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BÉLGICA AL DESNUDO
El último viaje de Charles Baudelaire

O mort, vieux capitaine, il est temps! Levons l’ancre!


Ce pays nous ennuie, ô Mort! Appareillons!
Si le ciel et la mer sont noirs comme de l’encre,
Nos coeurs que tu connais sont remplis de rayons!

Verse nous ton poison qu'il nous réconforte!


Nous voulons, tant ce feu nous brûle le cerveau,
Plonger au fond du gouffre, Enfer ou Ciel, qu'importe?
Au fond de l'Inconnu pour trouver du nouveau!

Charles Baudelaire. Le Voyage VIII.1

“Fuyons vers les pays qui sont les analogies de la mort.


(Anywhere out of the world.*)
Si vous êtes un poète et un chrétien, fuyez la Belgique.” 2

Charles Baudelaire. Manuscritos Póstumos.

1 “¡Oh muerte, vieja capitana, es tiempo!, levemos anclas/ ¡este país nos aburre, oh Muerte! aparejemos./ Si el cielo y el mar son
negros como la tinta/nuestros corazones, como sabes, están resplandecientes.
Danos tu veneno que él nos reconforta/ Queremos, tanto arde ese fuego en nuestros cerebros,/ Lanzarnos al fondo del
abismo,/Infierno o Cielo, ¿Qué importa?/al fondo de lo Desconocido, para encontrar lo nuevo.” Flores del Mal. El viaje VIII.
2 “Huyamos hacia los países que son una analogía de la muerte. (A cualquier lugar, mientras sea fuera de este mundo*). Si usted
es un poeta y un cristiano huya de Bélgica”. *En inglés en el original. Ver Gabriel Sarando. Manuscritos Póstumos de Charles
Baudelaire. Ediciones Kwaidan.
2

LA CONJURA DE LOS NECIOS

“Entre las inestimables Psicologies de la Décadence, ‘mi corazón al desnudo’, sobresale dentro del género de
escritos que, en el caso de Schopenhauer y de Byron, han sido quemados”.
Nietzsche a Peter Gast.

Ciertas notas de Byron o Schopenahuer nunca más verán la luz del día, sin embargo, el azar y los cuidados
de unos pocos devotos han permitido conservar otros textos condenados a las llamas. La forma milagrosa
en que estos escritos fueron sustraídos a la destrucción primero y a la censura que se abatió sobre ellos
después, justifican la satisfacción de leerlos nuevamente y reconstruir los últimos días del autor en Bél-
gica.
Ninguna de las terribles palabras que leeremos a continuación puede justificar la censura infamante, el
retoque o la conspiración del silencio que se abatió sobre los últimos escritos de Baudelaire: Fusées, Mon
coeur mis à nu, publicados como “diarios íntimos”, expurgados de su contenido subversivo y blasfemo
fueron —al decir de León Bloy—, tamizados y recortados por la mediocridad de los editores y críticos. En
un texto —escrito en 1888 en ocasión de la publicación de Fusées— Bloy acusa al primer editor, Eugène
Crépet: “Este bibliófilo tumulario... poseedor de las reliquias del más altivo de todos los genios [se ha
permitido], tacharlas de acuerdo con su fantasía ... Este polvo venerable fue profanado, tamizado, ate-
nuado por una mano pudibunda, en represalia, por las ardientes lámparas del Desprecio, con las que, el
terrible Visitado, había trabajado durante toda su vida la piel del burgués”.3
Esta obra maldita en la que no se debe olvidar los amargos e hirientes comentarios sobre Bélgica —Pauvre
Belgique—, tiene una cierta unidad de sentido en la que domina el mismo tono de alma extraviado entre
la soledad y el resentimiento. Así acabó sus días uno de los poetas más consistentes de la historia: ahogado
por su desprecio contra la canalla literaria y la mediocridad del gusto burgués. No es de extrañar que sus
comentarios amargos hayan sido tomados por los exabruptos de un sifilítico; otro tanto se dirá de los
fragmentos póstumos de Nietzsche.
Ahora sabemos que Nietzsche leyó con interés los manuscritos póstumos de Baudelaire y que, entre el fin
del invierno y la primavera de 1888, poco antes de su propio derrumbe, tomó copiosas notas de las ob-
servaciones contenidas en Fusées y Mon coeur mis a nu; a las que califica de “inestimables entre las
Psicologías de la Decadencia”.4 Sabemos también que dichas notas —casi ochenta—, fueron importantes
en el período de elaboración de su obra inconclusa publicada póstumamente con el título de La Voluntad
de Poder.
Hay una última y gran similitud entre todas las diferencias que separan a los dos desdichados: la bús-
queda de la salvación espiritual a través de una religión privada —concebida en el secreto y el estupor
místico—, como antídoto del desprecio y el resentimiento asfixiantes; de la soledad y la decadencia
inaceptables. Esta “doctrina secreta”, que Nietzsche susurra estremecido a sus más íntimos y que Baude-
laire compartió, entre otros, con Capé —su encuadernador—, a quien sitúa entre el grupo de los iniciados.

Los textos póstumos de Baudelaire produjeron un efecto explosivo entre los “bien pensantes” de la época.
En 1887, cuando fueron publicados por primera vez, la memoria del proceso contra las Flores del Mal
aún no se había desvanecido, la gente leía a Anatole France y, Claudel, después de haber pasado por un
desgarramiento similar al de Baudelaire, se había convertido al catolicismo. No es difícil imaginar el clima
de mojigatería que dominaba la cultura oficial de fin de siglo. En ese contexto, el “sadismo de la blasfe-
mia” de Baudelaire,5 habría de caer como un balde de agua fría en el medio de “la canalla literaria”.
Previniendo una venganza de la prensa, el primer editor Eugène Crépet había cortado los pasajes más
violentos, especialmente la mención de varios periodistas y escritores. La pobre George Sand, que ya no

3 Leon Bloy. Gil Blas, 29 de septiembre de 1892. OEuvres, Mercure de France, 1964.
4 Nietzsche a Peter Gast. Niza, Ver Lettres à Peter Gast. Christian Bourgois Editeur. Paris, 1981.
5 Ver Marcel Proust. Correspondance, Tome V. Ed. Kobl Plon.
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podía defenderse, recibió en cambio el peor tratamiento —las líneas más insultantes de Baudelaire sobre
ella fueron respetadas íntegramente. Esto habla a las claras de que la actitud de Crépet fue, más que nada,
dirigida a atenuar las críticas de los periodistas y no a defender a los que, justa o injustamente, Baudelarie
hubiera atacado.
La reacción de la prensa no se hizo esperar, el primero de junio de 1887, Ferdinand Brunetière escribió
—para la Revue des Deux Mondes—, un artículo lapidario en el que acusaba a Baudelaire de banalidad y
calificaba a Mon coeur mis a nu, de “diario de la impotencia”. Poco tiempo después —el 4 de julio de
1887—, en el mismo tono, Jules Lemaitre trataba a los “pensamientos” de Baudelaire como “balbuceo
pretencioso y lamentable”.
La conjura de los necios vomitaba su resentimiento libremente, las revistas se prestaban gustosas a pro-
pinar golpes a quien las había vituperado en sus memorias con argumentos irreproducibles. Anatole
France, por su parte, adoptó una posición intermedia: “se trata de un hombre detestable, lo acepto. Pero
es un poeta, y en ese aspecto es divino”.6
Algunos trataban de tomar distancia de la conjura, mientras que otros preferían callar. Claudel fue una
de las pocas voces que se manifestó con respeto por Baudelaire. “He leído los Escritos Póstumos de Bau-
delaire y no vi más que al poeta —preferido para mí a todos los franceses— que había encontrado la fe en
sus últimos años, debatiéndose entre las mismas angustias y los mismos remordimientos que yo”.7
Aún a principios de siglo, el destino se empeñaba contra los manuscritos póstumos. En 1908, Jacques
Crépet se permitió reeditar las obras póstumas de Baudelaire incluyendo en ellas una cantidad apabu-
llante de notas de Pierre Louÿs, quien cubrió los textos con expresiones tales como “demente”, “absurdo”,
“imbécil”, etc. De esta manera, Baudelaire tuvo dos editores: uno pudibundo y mezquino que lo censuró
y otro desfachatado que invadió sus obras de comentarios canallescos con absoluta impunidad.
La conjura de los necios no terminaba allí, aún faltaban otros corifeos; el propio André Gide no hesitó en
sumarse a la leyenda negra: “Baudelaire no es un pensador... no hay una sola línea de sus Diarios Intimos,
que no sea una lamentable tontería”.8
La suerte está echada, los fragmentos fueron estigmatizados como balbuceos solitarios del poeta, “diarios
íntimos”, sin ninguna trascendencia y ninguna significación para la obra “bella” y aceptable del prócer
que ya contaba, a la sazón, con su propia estatua.

