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1. MOVIMIENTO OSCILATORIO
El presente capítulo trata inicialmente con la descripción de movimientos periódicos,
en particular del más sencillo de este tipo de movimientos que se conoce con el nombre de
movimiento armónico simple. Se estudiarán algunos casos típicos de movimiento armónico
simple, tales como el sistema masa-resorte o los péndulos simple y compuesto, entre otros.
También se prestará una especial atención al estudio de sistemas de osciladores acoplados,
los cuales son de gran importancia como modelos para describir modos vibracionales de
moléculas y sólidos cristalinos. Posteriormente se analizará el efecto de las fuerzas de
fricción sobre sistemas oscilatorios y se describirá el comportamiento de las llamadas
oscilaciones amortiguadas. Finalmente se incluirá el efecto de una fuerza impulsora sobre
un sistema oscilante y se discutirá el concepto de resonancia, de gran importancia a nivel
microscópico en fenómenos tales como la resonancia magnética nuclear y la resonancia
paramagnética electrónica.

1.1 Movimiento Periódico

En la experiencia cotidiana observamos una gran variedad de sistemas físicos que


describen movimientos que se repiten a iguales intervalos de tiempo, razón por la cual se
les conoce con el nombre de movimientos periódicos. Ejemplos típicos son el movimiento
de la tierra alrededor del sol o aquel de la luna alrededor de la tierra. Aún a nivel atómico
pueden presentarse movimientos periódicos, como por ejemplo la rotación de los electrones
alrededor del núcleo o el movimiento vibratorio que describen los átomos en un sólido
alrededor de sus posiciones de equilibrio. En sistemas unidimensionales, también se
presentan movimientos periódicos, tales como el movimiento oscilatorio de una masa
suspendida del extremo libre de un resorte y, en forma aproximada, el movimiento del
péndulo de un reloj.

Una característica común a todos estos movimientos es que en cada uno de ellos se
repite la trayectoria de un objeto en ciertos intervalos de tiempo. La trayectoria que se
repite periódicamente recibe el nombre de ciclo u oscilación. El mínimo intervalo de
tiempo requerido para que se repita el movimiento se denomina periodo y se representa por
la letra T. Esto significa que en los instantes t y t+T, se repiten la posición y velocidad del
objeto que describe el movimiento periódico. En el caso unidimensional podemos escribir

( ) ( ) ( ) ( ). (1.1)

Otra magnitud física que caracteriza a un movimiento periódico es su frecuencia, f, la


cual se define como el número de ciclos que describe el sistema en la unidad de tiempo.
Obviamente, entre el periodo y la frecuencia de un movimiento periódico existe una
relación recíproca, es decir,

( )
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En el sistema internacional de unidades la unidad de frecuencia es el Hertz (Hz), que


corresponde a la frecuencia de un sistema que describe una oscilación o ciclo por segundo.
Dado que el ciclo no corresponde a ninguna unidad (es solo un nombre), también se
acostumbra escribir 1 Hz = 1 s -1. En muchas ocasiones resulta más conveniente utilizar
algunos múltiplos del Hz, tales como 1 kHz = 103 Hz ó 1 MHz = 106 Hz.

Dadas las características de los movimientos periódicos, cuando una partícula


experimenta un movimiento periódico unidimensional, debe utilizarse una función
periódica para describir la evolución temporal de la coordenada de posición de la partícula.
De acuerdo al teorema de Fourier, cualquier función periódica del tiempo, F(t), puede
representarse mediante una combinación lineal de funciones seno y coseno, en la forma

( ) ∑[ ( ) ( )] ( )

donde las ωn son múltiplos enteros de una cierta ⁄ y .

1.2 Movimiento Armónico Simple

Las funciones periódicas más sencillas que existen son la función seno y la función
coseno, las cuales tienen un periodo de 2π. Se dice que una partícula, que se mueve sobre el
eje x, describe un movimiento armónico simple (M.A.S.) cuando la función que describe su
posición en cualquier instante de tiempo t tiene la forma

( ) ( ) ( )

donde A,  y  son constantes. Se acostumbra llamar oscilador armónico a cualquier


sistema físico que describa un M.A.S.. El movimiento armónico simple descrito por la Ec.
(1.4), también podría ser descrito por una función seno con iguales valores de las constantes
A y , pero con una constante  que difiere en π/2 con respecto a la anterior. Dado que la
función coseno varía entre -1 y 1, la partícula cuyo movimiento está descrito por la Ec.
(1.4) sólo puede ocupar posiciones entre x = -A y x = A. De esta manera, la constante A
representa el máximo valor del desplazamiento de la partícula con respecto a la posición
central de su movimiento (x = 0), dicha constante se conoce con el nombre de amplitud del
movimiento.

Para establecer una interpretación física de la cantidad , podemos emplear la


definición de periodo T de un movimiento periódico, expresada a través de la primera de las
Ecs. (1.1), junto con la Ec. (1.4) que describe la posición en función del tiempo en un
M.A.S., para obtener como resultado ( ) ( ) , de donde
podemos concluir que , y por ende,

( )
3

La magnitud física  difiere de la frecuencia de oscilación f en un factor de 2π, sus


unidades en el sistema internacional de unidades (S.I.) son s -1 ó rad/s, y recibe el nombre de
frecuencia angular del movimiento. El argumento de la función coseno, , se
denomina fase del movimiento, en consecuencia  es la fase en el instante t = 0, o fase
inicial del movimiento. Es importante notar que en contraste con la cantidad , que
depende exclusivamente del periodo o la frecuencia del movimiento, las constantes A y 
están determinadas por las condiciones iniciales del movimiento, como se mostrará en
detalle posteriormente.

Haciendo uso de la identidad trigonométrica ( )


, en la Ec. (1.4), se puede obtener una forma alternativa para la expresión de la
posición en función del tiempo en un M.A.S.,

( ) ( )

donde y . Al comparar las expresiones dadas por las Ecs. (1.3)


y (1.6), puede observarse inmediatamente que la primera se reduce a la segunda, con la
escogencia de coeficientes , mientras que los coeficientes A1 y B1
toman los valores dados anteriormente. Adicionalmente, a partir de la identidad de Euler,
, se encuentra una tercera forma de escribir la posición como función
del tiempo en el M.A.S., dada por

( ) ( )
[ ] ( )

donde el símbolo Re representa la operación de tomar la parte real de una función


compleja.

Continuando con el análisis cinemático del M.A.S., al derivar la Ec. (1.4) se obtiene la
expresión para la velocidad de la partícula en función del tiempo, dada por

( ) ( ) ( )

Recordando que ( ⁄ ) , la Ec. (1.8) puede ser escrita en la forma


alternativa ( ) ( ⁄ ), en la cual se evidencia que en el M.A.S. la
velocidad está adelantada π/2 en fase, con relación a la coordenada de posición x. El
máximo valor que puede tomar la velocidad de la partícula (amplitud de velocidad) es
, el cual se presenta en la posición x = 0, es decir, en el punto medio de la
trayectoria de la partícula que describe el M.A.S..

Si se conocen las condiciones iniciales del movimiento, es decir, la posición y


velocidad de la partícula en el instante t = 0, es posible encontrar los valores de las
constantes A y α de la Ec. (1.4) o A1 y B1 en (1.6). Supongamos que x0 y v0 son,
respectivamente, los valores de la posición y velocidad inicial de la partícula, entonces de
las Ecs. (1.4) y (1.8) se obtienen directamente las expresiones y
, cuyas soluciones son
4

√ [ ] ( )

en donde se hace evidente que las constantes A y α están completamente determinadas por
las condiciones iniciales del movimiento.

Eliminando la variable temporal entre las Ecs. (1.4) y (1.8), también es posible
establecer una relación entre la velocidad y la coordenada de posición de una partícula que
describe un M.A.S., la cual se obtiene con ayuda de la identidad trigonométrica
fundamental. Procediendo de esta manera, se llega al resultado

√ ( )

en la cual se pone de manifiesto el hecho de que la rapidez que posee la partícula al pasar
por determinada posición siempre es la misma.

La aceleración de la partícula es, por definición, la derivada de su velocidad con


respecto al tiempo. Tomando la derivada temporal de la Ec. (1.8) se obtiene la expresión
para la aceleración en función del tiempo,

( ) ( ), (1.11)

en la cual puede apreciarse que el máximo valor de la aceleración de la partícula está dado
por . En la Figura 1.1 se grafican la coordenada x, la velocidad y la
aceleración a, normalizadas a sus máximos valores (A, y , respectivamente), en
función del tiempo. Se ha escogido un valor para la fase inicial del movimiento.

a/ A
2
x/A
1

-1

v/A
t

Figura 1.1: Gráficas de la coordenada x (en unidades de A), la velocidad (en unidades de
) y la aceleración a (en unidades de ) para un M.A.S., en función del tiempo t.
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De otro lado, al comparar las ecuaciones (1.4) y (1.11), se encuentra una relación de
proporcionalidad entre la aceleración y la coordenada de posición de la partícula,

, (1.12)

donde se puede identificar una propiedad característica muy importante de la cinemática del
M.A.S., a saber: En un movimiento armónico simple, la aceleración de la partícula es
proporcional a su coordenada de posición, pero opuesta a ella. Esto significa que cuando
la partícula se encuentra al lado derecho del origen, su aceleración apunta hacia la
izquierda, y viceversa. En el M.A.S., la aceleración de la partícula siempre está dirigida
hacia la posición central de la trayectoria (x = 0), mientras que en dicha posición la
aceleración es nula. En la tabla 1.1 se muestran valores característicos de la posición,
velocidad y aceleración para algunos valores de la fase de un M.A.S..

Teniendo en cuenta que la aceleración es la segunda derivada de la posición con


respecto al tiempo, a partir de la Ec. (1.12) se puede obtener la ecuación diferencial del
M.A.S. (o del oscilador armónico), la cual adopta la forma

̈ ( )

en la que un punto sobre la variable x denota una derivada temporal, de manera que ̈
representa la segunda derivada de la coordenada de posición x con respecto al tiempo. La
Ec. (1.13) corresponde a una ecuación diferencial lineal homogénea de segundo orden, con
coeficientes constantes, cuya solución general tiene la forma de una de las expresiones que
aparecen en las Ecs. (1.4), (1.6) o (1.7). Cualquier sistema físico cuya ecuación de
movimiento tome la forma (1.13), describe un M.A.S. con una frecuencia angular dada por
la raíz cuadrada del coeficiente que acompaña a la respectiva coordenada de posición. De
esta manera, para demostrar que un sistema oscila con M.A.S., basta obtener la respectiva
ecuación de movimiento (por ejemplo, mediante la aplicación de la segunda ley de Newton
en sistemas clásicos) y mostrar que la ecuación diferencial resultante tiene la forma de la
Ec. (1.13). Adicionalmente, del coeficiente de la coordenada x en la ecuación diferencial
puede obtenerse el periodo de oscilación T.

Fase 0
Posición x A 0 -A 0
Velocidad v 0 0
Aceleración a 0 0
Tabla 1.1: Características del M.A.S.

Para efectuar un análisis dinámico del M.A.S., debemos considerar la fuerza resultante
que actúa sobre la partícula en movimiento. Aplicando la segunda Ley de Newton, tenemos

. (1.14)
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En la Ec. (1.14), puede apreciarse una propiedad determinante del M.A.S.: En un


M.A.S., la fuerza resultante sobre la partícula es proporcional a su coordenada de posición
y opuesta a ella. Este tipo de fuerza recibe el nombre de fuerza recuperadora o
restauradora, y se caracteriza porque en todo instante está dirigida hacia la posición central
del movimiento (x = 0). Adicionalmente, la posición x = 0 corresponde a la posición de
equilibrio, ya que en dicha posición se anula la fuerza resultante sobre la partícula. Un
ejemplo típico de fuerza recuperadora lo constituye la fuerza elástica ejercida por un resorte
cuando se le causa una deformación pequeña, en comparación con su longitud normal.
Dicha fuerza está dada por la ley de Hooke , donde k es la constante de elasticidad
del resorte y x su deformación.

Consideremos un bloque de masa m que se mueve sobre una superficie horizontal sin
fricción, unido al extremo libre de un resorte de constante elástica k, tal como se muestra en
la Fig. 1.2. En la dirección vertical se anulan mutuamente la fuerza normal y el peso,
quedando como única fuerza resultante, en la dirección x, la fuerza elástica ejercida por el
resorte. La aplicación de la segunda ley de Newton conduce a la ecuación

̈, (1.15)

la cual puede ser reescrita en una forma más conveniente,

̈ ( )

Figura 1.2: Sistema masa-resorte (l0 es la longitud normal del resorte).

La comparación de las Ecs. (1.13) y (1.16), muestra que esta última describe un
M.A.S. cuya frecuencia angular es

√ ( )

De esta manera, el periodo de oscilación del sistema masa-resorte mostrado en la Fig.


1.1 está dado por la expresión

√ ( )
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En la Ec. (1.18) puede observarse que el periodo de oscilación del sistema masa-
resorte sólo depende de las propiedades físicas del sistema (en este caso la masa m y la
constante de elasticidad k), pero no de la amplitud de oscilación. En general, para cualquier
sistema que describa un M.A.S., el periodo de oscilación es independiente de la amplitud.

Para estudiar el comportamiento de la energía en el M.A.S., recordemos que la fuerza


resultante sobre una partícula que describe dicho movimiento debe tener la forma de una
fuerza recuperadora, cuya dependencia con la coordenada x está dada por la Ec. (1.14). De
otro lado, con base en la Ec. (1.10), podemos afirmar que cuando la partícula realiza un
viaje de ida y vuelta, partiendo de una cierta posición y regresando finalmente a ella
después de transcurrido un periodo, su rapidez vuelve a ser la misma y el cambio en su
energía cinética es cero. Esto significa que la fuerza recuperadora que actúa sobre la
partícula no realiza trabajo a través de una trayectoria cerrada, y por ende se comporta
como una fuerza conservativa, a la cual se le puede asociar una energía potencial U. Dado
que la fuerza recuperadora en este caso es unidimensional, su relación con la energía
potencial tiene la forma

( )

que puede integrarse para obtener la expresión para la energía potencial en función de la
coordenada de posición x,

( ) ( )

en la que se ha escogido el cero de energía potencial en la posición de equilibrio (x = 0).

La energía mecánica total del sistema es

( )

Al sustituir las expresiones (1.4) y (1.8), para la coordenada de posición y la velocidad


de la partícula, en la Ec. (1.21), en forma inmediata llegamos a la conservación de la
energía mecánica en un M.A.S.,

( )

la cual nos indica que, en el M.A.S., la energía mecánica se conserva y su valor es


proporcional al cuadrado de la amplitud de oscilación.

En la Fig. 1.3, se presentan las curvas de energía potencial, energía cinética y energía
total, en función de la coordenada de posición x, para un M.A.S. Es de notarse la
disminución de la energía cinética con el aumento de la potencial, y viceversa, de manera
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que su suma permanece constante en cualquier posición de la partícula. Adicionalmente, la


recta horizontal correspondiente a la energía total E = cte intersecta a la parábola que
representa a la energía potencial en las posiciones , para las cuales la energía
cinética es nula y corresponden a puntos de retorno del movimiento. La partícula no puede
ocupar posiciones con x > A o x < A, ya que en dichas regiones tendría una energía
cinética negativa En el caso particular del sistema masa-resorte, la frecuencia angular está
dada por la Ec. (1.17), y la energía total del sistema es .

Figura 1.3: Curvas de energía en un M.A.S..

Ejemplo 1.1: Un bloque de masa m que desliza sin fricción sobre una superficie horizontal
se conecta a dos resortes ideales de constantes elásticas k1 y k2, como se muestra en las
Figs. 1.4 (a) y (b). En el primer caso se dice que los resortes están conectados en paralelo,
mientras que en el segundo están en serie. Calcule el periodo de oscilación en cada caso.

Figura 1.4: Dos resortes ideales conectados a un bloque (en paralelo (a) y en serie (b))

Solución: En la primera situación (a), para un desplazamiento x del bloque con respecto a
su posición de equilibrio (posición no deformada de los resortes), ambos resortes están
deformados la misma cantidad x y la fuerza resultante sobre la masa m es
( ) . La ecuación de movimiento para la masa m es entonces
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correspondiente a un M.A.S. con frecuencia angular √( )⁄ y periodo

En las anteriores expresiones para la frecuencia angular y el periodo, puede observarse que
los dos resortes conectados en paralelo al bloque de masa m podrían remplazarse por uno
solo de constante equivalente .

De otro lado, en la disposición en serie (b), cuando la masa m tiene un desplazamiento x


con relación a su posición de equilibrio, los resortes presentan deformaciones x1 y x2,
respectivamente, las cuales satisfacen la condición . Adicionalmente, la fuerza
resultante sobre la masa m es la fuerza elástica ejercida por el resorte de constante
k2. De esta manera, la ecuación de movimiento queda

en la cual es conveniente notar que aparecen como variables dependientes del tiempo, tanto
la coordenada x de la masa m como la deformación x2 del resorte de constante k2. Para
expresar la ecuación de movimiento en términos de una sola variable dependiente, debemos
establecer una relación única entre x y x2, para lo cual es necesario obtener una segunda
condición, adicional a la obtenida anteriormente donde también aparece involucrada x1.
Esta segunda condición surge justamente de considerar las fuerzas que actúan sobre el
resorte de constante k2, que consideramos de masa despreciable. Sobre dicho resorte actúa
la fuerza elástica ejercida por el resorte de constante k1, la cual está dirigida hacia la
izquierda, al igual que la fuerza ejercida por la masa m, la cual es la fuerza de
reacción a la fuerza ejercida por el resorte de constante k2 sobre dicha masa. Dado que la
masa del resorte es despreciable (resorte ideal), la aplicación de la segunda ley de Newton
nos conduce a la condición , que al combinarse con la primera da como
resultado la relación ⁄( ). Al sustituir esta relación en la ecuación de
movimiento para la masa m obtenemos

̈
( )

Esta última ecuación describe un M.A.S. de frecuencia angular √ ⁄( ) y


el correspondiente periodo dado por

( )

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En forma inmediata puede notarse que la combinación de los dos resortes en serie produce
el mismo efecto que uno solo con constante equivalente ⁄( ).

Ejemplo 1.2: Calcule los valores promedio por ciclo de la energía cinética y la energía
potencial de un oscilador armónico simple.

Solución: Las energías potencial y cinética de un oscilador armónico son respectivamente


y . Remplazando las expresiones (1.4) y (1.8) para la coordenada
de posición y la velocidad de un oscilador armónico y tomando el valor promedio por ciclo,
obtenemos

̅ ̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅
( ) ̅ ̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅
( )

donde el valor promedio de una función periódica F(t) en un ciclo completo está definido
por

̅ ∫ ( )

Teniendo en cuenta que las funciones cos2 y sen2 varían entre 0 y 1, y que en un periodo
dichas funciones toman tantos valores por encima como por debajo de ⁄ , llegamos a la
conclusión que el promedio de cualquiera de ellas en un ciclo es exactamente igual a ⁄
(el estudiante puede verificar este resultado evaluando las respectivas integrales). Por lo
tanto, los promedios por ciclo de las energías cinética y potencial son

̅ ̅

siendo E la energía mecánica total del sistema.

Ejemplo 1.3: Una partícula describe un movimiento periódico en el plano xy, con sus
coordenadas variando instantáneamente en la forma e ( ).
Describir la trayectoria de la partícula en cada caso: (a) , (b) ⁄
, (c) ⁄ .

Solución: En el primer caso ( ) tenemos . Eliminando


entre estas dos ecuaciones, se obtiene la ecuación de la trayectoria

la cual corresponde a una trayectoria rectilínea, con pendiente ⁄ , recorrida


periódicamente por la partícula entre los puntos ( )y( ).
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Para ⁄ y , las coordenadas de la partícula varían con el tiempo de


acuerdo a , donde se ha empleado la identidad
trigonométrica ( ⁄ ) . Elevando al cuadrado ambas ecuaciones y
después sumando, se obtiene la trayectoria circular de radio A,

La diferencia entre las dos situaciones ⁄ y ⁄ , radica en el hecho de que en


el primer caso la circunferencia es recorrida en sentido horario por la partícula, mientras
que en el segundo caso la partícula se mueve en sentido anti-horario. Esto puede verificarse
fácilmente determinando para ambos casos la posición de la partícula, en el plano xy, en los
instantes y ⁄ ⁄ .

En el caso (c), las funciones que describen la dependencia temporal de las coordenadas de
la partícula son . Si se dividen estas ecuaciones por A1 y
A2, respectivamente, se elevan al cuadrado y luego se suman, se obtiene como resultado una
trayectoria elíptica

Para valores arbitrarios de la diferencia de fase α, la trayectoria resultante sigue siendo una
elipse, pero con sus ejes rotados respecto a los ejes coordenados x, y.

En el caso más general, en que las frecuencias angulares de los movimientos a lo largo de
los ejes x e y tienen valores y , la trayectoria resultante no es necesariamente cerrada.
En este caso puede presentarse toda una variedad de trayectorias, dependiendo de la
relación ⁄ y de la diferencia de fase α, conocidas con el nombre de figuras de
Lissajous.

1.3 Péndulos

Péndulo Simple. Consiste de un pequeño objeto de masa m (masa puntual) suspendido


de una cuerda de longitud L y masa despreciable, el cual puede oscilar libremente en un
plano vertical, tal como se muestra en la Fig. 1.5. Durante su movimiento, la masa puntual
m describe una trayectoria curva consistente en un arco de circunferencia, recorrido en
ambos sentidos (horario o anti-horario). Obviamente, el sistema está en equilibrio cuando la
cuerda se encuentra en posición vertical (θ = 0) y la masa m ocupa su posición más baja O.
Para un desplazamiento angular θ de la cuerda, con respecto a la vertical, la componente
tangencial de la fuerza resultante sobre la masa puntual m es

, (1.22)

donde el signo negativo se debe a que la componente tangencial de la fuerza siempre se


opone a la coordenada angular θ. En la Ec. (1.22) at es la componente de la aceleración
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tangente a la trayectoria de la partícula, en este caso dada por ̈ , la cual está asociada
al cambio en la magnitud del vector velocidad.

Figura 1.5: Péndulo simple.

De otro lado, la componente normal de la fuerza resultante


̇ , produce la aceleración centrípeta que está asociada al cambio en la dirección
del vector velocidad. Sustituyendo la expresión para at en la Ec. (1.22), encontramos la
ecuación de movimiento para la coordenada angular de la partícula,

̈ ( )

Esta ecuación diferencial no tiene la forma correspondiente a un M.A.S., dada por la


Ec. (1.13). Sin embargo, si se tiene en cuenta que la expansión en serie de Taylor de la
función seno alrededor de θ = 0 es , entonces para ángulos
suficientemente pequeños (expresados en radianes) los términos cúbico y de órdenes
superiores son despreciables y puede escribirse . De esta manera, en la
aproximación de pequeñas oscilaciones, la ecuación de movimiento (1.23) se reduce a

̈ ( )

la cual describe un M.A.S. en la variable angular θ, con una frecuencia angular dada por

√ ( )
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El período de oscilación de un péndulo simple, en la aproximación de pequeñas


oscilaciones, tiene la forma

√ ( )

en donde puede apreciarse que el periodo de un péndulo simple sólo depende de la longitud
L de la cuerda (varía como su raíz cuadrada), asumiendo un valor constante para la
aceleración gravitacional. Es claro que el valor de varía cuando nos movemos de un lugar
a otro sobre la superficie terrestre, lo cual afectaría al periodo de un péndulo simple cuando
es transportado de un sitio a otro de la tierra. Adicionalmente, como ocurre en cualquier
sistema que describa un M.A.S., el periodo de oscilación del péndulo simple es
independiente de la amplitud, obviamente, con la restricción de pequeñas oscilaciones.

