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Sinópticos 10 de abril de 2019

Luis Miguel Rodríguez Rodríguez IBERO

Relatos cortos de Jesús las parábolas enigmáticas de un rabino polémico


Amy-Jill Levine
El grano de mostaza

Jesús contó una parábola que tenía los siguientes elementos: una pequeña semilla de
mostaza, ramas y pájaros que se cobijan en ellas. No sabemos si fue él quien contó la
parábola de varios modos, en los diferentes relatos, en algunos crece asta convertirse
en una gran planta, en otra se convierte en un árbol. Para los comentaristas
tradicionales, la pequeñez de la semilla sugiere el crecimiento milagroso del Reino.

Una de las hojas tiene un matiz soteriológico: la pequeña semilla conduce a una
redención universal, pues los pájaros del cielo, que representan a las naciones paganas
unidas a Israel', se cobijan en las ramas de la Iglesia. Cercana a la anterior hay aún otra
hoja; según esta, el crecimiento de la Iglesia forma parte del desarrollo natural, pues la
Iglesia crece inevitablemente, leída a la sombra de Juan, la parábola trata del misterio
de la resurrección.

Por otro lado, la semilla de mostaza es considerada una «maleza "despreciada y


rechazada”, un símbolo de nocividad proverbial que proclama el fin del Imperio. El
huerto es el statu quo, o el Imperio, o el judaísmo, o algo que no está de acuerdo con el
Evangelio. Otra hoja de esta rama transgresora se centra en los pájaros que atrae la
mostaza, pues los pájaros son destructivos para los cultivos.

Comienzo pequeño y crecimiento grande


En contra de lo que Jesús afirma, la semilla de mostaza no es la más pequeña de todas,
pues las semillas de orquídea o de ciprés son más pequeñas. Además, la mostaza no
crece hasta convertirse en un árbol enorme solo puede alcanzar de dos a los tres
metros. No se puede leer la biblia como si fuera un libro de ciencia o de agricultura.

No hay ninguna razón para suponer que la semilla de mostaza representa la fe, el
Evangelio o a Cristo; no hay tampoco razón para ver necesariamente el árbol como la
Iglesia o los pájaros corno las naciones del mundo. Quizá, la semilla, la planta y los
pájaros sean exactamente eso mismo.

Ramas artificialmente injertadas


otros subrayan que lo que la parábola enseña es contrario a la naturaleza lo que es
contrario a la naturaleza tiene un sentido ecológico y político. El ejercicio realizado para
encontrar la formulación exacta, como hemos visto, constituye una lección de
inutilidad: cada versión tiene sus defensores y cada una puede entenderse como obra
redaccional del evangelista. También tambalea la idea de que Jesús contó la parábola
de un solo modo ya que los buenos narradores adaptan sus historias a sus destinatarios
y a sus circunstancias inmediatas. si el enfoque de la parábola está centrado en el
cambio de algo pequeño a algo grande, entonces que la planea sea mostaza, orquídea o
sésamo es irrelevante. Algunos dan la interpretación de que esta parábola también
habla de la impureza, ya que sembrar mostaza en la tradición palestinense en un huerto
esta prohibido. No se podía sembrar en un huerto más de dos semillas.
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Luis Miguel Rodríguez Rodríguez IBERO

En el s. I Plinio el Viejo decía que como la planta era silvestre, estaba fuera del lugar,
violaba las leyes de pureza, es anormal. En un campo no podía haber de dos semillas,
en Lc, en un huerto de verduras sí y aquí no sería impuro.

Esto es todo cuanto dice la parábola: que la semilla fue plantada. No menciona ningún
otro tipo de grano en el huerto. Puesto que la mostaza puede plantarse y dado que tiene
beneficios medicinales y gastronómicos, no hay razón para ver en la semilla del huerto
nada inapropiado, y mucho menos transgresor o impuro. Si Jesús hubiera querido
hablar de la intromisión de la semilla entre otras verduras, como hace con la cizaña en
inedia del trigo, lo podría haber hecho perfectamente.