PAPELES PERDIDOS

“Este paisaje es un manuscrito


donde la frase más bella ha sido cortada ...”
Fernando Pessoa. Hora Absurda.

Las hojitas de papel que fueron encontradas en el Hôtel du Grand Miroir estaban numeradas, pero sólo
dos de ellas tenían fecha. Mme Aupick las trajo de vuelta a Honfleur en una valija, después del derrumbe
e internación de Baudelaire. Allí permanecieron, luego de su muerte, hasta que Poulet Malassis las volvió
a numerar y clasificar en dos grandes grupos: Fusées y Mon coeur mis a nu y, tres proyectos, inclasifica-
bles por su extraña naturaleza; el más importante de ellos, es el que conocemos como Pauvre Belgique:
una serie de artículos de periódico con comentarios diversos, textos fragmentarios, poemas y sátiras; todo
ello saturado de blasfemias obsesivas contra los belgas en un estilo que recuerda al humeur belge —o
fanfarroneo contra los belgas, común en el París actual— sólo que, en este caso, la ironía ha sido forzada

6 Le Temps, 14 avril 1889.


7 Ma conversion. OEuvres en Prose. Bibliothèque de la Pléiade.
8 André Gide, réponse à Souday, 1929. Ver Journal 1889-1939. OEuvres, La Pléiade.
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hasta el delirio, como si toda la actividad mental de Baudelaire se hubiera remitido a ese único pensa-
miento: herir al mundo a través de Bélgica.
Los otros dos textos, llamados respectivamente Higyène, Consciènce, Moral e Higyène, Projèts, fueron
adjuntados originalmente a Mon coeur mis a nu, pero posteriormente Jacques Crépet los reenvió a Fu-
sées. Estos textos menores marcan la aparición de un sentimiento de culpabilidad creciente que, está
relacionado con el recrudecimiento de los síntomas luéticos. La génesis de estos comentarios moralizan-
tes es el anticipo del ictus sifilítico, registrado en los fragmentos con dos entradas simultáneas: la primera
en Cohetes, higiene, proyectos:

“Au moral comme au physique, j’ai toujours eu la sensation du gouffre, non seulement du gouffre du
sommeil, mais du gouffre de l’action, du rêve, du souvenir, du desir, du regret, du remors, du beau,
du nombre, et. J’ai cultivé mon hystérie avec jouissance et terreur. Maintenant j’ai toujours le vertige,
et aujourd’hui 23 janvier 1862, j’ai subi un singulier avertissement, j’ai sentí passer sur moi le vent
de l’aile de l’imbecillité”. Fusées, hygiène, projets.” 9

[“Tanto en lo moral como en lo físico, siempre tengo la sensación del abismo; no solamente del abismo del sueño,
sino del abismo de la acción, del sueño, del recuerdo, del deseo, del remordimiento, de lo bello, del número, etc.
He cultivado mi histeria con placer y terror. Ahora, siempre tengo vértigo y hoy, 23 de enero de 1862, he recibido
una advertencia singular: sentí pasar sobre mí el viento del ala de la imbecilidad”.]

Esta entrada remite al primero de los paratextos: Higiene, Conducta, Método, Moral 1.1.:

“Hygiène. Morale. —A Honfleur! le plus tôt possible, avant de tomber plus bas. Que de pressenti-
ments et de signes envoyés déjà par Dieu, qu’il est grandement temps d’agir, de considérer la minute
présente comme la plus importante des minutes, et de faire ma perpétuelle volupté de mon tourment
ordinaire, c’est à dire du Travail.” 10

[“¡A Honfleur, lo más rápido posible, antes de caer más bajo! ¡Qué de presentimientos y de signos ya enviados
por Dios de que ha llegado la hora de actuar urgentemente, de considerar el minuto presente como el más im-
portante de todos y de transformar en perpetua voluptuosidad mi tormento ordinario, es decir el Trabajo!”]

Todo esto parece sugerir que ciertas manifestaciones de índole puramente personal y de carácter obse-
sivo, se fueron filtrando y combinando con lo que en principio eran proyectos estrictamente literarios. La
fractura del texto, fue la que dio lugar a la leyenda negra acerca de la imbecilidad de Baudelaire y, la
desvalorización de los brillantes pasajes de una obra inconclusa donde, al igual que en “La Hora Absurda”,
de Fernando Pessoa, “... la frase más bella ha sido cortada ...”

9 OEuvres Complètes. La Pléyade. Ver Gabriel Sarando. Manuscritos Póstumos de Charles Baudelaire. Ediciones Kwaidan.
10 Idem.
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FUSÉES

“... sirviéndome de comparaciones propias de la pintura, imagino ante mis ojos una amplia extensión de un
rojo sombrío. Si este rojo representa la pasión, lo veo llegar gradualmente, pasando por todas las transiciones
del rojo y del rosa, hasta la incandescencia de la hoguera. Parecería difícil, imposible incluso, llegar a producir
algo más ardiente, y sin embargo, un último cohete va a trazar otro surco más blanco sobre el blanco que le
sirve de fondo. Será el grito del alma elevada hasta su paroxismo.”
Carta a Richard Wagner, 17 de febrero de 1860.

Como si el carácter extravagante de los proyectos no hubiera sido suficiente para confundir a los críticos
y dar pie a los necios, resta explicar el particular estilo que Baudelaire había decidido imprimirle a sus
textos. Al comenzar sus Fusées, en 1852-55, tenía en mente las líneas de Poe incluidas en Marginalia.

“La palabra alemana ‘Shwärmerei’,* que no es una ‘tontería’, sino un equivalente de ‘lanzar bengalas’
—parece ser el único término por el cual se puede designar convenientemente ese peculiar estilo de
crítica que se ha hecho famoso a través de la influencia de ciertos miembros de la familia Fabiana,
gente que vive —a base de frijoles—, en los alrededores de Boston”.11

Isaiah Berlin12 define al ‘Shwärmerei’ como el estilo de la “turbulencia emotiva”; “del ardor vago y di-
fuso”, propio del Sturm und Drang. Es posible que Poe registre el impacto de dicho estilo en Boston. Por
su parte, Baudelaire utiliza la palabra fusée: cohete o bengala, para representar “el grito del alma elevada
hasta su paroxismo”.

En el proceso de lanzar sus cohetes Baudelaire tiene el segundo gran encuentro de su vida, lee la Refuta-
ción de Bacon y Les Soirées de Saint Petesbourg de Joseph de Maistre:

“Asselineau relataba las incidencias de una reunión en casa de Nadar, fechable en 1850 o, 51; otro
invitado era Malassis, cuya presencia no debía servir para suavizar los prontos de Baudelaire:
‘La conversación resultó larga y divertida. Nadar y Baudelaire se enfrascaron en consideraciones sobre
política y sobre Joseph de Maistre (al que Nadar, entre paréntesis, confesó no haber leído).
—En el mundo en el que vivo, — dijo— ¡ya se sabe lo que es De Maistre!
Baudelaire echado en el diván (esto ocurría en la calle La Rochefoucauld), se enderezó apoyándose en
los puños y fulminó a Nadar con estas palabras terribles.
—¿Leíste la refutación del sistema de Locke?*
—No, —dijo Nadar desconcertado.
—¡Pues, entonces!”.13

Puede ser que el redescubrimiento de Joseph de Maistre influyera en la imagen o en la idea que Baude-
laire se hacía de Poe quien, desde 1852, era, para Baudelaire, su kindred spirit del otro lado del océano.
El saboyano y el americano se verían pronto relacionados en la alquimia de pensamiento: “De Maistre y