La solución para la coordenada angular θ como función del tiempo, en la ecuación


diferencial (1.24), puede ser escrita como una función armónica,

( ) ( ), (1.27)

con ω dada por la expresión (1.25). Las constantes θM y α son la amplitud angular y fase
inicial del movimiento, respectivamente, y dependen de las condiciones iniciales. En este
momento de la discusión, es conveniente enfatizar el hecho que tanto la ecuación
diferencial (1.24) como las subsiguientes (1.25) a (1.27), obtenidas a partir de ella, son
válidas únicamente en la aproximación de pequeñas oscilaciones. Con el ánimo de aclarar
los rangos de validez de dicha aproximación, en la Tabla 1.2 se presentan algunos valores
de la función , para diferentes ángulos expresados tanto en grados como en radianes.

radianes 1.0 0.5 0.3 0.2 0.1


Ángulo θ
grados 57.30° 28.65° 17.19° 11.46° 5.73°
Valor de 0.84147 0.47943 0.29552 0.19867 0.09983
Tabla 1.2: Valores de la función para varios ángulos.

Al comparar la primera y tercera filas, se observa que para ángulos menores que 0.2
rad, la diferencia entre los valores de θ y es del orden de 10-3 o menor. Por lo tanto, la
aproximación de pequeñas oscilaciones resulta ser razonablemente adecuada para
amplitudes angulares dentro del rango .

Péndulo Físico (o Compuesto). Consiste de un cuerpo rígido que puede oscilar


alrededor de un punto fijo O donde se encuentra pivotado, como se muestra en la Fig. 1.6.
El centro de masa del cuerpo se encuentra en el punto C, a una distancia d del pivote.
Cuando el centro de masa C se encuentra sobre la misma línea vertical que el punto O (para
θ = 0), la línea de acción del peso corta al eje de rotación y por lo tanto no ejerce ningún
torque respecto a dicho eje. En tal situación, el cuerpo se encuentra en su estado de
equilibrio. Sin embargo, cuando actúa sobre el cuerpo un torque neto, ejercido por
el peso, que tiende a regresar al cuerpo rígido a su estado de equilibrio.
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Figura 1.6: Péndulo Físico.

El torque ejercido por el peso, con respecto a un eje de rotación que pasa por el punto
O y es perpendicular al plano del dibujo, está dado por

̈, (1.28)

siendo M la masa total del cuerpo e I su momento de inercia con respecto al eje de rotación
que pasa por el punto O. El signo menos en (1.28) da cuenta del hecho que el torque
ejercido por el peso siempre se opone al desplazamiento angular. Para valores arbitrarios
del desplazamiento angular θ, la Ec. (1.28) no se reduce a la correspondiente a un M.A.S..
Sin embargo, en la aproximación de pequeñas oscilaciones, dicha ecuación puede escribirse
en la forma

̈ ( )

que corresponde a un M.A.S. en la variable angular θ, con frecuencia angular

√ ( )

Dentro de la aproximación de pequeñas oscilaciones, el periodo de oscilación de un


péndulo físico está dado por

√ ( )
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Es pertinente recordar que, en la Ec. (1.31), la magnitud I representa el momento de


inercia del cuerpo con respecto al eje de rotación que pasa por el pivote O. Para objetos
planos, si se conoce el momento de inercia IC con respecto a un eje perpendicular al plano
del objeto y que pasa por su centro de masa, puede emplearse el teorema de los ejes
paralelos para obtener el momento de inercia I respecto al eje de rotación que pasa por el
punto O ( ).

En ocasiones se acostumbra definir un péndulo simple equivalente, cuyo periodo es


igual al del péndulo físico. La comparación de las Ecs. (1.31) y (1.26), nos lleva a concluir
que la longitud del péndulo simple equivalente es

( )

Más allá de la aproximación de pequeñas oscilaciones. Al estudiar el movimiento de


los péndulos, se asumió que las oscilaciones se presentan para valores pequeños del
desplazamiento angular θ. Con esta suposición, es válida la aproximación , con la
cual las ecuaciones de movimiento, para ambos péndulos, adoptan la forma de la ecuación
diferencial de un M.A.S. y, a partir de esta, se dedujeron expresiones para los respectivos
periodos de oscilación (Ecs. (1.26) y /1.31)). Como una consecuencia de la aproximación
de pequeñas oscilaciones, el periodo del movimiento resultó ser independiente de la
amplitud (angular) de oscilación del sistema en cada caso. Sin embargo, para amplitudes
arbitrarias, dicha aproximación no es adecuada y podríamos esperar algún tipo de
dependencia del periodo T con la amplitud.

Figura 1.7: Péndulo liberado desde un ángulo arbitrario θ0.

Consideremos un péndulo simple que se libera, partiendo del reposo, desde un ángulo
inicial θ0 medido con respecto a la vertical, el cual no necesariamente es pequeño. La
situación se esquematiza en la Fig. 1.6. Cuando la cuerda de longitud L forma un ángulo θ
con la vertical, la velocidad lineal de la masa m es ̇ y su altura con respecto al punto
C, que es el punto más bajo de su trayectoria, es ( ).
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En ausencia de fricción con el aire, la energía mecánica del sistema se conserva y


podemos escribir

̇ ( )

donde ( ) es la altura inicial de la masa m, con respecto al punto C. Una


sencilla manipulación de la Ec. (1.33) nos permite obtener para ̇

̇ √ ( ) ⁄
( )

en la cual puede efectuarse la separación de variables e integrar t entre 0 y ⁄ , al igual que


el ángulo θ entre y , obteniéndose la expresión para el periodo del movimiento


∫ ( )
( ) ⁄

en donde T0 es el periodo de oscilación de un péndulo simple en la aproximación de


pequeñas oscilaciones, dado por la expresión (1.26). En la Ec. (1.35), puede observarse la
dependencia del periodo de oscilación T con la amplitud angular del movimiento θ0.
Adicionalmente, puede recobrarse el límite de pequeñas oscilaciones efectuando la
expansión en serie de Taylor de y , reteniendo hasta términos de segundo
orden, con lo cual puede evaluarse fácilmente la integral en (1.35) para obtener el resultado
⁄ .

1.15

T 1.10

T0
1.05

1.00

0.0 0.5 1.0 1.5

Figura 1.8: Dependencia del periodo de oscilación con la amplitud angular.


17

En el caso general, para valores arbitrarios de θ0 , la Ec. (1.35) puede expresarse en


términos de una integral elíptica de primera clase y evaluarse numéricamente para cualquier
θ0. De esta manera, se obtiene la dependencia del periodo de oscilación con la amplitud
angular. En la Fig. 1.8 se muestra la gráfica del cociente ⁄ en función de la amplitud
angular θ0, para valores de θ0 en el rango entre 0 y π/2. Puede apreciarse que para grandes
valores de la amplitud angular, el periodo de oscilación crece cada vez más rápidamente,
con relación al respectivo periodo obtenido para pequeñas oscilaciones. De otro lado, para
pequeños valores de la amplitud angular el cociente ⁄ es prácticamente constante e
igual a la unidad, lo cual corrobora el hecho que en el límite de pequeñas oscilaciones el
sistema oscila con un periodo √ ⁄ , independiente de la amplitud.

Ejemplo 1.4: Un disco uniforme de radio R puede oscilar libremente alrededor de un eje
horizontal perpendicular a su plano. Determinaremos la posición del eje para la cual el
periodo para pequeñas oscilaciones es un mínimo.

Solución: Designemos por h la distancia del centro C del disco al eje de rotación, respecto
al cual oscila. Ya que el disco es un cuerpo rígido, podemos utilizar la expresión (1.31) para
calcular el periodo de oscilación, con d = h. Es bien conocido que el momento de inercia de
un disco con respecto a un eje perpendicular a su plano y que pasa por su centro es
⁄ . Con la ayuda del teorema de los ejes paralelos, es posible obtener el
momento de inercia I del disco con respecto al eje de rotación, el cual en este caso está
dado por ( )⁄ . De acuerdo a la Ec. (1.31), el periodo de
oscilación del disco es entonces

Es importante notar que cuando , el periodo y en consecuencia, la frecuencia


de oscilación es . Resultado físicamente razonable, ya que cuando el eje de rotación
pasa por el centro del disco (h = 0), el sistema no presenta ninguna oscilación.
Adicionalmente, cuando el periodo de oscilación toma el valor √ ⁄ .

Figura 1.9: Periodo de oscilación del disco en función de la posición del eje de rotación.
18

El valor de h (posición del eje) para el cual el periodo es mínimo, puede obtenerse
imponiendo la condición de que se anule la derivada de la función que describe la variación
del periodo T con respecto a la distancia h ( ⁄ ). Teniendo en cuanta la restricción
que , dicha condición conduce al resultado que para ⁄√ , el periodo es
mínimo. En la Fig. 1.9 se presenta la curva correspondiente a la dependencia funcional
entre las variables adimensionales ⁄ vs ⁄ .

1.4 Osciladores Acoplados

Con mucha frecuencia se presentan en la naturaleza situaciones físicas que pueden


describirse, al menos aproximadamente, mediante sistemas de osciladores armónicos
acoplados. Tal es el caso de los átomos que conforman una molécula o un sólido cristalino.
Los átomos no permanecen en reposo, sino que describen movimientos oscilatorios
alrededor de sus respectivas posiciones de equilibrio, bajo la influencia de las fuerzas de
enlace existentes entre ellos. En primera aproximación, estas fuerzas de enlace pueden
considerarse como si se tratara de fuerzas elásticas, tal como las ejercidas por resortes
deformados.

Consideremos un sistema que consiste en dos masas m1 y m2, sobre una superficie
horizontal sin fricción. Las masas se mueven unidas a resortes ideales de constantes
elásticas k1 y k2, atados a dos paredes fijas, con un tercer resorte de constante ka que une las
dos masas y permite el intercambio de energía (o acoplamiento) entre ellas. En la Fig. 1.10
se representa el estado del sistema cuando las masas tienen desplazamientos x1 y x2,
respectivamente, con respecto a sus posiciones de equilibrio O y O´. Asumiremos que
cuando las masas se encuentran en sus posiciones de equilibrio, ninguno de los tres resortes
está deformado. En la situación mostrada en la Fig. 1.10, el resorte de constante k1 se
encuentra estirado una distancia x1, mientras que el resorte de constante k2 está comprimido
una distancia x2 y la elongación del resorte de constante ka es justamente . De esta
manera, el resorte de constante k1 tira de la masa m1 con una fuerza , el de constante
k2 empuja a m2 con una fuerza , y a su vez, el resorte de constante ka imprime a la
masa m1, ubicada en su extremo izquierdo, una fuerza ( ), mientras que a m2,
unida a su extremo derecho, le ejerce una fuerza ( ).

Figura 1.10: Dos sistemas masa-resorte acoplados.

Las ecuaciones de movimiento para las masas m1 y m2 pueden escribirse en la forma

̈ ( )
19

̈ ( )

Este par de ecuaciones constituyen un sistema de ecuaciones diferenciales lineales


acopladas, es de notarse que en ambas aparecen como variables dependientes del tiempo
tanto la coordenada x1 de la masa m1 como la coordenada x2 de m2. En el caso trivial en que
, no existe acoplamiento entre las masas y las Ecs. (1.36a) y (1.36b) describen dos
M.A.S. independientes, con frecuencias angulares √ ⁄ y √ ⁄ . Para
simplificar un poco el problema de obtener las soluciones para las coordenadas ( ) y
( ), cuando existe acoplamiento entre los osciladores, consideraremos el caso en que
y . En tal caso, las ecuaciones de movimiento se reducen a

̈ ( )

̈ ( )

Para condiciones iniciales arbitrarias, las soluciones para x1 y x2 en función del tiempo
no corresponden, en general, a un M.A.S. Efectivamente, debido a que las dos masas
intercambian energía a través del resorte central, entonces sus energías mecánicas y
amplitudes de oscilación variarán continuamente en el tiempo. Sin embargo, para ciertas
condiciones iniciales particulares, escogidas adecuadamente, puede ocurrir que cada una de
las masas oscile con amplitud constante y una frecuencia bien definida. Cuando esto ocurre
se dice que el sistema se encuentra en un modo normal de oscilación. Dada la alta simetría
del sistema de osciladores acoplados descrito por las Ecs. (1.37), en este caso es
relativamente fácil identificar dichos modos normales. Supongamos que en el instante t = 0
ambas masas se encuentran en reposo y desplazadas, en el mismo sentido (hacia la derecha
o hacia la izquierda), una misma distancia A con relación a sus respectivas posiciones de
equilibrio. Bajo estas circunstancias, el resorte de constante ka no se encuentra deformado y
por lo tanto no ejerce ninguna fuerza sobre cualquiera de las dos masas. Como los resortes
de los extremos son idénticos (ambos tienen la misma constante elástica k), esta situación
se mantendrá en cualquier instante posterior y para cualquier posición x de las masas, tal
como se muestra en la Fig. 1.11(a). El movimiento de ambas masas estará entonces descrito
por la misma ecuación diferencial ̈ ( ⁄ ) y las correspondientes soluciones para
las coordenadas ( ) y ( ) están dadas por

( ) ( ) ( )

con. √ ⁄ . En este caso, las dos masas oscilarán en fase.

Puede obtenerse un segundo modo normal si las dos masas se encuentran desplazadas
inicialmente la misma cantidad A, con respecto a sus posiciones de equilibrio, pero en
sentidos opuestos. Entonces el resorte central se encontrará inicialmente estirado (o
comprimido) una cantidad 2A, mientras que los resortes laterales estarán comprimidos (o
20

estirados) una distancia A. La simetría del sistema nos permite concluir que en cualquier
instante posterior, las masas estarán desplazadas en sentidos opuestos una misma cantidad
x, como se ilustra en la Fig. 1.11(b). La ecuación de movimiento para cualquiera de las
masas es ̈ (( )⁄ ) , con las soluciones

( ) ( ) ( )

donde √( )⁄ . Este segundo modo normal corresponde a oscilaciones en


contrafase u oposición de fase de las dos masas. En cualquiera de los modos normales, el
movimiento de las dos masas permanecerá inalterado en el tiempo, ya que no ocurre
transferencia de energía entre ellas.

Figura 1.11: Modos normales de dos osciladores acoplados: (a) en fase y (b) en contrafase.

Cuando el sistema oscila en uno de los modos normales, las ecuaciones de movimiento
para cada una de las masas pueden resolverse independientemente, pues se reducen a la
ecuación diferencial de un M.A.S.. En el caso más general, para movimientos arbitrarios de
las masas, cada una de las Ecs. (1.37) tiene un término de acoplamiento que impide que
dichas ecuaciones diferenciales se resuelvan separadamente. Por el contrario, deben ser
resueltas simultáneamente debido a que el movimiento de una masa afecta a la otra y
viceversa. Para desacoplar dichas ecuaciones y resolverlas con mayor facilidad, es usual
efectuar una transformación de las coordenadas x1 y x2 a otras q1 y q2, denominadas
coordenadas normales. Aprovechando la simetría de las Ecs. (1.37), esto puede lograrse si
se suman y restan dichas ecuaciones y se definen y ,
obteniéndose para las coordenadas q1 y q2 las ecuaciones

̈ ̈ ( )

cuyas soluciones generales son

( ) ( ) ( ) ( )

donde √ ⁄ y √( )⁄ son precisamente las frecuencias angulares de


los modos normales de oscilación del sistema, mientras que B1, B2, α1 y α2 son constantes
arbitrarias. Las transformaciones pueden invertirse para expresar x1 y x2 en términos de q1 y
q2 en la forma ( )⁄ y ( )⁄ , de manera que las soluciones
generales para las coordenadas ( ) y ( ) quedan

( ) ( ) ( ) ( )
21

( ) ( ) ( ) ( )

en las cuales ⁄ y ⁄ . Las Ecs. (1.42) y (1.43) son realmente soluciones


generales para las coordenadas de cada una de las masas, ya que contienen cuatro
constantes arbitrarias, como debe ser para un sistema de dos ecuaciones diferenciales
lineales de segundo orden acopladas. Puede apreciarse también, que dichas soluciones
generales son simplemente combinaciones lineales de los modos normales de oscilación del
sistema. Nótese que para el sistema oscila en el primer modo normal, mientras que
cuando se encuentra en el segundo modo normal.

Consideremos finalmente una situación en la que ambas masas se encuentran


inicialmente (en t = 0) en reposo, la primera de ellas desplazada una distancia A respecto a
su posición de equilibrio, mientras que la posición inicial de la segunda masa coincide
justamente con su posición de equilibrio. Estas condiciones iniciales pueden obtenerse
escogiendo los valores de las constantes arbitrarias ⁄ y , en las
soluciones generales (1.42) y (1.43). De esta manera, las soluciones para ( ) y ( )
adoptan la forma

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Usando las identidades trigonométricas ( ) ( )


y ( ) ( ), podemos obtener las siguientes
expresiones para las coordenadas ( ) y ( )

( ) ( ) ( ) ( )

( ) ( ) ( ) ( )

Figura 1.12: Coordenadas de posición en función del tiempo para: (a) la masa m1 y (b) m2.
22

En las Figs. 1.12(a) y (b), se muestran las dependencias temporales de las coordenadas
de posición de cada una de las masas, medidas con respecto a sus respectivas posiciones de
equilibrio. Se han considerado valores de las frecuencias de los modos normales, ω1 y ω2,
que difieren en un 20%, es decir Puede observarse claramente que las
amplitudes de oscilación de cada una de las masas varían periódicamente con el tiempo,
mostrando una diferencia de fase de entre ellas. De esta manera, cuando la primera oscila
con máxima amplitud la segunda posee una amplitud nula y viceversa. A medida que
transcurre el tiempo la amplitud de oscilación de una de las masas disminuye durante un
cuarto del periodo de la modulación de amplitud, mientras que la de la otra aumenta. La
situación se invierte en el siguiente cuarto de periodo.

Hablando en términos energéticos, puede decirse que existe un continuo intercambio


de energía mecánica entre las dos masas a través del resorte central, de constante ka, para
una escogencia arbitraria de las condiciones iniciales. De otro lado, cuando el sistema
oscila en uno de sus dos modos normales (en fase o contrafase), hecho que se presenta sólo
para condiciones iniciales muy específicas, la amplitud de oscilación de cada una de las
masas permanece constante en el tiempo, y por ende no existe ningún tipo de intercambio
de energía entre ellas.

Un típico ejemplo de osciladores acoplados, a nivel microscópico, lo constituye el


movimiento vibratorio de los átomos en una molécula bajo la influencia de las fuerzas de
enlace entre dichos átomos. Existen ciertos modos normales de vibración de los átomos en
los que el centro de masa de la molécula permanece en reposo, denominados modos
vibracionales, cuyas frecuencias son características de cada tipo de molécula. En moléculas
lineales, tales como la de CO2, los átomos pueden vibrar tanto en dirección paralela como
perpendicular a los enlaces, dando origen a dos tipos diferentes de modos normales de
vibración denominados modos longitudinales y transversales. Las frecuencias típicas de los
modos normales de vibración en moléculas como CO2 o H2O están en el orden de 1014 s-1,
aunque la configuración de dichos modos difiere entre ellas debido al carácter no lineal de
la molécula de H2O. En los sólidos cristalinos la situación es mucho más compleja, ya que
los átomos están dispuestos en un arreglo periódico tridimensional y vibran con respecto a
sus posiciones de equilibrio, constituyendo un sistema de un gran número de osciladores
acoplados (del orden del número de Avogadro). En consecuencia, existe un número
excesivamente grande de modos normales de vibración de los átomos en un sólido
cristalino, los cuales se denominan fonones. De igual forma que en las moléculas, los
átomos en el sólido pueden describir oscilaciones bien sea transversales o longitudinales,
dando lugar a la aparición de fonones transversales o longitudinales.

Ejemplo 1.5: Consideremos una molécula lineal triatómica, tal como CO 2, en la que el
átomo central tiene una masa M y los átomos laterales tienen igual masa m.
Determinaremos las frecuencias de los modos normales de vibración longitudinales.

Solución: Denotaremos por y los desplazamientos longitudinales de las masas


laterales respecto a sus posiciones de equilibrio, mientras que representa el respectivo
desplazamiento de la masa central M, tal como se muestra en la Figura 1.13. En primera
23

aproximación, los enlaces entre átomos se representan mediante fuerzas elásticas


caracterizadas por constantes de elasticidad k.

Figura 1.13: Oscilaciones longitudinales en una molécula triatómica.

Sobre la masa lateral izquierda actúa una fuerza elástica ( ), mientras que la
fuerza resultante sobre la masa lateral derecha es ( ). De otro lado, la fuerza neta
ejercida sobre la masa central es ( ) ( ). En consecuencia, las tres
ecuaciones de movimiento adoptan la forma

̈ ( )

̈ ( )

̈ ( )

En cualquiera de los modos normales, cada una de las masas oscila con la misma frecuencia
y amplitud constante, por lo tanto es posible asumir soluciones de la forma
para los desplazamientos con respecto a las posiciones de equilibrio respectivas (i = 1, 2,
3). Al sustituir las soluciones propuestas en las tres ecuaciones de movimiento, se obtiene el
siguiente sistema homogéneo de ecuaciones lineales para las amplitudes

( )

( )

( )

Para que existan soluciones no triviales (diferentes de cero) para las amplitudes , debe
cumplirse la condición de que se anule el determinante

⁄ ⁄
| ⁄ ⁄ ⁄ |
⁄ ⁄

que al desarrollar el determinante conduce a la expresión


24

( )( )

cuyas raíces están dadas por

√ √ ( )

La primera de ellas ( ), corresponde justamente al movimiento de traslación pura de


la molécula a lo largo de su eje longitudinal, con cada uno de los átomos en su respectiva
posición de equilibrio dentro de la molécula. Las otras dos frecuencias angulares, y ,
están asociadas a modos de vibración longitudinales de la molécula. Es claro que en el
modo vibracional de frecuencia solo intervienen los átomos laterales, mientras que el
átomo central permanece en reposo en su posición de equilibrio. Efectivamente, al sustituir
el valor en la primera y tercera ecuación para las amplitudes, se obtiene el
resultado , mientras que al efectuar la misma sustitución en la segunda de dichas
ecuaciones, se concluye que . Por lo tanto, en el primer modo longitudinal, los
átomos laterales oscilan en oposición de fase, mientras que el átomo central permanece fijo.
Procediendo de manera similar con la frecuencia , correspondiente al segundo modo
longitudinal, se obtienen las relaciones entre amplitudes ( ⁄ ) y . En
este segundo modo longitudinal, los átomos laterales oscilan en fase entre sí, y en oposición
de fase con respecto al átomo central. Adicionalmente, en una molécula triatómica lineal
existe un tercer modo normal de vibración transversal, en el que los átomos laterales
oscilan transversalmente en fase, con el átomo central oscilando en oposición de fase
respecto a ellos. En el caso específico de la molécula de CO2, valores reportados para las
frecuencias angulares de los modos longitudinales son s-1 y
s-1, cuyo cociente es aproximadamente ⁄ . Este mismo cociente,
calculado a partir de los valores teóricos obtenidos para y , está dado por
√ ⁄ , que al sustituirse el valor ⁄ ⁄ , para la razón entre las masas
atómicas del oxígeno y el carbono, arroja un valor numérico de 1.91 aproximadamente.
Aunque se adoptó un modelo muy sencillo, en el que se representan los enlaces mediante
fuerzas elásticas, se observa una discrepancia inferior al 10% con respecto al valor
reportado experimentalmente.

