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PYRAMUS ET TISBE

Shakespeare adoptó el tema de Píramo y Tisbe para su Romeo y Julieta. La historia de estos dos amantes se sitúa en Babilonia: ambos
viven en dos casas vecinas que comparten una misma pared y se han enamorado. Sin embargo, como sus padres prohiben que se casen, ambos se
encuentran, conversan y se mandan besos a través de una grieta en la pared; cuando el amor se vuelve demasiado fuerte y la pared impenetrable,
deciden encontrarse los dos en un bosque en las afueras de Babilonia. Tisbe llega primero y, al ver a un león ensangrentado con su última caza,
escapa corriendo, aunque se le cae el velo, el cual desgarra el león. Píramo, cuando llega, se encuentra el velo ensangrentado de Tisbe y con el
remordimiento de haber llegado tarde para salvarla se suicida. Entonces vuelve Tisbe de la cueva donde se había escondido y ve a Píramo
muerto al lado de su velo ensangrentado: cuando comprende que ella había sido la causante de su muerte, se suicida también. Una zarzamora que
había allí, que hasta el momento daba unas moras blancas, ahora las da moradas por la sangre que se acumula en la tierra.

TEXTUS I
Pȳramus iuvenis pulcherrimus et Thisbē virgō fōrmōsissima domōs vīcīnās tenuērunt. Amantēs erant
et amor tempore crēvit. Parentēs amōrem iuvenum prohibēre temptāvērunt, sed amor viam facit. Fissum
erat in pariete domuum quod (1) nūllī per multōs annōs vīderant. Pȳramus stābat hinc, illinc Thisbē, et per
fissum verba mollia (2) murmurābant. Nocte, “Valē!” dicēbant et utrimque oscula dabant.

Deinde, Pȳramus et Thisbē, duo amāntes, consilium habent. Nocte fallere parentēs et domōs
relinquere temptābunt. Cum relīnquunt domōs et oppidum, ad tumulum Ninī (3) sub arborem convenient.
Arbor est mōrus, uberrima pomorum alborum (4), vīcīna fontī. Prīmō Thisbē pervenit et sub arbore sedet.
Ecce venit leō quī aquās fontis bibere dēsīdet. Procul Thisbē leōnem videt et in spēluncam obscūram fugit.
Ubi fugit, vēlāmina relinquit quae leō ōre cruentō laniat (5). Nunc vēnit Pȳramus; vestīgia leōnis et
vēlāmina cruenta Thisbēs (gen. sg. fem.) vīdit. Miserrimus dīxit “Ūna nox mortem duōrum amantium
vīdebit. Tū fuistī dignissima vītāe longāe. Ego sum causa mortis tuī, ego iussī tē venīre nocte in loca
perīculōsa. Ō venīte (6), leōnes, dēvorāte meum corpus! Portāvit vēlāmina Thisbēs (gen. sg. fem.) ad
arborem et dedit oscula; clāmāvit “Ego quoque mortem quaeram!”. Itaque gladiō sē necāvit. Sub arborem
iacuit et gladium ē vulnere traxit. Cruor ēmicat (7) ut (como) fons; ubi herbam tangit, facit purpurea poma
alba mori.
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1.- que... (pron. relativo)
2.- suaves, dulces
3.- cerca del túmulo (funerario) de Nino
4.- una morera, cargadísima de frutos blancos
5.- que el león destroza con sus fauces ensangrentadas
6.- venid
7.- brota
Vocabula nova
Sustantivos Verbos
*amāns, amantis, m. amante *bibō, ere, bibī, bibitum beber Adjetivos
*consilium, ī, n. plan, consejo *conveniō, īre, vēnī, ventum reunirse *albus, a, um blanco
*cruor, ōris, m. sangre fallo, ere, fefelli, falsum engañar cruentus, a, um sangriento
fissum, ī, n. grieta, fisura *fugiō, ere, fūgī, itum huir *dignus, a, um (+ abl.) digno
*fons, fontis, m. fuente murmurō (1) murmurar (de...), merecedor (de)
*gladius, ī, m. espada optō (1) pedir, desear purpureus, a, um morado
*herba, ae, f. hierba *perveniō, īre, vēnī, ventum llegar *vīcīnus, a, um (+ dat.) vecino,
*iter, itineris, n. camino *quaerō, ere, quaesīvī, quaesītum buscar, cercano (a...)
leō, leōnis, m. león preguntar Otras
*mors, mortis, f. muerte *quaesō, ere, quaesō (tē) buscar, pedir *ē / ēx (+ abl.) de, desde
*morus, -i (f): moral [árbol] te pido = por favor *hinc aquí
*parēns, parentis, m. padre *relinquō, ere, relīquī, relictum dejar, illinc allí
pariēs, parietis, m. pared abandonar prior, prius anterior
pomum, ī, n. fruto *sentiō, īre, sensī, sum sentir, notar procul lejos
Pȳramus, ī, m. Píramo *tango, -is, -ere, tetigi, tactum tocar *quia porque
*tempus, temporis, n. tiempo *trahō, ere, traxī, tractum arrastrar recēns reciente
Thisbē, ēs, f. Tisbe *veniō, īre, vēnī, ventum venir, llegar *sub (+ ac o abl.) debajo de
tumulus, ī, m. túmulo *ut como
vēlāmen, inis, n. velo utrimque a/en ambos lados
*vestīgium, ī, n. huella
Textus II
Ecce Thisbē ex spēluncā venit. Amantem oculīs quaerit quod eī dē perīculīs nārrāre dēsīderat. Locum et
fōrmam arboris videt. Videt in herbā sub hanc arborem corpus Pȳramī cruentum. Multīs lacrimīs ita clāmat
virgō territa “Pȳrame, quis tē ā mē rapuit? Pȳrame, Pȳrame, respondē, tua tē cārissima Thisbē nōminat!”
Pȳramus oculōs aperuit; deinde iterum eōs in morte clausit. Ubi Thisbē vēlāmina sua gladiumque Pȳramī
vīdit, dixit: “sī causa mortis tuae sum, comes quoque mortis tuae erō. Sed tū arbor, habē semper poma
purpurea, monumenta duōrum amantium mortuōrum.”
Dum haec dīcebat, gladiō Pȳramī sē necavit. Et deī et parentēs haec verba audīvērunt. Color pōmī mōrī
purpureus est atque cinis duōrum amantium in ūnā urnā requiescit.