11 “The German Shwärmerei* not exactly ‘humbug’ but ‘sky rocketing’ —seems to be the only term by which we can conveniently
designate that peculiar style of criticism which has lately come into fashion, through the influence of certain members of the
Fabian family—people who live (upon beans) about Boston”. *En alemán en el original. Publicado originalmente en Graham’s
Magazine, Enero de 1848. Citamos la edición de 1981, Virginia University Press, Charlottesville, Virginia.
12 “La apoteosis de la voluntad romántica”. En El fuste torcido de la Historia. Península.
13 Entre las reseñas que se proponía publicar, figuraba la de Lettres et opuscules inédits de Joseph de Maistre, editado en dos
volúmenes durante el año 1851. La obra presentaba en frontispicio un retrato de Maistre que le inspiró una breve descripción
fisionómica en el primer gran estudio sobre Poe, precisamente durante la primavera de 1852: “Es un deleite grande y útil el de
comparar los rasgos de un hombre famoso con sus obras ... ¿Quién no habrá buscado a veces la agudeza del estilo y la claridad
de las ideas de Erasmo en el recorte anguloso de su perfil ... el don de mando y de profecía en la mirada clavada en el horizonte;
en el rostro macizo de Joseph de Maistre, águila y buey a la vez?.” *En realidad se trataba de La Refutación de Bacon. Ver Claude
Pichois y Jean Ziegler. Baudelaire. Debates.
6

Edgar Poe me enseñaron a razonar”.14


El mismo sentimiento de identificación que lo invade al leer a Poe y al escuchar la música de Wagner, se
apodera de él al conocer los textos de Maistre. Baudelaire establece con ellos una absoluta empatía; ya no
se trata de leer un libro, sino de registrar un déja vu, algo misteriosamente familiar que ya estaba grabado
en “el palimpsesto de la memoria”.
En estos días hace suya la divisa de Maistre: “a brûle pourpoint” —a quemarropa—, ella inspira la since-
ridad hiriente de los manuscritos póstumos:

“… je voudrais, m’en coûtât-t-il grand chose découvrir une verité faite pour choquer a tout le genre
humain: je la lui dirait à brûle pourpoint.” 15

[“Quisiera, aunque me cueste caro, descubrir una verdad hecha para sacudir a todo el género humano: se la
diría a quemarropa”.]

EL AMOR DEL VERDUGO

“¿Existen acaso las locuras matemáticas y los locos que piensan que dos más dos son tres? En otros términos;
¿puede la alucinación, si las palabras no discordan, invadir las cosas de puro razonamiento? Si cada vez que un
hombre tomara el hábito de la pereza, de la ensoñación, de la haraganería —hasta el punto de postergar siem-
pre para mañana lo importante— y otro hombre lo despertara una mañana a latigazos y siguiera fustigándolo
hasta que, no pudiendo ya trabajar por placer, trabajara por miedo, ese hombre —el fustigador— ¿no sería en
realidad su amigo, su bienhechor?”16
Charles Baudelaire. Manuscritos Póstumos.

Samuel Rocheblave,17 llama a la teología de Maistre: “el cristianismo del Terror”; puesta en obra de un
Dios cruel y vengativo que establece su dominio a través de la figura del verdugo.

“Qu’est-ce donc que cet être inexplicable qui a préféré à tous les métiers agréables, lucratifs, honnêtes
et même honorables qui se présentent en foule à la force ou à la dextérité humaine, celui de tourmen-
ter et de mettre à mort ses semblables ? Cette tête, ce coeur sont-ils faits comme les nôtres ? ne con-
tiennent-ils rien de particulier et d’étranger à notre nature ? Pour moi, je n’en sais pas douter. Il est
fait comme nous extérieurement ; il naît comme nous ; mais c’est un être extraordinaire, et pour qu’il
existe dans la famille humaine il faut un décret particulier, un FIAT de la puissance créatrice. Il est
créé comme un monde …
Et cependant toute grandeur, toute puissance, toute subordination repose sur l’exécuteur : il est l’hor-
reur et le lien de l’association humaine. Otez du monde cet agent incompréhensible ; dans l’instant

14 Ver Gabriel Sarando. Manuscritos Póstumos de Charles Baudelaire. Ediciones Kwaidan.


15 Soirées de Saint Pétesbourg. Editions de la Maisnies, Paris, 1980.
16 “Y a-t-il des folies mathématiques et des fous qui pensent que deux et deux fassent trois? En d’autres termes, l’hallucination
peut-elle, si ces mots ne hurlent pas, envahir les choses de pur raissonement? Si quand un homme prend l’habitude de la pa-
resse, de la rêverie, de la fainéantise, au point de renvoyer san cesse au lendemain la chose importante, autre homme le ré-
veillait un matin à grands coups de fouet et le fouettait sans pitié jusqu’à ce que, ne pouvant travailler par plaisir, celui-ci
travaillât par peur, cet homme —le fouetteur,— ne serait-il pas vraiment, son amie, son bienfaiteur?”. OEuvres Complètes. La
Pléyade. Ver Gabriel Sarando. Manuscritos Póstumos de Charles Baudelaire. Ediciones Kwaidan.
17 “C'est le christianisme de la Terreur. Ce Dieu est bien tel que le veut le système: le dogme de l'autorité en peut aboutir à un
Dieu de bonté. Qu'il frappe donc sans trêve, qu'il frappe sans merci: aux grands coupables il faut de grands châtiments: et quel
siècle fut jamais plus fécond eu crimes, et plus sourd aux avertissements célestes? Tout autorise cette interprétation du dogme
chrétien: et, si le judaïsme n'y suffit, que le paganisme y subvienne!” Étude sur Joseph de Maistre. Cahiers de la Revue d'histoire
et de philosophie religieuses. Numéro 4. Faculté de Théologie Protestante de l'Université de Strasbourg.
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même l’ordre fait place au chaos, les trônes s’abîment et la société disparaît.”18

[“¿Quién es este ser inexplicable, que ha preferido a todas las profesiones agradables, lucrativas, honradas e
incluso honorables que se ofrecen en tropel a la fuerza o al ingenio humano, la de torturar o matar a sus seme-
jantes? Esta cabeza, este corazón, ¿están hechos como los nuestros? ¿No contienen nada peculiar y extraño a
nuestra naturaleza? Yo, por mi parte, no tengo duda alguna. Está hecho como nosotros externamente; nace como
nosotros; pero es un ser extraordinario y para que exista en la familia humana es preciso un decreto especial...
Se le crea como un mundo ... toda grandeza, todo poder, toda subordinación se apoya en el verdugo: él es el
terror y el vínculo de la asociación humana. Retira del mundo a este agente misterioso y en un instante el orden
cede al caos, los tronos se desploman y la sociedad desaparece.”]

La misma obsesión aparece en la obra de Baudelaire, tal como lo atestiguan ciertos poemas de las Flores
del Mal. En L’Imprevu, Dios blande su terrible látigo y el poeta recibe el dolor como una bendición:

De ceux dont le coeur dit: Que béni soit ton fouet,


Seigneur! que la douleur, ö Père, soit bénie!
Mon âme dans tes mains n’est pas un vain jouet,
Et ta prudence est infinie.19

[Aquellos cuyo corazón dice: ¡Que tu látigo sea bendito,/ Señor! ¡Que el dolor, oh Padre, sea bendito!/ Mi alma
en tus manos no es un vano juguete,/ y tu prudencia es infinita.]

Y también L’Héautontimoruménos: “El verdugo de sí mismo”.20

Je suis la plaie et le couteau!


Je suis le soufflet et la joue!
Je suis les membres et la roue,
et la victime et le bourreau!

[¡Yo soy la herida y el cuchillo,/la bofetada y la mejilla!/Yo soy los miembros y la rueda,/la víctima y el verdugo.”]