1.5 Oscilaciones Amortiguadas

En las secciones anteriores se ha estudiado el comportamiento de sistemas oscilantes


tales como péndulos o masas unidas a resortes, en los cuales se considera despreciable el
efecto de las fuerzas de fricción que podrían afectar el movimiento de los objetos que
oscilan. En ausencia de fuerzas de fricción, estos sistemas describen oscilaciones libres
caracterizadas por una amplitud de oscilación constante. Sin embargo, en muchas ocasiones
la fuerza de fricción no es despreciable e influye en forma determinante sobre el
movimiento oscilatorio del sistema. La primera consecuencia que se esperaría en este caso
es la pérdida de energía mecánica del sistema, debida a los efectos disipativos de la fuerza
de fricción, ocasionando una disminución paulatina en la amplitud de oscilación a medida
que transcurre el tiempo. Este decrecimiento en la amplitud se conoce con el nombre de
25

amortiguamiento y el movimiento resultante se denomina oscilaciones amortiguadas.


Después de un tiempo relativamente largo, el objeto que oscila tiende a alcanzar un estado
de reposo en la posición de equilibrio. Tal es el caso de un sistema que oscila en presencia
de un fluido, que bien podría ser el aire. A velocidades suficientemente pequeñas, la fuerza
de fricción o rozamiento que opone un fluido al movimiento de un objeto en su interior es
opuesta al movimiento y su magnitud es proporcional a la rapidez del cuerpo. Para un
movimiento unidimensional, esta fuerza de rozamiento es ̇ , donde b es
una constante positiva cuyo valor depende tanto de la viscosidad del fluido como de la
geometría del cuerpo en movimiento.

Consideremos un oscilador armónico simple, como por ejemplo un sistema masa-


resorte, inmerso en un fluido viscoso que ejerce una fuerza de rozamiento sobre la masa en
movimiento. La fuerza resultante sobre la masa m es entonces

̇ ̈ ( )

donde k es la constante de elasticidad del resorte. Dividiendo la Ec. (1.46) por m, dicha
ecuación puede ser reescrita en la forma

̈ ̇ ( )

en la cual √ ⁄ es la frecuencia natural de oscilación del sistema sin


amortiguamiento y ⁄ es una constante con unidades de frecuencia angular, que
caracteriza la intensidad del amortiguamiento. En ausencia de rozamiento, la Ec. (1.47) se
reduce a la de un oscilador armónico simple. Si el amortiguamiento es suficientemente
pequeño ( ), de manera que la disminución de la amplitud durante un periodo de la
oscilación es relativamente pequeña, puede asumirse que el sistema describe oscilaciones
alrededor de la posición de equilibrio con una amplitud que decrece continuamente a
medida que transcurre el tiempo. Bajo esta suposición, es posible proponer una solución
para ( ) en la ecuación de movimiento (1.47) de la forma

( ) ( ) ( )

donde es la amplitud inicial del movimiento y las constantes c y  pueden determinarse


a partir de la ecuación diferencial (1.47), sustituyendo en ella la solución propuesta (1.48).
Efectuando la sustitución mencionada y haciendo uso de la independencia lineal de las
funciones seno y coseno, para las constantes c y  se obtienen entonces los valores

√ √ ⁄ ⁄ ( )

La amplitud de oscilación para el sistema amortiguado decrece exponencialmente con


el tiempo según la función ( ) , en la cual puede observarse que la constante 
determina el grado de disminución de la amplitud y se conoce con el nombre de constante
de amortiguamiento. También puede notarse que en un tiempo ⁄ la amplitud
disminuye e veces. La suposición de amortiguamiento pequeño significa que  es grande en
26

comparación con el periodo de oscilación ⁄ , es decir, que en dicho tiempo se


produce un número relativamente grande de oscilaciones. En la segunda de las Ecs. (1.49)
se pone de manifiesto la influencia de la fricción sobre la frecuencia de las oscilaciones, ya
que al frenar el movimiento, aumenta el periodo de oscilación y por ende disminuye la
frecuencia. Cuando el amortiguamiento es pequeño, la disminución en la frecuencia es muy
pequeña y puede considerarse prácticamente igual a la frecuencia natural (sin
amortiguamiento) . La disminución relativa de la frecuencia es del orden de ⁄ , o
menor. En la Figura 1.14 se presenta la gráfica de la coordenada x en función del tiempo
para oscilaciones amortiguadas, en la cual se ha asumido el valor para la fase inicial.

0
x/A0

-1
t

Figura 1.14: coordenada x en función del tiempo para oscilaciones amortiguadas.

De otro lado, si la fuerza de fricción es grande, se opone al movimiento de manera tan


considerable que el sistema no oscila antes de que se amortigüe completamente su
movimiento. La solución (1.48) para ( ) sólo es válida para , ya que en caso
contrario la frecuencia angular  sería cero o una cantidad imaginaria. Cuando la fuerza de
rozamiento es suficientemente grande, puede ocurrir que y la dependencia temporal
de la coordenada x está dada por la combinación lineal de funciones exponenciales
decrecientes. En este caso se dice que el movimiento es sobre-amortiguado, ya que el
sistema no describe ninguna oscilación alrededor de la posición de equilibrio, antes de
quedar en reposo después de un tiempo relativamente grande. Se dice que hay
amortiguamiento crítico cuando se cumple la condición , y la solución para ( )
tendrá la forma del producto de una función lineal por una exponencial decreciente. En la
Figura 1.15 se muestra la dependencia temporal de la coordenada x para cada uno de los
tres tipos de movimientos: oscilaciones amortiguadas (a), movimiento sobre-amortiguado
(b) y amortiguamiento crítico (c). En todos los casos se asume que, en el instante , la
partícula parte del reposo desde la posición .
27

(b)

x/x0
(c)

(a)

Figura 1.15: soluciones para ( ) en los casos: (a) , (b) y (c) .

Desde el punto de vista energético, el efecto disipativo de la fuerza de rozamiento


ocasiona una pérdida de energía mecánica del sistema durante cada oscilación, en el caso
de oscilaciones amortiguadas ( ). La cantidad de energía mecánica que se pierde en
cada ciclo, obviamente se transforma en calor. Efectivamente, el trabajo realizado por dicha
fuerza a lo largo de un pequeño desplazamiento es , que es
precisamente igual a la cantidad de energía mecánica que se disipa durante el pequeño
intervalo de tiempo . De esta manera, la rata de cambio temporal de la energía mecánica
es , lo cual da cuenta del continuo decrecimiento de la energía mecánica, y por
ende de la amplitud de oscilación, a medida que transcurre el tiempo.

1.6 Oscilaciones Forzadas. Concepto de Resonancia.

Cuando se impulsa a una persona en un columpio, el objetivo es mantener la amplitud


de oscilación constante, aunque existe de hecho una continua oposición al movimiento
oscilatorio, debida a la fuerza de rozamiento con el aire. La fuerza que debe aplicarse para
evitar que la amplitud de oscilación decrezca, aún en presencia de fricción, se denomina
fuerza impulsora y el movimiento resultante se conoce con el nombre de oscilaciones
forzadas. Para que se alcance una situación estacionaria en la que el sistema oscile con
amplitud constante, es necesario que el trabajo realizado por la fuerza impulsora durante
cada ciclo, compense exactamente la pérdida de energía mecánica debida a la fuerza de
fricción. Cualquier tipo de fuerza impulsora no es adecuada para que el sistema alcance su
estado estacionario en un tiempo relativamente corto, se requiere de una fuerza periódica en
el tiempo. Inicialmente el movimiento es algo complicado, sin embargo, eventualmente se
logra un estado estacionario en el que el sistema oscila con la misma frecuencia de la fuerza
impulsora y con amplitud constante. En primera instancia, podemos asumir una forma
armónica para la fuerza impulsora, ( ) . La amplitud, y en consecuencia la
energía mecánica, del sistema en el estado estacionario no solo depende de la amplitud
de la fuerza impulsora, sino también de su frecuencia angular .
28

La fuerza resultante sobre un oscilador amortiguado, bajo la influencia de una fuerza


impulsora armónica, es

̇ ̈ ( )

que puede escribirse, en términos de los parámetros y  definidos en la Ec. (1.47), en la


siguiente forma

̈ ̇ ( )

La cual corresponde a la ecuación diferencial para oscilaciones forzadas. Esta ecuación


diferencial es de segundo orden y no homogénea, cuya solución general es la superposición
de la solución general de la respectiva ecuación homogénea y una solución particular de la
no homogénea. La primera corresponde simplemente a la solución para oscilaciones
amortiguadas, dada por la Ec. (1.48), que se atenúa rápidamente en el tiempo debido a la
presencia de la función exponencial decreciente en la amplitud, razón por la cual se
denomina solución transitoria. De otro lado, la solución particular de la ecuación no
homogénea describe precisamente el comportamiento del sistema una vez se ha alcanzado
el estado estacionario, es decir, cuando la solución transitoria se ha atenuado
completamente. La solución para ( ), en el estado estacionario, puede escribirse como

( ) ( ) ( )

ya que en dicho estado, el sistema oscila con amplitud constante y a la frecuencia impuesta
por la fuerza impulsora. La cantidad  es la diferencia de fase entre la coordenada x y la
fuerza impulsora, la cual da cuenta del hecho que el sistema no se encuentra en el estado
estacionario justo en el instante en que empieza a actuar la fuerza impulsora, sino que debe
transcurrir un cierto intervalo tiempo, relativamente corto, para alcanzarlo.

Remplazando la solución (1.52) en la ecuación diferencial (1.51), y haciendo uso de las


identidades trigonométricas para el coseno y seno de la diferencia de ángulos, obtenemos
para la diferencia de fase  la expresión

( )

mientras que la amplitud de oscilación está dada por

( ) ( )
√( )

Es conveniente resaltar que la amplitud A y la diferencia de fase  ahora no son


constantes arbitrarias, sino que son cantidades que dependen de la frecuencia angular  de
la fuerza impulsora. Lo anterior significa que la expresión (1.52) no corresponde a la
solución general de la ecuación diferencial (1.51), por el contrario, es una solución
29

particular. A partir de la Ec. (1.54) puede concluirse que para pequeñas frecuencias de la
fuerza impulsora ( ), la amplitud de oscilación del sistema tiende a un valor límite
constante ( ) ⁄( ) ⁄ . De otro lado, a grandes valores de la frecuencia
angular ω, la amplitud se aproxima asintóticamente a cero. En consecuencia, es de
esperarse que la amplitud de oscilación alcance un máximo para cierta frecuencia ,
conocida con el nombre de frecuencia de resonancia en amplitud. El valor de puede
obtenerse aplicando el criterio de la primera derivada, según el cual dicha derivada debe
anularse en el máximo de la función, ( ⁄ )| . Tenemos entonces para la
expresión

√ √ ⁄ ⁄ ( )

la cual es menor que la frecuencia natural de oscilación . Al sustituir el valor de en la


Ec. (1.54), se obtiene el máximo valor que puede alcanzar la amplitud de oscilación, o
amplitud de resonancia, dada por

( )
√ √


4
0
A/A(0)

2
0

0
0 1
0

Figura 1.16: Amplitud en función de la frecuencia para oscilaciones forzadas.

En la Ec. (1.56), es evidente que cuando el amortiguamiento es muy pequeño ( ),


la amplitud de resonancia tiende a infinito y la frecuencia de resonancia en amplitud se
aproxima a . En la Figura 1.16 aparecen curvas típicas de la amplitud en función de la
frecuencia angular ω para tres valores diferentes de la constante de amortiguamiento. Es
notoria la divergencia que presenta la curva ( ) en para el caso no amortiguado
30

( ). En la Figura 1.17 se grafica la diferencia de fase α entre la coordenada x y la


fuerza impulsora, dada por la expresión (1.53), en función de la frecuencia angular ω de la
fuerza impulsora, Los valores máximos se logran cuando , mientras que
para valores de ω muy alejados de la diferencia de fase α se aproxima a cero.

Figura 1.17: Diferencia de fase α en función de la frecuencia angular ω normalizada a .

Existe un segundo tipo de resonancia, llamada resonancia en energía, que ocurre


cuando el sistema oscila con máxima energía cinética. La velocidad para un oscilador
forzado es ( ) ⁄ ( ), en la que sería entonces la amplitud de
velocidad. Adicionalmente, la energía cinética promedio por ciclo de un oscilador es
proporcional a , tal como se mostró en el Ejemplo 1.2. Por lo tanto, la máxima energía
cinética promedio se presenta cuando la amplitud de velocidad es máxima. La amplitud de
velocidad depende de la frecuencia ω de la fuerza impulsora, en la forma

( )
√( ) √( ⁄ )

la cual es máxima cuando el denominador toma su mínimo valor, es decir, cuando la


cantidad entre paréntesis se anule, ⁄ , o lo que es igual, . En
consecuencia, para una frecuencia angular de la fuerza impulsora igual a la frecuencia
natural de oscilación del sistema sin amortiguamiento, √ ⁄ , el sistema oscila con
máxima energía. Para , la diferencia de fase α obtenida a partir de la Ec. (1.53)
toma el valor ⁄ y la velocidad del oscilador forzado es ( ) , por ende
se encuentra en fase con la fuerza impulsora. Bajo estas circunstancias, la potencia
instantánea entregada por la fuerza impulsora es máxima y habrá una máxima transferencia
de energía de la fuerza impulsora al oscilador forzado. También puede notarse que cuando
el amortiguamiento es despreciable ( ), las frecuencias de resonancia en amplitud y
energía coinciden.
31

Resonancias en sistemas microscópicos (cuánticos). Las partículas subatómicas, tales


como electrones, protones y neutrones, poseen un momento angular intrínseco de origen
cuántico, el cual se denomina momento angular de espín. Adicionalmente, se conoce de la
teoría electromagnética clásica que una partícula de carga q con momento angular L posee
un momento magnético μ proporcional a L, dado por: ( ⁄ ) , donde mq es la
masa de la partícula. A nivel cuántico, al momento angular de espín S se le puede asociar
un momento magnético μs que satisface la relación giromagnética

( ⁄ ) .

La constante g, conocida como factor g, depende del tipo de partícula en


consideración. La componente del momento angular de espín a lo largo del eje z está
cuantizada, de manera que para partículas de espín 1/2 (como ejemplo: el protón y el
electrón) la componente Sz sólo puede tomar los dos valores ⁄ , siendo igual a la
constante de Planck h dividida entre , mientras que la magnitud del momento angular de
espín es (√ ⁄ ) . En consecuencia, la componente z del momento magnético de espín
μs también puede tomar solamente dos valores, en el caso de partículas de espín 1/2.

En presencia de un campo magnético B0, un dipolo magnético de momento magnético


μ interactúa con el campo experimentando un torque que tiende a orientarlo en la dirección
de B0. La energía de interacción del momento magnético con el campo es

siendo θ el ángulo entre los vectores μ y B0. La mínima energía de interacción se presenta
cuando μ y B0 son paralelos, mientras que la situación de máxima energía ocurre cuando
son opuestos. Si se escoge el eje z en la dirección del campo magnético B0, la energía de
interacción simplemente será proporcional a la componente μz del momento magnético
( ). Por lo tanto, únicamente existen dos niveles de energía permitidos para una
partícula de espín 1/2 en presencia de un campo magnético externo B0, cuya separación
energética es . Es interesante notar que la separación entre estos niveles de
energía puede modificarse a voluntad mediante la variación del campo magnético aplicado,
ya que es directamente proporcional a la magnitud del campo. Adicionalmente, debido a
que el momento magnético no puede alinearse con el campo magnético, el sistema describe
un movimiento de precesión alrededor de B0, tal como el movimiento de balanceo descrito
por un trompo. La frecuencia característica de esta precesión es , conocida con el
nombre de frecuencia de Larmor. En ausencia de campo magnético aplicado (B0 = 0), la
separación entre niveles de energía correspondientes a los dos estados de espín (±1/2) es
nula y en consecuencia dichos estados tienen la misma energía, razón por la cual se les
llama estados degenerados. Este hecho puede explicarse teniendo en cuenta que para un B0
nulo, no existe una dirección preferencial en el espacio, es decir, todas las orientaciones del
momento magnético son equivalentes y por ende los estados respectivos deberán tener la
misma energía.
32

Cuando incide radiación electromagnética sobre el sistema de dos niveles de energía


constituido por partículas de espín 1/2 en presencia del campo magnético constante B0, es
posible producir una transición entre los dos niveles energéticos si la radiación tiene la
frecuencia adecuada. Dado que el cuanto de energía asociado con la radiación
electromagnética es precisamente , siendo ω la frecuencia de la radiación, puede
obtenerse la frecuencia que induce la transición entre niveles mediante la condición de
resonancia

de donde se obtiene la frecuencia de resonancia , la cual coincide con la frecuencia


de Larmor. Es decir, cuando el sistema de dos niveles interactúa con radiación
electromagnética cuya frecuencia coincide con la de Larmor, se presentará absorción de
energía por parte del sistema para lograr una transición energética entre un nivel y el otro.
Este hecho se manifiesta a través de un incremento súbito en el coeficiente de absorción
(pico de absorción).

Como es bien conocido, los núcleos atómicos están compuestos por protones y
neutrones, los cuales poseen tanto momento angular orbital como momento angular de
espín. El momento angular de espín nuclear es entonces el resultado de la suma vectorial de
todos los momentos angulares de los protones y neutrones. Igual que ocurre con las
partículas simples, la componente z del momento angular de espín nuclear está cuantizada.
El número de valores discretos que puede tomar dicha componente depende del estado de
momento angular de espín en que se encuentre el respectivo núcleo. Asociado con el
momento angular de espín nuclear, existe un momento magnético nuclear que satisface una
relación giromagnética similar a la que presentan las partículas simples de espín 1/2.
Cuando no existe un campo magnético aplicado, se tiene un conjunto discreto de estados
degenerados correspondientes a las diferentes orientaciones permitidas del momento
magnético nuclear, que poseen la misma energía. Sin embargo, en presencia de un campo
magnético constante B0 se produce el desdoblamiento de los diferentes niveles de energía
correspondientes a cada uno de los estados que estaban inicialmente degenerados. La
separación energética entre estos niveles de energía depende tanto de la magnitud del
campo magnético aplicado como del tipo de núcleos que interactúan con dicho campo.
También podrá obtenerse máxima absorción de energía cuando el sistema de núcleos sea
excitado mediante radiación electromagnética que contenga frecuencias coincidentes con
las respectivas frecuencias de resonancia del sistema. Este fenómeno se conoce con el
nombre de resonancia magnética nuclear.

Una situación similar ocurre cuando se tiene un sistema de átomos que poseen
electrones desapareados, en presencia de un campo magnético constante. Como
consecuencia de la interacción entre los momentos magnéticos de los electrones
desapareados y el campo magnético, se produce un desdoblamiento de los niveles de
energía correspondientes a las diferentes orientaciones permitidas de los momentos
magnéticos electrónicos. Al hacer incidir radiación electromagnética con la frecuencia
apropiada para inducir transiciones entre esos niveles de energía, se puede observar un tipo
de resonancia en la absorción de energía conocida con el nombre de resonancia
paramagnética electrónica.
33

Referencias.

 M. Alonso y E. J. Finn, Física, Addison-Wesley Iberoamericana, Wilmington,


Delaware (1995).
 P. A. Tipler, Física I (3° Edición), Editorial Reverté, Barcelona (1992).
 F. W. Sears, M. W. Zemansky, H. D. Young y R. A. Freedman, Física Universitaria
Vol. 1 (12° Edición), Pearson Educación, México (2009).
 R. Resnick, D. Halliday and J. Walker, Fundamentals of Physics (8° Edición), John
Wiley & Sons, Hoboken NJ (2008).
 L. Landau, A. Ajiezer y E. Lifshitz, Curso de Física General, Editorial Mir, Moscú
(1979).
 R. A. Serway y J. W. Jewett, Física para Ciencias e Ingeniería Vol. 1 (7° Edición),
Cengage Learning Editores, México D. F. (2008).
 A. C. Melissinos and J. Napolitano, Experiments in Modern Physics (2° Edition),
Academic Press, San Diego (2003).
 R. Lavin y J. Pozo, Rev. Bras. Ens. Fis. 33, 1301 (2011).
34

2. PROPAGACION DE ONDAS
En este capítulo se hará inicialmente una descripción cualitativa del movimiento
ondulatorio y la discusión de algunos conceptos fundamentales inherentes a dicho
movimiento, para luego desarrollar una descripción matemática a partir del concepto de
función de onda y la correspondiente ecuación diferencial, conocida como ecuación de onda.
Como un caso particular de interés, se analizará la propagación de ondas armónicas,
descritas por funciones de onda con la forma de una función coseno o seno. Posteriormente
se estudiará la propagación de ondas mecánicas unidimensionales en medios materiales,
como son los casos de las ondas transversales en una cuerda o las ondas longitudinales en
una columna de gas. También se discutirá el transporte de potencia y energía a través del
movimiento ondulatorio, con especial énfasis en la transmisión de energía por las ondas
sonoras. Finalmente, se abordará el tema de la propagación de ondas electromagnéticas en el
vacío, las cuales han sido la base para todo el desarrollo actual de las telecomunicaciones.

2.1 Descripción del movimiento ondulatorio .

Existe una gran variedad de situaciones simples en las que hemos sido testigos de la
propagación de algún tipo de movimiento ondulatorio. Por ejemplo, al dejar caer una piedra
sobre la superficie de un lago o piscina se produce una perturbación en la pequeña región
de dicha superficie donde la piedra hace impacto. Esta perturbación, consistente en un
desplazamiento de las partículas de agua con relación a su posición inicial de equilibrio, se
transmite radialmente sobre la superficie del agua dando lugar a una deformación de dicha
superficie que alcanza simultáneamente a todos los puntos que se encuentran sobre una
circunferencia centrada en el punto donde cayó la piedra. A medida que el tiempo
transcurre, el radio de la circunferencia crece y la perturbación se propaga hacia puntos
cada vez más alejados de aquel donde la piedra hizo impacto sobre la superficie. Sin
embargo, una vez que la perturbación pasa a través de un punto o conjunto de puntos, la
superficie recobra su forma completamente plana y las partículas de agua quedan
nuevamente en sus respectivas posiciones de equilibrio. Claramente, la perturbación se
transmite a través de las partículas sobre la superficie del agua, sin que estas se transporten
de un lugar a otro de dicha superficie. Esta es una característica esencial del llamado
movimiento ondulatorio: una perturbación de algún tipo de magnitud física se transporta de
un lugar a otro a través de un medio, pero el medio en sí mismo no se transporta. En la
propagación de una onda, se transmite energía y momentum de un lugar a otro del espacio
sin que en el proceso esté involucrado el transporte de materia. Una condición fundamental
para que se propague una onda es la existencia de una cantidad física definida en cada
punto del espacio (campo), la cual pueda ser perturbada en algún punto o pequeña región.

