a aquél por cuyo dolo, culpa o negligencia ha
sucedido…”. Mientras que en cambio el art. 1323 no atañe a la disciplina de la relación de
causalidad (elemento de la responsabilidad civil), la cual, por lo contrario, presupone ya
establecida de antemano. Esta norma contiene una regla tendiente a limitar el contenido de
la obligación de reparar el daño, legisla respecto de las consecuencias resarcibles del
evento dañoso, fija los límites del daño resarcible y no contiene disciplina alguna referente a
la relación de causalidad. El art. 1323 corresponde al ámbito de la reparación del perjuicio.

16
LAS EXIMENTES DE RESPONSABILIDAD

Causa extraña no imputable


En la responsabilidad contractual el deudor no debe reparar los daños y perjuicios si justifica
que la falta de cumplimiento “proviene de causa extraña que no le es imputable”. El
demandado no puede ser condenado porque el evento fue provocado por una causa
extraña que no le es imputable. Es necesario que el daño provenga de un factor externo
(causa extraña) y que ese factor no sea causado por el ofensor (causa no imputable).

La causa extraña no imputable es el género que contiene tres especies: el caso fortuito, la
fuerza mayor y el hecho de la víctima o del tercero, cuyo denominador común reside en que
el daño sufrido por la víctima no está causado por la conducta del ofensor sino por otra
causa ajena a éste.

La imputabilidad
El art. 1322 dispone que “nadie es responsable del daño que proviene de caso fortuito o que
no ha dado causa” y que tiene su equivalente en materia contractual con el art. 1342: “el
deudor es condenado al resarcimiento de los daños y perjuicios, siempre que no justifique
que la falta de cumplimiento proviene de causa extraña que no le es imputable”.

La imputabilidad física o material es la atribución del evento al ofensor por haberlo causado,
por oposición existe la imputabilidad subjetiva, que está referida a un modo de ser del
sujeto.
La imputabilidad física no concierne al sujeto en sí mismo considerado, sino a la relación
que media entre el sujeto y el hecho: el hecho se imputa a su autor material.
Hay imputabilidad material cuando el resultado dañoso proviene del comportamiento del
autor.

Causa no imputable
Para que se configure la exoneración de responsabilidad es necesario que el demandado
no haya incidido con su conducta en la causa extraña: “nadie es responsable del daño que
proviene de caso fortuito a que no ha dado causa” (art. 1322) y de igual forma en la
responsabilidad contractual se excluye la responsabilidad cuando la falta de cumplimiento
proviene de causa extraña (art. 1342, 1343).

1. Habrá responsabilidad del ofensor cuando el evento le es imputable. y lo será


cuando su comportamiento es el que lo causa (art. 1319)
2. Habrá irresponsabilidad del ofensor cuando un hecho extraño (causa extraña no
imputable) es el que causa el veneto (art. 1322)
3. Habrá responsabilidad del ofensor cuando su comportamiento causa la “causa
extraña”, el evento le es imputable porque su conducta es la que da origen al hecho
dañoso (art. 1322)

Causa extraña
Para que el demandado pueda exonerarse de la responsabilidad es necesario que la causa
que provoca el daño sea un factor externo, la noción de causa extraña se construye en
sentido objetivo de referencia causal a factores extraños a la esfera de influencia del

17
ofensor, el factor que provoca el daño debe estar fuera del control del ofensor, por ej,
tormentas y perturbaciones atmosféricas.
Para calificar una causa como extraña se atiende al origen de la misma y no al
comportamiento del ofensor.

Causa extraña y ausencia de culpa


La doctrina tradicional sostiene que la justificación de la causa extraña se cumple
demostrando que el evento no se ha debido a la culpa del ofensor, basta con que éste no
sea culpable para que haya causa extraña. Se identifica la causa extraña con ausencia de
culpa.

La jurisprudencia dice que para que haya causa extraña debe existir un evento o fuerza
externa, circunstancias exteriores a la cosa de que se sirve, un hecho extraño o ajeno.
Puede existir una conducta culposa del ofensor (conducir en estado de ebriedad) pero
resultar exonerado de responsabilidad por causa extraña.Si el ebrio conduce a velocidad
reducida y un peatón se lanza bajo el vehiculo habrá culpa pero no responsabilidd, ya que la
causa del daño proviene del uhn factor extraño no imputable al condcutor, no hay nexo
causal entre la culpa y el daño (art. 1319).

Caso fortuito o fuerza mayor


Caso fortuito y fuerza mayor son sinónimos, y estas expresiones son las mismas para la
responsabilidad contractual y extracontractual.

Caso fortuito como factor que incide en la relación causal. Evento imprevisible e irresistible.
Podemos decir que caso fortuito o fuerza mayor refiere a las circunstancias externas,
imprevisible o irresistibles, que eliminan o suprimen la relación de causalidad impidiendo
que el evento dañoso pueda ser atribuido al presunto ofensor.
Su consecuencia es la exoneración de responsabilidad del demandado, siempre que la
verificación de la causa extraña no le sea imputable.
Ningún acontecimiento es caso fortuito por sí mismo, son las circunstancias del caso
concreto las que determinarán si el mismo reúne los caracteres de eximente de
responsabilidad.
Se trata de un acontecimiento anormal, excepcional y extraordinario, dotado de gran
magnitud o violencia de proporciones.
Si el acontecimiento es previsible el ofensor está obligado a emplear los medios adecuados
para evitarlo.

La prueba del caso fortuito


En la actualidad se requiere la prueba positiva, consistente en la individualización precisa de
la causa que provocó el evento, excluyendo la prueba negativa (ausencia de culpa). Se trata
de una noción objetiva de la causa extraña no imputable, porque si el deudor no logra
aportar la prueba positiva, es responsable aunque ningún elemento de negligencia le sea
imputado y no puede ampararse en la ausencia de culpa.

En el ámbito de la responsabilidad subjetiva, si el demandado demuestra la ausencia de


culpa, el juicio termina con su absolución, pero no por falta de nexo causal, sino porque la
responsabilidad no puede configurarse por falta de culpa.

18
En la responsabilidad objetiva la culpa es intrascendente como criterio de imputación del
evento, pero debe analizarse el comportamiento del ofensor para determinar si la causa
extraña le es imputable. Puede el ofensor probar que actuó con la diligencia de buen padre
de familia, pero si no prueba el caso fortuito, no se libera.

El hecho de la víctima
Fundamento de la eximente: la víctima causa el daño
Cuando el comportamiento de la víctima participa en la producción del daño el ofensor
queda exonerado de responsabilidad, totalmente (si el hecho de la víctima es la única causa
del daño) o parcialmente (si en la producción del evento dañoso concurren, participando por
igual o en diversas proporciones, tanto el hecho del ofensor como el de la víctima).

El hecho de la víctima debe ser causa del daño, estar en relación de causalidad con el
evento dañoso, es necesario que el daño haya sido causado por la propia víctima ya sea
todo o en parte.

Se justifica con el art. 1319, ya que al participar la víctima en la causación del daño, el
ofensor no tiene responsabilidad alguna, sino sólo en la porción del daño que fue
consecuencia de su acto, quedando obligado a repararlo, en la parte que no lo causó su
responsabilidad no nace.

El hecho de la víctima no debe ser provocado por el ofensor


El hecho de la víctima debe estar en relación causal con el daño, ser extraño y no imputable
al ofensor, ilícito y culpable.

La culpa
Se requiere que el hecho de la víctima sea culposo, excepto cuando es la única causa del
daño, porque en este caso el supuesto ofensor será exonerado por no haber causado el
daño independientemente de si la conducta de la víctima fue o no culposa.

El hecho de la víctima ¿debe ser imprevisible o irresistible?


Si el comportamiento de la víctima es previsible y evitable en sus consecuencias dañosas
estará en culpa el ofensor porque le será posible prevenir el daño y evitarlo. Hay culpa
cuando se omite la diligencia necesaria para evitar el evento dañoso.

Determinación de la medida de la responsabilidad


Se trata de saber cual es la medida de la responsabilidad del ofensor, ya que no está
obligado a reparar el daño en su totalidad.
La responsabilidad no se divide o reparte entre dos sujetos, sino que se reduce en el único
sujeto que es responsable. Esto conduce a un cálculo porcentual, donde luego de la
evaluación total del daño, debe restarse la parte causada por el comportamiento de la
víctima.
En el art. 1331 se habla expresamente de la responsabilidad proporcional.

El hecho del tercero

19
En esta eximente un tercero es causa del daño sufrido por la víctima, vale decir que en la
producción del evento dañoso interviene un sujeto que no es el ofensor, ni alguna de las
personas por las cuales este responde (art. 1324) y por eso se lo califica como tercero.
Es necesario entonces la presencia de tres sujetos. Podrá hablarse del hecho del tercero
cuando éste concurre con el ofensor en la producción del daño y por tanto esta eximente al
igual que el hecho de la víctima, tipifica una concausa. No hay duda que el tercero debe ser
causa del daño para que pueda configurarse la eximente.

RESPONSABILIDAD POR HECHO AJENO


El art. 1324 establece que “hay obligación de reparar no sólo el daño que se causa por
hecho propio, sino también el causado por las personas que uno tiene bajo su
dependencia”.

La culpa de A se le imputa a B debido a cierta relación existente entre A y B (padre e hijo


por ejemplo), B debe hacerse cargo de la culpa de A aunque no haya intervenido en el
hecho dañoso, ni haya hecho nada para facilitar o promoverlo y aunque haya hecho todo lo
posible para prevenirlo. C, la víctima de A, tiene acción indemnizatoria contra B, fundada en
la culpa de A.

La finalidad de la responsabilidad vicaria es asegurar la reparación del daño sufrido por la


víctima, facilitando el cobro de esta manera. Cuando los sujetos que causan el daño son
personas que dificilmente pueden hacerse cargo de la reparación, la responsabilidad sería
ilusoria, frente a la insolvencia o escasa superficie patrimonial del autor del hecho ilícito
dañoso. Por eso es que la ley con el art. 1324 agrega una segunda responsabilidad a parte
de los dispuesto al 1319.

Es responsable directo o por hecho propio el que causó el acto ilícito dañoso. Es
responsable indirecto o por hecho ajeno el que tiene la obligación de reparar el daño que
causó otra persona, en este caso el sujeto no realizó la acción dañosa y su comportamiento
no transgredió deber alguno.

Naturaleza objetiva de la responsabilidad indirecta o por hecho ajeno


La responsabilidad indirecta es independiente de la culpa, estamos ante una
responsabilidad de tipo objetivo. Quién responde por hecho ajeno necesariamente responde
sin culpa, la culpa corresponde a la responsabilidad directa o por hecho propio.

La división de la responsabilidad civil en directa e indirecta está basada en la autoría del


acto dañoso.
Siendo una culpa un calificante del comportamiento del sujeto que es autor del acto dañoso,
la responsabilidad por hecho ajeno o indirecta es necesariamente objetiva, porque la autoría
recae exclusivamente en el responsable directo, cuya culpa es necesaria para que nazca la
responsabilidad indirecta.
La víctima puede elegir a cualquiera de los dos sujetos indistintamente para obtener el
resarcimiento del perjuicio sufrido: el titular de la acción común a título de culpa (art. 1319) y
por otro lado tiene una acción contra el responsable indirecto a título de garantía.