En una carta a Madame Aupick —11 de setiembre de 1856— se refiere a la ruptura con Jeanne Duval en
estos términos: “Me he divertido en martirizar y he sido a mi turno, martirizado”. La crueldad amorosa
está justificada por “La perversidad natural del hombre que es al mismo tiempo homicida y suicida, ase-
sino y verdugo”.21

“Je crois que j’ai déjà écrit dans mes notes que l’amour ressemblait fort à une torture ou à une opé-
ration chirurgicale . Mais cette idée peut être développée de la manière la plus amère. Quand même
les deux amants seraient très épris et très pleins de désirs réciproques, l’un des deux sera toujours
plus calme, ou moins possédé que l’autre. Celuilà ou celle-là, c’est l’opérateur ou le bourreau ; l’autre,
c’est le sujet, la victime.
Entendez-vous ces soupirs, préludes d’une tragédie de déshonneur, ces gémissements, ces cris, ces
râles ? Qui ne les a proféré, qui ne les a irrésistiblement extorqués ? Et que trouvez-vous de pire dans
la question appliquée par des soigneux tortionnaires ? Ces yeux de somnambule révulsés, ces mem-
bres dont les muscles jaillissent et se roidissent comme sous l’action d’une pile galvanique, l’ivresse,
le délire, l’opium, dans leurs plus furieux résultats, ne vous en donneront certes pas d’aussi affreux,
d’aussi curieux exemples. Et le visage humain, qu’Ovide croyait façonné pour refléter les astres, le
voilà qui ne parle plus d’une expression de férocité folle, ou qui se détend dans une espèce de mort.

18 Joseph de Maistre. Soirées de Saint Pétesbourg. Editions de la Maisnies, Paris, 1980.


19 OEuvres Complètes. La Pleyade.
20 OEuvres Complètes. La Pléyade. El título proviene de Terencio.
21 Ver Nouvelles Histoires Extraordinaires. OEuvres, La Pléiade.
8

Car, certes, je croirais faire un sacrilège en appliquant le mot : extase à cette sorte de décomposition.
— Épouvantable jeu, où il faut que l’un des joueurs perde le gouvernement de soi même.

[“Creo haber escrito en mis notas que el amor se parece bastante a una tortura o a una operación quirúrgica.
Esta idea puede ser desarrollada de la forma más amarga. Aun cuando los amantes estén muy enamorados y
llenos de deseos recíprocos; uno de los dos estará más tranquilo o menos poseído que el otro. Éste o ésta, es el
operador o el verdugo; el otro es el sujeto, la víctima Creo haber escrito en mis notas que el amor se parece
bastante a una tortura o a una operación quirúrgica. Esta idea puede ser desarrollada de la forma más amarga.
Aun cuando los amantes estén muy enamorados y llenos de deseos recíprocos; uno de los dos estará más tran-
quilo o menos poseído que el otro. Éste o ésta, es el operador o el verdugo; el otro es el sujeto, la víctima.
¿Escuchan esos suspiros, preludio a una tragedia de deshonra; esos gemidos, esos gritos, esas agonías? ¿Quién
no los ha proferido; quién ha resistido el placer de arrancarlos al otro? ¿Y qué diferencia existe con el mismo
sistema aplicado por meticulosos torturadores?
Esos ojos revulsivos de sonámbulos, esos miembros donde los músculos saltan y quedan tiesos como si estuvie-
ran bajo la acción de una pila galvánica; la embriaguez, el delirio, el opio bajo sus efectos más furiosos, no darán
tan espantosos resultados, ejemplos tan curiosos.
Mira el rostro humano, al que Ovidio consideraba forjado para reflejar a los astros no habla más que de ferocidad
loca, o se distiende en una especie de muerte. Porque, ciertamente, yo creería un sacrilegio el aplicar la palabra
éxtasis a esta suerte de descomposición.
—¡Horrible juego en el que hace falta que uno de los jugadores pierda el control de sí mismo!
Cierta vez preguntaron delante mío en qué consistía el mayor placer del amor. Alguien respondió naturalmente:
en recibir —y otro—, en darse. Uno dijo: ¡orgullo del placer! y el otro: ¡voluptuosa humildad! Todos esos basure-
ros hablaban como L’Imitation de Jésus Christ. En fin, también apareció un imprudente utopista quien afirmó
que el mayor placer amoroso era el de formar ciudadanos para la patria.
Yo digo: la voluptuosidad única y suprema del amor /consiste/ se encuentra en la certidumbre de hacer el mal.
El hombre y la mujer saben desde el nacimiento que en el mal /uno encuentra/ se encuentra toda voluptuosi-
dad.”]22

Es posible que Baudelaire, inspirado por de Maistre, encontrara en este dios cruel un punto de referencia
para la teogonía que comienza a gestarse en los manuscritos. Un sol negro se adueñó desde entonces de
su sistema y estableció allí una tiranía feroz que habría de regir hasta su muerte. El viraje de Baudelaire
fue tomado por un absurdo: ¿Cómo era posible que, el apóstol de la modernidad estética se refugiara en
las ideas de un reaccionario antimoderno y adopta sus teorías acerca del pecado original y el sacrificio de
los inocentes? Sin duda, para los bien pensantes, Baudelaire estaba loco.

El giro ideológico del Baudelaire, similar al de Wagner, encuentra su explicación en el desencanto que
sobreviene luego del fracaso del 48.

“1848 ne fut amusant que parce que chacun y faisait des utopies comme des châteaux
en Espagne. 1848 ne fut charmant que par l’excès même du ridicule.” 23

[“1848 fue divertido porque cada uno hacía allí sus utopías como castillos en España. 1848 sólo fue encantador
por el exceso mismo del ridículo”.]

“La croyance au progrès est une doctrine de paresseux, une doctrine de Belges. C’est l’individu qui
compte sur ses voisins pour faire sa besogne. Il ne peut y avoir de progres (vrai, c’est à dire moral)
que dans l’individu et par l’individu luimême.
Mais le monde est fait de gens qui ne peuvent penser qu’en commun, en bandes. Ainsi les Sociétés
belges. Il y a aussi des gens qui ne peuvent s’amuser qu’en troupe. Le vrai héros s’amuse tout seul.”

22 Cohetes 3.1. Ver Gabriel Sarando. Manuscritos Póstumos de Charles Baudelaire. Ediciones Kwaidan.
23 Mi corazón al desnudo 9.2. Ver Gabriel Sarando. Manuscritos Póstumos de Charles Baudelaire. Ediciones Kwaidan.
9

[“La creencia en el progreso es una doctrina de perezosos, una doctrina de Belgas. Es el individuo el que cuenta
con sus vecinos para resolver sus necesidades.
No puede haber progreso (verdadero, es decir, moral,) más que en el individuo y por el individuo mismo.
Pero el mundo está hecho de gentes que no pueden pensar más que en común, en bandas. De allí las Sociedades
belgas.
Hay gente que no puede divertirse más que en tropel. El verdadero héroe se divierte solo.”]24

Los que busquen al hombre que se ha batido en las barricadas de París, no lo encontrarán; el que hubiera
ejecutado al general Aupick con odio republicano, ya no es el mismo. Como él mismo lo confiesa: “Com-
prendo que uno deserte de una causa para saber lo que experimentará al servir a otra.”25

“No solamente estaría contento de ser víctima, sino que no odiaría ser verdugo, para sentir la Revolu-
ción de las dos maneras. Agreguemos que, cuando se les habla de revolución por el bien, uno los es-
panta. Viejas Doncellas. YO, cuando consiento en ser republicano, hago el mal a sabiendas.
¡Si! ¡Viva la Revolución!... ¡Pero yo no me engaño! ¡Ni jamás he sido engañado! Yo digo ¡Viva la Revo-
lución¡ como podría decir: !Viva la destrucción¡ ¡Viva la Expiación¡ ¡Viva el Castigo¡ ¡Viva la Muerte!”26

El resultado es siempre el mismo, efecto Baudelaire: un exabrupto para espantar a los burgueses, a los
bien pensantes, a la sociedad de lectores de periódicos. Hay en él un deseo extraño y diabólico a la vez,
cuya lógica no es otra que la de Byron, establecer una distancia irreductible con respecto al mundo:

“Quand j’aurai inspiré le dégoût et l’horreur universeles j’aurai conquis la solitude.”27


“Je voudrai mettre la race humaine toute entire contre moi”.28

LA HIJA DE LOS MINUTOS NEGROS


“Hay personas que se ruborizan por haber amado a una mujer cuando se dan cuenta de que es bruta. Esos son
los asnos vanidosos, hechos para deshojar los cardos más impuros de la creación, o recibir los favores de una
bas bleu. La bestialidad es el ornamento de la belleza; ella es la que da a los ojos esta nitidez triste de los estan-
29
ques negruzcos y la calma aceitosa de los mares tropicales.”
Charles Baudelaire. Le Catéchisme de la femme aimée.