Un segundo caso de propagación de ondas, quizá un poco más sencillo que el anterior,
se presenta cuando producimos un desplazamiento vertical súbito en un extremo de una
cuerda horizontal sometida a tensión constante. Un pequeño segmento de la cuerda,
adyacente al extremo perturbado, experimenta una deformación como consecuencia de los
desplazamientos verticales de las diferentes partículas que lo componen. La deformación (o
pulso) viaja a lo largo de la cuerda de tal manera que, en instantes posteriores, segmentos
sucesivos de la curda adquieren el mismo movimiento que imprimimos inicialmente al
35

extremo de la misma. En este caso la perturbación se propaga en una sola dimensión, a


diferencia de las ondas superficiales en el agua que se propagan en dos dimensiones. Otra
situación típica donde se observa propagación de ondas unidimensionales ocurre en un tubo
muy largo lleno con un gas, con un pistón móvil en uno de sus extremos. Al mover el
pistón hacia adelante y hacia atrás, se produce un desplazamiento en las partículas del gas y
una fluctuación en la presión y densidad del mismo en la región vecina al pistón. Tanto el
desplazamiento de las partículas respecto a sus posiciones de equilibrio como las pequeñas
variaciones de presión y densidad del gas, viajan a lo largo del tubo transmitiéndose de una
región a otra vecina. Este es precisamente el mecanismo de propagación del sonido a través
de un gas, como por ejemplo el aire.

Sin embargo, existe una diferencia notable en la manera como se propaga el


movimiento ondulatorio a lo largo de la cuerda tensa o del tubo lleno con gas, relacionada
con el tipo de movimiento de las partículas de la cuerda o del gas cuando son alcanzadas
por la perturbación que viaja a través del respectivo medio. En el primer caso, las partículas
de la cuerda se mueven verticalmente, mientras que la perturbación (región deformada) se
propaga en dirección horizontal, es decir, a lo largo de la cuerda. Estas son las llamadas
ondas transversales, en las que las partículas del medio se mueven perpendicularmente a la
dirección de propagación de la onda. De otro lado, en lo que respecta a la propagación de la
región perturbada del gas a lo largo del tubo, las partículas del gas vibran en la misma
dirección en que se propaga el movimiento ondulatorio. Este tipo de ondas se conocen con
el nombre de ondas longitudinales.

Existe una característica común en todos los movimientos ondulatorios descritos hasta
el momento: en todos ellos se requiere de un medio material (agua, cuerda tensa o gas
dentro de un tubo) a través del cual se propaga la perturbación. Por este motivo, se les
denomina ondas mecánicas. Sin embargo, diariamente recibimos señales de radio o
televisión, al igual que todos los tipos de radiación electromagnética proveniente del sol, las
cuales pueden provenir de sitios muy distantes y eventualmente deben propagarse a través
de regiones de alto vacío, en las cuales prácticamente no existe un medio material. Todas
ellas transportan energía y momentum a través del campo electromagnético existente en
cada punto del espacio, aún en el vacío, razón por la cual se les llama ondas
electromagnéticas. Una onda electromagnética se produce cuando el campo
electromagnético es perturbado en un punto del espacio y dicha perturbación se transmite a
otros puntos o regiones.

Con el ánimo de obtener una descripción matemática del movimiento ondulatorio,


consideraremos la propagación de una perturbación en un medio unidimensional (1D),
como por ejemplo una pequeña deformación que se transmite a través de una cuerda, la
cual fue discutida anteriormente en forma cualitativa. En el instante t = 0, se produce un
desplazamiento vertical en un punto de la cuerda tensionada, causando una pequeña
deformación en un segmento de la cuerda alrededor del punto. Si no existen pérdidas de
energía la perturbación viajará con rapidez constante , sin cambiar su forma, a lo largo de
la cuerda. Asumiremos que el medio de propagación (cuerda) se extiende a lo largo del eje
x, de manera que la forma de la perturbación en el instante inicial puede ser descrita
mediante una función ( ). A medida que se propaga el movimiento ondulatorio, el
desplazamiento transversal ξ de cualquier partícula de la cuerda depende tanto de la
36

coordenada x de la partícula en la cuerda como del instante t que se considere, siendo


entonces una función de dos variables ( ). En consecuencia, en el instante t = 0 se tiene
( ) ( ). Después de un tiempo t la perturbación se habrá desplazado una distancia
, digamos en el sentido positivo del eje x. Si la perturbación no se deforma a medida que
se propaga, en el instante t se tendrán los mismos valores de ξ para valores de la
coordenada x aumentados en , tal como se muestra en la Figura 2.1. Esto corresponde a
un desplazamiento horizontal de la función ( ) a través de una distancia , el cual puede
describirse matemáticamente mediante el cambio en el argumento de la
función. Consecuentemente, la forma de la perturbación en cualquier instante t está descrita
por una función de la forma

( ) ( ) ( )

conocida como función de onda unidimensional.

Figura 2.1: Propagación de una perturbación a lo largo del eje x.

En general, cualquier función matemática que dependa de la coordenada x y del tiempo


t en la forma de la Ec. (2.1) describe correctamente algún tipo de perturbación en una
magnitud física ( ), que se propaga con rapidez en la dirección positiva del eje x. La
cantidad física descrita por ( ) podría ser una pequeña deformación transversal en una
cuerda tensa, una fluctuación de la presión o densidad que se propaga a lo de una columna
de gas, una deformación longitudinal en una barra metálica, alguna componente del campo
eléctrico o magnético, etc. De manera análoga, un movimiento ondulatorio que se propaga
en la dirección negativa del eje x puede ser descrito mediante una función de la forma
( ) ( ).

2.2 Ecuación clásica de onda.

Ya habiendo obtenido el tipo de funciones adecuadas para describir un movimiento


ondulatorio que se propaga a lo largo del eje x, emprenderemos la tarea de identificar la
ecuación diferencial cuyas soluciones tengan la forma de la función de onda 1D. Dado que
dicha función depende de dos variables, x y t, es obvio que la correspondiente ecuación
diferencial debe contener derivadas parciales con respecto a las variables mencionadas.
Teniendo en cuenta que muchas leyes fundamentales de la física, tal como la segunda ley
de Newton, involucran segundas derivadas temporales o espaciales en las ecuaciones que
las caracterizan, obtendremos inicialmente las segundas derivadas de la función de onda
(2.1) con respecto a la coordenada x y al tiempo t. Para facilitar el cálculo de las derivadas,
definimos una nueva variable , en términos de la cual podemos escribir la
función de onda como ( ) ( ) ( ). Las derivadas parciales de la variable u
37

con respecto a x y t son ⁄ y ⁄ , respectivamente. Suponemos que f es


una función que admite al menos hasta segunda derivada respecto a su argumento y
denotamos la primera y segunda derivadas por ( ) y ( ), respectivamente. Aplicando
la regla de la cadena, podemos calcular las segundas derivadas espacial y temporal de la
función de onda. De esta manera obtenemos

( )
( ) ( )

( )
( ) ( )

Comparando las dos ecuaciones del lado derecho, podemos establecer una relación
entre las segundas derivadas respecto a x y t, en la forma

( )

conocida como ecuación de onda unidimensional. La función de onda ( ) asociada con


cualquier movimiento ondulatorio que se propague a lo largo del eje x, debe ser solución de
la ecuación diferencial (2.2). Inversamente, cualquier magnitud física descrita por una
función ( ) que sea solución de la ecuación de onda (2.2), corresponde a un movimiento
ondulatorio 1D. Fácilmente puede comprobarse que la función de onda ( ) (
), que describe un movimiento ondulatorio que se propaga en la dirección negativa del
eje x, también satisface la Ec. (2.2). Por ser una ecuación diferencial lineal de segundo
orden en las variables x y t, la solución más general de la ecuación de onda 1D puede
escribirse como

( ) ( ) ( ) ( )

donde f y son funciones arbitrarias. Por lo tanto, la forma más general de la solución de la
ecuación de onda 1D consiste en una superposición de dos ondas con forma arbitraria, una
de ellas propagándose en la dirección positiva y la otra en dirección negativa del eje x. Si
una de las dos funciones (f o ) es cero, se tiene entonces una onda progresiva en una u otra
dirección del eje x. La forma de la ecuación de onda puede ser fácilmente generalizada para
el caso de un movimiento ondulatorio que se propaga en el espacio tridimensional (3D). En
tal caso, la función de onda dependería de las tres coordenadas espaciales y del tiempo, es
decir, ( ) ( ). La ecuación de onda 3D puede escribirse en la forma

( )

o en forma más abreviada


38

en la que se ha introducido el conocido operador de Laplace (o Laplaciano), que puede


expresarse en coordenadas cartesianas como .

2.3 Ondas armónicas.

Consideraremos a continuación un tipo especial de movimiento ondulatorio, de gran


importancia, en el que la función de onda adopta la forma de una función periódica coseno
o seno. Este tipo de ondas se conocen con el nombre de ondas armónicas. La función de
onda asociada con una onda armónica 1D puede escribirse en la forma

( ) ( ( ) ) ( )

donde , k y α son constantes por definir. La onda armónica descrita por la Ec. (2.5) se
propaga en la dirección positiva del eje x. Sin embargo, puede obtenerse inmediatamente la
función que describe una onda similar propagándose en dirección opuesta, efectuando
simplemente la sustitución ( ) ( ) en el argumento. Para identificar el
significado físico de la constante basta notar que la función coseno únicamente toma
valores entre -1 y +1, por lo tanto el máximo valor que puede tomar la magnitud ξ es
precisamente . La constante se denomina amplitud de la onda armónica. Dado que la
función de onda depende de las dos variables x y t, para estudiar su comportamiento es
conveniente fijar el valor de una de ellas y analizar la dependencia de la función de onda
con la otra variable. Por ejemplo, en el instante t = 0 podemos escribir

( ) ( )

En el caso de la propagación de una onda armónica transversal en una cuerda, la


anterior ecuación describiría la forma de la cuerda en el instante t = 0. En la Figura 2.2, se
muestra la gráfica de ( ) en función de la coordenada x.

M 

Mcos() 
x,0)

-M 

Figura 2.2: Variación espacial de la función de onda armónica.


39

La distancia entre dos máximos (crestas) o dos mínimos (valles) sucesivos se conoce
con el nombre de longitud de onda λ, la cual puede considerarse como el periodo espacial
de la onda. Al incrementar el valor de la coordenada x en una cantidad λ, la función de onda
vuelve a tomar el mismo valor y el argumento de la función coseno se incrementa en , es
decir, . La constante k, denominada número de onda, puede escribirse como

( )

El número de onda k tiene dimensiones de recíproco de longitud, quedando expresado


como m-1 en el sistema internacional de unidades (S.I.). Podría entonces interpretarse como
el número de ondas contenidas en una longitud de m. También puede apreciarse, en la
Figura 2.2, que la constante α está relacionada con el valor que toma la magnitud física ξ en
la coordenada x = 0 y en el instante t = 0. El argumento de la función coseno en la Ec. (2.5)
se denomina fase de la onda, ( ) , de modo que la constante α corresponde
precisamente al valor de la fase para la coordenada x = 0 y en el instante t = 0 y se le llama
fase inicial o constante de fase.

De otro lado, considerar un valor fijo para la coordenada x es equivalente a describir el


movimiento de la partícula del medio ubicada en dicha posición. Si, por ejemplo, fijamos el
valor de la coordenada x = 0 en la Ec. (2.5), obtenemos una función de la forma
( ) ( ), que describe el movimiento de la partícula del medio ubicada
en el origen. Aprovechando el carácter par de la función coseno, podemos escribirla como

( ) ( )

la cual corresponde a un movimiento armónico simple con frecuencia angular

( )

razón por la cual se conoce como frecuencia angular de la onda y tiene dimensiones de
recíproco de tiempo. Puede afirmarse que cuando una onda armónica se propaga a través de
un medio 1D, como una cuerda tensa, todas las partículas del medio describen movimientos
armónicos simples de igual amplitud y frecuencia, pero diferente fase. La frecuencia f, tal
como se definió en el capítulo anterior, describe el número de ciclos (de la onda) por
unidad de tiempo y su unidad en el S.I. es el Hertz (Hz). Por ejemplo, las ondas sonoras en
el rango audible para el ser humano tienen frecuencias entre 20 y 20000 Hz, mientras que
las ondas lumínicas en el rango visible del espectro electromagnético tienen frecuencias del
orden de 1014 Hz. Combinando las Ecs. (2.6) y (2.7), obtenemos para la velocidad de
propagación de la onda armónica, también llamada velocidad de fase, la expresión

( )

En términos del periodo, ⁄ , la velocidad de fase adopta la forma ⁄ ,a


partir de la cual se obtiene . Por lo tanto, también podemos interpretar la longitud de
onda λ como la distancia que recorre la onda en un intervalo de tiempo igual a un periodo.
40

La función de onda (2.5), que describe una onda armónica, puede ser escrita en forma
más conveniente usando la expresión (2.7) para la frecuencia angular, obteniéndose

( ) ( ) ( )

también se acostumbra escribir dicha función en términos de la longitud de onda λ y el


periodo T de la onda en la forma ( ) [ ( ⁄ ⁄ ) ]. Adicionalmente,
una onda armónica también podría ser descrita mediante una función seno, con la salvedad
que la constante de fase α diferiría en ⁄ con respecto a la correspondiente a la función
coseno. En muchas ocasiones, en las que no es relevante el valor que toma la magnitud
física ξ en x = 0 y t = 0, por simplicidad puede escogerse un valor nulo para la fase inicial α.

Para el caso de propagación de ondas transversales en una cuerda, en el que ( )


describe el desplazamiento transversal de cada partícula de la cuerda en un instante de
tiempo dado, la derivada ( )⁄ representa la velocidad transversal instantánea, en el
instante t, de la partícula de la cuerda ubicada en la coordenada x, la cual no debe
confundirse con la velocidad de propagación de la onda. De igual manera, ( )⁄
corresponde a la aceleración instantánea de cada partícula.

2.4 Ondas transversales en una cuerda.

Consideremos una cuerda muy larga, sometida a una tensión F y extendida a lo largo
del eje x. En el instante t = 0, se produce una pequeña deformación transversal alrededor de
un punto de la cuerda (x = 0) y dejamos que esta perturbación se propague libremente a lo
largo de la cuerda. Si la deformación es suficientemente pequeña, puede asumirse que la
magnitud de la tensión en la cuerda permanece inalterada. Analicemos el movimiento de un
pequeño segmento de la cuerda, de longitud , alcanzado por la deformación en algún
instante t. Cada partícula del segmento experimentará un desplazamiento transversal ξ con
respecto a su respectiva posición de equilibrio sobre el eje x, tal como se muestra en la
Figura 2.3. Si bien la tensión en la cuerda es uniforme en magnitud, su dirección en cada
punto de la cuerda es tangente a la misma, siendo entonces diferente en los dos extremos
del segmento de cuerda. Denotaremos por θ y a los respectivos ángulos de
inclinación respecto al eje x.

'


F

 (x,t)  (x+x,t)

x x+x

Figura 2.3: Segmento deformado de la cuerda.


41

La fuerza resultante sobre el segmento de cuerda en la dirección horizontal está dada


por ( ). Para pequeñas deformaciones de la cuerda, los ángulos θ y
son muy pequeños y si tenemos en cuenta la expansión en serie de potencias de la función
coseno, , para ángulos suficientemente pequeños podemos
usar la aproximación . En virtud de lo anterior, la componente de la
fuerza resultante sobre el segmento de cuerda puede considerarse despreciable. Si
asumimos despreciable el peso del segmento de cuerda en comparación con la tensión F,
tenemos para la componente vertical de la fuerza resultante ( ). Para
ángulos cercanos a cero, podemos aproximar y, teniendo en cuenta la
interpretación geométrica de la derivada como la pendiente de la recta tangente a la curva,
podemos escribir la componente de la fuerza resultante en la forma

[ ] [ | | ]

Si llamamos a la masa del pequeño segmento de cuerda y ⁄ es la


densidad lineal de masa (masa por unidad de longitud) de la cuerda, asumida uniforme, la
aplicación de la segunda ley de Newton conduce a la expresión

[ | | ] ( )

que puede ser reescrita en la forma

[ | | ]

en la que puede identificarse el término del lado izquierdo como el cociente de Newton de
la función ⁄ . Por la definición de derivada, al tomar el límite , dicho término
se concierte en la segunda derivada parcial con respecto a la coordenada x. En
consecuencia, la función ( ) satisface la ecuación diferencial en derivadas parciales

( )

La Ec. (2.10) tiene la forma de la ecuación de onda 1D (2.2), con ⁄ . Por lo


tanto, se ha demostrado que una pequeña deformación transversal, ocasionada en una
cuerda tensa, se propaga a lo largo de la misma en forma de un movimiento ondulatorio,
con una velocidad de propagación

√ ( )

la cual depende tanto de la tensión a la que está sometida la cuerda como de su inercia, a
través de la densidad lineal de masa. Al aumentar la tensión en la cuerda, se favorece la
42

transmisión de las ondas transversales a lo largo de ella y su velocidad de propagación


aumenta. En contraste, cuando la cuerda tiene una mayor masa por unidad de longitud,
habrá una mayor oposición al movimiento ondulatorio y la velocidad de propagación de las
ondas transversales será menor.

Ejemplo 2.1: En una cuerda horizontal, sometida a tensión, se propaga una onda armónica
de frecuencia f, longitud de onda λ y amplitud . En el instante t = 0, la partícula de la
cuerda ubicada en el origen (x = 0) se encuentra en su posición de equilibrio. a) Escriba la
función de onda para el movimiento ondulatorio que se propaga en la cuerda. b) Obtenga la
velocidad y aceleración transversal instantáneas de cualquier partícula de la cuerda, ¿cuáles
son sus respectivos valores máximos?. c) Calcule la razón entre la velocidad transversal
máxima de una partícula de la cuerda y la velocidad de propagación de la onda.

Solución: En el instante t = 0, la partícula ubicada en x = 0 se encuentra en su posición de


equilibrio y por ende su desplazamiento transversal es cero, es decir, ( ) . Por tal
razón, la función de onda más adecuada es ( ) ( ), donde ⁄ y
. La función de onda adopta entonces la forma

( ) [ ( )]

Para responder el literal b), téngase en cuenta que la velocidad transversal de las partículas
de la cuerda es igual a la derivada temporal del desplazamiento transversal ξ, mientras que
la aceleración transversal es la derivada temporal de la velocidad transversal. En
consecuencia, la velocidad transversal queda

( )

ecuación que describe la velocidad transversal instantánea de la partícula de la cuerda


ubicada en la coordenada x. Obviamente, el máximo valor de la velocidad transversal de
cualquier partícula de la cuerda es . En lo que respecta a la aceleración
transversal, tenemos

( )

cuyo máximo valor es .

Para obtener la razón, o cociente, entre la velocidad transversal máxima de las partículas y
la velocidad de propagación de la onda, utilizamos el hecho que la velocidad de
propagación de una onda armónica es . Por lo tanto, el cociente mencionado es

es decir, proporcional al cociente entre la amplitud de la onda y la longitud de onda.


43

Ejemplo 2.2: Se tiene un lazo pesado, de longitud L y masa M, suspendido verticalmente de


un soporte como se muestra en la Figura 2.4. En el extremo inferior (libre) del lazo. se
produce un pulso transversal mediante un tirón lateral súbito. Determine el tiempo que
tarda el pulso en recorrer la longitud total del lazo hasta llegar al extremo superior fijo en el
soporte.

L
P

mg y

Figura 2.4: Lazo suspendido de un soporte.

Solución: Supongamos un lazo uniforme, caracterizado por una densidad lineal de masa
constante ⁄ . Dado que el lazo se encuentra en equilibrio suspendido verticalmente,
en un punto P situado a una altura y por encima del extremo inferior pueden identificarse
dos fuerzas que se cancelan entre sí: la tensión F en dicho punto y el peso de la porción
de lazo que se encuentra por debajo del punto, donde la masa de esa porción de lazo es
simplemente . Nótese entonces que la tensión en cada punto depende de su altura
con respecto al extremo inferior y está dada por . Teniendo en cuenta que la
velocidad de propagación de las ondas transversales en una cuerda es √ ⁄ , dicha
velocidad varía en cada punto del lazo en la forma

√ √

la cual puede integrarse escribiendo

que al integrarse para y entre 0 y L y para t entre 0 y , da como resultado


44

siendo este el tiempo que tarda el pulso transversal en recorrer la longitud L del lazo, hasta
llegar a su extremo superior.

2.5 Ondas longitudinales en una columna de gas. Ondas sonoras.

Para entender el mecanismo mediante el que se propaga el sonido en un gas como el


aire, estudiaremos a continuación la propagación de ondas longitudinales a lo largo de un
tubo lleno de gas. En el equilibrio, cuando el gas dentro del tubo no ha sido perturbado,
tanto la presión como la densidad del gas son constantes en todos los puntos dentro del gas
y adoptan sus respectivos valores de equilibrio y . Supongamos que el tubo se
extiende a lo largo del eje x y que en su extremo izquierdo existe un émbolo que puede
moverse a voluntad, permitiendo comprimir o expandir la región del gas adyacente a él.
Una pequeña compresión o expansión causada en un elemento de volumen del gas próximo
al émbolo, producirá una perturbación tanto en la presión como en la densidad y estas
magnitudes experimentarán pequeñas variaciones respecto a sus valores de equilibrio. A
medida que transcurre el tiempo esa perturbación se propaga a lo largo del tubo, alcanzando
partículas del gas que se encuentran a una cierta distancia x del extremo izquierdo (sobre un
plano perpendicular al eje x). Denotaremos por ( ) la pequeña variación de la presión,
con respecto al valor de equilibrio , en un punto de coordenada x en el instante t, lo cual
significa que la presión absoluta en dicho punto y en ese instante es ( ) ( ).
Dado que la fluctuación en la presión podría deberse a una expansión o una compresión del
gas, la presión P puede ser mayor o menor que y la variación ( ) puede ser positiva
o negativa.

Figura 2.5: Ondas longitudinales en una columna de gas de sección transversal S.