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Vocabula nova
Sustantivos Verbos Otras
cinis, eris, m. cenizas (aquí, de un *aperiō, īre, uī, pertum abrir *atque y, y también
cuerpo) *audiō, īre, īvī, ītum oír *nam pues
*comes, comitis compañero claudō, ere, clausī, clausum cerrar
*hōra, ae, f. hora *inquit dice
monumentum, ī, n. recordatorio *legō, ere, lēgī, lectum recoger, leer
*perīculum, ī, n. peligro *mittō, ere, mīsī, missum enviar
*urna, -ae urna *nōminō (1) nombrar, llamar
*pōnō, ere, posuī, positum poner,
colocar
*rapiō, ere, uī, raptum coger, robar
requiesco, ere, -quievi, -quietum
descansar
Adjetivos
*incertus, a, um incierto
*mortuus, a, um muerto

Tisbe y Píramo representados en un mosaico romano de la Casa de Dionisio, en


Pafos (Chipre). Finales del s. III - principios del s. IV d. C.

Thisbe. John William Waterhouse, 1909


Muerte de Píramo y Tisbe, por Niklaus Manuel (1520)
PÍRAMO Y TISBE

Los mitos griegos no se limitaban, ya lo hemos visto, a sucesos de la Hélade. Fuera de los viajes de Odiseo, Jasón y
Perseo, que nos pasean por el mundo conocido, existen pequeñas grandes tragedias inmortalizadas por la mitología
griega que han llegado hasta nosotros. Tal es el caso de los jóvenes babilonios Piramo y Tisbe, que vemos en la
ilustración que encabeza este artículo. De esta historia de amor hay dos versiones, siendo la más famosa la que nos
presenta Ovidio en sus Metamorfosis.