La doctrina tradicional uruguaya

20
En el art. 1324 en los incisos 2° a 5° individualiza cuatro casos de responsabilidad por
hecho de las personas que uno tiene bajo su dependencia: responsabilidad de los padres
por el hecho de sus hijos, de los tutores y curadores por el de las personas bajo su
autoridad y cuidado, de los directores de colegios y maestros artesanos por sus alumnos y
aprendices, y del empleador por el hecho de su dependiente.
En el inciso 6° se establece una presunción de culpa: “La responsabilidad de que se trata en
los casos de este artículo cesará cuando las personas en ellos mencionadas prueben que
emplearon toda la diligencia de un buen padre de familia para prevenir el daño”.

Los padres, tutores curadores etc. no son responsables por el hecho ajeno sino que
responden por el hecho propio de haber elegido mal o vigilado inadecuadamente al autor
del daño, responden por culpa in vigilando o in eligendo (Amezaga, Sanchez Fontans).

Contra esta doctrina Peirano Facio dice que si los padres, tutores, etc responden por hecho
propio, en su patrimonio debe quedar radicado el daño, pero en el art. 1326 se les otorga
acción de regreso contra las personas que de ellos dependen.

Según el criterio de Peirano Facio la responsabilidad es indirecta y toda la norma pertenece


al campo de la garantía (responsabilidad objetiva o sin culpa), pero el inciso final del 1324
consagra una presunción simple de culpa respecto de los sujetos mencionados como
responsable por el hecho ajeno, y la culpa y la responsabilidad indirecta no pueden
coincidir.

En conclusión:
Los daños causados por menores de 10 años, dementes y por la intervención de una cosa,
responden directamente por hecho propio a título de culpa sus representantes legales y el
guardián de la cosa. Estos sujetos se encuentran gravados con la presunción de la culpa y
dado el carácter directo de su responsabilidad, carecen de acción de regreso.

Cuando el daño es causado por un menor mayor de 10 años o por un dependiente, estos
son responsables directos por hecho propio a título de culpa, mientras que sus
representantes legales (padres y tutores) y el empleador, está obligado a responder por el
hecho ajeno a título de garantía (responsabilidad objetiva). No es aplicable la presunción de
culpa del inciso final del art. 1324 y dado que al indemnizar a la víctima están pagando
deuda ajena (la del responsable directo), están amparados por el art. 1326 con la acción de
regreso.

RESPONSABILIDAD POR EL HECHO DEL DEPENDIENTE


La responsabilidad del dependiente que causa culposamente un daño está regida por los
principios general del art. 1319, ya que se trata de una responsabilidad por hecho propio.
Si el responsable directo, que es el que tiene la culpa, es solvente, la responsabilidad
indirecta no tendría razón de ser, ya que se podría demandar la reparación directamente al
culpable. Pero si no está en condiciones económicas que le permitan hacerse cargo de la
obligación resarcitoria, existe un segundo deudor (responsable indirecto o por hecho ajeno),
para asegurar la reparación, siendo la responsabilidad suplementaria o adicional, un sujeto
económico que soporta el peso de la obligación resarcitoria.

21
El responsable indirecto en su calidad de garante, pasa a responder automáticamente
cuando tiene lugar el evento dañoso causado por la culpabilidad de su dependiente, pero no
es responsable porque haya violado algún deber.

EL HECHO ILÍCITO CULPOSO DEL DEPENDIENTE


Se requiere la culpa del responsable directo
La responsabilidad del dependiente se genera en base al art. 1319 y allí figura la culpa,
como criterio de imputación. El acto dañoso que es presupuesto de la responsabilidad
indirecta del principal proviene de una responsabilidad por hecho propio del responsable
directo, regida por el art. 1319 y si éste fuera solvente, no habría necesidad de una segunda
responsabilidad que lo asista.

La culpa del dependiente no se presuma


La responsabilidad del dependiente es una responsabilidad originada según el art. 1319 y
por lo tanto requiere de la prueba de la culpa.

Carga de la prueba y elementos de la responsabilidad


En la responsabilidad por hecho ajeno se requiere la responsabilidad del autor directo del
daño, es necesario que el empleado incurra en responsabilidad civil extracontractual y que
reúna todas las condiciones requeridas por el art. 1319. Las eximentes que podrán ser
invocadas son las generales: culpa de la víctima, hecho de tercero, caso fortuito o fuerza
mayor, que no pueden invocarse respecto del responsable indirecto.

Elementos constitutivos de la responsabilidad por hecho ajeno:


1. Un delito o cuasidelito cometido por el responsable directo
2. Relación de empleo calificada porque el hecho del dependiente tiene que pertenecer
al servicio
La carga de la prueba de estos elementos corresponde la víctima y cuando la prueba se
produce el responsable indirecto no tiene posibilidad de exonerar, y que están acreditados
los extremos que ponen en juego su calidad de garante.

EJERCICIO Y ABUSO DE LAS FUNCIONES


El acto abusivo no es un acto independiente o ajeno a la función, puesto que el empleado
está utilizando las funciones para sus fines personales.
Si el empleador responde porque utiliza al empleado ya que si no le hubiera conferido el
encargo el daño no se habría producido el criterio extensivo que abarca el abuso consulta
adecuadamente la relación de causalidad.
El empleador es responsable porque los actos, aunque sean dolosos o motivados en los
intereses particulares del dependiente, permanecen siempre vinculados a las funciones.
El empleador responde por el ejercicio imperfecto de la función, con mayor razón debe
responder por la actividad dolosa, siendo el dolo una imperfección más grave.
No hay ejercicio de las funciones, ya que el empleador no le dio al empleado la tarea de
estafar, pero para el tercero víctima, el distingo es por completo indiferente, porque sufre el
daño ya sea por culpa o por dolo.

22
RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES, TUTORES Y CURADORES
En el art. 1320 se establece expresamente que no son capaces de delito o cuasidelito los
menores de 10 años ni los dementes, pero serán responsable del daño causado por ellos
las personas a cuyo cargo estén.
Consagra la responsabilidad del sujeto que tiene a su cargo un incapaz, y explicita su
fundamento en la culpa in vigilando del guardador.

El art. 1324 legisla sobre la misma materia e incluye como responsables a los padres,
tutores y curadores, presumiendo la culpa de ellos (a diferencia del art. 1320)
Se trata de una responsabilidad por hecho propio o directa, puesto que el incapaz no es
imputable, y solo es autor material o físico del daño, al no poder ser responsabilizado el
menor, queda excluida la responsabilidad por hecho ajeno del guardián, que lo hace
directamente o por hecho propio. La responsabilidad en cuestión tiene por fundamento la
culpa.
art. 1320 art. 1324

Materia Responsabilidad x hecho incapaz Responsabilidad x hecho incapaz

Sujetos aludidos quienes tengan a cargo a Padres, tutores y curadores


incapaz

Requisitos No los hay Padres por hijos bajo su potestad y vivan en su


especiales compañía
Tutores y curadores por pupilos y dementes que
vivan bajo su autoridad o cuidado
El art. 1320 es la norma general, que establece el principio de la responsabilidad del
vigilante del incapaz, y lo hace regir por las reglas del derecho común, de la culpa a
probarse por la víctima.
Por el contrario, el art. 1324 es la norma especial, ya que contempla sólo a los
representantes legales e incluye la presunción de la culpa, y condiciona su aplicación a
determinados requisitos y limitan la esfera de aplicación de la regla.
El art. 1320 incluye a todo guardián o cuidador de un incapaz, con la excepción de aquellos
que concretamente están incluidos en el art. 1324.

art. 1320 (norma general) art. 1324 (norma especial)

Todos quienes tiene bajo su vigilancia a un Padres, tutores y curadores que cumplan
incapaz las condiciones del artículo

Culpa probada Culpa presumida

El art. 1324
En el inciso final establece una presunción de culpa respecto de los sujetos enumerados
(padres, tutores y curadores).

23
A su vez el 1326 otorga acción de regreso a aquellos sujetos del 1324 que indemnizaron a
la víctima por el daño causado por las personas que de ellos dependen, la repetición solo se
concibe en los casos de responsabilidad por hecho ajeno
Como ambas normas refieren a los mismos sujetos, deben existir entre ellos responsables
por hecho propio (a quienes se aplica la presunción de culpa) y por hecho ajeno (que serán
titulares de la acción de regreso).

Si el autor material del daño es un menor de 10 años, incapaz, la responsabilidad del padre
o tutor será por hecho propio, ya que no existe un responsable directo imputable que pueda
fundar una responsabilidad por hecho ajeno. El padre/tutor estará gravado con la
presunción de culpa y carecerán de acción de regreso contra el menor. La culpa de menor
no es un elemento constitutivo, ya que la ley presume la culpa del padre o tutor, que puede
destruir si acredita que actuó con la diligencia del buen padre de familia para prevenir el
daño.

Cuando el menor ha alcanzado los 10 años, el 1320 dispone que es un sujeto capaz y será
responsable directo del daño causado, pero el art. 1324 adiciona otro responsable, que sólo
responde por tener la calidad de padre o tutor, con independencia de su comportamiento,
así que no se concibe la presunción de culpa a su respecto y las fórmulas de culpa son
inaplicables. En este caso padres/tutores son responsables por hecho ajeno.

Condiciones de la responsabilidad

Padres
Menor bajo patria potestad
Respecto a los padres, es necesario que el daño está causado por el hecho de un menor
bajo patria potestad. Además de la responsabilidad de los padres, dicho evento puede
comprometer la responsabilidad del propio menor, si éste es imputable.
Cuando las condiciones de la responsabilidad de los padres por aplicación del art. 1324 no
se encuentren reunidas, es posible demandarlos por el 1319 en cuyo caso se deberá
aportar la prueba de la culpa.

Cohabitación
Además de requerir que el daño sea ocasionado por menores que estén bajo patria
potestad, se exige que vivan en compañía de los padres. Si el menor no vive con los padres
cuando realiza el evento dañoso, no se configura una responsabilidad de aquellos por el
régimen del art. 1324.

La culpa del menor


Cuando el menor no es capaz, no puede incurrir en culpa y sin embargo los padres son
responsables directamente del hecho propio por los daños que cause. A esta especie se
aplica el inciso final del art. 1324, se presume la culpa de los padres, los cuales pueden

24
demostrar que la presunción no se ajusta a la realidad, acreditando que no hubo culpa de
su parte y que emplearon la diligencia de buen padre de familia.

En cambio cuando el menor es capaz no es suficiente un daño causado por el menor, es


necesario además que sea causado por culpa, y los padres no podrán exonerarse alegando
que su comportamiento fue el adecuado, ya que la responsabilidad de los padres consagra
la garantía, responden por hecho ajeno y a título de culpa.

Tutores y curadores
Los tutores y curadores responden porque tienen a su cuidado a incapaces (menores de 10
años y dementes) o menores que si bien son imputables (mayores de 10 años) todavía no
alcanzaron la mayoría de edad.
El curador responde por hecho propio ya que el incapaz (demente) que está a su cargo
nunca es responsable. La responsabilidad del tutor coincide con la de los padres. Puede
configurarse tanto por hecho propio como por hecho ajeno, según que el menor bajo tutela
sea incapaz o capaz.