Consideremos una pequeña región cilíndrica del gas, cuya longitud en equilibrio (en
ausencia de perturbación) es , tal como se muestra en la Figura 2.5. Si llamamos S al
área de la sección transversal del tubo (perpendicular al plano del dibujo), el volumen de la
mencionada región cilíndrica es entonces . Al llegar la perturbación en un instante
45

t al elemento de volumen cilíndrico, la cara izquierda se desplaza una distancia ( ),


mientras que la cara derecha tendrá un desplazamiento ( ) ( ) . De
esta manera, el volumen inicial V de la región cilíndrica del gas cambiará en
[ ( ) ( )] , ya que el gas es un fluido compresible. El respectivo
cambio fraccional de volumen está dado por ⁄ ⁄( ) ⁄ . El número de
partículas de gas, y por ende la masa total, en el elemento de volumen es igual antes y
después de ser afectado por la perturbación. En consecuencia, se presentará también una
variación en la densidad cuando la perturbación alcanza una cierta región del gas.
Adicionalmente, tanto el desplazamiento del elemento de volumen a lo largo del eje x,
como la variación de su volumen, son ocasionados por el gradiente de presión producido
por la perturbación. Efectivamente, cuando el elemento de volumen inicial V es alcanzado
por la perturbación, la presión absoluta sobre su cara izquierda toma el valor ( ),
mientras que sobre la cara derecha es ( ), produciendo una fuerza neta, en la
dirección x, dada por

[ ( ) ( ))] [ ( ) ( ) )]

donde ( ) ( ). Aplicando la segunda ley de Newton podemos obtener


la expresión

( ) ( )

siendo la masa del elemento de volumen cilíndrico, la cual se mantiene


constante antes y después de que la perturbación llegue a él. Dividiendo la Ec. (2.12) por
y tomando el límite , el cociente ⁄ se transforma en ⁄ y la Ec. (2.12)
adopta la forma

( )

Una segunda relación entre p y ξ puede obtenerse haciendo uso del módulo de volumen
B del gas, definido por ⁄( ⁄ ), el cual es una cantidad positiva debido a que un
aumento en la presión ocasiona una disminución en el volumen y viceversa. Por lo tanto, la
fluctuación de presión p puede escribirse como ( ⁄ ) ( ⁄ ), que al
hacer se convierte en

( )

Derivando la Ec. (2.14) con respecto a x y comparándola con la Ec. (2.13), se obtiene
la ecuación diferencial

( )

la cual tiene la forma de la ecuación de onda 1D, con ⁄ ⁄ y por lo tanto


46

√ ( )

La Ec. (2.16) describe la velocidad de propagación del sonido en un fluido (gas o


líquido) con módulo volumétrico B y densidad de equilibrio . En el caso de una varilla o
barra sólida, se obtiene para la velocidad de propagación del sonido una expresión similar a
(2.16), en la que aparece el módulo de Young Y del sólido en lugar del módulo volumétrico
B, es decir, √ ⁄ .

Partiendo de las Ecs. (2.13) y (2.14), es posible eliminar ξ entre ellas para obtener una
ecuación de onda idéntica a (2.15) para la fluctuación de presión p. En efecto, si se toma la
primera derivada de (2.13) con respecto a x y la segunda derivada de (2.14) respecto al
tiempo t, al comparar las expresiones resultantes, se obtiene la ecuación diferencial

en la que se pone en evidencia que la fluctuación ( ) de la presión se propaga a lo largo


de la columna de gas como un movimiento ondulatorio, con la misma rapidez con que lo
hace la onda de desplazamiento ( ). Con el fin establecer una relación entre las ondas
de presión y desplazamiento, consideremos la propagación de un sonido en el que la onda
de desplazamiento está dada por

( ) ( ) ( )

correspondiente a una onda armónica de amplitud , número de onda k y frecuencia


angular ω. Sustituyendo la función de onda (2.17) en la Ec. (2.14), vemos que la onda de
presión puede escribirse como ( ) ( ). Además, utilizando la Ec.
(2.16) para la velocidad de propagación de las ondas sonoras, al igual que la expresión
⁄ para la velocidad de propagación de cualquier onda armónica, se puede reescribir
la onda de presión en la forma

( ) ( ) ( )

a partir de la cual se concluye inmediatamente que: i) las ondas de presión y


desplazamiento están desfasadas en ⁄ , y ii) la relación entre las amplitudes de las ondas
de presión y desplazamiento está dada por . Adicionalmente, la fluctuación
en la densidad del gas también se propaga a lo largo del eje x como una onda, con una
rapidez igual a la de las dos anteriores. Se deja como una actividad para el estudiante,
obtener la respectiva ecuación de onda.

Dependencia de la velocidad del sonido con la temperatura. La relación entre


magnitudes termodinámicas de un gas, tales como presión, temperatura y densidad, está
determinada por la ecuación de estado. En un gas ideal, los parámetros macroscópicos
presión, volumen y temperatura satisfacen la conocida ecuación de estado , en la
47

que debe considerarse la temperatura absoluta (en K). La cantidad n corresponde al número
de moles del gas y R es la llamada constante universal de los gases. Cualquier gas
suficientemente diluido, se comporta como un gas ideal y por ende obedece la mencionada
ecuación de estado. Para estudiar la dependencia de la velocidad del sonido con respecto a
los diferentes parámetros termodinámicos, asumiremos que el gas contenido dentro del tubo
se comporta como un gas ideal. Adicionalmente, el tipo de proceso a que esté sometido el
gas, permite identificar relaciones específicas entre algunas de las variables termodinámicas
que lo caracterizan. Por ejemplo, en un proceso isotérmico la temperatura permanece
constante y la dependencia entre presión y volumen está regida por la relación .
En este orden de ideas, es de importancia fundamental determinar el tipo de proceso
termodinámico asociado con la propagación del sonido en el gas.

Cuando se propaga una onda sonora en un gas, las pequeñas fluctuaciones en la presión
y densidad se transmiten de un elemento de volumen del gas a otro elemento vecino en
forma relativamente rápida. Por ejemplo, la rapidez con que se transmite el sonido en el
aire, en condiciones normales de presión y temperatura, es aproximadamente 343 m/s. De
otro lado, la rata a la que se transfiere calor de una región a otra del gas es muy lenta, en
comparación con la propagación del sonido. Mientras el sonido se propaga de un punto a
otro del gas, prácticamente no alcanza a presentarse transferencia de calor. Por esta razón,
parece bastante razonable suponer que el proceso de propagación del sonido es adiabático.
En tal tipo de proceso, se cumple la relación

( )

donde ⁄ es el cociente entre los calores específicos del gas a presión y volumen
constante. La velocidad de propagación del sonido depende del módulo volumétrico y la
densidad del gas, tal como está especificado en la Ec. (2.16). Sin embargo, en rangos de
temperatura suficientemente grandes, se observan variaciones apreciables del módulo B con
la temperatura, las cuales dependen del tipo de proceso que experimente el gas. La
dependencia con la temperatura absoluta T del módulo volumétrico adiabático, puede ser
determinada tomando el diferencial de (2.19) para obtener

obteniéndose para el módulo volumétrico la expresión

( )

en la que se ha utilizado la ecuación de estado del gas ideal. Sustituyendo la Ec. (2.20) en
(2.16) y escribiendo , siendo la masa de un mol del gas, obtenemos la
dependencia de la velocidad del sonido con la temperatura

√ √ ( )
48

donde √ ⁄ es una constante que depende de las propiedades del gas. Es decir, la
velocidad de propagación del sonido en un gas es directamente proporcional a la raíz
cuadrada de la temperatura absoluta del gas.

Ejemplo 2.3: Se sabe que la velocidad del sonido en el aire en condiciones normales de
presión y temperatura (temperatura 20 °C y presión de 1 atm), es aproximadamente 343
m/s. Calcular la velocidad del sonido a una temperatura de 0 °C y obtener un valor
promedio de la masa molar del aire. Asumir un valor de γ = 1.40 para el aire.

Solución: A partir de la expresión (2.21), en la que T es la temperatura absoluta del gas,


puede obtenerse el valor de la constante de proporcionalidad α correspondiente al aire. Para
una temperatura T = 20 °C = 293 K, la velocidad del sonido en el aire es 343 m/s
aproximadamente, por lo tanto el valor de α es

( )
√ √

el cual es independiente de la temperatura, sólo depende de las propiedades físicas del gas.
A una temperatura T = 0 °C = 273 K, la velocidad de propagación del sonido será

√ ( ) √

La constante α depende explícitamente de los parámetros característicos del gas en la forma


√ ⁄ , a partir de la cual podemos determinar la masa molar promedio del aire

( )
( ( ))

Nótese que la determinación experimental de la velocidad del sonido en un gas, constituye


un método indirecto para obtener su masa molar media.

Ejemplo 2.4: Un estimativo de la longitud de onda más corta para una onda sonora en un
gas puede obtenerse a partir de la determinación de la distancia media de separación entre
las moléculas del gas. Calcular la frecuencia más alta posible para una onda sonora en aire,
suponiendo una velocidad de propagación de 343 m/s, una densidad de 1.29 kg/m3 y una
masa molar promedio de 0.029 kg/mol.

Solución: Con base en la densidad del gas en equilibrio, puede determinarse el volumen
efectivo por molécula (volumen específico) y a partir de este estimar la separación media
entre moléculas. Para la densidad del gas se tiene

donde N es el número de moléculas, de masa m, contenidas en un volumen V. De la anterior


expresión podemos obtener el volumen efectivo por molécula ⁄ ⁄ .
49

Además, si a es la separación media entre moléculas del gas en equilibrio, el volumen


específico puede escribirse como , por lo tanto la separación media entre moléculas
es

√ √

Teniendo en cuenta que un mol de gas contiene un número de moléculas igual al número de
Avogadro ( ), la masa de cada molécula es ⁄ ,
que en el caso del aire toma el valor . Si adicionalmente usamos el
valor ⁄ para la densidad del aire, obtenemos para la distancia media entre
moléculas , el cual podemos considerar igual a la longitud de onda λ
sonora más corta que puede propagarse en el aire. Debido a la relación recíproca entre
frecuencia y longitud de onda, ⁄ , dicho valor de λ corresponde a la frecuencia más
alta de una onda sonora que puede propagarse en el aire. Asumiendo para la
velocidad del sonido en el aire, dicho valor de frecuencia sería .

2.6 Transporte de energía en el movimiento ondulatorio.

En cualquier movimiento ondulatorio se presenta un transporte de energía de una


región del espacio a otra. Por ejemplo, la radiación electromagnética proveniente del sol
transporta una gran cantidad de energía, la cual puede ser aprovechada en diferentes
dispositivos de gran utilidad en nuestra vida cotidiana, tales como calentadores o celdas
solares. Las olas marinas transportan energía desde regiones distantes mar adentro hasta las
playas, inclusive produciendo en ocasiones efectos catastróficos en las zonas costeras.
Cuando se produce una onda, debe ejercerse una fuerza sobre una o varias partículas del
medio de propagación, causando un desplazamiento de las mismas y en consecuencia, se
realiza trabajo sobre ellas. A medida que se propaga la onda, una pequeña región del medio
realiza trabajo sobre otra región adyacente, y es de esta manera como se transporta energía
de un punto a otro del medio. Analizaremos a continuación el transporte de energía en los
dos tipos de ondas mecánicas estudiadas hasta el momento: las ondas transversales en una
cuerda y las ondas sonoras que se propagan en una columna de gas.

Potencia transmitida en las ondas transversales en una cuerda. Examinemos la


transmisión de energía a través de un punto específico Q de una cuerda sometida a una
tensión F, por la que se propaga una onda transversal de izquierda a derecha, como se
muestra en la Figura 2.6. La porción de cuerda a la izquierda del punto Q ejerce una fuerza
sobre la porción de la derecha, cuya componente transversal es ,
en la que se asumen pequeñas deformaciones de la cuerda y por lo tanto, un pequeño
ángulo de inclinación. Teniendo en cuenta la interpretación geométrica de la derivada,
podemos escribir

( )
( )
50

en la que el signo negativo evidencia el hecho que la componente siempre tiene sigo
opuesto al de la pendiente de la cuerda.

Figura 2.6: Transmisión de energía a través del punto Q de la cuerda.

La potencia instantánea (rapidez a la que se realiza trabajo) transmitida a través del


punto Q es

( ) ( )
( ) ( ) ( ) ( )

La expresión (2.22) corresponde a la energía por unidad de tiempo que se transmite a


través del punto Q de la cuerda, en el instante t. Si a lo largo de la cuerda se propaga una
onda armónica descrita por la función de onda ( ) ( ), la potencia
instantánea ( ) adopta la forma

( ) ( )

El máximo valor que puede tomar la potencia instantánea es ,


donde se han empleado las relaciones √ ⁄ y ⁄ para sustituir F y k. Sin
embargo, en medidas macroscópicas de magnitudes físicas que oscilan en el tiempo, los
instrumentos de medición arrojan información sobre los valores promedio por ciclo, más
que valores instantáneos, de esas magnitudes. Teniendo en cuenta que el promedio por
ciclo del cuadrado de la función seno es ̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅
( ) , podemos escribir la potencia
promedio por ciclo como

̅ ( ) ̅ ( )

donde ̅ representa la energía por unidad de longitud que transporta la onda en


la cuerda. En la Ec. (2.23) se hace evidente que la energía se transmite a lo largo de la
cuerda a la misma rapidez con que se propaga la onda. Además, puede notarse que la
51

potencia promedio por ciclo es proporcional al cuadrado de la amplitud de la onda, lo cual


es de esperarse teniendo en cuenta que cuando se propaga una onda armónica cada partícula
de la cuerda describe un M.A.S., y en este tipo de movimiento la energía total es
proporcional al cuadrado de la amplitud de oscilación.

Intensidad de las ondas sonoras. En una onda transversal en una cuerda se transmite
energía en una sola dimensión, de un punto a otro de la cuerda. En contraste, una onda
sonora en una columna de gas transporta energía a través de una sección transversal, de
manera que, en condiciones de homogeneidad, la energía transferida por unidad de tiempo
se distribuye uniformemente sobre toda el área de la sección transversal. Podemos entonces
introducir una nueva magnitud física que representa la energía promedio que se transmite
por unidad de tiempo y unidad de área, la cual recibe el nombre de intensidad de la onda.
Consideremos entonces el transporte de energía a lo largo de una columna de gas, mediante
la propagación de una onda sonora. En la Figura 2.7 se puede apreciar una sección
transversal de área S (perpendicular al plano del dibujo) en un tubo que contiene el gas.
Cuando se propaga la onda sonora hacia la derecha, la columna de gas a la izquierda de la
sección transversal S ejerce una fuerza neta ( ) ( ) sobre la que se encuentra a
su derecha.

Figura 2.7: Transmisión de energía a través de la sección transversal S.

La fuerza F ocasiona un desplazamiento longitudinal ( ) de la sección transversal,


realizando trabajo. La potencia instantánea transmitida a través de la sección transversal S
es ( ) ( ) ( ) ( ) ( ), que puede expresarse en términos de las
derivadas de ( ) haciendo uso de la relación (2.14) y recordando que ⁄ . De
esta manera se obtiene para la potencia instantánea

( ) ( )
( ) ( )

Para una onda armónica descrita por la función ( ) ( ), la potencia


instantánea queda

( ) ( ) ( )
52

en la que se han utilizado las expresiones (2.8) y (2.16) para escribir el número de onda k y
el módulo volumétrico B en términos de la velocidad de propagación de la onda. Igual que
para las ondas transversales en la cuerda, a nivel macroscópico la cantidad relevante es la
potencia promedio por ciclo, la cual en este caso está dada por

̅ ( ) ̅ ( )

siendo ̅ la densidad de energía promedio (energía por unidad de volumen)


que transporta la onda. La intensidad de la onda, que describe la potencia promedio
transmitida por unidad de área transversal, está dada por

̅
̅ ( )

Aunque la expresión (2.26) se obtuvo en el caso particular de ondas sonoras, puede ser
generalizada para cualquier tipo de movimiento ondulatorio. Dicha ecuación presenta
características comunes a todas las ondas, talos como el hecho que la rata a la que se
transporta energía coincide con la rapidez de propagación de la onda y la relación de
proporcionalidad directa entre la intensidad de la onda y el cuadrado de su amplitud.

El oído humano puede percibir sonidos en un rango de frecuencias comprendido entre


20 Hz y 20000 Hz, aproximadamente. Sin embargo, el oído no presenta la misma
sensibilidad a todas las frecuencias en el rango audible, para cada frecuencia existe una
mínima intensidad audible o umbral de audición. De igual manera, a cada frecuencia
sonora corresponde una intensidad máxima, denominada umbral de dolor, por encima de la
cual el sonido puede causar molestia al oído. Los seres humanos percibimos intensidades
sonoras del orden de w/m2, o incluso un poco menores, a frecuencias cercanas a 3.5
kHz, mientras que intensidades alrededor de 1.0 w/m2 resultan molestas. Además, la
sensibilidad al sonido puede variar de una persona a otra, dependiendo de su salud auditiva.
La intensidad de un sonido es proporcional al cuadrado de la amplitud de presión o
desplazamiento, pero la percepción sonora del oído humano no es directamente
proporcional a la intensidad del sonido sino que varía logarítmicamente. Por este motivo, a
menudo se utiliza una escala logarítmica para describir el nivel de intensidad sonora β,
medida en decibeles (dB), definido por

( ) ( ) ( )

donde I es la intensidad del sonido e una intensidad de referencia que se acostumbra


2
escoger como w/m , la cual corresponde aproximadamente al umbral auditivo
humano a una frecuencia de 1.0 kHz. Un sonido con una intensidad igual a tiene un nivel
de intensidad de 0 dB, mientras que si la intensidad del sonido es de 1.0 w/m2 su respectivo
nivel de intensidad sería de 120 dB. Obviamente, para sonidos con intensidad menor que la
intensidad de referencia el nivel de intensidad sonora será negativo.
53

2.7 Frentes de onda.

Cuando se producen ondas longitudinales en el gas contenido en un tubo, mediante el


movimiento de un émbolo, aunque la onda se propaga a lo largo del tubo (eje x) la energía
que transporta la onda se distribuye sobre el área de la sección transversal del tubo,
constituyendo una situación típicamente tridimensional (3D). Dado que la superficie del
émbolo es plana, la perturbación causada por este en el gas alcanza simultáneamente a
todas aquellas partículas que poseen la misma coordenada x a lo largo del tubo, es decir, las
que se encuentran sobre un plano perpendicular al eje x. En todos los puntos sobre dicho
plano, la fase de la onda ( ) toma el mismo valor. Cada uno de esos planos
se denomina frente de onda y al tipo de onda que se propaga a lo largo del tubo se le llama
una onda plana. En general, un frente de onda se define como aquella superficie que
contiene todos los puntos alcanzados por el movimiento ondulatorio en un mismo instante
de tiempo t. También se acostumbra trazar líneas perpendiculares a los frentes de onda, que
indican direcciones de propagación, y se denominan rayos.

Consideremos ahora una situación en la que una pequeña fuente sonora (fuente
puntual), o un pequeño foco luminoso, emiten ondas uniformemente en todas las
direcciones del espacio. Es evidente que los frentes de onda resultantes, en este caso, serán
esferas concéntricas con la fuente puntual, razón por la cual este tipo de ondas se conocen
con el nombre de ondas esféricas. Ya que los radios siempre son perpendiculares a la
superficie de una esfera, los rayos correspondientes a las ondas esféricas son líneas radiales
que salen desde la fuente puntual. De otro lado, el área de los frentes de onda esféricos
aumenta con el cuadrado de la distancia r a la fuente, en la forma , y por ende la
energía promedio que transporta la onda se distribuye en una mayor área a medida que
crece la distancia a la fuente, lo cual se manifiesta en una disminución en la intensidad de la
onda ̅⁄ ⁄ . También es importante notar que a grandes distancias de la fuente,
una pequeña porción del frente de onda esférico puede aproximarse por un plano, y los
rayos son prácticamente líneas paralelas. Es decir, a distancias suficientemente grandes de
la fuente las ondas esféricas pueden aproximarse por ondas planas. En la Figura 2.8,
aparecen esquemas de los frentes de onda y rayos tanto para ondas planas como esféricas.

Figura 2.8: Esquema de frentes de onda y rayos para ondas: (a) planas y (b) esféricas.
54

Pueden identificarse otros tipos de ondas, diferentes a las planas o esféricas, según la
geometría de las fuentes que las producen. Una fuente lineal que emite ondas
uniformemente en todas las direcciones producirá ondas cilíndricas, cuyos frentes de onda
son superficies cilíndricas coaxiales. Un conjunto de fuentes puntuales distribuidas
uniformemente a lo largo de una línea recta, separadas una de otra por una pequeña
distancia, se comportan como una fuente lineal de ondas.

Para obtener una función de onda 3D adecuada para describir una onda plana,
consideremos un frente de onda plano perpendicular al eje x, el cual corresponde a una
onda plana que se propaga a lo largo de dicho eje, tal como se muestra en la Figura 2.9.
Denotamos por r al vector posición de un punto arbitrario P sobre el frente de onda. Todos
los puntos sobre el frente de onda tienen la misma coordenada x, que puede considerarse
como la proyección del vector r a lo largo de ese eje o, equivalentemente, en la dirección
del vector unitario ̂, de manera que se puede escribir ̂ . Nótese que x también
describe la distancia del frente de onda al origen de coordenadas.

Figura 2.9: Un frente de onda plano a una distancia x del origen.

Una función de onda 3D ( ) ( ) (̂ ) describe correctamente


una onda plana que se propaga a lo largo del eje x, ya que en un instante de tiempo t toma el
mismo valor en todos los puntos del espacio que tengan la misma coordenada x, es decir,
sobre un plano perpendicular al eje x. Si la onda plana se propaga en una dirección
arbitraria, paralela a un vector unitario ̂, la función de onda puede generalizarse fácilmente
haciendo el cambio ̂ ̂ , obteniéndose para la función de onda plana

( ) (̂ ) ( )

en donde la cantidad ̂ representa la distancia del frente de onda al origen de


coordenadas y f es una función arbitraria. La onda plana representada por la expresión
(2.28) se propaga con rapidez , en la dirección definida por el vector unitario ̂. Una onda
armónica plana que se propaga en la dirección ̂ puede ser descrita mediante la función de
onda
55

( ) [ (̂ ) ]

la cual puede escribirse en forma más compacta, usando la relación y definiendo


un vector ̂ ( ⁄ )̂, denominado vector de onda, para obtener la expresión

( ) ( ) ( )

El vector de onda k, también llamado vector de propagación, provee información


esencial sobre las propiedades de la onda, ya que su magnitud es igual a ⁄ y apunta en
la dirección de propagación de la onda. En coordenadas cartesianas la Ec. (2.29) puede
escribirse como ( ) ( ), en la cual , y ,
las componentes cartesianas del vector de onda, satisfacen la relación .
Puede verificarse en forma directa que esta función de onda armónica es solución de la
ecuación de onda 3D (2.4).

La situación con las ondas esféricas es algo diferente, puesto que a medida que los
frentes de onda se alejan de la fuente, la intensidad de la onda disminuye como ⁄ .
Efectivamente, la intensidad de una onda esférica puede escribirse como

̅ ̅
( )

Ahora bien, la intensidad de una onda es proporcional al cuadrado de su amplitud y por


lo tanto es de esperarse que, al menos a distancias de la fuente no muy pequeñas, la
amplitud de la onda debe variar como ⁄ . En consecuencia, la función de onda que
describe una onda armónica esférica tiene la forma

( ) ( ) ( )

siendo C una constante y r la distancia a la fuente.

Ejemplo 2.5: Los niveles de intensidad de dos sonidos de diferente frecuencia, percibidos
por un oyente, difieren en 5.0 dB. Determine la razón entre las intensidades, amplitudes de
desplazamiento y amplitudes de presión de los dos sonidos.

