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El pronóstico debe estar estrechamente relacionado con el cuadro clínico, la

evaluación diagnóstica y el tratamiento. El diagnóstico permite relacionar las


observaciones clínicas con lo que se sabe científicamente sobre los trastornos
mentales. A su vez, la evaluación clínica conecta el análisis completo del problema, así
como del paciente y del contexto, con las técnicas de tratamiento más apropiadas a
cada caso. Finalmente, el pronóstico relaciona el tratamiento con la evolución
previsible del estado del paciente, en función del conocimiento sobre él, el trastorno y
su curso y las anticipaciones acerca de la eficacia de la terapia.

a) Factores que atañen directamente al trastorno:


– Inicio (súbito, gradual o insidioso).
– Curso (estable o fluctuante, prolongado, crónico).
– Evolución de los síntomas (remisión, mejoría, curación, empeoramiento, recaídas).
– Duración media, gravedad, saturación de síntomas diagnósticos.
– Presencia de síntomas asociados.
– Grado de interferencia negativa en la vida cotidiana.
– Riesgo de comorbilidad con respecto a determinados trastornos.
– Tratamientos prescritos.
– Factores de riesgo predisponentes (biológicos, psicológicos o sociales).
– Factores precipitantes (estresores, conflictos o crisis).

b) Factores relacionados con el paciente:


– Edad y sexo, estado civil, nivel educativo y socioeconómico.
– Salud actual y anterior a la aparición del problema.
– Constitución física y aspecto externo.
– Problemas preexistentes (duración y gravedad)
– Hábitos de alimentación y de sueño.
– Rasgos de personalidad.
– Redes de apoyo familiar y social.
– Intensidad y extensión de la afectación personal del trastorno.
– Grado de aceptación o de rechazo del problema.
– Reacciones de los demás ante el paciente.
– Grado de sufrimiento y nivel de desadaptación generados.
– Preocupaciones y miedos colaterales.
– Motivación para el tratamiento y adherencia terapéutica.
– Respuesta al tratamiento inicial y riesgo de recaídas.
– Posición que ocupa la familia como factor de riesgo, indiferente o de apoyo.
– Creencias sobre el trastorno, actitudes (positivas o negativas) ante él, atribuciones
causales, sensación de control sobre los síntomas, expectativas de curación, etcétera.

Tipos de pronóstico

Al igual que ocurre con el estado de una enfermedad, podemos encontrar diferentes
tipos de pronóstico. El pronóstico en sí no tiene porqué estar relacionado con el
trastorno que el sujeto presente (si bien este influye), si no con la expectativa que se
tenga en cada caso concreto. Así, por ejemplo, dos pacientes con un mismo tipo cáncer
pueden tener pronósticos diferentes.

1. Pronóstico favorable o bueno


Se considera la presencia de un pronóstico favorable o buena en aquellos casos en que
las pruebas existentes hacen pensar que el curso de la enfermedad que el paciente
padece conduce a su recuperación.

2. Pronóstico moderado o intermedio


Este tipo de pronóstico indica que la expectativa respecto al estado de salud del
paciente no es extremadamente positiva pero que no existen datos que hagan pensar
en la posibilidad de muerte en un futuro inmediato. Puede suponer, sin embargo, la
presencia de limitaciones funcionales o incluso de algún tipo de discapacidad.

3. Pronóstico grave, o mal pronóstico


Cuando hablamos de un pronóstico grave estamos haciendo referencia, como su
propio nombre indica, a que las condiciones de un paciente determinado hacen pensar
que existe un riesgo severo para su fallecimiento o bien para la existencia de severas
limitaciones en su vida.

4. Pronóstico reservado
Se utiliza el término pronóstico reservado para hacer referencia a una situación en
que los médicos y profesionales a cargo de un paciente son incapaces de determinar la
posible evolución o expectativa respecto al desenlace del estado del paciente. Típico
de momentos en que no hay suficiente información como para poder especular el
porvenir del paciente o cuando hay riesgo de aparición de complicaciones.

Un ejemplo de ello lo podríamos encontrar en el pronóstico que tendría un paciente


que ha sufrido un accidente de tráfico y está inconsciente y con un traumatismo
craneoencefálico, pero del que aún no se conoce el grado de afectación.