Es imposible comprender el estado de ánimo de Baudelaire sin hacer referencia a dos hechos fundamen-
tales: el proceso contra las Flores del Mal, que le costó la censura de sus mejores poemas y el final de su
relación con Jeanne Duval.
Los Cohetes reflejan varias alternativas de su amor por la mulata que habría de inspirar los momentos

24 “La muchedumbre miente”, dice Kierkegaard. En cuántos párrafos de Chateubriand, de Byron, de Schopenhauer o de Nietzs-
che podríamos encontrar los mismos argumentos contra la filosofía del rebaño, a la que se opone el ethos del héroe —o antihé-
roe— solitario. Para Baudelaire esta temática se tiñe de desprecio y de racismo, la referencia a los belgas —eternamente escar-
necidos por los parisinos— se vuelve un recurso sistemático que dará lugar a la tristemente célebre Pauvre Belgique donde todas
las aberraciones de la masificación y de la vulgaridad moderna son adjudicadas a los belgas.
25 Mi corazón al desnudo. Ver Gabriel Sarando. Manuscritos Póstumos de Charles Baudelaire. Ediciones Kwaidan.
26 ¡Pauvre Bélgique! OEuvres Complètes. La Pléyade.
27 “Cuando haya inspirado la repugnancia y el horror universales, habré conquistado la soledad”. Ver Gabriel Sarando. Manus-
critos Póstumos de Charles Baudelaire. Ediciones Kwaidan.
28 “Yo quisiera volver a toda la raza humana en contra mío”. A su madre, 23 de diciembre de 1865. Ver André Guyau. Op.cit.
29 “Il y a des gens qui rougissent d’avoir aimé une femme le jour qu’ils s’aperçoivent qu’elle est bête. Ceux-là sont des aliborons
vaniteux, faits pour brouter les chardons les plus impurs de la création, o les faveurs d’un bas bleu. La bêtise est souvent
l’ornement de la beauté; c’est elle qui donne aux yeux cette limpidité morne des étangs noirâtres, et ce calme huileux des mers
tropicales”. Le Catéchisme de la femme aimée”. OEuvres Complètes. La Pléyade.
10

más altos y más terribles de la vida del poeta. Allí está el testimonio de sus reconciliaciones más bellas y
de los conflictos más degradantes que lo llevan a pensar en el suicidio.30
Jeanne Duval fue reconocida como la única compañera del poeta durante buena parte de su vida; la llamó
alternativamente: “mi mujer” y “mi hija”; expresiones que no tuvo para con ninguna otra relación feme-
nina. Ella es la inspiradora de varios de los poemas de las Flores del Mal, entre ellos el célebre Héauton-
timoruménos —ver supra—, reflejo del terrible vínculo que los unía. Cuando se separaron —en 1856—,
después de una tormentosa relación, Baudelaire sufrió una de las crisis más agudas de su vida:

“Para que mi dolor, que Usted no llegará quizás, a comprender del todo, no le parezca demasiado
infantil, le confesaré que sobre aquella cabeza había depositado, como un jugador, todas mis esperan-
zas; esa mujer era mi única distracción, mi único placer, mi única compañera y, a pesar de todas las
conmociones de una relación tormentosa, jamás entró en mi mente, de forma tajante, la idea de una
separación irreparable. Incluso ahora, y a pesar de sentirme totalmente tranquilo —me sucede que
pienso al ver cualquier objeto bonito, cualquier hermoso paisaje, cualquier cosa agradable: ¿por qué
no está ella conmigo, para admirar esto, para comprarlo? Ya puede apreciar que no disimulo mis lla-
gas. Me hizo falta mucho tiempo, se lo aseguro; tan tremenda fue la conmoción, para comprender que,
quizás, el trabajo me podría dar satisfacciones... veía ante mí una interminable fila de años sin familia,
sin amigos, sin amiga, años de soledad sempiterna, de vida azarosa —y nada para el corazón—. Tam-
poco podía sacar consuelo de mi orgullo. Porque todo ocurrió por culpa mía; usé y abusé; me divertí
martirizando y fui, a mi turno, martirizado”.31

Jeanne padecía de sífilis, como Baudelaire, sus síntomas se agravaron terriblemente en 1859 y desde
entonces sólo pudo caminar con muletas; tenía una suerte de parálisis y fue internada en varias oportu-
nidades. Baudelaire se hará cargo de todos sus gastos y la cuidará como a una hija. Así la llama en una
carta del 17 de diciembre de 1859: “Querida hija, no debes guardarme rencor por haber dejado París
bruscamente sin haberte ido a buscar para procurarte un poco de distracción”.
En 1860, le dedica Les Paradis Artificiels: “aunque enferma sigue viva en mí y ahora vuelve sus miradas
al cielo, ese lugar de todas las transfiguraciones”. El mismo año, durante el verano, le alquiló una casa en
Neuilly y le confió todo su mobiliario. Desesperado, en octubre de 1860, le escribió a su madre: “Puedo
morirme antes, a pesar de ese valor diabólico que me contuvo tantas veces. Lo que me retiene desde hace
dieciocho meses es Jeanne. (¿Cómo viviría después de mi muerte? Con lo que yo deje tendrías que pagar
todas mis deudas.)”
El desenlace de la enfermedad de Jeanne fue un aviso de lo que habría de ocurrirle años más tarde en
Bruselas. Pero aún en esta época se podía creer en la curación, que autorizaba nuevas contaminaciones,
ya que la sífilis —según pensaban los médicos de entonces— no recorría más que dos etapas, la del chan-
cro y la de los accidentes secundarios con dolores óseos, periostitis, osteitis, nodus, etc.
El inexorable tercer estadio de la infección luética, era todavía desconocido —porque sobreviene después
de un período de aparente curación donde los síntomas desaparecen. Ataca al sistema nervioso central,
una vez allí, las espiroquetas se abren camino hacia los centros motores y sensitivos. Entonces, el umbral
de la percepción varía, los mareos y las ausencias se hacen comunes; como así también las terribles cefa-
leas, que duran semanas a veces. El final es terrible: el ictus, la estocada cerebral que produce afasia,
ataxia y una paraplejia irreversible, cuyo desenlace es la parálisis general progresiva.
Pero, Jeanne, Jeanne Duval, Jeanne Lemer, Jean Prosper, Jeanne, la mulata … ¿Qué fue de ella? Nadar
dice ser el último que la vio, hacia 1870. Pasaba por el boulevard, o mejor dicho, se arrastraba, apoyada
sobre sus muletas.

30 “VIVIR CON UN SER que no reconoce en ningún grado vuestros esfuerzos, que los contraría por una torpeza o una maligni-
dad permanente, que no os considera más que como un doméstico y su propiedad ... ¿Será posible?... Heme aquí, cuatro meses
que pienso en ello ... hay que partir. Pero partir DEFINITIVAMENTE.” A su madre, el 27 de marzo de 1852. Ver OEuvres, La
Pléyade.
31 A su madre, 1856. Ver OEuvres, La Pléyade.
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MON COEUR MIS A NU

“Mon coeur mis a nu es la verdadera llave de la obra de Baudelaire.”


Paul Claudel. Carta del 10 de diciembre de 1910 a Jacques Rivière.