Solución: Designaremos por e a las intensidades de los dos sonidos, respectivamente,


mientras que y representan sus niveles de intensidad sonora. Dado que los niveles de
intensidad difieren en 5.0 dB, podemos escribir

( )[ ( ⁄ ) ( ⁄ )]

que al aplicar propiedades de logaritmos se transforma en ( ⁄ ) ⁄ , la cual


conduce a la razón entre intensidades

⁄ √
56

De otro lado, la intensidad de una onda sonora está relacionada con su amplitud de
desplazamiento a través de la expresión ̅ ( ) , donde es la
densidad del gas en equilibrio y es la frecuencia angular de la onda. Con base en
la anterior relación, la razón entre intensidades resulta ser ⁄ ⁄ √ .
Por lo tanto, el cociente entre las amplitudes de desplazamiento de los dos sonidos es

⁄ √ ( ⁄ )

lo cual significa que dicho cociente es proporcional al recíproco de la razón entre las
frecuencias de las dos ondas.

Mediante la expresión , que relaciona las amplitudes de presión y


desplazamiento de una onda sonora, es posible obtener una relación entre la intensidad de
una onda sonora y su amplitud de presión. Al despejar en términos de y sustituirla
en la expresión para la intensidad, se obtiene ̅ ⁄ . Es interesante notar que
la intensidad de la onda es directamente proporcional al cuadrado de la amplitud de presión
e independiente de la frecuencia. Usando la anterior relación, el cociente entre las
intensidades de las ondas queda ⁄ ⁄ √ y, en consecuencia, la razón
entre amplitudes de presión es

⁄ √

independiente de las frecuencias de las ondas.

2.8 Ondas electromagnéticas.

En el marco del electromagnetismo clásico, el comportamiento de los campos eléctrico


y magnético (E y B) está gobernado por cuatro leyes fundamentales que pueden expresarse
a través de un conjunto de cuatro ecuaciones acopladas para los campos E y B, conocidas
como las ecuaciones de Maxwell. Aunque Maxwell no fue precisamente quien descubriera
las cuatro leyes fundamentales, realizó un par de aportes altamente significativos para la
comprensión de los fenómenos electromagnéticos. El primero de ellos consistió en la
generalización de la ley de Ampere, conocida como ley de Ampere-Maxwell, para que
tuviese validez aún en situaciones no estacionarias en las que tanto campos como
distribuciones de cargas y corrientes eléctricas varían en el tiempo. El segundo, pero no
menos importante, aporte de Maxwell está relacionado con la predicción de la existencia de
las ondas electromagnéticas al resolver consistentemente las ecuaciones para E y B,
obteniendo soluciones de tipo ondulatorio para ambos campos. Adicionalmente, Maxwell
mostró que las ondas electromagnéticas en el vacío se propagan a la velocidad de la luz
( ), lo que le permitió concluir que la propia luz es un tipo de onda
electromagnética. Casi treinta años después del trabajo pionero de maxwell, Hertz logró
producir ondas electromagnéticas en el laboratorio en el año de 1887. En general, las ondas
electromagnéticas se originan a partir de cargas eléctricas aceleradas, tal como ocurre con
las cargas oscilantes en una antena. Además de la luz (ondas luminosas) existen muchos
otros tipos de ondas electromagnéticas, tales como las ondas de radio, microondas, rayos x,
57

etc. Todas las ondas electromagnéticas se propagan a la velocidad de la luz, pero difieren
unas de otras en sus rangos de frecuencias o longitudes de onda.

El punto de partida para el estudio de la propagación de ondas electromagnéticas a


través del espacio lo constituyen, naturalmente, las ecuaciones de Maxwell. En la Tabla 2.1
se presentan dichas ecuaciones para campos eléctricos y magnéticos en el vacío (en
ausencia de medios materiales), cuya permitividad eléctrica es
( ) y su permeabilidad magnética es .

Ley Enunciado Ecuación


El flujo del campo eléctrico E a través de
cualquier superficie cerrada S es
Ley de Gauss para E
proporcional a la carga neta encerrada ∮ ̂
por la superficie.
El flujo del campo magnético B a través
de cualquier superficie cerrada S es cero
Ley de Gauss para B
(expresión matemática de la no ∮ ̂
existencia de monopolos magnéticos).
La variación temporal del flujo
magnético a través de una superficie S
Ley de inducción de induce una fuerza electromotriz a lo
Faraday largo de la trayectoria cerrada C que ∮
limita a S, la cual siempre se opone al
cambio en el flujo magnético.
La circulación del campo magnético B a
través de cualquier trayectoria cerrada C
es proporcional a la corriente que
Ley de Ampere-
Maxwell
atraviesa cualquier superficie limitada ∮ ( )
por C más el producto de por la
variación temporal del flujo eléctrico que
atraviesa la superficie.

Tabla 2.1: Ecuaciones de Maxwell en el vacío.

Es conveniente recordar que el flujo de cualquier campo vectorial F a través de una


superficie S está definido por ∫ ̂ . Adicionalmente, si S es una superficie
cerrada, el vector unitario ̂ se escoge de tal manera que siempre apunte hacia el exterior
del volumen encerrado por la superficie S. En ausencia de cargas y corrientes eléctricas
( ), las ecuaciones de Maxwell en el vacío adoptan la forma

∮ ̂ ( ) ∮ ̂ ( )

∮ ∫ ̂ ( ) ∮ ∫ ̂ ( )

En las Ecs. ( ) y ( ), la superficie S es abierta y está limitada por la


trayectoria cerrada C. En estas dos últimas ecuaciones puede observarse una relación
58

espacio-temporal entre los vectores E y B del campo electromagnético, lo cual nos permite
intuir que una perturbación (variación temporal) del campo electromagnético podría
propagarse a través del espacio, tal como ocurre con una deformación transversal causada
en una cuerda o con una variación local de la presión en un fluido. Sin embargo, a
diferencia de la deformación en la cuerda o la fluctuación de presión en el fluido, la
perturbación en el campo electromagnético se propaga a través del propio campo, el cual
puede existir en el vacío. Por esta razón, las perturbaciones en el campo electromagnético
se pueden propagar como ondas electromagnéticas, incluso en el vacío.

Para mostrar el carácter ondulatorio en la propagación de una perturbación del campo


electromagnético, consideraremos una variación temporal de los campos E y B que se
propaga a lo largo del eje x. Bajo estas circunstancias, los campos eléctrico y magnético
solo dependerán de la coordenada x y del tiempo t, es decir, ( ) y ( ).
Esto significa que, en un instante dado, dichos campos tomarán el mismo valor en todos
aquellos puntos con igual coordenada x (sobre un plano paralelo al plano yz) y el
movimiento ondulatorio resultante se propagaría en forma de una onda plana a lo largo del
eje x. En primera instancia, mostraremos que los campos E y B son transversales
(perpendiculares) a la dirección en que se propaga la perturbación del campo
electromagnético u onda electromagnética, en este caso el eje x. Para tal fin, usaremos la
Ec. (2.32a) (ley de Gauss) asumiendo como superficie de integración la de un cubo muy
pequeño con sus lados de longitudes , y paralelos a los ejes coordenados, tal como
se muestra en la Figura 2.10.

Figura 2.10: Superficie de integración para aplicar la ley de Gauss.

Debido a que el campo eléctrico es independiente de la coordenada espacial y, los


valores de E sobre las caras superior e inferior del cubo son iguales pero los vectores
unitarios normales a dichas caras apuntan en sentidos opuestos, razón por la cual se
cancelan entre sí las respectivas integrales de superficie. Igual ocurre con las integrales
sobre las caras frontal y posterior, ya que E no depende de la coordenada espacial z. De
otro lado, los valores que toma el campo eléctrico en un instante t sobre las caras laterales
izquierda y derecha son respectivamente ( ) y ( ), mientras que los
respectivos vectores unitarios normales son ̂ ̂
e . Teniendo en cuenta que ̂ , es la
proyección del vector E en la dirección del vector unitario ̂, la Ec. (2.32a) para la ley de
Gauss se reduce a
59

∮ ̂ [ ( ) ( )]

donde se ha asumido que los lados del cubo son extremadamente pequeños. Efectuando una
expansión en serie de Taylor se obtiene ( ) ( ) , y por lo tanto

∮ ̂ ( )

siendo , el volumen del cubo. Ya que el volumen del cubo es arbitrariamente


pequeño, pero diferente de cero, en la Ec. (2.33) puede observarse que y en
consecuencia la componente del campo eléctrico no varía a lo largo del eje x. Una
componente del campo eléctrico que a lo sumo sea constante a lo largo del eje x, no ejerce
ninguna influencia sobre la propagación de la onda electromagnética en esa dirección y
puede asumirse nula. Un resultado similar se obtiene para la componente del campo
magnético, mediante la aplicación de la Ec. (2.32b). De los anteriores resultados se puede
concluir que los campos eléctrico y magnético de una onda electromagnética que se
propaga en el espacio libre son transversales a la dirección de propagación, es decir, no
tienen componentes a lo largo de dicha dirección.

Es posible obtener una primera relación entre derivadas espacio-temporales de las


componentes transversales de los campos, utilizando la ley de inducción de Faraday
expresada a través de la Ec. (2.32c). Tomaremos como trayectoria cerrada de integración el
rectángulo abcda que se muestra en la Figura 2.11, el cual se recorrerá en sentido
antihorario. Nuevamente suponemos que y son arbitrariamente pequeños.

Figura 2.11: Trayectoria de integración para aplicar la ley de Faraday.


60

La integral de línea sobre la trayectoria rectangular cerrada puede expresarse como la


suma de cuatro integrales de línea, una a lo largo de cada uno de los lados. Los valores de E
sobre los lados ab y cd son iguales, ya que el campo eléctrico no varía con la coordenada y
pero dichos lados son recorridos en sentidos opuestos y por ende la suma de las integrales
de línea sobre estos lados es cero. El lado bc se recorre verticalmente hacia arriba y el
campo eléctrico sobre dicho lado toma el valor constante ( ), de manera que
podemos escribir ( ) ̂ ( ) . Análogamente, como el
lado da se recorre verticalmente hacia abajo y el campo eléctrico toma el valor ( )
sobre ese lado, el producto punto queda ( ) . Por lo tanto, la integral de
línea al lado izquierdo de la Ec. (2.32c) puede expresarse como

∮ [ ( ) ( )]

que puede expresarse en términos de la derivada espacial de la componente mediante el


uso de la expansión ( ) ( ) , para obtener

∮ ( )

La integral de superficie que aparece en el lado derecho de la Ec. (2.32c), debe


efectuarse sobre el área encerrada por el rectángulo abcd que se encuentra sobre el plano
xy, siendo entonces el vector unitario normal ̂ ̂ . En virtud de lo anterior, la integral de
superficie queda

∫ ̂ ∫ ̂ ( )

donde se supone prácticamente constante sobre toda la superficie del pequeño


rectángulo. Al sustituir las expresiones (2.34) y (2.35) en la ley de inducción de Faraday
(2.32c), se obtiene

( )

en la que se escribe la derivada temporal como una derivada parcial, ya que la componente
no solo depende del tiempo sino también de la coordenada espacial x. La Ec. (2.36)
establece una relación entre la derivada espacial de la componente del campo eléctrico y
la derivada temporal de la componente del campo magnético, lo cual significa que en
cualquier onda electromagnética una componente del campo eléctrico siempre está asociada
a una componente del campo magnético perpendicular a ella, ya que la escogencia de la
orientación de los ejes coordenados es completamente arbitraria. Puede establecerse una
61

segunda relación entre las derivadas espacio-temporales de las componentes y ,


mediante la aplicación de la Ec. (2.32d), que corresponde a la ley de Ampere-Maxwell.
Para calcular la integral de línea en el lado izquierdo de la Ec. (2.32d), consideraremos el
rectángulo efghe que se encuentra sobre el plano xz en la Figura 2.12, cuyas dimensiones se
asumen arbitrariamente pequeñas.

Figura 2.12: Trayectoria de integración para aplicar la ley de Ampere-Maxwell.

Procediendo de manera análoga a la desarrollada en la aplicación de la ley de


inducción de Faraday, el cálculo de la integral del lado izquierdo en la Ec. (3.32d) arroja
como resultado

∮ [ ( ) ( )] ( )

mientras que para la integral de superficie del lado derecho se obtiene

∫ ̂ ∫ ̂ ( )

Remplazando las expresiones (2.37) y (2.38) en la Ec. (3.32d) se encuentra la relación


entre la derivada espacial de y la derivada temporal de , dada por

( )

Entre las Ecs. (2.36) y (2.39) podemos eliminar una de las dos componentes, o ,
derivando una de dichas ecuaciones con respecto a la coordenada x y sustituyendo la otra
en la expresión resultante. Por ejemplo, al derivar ambos lados de la Ec. (2.36) con respecto
a x se obtiene
62

( ) ( )

en la cual se ha aprovechado la conmutatividad de las derivadas parciales. Remplazando


(2.39) en la anterior expresión, se obtiene la ecuación diferencial de segundo orden para la
componente

( )

La Ec. (3.40) tiene una forma idéntica a la ecuación de onda unidimensional (1D)

con velocidad de propagación dada por

que corresponde a la velocidad de la luz en el vacío. Si se deriva la Ec. (2.39) con respecto
a x y luego se remplaza (2.36) en la expresión resultante, se obtiene exactamente la misma
ecuación de onda para la componente del campo magnético

( )

Es posible obtener ecuaciones análogas a (2.36) y (2.39), para las componentes y


, aplicando la ley de inducción de Faraday al rectángulo efghe en el plano xz y la ley de
Ampere-Maxwell al rectángulo abcda en el plano xy. Efectivamente, al utilizar la
trayectoria cerrada efghe en la Ec. (3.32c) obtenemos la relación

( )

mientras que usando la trayectoria cerrada abcda en la Ec. (3.32d) se tiene

( )

Manipulando las expresiones (2.42) y (2.43) tal como se hizo con (2.36) y (2.39), se
obtienen ecuaciones de onda idénticas a (2.40) o (2.41) para las componentes y de
los campos eléctrico y magnético asociados con la onda. Nótese que si escogemos el eje y
en la dirección del campo eléctrico, se tiene que y de la Ec. (3.42) concluimos que
la componente no varía en el tiempo y por lo tanto no juega ningún papel en la
propagación de la onda electromagnética. En efecto, en este caso el campo magnético de la
63

onda sólo tiene una componente , la cual satisface las Ecs. (2.36) y (2.39). En conclusión,
una onda electromagnética plana que se propaga en el espacio libre (con rapidez c), tiene
asociados un campo eléctrico y uno magnético que son perpendiculares a la dirección de
propagación y también perpendiculares entre sí. Cada una de las componentes de los
campos E y B satisfacen la ecuación de onda 1D y en consecuencia, los vectores E y B son
soluciones de ecuaciones diferenciales de la forma

( )

Adicionalmente, puede establecerse una relación entre los valores (magnitudes) de los
campos eléctrico y magnético presentes en una onda electromagnética. Consideremos, por
ejemplo, una onda electromagnética plana que se propaga en la dirección positiva del eje x,
en la que la componente del campo eléctrico varía armónicamente de acuerdo a la
función

( ) ( )

correspondiente a una onda armónica de amplitud , número de onda k y frecuencia


angular ω. Asociada con esta componente del campo eléctrico habrá una componente
del campo magnético, que puede obtenerse a partir de la Ec. (2.36) o (2.38). Utilizando la
Ec. (2.36) tenemos

( )

que al ser integrada con respecto al tiempo t da como resultado

( ) ( ) ( ) ( )

donde ⁄ es la velocidad de propagación de la onda electromagnética. En la


Ec. (2.46) puede notarse que las componentes y oscilan en fase y la amplitud del
campo magnético está dada por

( )

Utilizando la Ec. (2.39), se obtienen relaciones similares entre las componentes del
campo eléctrico y del campo magnético. Dado que las amplitudes de los campos
satisfacen la relación (2.47) y que además sus componentes mutuamente perpendiculares
oscilan en fase, es inmediato concluir que las propias magnitudes de los campos en
cualquier instante están relacionadas por la expresión .

Polarización de las ondas electromagnéticas. Consideremos una onda


electromagnética armónica que se propaga a lo largo del eje x, en la que el campo eléctrico
64

en cualquier instante t y para cualquier valor de la coordenada x está dirigido a lo largo del
eje y. Por lo tanto, el vector E de la onda electromagnética tiene la forma

̂ ( )̂ ( )

En virtud de las expresiones (2.36) y (2.39), el campo magnético de la onda sólo


tendrá una componente en la dirección del eje z y está dado por

̂ ( )̂ ( )

donde la amplitud del campo magnético está relacionada con la del campo eléctrico a
través de la Ec. (2.47). Cuando se presenta esta situación, se dice que la onda
electromagnética tiene polarización lineal. Una onda electromagnética polarizada
linealmente se caracteriza porque el campo eléctrico siempre tiene la misma dirección, en
este caso paralela al eje y, pero su valor varía armónicamente. Igual le ocurre al campo
magnético, que en este caso siempre está orientado a lo largo del eje z. Adicionalmente, al
efectuar el producto vectorial entre los campos eléctrico y magnético de la onda se obtiene
̂ ( ) ̂, cuya dirección coincide precisamente con aquella
en que se propaga la onda. Este resultado realmente tiene validez general, para cualquier
onda electromagnética plana que se propaga en un medio ilimitado se cumple que el
producto siempre apunta en la dirección en que se propaga la onda. El plano en que
oscila el campo eléctrico (el plano xy en este caso) se denomina plano de polarización,
mientras que la dirección en que apunta dicho campo (eje y en este caso) se llama dirección
de polarización de la onda linealmente polarizada. En la Figura 2.13 se muestra un
esquema de la orientación de los campos y sus respectivos planos de oscilación.

Figura 2.13: Orientación de los campos E y B en una onda polarizada linealmente.


65

Otra situación de interés se presenta cuando el campo eléctrico de la onda tiene dos
componentes y que están desfasadas en π/2, de manera que se puede escribir

̂ ̂ ( )̂ ( )̂ ( )

Haciendo uso de la Ec. (2.39) puede calcularse la componente conociendo , tal


como se procedió para deducir la expresión (2.46) a partir de (2.45). Análogamente, la Ec.
(2.42) permite obtener la componente partiendo de . Realizando los cálculos
respectivos, se obtiene para el campo magnético B de la onda

̂ ̂ ( )̂ ( )̂ ( )

donde ⁄ . Al efectuar el producto punto entre los campos E y B de las Ecs. (2.50)
y (2.51) se obtiene el resultado , lo cual confirma la propiedad de que los campos
eléctrico y magnético de una onda electromagnética son perpendiculares entre sí.
Similarmente, el producto cruz entre los campos E y B es

̂ ( )

que apunta, como era de esperarse, en la dirección en que la onda se propaga.

La magnitud del campo eléctrico descrito por la Ec. (2.50) es

también es constante la magnitud del campo magnético dado por (2.51). Más aún, las
expresiones ( ) y ( ) tienen la forma de las
ecuaciones paramétricas de una circunferencia de radio en el plano yz. Por lo tanto, a
medida que la onda se propaga a lo largo del eje x los vectores E y B rotan continuamente
alrededor de la dirección de propagación, manteniéndose en todo momento perpendiculares
entre sí. Por tal razón, se dice que este tipo de ondas electromagnéticas tienen polarización
circular. Adicionalmente, existen dos posibles sentidos de rotación de los vectores de
campo (horario o antihorario) dando lugar a dos tipos diferentes de polarización circular
denominadas derecha e izquierda.

De otro lado, si las amplitudes de las componentes y en la Ec. (2.50) fuesen


diferentes (digamos y ), las respectivas expresiones corresponden a las ecuaciones
paramétricas de una elipse. En tal caso se dice que la onda tiene polarización elíptica. Igual
que para la polarización circular, existen dos tipos de polarización elíptica asociados con
los posibles sentidos de rotación de los campos. En una onda electromagnética con
polarización elíptica, los campos eléctrico y magnético varían tanto en magnitud como en
dirección, siendo perpendiculares entre sí en todo instante. Esta última afirmación puede
comprobarse fácilmente a través del producto punto entre los respectivos vectores E y B
asociados con la propagación de la onda.
66

Ejemplo 2.6: Una onda electromagnética sinusoidal, con longitud de onda de 400 nm, se
propaga en el vacío en la dirección negativa del eje y. El campo eléctrico de la onda es
paralelo al eje z y tiene una amplitud de 4.510-2 N/C. Obtenga las funciones que describen
los campos E y B de la onda.

Solución: Como la onda se propaga en la dirección –y, la fase de las funciones que
describen los campos E y B debe contener la combinación , siendo k el número de
onda y ω la frecuencia angular. Además, el producto debe apuntar en la dirección de
propagación de la onda, por lo tanto cuando el campo eléctrico apunte en la dirección ̂ el
campo magnético debe apuntar en la dirección ̂, tal como se muestra en la Figura 2.14.

Figura 2.14: Orientación de los campos en el Ejemplo 2.6.

Los campos E y B en la onda con polarización lineal oscilan en fase, en este caso ambos
descritos por una función seno en la forma

( )̂ ( )̂

La longitude de onda es λ = 400 nm = 4.010-7 m, por lo tanto el número de onda es

mientras que la frecuencia angular ω se obtiene de la relación ⁄ , dando como


resultado

( )( )

De otro lado, la amplitud del campo magnético está dada por


67

Finalmente, las expresiones completas para los campos eléctrico y magnético de la onda
quedan

( ) ( ) [ (( ) ( ) )] ̂

( ) ( ) [ (( ) ( ) )] ̂

2.9 Energía y momentum en las ondas electromagnéticas.

En la sección 2.6 se obtuvo una expresión para la intensidad de las ondas sonoras,
mostrándose que puede expresarse como el producto de la densidad de energía promedio
por la velocidad de propagación de la onda, tal como aparece en la Ec. (2.26). También se
puntualizó que dicho resultado tiene validez general para cualquier tipo de onda,
obviamente considerando la respectiva velocidad de propagación y densidad de energía
promedio que transporta la onda en cuestión.

En una onda electromagnética, la energía se transporta a través de los campos eléctrico


y magnético. En cada punto del espacio vacío donde haya un campo eléctrico E existe una
densidad de energía (energía por unidad de volumen) dada por

la cual puede considerarse acumulada en dicho campo. Similarmente, la respectiva


densidad de energía asociada con la presencia de un campo magnético B en una región del
espacio es

Por lo tanto, la densidad de energía total almacenada en el campo electromagnético en


el vacío es

( )

Ahora bien, las magnitudes de los campos eléctrico y magnético de una onda
electromagnética satisfacen la relación ⁄ , donde ⁄√ es la velocidad de la
luz en el vacío. En consecuencia, la densidad de energía transportada por la onda
electromagnética puede escribirse en las formas equivalentes
68

√ ( )

en donde puede apreciarse que los campos E y B contribuyen cada uno con la mitad de la
energía que transporta la onda.