Un pajarito sugirió ...


los comentaristas, que no pueden encontrar la mostaza en las Escrituras de Israel, se
dirigen a la caza del pájaro. «Los pájaros del cielo» vuelan por roda la Biblia hebrea casi
cincuenta veces, comenzando ya en Gn 1,26. Los comentaristas no ponen su atención
en los árboles que dan cobijo con benevolencia para llegar a encender la parábola de la
semilla de mostaza. En su lugar, remiten a Ez 31 y Dn 4, en donde pájaros y árboles se
asocian con imperios que caen. Se da el ejemplo del rey Nabucodonosor, donde Daniel
le explica que es él el de la historia y que caerá (Daniel 4,11-12).

Otra cuestión es si a los galileos del siglo I se les habrían ocurrido estas
interpretaciones. Tampoco los pájaros del cielo son la imagen de los paganos, como a
menudo se dice. En general, los pájaros son exactamente eso, pájaros. Incluso en otros
dichos de Jesús, los pájaros son exactamente lo que son, es decir, pájaros. Por ejemplo,
en el sermón del monte, Jesús dice: «Mirad las aves que vuelan por el cielo: no siembran,
ni cosechan. De igual modo, no toda referencia a una gallina tiene una connotación
cristológica, a pesar de las imágenes en Mt 23,37 y Lc 13,34; no existe un mesianismo
avícola.

La parábola no se centra en el contraste con otros tipos de árboles, sino -en el caso de
resaltar un contraste- en el que hay entre el tamaño de la semilla y el crecimiento o
tamaño del resultado de su germinación. La imagen de los pájaros que anidan en
árboles es común en la Escritura, pero la conexión con la caída de los imperios es
relativamente rara.

Una única semilla y múltiples interpretaciones


La parábola no requiere interpretarse con referencia al imperio ni tampoco debe
interpretarse como una enseñanza sobre los problemas relacionados con las leyes de
pureza judías. Centrarse en el aspecto «nocivo» de la mostaza no es más útil que
interpretar la parábola de la levadura en clave de impureza. Nadie en las culturas de
entonces, ni judía ni pagana, pensaba que la mostaza o la levadura fueran algo malo.
Cada una poseía un gran valor de aplicación, cada una estaba al alcance de todos y cada
una producía buenas cosas a quienes la usaban.

La parábola establece un contraste entre lo pequeño y lo grande. Puede leerse a la luz


de las parábolas de la levadura y de la semilla que crece en secreto. Decir que la
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Luis Miguel Rodríguez Rodríguez IBERO

parábola demuestra cómo de unos comienzos pequeños surgen unos grandes


resultados es correcto, pero banal. La mostaza tiene propiedades curativas y está a
disposición de todos. Foma parre del mundo bueno que nos da Dios. En lugar de
considerarla como una mala hierba nociva, deberíamos contemplarla corno parte de los
dones de la naturaleza: algo tan pequeño, a lo que se le permite hacer lo que
naturalmente hace, produce efectos prodigiosos.

La parábola no trata de la caída del imperio, sino de la capacidad de las criaturas de


Dios -aladas o no- para sobrevivir arreglándoselas con todo cuanto esté a su alcance.
Probablemente, el mensaje no constituye una crítica al imperio, sino una llamada a la
adaptación ecológica y a la supervivencia.

Snodgrass sugiere que una de las características de la semilla es su insignificancia. Es


evidente que esta lectura funciona perfectamente en el ámbito cristológico y
eclesiológico: el ministerio inicial de Jesús no fue muy reconocido entre sus
compatriotas judíos, pero arraigó y se extendió especialmente entre los paganos; la
Iglesia comenzó siendo un pequeño grupo en Jerusalén, pero ha llegado a convertirse
en una fuerza global.

Además, tanto de la planta como de la masa aprendernos dos lecciones más. La primera,
algunas cosas necesitan ser dejadas solas. Si se toquetea la masa, no crecerá; si se
expone la semilla al aire, no germinará. No todo -ni incluso todos- necesita nuestra
constante atención. Formarnos parce de un gran proceso y, aunque podernos iniciar
una acción, una vez empezada, esta con frecuencia puede perfectamente seguir
adelante por sí misma. La segunda lección es que a veces necesitarnos apartarnos del
camino. No siempre somos el centro; Finalmente, ambas imágenes pertenecen al
ámbito doméstico: la parábola de la semilla se sitúa en un huerto o en terreno local; la
parábola de la levadura, en un horno de pueblo. El Reino de los Cielos se encuentra en
lo que hoy podríamos llamar «nuestro patio trasero», en la generosidad de la naturaleza
y en el trabajo diario de los hombres y de las mujeres.

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