RESPONSABILIDAD POR EL HECHO DE LAS COSAS


El art. 1324 sugiere una tripartición, hay obligación de reparar no solo el daño que se causa
1) por hecho propio, sino también el causado 2) por el hecho de las personas que uno tiene
bajo su dependencia o 3) por las cosas de que uno se sirve o están a su cuidado.

La responsabilidad por el hecho de las cosas es una especie (subtipo) de la responsabilidad


del hecho propio, ya que no puede tratarse de una responsabilidad de hecho ajeno, ya que
las cosas no incurren en hechos ilícitos.
La responsabilidad es siempre por el hecho del hombre o hecho personal. La
responsabilidad por el hecho de las cosas es directa o por el hecho propio, singularizada
por la intervención de una cosa en el evento dañoso y presume la culpa (art. 1324 inc. final).

Las cosas, aunque gozando de existencia objetiva autónoma, se encuentran siempre en


relación con la persona que las mueve, dirige o gobierna, la actividad de las cosas no puede
separarse de la actividad de la persona que tiene el dominio, posesión o custodia.

La responsabilidad por el hecho de las cosas es una responsabilidad subjetiva, fundada en


la culpa.

Respecto a la guarda material: el guardián de la cosa es aquel que tiene un poder efectivo
de control y dirección de la cosa, independientemente del vínculo jurídico que lo liga a la
misma.
Guardián es el sujeto que tiene la cosa a su cuidado, o se sirve de ella, y por tanto el
responsable del daño que con ella se produzca.

EL HECHO DE LA COSA

Responsabilidad por hecho propio


En la responsabilidad civil el hecho no puede ser sino personal, en cuanto es siempre el
resultado del obrar de una persona. Hablar de hecho personal supone postural que además
de éste, existe un hecho de la cosa. Si no es posible el hecho de la cosa, el único hecho

25
que puede concebirse dentro de un sistema de responsabilidad civil, es el del hombre, ya
que el hecho de las fuerzas naturales es ajeno a la responsabilidad civil.

El hecho de las cosas no es más que una especie de la responsabilidad por el hecho
propio. Es parte de la responsabilidad directa aunque configura una especie dentro de ella,
caracterizada por la intervención de una cosa en el evento dañoso.

LA RELACIÓN DE CAUSALIDAD Y LA CARGA DE LA PRUEBA

Carga de la prueba del actor


Para que se aplique el art. 1324 se requiere que una cosa intervenga en la producción del
daño. Basta que la cosa participe o intervenga en el evento dañoso para que exista
responsabilidad regida por el art. 1324.
La intervención de la cosa es comprobable en caso de contacto material entre ella y el
asiento del daño. El daño resulte imputable automáticamente al guardián de la cosa en
cuestión.

Presunción de culpa
La víctima no está obligada a probar ni la culpa ni la relación de causalidad. Podemos
probar la culpa derivada de la conducta del guardián, si este fue negligente ya que no vigiló
el objeto como hubiera debido para evitar el daño, la culpa será del guardián.
La responsabilidad cesará cuando el guardián pruebe que empleó toda la diligencia del
buen padre de familia para prevenir el daño.

Presunción de la relación de causalidad


De la presunción de culpa debe deducirse la presunción de causalidad, ya que es por la
omisión o negligencia del guardián, si este hubiera cumplido con su vigilancia, el daño no se
habría producido. Entonces se presume que la negligencia es del guardián.
Si se destruye la presunción de culpa también cae la presunción de causalidad.

Prueba de descargo del guardián


La ausencia de culpa y la causa extraña
El guardián puede exonerarse por causa extraña o demostrando la ausencia de culpa,
mediante la prueba de haber actuado con la diligencia del buen padre de familia para
prevenir el daño.

La relación de causalidad en la responsabilidad por el hecho de las cosas


Contacto material entre la cosa y el asiento del daño. Cosas en movimiento y cosas inertes
Si la cosa se encuentra inerte o pasiva en el momento del accidente rige el art. 1324, ya que
interviene la cosa en la producción del daño, aun cuando no se encuentre en movimiento.
Se deberá probar por ejemplo que el automóvil detenido que fue chocado se encontraba
mal estacionado. El damnificado tiene la carga de probar el comportamiento anormal de la
cosa (haciendo regir el 1319).

El art. 1324 se aplica a las cosas inertes. Vigencia de las presunciones


Cuando se habla del comportamiento pasivo de la cosa, estamos en situaciones respecto
de las cuales ya han formulado de antemano un juicio que establece la ausencia de culpa

26
del guardián, lo que significa que la presunción de culpa del art. 1324 quedó enervada y es
como consecuencia culpa de la víctima.

FUNDAMENTO DE LA RESPONSABILIDAD POR EL HECHO DE LAS COSAS

La culpa
La presunción de la culpa en el art. 1324
La presunción de la culpa surge del inciso final, cuando previene que la responsabilidad
cesará en caso de probarse la diligencia del buen padre de familia. La prueba de la
diligencia del buen padre de familia coincide con la prueba de la ausencia de culpa, ya que
es la falta de debido cuidado o diligencia y esta diligencia exigida es la de un buen padre de
familia.

La solución legal trata de proteger a la víctima, liberándola de las dificultades probatorias de


la culpa.

Relaciones entre el fundamento de la responsabilidad por el hecho de las cosas y la


determinación del guardián
El guardián tiene el deber de vigilar las cosas de que se sirve o están a su cuidado para
prevenir daños a terceros. El sujeto que es guardián, o sea tiene la cosa bajo su mando y
está en condiciones de vigilarla, entonces es posible presumir la culpa ya que se puede
presumir que omitió vigilarla con la diligencia debida.

DETERMINACIÓN DEL GUARDIÁN

Concepto de guarda
Denominamos guardián al sujeto gravado por la obligación indemnizatoria, o sea el
responsable por el hecho de las cosas. Es aquel que se sirve de la cosa o la tiene a su
cuidado.

La tenencia o relación con la cosa


Que el sujeto se sirva de la cosa y la tenga a su cuidado indica que tiene una relación con la
cosa, sin la cual no puede haber guarda. Cuando una cosa participa en el accidente, hay
que determinar quién es el guardián de la misma y para saberlo es menester establecer la
relación sujeto cosa.

El cuidado de la cosa es particularizado en el deber de vigilancia para prevenir el daño a


terceros, el elemento esencial del concepto. La noción de guarda logra concretarse en el
deber de cuidar o vigilar, particularizado en prevenir el daño a terceros.

La noción de cuidado se vincula a la propia denominación de guardián (guardar es cuidar).


Guardián es aquel que está encargado de vigilar la cosa, pero no para conservarla a fin de
evitar que la misma sufra daños, sino para proteger a los terceros.

Poder - deber
La noción de deber figura en el inc. 6° del art. 1324, mientras que el poder está incorporado
en el inc. 1° porque son situaciones de poder las que menciona el precepto (mando,

27
señorío, gobierno), quien se sirve de la cosa o la tiene a su cuidado goza de un poder sobre
la cosa.

Guarda jurídica y guarda material


En la guarda jurídica, se determinaba el guardián teniendo en cuenta el poder, ya que se
suponía que este debía ser titular de un derecho (poder jurídico) con relación a la cosa. El
propietario era guardián y para transferir la guarda debía celebrar un contrato, siendo el
nuevo guardián un guardián jurídico.

El poder de hecho, no originado por una situación jurídica, también sirve para calificar al
guardián, en este caso hablamos de guarda material. Lo que califica al guardián como tal es
el poder de vigilancia, sin interesar si es un poder de derecho (como el del propietario) o de
hecho como el ladrón).

Hay una sola guarda (ni jurídica, ni material), porque guardián es el que detenta el poder, y
éste puede ser tanto de hecho como de derecho, para ser guardián no es requisito
indispensable tener un poder proveniente de un derecho, basta que sea un poder aunque
no sea emanado de una situación jurídica legítima.

Poder autónomo
Para que exista un guardián este alguien además de tener un poder sobre la cosa, este
poder debe ser autónomo o independiente.
No es así cuando el que está en relación con la cosa se encuentra sometido a órdenes que
le imparte otro sujeto, siendo este el guardián.

La regla se funda en la necesidad de que el responsable tenga libertad, pues no hay


responsabilidad sin libertad.

El dependiente no es guardián
El dependiente carece de un poder autónomo ya que se encuentra sometido a la autoridad
de su empleador y esta subordinación le impide ejercer el control y dirección que
caracterizan al guardián.

La doctrina de Van Rompaey


Privilegia el poder de hecho, siendo este el núcleo de la noción de guarda, y rechaza la
exigencia de que el guardián debe tener un poder independiente y autónomo. El argumento
central es que apela a la culpa.
En el momento de producirse el hecho lesivo el conductor es quien tiene un poder efectivo y
el empleador está alejado, no teniendo posibilidad de evitar el daño y quien se sirve de la
cosa es el dependiente que manipula la cosa y la tiene a su cuidado, por lo tanto este será
el guardián.

Guarda del dependiente y autonomía del poder


Van Rompaey privilegia el poder de hecho y rechaza que la independencia o autonomía sea
un atributo necesario del concepto de guarda.
Si simplificamos el concepto de guarda y lo equiparamos al tenedor con el guardián,
muchas controversias desaparecerían.

28
La simple relación o contacto físico resulta insuficiente, ya que la guarda subsiste aunque el
sujeto pierda contacto material con la cosa y la necesidad del poder autónomo surge en la
lección de manejo de automóvil por ejemplo, donde el aprendiz no es guardián a pesar de
ser el aprehensor físico de la cosa y materialmente quien la gobierna.

La independencia es un elemento necesario porque los poderes que caracterizan la guarda


no forman un bloque indivisible ni se transmite a veces completamente por lo que es posible
encontrar dos sujetos que los ejercen simultáneamente sobre la misma cosa, como sucede
con el comodato cuando el dueño impone restricciones y en la cesión de volante en la cual
otro pasajero asume transitoriamente la conducción del rodado, el propietario no le
transfiere la guarda sino una parte de los poderes que la caracterizan. El conductor
ocasional adquiere un poder en sentido material, para ser guardián le falta la dirección o
poder en sentido intelectual.

Cuando el patrón le entrega el vehículo al dependiente le transfiere una serie de poderes


sobre el mismo, pero no todos, por tanto hay dos sujetos que tienen parte de los poderes
que identifican al guardián, pero uno solo puede ostentar esa calidad y en ese sentido debe
elegirse al patrón ya que siendo él el guardián original, no se desprende de la guarda hasta
que no la transfiere íntegramente al otro sujeto.

La protección de la víctima
En caso de considerarse guardián al dependiente, éste resultará gravado con la presunción
de culpa del inciso final del 1324 y por ende la víctima resultará favorecida ya que podrá
alcanzar la responsabilidad de la empresa sin necesidad de probar la culpa del
dependiente. Pero si nos ubicamos en la responsabilidad por el hecho de las cosas, la
víctima sale perjudicada porque el responsable será el dependiente y no la empresa.

GUARDA DE LA ESTRUCTURA Y GUARDA DEL COMPORTAMIENTO


La tesis de la división de la guarda
Esta tesis postula la presencia de dos guardas distintas respecto de la misma cosa. Por una
parte, un guardián de la estructura o composición interna de la cosa (zona donde radican
los vicios ocultos), la guarda que le corresponde al propietario, fabricante, encargando de
mantenimiento, y por otro lado, la guarda del comportamiento, a cargo del tenedor de la
misma cosa.

