Está en la página 1de 185

Porque no saben lo que hacen

S la v o j Z i z e k
Espacios del S aber

Porque no saben
lo que hacen
1. Paul V irilio, Un paisaje de acontecimientos. E l goce como un
2. Jacques D errida, Resistencias del psicoanálisis.
3. T erry E agleton , Las ilusiones del posmodemismo. factor político
4. Sim on C ritch ley y otros, Desconstrucción y pragm a­
tismo.
5. C atherine M illot, G ide-G enet-M ìshim a.
6. F re d ric Jam eson y Slavoj Z iz e k , Estudios Culturales.
Reflexiones sobre el multiculturalismo.
7 . Nícolás^Casullo, M odernidad y cultura crítica.
8. Slavoj Z izek, Porque no saben lo que hacen.
BIBLIOTECA CIENCIA POLITICA
SISTEMA DE BÏ3UDTECAS
PONTIFICA U. C. DE CHILE

2 s a1 O 0 !

P A ID Ó S
Buenos Aires - Barcelona - México
b

T ítu lo origin al: For they know not what they do


V e rso , L o n d res - N ueva Y o rk , 199 6
© Slavoj ¿ iz e k 1991

T ra d u c c ió n de Jo r g e P iatigo rsk y

C u b ie rta de G u stavo M a cri


M o tiv o de tapa extraíd o de G io rg io D e C h iric o , Los gladiadores, 1928

la. edición, 1998

A Kostja, m i hijo
Im p reso en la A rg en tin a. P rin ted in A rgentina
Q u eda h ech o el d ep ó sito que previene la L e y 11 .7 2 3

© C o p y rig h t de todas las ed icion es en castellano

E d ito ria l P aid ó s S A IC F


D efen sa 5 9 9 , B u en o s A ires

E d icio n es P aid ós Ib érica S.A.


M a ria n o C u b í 9 2 , B a rce lo n a

E d ito ria l Paid ós M exican a S.A .


R u b é n D a río 118, M é x ic o , D .F .

Se te rm in ó de im p rim ir en él m es de ó c tu b re dé 1 9 9 8 en
G rá fica M .P .S , S .R .L ., San tiago del E s te r o 3 3 8 - Lan ús,
B ü érios A ires, R ep ú b lica A rg en tin a

La reproducción total ¿.parcial dé este libro, en cualquier forma .qué sea, idéntica ó
modificada, escrita a máqúiiia, por él sistema “nvultigrapli”, miméógrafc, impresó por
fútricópia, foto duplicación, etc., no autorizada por los editores, viola derechos reserva­ i
dos. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada.

ISBN 950-12-6508-0
y

Indice

Introducción. El destino de un chiste............................... 11

Primera parte
Epluribus unum

1. Sobre el U n o ..................................................................... 19
2. La caprichosa identidad.................................................. 89
I
I
Segunda parte
El malestar en la dialéctica

i 3. Lalengua hegeliana.......................................................... 137


4. Sobre el O tro..................................................................... 189

Tercera parte
Cwn grano praxis

5. ¿Está bien todo lo que termina bien?......................... 235


6. Mucho ruido por una C o sa........................................... 299

índice analítico........................................................................ 361

9
I
Introducción
E l destino de un chiste

El telón de fondo de este libro queda ilustrado del mejor


ínodo con el chiste soviético sobre Rabinovich, un judío que
quería emigrar. El burócrata de la oficina de emigración le
preguntó por qué. Rabinovich respondió: “Hay dos razones.
La primera es que temo que los comunistas pierdan el poder
en la Unión Soviética, y que las nuevas fuerzas políticas nos
culpen a nosotros, los judíos, por los crímenes comunistas...”.
“Pero-interrumpió el burócrata-, esto es absurdo, ¡el poder
de los comunistas es eterno!” “¡Bien -respondió Rabinovich
con calma-, ésta es mi segunda razón.”
En E l sublime objeto de la ideología, publicado en 1989,1 este
chiste era todavía eficaz, pues según los últimos datos, la prin­
cipal razón de los judíos para emigrar de la Unión Soviética
era la primera alternativa de Rabinovich. En efecto, temían
que, con la desintegración del comunismo y la emergencia de
fuerzas nacionalistas abiertamente antisemitas, una vez más
lós judíos serían inculpados, sobre todo que hoy en día nos
resulta fácil imaginar el chiste inverso. La respuesta de Rabi­
novich al burócrata sería: “Hay dos razones. L a primera es
que sé que el comunismo en Rusia durará eternamente, que
nada cambiará en realidad aquí, y esta perspectiva me resulta
insoportable...”. “Pero -interrumpiría el burócrata- esto es
absurdo. ¡El comunismo está desintegrándose en todas par­
tes! Y los responsables de los Crímenes Comunistas serán seve-

11
Slavoj Zizek
Introducción

ramente castigados.” “¡Ésa es precisamente mi segunda ra­


“espíritu antidogmático” que mantiene una “distancia crítica”
zón! ”, respondería Rabinovích. respecto de todo enunciado teórico para con servar la identidad
Reteniendo de los viejos y buenos tiempos la idea de que
constante y completa de su posición de enunciación, el autor
el impulso del progreso en el socialismo es la autocrítica, este
está convencido de que sólo asumiendo sin reservas una posi­
libro complementa los análisis de El sublime objeto de la ideolo­
ción teórica determinada uno se expone efectivamente a una
gía, intentando articular el aparato teórico que nos permite
crítica posible, i/^
captar el cambio histórico indicado por el extraño destino del
Entonces, ¿en qué sentido preciso éste es un libro íacania-
chiste de Rabinovich: la irrupción del jgocg_enJa fo rm aje la
no? En su Pragmatismo, William James desarrolló la idea, re­
reemergencia del nacionalismo y el racismo agresivos que
tomada por Freud, de que en la aceptación de una nueva teo­
acompañan a la desintegración del “socialismo real” de la Eu­
ría hay tres etapas necesarias: primero es descartada como
ropa oriental. A esto se refiere el título del libro: el psicoaná­
absurda; después hay quienes sostienen que la nueva teoría,
lisis es mucho más severo que el cristianismo; la ignorancia no
aunque no carece de méritos, en última instancia se limita a
es una razón suficiente para perdonar, puesto que lleva consi­
presentar con nuevas palabras algo que ya saben todos; final­
go una dimensión oculta de goce. Donde uno no sabe (no mente se reconoce la novedad.
quiere saber), en las lagunas, los blancos del propio universo
A un lacaniano le resulta fácil discernir en esta sucesión
simbólico, uno goza, y no hay ningún Padre que perdone,
los tres momentos del “tiempo lógico” articulados por La-
puesto que esas lagunas se sustraen a la autoridad del Nom -
can:2 el instante de la mirada (“advierto inmediatamente que
bre-del-Padre. esto no es nada”), el tiempo para comprender (“tratemos de en­
Lo mismo que en El sublime objeto de la ideología, el espacio
tender lo que el autor dice” lo cual significa “veamos de redu­
teórico de este libro está moldeado por tres centros de grave­ cirlo a lo ya conocido”) y el momento de concluir (tomar la de­
dad: la dialéctica hegeliana, la teoríaLRsicoamlítica lacanian cisión con dudas y aceptar la nueva teoría en su novedad, por
y la crítica contemporánea de ía ideología. Estos tres círculos miedo a que llegue a ser demasiado tarde para sumarse a la
forman un nudo borromeo: cada uno de ellos vincula a los nueva doxd). Desde luego, estos tres momentos también de­
otros dtís; el lugar que ellos rodean, el “síntoma” que está en terminan la recepción de la propia teoría lacaniana: 1) “Senci­
el medio, es por supuesto el goce por parte del autor (y el au­ llamente, Lacan nos está engañando; su denominada teoría es
tor espera que sea también el del lector) de lo que despectiva­ un sofisma totalmente carente de valor”;3 2) “Lacan se limita
mente suele llamarse “cultura popular”: las películas policia­ a formular en una jerga oscura lo mismo que el propio Freud
les y de horror, los melodramas (¡le Hollywood... Estos tres y otros ya dijeron mucho más claramente”; 3) “Afirmo que yo
círculos teóricos, sin embargo, no tienen el mismo peso: es el mismo soy un lacaniano, por miedo a que los otros me con­
intermedio, la teoría de Jacques Lacan,'el que (como diría venzan de que no soy un lacaniano”.
Marx) constituye “la iluminación general que baña a todos Pero lo que este libro intenta es precisamente romper esta
los otros colores y.los modifica en su particularidad”, “el éter
lógica del “reconocimiento”, reemplazarla por el proceso de
particular que determina la gravedad específica de cada ser la cognición, del trabajo teórico: lo que hacemos es poner eíi
que se ha materializado en su seno”. En otras palabras, para funcionamiento el aparato teórico de Lacan. La obra elabora
expresarlo con el vocabulario de los desconstructivistas, el los perfiles de una teoría lacaniana de la ideología, avanzando
marco teórico de este libro está a su vez enmarcado por las paso a paso, a través de rodeos siempre nuevos, hacia su prin­
partes lacanianas de su contenido. En contraste con el falso cipal objeto, el estatuto del goce en el discurso ideológico,

12 13
V
Slavoj Zizek Introducción

posponiendo este encuentro del mismo modo que en el amor Notas


cortés posponemos la reunión cumbre con la Dama. Lenta­
mente, el acento se desplaza de Hegel a los actuales atollade­ 1. Slavoj Zizek, The Sublime Object o f Ideology, Londres, Verso,
ros político-ideológicos, pasando por Lacan. 1989, págs. 75-6 [ed cast.: El sublime objeto de la ideología, México,
Sin embargo, lo que le da a este libro su sabor específico Siglo XXI. 1992].
no es tanto el contenido como su lugar de enunciación. Incluye 2. Jacques Lacan, “Logical Tim e and the Asscrtion ofAmicipa-
fed Certainty”, Newsktter of the Freudian Field, vol. 2, n° 2, Colum­
los textos de conferencias pronunciadas en seis lunes consecu­
pia, Univ.ersity of Missouri, 1988.
tivos en el semestre invernal de 1989-1990, en Liubliana, Yu­ 3. Para que no se piense que esa posibilidad es totalmente fícti-
goslavia. Estas conferencias eran un curso introductorio a La- pja, permítasenos citar una reciente entrevista a Noam Chomsky:
can organizado por la Sociedad Eslovena de Psicoanálisis ^...rñj opinión franca es que (Lacan] era un charlatán consciente, y
Teórico, y apuntaban al público “benévolamente neutral” de se limitaba a jugar con la comunidad intelectual de París, para ver
intelectuales que constituían la fuerza impulsora de la demo­ cuánto absurdo podía producir sin dejar de ser tomado en serio”
cracia; en otras palabras, lejos de asumir la posición de un (Noam Chomsky, “An Interview”, en Radical Philosophy, 5 3, otoño
Amo “supuesto saber”, el conferenciante actuó como un ana­ de 1989, pág. 32).
lizante que se dirigía al analista constituido por su público.
Las conferencias fueron pronunciadas en la atmósfera singu­
lar de esos meses: un momento de intensa fermentación polí­
tica, con “elecciones libres” a una semana de distancia, cuan­
do aún parecían abiertas todas las opciones; el momento de
un “cortocircuito” que combinaba el activismo político, la
teoría “superior” (Hegel, Lacan), y un goce irrestricto en la
cultura popular “inferior”: un momento utópico singular que
ahora, después de la victoria electoral de la coalición populis-
ta-nacionalista y la llegada de un nuevo “tiempo de truhanes”,
no sólo ha terminado.sino que es cada vez más invisible, bo­
rrado de la memoria como un “mediador en desaparición”.
Cada conferencia está compuesta de dos partes, puesto
que duraba tres horas, de las siete a las diez, con uná pausa in­
termedia, Para emplear una expresión cinematográfica, era un
“programa doble” teórico. Aunque estas'conferencias han si­
do ahora “ordenadas”, reescritas y editadas con las referencias
convenientes, etcétera, subsisten en ellas, más de' una huella de
las circunstancias caóticas en que se originaron, Esas huellas
han sido preservadas deliberadamente, como una especie de
monumento al momento singular d&su enunciación,

14 15
PRIMERA PARTE

E pluribus unum

j
1 . Sobre el Uno

f-

I
i
I I. 'E l nacimiento de un significante amo
!

El esloveno no analizable

Comencemos con nuestro lugar de enunciación: Eslove-


ftia. ¿Qué significa, en términos psicoanalíticos, ser un eslo­
veno?
En toda la obra de Freud solamente se menciona a un es­
loveno, en una carta al psicoanalista triestino Edoardo Weiss,
dél 28 de mayo de 1922; no obstante, ésta única mención es
ii'; más tjue Suficiente, pues condensa toda üna serie de cuestio­
nes clave de la teoría y la práctica psicoanalíticas, desde la am­
bigüedad del superyó hasta el problema de la madre cóino
;portadora de la ley/prohibición en la tradición <eslovena. I)e
;diodo' que vale la pena considerarla cóiumás atención.
. Weiss, que ejerció el psicoanálisis en la década de 1920 (y
émigró a los Estados Unidos en la década de 1930, cuando las
cóndiciohes políticas hacían imposible esa práctica en Italia),
mantenía una correspondencia regular con Freud, sobre -tollo
acérca de pacientes: Weiss informaba a Freud sobre él cursó
de ciertos análisis y le pedía consejo. Requirió entonces Su
opinión sobre dos casos de principios de la década de 1920 en
lós cjVie se presentaba el mismo síntoma: impotencia. Veamos
■fla exposición del propio Weiss:

19
v
Slavoj Zízek Sobre el Uno

En 1922 he estado tratando a dos pacientes que padecen im­ frenta a estas personas; no basta nuestra perspicacia para atrave­
potencia. El primero es un hombre sumamente culto, de unos 40 sar la relación dinámica que los controla.2
años, es decir, unos diez más que yo. Su esposa, a la que amaba
mucho, había muerto unos años antes. Durante el tiempo del
matrimonio él había estado en posesión de su pleno vigor sexual. No resulta difícil detectar un atolladero básico en la res­
La mujer cayó en una depresión profunda, y los intentos de cu­ puesta de Freud: se revela primordialmente en su naturaleza
rarla que realizaron algunos analistas vieneses no produjeron contradictoria, en la oscilación entre dos posiciones. El eslo­
ningún resultado. Se suicidó. Mi paciente reaccionó a este suici­ veno aparece primero como alguien que no merece atención
dio con una pesada melancolía... psicoanalítica, con la idea implícita de que éste es un caso sim­
El segundo paciente, un esloveno, era un hombre joven. Ha­ ple de maldad, inmoralidad directas, superficiales, sin “pro­
bía servido en el ejército en la Primera Guerra Mundial, y poco fundidad” propia de la dinámica psíquica inconsciente; en la
antes [del tratamiento] había sido desmovilizado. En el campo oración siguiente, el caso es por el contrario definido como
sexual era complementamente impotente. Algunas personas ha­ inanalizable. La barrera no era entonces “ética” (es indigno de
bían sido víctimas de sus engaños, y tenía un yo completamente
análisis) sino epistemológica (es en sí mismo inanalizable, el
inmoral.1 intento de análisis fracasaría). Esta paradoja corresponde pre­
cisamente a la paradoja lógica de la prohibición del incesto: lo
Lo que impresiona en esta presentación es la simetría casi prohibido es algo ya en sí mismo imposible, y el carácter
total de los dos casos. El primer paciente es diez años mayor enigmático de la prohibición reside precisamente en la redun­
que Weiss, y el segundo diez años menor; el primero es un dancia. Si algo es en sí mismo imposible, ¿por qué resulta ne­
hombre moral y muy culto, mientras que el segundo es extre­ cesario además prohibirlo?
madamente inmoral; en uno y otro se trata del mismo efecto, ¿En qué consiste, entonces, la paradoja de la impotencia
la impotencia. (Estrictamente hablando, la simetría no es del esloveno? Nada es más fácil que explicar esta impotencia
completa. El italiano era capaz de contactos sexuales ocasio­ como resultado de una excesiva obediencia, de remordimien­
nales con prostitutas: desde luego, en un hombre con “cultu­ tos, de un sentimiento de culpa generado por la disciplina ex­
ra y costumbres altas” éstos no contaban como contactos se­ cesiva y una sensibilidad moral rígida, etcétera. Este es el
xuales reales, es decir, contactos con iguales. Por otro lado, el concepto habitual, cotidiano del psicoanálisis: contra la disci­
esloveno era completamente impotente.) La respuesta de plina excesiva del superyó, agente de la represión social inter­
Freud en la carta del 28 de mayo de 1922 recogió esta duali­ nalizada, hay que reafirmar la capacidad del sujeto para el pla­
dad: a sü juicio, el italiano merecía un tratamiento, puesto cer1distendido; el sujeto tiene que liberarse de la inhibición
que se trataba de un hombre de “cultura y costumbres altas”, interna que bloquea su acceso al goce.
que sencillamente experimentaba un remordimiento exagera­ El esloveno de Freud pone claramente de manifiesto la in­
do; la impotencia era consecuencia de uá complejo de culpa suficiencia de esta lógica de “liberación del deseo respecto de
patológico, y la solución para él -u n hombre dé sensibilidad la restricción de la represión interna”: Weiss explica que ef
refinada- consistía én aceptar el suicidio de la esposa. Sobre paciente era “muy inmoral”, explotaba al prójimo y lo enga-
el esloveno, Freud observó: naba con una falta total de escrúpulos... pero estaba Lejos de
lograr él placer distendido,, en el sexo, sin ningún tipo de
El segundo caso, el esloveno, es obviamente un inútil que no “obstrucción interna”; era “completamente impotente”^ el
merece sus esfuerzos. Nuestro arte analítico fracasa cuando en­ goce le estaba completamente prohibido. O, en las palabras

20 21
Sobre el Uno

jos muchachos echa una mirada furtiva a través de la ventana,


de Lacan contra Dostoievski, contra su famosa posición de
y el maestro le pregunta sarcásticamente: “¿Tendría usted Ja
que “si Dios no existe todo está permitido”: si no hay Dios (eJ
Nombre-de!-Padre como instancia de la ley/prohibición), to- amabilidad de decimos qué hay tan atractivo allí afuera, en el
patio?” Las cosas han sido llevadas a su extremo: la razón de
- do está prohibido. Y, ¿es excesivo sostener q:ugj;sta^.£s_preci-
que esta presentación invertida de la relación “normal”, coti­
sgmenteJa„tógica del discurso político totalitario? El impedi­
diana, entre la ley (la autoridad) y el placer produzca un efec­
mento del sujeto, producido por este discurso, resulta de una
to tan extraño consiste, por supuesto, en que saca a la luz del
ausencia o suspensión análoga de la ley/prohjbición. Sin em­
día la verdad habitualmente oculta del estado de cosas “nor­
bargo, para volver a nuestro esloveno: puesto que fue Lacan
mal” cuando el goce es sostenido por un severo imperativo
quien QjEDOrp
CJUlCll elaboró esta
tlblH lógica paradójica del impedimento,
* de la
$uperyoico.
prohibición uniyers^lizada generada jy>r la ausencia fni?ma de
El punto teórico crucial que no hay que pasar por alto es
la ley/prohibición, podemos aventurar alguna especulación
que esta inversión especular no puede reducirse al ámbito de
salvaje y decir que nosotros, los eslovenos (“inanalizables” se­
lo Imaginario. Es decir que, cuando abordamos la oposición
gún Freud) tuvimos que aguardar a Lacan para encontrarnos
entre lo Imaginario (la captación por la imagen del espejo, el
con el psicoanálisis; solo con Lacan el psicoanálisis mismo al­
reconocimiento en una criatura semejante) y Jo Simbólico (el
canzó un nivel de refinamiento que permite abordar aparicio­
orden puramente formal de rasgos diferenciales), por lo gene­
nes tan indecentes como las uta de
uVlos
J.Vj'v eslovenos.3
J yk/*v ' - __
¿Cómo explicamos esta paradojjpde queja ausencia de la ¡ ral no se advierte que la dimensión específica de lo Simbólico
emerge del mismo reflejo imaginario, es decir, de su duplica­
ley unlversaliza la prohibición? Hay una sola explicación p.o- ¡
ción, por medio de la cual -según dice Lacan sucintamente- la
sible: el goce en sirque nosotros experimentamos como “transgre- i
imagen real es reemplazada por una imagen virtual. Por lo
sión”, es en su estatuto más profundo algo impuesto, ordenado; I
tanto, lo Imaginario y Jo Simbólico no están simplemente
cuando jjozamos, nunca do hacemos “espontáneamente”,
opuestos como dos entidades o niveles externos: dentro de lo
siempre seguimos un cierto mandato. El nombre psieoanaííti-
Imaginario en sí hay siempre un punto de doble reflejo en él
co de esíc mandato obsceno, (le este llamado obsceno, “¡Go­
cual lo Imaginario, por así decirlo, está enganchado en lo
za!”, es superyó.JEsta paradoja del superyó aparece escenifica­
Simbólico.
da en su forma pura en Monty PytlmFs fyleanmg o f Ljfe, en el
episodio sobre la educación sexual: los escolares aburridos Hegel demostró el mecanismo de este pasaje con la dialée-
bostezan en ja clase, aguardando la llegada del profesor. tica deí “mundo cabeza abajo” (die verkehrte Welt) que cierra
Cuando uno de ellos grúa “¡Ahí viene!”, todos empiezan a la1sección sobre la conciencia en su Fenomenología del espíritu.
Después de exponer la idea cristiana del Más Allá como la in­
hacer ruido, gritar y arrojarse objetos? el espectáculo del tu­
multo salvaje tiene ía finalidad exclusiya. de impresionar la mi­ versión de la vida terrestre (aquí reinan la injusticia y la vio­
lencia, mientras que Allá será recompensada la bondad, etcé­
rada del maestro, Después de calmarlos, él comienza a pre­
tera), señala que la inversión es siempre doble; una mirada
guntar si saben cómo se excita la vagina; atrapados en su
más atenta descubre que el “primer” mundo cuya imagen in­
ignorancia, ios avergonzados alumnos evitan su mirada y bal­
vertida es él mundo cabeza abajo, ya estaba invertido en sí
bucean respuestas, mientras el maestro Jos reprende severa­
mismo. En esto consiste la lógica de la caricatura, Recorde­
mente porque no han practicado 1.a materia en el bogar.* Con
mos el procedimiento de Swíft en Los viajes de Gulliver, el lec­
la ayuda de la esposa, a continuación íes demuestra ja pene­
tor enfrenta úna serie de inversiones burlonas de nuestro uni­
tración del pene en la vagina; aburrido por el tema, uno de

23
v
Slavoj Ztzek Sobre el Uno

verso humano “normal” (la isla poblada por enanos de dos libera de la hipocresía asfixiante y nos obliga a enfrentar el es­
pulgadas de alto; un país en el que estaban invertidas las rela­ tado real de las cosas. Lo que se prefiere pasar en silencio son
ciones “normales” entre los seres humanos y los caballos, los las consecuencias catastróficas de ese gesto liberador para el
seres humanos vivían en establos y servían a los caballos...). entorno, para la red subjetiva en la que se produce. Al afirmar
Por supuesto, Swift apunta a nuestras propias debilidades y abiertamente que el Emperador no tiene ropaj nuestra inten­
estupideces: por medio de un mundo fantástico que presenta ción es sólo desembarazarnos de la hipocresía y el fingimiento
su imagen invertida, intenta poner en ridículo las locuras (la innecesarios, pero después de la hazaña, cuando ya es demasia­
inversión) de nuestro mundo supuestamente “normal”. La do tarde, advertimos de pronto que hemos ido demasiado le-
imagen de seres humanos que sirven a caballos debe despertar ;jos, que se ha desintegrado la comunidad de la que éramos
en nosotros la idea de la vanidad de la especie humana, en miembros^Quizá por ello ha llegado el momento de abando­
comparación con la sencilla dignidad de esos animales; las nar el elogio habitual del gesto del niño, y considerarlo más
disputas fútiles de los liliputienses tienen la finalidad de re­ bien el prototipo del parlanchín inocente que, sin saberlo ni
cordarnos la presunción de las costumbres humanas, y así su­ quererlo, pone en marcha la catástrofe, al cometer el desatino
de sacar a la luz lo que debe permanecer tácito para que con­
cesivamente.4
Esto nos permite diferenciar claramente la función del serve su consistencia la red intersubjetiva existente.
ideal del yo (es decir, de la identificación simbólica) respecto La pequeña obra maestra de Ring Lardner titulada “W ho
de su contracara imaginaría: la identificación simbólica es una dealt?”5 narra la historia de un parlanchín de ese tipo. La tra­
identificación con el punto ideal (“virtual”) desde el cual el su­ ma como tal no tiene nada en especial: dos parejas amigas (la
jeto se mira a sí mismo cuando su propia vida real le parece narradora y su esposo Tom; Helen y Arthur) pasan una noche
un espectáculo vano y repulsivo. Swift, lo mismo que Monty juntos jugando al bridge. La narradora, que se ha casado po­
Python, pertenece al linaje “misántropo” del humor inglés, co antes con Tom , no conoce nada del pasado tormentoso de
basado en la aversión a la vida como la sustancia del goce, y el este último: años atrás, él y Helen vivieron un amor apasiona­
ideal del yo es precisamente el punto de vista adoptado por el do y se separaron debido a una pequeña desinteligencia; des­
sujeto cuando percibe su vida cotidiana “normal” como algo truida y desamparada, Hellen se casó con su confiable amigo
invertido. Este punto es virtual, puesto que no figura en nin­ Arthur, mientras Tom luchaba por salir de la desesperación y
gún lado en la realidad: difiere de la vida “real” así como de se daba fuerzas escribiendo poemas que, de un modo semio-
su caricatura invertida, es decir, no puede ser ubicado en la culto, hablaban de su amor perdido. La narradora ha descu­
relación especular entre la realidad y su imagen invertida y, bierto los intentos literarios de T om entre los papeles del
por lo tanto es de naturaleza estrictamente simbólica. hombre; sin tener conciencia del efecto, los recita durante el
juego para distraer al grupo. El relato termina en el preciso
momento en que sale a la luz la catástrofe, cuando la narrado­
¡Que el Emperador conserve su ropa! 1 ra toma conciencia de que está haciendo algo terriblemente
erróneo...6 /
Se puede llegar al mismo punto a través del gesto dé afir­ Hasta entonces, nada especial. El efecto de la historia gira
mar que el Emperador no tiene ropa. El niño del cuento de exclusivamente en torno a su perspectiva narrativa: está escrita
Andersen que con una inocencia fascinante dice lo obvio es enteramente como monólogo de la narradora, como su parlo­
por lo general considerado un ejemplo de la palabra quepios teo confuso que acompaña al juego; estamos estrictamente li­

24 25
Slavo] Zizek Sobre el Uno

mitados a su perspectiva, a lo que ella dice y ve. Sería fácil ambiente) se refleja a su vez en ella mis?na. Una vez más, este
imaginar la misma historia relatada desde otra perspectiva: reflejo doble produce un punto simbólico cuya naturaleza es
por ejemplo la de su esposo Tom, que se estremece de angus­ puramente virtual: ni lo que yo veo inmediatamente (la “rea­
tia a medida que su esposa habladora se acerca al terreno pe­ lidad” en sí) ni el modo en que los otros me ven (la imagen
ligroso. Sabiamente, Lardner prefirió el punto de vista de la “real” invertida de la realidad), sino el modo en que veo que los
persona que sin saberlo actuaba como causa de la catástrofe: otros me ven. Si no agregamos este tercer punto de vista, pura­
en lugar de presentar esta catástrofe inmediatamente, la evoca mente virtual, del ideal del yo, sigue siendo totalmente in­
“fuera del campo” (para usar esta expresión de la teoría cine­ comprensible el modo en que la representación invertida de
matográfica), es decir, tal como se refleja en el rostro de su causa. nuestro mundo “normal” puede actuar como una repulsa pa­
En esto consiste su maestría narrativa: aunque estrictamente radójica del carácter invertido propio de nuestro mundo
limitados al punto de vista de la parlanchína inocente, noso­ “normal” en sí: es decir, no comprendemos el modo en que la
tros, los lectores, ocupamos al mismo tiempo la posición del descripción de un mundo extraño opuesto al nuestro, puede
“Hombre que sabía demasiado” de Hitchcock, de personas dar origen al extrañamiento radical respecto de nuestro mun­
que saben que las palabras de la parlanchína se inscriben en do. La clave de la eficacia del relato de Lardner consiste en
un marco en el que significan la catástrofe. Nuestro horror es que, por medio de ese doble reflejo especular, nosotros, sus lec­
estrictamente codependiente de la limitación radical de nues­ tores, somos e?nplazados en la posición del ideal del yo de la narra­
tra perspectiva a la de la parlanchína ignorante que, hasta el dora: podemos ubicar el parloteo complacido en su contexto
final mismo, no tiene ningún presentimiento del efecto de sus intersubjetivo y de tal modo advertir sus efectos catastróficos.
palabras. Para decirlo en “hegelés”, nosotros, los lectores, somos su
Esto es lo que Lacan quiere decir cuando sostiene que el “en-sí” o “para-nosotros”.
sujetp_del. significanteustá constitutivamente clivado, escindido'. Éste es también el punto en el que llegan a un atolladero
el sujetq hablante está clivado entre la ignorancia desu, expe­ todos los intentos de definir el “carácter invertido” del mun­
riencia imaginaria (la narradora imagina que está continuan­ do moderno: la inversión doble cuestiona la norma misma de
do con tiña conversación trivial) y el peso que adquieren sus la “normalidad” empleada para medir la inversión; pensamos
palabras en el campo del gran Otro, él modo en que ellas en las formulaciones basadas en la lógica del “en lugar de”,
afectan la red intersubjetiva: la “verdad” de la parlanchína como las que abundan en las obras del joven Marx (“en lugar
inocente puede muy bien -ser una catástrofe intersubjetiva. de reconocer en el producto de mi trabajo la actualización de
Lacan dice sencillamente que estos dos niveles nunca se ligan mis fuerzas esenciales, este producto se me aparece como un
totalmente; la brecha que los separa es constitutiva; el sujeto, poder independiente que me oprim e..,”).
por definición, no es amo de los efectos de su palabra, puesto Permítasenos recordar la célebre investigación sobre la,
que quien está al mando es el gran Otro, personalidad autoritaria en la que a fines de la década de 1940
Ésta limitación al puntó de vista de la narradora como Adorno y sus colaboradores intentaron definir el "síndrome
causa de la catástrofe implica una vez más la estructura del re­ autoritario”, es decir, el tipo ideal weberiano de la disposición
flejo especular doblé: no sólo vemos el modo en que sus pala­ psíquica autoritaria. ¿Cómo construyeron su hipótesis inicial,
bras se reflejan en los ojos de los afectados por ellas, sino, in­ la serie coherente de rasgos que constituyen el “tipo autorita­
cluso más radicalmente, la manera en que el efecto de sus rio”? Martin Jay, en su Dialectical Im aginathnf realiza una
palabras sobre el ambiente (el reflejo de sus palabras en el observación sarcástica sobre el modo en que llegaron al sín­

26 27
Sobre el Uno
Slavoj Zizek
¿Cómo se relacionan el nominalismo del sentido común
drome autoritario mediante el procedimiento simple de in­
(la ley romana y la ley germana como dos leyes) con el idea­
vertir los rasgos que definen la imagen (ideológica) del indivi­
lismo especulativo (LA Ley se realiza en la ley romana y en la
duo burgués liberal. La ambigüedad reside en el estatuto no
ley germana)? ¿Es este último una simple inversión del pri­
explicado de esta contracara “positiva” de la “personalidad
mero y, como tal, expresión teórica del carácter invertido
autoritaria”: en efecto, ¿es una contracara positiva por cuya
(“alienado”) de la vida social real en sí, o bien el “mundo ca­
realización debemos luchar, o acaso la “personalidad autorita­
beza abajo” de la especulación dialéctica es “la verdad” oculta
ria” es el reverso de la “personalidad liberal”, su cara oscura
de nuestro muy “normal” universo cotidiano del sentido co­
intrínseca? pión? Lo que está en juego en este caso es la noción misma
En el primer caso, la “personalidad liberal” es concebida
de “alienación” en Marx: en el momento en que la inversión
como una especie de “posibilidad esencial”, cuya realización
se redobla (el momento en que la inversión atestigua el carác­
desemboca en su opuesto debido a la “regresión” fascista; la
ter invertido del estado “normal” en sí) queda cuestionada la
relación entre ellas es, por lo tanto, la del paradigma ideal (la
norma misma por medio de la cual medimos la alienación.
“personalidad liberal”) y su realización pervertida (la “perso­
Podríamos además postular con Lacan que el estatuto del
nalidad autoritaria”). Como tal, resulta fácil describirla con la
sujeto en sí (el sujeto del significante) es precisamente el de
retórica del joven Marx: “En lugar de tolerar la diferencia y
una “imagen virtual” de ese tipo: sólo existe como un punto
aceptar el diálogo no violento como la única manera de llegar
virtual en el autorrelacionamiento de las diadas del significan­
a una decisión común, el sujeto aboga por la intolerancia vio­
te; como algo que “habrá sido”, que no está nunca presente
lenta y desconfía del diálogo libre”; “en lugar de examinar
en la realidad o en su imagen “real” (actual). Es siempre ya
críticamente a toda autoridad, el sujeto obedece de modo
“pasado”, aunque nunca apareció “en el pasado mismo”; se
acrítico a quienes ejercen el poder”, etcétera). En el segundo
constituye por medio un doble reflejo, como resultado del
caso, la “personalidad autoritaria” tiene un valor estrictamen­
modo en que el reflejo del pasado en el futuro es a su vez re­
te sintomático: en ella emerge la verdad reprimida de la per­
flejado en el presente. Todos recordamos de nuestra juventud
sonalidad liberal “manifiesta”; es decir que la personalidad li­
las sublimes fórmulas materialistas dialécticas del “reflejo es­
beral es confrontada con su fundamento totalitario.8 La
pecular subjetivo de la realidad objetiva”; para llegar a la idea
misma ambigüedad caracteriza la formulación marxista del
lacániana del sujeto basta con que redupliquemos este reflejo:
“mundo cabeza abajo” del fetichismo de la mercancía como la
el sujeto designa ese punto virtual en el mal el reflejo en sí es a su
inversión de las relaciones “normales” transparentes entre los
vez reflejado en la “realidad”, en el cual, por ejemplo (mi per­
individuos (por ejemplo, cuando Marx compara la inversión
cepción de) el posible desenlace futuro de mis actos presentes
propia del fetichismo de la mercancía con la inversión idealis­
determina lo que haré ahora. L o que llamamos “subjetividad”
ta de la relación entre lo universal y lo particular):
es en su forma más elemental este “cortocircuito” autorrefe-
rencial que en última instancia invalida todo pronóstico en las
Si yo digo que la ley romana y la ley germána son por igual
leyes, esto es algo evidente de por sí. Pero, por el contrario, sí relaciones intersubjetivas: el pronóstico mismo, en cuanto es
digo LA Ley, está cosa abstracta se realiza en la ley romana y en formulado, gravita sobre el desenlace predicho y nunca puede
la ley germana, es decir, en estas leyes concretas, y la intercone­ tomar en cuenta este efecto del acto de su propia enuncia­
xión se vuelve mística.9 ción. Lo mismo sucede con el reflejo hegeíiano. Lejos de ser
reducible a la relación especular imaginaria entre el sujeto y

29
28
Slavoj Zizek Sobre el Uno

su otro, siempre es reduplicado del modo que acabamos de El que pone un freno al furor de las olas
describir; implica un punto “virtual” no-imaginario.10 Sabe también detener los complots de los malvados.
La lección básica del doble reflejo es, por lo tanto, que la Sometido con respeto a su santa voluntad,
verdad simbólica surge a través de la “imitación de la imita­ Temo a Dios, querido Abner, y no tengo ningún otro miedo.
ción”: esto es lo que Platón encontraba insoportable en la ilu­
sión de la pintura, y por esto quería expulsar a los pintores de Este “J e crains Dieu, cher Abner, et n ’ai point d’autre crainte”
su Estado ideal: “La pintura no compite con la apariencia, próVoca la instantánea conversión de Abner: era un celóte im­
compite con lo que Platón designa para nosotros, más allá de paciente, fervoroso -y precisamente por ello inconfiable-, y
la apariencia, como siendo la Idea”.11 Basta con que recorde­ esá‘s palabras crean un ho?nbre de partido firme, fiel, seguro de
mos el recurso del “teatro dentro del teatro” para escenificar sí niismo y del poder divino. ¿De qué modo esta evocación
una verdad oculta (por ejemplo, así se desenmascara al rey del “temor de Dios” ha logrado realizar la conversión mila­
asesino en Hamlet) o el de la “pintura dentro de la pintura” grosa? Antes, Abner sólo veía en el mundo terrenal una mul­
para indicar la dimensión excluida del cuadro. Y la lección de titud de peligros que lo llenaban de miedo y esperaba que el
Hitchcock en Vértigo ¿no es precisamente la misma? A Scot- pioló opuesto, el de Dios y Sus representantes, le brindara
tie, el héroe de la película, le llega la hora de la verdad cuan­ ayuda y le perintiera vencer las múltiples dificultades de este
do descubre que la copia que estaba tratando de recrear (es mundo. Sin embargo, frente a esta oposición entre el reino
decir Judy, a quien intentaba remodelar como una copia per­ terrenal de peligros, incertidumbre, miedos, etcétera, y por
fecta de Madeleine, su gran amor perdido) es realmente la Otro lado el reino divino de paz, amor y seguridad, Joad no
muchacha a quien él había conocido como “Madeleine”, y trata simplemente de convencer a Abner de que, a pesar de
que, por lo tanto, estaba atareado realizando la copia de una co­ todo, las fuerzas divinas son lo bastante poderosas como para
pia. Gavin Elster, el espíritu maligno de la película, ya había imponerse al desorden terrenal; él apacigua los miedos de
usado a Judy como sustituto de su esposa, la había remodela­ Abner de uña manera totalmente distinta: presentando lo
do como la “verdadera Madeleine”. En otras palabras, la furia Opuesto -D io s- como algo más aterrador que todos los mie­
de Scottie al final es una furia auténticamente platónica-, lo en­ dos terrenales. Y -éste es el “milagro” del punto de almohadi-
coleriza descubrir que está imitando la imitación. íládó-, este miedo complementario, el temor de Dios, modi­
fica retroactivamente el carácter de todos los otros miedos,

E l “punto de almohadillado” [...) lleva á cabo el pase dé prestidigifación de transformar, de un


•minuto a otro, todos los temores en un perfecto coraje. Todos
En el nivel del proceso semiótico, el ideal del yo que sur­ los temores -no tengo otro temor- son intercambiados por lo que
ge del doble reflejo equivale a lo que Lácan llamó le point de se llama el temor de Dios.
capitón (el punto de almohadillado).12 Laean .introdujo este
concepto en el capítulo xxr de su seminario Las psicosis,13 en La fórMula común márxista del consuelo religioso cómo
relación con el primer acto de la tragedia Atalia, de Jeán Rá­ úóiúpeíisación (o, más precisamente, como “suplemento ima­
eme: ante las lamentaciones de Abner por el triste destino que ginario”) por la desdicha terrenal se basa cii una relación dual
aguarda a los partidarios de Dios bajo el reino de Atalia, Joad imaginaria entre el abajó terrenal y el Más Allá celestial: se­
replica con los célebres Versos: gún esta concepción, la operación religiosa consiste en com-

30 31
Slavo] Zizek Sobre el Uno

pensarnos por los horrores e incertidumbres terrenales con la analizado por Victor Schklovsky y, más recientemente, por
promesa de la beatitud que nos aguarda en el otro mundo Fredric Jameson:
(basta con recordar todas las célebres fórmulas de Ludwig
Feuerbach sobre el Más Allá divino como imagen especular
Don Quijote no es en realidad un personaje, sino más bien
invertida de la miseria terrenal). Pero, para que esta opera­ un dispositivo organizativo que le permite a Cervantes escribir
ción funcione, debe intervenir un tercer momento, obvia­ su libro, sirviendo como hilo conductor que sostiene algunos ti­
mente simbólico, que de algún modo “media” entre los dos po­ pos diferentes de anécdotas en una forma única.15 1
los opuestos de la diada imaginaria (el abajo terrenal temible
versus el Más Allá divino beatífico): el temor de Dios, es decir, A este tipo de personaje narrativo cuya función real es re­
el reverso terrorífico del Más Allá celestial en sí mismo. El presentar dentro del espacio de la obra su propio proceso de
único modo de cancelar efectivamente la desdicha terrenal es enunciación (la estructura discursiva de la obra en sí), Henry
saber que detrás de la multitud de los horrores terrenales de­ James lo denominó ficelle (por ejemplo, en Los embajadores,
be transparentarse el horror infinitamente más aterrador de la Maria Gostrey es una ficelle). Esa es también la función del ju­
ira de Dios, de modo que los horrores terrenales sufren una dío en la ideología antisemita: en cuanto un edifìcio ideológi­
especie de “transustanciación” y se convierten en otras tantas co gana consistencia si su “materia prima” heterogénea se or­
manifestaciones de la cólera divina. Esta es una de las mane­ ganiza en un relato coherente, la entidad denominada “judío”
ras de trazar la línea que divide lo Imaginario de lo Simbóli­ es un dispositivo que nos permite unificar en un único relato
co: en el nivel imaginario, reaccionamos a los miedos terrena­ prolongado las experiencias de la crisis económica, la deca­
les con un “ten paciencia, la dicha eterna te aguarda en el dencia moral y la pérdida de los valores, la frustración política
Más A llá...”, mientras que, en el nivel simbólico, lo que nos y la humillación nacional, etcétera, etcétera. En cuanto perci­
libera de los miedos terrenales es la seguridad de que sólo de­
bimos como hilo conductor el “complot judío”, esas experien­
bemos temer al propio Dios -un miedo adicional que cancela cias se convierten en parte de la misma trama (narrativa).
retroactivamente todos los otros. Lo que tenemos aquí es una inversión por medio de la
Se puede discernir la misma operación en el antisemitismo
cual lo que es efectivamente una operación inmanente, pura-
fascista: ¿qué hizo Hitler en M ein Kam pf para explicar a los iiiente textual (el “almohadillado” del material heterogéneo
alemanes las desdichas de la época, la crisis económica, la de­ en un campo ideológico unificado), se percibe y experimenta
sintegración social, la “decadencia” moral, etcétera? Constru­ como un punto de referencia estable, trascendente, insondable,
yó un nuevo sujeto aterrador, una única causa del Mal que oculto detrás del flujo de las apariencias, que actúa como su
“tira de los hilos” detrás del escenario y precipita toda la serie
causa secreta. ‘Esta inversión es compendiada del mejor modo
de males: el judío. La simple evocación del “complot judío” lo I por la diferencia entre la idea tradicional y la idea moderna de
explica todo: de pronto “las cosas se aclaran”, la perplejidad es
halegoría: en el espacio tradicional, el contenido diegético in-
reemplazada por una fírme sensación de.orientación, la diver­
¡ mediato de una obra personifica valores o ideas trascendentes;
sidad de las miserias terrenales es concebida como manifesta­
i (individuos concretos representan el Mal, la Sabiduría, el
ción del “complot-judío”. En otras palabras, el judío es el S Amor, la Lujuria, etcétera); en el espacio moderno, e n e am­
punto de almohadillado <^e Hitler; la fascinante figura del ju­
bio, el contenido diegético es concebido como una alegoría
dío es el producto de una inversión puramente formal; se basa
í. del propio proceso inmanente de enunciación, escritura y lec-
en una especie de “ilusión óptica” cuyo mecanismo ha, sido
! tura. Tomemos, por ejemplo, la película Psicosis de H itch-
i
32 BIBLIOTECA CIENJIM POLITICA
4A DE BIBLIOTECAS
V
Sobre el Uno
Slavoj Zizek
fizado por Hegel: el rey es sin duda el punto de “sutura” de la
cock: hay dos lecturas alegóricas opuestas de esta obra, debi­
totalidad social, el punto cuya intervención transforma una
das a Jean Douchet (quien la interpreta como una alegoría
colección contingente de individuos en una totalidad racio­
tradicional: el policía como Angel que intenta salvar a Marión
nal, pero precisamente como tal, como el punto que “sutura” na­
de la destrucción, etcétera) y la de William Rothmann, para
turaleza y cultura, como el punto en el cual la función cultu-
quien el contenido diegético de Psicosis es una alegoría de la
ral-simbólica (la de ser un rey) coincide inmediatamente con
relación entre Hitchcock y el espectador: la agresión en la es­
una determinación natural (es un linaje biológico, o propio de
cena de la ducha condensa el castigo sádico de Hitchcock al
la naturaleza, lo que determina quién será rey), el Rey “desutu-
espectador por su curiosidad, y así sucesivamente.
radicalmente a todos los otros sujetos, hace que pierdan sus
En este preciso sentido, la ‘-crítica,de la ideología” consis­
raíces en algún cuerpo social orgánico preordenado que fija­
te en desenmascarar la alegoría tradicional, como una ^ fúTíon
ría su lugar en la sociedad de antemano, y los obliga a adqui­
óptica” que oculta el mecanismo de la alegoría moHernanaTi-
rir su estatuto social por medio del trabajo duro. Por lo tanto,
gurá dérjudío como alegoría del Mal oculta el hecho de que,
- no basta definir al rey como la única unión inmediata de na­
dentro del espacio de la narración ideológica, representa la
turaleza y cultura; se trata más bien de ese mismo gesto por
pura inmanencia de la operación textual que “la almohadi­
medio del cual el rey es puesto en posición cuando su “sutu­
lla”.16 Pero los interrogantes reales son: ¿cómo es posible es­
ra” desutura a todos los otros sujetos, les hace perder pie, los
ta inversión puramente formal, y en qué se basa? Más precisa­
arroja a un vacío donde, por así decirlo, deben crearse a sí
mente: ¿cómo es posible que el resultado de una inversión
mismos.
puramente formal adquiera una sustancialídad tal que permita
percibirla como una personalidad de carne y hueso? Desde En esto consiste el acento de la noción lacaniana de “sutu­
luego, la respuesta psicoanalítica es el goce, la única, sustancia ra”, pasada en silencio en el desconstructivismo anglosajón
reconocida por el psicoanálisisí ségaín. Lacan. El “judío” no (por ejemplo, en la teoría deseonstructivista del cine): en po­
cas palabras, lo único que realmente desutura es la sutura misma.
puede ser reducido a un dispositivo organizativo puramente
Esta paradoja sale a luz de modo palpable con referencia a la
formal; la eficacia de esta figura no puede explicarse remitién­
naturaleza ambigua y contradictoria de la nación moderna.
dola al mecanismo textual del ‘-almohadillado”; el excedente
Por un lado, desde luego, la “nación” es la comunidad m o­
sobre el que este mecanismo; se basa es el hecho de que al “ju­
dío” le imputamos un goce imposible, insondable, que su­ derna liberada de los lazos “orgánicos” tradicionales, una co­
munidad en la cual están rotos los vínculos premodernos que
puestamente nos roba a nosotros.
Concebido de este modo, el punto de almohadillado nos ligaban el individuo a una clase, a una familia, a un grupo re­
permite ubicar la interpretación errónea de la idea de “sutu­ ligioso, etcétera; la comunidad social tradicional ha sido
reemplazada por la moderna nación-Estado constituida por
ra” en el dcsconstruclivismo anglosajón, a saber: su uso como
sinónimo de cierre ideológico, para designar el gesto por me­ “ciudadanos”: las personas como individuos abstractos, no co­
dio del cual un campo ideológico determinado se cierra, bo­ tilo miembros de una clase particular, y así sucesivamente.
rra las huellas del proceso material que lo generó, las huellas Por otro lado, la “nación” no puede reducirse a una red de
de la ex.ternafidad en sp interior, las huellas,de la>contingencia vínculos puramente simbólicos: siempre existe una especie de
absurda en su necesidad inmanente, Recordemos de qué mo­ “excedente de lo Real” que se le adhiere; para definirse, la
do el rey -este paradigma del. punto de almohadillado, este “identidad nacional” debe apelar a la materialidad contingen­
individuo que “almohadilla” el edificio social- era conceptuá­ te de las “raíces comunes”, de “la sangre y el suelo”, etcétera.

is 35
v
Slsvoj Zizek Sobe el Uno

En síntesis, la "nación” es al mismo tiempo la instancia con sión, incluso una contradicción, en la fórmula lacaniana del
referencia a la cual se disuelven los lazos “orgánicos” tradicio­ significante (“lo que representa al sujeto para otro significan­
nales y también "el recordatorio de lo premoderno en la mo­ te”). ¿Cuál de estos dos significantes es específiamente SI (el
dernidad”: la forma que lo "inveterado orgánico” adquiere en “significante amo”), y cuál S2 (la cadena del conocimiento)?
el universo moderno postradicional; la forma que adquiere la Sinos basamos en la doxa, la respuesta parece clara: Sí repre­
sustancia orgánica en el universo de la subjetividad cartesiana senta al sujeto para S2, para la cadena de significantes que lo
insustancial. Lo crucial es una vez más concebir ambos aspec­ incluye. Pero en un pasaje que probablemente es el crucial de
tos en su interconexión; es precisamente la nueva “sutura” los Escritosy “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, La-
realizada por la nación lo que hace posible la “desuturadón”, can afirma unívocamente lo contrario:
el desprendimiento de los lazos orgánicos tradicionales. La
“nación” es un resto premoderno que funciona como condi­ [„.] un significante es lo que representa al sujeto para otro signi­
ción interna de la modernidad, como impulso intrínseco de ficante. Este significante será pues el significante por el cual to­
su progreso. dos los otros significantes representan al sujeto: es decir, que a
falta de este significante, todos los otros no representarían nada.
Puesto que nada es representado sino para.17
“Un significante representa al sujeto para otro significante ”
Se seguiría de esto que SI, el significante Amo, el Uno, es
Un lector atento de Lacan habrá advertido que, a propósi­ el significante para el cual todos los otros representan al suje­
to del “temor de Dios” como “punto de almohadillado”, él to. Una complicación adicional deriva del juego del singular y
produjo la fórmula del equivalente general: el "temor de Dios” el plural en las diferentes versiones de la fórmula del signifi­
surge como el equivalente general de todos los temores, to­ cante: a veces un significante representa al sujeto para “todos
dos los temores “se intercambian por lo que se denomina el los otros”, mientras que en otras oportunidades representa al
temor de Dios”. ¿No es ésta la misma lógica que opera en la sujeto simplemente para “otro significante”. ¿Son éstas en
dialéctica de la forma mercancía, cuando Marx infiere la apa­ realidad variaciones sin sentido de las que podemos prescindir
rición del dinero, el equivalente general de todas las mercan­ afirmando simplemente que “otro significante” representa a
cías? En cuanto todas las mercancías pueden intercambiarse “todos los otros” de una cadena dada de significantes?
por dinero -e n cuanto su valor, su dimensión universal, que­ ¿Cómo vamos a desenredar esta confusión? Comencemos
da encarnada en una sola mercancía-, todas las otras mercan­ por lo más elemental: ¿en qué consiste la "naturaleza diferen­
cías sufren una “transustanciación” y comienzan a funcionar cial del significante”? SI y S2, los términos de la diada del
como apariciones del valor universal encarnado en el dinero; significante, no aparecen simplemente en el mismo nivel,
lo mismo que en el caso de la religión, en la que todos los contra el fondo de su género común, y separados por una di­
miedos comienzan a funcionar como aparicíónes del temor de ferencia específica. La “diferencialidad” designa una relación
Dios. más precisa; en ella, el opuesto de un término, de su “presen-1
Mencionamos esta homología puesto que la sucesión de cia”, no es inmediatamente el otro término, sino la ausencia
las “formas del valor” en el análisis marxista de la mercancía del primero, el vacío en el lugar de su inscripción (el vacío que
proporciona la herramienta conceptual que nos permite acla­ coincide con su lugar de inscripción) y la presencia dél otro
rar lo que, por lo menos a primera vista, parece una\confu- término, el opuesto, llena este vacío de la ausencia del prime-

36 37
V
V/ y
Slavoj Zizek Sobre el Uno

ro: es así como hay que leer la conocida tesis estructuralista si su función eventual se convierte en representar a un sujeto
según la cual, en una oposición paradigmática, la presencia de para otro significante”, 19 A cualquier significante se le puede
un término significa (equivale a) la ausencia de su opuesto. La adscribir una interminable serie de “equivalencias”, una serie
oposición de los significantes “día” y “noche”, por ejemplo, de significantes que representen para él el vacío de su lugar
no transmite una simple alternancia del día y la noche como de inscripción; nos encontramos en una especie de red dis­
dos términos complementarios que, juntos, constituirían un persa, no totalizada, de vínculos; cada significante entra en
“todo” (“no hay día sin noche, no hay noche sin día”); se trata una serie de relaciones particulares con los otros significantes.
más bien de que Eí único modo posible de salir de este atolladero consiste
sehpillamente en invertir la serie de equivalencias y adscribir a
el ser humano postula el día en cuanto tal, y así el día adviene a m significante la función de representar al sujeto (el lugar de
la presencia del día, sobre un fondo que no es un fondo de noche inscripción) para todos los otros (de tal modo se convierten
concreta, sino de ausencia posible del día, donde la noche se alo­ en “todos”, es decir, son totalizados): se produce el significante
ja, e inversamente por cierto.18 amo propiamente dicho.
El paralelo con la articulación de la forma valor del pri­
De modo que en una diada significante, un significante mer capítulo de E l capital es impresionante: primero, en la
aparece siempre contra el fondo de su posible ausencia, que se “forma simple, aislada o accidental del valor”, una mercancía
materializa (asume una existencia positiva) en la presencia de B aparece como la expresión del valor de una mercancía A;
su opuesto. El materna lacaniano para esta ausencia es por su­ luego, en la “forma total o ampliada del valor”, las equivalen­
puesto 8, el significante “tachado”, “barrado”: un significante cias se multiplan: la mercancía A encuentra sus equivalentes
llena la ausencia de su opuesto, es decir, “representa”; ocupa el en una serie de mercancías, B, C, D, E, que expresan su valor;
espacio de su opuesto... Cuando hemos producido la fórmula finalmente, en la “forma general del valor” llegamos al nivel
del significante, podemos entender por qué $ es también para del “equivalente general” inviniendo sencillamente la “forma
Lacan el materna del sujeto-, un significante (SI) representa pa­ total o ampliada”: ahora es la mercancía A en sí la que expresa
ra otro significante (S2) su ausencia, su falta, S que es el suje­ el valor de todas las otras mercancías, B, C, D, E, ... En am­
to. El punto crucial consiste aquí en que en una diada signifi­ bos fenómenos el punto de partida es una contradicción radi­
cante, un significante no es nunca el complemento directo-de cal (valor de uso y valor [de intercambio] de una mercancía;
su opuesto, sino que siempre representa (encarna) su posible un significante y el lugar vacío de su inscripción, es decir S/
ausencia: los dos significantes entran en una relación “diferen­ $); eí primer aspecto de estas contradicciones (valor de uso,
cial” sólo a través del tercer término, el vacío de su posible au­ significante) debe postularse desde el principio como una dia­
sencia (decir que el significante és diferencial significa que no da: una mercancía sólo puede expresar su valor (de intercam­
hay ningún significante que no represente al sujeto). bio) en el valor de uso de otra mercancía; para un significante,
Pero aquí las cosas comienzan a complicarse: lo mismo va­ sil lugar de inscripción (su posible ausencia, S) sólo puede re­
le para todo significante con el que el primero esté “acoplado”, presentarse con la presencia de otro significante. E l juego del
es decir que cada significante representa para él primero el va­ singular y el plural, así como él intercambio de lugares entre
cío de su posible ausencia (el sujeto), En otras palabras, al SI y S2 en las diferentes versiones de ía fórmula lacaniana del
principio no hay ningún significante amo, puesto que “cual­ significante, pueden entonces explicarse mediante la referen­
quier significante puede asumir el papel del significante amo cia a la sucesión de las tres formas de valor:

38 39
Slavo] Zizek Sobre el Uno

1. La forma simple: “para un significante, otro significante los otros” no es el significante “propio” finalmente hallado,
representa al sujeto” (es decir, "unjignifícante representa una representación que no sea mala: ella no representa al su­
al sujeto para otro significante”). jeto en el mismo nivel, dentro del mismo espacio lógico que
2. La forma ampliada: “para ww significante, cualquiera de los los otros (el “cualquiera de los otros” de ía forma 2). Por el
otros significantes puede representar al sujeto”. contrario, este significante es “reflejo”: en su representación
3. La forma general: “un significante representa al sujeto pa­ tnisma se refleja el fracaso, la imposibilidad de la representa­
ra todos los otros significantes”. ción significante. En otras palabras, este significante paradó­
jico representa (encama) la imposibilidad misma de la repre­
Desde luego, el punto de inflexión es el pasaje de 2 a 3, de sentación significativa del sujeto. En los términos de la
la forma “ampliada” a la “general”: aparentemente, se limita a trillada fórmula lacaniana, funciona como “el significante de
invertir la relación (en lugar de que cualquier significante re­ lá falta de significante”, como el lugar de la inversión reflexiva
presente al sujeto para un significante, tenemos que un signi­ del significante faltante en el significante de la falta.
ficante representa al sujeto para todos los otros), pero en reali­ Este significante reflejo “totaliza” la batería de “todos los
dad cambia toda la economía de la representación al otros”: los convierte en la totalidad de “todos los otros”; pode­
introducir una dimensión “reflexiva” adicional. mos decir que todos los significantes representan al sujeto pa­
Para discernir esta dimensión, volvamos al ya citado pasaje ra el significante que en primer lugar representó para ellos su
de El reverso del psicoanálisis. A continuación, Lacan dice que propio fracaso final, y precisamente como tal (como la repre­
el sujeto “es simultáneamente representado y no representa­ sentación del fracaso de la representación) está “más cerca”
do, pues en este nivel [es decir, en nuestra lectura ‘marxista’, del sujeto que todos los otros, pues el “sujeto del significante”
en el nivel de la ‘forma ampliada’ donde aún no hay ningún lacaniano no es una identidad positiva, sustancial, que persista
significante amo en sentido estricto] algo subsiste oculto en la al margen de la serie de sus representaciones, sino que coinci­
relación con este mismo significante”: esta oscilación entre la de con su propia imposibilidad; no “es” nada sino el vacío
representación y la no-representación apunta al fracaso final abierto por el fracaso de sus representaciones. La lógica de
de la representación significante del sujeto, pues el sujeto no éste círculo vicioso es en realidad la de una antigua fórmula
tiene ningún significante “propio” que lo represente “plena­ teológica: “tú no me buscarías si ya no me hubieras encontra­
mente”; toda representación significante es una mala repre­ do”. Todos los significantes están en busca del sujeto para ún
sentación que, aunque imperceptiblemente, siempre ya des­ significante que ya lo ha encontrado para ellos.
plaza, distorsiona al sujeto... Y es precisamente este fracaso La lógica de este significante “reflejo” (que Lacan también
irreductible de la representación significante lo que genera el denomina significante “fálico”) aparece en su forma más pura
pasaje de la forma “simple” a la forma “ampliada”: puesto que eri la paradoja del bodhisattva del budismo mahayana: el bodhi-
todo significante representa ?ual al sujeto, el movimiento.de la mttva ha alcanzado la iluminación y podría entrar en el N ir­
representación continúa hacia el próximo/significante, en vana, pero un bodhisattva no puede entrar solo en el Nirvana.
busca de un significante “propio” final, con el resultado de
una “infinitud mala” no totalizada de representaciones signi­
[...] porque de hacerlo pondría de manifiesto un egoísmo que el
ficantes. N o obstante, lo esencial es que el significante que,
bodhisattva no puede tener. Si él hiera egoísta, no sería un bodhi-
con la emergencia de la “forma general”, es postulado como
sattvaSdé modo que no puede entrar en el Nirvana. Si no tiene
el “equivalente general” que representa al sujeto para “todos '" egoísmo, tampoco puede entrar en el Nirvana, porque éste sería

40 41
Slavoj Zizek Sobre el Uno

un acto egoísta... De modo que nadie puede entrar en el Nirva- ; neral” en sí tiene dos etapas. Primero, la mercancía que sirve
na: nosotros no podemos porque no somos bodhisattvas, y el bod- como “equivalente general” es la que se intercambia con más
bisattva no puede porque él es un bodbtsattva.20 frecuencia, la que tiene el mayor valor de uso (cueros, cerea­
les, etcétera); después se invierte la relación y el papel de
En la teoría lacaniana, en general se ubica el misticismo “equivalente general” es asumido por una mercancía sin nin-
del lado femenino de las fórmulas de la sexuación, la expe- \ . gún valor de uso (o a lo sumo con un valor de uso desdeña­
riencia mística como un goce ilimitado y por lo tanto “no-to- | ble): la moneda (la “forma dinero”).21 Siguiendo la misma ló­
do”, no-fáííco; la paradoja del bodhisattva proporciona los ’1 gica, la “forma general” de la equivalencia significante (“un
contornos de una posición subjetiva mística “masculina”, "fá- [ significante representa al sujeto para todos los otros significan­
lica”. 1 tes”) puede ser suplementaria por su inversión, que es precisa­
La diferencia puede captarse claramente confrontando al mente lo que encontramos en el pasaje citado de “La subver­
bodhisattva con el sabio taoísta: en el taoísmo, la elección es en i sión del sujeto”:
última instancia simple: o persistimos en el mundo de las ilu- ;
siones, o “seguimos el Camino, el T a o ”, y dejamos atrás el 4. La forma dinero: “un significante para el que todos los otros
mundo de la falsas oposiciones, mientras que la experiencia significantes r e p r e s U í t a h ^ ^ ..... -
básica del bodhisattva tiene que ver precisamente con la impo­
sibilidad de ese retiro inmediato del individuo del mundo de j El punto crucial es aquí la diferencia entre esta forma y la
las ilusiones: si un individuo lo logra, afirma de tal modo su j “forma ampliada” (2): la multitud de los otros que representa
diferencia respecto de los otros seres humanos y cae víctima i al sujeto para un significante ya no es “cualquiera de los otros”
de su egoísmo en el gesto mismo de dejarlos atrás. La única i (es decir, la colección no totalizada de los otros) sino la tota­
salida de este atolladero es que el bodhisattva posponga su ; lidad de “todos los otros”: la multitud es totalizada a través de
propia beatitud hasta que toda la humanidad haya alcanzado j¡ la posición excepcional del Uno que encarna el momento de
el mismo punto en el que está él; de este modo, la indiferencia ¡ la imposibilidad. Por otro lado, Ja codependencia de las dos
del sabio taoísta se convierte en heroísmo ético: el bodhisattva j etapas de la “forma general” (“uno para todos los otros” y
realiza, el acto del sacrificio supremo al posponer su propia I después “todos los otros para el uno”) pertenece al nivel dife-
entrada en el Nirvana por la salvación de la humanidad. En téttte de representación: “todos” representan al sujeto para el
relación con los otros, con los seres humanos comunes que ! Uño, mientras que el Uno representa para “todos” la imposi­
son aún víctimas del velo de las ilusiones, el bodhisattva fun- ' bilidad misma de representación. Podemos ver que el Uno de
ciona como un elemento “reflejo”, “fálico”: él representa la Üñ significante “puro” emerge nuevamente de un movimien­
Liberación, la salida del mundo de las ilusiones, pero no in- to dé doble reflexión: una inversión simple de la forma amplia­
mediatamente, como el sabio taoísta, sino que encarna la im- ; da; convertida en la forma general (la reflexión sobre sí mis­
posibilidad misma de la inmediata Liberación del individuo. ma de la reflexión del valor de A sobre B), realiza el milagro
En oposición a los otros, a los seres humanos comunes, la Li- de transformar la red amorfa de vínculos particulares en un
beración (el pasaje al Nirvana) está ya presente en él, pero co- | campo consistente totalizado por la posición excepcional del
mo una pura posibilidad que debe seguir pospuesta por siempre. Uno. En otras palabras, el Uno “alñiohadilla” el campo de la
El paralelo con el análisis marxista de la “forma valor” : multitud.22
puede llevarse un paso más adelante: en Marx, la “forma ge- í

42 43
Slavoj Zizek Sobre el Uno

¿Por qué la moral es la más sombría de las conspiraciones? Entonces, en medio de la confusión y la consternación, apa­
reció un artículo periodístico que alteró ía situación. Su autor era
El "caso Dreyfus” despliega de modo paradigmático esta ,Maurras, un escritor de 30 años hasta entonces conocido sola­
"inversión milagrosa” del campo discursivo, producida por la mente en círculos limitados. El artículo se titulaba “La primera
intervención del punto de almohadillado. Su papel en la his­ sangre”. Veía las cosas de un modo en el que nadie había pensa­
do o atrevido a mirar.23
toria política de Francia y Europa ya se asemeja al de un point
de capitón: reestructuró todo el campo y, directa o indirecta­
mente, disparó una serie de desplazamientos que todavía hoy ¿Qué hizo Charles Maurras? N o presentó ninguna prueba
determinan la escena política (la separación de la Iglesia y el adicional ni refutó ningún hecho. Simplemente realizó una
Estado en las democracias burguesas, la colaboración socialis­ reinterpretación global en virtud de la cual todo el “caso”
ta en los gobiernos burgueses y la escisión de la democracia aparecía bajo una luz diferente. Convertía al teniente coronel
social en socialistas y comunistas que siguió a este episodio, Henry en una víctima heroica que había preferido el deber
hasta el nacimiento del sionismo y la elevación del antisemi­ patriótico a la justicia abstracta. Es decir, al ver que el "Sindi­
tismo al momento clave del populismo de derecha). cato de la Traición” judío había explotado un pequeño error
No obstante, aquí sólo trataremos de ubicar el giro decisi­ judicial para socavar el fundamento de la vida francesa y que­
vo en su desarrollo: la intervención que convirtió un proceso brar la columna vertebral del ejército, Henry, según Maurras,
judicial sobre la equidad y la legalidad de un veredicto en el no vaciló en realizar un pequeño crimen patriótico para dete­
punto central de una batalla política que conmovió los funda­ ner la carrera hacia el precipicio. Lo que estaba verdadera­
mentos mismos de la vida nacional. Este punto de inflexión mente en juego no era ya la equidad de una sentencia sino la
no debe buscarse, como se suele suponer, en el célebre J'acen­ degeneración del poder vital francés, orquestada por los fi­
se que apareció en Aurore el 13 de enero de 1898, donde Enti­ nancieros judíos que se ocultaban detrás del liberalismo co­
le Zola asumió una vez más todos los argumentos de la defen­ rrupto, la libertad de prensa (que ellos controlaban), la auto­
sa de Dreyfus y denunció la corrupción de los círculos nomía de la justicia, etcétera. En consecuencia, la verdadera
oficiales. La intervención de Zola seguía en el reino del libe­ víctima no habría sido Dreyfus sino el propio Henry, el pa­
ralismo burgués, el de la defensa de las libertades y derechos triòta solitario que lo arriesgó todo por la salvación de Fran­
de los ciudadanos, etcétera. El verdadero vuelco se produjo cia y al que sus superiores, en el momento decisivo, le volvie­
en la segunda mitad de ese año. El 30 de agosto fue arrestado ron la espalda: la “primera sangre” derramada por el complot
el teniente coronel Henry, nuevo jefe del servicio de inteli­ judió.
gencia francés: se sospechaba que hubiera fraguado uno de : La intervención de Maurras lo cambió todo: la derecha
los documentos secretos sobre cuya base Dreyfus había sido Unió fuerzas, y la unidad “patriótica” rápidamente prevaleció
condenado por alta traición. Al día siguiente Henry se suicidó ^bbre el desorden. Maurras había provocado esta inversión
en su celda con una hoja de afeitar. Esta noticia conmocionó ‘creando el triunfo, el mito de la “primera víctima ”, con los mismos
a la opinión pública: si Henry había confesado su culpa (¿qué elementos que, antes de su intervención, habían suscitado desorien- '
otro sentido sede podría dar a su suicidio?), la acusación con­ tación y estupefacción (la falsificación de documentos, la injusti­
tra Dreyfus debía carecer de solidez en su totalidad. Todos cia de la sentencia, etcétera), y que él estaba lejos de impug­
esperaban un nuevo juicio y la absolución de Dreyfus. Pero nar. N o sorprende que hasta su muerte él considerara este
artículo como su logro más perfecto.