Para la primera, sigamos la narración que presenta El gran libro de la mitología griega (La Esfera de los Libros,
Madrid, 2008) de Robin Hard:
La historia menos conocida los asocia con un río y un manantial, el río Píramo, que llega al mar en Cilicia, en la
esquina sudoriental de Asia Menor, y el manantial Tisbe, que brota en el mar cerca de allí (o quizá en la propia
desembocadura del río). Hace mucho tiempo, así se decía, había dos amantes llamados Píramo y Tisbe cuya pasión
terminó en tragedia ya que Tisbe se suicidó tras quedar embarazada y Píramo la sucedió tras conocer su suerte. Sin
embargo, los dioses se compadecieron de ellos y los transformaron en el río y el manantial antes mencionados, lo
cual les permitió asociarse íntimamente en su nueva forma, mezclando sus aguas...
Un poco de geografía nos ayudará a buscar a esta pareja metamorfoseada en recursos hídricos. Cilicia es la tierra
natal de San Pablo Apóstol (Pablo de Tarso). Si vemos en los mapas de la zona, un poco más al este nos encontramos
con el Golfo de Alexandretta, donde desemboca el río Pyramis (en latín Pyramus), conocido también como Ceyham,
que desembocaba al Mediterráneo en Mallus, a unas tres millas de su actual desembocadura. Como vemos, ya la
pareja no está unida y tal vez el manantial de Tisbe no exista. Cilicia y el río Píramo están relacionados con el rapto
de Europa, princesa tiria raptada por Zeus transformado en toro. Veamos lo que nos dice Apolodoro en su Biblioteca
mitológica (III, 1):
... Zeus de enamoró de ella y, convirtiéndose en un toro manso, la condujo cargándola sobre su lomo a través del
mar hasta Creta. (...) Desaparecida Europa, su padre Agénor envió en su busca a sus hijos, diciéndoles que no
regresaran hasta haber encontrado a Europa. En su búsqueda los acompañaron su madre Telefasa y Taso, el hijo de
Posidón, o de Cílix, según Ferécides. Pero, cuando a pesar de buscar por todos los medios fueron incapaces de
encontrar a Europa, desecharon el regreso a casa y se instaló cada uno en un lugar, Fénix en Fenicia, Cílix cerca de
Fenicia, y llamó Cilicia a todo el territorio bajo su mando, inmediato al río Píramo; igualmernte en Tracia se instaló
Taso, fundando allí la ciudad de Tasos.

La otra historia de Píramo y Tisbe es más emocionante y ha inspirado a muchos autores, entre ellos a William
Shakespeare (Romeo y Julieta y Sueño de una noche de verano). Los hechos se ubican un poco más al sudeste, en
Babilonia, a orillas del río Eufrates, frente a la tumba de Nino (fundador de Nínive). Se popularizó por la versión que
nos presenta Ovidio en su Metamorfosis (IV, 55-166):

