Está en la página 1de 1

Platón

Platón cita esa frase en sus obras con una cierta frecuencia. También se encuentra en
Aristóteles. Otro de los albaceas literarios de Sócrates, Jenofonte, describe en sus Memorabilia
o Memorias sobre Sócrates, esta conversación entre Sócrates y Eutidemo:
-Dime, Eutidemo, ¿has estado alguna vez en Delfos? -Sí, y hasta dos veces.
-¿Has leído la inscripción que se ve en cualquier lugar del templo: conócete a ti mismo?
-Sí.
-¿Has despreciado esta opinión o la has prestado atención y has tratado de examinar quién
eres?
- No, en verdad. Es éste un conocimiento que creía yo poseer bien; pues difícilmente hubiera
adquirido otros si no me hubiese conocido a mí mismo.
-¿Piensas que para conocerse basta saber cómo se llama uno, o bien, a ejemplo del que
queriendo comprar un caballo, no se vanagloria de conocerle bien sin haber examinado si es
dócil o reacio, débil o vigoroso, vivo o lento, en una palabra, si reúna todas las cualidades que
constituirían un buen o un mal caballo, no se debe examinar y juzgar para lo que se es propio y
cuáles son sus fuerzas?
- Me parece, en efecto, que no conocer sus facultades es no conocerse a sí mismo.
Conócete a ti mismo como máxima moral
«Conócete a ti mismo» fue una máxima muy extendida en la cultura griega. La tenemos
atestiguada no sólo por los escritos del círculo socrático, sino también por otras fuentes, por
ejemplo el poeta y dramaturgo Esquilo. En Prometeo encadenado, Esquilo dice por boca de
Océano: «Lo veo, Prometeo, y quiero aconsejarte lo mejor, aunque eres sagaz. Conócete a ti
mismo y adopta nuevas actitudes». El sentido que la sentencia adquiere en este contexto es el
de máxima o consejo moral. Conócete a ti mismo viene a identificarse con sé prudente y
razonable. El mismo sentido parece tener la siguiente sentencia de Menandro: «El 'conócete a
ti mismo' es útil para todos». 0 esta otra: «Mantente libre y dueño de ti mismo». Por otra parte,
hay textos en que se critica que las personas se dediquen, en vez de a la labor moralmente
positiva de conocerse a sí mismos, a la negativa de alabarse a sí mismos. Así, en la colección de
proverbios conocida como Epítome de Zenobio, se encuentra este proverbio: «te alabas a ti
misma». El proverbio entero decía: «Mujer, te alabas a ti misma como Astidamante», en
referencia al actor teatral al que debido a sus éxitos se le consideró merecedor de una estatua.
«Entonces Astidamante escribió personalmente un epigrama que contenía su propia alabanza y
lo llevó al Consejo. Pero ellos votaron que ya no fuera inscrito, por considerarlo intolerable». El
«alábate. a ti mismo» tiene aquí un sentido moral negativo, claramente opuesto al de
«conócete a ti mismo».