44 45
y
Sobre el Uno
Slavoj Zizek
Mientras que la tendencia constante del Viejo Adán es rebe­
La operación elemental del punto de almohadillado debe
larse contra una cosa tan universal y automática como lo es la ci­
buscarse en este giro “milagroso”, y en este quid pro quo por vilización, predicar la desviación y la rebelión, la novela de la ac­
medio del cual lo que inmediatamente antes era ia fuente tividad policial en cierto sentido hace presente que la civilización
misma del desorden se convirtió en la prueba de un triunfo, en sí es la más sensacional de las desviaciones y la más romántica
del mismo modo en el que el primer acto de Atalía, cuando la de las rebeliones... Cuando el detective de una novela policial
intervención del “miedo suplementario”, el temor de Dios, de está solo, y un tanto fatuamente impávido entre los cuchillos y
inmediato convierte todos los otros miedos en su opuesto, puños de los ladrones, por cierto sirve para recordamos que el
Estamos ante el acto de creación strictu sensm el acto que con- agente de la justicia de la sociedad es la figura original y poética,
vierte el caos en una nueva armonía y súbitamente hace com­ mientras que los escaladores nocturnos y los salteadores de cami-
prensible lo que hasta entonces era una perturbación sin sen­ ; nos son sólo plácidos y viejos conservadores cósmicos, felices en
la respetabilidad inmemorial de los monos y los lobos. La novela
tido e incluso terrorífica. Resulta imposible no recordar al
de la fuerza policial es entonces la novela de todo el género hu­
cristianismo: no tanto el acto de Dios que convirtió el caos en
mano. Se basa en el hecho de que la moral es la más oscura y
un mundo ordenado, como el giro decisivo del que resultó la
osada de las conspiraciones.24
forma definitiva de la religión cristiana, la forma que ha de­
mostrado su valía en la tradición que es la nuestra: me refiero,
La operación fundamental de las novelas policiales consis­
desde luego, a la ruptura paulina.
te en presentar al propio detective (a quien trabaja en defensa
San Pablo centró todo el edificio cristiano precisamente
de la ley, en nombre de la ley, para restaurar el reino de la
en el punto que hasta entonces a los discípulos de Cristo les
ley) como el mayor aventurero y violador de la ley, como una
parecía un trauma horrible, “imposible”, no simbolizable, no
persona en comparación con la cual es el criminal el que apa­
integrable en su campo del significado: la vergonzosa muerte
rece como un pequeño burgués indolente, un conservador
de Cristo en la cruz, entre dos ladrones. San Pablo convirtió
cuidadoso... Por supuesto, muchas transgresiones de la ley,
este fracaso final de la misión terrenal de Cristo (que era libe­
crímenes, aventuras, quiebran la monotonía de la vida coti­
rar a los judíos de la dominación romana) en el acto mismo
diana leal y tranquila, pero la única verdadera transgresión, la
de la salvación: por medio de su muerte, Cristo había redimi­
Única verdadera aventura, la única que convierte a todas las
do a la humanidad. . otras aventuras en mezquindades burguesas, es la aventura dé
Se puede echar otra luz sobre la lógica de esta “inversión
la civilización, de la defensa de la ley (una vez más, como si
mágica” de la derrota en triunfo dando un pequeño rodeo
todos los otros crímenes fueran intercambiados por el crimen
por las novelas policiales. ¿Cuál es su principal encanto, con­
propio de la ley en sí, lo cual realiza el pase mágico de con­
cerniente a la relación entre la ley y su transgresión, la aven­
vertir todos los otros crímenes en perfectas trivialidades).
tura criminal? Tenemos por jin lado el reino de la ley, la
Y lo mismo sucede con Lacan. También para él la mayor
tranquilidad, la certidumbre, pero tapibién la trivialidad, el
^transgresión, lo más traumático y carente de sentido es la ley
aburrimiento de la vida cotidiana; del otro lado está el cri­
■ en si, la “loca” ley superyoica que inflige el goce. No tenemos
men, que es, para citar a Brecht, la única aventura posible en
por un lado una multitud de transgresiones, perversiones,
el mundo burgués. Las novelas policiales, no obstante, reali­
agresiones, etcétera, y por el otro una ley universal que regu­
zan una inversión radical de esta relación entre la ley y su
la, normaliza ese atolladero, haciendo posible la coexistencia
transgresión: pacífica de los sujetos. Lo más loco es el reverso de la ley pa-

47
46
Slavoj Zizek Sohe el Uno

cíficadora en sí misma, la ley como un mandato mal com­ burocratización y la regimentación de la escuela...). Pero un
prendido, obtuso, de goce. Se puede decir que la ley se divide par de meses después, la nueva organización fue rebautizada
necesariamente en una ley “pacificadora” y una ley “loca”: la École de la Cause freudienne: la Escuela de la Causa en sí, in­
oposición entre la ley y sus transgresiones se repite dentro de comparablemente más severa que todas las otras escuelas, así
la ley misma (en “hegelés”, se “refleja en”). De modo que en­ como la superación de todos los miedos terrenales por el
contramos en este caso la misma operación que en Atalía: an­ ainor divino presupone la intervención del temor de Dios, in­
te las transgresiones criminales comunes, la ley aparece como comparablemente más terrorífico que todos los miedos de la
la única transgresión verdadera, así como en Atalía aparece tierra.
Dios, frente a los miedos terrenales, como lo único que hay
que temer realmente. Dios se divide entonces en un Dios pa­
cificador, un Dios de amor, serenidad y gracia, y un Dios fe­ I I . ¿C Ó M O CON TAR E L CERO COM O U N O ?

roz, colérico, que provoca en el hombre el más terrible de los


temores. Derrida como lector de Hegel
Este giro de ciento ochenta grados, este punto de inver­
sión en el cual la propia ley aparece como la única transgre­ En defensa de Derrida contra la crítica filosófica tradicio­
sión verdadera, corresponde exactamente a lo que Hegel de­ nal -representada, por ejemplo, por Habermas en su Discurso
nominó “negación /de la negación”. Primero tenemos la filosófico de la modernidad- , debe señalarse que la descons­
oposición simple ebtre la posición y su negación: en nuestro trucción derrideana no tiene nada en común con la afirma­
caso, entre la ley positiva, pacificadora, y la multitud de sus ción de una “textuaíidad” o “escritura” exhaustiva en la que
transgresiones y crímenes particulares; la “negación de la ne­ estén abolidas las fronteras que separan la literatura de la
gación” se produce cuando uno advierte que la única verda­ ciencia, la metáfora del sentido literal, el mito del logas, la re­
dera transgresión, la única verdadera negatividad, es la de la tórica de la verdad, etcétera, es decir, en la cual la ciencia
propia ley, que convierte todas las transgresiones criminales quede reducida a una especie de literatura, el sentido literal a
ordinarias en upa positividad indolente. En este preciso sen­ un caso especial de la metáfora, el lagos (el pensamiento racio­
tido, la negación de la negación designa la “negatividad res­ nal) ú la “mitología del hombre occidental”, la verdad a un
pecto de sí misma”: el momento en que la relación negativa efecto retórico especial, y así sucesivamente. La línea argu­
externa entre la ley y el crimen se convierte en una autonega- mentativa de Derrida es mucho más refinada. A propósito de
ción interna de la ley, cuando la ley aparece como la única la diferencia entre verdad y retórica, por ejemplo, Derrida in­
transgresión verdadera. tenta demostrar que la oposición misma entre la verdad y la
Por ello la teoría lacaniana es irreductible a cualquiera de “pura retórica” (el establecimiento de la verdad como algo
las variantes del transgresionismo, del añtiedipismo, etcétera: que es anterior e independiente respecto de los efectos y figu­
el único verdadero Anti-Edipo es el propio Edipo, su reverso ras retóricas “secundarias”) se basa en un gesto retórico radical.2S,
superyoicó... Es posible seguir esta economía “hegeliana” de Lo mismo sucede con todos los otros pares que hemos men­
Lacan hasta sus decisiones puramente organizativas: la disolu­ cionado: el logos filosófico implica una “mitología blanca”
ción de la École freudienne de Paris y la constitución de la (mytbologie blanche) invertida, y así sucesivamente.
Cause freudienne en 1980 podrían haber dado la impresión El aspecto esencial que no debe pasarse por alto es que en
de actos liberadores (Causa en lugar de Escuela; final de la este punto Derrida resulta totalmente “begeliano”, en cuanto es

48 49
Slavo) Zizek

“hegeliana” la inversión por medio de la cual el momento que len a luz con la mayor claridad los contornos de las dos lectu­
niega el punto de partida coincide con ese punto de partida ras opuestas de la dialéctica hegeliana:
llevado a su extremo. La “verdad” como opuesta a la “pura
retórica” no es más que la retórica llevada a su extremo, al • La lectura tradicional (que es también la de Derrida), se­
punto de su autonegación; el sentido literal no es nada más gún la cual la particularidad negativa (el crimen como ne­
que la metáfora llevada a la autonegación; el logas no es nada gación particular de la ley universal, por ejemplo) es sólo
más que el mito llevado a la autonegación, etcétera. En otras un momento de pasaje de la identidad-consigo-mísma me­
palabras, la diferencia entre la retórica y la verdad cae dentro diada de la ley.
del campo mismo de la retórica; la diferencia entre mylhos jjogos • La lectura según la cual la ley universal en sí no es más
es inherente ai campo del mito; la diferencia entre metáfora y que el crimen universalizado, el crimen llevado a su extre­
sentido literal depende de la autodifcrenciación de la meta fo- mó, al punto de autonegación, con lo cual la diferencia
riciclad. En el curso del proceso dialéctico, el momento que a entre el crimen y la ley cae dentro del crimen. La ley “do­
primera vista aparecía como límite externo del punto de par­ mina” al crimen cuando algún “crimen absoluto” particu­
tida resulta no ser nada más que el extremo de su autorrela- lariza todos los otros crímenes, los convierte en “puros
ción negativa, y la perspicacia de un análisis dialéctico queda crímenes particulares”, y este gesto de universalización
demostrada precisamente por su aptitud para reconocer como por medio del cual una identidad se convierte en su
gesto retórico supremo la referencia a la Verdad que despre­ opuesto es, desde luego, precisamente el del punto de al­
cia altivamente a la retórica, para discernir en el logas que tra­ mohadillado.
ta con condescendencia al “pensamiento mítico” su funda­
mento mítico oculto, o bien, en cuanto a la relación de la ley
con el crimen, para identificar la “ley” como el crimen unlver­ La identidad como “determinación refleja ”
salizado. La oposición externa de los crímenes particulares y la
ley universal tiene que ser disuelta en el antagonismo “inte­ De tal modo llegamos al núcleo mismo del problema de la
rior” del crimen: lo que llamamos “ley” no es más que el cri­ identidad. Estas dos lecturas apuntan a dos enfoques diferen­
men unlversalizado, es decir que la ley resulta de la relación tes del concepto hegeliano de la identidad consigo mismo.
negativa del crimen consigo mismo.
El problema del enfoque derrideano consiste en que pasa ♦ La primera lectura implica la oposición habitual entre la
sistemáticamente por alto el carácter hegelxano de su propia : identidad “abstracta”, que excluye la diferencia, y la identi­
Operación básica, y reduce la dialéctica de Hegel al círculo te- dad “concreta” qua “identidad de la identidad y la no-iden-
leológico de la automediación del concepto, con lo cual (para y tidad”: la identidad que incluye toda la riqueza de la dife-
referirnos de nuevo a los ejemplos ya mencionados) el crimen rencia, puesto que, en última instancia, consiste en la
aparece como nada más que un momento “negado” de la au­ identidad del proceso mismo de mediación entre las dife-
tomediación de la ley, de modo que el movimiento teleológi- 1 réncias. Para volver una vez más al ejemplo de la ley (la ley'
co de la Verdad subordina la retórica, el sentido literal abarca ;; ■ como la agencia que excluye el crimen, que se opone abs­
la metáfora, y así sucesivamente. La ley necesita del crimen tractamente a él, es una identidad abstracta, en cuanto se
para afirmar su propio reino por medio de la “superación” del ;i trata de un esquema muerto), toda la vida real, efectiva,
crim en... A propósito de la dialéctica de la ley y el crimen sa­ : 5 queda fuera de su alcance; la ley se limita al contenido par-

SO
V

Slavoj Zizek

ticular que le provee el crimen. Por el contrario, la identi­ del Orden” en los acontecimientos vitales posteriores a la
dad concreta es la identidad de la ley “mediada” por la revolución de 1848:
particularidad del crimen, la que incluye el crimen como
un momento negado de la riqueza de su contenido. Esta [,..] el secreto de su existencia [era] la coalición de orleanistasy le-
gitimistas en un partido... El reino sin nombre de la república era el
concepción se expresa usualmente con bien conocidas fra­
único en el que ambas facciones podían conservar con igual po­
ses de manual: “la identidad no es la identidad-consigo-
der el interés de clase común sin renunciar a su rivalidad recí­
misma muerta y rígida de una entidad, que excluye todo proca. [...] Si bien todas sus facciones, consideradas por separa­
cambio, sino la identidad que se preserva a través de la do, en sí mismas, eran realistas, el producto de su combinación
misma dinámica del cambio, la identidad del proceso vital \ química tenía que ser necesariamente republicano.26
en sí” ...
Dentro del marco de la segunda lectura, la identidad-con- En esta lógica, “republicano” es una especie del género
sigo-mismo es otro nombre de la “contradicción absolu­ realismo; en el nivel de la especie, ocupa el lugar del género:
ta”. En la coincidencia entre la ley y el crimen universali- el género universal del realismo es representado, adquiere
zado, por ejemplo, la identidad-consigo-misma de la ley existencia particular, en la forma de su opuesto. En otras pa­
significa que la ley coincide con su opuesto, con el crimen labras, el género del realismo aparece dividido en tres espe­
unlversalizado. En otras palabras, la ley en su “identidad cies: los orleanistas, los legitimístas y los republicanos. T am ­
abstracta” (opuesta a los crímenes, con exclusión de su bién podemos captar esta conjunción paradójica como una
contenido particular) es en sí misma el crimen supremo. cuestión de opciones. Un realista se veía obligado a optar en­
Es así como hay que leer la tautología de “la ley es la ley”. tre el orleanismo y el legitimismo. ¿Podía abstenerse de op­
En la primera mención (“la ley e s ...”) se trata de la ley tar, eligiendo al realismo en general, que era el ámbito mismo
universal en cuanto opuesta abstractamente al crimen, de la opción? Sí, optando por ser republicano, ubicándose en
mientras que la segunda (“ . ..la ley”) revela la verdad ocul­ el punto de intersección del conjunto orleanista y el conjunto
ta de la primera: la violencia obscena, el crimen absoluto, legitimista. Este elemento paradójico, el tertmm datur, el ter­
unlversalizado, como su reverso oculto. (Podemos sentir cero excluido de la opción, es el punto insólito en el cual el
está dimensión oculta de violencia incluso en la lectura co­ género universal se encuentra dentro de su propia especie par­
tidiana, “espontánea” de la proposición “la ley es la ley”: ticular; es decir, que la proposición “un realista es un republi­
¿acaso no suele pronunciarse esta frase precisamente cano” constituye una tautología cuya estructura corresponde
cuando enfrentamos una coacción “injusta”, “incompren­ jferféctamente a la de la proposición “Dios es Dios”, desen­
sible”, propia de la ley? En otras palabras, ¿qué significa mascarada por Hegel como pura contradicción:
efectivamente esta tautología, si no1la sabiduría cínica de
Si alguien abre la boca y promete decir lo que es Dios, a sa­
que la ley sigue siendo, en su dimensión fundamental, una
ber, que Dios es... Dios, la expectativa queda defraudada, pues lo
forma de violencia radical que hay que obedecer con inde­
. y qué se esperaba era una determinación diferente [...]. Considerando
pendencia de nuestra apreciación subjetiva?) En La lucha más atentamente este efecto tedioso producido por esa verdad,
de clases en Francia, en medio de un análisis concreto del , vemos que el principio, “La planta es...”, comienza a decir algo, a
proceso revolucionario, Marx introdujo un caso ejemplar presentar una determinación adicional. Pero, puesto que se repite
de esa duplicación del universal cuando se lo enfrenta con ■ ló mismo, ha sucedido lo opuesto, no ha emergido nada. Ese pa-
su contenido particular. Marx discute el papel del “Partido labrerío idéntico, por lo tanto, se contradice a sí mismo. La identi-
\

52 53
Sliivoj Zizek Sobre el Uno

excluyendo la totalidad de su contenido particular (las dife­


rentes especies de realismo)-. Esto es lo que Hegel quiere de­
cir con la notoria “identidad de opuestos”. Lejos de implicar
la identificación carente de sentido de predicados mutuamen­
te excluyentes (“esta rosa es simultáneamente roja y azul”),
esta identidad designa la ya mencionada autorreferencia del
universal, el universal como opuesto a sí mismo en cuanto se
relaciona consigo mismo en el particular, en cuanto llega a su
dad, en lugar de ser en sí misma verdad y verdad absoluta, es con' ser-para-sí en la forma de su opuesto.
secuentemente lo opuesto; en lugar de ser lo simple inalterado, es El efecto de la contradicción sólo puede producirse dentro
el pasaje más allá de sí misma a la disolución de sí misma.27 del marco de una economía dialógica. La primera parte (“Dios
es . . . ”) provoca en el interlocutor la expectación determinada
Como el propio Hegel señala en el párrafo siguiente, la por la forma misma de la proposición (uno espera un predicado
clave de esta paradoja reside en la tensión entre forma y con­ diferente del sujeto, una determinación específica de la univer­
tenido: en el hecho de que incide en nosotros “la forma de la salidad divina (Dios es... omnipotente, infinitamente bueno y
proposición”. Es esta forma la que produce la “expectativa” de sabio, etcétera). La expectativa así provocada es entonces de­
que la segunda parte de la proposición genere la determina­ fraudada por la segunda parte (“...D ios”), en la cual reaparece
ción específica de la universalidad inicial neutra, abstracta. el mismo término. Esta economía dialógica implica por lo tan­
Contrariando la concepción usual, es la forma de la proposi­ to una temporalidad puramente lógica: una escansión temporal
ción la que transmite la diferencia, mientras que el contenido entre el momento de la expectación y el momento de su de­
sigue pegado en la identidad inerte. La forma exige que la se­ sencanto, una demora mínima de la segunda parte de la tauto­
gunda parte de la ecuación indique una especie del género, una logía. Sin esta temporalidad mínima, la proposición A = A si­
determinación de la universalidad abstracta, una marca inscrita gue siendo una simple afirmación de identidad y no puede
en el lugar, un elemento del conjunto... ¿Qué es lo que tene­ producir el efecto de la contradicción pura.
mos, en cambio? La identidad, ese tedioso punto en el cual un
conjunto se encuentra entre sus elementos, un género se en­
cuentra en la forma de su propia especie. “Dios e s ...”
Más precisamente, en lugar de encontrarse a sí mismo, el
momento inicial se cruza con su propia ausencia, el conjunto se En síntesis, en esto consiste la concepción hegeliana de la
topa consigo mismo como conjunto vacío. Sí el primer “Dios” identidad: la identidad de una entidad consigo misma equiva-
(“Dios e s ...”) es el Dios positivo, el género que abarca todas le a la coincidencia de esta identidad con el espacio vacío de
las especies, todo Su contenido particular, Dios de la paz, su “inscripción”. Encontramos identidad cuando fracasan los
la reconciliación y el amor, el segundo “Dios” (“...D ios”) es predicados. La identidad es el excedente que no puede sef
el Dios negativo, El que excluye todos Sus predicados, todo Captado por los predicados; más precisamente (y esta preci­
contenido particular, el Dios deí odio y la furia destructiva, el sión es crucial si queremos evitar una comprensión errónea
Dios malo -com o en la proposición “el realista es un republi­ de Hegel), la identidad-consigo-mismo no es nada más que
cano”, en la cual “republicano” encarna al realismo general esta imposibilidad de los predicados, nada más que esta con-

54 55
V

Slavoj Zizek Sobre el Uno

frontación de una identidad con el vacío en el punto en que crimen reconoce en la ley contra la que lucha su propia esen­
esperamos un predicado, una determinación de su contenido cia, el crimen unlversalizado.29
positivo (“la ley e s ...”)- La identidad-consigo-mismo es en­ Esta misma lógica de la identidad operaba en la imagen
tonces otro nombre de la negativídad absoluta (autorreferen- fantasmática de Margaret Thatcher. Desde un enfoque des-
cial), otro nombre de la relación negativa con todos los pre­ constructivista, es fácil ubicar el exterior paradójico con refe­
dicados que definen ¿qué?: la propia identidad. En cuanto en rencia al cual construyó su identidad el thatcherismo. La in­
Hegel la negatividad absoluta constituye el rasgo fundamen­ vasión de poderes “ajenos” (los inmigrantes “inadaptados”, el
tal de la subjetividad, podríamos añadir que “A = A” nos ofre­ terrorismo del IRA, el N U M de Scargill como “enemigo in­
ce la más breve formulación posible de la identidad de la sus­ terior”, etcétera) amenazaban socavar el “carácter británico”,
tancia y el sujeto: el sujeto es la sustancia reducida al puro lá actitud de confianza en sí mismo, de ley y orden, respeto a
punto de relación negativa con todos sus predicados; es la los valores y al trabajo industrioso, y de tal modo desbordar y
sustancia en cuanto excluye toda la riqueza de sus contenidos. disolver la identidad inglesa. Es sumamente significativo que
En otras palabras, se trata de una sustancia totalmente desus- en su descripción del adversario Thatcher recurriera a menu­
tancializada, y toda su consistencia reside en el rechazo de sus do a la metáfora del monstruo ajeno que erosiona y corrom­
predicados.28 ! pe la trama de “nuestro modo de vida”. El enfoque descons-
Ahora bien (para volver a Derrida) éste es el paso que la tructivista señalaría la ambigüedad fundamental de ese
desconstrucción derrideana parece incapaz de dar. Es decir elemento “ajeno”, su estatuto doble: está simultáneamente
que Derrida despliega variaciones incesantes sobre el tema de dentro de la estructuré como un elemento subordinado, con­
la imposibilidad de la plena identidad-consigo-mismo; sobre tenido (el inmigrante que admite la superioridad del modo de
el hecho de que es siempre, constitutivamente, diferida, es­ vida inglés) y fuera de ella (es el cuerpo extraño amenazante,
cindida; de que la condición de su posibilidad es la condición canceroso).
de su imposibilidad; de que no hay ninguna identidad sin re­ Esta ambigüedad nos obliga a invertir la percepción ideo­
ferencia a un exterior que siempre-ya la trunca, etcétera, etcé­ lógica espontánea del thatcherismo: no basta con decir que lo
tera. Pero lo que lo elude es la inversión hegeliana de la iden­ obsesionaba el miedo al intruso “ajeno” que supuestamente
tidad qua imposible en la identidad en sí como nombre de una socavaba la identidad inglesa; hay que agregar que la identi­
cierta imposibilidad radical. La imposibilidad desenterrada por dad misma del “carácter británico” se constituía con referen­
Derrida a través del duro trabajo de la lectura desconstructiva cia a este intruso, no sólo en el sentido de la simple oposición
que se supone subvierte la identidad, constituye su definición diferencial que le permite a una identidad afirmarse exclusiva - '
misma. Aquí debemos recordar la proposición de la Lógica (de mente a través de lá diferencia con su otro, sino en términos
Hegel): “a modo de reconciliación, la fue'rza negativa recono­ mucho más radicales. Nuestra identidad está en sí misma
ce su propia fuerza en aquello contra lo que lucha”; a modo : siempre-ya “truncada”, mutilada, es siempre-ya imposible,
de reconciliación; .la desconstrucción reconoce én la identidad “antagónica”, y el intruso amenazante no es más que una pro-,
“la propia esencia” que intenta subvertir a través de la empe­ yección en el exterior, una encamación de nuestro propio an­
ñosa lectura sintomal: es el nombre de la imposibilidad que tagonismo intrínseco... Desde la perspectiva hegeliano-laca-
obstruye la constitución de una plena identidad-consigo-mis­ . niana, no obstante, hay que dar otro paso esencial, ya
mo. La misma proposición se aplica a la relación entre la ley indicado por Jacqueline Rose en su análisis del atractivo del
y el crimen: a modo de reconciliación, la fuerza negativa del thatcherismo.30

56 57
Slavoj Zizek Sobre el Uno

El punto de partida del análisis de Rose es la ominosa se­ identidad-consigo-mismo del clásico. Pero lo que Eco realiza
mejanza entre Thatcher, la “fría” partidaria de medidas “du­ en la dirección irónica a propósito del Hamlet de Shakespeare
ras”, la Dama de Hierro, y Ruth Ellis, una figura mítica de la es de una naturaleza totalmente distinta. Él no desconstruye
historia inglesa del crimen, una asesina que irritaba al público la identidad de Hamlet. Por el contrario, la (re)constmye, pero
al no realizar sus crímenes a la manera “femenina” habitual de tal modo que esa identidad aparece como resultado de una
(con estallidos de pasión, derrumbes histéricos, etcétera); has­ serie de operaciones contingentes incoherentes. Para emplear
ta el final, ella conservó su compostura, no dio muestras de la terminología hegeliana, en lugar de subvertir la consisten­
remordimiento, asistió al juicio impecablemente vestida... El cia positiva de Hamlet liberando el desconstructivo “poder de
“secreto” de Thatcher consistía en la misma conjunción “im­ lo negativo”, Eco permite ver la positividad misma de Hamlet
posible” de la feminidad con una actitud “masculina” resuelta como algo que resulta de la actividad autorreferencial del
y calculadora: aunque ella actuaba como un criminal varón, “poder de lo negativo”. Esta digresión consiste en una con­
podía hacerlo impunemente porque era mujer... ¿No encon­ versación imaginaría entre Shakespeare y su editor:
tramos de nuevo la fórmula hegeliana de la identidad? La
ecuación “Thatcher = Ellis”, ¿no es una nueva versión de la —Me ha gustado mucho su obra. No está mal. Tiene ten­
tautología “Dios es Dios” o “el realista es republicano”?. No sión, imaginación. ¿Es ésta su primera pieza?
se trata sólo de que la identidad de Thatcher se generara con —No. He escrito otra tragedia. Es la historia de dos amantes
referencia a un exterior constitutivo; esta identidad consiste de Verana que...
en sí misma en una coincidencia “imposible” de mujer solíci­ —Hablemos primero de esta pieza, señor Shakespeare. Me
ta, de ley y orden, con la más ruda actitud criminal posible. pregunto por qué la ubicó en Francia. ¿Podría yo sugerirle... Di­
Cuando los críticos de Thatcher llamaron la atención sobre namarca? No habría mucho que cambiar. Bastaría con modificar
dos o tres nombres, y convertir el castillo de Chalons-sur-Marne
su lado “oscuro” (su frío espíritu de venganza, etcétera), sin
en, digamos, el castillo de Elsinore... En una atmósfera nórdica,
saberlo estaban consolidando su identidad. protestante, a la sombra de Kierkegaard, por así decirlo, todos
esos acordes existenciales...
—Quizás usted tenga razón.
Un "intercambio quiasmático de propiedades” —Creo que sí. La obra necesitaría un pequeño retoque esti­
lístico. Nada drástico; las tijeras del peluquero antes de que le
El péndulo de Fouamlt, de Umberto Eco, contiene una di­ ponga el espejo para que usted se vea, por así decirlo. Por ejem­
gresión irónica que nos permite captar claramente esta dife­ plo, el fantasma del padre. ¿Por qué al final? Yo lo habría puesto
rencia crucial entre la transgresión de una identidad y la con­ al principio. De ese modo las advertencias del padre ayudarían a
cepción de la identidad en sí ¿orno resultado de una cierta motivar la conducta del joven príncipe, y plantearían el conflicto
con la madre.
“transgi'esión ”, Con respecto a algunos grandes clasicos litera­
—Huni, buena idea. Sólo tendría que mover una escena.
rios, la “transgresión” de su identidad consistiría en tratarlos
—Exactamente. Ahora bien, el estilo. Este pasaje, donde el
de modo sacrilego. Podría esperarse que se los imite irónica­
príncipe se vuelve hacia la audiencia y comienza su monólogo
mente, que se introduzcan cambios arbitrarios de detalle, pa­ sobre la acción y la inacción. Es un hermoso parlamento, pero,
ra demostrar que no son un todo cerrado y armonioso, sino bien, no parece lo bastante perturbado. “Actuar o no actuar...
que están llenos de grietas (y de elementos que llenan esas Éste es mi problema.” Yo no diría “mi problema” sino “la cues­
grietas)... En síntesis, nuestra meta sería “desconstruir” la tión”, “Ésa es la cuestión.” ¿Entiende lo que quiero decir? No se

58 59
Slavoj Zizek

trata tanto de su problema individual corno de toda la cuestión permite dar expresión plástica a nuestro pensamiento; aunque
de la existencia. La cuestión de ser o no ser...31 el pensamiento lo necesita para lograr una comprensión clara,
debemos cuidar que no nos seduzca su literalidad, el exceso
El efecto logrado de este modo invierte la Veifremdung de su contenido externo, particular: en última instancia, un
brechtiana: no sólo hace “extraño”, “desnaturaliza” a un clási­ ejemplo es “sólo un ejemplo”, debe “negarse” a sí mismo diri­
co sumamente familiar, sino que más bien nos permite ver la giendo nuestra atención hacia su núcleo conceptual. A prime­
negatividad en obra en la constitución misma de este clásico; ra vísta, lo que tenemos es un caso puro de la clásica metafísi­
ofrece una respuesta a la pregunta de “cómo el clásico se con­ ca del lenguaje. Debemos impedir que la presencia-para-sí
virtió en clásico”. Al desplegar el entrecruzamiento de en­ interna del pensamiento se pierda y se disperse en la riqueza
cuentros contingentes que dieron origen al clásico, “genera” falsa y engañosa de su ejemplo: el contenido interior debe
al clásico familiar a partir de lo “extraño”. Para volver de nue­ . prevalecer y penetrar la falsa inmediatez del ejemplo.
vo a los términos hegelianos, pone de manifiesto que lo fami­ N o obstante, como lo demuestra Warminski por medio
liar resulta del doble “extrañamiento”: de la autorreferencia de un análisis detallado del modo en que Hegel trata el ejem­
del extrañamiento. Nuestro punto de partida es lo no-fami­ plo aristotélico clásico de la cera y el anillo (así como la cera
liar: al introducirle variaciones, extrañándolo respecto de sí toma sólo el sello del anillo de oro, y no el oro mismo, sino
mismo, nos encontramos de pronto en medio de lo familiar; puramente su forma, en la sensación sólo la forma del objeto
en esto pensaba Hegel al definir la identidad como una “de­ percibido llega al alma, sin la materia), siempre existe un pun­
terminación refleja”, como resultado del movimiento autorre- to en el cual se derrumba, se invierte, esta oposición del pen­
samiento interno/activo y su ejemplo externo/pasivo: el pun­
ferencial de la negatividad.
Volvamos por última vez a la dialéctica de la ley y al cri­ to en el que Hegel intenta explicar por medio de un ejemplo
men como su transgresión. La ley en su identidad positiva re­ la diferencia misma entre las lecturas literal y rnrecta (iteórica) de
sulta de la relación negativa del crimen consigo mismo a tra­ un ejemplo. En ese punto se produce una especie de cortocir­
vés de su universalización, de un gesto criminal “absoluto” cuito paradójico: la diferencia entre el ejemplo y el contenido
que excluye todos los otros crímenes particulares: en otras pa­ conceptual que se supone ejemplificado aparece inscrita en el
labras, del autoextrañamiento del crimen como “extraño” a la ejemplo mismo\ el mismo ejemplo “proporciona un ejemplo”
“normalidad” de la ley. Esta inversión, la “generatriz” dialéc­ : de como debemos tratarlo en tanto “puro ejemplo”. En sínte­
tica de la identidad, es homologa a lo que Andrzej Warminski sis: existe por cierto el peligro de que la riqueza excesiva del
ha denominado concisamente “un intercambio (quiasmático) contenido inmediato de un ejemplo nos seduzca, pero el úni­
de propiedades”,32 aunque él también es víctima de un error co modo de evitarlo es basarse en un “buen ejemplo”. Esta es la
común entre los críticos perspicaces de tlegel, y le formula inesperada inversión a la que se refiere Warminski: un “inter­
como reproche lo que en realidad es un rasgo básico de su pen­ cambio (quiasmático) de propiedades” entre el interior del
pensamiento y el exterior de su ejemplo. Entonces lo “activo”
samiento. \ '
Warminski examina este “intercambio de.propiedades” a pasa a ser ef ejemplo, que genera su diferencia con el pensa­
propósito del ejemplo del ejemplo y el modo en que Hegel miento, mientras que el pensamiento interior subsiste como
concibe la diferencia entre el ejemplo (Beispiel) y su significa­ un medio pasivo que alcanza su contenido con la ayuda del
ejemplo...
do, pensamiento puro. A primera vista, las cosas parecen cla­
ras. Un ejemplo es sólo un recurso externo, pasivo, que nos v . La homología entre este “intercambio de propiedades” y

60
v ,v
Slavo] Zizek Sobre el U?io

la génesis dialéctica de la ley a través de la universalización del La “lógica del significante”


crimen es impresionante. Si la génesis de la ley saca a la luz el
punto en el que la ley coincide con el crimen universalizado, Ante la multitud de crímenes particulares, la ley universal
el intercambio de propiedades entre el pensamiento y su sé revela como el crimen universalizado absoluto; frente a la
ejemplo pone de manifiesto el punto en el que el “ejemplo” se multitud de los horrores terrenales, el propio Dios, la beati­
vuelve indiscernible de su pensamiento, en cuanto se basa en tud de la paz y el amor, se revela como el horror absoluto...
su propia diferencia con ese pensamiento. En ambos casos, la Esta tríada, esta estructura ternaria en la cual el universal,
diferencia entre el momento “superior” y el “inferior” (entre enfrentado a su contenido particular, se redobla en lo positi­
la ley y el crimen, entre el pensamiento y el ejemplo) está vo y lo negativo, lo abarcativo y lo excluyente, lo “pacifica­
contenida en el momento “inferior”; se genera por autodife- dor” y lo destructivo (en otras palabras, la estructura ternaria
renciación a través de la relación negativa consigo mismo. éít la cual la posición inicial, confrontada con la multitud de
En esto consiste en última instancia la concepción hege­ sus negaciones particulares que la “median”, es retroactiva­
liana de Jesucristo. Desde luego, todos los individuos huma­ mente transcodificada como una negatívidad pura en relación
nos son “ejemplificaciones” de la Idea divina. Pero esta Idea consigo misma) proporciona la matriz elemental del proceso
alcanza su ser-para-sí, se actualiza plenamente, sólo por me­ dialéctico. Este espacio lógico autorreferencial en el que el
dio de su encarnación en Jesús, quien es entonces “el ejemplo género universal se encuentra en la forma de su opuesto dentro
más sublime”, el “ejemplo reflejo del ejemplo”, la ejemplifica- de su propia especie (donde, por ejemplo, el Dios del amor se
ción del principio mismo del ejemplo (de la verdad cristiana encuentra a Sí mismo en la forma del horror absoluto y la ira
de que el propio Dios se convirtió en hombre, de que esta destructiva), es decir, donde un conjunto se encuentra a sí
“ejemplificación” de Dios en el Hombre forma parte de la mismo entre sus propios elementos, se basa en la posibilidad
noción misma de Dios). El punto crucial que no se debe pasar de reducir la estructura del conjunto a un caso límite:
por alto es que el “ejemplo del ejemplo” coincide con la Verdad
misma (en contraste con el menosprecio platónico de la “imi­ [...] el de un conjunto con un solo elemento. Ese elemento tiene
tación de la imitación”): Cristo es un punto en el que el ejem­ ;: que diferir solo del conjunto vacío, del conjunto que no es más
plo (humano) y la Idea (divina) se vuelven indiferenciables, un •; que la falta del elemento en sí (o debe diferir de su lugar como
punto de “intercambio quiasmático de propiedades” en el éytál, o de la marca de su lugar, lo que equivale a decir que está es--
cual lo exterior (de Jesucristo, ese individuo miserable, lasti­ * cindido). Para que el conjunto exista, el elemento tiene que saíir,
moso) es “activo” en relación con lo interior, la Idèa divina. , tiene que excluirse, excepmarse, aparecer como déficit o exceso.
Podríamos incluso decir que este “intercambio quiasmático
de propiedades” define el estatuto mismo del sujeto en la filo­ ' Dentro de este espacio lógico, la diferencia específica ya
sofía de Hegel. La “sustancia se vuelve sujeto” por medio de ÉÓ funciona como la diferencia entre los elementos contra el
un intercambio análogo de sus respectivas “propiedades”: el fondo del conjunto neutro-universal: coincide con la diferen­
sujeto atrapado al principio en sus presupuestos sustanciales, cia entre el conjunto universal en sí y sus elementos partícula-
que está “insertado” en ellos (ése es su atributo pasivo) re­ íés; el conjunto es posicionado en el mismo nivel que sus elementos,
troactivamente los “postula”, o “pone”, los subordina a la for­ .Ópera como uno de sus propios elementos, como el elemento
ma de él, hace de ellos su propio objeto pasivo. paradójico que “es” la ausencia en sí, el elemento-falta (es de-
. feir que, como sabemos por los fundamentos de la teoría de

62 63
V

Slavoj Zizek Sobre el Uno

los conjuntos, cada conjunto incluye como uno de sus elemen­ . un conjunto significante no es nunca exhaustiva, siempre que­
tos el conjunto vacío). Esta paradoja se basa en el carácter di­ da un lugar vacío ocupado por el elemento excedente que es
ferencial del conjunto de los significantes: en cuanto aborda­ el conjunto mismo en la forma de su opuesto: es decir, como
mos un conjunto diferencial, debemos incluir en la red de conjunto vacío. En esto difiere la clasificación significante de
diferencias la diferencia entre un elemento y su propia ausen­ la clasificación usual, de sentido común; junto a la especie
cia. En otras palabras, hay que considerar la ausencia del signifi­ “normal” siempre encontramos una especie suplementaria
cante como paite de ese significante; hay que postular la existencia que ocupa el lugar del propio género.
de un significante que positiviza, “representa”, “da cuerpo a” V Ésta es entonces la paradoja básica de la lógica lacaniana
la falta misma del significante (es decir que coincide con el lu­ del “no todo” (pas tout): para transformar una colección de
gar de inscripción del significante). Esta diferencia es en un elementos particulares en una totalidad consistente, hay que
sentido “autorrefleja”: el punto paradójico, “imposible” pero añadir (o sustraer, lo que es lo mismo: postular como excep­
necesario en el cual el significante no difiere sólo de otro sig­ ción) un elemento paradójico que, en su misma particulari­
nificante (positivo) sino de sí mimio como dignificante. dad, encarna la universalidad del género en la forma de su
Aunque puedan parecer abstractas y fútiles, estas cavila­ opuesto. Recordemos el ejemplo marxista del realismo: el gé­
ciones nos llevan al núcleo mismo de la dialéctica hegeliana, nero universal (realismo) se totaliza cuando le añadimos “re­
en el cual el género universal tiene sólo una especie particu­ publicanismo” como encarnación inmediata del realismo en
lar, y la diferencia específica coincide con la diferencia entre general como tal: la universalidad de la función “realista” pre­
el género en sí y su especie. Al principio tenemos el universal supone la existencia de “por lo menos uno” que actúe como
abstracto; no llegamos al particular complementándolo con excepción. La consecuencia radical es que la escisión, la divi­
su contraparte particular, sino aprehendiendo que el universal sión, está ubicada del lado de el universal, y no del lado del parti­
es ya en sí misino paiticular: es no “todo”; lo que no puede in­ cular. Es decir que, contrariando la idea usual según la cual la
cluir es el particular mismo, en cuanto el universal es abstrac­ ) diversidad de contenidos particulares crea división, diferencia
to, en cuanto lo obtenemos mediante el proceso de abstraer específica en el marco neutro del universal, el universal en sí
los rasgos comunes de un conjunto particular de entidades. ■se constituye sustrayendo de un conjunto algún particular de­
Por esta razón, la discordia entre el universal y el particu­ signado para encarnar el universal como tal: el universal surge
lar es constitutiva: su encuentro siempre “sé frustra”. El impul­ y(en términos hegelianos: es puesto como tal, en su ser-para-
so del proceso dialéctico consiste precisamente en esta “con­ sí) en el acto de escisión radical entre la riqueza de la diversi­
tradicción” entre el universal y su particular. El particular es dad particular y el elemento que, en medio de ella, “da cuer­
siempre insuficiente o excesivo, o ambas cosas, con relación a po” al universal.
su universal: es excesivo, puesto que el universal, en cuanto es : En esto consiste la lógica de la diferencia sexual: el con-
“abstracto”, no puede incluirlo; insuficiente (y ésta es la con­ yjtíhto de las mujeres es particular, no totalizado, no tiniversal:
tracara de la misma dificultad), porque nunca hay bastante del multitud adquiere la dimensión de la universalidad (preci­
particular para “llenar” el marco universal. Esta discordia samente, de la “humanidad”) en cuanto se excluye de ella un
entre el universal y el particular podría “resolverse” si se al­ elemento con el que se encarna la humanidad como tal: el
canzara el reposo de un encuentro afortunado en el que la dis­ | -‘mBmbre. La oposición de hombre y mujer no es entonces si-
yunción, la división del género universal en especies particula­ ihétrica: el género “hombre ” tiene una especie, la m ujer. La uni-
res, fuera exhaustiva, sin resto; pero esta disyunción/divisipn de Vérsalidad de la “humanidad” no es lógicamente anterior a la

64 65
Slavoj Ztzek Sobre el Uno

diferencia sexual, es postulada como tal a través de la inscrip­ yna parte de la estructura “envuelve” a su todo. Cuando, en la
ción de esa diferencia. Es un lugar común de la teoría femi­ totalidad de la producción, distribución, intercambio y consu­
nista señalar la ambigüedad del término “hombre” (por un la­ elo, Marx le atribuye este lugar a la producción, está re­
do designa al varón, y por otro lado al ser humano) como curriendo a la categoría hegeliana de la “determinación anti­
prueba de la tendencia “chauvinista masculina” de nuestro tética” {gegensätzliche Bestimmung. “La producción no sólo
lenguaje cotidiano; sin embargo, habituahnente se pasa por predomina sobre sí misma, en la determinación antitética de la
alto en relación con esta ambigüedad la tensión dialéctica que producción, sino también sobre los otros momentos”,36 Esta
existe entre esos dos aspectos; por cierto, el hombre qua va­ “determinación antitética” es la forma en que el universal se
rón “da cuerpo” a la universalidad del hombre qua ser huma­ éheüentra a sí mismo dentro de sus particularidades: la produc­
no, pero lo hace en laforma de su opuesto (como en la Atalía de ción se encuentra dentro de su especie, o la producción es una
Racine, donde Dios qua fuente de horror indecible “da cuer­ especie que incluye a su propio género (la totalidad de la pro­
po” a Dios qua. amor y beatitud). En otras palabras, precisa­ ducción, la distribución, el intercambio y el consumo), como
mente en cuanto encarna inmediatamente a la humanidad, el en teología, donde Dios qua amor predomina sobre El mismo
hombre qua varón es radical, constitutivamente, más “inhu­ en la determinación antitética, es decir, qua horror e ira inde­
mano” que la mujer.34 cibles. El lema hegeliano “la verdad es el todo” resulta profun­
Ni el idealismo neohegeliano ni el nominalismo materia­ damente engañoso si uno lo interpreta en el sentido del “ho-
lista reconocen bien el estatuto de esta diferencia paradójica, Üsmo” tradicional, según el cual el contenido particular no es
que es constitutiva del universal en sí y, por lo tanto, no pue­ más que un momento transitorio, subordinado, de la totalidad
de reducirse a una diferencia específica común contra el fon­ integral; el “holismo” hegeliano es, por el contrario, de tipo
do neutro de un género universal. Aunque por lo general la aütorreferencial: el todo es siempre-ya parte de sí mismo, siem­
categoría de la sobredetemiinación se concibe como “antihege- pre está incluido entre sus propios elementos. El progreso dia­
liana” (Althusser y otros), ella en realidad designa precisa­ léctico no tiene entonces nada que ver con la ramificación gra­
mente esta paradoja intrínsecamente hegeliana de una totali­ dual de alguna totalidad inicialmente no diferenciada, hasta
dad que siempre incluye un elemento particular que encarna sn convertirse en una red de determinaciones concretas; su meca-
principio estmcturante universal. Es el caso de la producción en )íjj|mó es más bien el de un todo que se añade una y otra vez a
Marx; propias partes, como en el conocido desliz lógico citado a
yp&hüdo por Lacan: “Yo tengo tres hermanos, Pablo, Ernesto
En todas las formas de sociedad hay un tipo específico de ■)íyo mismo”. “Yo mismo” es aquí exactamente la “determina­
producción que predomina sobre el resto y sus relaciones asig­ ban antitética” de “yo”.
nan rango e influencia a los otros. Es fina iluminación general
que baña a todos los otros colores y modifica su particularidad.
Es un éter particular que determina la gravedad específica de to- | :i00m ctu ra subjetivizada
do ser que se ha materializado dentro de él.í5
jfg través de este elemento excedente que encarna al uni-
Esto es la “sobredeterminación”: una determinación del en su forma negativa, por la vía de este punto en el cual
todo por uno de sus elementos que, según el orden de la clasi­ ^íiyersál se encuentra consigo mismo en su determinación
ficación, debería ser sólo una parte subordinada. Es decir que ,? ,|ética, la estructura de su significante se subjetiviza\ el su-
m
fe; ■
66 67
S/avoj Zizek Sobre el U?io

jeto sólo existe dentro de este “encuentro frustrado” entre el nados, pero el yo es el puro concepto en sí que, como concepto,
universal y el particular; en última instancia no es más que el ha entrado en la existencia}1
nombre de su discordia constitutiva. El particular es siempre
insuficiente, nunca basta para “llenar” la extensión del univer­ El yo (para Hegel es sinónimo del sujeto) está entonces
sal, pero al mismo tiempo lo excede, puesto que se suma a la ubicado en la intersección del “ser” y el “tener”. El concepto
serie de elementos particulares como el Uno que encarna al Universal que sólo tiene predicados es aún una sustancia uni­
género mismo. En cuanto abolimos este cortocircuito entre el versal a Ja que le falta la autorreferencialidad propia del suje­
universal y el particular, esta distribución en banda de Moe- to. Por una parte, el sujeto es pura universalidad negativa:
bius, donde el universal y el particular están ubicados en la u n a identidad-consigo-misma que “rechaza” todo su conteni­
misma superficie o, en otras palabras, en cuanto llegamos a do determinado, hace abstracción de él (“yo” no soy ninguna
una clasificación que presenta el universal dividido en espe­ de mis determinaciones, sino la universalidad que simultánea­
cies sin el resto paradójico de su determinación antitética, te- mente las contiene y las niega); pero, por otro lado, “yo” es
nemos una estructura “objetiva”, una estructura que no esce­ ese poder abstracto de la negatividad “que ha entrado en la
nifica la representación del sujeto. existencia en el dominio mismo de sus determinaciones”, que
¿No hemos desembocado de este modo en la fórmula la- ha adquirido “ser determinado”. Como tal, es lo opuesto a la
caniana del significante? Esta “determinación antitética”, es­ identidad del universal consigo mismo: es un punto de fuga,
te particular paradójico que, dentro de la serie de los particu­ el “otro de sí mismo” que elude cualquier determinación. En
lares, ocupa el lugar del universal mismo, lo representa, ¿no otras palabras, un punto de pura singularidad. Es precisamen­
es el significante que representa al sujeto para los otros signi­ te esta oscilación entre la universalidad negativa abstracta
ficantes? Como en el análisis marxista de la lógica del realis­ (abstracción de todo contenido determinado) y el punto de
mo, en la cual el republicanismo representa al realismo gene­ fuga de la pura singularidad, esta “universalidad absoluta que
ral para las (otras) especies de realismo. La respuesta es ^ és también inmediatamente una individualización absoluta”, lo
definitivamente negativa: lo que esa lectura simplista no toma qúe constituye, según Hegel, “la naturaleza delyfl y también
en cuenta es la dialéctica de la falta y el exceso. El particular , la naturaleza del concepto”:38 la identidad fundamental del yo
excedente encarna al universal en la form a de su opuesto, está y el Concepto. Lejos de ocupar el polo opuesto de la universa-
en exceso precisamente en cuanto llena la falta del particular lidad, la individualidad hegeliana designa el punto en el cual el
cón respecto al universal. El excedente es entonces la forma Contenido en fuga que se niega a sí mismo coincide con la
de aparición de la falta- el Uno (el “m ás-Uno” lacaniano) es la forma abstracta del receptáculo universal que es indiferente a
forma de aparición del cero, y la fórmula del significante só­ todo contenido determinado.
lo puede introducirse legítimamente en este punto: el exceso, ír; Los tres términos -el universal positivo (el realismo como
el Uno excedente que llena la falta es el significante que re­ gÓnéro), el particular (sus diferentes especies: orleanísmo, le-
presenta al sujeto (el vacío, el cero, el conjupto vacío de la es- ; gitimismo...) y la excepción que encarna ál universal en la
tructura). Para aclarar este punto crucial, recordemos el si­ forma de su opuesto (el republicanismo como el único modo
guiente pasaje del tercer libro de la Ciencia de la lógica de; Ser “realista en general”) pueden entonces suplementarse
Hegel: con un cuarto: eí vacío mismo llenado por la excepción. Éste
vacío sale a la luz en la subversión hegeliana del principio de
Por cierto, yo tengo conceptos, es decir, conceptos determu y /identidad: la identidad-consigo-mismo tal como se expresa en
. -i

68 69
V
Sobre el Uno
Slavoj Zizek
jeto está vinculado con una metáfora, con una sustitución me­
una tautología (“Dios es Dios”, por ejemplo) es en sí misma
tafórica. En un primer enfoque, hay dos lecturas complemen­
la contradicción más pura, absoluta, la falta de cualquier de­
tarias de esta tesis:
terminación: donde uno esperaba una determinación específi-
ca, un predicado (“Dios e s ...”), no se obtiene nada, hay au­
> La primera lectura consistiría simplemente en concebir al
sencia de determinación. Lejos de presentar una suerte de
sujeto como el último significado, siempre elusivo, de la
plenitud autosuficiente, la tautología abre un vacío en la sus­
cadena significante: no hay ningún significante “adecuado”
tancia, que es llenado por la excepción: este vacío es el sujeto,
¡ para el sujeto; ningún significante puede ser más que su
y la excepción lo representa para todos los elementos de la
metáfora; en él, el sujeto está siempre mal representado, si­
sustancia. “Dios es Dios” es por lo tanto la manera más sucin­
multáneamente revelado y oculto, dado y retirado, indica­
ta de decir “la sustancia es el sujeto”: la repetición de lo mis­
do, sugerido entre líneas...
mo añade a los predicados divinos (sabiduría, bondad, omni­
• La lectura opuesta insistiría en que una cadena significan­
potencia...) una cierta “nada”, un lugar vacío, una falta de
te está “subjetivizada” precisamente por su metaforicidad:
determinación que la subjetiviza. Por ello solamente del Dios
lo que llamamos “sujeto” no es la X insondable, punto de
judeocristiano, el de la tautología “Yo soy el que soy”, puede
referencia final de su significado, sino un nombre para la
decirse que es un sujeto.
brecha misma que impide que el lenguaje humano se con­
El punto de partida del proceso dialéctico no es la pleni­
vierta en una herramienta neutra para la designación de
tud de una sustancia autosuficiente, idéntica a sí misma, sino
algún estado de cosas objetivo; es un nombre para los di­
la contradicción absoluta: la pura diferencia es siempre-ya el
ferentes modos en que el estado de cosas descrito es siem-
“predicado” imposible de la iden tidad-consigo-mimío o, para decir­
pre-ya presentado desde alguna posición de enunciación
lo en términos lacanianos, la identidad de una marca signifi­
parcial, sesgada. En otras palabras, nuestra palabra está
cante (S) siempre-ya representa al sujeto (8). Esta contradic­
“subjetivizada” precisamente en cuanto nunca “dice direc-
ción absoluta se “resuelve” excluyendo del conjunto sustancial
; tamente lo que quiere decir”: en lugar de “vagina”, pode­
un elemento encargado de representar el vacío, la falta de de­
mos decir “flor de la feminidad”; esta segunda expresión,
terminación propia de la tautología: se resuelve excluyendo
por repulsivamente exuberante que resulte, no es menos
de una serie de marcas significantes “por lo menos Una” que
y; “objetiva” que la primera.39
de tal modo subraye el vacío de su espacio de inscripción, El
sujeto es este vacio, esta falta en la serie de los predicados de la sus­
El punto interesante de estas dos lecturas consiste en que,
tancia universal-, es la “nada” implícita en la autorreferenda
aunque opuestas, ambas poseen una especie de evidencia “pri­
tautológica de la sustancia, el cuarto término mediador que
maria”, “de sentido común”: de algún modo “sentimos” que
fuga hacia el resultado final, en la tríada lograda.
no hay palabras para representar adecuadamente nuestra sub­
/ jetividad más íntima, y su contenido propio sólo puede ser alu­
dido, pero al mismo tiempo “sentimos” también que una pala­
La “metáfora del sujeto”
bra que funcionara como un medio puro y transparente de
designación sería en cierto sentido “sin-sujeto”, y que siempre
Estas paradojas de la “lógica del significante” nos permi­
so puede detectar la presencia de un sujeto en los elementos
ten ubicar adecuadamente la tesis de Lacan sobre la “metáfo­
-dél estilo, los recursos metafóricos, etcétera: en síntesis, a tra-
ra del sujeto”, su afirmación de que el estatuto mismo del su

71
70
V

Slnvoj Zizek Sobre el Uno

vés de todos los elementos que, desde el punto de vista de la por medio del cual cero es contado como Uno. Ésta sería la defi­
información que se transmite, representan un “ruido” super­ nición lacaniana más elemental del sujeto: una nada que no es
fluo. ¿Cómo podemos explicar esta oposición? La clave está nna nada sino que es ya contada como Uno, vertida y remarcada
contenida precisamente en la lógica paradójica de la excep­ por la excepción, el más-Uno de la serie de marcas. En otras
ción, del término reflejo bajo cuya forma el género universal palabras: una nada que aparece en la forma del opuesto que la
se encuentra consigo mismo entre sus especies. Recordemos representa, del Uno. La “metáfora original”, no es una susti­
una vez más la lógica marxista del realismo: el republicanismo tución de algo por otra cosa sino la sustitución de algo por na­
en el cual se encuentra a sí mismo el realismo en la forma de da; es el acto mediante el cual “hay algo en lugar de nada”, de
su opuesto es una sustitución metafórica del realismo: triodo que la metonimia es una especie de la metáfora: el desliza­
miento metonímico desde un objeto (parcial) a otro es puesto
republicanismo en marcha por la sustitución metafórica constitutiva del suje­
to; el “uno por otro” presupone el “uno por nada”.
realismo Ahora podemos volver a los modos de leer la fórmula de
la “metáfora del sujeto”. Está claro que en la primera lectura
Es decir que el republicanismo ocupa el lugar del realis- (el sujeto como el último punto de referencia, eternamente
mo-en-general. elusivo), el sujeto es aún concebido como sustancia, como una
Pero, como acabamos de ver, esta excepción (el significan­ entidad sustancial trascendente, mientras que la segunda lec­
te “puro”) es una entidad de dos caras, como Jano. tura (el sujeto como la brecha que impide que nuestra palabra
sea un medio neutro de designación) indica la dimensión pro­
• Por un lado, mantiene una relación metonímica con el gé­ pia del sujeto. En otras palabras, estas dos lecturas expresan
nero univesal: en esa relación, una parte funciona como en el nivel intuitivo del sentido común la dualidad misma de
sustituto metonímico del todo; lo hemos visto en el ejem­ la sustancia y el sujeto.
plo marxista de la producción: la producción es un térmi­
no de la tétrada producción-distribución-intercambio-
consumo, pero simultáneamente representa al todo. El “un Uno” hegeliano
♦ Por otro lado, mantiene una relación metafórica con el va­
cío, la falta en el universal sustancial: la excepción llena el y Hegel articula esta relación paradójica entre el cero y el
vacío que está en medio de la sustancia. Uno (en la cual el Uno es la inscripción del cero) en uno de
los “nudos” cruciales de su Lógica, el pasaje del ser determina­
A esta dualidad se refiere precisamente Lacan cuando ha­ ndo (Dasein) al ser-para-sí (Fürsichsein) y el ser-para-uno (Sem-
bla del significante como “metonima del objeto” y “metáfora für^Eines) como su especificación. Comienza recordando la
del sujeto”: la excepción mantiene una relación metonímica .¿¿presión alemana empleada para preguntar por la cualidad
con el objeto sustancial, y una relación metafórica con el vacío : de una cosa: W asfiir ein Ding ist das? (literalmente, “¿para qué
sin sustancia que es el sujeto. La metáfora, en su dimensión tina cosa es esto?”, con el sentido de “¿qué clase de cosa es és-
más radical, es esta última sustitución del cero por Uno, este . iá?'!). Sobre la base del doble significado de la palabra alema-
acto por medio del cual el Uno (el rasgo significante) “repre-, na ein (el artículo indeterminado “un” y el número “uno”), la
senta” el cero, el vacío que “es” el sujeto: en síntesis, el actq f lée como el “uno” de la unidad, como el “uno” opuesto a los

72
v

Slavoj Zizek Sobre el Uno

otros (los “otros-unos”): “¿para qué Uno la cosa es esto?” Y correlato de Uno? Hay que tener presente que, en cuanto al
desprende la pregunta obvia: ¿cuál es este Uno para el cual al­ orden intrínseco de las categorías de la Lógica de Hegel, toda­
go (la cosa) es? vía nos encontramos en el nivel de ía cualidad', el Uno que es­
Hegel señala que este Uno no puede coincidir con “algo” tamos abordando no es aún el Uno de la cantidad, el Prímer-
(Etwas): el correlato de algo es algo-otro (ein Anderes); esta­ Uno al que puede añadirse el segundo, el tercero, etcétera.
mos en el nivel de la finitud, de la realidad finita, de su red de Por esta razón, el correlato de Uno no es el otro sino el vacío
determinaciones recíprocas, en la que algo está siempre vin­ (das Leeré)-, no puede ser el (algo-)otro puesto que el Uno es
culado con alguna otra cosa, limitado, definido, “mediado” ya la unidad de sí mismo con su otro, el reflejo-en-sí-mismo
por otros “algo”. El ser del algo es por lo tanto siempre un del otro, su propio otro: el Uno es precisamente el otro “in­
ser-para-otro (Sein-fiir-Aaderes); sólo se llega al Uno cuando trínseco” para el cual es la cosa, en el que persiste como supe­
este otro, este algo-otro para el cual él es algo, se refleja en el rada. Si, en consecuencia, el Uno es algo reflejado-en-sí-mis-
algo mismo como su propia unidad ideal, es decir, cuando al­ mo, puesto como su propia unidad ideal, el vacío es
go ya no es para algo-otro sino para sí\ de este modo, pasamos precisamente el ?-cflejo-en-sí-mismo de la alteridad, es decir, una
del ser-para-otro al ser-para-sí. El Uno denota la unidad ideal “pura” alteridad que ya no es algo-otro.
de una cosa más allá de la multitud de sus propiedades reales: Sin embargo, persiste una ambigüedad: la relación entre el
la cosa como elemento de la realidad es superada (aufgehoben) Uno y el vacío se concibe habitualmente como una coexisten­
en el Uno. El pasaje de algo al Uno coincide entonces con el cia externa, semejante por ejemplo a la de los átomos y el es­
pasaje de la realidad a la idealidad: el Uno para el cual es la pacio vacío que los rodea. Aunque esta concepción puede pa­
cosa qua real (“¿Para qué uno la cosa es esto?”) es esta cosa recer confirmada por el propio Hegel, para quien la categoría
misma en su idealidad. del ser-para-sí adquirió existencia histórica en la filosofía ató­
Este pasaje implica claramente la intervención del orden mica de Demócrito, nada más erróneo: el vacío no es externo
simbólico: sólo puede producirse cuando el Uno, la unidad y al Uno, mora en su corazón. El Uno está en sí “vacío”; el va­
ideal de una cosa más allá de sus propiedades reales, es nueva­ cío es su único “contenido”. En este punto puede ayudarnos
mente encarnada, materializada, externalizada en su signifi­ una referencia a la “lógica del significante”: el Uno es lo que
cante, La cosa como elemento de la realidad es “asesinada”, .Lacan llama el “significante puro”, el significante “sin signifi­
abolida, y al mismo tiempo preservada en su contenido ideal cado”, el significante que no designa ninguna propiedad posi­
(en síntesis, superada) en el símbolo que la pone como Uno: tiva del objeto, puesto que sólo se refiere a su pura unidad
la reduce a un rasgo unitario designado por su marca signifi­ Conceptual, generada performativamente por este significante
cante. En otras palabras, el pasaje del ser-para-otro al ser-pa­ (desde luego, los nombres propios son el caso ejemplar) y el
ra-sí entraña un descentramiento radical de la cosa respecto vacío: ¿acaso el vacío no es precisamente el significado de este
de ella misma: este “sí” de “para-sí”, él núcleo más íntimo de ■dignificante puro? Este vacío, el significado del Uno, es el sujeto
su identidad, eá postulado, “puesto”, adquiere existencia real, . ■;del significante: el Uno representa al vacío (el sujeto) para los
sólo en cuanto es una vez más externalizado en una marca ótros significantes. ¿Qué otros? Sólo sobre la base de este
significante arbitraria. E l ser-para-sí equivale al ser de una cosa (Uno de la cualidad podemos llegar al Uno de la cantidad, al
para su símbolo: la cosa es “más sí misma” en su símbolo exter­ :Y^no como el primero de una serie de conteo. No sorprende
no arbitrario que en su realidad inmediata. Entonces que la misma expresión paradójica “el un Uno” (das
Si el correlato de algo es algo-otro, ¿cuál es entonces el fin e Eins; Vun Un) aparezca tanto en Hegel como en Lacan:

14
Slavo] Zizek Sobre el Uno

sí no puede menos que recordar las observaciones irónicas en


necesitamos el Uno de la cualidad, el “rasgo unario” {le trait
cuanto a que “según Hegel, el Absoluto habla alemán”. Ade­
unaire) de Lacan, para poder contarlos y decir “aquí hay un
más, éste no es el único caso; en la Lógica hay toda una serie
Uno, aquí está el segundo Uno, aquí el tercero... ” Con este
de “pasajes” conceptuales basados en juegos de palabras o
pasaje del Uno de la cualidad al uno de la cantidad, el vacío se
‘J ambigüedades propios del idioma alemán: por ejemplo, los
convierte en el cero.
tres significados de Aufkebung (anular, conservar, superar), el
En otro nivel, lo mismo sucede con la primera pareja (de
modo en que la categoría de Grund (razón y fundamento) es
mala fama) de la Lógica de Hegel: el ser y la nada. En cuanto
deducida de la lectura del verbo alemán zugrundegeben (des­
al “contenido”, no existe ninguna diferencia entre ellos. ¿Qué
componer, desintegrar) como zu-Grunde-gehen (ir al propio
es, entonces, lo que sostiene la brecha que los separa, por qué
fundamento), etcétera. Pero Hegel de ningún modo concibe
no coinciden inmediatamente? El “ser” es la primera (más va­
estos rasgos como una especie de privilegio del alemán (a di­
cía, más inmediata) determinación formal (Formbestimmtbeit),
ferencia de Heidegger respecto del alemán y del griego). Pa­
la “verdad” (el “contenido”) de lo que es “nada”: una pura fal­
ra Hegel, éstos son coincidencias afortunadas en las que, por
ta de cualquier contenido determinado. Precisamente a causa
de esta coincidencia inmediata de sus respectivos “conteni­ azar, el significado de alguna palabra (más exactamente, la es­
dos”, la contradicción entre el ser y la nada es absoluta: no se cisión de su significado) adquiere una dimensión especulativa.
Los significados habituales y cotidianos de las palabras siguen
trata de una simple incompatibilidad de dos “contenidos” po­
activos en el nivel del entendimiento, y las defmciones cientí­
sitivos, sino de la contradicción más pura entre “contenido” y
“forma”. Es decir que, en cuanto a su forma, el ser posee ya la ficas “exactas” no hacen más que endurecer el cerco no-dia­
determinación de “algo”, pero su contenido es “nada”; por lo léctico; el significado especulativo que, en principio, elude
tanto, es “nada en la forma de algo”, la nada contada como al­ tanto a las palabras (conceptos) como a las proposiciones,
puesto que sólo emerge en el movimiento completo del silo-
go. Sin esta tensión absoluta, el ser y la nada coincidirían in­
mediatamente y el proceso dialéctico no se “pondría en mar­ J gismo, este significado, en virtud de un encuentro contingen­
cha”. Precisamente en cuanto esta contradicción es absoluta, te feliz, puede surgir en el nivel puro de las palabras.
“real-imposible”, es “reprimida”, “desalojada” a un pasado in­ Vemos entonces que Hegel está lejos del cuadro con­
temporal (como el antagonismo primordial de los impulsos vencional del “panlogicismo” que se le atribuye: la “verdad
en Schelling): Hegel reitera una y otra vez que el ser “no se especulativa”, expresión del Absoluto, ¡tiene que basarse en
pasa sino que se ha pasado”40 a la nada, por lo cual la primera recursos tan frívolos como los juegos de palabras y las ambi­
categoría que puede emplearse en el presente es el ser deter­ güedades contingentes! Hegel socava en este punto la oposi­
minado (Dasein) o algo, la unidad del ser y la nada que “de­ ción platónica (planteada en el Cratilo) entre “lo natural” y
viene”. En otras palabras, sólo con algo podemos realmente “lo arbitrario” del lenguaje, oposición a partir de la cual, más
comenzar a pensar; el ser y la nada son la ausencia de deter­ tarde, en el pensamiento moderno, evolucionaron las dos
minación concebida desde el interior del campo de la deter­ concepciones fundamentalmente divergentes del lenguaje: la
minación conceptual, y como tales, condenados al reino oscu­ “racionalista” (que lo reduce a un sistema de signos arbitra- /
ríos cuyo significado es convencional y que, en consecuencia,
ro del pasado eterno, intemporal.41
no porta ninguna verdad intrínseca) y la “romántica” (según
El papel desempeñado por la singular expresión alemana la cual el lenguaje no puede reducirse a una herramienta o
W asfür ein D ing... en el pasaje del ser-para-otro al ser-para- medio externo puesto que, en su profundidad, lleva un senti-

16 77
Slavoj Zizek Sobre el Uno

do original olvidado por el progreso de la historia). La posi­ dre) no tiene ninguna autoridad sobre este esloveno, el único inte­
ción de Hegel con respecto a esta alternativa es paradójica: rrogante que queda abierto es cómo era posible que eludiera la psi­
cosis. Puesto que se trata de un esloveno, probablemente no resulta
sostiene que el lenguaje no contiene una verdad intrínseca,
demasiado riesgoso proponer la hipótesis de que de algún modo, en
pero esa verdad no debe buscarse en oscuros orígenes, en una
el trasfondo, está oculta la figura ubicua de la madre; en otras pala­
remota raíz original disipada por la instrumentalización pro­ bras, que era la madre (y no el padre) quien encarnaba la ley para él,
gresiva; esta verdad resulta más bien de los encuentros con­ . con tanta firmeza y severidad que bloqueaba la posibilidad misma de
tingentes que se producen más tarde. En principio, el lenguaje una relación sexual “normal”. Cuando el Nombre-del-Padre es
“miente”, hace invisible el movimiento dialéctico de los con­ reemplazado por el Nombre-de-la-Madre, una “vuelta de tuerca”
ceptos, pero a veces, gracias a algún accidente oportuno, pue­ adicional refuerza la presión sobre el sujeto de la deuda simbólica.
de emerger el contenido especulativo. Contrariando lo que 4. Tal vez este punto de vista podría caracterizarse como el del
sostiene la tradición platónica, la verdad no está contenida en embajador de Persia (de las célebres Cartas persas de Montesquieu):
una extraña mirada dirigida a nuestro mundo, para generar nuestro
el universal como tal: su emergencia es estrictamente una
extrañamiento respecto de él.
cuestión de coyunturas particulares.
5. Ring Landner, “Who dealt?”, en The Penguin Book of American
Short Stories, Harmondsworth, Penguin, 1969, págs. 295-306.
6. Desde luego, la interpretación paranoica de la historia sosten­
N otas
dría que la narradora desempeñaba el papel de la parlanchína ino­
cente que arruina la vida de sus compañeros con toda intención: para
1. Sigmund Freud/Edoardo Weiss, Lettres sur la pratique psycba-
vengarse del esposo, por el hecho de que no la amara.
nalytique, Toulouse, Privat, 1975, pág. 55.
7. Martin Jay, The Dialectical ímagination, Londres, Heineinann,
2. Ibíd., pág. 57. 1974, capítulo 7.
. 3. El esloveno “inmoral” mencionado no sólo encarna el modo
8. El “síndrome autoritario” es también sintomático en eí senti­
paradójico en que están vinculados el goce y la ley, sino que oculta
do del sinthome, de una formación significante que estructura nues­
además otra sorpresa, que nos lleva a la clave de la fantasía nacional
tro núcleo más íntimo de goce; lo demuestra la fascinación de la au­
eslovena, al tema del “superyó materno”, de la madre (y no el padre)
toridad que es un componente crucial de su ejercicio, el goce que
como portador de la ley/prohibición. El esloveno de Freud trataba
acompaña a la subordinación del sujeto a la exigencia autoritaria: en
de aprovechar el proceso analítico de un modo singular. El papel del
el; “síndrome autoritario” la personalidad liberal ubica y organiza su
pago del paciente al analista es bien conocido, Al aceptar el dinero goce.
del paciente, se crea y conserva una distancia entre él y el analista; el
; 1 9. Pauí-Dominique Dognin, Les “sentiers escarpés” de Kdrl Marx,
analista puede mantenerse al margen del circuito íntersubjetivo del
I, París, CERF, 1977, pág. 132.
deseo en el cual el analizante'está atrapado (pago de la deuda simbó­
10. La prueba fundamental de que Marx dominaba el doble re­
lica, etcétera). Nuestro esloveno trastornaba esta condición analítica
flejo hegeliano es su deducción del capitalista a partir del concepto
básica de un modo particular, que le permitía incluso explotar eco­
de capital. La relación del sujeto (la fuerza laboral) y el objeto (las
nómicamente su análisis. Weiss escribe:
Condiciones objetivas del proceso de producción) necesariamente se
V. t
H a c e algu no s días m e e n te ré d é q u e le m e n cio n ó al padre, com o í refleja dentro de la subjetividad de la fuerza laboral, y de tal modo ,
h o n o rario s m íos, una sum a un ta n to su p erio r a la que yo le había fijado. ■complica la lógica de la “reificación” (“relaciones entre cosas en lu-
E l padre acostu m braba pagar estas cuen tas en efectiv o . L e d io el dinero ; gar de relaciones entre personas”). No basta con sostener que en el
destinado a m í al p acien te, y éste se qued ó con la diferen cia. (Ib íd ., págs. capitalismo las relaciones entre los individuos aparecen en forma rei-
55-6.) Jicada como relaciones entre cosas; lo esencial es que la relación de
los individuos con las “cosas” se refleja en la relación entre los indi-
En cuanto el Nombre-del-Padre (la ley cuyo portador es el pa
18. 79
Skvoj Zizek Sobre el Uno

viduos, y la necesaria inversión de la “reificación” es la “personifica­ que en las familias corrientes no nos resultarían tan interesantes?
ción”, el proceso en virtud del cual las "cosas” asumen la forma de Porque, como resultado de la mencionada operación pura?nentefor-
“personas” (el capital se vuelve el capitalista), Esta segunda reflexión, mal, estos rasgos cotidianos sufren una especie de "transustancia-
esta reflexión “al cuadrado” en la que la primera (la “reificación”, ción” y comienzan a funcionar como emanación de la realeza.
"cosas en lugar de personas”) se refleja a su vez en las “personas” 17. Jacques Lacan, Écrits: A Selection, Londres, Tavistock, 1977,
constituye la especificidad de la autorrelación dialéctica. pág. 316 (traducción corregida) [ed. cast.: Escritos, 1 y 2, México,
11. Jacques Lacan, The Fonr Fundamental Concepts of Psycho- Siglo XXI, 1985].
Analysis, Londres, Hogarth, 1977, pág. 112 [ed. cast.: El Seminario. 18. Jacques Lacan, Le Séminaire, livre III: Les Psychoses, ob. cit.,
Libro IV. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Ai­ pág. 169 [ed. cast.: El Seminario. Libro III. Las psicosis, Buenos Aires,
res, Paidós, 1994]. Paidós, 1984].
12. Para una introducción detallada a este concepto, véase Sla- 19. Jacques Lacan, Le Séminaire, livre XVII: VEnvers de la psycha-
voj Zizek, The Sublime Object ofldeology, Londres, Verso, 1989, ca­ rialyse (1969-70), manuscrito no autorizado.
pítulo 3 [ed. cast.: ob. cit,, nota 1 de la Introducción]. 20. Arthur Danto, Mysticism and Morality, Hannondsworth, Pen-
13. Jacques Lacan, Le Séminaire, livre III: Les Psychoses, París, . guin, 1976, pág. 82.
Seuil, 1981, págs. 281-306 [ed. cast.: Las psicosis, Buenos Aires, 21. Para un análisis materialista histórico, los puntos de especial
Paidós, 1984]. interés son los fenómenos en los que el dinero no ha sido aún redu­
14. Ibíd., pág. 303. cido a un “equivalente general” neutro, cuando todavía atestigua el
15. Fredric Jameson, The Ideologies ofTheory. Minneapolis, Uni- peso material de relaciones sociales concretas. Un ejemplo obvio es
versity of Minnesota Press, 1988, pág. 7, vol. 1. la distinción aparentemente “irracional” y “superflua” entre la libra y
16. En este punto podemos ver por qué, si aplicamos al carisma la guinea (una libra y un chelín). ¿De dónde ha salido este misterioso
del rey esta lógica de la figura del judío como una “ilusión óptica”, excedente del cinco por ciento? Con la guinea se pagaba a los médi­
no vale la objeción de que el rey de facto nunca funciona como un cos, abogados y otros profesionales: era una libra más una especie de
significante “vacío”. No vale la objeción de que los sujetos lo obede­ propina para quienes, por la dignidad de su posición social, no po­
cen porque y sólo en cuanto creen en su realeza "sustancial”: lo que dían aceptar propinas. En la división kantiana de las facultades, estas
parece una objeción es en realidad la consecuencia básica de la pro­ profesiones se contaban entre las basadas en el “discurso del Amo”,
pia teoría criticada. Desde luego, una condición del carisma del rey . : y no en el “discurso de la Universidad”: tienen que ver con la creen­
es que los sujetos crean en su realeza (como en el antisemitismo es cia y el poder (la creencia como fundamento del poder) y no con el
una condición de su eficacia que el sujeto perciba al judío como una conocimiento “impotente” (la facultad de teología, la facultad de de-
entidad sustancial, positiva, y no como la materialización de una 1 récho, la facultad de medicina).
operación textual puramente formal). En cuanto el mecanismo es ■.V'. 22. Un análisis adicional debería abordar la fuerza de trabajo, una
expuesto, pierde su poder. mercancía especial cuyo “valor de uso”, el trabajo en sí, es fuente de
En otras palabras, precisamente en cuanto es mal reconocida, la valor y, por lo tantq, produce un excedente o plusvalía sobre su pro­
operación textual puramente formal determina el modo en que per­ pio valor como mercancía. Es aquí, en este punto de autorreferencia
cibimos al judío o al rey en su positividad material: en ausencia de : donde la fuerza que produce valor se intercambia por valor, encontramos
esta operación formal, el judío sería percibido como una persona el otro aspecto del dinero: no es sólo SI, el significante amo, el equi-
igual a las otras, y no como portador de algún mal intrínseco, miste­ : . Valente general, sino también el objeto. El correlato lacaniano de la
rioso, como alguien cuya misma existencia es engañosa. Lo que ocu­ plusvalía es el goce excedente encarnado en el objet petit a, el objeto /
rre con el rey es homólogo. ¿Por qué nos fascinan tanto los detalles / Càusa de deseo. El intercambio de la fuerza de trabajo por dinero
cotidianos de la vida de las familias reales? (¿Tiene un amante la ;; póstula entonces una equivalencia “imposible”:fuerza de trabajo - di-
princesa Diana? ¿Es gay el príncipe Andrés? ¿Es cierto que la reina una especie de “juicio infinito” hegeliano, cuyos términos son
Isabel a menudo se emborracha?) ¿Por qué nos fascinan esos detalles radicalmente incompatibles.