Retornando a la Ec. (2.26) para la intensidad de las ondas sonoras, la expresión


análoga correspondiente a las ondas electromagnéticas tiene la forma

̅ (̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅̅) ( )

siendo ̅ el promedio por ciclo de la densidad de energía que se propaga a través del campo
electromagnético. De esta manera, la intensidad de una onda electromagnética puede
escribirse como

̅̅̅̅
̅̅̅̅ ̅̅̅̅ ( )

Para una onda electromagnética armónica, polarizada linealmente, se tiene que el


cuadrado de la magnitud del campo eléctrico es ( ) y al tener en
cuenta que el promedio por ciclo del cuadrado de la función coseno es , podemos escribir

( )

en la cual puede notarse que la intensidad de las ondas electromagnéticas es directamente


proporcional al cuadrado de la amplitud de cualquiera de los campos, eléctrico o
magnético, siendo además independiente de la frecuencia de la onda. Para el caso de ondas
electromagnéticas con polarización circular se tiene que y su intensidad está
dada por ⁄ .

Teniendo en cuenta que en una onda electromagnética los campos E y B son


perpendiculares entre sí y que además el producto siempre está dirigido a lo largo de
la dirección de propagación, se acostumbra definir un vector

( )

denominado vector de Poynting, que caracteriza el flujo de energía a través del campo
electromagnético. En la Ec. (2.56) se observa que la intensidad de la onda electromagnética
también puede escribirse en términos del promedio por ciclo de la magnitud del vector de
Poynting, en la forma ̅. Claramente, el vector de Poynting S tiene unidades de
intensidad, es decir, energía por unidad de área y de tiempo. El flujo del vector de Poynting
a través de una superficie cualquiera puede interpretarse como la cantidad de energía que
atraviesa dicha superficie en la unidad de tiempo.
69

Además de energía, una onda electromagnética también transporta momentum, de


manera que cuando la onda incide sobre una superficie puede transferirle un cierto
momentum por unidad de tiempo. En términos de la segunda ley de Newton, esto significa
que la onda electromagnética ejerce una fuerza a la superficie al incidir sobre ella (la fuerza
es igual a la razón de cambio temporal del momentum, ⁄ ). Por lo tanto, es posible
identificar una presión ejercida por la onda electromagnética sobre la superficie,
denominada presión de radiación, como la fuerza normal por unidad de área. Para calcular
el momentum por unidad de volumen o densidad de momentum que transporta la onda, es
conveniente establecer la relación entre energía y momentum para una onda
electromagnética. Dado que las ondas electromagnéticas viajan a la velocidad de la luz c, es
indispensable utilizar expresiones relativistas para energía y momentum.

La energía y momentum relativistas asociados con el movimiento de una partícula de


masa m que se mueve con velocidad v están dados por

√ ⁄ √ ⁄

donde puede notarse que una partícula de masa finita debe moverse con rapidez ,
puesto que de moverse con rapidez c tendría energía y momentum infinitos. Sólo partículas
de masa cero, como el fotón, pueden moverse a la velocidad de la luz. Combinando las
expresiones anteriores, se obtiene

( )

que corresponde a la relación entre energía y momentum relativistas. Si la partícula se


mueve a la velocidad de la luz, la magnitud de su momentum es ⁄ . Para una onda
electromagnética tenemos que y transporta una densidad de energía , por lo tanto la
magnitud del momentum por unidad de volumen que transporta la onda en la dirección de
propagación es ⁄ . La densidad de momentum promedio por ciclo que se propaga
con la onda electromagnética es entonces

̅
̅ ( )

Consideremos una onda electromagnética que incide normalmente sobre una


superficie. Durante un intervalo de tiempo , el momentum total que incide normalmente
sobre una región de área A en la superficie estaría contenido en un cilindro de área
transversal A y altura , por lo tanto su magnitud es ̅ . Si la superficie es
perfectamente absorbente (absorbe toda la radiación electromagnética que incide sobre
ella), absorberá todo el momentum que incide sobre la región de área A durante el
intervalo de tiempo y, en consecuencia, la fuerza promedio ejercida por la radiación
incidente sobre la superficie es ⁄ ̅ ̅. La fuerza normal por unidad de
área, o presión de radiación, está dada por
70

̅ ( )

Si por el contrario, la superficie es perfectamente reflectora de manera que refleja toda


la radiación electromagnética que incide sobre ella, el momentum que transporta la onda
invertirá su sentido y por ende el momentum total transferido a la superficie, al igual que la
presión de radiación, será el doble que en el caso anterior, es decir, ̅ ⁄ . En
general, una superficie absorbe una fracción de la radiación que incide sobre ella y refleja la
fracción restante, por lo tanto la presión de radiación ejercida sobre la superficie estará
entre los valores ̅ y ̅, para el caso de incidencia normal.

La existencia de la presión de radiación fue propuesta inicialmente por el propio


Maxwell hacia el año de 1870, sin embargo, los primeros experimentos tendientes a medir
el efecto de dicha presión sólo fueron llevados a cabo 30 años más tarde. La curvatura de la
cola de los cometas es uno de los múltiples fenómenos que puede explicarse en términos de
la presión de radiación, en este caso la presión ejercida por la radiación electromagnética
emitida por el sol. Debido a que la presión de radiación aumenta con la cuarta potencia de
la temperatura, en el interior de las estrellas esta presión puede llegar a ser extremadamente
grande, inclusive aumentando considerablemente la presión de gas dentro de la estrella e
impidiendo el colapso gravitacional de la misma.

Ejemplo 2.7: Una bombilla de 60 W emite luz uniformemente en todas las direcciones, con
una eficiencia aproximada del 5% (sólo el 5% de la energía se transforma en luz visible).
Calcule las amplitudes de los campos E y B a una distancia de 10.0 m de la bombilla,
asumiendo que esta emite ondas sinusoidales.

Solución: Como la eficiencia es del 5%, la potencia promedio emitida por la bombilla en
forma de luz visible es ̅ , la cual se emite uniformemente en
todas las direcciones. Por lo tanto, la intensidad de la onda a una distancia r = 10.0 m de la
bombilla es

̅
( )

Para una onda sinusoidal la intensidad está relacionada con la amplitud del campo eléctrico
a través de , de donde la amplitud del campo eléctrico está dada por


√ √( ⁄ )( ⁄( ))
,

y la amplitud del campo magnético es entonces



71

que corresponde aproximadamente a la diezmilésima parte del campo magnético terrestre,


cuyo valor aproximado es de T.

Ejemplo 2.8: La tierra refleja casi el 40% de la luz solar incidente. Sabiendo que la
intensidad de la radiación proveniente del sol es de 1.34 KW/m2, ¿cuál es la presión de
radiación ejercida sobre la tierra al medio día?

Solución: De toda la radiación electromagnética proveniente del sol, la tierra refleja una
fracción y absorbe la fracción restante . Al medio día dicha radiación
incide normalmente sobre la superficie terrestre, de manera que la fracción de radiación
reflejada ejerce sobre la superficie terrestre una presión ( ̅ ), mientras que la absorbida
contribuye a la presión con una cantidad ( ) ̅. En consecuencia, la presión de
radiación total ejercida sobre la tierra es

̅ ( )̅ ( )̅ ( )

Dado que la intensidad media de la radiación solar es de 1.34103 W/m2, la presión ejercida
por la radiación solar sobre la tierra tiene el valor

( )( )

Este valor es demasiado pequeño en comparación con la presión atmosférica que actúa
sobre la superficie terrestre, la cual es 105 Pa aproximadamente.

2.10 Espectro electromagnético.

En general, los mecanismos físicos involucrados en procesos de emisión de radiación


electromagnética están relacionados con cargas eléctricas aceleradas. Una carga eléctrica en
reposo o un conductor que transporta una corriente estacionaria, constante en el tiempo, no
emiten ningún tipo de onda electromagnética. Sin embargo, un circuito que transporta una
corriente eléctrica que varía armónicamente en el tiempo (corriente alterna), produce ondas
electromagnéticas con igual frecuencia que aquella con que oscila la corriente en el
circuito. Todas las ondas electromagnéticas se propagan en el vacío con la misma velocidad
c, que corresponde a la velocidad de la luz. Desde el punto de vista fundamental, las ondas
electromagnéticas de una u otra clase sólo difieren en su longitud de onda o frecuencia. Las
denominaciones adoptadas para los diferentes tipos de ondas electromagnéticas están
relacionadas únicamente con la manera, o fuente, utilizada para producir cada una de ellas.
Existe un rango muy amplio de frecuencias o longitudes de onda para las ondas
electromagnéticas, han sido detectadas ondas electromagnéticas con frecuencias desde unos
cuantos Hz hasta 1024 Hz. Fue el físico alemán Heinrich Hertz quien produjo por primera
vez en el laboratorio ondas electromagnéticas en el año de 1887, utilizando como fuente
una corriente oscilante en un circuito LC. Para detectar las ondas electromagnéticas
producidas y estudiar sus propiedades, Hertz utilizó otros circuitos sintonizados a la misma
frecuencia.
72

El conjunto de todas las longitudes de onda o frecuencias de los diferentes tipos de


ondas electromagnéticas existentes recibe el nombre de espectro electromagnético. Aunque
no existe una frontera bien definida entre un tipo de onda y otro, convencionalmente se
distinguen en el espectro electromagnético ciertas regiones, tales como: ondas de radio,
microondas, radiación infrarroja, luz visible, radiación ultravioleta, rayos X y rayos gamma,
mencionadas en orden descendente de longitud de onda (o ascendente de frecuencia). En la
Tabla 2.2 aparecen las diversas regiones del espectro electromagnético con sus respectivos
rangos de longitud de onda y frecuencia.

Rango longitud de Rango frecuencia


Tipo de radiación
onda (m) (Hz)
Ondas de radio: Pueden producirse a partir de
corrientes oscilantes en dispositivos tales
0.1 – 104 3.0104 – 3.0109
como antenas. Usadas para transmisiones de
radio o televisión.
Microondas: También producidas por
dispositivos con corrientes oscilantes, tales
10-4 – 0.3 109 – 3.01012
como circuitos LC. Se usan en celulares,
hornos microondas y radares.
Radiación infrarroja: Emitidas por objetos a
la temperatura ambiente. Usadas en
traumatología, fotografía infrarroja y 7.010-7 – 10-3 3.01011 – 4.31014
espectroscopía vibracional.
Luz visible: La pequeña parte del espectro
detectable por el ojo humano. Producida por
4.010-7 – 7.010-7 4.31014 – 7.51014
transiciones energéticas de los electrones
externos en los átomos.
Radiación ultravioleta: Su principal fuente es
el sol. Las moléculas de ozono en la
estratosfera absorben buena parte de esta 6.010-10 – 4.010-7 7.51014 – 5.01017
radiación, disminuyendo su efecto dañino
sobre la piel humana.
Rayos X: Producidos mediante el frenado de
electrones de alta energía y por transiciones
energéticas de electrones internos en los 10-12 – 10-8 3.01016 – 3.01020
átomos. Con amplio uso en medicina y
cristalografía.
Rayos gamma: Emitidos desde el núcleo
atómico por elementos radioactivos o en
reacciones nucleares. Es el tipo de radiación 10-14 – 10-10 3.01018 – 3.01022
más penetrante que existe, pudiendo causar
daños a nivel interno de las células.

Tabla 2.2: Regiones del espectro electromagnético.

Puede observarse en la Tabla 2.2 que algunas de las regiones en que se divide el
espectro electromagnético se superponen entre sí, de tal manera que no existen espacios ni
límites perfectamente definidos entre los diferentes tipos de radiación electromagnética.
También se nota que la franja correspondiente a la luz visible es extremadamente angosta
en comparación con las demás. Cada tonalidad de color que puede identificar el ojo en el
rango visible corresponde a una longitud de onda, o mejor un pequeño intervalo de
longitudes de onda alrededor de un cierto valor central característico. Sin embargo, el ojo
73

humano no es igualmente sensible a todos los colores o longitudes de onda de la luz visible,
presentando máxima sensibilidad para longitudes de onda alrededor de 5.510-7 m que está
muy cerca al límite entre los colores verde y amarillo. La luz blanca está compuesta por
todas las longitudes de onda visibles.

Referencias.

 M. Alonso y E. J. Finn, Física, Addison-Wesley Iberoamericana, Wilmington,


Delaware (1995).
 P. A. Tipler, Física I y II (3° Edición), Editorial Reverté, Barcelona (1992).
 F. W. Sears, M. W. Zemansky, H. D. Young y R. A. Freedman, Física Universitaria
Vol. 1 y II (12° Edición), Pearson Educación, México (2009).
 R. Resnick, D. Halliday and J. Walker, Fundamentals of Physics (8° Edición), John
Wiley & Sons, Hoboken NJ (2008).
 R. A. Serway y J. W. Jewett, Física para Ciencias e Ingeniería Vol. 1 y II (7° Edición),
Cengage Learning Editores, México D. F. (2008).
 A. P. French, Vibrations and Waves, W. W. Norton & Company Inc., New York
(1971).
 D. H. Towne, Wave Phenomena, Dover Publications Inc., New York (1967).
74

3. PROPIEDADES DE LAS ONDAS


El capítulo anterior tiene que ver con la descripción del movimiento ondulatorio y la
propagación de ondas mecánicas y electromagnéticas en medios ilimitados. En el presente
capítulo se abordará el estudio de algunas propiedades comunes a todos los tipos de ondas,
como son la superposición e interferencia, reflexión, refracción y difracción. Algunas de
estas propiedades, tales como la interferencia y difracción, son características particulares
del movimiento ondulatorio, las cuales no se presentan, por ejemplo, en el movimiento de
partículas. Inicialmente se discutirá la superposición de ondas en una dimensión con el fin
de estudiar, como casos de especial interés, la formación de ondas estacionarias en cuerdas
y tubos sonoros, al igual que la formación de paquetes de ondas. Luego se analizará el
comportamiento de las ondas cuando inciden sobre superficies que son fronteras entre
medios diferentes, en particular se tratarán los fenómenos de reflexión y refracción de
ondas. Finalmente se abordará el estudio de la interferencia de ondas en tres dimensiones y
se discutirá el fenómeno de difracción.

3.1 Superposición de ondas en una dimensión.

Cuando escuchamos tonadas musicales provenientes de dos parlantes diferentes,


podemos distinguir de manera relativamente fácil las canciones provenientes de uno u otro
parlante. Similarmente, cuando una orquesta toca una obra musical es posible identificar los
sonidos individuales de los diferentes instrumentos. La ocurrencia de este tipo de
situaciones es una evidencia de que las ondas provenientes de fuentes diferentes se
combinan en una forma sencilla, el sonido resultante que perciben nuestros oídos es
simplemente la suma algebraica de las ondas sonoras provenientes de cada fuente
individual. Este es el llamado principio de superposición, el cual establece que: si dos o
más ondas se propagan a través de un medio, la onda resultante es la suma algebraica de
las ondas individuales. Desde el punto de vista matemático, el principio de superposición
es una consecuencia directa del carácter lineal de la ecuación de onda. Si dos funciones de
onda y son soluciones de la ecuación de onda, cualquier combinación lineal de la
forma también es solución.

El principio de superposición se presenta para las llamadas ondas lineales, las cuales
se caracterizan por tener generalmente amplitudes relativamente pequeñas en comparación
con su longitud de onda. El principal requisito que debe satisfacerse para que las ondas que
se propagan en un medio tengan un carácter lineal, y por ende cumplan el principio de
superposición, es que el medio obedezca la ley de Hooke. Cuando la amplitud de las ondas
es muy grande, puede ocurrir que se exceda el límite elástico lineal del medio y no se
verifique en este la ley de Hooke. En tal caso no es válido el principio de superposición, tal
como se ha enunciado, debido a que la respectiva ecuación de onda no sería lineal. En todas
las discusiones futuras se asumirá el comportamiento lineal de la ecuación de onda y, en
consecuencia, la validez del principio de superposición de ondas.
75

Consideremos dos ondas armónicas que se propagan en un medio 1D con igual


amplitud, frecuencia y longitud de onda, pero cuyas fases difieren en una constante δ. Las
funciones de onda asociadas con la propagación de dichas ondas tienen la forma

( ) ( ) ( ) ( )

La onda resultante es entonces

( ) ( ) ( ) [ ( ) ( )] ( )

que con la ayuda de la identidad ( ) ( ), se


transforma en

( ) [ ( )] ( ) ( )

La onda resultante, descrita por la Ec. (3.2), es una onda armónica con igual frecuencia
angular y número de onda que las ondas y que se superponen, pero con una amplitud
igual a ( ) y una constante de fase que es la mitad de la diferencia de fase entre las
ondas iniciales. Es importante resaltar que la amplitud de la onda resultante depende de la
diferencia de fase entre las ondas que se superponen.

Figura 3.1: Superposición de ondas armónicas con igual A, ω y k, para 4 valores diferentes
de la diferencia de fase entre ellas: (a) , (b) , (c) y .
76

El máximo valor de la amplitud de la onda resultante, que es el doble de la amplitud de


cualquier onda individual, se obtiene cuando las ondas y están en fase ( ). En
este caso, las crestas y valles de las ondas individuales coinciden en las mismas posiciones
dando lugar a una amplitud resultante igual a . Cuando se presenta esta situación, tal
como se ilustra en la Figura 3.1a, se dice que hay interferencia constructiva. En general, las
dos ondas interfieren constructivamente cuando ( ) , es decir, cuando δ es un
múltiplo entero de 2π. En contraste, en la Figura 3.1b se muestra el caso en que la onda
resultante tiene una amplitud igual a cero, presentándose interferencia destructiva, lo cual
ocurre cuando las crestas de una de las ondas coinciden con los valles de la otra y
viceversa, es decir, para . En forma más general, puede afirmarse que se presenta
interferencia destructiva siempre que la diferencia de fase δ entre las ondas que se
superponen sea un múltiplo entero impar de π.

Cuando la diferencia de fase toma un valor intermedio entre 0 y π, la amplitud de la


onda resultante puede tomar valores entre 0 y 2A. En las Figuras 3.1c y 3.1d se presentan
los casos en que y , respectivamente. Como una curiosidad, puede notarse que
en el segundo de estos casos ( ), la amplitud de la onda resultante es exactamente
igual a la amplitud de cada una de las ondas individuales. En cada una de las Figuras 3.1, se
han graficado las funciones de onda para un instante de tiempo fijo (t = 0), correspondiendo
a la forma de la onda en dicho instante.

3.2 Ondas estacionarias unidimension ales.

Un caso de particular interés, relacionado con la superposición de ondas en una


dimensión, tiene que ver con la onda resultante al superponer dos ondas de igual frecuencia
y longitud de onda que se propagan en sentidos opuestos a lo largo de un medio 1D, como
por ejemplo una cuerda o un tubo sonoro. La onda que resulta de esta superposición no es
precisamente una onda viajera que se propague en uno u otro sentido, sino que consiste en
una configuración invariante en el tiempo, conocida comúnmente con el nombre de onda
estacionaria. A continuación estudiaremos dos tipos de ondas estacionarias en una
dimensión, obtenidas a partir de la superposición de ondas transversales en una cuerda o de
ondas longitudinales en un tubo lleno de un gas.

Ondas estacionarias en una cuerda. Consideremos una cuerda tensa que se extiende a
lo largo del eje x, con su extremo izquierdo fijo en x = 0. Supongamos que se imprime un
movimiento armónico simple al otro extremo, produciendo una onda sinusoidal que se
propaga en el sentido negativo del eje x, viajando hacia el extremo izquierdo fijo. Al incidir
sobre el punto x = 0, se interrumpe el medio de propagación de la onda y la potencia que
transporta deberá propagarse ahora en sentido contrario, ya que la energía se conserva. De
esta forma, se origina una onda reflejada que se propaga en el sentido positivo del eje x.
Las ondas incidente y reflejada pueden ser descritas, respectivamente, mediante las
funciones de onda

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

de modo que la onda resultante a lo largo de la cuerda está dada por


77

( ) ( ) ( )

Dado que el extremo x = 0 de la cuerda permanece fijo, en cualquier instante t debe


cumplirse que

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

donde se ha usado el hecho de que la función seno es impar. De la anterior ecuación


concluimos que , pudiéndose escribir la onda resultante en la forma

( ) [ ( ) ( )] ( )

Utilizando las identidades ( ) , la Ec. (3.4)


se transforma en

( ) ( ) ( )

Claramente puede observarse que la Ec. (3.5) no describe una onda viajera que se
propague en uno u otro sentido del eje x, ya que en ninguno de los factores aparece una fase
de la forma . El factor , tal como se discutió en el capítulo 1, está asociado
con un movimiento armónico simple de frecuencia angular ω o periodo ⁄ , sin
embargo, la respectiva amplitud es una función de la coordenada x a lo largo de
la cuerda. Por lo tanto, la función de onda (3.5) describe una situación estacionaria en la
que todas las partículas de la cuerda describen M.A.S. de igual frecuencia y en fase, pero la
amplitud de oscilación de cada partícula depende de su ubicación a lo largo de la cuerda.
Este tipo de movimiento ondulatorio, que se conoce como onda estacionaria, resulta de la
superposición de dos ondas con igual amplitud, frecuencia angular y número de onda que
se propagan en direcciones opuestas,

Habrá algunas partículas de la cuerda cuya amplitud de oscilación es igual a cero


(permanecen fijas), esto ocurre en todos aquellos puntos donde se satisface la condición
, es decir

Teniendo en cuenta que el número de onda es ⁄ , las posiciones de esos puntos


a lo largo de la cuerda están dadas por

( )

Estos puntos de amplitud de oscilación nula reciben el nombre de nodos. La


separación entre nodos adyacentes a lo largo de la cuerda, como puede verificarse en la Ec.
(3.6), es igual a media longitud de onda ( ⁄ ).
78

También existen puntos de máxima amplitud de oscilación (igual a 2A), denominados


antinodos, en los que se satisface la condición y por ende

En consecuencia, las posiciones de los antinodos a lo largo de la cuerda son

( )

Al igual que ocurre con los nodos, la distancia entre antinodos adyacentes es ⁄ . En
el punto medio entre cualquier par de nodos siempre hay un antinodo, de modo que la
distancia entre un nodo y el siguiente antinodo es ⁄ . Las Ecs. (3.6) y (3.7) definen las
posiciones de los nodos y antinodos a lo largo de una cuerda con su extremo izquierdo fijo
en x = 0, sin embargo, hasta el momento no se ha impuesto ninguna condición sobre el otro
extremo de la cuerda, digamos x = L. En muchas ocasiones, tal como ocurre en los
instrumentos de cuerdas (guitarra, violín, piano, etc.), el extremo de la cuerda en x = L
también está fijo. En esos casos, habrá un nodo en cada extremo de la cuerda. Como la
distancia entre nodos sucesivos en la cuerda es ⁄ , la longitud L de la cuerda debe ser un
número entero de medias longitudes de onda, es decir

( )

Por lo tanto, en una cuerda fija en ambos extremos sólo es posible la formación de una
onda estacionaria si su longitud de onda satisface la condición (3.8). Los posibles valores
de las longitudes de onda que conducen a ondas estacionarias en la cuerda son

( )

Debido a las condiciones de frontera impuestas sobre los extremos de la cuerda,


consistentes en que debe haber un nodo en cada extremo, solamente existen unos ciertos
patrones o modos naturales discretos de oscilación de la cuerda para la formación de ondas
estacionarias en ella. Estos modos naturales de oscilación de la cuerda se conocen con el
nombre de modos normales. Cada modo normal de oscilación de la cuerda está
caracterizado por una de las longitudes de onda descritas por la Ec. (3.9). Para el primer
modo normal (n = 1), la longitud de onda correspondiente es y por lo tanto la
longitud de la cuerda equivale a media longitud de onda, de manera que en el extremo
izquierdo hay un nodo y en el derecho se encuentra el nodo inmediatamente siguiente al
anterior. En el segundo modo normal (n = 2) se tiene que , razón por la cual se forma
un nodo justo en el centro de la cuerda, mientras que en el extremo derecho se ubica el
segundo nodo posterior al existente en el extremo izquierdo. A medida que aumenta en 1 el
índice n, que denota el n-ésimo modo normal de oscilación de la cuerda, aparecerá cada vez
un nuevo nodo a lo largo de la misma. En la Figura (3.2) se esquematizan los primeros
cuatro modos normales de oscilación de una cuerda fija en ambos extremos.
79

Figura 3.2: Primeros 4 modos normales de oscilación de una cuerda con extremos fijos.

