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Taller de lectura

Nivel: Secundaria 4to Grado Sección : A B C Fecha:


Apellidos y Nombres:
Aprendizaje: Ordena las ideas en torno a un tema, las jerarquiza en subtemas e
ideas principales, y las desarrolla para precisar la información.

Nivel de Recordar Comprender Aplicar Analizar Evaluar Crear


complejidad 1 2 3 4 5 6

TODAS LAS SANGRES


(JOSÉ MARÍA ARGUEDAS)

La novela se inicia con la aparición de don Andrés Aragón de Peralta, jefe de la familia más
poderosa de la villa de San Pedro de Lahuaymarca, en la sierra del Perú. Don Andrés, ya
viejo, se sube al campanario de la iglesia del pueblo y desde allí maldice a sus dos hijos,
don Fermín y don Bruno, a quienes acusa de apropiarse de sus tierras; asimismo, anuncia
su suicidio, dejando en herencia a los indios todos los bienes que aún conservaba. En
efecto, se retira a su casa e ingiere veneno.
Los dos hermanos, don Fermín y don Bruno, viven en perpetua discordia. Don Bruno es
dueño de la hacienda «La Providencia» donde viven varios centenares de indios como
colonos o siervos. Don Bruno es un católico tradicional y fanático, que se opone a que el
progreso llegue a sus tierras pues cree que eso corromperá inevitablemente a sus indios,
al inoculárseles el llamado veneno del lucro. Un rasgo característico de don Bruno es su
ardor sexual desenfrenado que lo lleva a poseer y violar a muchas mujeres, de toda raza,
edad y condición social. Por su parte, don Fermín es el propietario de la mina Apark’ora,
que trata de explotarla prescindiendo de la voracidad de las empresas transnacionales. Don
Fermín representa al capitalismo nacional y desea que el progreso y la modernidad lleguen
a la región, oponiéndose así a su hermano. Pero para explorar la mina necesita como
trabajadores a los indios de Bruno, quien acepta entregárselos, a condición de que lo deje
vivir en paz en sus tierras. Es entonces cuando entra en escena Rendón Willka, un «ex
indio», es decir un nativo transculturado, que ha vivido varios años en Lima y que ha perdido
parte de su herencia cultural, pero que ha conservado sus valores tradicionales más
valiosos. Rendón Willka es contratado como capataz de la mina, pero tiene ya el soterrado
propósito de encabezar la lucha por la liberación de sus hermanos de raza y cultura.
Don Fermín empieza a explorar la mina Apark’ora en busca de la veta principal, para lo cual
empieza a usar la mano de obra de unos 500 indios enviados por don Bruno. El sistema de
trabajo que impone es el de la mita, es decir por turnos, pero los indios no reciben jornal y
solo se les da alimentos. Estos indios laboran como lampeadores y cargadores, mientras
que otros obreros especializados trabajan como jornaleros. Para continuar su proyecto don
Fermín calcula que necesitará más suelos con agua, por lo que enfoca su interés en las
tierras de su hermano y en las de los vecinos de San Pedro. Empieza por comprar tierras
de algunos de estos vecinos.
Pero el consorcio internacional Wisther-Bozart, que ha puesto sus miras en la mina, infiltra
en ella al ingeniero Cabrejos para que boicotee las labores y haga fracasar la exploración;
de esa manera don Fermín se vería obligado a vender la mina al consorcio. Cabrejos logra
la ayuda del mestizo Gregorio, quien planea una estrategia. Se sirve de las creencias
indígenas sobre una serpiente gigantesca, el Amaru o espíritu de la montaña, que
supuestamente vive los socavones de la mina. Gregorio da aullidos desde el interior,
simulando al Amaru, a fin de asustar a los indios, algunos de los cuales efectivamente se
espantan, pero de pronto ocurre una explosión dentro de la mina y Gregorio muere
despedazado. Rendón Willka tiene la certeza de que el causante de esa muerte es el
ingeniero Cabrejos. Gregorio estaba enamorado de una joven de San Pedro, la señorita
Asunta de La Torre, quien más adelante se vengará asesinando al ingeniero Cabrejos.
Entretanto don Bruno sufre una transformación milagrosa, tras asesinar a una de sus
amantes, de nombre Felisa. Abandona la vida lujuriosa, uniéndose definitivamente a una
mestiza, Vicenta, de quien espera un hijo. Redimido por el amor, Bruno visita a los
comuneros de Paraybamba, a quienes ayuda a elegir a su alcalde y regidores, así como
les ofrece semilla para la siembra. De pronto se asoma en la plaza del pueblo don Adalberto
Cisneros, un hacendado cruel y abusivo que había arrebatado sus tierras a los indios. El
nuevo alcalde de Paraybamba humilla públicamente a Cisneros, a quien hace azotar y