80
Slavoj Zizek r Sobre el Uno

Marx determina al proletariado como una subjetividad pura, sin restaurar, al tratar la Restauración como un ideal cuya realización se
sustancia, una pura posibilidad de actualización que se vuelve contra posponía indefinidamente, el Partido del Orden pasaba por alto el
sí misma (cuanto más produce el trabajador, menos posee, puesto hecho de que este ideal estaba ya plenamente realizado en el “reino sin
que el producto de su trabajo asume la forma de un poder extraño nombre de la república”, Ellos ya tenían en sus manos lo que buscaban,
dirigido contra él). De este modo Marx presenta su propia versión la “forma republicana” era la forma de aparición de su opuesto, el
de la fórmula hegeliana “el espíritu es un hueso” (el propio Hegel realismo como tal.
propuso la versión “la riqueza es la persona”, que ya prefigura a 27. Hegel’s Science o f Logic, Londres, Alien & Unwin, 1969, pág.
Marx): el proletariado es un sujeto sin sustancia, un vacío de pura 415 [ed. cast.: Ciencia de la lógica, Buenos Aires, Mondolfo, 1982],
potencialidad sin ningún contenido positivo, liberado de todos los 28. Un ejemplo perfecto de esta inversión hegeliana (el pasaje
vínculos sustancíales con las condiciones objetivas de producción, y del sujeto al predicado) se encuentra en la teoría de la relatividad.
una entidad que se vende en el mercado y es por lo tanto postulada Como se sabe, la revolución de Einstein en la concepción de la rela­
como igual a una pieza muerta de metal (8 0/7, la conjunción de la ción entre el espacio y la materia se produjo en dos pasos. Primero,
subjetividad vacía, barrada, y la moneda, el objeto causa de deseo en él refutó la idea newtoniana de un espacio homogéneo, “uniforme”,
el capitalismo). Lo que dice Marx, discípulo de Hegel, es, desde lue­ al demostrar que la materia “curva” el espacio. Se debe a la materia
go, que no hay ningún 8 sin sostén en a: el sujeto no puede llegar a que el camino más corto entre dos puntos no sea necesariamente
su ser-en-sí, no puede liberarse de todos los lazos sustanciales y apa­ una línea recta; si el espacio es “atraído” por la materia, el camino
recer como el punto de la negatividad pura, a menos que sea puesto más corto es una curva. Pero éste fue sólo el primer paso de Eins­
como equivalente a su antípoda absoluto, la moneda, esa pieza inerte tein; implica aun el concepto de la materia como una entidad sustan­
de metal que uno puede tener en la mano y manipular a discre­ cial, un agente independiente del espacio, que actúa sobre él: lo cur­
ción... va. La ruptura Eruptiva crucial fue generada por el segundo paso de
23. Ernst Nolte, Three Faces o f Fascista, Nueva York, Mentor, Einstein, su tesis de que la materia en sí no es más que espacio curvo.
1969, pág. 85. Ya en el nivel del estilo, esta inversión (de la materia qua causa
24. G. K. Chesterton, “A Defence of Detective Stories”, en H. que curva el espacio en materia qua la curvatura misma del espacio)
Haycraft (comp.), The Art o f the Mystery Story, Nueva York, The es profundamente hegeliana. Repite la figura que aparece reiterada­
Universal Library, 1946, págs. 5-6. mente en Hegel, cuya forma general es ejemplificada del mejor mo­
25. Digamos al pasar que ésta era ya la tesis de Adorno. En su do por la dialéctica de la esencia y la apariencia. No basta decir que
Negative Dialectics (Nueva York, Contínuuin, 1973) señaló que la la esencia (oculta) aparece de un modo distorsionado, que la aparien-
desvalorización filosófica tradicional de la retórica como herramien­ ú cia no es nunca adecuada a su esencia. Debemos añadir que la esencia
ta secundaria que no hace más que perturbar el enfoque directo de la misma no es más que esta dirtorsión de la apariencia, esta no-adecuación de
verdad, pertenece en realidad al ámbito de la retórica. El gesto retó­ la apariencia a sí misma, esta autofisura. (En los términos de la lógica
rico supremo consiste en renunciar a la retórica y referirse a ella de de la deflexión: la esencia se refleja en la apariencia, puesto que no es
modo negativo (“Lo que diré ahora no es pura retórica, lo digo se­ más que el reflejo-sobre-sí de la apariencia.) Esto es lo que está en
riamente...”). ! juego en el “pasaje del sujeto al predicado” hegeliano. Cuando He-
26. Karl Marx/Friedrich Engels, Collected Works, vol. 10, Lon­ gel dice que (en oposición al juicio del entendimiento, en el cual el
dres, Lawrence & Wishart, 1978, pág. 95. Incidentalmente, esta pa­ sujeto qua entidad sólida, sustancial, dada, es complementada por los
radoja del “reino sin nombre de la república” también sirve como ... predicados, sus atributos), el juicio especulativo se caracteriza por el
ejemplo perfecto de lo que significa la “reconciliación” hegeliana. El - “pasaje” del sujeto al predicado, la estructura de este pasaje paradó-
Partido del Orden creía en la Restauración, pero la posponía indefi­ jico se corresponde perfectamente con el mencionado ejemplo de la
nidamente, “preservando la forma republicana con su ira espuma­ teoría de la relatividad.
jeante e invectivas implacables contra ella” (ibíd., pág. 96). En sínte­ Primero, la curvatura del espacio es postulada como un “predica-
sis, al seguir cautivada por el espectro de la monarquía que había que j ■,; do” de la materia qua entidad sustancial; después, “el sujeto pasa al

82 83
Slavo] Zizek Sobre el Utio

predicado”; se pone de manifiesto que el sujeto real de este proceso 29. Es casi superfluo señalar la aplicabilidad de este concepto de
es la “curvatura misma del espacio”: en otras palabras, lo que antes la identidad al análisis de la identidad social. La tríada de la ley como
aparecía como predicado. Incluso la tesis hegeliana fundamental so­ opuesta al crimen, los crímenes particulares y la ley como crimen
bre la “sustancia como sujeto" tiene que aprehenderse contra el fon­ unlversalizado (el modo en que la ley misma, ante el contenido par­
do de este pasaje del sujeto al predicado. La sustancia es el “sujeto” ticular de los crímenes, se escinde en ella misma y su propio reverso
en cuanto soporte sólido, idéntico a sí mismo, de sus “predicados”, obsceno, perverso) ya ha sido utilizada por Lilian Zac para analizar
mientras que el sujeto hegeliano es el sujeto (sustancial) que ha “pa­ el discurso ideológico de la dictadura militar argentina (véase su ma­
nuscrito inédito “Logical Resources and the Argentinian Military
sado al predicado”.
Según la bien conocida crítica nominalista a Hegel que encon­ Discourse”, Colchester, University of Essex, 1989).
tramos en el primer Marx (entre otros autores), la mistificación bási­ En su confrontación con la amenaza subversiva “terrorista”, el
ca de la especulación hegeliana está en el modo en que el predicado discurso oficial se escindió en discurso público y discurso secreto.
comienza a funcionar como sujeto: “En lugar de concebir la idea En el nivel público, se organizó en torno a los valores de la unidad
universal como un predicado de los sujetos individuales, concebimos nacional, la ley y el orden, la paz pública, etcétera, contra la amenaza
estos sujetos individuales que existen concretamente como puros del enemigo subversivo omnipresente. Pero el discurso publico era
momentos-predicados de la Idea universal, verdadero sujeto del pro­ siempre acompañado por su doble sombrío: un discurso secreto en
ceso dialéctico”. Esta crítica dice la verdad sin advertirlo. Su único el que el “enemigo” era reducido a un objeto impotente de tortura;
problema es que le atribuye a Hegel el sustancialismo platónico de un discurso que hablaba de “desaparecidos”; el discurso de la llama­
las ideas, como si la Idea hegeliana fuera un universal sustancial pla­ da “guerra sucia”, el cual, en nombre de la salvación nacional, per­
tónico que penetra y anima la esfera de lo particular, la realidad ma­ mitía violar las normas legales y los derechos humanos más elemen­
terial. En otras palabras, lo que pasa por alto es que la matriz funda­ tales; un discurso en el que emergía un goce obsceno generado por
mental de la dialéctica hegeliana es el mecanismo que expone como el hecho de que la razón de Estado transforma nuestra indulgencia
“secreto de la construcción especulativa”, como mecanismo oculto con las pulsiones sádicas en la realización del Deber patriótico [...]
de la “mistificación” dialéctica: es decir, la “inversión” de sujeto y Este reverso oculto del discurso oficial, que circunda a “lo que
predicado. En el curso del proceso dialéctico, lo que al principio se todo el mundo sabe” aunque no se habla de ello públicamente (los
presuponía como sujeto se transforma retroactivamente en algo “secretos públicos” sobre a quién se llevaron anoche, dónde están las
puesto por su propio “predicado”. cámaras de tortura y las tumbas colectivas, etcétera), no es una espe­
Este trastrocamiento podría especificarse adicionalmente como la cie de mancha externa en la superficie inmaculada del discurso pú­
inversión de la “alteridad” u “otredad de la conciencia” en la “con­ blico, sino su reverso necesario: la condición de su eficiencia. El dis­
ciencia misma en su alteridad”. Consideremos la conocida tesis de curso público que se legitima con una referencia a la estabilidad y
Lévi-Strauss de que la descripción (etnológica) del “pensamiento sal­ paz sociales, etcétera, sólo sigue siendo “eficaz” mientras lo duplica
vaje” es una descripción salvaje de nuestro propio pensamiento. Lo un discurso oculto que difunde un terror generalizado, indefinible, y
un horror paralizante.
que aparece como una propiedad del objeto es en realidad una pro­
piedad de nuestro, propio procedimiento interpretativo acerca del ob­ ■ 30. Jacqueline Rose, “Margaret Thatcher and Ruth Ellis”, New
jeto. Lo que aparece como la “alteridad de la cohciencia” (el exótico Vormation, 6, Londres, Routledge, 1989.
“pensamiento salvaje”, ajeno a nosotros) es “la conciencia misma en 31. Umberto Eco, Foucaulfs Pendulum, Nueva York, Harcourt
su alteridad” (nuestro propio pensamiento en su éstado ‘‘salvaje”). En Brace Jovanovich, 1989, pág. 69 [ed. cast.: El péndulo de Foucault,
otras palabras, lo que tenemos es una vez más la inversión del sujeto Buenos Aires, Ed. De La Flor, 1997].
en predicado: el sujeto sustancial opuesto a “conciencia”, que aparece 32. Andrzej Warminski, Readings in Interpretaron, Minneapolis,
como una entidad dada positivamente (“pensamiento salvaje”), pasa a ; University of Minnesota Press, 1987, pág. 110.
un "predicado”, a una determinación de esta misma “conciencia” que . 33. Jacques-Alain Miller, “Matrice”, Omicar?, 4, París, 1975,
¿pág. 6.
observa (el carácter “salvaje” de su procedimiento descriptivo).

84
Slavo] Zizek
Sokre el U?io
34. En la cuestionada proposición de Lacan “La Mujer no exis­
puestos sustanciales y en consecuencia "olvide” que esos presupues­
te”, la “existencia” debe concebirse en el estricto sentido hegeliano,
tos son puestos por su propia actividad? Por cierto, ¿cómo es esto
no simplemente como sinónimo de “ser”. En la Lógica de Hegel, la
posible, cuando, en el nivel de la reflexión postuladora encerrada en
categoría de la existencia tiene su lugar al final de la segunda parte,
su círculo, no hay, estrictamente hablando, nada que olvidar? O, pa­
que trata sobre la “esencia”, pero el correlato de la existencia no es la
ra decirlo de otro modo: ¿cómo puede el sujeto que reflexiona caer
“esencia”, presentada en pareja con la "apariencia”; la “esencia” es el
de pronto víctima de la ilusión de que eí contenido sustancial está
ser en cuanto “aparece”, en cuanto es puesto como “mera aparien­
; perdido para él, cuando no hay ningún contenido sustancial suscep­
cia”. En efecto, el correlato de la existencia es el “fundamento” (das
tible de perderse antes de la experiencia de la pérdida? La respuesta,
Grund): la existencia es el ser en cuanto está “fundamentada”, funda­
desde luego, es que para “olvidar” (o “perder”) algo, primero es pre­
da en un Fundamento único universal que actúa como su “razón su­
ciso olvidar que no hay nada que olvidar: este olvido es lo que por
ficiente”. En este preciso sentido “La Mujer no existe”: ella no posee empezar posibilita la ilusión de que hay algo que olvidar.
un fundamento único, no puede ser totalizada con referencia a algún
Por abstractas que puedan parecer, estas cavilaciones se aplican
principio abarcativo. En consecuencia podemos ver que esta tesis la-
inmediatamente al modo en que funciona una ideología: la lamenta­
caniana excluye radicalmente la idea “chauvinista masculina” de que
ción nostálgica por los valores olvidados del pasado olvida el hecho
el hombre es el centro propio y fundamento de la mujer, en cuyo ca­
de que esos valores no tenían ninguna existencia anterior a nuestros
so la mujer existiría: se sustrae al “dominio masculino” precisamente
lamentos, que los hemos literalmente inventado con nuestros lamen­
en la medida en que no existe. tos por su pérdida...
35. Karl Marx, Grundrisse, Harmondsworth, Penguin, 1972, pág.
107.
36. Ibíd./pág. 99.
37. Hegel's Science o f Logic, ob. cit., pág. 583.
38. Ibíd.
39. A causa de esta metaforicidad original, el cif-amiento como tal
genera un goce excedente que no puede explicarse por la necesidad
de eludir la censura que prohíbe mencionar de modo directo, literal,
algún contenido. Uno de los casos supremos de goce procurado por
el ciframiento del significante es la obra de Bertolt Brecht titulada
Me Ti. Buch der Wendimgen, que traspone la historia del socialismo a
un relato sobre la guerra civil en un antiguo imperio chino (Trotski
se convierte en “To-Tsi”, y así sucesivamente). El efecto mismo de
“extrañamiento” que sirve como justificativo “oficial” del procedi­
miento de Brecht (la necesidad de obligar al lector a tomar distancia
de su propia constelación histórica y observarla como un país exóti­
co, extranjero, en el que las cosas pierdén su carácter evidente) pre­
supone como base dq su eficacia el goce procurado por el acto de ci­
framiento como tal. ' ’
40. HegeVs Science o f Logic, ob. cit., págs. 82-83.
4L En otro nivel, lo mismo ocurre con el pasaje de la “postula­
ción” a la reflexión “externa”: ¿cómo es posible que la reflexión que
postula se conciba a sí misma como externa respecto de sus presu­
puestos; cómo es posible que asuma la existencia de algunos presu­

86
87
2. La caprichosa identidad

I. L a i m p o s i b i l i d a d

El “monismo ” de Hegel

La opinión sobre Hegel contra la que se dirige toda nues­


tra interpretación (una opinión que es hoy en día un lugar co­
mún en todo el espectro filosófico, desde Adorno hasta el
postestructuralismo) sostiene que Hegel afirma el derecho de
lo particular, que él, por así decirlo, abre la puerta a su rique­
za y concibe la red de diferencias como algo intrínseco del
concepto universal, como resultante de la autoarticulación de
su contenido inmanente, pero que precisamente a través de
esta operación el exterior fenoménico queda reducido a la au-
tomediación del concepto interior y todas las diferencias son
“superadas” de antemano, en cuanto se las postula como mo­
mentos ideales de la identidad mediada del concepto consigo
mismo... La lógica involucrada es, desde luego, la de la rene­
gación fetichista, transmitida por la fórmula “je sais bien, mais
.quand mente. . sé muy bien que Hegel afirma la diferencia y
dá negativídad, pero sin embargo... (por medio de la relación
ydel concepto consigo mismo, esta negatividad es en última
^instancia reducida a un momento abstracto de la autodiferen-
elación de la identidad).
; ; Lo que hay detrás de esta renegación es el miedo al “co-
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

nociiniento absoluto” como a un monstruo que amenaza con peración” (Aufljebimg) de las determinaciones externas, con­
suprimir todo contenido particular, contingente, en la auto- tingentes, nunca se produce sin un cierto remanente: siempre
mediación de la Idea absoluta, y de tal modo “tragarse” nues­ hay un resto que se resiste a la internalización-superación dia­
tra libertad más íntima y nuestra individualidad singular; este léctica, siendo al mismo tiempo su condición de posibilidad.
miedo adquiere la forma de la conocida paradoja de la prohi­ En otras palabras, lo que el movimiento dialéctico no puede
bición de lo imposible: el “conocimiento absoluto” es imposi­ explicar es un cierto exceso que es simultáneamente la condi­
ble, es un ideal inalcanzable, un ensueño filosófico, y precisa­ ción de su posibilidad y de su imposibilidad...
mente por esta razón debemos luchar para que no nos ¿'Qué hay de erróneo en esta crítica? La clave está en la
tiente... En síntesis, el “conocimiento absoluto” es lo Real de gramática, en el empleo de los tiempos por Hegel. El mo­
sus críticos: la construcción de una posición teórica inalcanza­ mento final del proceso dialéctico, la “superación de la dife­
ble, “imposible”, que estos críticos deben presuponer para rencia”, no consiste en el acto de su superación, sino en la ex­
definir su propia posición distanciándose de aquélla, afirman­ periencia de que la diferencia estaba siempre-ya superada; de
do, por ejemplo, la positividad del “proceso vital efectivo”, que, en un sentido, nunca existió efectivamente. La superación
irreductible al movimiento lógico del concepto.1 dialéctica es entonces siempre una especie de “deshacer” re­
El enigma es por qué los críticos de Hegel necesitan este troactivo (Ungeschehen-Machen)] no se trata de superar el obs­
adversario de paja para establecer su posición. Esto resulta táculo a la unidad, sino de hacer la experiencia de que el obs­
aún más extraño por el hecho de que la mayoría de los defen­ táculo nunca lo fu e, de que la apariencia de “obstáculo” se
sores de Hegel, con una especie de mala conciencia, también debió exclusivamente a nuestra errónea perspectiva “finita”.
aceptan tácitamente la necesidad de distanciarse del monstruo Podríamos rastrear esta lógica paradójica hasta análisis
de la Idea que todo lo devora, e intentan “salvar a Hegel” particulares de Hegel, por ejemplo, su tratamiento del crimen
afirmando tímidamente que “en realidad, Hegel admite una y el castigo en la filosofía del derecho. La meta del castigo no
autonomía relativa de lo particular, y no anula simplemente es restablecer el equilibrio haciendo pagar el crimen, sino
todas las diferencias en la unidad de la Idea”. Por lo general afirmar que, en un sentido ontològico radical, el crimen no
se refugian en la conocida fórmula de “la identidad de la iden­ existió en absoluto, es decir, que no tiene efectividad plena;
tidad y no-identidad” (la cual, digámoslo al pasar, es más propia por medio del castigo, el crimen no es abolido externamente,
de Schelling que de Hegel). sino postulado como algo que ya antes era ontologicamente
Lo que no advierten los críticos ni tampoco esos defenso­ nulo. Llevada al extremo, la lógica del castigo en Hegel dice
res es el hecho crucial de que Hegel subvierte paradójicamen­ lo siguiente: ontològicamente, el crimen no existe, no es nada
te el “monismo” al afirmarlo de un modo mucho más radical más que una apariencia nula y vacía, y precisamente por esta ra­
que el que sus críticos se atreverían a sospechar. La idea habi­ zón debe ser castigado.2
tual del “proceso dialéctico” es la siguiente: hay una escisión, ; I En este punto podemos ya ubicar el primer error de la
una dispersión de la unidad original; lo particular prevalece lectura desconstructiva de Hegel realizada por Derrida: ella
sobre lo universal, pero cuando la desintegración alcanza su ’derrumba una puerta abierta. Derrida señala la paradoja bási-'
punto culminante, se invierte en su opuesto, y la Idea logra ca del argumento de la “metafísica de la presencia” cuando
reunir-internalizar (ver-inñem) toda la riqueza de las determi­ ¡enfrenta fenómenos que tienen el estatuto de “suplementos”
naciones particulares, con lo cual reconcilia los opuestos... y son ejemplificados por la escritura, en la sucesión de argu-
En este punto, los críticos se apresuran a añadir que esta “su­ jpentos mutuamente excluyentes, del tipo del chiste freudiano

90
Slavo] Zizek La caprichosa identidad

de la olla prestada (“Nunca te pedí prestada una olla; además, contra la cual, en consecuencia, es imposible prevenirse. Sólo
la olla ya estaba rota cuando me la prestaste...”). La escritura cuando la infección se ha propagado, la conciencia, que sin ad­
es totalmente externa a la presencia interior del significado, vertirlo ha cedido a su influencia, se percata de ella... cuando la
sencillamente el significado no concierne a su constitución; la conciencia se percata de la pura percepción [de la Ilustración],
esta última ya está difundida; la lucha contra ella refleja el hecho
escritura es extremadamente peligrosa en cuanto amenaza os­
de que la infección se ha producido. La lucha es demasiado tar­
curecer la inteligibilidad de la intención-del-significado...
día, y todos los remedios adoptados no hacen más que agravar la
Pero Hegel, paradójicamente y de un modo que para Derrida
enfermedad, pues ella ha aferrado la médula de la vida espiritual,
es impensable, asume abierta?nente ambas proposiciones: lo que es decir, el concepto de conciencia, o la pura esencia en sí de la
dentro de la metafísica tradicional funciona como un síntoma, conciencia. Por lo tanto, además, no hay ningún poder en la
un desliz que debe desenterrar el trabajo empeñoso de la conciencia que pueda superar la enfermedad. Como está presen­
lectura desconstructiva, es en Hegel la tesis fundamental y ex­ te en la esencia misma, sus manifestaciones, mientras siguen ais­
plícita: hay que luchar contra el crimen, por ejemplo, preci­ ladas, pueden suprimirse, y suavizarse los síntomas superficiales.
samente a causa de que no tienen ninguna consistencia onto­ Esto constituye una gran ventaja para ella, pues le permite no di­
lògica. lapidar su poder ni mostrarse indigna de su naturaleza real, que
es lo que ocurre cuando irrumpe en síntomas y simples erupcio­
nes antagonistas ai contenido de la fe y a sus conexiones con la
realidad del mundo externo a ella. Más bien, siendo por el mo­
E l “tejer silencioso del Espíritu ”
mento invisible e imperceptible Espíritu, infiltra las partes no­
bles de un extremo al otro, y pronto ha asumido la posesión
El rasgo crucial de esta “anulación retroactiva” dialéctica completa de todas las visceras vitales y los miembros del ídolo
es el intervalo que separa el proceso del cambio de “conteni­ inconsciente; entonces, “una hermosa mañana le da a su camara­
dos” respecto del acto formal de cierre: la necesidad estructu­ da un empujón con el codo, y ¡bang!, ¡plaf! el ídolo cae al suelo”
ral de la demora del último respecto del primero. En un senti­ (Diderot, El sobrino de Rameau). “Una hermosa mañana” cuyo
do, en el proceso dialéctico “las cosas ocurren antes de que mediodía es exangüe si la infección ha penetrado en todos los ór­
ocurran efectivamente”; todo está ya decidido, el juego ha ganos de la vida espiritual. Sólo la memoria conserva aún la for­
terminado antes de que podamos tomar conocimiento de él, ma muerta del estado anterior del Espíritu como una historia
de modo que la “palabra de reconciliación final” es un acto , que se ha esfumado, no se sabe de qué manera. Y la nueva ser-
puramente formal, una simple enunciación de lo que ya había , piertte de la sabiduría elevada para recibir adoración puede de es-
: te modo desprenderse sin ningún dolor de lo que no es más que
tenido lugar. Quizás el ejemplo más sutil de este intervalo sea
una piel marchita.J
el tratamiento por Hegel de la lucha de la Ilustración contra
la superstición en la Fenomenología del espíritu, donde él habla
del “tejer silencioso e incesante del Espíritu en la simple inti­ De modo que el proceso dialéctico está marcado por una
midad de su sustancia”, que t doble escansión. Primero tenemos el “tejer silencioso del Es­
píritu”, la transformación inconsciente de toda la red simbó­
[...] es comparable con una expansión silenciosa o con la difusión, lica, de todo el campo del significado. Después, cuando la
digamos, de un perfume en una atmósfera que no se resiste. Es obra ya está hecha y todo está decidido “en sí mismo”, llega
una infección penetrante que no se hace notar de antemano co­ él momento de un acto puramente formal por medio del cual
mo algo opuesto al elemento indiferente en el cual se insinúa, y lá forma anterior del espíritu también se quiebra “para sí”. El

92 93
V v

Slavoj Zizek La caprichosa identidad

punto crucial es que la conciencia llega necesariamente demasia­ ticos igualitarios con argumentos tomados del razonamiento
do tarde; sólo puede advertir que han retirado los cimientos de su adversario: señalan los efectos benéficos de la ley y el
bajo sus pies cuando la enfermedad infecciosa ya domina el orden en la libertad y el bienestar individuales, etcétera. En
campo. La estrategia de lo nuevo, de la “enfermedad” espiri­ general, podríamos decir que se gana una batalla ideológica
tual, debe entonces evitar la confrontación directa mientras cuando el adversario comienza a hablar nuestro lenguaje sin te­
sea posible; debe ser un “tejer silencioso”, como la excava­ ner conciencia de ello. Lo que encontramos es el lapso ya
ción subterránea de un topo, mientras aguarda el momento mencionado. La ruptura nunca se produce “ahora”, en el pre­
en que un leve empujón con el dedo bastará para derrumbar sente en que las cosas desembocan en una decisión. “En sí”, la
el poderoso edificio. batalla ha terminado antes de que estallara: el hecho mismo de
Esta lógica, ¿no evoca espontáneamente la conocida esce­ que comience es un signo inequívoco de que ya ha concluido, de que
na de los dibujos animados en la que un gato camina con toda “el tejer silencioso” ya ha hecho su trabajo, de que los dados
tranquilidad sobre el precipicio, pero cae cuando mira hacia ya han sido arrojados. El acto final de la victoria tiene siem­
abajo y toma conciencia de que está en el aire? El arte de la pre un carácter retroactivo; la decisión final tiene la forma de
subversión no consiste en luchar con el gato mientras camina la afirmación de que todo está ya decidido.
sobre terreno firme, sino en permitir que continiíe con la ca­ No carece de importancia que hoy en día el citado pasaje
beza alta y, mientras tanto, socavar el fundamento mismo so­ de Hegel tenga connotaciones psicoanalíticas; el “tejer silen­
bre el que se desplaza, de modo que una vez realizado el tra­ cioso del Espíritu” es el nombre que da Hegel a la reelabora-
bajo sea suficiente un simple silbido, un recordatorio para que cién inconsciente, y sería legítimo leer el pasaje citado como
mire abajo de sus pies, y el gato caerá solo. Además, ¿no esta­ una refinada descripción psicológica del proceso de conver­
mos en el centro mismo de la idea lacaniana del “entre-dos- sión. Tomemos el caso de un ateo que se convierte en cre­
muertes” {rentre-deux-morts)} A propósito de la “forma de la yente. A él lo desgarran feroces luchas interiores, la religión
conciencia” cuyo cimiento está ya socavado por el “tejer si­ lo obsesiona, escarnece agresivamente a los creyentes, busca
lencioso” del Espíritu, aunque aun no lo sabe, ¿no podríamos las razones históricas del surgimiento de la “ilusión religiosa”,
decir que ya está muerta sin saberlo, que sólo está aún viva etcétera: todo esto no hace más que probar que el asunto ya
porque no sabe que está muerta?4 En el pasaje citado, lo que está decidido. JLlya cree, aunque todavía no lo sabe. La lucha
dice Hegel es que al prestarse a tomar parte en el debate, al ihterior no termina con la gran decisión de creer, sino con la
responder a los argumentos de la Ilustración, la reacción mis­ sensación de alivio por el hecho de que, sin saberlo, él siem-
ma a la Ilustración ya estaba “infectada” por ella: aceptaba de pre-ya había creído, de modo que sólo le resta renunciar a su
antemano la lógica de su enemigo. vana resistencia y reconciliarse con su creencia. Lo que de-
La polémica de sir Robert Filmer con John Locke consti­ muestra del mejor modo que el psicoanalista tiene una per­
tuye un caso paradigmático. Filmer intenta reafirmar la auto­ cepción refinada es su capacidad para reconocer el momento
ridad patriarcal con argumentos racionales propios de la Ilus­ eh que el “tejer silencioso” ya ha realizado su trabajo, aunque.
tración (se refiere a los derechos naturales, recorre un largo ;,el paciente esté aún asediado por dudas e incertidumbres.5
camino tratando de demostrar que al principio los reyes eran
los padres biológicos de sus súbditos, etcétera). Encontramos
una paradoja análoga en los neoconservadores modernos, que
aducen la necesidad de poner límite a los “excesos” democrá­

94
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

“De la nada a la nada a través de la nada ” que, con la derrota de Waterloo, Napoleón “se convirtió en
lo que ya era”, en un muerto; murió por segunda vez. Lejos
Una primera respuesta a la objeción de que Hegel es “mo­ de ser una excepción, una “demora” que perturbaba el curso
nista” consistiría entonces en afirmar que Hegel es incluso un “normal” de la dialéctica del proceso histórico, Napoleón en
“monista” más radical que lo que sus críticos osan imaginar: Elba es el paradigma de esta matriz elemental. Todo el pro­
en el curso del proceso dialéctico, la diferencia no es “dejada ceso dialéctico transcurre “entre las dos muertes”, una enti­
atrás”, sino que su existencia misma se cancela retroactiva­ dad “se convierte en lo que es” realizando su negatividad in-
mente. Sin embargo, ¿no nos encontramos en la posición in­ trínseca; en otras palabras, tomando conocimiento de su
sostenible de los defensores de un monismo absurdamente propia muerte. ¿Qué es el “conocimiento absoluto” sino el
“fuerte”, según el cual lo que efectivamente existe es el Uno y nombre del momento final de este proceso, cuando la “con­
las diferencias son ficticias, sin ningún fundamento en la rea­ ciencia” se purifica de todo presupuesto de ser positivo, el
lidad? La salida de este aparente atolladero aparece en la na­ momento que se paga con una pérdida radical, el momento
turaleza circular del proceso dialéctico; a través de él, las co­ que coincide con la pura nada?
sas se convienen en lo que siempre-ya eran. Esta “nada” a la que se llega al final de la Fenomenología del
En general, se considera que este lugar común trillado espíritu no es más que otra designación del hecho de que “el
apunta al supuesto evolucionismo ontológico de Hegel; el de­ concepto no existe”, o, para decirlo en términos lacanianos,
sarrollo en su totalidad sería sólo una explicitación de lo que de que “el gran Otro no existe”, de que es una estructura pu­
la cosa ya es “en sí”, implícitamente: una realización externa ramente formal “muerta”, sin ningún contenido sustancial.
de su potencial interior. El círculo del desarrollo dialéctico Aquí está la respuesta al reproche de “monismo absoluto”.
está entonces cerrado, nada nuevo ocurre en realidad, la se­ Hegel sólo parece un “monista” si le atribuimos un ser real,
milla ya es “en sí” el árbol, etcétera. Para disipar el espectro sustancial, al concepto, es decir, sólo si olvidamos la relación
de este evolucionismo ontológico que como regla se le impu­ k negativa descrita entre el conocimiento y el ser. La fórmula
ta a Hegel, es preciso invertir toda la perspectiva, introdu­ , hegeliana de tan mala reputación según la cual hay identidad
ciendo la dimensión de la negatividad radical: la “verdad” de entre la razón y la realidad, debe por lo tanto leerse de un
cualquier cosa (determinada, particular) reside en su autoanu- r... modo que difiere del habitual: significa que ni la razón ni la
lación. La proposición “una cosa se convierte en lo que siem- ' ' . realidad existen “en sí”.
pre-ya.ha sido” significa por lo tanto “en el curso del proceso
dialéctico, una cosa alcanza su verdad mediante la superación .. La realidad es en sí nula, carece de consistencia: sólo
de su ser inmediato”: un paso hacia la verdad implica por de­ “existe” en cuanto está fundada en la estructura concep-
finición una pérdida de ser. j.y tual, en cuanto estructurada a través de la razón.
Recordemos la distinción lacaniana entre las dos muertes, ••■■■$:*. Por otro lado, Hegel es antiplatónico por excelencia: na-
y conectémosla con la teoría hegeliana de la repetición en la ' da hay más extraño a él que una concepción sustancialista
historia: todos tenemos que morir dos veces. Napoleón, en del concepto (según la cual “sólo los conceptos existen
Elba, ya estaba muerto (su rol histórico había concluido), pe­ c efectivamente”). Todo lo que “existe efectivamente” es la
ro él aún realizaba agitación y trataba de recobrar el poder. naturaleza y la historia extraconceptuales; el concepto no
¿Por qué? Hay una sola respuesta posible: no tenía conciencia . es más que su pura estructura lógica, sin ninguna sustan-
de que estaba ?mieno. En este preciso sentido podríamos decir cíalidad.

R
96 97
Slavo] Zizek La caprichosa identidad

En este sentido, podríamos decir que el “conocimiento dialéctico. El “Uno” del “monismo” de Hegel no es entonces
absoluto” implica el reconocimiento de una imposibilidad el Uno de una identidad que abarque todas las diferencias, si­
absoluta, insuperable: la imposibilidad de acuerdo entre el co­ no un “U no” paradójico de negatividad radical que siempre
nocimiento y el ser. En este punto debemos invertir la fór­ bloquea la realización de cualquier identidad positiva. La “as­
mula kantiana de las “condiciones de posibilidad” trascenden­ tucia de la razón” hegeliana debe concebirse precisamente
tales; un objeto dado positivamente sólo es posible, sólo surge contra el trasfondo de este imposible acuerdo del objeto con
contra el fondo de su imposibilidad; nunca puede “convertir­ sil concepto; no destruimos un objeto al destrozarlo desde
se en sí mismo” por completo, realizar todo su potencial, al­ afuera, sino, todo lo contrario, permitiéndole que despliegue
canzar la plena identidad consigo mismo. En cuanto acepta­ libremente su potencial y de tal modo llegue a su verdad:
mos la definición hegeliana de la verdad (el acuerdo de un
objeto con su concepto) podemos decir que ningún objeto es i:; La astucia [List] no es lo mismo que el engaño [Pfijjigkeit]. La
nunca “verdadero”, nunca “se convierte plenamente en lo que mayor astucia es la actividad abierta al público (el otro debe ser to-
efectivamente es”. Esta discordia es una condición positiva de la ¡mado en su verdad). En otras palabras, con esta apertura un
consistencia ontològica del objeto, no porque el concepto sea un hombre expone al otro que tiene en sí, aparece como es en y pa­
ideal que el objeto empírico no alcanza nunca, sino porque el ra sí mismo y, por lo tanto, se deshace de sí mismo. La astucia es
concepto en sí participa del movimiento dialéctico. En cuan­ el gran arte de inducir a los otros a ser como son en y para sí
to un objeto se acerca demasiado a su concepto, esta proximi­ 1mismos y sacar esto a la luz de la conciencia. Aunque los otros
están en lo justo, no saben cómo defenderlo por medio de la pala­
dad cambia al concepto mismo, lo desplaza. Tomemos por
bra. La mudez es astucia mala, mediocre. En consecuencia, un
ejemplo las tres formas del “Espíritu absoluto”: el arte, la re­
■ verdadero maestro es en el fondo sólo el que puede provocar que
ligión y la filosofía. Una forma de arte en total acuerdo con el ■' el otro se transfomie a sí mismo a través de su acto.1
concepto de arte (en la cual la idea aparezca intacta en el me­
dio de los sentidos) ya no sería arte sino religión; sin embar­ í La astucia de la razón simplemente toma en cuenta la
go, en la religión cambia la medida de la verdad, el concepto grieta ontológicamente constitutiva del otro: el hecho de que
al que el objeto debe corresponder. De modo homólogo, la el otro nunca corresponde plenamente a su concepto. Por lo
filosofía no es más que una forma de religión que correspon­ úfántq, no debe ser obstruido; basta con tentarlo a revelar su
de a su concepto.6 v.érdad, con la confianza de que de tal modo el otro se disol­
verá (transformará). Este procedimiento tiene su lugar en las
raciones interpersonales más íntimas, así como en la estrate­
La condición de (Imposibilidad gia política. Por ejemplo, en una relación interpersonal tensa,
-$pando alguien se queja del modo en que su compañero los
El cuadro del sistema hegeliano comò un todo cerrado fllpitra a ambos en da realización de su potencial, es sensato
que asigna su lugar apropio a cada momento parcial es por lo ;||eplegarsc y dejar el camino abierto a la supuesta víctima de
tanto profundamente engañoso. Cada momento parcial, por •'^opresión. Pronto resultará claro si detrás de la queja hay al-
así decirlo, está “truncado desde dentro”, nunca puede con­ |Mfi.contenido sustancial, o si toda la identidad del otro con-
vertirse plenamente “en sí mismo”, nunca puede alcanzar “su jppé én lamentarse y quejarse. Es decir: necesita el otro de-
propio lugar”, está marcado por un impedimento intrínseco, $.$peradamente la figura de un adversario “represivo en
y este impedimento es lo que pone en marcha el desarrollo pá:ausencia toda su identidad se desintegraría?

98 99
Skvoj Zizek La caprichosa identidad

Daniel Sibony ha reconocido el mismo procedimiento en intenciones. Lo que pasa por alto es que sus propias quejas
lo que él denominó “el trabajo de Mitterrand como analista”. contribuyen a la preservación de esas “condiciones” lamenta­
En lugar de empujar a los comunistas a un gueto político, bles: es decir, que el alma bella es en sí misma cómplice del
Mitterrand les pidió sabiamente que se unieran al gobierno, desorden del mundo del que se queja. Encontramos elemen­
poniendo a prueba su “capacidad para gobernar”. El resulta­ tos del alma bella en cierto tipo de “disidencia” en el “socia-
do es conocido. Resultó evidente que detrás de su retórica ■lismo real” que se derrumba. Incluso después de que el siste­
“reformista” no había ningún contenido político sustancial. ma ha iniciado su desintegración terminal, esa “disidencia”
Ahora bien, debería quedar en claro en qué sentido Lacan, a sostiene con vehemencia que “nada ha cambiado realmente”,
principio de la década de 1950 (bajo la influencia obvia de qué detrás de una máscara nueva subsiste “el mismo antiguo
Kojéve), equiparó la posición del psicoanalista con la del sa­ rneollo bolchevique totalitario”, etcétera. Esa “disidencia” ne­
bio hegeliano. La “inactividad” del psicoanalista consiste en cesita literalmente a un adversario totalitario, “bolchevique”.
no intervenir activamente en el trabajo del analizante, en ne­ Su “desenmascaramiento” compulsivo en realidad provoca al
garse a ofrecerle cualquier apoyo en la formación de ideales, adversario y lo lleva a desplegar su carácter “totalitario”. Vi­
metas, etcétera: el analista sólo le permite, le hace posible lle­ ve totalmente en el momento, aguardando que “la máscara
gar a su contenido reprimido y articularlo en el medio de la caiga” y resulte evidente que el adversario es el mismo y viejo
palabra, con lo cual este contenido es puesto a prueba como partido totalitario. El “objeto del deseo” real de ese “disiden­
su verdad. te” no es derrotar al adversario, y menos aún restablecer un
Uno de los grandes temas centrales de la desconstrucción Orden democrático en el cual el adversario se vea obligado a
derrideana es la ya mencionada inversión o complementado« aceptar el papel de un rival por el poder en pie de igualdad
de la fórmula trascendental kantiana de las “condiciones de con los otros, sino su propia derrota, en concordancia con la
posibilidad”. La condición infraestructural de posibilidad de lógica de “Tengo que perder, tengo que recibir un golpe du-
una entidad es al mismo tiempo la condición de su imposibi­ & ib, puesto que éste es el único modo de demostrar que yo te­
lidad; su identidad-consigo-misma.sólo es posible contra el nía razón en mis acusaciones al enemigo”.
fondo de su autorreferencia, de una autodiferenciación y una Este razonamiento paradójico ilustra con claridad el ca-
autoposposición mínimas, que abren una brecha para siem­ :fácter intrínsecamente antagonista del deseo. Mi deseo “ofi­
pre, obstruyendo la plena identidad-consigo-misma... Debe­ cial” es que el Partido Comunista se convierta en un acompa-
ría estar claro que la misma paradoja está inscrita en el núcleo fíánte.y rival democrático, pero en realidad temo ese cambio
de la dialéctica hegeliana. La “inversión” clave del proceso más que a la plaga en sí, pues sé muy bien que me haría per­
dialéctico se produce cuando reconocemos en lo que al prin­ der píe y me forzaría radicalmente a modificar toda mi estra-
cipio aparecía como una “condición de imposibilidad” (como } tegia; mi deseo real es que el Partido Comunista no cambie,
un obstáculo para nuestra plena identidad, para la realización ;:^[ue siga siendo totalitario. La figura del enemigo, el partido
de nuestro potential) la condición de posibilidad de nuestra con-, •que supuestamente impide mi realización, es en realidad la
sistencia ontológica. ó|j)recondÍción misma de mi posición de alma bella; con esa fi-
En sentido estricto, ésta es la lección de la dialéctica del j ,.t.;|0fa yo perdería al gran Culpable, el punto con referencia al
“alma bella” en la Fenomenología del espíritu. E l “alma bella” \ TjCÜál mi posición subjetiva adquiere su consistencia. Es contra
lamenta incesantemente las crueles condiciones del mundo £ ; fondo como debemos concebir una proposición de Hegel
del que es víctima, que le impide la realización de sus buenas pí||úe,:encontramos en su Ciencia de la lógica: “Como camino de

100 101
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

reconciliación, la fuerza negativa reconoce su propia presen- del mundo la verdad de su propia posición subjetiva, la carta
cia en aquello contra lo que lucha”. En el monstruo del “Par­ llega de todas maneras a destino: el desorden del mundo es
tido”, la fuerza negativa de la “disidencia” debe reconocer un mensaje que atestigua la verdad de la posición del sujeto;
una entidad de la que depende su propia consistencia ontoló- cuanto más ignorado es este mensaje, más insiste y continúa
gica, una identidad que le da significado a su actividad: en su “tejer silencioso”.
otras palabras, su esencia.
Esta lógica paradójica podría ser ejemplificada adicional­
mente con una idea que es una especie de correlato en la filo­ Ih Reflexión
sofía analítica de la “astucia de la razón hegeliana”: la idea de
los “estados que son esencialmente subproductos”, elaborada La lógica de la remarca
por Jon Elster.8 Cuando, como resultado de la actividad del
sujeto, surge un cierto estado de cosas no deseado (cuando, > La lección de lo que hemos elaborado hasta ahora es que
por ejemplo, en un Estado “totalitario” en desintegración, un Hegel debe leerse cuidadosa y literalmente. Por ejemplo,
intento intimidatorio se dispara por la culata y fortalece a las cuando dice que el hueso más duro de roer del enfoque espe­
fuerzas de la oposición democrática, como el asesinato de culativo es el reconocimiento de la identidad de los contrarios
Chamorro en los últimos meses de la dictadura de Somoza en como contrarios, descubrir la positividad en la negatividad mis­
Nicaragua), el sujeto no tiene derecho a decir “Yo no preten­ ma, esto no significa que ios contrarios sean de algún modo
día esto", y de tal modo eludir su responsabilidad. En cuanto unificados, armonizados (contra lo cual siempre podríamos
la “realidad es racional”, precisamente la realización externa, aducir que en esta operación nunca deja de quedar un resto
social, de nuestras metas e intenciones es lo que demuestra su qué resiste a la síntesis), ni que la fuerza negativa sea de algún
verdadero significado; cuando realizamos nuestra intención, modo “invertida” y convertida en positividad, que la positivi­
quedamos frente a su “verdad”. % dad la “envuelva” (contra lo cual siempre podríamos sostener
Este es también el modo de concebir la célebre proposi­ qué hay un exceso de negatividad que se resiste a la absorción
ción lacaniana de que quien habla recibe su propio mensaje Zfeii la positividad de la identidad mediada dialécticamente).
en forma invertida (en su verdad) del otro al que se dirige. El #^óm o hemos visto a propósito de la astucia de la razón, el
sujeto cuya actividad no da en el blanco, que consigue lo Agesto crucial del enfoque dialéctico consiste en presentar la
opuesto de lo que quería, debe cobrar fuerzas suficientes para í>|dhnensíón "positiva” (habilitadora, “productiva”) propia de lo
reconocer en este resultado inesperado la verdad de su inten­ negativo como tal; ese gesto, consiste en comprender que lo
ción. Es decir que la verdad es siempre la verdad del “gran que ha aparecido en primer lugar como una agencia pura-
O tro” simbólico; no se produce én la intimidad de mi expe­ : ;f|jÚénte negativa (obstructora) funciona como una condición
riencia interior, sino que resulta del modo en que mi activi­ ;l||Íúposibilidad positiva de la entidad a la que obstruye.
dad se inscribe en el campo “público” de las rélaciones inter­ El carácter erróneo de la opinión corriente sobre Hegel
subjetivas. Para citar la famosa frase final de Lacan en su kéÉlpge más clámente en este punto, a propósito de la inversión
“Seminario sobre «L á carta robada»”, “una carta siempre lle­ negativo en positividad. El hueso más duro de roer para
ga a su destino”. Aunque el alma bella no esté preparada para ' ^||yúnf()que no-dialéctico es la afirmación hegeliana de la
reconocerse como destinataria de la carta que le devuelve la |:..||j||ierza infinita de lo negativo”. Es decir que no basta con
realidad “social”, aunque se niegue a descifrar en el desorden^ ^ ’^ S p cé b ir a Hegel cómo el pensador de la negatividad, como

102 103
Slavo] Zizek La caprichosa identidad

el filòsofo que se lanzó a la danza báquica de la negatividad inesperadamente a la renegación fetichista, a la fórmula
barriendo con toda identidad sustancial positiva. Lo que este sais bien, mais quand m ém e...” Su primera parte articula el co­
enfoque deja al margen es simplemente la identidad en sí, el nocimiento que subvierte al punto de partida (Hegel como el
modo en que la identidad se constituye a través de la relación filósofo de la identidad metafísica, etcétera), mientras que la
refleja de lo negativo consigo mismo. Trataremos de echar segunda parte no refuta la primera, sino que simplemente
luz sobre este hueso duro a partir de un atolladero sintomáti­ vuelve al punto de partida y se aferra a él como a un artículo
co de la lectura derrideana de Hegel. ¿efe: “Sé muy bien que en Hegel cualquier identidad es sólo
Parecería que el abordaje derrideano de Hegel repite la un momento transitorio en el proceso de la diferencia, pero a
mencionada lógica paradójica del “suplemento” elaborado pesar de esto (yo sigo creyendo que) la identidad especulativa
por Derrida a propósito de su análisis modelo del papel de la en última instancia supera todas las diferencias”.
escritura en el texto platónico. Primero, la escritura es sim­ Encontramos lo que quizá sea el ejemplo más claro de esta
plemente excluida como una externalidad secundaria que no discordia en The Tain o f the M irror,9 de Rodolphe Gasche, li­
afecta la presencia interior de la Idea; después, en segundo lu­ bro en el cual la relación entre la desconstrucción derrideana
gar, él se ve obligado a reconocer su proximidad inesperada, y la filosofía de la reflexión aparece elaborada con inmensa
como si la esencia interior estuviera siempre-ya afectada, in­ erudición y agudeza teóricas. Pero la primera sorpresa es el
cluso constituida por el proceso de escribir (por ello tenemos modo en que Gasche presenta como específicamente “derri­
que repetir la exclusión de la escritura en otro nivel, dentro deana” toda una serie de proposiciones que parecen tomadas
de la Idea misma). Derrida y los intérpretes derrideanos de la Lógica de Hegel (por ejemplo, en las págs. 201-2): “cual­
(Nancy, Lacoue-Labarthe, Gasche), de modo análogo, co­ quier entidad es lo que es sólo por estar dividida por el Otro
mienzan oponiendo a Derrida y Hegel, y presentan a Hegel al que se refiere para constituirse”. Esta es una cita casi literal
como una especie de antípoda efectivo de Derrida. del comienzo de la “lógica de la esencia” de Hegel. Para con­
Dicen ellos que la dialéctica hegeliana es la culminación servar la distancia entre Hegel y Derrida, Gasche se ve en­
de la metafísica de la presencia, la máquina lógica del concep­ tonces obligado a atribuir a Hegel una versión simplificada
to, que, por medio de su automediación, “supera” y abarca .absurda del “idealismo absoluto”, resumiendo las trilladas tri­
toda heterogeneidad, cerrando el círculo de un movimiento vialidades de manual sobre “el Uno dialéctico que abarca al
teleologico en cuyo seno toda diversidad es postulada de an­ ■Uno y lo múltiple” (pág. 277, etcétera). Se llega a un extremo
temano como su propio momento ideal - y esto en contraste cuando Gasche refuta a Hegel por medio del propio Hegel: pre­
con Derrida, quien afirma la diseminación irreductible del senta un supuesto límite de Hegel, y para trascenderlo aduce
proceso de la differance, la imposibilidad de encerrar este pro­ proposiciones elementales de la propia lógica hegeliana, co­
ceso en el círculo de la identidad automediada... Pero, en se­ pio en el siguiente pasaje característico:
gundo término, esos intérpretes derrideanos reconocen que
es casi imposible trazar una distinción entre el proceso de la .
La posibilidad de comprender dialécticamente la oposición
autodiferenciación del concepto y el movimiento de la dijfe- entre lo duplicado y su doble como una relación de exteríoriza-
rance; reconocen qué la línea de separación entre ellos es casi Óción y reapropiación del doble en tanto negativo de lo duplicado
imperceptible, que su proximidad es casi absoluta. Por esta depende lógicamente de la duplicación originaria según la cual
razón, la delimitación que ellos dibujan debe repetirse y, co­ ningún ano puede referirse en su aparición a sí mismo salvo du­
mo ya hemos señalado, la forma de esta repetición se asemeja plicándose en un Otro (pág. 228),

104
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

En síntesis, primero se le atribuye a Hegel una noción ab­ marcas; esta diferencialidad debe buscarse en su autorreferen-
surdamente simplificada de la reflexión dialéctica (“reapropia­ cia; toda serie de marcas, en cuanto sémica (portadora de sig­
ción del doble como negativo de lo duplicado”); a continua­ nificado), “debe contener un movimiento tropológico adicio­
ción se enuncia como condición de esta reapropiación, nal en virtud del cual el sema (la marca) se refiere a lo que
supuestamente para salir de la dialéctica, la percepción dialéc­ demarca las marcas, a los blancos entre las marcas que rela­
tica elemental de que una entidad sólo puede referirse a sí cionan cada marca con todas las otras”.10 En síntesis, en cual­
misma duplicándose en un Otro. quier serie de marcas hay siempre por lo menos una que fun­
Esta ambigüedad intrínseca de la lectura desconstructiva ciona como “vacía”, “asémica”, es decir que remarca el
de Hegel surge con la mayor violencia a propósito del con­ espacio diferencial de inscripción de las marcas. Una marca
cepto crucial de “superación” {Aufbebung). Por supuesto, en la sólo se convierte en marca a través del gesto de remarcar,
primera etapa, Hegel y Derrida aparecen claramente opues­ puesto que sólo la remarca abre y sostiene el lugar de su ins­
tos. Se llama Aufbebung a la superación dialéctica de las dife­ cripción.
rencias, al modo en que el concepto abarca la heterogeneidad, ¿No estamos así en medio de la “lógica del significante”
la diversidad, transformándose en un momento superado tal como la ha elaborado Jacques Alain Miller en sus dos bre­
ideal de su propia identidad; las diferencias son reconocidas. ves textos “canónicos”, “Suture” y “Matrix”, 11 en el segundo
qua “superadas”, qua momentos de una totalidad articulada, de los cuales incluso emplea los mismos términos que Derri­
mientras que todo el énfasis de Derrida está en un resto “in- da (la marca y el lugar vacío de su inscripción, sostenido por
fraestructural” que se resiste a la sublimación, que persiste en su una marca vacía adicional, etcétera)? ¿No es acaso la proposi­
heterogeneidad, y precisamente como tal (como el límite de ción elemental de la “lógica del significante” (que Derrida de­
la superación, como una roca en la que se basa necesariamen­ secha en una breve nota, rémarque, en De la gramatología) que
te la superación) es su condición positiva. Pero en una segun- toda serie de significantes debe contener un elemento exce-
ta etapa esta oposición entre la Aufbebung y su resto queda ^ dente paradójico que, dentro de esta serie, ocupe el lugar de
desdibujada. Por ejemplo, cuando en Dissémination Derrida la ausencia misma de significante o, para recurrir a la fórmula
aborda la problemática mallarmeana de la “remarca” (ré-mar- que durante mucho tiempo ha formado parte de la jerga, sea
qué), concede que la Aufbebung como matriz elemental de la un significante de la falta del significante? Es decir que, en
reflexión especulativa hegeliana es casi indistinguible de los cuanto el orden del significante es diferencial, la diferencia en
gráficos de la remarca, de modo que los,gestos de diferencia­ /' éí éntre el significante y su ausencia debe estar inscrita dentro
ción tienen que repetirse de un modo más refinado y ambi- dé él, y esta “valencia que no es sólo una entre otras”,12 ¿no es
güo. La lectura/reescritura derrideana de la remarca mallar­ él SI lacaniano, el significante amo, el significante-sin-signi-
meana merece un examen más .atentp puesto que, como Hficado, “asémico”, que siempre suplementa la cadena del co-
veremos, es allí donde Derrida se acerca más a la lógica laca- qlóciiniento (S2) y de tal modo la habilita? Además, el lugar
niana del significante. [ Ayácío representado por la remarca, ¿no es el “sujet barré' laca-
¿Cómo llegamos desde la marca {marqué) a la remarca? ) hiano, el sujeto del significante, de modo que esta matriz que
¿Por qué toda marca (todo trazo significante) tiene que ser y'|||á:la más elemental ya hace posible inferir la definición laca-
remarcado? El punto de partida de Derrida es el carácter di­ í^ifílana del significante como lo que “representa al sujeto para
ferencial de la textura de las marcas. Una marca no es más J(iodos los otros significantes”? La remarca, ¿no representa al
que un trazo, un haz de rasgos que la diferencian de otras ^llPpacio vacío de inscripción para todas las otras marcas?
ÍÉ® A
106 107
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

Para hacer “palpable” esta lógica de la remarca, recorde­ la Serenata N° 10 en Si Mayor). Podríamos decir que este se­
mos cierto procedimiento que se puede encontrar en diferen­ gundo motivo “celestial” remarca, reenmarca de modo nuevo,
tes ámbitos del arte, desde la pintura (la relación entre figura el motivo inicial. Quizá podríamos también arriesgar la hipó­
y fondo) hasta la música (la relación entre la melodía y el tesis elemental de que precisamente ese remarcamiento de los
acompañamiento) y el cine: la inversión paradójica por medio motivos, ese pasaje al acompañamiento, se pierde en Beetho-
de la cual lo que al principio aparece como motivo (figura), vén, en cuya obra sólo aparece excepcionalmente (por ejem­
retroactivamente, después de ser remarcado por un nuevo plo, en el tercer movimiento de la Novena Sinfonía).13
motivo (figura) se convierte en acompañamiento (fondo), En el ámbito del cine, Alfred Hitchcock suele practicar
mientras en una inversión complementaria lo que al principio una inversión análoga. Es un ejemplo la famosa panorámica
parece como “puro acompañamiento” se convierte retroacti­ dé Los pájaros, que desde gran altura toma un pequeño pueblo
vamente en el motivo principal. Comencemos por las parado­ en el cuál acaba de estallar un incendio. Súbitamente entra en
jas gráficas de Escher. Su procedimiento básico es el interjue­ el cuadro un pájaro desde atrás de la cámara; pronto se le une
go dialéctico de la figura y el fondo, la gradual transformación uña pareja, seguida por toda la bandada. De tal modo se re­
del fondo en figura, la remarcación retroactiva del fondo co­ marca la misma toma. Lo que al principio parecía una visión
mo figura y viceversa. El resultado paradójico de este inter­ de la escena desde un punto de vista “neutral”, objetivo, es
juego (por ejemplo, la incongruencia de una serie de escaleras mhjétivizado como la visión amenazante que las propias aves
por las cuales, si uno desciende, termina encontrándose de tienen de sus víctimas. Francis Ford Coppola utilizó un pro­
nuevo en la cima) atestigua la presencia del sujeto: el sujeto es cedimiento semejante, aunque inverso, en los títulos inicíales
esta misma inconsistencia de la estructura -en nuestro caso, el de La conversación. La cámara muestra diversas escenas de un
vacío, la brecha invisible e “imposible” entre el escalón más parque lleno de transeúntes durante la pausa del almuerzo,
alto y el más bajo, llenada por una ilusión óptica-. Y la más con una banda sonora de voces extrañamente distorsionadas.
conocida de las paradojas visuales de Escher, la de dos manos Los espectadores pensamos automáticamente que se trata de
que sostienen lápices y se dibujan recíprocamente, ¿no es un un fondo neutro, sólo ilustrativo de los títulos, cuya única
caso perfecto de dos marcas que simultáneamente se “remar­ función es crear el clima correcto. Pero pronto resulta evi­
can entre sí”? dente que la escena presentada durante los títulos (una agen­
No obstante, para detectar la lógica de la remarca no se cia dé detectives intenta espiar con dispositivos electrónicos a
necesita buscar en los márgenes del arte, donde el arte se liria pareja adúltera) es la clave de toda la película. El punto
aproxima al engaño técnico (las paradojas, la anamorfosis, et­ crucial que no hay que pasar por alto es que la referencia al
cétera). Basta con considerar bajo otra luz las obras de la “co­ nivel imaginario de la Gestalt no basta para explicar este inter-
rriente principal”. Por ejemplo, Mozart. Todos conocemos el juégo dialéctico de “figura” y “fondo”. Las inversiones de este
lugar común de que la música de Mozart es “celestial”, “divi­ tipo solo son posibles dentro del universo del significante, es
na”. Esta caracterización tiene un grano de verdad. Apunta a decir, en un universo en el que por lo menos un elemento re­
un procedimiento mozartiano típico, en el cual la melodía presenta el lugar de inscripción de todos los otros * Sin la ins- i
inicial es acompañada, por otra línea melódica que, por así de­ cfipcíón, sin la serie de elementos, sin un elemento que re­
cirlo, desciende “desde arriba” y retroactivamente cambia el marca el lugar de inscripción de los otros, la distancia entre la
estatuto de la primera, convirtiéndola en un “acompañamien­ “figura” y el “fondo” no puede establecerse.
to” (el ejemplo más conocido es el del tercer movimiento de <' La dialéctica de la figura y el fondo permite discernir la

108
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

homología entre remarca y Aufhebung, señalada por el propio refiere al punto en que la textura de las mai'cas necesariamen­
Derrida. Un elemento es “superado” (y este término implica te “refleja” en sí misma, dentro de sí misma, su propio espa­
que lo superado ha sido también suprimido y conservado) cio de inscripción, sus propias condiciones de posibilidad,
cuando es remarcado por un nuevo marco, incluido en una desde luego que en la forma de su opuesto? El espacio vacío
nueva red simbólica, “elevado” en su elemento. En la men­ de inscripción (la falta) se refleja en la forma de una marca
cionada toma de Las pájaros, por ejemplo, la visión “objetiva” positiva, de “uno entre otros”. Gasche propone la siguiente
desde arriba de la ciudad es suprimida-y-conservada al ser re­ formulación concisa: “Al afectarse a sí misma mediante la re­
marcada como una vista “subjetiva” de los propios pájaros. marca, al designar su propio espacio de engendramiento, la
“La cosa sigue siendo exactamente la misma que antes, pero rparca se inscribe dentro de sí misma, se refleja dentro de sí mis­
de pronto su significado cambia por completo”; sigue siendo ma bajo la forma de lo que no es”.16 La lógica de la remarca,
la misma qua marca, pero es remarcada de un modo diferen­ ¿no es por lo tanto la matriz elemental del hegeliano movi­
te. En este sentido, la inversión dialéctica sigue siempre la ló­ miento de autor reflexión del concepto? En De la gramatolo-
gica de la remarca: la cosa en sí en su inmediatez no cambia; gía, Derrida describe el modo en que Rousseau “inscribe la
lo que cambia es la modalidad de su inscripción en la red sim­ textualidad dentro del texto”, cómo “nos dice en el texto lo
bólica. También resulta claro por qué la remarca coincide que es el texto”. Los temas en los que se centra la lectura de-
con el SI lacaniano, el significante amo, el punto de almoha­ rrideana de Rousseau (por ejemplo, la “supleinentariedad”),
dillado. El efecto de almohadillado se produce cuando, con no son simples temas entre otros de la cadena; son temas que
una inversión súbita de perspectiva, lo que un momento antes describen (reflejan dentro del texto) la cadena textual en sí, el
era aún percibido como derrota se convierte en victoria. Con­ modo en que “opera” el propio texto. Por lo tanto, si, según
sideremos el caso de san Pablo, cuya relectura de la muerte de lo señala Gasche refiriéndose a Derrida, existe una coinciden­
Jesús dio su perfil definitivo al cristianismo. Pablo no añadió cia casi perfecta entre la lógica de la remarca y el momento
ningún contenido nuevo a los dogmas ya existentes: todo lo reflexivo de la Attfhebung, ¿cómo distinguirlos entre sí?
$
que hizo fue remarcar como el mayor triunfo, como la reali­ La estrategia básica de Gasche consiste en trazar una dis­
zación de la misión suprema de Cristo (la reconciliación de tinción entre la capa autorrefleja del texto (elementos, moti­
Dios con la humanidad), lo que antes experimentaba como vos, por medio de los cuales la textualidad es reflejada, repre­
una pérdida traumática (la derrota de Cristo en su misión sentada, dentro del texto) y su fondo “infraestructural”, las
mundana, su muerte infame en la cruz).14 Nos encontramos operaciones textuales que hacen posible y, en el mismo gesto,
de nuevo con un tema fundamental lacaniano: la "reconcilia­ qcultan esa reflexividad, que abren su espacio pero simultá­
ción” no consiste en alguna clase de curación milagrosa de la neamente le impiden el éxito pleno y la coincidencia consigo
herida de la escisión, sino sólo en una inversión de perspecti­ mismo en un autorreflejo logrado. Gasche cita el pasaje si-
va por medio de la cual percibimos queda escisión en sí es ya fíjente de De la gramatología: “SÍ un texto siempre se da una
reconciliación: que, por ejemplo, la derrota y la muerte infa­ Cierta representación de sus propias raíces, esas raíces viven
me de Jesús son ya en sí mismas la reconciliación. Para reali­ : -y sólo por esa representación, porque nunca tocan el suelo, por,'
zar la reconciliación no tenemos que “vencer” la escisión, si­ ásí decirlo”. Comenta al respecto: “El discurso circunscrito
no sólo rem arcarla^ el que un texto se presenta es una representación constan­
Además, esta lógica de la remarca, ¿no apunta al carácter te m e n te excedida por el sistema total de los propios recursos
de autorreflejo de lo que Derrida llama "textualidad”? ¿No se . t y leyes del texto”. 17

no m
i
1
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

En este punto debemos permitirnos una breve lectura des­ dllamente erróneo. Le atribuye a Hegel una noción estricta­
constructiva del propio Gasche. Su comentario pasa por alto mente prehegeliana del reflejo (“una representación especular
(o ubica mal) el énfasis de la proposición de Derrida. Gasche a través de la cual un sí-mismo se reapropia de sí mismo”), y
subraya el modo en que el autorreflejo está insertado en meca­ este concepto ignora lo que Hegel trató de circunscribir co­
nismos infraestructurales que lo exceden, mientras que lo que mo “reflejo absoluto”. Si ésta fuera la concepción hegeliana
fundamentalmente dice Derrida en la proposición citada es lo del reflejo, por cierto no podríamos hablar de una “semejan­
opuesto. Esos mecanismos infraestructurales “sólo viven por za” entre el movimiento de la reflexión y la remarca. Y desde
esa representación”; es decir que la textualidad misma del tex­ el punto de vista formal, este enunciado suena un tanto extra­
to está sostenida por este autorreflejo. No hay ninguna “in­ ño en la boca de un desconstructivista. ¿Acaso el esfuerzo de
fraestructura” textual primordial que, como resultado, pueda la desconstrucción no apunta a desplegar el modo en que las
reflejarse de modo distorsionado, parcial, dentro del texto; la palabras nunca “significan (sencillamente) lo que han signifi­
“textualidad” no es más que el nombre de este mismo proceso cado siempre”, el modo en que nunca alcanzan la plena iden­
de autorreflejo textual: en otras palabras, de este proceso de tidad de su “significado propio”? Pero aquí nos vemos de
remarcamiento. Pero consideremos el principal argumento de pronto obligados a apelar a lo que “reflejo” “ha significado
Gasche contra la identificación de la “infraestructura de la re­ siempre”... ¿Y si el propio Hegel hubiera ya desconstruido el
marca” con el movimiento hegeliano de la reflexión: concepto de reflejo, haciéndolo funcionar de un modo desco­
nocido en la tradición prehegeliana (y quizá también poshe-
Este tema [que describe la cadena en sf] no refleja la totali» gelíana)? ¿Y si precisamente en Hegel el “reflejo” ^ no (isig­
dad de la cadena, si por reflejo se entiende lo que ha significado nificara Jo que ha significado siempre”?
siempre, una representación especular a través de la cual un sí-
mismo se reapropia de sí mismo. En lugar de reflejar en ella la
cadena del texto, “suplementariedad” remarca esa cadena del
mismo modo que ella misma es remarcada, es decir, restituida a j El abismo remarcado
la posición de una marca dentro de la cadena textual... La ilu­
sión de que un tema o un concepto realizan una totalización re­ Para decidir este punto crucial, tenemos que considerar
fleja se basa en ía borradura representacional de su posición co­ con atención la línea argumentativa de Gasche. Contraria-
mo marca dentro de la cadena que tiende a gobernar. A causa de . . mente a lo que ocurre en el movimiento de la reflexión (en el
la remarca, la autorrepresentación y el autorreflejo nunca se pro­ - ■■ cual, por medio de una totalización reflexiva, su agente “do­
ducen. Un tema o concepto sólo puede designar al texto en abis­ mina” a toda la cadena y “se reapropia” del contenido refleja­
mo, es decir que su representación es la representación de una do), en la lógica derrideana de la remarca el elemento a través
representación.18
del cual se refleja la textualidad dentro del texto (el elemento
; v; que remarca el lugar de la cadena como tal) nunca “domina”
La primera frase es ya reveladora: sólo se pupde diferen­ ; a la cadena, puesto que él mismo ocupa la posición de uno de
ciar la remarca del reflejo presuponiendo que “el reflejo sig­ . j; , sus elementos, y es por lo tanto remarcado a su vez por todos;
nifica lo que siempre ha significado”; este enunciado es do­ . los otros.19 En consecuencia, un elemento sólo puede reflejar
blemente cuestionable: tanto desde el punto de vista de la ;lá textualidad en abismo, a través de una posposición intermi-
forma como del contenido. En el nivel del contenido (para nable: siempre hay un cierto exceso de remarca que elude la
recurrir a términos ingenuos que son apropiados aquí), es sen- ^ ^ to ta liz a ció n dialéctica.