Aplicación al Código Civil


El desdoblamiento de la guarda en nuestro sistema se basa en la culpa, ratificando los
principios generales. Cuando se vincula la guarda con la prevenciòn del daño, la
consecuencia es la disociación de la guarda. Si guardiàn es el que puede prevenir el daño,
el guardián del comportamiento en cuanto a la estructura no es guardián y viceversa.
Esto se debe complementar con el deber de vigilancia impuesto al guardián para prevenir el
daño según la diligencia del buen padre de familia.

Doctrina y jurisprudencia nacionales


La división de la guarda fue aceptada en los últimos tiempos, tanto en jurisprudencia como
doctrina.

29
En el caso de arrendamiento de un automóvil por ejemplo, la guarda de la estructura está a
cargo de la empresa arrendadora y la guarda del comportamiento a cargo del conductor.

En doctrina, Van Rompaey atribuye la guarda de la estructura al empleador y al


dependiente la de comportamiento. Szafir-Venturini postulan la responsabilidad del
fabricante en tanto que guardián de la estructura al encarar la responsabilidad por el hecho
de las cosas originada en la utilización de material defectuoso o medicamentos nocivos. En
edificio en ruina el guardián de la estructura sería el arquitecto o empresario.

Fabricante o productor
La producción en masa origina la venta en cadena, donde entre el fabricante y el adquirente
final se interponen los intermediarios.
El productor entonces tiene la responsabilidad por la circulación de mercaderías
defectuosas que puedan dañar a los adquirentes o terceros, debe decidirse qué sujeto es el
responsable de los perjuicios, si el productor o el intermediario.

Cuando el productor vende directamente el biden al consumidor, es responsabilidad


contractual basada en el inc. 3º del art. 1719 que equipara al vendedor que conoce el vicio y
responde de todos los daños a aquel que debiese conocer el vicio en razón de su oficio o
arte. El art. 1721 fija la plena reparación del daño si el vendedor debía conocer los vicios
ocultos.
Pero el fabricante debe asumir la responsabilidad aunque ignore el vicio ya que asume una
garantía (la obligación de resarcir el daño) por los perjuicios de la cosa viciosa o defectuosa.
Su condición de fabricante le impone la garantía de entregar al mercado productos sin
defectos y si estos adolecen vicios es responsable, más allá de si su comportamiento fue
negligente o no.

No tiene sentido sostener que el fabricante asume una garantía por los daños que causan
sus productos defectuosos sólo cuando él los vende directamente al consumidor y no
cuando utiliza un intermediario, ya que la venta en cadena está impuesta en su interés.
Tampoco se puede pretender que solo los compradores gocen de la protección de una
responsabilidad objetiva y no los terceros, ya que cuando el producto circula sólo el azar
determinará la incidencia del daño. La responsabilidad no varía ya que es el fabricante el
que lleva el proceso de la confección del producto y no lo hace en atención a los sujetos
que pueden resultar víctimas de sus deficiencias. El fabricante responde objetivamente ya
que asume la paternidad del producto.

La jurisprudencia acepta esta doctrina al resolver que el fabricante asume una garantía por
los perjuicios que pueda causar la cosa viciada o defectuosa, responsabilidad de naturaleza
objetiva (arts. 1719 y 1721), tanto en la responsabilidad contractual como en la
extracontractual.

Responsabilidad del proveedor en la ley nº 17250


El art. 34 de esta ley confirma la solución basada en los arts. 1719 y 1721. La
responsabilidad sigue siendo de naturaleza objetiva y los terceros damnificados van a ser
amparados igualmente sea la responsabilidad contractual o aquiliana.

30
No se modifica el art. 1324 sino que un sector de la responsabilidad por el hecho de las
cosas que es sustraído al código civil pasa a ser regulado por la ley, donde el fabricante no
responderá como guardián ni como garante, sino que será el proveedor por el art. 34.
En las relaciones de consumo cuando el daño es causado por el riesgo o vicio de la cosa,
quien responde es el que fabricó el producto en el sentido que se le da a fabricar en el art.
3.
Es necesario que el vicio o peligro provenga de actividades de producción, creación,
construcción, transformación montaje, importación, distribución y comercialización de
productos o servicios en una relación de consumo.

La ley aumenta el número de responsables, ya que proveedor es todo integrante de la


cadena de fabricación, aunque el comerciante y el distribuidor únicamente responderán
cuando el
importador o fabricante no puedan ser identificados.

PRUEBA Y TRANSFERENCIA DE LA GUARDA


La jurisprudencia en general reputa que el propietario tiene la guarda de la cosa, ya que por
lo común el propietario el propietario es titular de los poderes que definen al guardián, es
quien normalmente se sirve de la cosa y la tiene a su cuidado.
Aún así la responsabilidad por el hecho de las cosas no es una carga de la propiedad y el
guardián puede ser otra persona que no sea el dueño. No se responde por ser propietario,
sino por ser guardián, pero es válida la presunción de guarda respecto al dueño.
La víctima que tiene dificultades para individualizar al guardián puede demandar al
propietario ya que es quien se presume guardián, y si este busca excepcionarse puede
indicar cual es el verdadero guardián.

Reglas generales que rigen la carga de la prueba


Incumbe a la víctima la carga de probar quien es el guardián, debe acreditar que la persona
contra la que acciona era guardián de la cosa incriminada en el momento de producirse el
daño, se trata de una aplicación del principio de que la carga de la prueba de los elementos
constitutivos del crédito corresponden al actor.

Puede accionar contra el dueño y será suficiente acreditar que éste es el propietario, porque
está dispensado de probar que dicho sujeto era el guardián ya que opera la presunción. El
demandado puede librarse acreditando que había perdido la guarda, voluntaria o
involuntariamente.

La víctima puede accionar directamente contra un no propietario, a quien aparentemente


corresponde la guarda de la cosa. Aquí no rige presunción alguna y la designación del
guardián debe hacerse directamente a través de la constatación precisa de que el sujeto no
propietario era el titular efectivo de los poderes de la guarda.

La víctima puede optar entre accionar contra el propietario o contra el tercero. Si acciona
contra el dueño lo ampara la presunción, que obliga al propietario a demostrar que este
perdió la guarda si fuera el caso.
Cuando la situación es demostrativa de que la guarda pertenecía a un tercero, la demanda
contra el dueño no corresponde aunque siempre convendrá demandar a todos los posibles
guardianes.

31
La guarda es alternativa y no acumulativa. Guarda compartida. Guarda dividida
No es posible que existan varios guardianes simultáneos de una misma cosa, debe
apreciarse la calidad de guardián en el momento preciso en el que se produce el evento
dañoso, ya que el responsable será ese.
Se afirma que la guarda es alternativa y no acumulativa, por eso la designación de un sujeto
como guardián excluye a todos los otros.
Cuando existan dos sujetos que son simultáneamente titulares de poderes distintos sobre la
misma cosa, la calidad de guardián corresponde al sujeto que sea titular independiente de
los poderes de vigilancia, dirección y custodia al tiempo del evento dañoso.
La independencia en el ejercicio de los poderes determinar que la guarda deba ser
alternativa. Una sola persona será la que ejerce con independencia los poderes de uso y
control.

Por excepción puede hablarse de una guarda acumulativa o compartida en la cual varios
sujetos asumen simultáneamente y no sucesivamente, la calidad de guardianes de una
misma cosa, para ello es menester que los poderes sean idénticos, por ejemplo en la
copropiedad.

Pérdida o transferencia de la guarda


En ambas hay pérdida de la guarda, ya que el primitivo guardián cesa de serlo, tanto
cuando es privado de la guarda contra su voluntad (por ej usurpación de la cosa por un
tercero) como cuando lo hace voluntariamente (por ej, celebra un negocio jurídico).
En el primer caso el guardián es privado de la guarda de manera ilegal mientras que en la
segunda la transferencia opera en virtud de un contrato pactado.

Pérdida culpable involuntaria e imposibilidad de transferencia de la guarda


Frustración de la acción resarcitoria en caso de insolvencia
La pacífica aceptación del concepto de guarda material (guardián es quien ejerce un poder
independiente, de control, dirección y vigilancia sobre la cosa en el momento del daño) trae
problemas cuando la guarda se pierde involuntariamente, que en la mayoría de los casos se
entiende que el propietario al haber perdido la guarda no es responsable por el hecho de las
cosas.

Acción basada en el art. 1319


La única vía que le queda a la víctima es el art. 1319, no invocando la responsabilidad del
dueño por el daño causado por las cosas que se sirve o están a su cuidado (1324) sino
alegando que hubo culpa del dueño y que ese comportamiento culposo es el causante del
daño.
Se dan dos obstáculos para esto que son probar la culpa y el nexo causal. La causa no es
la culpa del propietario, sino el comportamiento del usuario del vehículo.

Nulidad o imposibilidad de la transferencia voluntaria de la guarda


Si la guarda es transferida a un sujeto que está en condiciones de hacerse cargo de la
misma, en principio la responsabilidad del propietario queda excluida, pero la situación es

32
distinta cuando el que recibe la cosa no tiene esas cualidades, entonces la responsabilidad
es del propietario, debido a que existe culpa por la elección del guardián al que transfirió el
cuidado de la cosa.
Esta concepción mantiene la responsabilidad del guardián originario por el art. 1319 y del
nuevo por el art. 1324, entonces existen dos responsables, que serán responsables
proporcionalmente por un mismo daño (art. 1331).

La transferencia de la guarda no es jurìdicamente admisible en estos casos, ya que


respecto de cualquier objeto la ley prescribe que debe existir un guardián que asuma los
deberes de vigilancia. Cuando un sujeto tiene la calidad de guardián es imposible por un
acto voluntario dejar de serlo traspasando la guarda a quien no tiene aptitud para asumir
esos deberes.
El deber de guarda se incumple cuando se entrega la cosa a un sujeto que es incapaz de
vigilarla, por eso se entiende la nulidad de la transferencia convencional de la guarda si hay
culp del guardián, por lo tanto el propietario continúa respondiendo como guardián tanto por
vía 1324 o 1319.

El nuevo guardián tiene poderes de dirección y de control sobre la cosa pero no tiene la
calidad de tal ya que la guarda no pudo traspasarse por inhabilidad del nuevo sujeto.

LA RESPONSABILIDAD SOLIDARIA

La responsabilidad del guardián y del sujeto que con la cosa a cuidado de éste causa un
daño
En el caso de pérdida o transferencia culpable de la guarda, son responsables tanto el
guardián originario que conserva su condición como tal, como el conductor del vehículo que
causó el daño. El guardián originario responde por el art. 1324 y el segundo por el 1319 por
haber dañado ilìcita y culposamente a un tercero.

Pero el art. 1331 dispone que cuando dos sujetos son autores de un mismo daño responden
proporcionalmente según la incidencia causal que su conducta haya tenido en la producción
del evento dañoso.

Podemos rechazar la aplicación del art. 1331 ya que se basa en la causalidad materia, en la
autoría del daño y en la pluralidad de sus autores, se requiere de causación múltiple
(pluralidad de causas) pero el guardián no ha cometido el hecho dañoso es un responsable
indirecto, ya que es consecuencia del comportamiento de otro sujeto, el conductor del
vehículo.
Los que responden al art. 1331 son los autores del daño causado y el guardián propietario
no lo es.