Cuántas novelas se agitan y pugnan por cobrar vida en los Cohetes, muchos de estos textos corregidos y
transformados darán lugar a los Pequeños Poemas en Prosa. Pero su belleza efímera no acaba de satisfa-
cer al poeta, que se siente condenado a pensar en retazos y desea escribir una gran novela autobiográfica
inspirada en las Confesiones de Jean Jacques Rousseau. En 1859 imagina este nuevo proyecto y reco-
mienza su tarea a partir de las líneas de Poe:
“Si algún hombre ambicioso tiene el capricho de revolucionar, con un solo esfuerzo, el universo del
pensamiento, de la opinión y del sentimiento humano, la oportunidad es suya —el camino de la fama
inmortal está abierto frente a él—; todo lo que debe hacer es escribir y publicar un pequeño libro. Su
título debe ser simple —unas pocas y simples palabras— ‘Mi corazón al Desnudo’. Pero este libro debe
ser fiel a su título”.32

Extraño amor por lo inacabado, testarudez obsesiva por inventar proyectos que nunca concluirá; el poeta
vuelve a las andadas, toma sus hojitas de papel, las numera y estampa en ellas el sello de su nuevo fracaso:
“Puedo comenzar Mi corazón al desnudo en cualquier parte, no importa cómo, y continuarlo día a día,
siguiendo la inspiración del momento y las circunstancias, mientras que la inspiración esté viva.” 33
Apenas dos años después, el proyecto, que no ha pasado de algunas notas, ya ha cambiado de signo si-
guiendo el curso de su conflictiva existencia. El 1o de abril de 1861, en una carta a su madre, se refiere a
una obra, Mon coeur mis a nu en la que acumulará toda su cólera: “Lo que me salvó del suicidio, fueron,
sobre todo, dos ideas que te parecerán infantiles. La primera, que mi obligación era dejarte unas notas
minuciosas para el pago de todas mis deudas y que, por lo tanto, tenía que ir primero a Honfleur, donde
están clasificados todos mis documentos ... La segunda, ¿debo confesarlo?, es que resulta muy duro des-
aparecer antes de haber publicado, al menos, mis obras críticas, renunciando incluso a los dramas... a las
novelas y, finalmente, a un gran libro con el que sueño desde hace dos años: Mon coeur mis a nu, en el
que acumularé toda mi cólera... si alguna vez, este libro llega a ver la luz del día, las Confesiones de J. J.
parecerán descoloridas.”
En una carta a Poulet Malassis, escrita alrededor del 7 o el 8 de agosto de 1863, le dice, refiriéndose a su
proyecto: “Volveré contra Francia entera mi verdadero talento para la impertinencia. Siento necesidad
de la venganza tal como un hombre cansado siente la necesidad de un baño. Por cierto, sólo publicaré
Mon coeur mis à nu cuando tenga una fortuna bastante considerable para ponerme a salvo, fuera de
Francia, si es preciso.”
La fantasía de emular y superar a Rousseau; el deseo de lograr un resultado en la prosa similar al obtenido
con sus poemas, lo hace trabajar intermitentemente en el proyecto entre 1859 y 1864, cuando parte para
Bélgica. La seriedad que atribuye a la obra hace que esta figure en la lista de títulos cuyos derechos de
autor vende a Hetzel en 1863.
Este es el año en que, por primera, vez recibe un reconocimiento intelectual en el extranjero. Algernon
Swinburne escribe una crítica elogiosa de su obra en el Spectator de Londres. En París, las cosas son muy

32 “If any ambicious man have a fancy to revolutionize, at one effort, the universal world of human thought, human opinion,
and human sentiment, the opportunity is his own —the road to inmortal renown lies straight, open, and unencumbered before
him—. All that he has to do is to write and publish a very little book. Its tittle should be simple —a few plain words ‘My Heart
Laid Bare’—. But this little book should be truth to its title.” Edgar Allan Poe. Marginalia. Publicado originalmente en el
Graham’s Magazine, enero de 1848. Citamos la edición de 1981, Virginia University Press, Charlottesville, Virginia.
33 Mi corazón al desnudo 1.2. Ver Gabriel Sarando. Manuscritos Póstumos de Charles Baudelaire. Ediciones Kwaidan.
12

diferentes. Pontmartin lanza, en Le Figaro, un violento ataque contra Baudelaire. En 1864, el mismo
periódico acepta publicar una serie de sus Poémes en Prose pero, después de un par de ediciones, Ville-
messant le dice fríamente: “Sus poemas aburren a todo el mundo”.

EL VIAJE

“No importa dónde, mientras sea fuera de este mundo”.


Charles Baudelaire. Anywhere out of this world.

Esta vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama. Así definía el
poeta la terrible “enfermedad del horror al domicilio”, ese nomadismo atormentado que lo había llevado
por todos los hoteles de París. Después de la crisis de 1862, soñaba con volver a Honfleur, junto a su
madre. No obstante, perseguido por los acreedores —como su editor Poulet Malassis—, elige el autoexilio
en Bruselas. “El hombre sólo puede cambiar su destino por otro peor” —había escrito, premonitoria-
mente, en los Paraísos Artificiales.
En agosto de 1863, se le ocurrió por primera vez, la intención de viajar a Bélgica: será “una excursión de
dos o tres meses con el propósito de visitar las ricas galerías del país y de hacer un buen libro con mis
impresiones personales”. El proyecto se transforma y cobra vuelo; Baudelaire empieza a soñar con una
serie de conferencias y de artículos para L’Indépendance belge. En diciembre, ya fantasea con vender a
Lacroix, el editor de Víctor Hugo, tres volúmenes de sus Varietés. Por la misma época concibe la idea de
un libro sobre Bélgica y el barroco flamenco que pretende publicar por entregas en Le Figaro.
Según el relato de su amigo, Charles Asselineau: “En el mes de abril de 1864, Baudelaire partió hacia
Bélgica. Había escuchado hablar del gran suceso obtenido en Bruselas por los literatos franceses que da-
ban conferencias públicas. Soñaba con los magníficos beneficios realizados en Inglaterra y en América
por Dickens; Thackeray; Longfellow y Edgar Poe, quienes habían vuelto enriquecidos después de una
tournée, emprendida para aprovechar de ciudad en ciudad, las conferencias sobre un libro o una lección.
También pensaba entrar en relación con una importante casa editorial para una edición definitiva de sus
obras. Ni lo uno ni lo otro resultaron según sus esperanzas.”34
Un destino burlón lo hospeda en el Hôtel du Gran Miroir, en el 28 calle de la Montagne, donde sólo
pensaba quedarse algunos días. En realidad, contaba con regresar a París el 15 de junio, a más tardar,
después de haber realizado interesantes beneficios con sus conferencias. ¿Era sólo casualidad que el hotel
tuviera ese nombre? o él lo eligió precisamente por eso: “El dandy debe vivir y dormir ante un espejo”.
Este hotel, muy antiguo y célebre; cuyo nombre insólito parece que fue el de su primer propietario —en
1826—, Monsieur Englebert de Speculo, era más bien vetusto y algo venido a menos.
Normalmente, el viajero era recibido por el dueño —un parisino de nombre Lepage—, y por su esposa,
oriunda de Picardía, una mujer bajita, arisca, desabrida y desconfiada, que llevaba las cuentas de los
clientes con extremo rigor y censuraba su correspondencia.35 La patrona ingresará muy pronto en la le-
yenda negra de Bruselas como acreedora/persecutora del poeta que, la llamará: “le monstre du Grand
Miroir”.
Bruselas es una de las ciudades más desabridas de Europa, a excepción de la Grand Place, con su prodi-
gioso decorado —que permanece idéntico a los tiempos en que Baudelaire la visitaba—, todo es asombro-
samente regular y uniforme, la ciudad tiene un ritmo provinciano que hunde en el aburrimiento al viajero
que llega de París. Baudelaire camina por las calles y toma notas en pequeños trozos de papel que luego
numera, clasifica cuidadosamente y que, con el tiempo, se acumulan en una gran maleta:

“Physionomie de la Rue.

34 Charles Asselineau. Charles Baudelaire sa Vie et son OEuvre. Alphonse Lemerre Editeur.
35 Claude Pichois, Jean Ziegler. Baudelaire. Debates.
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Premières impressions.
On dit que chaque ville, que chaque pays a son odeur. Paris di-ton, sent le chou aigre. Le Cap sent le mouton.
L’orient sent le musc et la charogne.
Bruxelles sent le savon noir. Les chambres sentient le savon noir avec lequel ells ont été lavées. Les lits sentent
le savon noir, ce qui engendre l’insomnie pendant les premiers jours. Les trotoirs sentent le savon noir.
Fadeur universal de la vie. Cigares, legumes, fleurs, cuisine, cheveux, yeux. Tout semble fade, triste et endormi.
La physionomie humaine, vague, sombre, endormie. [horrible peur de devenir bête]. Les chiens seuls sont vi-
vants. [Nègres de la Belgique].
Bruxelles beaucoup plus bruyant que Paris, a cause du pave, de la fragilité et la sonorité des maisons de l’accent
du people, de la maladresse universel /et en fin/ du sifflement national et des aboiements des chiens.
Peu de trotoirs ou trotoirs interrompus, pas de vie dans la Rue. Beaucoup de balcons, persone au balcón. Une
36
ville sans fleuve. Pas d’étalages devant les boutiques. Flannerie /si chère aux peuples imaginatifs/ imposible.”