112 113
Siavoj Zizek La caprichosa identidad

[.,.] de tal modo se añade a ía serie un tropo en demasía y, como me a una línea de pensamiento hegeliana particular que se
apoderado [...], representa lo que en realidad no pertenece a la adecúa perfectamente a la descripción realizada por Gasche
serie de semas, el no-significado contra el cual se destacan las del modo en que la remarca funciona como un excedente por
marcas plenas. Si ese tropo se sustrae a la serie que debe totali­ medio del cual tiene lugar la totalización: me refiero a la de­
zar el concepto [de la marca], sin embargo, esta totalización deja ducción por Hegel de la monarquía, a partir de su filosofía
al menos una marca no explicada. De tal modo remarcado por el del derecho.
espacio de inscripción que demarca todas las marcas, ningún
En general, esta deducción suele ser desdeñada. Se ve en
concepto o tema de la marca podría llegar a coincidir con lo que
apunta a abarcar. La remarca es un límite esencial para toda re­ ella la prueba de una concesión de Hegel a las circunstancias
flexión coincidente o especular, una duplicación de la marca que históricas preburguesas, cuando no una demostración directa
hace imposible cualquier adecuación autorrefleja. Por razones de su conformismo. Causa sorpresa la inconsistencia y la in­
estructurales, hay siempre más que la totalidad; ía valencia adi­ sensatez de Hegel, el filósofo de la Razón absoluta, sostenien­
cional añadida por el delegado del espacio asémico de la diferen­ do que la decisión acerca de quién debe ser la cabeza del Es­
ciación diacrítica de la totalidad de los semas siempre (infinita­ tado ha de basarse en el hecho no-racional, biológico, de la
mente) queda por explicar.20 ascendencia. Se señala que toda la argumentación hegeliana
depende de un juego de palabras sobre la “inmediatez”: para
La argumentación es clara. La totalización (conceptual) de ser efectiva -sostiene Llegel-, la unidad de Estado debe en­
una cadena de marcas está siempre remarcada por una marca carnarse una vez más en un individuo, y sólo en su existencia
adicional que, dentro de la serie de las marcas sémicas, repre­ la Voluntad existirá por sí misma (logrará existencia inmedia­
senta (ocupa el lugar de) su fundamento, su campo de inscrip­ ta); esta exigencia de inmediatez natural sería satisfecha del
ción, es decir, su diferencialidad, la diferencia entre las mar­ mejor modo precisamente por el linaje... No obstante, esta
cas como tales. La totalidad sólo tiene lugar como remarcada; crítica falla por completo: no se trata de que sea sencillamen­
en cuanto se produce, siempre se añade una marca excedente. te errónea, sino de que, sin saberlo, confirma la idea básica de
En otras palabras, la totalización nunca totaliza todo; en vir­ Hegel. La monarquía constitucional es un todo orgánico arti­
tud de una necesidad estructural, se logra por medio de un culado racionalmente, a cuya cabeza hay un elemento “irra-
exceso que en sí mismo sigue no totalizado, no explicado. Lo ■cioñal”, la persona del rey. Lo crucial es precisamente el he­
que no es posible es una totalización que, a través de una cho acentuado por los críticos de Hegel: el abismo que separa
igualdad autorreflexiva consigo misma, se abarque a sí misma, ;aí Estado como totalidad racional orgánica, del factumbrutum
a su propia remarca -lo que la remarcaría a ella misma y de ^irracional” de la persona que encarna el poder supremo, es
tal modo establecería una auto coincidencia transparente. Pe­ decir, por medio de la cual el Estado asume la forma de la
ro -dice Gasche- la reapropiación reflexiva hegeliana es pre­ subjetividad. Contra la objeción de que de tal modo el desti-
cisamente esa totalización imposible en la cual el campo de 'ho del Estado queda librado a la contingencia natural de la
las marcas remarca (refleja) sus propias condiciopes sin nin­ (constitución psíquica del soberano (su sabiduría, honestidad,
gún resto, en la cual el marco del texto es inscrito en el texto /Coraje, etcétera), Hegel replica:
mismo, que lo explica, da razón de él. ¿Se sostiene este argu­
mento? ¿Es efectivamente un argumento contra Hegel? En L '. [...] esto se basa en un presupuesto trivial, a saber: que todo de-
lugar de dar una respuesta formal, me arriesgaré a una “refu­ 1^ : pende del carácter particular del monarca. En un Estado coin-
tación empírica”, por ingenua que pueda parecer, refiriéndo­ - plctainentc organizado, se trata sólo del punto culminante de la

114
V v

Slavoj Zizek La caprichosa identidad

decisión formal Es por lo tanto un error pedir que el mo­ tenido simbolizado. El monarca sólo puede realizar esta tarea
narca tenga cualidades objetivas; él sólo tiene que decir “sí” y en la medida en que su autoridad sea de naturaleza puramen­
ponerle el punto a la “i” [...] cualquier otro poder que pueda te­ te performativa y no basada en sus capacidades efectivas, Se
ner el monarca además de este poder de la decisión final, forma supone que sólo sus consejeros, la burocracia total en general,
parte y parcela de su carácter privado y no debería tener ninguna han sido escogidos de acuerdo con sus respectivas capacidades
consecuencia [...]. En una monarquía bien organizada, el aspec­
y su idoneidad para las tareas requeridas. Por lo tanto, se
to objetivo pertenece exclusivamente a la ley, y la parte del mo­
mantiene la brecha entre los empleados del Estado que deben
narca consiste sólo en sumarle a la ley el “yo quiero” subjetivo.21
obtener su puesto por medio del trabajo duro, demostrando
De modo que el acto del monarca es de naturaleza pura­ sus méritos, y el propio monarca como punto de la pura auto­
mente formal: su marco está determinado por la constitución ridad del significante:
política, y el contenido concreto de sus decisiones le es pro­
puesto por sus consejeros, de modo que "a menudo, lo único la multitud de individuos, la masa del pueblo, enfrenta a un
que tiene que hacer es firmar con su nombre. Este nombre es individuo Unico, el monarca: ellos son la multitud, el movimien­
to, la fluidez; él es la inmediatez, lo natural. Sólo él es natura/, es
importante. Es la última palabra, más allá de la cual no se
decir, en él se refugia la naturaleza', él es su último resto, un resto
puede ir.”22 positivo) la familia del príncipe es k única familia positiva (todas
Con esto queda todo dicho. El monarca funciona como las otras deben ser dejadas atrás), los otros individuos súk tienen
un significante “puro”, un signifícante-sin-significado; toda ' valor en cnanto están desposeídos, en cuanto se han hecho a sí mis»
su realidad (su autoridad) reside en su nombre, y precisamen­ mos,?4
te por esta razón su realidad física es totalmente arbitraria y
puede quedar librada a las contingencias biológicas del linaje. Esta coincidencia de la pura cultura (el significante vacío)
El monarca encarna entonces la función del significante amo con el resto de la naturaleza en la persona del rey, entraña la
en su mayor pureza; es el Uno de la excepción, la protuberan­ paradoja de la relación del rey con la ley: en términos estric­
cia “irracional” del edificio social, que transforma la masa tos, el rey no puede violar la ley, puesto que su palabra hace la
amorfa del “pueblo” en una totalidad concreta de costumbres. ley inmediatamente; sólo contra este trasfondo se llega a la
Por medio de su ex-sistencia de significante puro, él constitu­ ^ justificación racional de la prohibición incondicional kantiana
ye el todo de la trama social en su “articulación orgánica” (or-_ . respecto del derrocamiento violento del rey. En este sentido,
ganische Gliederung), el excedente “irracional” como condición ■■ el monarca funciona como una personificación de la “parado­
de la totalidad racional, el exceso del significante “puro”, sin ja1escéptica” de Wittgenstein: no podemos decir que este ac­
significado, como condición del todo orgánico de significan- to viola la regla, puesto que la (re)define. Todos los otros su-
te/significado: “Tomado sin su monarca y sin la articulación ; jetos están marcados por la brecha que separa para siempre su
del todo que es la concomitancia indispensable y directa de la Realidad “patológica”, lo que ellos efectivamente son y hacen,
monarquía, el pueblo es una masa informe y ya' no un Esta­ ; ; . tespecto del orden ideal de lo que deben ser: ellos nunca co-
do”.23 vlErresponden plenamente a su concepto y, en consecuencia,
En otras palabras, el monarca no es sólo un “símbolo” de v ;í (»peden ser juzgados y medidos por su (inadecuación a aquél;
la comunidad: es decididamente más. A través de él, en él, la vllfíkmonarca, en cambio, es inmediatamente la actualidad de su
comunidad alcanza su ser-para-sí y de tal modo se realiza: es apropio concepto. Para decirlo en términos kantianos: el rey es
un símbolo paradójico por medio del cual se actualiza el con- cosa que ha adquirido existencia fenoménica, un punto

116
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

de cortocircuito entre el orden nouménico de la libertad (la Desde la reflexión frustrada alfracaso reflejado
ley moral) y el nivel de la experiencia fenoménica: más preci­
samente, aunque él no es la Cosa, nosotros, los súbditos, esta­ El rasgo crucial es entonces que el monarca hegeliano cae
mos obligados a actuar como si fuera la Cosa encarnada. frera de la mediación dialéctica de naturaleza y Espíritu. El
De modo que la paradoja del monarca hegeliano consiste presenta un punto de pasaje inmediato de una al otro, un pun­
en que, en un sentido, él es el punto de locura de la trama so­ to paradójico en el cual el puro nombre, la pura agencia del
cial; su posición social está determinada inmediatamente por significante, se aferra inmediata?nente al “último residuo” de lo
su linaje, por la biología; él es el tínico individuo que, por su natural positivo, a lo que NO ES aufgehohen, superado, por
“naturaleza”, es ya lo que (socialmente) es: todos los otros de­ jtpedio del trabajo de la mediación... En esta posición del mo­
ben “inventarse” a sí mismos, elaborar el contenido de su ser narca, ¿no tenemos un caso claro del elemento que, en su re­
por medio de su actividad. Como siempre, Saint-Just tenía lación con la totalidad semiótica (del Estado) funciona preci­
razón cuando, en su acusación contra el rey, exigió su ejecu­ samente como una “remarca” en el sentido derrideano del
ción, no a causa de cualquiera de sus hechos específicos, sino término? Este elemento, ¿no es “más que la totalidad”, no se
simplemente porque era rey. Desde un punto de vista republi­ “desprende” de la totalidad racional del Estado, en cuanto úl­
cano, el crimen supremo consiste en el hecho mismo de ser el timo residuo de la naturaleza (de la no-razón), pero precisa­
rey, y no en lo que él haga como rey. mente como tal “refleja” el espacio mismo de articulación de
En este punto Hegel es mucho más ambiguo que lo que la totalidad racional? ¿No es un elemento que literalmente
podría parecer. Su conclusión es aproximadamente la siguien­ “representa lo que no pertenece a la serie de los semas”, la na­
te: en la medida en que un amo es indispensable en política, turaleza en su inmediatez? El monarca es un cuerpo extraño
no debemos condescender con el razonamiento de sentido dentro de la trama del Estado; la mediación racional “no da
común según el cual “el amo debe ser por lo menos tan sabio, cuenta” de él. N o obstante, precisamente como tal, es el ele­
valiente y bueno como resulte posible...”. Por el contrario, mento a través del cual se constituye la totalidad racional. Allí
ñ
tenemos que mantener la mayor brecha posible entre la legi­ ésta el secreto de la mediación dialéctica de los elementos so-
timación simbólica del amo y el nivel de las calificaciones : piales por la totalidad racional del Estado. Esta mediación só­
“efectivas”, localizar la función del amo en un lugar excluido lo puede ser generada por la vía de un residuo “irracional” de
del todo, reducirlo a una agencia de decisión puramente for­ naturaleza no-mediada, es decir, por el estúpido hecho bioló-
mal, de manera que no importe que sea en realidad un idio­ ! - gico de) cuerpo del monarca. En otras palabras, lo que la des-
ta ...25 En el punto mismo donde Hegel parece elogiar a la ; 'ó. construcción derrideana saca a la luz después de un gran es-
monarquía, traza una suerte de separación entre SI y a, entre fuerzo y declara como límite intrínseco de la mediación
el significante puro y el objeto. Si el poder de fascinación ca- . ; .. dialéctica (el punto en el cual el movimiento de la Aufhebung
rismático del rey depende de una concomitancia de SI y a (de ¡v|;p|pecesañámente fracasa), en Hegel aparece directamente pos-
la ilusión de que el significante amo oculta profundamente ,áy|í bilado como el momento crucial de ese movimiento. “Todo
dentro de sí al objeto precioso), Hegel los separa y nos mues­ flllijjuede ser mediado”, superado en su inmediatez y postulado1
tra, por una parte, a SI en su tautología imbécil de nombre ;p9tno momento ideal de la totalidad racional, con la condi­
vacío, y por la otra al objeto (el cuerpo del monarca) como
puro excremento, un resto anexado al nombre.26
I ción de que ese mismo poder de inmediación absoluta sea en-
.^.wi^fdado-de nuevo en la forma de su opuesto, de un residuo
iherte, no-racional, de la inmediatez natural. Es posible que

118 119
V v

Slavoj Zizek La caprichosa identidad,

ahora veamos por qué la concepción del monarca es “entre torsionada, desplazada, “sesgada”; en síntesis, con una pers­
todas las concepciones, la más difícil de razonar”,27 incluso pectiva remarcada. De este modo Derrida ubica mal como un
más difícil que la concepción desconstructiva.28 limite de la reflexión lo que en Hegel es el verdadero rasgo
Por esta razón debe asignársele todo su peso y considerar­ fundamental de la reflexión “absoluta”. Por supuesto, la refle­
se más literalmente la siguiente proposición de Gasche: “Así xión siempre se frustra en última instancia: ninguna marca
remarcado por el espacio de incripción que demarca todas las positiva incluida en la serie puede representar/reflejar “exito­
marcas, ningún concepto o tema de la marca puede llegar a samente” el espacio vacío de la inscripción de las marcas. Pe­
coincidir con lo que apunta a abarcar”. Por su mera presen- ro es este mismo fracaso como tal el que “constituye ” el espacio de
cia, la remarca (que representa el lugar de inscripción de las inscripción. El “lugar” de la inscripción de las marcas no es más
otras marcas-temas) obstruye, impide que las otras marcas que el vacío abierto por el fracaso de la remarca. En otras pa­
coincidan consigo mismas, que logren su plena identidad. La labras, sin la remarca no hay espacio infraestructura! de la
identidad-eonsigo-misma de una remarca encarna la negativi- inscripción de las marcas. La remarca no “representa’Vrefleja
dad, la autofísura inherente a todas las marcas, en la medida alguna red infraestructura! constituida previamente: el acto
en que esta identidad consiste en la coincidencia imposible de mismo de la reflexión en tanto frustrada constituye retroactivamen­
un elemento con el lugar vacío de su inscripción (ésta es la te lo que la elude.
definición de la identidad en Hegel y Wittgenstein). En vir­ Para aclarar este problema crucial, volvamos a Gasche.
tud de su mera presencia, eJ monarca sirve como recordatorio Según él, los “límites de la Aufhebung especulativa” consisten
de la inestabilidad fundamental de la trama social, del hecho en el hecho de que ella
de que io que llamamos “sociedad” es la congelación de una
violencia original que en cualquier momento puede volver a es incapaz de dar cuenta de la remarca como tal, no sólo porque
irrumpir y pulverizar el orden establecido. Por lo tanto, el esta infraestructura no puede ser fenomenologizada y experi­
monarca es el punto que garantiza la estabilidad y la consis­ mentada, sino también porque por.lo menos una de sus repre­
tencia y, al mismo tiempo, la encarnación de una negatividad sentaciones (es decir, por lo menos una figura en la que ella de­
radical: es el elemento central con referencia al cual la estruc­ saparece) queda sin que se dé cuenta de ella. Esta última figura
tura obtiene estabilidad y significado, el punto de identidad es fundamentalmente la figura de la Aufhebung en sí.30
que en su núcleo coincide con su opuesto.29
Debe estar claro ahora por qué la premisa básica de la crí­ • Lo que debería suscitar nuestra sospecha es el empleo de
tica derrideana a Hegel (que el Aufhebung en sí no puede ser la aparentemente inocente figura de “no sólo... sino tam­
aufgehoben, que la remarca en sí está a su vez siempre-ya re­ bién...”, la enumeración de dos razones por las que h A u fh e-
marcada por la serie dentro de la que aparece inscripta) yerra . bjing necesariamente fracasa: por un lado, el exceso inalcanza-
por completo su objetivo. Según Derrida, la Aufhebung signi­ ble, siempre elusivo de la “infraestructura”, que nunca puede
ficaría una inscripción/remarca “exitosa” del espacio en la se­ ácsr plenamente reflejado dentro del texto; por el otro, el ex­
rie de marcas, es decir, de la textualidad en el texto. Contra puso inexplicable de la figura misma de la Aufhebung que min­
esta “ilusión”, él señala que la remarca nunca puede reflejar ada puede totalizarse a si misma. La paradoja consiste en que la
enteramente la cadena de marcas, que nunca podría coincidir yjfélación entre estos dos “excesos” que supuestamente se sus-
plenamente consigo misma en un autorreflejo perfecto: el Jtyáen al movimiento de la reflexión es en sí misma reflexiva,
texto siempre se refleja-en-sí-mismo con una perspectiva dis- mero tenemos el exceso de lo que se sustrae al movimien-

120 121
Slavo] Zizek La caprichosa identidad

to reflexivo de la Aufhebung y después, el exceso de este mis­ de (im)posibiíidad. En consecuencia, cuando Gasche habla de
mo movimiento de la Aufhebung. Y pasamos de Gasche (y “un tropo en demasía” sumado a la serie de las marcas séini-
Derrida) a Hegel al comprender que éste “no sólo... sino cas, lo que debe señalarse es que este “uno en demasía" es preci­
tam bién...” es superfino, que los dos excesos no son más que samente el Uno como tal; después no hay ningún Uno al que se
dos aspectos del mismo gesto, que en lugar de “no sólo... si­ le pueda añadir un “uno en demasía”: el Uno es “original­
no tam bién...” debe haber un “videlicet”, que el exceso inal­ mente” uno-en-demasía, el significante-uno cuyo significado
canzable de la “infraestructura” se constituye por medio de la es el vacío.34
Aufhebung como aquello “de lo que no se pude dar cuenta”. De modo paradójico, Derrida queda prisionero de la con­
La “reflexión absoluta” hegeliana no es más que el nombre de cepción (en última instancia “de sentido común”) que apunta
esa relación “reflexiva” entre estos dos excesos. Por así decir­ a liberar la heterogeneidad de las coacciones de la identidad;
lo, se trata de una reflexión redoblada, la remarca reflexiva del queda prisionero de una concepción obligatoria para presu­
excedente mismo que se sustrae a la reflexión.31 poner un campo de identidad constituido (la “metafísica de la
Comienza entonces a tomar forma el bosquejo de una po­ presencia”) y poder aplicarse a la tarea interminable de su
sible crítica hegeliana a Derrida. Lo que no advierte Derrida subversión. La respuesta hegeliana sería la siguiente: nosotros
es el meollo “negativo” de la identidad en sí, el hecho de que “desconstruimos” la identidad examinando retroactivamente
la identidad como tal es una “determinación refleja”, una pre­ la identidad en sí como una “determinación reflexiva”, una
sentación invertida de su opuesto. Consideremos la siguiente forma de aparición de su opuesto; la identidad como tal es la
proposición de Gasche: más alta afirmación de la diferencia, es el modo en que la di-
ferencialidad, el espacio de las diferencias “como tal”, se ins­
En la medida en que [el] espacio asémico es representado por cribe-refleja dentro del campo de las diferencias (de la serie
un apoderado dentro de la serie y sumado a ella, metafórica o de las diferentes determinaciones).
metonímicamente se transforma en una marca, es decir, precisa­ Este es un hueso duro de roer incluso para ios seguidores
mente en lo que supuestamente él hace posible.32
de Hegel que siguen fascinados por el “poder de lo negativo”,
por la danza salvaje de la negatividad que licúa todas las de-
La paradoja de la remarca consiste entonces en que su : terminaciones sólidas, positivas. Para ellos, el “secreto final”
identidad representa a su propio opuesto (la pura diferencia, de la especulación dialéctica está todavía fuera de su alcance.
el espacio entre las marcas), que el Uno de la remarca repre­ El “punto de vista del entendimiento” (que Hegel denomina
senta el blanco de su propio lugar de inscripción, etcétera. “razonamiento abstracto”) está hechizado por el eterno “fluir
Basta con agregar que esta paradoja, lejos de caracterizar la de las cosas” que condena a muerte a cualquier forma sólida
identidad adicional de la remarca, de suplémentar la identi­ v definida, y en virtud del cual cualquier identidad fija es sólo
dad de las marcas “ordinarias”, define la idéntidad como tal. La un momento efímero de la vorágine omnipresente de la gene­
“identidad” de un objeto consiste en el rasgo que remarca el ración y la corrupción. Lo que se sustrae a este enfoque no es
espacio asémico de su inscripción (el “significanté sin signifi­ v la “mediación” de todas las formas sólidas, fijas, por el poder
cado” lacaniano). En otras palabras, toda identidad-consigo- m negativo de la “licuefacción”, sino el pasaje inmediato de esta
mismo no es más que el “sustituto o los sustitutos séinicos del < “licuefacción” a un punto de identidad-consigo-mismo inerte,
espaciamiento semiabierto que [la] hace posible”,33 es decir, y fija, del mismo modo que el Estado como agencia de la “me­
el representante invertido del espacio de su propia condición d iació n ” racional de la sociedad sólo adquiere plena realidad,

122 123
Slavo] Zizek La caprichosa identidad

se realiza, en la inmediatez “irracional”, inerte, del cuerpo del reflexión siempre falla, que el sujeto siempre encuentra en el
monarca. Para el punto de vista del entendimiento, esto po­ espejo algún punto negro, un punto que no le devuelve su
dría significar solamente que la persona del monarca simboli­ imagen especular, en el cual no puede reconocerse. Pero pre­
za, representa la totalidad del Estado, pero lo que no puede cisamente en ese punto de “extrañeidad absoluta” el sujeto -el
captar es que el monarca, en su misma corporalidad, es el Es­ sujeto del significante, S, no el yo imaginario, cautivo en la re­
tado de un modo que está lejos de ser metafórico. No puede lación especular m-Í(a) estará inscrito en la figura. El punto
captar que lo que el monarca “simboliza” (“representa”) no negro de la figura especular es, por lo tanto, estrictamente
tiene ninguna consistencia fuera de esta “representación”. constitutivo del sujeto; el sujeto qua sujeto de la mirada sólo
es en cuanto la figura especular que mira es intrínsecamente
,incompleta (es decir, en cuanto contiene una mancha “patoló­
E l estaño del espejo gica”); el sujeto es correlativo de esa mancha.
' En esto consiste, en última instancia, la constante referen­
En realidad, el error básico del libro de Gasche queda cia de Lacan a la anamorfosis; Los embajadores de Holbein
ejemplificado del mejor modo por su título: El estaño del es­ ejemplifica literalmente la proposición especulativa hegeliana
pejo, la parte donde la superficie reflectora está rayada, de mo­ sobre la frenología: “El espíritu (= sujeto) es un hueso (= cala­
do que vemos el revés oscuro. En la línea argumentativa de vera)”, es decir, el punto ciego del cuadro. En la inversión de
Gasche, este estaño del espejo es desde luego una metáfora proceso de reflexión, el sujeto se experimenta como correlati­
del límite de la reflexión filosófica en los dos sentidos de la vo al punto de ese Otro en el cual se encuentra con un poder
palabra. La reflexión (el reflejo del sujeto en el objeto, la rea­ absolutamente extraño, un poder con el que no es posible
propiación del objeto por medio del sujeto que se reconoce ningún intercambio especular. En la lectura hegeliana del
en él, que lo reconoce como su propio producto) encuentra Terror de la Revolución Francesa, por ejemplo, el sujeto de­
su límite en el “estaño del espejo”, en los puntos donde, en be reconocer, en el poder arbitrario que está en condiciones
lugar de devolverle a quien se mira su propia imagen, el espe­ de cortarle la cabeza en cualquier momento, una materializa­
jo lo enfrenta con un punto negro carente de sentido. Estos ción de su propia esencia. La guillotina, esa imagen de la Al-
puntos negros, por supuesto, son al mismo tiempo la condi­ teridad incontrolable con la que no parece posible ninguna
ción de la posibilidad y la imposibilidad de la reflexión. Preci­ ■ identificación, no es más que el “correlato objetivo” de la ne-
samente al limitar la reflexión, crean la distancia mínima en­ i gatividad abstracta que define al sujeto. El pasaje de la refle-
tre lo reflejado y su imagen especular, la distancia que hace ^dóñ “externa” a la reflexión “absoluta” consiste precisamente
posible el proceso mismo de la reflexión. , en este redoblamiento de la reflexión. La reflexión como re­
En este punto Gasche paga tributo al hecho de que, en un flejo simétrico del sujeto en la objetividad fracasa, siempre
libro en última instancia dedicado a una crítica del concepto y;- queda algún residuo que resiste a la integración, y en este re-
dialéctico de reflexión, no elabora la estructura élemental de ‘ siduo qüe se sustrae a la captación reflexiva se “refleja” la dí-
ese concepto en Hegel (como reflexión que “pone” externa, ; piensión propia del sujeto. En otras palabras, el sujeto es la ra-
determinante). El examen de esa estructura nos confrontaría y . ya, el estaño del espejo}*
inmediatamente con el modo en que la reflexión “absoluta” ; ■ En el apólogo de Kafka sobre la Puerta de la Ley (que
hegeliana está en sí misma siempre-ya redoblada, “mediada” aparece en E l proceso), el personaje ocupa, hasta el desenlace,
por su propia imposibilidad. Hegel sabe perfectamente que la la posición de “reflejo externo”. El enfrenta la imagen tras-

124 125
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

cendente del Palacio de la Ley donde, detrás de cada puerta, demos el pasaje de la reflexión “externa” a la reflexión “deter­
hay otra puerta que oculta un secreto inalcanzable y cuyo re­ minante” (absoluta). El concepto del absoluto inaccesible des­
presentante (el guardián) lo trata con total indiferencia y des­ cendente, sólo tiene sentido en cuanto la mirada del sujeto es­
precio. La inversión crucial se produce cuando el guardián le tá ya allí: en su concepto mismo, el Otro inaccesible implica
explica al hombre agonizante que esa puerta le estaba destina­ una relación con su propio otro (el sujeto). El sujeto no “in­
da solamente a él desde el principio mismo: en otras palabras, ternaliza”, no “media”, el ser-en-sí del Absoluto, sino que
la Ley que el hombre contemplaba con un respeto reverente, simplemente toma conocimiento del hecho de que este En-Sí
suponiendo automáticamente que ella ni siquiera advertía su es en-sí para el sujeto.
presencia, lo había estado mirando desde siempre; precisa­
mente como excluido, él había sido sieinpre-ya tomado en
cuenta. La “reflexión absoluta” es simplemente el nombre de N otas

esta experiencia de que el sujeto, por su fracaso en captar el


secreto del Otro, está ya inscrito en “lo que el Otro toma en 1. Este estatuto paradójico de lo Real qua construcción podría
cuenta”, reflejado en el Otro: es la experiencia de que este re­ ejemplificarse con el concepto matemático de la “prueba no cons­
tructiva”, elaborado por Michael Duminett a propósito del intuicio-
flejo “externo” del Otro es ya una “determinación reflexiva”
nismo (véase su Trath and Other Enigmas, Cambridge, MA, Harvard
de ese mismo Otro. University Press, 1978). Dummett piensa en un procedimiento por el
En la introducción a la Fenomenología del espíritu hay una cual podemos demostrar (construir) la existencia de cierta identidad
proposición citada con frecuencia, y con mayor frecuencia matemática (por ejemplo, de cierto número), aunque no podamos
mal comprendida. Hegel dice que sería vano que el sujeto presentar a esta entidad (número) en su determinación positiva:
tratara de captar el Absoluto si el Absoluto no estuviera y no enunciados del tipo “de tal modo se demuestra que debe existir un
quisiera estar en y para-sí ya en nosotros. Esa idea tiene que número cardinal que es múltiplo de...”, que son totalmente válidos a
ser entendida contra este fondo. Al reafirmar que “el Absolu­ Íl pesar de que nunca podremos decir con precisión cuál es ese número.
to está siempre con nosotros”, incluso Heidegger pierde El estatuto de lo Real freudiano-lacaniano (el trauma del parrici­
dio primordial, por ejemplo) es exactamente el mismo. Podemos de­
de vista lo esencial. Lo que está en juego no es el concepto de
ducir el hecho del parricidio por medio de una “prueba no construc­
que el Absoluto está (siempre) con nosotros, y menos aún la
tiva”; podemos demostrar que el parricidio debe presuponerse para
idea de que, por medio de una síntesis final (la reconcilia­ que L historia (subsiguiente) conserve su coherencia, aunque nunca
ción), llegará a estar con nosotros, sino la experiencia de que podremos presentar su realidad empírica e, incidentalmente, en su
siempre-ya estaba con nosotros. Nuestra experiencia de la “Pegan a un niño”, Freud describe del mismo modo el estatuto del
“pérdida”, dé la fisura entre nosotros (el sujeto) y el Absoluto, . término medio en la cadena fantaseada que va desde “el padre le pe-
es precisamente el modo en que el Absoluto está ya con noso­ gáa un niño” hasta “un niño está siendo pegado”; la escena “el padre
tros. En este sentido, la afirmación final del guardián en está pegándome” es totalmente inaccesible a la conciencia, pero de­
cuanto a que desde el principio mismo la Puerta éstaba exclu­ bemos construirla para poder explicar el pasaje de la primera a la
tercera forma. ;
sivamente destinada al hombre, es la versión kafkiana de la v
T i , 2. Véase Slavoj Zizek, Le plus sublime des hystériques - Hegel passe,
proposición de Hegel. La aparición misma de la trascenden­
; ..V
Jparís, Point-hors-ligne, 1988, págs. 100-3.
cia inaccesible, del secreto oculto detrás de la interminable ■T; 3. G. W. F. Hegel, Phenomenology ofSpirit, Oxford, Oxford Uni-
serie de puertas, es una aparición “para la conciencia”: es el versity Press, 1977, págs. 331-2 jed. cast.: Fenomenología del espíritu,
modo en que la Ley se dirige al sujeto. Así es como aprehen- Buenos Aires, FCE, 1992b

126 127
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

4. Véase una elaboración más detallada del concepto de “entre- que trataba de escapar por medio de la actividad volvía para golpear-
dos-muertes- en Slavoj Zizek, The Sublime Object ofldeology, Londres, - le el rostro. En esos momentos no hay nada tranquilizador o confor­
Verso, 1989, págs. 131-6 [ed. cast.: ob. cit. nota 1 de la Introducción], tante; por el contrario, el pensamiento pasivo, confrontado con la
5. Esta lógica paradójica del momento en el cual, antes del acto positividad de la existencia, es penetrado por la paranoia. Marlowe
formal de la decisión, las cosas ya están decididas, tal vez nos permi­ /;“piensa”, pero su pensamiento no es una reflexión flotante, tranqui­
ta iluminar de modo nuevo una típica escena wagneriana sobre la lizadora, sino que se arrastra furtivamente bajo el ojo atento de un
cual ya ha llamado la atención Claude Lévi-Strauss: la escena de - superyó cruel: “Yo pensaba, y en mi mente el pensamiento se movía
la paz interior del héroe, de su conciliación, de su armonía con el :: con una suerte de lenta clandestinidad, como si estuviera siendo ob-
mundo, de su entrega al flujo del mundo, inmediatamente antes de servado por ojos severos y sádicos” (Farewell, My Lovely). De modo
la ordalía crucial. Hay tres versiones de esta escena en las óperas que éste sería el cogito de Marlowe: pienso, por lo tanto, un superyó
de Wagner: el idilio del “murmullo del bosque” antes de la lucha ( obsceno, sádico, me vigila.
con el dragón en el Acto Segundo de Sigfrido', el sexteto que prece­ 6. La lógica que opera en este caso es, por lo tanto, opuesta a la
de al concurso de canto final en Los maestros cantores de Nuremberg, y V del excedente del ideal respecto de su realización efectiva, opuesta a
el encantamiento del Viernes Santo antes de la curación por Parsifal la insistencia “idealista” en que la realidad empírica nunca puede co­
de la herida de Amfortas, en Parsifal. En estos casos, la paz interior rresponder plenamente a su concepto. Lo que tenemos aquí es, por
que precede a la ordalía crucial, ¿no expresa el presentimiento de ■el contrario, un elemento (real) que, aunque no es un miembro del
que la decisión ya ha sido tomada, de que el “tejer silencioso del es­ género X, es “más X que el propio X ”. Esta dialéctica aparece a me­
píritu” ya ha hecho su trabajo, y que lo que falta es un acto pu­ nudo aludida en expresiones cotidianas, como cuando decimos de
ramente formal que proclame el desenlace? La dimensión de esta una mujer resuelta que ella es “más hombre que los propios hom­
escena de conciliación es especialmente delicada en Los maestros can­ bres”, o de un converso religioso que él es “más católico que el Pa­
tores de Nuremberg, donde sigue inmediatamente al fuerte estallido pa”, o del saqueo legal en el juego bursátil que es “más delictivo que
de pasión entre Hans Sachs y la futura esposa de Walter von Stol- el propio delito”. Esta es la lógica de la mencionada relación del arte
zing. De pronto y violentamente surge la verdad que la tensión libi- y la religión: la religión es “más arte que el propio arte”, realiza el
dinal real irradia entre la joven y la figura paternal de Hans, no en­ concepto del arte y de tal modo lo subvierte, transformándolo en
tre ella y Walter, quien está predestinado a vencer en el concurso y : otra cosa. De modo que el “excedente” está del lado del “ejemplo”, y
desposarla. La significación del “sexteto de conciliación” está enton­ nb del lado del concepto ideal; la religión es un “ejemplo” de arte
ces sobredeterminada; junto a la influencia tranquilizadora de Wal­ (pique es “más arte que el propio arte”, y realiza entonces el pasaje a un
ter ante la ordalía inminente, escenifica el reconocimento catártico #vnuevo concepto. (Véase el capítulo 3.)
y, con el mismo gesto, la renuncia al vínculo incestuoso “imposible” (íió - 7. G. W. F. Hege\, Jenaer Realphilosophie, Werke 6-6. Hamburgo,
entre la joven y Hans. Y1Meiner Verlag, 1967, pág. 199.
Sería extremadamente interesante comparar este sosiego wagne- 1y;:.- 8. Jon Elster, Sour Grapes, Cambridge, Cambridge University
riano del héroe antes de la ordalía con los momentos de las novelas ("Press, 1983.
de Raymond Chandler en los cuales, agotado pór su actividad, Phi­ gipp:- í 9. Rodolphe Gasche, The Tain o f the Mirror, Cambridge, MA,
lip Marlowe se desconecta del curso frenético de las cosas, se recues­ (^{(Harvard, University Press, 1987.
ta y se toma un descapso. Lejos de generar algún tipp de concilia­ ■- 10. Ibíd., pág. 219.
ción interior, esos momentos en los que Marlowe cede' al “flujo del ■11. Jacques-Alain Miller, “Suture”, Cahierspour l’Analyse, 1, Pa-
mundo” marcan la intrusión de las “cosas” con su suciedad y corrup­ |ffe:rís, 1967 y “Matrice” (Matrix), Omicar?, 4, París, 1975.
ción. Cuando su vigilancia se debilita, Marlowe se encuentra frente 12. Rodolphe Gasche, ob. cit., pág. 221.
a frente con la náusea de la existencia. En las luces de los carteles !p (Y i 1'3. Una interesante variación de este procedimiento aparece en
publicitarios, en el hedor del alcohol y la basura, a través del ruido AÍ|la'obertura de la ópera El oro del Rin, de Wagner. El “motivo” con­
intrusivo de la gran ciudad, toda la corrupción y podredumbre de la siste en la repetición rítmica de una sola nota, mientras que el

128 129
Slavoj Zizek La caprichosa identidad

“acompañamiento” contiene una rica textura melódica. Esta inver­ 26. Por lo tanto, lo crucial en el monarca hegeliano es que no pue­
sión de la proporción “normal” crea una tensión extrema que se des­ de ser reducido a una pura agencia del significante amo carente de
carga con el pasaje instantáneo a la canción de las “doncellas del sentido: su estamto es al mismo tiempo el de lo Real. No debe enton­
Rin”, en la cual el acompañamiento adquiere el estatuto de melodía ces sorprendernos que el propio Hegel le asignara al monarca un lu­
principal. gar en la serie de las “respuestas de lo Real”. En el párrafo 279 de la
14. Sobre el concepto de “punto de almohadillado”, véase Slajov Filosofía del derecho, él aborda la diferencia entre la aristocracia o la de-
Zizek, The Sublime Object ofIdeology, Londres, Verso, 1989, capítulo 3. ' inocracia antiguas y la monarquía moderna: en la aristocracia o en la
15. Zizek, Le plus sublime des bystériques, ob. cit., capítulos 2 y ó. . democracia antiguas, el “momento de la decisión final, autodeterini-
16. Rodolphe Gasche, ob. cit., pág. 222 (las cursivas son mías). iiante, de la voluntad” no era aún postulado explícitamente como un
17. Ibíd., págs. 290-91. “momento orgánico inmanente al Estado”; el punto de decisión per-
18. Ibíd., pág. 291. fprmativo puro, el "¡Así sea!” que transforma una opinión en una de­
19. Obsérvese el modo en que Gasche, por una especie de nece­ cisión de Estado, no había adquirido aún la forma de la subjetividad; el
sidad estructural, se enreda en una contradicción. En el pasaje cita­ poder de una pura decisión inambigua es entonces delegado en
do, la “ilusión de una totalización refleja” equivale a borrar el hecho
de que la remarca en sí está de nuevo inscrita dentro de la serie de un fatw n que determ ina las cu estiones desde fuera. C o m o m o m en to de
marcas que se supone que domina, mientras que sesenta páginas an­ la Idea, esta d ecisión tenía que en trar en la existencia, aunque arraigada

tes (en la pág. 221) había calificado la “ilusión metafísica del referen­ en algo extern o al círcu lo de la libertad hum ana, que es lo q u e co n ciern e
.■ al Estado. A quí está el origen de la necesidad de derivar la últim a palabra
te presente para sí mismo” reduciendo la remarca a una mera fun­
sobre los grandes aco n tecim ien to s y los asuntos im p ortan tes de E stad o
ción sémica. Caemos víctimas de la ilusión metafísica en cuanto
partiendo de oráculos, de un “signo d iv ino” (en el caso de S ó cra tes), de
nivelamos la remarca con las otras marcas, en cuanto borramos su las entrañas de anim ales, de la com ida y el vuelo de las aves, etcétera.
carácter excepcional, el hecho de que no es sólo otro portador de una M ien tras los h om bres no se han sum ergido aún en las profundidades de
función sémica, sino que representa el espacio vacío de la inscripción la autocon cien cia o em ergido a su independencia desde su unidad ind ife­
de todas ellas. renciada de sustancia, les falta fuerza para buscar la palabra final d en tro
20. Rodolphe Gasche, ob. cit., pág. 221. de su prop io ser. (G . W . F . H eg el, Philosopby ofR ight , págs. 1 8 3 -4 .)
21. G. W. F. Elegel, Philosopby ofRight, ob. cit., págs. 288-9 [ed.
cast.: Filosofía del derecho, Buenos Aires, Claridad, 1987]. Oráculos, entrañas... Otros tantos nombres de una respuesta su-
22. Ibíd., pág. 288. yprestamente escrita en lo Real: el estatuto de los oráculos es por de-
23. Ibíd., pág. 183. tu ició n el de una escritura que hay que interpretar, que hay que in-
24. G. W. F. Hegel, Naissance de la philosophie hégélienne d’état N|ggrar en nuestro universo simbólico. La subjetividad del monarca
(Jacques Taminiaux, comp.), París, Payot, 1984, pág. 268. f^qvtpa este mismo lugar de las “respuestas de lo Real”: en lugar de
25. Una de las razones del éxito público de la presidencia de Ro- bqspar la “palabra final” (el significante amo) en una escritura conte­
nald Reagan fue que muchas de las que sus críticos consideraban de­ nida en lo Real (entrañas, comida de aves...), es la persona del mo-
bilidades y convertían en objeto de mofa (los límites obvios a los que la que asume el acto de transformar la opinión de sus minis-
él estaba en condiciones de comprender, etcétera) eran en realidad -,|||w,en una decisión de Estado.
condiciones eféctivaniente positivas de su reinado. Reagan era perci- ,M.b27. G. W. F. Hegel, Philosopby ofRight, ob. cit., pág. 182.
-bido precisamente como alguien que gobernaba a lá manera de un 28- La paradoja de Lacan consiste en que, aunque en sus enun-
rey: haciendo gestos vacíos, poniendo los puntos sobre las íes (escri­ .;.'Mfedqs explícitos él también suscribe lo que más tarde se convirtió en
tas por otros), sin advertir realmente lo que sucedía... Del misino ^ Mfgumentación desconstructívista contra Hegel (el cuento de que
modo, se equivocan quienes piensan que la lógica del monarca hege- Jáysiempre un resto que se resiste a la Attfbebung”), su tr abajo teó-
liano es una sutileza excéntrica, carente de importancia en el mundo Concreto va en sentido contrario, y es hegeliano precisamente
de hoy. él mismo no lo sabe. La consecuencia es que Lacan a menudo

130 131
Slavo] Zizek La caprichosa identidad

“refuta” a Hegel con un argumento que es profundamente hegelia- 35. En este punto surge con fuerza la diferencia entre las con­
no, como en el siguiente pasaje de los Escritos: cepciones derrideana y lacaniana del sujeto. En Derrida, como en
Lacan, la identidad del sujeto, el proceso que lleva a ella (la identifi­
S in duda alguna hay aquí lo que se llama un hueso. P o r ser justa­ cación, la interpelación, el “reconocerse como sujeto”) está siempre
m en te lo que adelantam os a q u í-e stru c tu ra l del s u je to -, constituye esen­
trunco, frustrado; la condición de posibilidad del sujeto es simultá­
cialm ente ese m argen que todo pensam iento ha evitado, saltado, rodeado
neamente la condición de su imposibilidad: para constituirse, el su­
o taponado a la vez que logra ap arentem en te so sten erse con un círculo:
ya sea d ialéctico o m atem ático . (Jacq u cs L a c a n , Ecrits: A Selection, L o n ­
jeto debe entregarse al juego de la autoafección, la autoposposición;
dres, T a v isto ck , 1 9 7 7 , pág. 3 1 8 .)
el gesto mismo que lo constituye lo daña irreparablemente.
Pero en cuanto a la concepción lacaniana, no basta decir que la
En este “hueso” que es estructural del sujeto, precisamente en identidad del sujeto está siempre, constitutivamente, truncada, dis­
cuanto se resiste a la simbolización (la mediación dialéctica), ¿cómo persa a causa de la intrusión de un exterior irreductible. Se trata de
podríamos no reconocer una alusión a la tesis hegeliana de que “el que el “sujeto” no es más que el nombre de esta “mutilación”, de es­
Espíritu es un hueso”? ta imposibilidad de la sustancia para realizarse plenamente, para al­
29. Por esta razón, en la Ciencia de la lógica de Hegel la identidad canzar su plena identidad-consigo-misma. Y, en la teoría lacaniana,
aparece como la primera “determinación de la reflexión” (Reflexions- este exterior irreductible, este cuerpo extraño, este intruso que impi­
bestimmung). La identidad de un objeto consigo mismo es el punto de la constitución plena del sujeto y al cual el sujeto es estrictamente
en el cual, dentro de la serie de sus predicados-determinaciones, este correlativo, tiene un nombre preciso: es el objeto a (objet petit ti). En
objeto se encuentra “a sí mismo”, al espacio vacío de su inscripción; su mismo (no) estatuto ontoíógico, el sujeto es el negativo del cuer­
en la forma de la “identidad”, este espacio vacío es “reflejado” en el po-extraño que le impide a la sustancia lograr la identidad consigo
objeto mismo. La estructura de la identidad-consigo-mismo es, pol­ misma. Desde luego, no es por azar que esta diferencia entre Derri­
lo tanto, precisamente, la de fa. remarca: la identidad “representa” al da y Lacan pueda articularse mediante la figura hegeliana de la in­
lugar de inscripción de todos los predicados, y de tal modo los re­ versión reflexiva: la inversión del “sujeto mutilado” en “sujeto qua
marca. Consideremos el caso de la tautología “la ley es la ley”: su va­ mutilación”. Sobre esta diferencia crucial entre la concepción des­
cío mantiene abierto el espacio en el cual pueden inscribirse todos constructiva y la concepción lacaniana del sujeto, véase Joan Copjec,
los otros predicados-determinaciones positivos de la ley. “The Ortopsychic Subject”, Octubre, 49, Cambridge, MIT, 1989.
30. Rodolphe Gasche, ob. cit., pág. 223.
31. En la teoría psicoanalítica, esta paradoja adopta la forma de la
relación entre el inconsciente qua reprimido y sus “retornos” en los
síntomas. Contra la concepción habitual, según la cual los síntomas
"reflejan” de modo fragmentario, distorsionado, la “infraestructura”
inconsciente previa, nosotros debemos seguir a Lacan y afirmar que
la represión y el retomo de lo reprimido son dos caras del mismo proceso, El
contenido “reprimido” se constituye retroactivamente, por medio de
su retorno frustrado/distorsionado en síntomas, en esos excesos
“inexplicables”: no hay ningún inconsciente fuera de $m “retornos”.
32. Rodolphe Gasche, ob. cit., pág. 222
33. Ibíd.
34. Hegel estaba perfectamente en claro acerca de esto. Basta
con examinar el modo en que articula el pasaje del ser-para-otro al
ser-para-sí a propósito de la expresión alemana “Wasfiir ein Ding ist
d a s i Véase el capítulo 1.

132 133
SEGUNDA PARTE

E l m alestar en
la dialéctica
*
3. Lalengua hegeliana

I, C o n u n o jo e n n u e s t r a m ir a d a

Cómo hacer una totalidad con fracasos

El actual pensamiento posmoderno parece estar dominado


por la alternativa de la totalización y la diseminación dialécti­
cas: ¿es posible mediar los elementos heterogéneos que en­
contramos en nuestra experiencia, postularlos como momen­
tos ideales de una totalidad racional, o estamos condenados a
un interjuego de fragmentos que nunca pueden ser totaliza­
dos? El modo en que se plantea este interrogante está lejos de
ser neutro, puesto que privilegia claramente el segundo tér­
mino de la alternativa: siguiendo el tema pop-ideológico pos-
úioderno del “final de los grandes relatos”, tácitamente se
asume que cualquier intento de totalización racional está con-
denado de antemano al fracaso, que siempre queda un resto
. . que se sustrae a la incautación totalizadora, etcétera.
■y.:1 Sin embargo, el problema de esta alternativa no es la elec-
y’ ción anticipada que implica, sino el hecho de que falsifica sus
■Términos al representar de un modo crucialmente erróneo la
?Verdadera idea hegeliana de la totalidad racional. Hegel sabía
y inuy bien que todo intento de totalización racional en última
.v'jiístancia fracasa; este fracaso es el impulso mismo del progre­
s ó dialéctico; la apuesta de Hegel está en otro nivel: por así
Slavo) Zizek Lalengua hegeliana

decirlo, concierne a la “totalización ajustada”, a la posibilidad existencia, de un efecto que en un sentido “se resiste” a su pro­
de “hacer un sistema” a partir de la serie misma de totaliza­ pia causa.
ciones frustradas, encadenarlas de modo racional, discernir la En otras palabras, la lucha de clases es real en un estricto
extraña “lógica” que regula el proceso por medio del cual el sentido lacaniano: un obstáculo, un impedimento que da ori­
derrumbe de una totalización genera otra totalización. En úl­ gen a nuevas simbolizaciones por medio de las cuales trata­
tima instancia, ¿qué es la Fenomenología del espíritu sino la re­ rnos de integrarlo y domesticarlo (por ejemplo, la traducción
presentación de una serie de intentos abortados del sujeto de la lucha de clases en una articulación orgánica de los
tendientes a definir el Absoluto y de tal modo llegar al anhe­ “miembros” del cuerpo social), pero que simultáneamente
lado sincronismo de sujeto y objeto? Por ello, su desenlance coñdena esos esfuerzos a un fracaso final. Por lo tanto, si nos
(el “conocimiento absoluto”) no produce una armonía final­ remitimos a la oposición hegeliana de sustancia y sujeto, la
mente hallada, sino que entraña una especie de inversión re­ ' lucha de clases es el sujeto (no la sustancia) de la historia; la
flexiva: confronta al sujeto con el hecho de que el verdadero sustancia es el universal qua espacio positivo de mediación de
Absoluto no es más que la disposición lógica de losfrustrados intentos su contenido particular, el receptáculo que contiene a toda su
anteriores de concebir al Absoluto', confronta al sujeto con la ver­ I riqueza particular, mientras que el sujeto es el universal en
tiginosa experiencia de que la verdad en sí coincide con la j cuanto mantiene una relación negativa con s.y contenido par­
senda hacia la verdad. ticular: el límite insondable que elude por siempre sus efectos
Un error análogo suele ser suscitado por la idea marxista particulares. En síntesis, la versión marxista del lema hegelia-
de la lucha de clases. Por cierto, la lucha de clases es el momen­ no de que el Absoluto no ha de concebirse como sustancia si-
to “totalizador” de la sociedad, su principio estructurante; sin ! no también como sujeto es que Ja historia debe concebirse no
embargo, esto no significa que sea una especie de garantía fi­ sólo como la evolución de la “base económica” (la dialéctica
nal que nos autorice a aprehender la sociedad como una tota­ de las fuerzas productivas y las relaciones de producción), si-
lidad racional (“el significado último de todo fenómeno social yf. no también como lucha de clases.1
está determinado por su posición en la lucha de clases”). La ; y Este meollo de lo Real rodeado por los intentos frustrados
paradoja fundamental del concepto de “lucha de clases” es , de simbolizarlo-totalizarlo es radicalmente no-histórico: la his-
que la sociedad “se mantiene unida” por el mismo antagonis­ ; toria en sí no es más que una sucesión de intentos frustrados
mo, la misma escisión que impide por siempre su cierre en un de aprehender, concebir, especificar este extraño meollo. Por
todo racional, transparente, armonioso: la mantiene unida el esto, lejos de rechazar el reproche de que el psicoanálisis es
mismo impedimento que socava cualquier totalización racio­ rió-histórico, hay que reconocerlo plenamente, y simplemen­
nal. Aunque la “lucha de clases” no aparece dada en ningún te transformar ese reproche en una proposición teórica posi-
lado como una entidad positiva, funciona no obstante, en su - ;:;fy tiva. En ello consiste la diferencia entre la histeria y la psico-
misma ausencia, como el punto de referencia que nos permite sis: entre histeria/historia hay más que un juego de palabras
ubicar todos los fénómenos sociales, no relacioñándolos con l^trivial; la histeria es el modo en que el sujeto resiste a la for-
la lucha de clases como su significación última (el “significado :^ in a de interpelación o identificación simbólica prevaleciente,
trascendental”), sino concibiéndolos como un (otro) intento h|||;históricamente especificada.
de ocultar y “remendar” la grieta de la lucha de clases, borrar La histeria significa interpelación frustrada, significa que
sus huellas: lo que tenemos es la típica paradoja estructural- yíhjpll sujeto, en el nombre de lo que es “en él más que él mismo”
dialéctica de un efecto que sólo existe para borrar las causas de su |^m(él; objeto que hay en él) rechaza el mandato que le impone el

:■
138 139
Slavo] Zizek La lengua hegeliana

universo simbòlico; como tal, queda condicionado por la for­ eurocentrista de su época: la antropología en la que Freud se
ma dominante de identificación simbòlica (en cuanto es su in­ basó era una proyección sobre los tiempos primitivos de la fa­
verso). En la psicosis, en cambio, el mantenimiento de una milia patriarcal y la sociedad modernas. Sólo sobre esta base
distancia externa respecto del orden simbòlico es “ahistóri­ pudo Freud construir el mito del “padre primordial”. Este
co”, de modo que, en ese nivel, no nos resulta difícil postular punto de vista sólo pudo fracturarse más tarde, cuando Mali-
ia igualdad de los estallidos psicóticos descritos en las fuentes uowski, Mead y otros demostraron que la vida sexual en las
clásicas y los casos clínicos contemporáneos. El acto qua “psi­ sociedades primitivas estaba organizada de un modo total­
còtico” es, en este sentido, ahistórico. No obstante, un meo­ mente distinto, que en tal sentido no se podía hablar de un
llo ahistórico de lo Real está presente también en la historia- ^complejo de Edipo”, que la inhibición y la angustia no esta­
/histeria: el error fundamental del historicismo que “relativiza” ban asociadas con la sexualidad. De tal modo todo quedaba
todo contenido histórico, convertido en dependiente de las claro, sabíamos dónde estábamos parados, dónde estaban los
“circunstancias históricas” -es decir, el error del historicismo “primitivos” y no reducíamos al otro, preservábamos su di­
en tanto opuesto a la historicidad-, consiste en que elude el versidad... Sin embargo, esta historización era falsa: en la dis­
encuentro con lo Real. tinción simple entre nuestra propia sociedad y la sociedad del
Consideremos la actitud habitual del discurso universita­ pasado evitábamos cuestionar nuestra propia posición, el lu­
rio respecto de grandes “maestros” de nuestro siglo: Heideg­ gar desde el cual nosotros hablábamos.
ger, Lacan. La primera compulsión de ese pensamiento es La “diversidad” fascinante del otro funciona como un feti­
realizar un ordenamiento de los edificios teóricos en “fases”: che por medio del cual podemos preservar la identidad no-
Heidegger I (Ser y tiempo) en contraste con Heidegger II problemática de nuestra posición subjetiva: aunque pretende­
(Pensamiento del ser); el Lacan fenomenològicamente hegelia­ mos “relativizar históricamente” nuestra posición, en realidad
no de la década de 1950, después el Lacan estructuralista y ocultamos su división; nos engañamos a nosotros mismos en
más tarde el Lacan de la “lògica de lo Real”. Desde luego, es­ cuanto a que esta posición está ya “descentrada desde den­
te tipo de ordenamientos tienen algún efecto tranquilizador; tro”. Lo que Freud denominó “complejo de Edipo” es un nú­
el pensamiento se vuelve transparente, aparece adecuadamen­ cleo traumático no-histórico (el trauma de la prohibición so-
te clasificado... pero perdemos algo: en realidad, perdemos lo bfe el que se basa el orden social) y las distintas regulaciones
crucial, el encuentro con lo Real. Con Heidegger, perdemos ^históricas de la sexualidad y la sociedad no son más que múl-
el hecho de que sus diversas fases son sólo múltiples intentos ttíf)les modos (en el último análisis siempre frustrados) de do-
de captar, de indicar, de “rodear”* el mismo meollo, la “cosa niinar ese núcleo traumático. “Comprender al otro” significa
del pensamiento” que constantemente aborda, elude, y a la apaciguarlo, impedir que el encuentro con el otro se convier­
que incesantemente vuelve.2 La paradoja consiste entonces en ta en un encuentro con lo Real que socava nuestra propia po-
que la historicidad difiere del historicismó porque presupone ;siéíón. Nos encontramos con lo Real como con aquello que
algún núcleo traumático que persiste como “lo mismo”, no- “siempre retorna a su lugar” cuando nos identificamos con lo
histórico, y las diversas épocas históricas son concebidas co­ ftéál del otro, es decir, cuando reconocemos en el atolladero,
mo intentos frustrados de aprehender ese meollo. ú'h'd obstáculo a cuya causa fracasó el otro, nuestro propio
El problema del supuesto “eurocentrismo” del psicoanáli­ •[obstáculo, eso que es “en nosotros más que nosotros mis-
sis es homólogo. Hoy en día es un lugar común subrayar que IjÚos”.3
el mito freudiano de Tótem y tabú se basa en la antropología |N Mucho más subversivo que “entrar en el espíritu del pasa­

141
Slavoj Zizek lalengua hegeliana

do” es entonces el procedimiento por medio del cual lo trata­ ca de su falta de identidad. Recordemos el caso mencionado
mos “antihistóricamente” con plena conciencia, “reducimos el por la propia Rose: el de la identidad fundamental de la reli­
pasado al presente”. Brecht empleó este procedimiento en Los gión y el Estado, la proposición hegeliana de que “En gene­
negocios del señor Julio César, donde el ascenso de César al po­ ral, la religión y el fundamento del Estado es una y la misma
der es presentado en los términos del capitalismo del siglo cosa: son idénticos en y por sí mismos”. Si leemos esta tesis
XX: a César lo preocupan los movimientos de la bolsa y la es­ de un modo no-especulativo, como una descripción del esta­
peculación financiera, organiza manifestaciones “espontáneas” do fáctico de las cosas, por supuesto resulta fácil “refutarla”:
de estilo fascista con el Limipenproletariat, etcétera. Este pro­ sólo se aplica a las teocracias, e incluso con reservas, etcétera.
cedimiento puede llevarse a la autorreferencia cuando sobre el Por supuesto, una manera de salvar su legitimidad consistiría
pasado se proyecta la imagen contemporánea de ese pasado. en leerla como un enunciado que no se refiere a hechos sino a
Por ejemplo, hoy sólo conocemos a los presocráticos gracias a valores, como a un enunciado sobre el deber (Sollen): el Esta­
fragmentos que han sobrevivido a una historia turbulenta; sin do ideal, perfecto, sería un estado basado en la religión, y los
advertirlo, olvidamos que Heráclito y Parménides no escribie­ Estados existentes sólo pueden acercarse a este ideal en ma­
ron “fragmentos”, sino extensos y verbosos poemas filosófi­ yor o menor grado...
cos. tlabría algo de humor filosófico subversivo en represen­ Pero lo esencial está en otro lugar. Consideremos un Es­
tarse a Heráclito diciendo, por ejemplo, “¡Hoy no consigo tado particular: por ejemplo, el Estado feudal medieval euro­
escribir ningún fragmento bueno!” o, en otro nivel, imaginar peo. Aunque basado directamente en la religión, ese Estado
al escultor desconocido de Milos exclamando; “¡Hoy no pue­ estaba por supuesto lejos del ideal; su contenido cristiano se
do romper los brazos de mi Venus!” Basándose en un análogo encontraba cruelmente pervertido, se expresaba de un modo
procedimiento reduccionista, no-histórico, en su Dialéctica de distorsionado; el fundamento final de esta deficiencia, sin em­
la Ilustración,4 Adorno y Horkheimer leen retroactivamente bargo, no debe buscarse en las circunstancias sociales externas
La Odisea desde la experiencia de la razón contemporánea téc­ que impedían la realización adecuada y plena de los valores
nico-instrumental; desde luego, ese procedimiento es no-his­ cristianos dentro de las instituciones estatales, sino en el con­
tórico; sjn embargo, precisamente a través de la sensación de cepto insuficientemente articulado de la religión cristiana en
absurdo que suscita, abre una distancia histórica real para no­ sí, en el ascetismo sin vida de la Iglesia, en su obsesión con el
sotros (lo mismo que la afirmación de Hegel de que “el Espí­ jA is Allá religioso, y su reverso necesario: la depravación de
ritu es un hueso”, en la cual el efecto real de la contradicción la Iglesia como institución social (según Hegel, sólo con el
absurda es la discordia que despierta en el lector). protestantismo la religión cristiana llegó a su verdad). De tal
modo, la deficiencia se redoblaba, se “reflejaba sobre sí mis­
ma”: la inadecuación del Estado real a la religión cristiana qua
La (falta de) identidad especulativa fundamento del Estado se correspondía con la inadecuación
t
de la religión cristiana en sí con su propio concepto, y tenía
Contra este trasfondo hay que aprehender la paradoja fun­ :sps raíces en esta última inadecuación. En esto consiste lu
damental de la identidad especulativa tal como ha sido reciente­ identidad especulativa del Estado y la religión: en la superpo­
mente vuelta a enunciar por Gillian Rose:5 en el juicio dialéc­ sición de las dos faltas, en la codependencia entre la deficien­
tico de identidad, la marca de la identidad entre su sujeto y c ia del Estado (su falta de identidad con la religión) y la defi­
predicado designa sólo y precisamente la modalidad específi­ ciencia intrínseca de la forma determinada de religión a la

142
Slavoj Zizek Lalengua hegeliana

cual ese Estado se remite como a su fundamento: el Estado y El notorio “sentimiento de culpa” no es, por lo tanto, más
la religión son entonces idénticos per negationem; su identidad que una estratagema para engañar al gran Otro, apartar su
consiste en la correlación de sus faltas de identidad con la fal­ atención del crimen real.7 En esto consiste la relación negati­
ta (deficiencia) intrínseca del término central que cimenta su va entre el universal y el particular: el crimen particular está
relación (la religión). aquí para ocultar la universalidad del crimen kaf exochen\ hay
En otras palabras, Hegel acepta plenamente la premisa una tensión dialéctica entre el universal y el particular; el
subyacente de la lógica kantiana-fichteana del Sallen, el hecho particular reniega y subvierte al universal que ejemplifica. En
de que la identidad del Estado y la religión se realiza siempre cuanto al estatuto del universal, Lacan no es por consiguiente
de un modo incompleto, distorsionado, de que la relación de un nominalista, sino definidamente un realista: el universal es
la idea universal con sus actualizaciones particulares es nega­ el “Real”, no el medio o ámbito apaciguador que une las par­
tiva; no obstante, lo que pasa por alto esta lógica del Sallen (de ticularidades divergentes, sino el límite insondable que impi­
la aproximación infinita al ideal en última instancia inalcan­ de que el particular alcance su identidad consigo mismo. Y es
zable) es que la serie misma de intentos frustrados que tienden a precisamente a la luz de esta paradoja como resulta manifies­
encamar la religión en la constitución del Estado actualiza la reali­ to que “todo se ilumina al aprehender y expresar la verdad,
dad de su identidad especulativa; el “contenido concreto” de esta no sólo como sustancia, sino también como sujeto”$ todo el
identidad es la lógica que “regula” su falta de identidad, la “contenido ” de la sustancia consiste en la serie de modos frustrados,
coacción conceptual que vincula la brecha que separa al Esta­ distorsionados en que la sustancia se reconoce (mal) a sí misma.
do de su fundamento religioso con la deficiencia intrínseca de El mejor remedio para esta interpretación errónea de la
ese fundamento.6 tesis hegeliana sobre la sustancia como sujeto consiste en ba­
El caso supremo de relación “negativa” de este tipo entre sarse en la idea cotidiana, de sentido común, de lo “subjeti­
el universal y sus ejemplificaciones particulares es desde luego vo”, como cuando decimos de alguna opinión que ella repre­
el parricidio edípico, paradigma del crimen, ese crimen kaf senta una visión “subjetiva” (distorsionada, parcial) de la cosa
exochen, ese acto del cual es culpable todo ser humano como en cuestión: la “sustancia como sujeto” significa (también)
ser de lenguaje, puesto que sólo podemos hablar bajo la égida que la no-verdad, el error, es intrínseco a la verdad misma;
de la metáfora paterna, del padre muerto (asesinado) que re­ pata resumir la perspicaz fórmula de Rose, la sustancia “es la
torna como su Nombre. La versión lacaniana del cogito es en no-verdad como sujeto”. Una vez más, esto es lo que signifi­
consecuencia “soy culpable, por lo tanto existo”: la existencia ca la identidad especulativa de la sustancia y el sujeto: su falta
misma del hombre qua ser del lenguaje implica una culpa fun­ misma de identidad, es decir, el modo en que su no-identi­
damental, y el denominado “complejo de Edipo” no es más dad (la brecha que separa al sujeto de la sustancia) es estric­
que un modo de evitar esta culpa. El hecho de que, como dice tamente correlativa a la no-identidad, la división intrínseca
Lacan, el propio Edipo no tuviera complejo'de Edipo signifi­ . de la sustancia en sí. ¿Qué mejor modo de ejemplificar esta
ca precisamente que él había pasado al extremo, al límite últi­ (no)identidad especulativa de la sustancia y el sujeto que re­
mo del destino humano, y había asumido plenamente su cul­ mitirnos de nuevo a la parábola de Kafka sobre la Puerta de
pa. La relación de los crímenes particulares, “reales”, con este la Ley, tomada de El proceso? El protagonista (el sujeto) se
Crimen por excelencia, és realmente ambigua: al asumir la encuentra impotente y anulado frente al impenetrable Pala­
responsabilidad de un crimem particular, el sujeto trata de cio de la Ley (la sustancia). Parecería que el siguiente pasaje
borrar la culpa que macula su existencia misma. de Hegel en la Fenomenología hubiera sido escrito como una