En segundo lugar, si se entendiera que no es posible postular la calidad de responsable


indirecto del guardián ya que la responsabilidad por el hecho de las cosas es de carácter
directo, este podría invocar la exoneración de responsabilidad por hecho de tercero (el
conductor del vehículo), pero esta no resulta posible cuando la pérdida o transferencia del
dominio de la cosa hacia el tercero se produjo por culpa del guardián, y en este caso resulta
de aplicación el art. 1322, que dispone que el caso fortuito (en este caso el del hecho del

33
tercero) exonera de responsabilidad siempre que quien lo invoca no haya dado causa al
mismo, y en este caso no cabe duda que el hecho del tercero tiene origen la culpa del
guardián.

La solidaridad
No rige en estos casos el concepto de fuente de solidaridad convencional que se asimila al
título de donde surge la obligación. Se descarta el nacimiento de la obligación por acuerdo
de voluntades, estamos ante el dominio de la solidaridad legal por lo que es necesario
determinar la causa de la boligaciòn en la responsabilidad aquiliana.
En las obligaciones que nacen de fuente extracontractual no podrá hablarse de
contraprestación, ya que no existe un interés unitario de los deudores de favorecer al
dañado ni en ser gravados por una responsabilidad solidaria.

La obligación in solidum
Van Rompaey afirma que es necesario que se den dos requisitos para poder aplicar el art.
1331 de manera restrictiva: a) la unidad del hecho y b) la identidad de fuente o título de la
obligación resarcitoria.
En el caso del guardián (que conserva esa calidad a pesar de que un tercero conduce el
vehículo) existen dos hechos ilícitos y dos títulos distintos de responsabilidad. La fuente o
título de responsabilidad del guardián se ubica en el art. 1324, mientras que la del autor
material se encuentra en el art. 1319, por lo que el art. 1331 resulta inaplicable en la
especie.

Como la responsabilidad de ambos sujetos tiene una causa o fuente jurìdica diversa no
surge una sola obligación, sino que son dos independiente una de otra, la víctima tiene
frente así dos sujetos que responden por el 100% (in solidum) aunque ambas son conexas
o convergentes porque surgen del mismo evento dañoso.

Van Rompaey adhiere al argumento de Gamarra de que no es posible al guardián invocar el


hecho de tercero como excusa exoneratoria ya que esta eximente requiere que el mismo no
sea provocado por el responsable lo que aquí no sucede, puesto que es la culpa del
demandado la que ocasiona el hecho del tercero

Crítica a la obligación in solidum


La diversidad de significados que tiene el concepto de hecho ilìcito dificulta la comprensión
del requisito de unidad de hecho ilìcito, y aún así no se percibe cuál es la influencia que
tiene en la aplicación del art. 1331.

Además, la causa título o fuente jurídica de la obligación indemnizatoria que grava al


guardián y al conductor es diversa porque el asiento jurídico de la responsabilidad es
diverso para cada no (1324 para el guardián y 1319 para el conductor).
El asiento jurídico de la responsabilidad permite identificar a los sujetos pasivos de la
obligación (el guardián lo será porque así lo dispone el art. 1324 y el conductor por reunirse
los requisitos del 1319) pero la causa o fuente de esa obligación reside en el daño causado
a la víctima y si este es único se tratara de una obligación mancomunada (art. 1338) y no de
una pluralidad de obligaciones independientes.
Si antes de que se produzca el daño no existe vinculación entre el guardián y el conductor
por un lado y la víctima por otro, una vez producido este los primeros se volverán deudores

34
del segundo en virtud del nacimiento de la obligación indemnizatoria, la causa o fuente de
ésta no puede ser otra que el hecho del daño.
El propio 1331 dispone la responsabilidad proporcional de sus autores cuando el daño
proviene de cuasidelito.
Tanto la responsabilidad del guardián como la del conductor es una responsabilidad
subjetiva fundada en la culpa, es más nadie discute la responsabilidad por el hecho de las
cosas es un subtipo de la responsabilidad por hecho propio, ambas se imputan a título de
culpa, por lo que el distingo no tiene lugar.

RESPONSABILIDADES ESPECIALES POR EL HECHO DE LAS COSAS

Daños causados por animales


El art. 1324 consagra un principio aplicable a todos los casos en que participa una cosa en
la producción del daño, pero además de ello precisa las notas del concepto de guarda (es
guardián quien se sirve de la cosa o la tiene a su cuidado), sienta en forma expresa el
fundamento de la responsabilidad en la culpa y disciplina la distribución de la carga de la
prueba mediante una presunción de la culpa.

Debemos correlacionar de manera armónica el art. 1324 con los arts 1328 y 1329
(responsabilidad por el hecho de los animales).
La responsabilidad por el hecho del animal es una aplicación particular del principio general
de la responsabilidad por el hecho de las cosas, así que no se independiza del art. 1324.

La culpa se presume también en el art. 1328 y los animales son cosas también
comprendidas en el art. 1324 así que puede aplicarse el régimen particular en tanto no se
disponga lo contrario. Pero en la responsabilidad por el hecho del animal feroz (art. 1329)
está asentada en un fundamento que no es la culpa y se rige por normas probatorias
diferentes, así que esto prima por el régimen general.

En el sistema uruguayo se hace una distinción entre el animal feroz (art. 1329) de los que
no lo son (art. 1328). El art. 1328 reitera las reglas generales de la responsabilidad por el
hecho de las cosas a tal punto que este art. podría suprimirse sin que nada se altere. Donde
la ley se aparta del fundamento que inspira la responsabilidad por el hecho de las cosas es
en el art. 1329, ya que es una responsabilidad de naturaleza subjetiva en vez de ser
objetiva basada en el riesgo (art. 1324).

Determinación del guardián

35
Las expresiones “el dueño del animal es responsable” y “toda persona que se sirva de
animal ajeno” coinciden con quien tiene la cosa a su cuidado del art. 1324.
No es la circunstancia de servirse de la cosa lo que genera la responsabilidad, el que se
sirve de la cosa es guardián porque tiene la cosa a su cuidado, dado que la utilizaciòn
impone el deber de vigilancia o cuidado. Guardián es quien tiene poder de gobierno, control
y mando respecto de la cosa y este poder corresponde al sujeto que puede vigilarla.

La guarda en la responsabilidad por el hecho del animal es la misma que la del art. 1324
inc. 1. La guarda subsiste aunque el animal se escape o extravíe porque la guarda y
tenencia no se identifican, y la pérdida transitoria de contacto con la cosa no extingue la
guarda. El art. 1328 exonera la responsabilidad si la soltura, extravío o daño no pueda
imputarse a culpa del dueño o de sus dependientes, se reitera lo dicho en el art. 1324 que la
prueba de la ausencia de culpa libera al guardián. En el caso del animal feroz la
responsabilidad es objetiva y el guardián responde aunque el animal se hubiera soltado sin
culpa.

Acción de repetición del guardián no-propietario contra el dueño cuando el daño proviene de
un vicio del animal
Si el daño proviene de un vicio del animal que el dueño debía conocer o prevenir y del que
no le dio conocimiento al que se sirve de la cosa, el guardián que indemnizar al tercero
víctima puede repetir contra el propietario para recuperar lo pagado.
Lo que se dispone respecto del dueño es aplicable al que se sirva de un animal ajeno, el
principio es que este se exonera de culpa cuando el daño no pueda impotarse a su culpa.La
hipotesis de acción de regreso está ptrevista en el sentido de que al no conocer el vicio, el
que se sirve no ha podido interponerlo como defensa y responta condenado (si lo conoció
entre el evento y el juicio lo opondrá y resultará exonerado).

Responsabilidad por el daño causado por un animal feroz (art. 1329)


Animal feroz es aquel que por sus instintos es peligroso para el hombre. Con la ley 16.088
se introdujo el concepto de animal salvaje y se da una definición en el derecho positivo de
animal feroz que son aquellos que no son ordinariamente domesticables o son peligrosos
para los humanos por su agresividad.

El art. 1329 consagra la teoría del riesgo en cuanto al peligro potencial de daño que entraña
la tenencia de este tipo de cosas. El guardián responde aunque no le hubiese sido posible
evitar el daño y aunque el animal se hubiese soltado sin culpa. Es una responsabilidad
objetiva.

RESPONSABILIDAD POR EL HECHO DE UNA COSA QUE CAE O SE ARROJA DE LA


PARTE SUPERIOR DE UN EDIFICIO

La responsabilidad colectiva

1330. El daño causado por una cosa que cae o se arroja de la parte superior de un edificio,
es imputable a todos los que habitan la misma parte del edificio y la indemnización se

36
dividirá entre todos ellos, a menos que se pruebe que el daño se debe a la culpa o dolo de
alguna persona exclusivamente, en cuyo caso será responsable ésta sola.

Forma parte de la responsabilidad por el hecho de las cosas entonces es el guardián, pero
aquí estamos en una hipótesis que no existe determinación de ese sujeto.

Se da una situación de incertidumbre ya que pueden ser guardianes hipotéticamente todos


los que habitan la misma parte del edificio, o sea la parte superior de donde cae o se arroja
la cosa. Se tiene entonces un responsable no individualizado que forma parte de un grupo
determinado.
Entonces se consagra una responsabilidad colectiva porque el daño causado es imputable
a todos los que habitan la misma parte del edificio, responden todos.
Al sujeto le basta probar que el daño fue causado por una cosa que cayó o se arroj´`o de la
parte superior de un edificio y que los demandados habitan ese lugar,

La guarda en el art. 1330 es particular, existe un solo guardián aunque no esté


individualizado
La ley presume que todos los sujetos que integran el grupo en cuestión son guardianes del
objeto.
Articulación de la carga de la prueba
La única forma que tienen los demandados de exonerarse consiste en individualizar a uno
de ellos como guardián acreditando que el objeto pertenecía a tal y que tal fue quien lo
arrojó.
“A menos que se pruebe que el daño se debe a la culpa o dolo de alguna persona
exclusivamente”.
Al guardián presumido no se le permite liberarse justificando su ausencia de culpa, a
diferencia de lo que sucede en los demás casos, ya que no está acreditada la relación del
sujeto con la cosa y no es posible demostrar que se adoptaron las precauciones para
prevenir el daño.
El guardián presumido del art. 1330 se encuentra en una situación más desfavorable que el
guardián del art. 1324 ya que es un caso de responsabilidad agravada.

Daños causados por la ruina de un edificio


Coordinación de los arts. 1324 y 1327. Incidencia del art. 1324
El art 1327 dispone que por el daño causado por la ruina de un edificio responde:
a. Dueño (por haber omitido los cuidados y reparaciones necesarias)
b. Arquitecto (cuando la ruina proviene de un vicio en la construcción)

Se ubica en la responsabilidad por el hecho de las cosas, ya que el edificio es una cosa
(inmueble).
El art. 1327 es una forma especial de la responsabilidad general prevista en el art. 1324. La
regla específica que es el art. 1327 se limita a la ruina del edificio. Entonces los daños
causados por un edificio se regulan por el art. 1327 en caso de ruina y por el 1324 en todos
los demás casos donde no existe ruina.

La determinación del guardián: propietario y arquitecto.