[“Fisonomía de las calles.


Primeras impresiones.
Se dice que cada ciudad y que cada país tiene su olor. Se dice que París huele a repollo agrio. El Cabo huele a
cordero. Oriente huele a almizcle y a carroña.
Bruselas huele a jabón negro. Los cuartos huelen al jabón negro con el que han sido lavadas. Las camas huelen
a jabón negro y esto produce insomnio durante varios días. Las aceras huelen a jabón negro.
Insipidez universal de la vida. Cigarros, legumbres, flores, cocina, cabellos, ojos. Todo parece insípido, triste y
somnoliento. La fisionomía humana, vaga, sombría, adormilada [horrible pánico de embrutecerse]. Sólo los pe-
rros son vitales. [Negros de Bélgica].
Bruselas, mucho más ruidosa que París, a causa del adoquinado, de la fragilidad y de la sonoridad de las casas
(de la estrechez de las calles), del acento del pueblo, de la torpeza universal, /y, en fin/ de la silbatina nacional y
los ladridos de los perros.
Sin veredas (o veredas interrumpidas) —espantoso adoquinado. —Calles sin vida. —Muchos balcones vacíos. —
Una ciudad sin río. Tiendas sin escaparates. —La holgazanería (tan cara a los pueblos imaginativos) resulta aquí
imposible”.]

La primera conferencia se postergó hasta el 2 de mayo, Baudelaire se vio condenado a caminar en solitario
por las calles anodinas y a soportar el insomnio en su pieza del hotel, pobremente amueblada e inhóspita.
El tema del primer ciclo de intervenciones era Delacroix, por quien Baudelaire tenía una verdadera de-
voción. En realidad, era una lectura de su texto “La obra y la vida de Eugène Delacroix”, publicado en
1863, en L’Opinion Nationale. La conferencia tuvo lugar en el “Círculo Artístico”, ubicado frente al Hôtel
de Ville, en la Maison du Roi, a la que el poeta llamaba “rodaja de pan”, porque el estilo gótico original
había sido desfigurado por las refacciones de mal gusto hechas en el tejado y el revestimiento de la fa-
chada.
Baudelaire no es un orador adecuado para ese tipo de audiencia: “es muy nervioso”... “el auditorio lo sigue
con cierta dificultad” pero, “todos salieron encantados de su velada”.37
Quizás por este primer éxito engañoso, Baudelaire decidió quedarse en Bruselas y ofrecer otras cuatro
conferencias. Contaba con algunos amigos, los Stevens —que a su vez lo introdujeron a los Collart—, así
fue como después de su bautismo de fuego en el Círculo, fue a pasar algunos días a Stalle sous Uccle,
donde Madame Léopold Collart había comprado una tal “Granja Rosa”, cerca del estanque de Herinck.
Resulta difícil imaginar a Baudelaire entre la gente que pertenecía al círculo de admiradores de Hugo, sin
embargo, Baudelaire pasó unos días alegres en la granja, he hizo amistad con Mme. Collart cuyas pinturas
le agradaron.
Durante el trayecto en carruaje por la cuesta empinada del camino de Alsemberg —que conducía hasta la
cima de una colina desde la que se podía ver el valle del Senne—, le llama la atención un cafetín que tiene
un curioso cartelito “Vista del cementerio”. El lugar le recuerda a su amigo, el poeta Charles Monselet,
con el que bromean siempre acerca de las viejas prostitutas a las que apodan “esqueletos”:

36 Charles Baudelaie. Fusées Mon coeur mis à nu La Belgique désabillée. Edition d’André Guyaux. Ed. Folio.
37 Claude Pichois, Jean Ziegler. Baudelaire. Debates.
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“Vous qui raffolez des squelettes


Et des emblémes détestés,
Pour épicer les voluptés
(Fut ce de simples omelettes)

¡Vieux pharaon, ô Monselet!


Devant cette enseigne imprévue,
J’ai rêvé de vous: a la vue
Du Cimetiére, Estaminet!” 38

El poeta garabatea unas líneas para su amigo, quizás en la próxima estación, no menos pintoresca, de la
posada que lleva por nombre Spytigen Duivel —el Demonio Embaucador—, bautizada por el mismísimo
Carlos V. Más tarde, esta visión del cafetín junto al cementerio, le sugirió dos textos maravillosos: Le tir
et le cimetière y Anywhere out of this world, publicados póstumamente en 1868, en la última serie de Le
Spleen de Paris.
Lo cautiva, dice en las primeras líneas de Le Tir, el refinamiento del propietario quien, al igual que los
antiguos egipcios, no puede concebir un buen festín sin un esqueleto o sin un comentario sobre la breve-
dad de la vida. El argumento es simple: un viajero pasa junto al cafetín de la colina y es tentado por la
exuberancia del sol en la campiña. Desciende al campo santo y, una vez allí, siente los disparos de algunos
palurdos que tiran al blanco en las cercanías, sin respetar el descanso de los que allí están sepultados.
Bajo el sofocante resplandor del verano, escucha la voz de la muerte que, como una vieja gruñona, mur-
mura bajo la tumba en la que se ha sentado a descansar:

“Si vous saviez comme le Prix est facile a gagner, comme le but est facile à toucher, et combien tout
est néant, excepté la Mort, vous ne vous fatigueriez pas tant, laborieux vivants, et vous troubleriez
moins souvent le sommeil de ceux qui depuis longtemps ont mis dans le But, dans le seul vrai but de
la detestable vie!”.

[“Si ustedes supieran qué fácil es ganar el premio, qué fácil es dar en el blanco y que todo es nada —excepto la
Muerte—, no se fatigarían tanto, vivos laboriosos, y no estorbarían tan seguido el sueño de aquellos que desde
hace tiempo han llegado al Fin, al verdadero fin de la detestable vida”.]

En estas secuencias del viaje por los alrededores de Bruselas; en las notas y poemas que se superponen,
podemos ver al Baudelaire que emprende la última jornada. Una nota posterior dice literalmente: “Mon
coeur mis á nu, notes sur la Belgique, Spleen de Paris”; título que reciben los últimos poemas en prosa.
Aquí pueden verse los vasos comunicantes que se establecen entre los títulos fundamentales de la obra
póstuma. Hay que descartar, por lo tanto, el prejuicio vulgar de que existe una barrera entre los poemas
en prosa y las notas “inaceptables”, excluidas de la obra póstuma o censuradas por los mediocres.
En otro fragmento, incluido en Pauvre Belgique, vuelve sobre el mismo tema:

“Pintura de Leÿs fenómeno acústico. Pintura de Delacroix, caricatural y experimental, fenómeno acús-
tico. Mal de mar, fenómeno acústico.
A la vista del Cementerio, cafetín. Para Monselet, el día en que yo contemplaba un entierro …”

38 Hay una famosa anécdota en la que Charles Monselet encuentra a Baudelaire, en medio de una fiesta muy animada, mirando
todo con un gran distanciamiento. Un tanto intrigado le pregunta:
—¿Qué hace usted aquí?
—Veo pasar los esqueletos.
El pequeño poema no hace más que bromear con esta expresión: “Tú que amas con pasión los esqueletos/ Y las mentiras exe-
crables/ Que sazonan tus placeres (Aunque más no sean simples tortillas). ¡Viejo faraón, oh Monselet!/ Ante este lema inespe-
rado/ He soñado contigo: A la vista/ Del cementerio, Cafetín.”
15

Los “fenómenos acústicos” —¿alucinaciones auditivas?— que sobrevienen ante la vista de ciertas pintu-
ras. Un misterioso mal de mar que aparece asociado a dichos fenómenos. ¿Son estos, acaso, los primeros
síntomas del recrudecimiento de la enfermedad? Baudelaire se encamina hacia el final ineluctable y es-
cucha a la muerte gruñir bajo la tierra. La muerte le dicta sus últimos textos. Aún en vida, Baudelaire ya
es póstumo.