pasear desnudo por las calles. Don Bruno se despide de Paraybamba aclamado por los
indios, pero el incidente con Cisneros origina después que el alcalde y los regidores sean
arrestados, y que el mismo don Bruno sea denunciado por Cisneros. Ambos se encuentran
en la capital de la provincia, ante las autoridades, pero don Bruno se defiende bien y
Cisneros se marcha jurando vengarse.
Volviendo a la mina, al fin se encuentra la veta del metal argentífero y don Fermín viaja a
Lima para tratar de formar una sociedad con capitales peruanos, ya que se había quedado
descapitalizado. Sin embargo, la Whistert-Bozart tiene mucho poder e influencias y logra
finalmente que don Fermín le venda la mina, tras una reunión que se realiza en un edificio
capitalino. Don Fermín terminar por ceder pues no puede competir con la gigantesca
transnacional. La empresa le reconoce un porcentaje de las acciones de la mina y le cancela
los gastos iniciales de la exploración. Don Fermín decide invertir este dinero en la industria
pesquera, adquiriendo fábricas de harina y conservas de pescado en Supe, de la que se
encargará administrar su cuñado, mientras que él vuelve a San Pedro, dispuesto a ampliar
y modernizar su hacienda «La Esperanza».
Mientras tanto, la compañía minera necesitaba agua para represarlas en beneficio de la
mina y a fin de ello consigue una orden judicial que obliga a los propietarios de San Pedro
a vender sus tierras de labranza de la hacienda «La Esmeralda». Los vecinos se niegan a
hacerlo, y como protesta deciden quemar el pueblo, marchándose del lugar. Son acogidos
temporalmente por una de las comunidades indígenas. Mientras tanto llegan las
maquinarias pesadas de la compañía y cientos de indios como jornaleros. Empieza también
a proliferar en la región los locales de vicios nefandos (bares y burdeles).
Don Bruno, que retorna a San Pedro, encuentra destruida la iglesia, por lo que siente honda
pena. También llega don Fermín, trayendo todo lo necesario para modernizar su hacienda
«La Esperanza» y promete que el pueblo volvería a renacer con su ayuda. Se anuncia
también la llegada del hacendado Cisneros, quien quiere vengarse de don Bruno, para lo
cual se entrevista con el subprefecto. Este se ofrece para matar a don Bruno a cambio de
dinero, pero su plan se desbarata.
La empresa minera, continuando con la expropiación de la hacienda «La Esmeralda»,
comienza a aplanar la pampa con máquinas bulldozer. Pero uno de los residentes de esa
zona, Anto, un antiguo empleado de don Andrés (el padre de don Fermín y don Bruno) se
niega abandonar su propiedad y cuando una de las máquinas ya se acercaba a derrumbar
su casa, se tira contra ella con varios cartuchos de dinamita en la mano, volando en pedazos
con todo.
Don Bruno se culpa de todas esas desgracias por haber contribuido con la explotación
minera, y decide purificar el mundo acabando con los responsables. Encomienda a su hijo
y a su mujer Vicenta a Demetrio Rendón Willka, coge sus armas y se dirige a la hacienda
de don Lucas, gamonal cruel y abusivo que no pagaba a sus trabajadores y que tenía a sus
indios famélicos y harapientos. Don Bruno mata a don Lucas, ante el regocijo de los indios;
luego se dirige a la hacienda «La Esperanza» de su hermano don Fermín, a quien acusa
de ser responsable de todas las desgracias del pueblo y le apunta con su revólver. Al verse
amenazado, don Fermín corre pero cae herido en las piernas. Al ver lo que ha hecho, don
Bruno se derrumba y llora, pidiendo que lo lleven a la cárcel. Don Fermín es trasladado a
Lima donde se recupera de sus heridas, mientras que don Bruno es encarcelado en la
capital de la provincia.
En la hacienda de «La Providencia», Demetrio Rendón Willka se entera de la prisión de don
Bruno y la probable muerte de don Fermín. Entonces, con la aprobación de Vicenta, se
proclama administrador de la hacienda y protector del niño Alberto, hijo del patrón. Los
colonos trabajarían en adelante para ellos mismos, sin patrones. Esto significa ya una
revolución, por lo que el gobierno envía a los guardias civiles a sofocar la revuelta que
considera de inspiración comunista. Vicenta y su hijo se esconden en el pueblo de
Lahuaymarca. Mientras que Demetrio se queda alentando a los indios a resistir. Los
guardias irrumpen a sangre y fuego, encuentran a Demetrio Rendón Willka y lo fusilan junto
con otros indios. Pero Demetrio ha cumplido la misión de despertar la conciencia de sus
hermanos de raza dejando abierto el camino para la liberación.