Era Píramo el joven más apuesto y Tisbe la más bella de las chicas de Oriente. Vivían en casas contiguas, allí
donde se dice que Semíramis ciñó de muros de tierra cocida su elevada ciudad. Su proximidad les hizo
conocerse y empezar a quererse. Con el tiempo creció el amor.
Hubieran acabado casándose, pero se opusieron los padres. Aunque no les dejaban verse, lograban
comunicarse por señas y por gestos; no pudieron los padres impedir que cada vez estuvieran más
enamorados: y cuanto más ocultan el fuego, más se enardece el fuego oculto.
La pared medianera de las dos casas tenía una pequeña grieta casi imperceptible que se había producido
antaño, durante su construcción, pero ellos la descubrieron y la hicieron conducto de su voz. A través de ella
pasaban sus palabras de ternura, a veces también su desesperación. Muchas veces, cuando de una parte
estaba Tisbe y de la otra Píramo, y habían ellos percibido mutuamente la respiración de sus bocas, decían:”
Pared envidiosa, ¿por qué te alzas como obstáculo entre dos amantes? ¿Qué te costaba permitirnos unir
por entero nuestros cuerpos, o, si eso es demasiado, ofrecer al menos una abertura para nuestros besos?
Pero no somos ingratos; confesamos que te debemos el que se haya dado a nuestras palabras paso hasta
los oídos amigos”.
Después de hablar así en vano y separados como estaban, al llegar la noche se dijeron adiós, y dio cada uno
a su parte besos que no llegaron al otro lado.
Pero al día siguiente se reunieron en el lugar de costumbre, y después de muchos lamentos murmurando en
voz baja, toman una decisión. Acuerdan escaparse por la noche, burlando la vigilancia, y reunirse fuera de
la ciudad. Se encontrarían junto al sepulcro de Nino, al amparo de un moral (árbol) que allí había. Un árbol
había allí cuajado de brutos blancos como la nieve, un erguido moral, situado en las proximidades de un
frío manantial.
Este plan adoptan; ese día se les hizo eterno. Al fin llega la noche. Tisbe, embozada, logra salir de casa sin
que se den cuenta y llega la primera a la tumba y se sienta bajo el árbol convenido: el amor la hacía audaz.
En esto se acerca a beber a la fuente una leona, con sus fauces aún ensangrentadas de una presa reciente,
con la intención de apagar su sed en las aguas de la vecina fuente. Al percibirla de lejos a la luz de la luna,
Tisbe escapa asustada y se refugia en el fondo de una cueva. En su huida se le cayó el velo con que cubría
su cabeza. Cuando la leona hubo aplacado su sed en la fuente, encontró el velo y lo destrozó con sus garras
y sus dientes.
Algo más tarde llegó por fin Píramo. Distinguió en el suelo las huellas de la leona y su corazón se encogió;
pero cuando vio el velo de Tisbe ensangrentado y destrozado, ya no pudo reprimirse: "Una misma noche -
dijo - acabará con los dos enamorados. Ella era, con mucho, más digna de una larga vida; yo he sido el
culpable. Yo te he matado, infeliz; yo, que te hice venir a un lugar peligroso y no llegué el primero.
¡Destrozadme mi cuerpo, leones, que habitáis estos parajes, y devorad a fieros mordiscos esas vísceras
criminales! Pero es de cobardes limitarse a decir que se desea la muerte".
Levanta del suelo los restos del velo de Tisbe y acude con él a la sombra del árbol de la cita. Riega el velo
con sus lágrimas, lo cubre de besos y dice: "Recibe también la bebida de mi sangre". El puñal que llevaba al
cinto se lo hundió en las entrañas y se lo arrancó de la herida moribundo mientras caía tendido boca arriba.
Su sangre salpicó hacia lo alto, como cuando en un tubo de plomo deteriorado se abre una hendidura, que
por el estrecho agujero lanza chorros de agua, y manchó de oscuro la blancura de las moras. Las raíces de
la morera, absorbiendo la sangre derramada por Píramo, acabaron de teñir de color púrpura los frutos que
cuelgan.
Aún no repuesta del susto, vuelve la joven al lugar de la cita, deseando encontrarse con su amado y
contarle el enorme peligro del que se ha librado. Reconoce el lugar, pero la hace dudar el color de los frutos
del árbol, se queda perpleja sobre si será el mismo árbol. Mientras vacila distingue un cuerpo palpitante en
el suelo ensangrentado; retrocedió, y con el semblante pálido un estremecimiento de horror recorrió todo
su cuerpo. Cuando reconoció que era Píramo, se da golpes, se tira de los pelos y se abraza al cuerpo de su
amado, mezclando sus lágrimas con la sangre. Al besar su rostro, ya frío, gritaba: "Píramo, ¿qué desgracia
te aparta de mí? Responde, Píramo, escúchame y levanta tu cabeza abatida, te llama tu querida Tisbe". Al
nombre de Tisbe, entreabrió Píramo sus ojos moribundos, que, tras verla a ella, se volvieron a cerrar.
Cuando ella reconoció su velo destrozado y vio vacía la vaina del puñal, exclamó: "Infeliz, te han matado tu
propia mano y tu amor. Al menos para esto tengo yo también manos y amor suficientes para herirme: te
seguiré en tu final. Cuando se hable de nosotros, se dirá que de tu muerte he sido yo la causa y la
compañera. De ti sólo la muerte podía separarme, pero ni la muerte podrá separarme de ti. En nombre de
los dos una sola cosa os pido, padre mío y padre de este infortunado, que a los que compartieron su amor y
su última hora no les pongáis reparos a que descansen en una misma tumba. Y tú, árbol que acoges el
cadáver de uno y pronto el de los dos, conserva para siempre el color oscuro de tus frutos en recuerdo y luto
de la sangre de ambos". Dijo y, colocando bajo su pecho la punta del arma, que aún estaba templada por la
sangre de su amado, se arrojó sobre el hierro.
Sus plegarias conmovieron a los dioses y conmovieron a sus padres, pues las moras desde entonces son de
color oscuro cuando maduran y los restos de ambos descansan en una misma urna.