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A.H.M.

JONES

THE ROMAN ECONOMY

CHAPTER ONE- THE CITIES OF THE ROMAN EMPIRE


----- Civitas, ó polis, no significaban en la Antigüedad ciudad tal y como nosotros entendemos este
concepto. Una ciudad era una comunidad autárquica que poseía un territorio circundante
determinado. Jurídicamente, un cantón rural cuyos habitantes vivían dispersos en villas, era una
civitas, por razón de que aquéllos elegían periódicamente a sus magistrados y votaban leyes. Era
muy inusual que una civitas consistiera solamente en una ciudad, sin un territorio dependiente: el
único caso conocido es Alejandría de Egipto.
----- Normalmente los habitantes nativos de una civitas eran ciudadanos de una comunidad en
igualdad de derechos con los habitantes de procedencia romana, aunque hubo excepciones.
----- La gran mayoría de ciudades pertenecían a la categoría de civitates stipendiariae, las cuales
pagaban diversos tributos al Estado romano. Unas pocas comunidades fueron liberae, con ciertos
privilegios y mayores libertades. También hubo una exigua minoría de ciudades libres foederatae,
esto es, que tenían su status de autonomía garantizado por tratado: entre éstas, no obstante, habría
diferencias.
----- Una situación intermedia entre las ciudades extranjeras y las comunidades romanas la
representaban las ciudades latinas (en provincias occidentales como Sicilia, Galia Narbonense o
Hispania). Vespasiano extendió el ius Latii a todas las comunidades estipendiarias de Hispania. Los
magistrados de tales ciudades adquirían automáticamente la ciudadanía romana, y todos los
miembros del concejo si el estatuto era de Latium maius.
----- Durante la República y el temprano Imperio Roma no intentó controlar las ciudades
directamente a través de funcionarios romanos instalados en ellas. Fue en los primeros años del
siglo II d.C. cuando comisionados imperiales comenzaron a ser nombrados para supervisar los
asuntos de aquéllas: los llamados curatores, ó logistai en griego, con funciones sobre todo relativas
a la Hacienda, y generalmente nombrados a causa de las irregularidades de las finanzas locales.
Hacia finales del siglo III d.C. el curator era una institución presente en la mayoría de las ciudades.
----- Fuera del terreno de las finanzas, hubo solamente un oficial imperial nombrado para las
ciudades: el defensor plebis ó civitatis. Su función era garantizar a las clases humildes una justicia
rápida y barata en causas civiles menores, y protegerlas contra la extorsión y las exacciones
abusivas. Como el curator, el defensor plebis en los primeros siglos era elegido de entre personas
de alto rango no pertenecientes al municipio, pero con el tiempo este cargo acabó siendo asimilado
o su asignación elegida por los notables de la ciudad, y degenerando.
----- Fue común a todas las ciudades del Imperio el patrón romano de magistraturas electivas
anuales, un concejo y una asamblea popular, pero siendo por otra parte este modelo muy flexible. El
concejo detentaba, como lo hizo el Senado en Roma, el verdadero poder de la ciudad. La asamblea
popular parece que no tenía otra función importante que la de elegir a los magistrados anuales, que
fueron normalmente seis: dos duoviri iure dicundo, encargados de la administración de la ciudad, y
presidentes del concejo y de la asamblea; dos aediles, encargados de las obras públicas, del
mercado, del abastecimiento de agua y funciones similares; y dos quaestores, responsables de las
arcas municipales. El concejo u ordo decurionum normalmente constaba de cien miembros, y
cuando había alguna vacante quienes habían sido magistrados tenían prioridad para cubrirla. Con el
tiempo el cargo de decurión (curial) llegó a ser hereditario, definiéndose los curiales como clase
social, en contraste con el resto de los ciudadanos, los plebeii.
----- El gobierno romano asumió directamente la defensa de las provincias del Imperio, y a las
comunidades locales no era permitido mantener sus propias fuerzas armadas. Por el contrario, el
mantenimiento del orden público fue ampliamente asumido por las ciudades.
----- En cuanto a la administración de justicia, había una gran diversidad de situaciones. Las
ciudades libres normalmente conservaron sus propios tribunales, que administraban su propia ley,
aunque a veces sus competencias se limitaban a casos referentes a ciudadanos romanos. En las
ciudades con status Latino o Romano, los principales magistrados (los duoviri iure dicundo)
gozaban, como su propia denominación indica, del derecho de jurisdicción, pero dentro solamente
de una limitada esfera, pues los casos principales eran competencia del gobernador provincial. Los
derechos de administración de justicia de la civitas stipendiaria variaban en las diferentes
provincias de acuerdo a la lex provinciae. En todo caso, durante el Principado, la jurisdicción de los
tribunales locales fue menguando continuamente, fuera de unas pocas ciudades libres.
----- Las rentas obtenidas por la ciudad mediante impuestos parecen haber sido muy limitadas. Los
principales impuestos directos iban destinados al gobierno romano. Estos impuestos, durante la
República, se concretaron, bien en el stipendium, una tasa fija sobre la ciudad, la cual
supuestamente recaudaba como creyera conveniente; bien en decumae y scriptura, respectivamente
un diezmo sobre las cosechas, y derechos de pasto, ambos normalmente arrendados a los publicani
por las autoridades romanas. Durante el Imperio, el arriendo de impuestos directos fue
generalmente abolido, y los viejos stipendium, decumae y scriptura fueron sustituidos por
impuestos sobre la tierra o antes bien sobre la propiedad (tributum soli), a menudo junto con una
tasa individual (tributum capitis), ambos basados en censos regulares sobre propiedad y población.
Las ciudades también podían imponer un impuesto cívico adicional sobre la propiedad (tributum,
eisfóra) e incluso individual, pero estas medidas eran excepcionales y se tomaban sólo en casos de
gran necesidad.
----- Entre los impuestos indirectos, el más importante fue el derecho sobre importación y
exportación, recaudado en las fronteras del territorio de la ciudad.

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