La responsabilidad por el daño causado por la ruina de un edificio es un caso particular de
la responsabilidad por el hecho de las cosas, siendo así responsable el guardián y los

37
sujetos designados como responsables (propietario o arquitecto) lo serán en calidad de
guardianes. En los demás casos, al que se sirva de la cosa o la tenga en su cuidado, que
puede ser el dueño como el usufructuario, arrendatario o comodatario.

Por lo referido a la ruina por la omisión de las reparaciones necesarias el guardián es


únicamente el dueño y esta guarda es intransferible.
La guarda que el propietario puede transferir es la prevista en el art. 1324 y aquí el segundo
guardián tendrá los poderes de gobierno, control y vigilancia con excepción de aquellos
referentes a las reparaciones necesarias para evitar su ruina, que continúan siendo de
titularidad del dueño. Esta situación se puede catalogar como de guarda dividida, porque la
guarda no es acumulativa, pero pueden existir dos guardianes simultáneos respecto de un
mismo objeto pero sobre porciones distintas de la cosa.

En caso de demolición, construcción o reparación la guarda le corresponde a la empresa


encargada del trabajo, ya que tiene la cosa a su cuidado cuando dirige y ejecuta la obra.
En caso de edificio en construcción el único responsable es el encargado de realizar la obra
(empresa constructora, arquitecto).

Cuando se habla de la responsabilidad del arquitecto por la ruina de un edificio en


construcción hay que tener en cuenta que se comprende el vicio del sueño y la mala calidad
de los materiales y que por arquitecto se entiende al empresario constructor o al arquitecto.
Si la ruina acontece dentro de los 10 años, a partir del momento del daño comienza a correr
el plazo de prescripción de 4 años previsto por el art. 1332.

Carga de la prueba
La presunción no está en el texto del art. 1327 así que proviene del inc. 6º del art. 1324.
Como la presunción se extiende a la relación de causalidad, a la víctima le basta con probar
que sufrió un daño como consecuencia de la ruina del edificio, pero no necesita mostrar que
el propietario omitió las reparaciones ni tampoco individualizar el vicio de la constricción, se
presumen que la ruina del edificio se debió a esas circunstancias y es el dueño o arquitecto
(empresario ) a quien corresponde destruir esta presunción acreditando la diligencia de un
buen padre de familia. Se exonera por causa extraña.
Cuando las circunstancias de la ruina permanecen desconocidas existe una doble
presunción operante contra el propietario y el arquitecto y en tal caso responderán por
mitades si no pueden determinar a qué se debe el vicio de la construcción.

Condiciones de responsabilidad: a) edificio b) ruina


La noción de edificio:
1. obra o construcción realizada por el hombre
2. mediante la reunión de materiales
3. incorporada al suelo de forma durable
Formando parte del edificio los elementos accesorios (balcón, cornisa, verja, etc) y los
inmuebles por destino.

La ruina consiste en la destrucción, derrumbamiento, caída o desintegración de todo el


edificio o de alguno de los elementos o partes que lo integran. Se responde en caso de
ruina total o parcial, por más que no comprometa la estabilidad del edificio.

38
EL DAÑO

Concepto
El daño por una parte constituye el presupuesto de todo el procedimiento (sin daño no hay
responsabilidad) y por otra su resarcimiento se pone como fin último de la peripecia
aquiliana.

Daño material y daño resarcible


El daño resarcible presupone un concepto de daño en sentido naturalístico, pero no existe
identidad entre ambos conceptos, en tanto el daño material representa solo uno de los
elementos necesarios para la construcción del daño resarcible.
El daño material para ser resarcible debe ser la consecuencia de la lesión de un derecho,
interés o situación jurídicamente protegida, el daño requiere además un elemento formal
proveniente de una norma jurídica.
El daño resarcible no se identifica con la lesión de la esfera jurídica ajena: ésta sin embargo
constituye su antecedente lógico.

Lesión esfera jurídica ajena (ilicitud) + daño material = daño resarcible

El art. 1319 exige que para que el daño sea resarcible debe provenir de un hecho ilícito, por
lo que de cualquier forma que se entienda la ilicitud no se puede prescindir del derecho
lesionado para determinar si el daño es o no resarcible.
Es la ilicitud la que tiene la función de seleccionar los daños resarcibles, que opera como
puerta de entrada del daño material al siguiente paso del juicio de responsabilidad.

Que el daño resulte ser el efecto de un comportamiento ilícito nos permite concluir que las
consecuencias perjudiciales que se deriven serán resarcibles, pero sin saber aún si lo serán
todas o algunas, ya que es el análisis del daño en el plano del resarcimiento el que definirá
cuáles consecuencias deberán ser tenidas en cuenta y cuál es su monto.

Daño evento y daño consecuencia


La constatación de que el hecho del ofensor ha sido lesionado un derecho o situación
jurídicamente protegida tiene como consecuencia que el comportamiento pueda ser
calificado como ilícito, lo que a su vez califica como resarcible el daño que pueda derivarse
de esa lesión, pero no prueba la existencia del daño, ya que la lesión del derecho no
pertenece a la esfera del daño sino a la de la ilicitud.

De esto surgen dos ángulos: la ilicitud (si se violó un derecho o interés jurídicamente
protegido de la víctima) y si de ese evento se han derivado consecuencias perjudiciales
para la víctima (el daño consecuencia), que constituirán el daño resarcible (daño emergente
y lucro cesante).

EVENTO: fractura de brazo (daño evento)


● ILICITUD: si lesiona derecho jurìdicamente protegido (integridad física)
● DAÑO (daño consecuencia): consecuencias perjudiciales que apareja la fractura del
brazo. Daño emergente y lucro cesante.

39
El daño resarcible se identifica con las consecuencias perjudiciales que se derivan de la
injusta lesión y que determinan el concreto el contenido de la obligación resarcitoria a cargo
del responsable. Cuando hablamos de daño en relación al resarcimiento asume el
significado de daño emergente, lucro cesante, sufrimientos morales padecidos por la
víctima, o sea todo aquel perjuicio valorable en términos económicos como objeto de
reparación o compensación.

En la ilicitud (arts. 1319, 1321, 1322) se trata de definir si el demandado es responsable de


los daños reclamados, y en caso de respuesta afirmativa y de reunirse los demás requisitos,
nacerá la obligación resarcitoria en el demandado.
En el daño consecuencia (art. 1323) se debe determinar el contenido de la obligación, esto
es el conjunto de pérdidas económicas producidas por el evento dañoso.

Conclusión
El daño resarcible consiste en el perjuicio patrimonial o moral que deriva de la lesión de un
derecho, interés o situación jurídicamente protegida, esto es, de un hecho ilícito.
El daño es la consecuencia perjudicial que se desprende de la lesión. Solo interesa el daño
resarcible, el que es relevante para el derecho.
CLASIFICACIÓN DEL DAÑO
a. Daño a la persona y a las cosas
b. Daño patrimonial y daño moral

Por daño a la persona se entienden todas las consecuencias perjudiciales que se derivan
de la lesión a la vida o la integridad física de todo individuo.
Fuera del daño a la persona está el daño a las cosas, que se configuran cuando ocurre la
pérdida o deterioro de objetos, como sucede con el automóvil que entra en colisión, la ropa
de la víctima que se destroza o el menoscabo de los efectos transportados.

Cuando la lesión produce una situación de enfermedad o proceso patológico en el sujeto


agredido (daño a la persona) que se obliga a realizar gastos médicos, todas estas
consecuencias perjudiciales del evento dañoso son el daño patrimonial. Esa misma lesión
puede repecturi en la esfera espiritual de la víctima donde se indemnizan los sufrimientos
padecidos o la afectación de la vida de relación, en este caso estamos en presencia de un
daño moral.

El daño moral puede ser también consecuencia de un daño de las cosas, por ejemplo
humedades provocadas por el predio vecino en el inmueble de la familia, siendo esta
suficiente para generar estrés que perturba emocionalmente, más allá de las molestias e
inconvenientes que normalmente producen estas situaciones.
El daño evento esto es el daño base o inicial, está configurado por la filtración de
humedades, al configurarse la invasión de la esfera jurídica ajena que lesiona un derecho
del ofendido, el hecho tendrá el carácter de ilícito y permitirá calificar de resarcibles los
daños que de él se deriven, aquí estamos en la zona de la ilicitud.
Una vez determinado el hecho como ilícito deben determinarse todas las consecuencias
perjudiciales que de èl se derivan para el ofendido, esto es la repercusión perjudicial del
evento, el daño consecuencia. Ahí ingresamos en el área del daño resarcible, donde juegan
las clasificaciones de daño a la persona y a las cosas, daño patrimonial y moral.

40
La enfermedad adquirida por las humedades entran en daño a la persona, los gastos de
reparación del inmueble y los que deban realizarse para reparar la enfermedad son daños
patrimoniales y la afectación por estrés se ubica dentro del daño moral.

Elementos del daño


Según el código civil el daño patrimonial se manifiesta de dos formas: el daño emergente o
mal directamente causado (art. 132) y el lucro cesante o privación de ganancia (art. 1323.
1346). La diferencia radica en que el emergente produce una pérdida positiva, una
disminución del patrimonio (gastos que debe pagar la víctima como consecuencia del
accidente) mientras que el lucro cesante es una pérdida negativa que consiste en la
privación de ganancias que el accidentado hubiera realizado a futuro de no mediar la lesión,
y configuran un daño ya que no entrarán al patrimonio los ingresos que normalmente
habrían sido percibidos.

CARACTERES DEL DAÑO


● Daño directo, actual y cierto:
Que sea directo no refiere al daño, sino a la relación de causalidad. Esta exigencia (arts.
1323 y 1344) tiene por finalidad excluir del resarcimiento a aquellas consecuencias que por
más que sean conexas se presentan como remotas respecto al evento dañoso o
incumpliiento.
Por ejemplo el sujeto que por avería de un taxi que lo transporta al aeropuerto pierde su
vuelo y debe tomar el siguiente y en este sufre un accidente donde pierde la vida. El deceso
no es causa directa del desperfecto sufrido por el taxi, así que no puede atribuirse su
muerte al conductor.
La exigencia del daño actual es errada, ya que excluye al daño futuro que es
indudablemente reparable.
El requisito de certidumbre se identifica con la existencia misma del daño y por lo tanto
tampoco podría considerarse como carácter autónomo.

Daño presente y futuro


Es resarcible tanto el perjuicio futuro como el presente, porque puede ser igualmente cierto,
cuando haya de verificarse luego, esto es aunque la totalidad de las consecuencias
dañosas todavía no se hayan producido en el presente. La oposición no es entre perjuicio
presento y futuro, sino entre perjuicio cierto y perjuicio eventual o hipotético.
No se exige una certeza absoluta, sino relativa, razonable y fundada consideración o
probabilidad. Habrá daño cuando su existencia no pueda ser puesta en duda.
El daño cierto es el daño a secas y el daño eventual o hipotético es la ausencia de daño.
El daño futuro no es más que la prolongación en el tiempo de un evento dañoso actual y
presente. Se debe determinar si es probable, de acuerdo a la normalidad o regularidad de
los acontecimientos, que el actor sufra en el futuro el daño reclamado, no siendo suficiente
la eventualidad o la mera posibilidad de que esto ocurra.