La frecuencia con que vibra la cuerda en el n-ésimo modo normal se obtiene a partir de
la expresión ⁄ , donde es la velocidad de propagación de las ondas transversales
en la cuerda. Recordando que la velocidad de propagación de las ondas transversales en una
cuerda es √ ⁄ , siendo F la tensión en la cuerda y μ su densidad lineal de masa,
entonces se puede escribir

√ ( )

La frecuencia natural de oscilación más baja para la cuerda fija en ambos extremos,
denominada frecuencia fundamental, corresponde al primer modo normal (n = 1) y es
simplemente
80

√ ( )

cualquier otra frecuencia de onda estacionaria en la cuerda puede expresarse como


y corresponde a un múltiplo entero de la frecuencia fundamental. En consecuencia, las
posibles frecuencias de ondas estacionarias en la cuerda fija en ambos extremos
corresponden a la serie , que se acostumbra nombrar como serie armónica.
Cada una de las frecuencias de los modos normales es un armónico, por ejemplo, la
frecuencia fundamental es el primer armónico, la frecuencia es el segundo
armónico, y así sucesivamente.

La existencia de un conjunto discreto de frecuencias normales de vibración de una


cuerda con sus dos extremos fijos, constituye el principal fundamento teórico para la
fabricación de instrumentos musicales tales como guitarra, violín, violonchelo o piano,
denominados instrumentos de cuerda. La vibración producida al pulsar, arquear o golpear
una cuerda es transmitida a las partículas del aire circundante, creando en este una onda
sonora que puede ser detectada por nuestro oído. En general, cuando se produce una
deformación en una cuerda la vibración resultante no contiene necesariamente un solo
armónico, sino una combinación de varios de ellos. Para obtener un armónico en particular,
debería producirse en la cuerda una deformación cuya forma coincida con la del armónico
escogido. La frecuencia asociada con determinada nota musical es precisamente la
fundamental, mientr4as que las demás frecuencias en la serie armónica constituyen los
respectivos sobretonos. Al observar la Ec. (3.11), puede notarse que las cuerdas de mayor
longitud producen notas más graves (de menor frecuencia), mientras que las notas agudas
(de mayor frecuencia) son producidas por cuerdas más cortas. De igual manera, las cuerdas
más gruesas generan notas más graves, ya que poseen mayor densidad lineal de masa. Para
afinar los instrumentos de cuerda a las frecuencias correctas, los músicos pueden modificar
la frecuencia fundamental de cada cuerda variando su tensión mediante mecanismos de
tornillos o clavijas. Adicionalmente, puede variarse el tono emitido por una cuerda
presionándola en diferentes puntos a lo largo del diapasón, de manera que se cambia la
longitud efectiva de la porción oscilante de la cuerda.

De acuerdo a la discusión anterior, las posibles frecuencias de las ondas estacionarias


en la cuerda con extremos fijos no pueden tomar cualquier valor, sino que están cuantizadas
(son múltiplos enteros de la frecuencia fundamental). Este es, posiblemente, uno de los
ejemplos de cuantización más simples que se presentan en sistemas físicos, sin embargo,
pueden identificarse en él algunas de las características generales más importantes de los
sistemas cuantizados. Específicamente, la aparición de un conjunto discreto de modos
normales de oscilación y sus respectivas frecuencias cuantizadas es una consecuencia
directa de las condiciones de frontera impuestas sobre la cuerda (debe existir un nodo en
cada extremo). Dicho en otras palabras, las ondas estacionarias en la cuerda y la energía
asociada a ellas están confinadas en una región finita a lo largo del eje x, entre x = 0 y x =
L. Los conceptos de confinamiento y cuantización están muy estrechamente relacionados
en los diferentes sistemas físicos y más notoriamente en sistemas microscópicos. Los
electrones en átomos o moléculas están confinados dentro de un volumen finito en el
espacio, razón por la cual su energía no puede tomar cualquier valor arbitrario, sino
81

solamente un cierto conjunto discreto de valores denominados niveles de energía. Cada


nivel de energía corresponde a un estado estacionario en el que un electrón puede
permanecer con una energía constante. En la Figura (3.3) se presenta un típico diagrama de
niveles de energía del electrón en el átomo de Hidrógeno, en el que las energías de cada
uno de los niveles se han expresado en electrón-voltios (1 eV = 1.610-19 J).

Figura 3.3: Niveles de energía del electrón en el átomo de Hidrógeno.

Ondas estacionarias en una columna de gas. Así como la formación de ondas


estacionarias en una cuerda con sus dos extremos fijos es la base para diseñar instrumentos
de cuerda, la construcción de instrumentos musicales de viento se fundamenta en la
formación de ondas estacionarias en la columna de aire existente dentro de un tubo, bien
sea abierto en ambos extremos o cerrado en uno de ellos. Cuando se propagan ondas
longitudinales en un gas contenido en el interior de un tubo de longitud finita L, en los
extremos del tubo las ondas se reflejan como una consecuencia de la discontinuidad del
medio donde se propagan originalmente (gas confinado en el interior del tubo). La
superposición de ondas que viajan en sentidos opuestos a lo largo del tubo trae como
resultado la formación de ondas estacionarias longitudinales. En un extremo abierto del
tubo la presión toma un valor constante, igual a la presión atmosférica externa, por lo tanto
la variación de presión es nula y en dicho extremo se presenta entonces un nodo de presión.
Como las ondas de presión y desplazamiento están desfasadas en ⁄ , en ese mismo punto
habrá un antinodo de la onda de desplazamiento. Hablando en sentido más estricto, el
antinodo de desplazamiento no se forma exactamente en el extremo abierto del tubo sino un
poco más afuera de dicho extremo (en un tubo de sección transversal circular el antinodo se
presenta a una distancia del extremo abierto, aproximadamente igual al 30% del diámetro
del tubo). Sin embargo, si el diámetro del tubo es suficientemente pequeño en comparación
con su longitud, dicho efecto puede ser ignorado. De otro lado, en un extremo cerrado
habrá una barrera que impide el desplazamiento longitudinal de las partículas del gas,
originándose un nodo de la onda de desplazamiento y por ende un antinodo de presión.
82

Consideremos inicialmente un tubo abierto en ambos extremos, de manera que en cada


extremo hay un antinodo de desplazamiento, o un nodo de presión. Debido a que la
distancia entre nodos o antinodos adyacentes en una onda estacionaria siempre es igual a
media longitud de onda, entonces la longitud L del tubo debe satisfacer la condición

( )

Cada valor de n corresponde a un modo normal de vibración del gas dentro del tubo.
En consecuencia, la longitud asociada con el n-ésimo modo normal es ⁄ , tal como
en el caso de las ondas estacionarias transversales en una cuerda con sus extremos fijos. Sin
embargo, en el caso presente ocurren antinodos (en vez de nodos) en los extremos del tubo.
Las frecuencias normales de vibración del gas en el tubo están dadas por

( )

donde es la velocidad del sonido en el gas. La frecuencia fundamental es entonces


⁄ y cualquier otra frecuencia normal es un múltiplo entero de la frecuencia
fundamental, por lo tanto las frecuencias normales de vibración del gas dentro del tubo
conforman la serie armónica , idéntica a la obtenida para las ondas
estacionarias en una cuerda. En la Figura 3.4 se esquematizan los tres primeros modos
normales de vibración de las partículas del gas dentro de un tubo abierto en ambos
extremos. Las curvas a trazos representan la amplitud de desplazamiento longitudinal a lo
largo del tubo.

Figura 3.4: Modos normales de vibración del gas en un tubo abierto en ambos extremos.
83

Para un tubo cerrado en un extremo la situación es algo diferente, ya que en este caso
siempre existirá un nodo de desplazamiento en el extremo cerrado, mientras que en el
extremo abierto se formará un antinodo. Teniendo en cuenta que la distancia entre un
antinodo y el nodo adyacente es , en el primer modo normal la distancia L entre los
extremos del tubo debe ser igual a un cuarto de longitud de onda ( ⁄ ). Análogamente,
para el segundo modo normal se cumple la condición ⁄ , ya que en el extremo
cerrado del tubo se ubica el segundo nodo de desplazamiento posterior al antinodo que se
presenta en el extremo abierto. En general, para cualquier modo normal se cumple que la
longitud L del tubo es un múltiplo entero impar de cuartos de longitud de onda, es decir,
para el n-ésimo modo normal se tiene que ( ) ⁄ . En la Figura 3.5 se muestran
los tres primeros modos normales de vibración del gas dentro de un tubo abierto en su
extremo izquierdo y cerrado en el derecho.

Figura 3.5: Modos normales de vibración del gas en un tubo cerrado en un extremo.

La longitud de onda asociada con el n-ésimo modo normal de vibración de las


partículas del gas dentro del tubo puede escribirse en la forma

( )

En concordancia con lo anterior, la n-ésima frecuencia normal de vibración del gas


dentro del tubo está dada por

( ) ( )

siendo la velocidad de propagación del sonido en el gas. La frecuencia fundamental,


correspondiente a n = 1, es en este caso ⁄ . Es importante resaltar que la frecuencia
84

fundamental para el tubo cerrado en un extremo es exactamente igual a la mitad de aquella


correspondiente al tubo abierto en ambos extremos. Adicionalmente, cualquier frecuencia
normal de vibración del gas dentro del tubo puede escribirse como ( ) , lo cual
significa que la serie armónica que describe la secuencia de las frecuencias normales de
vibración del gas sólo contiene armónicos impares tales como .

En sistemas físicos tales como cuerdas sometidas a tensión o tubos sonoros, la


imposición de ciertas condiciones de frontera conlleva a la aparición de modos normales de
oscilación con frecuencias muy bien definidas. Cuando se aplica una fuerza externa
periódica a estos sistemas, la amplitud de oscilación del movimiento resultante es máxima
si la frecuencia de la fuerza aplicada coincide con una de las frecuencias normales de
oscilación del sistema. Este es un típico fenómeno de resonancia, similar al discutido en el
capítulo 1. Sin embargo, los sistemas estudiados en el capítulo 1 (tales como péndulos o
sistemas masa-resorte) poseen una sola frecuencia de resonancia en amplitud, mientras que
los sistemas que albergan ondas estacionarias exhiben todo un conjunto de frecuencias
normales de vibración. Debido a que estos sistemas presentan máximas amplitudes de
oscilación cuando son excitados a sus frecuencias normales, a dichas frecuencias también
se les acostumbra llamar frecuencias de resonancia.

Ejemplo 3.1: Considere dos ondas armónicas transversales que se propagan en direcciones
opuestas a lo largo de una cuerda muy larga. Las funciones de onda que describen estas
ondas son ( ) y ( ), respectivamente. a) ¿Se
obtendrá un patrón de onda estacionaria como resultado de la superposición de dichas
ondas? b) De ser así, ¿Dónde estarán ubicados los nodos a lo largo del eje x?

Solución: La onda resultante de la superposición está dada por

[ ( ) ( )]

Utilizando la identidad ( ) ( ), con


y , obtenemos la función de onda resultante

( ) [ ( )] ( ),

la cual efectivamente tiene la forma de una onda estacionaria, ya que describe un patrón de
vibración de la cuerda en el cual cada partícula de la misma oscila con igual frecuencia,
pero con una amplitud que depende de su posición a lo largo de la cuerda. En este caso, los
puntos de la cuerda en donde se presentan nodos satisfacen la condición ( ) ,
en consecuencia el argumento de la función seno debe ser , donde n es un
número entero. En términos de la longitud de onda λ podemos escribir

de donde se obtienen las posiciones de los nodos a lo largo de la cuerda


85

( )

Fácilmente puede verificarse, en la anterior expresión, que la separación entre nodos


adyacentes sigue siendo , tal como ocurría en los casos anteriores.

Ejemplo 3.2: Una cuerda de guitarra, de longitud 63.5 cm (entre el puente y el extremo
superior del mástil), está afinada para producir la nota Si3 (frecuencia 247 Hz) cuando vibra
en su modo fundamental. a) ¿Cuál es la rapidez de las ondas transversales en esta cuerda?
b) ¿A qué distancia del puente debe un guitarrista poner su dedo para producir una nota La4
(frecuencia 440 Hz)? c) Si la tensión de la cuerda se incrementa en un 1.0%, ¿cuál será su
nueva frecuencia fundamental al vibrar libremente?

Solución: En el modo fundamental (n = 1) se tienen solamente dos nodos a lo largo de la


cuerda, uno en cada extremo, por lo tanto la longitud L de la cuerda debe ser igual a media
longitud de onda. De esta manera, la longitud de onda correspondiente es

( )

La velocidad de propagación de las ondas armónicas transversales en la cuerda puede


escribirse en la forma

( ) ( )

Al colocar el dedo en un punto de la cuerda ubicado entre el puente y el extremos superior


del mástil, se fija en dicho punto un nodo y por ende la nueva longitud efectiva de la cuerda
es . Teniendo en cuenta que la frecuencia fundamental de vibración de una cuerda
con sus dos extremos fijos está dada por

el cociente entre las frecuencias fundamentales de la cuerda, con longitudes efectivas L y


, está dado por

ya que tanto F como μ permanecen constantes. Por lo tanto, la distancia (medida desde el
puente) a la que debe pisarse la cuerda con el dedo es

( )
86

Al aumentar la tensión de la cuerda en una pequeña cantidad , la frecuencia fundamental


varía en una cantidad que es aproximadamente

En este caso, según lo propuesto en el literal c), el incremento en la tensión es .


De esta manera, el cambio de la frecuencia fundamental es

( ) √

Finalmente, la nueva frecuencia fundamental está dada por

( ) ( )

es decir, la frecuencia fundamental aumenta en un 0.5%.

Ejemplo 3.3: El canal auditivo de una persona mide aproximadamente 2.5 cm desde el
exterior hasta el tímpano, y puede modelarse como un tubo cerrado en un extremo y abierto
en el otro. a) ¿Cuál es la frecuencia de resonancia más baja del canal auditivo? b) ¿Cuántos
armónicos de dicho canal se encuentran en el rango audible? ¿Cuáles son sus frecuencias?
Asuma que la velocidad de propagación del sonido en el aire es de 343 m/s.

Solución: Las frecuencias de los modos normales de vibración del aire dentro de un tubo
abierto en un extremo y cerrado en el otro están dadas por

( )

donde es la velocidad del sonido en el aire y L la longitud del tubo. La frecuencia de


resonancia más baja del canal auditivo es entonces

( )

Efectivamente, el oído humano es altamente sensible a sonidos con frecuencias cercanas a


3500 Hz. Cualquier frecuencia normal para un tubo cerrado en un extremo y abierto en el
otro es un múltiplo entero impar de la frecuencia fundamental, es decir, ( )
con .

Teniendo en cuenta que el rango de frecuencias audibles para el oído humano está entre 20
y 20000 Hz, el más alto armónico que cae dentro del rango audible satisface la condición

( )
87

de donde se obtiene que . En consecuencia, dentro del rango audible se encontrarán


tres armónicos correspondientes a n = 1, 2 y 3. Las frecuencias de resonancia asociadas con
dichos armónicos son , y .

3.3 Paquetes de ondas.

En el estudio de la propagación de ondas en diferentes medios, hasta el momento se


han considerado únicamente situaciones en las que la velocidad de propagación sólo
depende de las propiedades físicas del medio, sin importar la longitud de onda o frecuencia
de determinada onda armónica que se propague en el medio. Por ejemplo, en una cuerda
sometida a tensión F cualquier onda armónica transversal, descrita por una función de onda
de la forma ( ) [ ( ) ], se propaga a lo largo de la cuerda con una
rapidez √ ⁄ , siendo μ la densidad lineal de masa de la cuerda. Esto significa que una
cuerda dada, bajo una tensión dada, transporta ondas armónicas de todas las posibles
longitudes de onda a la misma velocidad . Estos medios, en los que todas las ondas
armónicas se propagan con igual rapidez, reciben el nombre de medios no dispersivos. Otro
caso típico de medio no dispersivo lo constituye el vacío, con respecto a la propagación de
ondas electromagnéticas (cualquier onda electromagnética en el vacío se propaga con una
velocidad m/s). Una onda con forma arbitraria, resultado de la superposición
de muchas ondas armónicas, se propaga sin deformarse en un medio no dispersivo y con la
misma velocidad de cualquiera de las ondas armónicas componentes.

Una situación muy diferente ocurre en los medios dispersivos, ya que en dichos
medios la velocidad con que se propaga cada onda armónica varía con su longitud de onda
o frecuencia. En un medio dispersivo, la velocidad de propagación de las ondas armónicas
( ⁄ ), también llamada velocidad de fase, no es una constante independiente del
número de onda k o la frecuencia angular ω, sino que puede considerarse como una función
de k o de ω. En este caso puede asumirse que una onda armónica satisface la ecuación de
onda, pero con un valor apropiado para el parámetro que corresponde a su velocidad de
propagación. Cuando una onda de forma arbitraria se propaga en un medio dispersivo, en
general su forma no se preserva a medida que transcurre el tiempo debido a que cada una
de las ondas armónicas que la conforman posee su propia velocidad. Adicionalmente, no
resultaría razonable asociar la velocidad de propagación de la onda resultante, denominada
paquete de ondas, con la velocidad a la que se propaga una de las ondas armónicas que
conforman el paquete. Bajo estas circunstancias, parece bastante conveniente identificar un
procedimiento que nos permita obtener la velocidad con que se propaga el paquete de ondas
como un todo, dicha velocidad se conoce con el nombre de velocidad de grupo y se
acostumbra denotar como .

En procesos donde se requiera transmitir algún tipo de información o señal no es


adecuada una onda armónica, la cual posee una amplitud constante y consta de una sola
frecuencia y longitud de onda. Para transmitir una señal se requiere de una onda que tenga
una extensión finita, es decir, que inicie en un cierto instante de tiempo y termine en otro
instante posterior. Este tipo de onda se denomina pulso. Un pulso posee una amplitud
variable, la cual es diferente de cero solamente en una pequeña región del espacio o durante
un pequeño intervalo de tiempo. Para obtener un pulso es preciso superponer una gran
cantidad de ondas armónicas con números de onda y frecuencias angulares que varían en
88

forma prácticamente continua dentro de ciertos rangos y . Obviamente, la señal es


transmitida de un lugar a otro a la misma velocidad con que se propaga el pulso, es decir, a
la velocidad de grupo .

Por simplicidad matemática consideraremos el paquete de ondas más sencillo posible,


conformado por dos ondas armónicas de igual amplitud, con frecuencias angulares y
números de onda muy próximos entre sí. En un medio dispersivo, las velocidades con que
se propagan las ondas componentes son en general diferentes. Las funciones de onda de las
dos ondas armónicas pueden escribirse en la forma

( ) ( ) ( ) ( )

mientras que para la onda resultante tenemos

( ) ( ) ( ) [ ( ) ( )] ( )

Con la ayuda de la identidad trigonométrica para la suma de los senos de dos ángulos,
usada en secciones anteriores, obtenemos

( ) [ ( ) ( ) ] (̅ ̅ ) ( )

donde , , ̅ ( ) y ̅ ( ). Debido a que


y , entonces se cumplen las desigualdades ̅ y ̅. El paquete
de ondas resultante, descrito por la Ec. (3.17), puede interpretarse como una onda
sinusoidal de longitud de onda muy corta (que oscila rápidamente), modulada en amplitud
por una envolvente de longitud de onda larga. En la Figura (3.6) se muestra la forma del
paquete de ondas en un instante dado (t = 0).

Figura 3.6: Paquete de ondas.


89

A medida que transcurre el tiempo, la modulación de amplitud se desplaza a lo largo


del eje x con una velocidad igual a aquella con la que se propaga el paquete de ondas como
un todo, es decir, la velocidad de grupo . Ahora bien, el factor de modulación de
amplitud [ ( ) ( ) ] representa en sí mismo un movimiento ondulatorio
con número de onda ( ) y frecuencia angular ( ), cuya velocidad de propagación es

( )
( )

que al tener en cuenta que y son cantidades muy pequeñas, podemos escribir

( )

En el caso de un pulso de extensión finita, generado por la superposición de un gran


número de ondas armónicas, la velocidad de grupo es precisamente con la que se mueve
el pulso, es decir, corresponde a la velocidad con que se propaga la señal. La velocidad de
grupo es de gran importancia física, ya que el transporte de energía en una perturbación
ondulatoria toma lugar a la velocidad de grupo. De otro lado, la velocidad de fase está
asociada con el movimiento de una cresta en el interior del grupo o paquete de ondas. En
general, cualquiera de las relaciones , o , puede ocurrir en diferentes
situaciones físicas. Para el paquete de ondas mostrado en la Figura (3.6), los ceros del
factor de modulación de amplitud dividen la onda en grupos que avanzan con velocidad
⁄ , mientras que las crestas en el interior de un grupo se mueven a la velocidad
de fase ̅ ⁄ ̅ . Si , como ocurre en medios dispersivos, la población de un grupo
individual no permanece fija. A medida que el grupo se desplaza, algunas crestas entran por
uno de los extremos, crecen hasta alcanzar la amplitud máxima y luego decrecen hasta que
finalmente salen por el otro extremo, entrando al siguiente grupo.

Con base en la definición de velocidad de fase, ⁄ , la expresión (3.18) para la


velocidad de grupo puede escribirse en la forma

( )

que al aplicar la regla para la derivada de un producto se convierte en

( )

En medios no dispersivos, la velocidad de fase es una constante independiente de la


longitud de onda λ (o del número de onda ⁄ ), por lo tanto la velocidad de grupo se
reduce a , como era de esperarse.
90

Con el ánimo de concretar un poco más la diferencia entre velocidad de fase y


velocidad de grupo, consideremos la propagación de ondas superficiales en aguas
suficientemente profundas. A grandes longitudes de onda, la velocidad de fase para una
longitud de onda λ bien definida está dada por √ ⁄ √ ⁄ , siendo la
aceleración gravitacional. Teniendo en cuenta que ⁄ , podemos escribir

La anterior expresión establece una relación funcional ( ), la cual se conoce


con el nombre de relación de dispersión. Para obtener la velocidad de grupo
correspondiente, basta derivar la relación de dispersión con respecto al número de onda k,
obteniéndose

Es decir, la velocidad de grupo es igual a la mitad de la velocidad de fase, de manera


que las crestas componentes se desplazarán rápidamente a lo largo del grupo o paquete,
aumentando inicialmente su amplitud y luego decreciendo hasta que desaparecen
aparentemente. Este peculiar efecto puede apreciarse en la superficie del mar, por ejemplo.

3.4 Reflexión y refracción de ondas.