144
Slavoj Zizek Lalengua hegeliana

especie de comentario avant la lettre sobre la paràbola de se experimenta como un individuo abstracto, aislado, y ve a la
Kafka. sociedad como una entidad ajena, impenetrable, que gobierna
su vida a la manera de un destino todopoderoso. Lo que él no
La disparidad que existe en la conciencia entre el “yo” y la percibe es que su externad dad respecto de la sociedad es un
sustancia que es su objeto es la distinción entre ellos, lo negativo producto de esa misma sociedad, un índice de que la sociedad está
en general. Esto puede considerarse como el defecto de ambos,
en sí misma escindida, reducida a una red de individuos abs­
que es su alma, o lo que los mueve [...]. Ahora bien, aunque esto
tractos “mantenidos juntos” por una coerción externa, mecá­
negativo aparece primero como una disparidad entre el “yo” y su
objeto, es en igual medida la disparidad de la sustancia consigo nica, y no es todavía la sociedad consistente con su concepto:
misma. De modo que lo que parece suceder fuera de ella, ser una una comunidad viviente de individuos a quienes sus vínculos
actividad dirigida contra ella, es en realidad su propio hacer, y la sociales no les parecen una coerción ajena, sino una parte de
sustancia se muestra como esencialmente sujeto.9 su “naturaleza” más íntima, que abre el campo para la realiza­
ción de sus potenciales más propios. En síntesis, el excedente
Lo que el azorado protagonista no llega a advertir ante el de la sociedad sobre el individuo (la sociedad como una cosa-
terrorífico y magnifícente Palacio de la Ley es que esta extcr- en-sí inalcanzable, misteriosa) no es más que la forma inverti­
nalidad respecto de la sustancia, esta disparidad entre él y la da de aparición de esta falta, del hecho de que la sociedad
sustancia, es siempre-ya la “disparidad de la sustancia consigo misma no corresponde aún a su concepto, sino que sigue
misma”: su mirada, que percibe la sustancia (el Palacio de la siendo una red “mecánica” externa que vincula a los indivi­
Ley) desde afuera, como el misterio inalcanzable, trascen­ duos. El carácter “trascendente” de la sustancia, su excedente
dente, es al mismo tiempo la mirada por medio de la cual la que se sustrae a la aprehensión del sujeto, resulta de una espe­
sustancia se percibe a sí misma¡ aparece para sí misma como un cie de ilusión de perspectiva: es la consecuencia de que el su­
misterio insondable (imposible no recordar en este punto la jeto olvida incluir en el cuadro su propia mirada.
observación de Hegel en cuanto a que los secretos de los í:|¡ Recordemos a la enigmática Sarah de The French Lieute-
egipcios eran secretos para los propios egipcios). En otros nanfs Woman, de John Fowles, esa mujer paria, estigmatizada
términos, la palabra final del guardia al personaje agonizante por su pasado pecaminoso, que goza plenamente de su sufri­
(“...esta puerta estaba destinada solamente a ti”) no es más miento. No basta decir que su enigma fascina al héroe de la
que una paráfrasis, en los términos de Kafka, de la identidad novela; debemos dar un decisivo paso más y señalar que su
especulativa hegeliana de la sustancia y el sujeto: la mirada ex­ . enigma es escenificado para fascinar la mirada del héroe. Algo
terna del sujeto sobre la sustancia inescrutable está desde el " ; análogo sucede con la enigmática y terrorífica agencia del Po­
principio mismo incluida en la sustancia como índice de su der (el tribunal, el castillo) en Kafka: la totalidad del espectá-
disparidad consigo misma. Esto es lo que no se advierte desde culo se monta para fascinar la mirada de quienes intentan en
la “reflexión extrínseca” (la posición que percibe la sustancia |S|yvano penetrar en su misterio. El edificio pavoroso e impo-
como una inalcanzable cosa-en-sí): que su exterfíalidad a la ‘•||íÚente del Poder, por completo indiferente al individuo mise-
sustancia es una aut'oalienación de esta sustancia misma, el J||yfable, finge esa indiferencia para atraer su mirada. En cuanto
modo en que la sustancia es externa a sí misma. ’g||;íSarah es una histérica que erige su fantasía del “teniente ffan-
Para explicar este cortocircuito paradójico entre la exter- ;'"|jéés” para que su deseo sea sostenido como insatisfecho, mon-
nalidad y la autorrelación interna, pensemos en un caso (fal­ á también su teatro histérico a fin de atr aer la mirada de los
samente) “concreto”: el del sujeto burgués “atomizado” que Circunstantes: dar un paseo a caballo, al paso, en un estado de

146
Slavo] Zizek Lalengua hegeliana
V

trance absorto bajo el cielo tormentoso, y contar con el hecho (Zucker, Abrahams y Abrahams, 1978), una comedia sobre
de que ese trance solitario sea advertido. los turistas occidentales en la ex Alemania Oriental. En la es­
Ahora podemos tal vez entender la razón de que, para La- tación ferroviaria de la frontera, esos turistas pesencian un es­
can, Hegel sea “el más sublime de los histéricos”; la inversión pectáculo aterrador, con policías brutales, perros, niños gol­
dialéctica elemental consiste precisamente en convertir de tal peados. Pero, al terminar la inspección, todo el puesto
modo la trascendencia en inmanencia, como es característico aduanero se transforma, los niños golpeados se ponen de pie
en el teatro histérico: el misterio de una aparición enigmática y se sacuden el polvo y, en síntesis, el despliegue de “brutali­
no debe buscarse más allá de su apariencia, sino en la misma dad comunista” había sido preparado para los ojos occidentales.
apariencia de misterio. Esta paradoja se expresa del mejor mo­ - La ilusión kafkiana de una Cosa omnipotente que no nos
do en la frase francesa “il me regarde en me donnant a voir le ta­ presta ninguna atención, indiferente a nuestra mirada, es el
blean” (“él me mira dándome a ver el cuadro”). La ambigüe­ contrapunto simétrico-inverso de la ilusión que define la in­
dad del verbo francés 7'egarder (mirar, pero también, entre terpelación ideológica, a saber: la ilusión de que el Otro siem-
otras cosas, considerar, tomar en cuenta) es crucial: precisa­ pre-ya, desde siempre, nos mira, se dirige a nosotros. Cuando
mente al ofrecer a mi vista el cuadro del misterio horrible e nos reconocemos como interpelados, como los destinatarios de
inalcanzable (del tribunal, del castillo, de la mujer, etcétera) un llamado ideológico, no reconocemos la contingencia radical
que no se perturba por mí (je n ’y suis pour rien, no cuento para de que nos encontremos en el lugar de la interpelación; no
nada), la cosa, la sustancia, se interesa por mí, toma mi mira­ advertimos que nuestra percepción “espontánea” de que el
da en cuenta. Todo el espectáculo del misterio está montado Otro (Dios), la Nación, etcétera, nos ha elegido como desti­
para esa “nada” que es la mirada del sujeto. natarios de su apelación resulta de la inversión retroactiva de
Hay una conocida historia real sobre una expedición an­ la contingencia en necesidad: no nos reconocemos en el lla­
tropológica que intentó tomar contacto con una tribu salvaje mado ideológico porque hayamos sido elegidos; por el con­
de la selva de Nueva Zelanda; se suponía que esos aborígenes trario, nos percibimos como elegidos, como los destinatarios
bailaban una terrible danza de guerra con máscaras grotescas. de un llamado, porque nos reconocemos en él. El acto con­
Cuando la expedición llegó hasta la tribu, ellos se prestaron a tingente de reconocimiento engendra retroactivamente su propia ne­
danzar frente a los científicos, y el baile se ajustaba de hecho cesidad (la misma ilusión del lector de un horóscopo que “se
a la descripción, de modo que los exploradores obtuvieron el , reconoce” como su destinatario al tomar las coincidencias
material que deseaban sobre las extrañas y horribles cos­ A Contingentes de las oscuras predicciones con su vida real co-
tumbres de ese pueblo. Sin embargo, poco tiempo después se v nio tina prueba de que el horóscopo “habla sobre él”). La ilu­
demostró que esa danza salvaje no existía en absoluto: los sión kafkiana, por otro lado, es mucho más ingeniosa: rnien-
aborígenes sólo habían tratado de.satisfacer el deseo de los yytras nos percibimos a nosotros mismos como circunstantes
exploradores; hablando con ellos descubrieron lo que querían y externos que logran deslizar una furtiva mirada a algún miste-
y lo representaron para darles el gusto... Esto es ,1o que Lacan ?p||fíq inajestuos o indiferente a nosotros, somos ciegos al hecho
quiere decir cuando afirma que el deseo del sujeto es el deseo f|Íq.que todo el espectáculo de ese misterio está montado con
del Otro: los exploradores recibían de vuelta desde los aborí­ yyípf ojo en nuestra mirada, para atraer y fascinar nuestra mirada:
genes su propio deseo; lo extraño y perverso que les parecía |® ÉÓ tro nos engaña, en cuanto nos induce a creer que no he-
insólitamente terrible se montaba exclusivamente para ellos. •^¡jtfaos sido elegidos; en este caso, el destinatario real confunde su
La misma paradoja está muy bien satirizada en Supersect'eto ’ifyjlósición con la de un circunstante accidental.10

148
V

Skivoj Zizek Lalengua hegeliana

Estas dos ilusiones tienen en común que en ambos casos en realidad nunca puede) convertirse. En el curso de la evolu­
el sujeto no advierte que él mismo pone al Otro: con el acto ción dialéctica, todo borde demuestra ser un límite: a propó­
mismo de reconocerme como destinatario del llamado ideo­ sito de cada identidad, un poco antes o después experimenta­
lógico, yo (presu)pongo al Otro como la agencia que confiere mos necesariamente que su condición de posibilidad (el borde
significado a la contingencia de lo Real; por medio del acto que delimita sus condiciones) es simultáneamente su condi­
mismo de percibirme como el testigo impotente, desdeñable, ción de imposibilidad.
insignificante, del espectáculo del Otro, yo constituyo su ca­ La identificación nacional es un caso ejemplar de borde
rácter misterioso, trascendente. La relación intersubjetiva psi- externo que se refleja en un límite interno. Desde luego, el
coanalítica presenta este aspecto, pasado en silencio por la primer paso hacia la identidad de la nación pasa por sus dife­
teoría althusseriana de la interpelación, en su forma más pura, rencias respecto de otras naciones, y establece un borde exter­
por así decir, destilada: en el acto de la transferencia, el anali­ no: si me identifico como un inglés, me distingo de los france­
zante (presu)pone al Otro (el analista) como “el sujeto su­ ses, los alemanes, los escoceses, los irlandeses, etcétera. Sin
puesto saber”, como una garantía de que sus “asociaciones embargo, en la etapa siguiente, se plantea la cuestión de quién
libres” contingentes en última instancia recibirán un signifi­ es “el verdadero inglés” entre los ingleses, el paradigma de la
cado, y la “pasividad” y “neutralidad” del analista apuntan “angficidad”. ¿Quiénes son los ingleses que corresponden ple­
precisamente a frustrar la demanda de interpelación por par­ namente al concepto de inglés? ¿Lo son los nobles terrate­
te del analizante, es decir, su expectativa de que el analista le nientes que aún quedan? ¿Los obreros industriales? ¿Los ban­
ofrezca un punto de identificación simbólica. De este modo, queros? En realidad, en la imaginería política del gobierno de
el analista obliga al analizante a enfrentar su propio acto de pre­ Thatcher se produjo una revolución, con un cambio en el
suponer al Otro. centro de gravedad de “la anglicidad real”: dejaron de ser
“verdaderos ingleses” los terratenientes de la nobleza que pre­
servaban las antiguas tradiciones, reemplazados por los self-
Lalengua y sus límites ifiade men de los estratos inferiores, que se habían “hecho a sí
mismos”. Pero, por supuesto, la respuesta final es que nadie es
Esta relación negativa entre el universal y el particular plenamente inglés, que todo inglés empírico contiene algo
también da una clave de la distinción hegeliana entre borde y “no-inglés”. La “anglicidad” se convierte entonces en un “lí­
límite: el borde es la limitación externa de un objeto, el confín mite interno”, un punto inalcanzable que les impide a los in­
cualitativo que le confiere su identidad (un objeto es “él mis­ gleses empíricos realizar su plena identidad consigo mismos.
mo” sólo dentro de esos confines, en cuanto satisface un con­ En otro nivel, la misma diada puede servir como herra­
junto de condiciones cualitativas), mientras que el límite re­ mienta conceptual para definir la grieta entre el arte tradicio-
sulta de una “reflexión sobre sí mismo” del borde; el límite náí y el arte moderno. La obra de arte tradicional presenta un
surge cuando las determinaciones (la determinicjad) que defi­ todo orgánico redondeado al que se le ha conferido armonía
nen la identidad del objeto se reflejan en este objeto y asumen por medio del borde que lo separa de siT exterior, mientras
la forma de su propio límite inalcanzable, de aquello en lo qüe el modernismo, por así decirlo, internaliza este borde ex­
que el objeto nunca podrá convertirse plenamente, de aquello o r n o , que de tal modo comienza a funcionar como límite,
a lo que sólo puede aproximarse (mal) en el infinito. En otras , como el impedimento interno para su identidad. La obra de
palabras, el límite es aquello en lo que el objeto debe (aunque 'arte ya no puede alcanzar su redondez orgánica, “convertirse

ISO
Lalengua begeliana
Slflvoj Zizek
las cosas posibles”. Una totalidad sin excepción que sirva co­
plenamente en sí misma”; lleva una marca indeleble del fraca­
mo borde no deja de ser un conjunto inconsistente, defectuo­
so y del deber (Sollen)\ de allí su intrínseco carácter épico. Ya la
so, que “no se mantiene unido”, un conjunto “no-todo” (pas-
escritura de Mallarmé no era en su totalidad más que una se­
tout). Tomemos, por ejemplo, la verdad: sólo puede decirse
rie de intentos frustrados por producir “el Libro”; este fraca­
que es “toda” si se la concibe como adequatio a un borde-ob­
so constitutivo es lo que justifica la definición del arte moder­
jeto externo (la “realidad”, el “pensamiento puro”, etcétera).
no como “experimental”. Contrariamente a lo que sostiene la
Sostener que la verdad es “no-toda” equivale a decir que no
opinión prevaleciente, que concibe el advenimiento del arte
consiste en una relación externa de la proposición con alguna
moderno como una ruptura de los confines edípicos de la me­
medida externa, sino que mora en el seno del lenguaje mis­
táfora paterna, tenemos que reconocer sus rasgo fundamental
mo, que es un efecto inmanente del significante.
en el surgimiento de la agencia ética de una deuda simbólica
Por lo tanto, si no hay ningún borde (externo) del lengua­
irreparable que socava la “regresión” al fetichismo preedípico
je, esta misma ausencia de borde indica el movimiento circu­
propio del estatuto de la obra de arte tradicional.
lar que caracteriza el campo de lalengua: puesto que el signi­
El concepto lacaniano de lalengua (lalangtié)11 tiene que
ficante carece de soporte externo, en última instancia sólo se
ver con el campo del lenguaje en cuanto está “barrado” por
relaciona consigo mismo. Allí reside la diferencia entre la “ar­
un límite intrínseco de ese tipo, que le impide constituirse co­
bitrariedad” (del signo) y la “diferencialidad” (del significan­
mo un todo consistente. Es decir que “lalengua” es el lengua­
te): se trata de la “arbitrariedad” cuando podemos trazar un
je en cuanto el borde externo que le garantiza su identidad
borde externo con referencia al cual los signos son “arbitra­
consigo mismo se refleja en el propio lenguaje y asume la for­
rios” (la “realidad”, el “pensamiento puro”, los “datos inme­
ma de un impedimento intrínseco que transforma el campo
diatos de los sentidos”, etcétera); cuando este borde desapare­
en una totalidad inconsistente, “no-toda”. Desde luego, el
ce, cuando ya no es posible construirlo, nos encontramos en
punto crucial en Lacan es que la secuencia lógica tiene que
el círculo vicioso que define a un orden diferencial. Un signi­
ser invenida: lalengua es lógicamente “primordial”, y el modo
ficante es sólo su diferencia repecto de los otros significantes,
de convertir su campo inconsistente, no-universal, en una to­
y puesto que lo mismo puede decirse de todos los otros, ellos
talidad cerrada y coherente es “expulsar”, excluir su límite in­
nó pueden formar nunca un todo consistente. El conjunto de
trínseco hacia un borde externo. Evocando la conocida frase
los significantes está condenado a girar en círculo, luchando
irónica, tenemos que hablar de “todas las cosas posibles y
en vano por alcanzar... ¿qué? Alcanzarse a sí mismo como pu­
también algunas otras”: lo que hay que excluir para que el
ra diferencia. Lo inaccesible para él no es (como en el caso
campo de “todas las cosas posibles” pueda constituirse. En
del signo) la “realidad externa”, sino el puro significante en sí,
otras palabras, un todo siempre se basa en una excepción
la diferencia que separa y de tal modo constituye los signifi­
constitutiva: nunca podemos obtener un cónjunto completo
cantes, su Ínter-dicción. El borde del signo es la “cosa”; el lí­
de significantes sin excepción, puesto que él gesto mismo de
mite del significante es el significante “puro” en sí.12
completamiento entraña la exclusión. i
¿Y lo Real? ¿Dónde está en este movimiento circular dé
En esto consiste la paradoja fundamental de la “lógica del
( lalengua? En este punto podemos utilizar la distinción entre
significante”: a partir de una colección no-toda, no-universal,
la realidad y lo Real: la realidad, como acabamos de ver, sirve
constituimos una totalidad, pero no agregando algo, sino, por
(com o borde externo que nos permite totalizar el lenguaje,
el contrario, sustrayéndole algo, a saber: el “también”, el “ade­
convertirlo en un sistema cerrado y coherente, mientras que
más” excedente cuya exclusión genera la totalidad de “todas

152
Slavoj Zizek Lalengua hegeliana

lo Real es su límite intrínseco, el pliegue insondable que le gaard le opone la “etapa ética”, en la cual el sujeto se eleva
impide realizar su identidad consigo mismo. En esto consiste la norma moral universal, cuyo vehículo propio es la palabrax
la paradoja fundamental de la relación entre lo Simbólico y lo (como lo ha señalado Hegel, el significado de las palabras es
Real: la barra que los separa es estrictamente interna de lo Sim­ siempre universal: incluso “aquí y ahora” significa todo “aqtiíy
bólico, puesto que impide que lo Simbólico “se convierta en sí ahora”)', éste es un modo de vida regulado por el principio de
mismo”. El problema del significante no es su imposibilidad realidad.
para tocar lo Real, sino su imposibilidad para “alcanzarse a sí Pero esta interpretación no toma en cuenta la dimensión
mismo”; lo que le falta al significante no es el objeto extralin­ crucial de Don Giovanni: nadie es más diferente que él de un
güístico sino el Significante en sí, un Uno no barrado, no Narciso enamorado de sí mismo, carente de compasión, que
obstruido. O bien, para decirlo en “hegelés”, el significante goza la orgía del momento, socavando toda la estructura co­
no pierde sencillamente al objeto, sino que desde siempre “se dificada, etcétera. En el corazón mismo de su ímpetu, encon­
extravía” en su relación consigo misino, y el objeto se inscribe en tramos una relación con la estructura (significante). Por cierto,
el blanco abierto por este fracaso. La positividad misma del Don Giovanni quiere “tenerlas a todas”, pero aparecen los
objeto no es más que una positivización, una encarnación de problemas en cuanto ya no se contenta con tomar a las muje­
la barra que le impide al significante “convertirse en sí mis­ res “una por una”, en cuanto intenta ordenarlas en especies y
mo” plenamente. Esto es lo que Lacan quiere decir con su ex­ subespecies, convirtiendo su colección dispersa en un Todo
presión “La Mujer no existe”: La Mujer qua objeto no es más estructurado.
que la materialización de una cierta barra del universo simbó­ Basta con recordar el hecho sintomático de que el frag­
lico. Lo puede atestiguar Don Giovanni. mento más célebre de Don Giovanni, el aria de Leporello
<(Madamina, il catalogo é q u e s t o cataloga las conquistas de
Don Giovanni; se enreda en diferentes atolladeros precisa­
La disputa sobre el Todo mente cuando trata de calibrarlas “a todas” sobre la base de
un principio único, de modo que se ve obligado a recurrir a
La figura de Don Giovanni (el donjuán de la ópera de diferentes criterios de clasificación: primero, el criterio nacio­
Mozart) es habitualmente concebida como la encarnación nal (en Italia seiscientos cuarenta, etcétera, hasta las “mille e
de la lujuria salvaje, demoníaca, que aplasta todo obstáculo, tre” de España); después, el criterio del estrato social (campe­
arrasa con todas las convenciones sociales, incluso los lazos sinas, criadas, mujeres de la ciudad, condesas...); finalmente,
del lenguaje: en síntesis, una suerte de fuerza primordial que en una especie de “reflexión sobre sí mismo” del procedi­
amenaza la consistencia misma del edificio social. Esta opi­ miento, la enumeración de los criterios (mujeres de todo grado,
nión ha encontrado su expresión suprema én el famoso texto forma y edad...). A continuación de este primer momento
de Kierkegaard en 0 bien... o bien..., donde el donjuán perso­ que llega al hartazgo, Leporello, por así decirlo, cambia de
nifica la “étapa estética”, la actitud de un sujeto que agota su registro y pasa a la enumeración de las características “inma-
naturaleza en el goce momentáneo que se consume a sí mis­ merites”, “naturales” de las mujeres, dispuestas en parejas dé
mo; el vehículo propio de este modo de vida regulado por el "opuestos (rubia/morena, corpulenta/delgada, baja/alta), des­
principio de placer es, desde luego, la música, una danza dio- critas con referencia a su “valor de uso” (cuando Don Gio-
nisíaca ejemplificada del mejor modo por el “aria del cham­ vanni tiene frío en invierno seduce a una dama entrada en
pán” de la ópera de Mozart. A esta “etapa estética” Kierke- carnes; cuando necesita ternura, se acerca a una rubia delica-

154
t
Slavoj Zizek Lalengua hegeliana

da, etcétera). La última pareja de la serie (mujer vieja/joven cancías, estamos ante una inversión fetichista; el valor de uso
virgen) introduce de nuevo un nivel de “reflexión sobre sí es una mera forma de aparición del valor de cambio. En otras
mismo”: “Conquista a las viejas/ por el puro placer de sumar- palabras, la fuerza impulsora fundamental de las conquistas de
las a la lista/ mientras que su pasión predominante/ es la Don Giovanni no es la pasión sino el placer de añadir a la lis­
joven virgen”. No resulta difícil ubicar la paradoja de esta úl­ ta, como se afirma abiertamente en la mencionada “aria del
tima oposición: ¡como si a todas sus conquistas no las acompa­ champán”. Por lo general se considera que esta pieza consti­
ñara la pasión y su causa no fuera aumentar la lista! En otras tuye el más puro despliegue de la supuesta actitud de Don
palabras, es como si la última pareja ocupara, entre las dife­ Giovanni, cuyo goce devastador lo devora todo en su torbelli­
rentes especies, el lugar de su género como tal: no caótico y, a medida que avanza, el aria parece confirmarlo;
no obstante, en su ápice, en el clímax del frenesí dionisíaco
[...] como si, junto a (y distinto de) los leones, los tigres, las lie­ informe, de pronto, por así decirlo, nos encontramos del otro
bres y todos los otros animales reales que constituyen en un gru­
lado de la banda de Moebius. Don Giovanni asocia el goce
po las diferentes razas, especies, subespecies, familias, etcétera,
supremo con la lista: “¡Ah, a mi lista/ mañana por la mañana/
del reino animal, existiera, además, el Animal, la encarnación in­
dividual de ese reino.13 tendrás que agregar/ una docena!”, le dice a Leporello, su
servidor a cargo del catálogo (un hecho que no es en absoluto
O bien, según lo diría Leporello, como si junto a (y distin­ insignificante: esta referencia a la lista que determina la pa­
to de) las mujeres que encarnan diferentes cualidades para sa­ sión más íntima de Don Giovanni hace que su posición subje­
tisfacer distintas necesidades, existiera además, La Mujer, la tiva dependa de su servidor).
encarnación individual del reino femenino: ésa es la mujer La conclusión general es entonces bastante clara: puesto
que, según Lacan, “no existe”, y por ello Don Giovanni está que “La Mujer no existe”, Don Giovanni está condenado a
condenado a huir de una mujer a otra. ¿Por qué entonces esta un interminable movimiento metonímico; su potencia no es
“La Mujer”, el equivalente general de las mujeres, está dividi­ más que una forma de aparición de lo opuesto: una funda­
da en “vieja” y “joven”? Como acabamos de ver, el valor de mental itnpotencia designada por Lacan como “la imposibili-
uso de la mujer “vieja” consiste en que añade otro nombre a v dad de la relación sexual”. Esta imposibilidad se hace efectiva
la lista: precisamente por no tener ningún uso particular, ella en el momento en que la sexualidad es atrapada en la telaraña
presenta y personifica el valor de cambio de todas las otras vv ; del,lenguaje: está claro que la sexualidad es posible para los
mujeres; la “joven”, por su lado, encarna lo opuesto, la “utili­ \ anímales llevados por su olfato infalible, mientras que todos
dad” como tal, en su aspecto no específico, universal. La res­ sabemos qué cruel jugarreta le hizo el olfato a Don Giovanni.
puesta proviene entonces de la homología con el mundo de la ,En el primer acto, cuando él siente el odor di femina y em-
mercancía: la división es simplemente la qüe separa el valor : prende la seducción de la desconocida velada, ¡pronto descu-
de cambio (la equivalencia simbólica de todas las mujeres en v •bre que la misteriosa bella es Donna Elvira, su esposa, a quien
cuanto están inscritas en el catálogo) y el valor de "uso (la pro­ »quería evitar a cualquier precio!
piedad que deben tener para satisfacer la pasión de Don Gio­ ^11, ; ,, Esta respuesta, no obstante, deja abierta la cuestión de las'
vanni). AíL condiciones históricas concretas de la aparición de una figura
Pero lo esencial es que la existencia misma de esta división .como Don Giovanni. A propósito de Antígona, Lacan escribió
implica el predominio del valor de cambio (el significante) so­ ;> i; qne presenta el caso paradójico de un rechazo del humanismo
bre el valor de uso (la pasión). Como en el caso de las mer- fl^Plíáñtes de su advenimiento; ¿no ocurre de algún modo lo mis-

156 151
Slavoj Zizek Lalengua hegeliana

mo con el Don Giovaimi de Mozart, que articula el rechazo de a él lo impulsa una compulsión interior que está “más allá del
la ideología burguesa del amor de pareja, antes de su hege­ principio de placer”.
monía en el curso del siglo XIX? (Incluso dentro de la obra En síntesis, si Casanova fue un correlato del salón prerre-
de Mozart, la glorificación de la pareja armoniosa en La flauta volucionario de librepensadores, el Don Giovanni de Mozart
?nágica sigue a su rechazo en Don Giovanni.) Una respuesta es un correlato del jacobinismo, una especie de “jacobinismo de
implícita casi marxista es la que se encuentra en la versión fíl- la economía libidinal”: la paradoja de xmpuritan débaucbé. Los
mica de la ópera realizada por Joseph Losey: la huida de Don jacobinos cortaban las cabezas de los ciudadanos que cedían a
Giovanni al libertinaje expresa la perspectiva social desespera­ placeres decadentes y nunca asumían plenamente el ideal del
da de la clase gobernante feudal en declinación... Aunque Ciudadano; Don Giovanni rechazaba con desprecio a las mu­
Don Giovanni pertenece sin duda a la clase gobernante, pare­ jeres que nunca vivían a la altura de La Mujer. Pero esta ho­
ce sin embargo que esa “sociologización” rápida no toma en mología es mediada por una imposibilidad: el “jacobinismo de
cuenta la mediación histórica concreta que condionó su la economía libidinal” de Don Giovanni nunca puede satisfa­
emergencia. cer al jacobinismo político “real”. A causa de su posición so­
Permítasenos perfilarla por medio de una comparación cial (miembro de la clase gobernante en decadencia), Don
entre Don Giovanni y Casanova. Casanova es el opuesto Giovanni realizó el jacobinismo en el único campo abierto a
exacto de Don Giovanni: alegre estafador e impostor, un epi­ él, el de la sexualidad.14 Por ello su destino final fue el mismo
cúreo que irradia simple placer y no deja detrás de sí ningún que el de los jacobinos: un “excedente” molesto, un “media­
sabor amargo de venganza, y cuyo libertinaje no representa dor evanescente”, destinado a desaparecer, apartado del cami­
ninguna amenaza seria para su ambiente. El es una especie de no en cuanto se estableció la hegemonía ideológica burguesa
correlato de los librepensadores del salón burgués del siglo del amor íntimo de pareja.
XVIII: lleno de ironía e ingenio, cuestiona todas las opiniones
establecidas, pero su transgresión de lo socialmente aceptable
nunca toma la forma de una posición firme que constituya II. J uicio en ausencia
una amenaza seria para el orden existente. A su libertinaje le
falta la nota fanática-metódica, su espíritu es el de la permisi­ “La palabra es un elefante”
vidad, no el de las purgas; propugna la “libertad para todos”,
y no todavía “ninguna libertad para los enemigos de la liber­ U. La “falta de identidad” como componente clave de la
tad”. Casanova sigue siendo un parásito que se alimenta del identidad especulativa encuentra su expresión más clara en la
cuerpo en descomposición de su enemigo, y como tal está teoría hegeliana del juicio, en el hecho (sorprendente para
profundamente ligado a él: no sorprende que condenara los ;k quienes siempre esperan de Hegel la misma bendita “tríada”)
“horrores” de la Revolución Francesa, puesto que ella barrió y^udé que hay cuatro tipos de juicio, y, no tres: el juicio de exís-
con el único universo en el cual él podía prospera'r. Sólo Don ■fctencia, el juicio de reflexión, el juicio de necesidad y el juicio
Giovanni llevó el libertinaje al punto de su “autonegación” y :.yúde concepto: De inmediato mostramos nuestras cartas: los
transformó la resistencia al Deber en el Deber de resistir: sus ■'Jfgítrés primeros juicios adquieren el cuarto porque “la sustancia
conquistas no son una cuestión de gozar los placeres simples ^ es sujeto”; en otras palabras, la falta de identidad entre sujeto
de la vida, sino stricto sensu un Deber compulsivo. Para em­ , dd 7 predicado es postulada como tal en el cuarto juicio (el de
plear términos kantianos: son estrictamente “no-patológicas”; ip líó n c e p to ).1s

158 159
Slavoj Zizek Lakngua hegeliana

Comencemos por la primera forma, el juicio de existencia. una determinación particular: la expresión positiva del juicio
Esta forma deriva directamente lo individual como último negativo es “el sujeto (este individuo) es una particularidad”;
(tercer) momento del concepto. Hegel inicia su sección sobre la rosa, por ejemplo, tiene algún color particular (es azul, o
el juicio con la proposición siguiente: El juicio es la dete?ynini- amarilla, o roja...).
dad del concepto puesta en el concepto mismo.16 El juicio {Vr- La tercera forma del juicio, el juicio infinito, redobla la
teil) originalmente divide (nr-teilen) el concepto (uno más de / negación que ya opera en el juicio negativo, o más bien la lle­
los célebres juegos de palabras de Hegel) en sujeto y predica­ va a la autorreferencia: no sólo niega algún predicado (parti­
do, es decir que la determinidad de una individualidad (una cular) sino el dominio universal en sí presente en la negación
entidad sustancial que subsiste por sí misma como momento idel predicado particular. El juicio infinito es entonces absurdo
final de la tríada conceptual de lo universal, lo particular y lo ; en su forma se niega un predicado (particular) cuyo género
individual) es externalizada, opuesta a la individualidad, y de (universal) es en sí incompatible con el sujeto. Tenemos en­
tal modo puesta como tal. El sujeto individual es ese predica­ tonces sentencias de saber vacío como “la rosa no es un ele­
do (esta o aquella determinación abstracta-universal). En el fante”, “el espíritu no es rojo”, “la razón no es una meta”, et­
ejemplo de Hegel, “la rosa es roja”. cétera. Como dice Hegel, estos juicios son exactos o
Debemos tener cuidado en dos puntos. En primer lugar, verdaderos, pero sin embargo absurdos e insulsos. Hegel aduce
todo el contenido sustancial está del lado del sujeto: lo que se el crimen como ejemplo de juicio infinito, y podemos enten­
presupone como teniendo “existencia real” (y por esta razón der por qué, precisamente a partir de lo mencionado: en con­
hablamos de “juicio de existencia”) es el sujeto, el individuo, y traste con un conflicto legal ante los tribunales, en el que am­
el predicado es sólo alguna propiedad abstracta-universal que bas partes invocan leyes particulares, una detrás de otra, pero
él adquiere; no tiene existencia por sí mismo. La contracara admitiendo la ley universal (la legalidad) como ámbito obliga­
es que la relación entre sujeto y predicado aparece como torio, el acto criminal cuestiona la esfera general de la ley
completamente extrínseca: el predicado es alguna propiedad í|’ misma, la ley como tal.17
abstracta-universal completamente indiferente, adquirida por La forma positiva del juicio infinito (precisamente porque
el sujeto, y no algo que dependa de la naturaleza interior de "y niega no sólo el predicado particular sino el género en el que
este último. b el predicado puede reunirse con el sujeto) no es ya un juicio
Después del juicio positivo, la segunda forma del juicio de i; particular implicado por la negación: de “la rosa no es roja” se
existencia es el juicio negativo: pone esa relación extrínseca • sigue que la rosa es de algún otro color, pero de “la rosa no es
indiferente como tal, negando la primera forma; si lá natura­ un elefante” no se sigue ninguna determinación particular po-
leza sustancial de la rosa es por completo indiferente a que ysitivá. De modo que el polo opuesto positivo del juicio infini-
sea o no roja, sería igualmente razonable postular que “la rosa T:to negativo sólo puede ser una tautología: de “la rosa no es un
no es roja”. Como lo subraya Hegel, no negamos la relación rTélefante” se sigue sólo que “la rosa es una rosa”. La tautología
entre sujeto y predicado como tal: la sentencia “<la rosa no es V;j||íéxpresa en forma positiva sólo la extemalidad radical del predi-
roja” se considera sólo contra el fondo de que la rosa tiene al- ;i|p^ado respecto del sujeto; lo que aparece en el juicio infinito es
giín (otro) color, digamos el azul. De manera que el juicio ne­ >||íé$ta “verdad” de toda la esfera del juicio de existencia: como
gativo procede desde lo universal a lo particular: la determini­ ' \’'!p|üjeto y predicado son completamente extrínsecos, ningún
dad del predicado inicialmente postulado como un universal TfM?redicado puede determinar adecuadamente al sujeto, o más
abstracto es ahora especificada como algo particular, como tó|||péri, él único predicado adecuado al sujeto es el sujeto mismo.

160 161
Slavoj Zizek La lengua hegeliana

Lo que sigue siendo enigmático en este punto es sólo que la tríada “la rosa no es un elefante”, “la rosa es una rosa” y
Hegel, junto a la negación y la tautología “insulsa”, no men­ “la tosa es un elefante”. La verdad especulativa de esta última
cione la tercera forma del juicio infinito, la forma afirmativa forma es demostrada por Lacan cuando, en su primer Semina-
aparentemente “absurda” (digamos, “la rosa es un elefante”). rio, evoca una paradoja análoga (“La palabra es un elefante”),
Lo que tenemos aquí no es una especie de posibilidad vacía, para ejemplificar la relación dialéctica negativa entre la pala­
puesto que esa forma de juicio infinito porta el contenido es­ bra y la cosa, el hecho de que la palabra implica el asesinato
peculativo de la dialéctica de la fenomenología en la Fenotne- simbólico de la cosa: “la palabra es un elefante” significa que
nología del espíritu: “el Espíritu es un hueso”. Sólo este juicio Ún elefante está “más presente” en la palabra que lo evoca que
expresa plenamente la “falta de identidad” especulativa me­ en sil ser físico inmediato; está presente (como Lacan lo seña­
diante la afirmación de la identidad imposible de dos momen­ la por medio de una referencia a Hegel) en su concepto:
tos mutuamente excluyentes: este juicio (si lo leemos inme­
diatamente) es experimentado como obviamente absurdo; la Por cierto, el concepto no es la cosa tal como ella es, por la
discrepancia entre los momentos es absoluta; sin embargo, el sencilla razón de que el concepto está siempre donde no está la
“Espíritu” como poder de la negatividad absoluta no es más cosa, está allí para reemplazar a la cosa, como el elefante que in­
troduje en la habitación el otro día por medio de la palabra ele­
que esta absoluta discrepancia.18 La tesis “la sustancia es el
fante. Si esto fue tan sorprendente para algunos de ustedes, se
sujeto” debe leerse exactamente como una especie de “juicio
debió a que resultó claro que el elefante estuvo realmente allí en
infinito”: no significa que la sustancia sea “realmente sujeto” cuanto lo nombramos. De la cosa, ¿qué es lo que puede estar
(que el sujeto, la autoconciencia, sea el fundamento, la sustan­ 1 allí? Ni su forma, ni su realidad, puesto que, en la situación ac­
cia de toda existencia) sino que nos arrastra a una contradic­ tual, todos los lugares están ocupados. Hegel lo dice con extre­
ción absoluta entre sustancia y sujeto: la sustancia nunca pue­ mo rigor -el concepto es lo que hace que la cosa esté allí, mien-
de alcanzar al sujeto, nunca puede abarcar en sí el poder tras, constantemente, no lo está.20
negativo del sujeto, y el sujeto no es más que esta incapacidad
de la sustancia para contenerlo dentro de sí, esta escisión in­ “La palabra es un elefante” expresa entonces la identidad
terna de la sustancia, esta falta de identidad consigo misma. especulativa de “palabra” y “elefante”, el hecho de que un ele­
En esto consiste la inversión especulativa que nos da la fante está presente en la palabra “elefante” como aufgehoben,
clave de la lógica del juicio infinito. No basta decir que hay ))úfernalizado-superado.
una falta de identidad entre sustancia y sujeto: si sólo hace­ ¿Adonde, entonces, nos lleva el resultado de la dialéctica
mos esto, seguimos presuponiendo que la sustancia y el suje­ dpi juicio de existencia? A la contradicción absoluta, al de-
to son dos entidades (positivas, idénticas) entre las cuales no ifpinbe de cualquier medio común entre sujeto y predicado,
hay identidad; se trata más bien de que uno de los dos momentos :],0 que culmina con la reducción del sujeto a una tautología,
(el sujeto) no es más que la no-identtdad-consigo-mjsmo del otro Ja que el único predicado que admite es él mismo. No po-
momento (la sustancia). “El Espíritu es un hueso” significa que fríos decir nada sobre el sujeto como tal, no podemos atri­
el hueso en sí nunca podría lograr una completa identidad
consigo mismo, y el “Espíritu” no es más que la “fuerza de la
negatividad” que le impide al hueso “convertirse en sí mis­
mo” plenamente.19
I lle nada, ninguna determinación: está reducido a un “esto”
Allí se produce la transición a la forma siguiente del jui-
juicio de reflexión: el juicio de reflexión toma conoci-
:s|i|éñto del resultado del juicio de existencia (que el sujeto del
El juicio infinito queda entonces ramificado internamente es un “esto” nulo, vacío, carente de contenido sustan-

162 163
Slfívoj Zizek Lalengua hegeliana

cial) y traslada el centro de gravedad al otro lado, al predicado, de reflexión, por el contrario, todo el movimiento está del la­
que entonces aparece como el momento sustancial. do del sujeto, mientras que el predicado permanece como un
El rasgo crucial del juicio de reflexión es, por lo tanto, que firme contenido sustancial; la dirección del movimiento es
dentro de él se postula alguna individualidad contingente en también contraria: va de lo individual a lo universal a través
relación con alguna determinación que no es ya su propiedad de lo particular. Esta inversión déla dirección es fácil de cap­
abstracta-universal indiferente, sino su detemúnación esencial. tar: el predicado de un juicio de existencia se adecúa gradual­
La universalidad no es aquí la “propiedad” abstracta de una mente al sujeto (individual), hasta coincidir con él en una
cosa sustancial, sino una esencia abarcativa que subsume las . identidad imposible, mientras que en el juicio de reflexión el
individualidades. Como dice Hegel, los juicios de reflexión ; $qjéto se adecúa gradualmente al predicado universal expan­
son juicios de subsunción: el predicado subsume un círculo diéndose desde lo individual a lo universal. Las tres formas de
cada vez más amplio de sujetos como una determinación juicio de reflexión son, por lo tanto, el juicio singular, el jui­
esencial que existe en sí misma. Ejemplos de juicio reflexivo cio particular y el juicio universal. Por ejemplo: “este hombre
son: “los hombres son mortales”, “las cosas son transitorias”, ,es mortal”, “muchos hombres son mortales”, “todos los hom­
etcétera. Que todas las cosas (materiales, finitas) son transito­ bres son mortales”.
rias es su determinación esencial: deriva de su concepto mis­
mo, del hecho de que tengan la negatividad fuera de sí mis­
mas (en la forma del poder del tiempo, al que están tas paradojas de la sexuación
sometidas). El hecho de que estos juicios son “reflexivos” se
le revela incluso a una primera mirada superficial, que en este /. Pasamos entonces desde el juicio de reflexión a la forma
caso no engaña: los juicios del tipo “las cosas son transito­ siguiente, el juicio de necesidad: basta con que postulemos
rias”, “los hombres son mortales”, etcétera, expresan lo que expresamente la determinación de universalidad contenida en
queremos decir por “reflexión” en el lenguaje cotidiano -pen­ iel juicio universal; en términos concretos, en lugar de “todos
samientos más profundos sobre la naturaleza de las cosas. ■ joshombres son mortales”, debemos decir solamente “e/ hombre
Pero Hegel emplea el término en un sentido estrictamen­ ^ mortal”. El cambio concierne sólo a la forma, aunque es
te técnico: en los juicios reflexivos el sujeto (que anteriormen­ .qsencial: incluso en el nivel intuitivo no resulta difícil sentir
te, en el juicio de existencia, era concebido como una entidad 'y^[]lé;los enunciados “todos los hombres son mortales” y “el
sustancia] subsistente por sí misma) es postulado como algo .fjlipmbre es mortal” no tienen el mismo peso: al pasar del pri-
transitorio-insustancial, como algo que sólo “refleja”, cuya inéroal segundo nos movemos desde el conjunto empírico de
realidad contingente sólo refleja el en-sí de una esencia per­ Rocíos los hombres” (de lo que todos los hombres tienen en
manente, expresada en el predicado. La “reflexión” debe en­ y^pniún) a la universalidad, a la determinación necesaria del
tenderse aquí en el sentido de reflexión extrínseca: el mundo M$I^cePt0 hombre como tal. En otras palabras, mientras
finito es postulado como la apariencia indiferente, transitoria, '^úóen el juicio de reflexión aún nos referimos a la relación de
que refleja alguna esencia trascendental, universal. Indeterminación conceptual (el predicado) con el conjunto
Según hemos visto, en el juicio de existencia todo el movi­ f l|§|itihgente, no-conceptual de las entidades empíricas (“es-
miento está del lado del predicado: el sujeto es puesto como « f c e n el juicio de necesidad ingresamos en el dominio de
una entidad sustancial permanente, y el predicado pasa de lo f i l i a c i o n e s necesarias del concepto, de las autodetermina-
universal a lo individual a través de lo particular. En el juicio . fjriesjnmanentes del concepto como tal. La “mortalidad” no

164 165
Slavoj Zizek
r Laltngua hegeliana

es ya el predicado de una entidad extraconceptual, sino la de ­ 3x.<£x 3x.d>x


terminación inmanente de “hombre”. Vx.<J>x Vx.3>x
El alcance total de este cambio puede ser determinado
más precisamente por medio de la conocida paradoja de la re­ Para el sentido común, estas fórmulas, si se las vincula en
lación entre el juicio universal y el juicio de existencia en el pares diagonales, son equivalentes: “todas las x están sometidas
silogismo aristotélico clásico: el juicio de existencia implica la $ ja función <X>”, ¿no es estrictamente equivalente a “no hay
existencia del sujeto, mientras que el juicio universal es verda­ ninguna x que pueda ser exceptuada de la función O ”? Y, por
dero aunque su sujeto no exista, puesto que sólo se refiere al otro lado, “no todas las x están sometidas a la función <í>”, ¿no
concepto del sujeto. Por ejemplo, si decimos “por lo menos es estrictamente equivalente a “hay (por lo menos) una x que
un hombre es (o algunos hombres son) mortal (mortales)”, está exceptuada de la función O”? Pero, como acabamos de
este juicio es verdadero sólo si por lo menos existe un hom­ ver, para Lacan la equivalencia es vertical. Nos acercamos a la
bre; en cambio, si decimos “el unicornio tiene un solo cuer­ solución si no leemos el cuantificador universal del par inferior
no”, este juicio sigue siendo verdadero aunque no existan uni­ (le las fórmulas en el nivel del juicio reflexivo, sino en el nivel
cornios, puesto que se refiere sólo a las determinaciones del juicio de necesidad: no “todas las x están sometidas a la fun­
inmanentes del concepto de “unicornio”. ción <J>”, sino que “la x como tal está sometida a la función <f>”.
Si esta distinción parece excesivamente sutil, recordemos La O de Lacan, por supuesto, significa la función de cas­
cuánto puede pesar la diferencia entre lo universal y lo parti­ tración (simbólica): “el hombre está sometido a la castración”,
cular en la “lógica de las emociones”. Si yo sé en general, sin implica la excepción de “por lo menos uno”: el padre primor­
detalles particulares, que mi esposa se acuesta con otros hom­ dial del mito freudiano de Tótem y tabú, un ser mítico que te­
bres, tal vez pueda sobrellevarlo, pero el mundo se derrumba ñid a todas las mujeres y que podía alcanzar la satisfacción
cuando alguien me describe detalles concretos que confirman completa. Pero es preferible que sigamos con nuestro ejein-
su adulterio (una imagen de ella en la cama con otro hombre, % pío de la mortalidad: por cierto, “ningún hombre es inmor­
etcétera): el pasaje de lo universal a la particularidad existen- tal equivale a “todos los hombres son mortales”, pero no
cial es lo que establece toda la diferencia. En síntesis, si yo sé, (como acabamos de ver) a “el hombre es mortal”: en el pri-
en general, que mi esposa me engaña, en cierto sentido sus-^ fübr caso hablamos del conjunto empírico de los hombres, en
pendo la realidad del hecho, lo trato como si no fuera serio; cual los tomamos “uno por uno” y de tal modo establece-
sólo se vuelve serio con el pasaje a lo particular. Es precisa­ jfpíbs que no hay ninguno inmortal, mientras que en el segun­
mente este desequilibrio entre la existencia y la universalidad do-caso nos referimos al concepto mismo de hombre. Y la
lo que proporciona la clave de la paradoja de las “fórmulas de premisa básica de Lacan es que el salto desde el conjunto ge-
la sexuación” lacanianas, en las cuales, el lado “masculino” y $ ra l de todos los hombres al “hombre” universal es sólo posible
de la función universal (3x,Ox: todas las x están sometidas a la •||ífravés de una excepción: lo universal (en su diferencia con la
función <1>) implica la existencia de una excepéión (3x.no &xi Igheralidad empírica) se constituye a través de la excepción;
hay por lo menos una x que está exenta de la función 3>), ^ p a s a m o s del conjunto general a la universalidad del con­
mientras que, del lado femenino, una negación particular f i t ó de lo Uno añadiendo algo al conjunto sino, por el con-
(noVx.Ox: no toda x está sometida a la función O) implica que Í'ipprío, sustrayéndole algo, a saber: el “rasgo unario” (trait unai-
no hay ninguna excepción (no3x.no <J>x: no hay ninguna x id|)','que totaliza el conjunto general y lo convierte en una
que pueda ser exceptuada de la función O): ^iVersalidad.

166 167
Slavoj Zizek Lalmgm hegdiam

Abundan los ejemplos para el lado “masculino” de la “to­ lógica hegeliana de la “autorrelación negativa del concepto”:
talización a través de la excepción”, así como para el lado “fe­ lin concepto universal llega a su ser-para-sí, es puesto como
menino” de la colección no-toda sin excepción. ¿No ha sido concepto, sólo cuando, en el dominio mismo de la particula­
Marx quien, en el capítulo primero de El capital, en la dialéc­ ridad, se refleja en la forma de su opuesto (en algún elemento
tica de la forma mercancía (en la articulación de las tres for­ \(jue niega el rasgo fundamental de su universalidad concep-
mas por medio de las cuales una mercancía expresa su valor Úiál)- El concepto de hombre (como un ser activo, un ser que
con alguna otra mercancía que sirve como su equivalente), jío es por naturaleza lo que es, sino lo que debe crearse, “de­
fue el primero en desarrollar la lógica de la totalización a tra­ finirse” por medio del trabajo empeñoso) llega a su ser-para-
vés de la excepción? La forma “ampliada” pasa a la forma $í reflejándose en una excepción, en un individuo que aparece
“general” cuando alguna mercancía es excluida, exceptuada como la encarnación del hombre en general, como tal, preci­
del conjunto de mercancías, y aparecen entonces como equi­ samente en cuanto él ya es lo que es por naturaleza (el mo­
valente general de todas ellas, como la encarnación inmediata narca)- El valor de cambio, en su contraste con el valor de uso
de la Mercancía como tal, como si, junto a todos los animales (es decir, el valor como expresión de una relación social) es
reales, “existiera el Animal, la encarnación individual de todo puesto como tal cuando lo encarna alguna mercancía particu­
el reino animal.”21 lar, cuando aparece como una propiedad casi “natural” de al­
Sólo por medio de esta totalización a través de la excep­ guna mercancía particular (el dinero: el oro).
ción llegamos a la universalidad de la mercancía, encarnada ; En cuanto al otro lado, el lado “femenino” de las fórmulas
en las mercancías individuales, partiendo del conjunto empí­ dé la sexuación, basta recordar cómo opera el concepto de lu­
rico de “todas las mercancías”. En otro nivel, Hegel repite la cha de clases en el materialismo histórico. El buen lema de la
misma operación a propósito del monarca: el conjunto de los antigua izquierda (hoy en día, en el mundo supuestamente
hombres se convierte en una totalidad racional (el Estado) só­ fjiostideológico”, más válido que nunca) según el cual “no
lo cuando su unidad como tal es encarnada en algún indivi­ hay nada que no sea político”, no debe leeerse como el juicio
duo definido de modo no racional, “biológico”: el monarca. gitíversal “todas las cosas (la sociedad como un todo) son po­
Lo que para nosotros tiene un especial interés en este caso es líticas”, sino en el nivel de la lógica “femenina” del conjunto
el modo en que Hegel determina el carácter excepcional del 4fjpAodo: “no hay nada que sea no político” significa precisa-
monarca: todos los otros hombres no son lo que son por na­ que el campo social está irreductiblemente marcado
turaleza, sino que deben ser “hechos”, educados, formados; ffjpp una división política, que no hay ningún “punto cero”
mientras que el monarca es único, al ser por su naturaleza lo íft'eutro a partir del cual la sociedad podría concebirse como
que es su mandato simbólico. Tenemos aquí en forma clara la tín todo. En otras palabras, “no hay nada que no sea político”
ejemplificación del “lado masculino” dé la fórmula de sexua- íl^gñifica que en política “no hay ningún metalenguaje”: cuaL
ción de Lacan: todos los hombres están sometidos a la fun­ 'líjlér tipo de descripción o intento de concebir la sociedad
ción de la “castración” (ellos no son de modó directo lo que |plica por definición una posición de enunciación parcial;
es su mandato simbólico, llegan a su rol social positivo por l&ígún sentido radical, ella es ya “política”, siempre-ya he-
medio del trabajo duro de la “negatividad”, a través de la in­ “tomado partido”. Y la lucha de clases no es más que el
hibición, el entrenamiento...) con la condición de que haya el Ifttbfe de este límite, esta división insondable, que no pue-
Uno exento de ella, que sea lo que es por naturaleza (el rey), ó |fser objetivizada, ubicada dentro de la actividad social,
Esta paradoja nos ayuda al mismo tiempo a comprender la i|sto que es en sí ese límite lo que impide que concibamos

168 1 169
Slavoj Zizek Lakngua hegeliana

la sociedad en general como una totalidad. De modo que es ne”, llega a su ser-para-sí. Por lo tanto, Hegel está lejos de
precisamente el hecho de que “no hay nada que no sea políti­ trascender la brecha entre lo universal y la existencia particu­
co^ lo que impide concebir la sociedad como un todo, aun­ lar “deduciendo lo particular del automovimiento del concep­
que determinemos este todo con el predicado “político” y di­ to universal”; él expone la particularidad contingente a la cual
está vinculado lo universal en sí como con un cordón umbili­
gamos “todo es político”.“
Pero, esta lógica del no-todo, ¿es compatible con la dia­ cal (en el lenguaje de las fórmulas de la sexuación, expone la
léctica hegeliana? ¿No se basa en uno de los temas clave de la 'excepción particular que debe existir para que la función uni­
crítica tradicional a Hegel, el de la brecha irreductible que se­ versal siga vigente).
para la universalidad y la realidad de la existencia particular?
, [■ ■■
¿No es la ilusión hegeliana que lo particular puede deducirse
del automovímiento del concepto universal, y ser absorbido ([)e qué modo la necesidad surge de la contingencia
sin ningún resto? Y ¿no se opone esto a la lección del cuadra­
do lógico de Aristóteles, en cuanto a que hay una brecha irre­ Volvamos al juicio de necesidad. Como hemos visto, en él
ductible entre lo universal y la existencia, y la existencia no el predicado es puesto como una especificación intrínseca,
puede deducirse de lo universal? En realidad, Lacan logró de­ necesaria, como una autodeterminación del sujeto. Así llega­
mostrar a partir de esta brecha la angustia que el “panlogicis- dnos a la primera forma del juicio de necesidad, el juicio cate­
mo” de Hegel suscitó en Schelling y Kierkegaard: angustia górico, mediante el cual la relación “categórica” (conceptual-
ante la idea de que nuestra existencia esté subsumida en el au- ménte necesaria) entre sujeto y predicado es puesta como la
tomovimiento del concepto y pierda su singularidad, su para­ relación entre una especie y su género: por ejemplo, “una ro­
doja de libertad sin fondo. Como dijo Freud, la angustia es el sa es una planta”, “la mujer es un ser humano”. No obstante,
único afecto que no engaña; por medio de él encontramos lo esfe juicio es inadecuado, en cuanto deja a un lado el hecho
real: lo real de un objeto perdido que no puede ser absorbido ¡dé que el contenido del género no es sólo esa especie, sino
en un movimiento circular de simbolización. ;qvié articula en su seno una serie de especies. La otra forma
No obstante, si admitimos la paradoja de la totalidad ra­ juicio de necesidad, el juicio hipotético, postula entonces
cional hegeliana que puede discernirse, por ejemplo, a propó­ ^jv contenido particular (la especie) del género en su relación
sito del rey como condición del Estado quatotalidad raciona^ pesaría con otra especie: digamos, en nuestro caso, “donde
cambia toda la perspectiva. En cuanto la angustia muestra la
proxi?nidad, y no la pérdida del objeto qua real (según Lacan
invierte a Freud), debemos preguntar a qué objeto nos hemos
acercado demasiado al establecer una totalidad racional. Des­
1 ^ mujeres, hay también hombres”, o más bien, “el ser de la
qiujer no es sólo el suyo propio sino también el ser de otro,
del hombre”. En la tercera forma, el juicio disyuntivo, el con-
ido particular del juicio es explícitamente postulado como
de luego, este objeto es precisamente ése objeto absolutamen­
te contingente, el “trocito de lo real” que enierge como en­
carnación de la totalidad racional en sí (a través del cual la
totalidad racional llega a su ser-para-sí, se actualiza): en el ca­
I i áutoarticulación, autoespecificación del concepto uníver-
d‘un ser humano es hombre o mujer”.

so del Estado, el rey como individuo biológico, contingente.


Este es el objeto cuya existencia está implicada en la universa­
lidad en sí, puesto que sólo a través de él lo universal “se po­
¡En este preciso punto encontramos la mayor sorpresa de
170 ;éoría hegeliana del juicio.171
Desde la idea estereotipada que
péñe de Hegel, ¿no cabría esperar que hubiéramos llegado
Slavoj Zizek Lalengua hegeliava

cepto? ¿No está el juicio de existencia condenado a disolver­ una serie de circunstancias contingentes: la casa debe estar
se en una tautología vacía, precisamente en cuanto permane­ construida de un modo predeterminado, etcétera. La segunda
ce en el nivel del ser y, como tal, no puede traducir la rela­ ■7 forma de juicio conceptual, el juicio problemático, problema-
ción reflexiva entre el sujeto y el predicado? ¿No es el juicio tiza precisamente esas condiciones de la “verdad” del objeto
de reflexión, como lo sugiere su mismo nombre, un juicio (él sujeto del juicio): que una casa sea buena o no, depende de
que articula la relación de alguna entidad fenoménica contin­ das circunstancias, del tipo de casa que es... La tercera forma,
gente con su determinación esencial, una relación en la cual el juicio apodíctico, despliega en forma positiva las condicio­
esta determinación esencial se refleja en la pluralidad de enti­ nes de la “verdad” del sujeto del juicio: ciertas construcciones
dades contingentes? Y, finalmente, el juicio de necesidad, ¿no de una casa son buenas, ciertos actos son legítimos, etcétera.
nos libera de la externalidad contingente? Todo el contenido No es difícil elaborar el pasaje desde el juicio al silogis­
que incluye, ¿no es explícitamente puesto como resultado del mo, puesto que ya encontramos en nosotros mismos el silo-
automovimiento del concepto universal, es decir, como su ■gismo en cuanto los elementos contenidos en el juicio con-
autoespecificación inmanente? ¿Qué es lo que puede seguir? ' ceptual son puestos como tales: “Una cierta construcción de
La respuesta de Hegel es: la contingencia. la casa es buena; esta casa está construida de ese modo; esta
El juicio de necesidad es seguido por una cuarta forma, el pasa es buena”. No cuesta trabajo conjeturar que la cuarta
juicio de concepto. Sólo entonces el juicio se convierte real­ forma de juicio afirma el momento de la contingencia: las
mente en lo que la palabra sugiere, la apreciación de algo. circunstancias de las que depende que la casa sea o no buena
Los predicados que contiene este juicio no están en el mismo (que sea realmente una casa, que corresponda a su concepto)
nivel que los predicados de las formas anteriores. El juicio son irreductiblemente contingentes, o inás bien son puestas
conceptual es literalmente un juicio sobre el concepto; el cómo tales por la forma misma deí juicio de concepto. En es­
contenido del predicado es la relación del sujeto con su concepto to consiste el pasaje crucial desde la segunda a la tercera for­
(es decir, con lo que era el predicado en las formas anteriores ma del juicio de concepto, del juicio problemático al juicio
de juicio): es un predicado del tipo “bueno, malo, hermoso, apodíctico: el juicio problemático opone de modo extrínseco
justo, verdadero”. Según Hegel, la verdad no es simplemente el concepto intrínseco, necesario, del objeto (Jo que una casa
la adecuación o correspondencia de una proposición con el 77|cíébe ser para ser realmente una casa) y las condiciones con-
objeto o el estado de cosas que describe, sino la adecuación l'jtingentes externas de las que depende que una casa empírica
deí objeto a su propio concepto: en este sentido, podríamos realmente una casa; el juicio apodíctico supera esta rela-
decir de un objeto “real” (por ejemplo, una mesa) que es “ver­ : 77dón extrínseca entre contingencia y necesidad, entre las con­
dadero” en cuanto se adecúa al concepto de mesa, a la fun­ diciones contingentes y el interior del concepto... ¿Cómo?
ción de que le corresponde como mesa. ^ Desde luego, Ja respuesta tradicional ha sido que lo hace
El juicio conceptual tiene que ubicarse en este nivel: con . ;^|ébnbibiendo el concepto como una necesidad teleológica que
él evaluamos la medida en que algo es “verdadero”, en que ‘"ppyalece a través de la lógica intrínseca y regula el aparente
corresponde a su concepto. La primera e inmediata forma de
juicio conceptual, el juicio asertórico, comprende por lo tan­
to las proposiciones del tipo “esta casa es buena”. Desde lue­
go, el problema que surge inmediatamente es que no toda ca­
S pnjunto externo de circunstancias, en concordancia con la
jd^a usual de que en “la dialéctica” la necesidad se realiza a
7^Éf|Vés de un conjunto de contingencias. De inmediato pensa-
én los ejemplos de grandes personalidades históricas co-
sa es buena; algunas casas lo son y otras no; ello depende de il§?fP'iGésar y Napoleón: en la Revolución Francesa, la propia

172
Sluvoj Zizek Lalengua hegeliana

lógica inmanente generó la necesidad de pasar desde la forma ca. Su héroe, Owen Meany, accidentalmente golpea con un
republicana a una dictadura personal, es decir, la necesidad de bate de béisbol y mata a la madre de su mejor amigo; para to­
una persona como Napoleón; el hecho de que esta necesidad lerar este trauma, para integrarlo en su universo simbólico, se
se realizara precisamente en la persona de Napoleón se debió concibe a sí mismo como un instrumento de Dios, cuyas ac­
sin embargo a una serie de contingencias... Así se concibe ha­ ciones han sido preordenadas y pueden considerarse inter­
bitualmente la teoría hegeliana de la contingencia: la contin­ venciones de Dios en el mundo. Incluso su muerte es una
gencia no se opone abstractamente a la necesidad, sino que es perfecta inversión obsesiva del proceso acostumbrado de tra­
su forma de aparición: la necesidad es la unidad abarcativa de tar de evadir una profecía ominosa (y con ello precipitar su
ella misma y su opuesto. Pero la teoría de Hegel según la cual realización): cuando Owen toma un hecho accidental como la
un fenómeno establece su necesidad poniendo él mismo sus ¿profecía de que morirá en Vietnam, hace todo lo posible para
presupuestos contingentes abre la posibilidad de una lectura que esa profecía se cumpla; lo aterroriza la perspectiva de per­
distinta: der su muerte, puesto que en tal caso se perdería todo sentido
y él mismo sería culpable de haber matado a la madre del
Lo posible que se vuelve actual no es contingente sino nece­ amigo...
sario, puesto que pone él mismo sus propias condiciones... La Aunque esta necesidad retroactiva parece estar limitada a
necesidad pone sus condiciones, pero las pone como contingen­
los procesos simbólicos, tiene sumo interés para el psicoanáli­
tes.2*
sis el hecho de que la misma lógica pueda discernirse en la
En otras palabras, cuando, a partir de las condiciones ex­ biología contemporánea: por ejemplo, en la obra de Stepehn
trínsecas contingentes, toma forma su resultado, esas condi­ Jay Gould, que liberó al darwinismo de la teleología evolucio­
ciones, desde el punto de vista del resultado final en sí, son nista y sacó a luz la contingencia radical de la formación de
retroactivamente percibidas como sus condiciones necesarias. las nuevas especies naturales. La capa geológica del esquisto
La dialéctica es en última instancia la enseñanza de que la ne­ burgués, que él analiza en Wonderful Life,2i* es única porque
cesidad surge de la contingencia: enseña que un bricolage con­ los fósiles preservados en ella pertenecen al momento en que
tingente produce un resultado que “transcodifica” sus condi­ la evolución podría haber tomado un curso totalmente distin­
ciones iniciales como momentos internos necesarios de su to: apresa la naturaleza, por así decirlo, en el punto de su in-
autor reproducción. Por lo tanto, es la necesidad la que de* decibilidad, en el punto de coexistencia de un conjunto de po­
pende de la contingencia: el gesto mismo que convierte la sibilidades que hoy en día, retrospectivamente, desde una
contingencia en necesidad es radicalmente contingente. línea evolutiva ya establecida, parecen absurdas, impensables;
Para aclarar este punto, recordemos ahora que, en algún en ese punto tenemos ante nosotros una riqueza excesiva de
punto de inflexión de la historia del sujeto (o de la historia -formas (hoy en día) impensables, de organismos complejos,
colectiva), un acto de interpretación eii sí mismo completa­ pitamente desarrollados, construidos según planes diferentes
mente contingente (no deducible de la serie precedente) hace •de los actuales, que se extinguieron no por un menor valor
legible de modo nuevo el caos anterior, al introducir en él or­ intrínseco o por su inadaptabilidad, sino sobre todo por su
den y significado, es decir, necesidad. Una novela injustamen­ discordancia contingente respecto de un ambiente particular.
te menospreciada de John Irving, A prayerfor Owen Meany, es •podríamos incluso aventurarnos a decir que el esquisto bur-
una especie de “román a tbése” lacaniana, un texto sobre este |gués es un “síntoma de la naturaleza”: un monumento que no
tema de que la necesidad surge de una contingencia traumáti­ ¿puede ubicarse en la línea de la evolución, tal como ésta se

174
Slavoj Zizek La lengua hegeliana

desarrolló posteriormente, puesto que representa el perfil de Pero para discernir el hecho de que con el cuarto tipo de
una alternativa histórica posible, un monumento que nos per­ juicio llegamos a nivel del sujeto no es necesario un aparato
mite ver lo que fue sacrificado, consumido, lo que se perdió conceptual refinado: basta con que recordemos que este tipo
para que pudiera producirse la evolución que conocemos en contiene lo que llamamos inadecuadamente evaluación, un
el presente. juicio evaluativo que (de acuerdo con el sentido común filosó­
Es esencial comprender que este tipo de relación entre la fico) concierne al sujeto (“evaluación subjetiva”). En este
contingencia y la necesidad, en la que la necesidad deriva del punto no es suficiente llamar la atención sobre el hecho ele­
efecto retroactivo de la contingencia (es siempre una “necesi­ mental de que, en Hegel, el juicio no es “subjetivo” en el sen­
dad dirigida hacia atrás”, y por ello el búho de Minerva sólo tido habitual del término, sino una cuestión de relación entre
levanta vuelo en el crepúsculo) no es más que otra variación el objeto y su propio concepto. La conclusión radical es que
sobre el tema de la sustancia como sujeto. Es decir que, en no hay ningún sujeto sin una brecha que separe al objeto de su con­
cuanto la contingencia es reducida a la forma de aparición de cepto, que esta brecha entre el objeto y su concepto es la con­
una necesidad subyacente, a una apariencia a través de la cual dición ontològica de la emergencia del sujeto. El sujeto no es
se realiza una necesidad más profunda, aún nos encontramos más que la brecha en la sustancia, la inadecuación de la sus­
en el nivel de la sustancia: prevalece la necesidad sustancial. tancia respecto de sí misma: lo que llamamos “sujeto” es la
La “sustancia concebida como sujeto”, por el contrario, es el ilusión de perspectiva en virtud de la cual la sustancia se per­
momento en que esta necesidad sustancial se revela como el cibe en una forma distorsionada (“subjetiva”). Más importan­
efecto retroactivo de un proceso contingente. De tal modo te aun es que por lo general se pasa por alto el hecho de que
hemos también respondido el interrogante de por qué hay este tipo de juicio sobre la correspondencia de un objeto con
cuatro y no tres tipos de juicio: si el desarrollo de los juicios se su propio concepto implica una especie de redoblamiento re­
hubiera resuelto con el juicio de necesidad, habría permaneci­ flexivo de la voluntad y el deseo del sujeto. .
do en el nivel de las sustancias, en el nivel de la necesidad sus­ En este preciso sentido hay que concebir la dialéctica del
tancial del concepto que, por medio de su partición, despliega deseo en Lacan, cuya tesis básica es que el deseo es siempre
su particular contenido desde dentro de sí mismo. Esta ima­ deseo de un deseo\ el deseo nunca apunta directamente a algún
gen del “automovimiento del concepto” que pone su propio objeto, sino que es siempre deseo “ajustado”; el sujeto en-
contenido particular puede parecer muy “hegeliana”; corres­ VCUentra en sí una multitud de deseos heterogéneos, incluso
ponde a la idea convencional sobre el “trabajo del concepto” ’mutuamente excluyentes, y la cuestión que enfrenta es qué
en Hegel, pero en realidad no es posible estar más lejos del deseo debe escoger, qué deseo debe desear. Esta reflexividad
sujeto hegeliano que pone retroactivamente sus propios pre­ constitutiva del deseo se revela en la experiencia paradójica de
supuestos. Sólo con el cuarto tipo de juicio se afirma plena­ : sentirse colérico o avergonzado cuando uno desea algo que
mente el hecho de que “la verdad de la sustancia es el sujeto”; Considera indigno del propio deseo, un atolladero que podría
sólo entonces el sujeto pone su propio presupuesto sustancial [/describirse precisamente con las palabras Yo no deseo (no quie­
(retroactivamente postula las condiciones contingentes de su ro, desear) mi deseo. Lo que llamamos “evaluación” se basa en
necesidad conceptual). El núcleo del “poner el presupuesto” ffodos los casos en esta reflexividad del deseo, que por supues­
hegeliano consiste precisamente en esta conversión retroacti­ to sólo es posible dentro del orden simbólico: el hecho de que
va de la contingencia en necesidad, en esta atribución de una Kéf deseo sea siempre-ya “simbólicamente mediado” significa
forma de necesidad a las circunstancias contingentes. \que es siempre el deseo de un deseo. Esta reflexividad del de­