La pérdida de la chance

41
La probabilidad que es suprimida por el evento dañoso (participar de la carrera) y la ventaja
esperada o resultado final (ganar la carrera) cuya realización se frustra por el pérdida de la
chance.
Mientras que la chance debe ser cierta en cuanto a probabilidad de lograr un resultado que
se sitúa en el futuro, en cambio el resultado final es incierto y no podrá verificarse debido a
la extinción de la chance, y de aquí se produce el daño resarcible que consiste en la pérdida
de la chance. La reparación queda reducida a una fracción de la ganancia esperada,
cuantificada en función de la importancia de la chance.

1. La probabilidad es mayor cuanto más próximo se encuentra el evento dañosos de la


situación terminal de ganancia esperada.
2. Cuanto mayores son las contingencias, menor es el valor de la chance perdida.

DAÑO MORAL
La lesión a los bienes de la personalidad (bienes o intereses no patrimoniales) pueden
derivar tanto un daño patrimonial como extrapatrimonial, ya que no existe una correlación
entre la naturaleza del derecho, bien o interés violado y la naturaleza del daño.

Por evento dañoso se entiende al daño inicial y el daño consecuencia por las repercusiones
negativas del evento sobre la víctima.
El evento dañoso no es patrimonial o extrapatrimonial, lo patrimonial o no son sus
consecuencias, el hecho lesivo en sí mismo es neutro, ya que se prescinde de sus efectos o
consecuencias perjudiciales. La noción de daño queda circunscripta al daño consecuencia.

Noción restringida (daño moral subjetivo) y amplia (daño moral objetivo)


La amplitud del término daño del art. 1323 obliga a admitir la existencia del daño moral aun
en ausencia de dolor o sufrimiento espiritual. Se rechaza la noción restrictiva, ya que el dato
normativo excluye toda distinción.
No puede sostenerse que el daño moral equivale al sufrimiento ya que el art. 1319 dice que
cualquier clase de daño, sea o no patrimonial recibe el amparo de una tutela resarcitoria.
Legalmente el daño moral es el daño no patrimonial.

Tomando en consideración la naturaleza del daño y a partir de la noción de daño


tradicionalmente admitida como resarcible (la del daño patrimonial), el espacio que deja
libre esta especie dentro del daño resarcible en general (que es la noción madre incluida por
el art. 1319) comprende a todo perjuicio que no sea patrimonial. Por tanto restringir el daño
moral al espiritual o subjetivo no concuerda con el texto legal y prescinde de la dicotomía
daño patrimonial - daño no patrimonial, que no admite reducción.

Daño moral y daño biológico (a la salud)


La lesión a la integridad física puede repercutir en dos planos distintos, produciendo efectos
perjudiciales de carácter económico, en cuanto afecta la capacidad laboral productiva de
ganancias (ganancia presente o futura) y a esta zona debe restringirse la noción de

42
incapacidad (entendida como inhabilidad para el trabajo). Al mismo tiempo puede ocasionar
daños extrapatrimoniales ubicados en la esfera del daño moral, entendida como la
afectación de la normal eficiencia psico-física en actividades laborales y extralaborales. El
menoscabo a la integridad de la persona (la invalidez) causa siempre un daño moral.

El daño moral uruguayo es unitario y absorbe al daño biológico y no cuantifica por


separado, sino que está incluido en la apreciación general y total del perjuicio.
En nuestro país solo existen el daño moral (daño no patrimonial) y el patrimonial.

Accidentes de tránsito, incumplimiento de contrato y lesiones


En ocasión de accidentes de tránsito que no produce lesiones, la pretensión por daño moral
basada en las molestias o trastornos provocados por la privación temporal del uso o goce
del vehículo son rechazadas, ya que no incide en el ser existencial, individual y de relación
intersubjetiva de la víctima.

El segundo tipo de reclamo es aquel que invoca la perturbación emocional originada por el
impacto. La participación en un accidente de tránsito provoca alarma, sorpresa, disgustos y
molestias pero por lo general dichas emociones no fundan la pretensión reparatoria del
perjuicio no patrimonial, se puede justificar sólo si se verifican circunstancias excepcionales.

En estos casos no habría daño moral ya falta dolor o sufrimiento, ya que no todo efecto
penoso es daño. Es requisito que el daño moral tenga una importancia o entidad mínima
que no se da en caso de lesiones graves.
La exclusión del daño moral se basa comúnmente en la ausencia de secuelas, dolores
intensos, tratamientos médicos, internación, cuando las lesiones evolucionan favorable y
rápidamente sin asistencia hospitalaria donde la víctima es dada de alta rápidamente, sin
inhabilitación para el trabajo u ocupaciones normales.

La fundamentación es entonces que si el interés ofendido no merece la tutela resarcitoria,


se debe a la inexistencia de un perjuicio moral. Entonces se debe delimitar rigurosamente la
noción de daño moral de acuerdo al concepto de la jurisprudencia.

Definición de daño moral: reglas y principios creados por la jurisprudencia uruguaya


La jurisprudencia uruguaya apunta a que aunque el dolor sigue ocupando el puesto principal
en el terreno de las definiciones, el fenómeno más importante que gristra la evolución
jurisprudencial es el retroceso jerárquico, su desvalorización en diversos planos. El centro
de gravedad de la noción del daño moral se desplaza.
● La declinación del dolor: sólo en los casos más intensos o graves son considerados
merecedores de tutela.
● Para fijar la importancia del daño moral se toma en cuenta la agresión a la
personalidad, al ser existencial, a la vida de relación, la permanencia del daño y la
alteración de la normalidad de vida que padece el sujeto damnificado.
● El daño moral uruguayo es una noción unitaria, abarca el daño moral subjetivo como
los menoscabos a la integridad psico-somática (daño biológico).

El daño moral requiere de la existencia de situaciones aflictivas muy profundas para que
sea resarcible.

43
Si la situación no altera el equilibrio emocional son perturbaciones tolerables que no son
indemnizables, son padecimientos normales que las personas deben soportar, aunque
provengan de comportamientos ilícitos.
La preocupación creciente y jerarquización correlativa por la modificación del ser existencial
individual y menoscabo de la personalidad.
No importa tanto el dolor sino los hechos que inciden en la condición existencial del
perjudicado, consecuencias aflictivas que signifiquen un menoscabo de la personalidad muy
dificl de superar.
La jurisprudencia uruguaya elaboró una definición propia del daño moral: para que exista
daño moral la situación perjudicial debe estar calificada por tales y cuales aspectos, el dolor
intenso y la alteración de la normalidad existencial (vida cotidiana).
Hay daño moral si se prueba un sufrimiento intenso de la víctima, peso a no haber
secuelas,pero un disgusto transitorio, al igual que una lesión leve, no son perjuicios que
ingresen dentro del daño moral.
Las categorías del daño moral
Estas categorías provienen de la experiencia jurisprudencial, ya que no existe una especie
única de perjuicio moral, sino varias figuras individuales con rasgos propios. Hay un daño
moral estético, un daño moral a la vida de relación, un perjuicio moral sexual etc.
En el daño moral figura una sola cantidad que indemniza la totalidad del daño no
patrimonial: la liquidación del daño moral siempre es global.
Los jueces describen los rasgos típicos que caracterizan a los elementos, los descomponen
minuciosamente, detallados por separado.

Daño a la vida de relación


Si excluimos la parte del perjuicio que corresponde a las tareas lucrativas (daño patrimonial,
lucro cesante) el daño a la vida de relación tiene un contenido preciso al referirse a las
actividades extralaborales. Es un daño donde los impedimentos o imposibilidades inciden
en actividades que no son por completo ajenas a la de tiempo laboral, por ejemplo dar un
paseo, practicar un deporte, mantener relaciones. Se trata de actividades sociales,
culturales o recreativas de la mera existencia cotidianas que todas las personas realizan
durante su vida y que están desprovistas de carácter lucrativo.
Si hay consecuencias patrimoniales en el caso de daño estético a un modelo porque se le
impide seguir ejerciendo su profesión y en ese caso sería daño económico.

El daño a la vida comprende además el daño estético, el perjuicio sexual, el perjuicio juvenil.

Definición del daño a la vida de relación en la jurisprudencia


La agresión a la integridad física aparece en primer plano, como el origen del daño a la vida
de relación pero puede haber daño a la vida de relación sin lesión a la integridad física.

Los jueces comienzan describiendo el evento dañoso, los casos más frecuentes son la
lesión de los miembros inferiores o superiores (disminución de función, acortamiento,
renguera) avanzando progresivamente a las amputaciones, parálisis parcial, paraplejia
hasta llegar al estado vegetativo. Otros casos son la pérdida o debilidad de los sentidos
(vista, oído, gusto y olfato).
En esos casos se dice que la víctima ha quedado privada para siempre de muchos goces
de la vida normal y que su estado la obliga a vivir un tipo de vida que no es normal y
corriente. La existencia común y corriente queda menoscabada en cualquiera de las

44
actividades que la víctima realiza en su diario vivir sean o no de carácter placentero, ocio o
recreativo.

Daño estético, perjuicio sexual, perjuicio juvenil

Daño estético
Las lesiones que dejan daños estéticos durables como las cicatrices, deformaciones,
mutilaciones, modificaciones morfológicas o funcionales.
La lesión estética es la que afea a una persona o la muestra como anormal agrediendo
desagradablemente cualquier sentido a terceros y a la propia víctima, no solo a la vista, sino
que altera la natural armonía física.

El daño estético es un ejemplo de daño a la vida de relación, la víctima queda en


condiciones de inferioridad por cuanto atañe a las relaciones con el mundo externo,
impidiendo la libre expansión de su personalidad.

Los mayores perjuicios son aquellas cicatrices o deformaciones que afectan al rostro, por
más que no produzca fealdad.
Las deformaciones totalmente transitorias que desaparecen al finalizar un breve lapso
terapéutico, una alteración estética por un período determinado no basta por sí sola para
hacer viable la indemnización por daño moral.

El perjuicio sexual
El perjuicio a la vida sexual comprende todo daño que afecte las necesidades fisiológicas y
la imposibilidad de procrear. Se acepta que en estos casos el cónyuge también sufre el
daño ya que el perjuicio se refleja en la vida familiar.

El perjuicio juvenil
Daño propio de la infancia y la juventud, está fundado en la idea de que la pérdida de la
integridad corporal es sentida más vivamente por un joven, estos se ven privados de los
juegos propios de su edad, practicar deportes, concurrir a bailes, etc. El menoscabo de la
plenitud de la actividad corporal es lo que se tiene en cuenta.

Dolor y sufrimiento

Dolor físico y dolor mental; sufrimiento físico y sufrimiento moral


Es costumbre universal distinguir entre dolor físico y moral. Por ejemplo el amputado de una
pierna sufre un dolor físico que puede desaparecer en un tiempo más o menos breve pero
la calidad de minusválido le afecta permanentemente en todos los aspectos de su vida, así
que el evento dañoso repercute en dos zonas diversas de distinta manera en cada una de
ellas.

El sufrimiento moral resulta vinculado a las secuelas permanentes y el daño a la vida de


relación. En estos casos el perjuicio no patrimonial existe sin lesiones a la integridad física,
pertenecen al sufrimiento moral. El daño a las cosas con valor de afección y el perjuicio al
afecto, causado por la muerte de un familiar son casos de daño moral donde el dolor físico
está ausente.

