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La minería en el Perú

Anoche y la noche anterior el programa Prensa Libre de América Televisión


abordó un tema que ha estado presente en los últimos días: las operaciones
mineras y la oposición que éstas reciben por parte de diversos grupos: ONG’s,
movimientos campesinos, grupos ecologistas y organizaciones varias. Una de
estas últimas, llamada Conacami, se constituyó en el mejor referente de la
oposición a las operaciones mineras. La minería, como cualquiera sabe, es una
de las actividades que mayores divisas reporta al país, la misma que es
fácilmente cuestionable dada la naturaleza propia de su actividad.

Rosa María Palacios entrevistó vía microondas a Miguel Palacín, presidente


de la Coordinadora Nacional de Comunidades del Perú afectadas por la Minería,
la conocida Conacami, que intervino en la campaña contra la licitación de Las
Bambas y que ahora último promovió la paralización de las prospecciones
mineras que realizaba Antamina en Cajamarca. Esta asociación a través de su
presidente, el señor Palacín, estableció nuevamente cuál es el objetivo de su
organización: el que nuestro país, el Perú, deje de ser un país minero. Asi lo
resume la Plataforma de Conacami: “La minería no puede seguir siendo
considerada el sector estratégico de la economía peruana y, por lo tanto, el
sector prioritario del modelo económico porque es una industria extractiva que
no otorga sostenibilidad en su desarrollo”. Dicho esto se exige la “Ejecución de
un modelo económico alternativo viable para el país, basado en la promoción de
la agroindustria, el turismo y la construcción (…) como única vía para el
desarrollo sostenible.”

Lo singular de esta asociación es que ha


empezado a ofrecer la perspectiva auspiciosa, pero terriblemente falaz, de que
una mínima inversión va a convertir a nuestro país en una potencia agrícola. El
discurso de Conacami (cambio del modelo económico neoliberal, reivindicación
de supuestos derechos de propiedad referentes al subsuelo y a los recursos que
en ellos se encuentre, defensa de la ecología, etc.) se ha convertido en facilmente
adoptable por uan variedad de movimientos que le han dado ún súbito poder de
movilizar activistas allá donde las mineras emprenden sus operaciones, como
fue en Cajamarca. Reclamos y justificantes, ¿en verdad el Perú podría ser un
país agrícola tan sólo erradicando las empresas mineras? y sobre todo
¿dejaremos de ser un país pobre dedicandonos al agro y mandando al olvido la
minería? La respuesta merece mucho análisis, sin embargo vamos por partes.

1.- El Perú para ser agrícola y vivir de ello requiere dos elementos: recursos
económicos y recursos geográficos. Para encontrar recursos económicos
tenemos que enfrentarnos primeramente a un problema legal: de quíen son las
tierras, y para qué se pueden usar. El territorio peruano posee en su territorio
invisibles fronteras a cada paso que demos: comunidades campesinas,
minifundios, propiedad estatal, concesiones, propiedad informal, mera
posesión, propiedad privada saneada y sin sanear, etc. En el caso del terreno
cultivable apto para desarrollar proyectos agrícolas a escala industrial este
problema hace que se tenga que discutir y hasta litigar a fin de poder esclarecer
derechos de propiedad que permitan iniciar y mantener una industria agrícola.
Ese es un problema que va más allá de la existencia de las mineras.

2.- A mucha gente se le pasa por alto el que la agricultura requiere no sólo
tierras cultivables sino también accesibles y, más aún, con el adecuado
suministro de agua. El agua es esencial para la agricultura y la gran verdad es
que entre la zonas gélidas, los desiertos y demás, la distribución del agua en
nuestro territorio no da abasto a las necesidades del agro. Si nos ponemos a
analizar, ni siquiera nos damos abasto para proveer de agua a la población: el
agua como recurso es tan escaso que muchas ciudades en el país ofrecen sólo un
suministro restringido de agua potable, y esto no sólo debido a las deficientes
redes, por cierto.

El planteamiento de Conacami, que en parte pide restricciones a la minería


como a su vez busca su erradicación, puede ser atractivo si uno se deja llevar por
el apasionamiento de ver el reclamo sin ver qué alternativas reales existen. La
minería en sí puede ser letal, es cierto, siempre y cuando no se tomen las
medidas pertinentes. Esto implica regulación, normatividad específica que debe
ser formulada y debatida. Pero vender el paraiso falso de la agricultura y
enfocarse en la mera erradicación de la actividad minera es más una labor
suicida, mirando las carestías que hay que atender en el país.