176 177
Slavo] Zizek Lalengua hegeliana

seo descubre la dimensión del engaño simbólico: si el sujeto como tal la posibilidad de elegir entre diferentes estilos,
quiere X, de ello no se sigue que también quiera su deseo o, cuando, por lo tanto, el estilo es percibido como algo básica­
más bien, es posible que finja su deseo de X , precisamente pa­ mente arbitrario.
ra ocultar el hecho de que no quiere X.
Tampoco es difícil de comprender el modo en que esta
reflexividad está conectada con el motivo de la contingencia. “En el padre más que el padre mismo ”
Tomemos, por ejemplo, el tema filosófico de los “valores”: es
erróneo afirmar que, en las sociedades llamadas “tradiciona­ La división que introduce el juicio de concepto, a pesar de
les” (basadas en la aceptación no reflexiva de un sistema de una primera impresión engañosa, no es por lo tanto una divi­
valores), las personas “tienen” valores; lo que desde nuestra sión simple entre el concepto y su actualización empírica (por
perspectiva externa llamamos “sus valores” son algo que las ejemplo, entre el concepto de una mesa y las mesas empíricas,
personas mismas aceptan como un marco no cuestionado del que, por cierto, según sean las circunstancias, se correspon­
que no tienen conciencia; les falta por completo la actitud re­ den más o menos con su concepto); si fuera sencillamente
flexiva implícita en la noción de “valor”. En cuanto comenza­ eso, se trataría de una simple tensión entre el ideal, el concep­
mos a hablar de “valores”, tenemos valores postulados a priori to ideal, y su realización siempre-ya incompleta. En última
como algo relativo, contingente, cuyo ámbito no es incuestio­ instancia, nos encontraríamos de nuevo en el nivel del juicio
nable, como algo que es necesario discutir, es decir, precisa­ reflexivo, puesto que la relación ideal/real es una relación tí­
mente, valorar: no podemos eludir la cuestión de si estos va­ pica de la reflexión. El movimiento que en este momento nos
lores son “verdaderos valores”, de si “corresponden a su interesa en el juicio de concepto es más sutil: la división está
concepto”. En “hegelés”, en cuanto el concepto de valor es dentro del concepto mismo.
“puesto”, explicado, en cuanto este concepto llega a su ser- La reflexividad de la que acabamos de hablar queda indi­
para-sí, el valor es experimentado como algo contingente, li­ cada por la pregunta de si el concepto es algo “adecuado a sí
gado al “problema del valor”. ¿Hemos elegido los valores co­ mismo”. Por cierto, Hegel habla de las circunstancias de las
rrectos? ¿Cómo los evaluamos? Etcétera. que depende que la casa sea buena (digamos, “realmente una
Lo mismo puede decirse sobre el concepto de “profesión”: casa”); sin embargo, aquí no se trata de que ninguna casa em­
respecto de la sociedad precapitalista, en la cual la posición de pírica pueda corresponder completamente a su concepto, sino
un individuo quedaba decidida primordialmente por un con­ de que en las que aparecen como “circunstancias externas” que ac­
junto de vínculos orgánicos tradicionales, es anacrónico ha­ tualizan el concepto de una casa, ya opera otro concepto, que no es el
blar de una “profesión” (incluso en un nivel inmediato pode­ de una casa, aunque corresponda a la Casa más que la casa misma:
mos sentir cuán adecuado resulta decir que en la Edad Media nos referimos a la dialéctica desplegada en la conocida para­
alguien tenía la “profesión” de siervo). El concepto de “profe­ doja de decir sobre alguna no-X que es “más X que la misma
sión” presupone a un individuo indiferente, abstracto, libera­ X ” (por ejemplo, sobre un cicatero, que “es más escocés que
do de las determinaciones de los vínculos sustanciales-orgáni­ ■los propios escoceses”, o sobre una madre sustituía que es
cos, que puede decidir “libremente” su profesión, escogerla. . “más maternal que la propia madre”, o sobre un jenízaro fa­
En un tercer nivel, lo mismo ocurre con el concepto de estilo n ático que es “más turco que los propios turcos”).
artístico: resulta anacrónico hablar de estilos medievales o in­ ; La falta de identidad que impulsa el movimiento del juicio
cluso clásicos; sólo podemos referirnos a ellos cu apdo se pone de concepto no es entonces la falta de identidad entre el con­

178 179
Slavoj Zizek Lalengita begeliana

cepto y su realización, sino que se extiende al hecho de que el sí: en cuanto entramos en el orden simbólico, la cosa está más
concepto nunca puede corresponderse a sí mismo, ser adecua­ presente en la palabra que la designa que en su presencia in­
do a sí mismo, porque en cuanto se realiza plenamente pasa a mediata: el peso de un elefante es más notorio cuando pro­
ser otro concepto: una X plenamente realizada como X es nunciamos la palabra “elefante” que cuando un elefante real
“más X que la X misma”, de modo que no es ya X. En la falta entra en la habitación.
de identidad entre el concepto y su actualización, el exceden­ En esto consiste el enigma del estatuto del padre en la
te está por lo tanto del lado de la actualización, y no del lado teoría psicoanalítica: la no-coincidencia de lo simbólico y el
del concepto: la actualización de un concepto produce un ex­ padre real significa precisamente que algún “no-padre” (un
ceso conceptual sobre el concepto mismo. Esta clase de división tío materno, el supuesto antepasado común, el tótem, el espí­
opera en las pinturas del “realista” norteamericano Edward ritu, en última instancia, el significante “padre” en sí) es “más
Hopper. En algunas de sus conocidas declaraciones, Elopper padre” que el padre (real). Por esta razón Lacan llama ?netáfo~
ha sostenido que no le gustan las personas, que las personas ra paterna al Nombre-del-Padre, esa agencia ideal que regula
carecen de interés, que le resultan extrañas. Y en sus cuadros el intercambio legal, simbólico: el padre simbólico es una me­
se puede sentir realmente que la figura humana aparece neu­ táfora, un sustituto metafórico, una superación (Aufbebung)
tra, carente de interés, mientras que se pone de manifieso un del padre real, en cuyo Nombre es “más padre que el padre
sentimiento mucho más intenso en relación con tipos particu­ mismo”, mientras que la parte “no superada” del padre apare­
lares de objetos, sobre todo sus célebres ventanas vacías ilumi­ ce como la agencia obscena, cruel y absurdamente impotente
nadas por el sol. En un sentido muy preciso podría decirse del superyó. En cierto sentido, Freud ya lo había advertido
que en esos objetos, aunque, o precisamente porgar el hombre cuando, en Tótem y tabú, escribió que, a continuación del pa­
está ausente, la dimensión humana es intensamente llamativa; rricidio primordial, el padre muerto “retorna más fuerte que
si podemos aventurar una fórmula heideggeriana, esta dimen­ cuando estaba vivo”: la palabra crucial, “retorna”, indica có­
sión es presentada por medio de la ausencia misma del hom­ mo debemos pensar otra proposición lacaniana de aspecto
bre: un hombre que está más presente en esas huellas que en misterioso: la de que el padre es un síntoma. El padre sínto-
su presencia física directa. Sólo a través de esas huellas (una , ma es un síntoma en la medida en que es “el retorno del re-
cortina medio abierta en la ventana, etcétera) se vierte efecti­ primido” padre primordial, el obsceno y traumático padre­
vamente la dimensión “humana” auténtica, como en la cono­ ó-goce que aterrorizaba a su horda.25
cida experiencia de que, después de la muerte de alguien, to­ Pero lo que debemos tener en mente acerca del padre-go­
mamos conciencia de quién era realmente esa persona al pasar ce primordial es una vez más la lógica de la “acción diferida”,
revista a los objetos personales cotidianos que ha dejado (su el hecho de que el padre no-simbolizado se convierte en el
escritorio, las pequeñas cosas de su dormitorio), es decir, en . espectro terrorífico del padre-goce sólo más adelante, al mi­
“hegelés”, que tomamos conciencia de su concepto. rar hacia atrás, retroactivamente, después de que ya esté allí la
De modo que los cuadros de Hopper describen una no-X red simbólica: el padre-goce, en última instancia, solamente
(objetos inanimados, “muertos”, calles vacías, fragmentos de lléna una insuficiencia estructural de la función simbólica del
edificios de departamentos) que es “más X que Hpropia X ”; |ó Nombre-del-Padre; su estatuto original es el de un resto pro-
las dimensiones humanas se revelan más que en el hombre Ipducido por el fracaso de la operación de superación (Aufhe-
mismo. Y, como ya hemos visto, el caso supremo, el caso pa­ f^ybmig) que establece la regla del Nombre-del-Padre; su estatu­
radigmático de esta inversión paradójica, es el significante en id; to supuestamente “original” (“padre primordial”) resulta de

180
Slavoj Zizek Lalengua hegeliana

una ilusión de perspectiva en virtud de la cual percibimos el puesta al deseo de la madre de la sobrina (hermana de él). En
resto como punto de origen.26 otras palabras, la lección de la película es que la relación dual
En otro enfoque, Lacan determina el Nombre-del-Padre termina en un atolladero asesino cuando el tercer elemento
como sustituto metafórico del deseo de la madre, es decir: que media entre los polos sigue siendo el deseo de la madre
no “superado” en la metáfora paterna.
Nombre-del-Padre
La prueba fundamental de que la articulación hegeliana de
deseo de la madre las cuatro especies de juicio tiene una lógica intrínseca está en
el hecho de que su consistencia es la del “cuadrado semiótico”
Para comprender esto, basta recordar la película Intriga greimasiano de necesidad/posibilidad/imposibilidad/contin-
internacional de Hitchcock [en España fue titulada como Con gencia:
la muerte en los talones]. Hay un momento en el que Roger O.
Thornhill es “erróneamente identificado” como el misterioso Necesario ► Imposible
“George Kaplan”, y de tal modo enganchado en su Nombre- A i
del-Padre, su significante amo: en ese mismo momento le­
vanta la mano para realizar el deseo de la madre, hablándole
por teléfono. Lo que obtiene en retorno del Otro (es decir, lo Contingente
que logra en lugar del deseo de la madre que quiere cumplir)
es “Kaplan”, su metáfora paterna. De este modo la película La categoría fundamental del juicio de existencia es la im­
presenta un caso de sustitución “exitosa” de la metáfora pa­ posibilidad (su “verdad” es el juicio infinito en el que la rela­
terna por el deseo de la madre. Nos tienta incluso a arriegar ción entre sujeto y predicado es puesta como imposible); el
la hipótesis de que Intriga internacional presenta una suerte de juicio de reflexión se caracteriza por la posibilidad (a saber, la
análisis espectral de la figura del padre, separándola en tres posibilidad de la siempre-más-inteligible correspondencia en­
componentes: primero, el padre imaginario, el funcionario de tre sujeto y predicado); el juicio de necesidad afirma una rela­
las Naciones Unidas cuyo apuñalamiento (parricidio) en el ción necesaria entre sujeto y predicado (como lo indica su
corredor de la Asamblea General se atribuye a Thornhill; se­ nombre), mientras que el juicio de concepto presenta la con­
gundo; el padre simbólico, el “Profesor”, el funcionario de la tingencia fundamental de la que depende la necesidad misma.
CIA que fraguó al inexistente “George Kaplan”, y tercero, el ¿Es preciso que añadamos que este aparato conceptual se re­
padre real, la figura trágica, obscena e impotente de Van laciona con la tríada lacaniana de ISR? El estatuto de la impo­
Damm, el principal advesario de Thornhill. sibilidad es real (lo “real como imposible”); toda necesidad es
Por el contrario, una película como La sombra de mía duda en última instancia simbólica; lo imaginario es el dominio de lo
despliega las espantosas consecuencias del fracaso de esta sus­ ‘‘posible” mientras que la emergencia del -síntoma que vincula
titución metafórica. El análisis de esta obra se centra por lo las tres dimensiones del ISR es radicalmente contingente.
general en la relación dual de los dos Charlie (la, joven sobri­
na y su tío asesino); lo que este modo deja de considerarse es
la presencia del crucial tercer elemento que los une, a saber:
el deseo de la madre. El tío Charlie visita a la familia en res­

182
Slavo} Zizek Lalengiuí begeliana

N otas jeto, lo distorsiona, pero el sujeto no posee ninguna consistencia


ontológica fuera de esta serie de malas representaciones significan­
1. Desde esta perspectiva, incluso la teoría que resume el horror y tes: toda su “identidad” consiste en su falta de identidad, en la instan­
la imbecilidad del “materialismo dialéctico” estalinista (la bendita cia que lo separa de la identidad que podría haberle conferido una
“teoría del reflejo”) podría recibir un nuevo giro si la interpretamos representación significante “adecuada”. En síntesis, el “sujeto del
en el nivel de la “reflexión ajustada”. Un edificio ideológico fracasa significante” no es en última instancia más que el nombre de un
por definición, desde luego, en “reflejar correctamente” la realidad cierto límite que ninguna representación significante alcanza, un lí­
social en la que está inserto, pero este mismo “excedente” de distor­ mite constituido retroactivamente por el fracaso mismo de la repre­
sión está socialmente determinado, de modo que una ideología “refle­ sentación.
ja ” su contexto social a través del modo mismo en que distorsiona “el reflejo ■ 7. Véase Michel Silvestre, Demain la psychanalyse, París, Navarin
2. Al pasar, podemos decir que lo mismo es cierto de las diversas Editeur, 1987, pág. 93. No obstante, hay un punto preciso acerca del
“historias del ser” heideggerianas, en las que la historia de Occidente cual no estamos de acuerdo con Silvestre. Para él, el “sentimiento de
se reduce a una sucesión de episodios que son otros tantos modos de culpa” es engañoso, pues sirve para eludir la culpa real del parricidio,
develar el ser (la época griega, la subjetividad cartesiana, la voluntad mientras que a nosotros nos parece que, en una perspectiva lacania-
de poder poshegeliana, etcétera): lo que se pierde es la manera en na, incluso esta culpa radical es ya una estratagema engañosa por
que la experiencia de la verdad del ser es en cada una de estas épocas medio de la cual el sujeto elude el hecho traumático de que el gran
un fracaso, una derrota del esfuerzo del pensamiento por aprehender Otro está “muerto” desde el principio mismo (es decir, es un impos­
la Cosa. El propio Heidegger, por lo menos en sus grandes momen­ tor inconsistente, impotente). Nosotros no lo matamos, desde siem­
tos, nunca cayó en este error: por ejemplo, el énfasis de su interpre­ pre, siempre-ya estuvo muerto, y la idea de que somos responsables
tación del Tratado sobre ¡a libertad humana de Schelling es que el au­ de su muerte nos permite sostener la ilusión de que en algún mo­
tor presintió un cierto núcleo que seguía impensado en toda la mento, antes de nuestro crimen, él estaba vivo y coleando (por ejem­
tradición metafísica anterior, pero al que él se cegó al formularlo en plo, en la forma del padre-goce primordial).
las categorías de la metafísica aristotélica (Hölderlin, en sus poemas, 8. G. W. F. Hegeí, Phenomenlogy of Spirit, Oxford, Oxford Uni-
puso más adecuadamente este meollo en palabras). versity Press, 1977, pág. 10 [ed. cas.: Fenomenología del espíritu,
3. En realidad, esto es mucho menos “racista” que esa clase de Buenos Aires, FCE, 1992].
“comprensión del otro en su diversidad” que nos permite conservar 9. Ibíd., pág. 21.
una distancia segura respecto de él, y borrar de nuestra experiencia
10. Esta ilusión nos permite evitar la mirada crucial a los ojos del
del otro todo lo que podría perturbar nuestra posición subjetiva: un
Otro: cuando confrontamos al Otro ojo a ojo, encontramos la muerte.
resentimiento directo y rudo con el otro, que hace algunos años
11. En la traducción realizada por Russell Grigg de un texto de
ejemplificó un antropólogo inglés cuando, después de estudiar una
Jacques Lacan, “Geneva lecture on the symptoin”, Analysis, 1, Mel-
tribu nigeriana durante algunos años, escribió que nunca había visto
bourne, 1989, se exponen argumentos para traducir “Mangue” al in­
un grupo humano más corrupto, que ellos instintiva y sistemática­ glés como “llangnage
mente trataban de explotarlo y engañarlo, etcétera. 12. Recordemos que Marx produjo la misma fórmula a propósi­
4. Véase Theodor W. Adorno y Max Horkheimer, Dialectic of
to del capital: el límite del capital es el capital mismo, el modo capi­
Enlightenment, Nueva Xork, Herder & Herder, 1972 [ed. cast.: Dia­ talista de producción.
léctica del limainimto, Buenos Aires, Sudamericana, 1988^. , 13. Patil-Doininique Dognin, Les “sentiers escarpes" de Karl Marx,
5. Véase Gillian Rose, Hegel contra Sociology, Londres, Athlone, I, París, CERF, 1977.
1981, págs. 48 y sigs. ■ 14. En este caso la relación es la misma que entre la política
6. En un diferente nivel conceptual, es lo mismo que lo que La-
francesa y la filosofía alemana en la época de la Revolución France­
can designa como el “sujeto del significante” (opuesto al “sujeto del
sa: los grandes idealistas alemanes elaboraron los fundamentos filo­
significado”). Por definición, todo significante representa mal al su­
sóficos de la Revolución Francesa, no a pesar del retraso político ale-

184 18S
Slavoj Zizek Lalengua hegeliana

mán, sino precisamente porque el bloqueo político sólo dejaba abier­ total desaliento y fracaso, una sensación de incompatibilidad absur­
to el camino de la teoría. da entre el sujeto y su predicado. Pero basta con que observemos
15. Recordemos que en la última sección de su Ciencia de la lógi­ que la noción especulativa de “sujeto” consiste precisamente en esta
ca, Hegel dice que podemos considerar que los momentos del proce­ radical incompatibilidad, división, negatividad. O, para decirlo de
so dialéctico son cuatro; el sujeto es en realidad el cuarto momento otro modo, todo lo que tenemos que hacer para llegar a la verdad es­
excedente, esa “nada”, esa negatividad autorreferencial, que no obs­ peculativa de una proposición del entendimiento es incluir en su sig­
tante cuenta como “algo”. (Véase también el capítulo 5.) nificado nuestra posición subjetiva de enunciación: comprender que lo
ló. Hegei's Science o f Logic, Londres, Alien & Unwin, 1978, pág. que en primer lugar tomamos por nuestra reacción "subjetiva” a ella
623 [ed. cast.: ob. cit., nota 27 del cap. 1]. (la sensación de fracaso, incompatibilidad, discordia) define la “cosa
17. En realidad, el pasaje desde el juicio negativo al juicio infini­ Misma"'. De modo que, contrariamente a la opinión difundida, Hegel
to epitomiza la lógica de la “negación de la negación”: revela que la no habla una especie de “lenguaje privado” esotérico: habla el mis­
negación de la negación no es simplemente un retorno a la identidad mo lenguaje que nosotros, sólo que lo habla más.
-inmediata, sino la negación que niega al campo universal en sí, 20. The Se?ninar ofjacques Lacan, Book I, Cambridge, Cambridge
mientras que la simple negación del predicado lo deja intacto. University Press, 1988, págs. 242-3.
18. Véase Slavoj Zizek, The Sublime Object of Ideology, Londres, 21. Citado de P.-D. Dognin, Les “sentiers escarpes” de Karl Marx
Verso, 1989, págs. 207-9 [ed. cast.: ob. cit., nota 1 de la Introducción], I, o b . c i t ., p á g . 7 2 .
19. Esta paradoja del “juicio infinito” es la prueba más clara del 22. Hoy en día se habla mucho del anacronismo de la distinción
error de la (mala) lectura de Hegel según la cual él considera que entre la derecha y la izquierda; para no engañarse resulta útil recor­
nuestro lenguaje “ordinario” es una herramienta dura e inadecuada dar la asimetría de estos conceptos: un izquierdista es alguien que
para expresar las finezas de la autoinediación dialéctica, una herra­ puede decir “yo soy un izquierdista”, es decir, reconocer la división,
mienta limitada al nivel del entendimiento, de las determinaciones la distinción derecha/izquierda, mientras que un derechista puede
“abstractas”. Por supuesto, esta (inala) lectura suscita el sueño de ser invariablemente reconocido por el modo en que se posiciona en
otro lenguaje, etéreo, que evitaría la torpeza del lenguaje común y el centro y condena a todo “extremismo” como “fuera de moda”. En
daría una expresión adecuada inmediata al movimiento especulativo. otras palabras, la distinción izquierda/derecha es percibida como tal
Quizás ese lenguaje sea accesible a los dioses, mientras que nosotros, (en “hegelés”: cuenta) sólo desde una perspectiva de izquierda,
los mortales comunes, estamos lamentablemente condenados al ins­ mientras que la derecha se percibe como estando en "el centro”; ha­
trumento vulgar del que disponemos, obligados a pensar, para ex­ bla en nombre del “todo”, rechaza la división. La articulación del es­
presarnos, “en el lenguaje contra el lenguaje mismo”... Alguien ver­ pacio político es entonces una paradoja bien ejemplificada por los
sado en el procedimiento hegeliano tiene perfectamente en claro atolladeros de la sexuación: no se trata simplemente de la articula­
que esa noción es por completo errónea, pues se trata de que para ción del todo en dos polos, sino de que un polo (la izquierda) repre­
captar el movimiento especulativo no necesitamos ningún otro len­ senta la división como tal; el otro (la derecha) la niega, de modo que
guaje más adecuado: nuestro lenguaje “ordinario” es más que sufi­ la escisión política izquierda/derecha necesariamente asume la forma
ciente. Todo lo que tenemos que hacer, por así decirlo, es tomarlo de la oposición entre “la izquierda” y “el centro”, dejando vacío el
más literalmente de lo que él se toma a sí mismo, tomar conciencia lugar de “la derecha”. La derecha queda definida por el hecho de
de que incluso los juicios más rudos tienen éxito por ?nefio de su fra­ que sus adherentes nunca pueden decir de sí mismos, en primera
caso. ¿persona, “yo soy un derechista”; sólo aparecen como tales desde uná
Para decirlo sucintamente: “el juicio especulativo” es lo mismo ^perspectiva dé izquierda.
que un juicio ordinario del entendimiento, sólo que leído dos veces; el 23. Dieter Henrich, H egelm Kontext, Francfort, Suhrkamp Ver-
fracaso de la primera lectura nos obliga a realizar el cambio dialécti­ Jag, 1971, pág. 163.
co de perspectiva y a discernir el éxito en el fracaso mismo. Por 24. Stephen Jay Gould, Wonderful Life, Londres, Hutchinson
ejemplo, “el Espíritu es un hueso”: de la primera lectura resulta un dius, 1990.

186 18 7
Slavoj Zizek

25. Acerca de Joyce, Lacan habla del “shithome” como formación


sustituriva que le permite al psicótico eludir la desintegración de su 4. Sobre el Otro
universo simbólico, como una agencia que el sujeto construye para
suplementar el fracaso del Noinbre-del-Padre en tanto punto de al­
mohadillado de su discurso; en el caso de Joyce, este sinthome era,
por supuesto, la literatura en sí. (Véase Jacques Lacan, “Joyce le
symptôme” I-II, en Joyce avec Lacan, Paris, Navarin Editeur, 1987.)
Lo que hay que hacer en este caso es invertir y al mismo tiempo unl­
versalizar esta lógica de la sustitución. No se trata sólo de que el sin-
thovie actúe como sustituto del padre simbólico efectivo, sino de que
dpadre como tal es ya un síntoma que tapona una cierta defectividad,
inconsistencia, del universo simbólico. En otras palabras, hay que
dar el paso desde el síntoma del padre hasta el padre en sí como síntoma.
26. Por esto Lacan describe el espectro del padre-goce como una i
construcción fantasmatizada del neurótico, como su intento de salir L H is t e r ia , c e r t id u m b r e y d u d a
del atolladero de su relación con el padre simbólico.
Wittgenstein como hegeliano

En su Lógica, Hegel “escenifica” la identidad (imagina a


un sujeto diciendo “la planta es... una planta”) y llega de tal
modo a su verdad: demuestra que la identidad-consígo-mís-
rno consiste en la contradicción absoluta, en la coincidencia
del sujeto (lógico) con el vacío del lugar del predicado espera­
do pero frustrado. Al traducir la identidad de un objeto con-
....... sigo mismo escenificando satíricamente el procedimiento del
\y sujeto, el Wittgensteín de las Investigaciones filosóficas está en
, este punto muy cerca de Hegel:

“Una cosa es idéntica a sí misma.” -No hay mejor ejemplo


de proposición inútil, conectada sin embargo con un cierto jue­
go de la imaginación. Es como si en la imaginación pusiéramos
una cosa en su propia forma y viéramos que calza. [Nosotros po-'
i dríamos también decir “Toda cosa calza en sí misma”, o bien
, “Toda cosa calza en su propia forma”. Vemos una cosa, y al mis-?
■ mo tiempo imaginamos que había un blanco reservado para ella,
. A
y que ahora calza en él exactamente.] ¿“Calza" este punto • en su
alrededor blanco? -Pero eso es exactamente lo que habría parecido si
' hiÿfâP-j. A í
i hubiera habido un agujero en su lugar y el punto hubiera calzado
Jen é l...1

188 189
#>
Slavoj Zizek Sobre el Otro

Lo mismo que Hegel, Wittgenstein determina la identi- en un síntoma corporal; el contenido psíquico que no puede
dad-consigo-mismo como la coincidencia paradójica de una ser significado en el medio del lenguaje común se hace oír
cosa con su propio espacio vacío: el concepto de identidad- con la forma distorsionada del “lenguaje corporal”.
consigo-mismo no tiene ningún sentido fuera de este “juego A partir de este breve boceto, podemos ya conjeturar dón­
de la imaginación” en el cual una cosa ocupa su espacio, fuera de reside la conexión con Hegel: una conversión homologa es
de este procedimiento de “escenificación”. la que define las “figuras de la conciencia” en la Fenomenología
Lo crucial es que este concepto de la identidad implica la del espíritu de Hegel. “Dominio y sumisión”, “conciencia des­
presencia del orden simbólico: para que un objeto “coincida” dichada”, “ley del corazón”, “libertad absoluta”, etcétera, no
con su lugar vacío, debemos previamente “abstraerlo” de su son sólo posiciones teóricas abstractas; lo que designan es
lugar; sólo de este modo podemos percibir el lugar sin el ob­ siempre una especie de “dramatización existencial” de una
jeto. En otras palabras, la ausencia del objeto puede percibir­ posición teórica, y de tal modo se produce un cierto excedente:
se como tal solo en el seno de un orden diferencial en el cual la la dramatización da su dirección a la posición teórica, al sacar
ausencia adquiere un valor positivo (por ello, según Lacan, a luz sus presupuestos implícitos.3
la experiencia de castración equivale a la introducción del “Dramatizando” su posición, el sujeto pone de manifiesto
orden simbólico: a través de esta experiencia, el falo, por así lo que queda sin decir en ella, lo que debe seguir tácito para
decirlo, es “abstraído”, de su lugar).2 Para determinar más es­ que esta posición conserve su consistencia. En otras palabras,
trechamente esta inesperada proximidad de Hegel y W itt­ la dramatización refleja las condiciones de una posición teóri­
genstein, tomemos como punto de partida la caracterización ca no advertidas por el sujeto que la adopta: la “figura de con­
que Lacan hizo de Hegel: “el más sublime de los histéricos”. ciencia” escenifica (“figura”) la verdad oculta de una posición;
¿Es ésta sólo una agudeza vacía o soporta el examen teórico en este sentido, toda “figura de conciencia” implica una espe­
riguroso? Permítasenos responder a este dilema comenzando cie de teatro histérico. Podemos ver ya que la lógica de esta
por el interrogante básico: ¿qué es lo que caracteriza la posi­ tí dramatización subvierte la relación idealista clásica entre un
ción subjetiva de un histérico? concepto teórico y su ejemplificación: lejos de reducir la
ejemplificaeión a una ilustración imperfecta de la idea, la es-
; calificación produce ejemplos que, paradójicamente, subvier-
El teatro histérico de Hegel ten la idea misma que ejemplifican o, como diría Hegel, la im-
v perfección del ejemplo con respecto a la idea es un índice de
La forma elemental de la histeria, la histeria por excelen­ ; la imperfección propia de la idea en sí.
cia; es la denominada “histeria de conversión” (Konversionshys- Lo que tenemos aquí es literalmente una “conversión”: la
terie\ en la que el sujeto “da cuerpo” a su atolladero, al meo­ íf f ; figuración (el “acting o u f o representación escénica) de un ato-
llo que no puede poner en palabras, mediante un síntoma Vfff: Hadero teórico (de lo “no-pensado” de una posición teórica), y
histérico, la anormalidad de una parte de su cuerdo o de una * Í|)ál;mismo tiempo la inversión mejor volcada por una de las fi-
función corporal (comienza a toser sin ninguna razón física ' ||úras retóricas constantes en Hegel. Por ejemplo, cuando
aparente, repite gestos convulsivos, se paraliza su pierna o su jiborda la posición del asceta, dice que éste convierte la nega­
mano, aunque no hay ningún trastorno médicamente recono­ ción del cuerpo en la negación corporizada. En este punto debe-
cible, etcétera). En este sentido preciso hablamos de conver­ fhtós tener el cuidado de no confundir esta inversión con la
sión histérica: el núcleo traumático obstruido es “convertido” phiple inversión especular que se limita a cambiar la posición

190 191
Slíivoj ZÍzek Sobre el Otro

relativa de los elementos dentro de la misma configuración: lo que su esposo demasiado obediente por una vez no la satisfi­
esencial es que la conversión hegeliana es “mediada” por una ciera, manteniendo entonces su deseo abierto y vivo. Esta
imposibilidad-, puesto que el asceta no puede negar al cuerpo conversión confirma la naturaleza “reflexiva” del deseo: el de­
(esto sencillamente significaría su muerte), lo único que le seo es siempre también un deseo del deseo mismo, un deseo de
queda es corporizar la negación, organizar su vida corporal como desear o no desear algo,
un repudio y una renuncia constantes. De tal modo su propia 7 . ¿Necesitarnos añadir que la misma conversión opera ya en
práctica subvierte la posición teórica según la cual la vida te­ 7 el concepto kantiano de lo sublime?5 En otras palabras, la pa­
rrenal, corporal, es intrínsecamente nula e indigna: él está radoja de lo sublime está en la conversión de la imposibilidad
constantemente preocupado por su cuerpo, inventando nue­ de'presentación en la presentación de la imposibilidad: no es
vos modos de mortificarlo y apaciguarlo, en lugar de asumir posible presentar la cosa-en-sí transfenoménica dentro del
una distancia indiferente respecto de él. El pasaje desde una dominio de los fenómenos, de modo que lo que podemos ha­
figura de conciencia a la siguiente se produce cuando el sujeto cer es presentar esta misma imposibilidad y “hacer palpable” la
toma conocimiento de esta brecha entre su “enunciado” (su dimensión trascendente de la cosa-en-sí. Además, ¿no encon­
posición teórica) y su posición de enunciación, asumiendo de tramos este mismo mecanismo en el más notorio aspecto for­
tal modo lo que sin saberlo escenifica como su nueva posición mal de la dialéctica hegeliana, el de la negación concreta, de­
teórica explícita: cada figura de conciencia, por así decirlo, es­ terminada, cuyo resultado no es una nada vacía sino una
cenifica de antemano lo que llegará a ser la posición siguiente. nueva positividad? Lo que tenemos entonces es la misma in-
Y ¿qué es la histeria sino la escenificación corporal de la í versión reflexiva de la “negación del ser [determinado]” en el
misma figura retórica? Según Lacan, la experiencia funda­ “ser [determinado] de la negación”: el ser determinado qua
mental del hombre qua ser-de-lenguaje es que su deseo está desenlace de la negación no es más que una-fcorma en la cual la
obstaculizado, constitutivamente insatisfecho: él “no sabe lo ^ negación como tal asume existencia positiva.
que realmente quiere”. L o que la conversión histérica realiza Éste aspecto se pierde en la comprensión habitual de la
es precisamente una inversión de este impedimento: por me­ negación “concreta”, cuando se piensa la negatividad como el
dio de ella, el deseo impedido se convierte en un deseo de im­ _ •Ínonientí) intermedio, pasajero, de la automediación del con-
pedimento; el deseo insatisfecho se convierte en un “deseo de Múúepto; es erróneo decir que el resultado final “supera” la ne-
insatisfacción”, en un deseo de mantener “abierto” nuestro ^l^atividad convirtiéndola en un momento subordinado de la
deseo; el hecho de que “no sabemos lo que realmente quere­ ||f£t:ótalidad concreta. Se trata, en cambio, de que la nueva posi-
mos” (no sabemos qué desear) se convierte en un deseo de no 7 7 : fiyidad del resultado no es más que el poder positivizado de
saber, un deseo de ignorancia... En esto consiste la paradoja .7,7 ló negativo. Es así como debe leerse la muy citada proposi-
básica del deseo del histérico: lo que él cjesea es sobre todo ‘^ | yjón del prefacio de la Fenomenología del espífitu que define el
que su deseo permanezca insatisfecho, obstaculizado: en otras ||]£spíritii como el poder para mirar al rostro a lo negativo y
palabras, vivo como deseo. Lacan demostró eáte hecho de in vertirlo en ser: uno “se demora en lo negativo” no opo­
modo brillante a propósito del sueño de la “bella carnicera” niéndolo abstractamente a lo positivo, sino concibiendo al ser
citado por Freud:4 como desafío a Freud, a su teoría de que el 'positivo en sí como materialización de la negatividad, como
sueño es un deseo realizado, ella le propuso un sueño en el “júetonimia de la nada”, para usar la expresión lacaniana,
cual el deseo no se realizaba; desde luego, la solución de este 7 Como ya hemos visto, la única contracara filosófica de es-
enigma era que su verdadero deseo consistía precisamente en í estrategia hegeliana de subvertir una posición teórica por

192 193
Slavo] Zizek Sobre el Otro

medio de su escenificación, su conversión en una actitud exis­ do “escenificamos”) su contexto de enunciación. Cuando Wittgens­
tencia! determinada es el “carácter «escénico» de la presenta­ tein dice “Ahora mostraremos un método por medio de ejem­
ción de Wittgenstein”,6 del Wittgenstein II, el Wittgenstein plos”,7 lo que está en juego, al igual que en la escenificación
de las Investigaciones filosóficas, por supuesto. ¿Cómo procede de Hegel, no es una “ilustración” de proposiciones generales;
Wittgenstein para resolver un problema filosófico que, si es [ Jos ejemplos no son en este caso “meros ejemplos” sino pre-
enfocado directamente, en su forma inmediata, abstracta, pa­ sentaciones escénicas que sacan a luz los presupuestos tácitos.
rece ser un atolladero oscuro, insoluble? Wittgenstein se reti­ Estas escenificaciones de Wittgenstein no carecen de aguijón
ra de “la cosa misma” (el problema en su forma filosófica ge­ satírico, como en Investigaciones filosóficas 38, donde ironiza
neral) y se concentra en sus “ejemplificaciones”, en los “usos” sobre el problema filosófico de la nominación, de enganchar
de los conceptos que definen el problema dentro de nuestra “palabras” a los “objetos”, imaginando una escena solitaria
“forma de vida” cotidiana. con un filósofo ante la presencia inmediata de un objeto, al
Tomemos, por ejemplo, conceptos básicos de la filosofía cual el filósofo mira, repitiendo compulsivamente su nombre
de la mente, como recordar, imaginar, calcular: si abordamos o incluso la palabra “esto, esto ...”. ¿Es necesario añadir que
el problema de modo directo y nos preguntamos cuál es la Wittgenstein (probablemente sin saberlo) resume aquí la dia­
naturaleza real del recordar, el imaginar, el calcular, un poco léctica de la “certidumbre de los sentidos” del capítulo I de la
antes o después nos vemos arrastrados al callejón sin salida de Fenomenología del espíritu, donde Hegel subvierte análoga­
las divagaciones estériles sobre los diferentes tipos de “hechos mente la certidumbre de los sentidos por medio de la esceni­
mentales”, etcétera. Lo que Wittgenstein propone es que ficación de un sujeto que apunta a un objeto y repite una y
reemplacemos nuestro interrogante original por el de cuáles otra vez “esto, aquí, ahora”?
son las circunstancias que presuponemos cuando decimos de alguien El contenido del “conductismo” de Wittgenstein es por lo
que “súbitamente recordó donde había dejado el sombrero”, o tanto el esfuerzo de traducir, transponer el “significado” co-
“él imaginó la casa que quería”, o “él calculó el número men­ % mo entidad dada fetichista, “reificada”, en una “propiedad de
talmente”. Desde luego, para el sentido común filosófico este la palabra”, en una serie de utilizaciones de esa palabra. O
procedimiento equivale a “evadir la cuestión real”, mientras i..v bien, para remitirnos al ejemplo del propio Wittgenstein: si
que el enfoque dialéctico reconoce como único acceso a la L decimos “en ajedrez, el rey es la pieza a Ja que podemos dar
verdad la dramatización escénica que desplaza el interrogan­ j^que”, esto “sólo puede significar que en nuestro juego de
te, reemplazando la forma abstracta del problema por las es­ ¿ ajedrez sólo le damos jaque al rey”.8 Henry Staten añade un
cenas concretas de su actualización en una forma de vida: sólo agudo comentario: “Obsérvese la distinción precisa que traza
somos admitidos en el dominio de la verdad dando un paso , Wittgenstein. Lo que vemos como una propiedad de la cosa
atrás, resistiendo a la tentación de entrar directamente. ?. se traduce en una observación sobre como hacemos algo”9 En
En otras palabras (hegelianas), la única solución de un V “hegelés”, se encuentra que la propiedad de un objeto es su
problema filosófico consiste en su desplazamiento, en una re­ ¿Indeterminación reflexiva” {Refiexionsbesti?mmmg)\ la reflexión-
formulación de sus términos que lo haga desaparecer como ¿Sféh^el-objeto de nuestro propio trato (el propio trato del suje-
problema. Lejos de implicar una actitud de sentido común, :f?tp) con él.10
por lo general (y erróneamente) asociada con el Wittgenstein
II, esta estrategia es el meollo mismo del procedimiento he-
geliano: un problema desaparece mando tomamos en menta (man-

194 195
V v

Slavoj Zizek Sobre el Otro

El cogito y la elección forzada ■ zó una de las inversiones de su posición anterior, tan caracte­
rísticas del procedimiento laca ni ano, y propuso la lectura
¿Cuál es la dimensión, el medio o ámbito común que nos opuesta de la duda cartesiana. Siguió sosteniendo que los tér-
permite “comparar” (concebir como miembros del mismo li­ : minos del cogito se definen como una opción forzada entre el
naje) a Hegel y Wittgenstein? La respuesta de Heidegger se­ pensamiento y el ser, pero añadió que el sujeto estaba conde­
ría rápida e inequívoca: ambos pertenecen a la tradición de la nado a optar por el ser: lo inconsciente es precisamente el
subjetividad cartesiana. Nosotros trataremos de demostrar, pensamiento perdido por esta opción del ser. En consecuen-
por el contrario, que Wittgenstein y Hegel por igual cuestio­ ; pia, en la nueva paráfrasis de Lacan el cogito ergo sum tomaba
nan la tradición cartesiana de “la certidumbre a través de la í-í lá forma siguiente: Yo (el sujeto) soy en cuanto ello (Es, el in-
duda radical”. v' consciente) piensa. El inconsciente es„literalmente “la cosa
Comencemos con las paradojas del cogito cartesiano tal co­ que piensa” y, como tal, inaccesible al sujeto: en cuanto yo
mo las presenta Lacan. El hecho crucial que, como regla, se soy, nunca soy donde “ello piensa”. En otras palabras, yo soy
pasa por alto, es que en la enseñanza de Lacan hay dos inter­ sólo en la medida en que algo queda no-pensado: en cuanto
pretaciones distintas, incluso mutuamente excluyentes, del co­ Invado demasiado profundamente este dominio del pensa­
gito cartesiano. Una de ellas sólo considera habitualmente el miento prohibido/imposible, el ser mismo se desintegra.
texto del Seminario X I, que concibe el cogito como resultante Esta es la paradoja lacaniana fundamental de un ser funda­
de una elección forzada del pensamiento: el sujeto enfrenta la do en el no-reconocimiento: el inconsciente es un conoci-
opción de “pensar o ser”; si elige ser, pierde todo (incluso el
ser mismo, puesto que sólo tiene ser como ser pensante); si condición ontológica para la constitución misma del ser.12 El
elige el pensamiento, se queda con el pensamiento, pero ser escogido por el sujeto tiene desde luego su sostén en el
truncado de la parte en la que se intercepta con el ser: esa ^ fantasma. la elección del ser es la elección del fantasma que
parte perdida del pensamiento, ese “no-pensamiento” intrín­ procura marco y consistencia a lo que denominamos “reali-
seco al pensamiento mismo, es lo inconsciente. El error de ‘ ti* dad”, mientras que el “inconsciente” designa los fragmentos
Descartes consistió en suponer que al escoger el pensamiento ipff dc conocimiento que subvierten este marco fantasma.
el sujeto se aseguraba^una pequeña pieza de ser, que obtenía cambio tiene consecuencias lúas importantes que lo
lá certidumbre del “yo” como “sustancia pensante” (res cogi- Mjifeqüe podría parecer: a través de él se desplaza radicalmente el
tans). Según Lacan, de este modo Descartes no reconocía la :^^|éúfasis del concepto de transferencia. En el Seminario X I, La-
dimensión propia de su propio gesto: el sujeto que queda co­ ^ ‘’-can define la transferencia como un supuesto conocimiento
mo resto de la duda radical no es una sustancia, una “cosa que | (.basado en el ser (es decir, en el "objet petit a” qua resto-sem-
piensa”, sino un puro punto de subjetividad insustancial, un Plánte del ser perdido en la elección forzada del significado),
punto que no es más que una especie de brecha evanescente tíiontras que en La lógica del fantasnla, la transferencia es
bautizada por Lacan como “sujeto del significanfe” (en oposi­ fóncebida como una irrupción en el dominio del conocimien-
ción al “sujeto del significado”); el sujeto carece de cualquier tí<|*(pensamiento) perdido en esa opción forzada del ser. La
sostén en el ser positivo determinado.11 áñsferencia surge cuando el conocimiento perdido en la
A la sombra de esta difundida tesis del Seminario X I, habi­
tualmente se olvida el hecho de que dos años más tarde, en el
seminario sobre la lógica del fantasma (1966-7), Lacan reali- Í épción deí ser es “transferido” a un objeto (el sujeto con el
fue mantenemos una relación transferencial), es decir, cuan-
|<f: presuponemos que ese objeto (sujeto) posee el conoci-
mt-

197
Slavoj Zizek Sobre el Otro

miento cuya pérdida es una condición de nuestro ser mismo. pienso. El hecho de que se tome esta brecha en cuenta permite
Primero teníamos el conocimiento basado en el resto-sem­ formular lo que Lacan, en su Seminario XI, denomina “el cogi­
blante del ser; ahora tenemos el ser (del sujeto con el que to freudiano”: el paso freudiano desde la duda a la certidum­
mantenemos una relación de transferencia) al que está engan­ bre, el modo freudiano de confirmar nuestra certidumbre por
chado algún conocimiento iinposible/real. piedió de la duda.
En el trasfondo de este pasaje encontramos uno de los Según Lacan, la variación freudiana del “pienso, por lo
cambios cruciales entre la enseñanza lacaniana de la década tanto existo” es: “donde el sujeto [el analizante] tiene dudas,
de 1950 y la de los años ’70: el cambio de énfasis en la rela­ podemos estar seguros de que hay inconsciente”: las dudas
ción entre sujeto y objeto. En el apogeo de la década de 1950, dèi analizante, su vacilación y resistencia ante una interpreta­
el objeto era desvalorizado y la meta del proceso psicoanalítico ción propuesta por el analista, son la mejor prueba de que la
quedaba consecuentemente definida como la “(re)subjetiviza- intervención de este último ha tocado algún nervio incons­
ción”: la traducción del contenido reificado a los términos de ciente traumático. En la medida en que el sujeto acepta las in­
la dialéctica intersubjetiva. En los años *70, en cambio, pasó al terpretaciones del analista sin perturbación ni incomodidad,
primer plano el objeto que está dentro del sujeto: lo que le procu­ aún no hemos tocado “eso”; la súbita aparición de resistencia
ra dignidad al sujeto es el agalma, lo que es “en él más que él (desde la duda irónica hasta el rechazo horrorizado) confirma
mismo”, el objeto que hay en él.13 Más precisamente: en los que finalmente estamos en la buena senda.
años ’50, el objeto era reducido a un medio, un instrumento A pesar de su semejanza formal, la lógica intrínseca de este
de la dialéctica intersubjetiva del reconocimiento (un objeto modo freudiano de usar la duda como palanca para alcanzar
se convierte en objeto en el estricto sentido psicoanalítico en là certidumbre difiere radicalmente de la inversión cartesiana
la medida en que el sujeto discierne en él el deseo del otro: no de la duda en certidumbre: la duda no es empleada como ges­
lo deseo por él mismo, sino porque otro lo desea); en los años to hiperbólico de suspensión de todos los contenidos hetero-
’70, por el contrario, el objeto que pasa al primer plano es el & gáneos con ella, sino por el contrario como la prueba final de
objetpetit a, el objeto que hace posible la estructuración trans- "gpè'hày un núcleo traumático insistente que se sustrae al al­
ferencial de la relación entre los sujetos: supongo un conoci­ cánce de nuestro pensamiento. Una vez más, la única homo­
miento en otro sujeto, en cuanto hay en él algo más que él mis­ logía filosófica con este procedimiento es la estrategiahege-
mo, el objeto a. Por ello, desde la década de 1960 en adelante, jjjlva de reconocer la heteronomía en el modo mismo en que
Lacan evitó hablar de “intersubjetividad”* prefiriendo el tér­ :|í||i Conciencia afirma su autonomía (como el asceta que exhi­
mino “discurso” (en clara oposición a la década del ’50, cuan­ be su dependencia del mundo material con su misma obse­
do repetía una y otra vez que el domino del psicoanálisis es el sión de liberarse de él).
de la intersubjetividad): lo que diferencia el “discurso” res­ ■Monrovia última palabra de Lacan no es la certidumbre so-
íel inconsciente: él no reduce la duda del sujeto a la resis-

Í
pecto de la “intersubjetividad” es precisamente la adición del
objeto como cuarto'elemento a la tríada de los ((Jos) sujetos y £iá a la verdad inconsciente. En cuanto al problema del es-
el gran Otro como medio o ámbito de su relación. ficismo, al cuestionamiento de nuestras certidumbres
Pero, para volver a la lectura lacaniana del cogito cartesia­ [dianas más seguras, Lacan es mucho más radical que Des-
no, lo que ambas versiones tienen en común es que Lacan, en su escepticismo concierne a lo que el último W itt-
oposición a Descartes, insiste en la brecha irreductible que j í^ lfte in definió como el campo de la “certidumbre objetiva”:
separa el pensamiento y el ser. Como sujeto, nunca soy donde j|^ g |hipo que Lacan bautizó como “el gran. Otro”.

198 199
Slavo] Zizek Sobre el Otro

La “certidumbre objetiva ” por ello, las preguntas del tipo “¿cómo puedo estar seguro de
que los objetos del mundo corresponden realmente al signifi­
La referencia de Wittgenstein a la “certidumbre objetiva” cado de mis palabras?” están estrictamente más allá de la cues­
enclavada en la “forma de vida” es la respuesta a una duda tión: presuponen una brecha que, si existiera, haría imposible
que da un paso más que la cartesiana. Wittgenstein cuestiona él acto mismo de hablar.
la coherencia y la consistencia misma de nuestro pensar. ¿Có­ Para aislar el nivel específico de este pacto del que forma­
mo sé que pienso? ¿Cómo puedo estar seguro de que las pala­ mos parte por el acto mismo de hablar, Wittgenstein intro­
bra que uso significan lo que yo pienso que significan? Con la duce la diferencia entre la certidumbre “subjetiva” y la “obje-
referencia a la forma de vida, Wittgenstein trata de discernir pya’VLa “certidumbre subjetiva” es una certidumbre sujeta a
un apoyo firme presupuesto desde siempre en nuestros juegos duda; concierne a estados de cosas en los que se aplican los
de lenguaje, incluso en el juego de la duda filosófica. En este criterios usuales de verdad y falsedad, conocimiento e igno­
punto debemos ser precisos para no equivocarnos en cuanto a rártela. La actitudes y creencias que constituyen la “certidum­
su énfasis crucial: la forma de vida (a diferencia del cogito car­ bre objetiva”, por el contrario, no están sujetas a la prueba y
tesiano) no es un resto que resiste incluso a la duda más radi­ la duda (y esto a priori): el acto de cuestionarlas socavaría el
cal; es simultáneamente menos y más: es la agencia que senci­ rriárco mismo de nuestra forma de vida y entraña lo que el
llamente convierte en carente de significado a cualquier tipo de psicoanálisis llama “pérdida de la realidad”. De modo que es
escepticismo radical, corroyendo sus cimientos. En otras pa­ superfluo y erróneo incluso decir que la "certidumbre objeti­
labras, no es la agencia que satisface la prueba, que resuelve el va” Concierne a las cosas que “indudablemente sabemos que
interrogante, una respuesta a él, sino la agencia que nos obli­ sóri ciertas”: esta afirmación introduce una distancia reflexiva
ga a renunciar al interrogante, como interrogante falso. qtié está totalmente fuera de lugar, puesto que las actitudes y
En un primer enfoque, la solución de Wittgenstein parece creencias de la certidumbre objetiva forman el trasfondo con-
basarse en un nivel fundamental de creencia, aceptación, ver­ í' tfapl cual podemos dudar consistentemente de algo, ponerlo
dad: por el hecho mismo de hablar, compartimos el pacto social bá­ aprueba, etcétera. Supongamos que tengo dudas sobre la
sico, presuponemos la consistencia del orden del lenguaje, ^jjeáencia de una mesa en mi habitación, junto a la puerta: en-
"Nuestro aprendizaje se basa en la creencia.”14 / “El conoci­ y veo que la mesa está allí; ahora bien, si alguien me pre-
miento se basa en última instancia en la aceptación-reconoci­ ,/$irtta "¿Pero cómo sabe que es usted quien ha entrado en la
miento” (Anerkennung).15 /"U n juego de lenguaje sólo es po: Ajjpitación, cómo puede estar seguro de que vio una mesaV\
sible si uno confía en algo.”16 Pero debemos tener cuidado séría totalmente inadecuado responder: “Lo sé, tenía plena
para no confundir al sujeto de esta aceptación-reconocimien­ cbnéiencía de mí mismo cuando entré, vi la mesa con mis
to con el sujeto cartesiano: el “gran O tro” sobre cuya consis­ ojos”... Esos interrogantes (y las respuestas que im-
tencia reposa el sujeto no es en este caso el Dios cartesiano •;t|P'tamcnte acePtan su validez) simplemente carecen de sen-
que no engaña. Lo que dice Wittgenstein es -que nuestro cor ; jaM dentro del marco de nuestra forma de vida.
nocer, pensar, hablar, sólo tiene sentido como momentos de que Wittgenstein llama “certidumbre objetiva” es, por
una forma de vida determinada, dentro de cuyo marco los in* y|M|áhto, la contracara del gran Otro lacaniano: el campo de
dividuos pueden relacionarse prácticamente entre sí y con el V « » a c t ° simbólico que desde siempre, “siempre-ya” está allí,
mundo que los rodea. “Hablar” significa relacionarse con los ;¡; empre-ya” nosotros aceptamos y reconocemos. Quien
objetos del mundo, dirigirnos a nuestro prójimo, etcétera,^ fe^ B ó-feeonoce, aquél cuya actitud es de incredulidad respecto

200 201
Slavoj Zizek Sobre el Otro

del gran Otro, tiene un nombre preciso en psicoanálisis: es el distancia está vacía; no podemos puntualizar ningún hecho
psicótico. Un psicótico está “loco” precisamente en cuanto positivo, determinado, capaz de cuestionar la certidumbre ob­
adopta actitudes y creencias excluidas por la forma de vida jetiva (puesto que ese hecho aparecería siempre-ya contra el
existente: no es casual que los ejemplos que proporciona trasfondo incuestionable de la certidumbre objetiva), pero
Wittgenstein de proposiciones que cuestionan la certidumbre hay hechos que atestiguan la falta de sostén del gran Otro, su
objetiva parezcan a las bromas con locos (Wittgenstein sostie­ impotencia fundamental: demuestran que, como dice Lacan,
ne que se llama Napoleón, alguien que está en medio de un /‘él gran Otro no existe”, que su estatuto es el de un impostor,
pantano escocés sostiene que se encuentra en Trafalgar Squa­ Úha pura simulación. Y es sólo aquí donde Wittgenstein sale
re, etcétera). En consecuencia, parecería que, después de to­ jle los confines cartesianos, al afirmar una discontinuidad ra-
do, Wittgenstein suscribe su apego al procedimiento cartesia­ ■dical entre la certidumbre y la verdad, al postular una certi­
no en el gesto mismo de socavar el estatuto abstracto del dumbre que, aunque incuestionable, no garantiza su verdad.18
cogito: la certidumbre objetiva ¿no desempeña el papel de la
base y el horizonte fundamentales que nos permiten desem­
barazarnos de la posibilidad misma de la duda? Del J a $
Pero la última palabra de Wittgenstein no es la certidumbre
objetiva: en una colección de sus últimos fragmentos que lleva En sus Investigaciones filosóficas, Wittgenstein ya se había
un título un tanto cartesiano (Sobre la certidumbre) afirma que encontrado con la “no-existencia del gran Otro” como garan­
una brecha irreductible (aunque imperceptible e inefable) sepa­ te de la consistencia de nuestro universo simbólico, en la for­
ra la “certidumbre objetiva” de la “verdad”. La “certidumbre ma de su “paradoja escéptica”: “ningún curso de acción po­
objetiva” no tiene que ver con la “verdad”; por el contrario, es dría ser determinado por una regla, porque se puede hacer
una “cuestión de actitud”, una posición implícita en la forma que;cualquier curso de acción concuerde con la regla”.19 En
de vida existente, y no da ninguna seguridad de que no surgirá síntesis: cualquier curso de acción que parezca infringir el
“algo realmente sin precedentes”17 capaz de socavar la “cer­ táñjunto establecido de reglas puede interpretarse retroacti­
tidumbre objetiva” sobre la que se basa nuestro “sentido de la vamente como una acción concordante con otro conjunto de
realidad”. Recordemos el ejemplo trillado de una tribu de |p|las. Todos conocemos la función matemática de la adición
la Edad de Piedra que de pronto se viera enfrentada a la tele­ Tp|nificada por la palabra “más”. Digamos, por ejemplo, que
visión: esa “caja con hombres vivos dentro” necesariamente f||68 + 57” es un cálculo que nunca he realizado antes; cuando
barrería su “certidumbre objetiva”, lo mismo que haría con Úlnalmente lo ejecuto, determino que “68 + 57 = 5”. Suponga­
nosotros el encuentro con seres extraterrestres (o, de hecho, mos, además, que la palabra “quus” designa una regla de adi-
como ya lo hace la física de las partículás y sus tesis sobre el que da el mismo resultado que “más”, con la única ex­
continuum espacio-tiempo, el espacio curvo, etcétera). - piación de que para “68 + 57” la cifra que- resulta es “5”. De
En otras palabras, Wittgenstein-tiene perfécta conciencia $>do que, ante las protestas de mi confundido compañero,
de que las formas de vida, en última instancia, y por así de­ «(respondo: “¿Cómo sabe que éste es un error? Yo me he lí­
cirlo, “flotan en el vacío”, no tienen ningún “cimiento firme mpido a seguir otra regla: para mí «más» significa y ha signi-
bajo sus pies” o, para decirlo en términos lacanianos, consti­ p o siempre «quus», y «68 + 57 = 5» es una aplicación co­
tuyen círculos viciosos simbólicos autorreferenciales y man­ leta de quus.”20
tienen una distancia innominable respecto de lo Real. Esta< ||T)esde luego, sería muy sencillo refutar esta paradoja den-

202 203
Slavoj Zizek Sobre el Otro

tro de un enfoque heiynenéutico, señalando que presupone una Otro sigue existiendo, sigue habiendo un garante (el analista)
cierta distancia respecto de la “regla” y que esa distancia no ¿q que nuestros deslices y errores obedecen a alguna regla
aparece en nuestra actitud cotidiana. Cuando sumamos en oculta.
nuestra vida cotidiana, no estamos “siguiendo” alguna regla La conclusión final de la “paradoja escéptica” es mucho
externa al acto: la “regla” es intrínseca al acto mismo; consti­ yóás radical. Constituye en la contracara exacta de la última
tuye el horizonte dentro del cual es posible hablar de “adi­ tpsís de Lacan según la cual “el gran Otro no existe”: si se
ción”, por lo cual, cuando sumamos, no podemos primero ha­ puede hacer que cualquier violación concuerde con la regla,
cer abstracción de la regla y después preguntarnos cuál fue la entonces, como dice Kripke sucintamente, “al final hay que
regla que seguimos. Este horizonte hermenéutico del signifi­ patear la escalera”.21 En efecto, en sentido estricto nunca sa­
cado, que está siempre-ya presente como el trasfondo intrín­ bemos qué regla estamos siguiendo, si acaso seguimos alguna.
seco de nuestras operaciones -y , como tal, constituye el lugar La consistencia de nuestro lenguaje, de nuestro campo de sig­
mismo desde el cual hablamos y que, por lo tanto, no puede ser nificado, sobre el cual basamos nuestra vida cotidiana, es
cuestionado de modo consistente- es una de las dimensiones siempre un bricolage precario, contingente, que en cualquier
de lo que Lacan designa como “el gran O tro”: el gran Otro momento puede explotar en una serie de singularidades sin
está siempre-ya allí; con el acto de hablar atestiguamos nues­ ley. El Wittgenstein II, el Wittgenstein de las Investigaciones
tra “creencia” en él. filosóficas, todavía consideraba posible eludir esta conclusión
Pero el campo del psicoanálisis no se limita a esta dimen­ radical remitiéndose al basamento incuestionable de la forma
sión del gran Otro. Lo demuestra el papel crucial que desem­ de vida; sólo en Sobre la certidumbre articuló su versión de la
peña la interpretación de los lapsus verbales: ellos no pueden fínó-existencia del gran Otro”.
ser explicados por el horizonte hermenéutico. Pero, el lapsus Sobre la certidumbre nos obliga por lo tanto a diferenciar
verbal, ¿no es precisamente un acto que no podemos ejecutar Otro Wittgenstein, el Wittgenstein III, respecto del W ítt-
de acuerdo con su regla intrínseca? Nuestra desviación res­ génstein II: lo que el Wittgenstein II no había tenido en
pecto de esa regla, ¿no se ha producido en concordancia con cuenta es el abismo, la distancia vacía que separa para siempre
otra regla desconocida, a saber: la regla sacada a la luz por la jiña forma de vida de lo Real no-simbolizable. Los “aconteci­
interpretación? La meta de la interpretación, ¿no es precisa­ mientos sin precedentes” cuya emergencia socava “la certi­
mente discernir una regla que se ha seguido sin saberlo, allí dumbre objetiva” constituyen precisamente (para decirlo en
donde el “sentido común” no ve nada más que un caos sin llfíminos lacanianos) la intrusión de algún Real traumático
significado? En otras palabras, la meta de la interpretación, que entraña una “pérdida de la realidad”. En Sobre la certi­
¿no es discernir el “quus” allí donde el sentido común ve un dumbre Wittgenstein bosqueja tres modos posibles de res-
simple error, un simple fracaso dq nuestro esfuerzo por seguir fiesta del sujeto a esos “acontecimientos sin precedentes”;
el “más”? Precisamente, se supone que él analista como “suje­ ' Mfetnlítasenos ejemplificarlos con el ya mencionado caso de la
to supuesto saber” conoce el “quus”, la regía íoculta que se­ *^|ca Contemporánea.
guimos sin saberlo, la regla que retroactivamente conferirá ^Primero, puedo comportarme “racionalmente” y reempla-
significado y consistencia a nuestro lapsus... Sin embargo, de yjá certidumbre anterior por la duda (“tal vez las partículas
este modo no hemos hecho más que reemplazar al gran Otro ^Comporten efectivamente de este modo extraño, quizá la
del horizonte hermenéutico por otro gran Otro, por otra re­ Mtéria sea sólo espacio curvo, aunque mi sentido común me
gla que garantiza la consistencia de nuestra palabra: el gran Le que esto es absurdo”); la segunda posibilidad es que ese

204 205
I
Slavoj Zizek

choque socave completamente mi capacidad para pensar y Lo esencial es que, contrariando el sentido común filosó­
juzgar (“si la naturaleza se comporta de este modo, el univer­ fico, “yo” no asegura la identidad del sujeto: “yo” no es más
so está loco y no puede decirse nada realmente consistente que un punto de fuga vacío del “sujeto de la enunciación” que
sobre nada”); finalmente, puedo sencillamente rechazar la sólo llega a su identidad por medio de su identificación con
nueva prueba y aferrarme a mi certidumbre anterior (“todas un lugar en la red simbólica que estructura la realidad social;
las divagaciones sobre el continuum espacio-tiempo, el espacio sólo allí el sujeto se convierte en “alguien”; sólo allí podemos
curvo, etcétera, son totalmente absurdas, lo que hay que ha­ responder a la pregunta de quién sufre. A causa de esta distan­
cer es abrir los ojos y experimentar el mundo como es real­ cia entre el “sujeto de la enunciación” y el “sujeto del enun­
m en te...”)* <¡Qué es un “trauma” en psicoanálisis, si no uno ciado”, frases como “yo, Ludwig Wittgenstein, de tal modo
de esos “acontecimientos sin precedentes” que, una vez asu­ me comprometo a ...” no son pleonásticas: la función del
midos plenamente, socavan la “certidumbre objetiva” propia “Ludwig Wittgenstein” es precisamente responder al interro­
de nuestra “forma de vida”? gante de “¿quién soy yo?”. Cuando, en lugar de decir senci­
En otras palabras, los tres modos articulados por Witt- llamente “yo sostengo q u e...”, digo “yo, Ludwig Wittgens­
genstein, ¿no se corresponden con las tres posibles reacciones tein, sostengo q ue...”, me identifico con un lugar en la red
del sujeto a la intrusión del trauma psíquico? Es decir, a la simbólica intersubjetiva.
asunción por el aparato psíquico, la desintegración del aparato Como Lacan lo ha señalado en su análisis de HamletP las
o la negativa del aparato a tomar en cuenta el suceso traumáti­ frases del tipo “yo, Ludwig W ittgenstein...” atestiguan la ap­
co. Pero lo interesante para nosotros es que esta inconsistencia titud del sujeto para “pasar al acto”, basándose en la certi­
del gran Otro (del campo de la certidumbre objetiva, del “co­ dumbre de la identificación simbólica, de Ja asunción plena de
nocimiento común”) tiene su reverso en la escisión del propio un mandato simbólico. El propio Hamlet, la encarnación
sujeto, en su división en SI (un significante que lo representa misma de la posposición obsesiva, incapaz de pasar al acto, se
en el registro simbólico) y lo que deja como resto la represen­ vuelve capaz de actuar en el momento exacto en que, en el úl­
tación significante, el puro vacío cuya contracara es el objeto a timo acto de la obra, responde a la pregunta retórica de
no simbolizado. Wittgenstein rastreó esta escisión con sus ob­ “¿quién soy yo?”: “¿Quién es aquel cuya pena/ es tan inten­
servaciones refinadas sobre el modo en que funciona el pro­ sa?. i J .. .ése soy yo, Hamlet, el danés.” Lo primordial es la
nombre “yo”; él rechaza resueltamente la idea de que “yo” sea escisión entre “yo” y “Hamlet, el danés”, entre el punto de
un pronombre demostrativo por medio del cual una frase indi­ faga del sujeto de la enunciación y su sostén en la identifica­
ca de modo autorreferenciaí su sujeto de enunciación: ción simbólica: el momento del “pasaje al acto” no es más que
un momento ilusorio de decisión en el que el ser del sujeto
Cuando digo “yo sufro”, no apunto a, una persona que sufre, parece coincidir sin resto con su mandato simbólico, W itt­
puesto que en cierto sentido no sé en absoluto quién está sufrien­ genstein es totalmente claro y unívoco en su insistencia sobre
do. Y esto puede justificarse. Pues el punto principal es que no: el carácter primordial de esta escisión: “La palabra «yo» no
digo que una cierta persona sufre, sino qüe “yo ^ufro...” ...¿Que Significa lo mismo que «L . W .», aunque yo sea L. W ., nj
significa saber quién sufre? Significa, por ejemplo, saber que
tampoco significa lo mismo que la expresión «la persona que
hombre que se encuentra en esta habitación está sufriendo: por
está hablando»”.24
ejemplo, el que está sentado allí, o el que está de pie en ese rin­
cón... ¿Qué quiero decir? Que hay muchos diferentes criterios Así nos encontramos de nuevo en el principio, puesto que
de la “identidad” de una persona.22 es precisamente esta escisión (la resistencia, la vacilación del

206
Slavoj Ztzek Sobre el Otro

sujeto en asumir plenamente su mandato simbólico) lo que que su asesino era el mismo “hombre negro” que lo había lle­
define la posición del histérico: ¿qué es un histérico si no un vado al parque central de Nurenberg cinco años antes...
“yo” que se resiste a la plena identificación con el mandato de . Aunque la súbita aparición de Kaspar Hauser provocó una
“Ludwig Wittgenstein” (“padre”, “esposa”, “hijo”, “líder”, conmoción del tipo de las que generan los encuentros bruta­
“alumno”...)? Y ¿qué es el teatro histérico si no una escenifi­ les con un real-imposible que parece interrumpir el circuito
cación de esta resistencia? Este es el dominio fundamental de simbólico de causa y efecto, lo más sorprendente fue que, en
la duda y la certidumbre: la certidumbre de que “yo” soy mi cierto sentido, su llegada era aguardada: precisamente como
mandato simbólico, la duda de que “yo” sea realmente eso. sorpresa, llegó a tiempo. No se trata sólo de que Kaspar rea­
lizara el mito milenario de un niño de origen real abandona­
do en un lugar salvaje y hallado en la adolescencia (recuérdese
II. E l a spec to fo rm a l
el rumor de que era el príncipe de Badén), ni tampoco de que
los tánicos objetos de su “cueva oscura” fueran una pareja de
Historia de una aparición figuras animales de madera que encarnaban patéticamente el
mito del héroe salvado por animales que se hacen cargo de él.
¿Cuál fue la primera “inversión materialista” de Hegel? La cuestión era más bien que hacia fines del siglo XVIII el te­
Podemos situarla con precisión: se produjo el 26 de mayo de ma de un niño que vivía excluido de la comunidad humana se
1828, en el parque central de la ciudad de Nuremberg. Ese había convertido en objeto de numerosos textos literarios y
día apareció allí un joven vestido con extravagancia, de gestos científicos: escenificaba de modo puro, “experimental”, la
rígidos, carentes de naturalidad; todo su lenguaje consistía en cuestión teórica de cómo distinguir en el hombre la parte
unos pocos fragmentos del Padrenuestro, aprendidos de me­ propia de la cultura y la parte propia de la naturaleza.
moria y pronunciados con errores, y en la enigmática frase “Materialmente”, la aparición de Kaspar resultó de una
“Quiero convertirme en un caballero como mi padre”, desig­ serie de accidentes impredecibles e improbables, pero, desde
nio de una identificación con el ideal del yo. En la mano iz­ el punto de vista formal, era necesaria: la estructura del conoci-
quierda llevaba un papel con su nombre, Kaspar Hauser, y la / miento de la época le había preparado el lugar de antemano.
dirección de un capitán de caballería de Nuremberg. Más tar­ Su aparición causó tal impacto precisamente porque ya estaba
de, cuando aprendió a hablar “propiamente”, Kaspar narró su allí el lugar vacío que aguardaba ser llenado: un siglo antes o
historia: había pasado toda su vida, solo, en una “cueva oscu­ después, habría pasado inadvertido. Captar esta fo?ma, este
ra”, donde un misterioso “hombre negro” le llevaba comida y L lugar vacío que precede al contenido que lo llena: ése es el
bebida, hasta el día en que lo vistió y lo condujo a Nurem­ objetivo de la razón hegeliana, es decir, la razón en cuanto
berg, enseñándole algunas frases en el camino... Kaspar fue , ; opuesta al entendimiento, para la cual una forma expresa un
confiado a la familia Daumer, se “humanizó^ rápidamente y .y contenido positivo anterior. En otras palabras, lejos de ser su-
se convirtió en una celebridad, objeto de investigación filosó­ perado por sus “inversiones materialistas”, Hegel dio cuenta de
fica, psicológica, pedagógica y médica, e incluso fuente de es­ ' ; e^as de antemano. ’
peculación política sobre su origen (¿era acaso el desapareci­
do príncipe de Badén?). Después de un par de años
tranquilos, la tarde del 14 de diciembre de 1833 fue hallado
mortalmente herido con un puñal; en su lecho de muerte dijo