45
La jurisprudencia separa los sufrimientos físicos derivados de las lesiones y la disminución
física y espiritual que repercute en la vida de relación. Existe una pérdida de la autonomía
del sufrimiento moral (dolor mental) que desaparece o disminuye en importancia ya que es
absorbido por el daño a la vida de relación. La reparación continúa haciéndose pero no se
habla de sufrimiento moral ya que es otorgado a título de daño a la vida de relación.

Perjuicio al afecto

El perjuicio al afecto en caso de infortunio mortal


Se origina en el dolor, aflicción o tristeza, quebranto espiritual, que la muerte de una
persona causa en ciertos sujetos que estaban ligados a ella por una relación de carácter
afectivo.
El perjuicio al afecto tienen un volumen numérico de reclamaciones, tiene gran importancia
monetaria de las condenas y debido al infortunio moral hay pluralidad de sujetos
demandantes, por ej. viuda, hijos y hermanos.
No se pone límite alguno para la reclamación, basta que haya un daño para que la
reclamación sea procedente y el vínculo de parentesco no es requerido como condición
para admitir la demanda.
Cuanto más cerca sea el vínculo de parentesco, sumado a la cohabitación menores serán
las exigencias probatorias en cuanto al sufrimiento padecido por la muerte de la víctima.
En caso de cohabitación no solo se presume afecto mutuo entre cónyuges o parientes
cercanos. La ausencia de convivencia influye reduciendo el monto de las indemnizaciones.
Otro factor que se toma en cuenta es la edad, tanto del sujeto fallecido como de los
reclamantes. Cuando se trata de personas jóvenes la reparación debe ser mayor. La
indemnización es mejor según el tiempo de vida que le restara a la persona.

Perjuicio al afecto en caso de infortunio no mortal


Cuando la víctima del accidente sigue viviendo se plantea el problema de admitir o no otra
pretensión reparatoria autónoma, aparte de la que tiene por titular la víctima directa.
Las personas que mantienen vinculación afectiva con el sujeto agredido y sufren ellas
mismas el daño del lesionado, por ej. hijo paralítico, en estos casos la pretensión es por
derecho propio, corresponde al daño por rebote francés. El elenco de los sujetos
legitimados está reducido prácticamente a los padres, aunque hay casos de hijo y cónyuge
que reclaman.

AVALUACIÓN Y LIQUIDACIÓN DEL DAÑO


El daño a la persona produce gastos médicos y accesorios (daño emergente), que se
distingue de la privación de ganancias futuras, esto es las ganancias que el damnificado
hubiera logrado en caso de seguir trabajando (lucro cesante).
Los elementos del daño entonces son el daño emergente, el lucro cesante y el daño
extrapatrimonial (moral) que pueda haber sufrido el demandado si fuera el caso.

Avaluar es determinar cuales son las consecuencias que el hecho ilícito causó a la víctima,
los elementos del daño son varios y se deben distinguir, después de esto se debe proceder
a la liquidación, que consiste en una operación destinada a traducir en términos monetarios
la pérdida sufrida. El daño que produce un hecho ilícito es una unidad y por eso el monto de
la obligación resarcitoria es un total aunque conste de varios elementos.

46
Si el hecho ilícito dañoso produce un daño emergente, que se describe como una
disminución actual del patrimonio, la idea debe entenderse en el sentido que todos los
gastos que ocasione la cura del ofendido corresponden a esta figura del daño patrimonial,
aunque sean efectuados con posterioridad al momento del accidente, y por tanto futuros
con relación a este.

También el lucro cesante puede ser un daño acaecido dado que cuando el juez dicta
sentencia existe siempre una porción del mismo estimable con seguridad y certeza.
Si bien el daño es unitario, su avaluación debe practicarse en forma análitica por rubros,
mediante el analisis detallado de los elementos del daño.
Tendremos entonces dentro del daño persona el daño patrimonial que se subdivide en daño
emergente (gastos) y lucro cesante (pérdida de ganancia) y el daño moral.

DAÑO EN CASO DE MUERTE

Acción por derecho transmitido


Las dos acciones que pueden promoverse como consecuencia de la muerte de una persona
Sus herederos podrán reclamar la reparación del daño causado a la víctima que falleció. El
heredero, que es el continuador de la personalidad del difunto, pasa a ser titular de sus
derechos patrimoniales y también de la responsabilidad civil que correspondía a la víctima,
en su calidad de sucesor, esto es por derecho transmitido. Es responsabilidad aquiliana.

El fallecimiento del sujeto accidentado puede ocasionar perjuicios a otras personas, sean
herederos o no, los damnificados por rebote, que recibían asistencia económica y espiritual
por parte del difunto, y se ven privada de ella por el hecho ilícito.
Estos sujetos son titulares de una acción por derecho propio (no transmitida
hereditariamente), son también damnificados como consecuencia del mismo evento dañoso
que le cuesta la vida al accidentado.
Los que reclaman por derecho propio deben probar que han sufrido personalmente un
perjuicio, ya que no piden el resarcimiento del daño que se causó al difunto, sino el que a
ellos personalmente se les causara. Por tanto deben probar su propio perjuicio, por más que
lo padecen porque el accidentado falleció.
La acción por derecho propio es siempre extracontractual, ya que los damnificados por
rebote son terceros del contrato que pudiera haber pactado el difunto.

Legitimados Daños que reclaman Naturaleza de la


responsabilidad

Herederos el sufrido por el de cujus Contractual o


extracontractual

Terceros dañados el propio Extracontractual

La distinción es importante ya que en materia de prescripción son 20 años en la contractual


y 4 en la aquiliana.

DAÑO A LA INTEGRIDAD FÍSICA

47
Incapacidad. Tipos
Depende de la duración de la inhabilidad, si esta es permanente o transitoria, para fijar los
límites temporales de la pérdida económica que sufre el damnificado que padece un
menoscabo en sus ingresos durante un tiempo limitado o durante toda su vida.
La división en incapacidad parcial o total atañe a la entidad cuantitativa de la incapacidad,
que incide en el monto de empobrecimiento de distinta manera según que el dañado pierda
todo su ingreso una porción del mismo, se construye atendiendo a la disminución de la
aptitud laboral causada por la lesión.

La incapacidad puede ser definitiva o temporal, absoluta o parcial. Pero tanto la incapacidad
definitiva como la parcial asumen modalidades de total o parcial, toda incapacidad definitiva
será o total o parcial, y lo mismo con la temporal.

Incapacidad definitiva (permanente)


La incapacidad definitiva significa que la afectación a la aptitud laboral subsistirá toda la vida
del lesionado, supone la persistencia irreversible del daño. Esto solo puede afirmarse
cuando es previsible la ausencia de cura total o el cese de la evolución de la lesión.

Para determinar la incapacidad definitiva se recurre habitualmente al concepto de


consolidación, ya que las lesiones o enfermedades tienen carácter evolutivo y un proceso
dinámico, que pueden desembocar en la cura, en la muerte o estabilización. Solo en el
último caso se puede hablar de incapacidad permanente.
Se llama consolidación a la situación de estabilización, requiere que las perturbaciones
sean de carácter crónico y que haya finalizado la terapéutica activa curativa. Si después de
esto subsisten las secuelas permanentes que no evolucionan más, no siendo posible una
mejora futura de carácter total.

Incapacidad temporal (transitoria)


Detrimentos que no tengan naturaleza irreversible y que por tanto sean tales que
desaparezcan en un cierto período de tiempo.
La inactividad del incapaz insume un período determinado forzosamente menor, una
incapacidad más corta, que cesa antes de la finalización de la vida laboral. La reanudación
de la misma actividad que el lesionado realizaba antes del accidente indica que la
incapacidad es de carácter transitorio.
El impedimento puede afectar a que el incapaz vuelva a efectuar sus tareas originarias pero
no impide que se dedique a otra actividad, en este caso sería una incapacidad específica
permanente la cual no extingue por completo la aptitud laboral del sujeto, ya que subsiste
una capacidad residual.
Al profesor de educación física que le amputaron las piernas debe ser indemnizado por el
daño de incapacidad definitiva permanente para ejercer la actividad que desarrollaba pero a
la hora de fijar la indemnización debe tenerse en cuenta que el sujeto no ha sido afectado
en otras capacidades que le permiten desarrollar eventualmente otras tareas.

Incapacidad total (absoluta)


Es definida como la privación de la aptitud para el trabajo, la inhabilidad para toda la
actividad profesional. La incapacidad es completa aunque el lesionado esté en condiciones
de realizar una reducidisima actividad laboral. Estas personas han perdido su autonomía
económica y personal.

48
La trascendencia de la incapacidad absoluta se proyecta en la liquidación del daño, ya que
la reparación debe reintegrar al patrimonio del lesionado la totalidad de los ingresos que
hubiera obtenido durante toda la vida laboral probable.

En la práctica suelen existir dos periodos, uno en el que existe una incapacidad total
transitoria, seguida de una incapacidad parcial (permanente o transitoria).

Incapacidad parcial
En este caso el lesionado conserva en parte su capacidad de trabajo y por tanto está en
condiciones de continuar su actividad, aunque con una disminución que afecta a su
rendimiento. Se debe establecer de qué manera disminuyenlos ingresos, saber cual es la
incidencia de la lesión en las ganancias que obtenía, ya que no hay una pérdida total de los
beneficios.
Se suele hacer un cálculo matemático partiendo del porcentaje asignado previamente a la
capacidad. Siendo la incapacidad de un 30% se entiende que el ingreso futuro disminuirá en
la misa medida. Se debe estimar el lucro cesante en la misma proporción.
También hay otra forma de determinar la pérdida de ganancias experimentada por el
accidentado durante el año siguiente al accidente y multiplicar luego ese coeficiente por las
unidades que correspondan a la expectativa de la vida laboral del lesionado.

Incapacidad genérica y específica


La incapacidad específica es aquella que tiene relación con la actividad concreta que
desarrollaba la víctima. Lo que importa no es la lesión en sí misma sino sus repercusiones
económicas (en el plano del lucro cesante).

La noción de incapacidad genérica es de menor importancia en la responsabilidad civil. Se


define como la capacidad para realizar todos los trabajos o la que está en condiciones de
desenvolver el hombre medio, aunque no exista un trabajo genérico. Se dice de la
capacidad de ganar el sustento sea cual fuera la profesión elegida.
La capacidad genérica se emplea en las personas que no estan usando sus energías
laborales en el momento del accidentes pero van a necesitarlas en el futuro, el sujeto no
sufre disminución de sus ganancias, pero va a entrar en el mercado de trabajo en
condiciones de inferioridad.

La cuantificación del daño moral


La fijación de la cuantía del daño moral debe hacerse teniendo en cuenta
1. Los montos establecidos en casos similares por el propio magistrado y el resto de la
judicatura
2. Los valores económicos el país en el que vivimos.

La primera de las reglas tiene un valor de guia de analizar las indemnizaciones otorgadas
en casos análogos para tener parámetros dentro de los cuales moverse, que no se debe
ajustar exactamente dentro de esos parámetros pero no se podrá alejarse excesivamente
de estos. También se debe examinar el estado de la economía, ya que si las condiciones
económicas han variado sustancialmente, la cifra deberá ajustarse a la nueva realidad
económica.

49
50