208 209
Slavoj Zizek Sobre el Otro

Decir y querer decir sentido común (o entendimiento) “piensa abstractamente” en


■cuanto subsume toda la riqueza de un objeto en una determi­
Según la Vulgata dialéctica, el entendimiento aborda las nación particular: de la red concreta de determinaciones que
categorías, las determinaciones conceptuales, como momen­ constituyen una totalidad viva, aísla un único rasgo. Un hom­
tos abstractos, coagulados, segregados de su totalidad vivien­ bre, por ejemplo, es identificado con (reducido a) la determi­
te, reducidos a la particularidad de su identidad fija, mientras nación de “ladrón” o “traidor”... Por otro lado, se supone
que la razón supera este nivel, presentando los procesos vivos que el enfoque dialéctico compensa esta pérdida ayudándonos
de la (auto)mediación subjetiva cuyos momentos abstractos, a recobrar la riqueza de la totalidad viviente concreta. N o
"muertos”, cuyas “objetivizaciones” son las categorías del en­ obstante, como'lo ha señalado Gérard Lebrun,25 esta concep­
tendimiento. Donde el entendimiento sólo ve determinacio­ ción del enfoque dialéctico es totalmente errónea: en cuanto
nes rígidas, la razón ve el movimiento vivo que las engendra. se entra en el Lagos, la pérdida es irrecuperable, lo que se ha
La distinción entre entendimiento y razón es entonces conce­ perdido se perdió de una vez por todas o, para decirlo en los
bida como una especie de oposición bergsoniana entre el fle­ términos de Lacan, en cuanto uno habla, la brecha que sepa­
xible élan vital y la materia inerte, su producto, accesible al ra lo Simbólico de lo Real es irreductible.
entendimiento. Lejos de lamentar esta pérdida, Hegeí exalta el inmenso
Esta concepción no comprende lo que está en juego en la poder del entendimiento capaz de “abstraer” (es decir, des­
distinción hegeliana entre razón y entendimiento: la razón no membrar) la unidad inmediata de la vida:
es de ningún modo algo “más” en relación con el entendi­
miento, decididamente no es un movimiento vivo inapresable La actividad de disolución es el poder y el trabajo del entendí-
en el esqueleto muerto de las categorías del entendimiento; miento, el más sorprendente y poderoso de los poderes, o más
por el contrario, la razón es el mismo entendimiento en cuan­ bien el poder absoluto. El círculo que permanece cerrado en sí
mismo y, como la sustancia, mantiene juntos todos sus momen­
to no le falta nada, en cuanto no hay nada “más allá” de él: es
tos, es una relación inmediata y, por lo tanto, no hay nada sor­
la forma absoluta más allá de la cual no hay ningún contenido
prendente en ella. Pero que un accidente como tal, desprendido
trascendente que se sustraiga a su captación. Quedamos pega­ de lo que lo circunscribe, de lo que está ligado y es actual sólo en
dos al nivel del entendimiento mientras seguimos creyendo su contexto con otros, pueda obtener una existencia propia y una
que hay algo más allá de él, alguna cantidad desconocida que libertad separada [...] éste es el poder tremendo de lo negativo,
no está a su alcance, incluso (y especialmente cuando) a este más- es la energía del pensamiento, del puro “yo”.26-
allá lo llamamos “razón”. Al pasar a la razón, no añadimos na­
da al entendimiento, sino que sustraemos algo de él (el espec­ En otras palabras, lo concreto del pensamiento es total­
tro de un objeto persistente en su más-allá), lo reducimos a su mente inconmensurable con la concreción inmediata de la
procedimiento formal: uno “supera” el entendimiento cuando .plenitud de la vida: el “progreso” del pensamiento dialéctico
toma conciencia de que él es ya en sí mismo el movimiento M.;,én relación con el entendimiento no consiste en modo alguno
vivo de automediación que buscábamos en vano én su más- :j'en una “reapropiación” de esta plenitud prediscursiva, sino
allá. i.íjuc entraña la experiencia de su nulidad final, de que la ri-
Una toma de conciencia de este tipo puede ayudarnos a :j;||déza que desaparece en el camino a la simbolización es ya en
disipar un error corriente de la crítica hegeliana al "pensa­ ; sí misma algo que está desapareciendo. Para decirlo sucinta-
miento abstracto”. Habitualmente se retiene la idea de que el ¿||niénte, pasamos del entendimiento a la razón cuando experi-

210 211
v
Slavoj Zizek Sobre el Otro

mentamos que la pérdida de la inmediatez por el entendi­ úca, cuando renunciamos a concebirlas como momentos fijos,
miento es en realidad la pérdida de una pérdida, la pérdida de “objetivizaciones” de un proceso dinámico que las supera, es
algo sin consistencia ontológica propia. decir, cuando situamos el impulso de su movimiento en la inma­
El error del entendimiento no consiste en su lucha por nencia de su- propia contradicción. “La contradicción como im­
reducir la riqueza de la vida a determinaciones conceptuales pulso del movimiento dialéctico”: de nuevo un lugar común
c u y a función, en la mayoría de los casos, es ahorrarnos el es­
abstractas: su supremo error es esta oposición entre la rique­
za concreta de lo Real y la red abstracta de determinaciones fuerzo de determinar la naturaleza precisa de esa contradic­
simbólicas, su creencia en una plenitud original de la vida ción. ¿Qué es, stricto sensu, esta “contradicción” que pone en
que supuestamente se sustrae a la red de las determinaciones movimiento el proceso dialéctico?
simbólicas. En consecuencia, cuando lamentamos el poder : En un primer enfoque, podíamos determinarla como la
negativo del entendimiento, que desmembra la totalidad vi­ • contradicción de un universal consigo mismo, con su propio
viente, orgánica, y lo contrastamos con la capacidad sintética, contenido particular: toda totalidad universal, puesta como
curadora de la razón, por lo general erramos en lo esencial: la “tesis”, necesariamente contiene entre sus elementos particu­
operación de la razón no consiste en restablecer la unidad lares “por lo menos uno” que niega el rasgo universal que la
perdida en un nivel “superior”, como un todo que conserva la define. En tal sentido es su “punto sintomático”, el elemento
diferencia interior poniéndola como su momento superado o que -dentro del campo de la universalidad- ocupa el lugar de
algún palabrerío seudohegeliano similar. El pasaje del enten­ su exterior constitutivo, de lo que tiene que ser “reprimido”
dimiento a la razón se produce cuando un sujeto toma con­ para que la universalidad se constituya. En consecuencia, no
ciencia de que el todo orgánico perdido por el entendimien­ comparamos la universalidad de una “tesis” con alguna ver-
to “viene a ser cuando es dejado atrás”, de que no hay nada más dad-en-sí con la cual se supone que se corresponde: la com­
allá o anterior al entendimiento, de que este más-allá de un paramos consigo misma, con su contenido concreto. Uno soca-
todo orgánico es puesto (presupuesto) retroactivamente por . vá una “tesis” universal sacando a la luz la “mancha” de su
■%
el entendimiento mismo. La ilusión fundamental del enten­ excepción constitutiva. Recordemos El capital de Marx: la ló­
dimiento es precisamente que hay un más-allá que se sustrae gica intrínseca de la propiedad privada de los medios de pro­
a su aprehensión, de modo que, para decirlo de modo sucin­ yección (la lógica de las sociedades en las que los productores
to, la razón es simplemente el entendimiento menos lo que se ... son propietarios de sus medios de producción) lleva al capita-
supone que falta, lo que se supone que elude su aprehensión. •L.dismo, a una sociedad en la que la mayoría de los productores
En síntesis: lo que se le aparece como su más-allá inaccesi­ no son propietarios de los medios de producción y se ven por
lp tanto forzados a venderse en el mercado, a vender su fuerza
ble.27
La fórmula trillada según la cual la razón “pone en movi­ de trabajo en lugar de sus productos.
miento” las categorías rígidas del entendimiento, introdu­ LfckAdemás es preciso especificar adicionalmente el carácter
ciendo en ellas el dinamismo de la vida dialéctica, deriva en­ jjMléVesta comparación de un universal consigo mismo, con su
tonces de una comprensión errónea: lejos de “superar los á|tópi° contenido concreto: en última instancia, consiste en la
límites del entendimiento”, la razón marca el momento de la ■|!||inparación de lo que quiere decir el sujeto que enuncia una
reducción de todo el contenido del pensamiento a la inma­ universal, con lo que realmente dijo. Subvertimos una te-
nencia del entendimiento. Las categorías del entendimiento ||s universal al demostrarle al sujeto que la enunció que, con
“se vuelven fluidas”, son puestas en movimiento por la dialéc- impropia enunciación, ha dicho algo totalmente distinto de lo

212 213
Slavoj Zizek Sobre el Otro

que intentaba decir; como Hegel lo señala reiteradamente, lo consiste en el movimiento realizado por el sujeto, en el pro­
más difícil del mundo es decir exactamente lo que uno “quie­ cedimiento por medio del cual pone una entidad como la apa­
re decir”. La forma más elemental de esta subversión dialécti­ riencia de alguna esencia.
ca de una proposición mediante la autorreferencia (es decir, Esta dialéctica puede ejemplificarse considerando la inter­
relacionándola con su propio proceso de enunciación) se en­ pretación que da Hegel a las paradojas por medio de las cua­
cuentra en el tratamiento que da Hegel al “principio de iden­ les Zenón intentó demostrar la inexistencia del movimiento y
tidad”: sin saberlo, el sujeto que lo enuncia inscribe la dife­ de lo múltiple. Zenón, desde luego, “quería decir” que el mo­
rencia en el meollo mismo de la identidad, en la identidad vimiento “no existe”, que sólo existe verdaderamente el Uno,
misma: el Ser inmóvil e indivisible, pero lo que realmente hizo fue
demostrar la naturaleza contradictoria del movimiento: el
Es entonces a la identidad vacía a lo que se adhieren rígida­
movimiento sólo existe como el movimiento de su autosupe-
mente quienes la toman, como tal, por algo verdadero, y se incli­
nan a decir que la identidad no es diferencia, sino que identidad ración. En este punto podemos ver cuan errónea es la com­
y diferencia son diferentes. No ven que en esta misma aserción prensión corriente de la categoría hegeliana del en-sí (An sich);
ellos mismos están diciendo que la identidad es diferente, pues es­ para esa concepción, se trata de un contenido sustancial-tras-
tán diciendo que la identidad es diferente de la diferencia.28 cendente que sigue eludiendo la captación por la conciencia,
que todavía no ha sido “mediado” por ella; desde luego, este
Por esto, para Hegel, la verdad está siempre del lado de lo modo de ver toma como modelo el concepto kantiano de la
que se dice y no del lado de lo que “se quiere decir”. Permíta­ “cosa-en-sí”.
senos articular esta distinción (que, incidentalmente, coincide Pero, ¿cuál es el “en-sí” de la argumentación de Zenón?
con la distinción lacaniana entre significancia {signifiance) y sig­ Para Zenón, su procedimiento argumentativo era una prueba
nificación a propósito de la dialéctica de la esencia y la apa­ a contrario del Ser inmóvil que persiste en sí mismo, más allá
riencia. “Para nosotros”, para la conciencia dialéctica que ob­ de la falsa apariencia del movimiento. En otras palabras, una
serva el proceso ulteriormente, la esencia es “la apariencia qua diferencia entre lo que es sólo “para la conciencia” y lo que existe
apariencia”: el momento mismo de la autosuperación de la “en sí” es ya “para la conciencia ” (para el propio Zenón): la idea
apariencia, el movimiento por medio del cual la apariencia es de Zenón es que el movimiento es una falsa apariencia que
puesta como tal, es decir, como “mera apariencia”. Sin em­ existe para la conciencia ingenua, mientras qüe sólo existe
bargo, “para la conciencia”, para el sujeto tomado en el pro­ verdaderamente el Uno inmóvil. Esta es por lo tanto la pri­
ceso, la esencia es algo que está más allá de la apariencia, una mera corrección que hay que introducir en la mencionada
entidad sustancial oculta por debajo de la apariencia engaño­ concepción corriente: la diferencia entre lo que es sólo “para
sa. La “significación” de la esencia, lo que el sujeto “quiere eso” (para la conciencia) y lo que existe “en sí” es una diferen­
decir” cuando habla de una esencia, es entonces una entidad cia inherente a la conciencia “ingenua” en sí. L a movida he­
trascendente que está más allá de la apariencia,^mientras que geliana consiste sólo en desplazar esta diferencia, demostrando
lo que “realmente dice”, la “significancia” de sus palabras, se que su lugar no está donde lo pone la conciencia “ingenua” (ó
reduce al movimiento de autosuper ación de la apariencia: la la conciencia “crítica” como forma suprema de ingenuidad).
apariencia no posee ninguna consistencia ontológica, es una “Para la conciencia”, para Zenón, se trata de una distin­
identidad cuyo ser mismo coincide con su propia desintegra* ción entre la apariencia contradictoria, autosuperadora del
ción. El punto crucial es que la “significancia” de la esencia movimiento, y el ser inmóvil que persiste en su identidad

214 215
Slavoj Zizek Sob?'e el Otro

consigo mismo; la “verdad” de Zenón, su “en-sí o para-noso- se presenta a nosotros, existe para eso; sólo comprendemos el as­
tros”, es que todo el contenido de este Ser inmóvil, todo lo pecto formal de ese contenido, o su pura origínación. Para eso, lo
que Zenón dice realmente sobre él, consiste en el movimien­ que así ha surgido existe sólo como un objeto; para nosotros, apa­
to de la autosuperación del movimiento: el Ser inmóvil que rece al mismo tiempo como movimiento y como un proceso de
está más allá de la apariencia coincide con el proceso de autodi- devenir.29
solución del movimiento. Lo crucial es que “para la concien­
cia”, para Zenón, este procedimiento, este movimiento argu­ Contrariando la idea habitual de la forma externa que, se
mentativo, es algo externo a la í(cosa misma”, es concebido supone, oculta el contenido verdadero, el enfoque dialéctico
como nuestro camino hacia el Uno que persiste en sí mismo, concibe el contenido como una especie de fetiche, como un
no perturbado por nuestra procedimiento; para recurrir a una objeto cuya presencia inerte oculta su propia forma (su red de
conocida metáfora, este procedimiento es como una escalera mediaciones dialécticas): la verdad del Ser eleático es el pro­
que uno empuja después de haber trepado por ella. “Para no­ cedimiento formal por medio del cual se demuestra la incon­
sotros”, por el contrario, el contenido del Ser es la senda de la sistencia ontológica del movimiento. Por esta razón la dialéc­
argumentación que lleva hacia él; el Ser inmóvil no es nada tica hegeliana implica la experiencia de la nulidad final del
más que una especie de “coagulación” del procedimiento que “contenido” en el sentido de algún meollo de en-sí al que se
pone el movimiento como falsa apariencia. supone que uno se acerca a través del procedimiento formal:
El pasaje desde lo que es sólo “para la conciencia” a lo que ese meollo, por el contrario, no es nada más que el modo in­
es “en sí o para nosotros” de ningún modo se corresponde vertido en que la conciencia percibe (mal) su propio procedi­
entonces con el pasaje desde una apariencia engañosa a su miento formal. Cuando Hegeí le reprocha a Kant su “forma­
más-allá sustancial que supuestamente existe en sí mismo: por lismo”, lo hace porque Kant no es bastante “formalista”, es
el contrario, consiste en la experiencia de que lo que la con­ decir, porque aún se aferra al postulado de un en-sí, que su­
ciencia toma por una senda hacia la verdad, y como tal exter­ puestamente se sustrae a la forma trascendental, y no recono­
na a ella (por ejemplo, el procedimiento argumentativo de ce en él una pura “cosa de pensamiento” (Gedankending). El
Zenón), es ya la verdad en si. En un sentido, “todo está en la reverso del pasaje dialéctico a la verdad de un objeto es en­
conciencia”, la verdad en sí no está de ningún modo oculta en tonces su pérdida-, el objeto, su identidad fija, se disuelve en la
algún más-allá trascendente: el error de la conciencia es con­ red de mediaciones. Al concebir el movimiento de la autosu-
fundir la “cosa misma” con el procedimiento externo que lle­ péración del movimiento como la verdad del Ser de Zenón,
va a ella. En este punto asume todo su peso la categoría del perdemos el Ser como entidad sustancial que existe en sí: sólo
“aspecto formal” (das FormeHe), de la introducción a la Feno­ queda la vorágine abismal de la autosuperación del movi­
menología del espíritu: la verdad de un momento o una etapa miento, Ueráclito como la verdad de Parménides.
del proceso dialéctico debe buscarse en su misma forma, en el A propósito del concepto de verdad, Hegel realiza su céle­
procedimiento formal, en el modo en que la conciencia llega bre inversión: la verdad no consiste en la correspondencia dé
a ella: nuestro pensamiento (nuestra proposición, nuestro concepto)
con un objeto, sino en la correspondencia del objeto con su
[...] en el movimiento de la conciencia aparece ui; momento de concepto; como es sabido, Heidegger replicó que esta inver­
ser-en-sí o ser-para-nosotros que no está presente ante la concien­ sión sigue dentro de los confínes de la misma concepción me­
cia inmersa en la experiencia misma. Pero el contenido, o lo que tafísica de la verdad como correspondencia.30 Sin embargo,

216
Skvoj Zizek Sobre el Otro

este reproche heideggeriano no se aplica al carácter radical­ que Kant tenía en mente al hablar de la subjetividad trascen­
mente asimétrico de la inversión hegeliana: en Hegel tenemos dental, pero el énfasis de Hegel está en otra parte y se dirige
tres y no dos elementos: la relación dual del “conocimiento” precisamente contra Kant. En Kant, el sujeto le procura la
entre “el pensamiento” y su “objeto” es reemplazada por el forma universal al contenido sustancial de origen trascenden­
triángulo del pensamiento (subjetivo), el objeto y su concepto, te (la “cosa-en-sí”); seguimos entonces dentro del marco de
que de ningún modo coincide con el pensamiento. Podemos decir la oposición entre el sujeto (la red trascendental de las formas
que el concepto es la forma del pensamiento, la forma en el es­ posibles de experiencia) y la sustancia (la “cosa-en-sí” tras­
tricto sentido dialéctico del aspecto formal qua verdad del cendente), mientras que Hegel trata de aprehender la sustan­
contenido: lo “no pensado” de un pensamiento no es algún cia como sujeto. En el proceso del conocimiento no penetra­
contenido trascendente que se sustrae a la captación, sino su mos en algún contenido sustancial que sería en sí mismo
forma misma. Por ello, el encuentro entre un objeto y su con­ indiferente a nuestro conocer sino que nuestro acto de cono­
cepto es necesariamente un encuentro frustrado: el objeto cimiento está incluido de antemano en su contenido sustan­
nunca puede corresponder plenamente a su concepto, puesto cial: como dice Hegel, la senda hacia la verdad forma parte
que su misma existencia, su consistencia ontologica, depende de esta de la verdad misma. Para aclarar este punto, recordemos un
no-correspondencia. El objeto es en cierto sentido la no-verdad ejemplo que confirma la tesis de La can en cuanto a que el
encamada-, su presencia inerte llena un agujero en el campo de marxismo no es una “cosmovisión”.31 Me refiero a la idea de
la verdad, por lo. cual el pasaje a la “verdad” de un objeto en­ que el proletariado se convierte en un sujeto revolucionario
traña su pérdida y la disolución de su consistencia ontològica. real al integrar el conocimiento de su rol histórico:32 el mate­
rialismo histórico no es un “conocimiento objetivo” del desa­
rrollo histórico, puesto que es un acto de autoconocimiento
E l kegeliano petformativo de un sujeto histórico; como tal, implica la posición subjetiva
proletaria. En otras palabras, el “conocimiento” propio del
Esta discordia necesaria entre un objeto y su verdad es lo ■ materialismo histórico es autorreferencial, cambia su “obje­
que cuenta en la paradoja hegeliana fundamental de la “per- to”; sólo a través del acto del conocimiento el objeto se con­
formatívidad retroactiva”, es decir, en el hecho de que el pro­ vierte en lo que realmente “es”.
ceso dialéctico se caracteriza por dos rasgos que parecen ser El énfasis en la performatividad del proceso hegeliano del
mutuamente excluyen tes. El principal tema de la crítica hege­ conocer, en el modo en que cambia y crea a su objeto, es des­
liana a la teoría del conocimiento “ingenua”, de sentido co­ de luego un lugar común; lo que por lo general se pasa por
mún, es que concibe el proceso del conocimiento como una alto es su reverso. Cuando Hegel describe el proceso dialécti­
penetración en un dominio previamente desconocido: la idea co, su inversión crucial, siempre recurre a modos de decir que
“espontánea” es que uno descubre, revela, alguna realidad afirman un estado de cosas ya-dado: “ya allí”, “siempre-ya”,
que existía desde antes de nuestro proceso de conócerla; esta etcétera. El pasaje desde la escisión a la síntesis no consiste ep
teoría ingenua pasa por alto el carácter constitutivo del pro­ algún acto productivo de reconciliación sino en un simple
ceso del conocimiento con respecto a su objeto, el modo en cambio de perspectiva, por medio del cual tomamos concien­
que el conocimiento modifica a su objeto, le confiere la forma cia de que lo que consideramos erróneamente una escisión es
que tiene como “objeto de conocimiento”. ya en sí una reconciliación: la escisión no es “dominada” sino
Este carácter constitutivo del conocimiento parece ser lo “anulada” retroactivamente.33

218
V v

Slavoj Zizek Sobre el Otro

¿Cómo, entonces, podremos pensar juntos estos dos as­ tonces en el hecho de que los agentes individuales persiguen
pectos del proceso dialéctico que parecen ser mutuamente ex- sus intereses, luchan por la riqueza, el poder, el placer, la glo­
cluyentes, a saber, su carácter performativo y el hecho de que, ria y otros valores ideológicos, mientras que, sin saberlo, no
en el curso de un proceso dialéctico, se remueve un obstáculo son más que herramientas inconscientes de la Idea.
comprobando que nunca lo hubo? En esto consiste la prueba Tomemos el caso de la economía de mercado. Los pro­
fundamental de que la lógica hegeliana es una lógica del sig­ ductores individuales que aparecen en el mercado, en su es­
nificante, puesto que esta unidad de los dos rasgos opuestos, fuerzo por satisfacer su codicia egoísta, no tienen conciencia
esta paradoja de la performatividad retroactiva, es precisamente de que la razón histórica utiliza el interjuego de sus pasiones
lo que define al significante: una marca significante “hace” de para realizar el verdadero Fin de la producción social, el de­
una cosa lo que “siempre-ya era”. En un pasaje esencial de la sarrollo de las fuerzas productivas, el crecimiento del poten­
Enciclopedia, Hegel articula el vínculo entre esta performativi- cial productivo de la sociedad, en el cual el Espíritu logra la
dad retroactiva y la dialéctica de la verdad y el engaño; existencia “objetiva”. En este sentido, el engaño es un “nece­
sario elemento dinámico de la verdad”: la razón histórica sólo
La consumación del Fin infinito, por lo tanto, consiste mera­ puede cumplir su verdadero Fin por medio del engaño, por
mente en remover el engaño que lo hace aparecer como aún no medio de la explotación astuta de los intereses y pasiones in­
cumplido. El Bien, lo absolutamente Bueno, está eternamente dividuales. Para decirlo francamente, nadie trabaja “por el de­
cumpliéndose en el mundo: y el resultado es que no necesita sarrollo de las fuerzas productivas”; los individuos necesaria­
aguardarnos, sino que ya está cumplido por implicación, y tam­ mente perciben este verdadero Fin como un medio para
bién en plena actualidad. Este es el engaño bajo el cual vivimos, satisfacer sus propias necesidades...
Él solo proporciona al mismo tiempo la fuerza actuahzadora so­
Sin embargo, esta concepción habitual de la “astucia <?e la
bre la que reposa el interés en el mundo. En el curso de su pro­
ceso, la Idea crea ese engaño, poniendo una antítesis para con­ razón” implica un concepto de la razón como entidad sustan­
frontarla, y su acción consiste en liberarse del engaño que ha cial externa al proceso histórico, elevada por sobre él, que
creado. Sólo fuera de este error surge la verdad. En este hecho manipula a sus agentes (los individuos activos), jugando la
reside la reconciliación con el error y con la finitud. El error o carta del engaño mientras se mantiene intacta detrás del esce­
ser-otro, "cuando es superado, es un necesario elemento dinámi- nario, a distancia segura del tumulto histórico, como el Dios
co de la verdad: pues la verdad sólo puede estar allí donde hace de la teología tradicional, que utiliza la historia para alcanzar
de sí misma su propio resultado.34 Sus metas incomprensibles. SÍ suscribimos esta interpreta­
ción, asignamos a los individuos la posición de herramientas
A primera vista, las cosas parecen tan claras como podrían de la voluntad de Dios, inconocible para los humanos. En
serlo: este pasaje, ¿no confirma acaso el lugar común sobre otras palabras, la sustancia no sería efectivamente sujeto,
Hegel? La Idea, lo absolutamente Bueno, es la sustancia-suje­ puesto que los sujetos son reducidos a la condición de medios
to de todo el procesó, y la fisura, el engaño, es précisamente de un Fin sustancial trascendente. Entonces, ¿hay otra lectu­
un juego que la Idea juega consigo misma. La Idea realiza sus ra posible del pasaje citado de la Enciclopedia? .
verdaderos fines por medio de la “astucia de la razón”: permi­
te que los individuos sigan sus fines finitos, mientras cumple
su Fin infinito a través del desgaste y desgarramiento recípro­
cos y el fracaso de los fines finitos. El “engaño” consiste en­

220
Slavo] Zizek Sobre el Otro

La “astucia de la razón ” revisitada ■■■■La inversión de la reflexión extrínseca en reflexión absolu­


ta se produce cuando experimentamos que el objeto como aí-
Aparece una posibilidad totalmente distinta si leemos este ;go dado inmediato, prcrreflexivo, “sólo llega a ser a través del
pasaje contra el fondo de la lógica hegeliana de la reflexión: el ser dejado a t r á s que, en consecuencia, no hay nada anterior
“poner presupuestos” reflexivo.35 Respecto de esta lógica, al movimiento de la reflexión, puesto que este mismo inovi-
el lugar común es que el proceso dialéctico va desde el punto /miento “pone sus presupuestos”, produce la ilusión retroacti­
de partida inmediato, a través de su mediación reflexiva, has­ va de que su objeto estaba dado de antemano.37 En esto con­
ta la inmediatez mediada, restaurada, del resultado. Lo que de siste la “pérdida de la pérdida” hegeliana: no en la anulación
tal modo se pierde es la idea hegeliana crucial según la cual la 4e la pérdida, ni en la reapropiación del objeto perdido con
inmediatez inicial misma está siempre-ya “puesta” retroacti­ su plena presencia, sino en la experiencia de que nunca tuvi­
vamente, de modo que su emergencia coincide con su pérdida: mos lo que hemos perdido: la experiencia de que, en cierto
, sentido, la pérdida precede a lo perdido. “En el principio” hu­
Por lo tanto, la reflexión “encuentra antes de ella” un inme­
diato que es trascendente y desde el cual retorna. Pero este retor­ bo siempre-ya una pérdida, y esta pérdida abre el espacio que
no es sólo la presuposición de lo que la reflexión encuentra antes debe ser llenado por los objetos. En el pasaje de la reflexión
de ella. De modo que lo que se encuentra sólo llega a ser a través extrínseca a la reflexión absoluta, la pérdida no queda enton­
del ser dejado atrás, su inmediatez es inmediatez superada.36 ces abolida con la plena presencia-para-sí del sujeto-objeto:
sólo cambia de lugar.iS
Con esto, el “engaño” propio del proceso dialéctico apare­ . ; Las conclusiones de este desplazamiento de la pérdida pa­
ce bajo una nueva luz. Somos engañados en cuanto pensamos ra la lógica del espacio político son de largo alcance. T om e­
que lo que se ^encuentra" ya existía antes de ser “dejado atrás”, en mos el caso de la actual desintegración del “socialismo re»l”.
cuanto pensamos que alguna vez, antes de la pérdida, poseimos lo Desde luego, esta desintegración es percibida inmediatamen­
perdido por la reflexión. En otras palabras, somos engañados $ te como una pérdida, la pérdida de la estabilidad casi idílica
acerca del hecho de que nunca tuvimos lo que perdimos por la re­ q^e caracterizó la trama social del socialismo real posestali-
flexión. Esta paradoja es precisamente lo que nos permite for­ f /ñlsta, la sensación de que hemos perdido nuestro basamento.
mular una delimitación concisa de la reflexión “extrínseca” y El paso crucial que hay que dar es desembarazarse de este an-
la reflexión “absoluta”. La reflexión extrínseca se ejerce sobre .;él^lo nostálgico que suscita el universo cerrado que hemos
un objeto percibido como una entidad sustancial, dada de an­ •^ardido, reconociendo que nunca lo tuvimos; el idilio era falso
temano, es decir, independientemente de la actividad reflexi­ 'desde el principio mismo, la sociedad estuvo siempre-ya
va. El problema es que la propia actividad de la reflexión en­ /Abrumada por feroces antagonismos. La pérdida más traumá-
traña la pérdida de la presencia plena, inmediata, del objeto: , ;átilCa que se produce en la desintegración del socialismo real es
en la reflexión, el objeto es perdido “como tal”; es mortifica­ ^jh/duda la de la “apariencia esencial” que mantenía unida a la
do, disecado por medio de las categorías analíticó-reflexivas. ; ^|tyédad:39 la apariencia de que toda la sociedad apoyaba al
Lo que la red de la reflexión retiene son sólo aspectos parcia­ pitido y construía con entusiasmo el socialismo; con el de-
les, en lugar de la totalidad viva; quedamos pegados a una Jh b e de esta apariencia tenemos el más puro ejemplo posi-
abstracción muerta. En este sentido, el filósofo por excelencia í|||dé “pérdida de una pérdida”. Es decir que, a través de esta
de la “reflexión extrínseca” es Kant: por ejemplo, con su teo­ W‘ntegrac¡ón, en un sentido no perdemos nada (nadie creía
ría de que la cosa-en-sí se sustrae a la reflexión subjetiva. álnientc en la apariencia), pero no obstante la pérdida es

222 223
Slavo] Zizek Sobre el Otro

tremenda, se la experimenta como traumática. De modo que : pero sería erróneo oponer simplemente estos dos engaños
al desintegrarse la apariencia de un apoyo entusiasta al Parti­ . (el engaño de la conciencia cotidiana que persigue sus fines
do, el Partido literalmente pierde lo que nunca tuvo, a saber: el egoístas, sin advertir que es la herramienta por medio de la
apoyo del pueblo. cual la razón histórica alcanza su Fin infinito, y el engaño
Con referencia al concepto de antagonismo social elabo­ mismo de pensar que somos la herramienta de alguna razón
rado por Laclau y Mouffe,40 podemos también decir que en la trascendente que, aunque desconocida para nosotros, garanti­
pérdida de una pérdida el antagonismo es reconocido como za el significado y la consistencia de proceso histórico) y
“primordial”, no como una mera quiebra secundaria de la ar­ denunciar el primero como una “ilusión” y proclamar el se­
monía original. Cuando enfrentamos el derrumbe de un or­ gundo como “la verdad”. De este modo perdemos el momen­
den social hasta entonces estable, “pérdida de una pérdida” es to de verdad propio de la primera concepción. La experiencia
el nombre de la experiencia de que esa estabilidad anterior de que el Fin absoluto “no nos aguarda, sino que ya está cum­
era en sí misma falsa, enmascaraba la lucha interna. E, inci­ plido” pone de manifiesto el “tejer silencioso del Espíritu”, la
dentalmente, esto es lo que en última instancia significa la demora necesaria del acto formal de decisión. El “tejer” in­
“reconciliación” hegeliana: el polo opuesto de lo que habi­ consciente por cierto no nos aguarda, de modo que cuando el
tualmente se supone: la humilde aceptación de que todo NO conflicto sale a la luz es ilusorio pensar que todo depende de
es racional, de que el momento del antagonismo contingente nosotros, de nuestra decisión: las cosas, efectivamente, “ya es­
es irreductible, de que la necesidad conceptual misma depen­ tán cumplidas”.
de y está insertada en una contingencia que la contiene. Para ■ El problema real es el de cómo se pueden pensar juntos los
convencerse, basta recordar el lugar exacto de la Fenomenolo­ dos niveles de engaño. En otras palabras, ¿por qué es necesaria
gía del espíritu en el que aparece la “palabra de reconcilia­ la suposición ilusoria de la razón como agencia trascendente?
ción”: al final de la dialéctica del alma bella, cuando el sujeto Para ejemplificar esta conjunción paradójica, tomemos el*ca-
se ve obligado a aceptar que “el modo de ser del mundo” no p sÓ de la Revolución de Octubre: hoy está claro que era erró­
se deja aprehender por (su) razón. nea la ideología que guiaba a los bolcheviques cuando hicie­
Ahora bien, parece asimismo claro que debemos releer el ron la revolución, la ideología de que ellos eran meros
pasaje citado de la Enciclopedia de Hegel. Caemos víctimas del ejécutores de la necesidad histórica, una “herramienta de la
engaño precisamente cuando percibimos el Bien como algo Jflistoria” que realizaba la misión histórica prescrita. Pero lo
que “no necesita aguardarnos, sino que ya está cumplido, por ^esencial es que si ellos no hubieran creído que eran meras he­
implicación y en plena actualidad”, es decir, cuando pasamos rramientas de la Historia, no podrían haber realizado la revo­
por alto que también lo absolutamente Bueno “sólo viene a ser lución: para recordar la concisa formulación del Leszek ICola-
a través del ser dejado atrás". Caemos víctimas del engaño yjcowski, el éxito de Lenin se basaba en cometer los errores
cuando damos por sentada la existencia de una sustancia-suje­ ^correctos en el momento correcto. Aquí tenemos juntos am-
to excluida de las vicisitudes del proceso histórico, que “mon­ |,||qs niveles de excepción: los bolcheviques creían en la astucia
ta” el engaño de los sujetos finitos, juega con ellos y explota ifjjéja razón, se tomaban por instrumentos de la necesidad his-
su actividad para lograr sus propios fines. En síntesis, el enga­ . jt§$dca y su engaño era productivo, una condición positiva de
ño supremo es el concepto vulgar de la “astucia de la razón”, gfdslogros del Partido.
la suposición de la razón como una agencia trascendente que íljftEsta lógica paradójica implica una especie de paradoja
maneja los hilos y dirige el espectáculo de la historia. nal. Lo que buscamos es creado por el proceso mismo

224 225
Slavej Zizek Sobre el Otro

de nuestra búsqueda. Esta idea subyace en una serie de chis­ que buscamos ya está presente en el Otro: como Hegel lo se­
tes, como el del conscripto que intentaba salvarse del servicio ñala reiteradamente, el dialéctico no aplica un método exter­
militar fingiendo estar loco. Su síntoma consistía en verificar no al objeto, se limita a presuponer que “la razón gobierna la
de modo compulsivo todos los trozos de papel que llegaban a realidad”, que la realidad es ya en sí misma “razonable” (y lo
sus manos y repetir constantemente “No es esto”. Fue deriva­ lirismo ocurre en psicoanálisis, donde se presupone que deba­
do al psiquiatra militar, en cuyo consultorio también examinó jo de la denominada “asociación libre”, debajo de su caos apa­
todos los papeles que había, incluso los del cesto, repitiendo rente, hay un significado oculto). Por esto el dialéctico puede
sin cesar “N o es esto”. El psiquiatra, finalmente convencido limitar su función a la de un observador puro que descubre la
de que el muchacho estaba loco, le extendió un certificado racionalidad intrínseca de lo real. Al final del proceso dialéc­
que lo exceptuaba del servicio militar. El conscripto le echó tico, este presupuesto pierde fundamento: el sujeto descubre
una mirada y dijo alegremente: “¡Es esto!”41 que desde el principio mismo no había ningún sostén en el Otro,
Cuando Hegel dice que “el error” es “un necesario ele­ que él mismo produjo el significado “descubierto”. Y, final­
mento dinámico de la verdad”, cuando escribe que “la verdad mente, no hay que olvidar que, en el caso del chiste del cons­
sólo puede estar allí donde hace de sí misma su propio resul­ cripto, el objeto creado mediante la búsqueda era precisa­
tado”, etcétera, hay que entender estas proposiciones, que pa­ mente una c rtó , una comunicación oficial, de modo que este
recen extrañas, en el contexto de la lógica del chiste del cons­ chiste es en última instancia un chiste sobre el hecho de que una
cripto. Sin el error, sin la ilusión de las personas que carta siempre llega a destino.
rodeaban al conscripto en cuanto a que él buscaba un papel
ya existente, ese papel nunca habría sido producido. Y la Re­ N o ta s

volución de Octubre tampoco se habría producido sin la ilu­


sión de los revolucionarios de que ellos satisfacían una necesi­ 1. Ludwig Wittgenstein, Philosophical Investigations, Oxford,
dad histórica. En este preciso sentido, la verdad “hace de sí ^ Blackwell, 1976, pág. 216 [ed. cast.; Investigaciones filosóficas, Madrid,
Grijalbo Mondadori, 1988].
misma su propio resultado”: el papel que finalmente satisface
2. El carácter tautológico paradójico de la definición lacaniana del
al conscripto no es sencillamente hallado, sino literalmente el
significante ("el significante representa al sujeto para otro significan-
resultado del alboroto, de la confusión provocada por el cons­ ,te”) puede comprenderse precisamente contra el fondo del concepto
cripto con su búsqueda “loca”. Es así como hay que compren­ jhegcliano de identidad-consigo-mismo como contradicción supre-
der la desprestigiada “teleología de la. razón” hegeliána: el Fin ; Úna. El sujeto no es más que el nombre de la contradicción implícita
al que tiende el movimiento no está dado de antemano; es, Gil la autoidentidad; en su dimensión más elemental, emerge como
por así decirlo, creado por el movimiento mismo; el engaño un vacío que se abre en medio de la tautología “X es... X ”.
necesario reside en el hecho de que, pará que este movimien­ L Véase Judith Butler, Subjects ofDesíre, Nueva York, Columbia
to se produzca, los sujetos no deben advertir que su propia Úlpmversity Press, 1987.
búsqueda crea lo .que “encuentran” al final. El nombre laca- Ufe- 4: Sigmund Freud, The Interpretación o f Dreams, Harmonds-
: ;||||9rth> Penguin 1976, págs. 228-9 [ed. cast.: La interpretación de los
niano de este engaño estructural es sujet supposésavoir, “sujeto
Buenos Aires, Amorrortu, 1986, vol. 4].
supuesto saber”, y lo que Hegel llama “conocimiento absolu­ : Sobre este concepto, véase el capítulo 6 de Slavoj Zizek, The Su-
to” es precisamente la caída del sujeto supuesto saber. De mo­ Í0lfr>ie Object ofldeology, Londres, Verso, 1989 [ed. cast.: ob. cit., pág. 15].
do que el punto de partida del proceso dialéctico es la presu­ Henry Staten, Wittgenstein and Derrida, Oxford, Blackwell,
posición de conocimiento, la verdad de que el conocimiento fe| p 5,p ág . 67.

226 221
V

Slavoj Zizek Sobre el Otro

7. Ludwig Wittgenstein, Pbilosopbical Investigations, ob. cit,, pá­ Guerra Fría “tenían razón” (la Unión Soviética era en efecto un vasto
rrafo 133. reino del terror, con agresivas metas imperialistas, etcétera), pero
8. Ibíd., pàg. 136. nuestro sentimiento “espontáneo” de que la posición de las víctimas
9. Henry Staten, ob. cit., pàg. 80. de la caza de brujas era “auténtica”, mientras que los cazadores eran
10. ¿Es preciso recordar que en la larga tradición que va desde . truhanes, está sin embargo totalmente justificado. Una de las leccio­
Pascal a Marx, el “rey” es el paradigma de la “determinación reflexi­ nes del psicoanálisis es precisamente que debemos asumir esta brecha
va”? Las propiedades del rey (su aura carismàtica, etcétera) deben tra­ /; irreductible entre la “autenticidad” y la verdad fáctica.
ducirse en una descripción del modo en que lo tratan sus súbditos. 19. Ludwig Wittgenstein, Philosophical Investigations, ob. cit., pár.
11. Véanse los capítulos 11 y 16 de Jacques Lacan, The Tour 201. Tomamos la interpretación de la “paradoja escéptica” de Saul
Fundamental Concepts o f Psycbo-Analysis, Londres, Hogarth, 1977. ; Kfipke, Wittgenstein on Rules and Private Language, Oxford, Black-
[ed. cast.: ob. cit., nota 11 del cap. 1]. Descartes debe ser opuesto en vvell, 1982.
este punto a Husserl, quien señaló directamente que el resto que 20. Detengámonos, al pasar, en la hoifiologia entre esta "parado­
queda después de la duda radical no es una “pequeña pieza de reali­ ja escéptica” y la estructura de una broma a la que La can se refiere a
dad”, puesto que su estatuto es trascendental y no mundano: la epojé menudo: “Mi novia nunca faltará a una cita conmigo, pues en cuanto
fenomenològica “desrealiza” toda la “realidad”, suspende su existen­ falte dejará de ser mi novia”. Por otro lado, tenemos: “Nunca come­
cia. t o un error al aplicar una regla, puesto que lo que yo hago define la
12. Véase el capítulo 2 de Slavoj Zizek, The Subliftie Ohject of regla”. Por supuesto, esta homología oculta una oposición radical:
Ideology. en el caso de la regía, ésta es reducida a la factualidad de lo que yo
13. Desde luego, una de las consecuencias de este cambio es que , hago, mientras que la infortunada novia pierde el estatuto de novia
se invierte la relación de fuerzas entre el universal y el particular. En en cuanto deja de cumplir con sus obligaciones. Esta oposición está
la década de 1950, Lacan concebía los síntomas como huellas imagi­ en la base del conflicto y de la simultánea semejanza inesperada en­
narias particulares aún no integradas en el orden simbólico univer­ tre Jos jacobinos y el rey: los jacobinos, que seguían la lógica de “Un
sal, de modo que la meta del psicoanálisis consistía precisamente en ciudadano francés nunca deja de cumplir con su deber, puesto que
efectuar esta universalización demorada; en la década de 1970, por el quien no cumple con su deber deja de ser un ciudadano francés (y
contrario, Lacan pensaba que la meta era aislar al objeto-causa del vcomo tal puede ser liquidado)”, se veían naturalmente forzados a de-
deseo, el modo absolutamente particular en que un sujeto organiza ; ycapitar al rey, que nunca violaba la ley, puesto que él era la ley.
su goce, el modo que se resiste incondicionalmente a todo intento yi;/. 21, Saúl Kripke, ob. cit., pág. 21.
de universalización. 22. Ludwig Wittgenstein, Philosopbical Investigations, ob. cit.,
14. Ludwig Wittgenstein, On Certainty, Oxford, Blackwell, 1969, •Wfiág- 404.
pág. 170 [ed. cast.: De la certeza, Barcelona, Península, 1983]. L'jU.i 23. Véase su seminario inédito Le désir et son interprétation (1958-
15. Ibíd., pág. 378.
16. Ibíd., pág. 509. ; ; 24. Ludwig Wittgenstein, The Bine and The Brown Books, Oxford,
17. Ibíd., pág. 513. : :’;Blackwell, 1958, pág. 67.
18. Este “escepticismo radical” sin precedentes que socava cual­ ''&v;/ -25. Véase Gérard Lebrun, La patience du concept, París, Galli-
quier tipo de “evidencia”, especialmente la obtenida én la experiencia ;|í$ard, 1972,
fenomenològica, tiene consecuencias políticas de suCna importancia: é'ípT/26. G. W. F. Hegel, Pbenomenology o f Spirit, Oxford, Oxford
es perfectamente posible que una posición subjetiva profundamente élffijniversity Press, 1977, págs. 18-19 [ed. cast.: Fenomenología del espí-
auténtica sea sin embargo “errónea”. Por ejemplo, la posición de los Buenos Aires, FCE, 1992].
comunistas norteamericanos-en los años de la caza de brujas de Mc- UU.. 27. Esta paradoja de la relación entre el entendimiento y la razón
Carthy. En el nivel de las verdades fácticas, está claro que, por lo j-■ ejemplificada del mejor modo por la filosofía analítica, a la que
menos en lo concerniente a la Unión Soviética, los impulsores de la igualmente se le reprocha que se limite al nivel del análisis abstracto

228. 229
Slavoj Zizek Sobre el Otro

y, por lo tanto, no abarque la “cosa real” (la historia, la dialéctica, la - '' . 36. HegeTs Science o f Logic, ob. cit., pág. 402.
vida, el Espíritu). Esta crítica infatuada por lo general termina con la : 37. También podríamos formular esta diferencia a través de la
apreciación de que la filosofía analítica es perfectamente aceptable relación entre un texto y sus interpretaciones. Para la lógica de la re­
en su propio nivel modesto, mientras no extienda sus pretensiones flexión extrínseca, las diferentes interpretaciones intentan abordar el
de modo ilegítimo, sin hacer lugar a la cosa real. Aunque esta crítica texto en sí, el cual, sin embargo, permanece inaccesible y las elude;
puede parecer hegeliana, no podría estar más lejos de la actitud he- pasamos a la reflexión “absoluta” cuando experimentamos que estas
geliana real; desde el punto de vista dialéctico, el problema de la fi­ interpretaciones forman parte del texto mismo, que no es sólo el lector
losofía analítica consiste, por el contrario, en que no se toma sufi­ quien, por medio de interpretaciones, busca el significado del texto,
cientemente en serio a sí misma-. cree en una X que supuestamente la iiítepta penetrarlo desde una posición externa, sino que, a través de
elude (lo que explica la tendencia de los filósofos analíticos a suple- ,: ftuestras interpretaciones, el propio texto, en cierto sentido, está “en
mentar su posición con el misticismo, la sabiduría oriental, etcétera). busca de sí mismo”, se reconstruye, adquiere nuevas dimensiones. El
Lo que los filósofos analíticos no saben es que esa filosofía tiene ya lo ^significado de un texto” no es algún meollo oculto, dado de ante­
que se busca desesperadamente en otras partes: sus propias paradojas mano, que aguarda ser sacado a la luz; se constituye a través de la se­
(los círculos viciosos autorreferenciales, etcétera) producen ya a “el rié de sus “efectualidades” históricas. Para emplear la jerga descons-
sujeto”, “lo indecible”... tructivista, por medio de nuestra lectura del texto, el texto mismo se
La dialéctica hegeliana diverge en este punto de la crítica habi­ lee y (re)escribe.
tual según la cual la filosofía analítica sólo puede concebir su más- 38. A partir de esto, habría que abordar de nuevo el problema
allá en la forma negativa de las paradojas y contradicciones con las fréudiano de la renegación (Verkugnung) fetichista de la castración,
que se enreda en cuanto penetra en un ámbito que no es el suyo, siguiendo el camino abierto recientemente por Elizabeth Cowie (Se­
mientras que el pensamiento filosófico propiamente dicho (la feno­ xual Dijference and Representation in tbe Cine?na, Londres, Macmilían,
menología, la hermenéutica, etcétera) puede aprehender este más- -1991). Desde luego, la renegación es en primer lugar una renegación
allá en su propia positividad: “Todo está ya a llí” en las paradojas auto- déla falta del falo: el fetichista no puede aceptar el hecho traumáti­
rreferenciales\ en sentido estricto, por el contrario, la positividad co de que la mujer no tiene falo, por lo cual se aferra al fetiche susti-
fenomenológica, etcétera, es lo secundario, lo que reemplaza y ocul­ f tíitó (con la fundamental ambigüedad que esto implica: al ocupar el

ta el abismo señalado por las paradojas. Por ejemplo, el “sujeto” no es ; íúgar del falo, el fetiche simultáneamente oculta y señala su falta).
más que el vacío rodeado por el movimiento autorreferencial del sig­ Af|lh; embargo, debemos dar un paso más: es cierto que el fetichista
nificante; en cuanto lo concebimos como autopresencia positiva, de­
jamos de reconocer su dimensión propia.
28. HegeTs Science o f Logic, Londres, Alien & Unwin, 1969, pág.
IsSllhiega la castración, pero el interrogante esencial es por qué Ja fal-
3é falo en la mujer es percibida como “castración”, como la falta
algo. En otras palabras, ¿de dónde surge la expectativa de que allí
fi un falo, puesto que sólo contra el fondo de esta expectativa el
413.
29. Hegel, Phenomenology ofSpirit, ob. cit., pág. 56. 'Pfiécho simple de no tenerlo puede ser percibido como una “castra-
30. Martin Heidegger, HegeTs Concept ofBxperience, Nueva York, El hecho mismo de percibir como una castración que “la mu-
Harper & Row, 1972. m b l ó lo tenga”, ¿no es ya una íenegación, la renegación de que la
31. Jacques Lacan, Le Séminaire, livre XX; Encoré, París, Seuil, §11 pér, en contraste con el hombre, no lo ha “perdido”, puesto que
1975, pág. 32. \ m f ¡ I I mea lo tuvo} En síntesis, ¿no se trata de la renegación de la dife-
32. Este punto fije articulado con todo su peso filosófico por ¡3J |||já sexual? Es decir que la percepción como “castración” del he-
Georg Lukács en History and Class Conscioumess, Londres, NLB, 1969. ||tde que “la mujer no lo tenga” sólo es posible contra el fondo del
33. Véase el capítulo 2. i|||||ésto de que las mujeres “deben ser como los hombres”, de que,
34. HegeTs Science o f Logic, pág. 274. .^ ^ ■iéálidad. son “hombres mutilados (castrados)”.
35. Véase el capítulo 6 de Zizek, Tbe Sublime Object o f hleology, 'raflffi Dé modo que en el fetichismo la renegación es doble. El fetiche
ob. cit. . .,j la castración; por medio de él, evitamos la experiencia trau-

' :í
230 231
Slavo] Zizek

mática de que “ella no lo tiene”. Pero la percepción misma de esta


ausencia como castración es ya una interpretación, basada en la teoría
de que ella debería tenerlo. Por lo tanto, la renegación real, fundamental,
es la “castración ” en sí (la experiencia de la diferencia sexual como cas­
tración de la mujer): el trauma real no es la pérdida (del falo) sino el
hecho de que la mujer nunca tuvo lo que “perdió”. La misma fórmula
se aplica a todas las experiencias de “Paraíso Perdido”. La experiencia
de “pérdida traumática” de una plenitud idílica oculta el hecho de
que este estado de plenitud, por empezar, nunca existió realmente,
que “sólo llega a ser al ser dejado atrás”, Hegel lo dice explícitamente
en sus conferencias sobre la filosofía de la religión: el “paraíso” es es­
trictamente correlativo a la caída, es una proyección retroactiva, un
modo en que el hombre percibe (mal) su estado animal previo.
Desde luego hay dos principales lecturas posibles de esta renega­
ción doble. La lectura feminista habitual consistiría en concebir la
diferencia sexual fuera de la categoría de la “pérdida”, es decir, fuera TERCERA PARTE
de la lógica asimétrica en la que un elemento es la versión mutilada
del otro (la mujer como hombre castrado). Aunque esta posibilidad
parece muy “emancipada”, Lacan la rechaza: para él, el falo sigue
siendo el único punto de referencia, el único significante de la dife­ Cum grano praxis
rencia sexual. Lo que él hace es simplemente concebir la castración
como simbólica: trata de situarla como una oposición simbólica, sig­
nificante. Es decir que, para Lacan, el hecho de que percibamos la
ausencia de falo en la mujer como una falta presupone el rasgo fun­
damental del orden simbólico, su carácter diferencial. Sólo dentro
de un orden diferencial puede adquirir significado, asumir un valor
positivo, la ausencia de un elemento como tal, en cuanto esta ausencia
es percibida contra el fondo de la presencia esperada, en una oposi­
ción diferencial a ella. (A veces, por ejemplo, el silencio es más ex­
presivo que las palabras: cuando aparece contra el fondo de las pala­
bras esperadas.) Lacan extrae una conclusión radical: si la ausencia
de falo en la mujer es percibida como una falta, su presencia en el
hombre debe también ser percibida contra el fondo de su ausencia
posible, en oposición simbólica a ella: en otras palabras, la presencia
misma del falo significa su posible ausencia, la “castración”. v
39. Sobre el concepto de "apariencia esencial”, véase Slavoj Zi-
zek, The Sublime Óbject ofldeology, ob. cit., págs. 197-9.
40. Ernesto Laclaü y Chantal Mouffe, Hegemony and Socialist
Strategy, Londres, Verso, 1985. v
41. Véase una interpretación distinta de este chiste en Slavoj ¿i-
zek, The Sublime Object ofldeology, ob. cit., págs. 160-61.

232
S. ¿Está bien todo lo
que term ina bienÌ

I. ¿ P o r q u é u n d i a l é c t i c o d e b e a p r e n d e r
A C O N T A R H A STA C U A T R O ?

14 tríada y sus excesos

¿Hasta cuánto debe aprender a contar un dialéctico hege-


liano? La mayoría de los intérpretes de Hegel, para no men­
cionar a sus críticos, intentan convencernos al unísono de que
il la respuesta correcta es hasta tres (la tríada dialéctica, etcéte­
ra). Además, ellos compiten éntre sí por llamarnos persuasiva-
mente la atención sobre “el cuarto lado”, el exceso no dialec-
, tjzable, el lugar del muerto (el dummy,- el francés le mort, en
: jjifidge), que supuestamente elude la aprehensión dialéctica,
l ^iünque (o, más precisamente, en cuanto) es la condición de
posibilidad intrínseca del movimiento dialéctico: la negativi-
, dad de un puro consumo que no puede ser superado (aufgeho-
), recobrado en su resultado.
■’.áíiSAVi
IIP - Pero en este punto la crítica a Hegel enfrenta una vez más
pptoblema habitual, que es también el que provoca Harry
la película de Alfred Hitchcock titulada, precisamente, The
fWhle with Harry [El tercer tiro\ en España, Pero, ¿quién mató
$Harry?\: ni Harry ni Hegel sé dejan enterrar fácilmente,
jíte una mirada más atenta, resulta obvio que el reproche su-
testamente devastador que los críticos sacan de la galera en

235
W-
Slavoj Zizek ¿Está bim todo lo que termina bien?

realidad constituye el aspecto crucial del propio movimiento binaos el punto de partida abstracto-inmediato (en cuanto de­
dialéctico. Un lector cuidadoso recordará inmediatamente no terminamos la red concreta de sus prespuestos e implicacio-
sólo numerosos casos particulares (como el de los cuatro tipos : : fies y explicitamos su contenido), se convierte en su propio
de juicio de la primera parte de la “lógica subjetiva”), sino opuesto. Incluso en el nivel más abstracto, la “nada” no es el
también el hecho de que Hegel tematiza la cuadruplicidad del Opuesto extrínseco del “ser”: llegamos a “la nada” sencilla-
movimiento dialéctico como tal: el exceso de la pura nada de jnente al tratar de especificar, de determinar el contenido del
la negatividad relacionada consigo misma que desaparece, se ' concepto de “ser”. En esto consiste la idea dialéctica funda­
vuelve invisible, en el resultado final. En el último capítulo de mental de la “negatividad intrínseca”: una entidad es negada,
su Lógica, a propósito de la matriz elemental del proceso dia­ pasa a su opuesto, como resultado del desarrollo de su propio
léctico, señala que los momentos de este proceso pueden con­ potencial.
tarse como tres o como cuatro, con el sujeto como momento ■ ; Para tomar un ejemplo trillado, el fascismo no es un
excedente que “cuenta como nada”: opuesto externo a la democracia liberal, sino que tiene sus
raíces en los antagonismos interiores de la propia democracia
En este punto de inflexión del método, el curso de la cogni­ liberal... Por esto la negatividad debe contarse dos veces: en
ción al mismo tiempo se vuelve sobre sí mismo. Como contra­ (efecto, para negar el punto de partida, debemos negar su pro­
dicción autosuperadora, esta negatividad es la restauración de la pia “negación interna” en la cual su contenido llega a su “ver­
primera inmediatez, de la universalidad simple; pues lo otro del dad” (el fascismo, aunque opuesto al capitalismo liberal, no es
otro, lo negativo de lo negativo, es inmediatamente lo positivo, lo su negación efectiva, sino sólo su negación “interna”: para ne­
idéntico, lo universal. Si uno insiste en contar, este segundo término gar al capitalismo liberal debemos por lo tanto negar su nega­
inmediato es, en el curso del método como un todo, el tercer tér­
ción misma). La negación segunda, autorreferencial, esta alte-
mino para el primer inmediato y el mediado. Sin embargo, es
ridad que se refleja sobre sí misma (como dice Hegel), es el
también el tercer término para el negativo primero o formal y la
punto de fuga de la negatividad absoluta, de la “pura diferen-
negatividad absoluta o segundo negativo; ahora bien, como el
primer negativo es ya el segundo término, el término computado 1 , cia”, el momento paradójico que es tercero, puesto que es ya el
como tercero puede también ser computado como atarto, y en lu­ : , primer momento el que “pasa” a su propio otro, Esto podría
gar de una triplicidad, la forma abstracta puede ser considerada 'también conceptualizarse como un caso de determinación re-
una cuadruplicidad; de este modo, lo negativo o la diferencia es ¡tíbactiva: cuando es opuesto a su negativo radical, el primer
contado como una dualidad.1 j Momento en sí se convierte retroactivamente en su opuesto.
El eapitalismo-en-sí no es lo mismo que el capitalismo-como-
El primer momento es la positividad inmediata del punto ; Qpuesto-al-comunismo: enfrentado a las tendencias de su di-
de partida; el segundo momento, su mediación, no es simple­ solución, el capitalismo se ve obligado a negarse “desde den-
mente su contrario inmediato, su opuesto extrínseco: aparece . (pasar al fascismo) para sobrevivir. Esta dialéctica ha sido
precisamente cuando tratamos de captar el primer momento, ífíftártjculada por Adorno a propósito de la historia de la música:
■■
el inmediato en y por st mismo, como tal. De este modo, ya lo
f í'M '- y ,':
mediatizamos e, imperceptiblemente, se convierte en su pro­ Los medios y formas de la composición musical descubiertos
pio opuesto. De modo que el segundo momento no es lo ne­ ' más tarde afectaron y han modificado los medios tradicionales y
gativo del primero, su alteridad; es el primer momento como sobre todo las formas de interdependencia que ellos constituían.
su propio otro, como lo negativo de sí mismo: en cuanto conce- ^^fe-:('Todo trítono empleado hoy en día por un compositor suena ya

236 237
Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

como la negación de las disonancias liberadas entre tanto. Ya no Protestantismo, jacobinismo...


posee su inmediatez anterior [...], sino que es algo mediado his­
tóricamente. En esto consiste su propia oposición. Cuando esta Estas cavilaciones, no obstante, son de naturaleza pura­
oposición, esta negación, es pasada en silencio, todo trítono de mente formal, en la mejor tradición de las exasperantes refle­
esta clase, todo movimiento tradicionalista, se convierte en una xiones abstractas sobre el “método dialéctico”; les falta la re­
impostura afirmativa, convulsivamente confirmatoria, equivalen­ lación interna con un contenido histórico concreto. En
te al discurso sobre el mundo feliz, habitual en los otros domi­
cuanto pasamos a este nivel, la idea de un cuarto momento-
nios de la cultura. En música, no cabe restablecer un sentido pri­
excedente como “mediador evanescente” entre el segundo
mordial t-..]2
momento (la división, la oposición abstracta) y el resultado fi­
Este es un caso paradigmático de lo que el estructuralismo nal (la reconciliación) adquiere de inmediato un contorno
denomina “determinación por ausencia”: después de la llega­ concreto: basta con pensar en el modo en que Fredric Jame-
da de las disonancias, cambia el significado del trítono, pues­ son, en su ensayo sobre Max W eber,5 articula el concepto de
to que su uso ulterior implica la negación de la disonancia: su “mediador evanescente” {vanishing mediator) a propósito de la
nuevo significado resulta del modo en que la ausencia de diso­ teoría de Weber sobre el papel del protestantismo en el sur­
nancia está presente en el uso del trítono. En su presencia in­ gimiento del capitalismo. Esta teoría es interpretada habitual­
mediata, el trítono sigue siendo lo mismo; su mediación his­ mente (también lo hacía el propio Weber) como una crítica a
tórica es revelada por el hecho de que cambia precisamente en la tesis marxista de la primacía de la infraestructura económi­
cuanto sigue siendo lo mismo} En esto consiste también la false­ ca: fundamentalmente, lo que dice W eber es que el protes­
dad de los actuales llamados a un retorno a los valores tradi­ tantismo fue una precondición del capitalismo. Para Jameson,
cionales: en cuanto se los restablece, ya no son los mismos, por el contrario, la teoría de Weber es perfectamente compa­
puesto que legitiman el orden social que es su opuesto.4 tible con el marxismo, y constituye la elaboración de la nece­
Podemos ver cómo emerge el elemento suplementario: en sidad dialéctica en virtud de la cual, en el pasaje desde el feu­
cuanto añadimos a lo inmediato su negación, esta negación dalismo al capitalismo, se invirtió la relación “normal” entre
modifica retroactivamente el significado de la inmediatez, de la “base” y la “superestructura”.
modo que debemos contar hasta tres, aunque lo que tenemos ¿En qué consiste exactamente esta necesidad dialéctica? En
efectivamente son sólo dos elementos. O bien, si encaramos otras palabras, ¿de qué modo específico el protestantismo creó
el ciclo completo del proceso dialéctico, hay tres momentos las condiciones para la emergencia del capitalismo? No, como
“positivos” que contar (lo inmediato, su mediación y el retor­ cabría esperar, limitando el alcance de la ideología religiosa,
no final a la inmediatez mediada), pero además el insondable socavando su omnipresencia característica de la sociedad me­
excedente de la pura diferencia que^“cuenta como nada”, aun­ dieval, sino, por el contrario, unlversalizando su pertinencia:
que impulsa todo el proceso: es ese “vacío de la sustancia” al Lutero se oponía a los conventos y a la Iglesia como institu­
mismo tiempo “receptáculo” {Rezeptakulum) “dq todo y todas ción apartada, separada por una brecha del resto de la socie­
las cosas”, como dice Hegel, dad, porque quería que la actitud cristiana penetrara y deter*/
minara toda la vida cotidiana secular. A diferencia de la
posición tradicional (anterior al protestantismo), que básica­
mente limitaba la pertinencia de la religión a las metas hada
las que debíamos tender, mientras dejaba los medios (el ámbi­

. 238 239
Slavoj Zizek ¿Esta bien todo lo que tmn 'ina bien?

to de la actividad económica secular) librados al juicio común resulta concebir la necesidad del protestantismo como media­
no religioso, la “ética del trabajo” protestante concibió la ac­ dor evanescente entre el corporativismo medieval y el indivi­
tividad secular en sí (la codicia económica) como ámbito de la dualismo capitalista. En otras palabras, no se debe perder de
revelación de la Gracia de Dios. vísta que era imposible pasar inmediatamente de la sociedad
Este cambio puede ejemplificarse con la reubicación del cerrada medieval a la sociedad burguesa, sin la intervención
ascetismo: en el universo católico tradicional, el ascetismo del protestantismo como mediador evanescente: el protestan­
concierne a un estrato de personas separadas de la vida secu­ tismo, con la universalización del cristianismo, preparó el te­
lar cotidiana, consagradas a representar en este mundo su rreno para su repliegue a la esfera de la vida privada.
Más-Allá, a representar el Cielo en la Tierra (los santos, los En el ámbito político, el jacobinismo desempeñó un papel
monjes con su abstinencia), mientras que el protestantismo le similar, y puede incluso ser definido como “protestantismo
requiere a cada cristiano que actúe ascéticamente en su vida político”: el jacobinismo unlversalizó del mismo modo el pro­
secular: que acumule riqueza en lugar de gastarla irreflexiva­ yecto político-ideológico democrático. N o lo veía como un
mente, que viva con temperancia y modestia. En síntesis, que mero principio político formal sin gravitación inmediata en
realice su actividad económica utilitaria “con Dios en mente”; las relaciones económicas, familiares, etcétera, sino que inten­
de tal modo se vuelve superfluo el ascetismo como asunto de tó hacer del proyecto democrático igualitario un principio
un estrato separado. que estructurara la totalidad de la vida social. Y cayó en la
Esta universalización de la posición cristiana, la afirma­ misma trampa: sin saberlo, su radicalismo político preparó el
ción de su pertinencia en la actividad económica secular, ge­ camino para lo opuesto, para el universo burgués de indivi­
neró la “ética del trabajo” protestante (trabajo compulsivo y duos egoístas y codiciosos que no dan ni un alfiler por el mo-
acumulación de riqueza, renuncia al consumo como un fin en ralismo igualitario.
sí); al mismo tiempo, pero sin saberlo ni quererlo, sirviendo a También en este caso es fácil tomar una distancia irónica
la “astucia de la razón”, abrió camino a la desvalorización de y señalar que los jacobinos, con su reducción violenta de la
la religión, a su confinamiento en la intimidad de una esfera totalidad social al principio abstracto de la igualdad, necesa­
privada separada de los asuntos estatales y públicos. La uni­ riamente terminaron en el terrorismo, puesto que esta reduc­
versalización protestante de la posición cristiana no fue en­ ción era resistida por la red de relaciones concretas caracterís­
tonces más que una etapa transitoria del pasaje al estado ticas de la sociedad civil (véase la crítica hegeliana clásica a los
“normal” de la sociedad burguesa, en la cual la religión es re­ jacobinos en la Fenomenología del espíritu)’, más difícil es de­
ducida a un “medio”, a un recurso que le permite al sujeto mostrar por qué no era posible ningún pasaje inmediato des­
encontrar nuevas fuerzas y perseverancia en la lucha econó­ de el anden régime a la vida cotidiana burguesa egoísta; por
mica por la supervivencia, semejante a las técnicas de auto- qué, precisamente a causa de su reducción ilusoria de la tota­
percepción que ponen el encuentro de nuestro “verdadero sí- lidad social al proyecto político democrático, los jacobinos
mismo” al servicio de nuestro bienestar personal. ¡ eran un mediador evanescente necesario (éste es el punto efec-
Por supuesto, resulta fácil tomar una distancia irónica res­ ¿tivo de la crítica de Hegel, y no los lugares comunes sobre el
pecto de la ilusión protestante y señalar que el resultado final carácter utópico terrorista del proyecto jacobino). En otras
del esfuerzo protestante por abolir la brecha entre la religión palabras, es fácil detectar en el jacobinismo las raíces y las pri­
y la vida cotidiana fue la degradación de la religión, converti­ meras formas del totalitarismo moderno; mucho más difícil e
da de tal modo en un medio “terapéutico”; mucho más difícil inquietante resulta reconocer y asumir plenamente el hecho

240 241
V

Slavoj Zízek ¿Está bien todo lo que tennina bien?

de que, sin el “exceso” jacobino no habría ninguna democra­ de la que se lamentan, la consecuencia última de su propio ac­
cia pluralista “normal”.6 to (como diría Lacan, su propio mensaje en su forma verdade­
Es decir que la ilusión en la que el protestantismo y el ja­ ra, invertida). Y nuestra ilusión, como herederos “realistas”
cobinismo quedaron enredados es más compleja que lo que del protestantismo y el jacobinismo, no es menor: nosotros
podría parecer a primera vista: no consiste sencillamente en la percibimos a esos mediadores evanescentes como aberracio­
universalización moralista ingenua del cristianismo o del pro­ nes o excesos, sin advertir que no somos más que “jacobinos
yecto democrático igualitario (esto es, en que pasaran por al­ sin la forma jacobina”, “protestantes sin la forma protestante”.
to la riqueza de las relaciones sociales concretas que se resis­
tían a esa universalización inmediata). Esta ilusión es mucho
más radical: tiene la misma naturaleza que todas las utopías ,,.y otros mediadores evanescentes
políticas históricamente importantes; es la ilusión sobre la
que Marx llamó la atención a propósito del Estado platónico, La brecha entre la forma y su contenido conceptual nos da
al observar que Platón no advertía que lo que efectivamente también la clave de la necesidad del mediador evanescente: el
estaba describiendo no era un ideal aún no realizado, sino la pasaje del feudalismo al protestantismo no es de la misma na­
estructura fundamental del Estado griego existente. En otras turaleza que el pasaje del protestantismo a la vida cotidiana
palabras, las utopías no son “utópicas” porque describan un burguesa, con su religión privatizada. El primer pasaje con­
“Ideal imposible”, un sueño irrealizable en este mundo, sino cierne al “contenido” (bajo el disfraz de preservar la forma re­
porque no reconocen que su Estado ideal está ya realizado en ligiosa, o fortalecerla, se produce el cambio crucial, la afirma­
su contenido básico (“en su concepto”, como diría Hegel). ción del ascetismo adquisitivo en la actividad económica
El protestantismo se vuelve superfluo, puede desaparecer como ámbito de la manifestación de la Gracia), mientras que
como mediador, en el momento en que la realidad social mis­ él segundo pasaje es un acto puramente formal, un cambio de
ma queda estructurada como un “universo protestante”: la es­ ^ forma (en cuanto el protestantismo se realiza como ascetismo
tructura conceptual de la sociedad civil capitalista es la de un adquisitivo, puede desaparecer como forma).
mundo dé individuos atomizados, definidos por la paradoja : Por lo tanto, el mediador evanescente surge debido al mo­
del “ascetismo adquisitivo” (“cuanto más posees, más debes do en que la forma, en un proceso dialéctico, persiste detrás
renunciar al consumo”), es decir, la estructura del contenido niel contenido: primero se produce el cambio crucial dentro
protestante sin su forma religiosa positiva. L o mismo ocurre " ele los límites déla forma antigua, incluso tomando la apa­
con el jacobinismo: los jacobinos pasaron por alto el hecho de riencia de su afirmación renovada (la universalización del
que el ideal que perseguían ya estaba realizado, en su estructu­ cristianismo, el retorno a su “verdadero contenido”, etcétera);
ra conceptual, en la actividad adquisitiva “sucia” que les pare­ después, al concluir “el tejer silencioso del Espíritu”, puede
cía una traición a sus altos ideales. La vida cotidiana burguesa y i Caer la vieja forma. La doble escansión de este proceso nos
vulgar, egoísta, es la realidad de la libertad, la igualdad y la ^perm ite captar de modo concreto la fórmula trillada de la
fraternidad: la libertad del libre comercio y la iguáldad formal m^iíégación dé la negación”: la primera negación consiste en el
ante la ley, etcétera. - "¡^^m bio lento, invisible, subterráneo, del contenido sustancial,
La ilusión propia de los mediadores evanescentes (los pro­ paradójicamente, se produce en nombre de su propia form a’,
testantes, los jacobinos) es precisamente la del “alma bella” v|péspués, cuando la forma ha perdido su derecho sustancial, se
hegeliana: ellos se niegan a reconocer, en la realidad corrupta , ¿pltó^inorona por sí misma: es negada la forma misma de la ne-

242 243
Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

gación o, para usar la clásica pareja hegeliana, el cambio que cíón política inmediata del Estado socialista? En ambos casos
“en sí” se vuelve “para sí”. se trata de mediadores evanescentes, mediadores que desapa­
Es necesario dar un paso más que complica este cuadro. recen pero, ¿en qué? La habitual respuesta cínica, “desde el
Una mirada más atenta revela la presencia de dos mediadores capitalismo hasta el capitalismo”, parece un tanto fadlista...
evanescentes en el pasaje desde la estructura política feudal a La inversión de la relación “normal” entre el contenido (la
la estructura política burguesa: la monarquía absoluta y el ja­ ;>fíbase o infraestructura económica”) y su forma ideológica
cobinismo. La primera es el signo, la encarnación de un com­ ' (inversión que hace posible la lectura antimarxista de Weber)
promiso paradójico: la forma política que le permite a la bur­ consiste por lo tanto en la descrita “emancipación” de la for-
guesía en ascenso fortalecer su hegemonía económica nta respecto del contenido, característica del mediador eva­
quebrando el poder económico del feudalismo, de sus guildas nescente: la ruptura del protestantismo con la Iglesia medie-
y corporaciones. Por supuesto, lo paradójico es que el feuda­ Val no refleja un nuevo contenido social, sino que es más bien
lismo “cava su propia tumba”, precisamente absolutizando su la crítica al antiguo contenido feudal en nombre de la versión radi­
coronamiento, otorgando un poder absoluto al monarca; el calizada de su propia forma ideológica; es esta “emancipación” de
resultado de una monarquía absoluta es un orden político la forma cristiana respecto de su propio contenido social lo
desconectado de su fundamento económico. Y la misma “des­ que abre el espacio a la gradual transformación del viejo con­
conexión” caracteriza al jacobinismo: es ya un lugar común tenido en el contenido nuevo (capitalista). En consecuencia, a
definir el jacobinismo com o una ideología radical que toma li­ Jameson le resulta fácil demostrar que la teoría de Weber so­
teralmente el programa político burgués (igualdad, libertad, bre el papel crucial del protestantismo en la emergencia del
fraternidad) e intenta realizarlo sin tener en cuenta la articu­ capitalismo sólo alcanza al economicismo vulgar y es perfec­
lación concreta de la sociedad civil. tamente compatible con la dialéctica de la “base” y su “supe­
Las dos ilusiones se pagaron caras: el monarca absoluto restructura ideológica”; según esta dialéctica se pasa de una
advirtió demasiado tarde que la sociedad lo ensalzaba como formación social a otra a través de un mediador evanescente
todopoderoso con el único objeto de permitir que una clase que invierte la relación entre base y superestructura: al eman-
desalojara a otra; también los jacobinos pasaron a ser super- f^iparse de su base, la vieja superestructura prepara el terreno
fluos depués de haber realizado su tarea de destruir el aparato |fára la transformación infraestructural. De tal modo se salva
del anclen réglme. Tanto al monarca como á los jacobinos los Ü^ificío teórico marxista clásico: la emancipación de la for-
entusiasmó la ilusión de la autonomía de la esfera política; ia ldeológica queda explicada por los antagonismos internos
uno y otros creían en su visión política: uno, en el carácter in­ ídé la propia base: se produce cuando estos antagonismos se
cuestionable de la autoridad real, y los otros, en la pertinencia ^vuelven tan violentos que ya no pueden ser legitimados por la
de su proyecto político. En otro nivel, ¿no podría decirse lo turna ideológica.
mismo del fascismo y el comunismo, es decir, el “socialismo p E n esta emancipación de la superestructura ideológica hay
real”? ¿No es el fascismo una especie de autonegación intrín­ a intrínseca dimensión ética de carácter trágico: presenta un
seca del capitalismo, un intento de “cambiar algo para que í|ito único en el cual la ideología “se toma a sí misma lite-
nada cambie”, por medio de una ideología que subordina la jhente” y deja de funcionar como una legitimación “objeti-
economía al ámbito político-ideológico? ¿No es el leninismo tiente cínica” (Marx) de las relaciones de poder existentes.
“real” una especie de “jacobinismo socialista”, un intento dé |inítasenos mencionar otro caso, más contemporáneo: los
subordinar la totalidad de la vida socioeconómica a la regida-. típvos movimientos sociales” que surgieron durante los úl-

244 Y,-'; 245


y
Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

timos años de “socialismo real” en Europa oriental, movi­ “Un golpe de dedo. ., ”
mientos cuyo paradigma es el Nenes Forum de la ex República
Democrática Alemana: grupos de intelectuales apasionados Sin embargo, esta interpretación, en la que el mediador
que “se tomaban el socialismo en serio” estaban dispuestos a evanescente aparece efectivamente como sólo un mediador,
todo para destruir el sistema comprometido y reemplazarlo una figura intermedia entre dos estados de cosas “normales”,
por un utópico “tercer camino” que fuera más allá del capita­ ¿es la única posible? El aparato conceptual elaborado por la
lismo y el socialismo real. Por supuesto, su sincera creencia y teoría política posmarxista (Claude Lefort, Ernesto Laclau)
su insistencia en que no estaban trabajando por la restaura­ permite otra lectura que modifica radicalmente la perspectiva.
ción del capitalismo occidental demostró no ser más que una Dentro de este campo, el momento del mediador evanescen­
ilusión insustancial; sin embargo, podríamos decir que preci­ te es definido por Alain Badiou7 como el del “evento” en re­
samente como tal (como una completa ilusión sin sustancia) lación con la estructura establecida: es el momento en que
era, en sentido estricto, no ideológica: no reflejaba en forma emerge la “verdad” de la estructura, el momento de apertura
ideológica invertida ninguna relación real de poder. que se pierde o, más precisamente, se vuelve literalmente in­
En este punto debemos corregir la vulgata marxista: con­ visible cuando la irrupción del “evento” queda institucionali­
trariamente al lugar común según el cual una ideología se zada en una nueva positividad.
vuelve “cínica” (acepta la brecha entre “palabra” y “acto”, ya Según el lugar común que, contrariamente a lo habitual,
“no cree en sí misma”, ya no es experimentada como una ver­ no es una estupidez vestida de sabiduría, “después del hecho”,
dad sino que se considera un puro medio instrumental para mirando hacia atrás, la historia puede siempre interpretarse
legitimar el poder) en el período de decadencia de una forma­ como un proceso gobernado por leyes, como una sucesión
ción social, podría decirse que precisamente ese período le significativa de etapas; no obstante, mientras somos sus agen­
abre a la ideología gobernante la posibilidad de “tomarse en tes, mientras estamos envueltos, atrapados en el proceso, la
serio” y oponerse efectivamente a su propia base social (con situación (por lo menos en los puntos de inflexión en que “es­
el protestantismo, la religión cristiana se opuso al feudalismo, tá sucediendo algo”) aparece abierta, indecidible, y está muy
que era su base social, así como Nenes Forum se opuso al so­ lejos de revelar con claridad una necesidad subyacente: nos
cialismo real en nombre del “socialismo verdadero”). De este encontramos frente a nuestra responsabilidad, pesa sobre
modo, sin saberlo, esa ideología desencadena su propia des­ f-; nuestros hombros la obligación de tomar decisiones.
trucción final. En cuanto ha realizado su tarea, “la historia la Recordemos la Revolución de Octubre: retroactivamente,
desborda” (Nenes Forum obtuvo el tres por ciento de los votos : ■ es fácil ubicarla dentro del proceso histórico más amplio, de­
en las elecciones), y se aparece un nuevo “tiempo de truha­ mostrar que fue generada por la situación específica de Rusia,
nes”: tomaron el poder quienes en su mayor parte habían con su modernización frustrada y la presencia simultánea de
guardado silencio durante la represión comunista, pero en el islas de modernidad (una clase obrera altamente desarrollada
nuevo contexto se. permitían llamar “criptocornunistas” a la fMjííén lugares aislados): en síntesis, no es demasiado, difícil com-
gente de Nenes Forum ... fippóner un tratado sociológico sobre este tema. Pero basta re-
Jpf'íesr las apasionadas polémicas entre Lenin, Trotsky, los men-
jeheviques y otros participantes, para encontrarse cara a cara
fctío n lo q u e se pierde en un relato histórico “objetivo”: la res-
’'" ponsabilidad de decidir en una situación que, por así decirlo,

246
V

Slavotj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

forzaba a los agentes a inventar nuevas soluciones y realizar ción la negación de los “mundos posibles” contenida en su
movidas sin precedentes, sin ninguna garantía de las “leyes posición; nuestras oportunidades perdidas son parte de lo que
generales del desarrollo histórico”. somos, lo' califican (en todos los sentidos de la palabra).
Ese momento “imposible” de apertura es el momento de Pero en la interpretación del pasado nuestro horizonte es­
la subjetividad: “sujeto” es un nombre de esa X insondable a la tá determinado por los actos contingentes que realizamos y
que se llama, a la que de pronto se pide cuentas, arrojada a que dan fuerza a la ilusión retroactiva de necesidad; por esta
una posición de responsabilidad, a la urgencia de decidir en razón, nos resulta imposible ocupar una posición neutra de
esos momentos de indecidibilidad. Es así como hay que inter­ puro meta lenguaje, desde la cual podamos ver desde arriba
pretar la proposición de Hegel en cuanto a que la verdad de­ todos los mundos posibles. Esto significa que no podemos de­
be aprehenderse “no sólo como sustancia, sino también como finir nuestro mundo actual, puesto que sólo podríamos hacer­
sujeto”:8 no sólo como un proceso objetivo gobernado por al­ lo en los términos de su relación negativa con las alternativas
guna necesidad racional oculta (aunque esta necesidad asuma (sobre las que no tenemos perspectiva). En otras palabras, y
la forma hegeliana de la astucia de la razón), sino también co­ llevando la paradoja a su extremo: desde luego, sólo era real­
mo un proceso puntuado, escandido por los momentos de mente posible un mundo, el mundo en el cual vivimos actual­
apertura/indecibilidad en los que el acto irreductiblemente mente, pero puesto que no tenemos acceso a la posición de
contingente del sujeto establece una nueva necesidad. observadores neutros, no sabernos cuál es este mundo, no sabe­
Según una difundida opinión, el enfoque dialéctico nos mos en cuál de los “mundos posibles” vivimos realmente. N o
permite penetrar en el juego superficial de las contingencias y se trata de que “nunca sabremos cuáles fueron las oportunida­
alcanzar la necesidad racional subyacente que “mueve los hi­ des perdidas”, sino de que nunca sabremos realmente cuáles
los” desde atrás del sujeto. Una verdadera maniobra dialécti­ hemos aprovechado. Por extrema que esta posición pueda pa­
ca hegeliana es casi la inversión exacta de este procedimiento; recer, ¿no es discernible en la frase cotidiana que utilizamos
dispersa el fetiche del “proceso histórico objetivo” y nos per­ k para designar a alguien que no se da cuenta de la suerte que
mite ver su génesis, el modo en que la misma necesidad histó­ ha tenido al salvarse de una serie de catástrofes posibles? D e­
rica surge como una positivación, como coagulación de una cimos entonces; “N o sabe lo afortunado que e s ...” Si la “dia-
decisión radicalmente contingente del sujeto en una situación y léctica” no significa también esto, hablar de “la sustancia co-
abierta, indecidible. La “necesidad dialéctica*’ es siempre, por mo sujeto” es en última instancia nulo y estamos de nuevo en
definición, una necesidad apres coup: una explicación estricta­ la razón cómo necesidad sustancial que maneja los hilos des-
mente dialéctica cuestiona la evidencia de “lo que sucedió ! de atrás del escenario.
realmente” y la confronta con lo que no sucedió, es decir, consi­ l U U U U U C U C 1 1 1 U 5 J. ----- -------------
dera que lo que no sucedió (una serie de oportunidades perdi­ “la puesta de presupuestos”: este poner retroactivo es precisa­
das, de “historias alternativas”) es una parte constitutiva de lo mente el modo en que la necesidad surge de la contingencia.
que “sucedió efectivamente”. La actitud dialéctica respecto de El momento en que el sujeto “pone sus presupuestos” es el,
la problemática de los “mundos posibles” es por lo tanto más mismo momento de su borradura como sujeto, el momento en
paradójica de lo que parece; puesto que lo que sucede ahora, que se desvanece como mediador: el momento de cierre en el que
en nuestra realidad, es el resultado de una serie de actos radi­ él acto de decisión del sujeto se convierte en su opuesto, esta­
calmente contingentes, el único modo de definir adecuada­ blece una nueva red simbólica por medio de la cual la historia
mente nuestro mundo actual consiste en incluir en su defini- adquiere de nuevo la evidencia de una evolución lineal. Vol­

248
Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

vamos a la Revolución de Octubre: sus presupuestos fuero» orientación en el proletariado. Obviamente, desde un punto
puestos cuando, después de la victoria y la consolidación del de vista externo que abarcaba el proceso histórico como un
nuevo poder, se perdió nuevamente la apertura de la situa­ campo de fuerzas objetivas, en el que había que “tener el cui­
ción, cuando fue otra vez posible asumir la posición de un dado de no equivocarse” y “dejarse guiar por las fuerzas jus­
“observador objetivo” y narrar la progresión lineal de los tas”, las que en última instancia serían las vencedoras: en sín­
acontecimientos, describiendo el modo en que el poder sovié­ tesis, en el que había que “apostar al caballo ganador”.
tico quebró la cadena imperialista en su eslabón más débil y Leída de este modo (es decir, retroactivamente) la deci­
de tal modo inició la nueva época de la historia del mundo, sión sobre cómo actuar sigue a la evaluación “objetiva”: pri­
etcétera. En este estricto sentido, el sujeto es un mediador mero vemos la situación desde una posición neutra, “objeti­
evanescente: su acto logra el éxito cuando el sujeto se vuelve va”; después de determinar cuáles serán probablemente las
invisible, al positivizarse en una nueva red simbólica en la que fuerzas ganadoras, decidimos “basar en ellas nuestra orienta­
se ubica y explica a sí mismo como resultado de un proceso ción”... Pero esta narración retroactiva padece una suerte de
histórico, reduciéndose a un mero momento de la totalidad ilusión de perspectiva: no reconoce el hecho crucial de que
engendrada por su propio acto. L o atestigua la posición esta- “la verdadera razón de una decisión sólo se vuelve aparente
linista de puro metalenguaje en la cual (contrariando los luga­ una vez que la decisión ha sido tomada”.10 En otras palabras,
res comunes sobre la “ciencia proletaria”, etcétera) el com­ las razones para “basar nuestra orientación en” el proletaria­
promiso mismo de la teoría marxista con el proletariado, su do sólo se vuelven aparentes para quienes ya hablan desde la
“partidismo”, su “toma de posición”, no son concebidos co­ posición subjetiva proletaria o, como dirían los teólogos perspi­
mo algo intrínseco a la teoría como tal: los marxistas no habla­ caces, por supuesto que hay buenas razones para creer en Je ­
ban desde la posición subjetiva del proletariado, sino que se sús, pero estas razones sólo son plenamente comprensibles
basaban en el proletariado desde una posición “objetiva” ex­ para quienes ya creen en él. Y lo mismo vale para la célebre
terna, neutral: teoría leninista del “eslabón más débil” en la cadena del im­
perialismo: no es posible definir primero, con un enfoque ob­
En la década de 1880, en el período de la lucha entre los jetivo, cual es el eslabón más débil y a continuación tomar la
marxistas y los narodniks, el proletariado de Rusia constituía una decisión de golpear en ese punto; el acto mismo de decidir de­
minoría insignificante, mientras que los campesinos individuales fine al “eslabón más débil”. Esto es lo que Lacan llama un ac­
eran la vasta mayoría de la población. Pero el proletariado era
to: un movimiento que, por así decirlo, define sus propias condi­
una clase en desarrollo, mientras que el campesinado como clase
ciones, produce retroactivamente los fundamentos que lo
estaba desintegrándose. Y precisamente porque el proletariado
justifican:
estaba en desarrollo como clase, los marxistas basaron su orien­
tación en el proletariado. Y no se equivocaron, pues, como sabe­ Lo que es imposible para [quienes cuentan con una aprecia­
mos, el proletariado creció posteriormente desde ser una fuerza ción objetiva de las condiciones] es que un gesto puede crear
insignificante hasta' convertirse en una fuerza histójfíca y política condiciones que, retroactivamente, lo justifiquen y lo conviértan
de primer orden.9 v en adecuado. Pero está demostrado que esto es lo que sucede y
que la meta no es ver [las cosas correctamente], sino cegarse lo
Desde luego, el interrogante crucial es el de desde dónde bastante como para poder golpear del modo correcto, es decir,
hablaban los marxistas en el momento de su lucha contra los del modo que dispersa.11
narodniks, como para que pudieran equivocarse al basar su

250
Slavo] Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

El acto es entonces “performativo” de un modo que exce* Lo que se pierde después del inicio de la “nueva armonía”
de al “acto de habla”: su performatividad es retroactiva, rede- es el carácter abismal, radicalmente contingente, escandaloso,
fíne la red de sus propios presupuestos. Este “exceso” de la del nuevo significante amo; lo demuestra, por ejemplo, la
performatividad retroactiva del acto puede también formular­ transformación de Lenin, en la hagiografía leninista, en una
se en los términos de la dialéctica hegeliana de la ley y su figura sabia que “lo vio todo y lo previo todo”, incluso el esta-
transgresión, el crimen: desde la perspectiva de la ley positiva linismo. Por ello, solamente hoy, después del derrumbe del
existente en una comunidad simbólica, el acto aparece por leninismo, resulta posible encarar a Lenin como un actor del
definición como crimen, puesto que viola sus límites simbóli­ drama histórico, capaz de realizar movidas imprevistas que,
cos e introduce un elemento totalmente nuevo que genera un .cómo lo ha dicho suscintamente Leszek Kolakowski, eran los
desorden total. En un acto no hay rima ni razón; un acto, por errores correctos en el momento correcto.13
su naturaleza misma, es escandaloso, como lo fue la aparición
de Jesús a los ojos de los custodios de la ley existente, es decir,
antes de que Jesús fuera “cristianizado”, convertido en parte ¿Por qué la verdad es siempre política?
de la nueva ley de la tradición cristiana. Y la génesis dialécti­
ca hace una vez más visible los orígenes “escandalosos” de la Esta concepción del acto inmediatamente incide sobre la
ley existente. Recordemos una vez más la perspicaz observa­ descripción de las relaciones entre lo social y lo político, y so­
ción de Chesterton sobre la novela policial: bre la diferencia entre “lo político” y “la política”, en los tér-
• minos de Lefort14 y Laclau.15 “La política” es un complejo
[...] en cierto sentido presenta a la mente el hecho de que la civi­ social separado, un subsistema positivamente determinado de
lización en sí es la más sensacional de las desviaciones y la más relaciones sociales en interacción con otros subsistemas (la
romántica de las rebeliones [...]. Se basa en el hecho de que la economía, las formas culturales...), y “lo político” es el mo­
moral es la más oscura y osada de las conspiraciones.13 mento de apertura, de indecibilidad, en el que se cuestiona el
principio estructurante de la sociedad, la forma fundamental
El enfoque dialéctico saca a la luz este reverso olvidado de , del pacto social: en síntesis, el momento de crisis global supe­
la ley: el modo en que la propia ley coincide con la suprema rada por el acto de fundar una “nueva armonía”. De modo
transgresión criminal. Y un acto “tiene éxito” en cuanto “su­ <que la dimensión política está doblemente inscrita: es un mo­
tura” de modo nuevo su propio pasado, sus propias condicio­ mento del todo social, uno más entre sus subsistemas, y tam­
nes, borrando su carácter “escandaloso”; el acto es la emer­ bién el terreno en el que se decide el destino del todo, en el
gencia de un nuevo significante amo, ese “golpe de dedo” que se diseña y suscribe el nuevo pacto.16
adicional que, milagrosamente, convierte el caos anterior en Paija la teoría social en general, la dimensión política es
una “nueva armonía”. ¡secundaria respecto de lo social: en la sociología positivista,
como un subsistema por medio del cual la sociedad organiza
Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga los sbnidos e ini­ i 'Su autorregulación; en el marxismo clásico, como la esfera se­
cia la nueva armonía.
parada de la universalidad alienada que resulta de la división
Das un paso, y surgen hombres nuevos e inician su marcha.
de la sociedad en clases (con la implicación subyacente de que
Desvías la cabeza: ¡el nuevo amor! Miras hacia atrás: ¡el nuevo
amor! ¡ una sociedad sin clases entrañaría el final de lo político como
Rimbaud, A une raison péscena separada); incluso en la ideología de algunos de los

252 255
Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

“nuevos movimientos sociales”, lo político es delimitado co­ do”, se convierta en “lo político”. En esta argumentación hay
mo el dominio del poder estatal contra el cual la sociedad ci­ un inequívoco matiz normativo que le confiere un aspecto de
vil debe organizar sus mecanismos regulatorios de autodefen­ conjuro: tiene que seguir siendo un mero subsistema...
sa. En oposición a estos conceptos, podríamos arriesgar la Lo que está en juego en las dos interpretaciones posibles
hipótesis de que la génesis misma de la sociedad es siempre de esta paradoja del mediador evanescente es, por lo tanto, el
política: un sistema social con existencia positiva no es más estatuto mismo del antagonismo social, es decir, de la nega­
que una forma en la cual la negatividad de una decisión radi­ tividad: la emergencia de la negatividad en el espacio social,
calmente contingente asume una existencia positiva, determi­ ¿es un mero intermediario en el pasaje desde una forma de
nada. positividad a otra, la “excepción” que caracteriza la transición
N o fue por casualidad que los jacobinos, esos mediadores desde una “normalidad” a otra, o esta misma “normalidad”
evanescentes por excelencia, hayan “absolutizado lo político”; no es más que la secuela, la domesticación de un exceso olvi­
el reproche que atribuye su fracaso a que quisieron hacer de dado de negatividad? La segunda solución invierte totalmen­
la política, uno de los subsistemas sociales, el principio es­ te la perspectiva: la red estable de subsistemas es la forma de
tructurante de todo el edificio social, pasa por alto el hecho hegemonía de un polo del antagonismo social; la “paz de cla­
crucial de que para los jacobinos la dimensión política no era ses”, el índice mismo de la hegemonía de una clase en la lu­
un subsistema entre muchos, sino que designaba la emergen­ cha de clases... Lo que se pierde cuando se establiza la red de
cia de una negatividad radical que posibilitaba la nueva funda­ subsistemas (es decir, cuando se establece la “nueva armonía”
ción de la trama social: ellos no desaparecieron debido a su debili­ y el nuevo orden “pone sus presupuestos”, “sutura” su campo)
dad, sino a su éxito, es decir, a que concluyeron su trabajo. es la metaforicidad del elemento que representa su génesis: es­
En términos más semióticos podríamos decir que la políti­ te elemento queda reducido a ser “uno entre otros”; pierde su
ca como subsistema es una metáfora del sujeto político, de lo po­ carácter de Uno que ocupa el lugar de la Nada (de la negatividad
lítico como sujeto: el elemento que, dentro del espacio social P radical).
constituido, ocupa el lugar de lo político como negatividad Ahora podemos volver a la célebre tríada hegeliana: el su-
que lo suspende y lo funda de nuevo. En otras palabras, “Ja ... -jeto es ese mediador evanescente, el cuarto momento que,
política” como “subsistema”, como una esfera separada de la por así decirlo, escenifica su propia desaparición, una desapa-
sociedad, representa dentro de la sociedad su propio funda­ ; rición que es la añedida misma de su “éxito”, el vacío de la
mento olvidado, su génesis en un acto abismal violento; re­ 'i: negatividad autorfeferencial que se hace invisible cuando mi­
presenta, dentro del espacio social, lo que debe caer fuera pa­ ramos el proceso retroactivamente, desde su resultado. Si te-
ra que este espacio se constituya. Aquí podemos reconocer nemos en cuenta este cuarto momento excedente que opera
fácilmente la definición lacaniana dél significante (lo que “re­ 'fe: en la tríada hegeliana, podemos interpretarla contra el fondo
presenta al sujeto para otro significante”): la política como fe|íi del “cuadrado semiótico” greimasiano.
subsistema representa lo político (el sujeto) paira todos los La oposición entre la necesidad y la imposibilidad se di-
otros subsistemas sociales. Por esto los sociólogos positivistas ;^|suelve en el ámbito de da posibilidad (la posibilidad, por así
intentan desesperadamente convencernos de que la política es fe^decirlo, es la "negación de la negación” de la necesidad); lo
sólo un subsistema: es como si el tono desesperado y urgente ; fe^|qíie desaparece de este modo es el cuarto término, lo contin-
de este intento de persuasión hicieran eco a un peligro inmi­ ;;;:fe||ente, que no es en modo alguno igual a lo posible: en la con-
nente de “explosión” y de que la política vuelva á “serlo to- . I^ppngencia hay siempre algo de “encuentro con lo Real”, algo

254 255
Slavo] Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

Necesario ^ ----------------------------- ► Imposible * tuación), en todo campo plural hay sin embargo un punto

:
particular que articula su verdad y que como tal no puede ser
relativizado; en este preciso sentido, la verdad es siempre
Una. Aquello a lo que apuntamos queda iluminado más clara­
Posible Contingente mente si reemplazamos el cuadrado “ontològico” por el cua­
drado “deontológico”:

Prescripto ---------------------------- ► Prohibido


de la violenta emergencia de una entidad absolutamente nue­
va que desafía los límites del campo establecido de lo que uno
sostiene como “posible”. Y “lo posible” es, por así decirlo, í
una contingencia “domesticada” pacificada, una contingencia Permitido X
a la que se le ha retirado el aguijón.
En psicoanálisis, por ejemplo, la verdad pertenece al or­ Nos falta incluso un término apropiado para esta X, para
den de la contingencia:17 vegetamos en nuestra vida cotidia­ el extraño estatuto de lo que es “no prescripto”, “facultativo”,
na, profundamente hundidos en la mentira universal que la y sin embargo no sencillamente “permitido”: por ejemplo, la
estructura, cuando, de pronto, algún encuentro totalmente emergencia en la cura psicoanalítica de algún conocimiento
contingente (el comentario casual de un amigo, un incidente hasta entonces prohibido que pone en ridículo la prohibición,
que presenciamos) suscita el recuerdo de un antiguo trauma desnuda sus mecanismos ocultos, sin por ello convertirse en
reprimido y conmueve nuestro autoengaño. El psicoanálisis una “permisividad” neutra. La diferencia reside en las distin­
es en este sentido radicalmente antiplatónico: lo universal es tas relaciones con el orden universal, que garantiza la permi-
el ámbito de la falsedad por excelencia, mientras que la ver­ $ sividad, mientras que esta garantía falta en el caso del “tú po­
dad surge como un encuentro contingente particular que la ndrías”... que LaCan designa como scilicet: tú podrías conocer
hace visible como “reprimida”.18 La dimensión perdida en la (la verdad sobre tu deseo) si asumieras el riesgo. Este scilicet es
“posibilidad” es precisamente este carácter traumático, no •quizás el recurso fundamental del pensamiento crítico.
garantizado de la emergencia de la verdad: cuando una ver­
dad se vuelve “posible” pierde su carácter de “evento”, se
convierte en una mera precisión fáctica y como tal pasa a for­ ' í Ü. E l e s l a b ó n p e r d id o d e l a id e o l o g ía

mar parte de la mentira universal gobernante.19


Ahora podemos ver hasta qué punto ql psicoanálisis laca- ■|Hhá estructura autorreferencial y su vacío
niano está lejos del “liberalismo” pluralista pragmático del ti­
' ■
po rortyano: la lección final de Lacan no es lá relatividad y La paradoja básica del concepto psicoanalítico del fantas-
pluralidad de las verdades, sino el hecho duro* traumático, de I » : consiste en una especie de bucle temporal: el “fantasma
que en toda constelación concreta la verdad debe necesariamen­ Ibfiginal” es siempre el fantasma de los orígenes, es decir que
te emerger en algún detalle contingente. En otras palabras, ||fesqueleto elemental de la escena fantasmática es para el su-
aunque la verdad depende del contexto (aunque no hay nin­ S p t o estar presente como pura mirada ante su propia concep-
guna verdad en general, sino siempre la verdad de alguna si- ° ’ m^S Preclsamente’ en acto mismo de su propia con-

256 257
Slavoj Ziz.ek ¿Está bien todo lo que termina bien?

cepción. La fórmula lacaniana del fantasma (S Oa) indica esta c¡a, la incompletud de la cadena causal y lineal es una condi­
conjunción lógica del sujeto y el objeto qua esa mirada impo­ ción positiva para que se produzca el “efecto sujeto”: si pudié­
sible: el “objeto” del fantasma no es la escena fantasmática en ramos explicar sin resto el advenimiento del sujeto a partir de
sí, su contenido (el coito parental, por ejemplo), sino la mira­ la positividad de algún proceso natural (o espiritual), si pudié­
da imposible que lo presencia. ramos reconstruir la cadena causal completa que lleva a su
Para ejemplificar este “viaje al pasado” constitutivo de la 0mergencia, el sujeto mismo quedaría cancelado. La brecha,
constelación fantasmática, recordemos la escena de Terciopelo ja incompatibilidad entre causa y efecto, resulta por lo tanto
azul, de David Lynch, en la cual el héroe observa a través de irreductible, ya que es constitutiva del propio efecto: en cuanto
una rendija en la puerta del baño el juego sexual sadomaso- completamos la cadena de causas, perdemos su efecto.
quista entre Isabella Rosellini y Denis Hopper, un juego en el Kn otras palabras, el estatuto de eslabón perdido no es só­
cual Hopper se relaciona alternativamente con Rosellini co­ lo epistemológico, sino primariamente ontològico. N o se tra­
mo su madre y su hija. Este juego es el “sujeto”, el tema, el ta de jugar al oscurafitismo idealista y predicar “el inescruta­
contenido de la fantasía y su objeto es el héroe, reducido a ble misterio de los orígenes del hombre”, mientras al mismo
presencia de una pura mirada.20 La paradoja básica del fantas­ tiempo se advierte contra la curiosidad que nos impulsa a per­
ma consiste precisamente en este cortocircuito temporal “ab­ turbar ese dominio prohibido (por medio de experimentos
surdo” en virtud del cual el sujeto qua pura mirada, por así biogenéticos, etcétera), de acuerdo con la fórmula paradójica
decirlo, se precede a sí mismo y presencia su propio origen. de la prohibición de lo imposible (es imposible penetrar los
Un ejemplo clásico se encuentra en el Frankenstein de orígenes del hombre, por lo cual está prohibido emprender esa
Mary Shelley, donde las escenas más terroríficas describen al investigación, que podría descubrir demasiado y de tal modo
doctor Frankenstein y su desposada, en el momento de la ma­ abrir el camino a horribles manipulaciones genéticas, etcéte­
yor intimidad, cuando de pronto se dan cuenta de que están ra). En su ser mismo, el sujeto está constituido como el esía-
siendo observados por el monstruo creado artificialmente (su Ü bón perdido de la cadena causal: la cadena en la cual no falta
“hijo”), como testigo mudo de su propia concepción: “En es­ fUngún eslabón es la positividad de una sustancia sin sujeto.
to consiste el enunciado del fantasma que impregna el texto ;úí;La sustancia es sujeto” significa que hay siempre un eslabón
de Frankenstein: ser la mirada que refleja el goce de los pro­ '¡que falta en la cadena sustancial.
pios.padres, un goce mortal” .21 J^ Ú P or abstractas que puedan parecer, estas proposiciones
¿De dónde proviene el tremendo impacto de esa escena '.-Conciernen directamente a nuestra relación fenomenologica
fantasmática? En otras palabras (y más precisas), ¿por qué el iyás oncreta con el otro. Sólo podemos reconocer al otro co­
sujeto reemplaza su falta de ser (su “querer ser”) por esa mi­ cinó persona en la medida en que, en un sentido radical, él si-
rada imposible? La clave de este enigma debe buscarse en la lHUé siendo desconocido para nosotros: el reconocimiento impli-
asimetría entre la sincronía y la diacronía; la emergencia mis­ una ausencia de conocimiento. Un prójimo totalmente
ma de un orden simbólico sincrónico implica uña brecha, una
discontinuidad en la cadena causal diacrónica que lleva a él,
un "eslabón perdido” en esa cadena. El fantasma es una prue­
ba a contraiio de que el estatuto del sujeto es el de “eslabón
I ^sparente y revelado ya no es una “persona”, ya no nos re­
unamos con él como con otra persona: la intersubjetividad
)ása en el hecho de que el otro es fenomenològicamente
eri mentad o como “una incógnita”, como un abismo sin
perdido”, un vacío que, dentro del conjunto sincrónico, ocu­ fio que nunca podremos sondear. El gran Otro lacaniano
pa el lugar de su génesis diacrónica forcluida. En consecuen- lábitualmente concebido como el orden simbólico imper-

258 259
V

Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

sonal, la estructura que regula los intercambios simbólicos; lo en que está constituid^ su ser, en que su ser se nos reveía;
que de tal modo se olvida es el hecho crucial de que el gran Ereud había tenido ya un presentimiento en tal sentido cuan­
Otro (opuesto al “pequeño otro” de la relación especular ima- do escribió sobre un “hueso extraño” {fremdes Kern) que hay
ginaria) fue primero introducido para designar la alteridad ra­ dentro de nuestro prójimo (Nebemnensch): la “cosa en sí” kan­
dical de la otra persona, más allá de que nos reflejemos en tiana inconocible es en última instancia el hombre mismo.
ella, más allá de que la reconozcamos nuestra imagen especu­ A este sujeto qua eslabón perdido Lacan lo bautizó “suje­
lar. En su Seminario III, Lacan presenta como sigue la razón to del significante”; la estructura significante es definida por
para introducir al Otro: un vacío central (el eslabón perdido) en torno al cual está or­
ganizada: es precisamente la articulación de su vacío (y, en este
¿Por qué [Otro, Autre] con A mayúscula? Por una razón sin sentido, la representación del sujeto). El conocido principio
duda delirante, como ocurre siempre que nos vemos obligados a estructura lista de la “prioridad de la sincronía respeto de la
introducir signos suplementarios a los que brinda el lenguaje. La
diacronía” no es en última instancia más que el reverso po­
razón delirante es aquí la que sigue: Tú eres mi mujer, después de
sitivo de esta imposibilidad de llegar a los propios orígenes,
todo, ¿qué sabe uno? Tú eres mi amo-, de hecho, ¿cómo estar se­
guro? El valor fúndante de estas palabras está precisamente en una imposibilidad constitutiva de la estructura simbólica:
que lo apuntado por el mensaje, así como lo manifiesta en el fin­ él lenguaje como sistema diferencial gira en una especie de
gimiento, es que el Otro está ahí en tanto que Otro absoluto. círculo vicioso, se esfuerza, por así decirlo, en alcanzar su
Absoluto, es decir que es reconocido, pero no conocido. Asimis­ propia cola; constituye un abismo sin ningún punto de refe­
mo, lo que constituye el fingimiento es que, a fin de cuentas, no rencia externo que sirva como soporte; cada uno de sus ele­
saben si es o no un fingimiento. Esta incógnita en la alteridad del mentos se remite a todos los otros, “es” sólo su diferencia
Otro es lo que caracteriza esencialmente la relación de palabra respecto de ellos, razón por. la cual resulta imposible a priort
en el nivel en que es hablada al otro.32 explicarlo “genéticamente”. El lenguaje funciona como un
círculo cerrado, involuto, que siempre-ya se presupone a sí
En otras palabras, nuestro compromiso con el otro y el tftismo, En otras palabras, el lenguaje aparece por definición
compromiso del otro con nosotros sólo tiene sentido contra ex nibilo: de pronto está “todo allí”, de pronto “todo tiene
el fondo de esta inconocíbilidad absoluta: en cuanto el otro es ■significado”.
perfectamente conocido y revelado, no tiene ningún sentido jjji.E sto es lo que significa la “arbitrariedad del significante”:
comprometerse con él para una acción; lo que encontramos vñó el hecho de que podemos “comparar desde afuera las pala­
aquí es el fundamento “agnóstico” del lenguaje qua orden del bras y las cosas, y verificar que la conexión entre unas y otras
compromiso simbólico. La palabra dada compromete precisa­ yés arbitraría (la mesa se llama mesa, o table, o Tisch, etcétera),
mente porque no hay ninguna garantía fáctica de que será |||iño, por el contrarío, la imposibilidad misma de adoptar una
mantenida. De lo que acabamos de decir hay que extraer una íósición externa desde la cual podamos “comparar” las pala-
conclusión inevitable, aunque sorprendente: el paradigma ífys y las cosas. Las palabras significan lo que signi fican sólo
fundamental de la Cosa inconocible, de su alteridad absoluta, |)fi respecto a su lugar en la totalidad del lenguaje; esta tó ta­
es el hombre mismo, nuestro prójimo, el otro como persona. llad determina y estructura el horizonte dentro del cual la
La naturaleza es simplemente desconocida, su inconocibilidad Ijálidad se nos revela, dentro del cual podemos eventualmen-
es epistemológica, mientras que el otro qua otra persona es |v comparar” las palabras individuales con las cosas.
otológicam ente inconocible; su inconocibilidad es el modo fjLa filosofía analítica reciente ha llegado al mismo resulta-

260 261
V

Slavo] Zizek ¿Esta bien todo lo que termina bien?

do:23 desde luego, podemos comparar las proposiciones indi­ diéramos reducir el lenguaje a un momento de la forma de vi­
viduales con la “realidad” y verificar su “correspondencia” da supralingüística, se perdería el “efecto de significado” y
con el estado de cosas descrito; sin embargo, sería ilusorio con él la subjetividad que le es propia.25 En este punto, lo
pensar que de tal modo encontramos una especie de contacto crucial, una vez más, es que el círculo vicioso autorreferencial
inmediato, un pasaje desde el “lenguaje” a la “realidad”, un de una totalidad lingüística (el hecho de que el modo en que
punto en el cual las palabras están directamente “engancha­ ella se relaciona con la realidad supralingüística está ya sobre-
das” a las cosas: por el contrario, la verificación de esta co­ determinado por el lenguaje mismo) funciona como su condi­
rrespondencia sólo es posible dentro dei campo global ya es­ ción ontológica positiva: lejos de desplegar una especie de
tablecido del lenguaje. Es cierto que puedo comparar la “ausencia” que hay que compensar por medio de un “análisis
proposición “Hay una mesa en la habitación” con el estado de concreto” del papel del lenguaje dentro de la totalidad de las
cosas fáctico y de tal modo verificar su exactitud, pero este prácticas sociales, o con una presentación genética de la
procedimiento se basa ya en la totalidad del lenguaje, que es emergencia del lenguaje a partir de la conducta expresiva ani­
la que da sentido a la proposición “Hay una mesa en la habi­ mal, este círculo vicioso es lo que abre el espacio del signifi­
tación ”.24 cado. En otras palabras, la barrera que separa lo Simbólico de
Por lo tanto, la idea misma de un orden circular sincróni­ lo Real es inviolable, puesto que lo Simbólico es esa misma
barrera.
co implica una brecha, una discontinuidad en su génesis: la es­
tructura sincrónica no puede deducirse de un proceso diacròni­ Lo que caracteriza al registro simbólico es su modo espe­
co sin cometer una petición de principio. De pronto, por cífico de causalidad, a saber: la causalidad retroactiva. La cau­
medio de un salto milagroso, nos encontramos dentro de un salidad positiva, “sustancial”, es lineal y proactiva: la causa
orden sincrónico cerrado que no admite ningún sostén exter­ precede a su afecto; en el registro simbólico, en cambio, “el
no, puesto que gira en su propio círculo vicioso. Esta falta de tiempo corre hacia atrás”: la “eficacia simbólica” (para tomar
sostén en virtud de la cual el lenguaje, en última instancia, só­ esta expresión de Claude Lévi-Strauss) consiste en una conti-
lo se remite a sí mismo (en otras palabras: este vacío que el : núa “reescritura del propio pasado”, en incluir huellas signifi-
lenguaje rodea en su autorreferencia) es el sujeto como esla­ .; cantes del pasado en nuevos contextos que modifican retroac­
bón perdido. La “autonomía del significante” es estrictamente co- tivamente su significado. El ejemplo más célebre de esta
rrelatìva a la iisnbjetivización,>de la cadena significante: los suje­ ' causalidad retroactiva en el campo del psicoanálisis es desde
tos no son la presencia efectiva de agentes de carne y hueso luego el del Hombre de los Lobos, el analizante ruso de
que emplean el lenguaje como parte de su práctica social, lle­ Freud que de niño presenció un coitus a tergo de los padres:
nando los esquemas lingüísticos abstractos con un contenido sus formaciones sintomáticas ulteriores no fueron más que
real; el sujeto es, por el contrario, el abismo que por siempre ty btros tantos esfuerzos por integrar esta escena primordial en
separa al lenguaje del proceso vital sustancial. |pla red simbólica sincrónica del presente, para conferirle signi-
Por esta razón, la crítica clásica a la lingüística estructural, #^|eádo y de tal modp contener su impacto traumático. O, con
que le reprocha su carácter idealista, en cuanto propone un » ite rm in o lo g ía empleada por Lacan desde la década de 1950,
orden ideal autónomo de relaciones diferenciales (pasando situarla dentro de la dimensión de la verdad, para “reali-
por alto que el lenguaje sólo es real como momento de una i en lo Simbólico”. La originalidad de la lectura lacaniana
“forma de vida” definida, insertado en la trama de las prácti­ | concepto freudiano de “acción diferida” (posterioridad,
cas concretas) esa crítica, decimos, yerra por completo: si pu- l&^l^fcbtraglichkeit)) específica de la causalidad neurótica, consis-

262 263
Slavo] Zizek ¿Está bien todo lo que termina biení

te precisamente en que la vincula con el tema de la “prioridad cisamente porque la cadena de la causalidad lineal está siem­
de la sincronía respecto de la diacronía”: lo que originalmente pre rota, porque el lenguaje como orden simbólico está apre­
era un evento sin sentido adquiere retroactivamente el carác­ sado en un círculo vicioso, intenta recobrar el eslabón faltante
ter de impacto significativo, puesto que sólo más tarde las organizando retroactivamente su pasado, reconstituyendo sus
huellas de ese evento son incluidas en una red simbólica que orígenes mirando hacia atrás. En otras palabras, el hecho mis­
les da significado. Por lo tanto, al psicoanálisis no le interesa mo de la incesante “reescritura del pasado” demuestra la pre­
el pasado como tal, en su pureza fáctica, sino el modo en que sencia de una cierta brecha, la eficacia de un cierto núcleo
los acontecimientos del pasado son incluidos en el campo sig­ traumático extraño que el sistema trata de reintegrar “después
nificativo sincrónico del presente. En otras palabras, la di­ déí hecho”. Si hubiera continuidad entre la génesis y la estruc­
mensión propia del psicoanálisis no es la de la “realidad”, sino tura, no habría inversión de la dirección de la causalidad: es el
la de la “verdad”: eslabón perdido el que abre el espacio para el reordenamien­
to del pasado.
En la anamnesis psicoanalítica no se trata de la realidad, sino
de la verdad, porque es el efecto de la palabra plena reordenar las
contingencias pasadas dándoles el sentido de necesidades por ve­ Ea narración de los orígenes
nir, tal como las constituye la poca libertad por medio de la cual
el sujeto las hace presentes.26 Podemos ahora volver a nuestro interrogante inicial acer­
ca de la función del objeto fantasma: este objeto como mirada
En síntesis: la verdad, el pasado (los encuentros traumáti­ llena un vacío constitutivo del registro simbólico, de su círcu­
cos olvidados durante mucho tiempo) determina el presente, lo vicioso; sirve para ocultar el hecho de que cualquier campo
pero esta determinación está sobredeterminada por la red sim­ dado de significado estructurado simbólicamente, en un sen-
bólica sincrónica presente. Si la huella de un antiguo encuen­ tídó siempre se presupone y precede a sí-mismo. En cuanto
tro comienza de pronto a producir efectos, ello se debe a que estamos dentro de un campo de significado, resulta por defini-
el universo simbólico presente del sujeto está estructurado de ; ción imposible adoptar una actitud externa respecto de él; no
un modo tal que es sensible a dicho encuentro. hay ningún pasaje continuo desde su exterior a su interior:
Recordemos la lógica de las tendencias artísticas: cuando, ri; pomo dice Althusser, la ideología no tiene exterior. El abismo
por ejemplo, hacia fines del siglo XVIII, el interés histórico . oculto de este círculo vicioso aparece del modo más puro bajo
pasó del clasicismo a Shakespeare, cuando Shakespeare fue el disfraz de las tautologías: “la ley es la ley”, “Dios es Dios”,
súbitamente ‘redescubierto’, no puede decirse con propiedad ri Incluso una sensibilidad cotidiana refinada advierte el modo
que “comenzó a ejercer una influencia repovada”. Lo esencial ¿yen que funcionan estas tautologías: precisamente en el sen ti-
fue el cambio interior del “espíritu de la época”, de modo que |f|do.hegeliano, como identidad consigo mismo que revela la
de pronto se volvió sensible a Shakespeare: Id esencial fue M'Cbntradicción suprema. El enunciado “Dios es Dios”, ¿no
que por medio de la referencia a Shakespeare empezó a ser ó|fóermite presentir Su ominoso reverso? El primer “Dios”
posible reconocer traumas y antagonismos presentes. En este .■■^^■Dios e s ...”) es el Dios de la serenidad, la gracia y el amor,
punto, debemos tener cuidado de no pasar por alto que esta ¡qúiientras que el segundo (“...D ios”) es el Dios de la ira y la
causalidad retroactiva, esta “reescritura simbólica del pasado”, está _-||§riueldad ingobernables. ¿Y no ocurre lo mismo con la tauto-
intrínsecamente vinculada con el problema del eslabón perdido: pre- ^g|ógía “la ley es la ley”? ¿No despliega esta tautología el carác-

264 265
Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

ter ilegal e ilegítimo del fundamento mismo del reino de la inente a través de esos cuestionamientos aparecería la mancha
ley? Blaise Pascal fue probablemente el primero en detectar de violencia ilegítima que siempre macula, como una especie
esta dimensión subversiva de la tautología “la ley es la ley”: de pecado original, la pureza del reino de la ley. N o sorpren­
de entonces que esta prohibición asuftia una vez más cierta
La costumbre es la suma de la equidad por la única razón de forma paradójica bien conocida en psicoanálisis: se prohíbe al­
que es aceptada. Esta es la base mística de su autoridad. Quien go que ya es en sí mismo puesto como imposible:
trata de remitirla a su primer principio, la destruye. Nada es tan
defectuoso como las leyes que corrigen defectos. Quien las obe­ El origen del poder supremo, para todos los propósitos prác­
dezca porque son justas está obedeciendo a una justicia imagi­ ticos, fio es descubrtble por las personas que están sometidas a él.
naria, no a la esencia de la ley, completamente contenida en sí En otras palabras, el sujeto no debe permitirse especulaciones sobre
misma: es la ley y nada más... Por ello, el más sabio de los legis­ su origen con la idea de actuar sobre ellos [...] éstos son argu­
ladores solía decir que los hombres a menudo deben ser engaña­ mentos completamente fútiles para una persona que está ya sujeta a
dos por su propio bien, y otro político profundo afirmó que la ley civil, y constituyen una amenaza para el Estado.28
Cuando él pregunta por la verdad que le lleve libertad, es bueno que sea
engañado. No se debe hacer aparente la verdad sobre la usurpa­ Es fútil buscar documentación histórica sobre los orígenes de
ción; se produjo originalmente sin razón y se ha vuelto razonable, este mecanismo. Es decir que no podemos retroceder al tiempo en
Debemos ver que es mirada como auténtica y eterna, y sus oríge­ que emergió la sociedad civil [...]. Pero sería totalmente culpable
nes deben ser ocultados si no queremos que pronto termine.27 emprender esas investigaciones con la idea de cambiar por la
fuerza la constitución existente en el presente.29
Resulta casí superfluo señalar el carácter escandaloso de
estas proposiciones: ellas socavan los fundamentos del poder, Lo que tenemos aquí es una especie de inversión irónica
de su autoridad, en el momento mismo en que dan la impre­ del famoso lema ético de Kant, “Du kannst, denn du sollst/ ”
sión de sostenerlo. “En el principio” de la ley, hay algo “fue­ (puedes porque debes): no puedes alcanzar .los oscuros oríge-
ra de la ley”, un cierto Real de violencia que coincide con el nes de la ley, del orden legítimo, porque no debes hacerlo. Es
acto del establecimiento del reinado de la ley: la verdad final decir que Kant prohíbe formalmente la exploración de los
sobre el reinado de la ley es la verdad de una usurpación, y .;:r: orígenes del orden legítimo, sosteniendo que esa exploración
todo el pensamiento político-filosófico clásico se basa en la lejíos pone a priori al margen de dicho orden; cancela su propia
renegación de este acto fundador violento. La violencia ilegí­ |||%lidez al hacer que dependa de circunstancias histórico-em-
tima por medio de la cual la ley se sustenta debe ser ocultada ; píricas: no podemos sostener que la ley se origina en alguna
a cualquier precio, porque este ocultamiento es la condición y Violencia sin ley y, al mismo tiempo, seguir sujetos a ella. En
positiva del funcionamiento de la ley: la ley funciona en cuan­ ¿Cuanto la ley es reducida a sus orígenes sin ley, se suspende
to sus súbditos sean engañados, en cuanto experimenten la ;toda su validez.
autoridad de la ley como “auténtica y eterna”, ignorando “la Esto es similar a la búsqueda de los orígenes históricos del
verdad sobre la usurpación”. prístianismo, Por cierto, podemos explorar el cristianismo co-
Esta verdad resurge en los raros momentos en que la re­ “fenómeno histórico”, podemos tratar de explicarlo sobre
flexión filosófica toca sus límites: por ejemplo, en la Metafísica »ase de procesos sociales, etcétera. Pero lo esencial es que
de las costumbres de Kant, donde el autor explícitamente pro­ iqpodemos hacerlo como cristianos, porque de tal modo perde-
híbe sondear los oscuros orígenes del poder legal. Precisa- lös acceso al campo cristiano de significados. El mecanismo

266 .■.i 261


1
/

Slavoj Zizek ¿Estábien todo lo que termina bien?

de este círculo cerrado fue expuesto por el Bosco en su céle­ puro de una violencia que ya no es naturaleza (excede a la na­
bre cuadro de la crucifixión: en él, uno de los dos ladrones turaleza precisamente por la “naturaleza excesiva” de su de­
ajusticiados junto con Jesús se confiesa antes de morir con un manda incondicional) y no es todavía cultura. En otras pala­
sacerdote que tiene una Biblia bajo el brazo. Este cortocircui­ bras, lo que el reino de la ley tiene que domar y someter no es
to absurdo excede en mucho a la descripción ingenua del cie­ la naturaleza sino el exceso de Mal por medio del cual la na­
rre de un campo ideológico incapaz de representar su exterior turaleza se supera a sí misma convirtiéndose en cultura. En
y por lo tanto obligado a presuponer su presencia en su pro­ esto, en la domesticación de esta indocilidad radical, consiste
pia génesis: este cortocircuito apunta a la “ideología” del re­ la meta fundamental de la educación:
gistro simbólico como tal.
La indocilidad es independencia respecto de la ley. Mediante
El fantasma construido por la ideología burguesa para ex­
la disciplina los hombres son puestos en sujeción a las leyes de la
plicar los orígenes de la sociedad civil (esto es, el reino de la humanidad, y llevados a sentir su imposición [...]. El amor a la
ley) es desde luego la célebre ficción del “contrato 500131” por libertad es naturalmente tan fuerte en el hombre que, una vez
medio del cual los súbditos pasan de un estado natural a un acostumbrado a la libertad, lo sacrificará todo por ella.31
estado civilizado. Encontramos aquí el mismo círculo vicioso
autorreferencial que define al fantasma: como lo ha señalado En este punto, lo esencial es la brecha radical que separa
Hegel, la ficción del contrato social presupone de antemano lo ésta “indocilidad” de los “impulsos animales” del hombre.
que es o debe ser su resultado, su desenlace final: la presencia Kant es aquí totalmente inequívoco, cuando opone directa­
de individuos que actúan según las reglas de un orden racio­ mente la indocilidad del hombre a la estabilidad instintiva
nal civilizado (como en el mito de la “acumulación primitiva”, animal:
que presupone la presencia del capitalista individual para
explicar el advenimiento del capitalismo). L o que aquí está Debido a su amor natural a la libertad, es necesario que los
necesariamente forcluido (el mediador prohibido que debe hombres suavicen su rudeza natural; en los animales, su instinto
desaparecer, volverse invisible, convertirse en un eslabón per­ lo hace innecesario.32
dido para que se establezca el reino de la ley) es desde luego
el acto “patológico” de violencia a partir del cual surge la v, El hombre freudiano de esta indocilidad, de esta libertad
constitución civil, el cordón umbilical que vincula Ll contrato autodestructiva que indica la brecha radical con los instintos
social (el orden legal sincrónico) con la “naturaleza” .30 Esto uiaturales, es por supuesto pulsión de muerte. La condición del
es lo que tiene que ser objeto de una “represión primordial” pasaje desde la naturaleza a la cultura es entonces una extraña
para que entre en vigencia el reino de la ley: no la naturaleza escisión interior de la naturaleza misma en naturaleza como
como tal, sino la paradoja de un acto violento por medio del circuito en equilibrio regulado por los instintos, y la naturale-
cual la naturaleza se supera a sí misma, por así decirlo, y fun­ ||á como indocilidad que debe ser domesticada por la ley. El
damenta “la cultura” (el estado civil); la intersedción dé natu­ fjnediador evanescente fundamental entre la naturaleza y la
raleza y cultura, que no es naturaleza (puesto que es ya natu­ ^pltura es la pulsión de muerte como esa naturaleza extravia­
raleza pervertida, extraviada, enloquecida) ni cultura (puesto dla, desnaturalizada: el punto en el cual la naturaleza misma
que es un exceso de violencia que la cultura forcluye por defi­ yómienza insólitamente a asemejarse a la cultura en su forma
nición). Este extraño tercer dominio, intersección de natura­ Superior, la del acto moral “no patológico”. Esta semejanza
|¡uede discernirse en lo que es quizá el pasaje crucial de los
leza y cultura, es el del abismo de la libertad absoluta: el Mal

268 269
Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

escritos políticos de Kant, la extensa (incluso extrañamente En este punto, el error de Kant consiste en que sólo con­
extensa) observación sobre la ya citada Observación general so­ cibe este “abismo que se traga todo” en su aspecto negativo:
bre las consecuencias legales de la naturaleza de la unión civil, que lo que no advierte es que cuando se ha cerrado este círculo de
desempeña la función de un síntoma: es como si el movi­ autodestrucción, cuando la serpiente se traga su propia cola,
miento doble de la observación sobre una observación produjera el resultado no es la pura nada sino precisa y simplemente un
el efecto verdad, como si el doble reflejo especular produjera (nuevo) reinado de la ley. El crimen absoluto, autorreferencial,
el punto de la identificación simbólica, no imaginaria. Es de­ que asume la forma de su opuesto, describe la génesis misma
cir que, en esta observación, Kant “dice más de lo que quería de ía ley, una génesis “olvidada” (reprimida) en cuanto se es­
decir” y llega al umbral de su vínculo con Sade; el tema es la tablece el reino de la ley. Es por lo tanto contra este fondo
diferencia entre el regicidio y la ejecución legal del rey. como hay que ubicar la citada tesis kantiana según la cual no
Esta diferencia tiene que ver con la relación entre la forma es posible llegar al origen (histórico) del poder legal, puesto
y el contenido: aunque el regicidio viola las normas legales de que está prohibido buscarlo: el hecho traumático oculto por es­
un modo extremadamente grave, no afecta la forma de la le­ ta prohibición paradójica es precisamente el crimen absoluto
galidad como tal: conserva con ella la relación de un exceso. en el que se funda el poder legal. Todo reino de la ley tiene
Pero si los insurgentes organizan un juicio y sentencian al rey sus raíces ocultas en ese crimen absoluto (autorreferencial,
a muerte, esto representa una amenaza mucho mayor para el autonegador) por medio del cual el crimen asume la forma de
Estado, puesto que subvierte la forma misma de la legalidad y la ley y, para que la ley reine en su forma “normal”, este re­
la soberanía: la ejecución legal del rey (de la persona que en­ verso debe ser incondicionalmente reprimido.
carna el poder supremo, que sirve como última garantía del Aquí debemos recordar la tesis de Freud sobre la corre­
orden legal) no es sólo la muerte del rey como persona, sino lación entre la represión y la memoria (inconsciente): el cri­
que equivale a la muerte de la función real en sí, es un “suici­ men absoluto no puede ser propiamente olvidado (anulado,
dio del Estado ”.33 La condena a muerte del juez es un disfraz expiado y perdonado); tiene que persistir como un núcleo
abominable en el cual el crimen asirme la forma de la ley y, por traumático reprimido, puesto que contiene el gesto fundante
así decirlo, la socava desde adentro; en tal modo, la subver­ del orden legal; su erradicación de la memoria inconsciente
sión del orden legal se pone la máscara de la legalidad. Este es entrañaría la desintegración del reino mismo de la ley; este
por lo tanto “un crimen que debe quedar siempre como tal, reino se vería privado de su fuerza fundante (reprimida). In­
que nunca puede ser borrado (crimen immortale, inexpiabi- cluso el poder absoluto del Espíritu, al que nada puede resis­
/e)” .34 O bien, para emplear la terminología hegeliana, es un tir (por su capacidad de Ungeschehenmachen, de “anular” re­
crimen que no puede ser “ungeschebengemacbt” (anulado re­ troactivamente el pasado), está inerme frente a este crimen
troactivamente) y que, para citar de nuevo a Kant, “nunca supremo: la razón consiste en que dicho crimen es lo que lite­
puede ser perdonado, ni en este mundo ni en el próximo ” .35 ralmente da vigencia al reino del Espíritu: es lo negativo del
¿Por qué? Porque involucra “una inversión completa de los propio Espíritu, su sostén y su fuente ocultos,
principios que gobiernan la relación entre el soberano y el f , De modo que el estatuto del crimen absoluto kantiano e s ;
pueblo. Pues equivale a convertir a las personas, que deben su ¡.exactamente el mismo que el del parricidio primordial freudiá-
existencia puramente a la legislación del soberano, en gober­ ytio: un Real imposible que debe presuponerse (reconstruirse
nantes sobre soberano”, y de tal modo abre “un abismo que ¡retroactivamente) para explicar el orden social existente. Lo
se traga todo sin ninguna esperanza de retorno ” ,36 \que Kant concibe como <(imposibkn (la realidad impensable, insonda­

2 70
Slavoj Zizek ¿Está bien todo lo que termina bien?

ble del M al fundamental) es en realidad el fundamento siempre-ya ma. El crimen absoluto, el crimen autorreferencial, es enton­
realizado (aunque reprimido) del reino mismo de la ley, y la meta ces “ominoso” (unbeimlicb) en el estricto sentido freudiano: lo
del “recuerdo” dialéctico es precisamente hacernos presente que tiene de horrible no es su extrañeidad, sino su proximidad
este crimen absoluto que es el reverso necesario del reino de la absoluta al reino de la ley.
ley. Pero lo crucial es que Kant define expresamente este “cri­
men para el que no puede haber expiación” como un acto for­
mal y completamente fútil (no útil), es decir, no-patológico: ha denominada “acumulación primitiva ”
Hasta donde podemos ver, es imposible que los hombres co­
metan un crimen de tal malicia formal y completamente fútil, La célebre proposición de los Grundrisse de Marx según la
aunque ningún sistema de moral debe omitir considerarlo, aun­ cual “la anatomía del hombre nos ofrece una clave de la ana­
que más no fuera como una idea que representa el mal funda­ tomía del mono” también apunta en esta dirección. Primero
mental.37 debemos disponer de un concepto articulado del “hombre”,
la etapa final de la evolución, y sólo desde este punto de vista
Ahora podemos ver por qué este crimen imposible (es de­ podemos reconstruir retraoctivamente su génesis diacrónica a
cir real) está extrañamente cerca del acto ético: tiene la forma partir del mono. En consecuencia, cuando buscamos esta gé­
de la legalidad (no se trata de una mera rebelión violenta sino nesis, no debemos olvidar ni por un momento que, en verdad,
de un procedimiento legal) y, además, no es guiado por moti­ nosotros no “derivamos al hombre del mono”: lo que efectiva­
vos materiales, egoístas, “patológicos”. Esta paradoja del Mal mente hacemos es reconstruir el proceso hacia atrás, desde el
“no patológico”, “ético”, es lo que Sade describe como el punto de vista del resultado final. Marx dice esto a propósito
“crimen absoluto” que interrumpe el circuito de la naturale­ de la génesis del capitalismo, por lo cual también podría ser­
za: ¿qué es el advenimiento del universo humano sino una virnos como una especie de guía para captar “la primacía de la
ruptura que introduce un desequilibrio en el circuito natural? sincronía respecto de la diacronía” en el funcionamiento de
Desde el punto de vista de la naturaleza, e l “Espíritu ” en sí es “un la ideología capitalista. Según la opinión habitual del “mate­
crimen que nunca puede b o rra rs epor esto, toda ley positiva, en rialismo histórico”, cabría esperar que Marx buscara en su gé-
un sentido, es ya su propia parodia, el derrocamiento violen­ . nesis histórica la clave que le permitiera articular la lógica del
to de una ley anterior “no escrita”, un crimen convertido en capitalismo: cabría esperar que “derivara” el capitalismo de la
ley. Desde luego, esta ley anterior “no escrita” nunca ha exis­ sucesión de los modos anteriores de producción, de la disolu­
tido como tal, en el presente: su estatuto es una vez más el de ción del feudalismo y la gradual afirmación de la producción
lo Real: ella es (presu)puesta retroactivamente como lo que ha de mercancías orientada al mercado. Después de todo, la pro­
sido “violado” con la imposición de nuestro reino “humano” posición básica del método histórico de explicación, ¿no dice
de la ley. que comprender teóricamente un fenómeno equivale a des-
En otras palabras, no hay ninguna ley “originaria” no ba­ •plegar su génesis histórica? Pero lo que hace Marx es todo lo
sada en el crimen: la institución de la ley como tal es una contrario. En primer lugar, él explora la anatomía del sistema 7
usurpación ilegítima. El crimen kantiano impensable que j capitalista, presenta el corte sincrónico del universo del capi­
subvierte la forma de la ley al 'minarla es ya la autosuperación ta l, y sólo entonces (en el último capítulo del volumen I de E l
del crimen, la fundación de una nueva ley: lo que Kant toma (capital) encara la cuestión de su génesis histórica, en la forma
por una imitación obscena de la ley es en realidad la ley mis- de “la denominada acumulación primitiva”.

212
Sltivoj Zizek ¿Está bien todo lo que tennina bien?

Quienes interpretan que la tríada inicial de mercancía-di­ éste es circular: presupone lo que pretende explicar, el con­
nero-capital expresa la matriz del desarrollo histórico, reduci­ cepto de capitalista. “Explica” la emergencia del capitalismo
da a su esqueleto lógico, condensada y purificada de las con­ presuponiendo la existencia de un agente que “actúa como un
tingencias históricas, se equivocan profundamente. Desde capitalista” desde el principio. Lo que encontramos es enton­
el principio mismo el objeto de la investigación de Marx es el ces, una vez más, la lógica del fantasma: la estructura del mito
capitalismo “desarrollado”: para citar su propia formulación ideológico de la “acumulación primitiva” corresponde exacta­
en la primera línea del primer capítulo, su objeto son las so­ mente a la del “viaje al pasado”; el “capitalista” está presente
ciedades en las que predomina la producción de mercancías. como mirada en su propia concepción. También en la ideolo­
Sólo cuando el concepto sincrónico del modo capitalista de gía el constructo fantasma le permite al sujeto llenar el vacío
producción ya ha sido desarrollado, podemos abordar sus del eslabón perdido de su génesis, asegurando su presencia
condiciones históricas, con las circunstancias de su emergen­ como pura mirada en su propia concepción, permitiéndole
cia; en este punto, sin embargo, el razonamiento de Marx es “saltar al pasado” y aparecer como su propia causa.
mucho más interesante que lo que puede parecer a primera Lo esencial es en este caso que el orden simbólico sincró­
vista. La sustancia de su argumentación es que, una vez esta­ nico llene el vacío de sus orígenes por medio de un relato: el
blecido el capitalismo como sistema plenamente articulado, es fantasma, por definición tiene la estructura de una historia que
indiferente a las condiciones de su emergencia. Hay dos condi­ hay que nanear. Aunque éste parece un punto menor, sus raí­
ciones principales: por un lado, una fuerza de trabajo liberada ces están en el conflicto filosófico entre Hegel y Schelling
de su apego “sustancial” a las condiciones objetivas de pro­ acerca del modo de presentar {darstellen) el Absoluto: ¿hay
ducción (los medios y objetos de producción), reducida al es­ que hacerlo por medio del logos o del mythos, de la deducción
tatuto de pura subjetividad; por otro lado, un excedente de lógica o del relato de las “edades” de Dios? Hegel, para em­
dinero (el capital). El modo en que estas dos condiciones se plear términos pascalianos, lo apuesta todo al logos (o esto le
han originado no es de interés para la deducción dialéctica. pareció a Marx, erróneamente): la totalidad del Absoluto pue­
Se trata sencillamente de una cuestión de investigación histó­ de ser concebida y presentada en la forma del desarrollo lógi­
rica empírica: una oscura historia de apropiación violenta y co del concepto; la “historia” es reducida a la apariencia ex­
saqueos, de mercaderes aventureros, etcétera, una historia terna, temporal, de la articulación lógica interior, intemporal.
con la cual no es necesario que nos familiaricemos para captar Schelling, por el contrario, insiste en el relato como modo
el funcionamiento sincrónico del sistema capitalista. apropiado de presentación del Absoluto: Dios no puede ser
Dentro de este marco, “la denominada acumulación pri­ deducido al logos, hay algo en El que no es razón ni palabra, a
mitiva” no es más que el mito ideológico producido retroactiva­ saber: el oscuro fundamento de su existencia, lo que es en
mente por el capitalismo para explicar su propia génesis y, al Dios “más que Él mismo”, lo Real en Dios; por esto la repre­
mismo tiempo, justificar la apropiación presente: el mito del sentación del contenido del Absoluto debe asumir la forma de
“trabajador diligente y ahorrativo” que no consufne inmedia­ ■una narración, de un relato sobre las “edades” de Dios que
tamente el dinero qué le sobra, sino que lo reinvierte con sa­ ' haya algo más que traducir la necesidad interior de una red de
bidur