PAUVRE BELGIQUE

“El gran mérito de hacer un libro sobre Bélgica. Se trata de ser divertido hablando del aburrimiento, instructivo
hablando de la nada ...”
Charles Baudelaire. Pauvre Belgique.

A la vuelta de su paseo por Uccle, se enteró de que la prensa había alabado su primera conferencia. Todo
parecía marchar viento en popa, al menos en lo referente a sus relaciones públicas, sin embargo, cuando
escribe a su madre para enviarle la nota de L’Indépendance belge, no manifiesta ninguna esperanza
acerca de lo que pueda ocurrir: “Aquí va una nota sobre mi primera conferencia. Dicen que he tenido un
enorme éxito. Entre nosotros, todo va muy mal. Llegué demasiado tarde. Aquí hay una gran avaricia, una
lentitud infinita para todas las cosas, una cantidad enorme de cerebros vacíos. Para decirlo claramente:
esta gente es aún más estúpida que los franceses”.
A las pocas semanas de estar en Bruselas, Baudelaire ya había comprendido lo absurdo de su proyecto:
juntar dinero en un país donde ni siquiera podía conseguir crédito para pagar su hotel. No obstante, se
empeñó en seguir con las conferencias y decidió prolongar su estadía en la ciudad. A fines de junio, seguía
organizando reuniones y charlas, una de las cuales, bien patética por cierto, aparece descripta en otra
carta a su madre —17 de junio de 1864—: “... fueron quince personas las que invité y vinieron cinco... Te
imaginas, tres enormes salones, iluminados con grandes candelabros, decorados con soberbias pinturas,
una profusión absurda de pasteles y de vino; todo esto para diez o doce personas muy tristes.
Un periodista me dijo, inclinándose hacia mí: —En sus obras hay algo cristiano que no ha sido bien ob-
servado. En eso, de la otra punta del salón, desde el canapé donde estaban los agentes de bolsa, me llega
un murmullo... —Dice que somos unos cretinos.”39
La reunión que había sido preparada para el editor Lacroix, confirma el fracaso de sus proyectos. Nadie
quiere editarlo, nadie entiende lo que dice, con voz entrecortada en sus fallidas conferencias; de pronto,
el absurdo de su viaje al planeta belga se pone de manifiesto.
Poulet Malassis, que había enfrentado un proceso por deudas y fuertes multas por sus ediciones, entre
ellas la de Fleurs du Mal, ha salido de la cárcel. Desterrado en Bruselas, encuentra a Baudelaire en medio
de sus absurdas aventuras. Coco, el editor del Parnaso, se dedica ahora a vender libros pornográficos.
El encuentro no hace más que reforzar la sensación de soledad. En los días subsiguientes la desesperación
lo invade; el 14 de julio escribe a su albacea, Ancelle: “Todo fracasó“.
Pero Baudelaire no es de aquellos que se entrega sin combatir y se le ocurre lanzar un último escupitajo
contra la pared del mundo. Reunirá todas las notas y los poemas de circunstancia que ha escrito desde
que llegó en un libro único y monstruoso. Un libro más diabólico aún que los escritos en toda su vida.
En otra carta a Ancelle —13 de noviemnbre de 1865—, aparecen claramente los propósitos de su obra
póstuma: “Explicaré, pacientemente, las razones de mi repugnancia por el género humano”.
Algunos se conforman con odiar a unos pocos, a Baudelaire no le alcanza —como a Byron—, con odiar a
toda la humanidad; resumirá este odio en un país, lo escarnecerá hasta la náusea y se ahogará en su
propia bilis.
A los pocos meses de su arribo a Bruselas el programa de su libro sobre Bélgica ya ha sido formulado en
un lenguaje que recuerda al Chamfort de Maximes et pensées40 y al Voltaire de la carta a Formont.

39 En francés existe una homofonía entre chrétien: cristiano y crétin: cretino.


40 “El carácter natural del francés se compone de las cualidades del simio y del perro acostado”. Ver Sébastien Roch Nicolas de
16

“Argumento del libro sobre Bélgica


[Versos de Voltaire41]
Elección de títulos:
La verdadera Bélgica. La Bélgica al desnudo.
Bélgica al desnudo. Una capital para reír.
Una capital de monos.
PRELIMINARES.
Que siempre es necesario, como dice Dantón: “llevar la patria en la suela de los zapatos”.
Francia, vista de cerca, tiene un aspecto bien bárbaro. Pero si vas a Bélgica, serás menos severo con
nuestro país. Como Joubert agradecía a Dios por haberlo hecho hombre y no mujer, tú le agradecerás
de haberte hecho Francés y no Belga.
El gran mérito de hacer un libro sobre Bélgica. Se trata de ser divertido hablando del aburrimiento,
instructivo hablando de la nada...
COSTUMBRES (continuación).
El cerebro Belga.
La conversación Belga.
Es difícil definir el carácter Belga, como así también de clasificar al Belga en la escala de los seres.
Es mono, pero es molusco. Una sorprendente pesantez con una prodigiosa versatilidad /aturdi-
miento/. Es fácil de oprimir, como la historia lo constata; es imposible de aplastar.
No salgamos, en nuestro juicio, de ciertas ideas: monería, falsificación, conformismo, impotencia
odiosa y así podremos clasificar todos los hechos bajo diferentes títulos.
Sus vicios son falsificaciones.
El petimetre belga.
El patriota belga.
El masacrador belga.
El libre pensador belga, cuya principal característica es la de creer que uno no cree lo que dice, porque
él no lo comprende.
Imitaciones de la impiedad y la chabacanería francesas.
Presunción y fatuidad. Familiaridad.
Retrato de un fruto seco valón.
Horror espiritual. Historia de Valbezen* en Anvers.
Horror de su risa. Estallidos de risa sin motivo. Si alguien cuenta una historia patética, el belga estalla
en carcajadas sin motivo para hacer creer que ha comprendido. Son rumiantes que no digieren nada.
—Y sin embargo hay una Beocia en Bélgica, Poperinghe.”42

Chamfort. Maximes et Pensées. Ed. A. Silvaire.


41 Versos adjuntados por Voltaire a una carta dirigida a Formont y fechada en Bruselas, el 1ro de abril de 1740. Baudelaire los
había encontrado en L’Histoire de la Ville de Bruxelles de Alejandro Henne y Alphonse Wauters, Bruselas 1843-1845. Notas de
Jacques Crépet y André Guyaux.
“Pour la triste ville où je suis,
C’est le séjour de l’ignorance,
De la pesanteur, des ennuis,
De la stupide indifférence,
Un vieux pays d’obédience,
Privé d’esprit, rempli de foi.”
[Para la triste ciudad donde me encuentro
Es la estación de la ignorancia,
De la pesadez, del aburrimiento,
De la estúpida indiferencia,
El viejo país de la obediencia,
Privado de espíritu, lleno de fe.]
42 Charles Baudelaire. Fusées Mon Coeur mis a nu La Belgique déshabillée. Edition d’André Guyaux. Folio.
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EL CÍRCULO VICIOSO

“Lástima que, al partir, uno tenga que llevarse”.


Adolfo Bioy Casares

La idea de volver a Paris lo espanta. Allí está Arondel, un acreedor que siempre lo amenaza con la cárcel,
Baudelaire no puede ni escuchar su nombre. Mientras que Poulet Malassis se ha instalado cómodamente
en el negocio de la pornografía y ni siquiera piensa en volver, Baudelaire se debate entre el miedo y la
nostalgia, disfrazada de nuevos proyectos imposibles. El libro maldito sobre Francia, impublicable allí,
se ha vuelto ahora el libro maldito sobre Bruselas, impublicable aquí. La misma fantasía de que en Bru-
selas ganaría dinero con sus conferencias y sus ediciones, lo lleva a convencerse de que es en París donde
conseguirá dinero por sus fragmentos: “Los fragmentos que tengo escritos representan 1000 francos, al
menos. Pero no dejaré que los publiquen mientras esté en Bélgica. —Por consiguiente, tengo que volver
a Francia para tener dinero y necesito dinero para marcharme y también para reemprender una excursión
a Namur, Brujas y Amberes (para estudiar ciertos problemas de pintura y arquitectura, durante un má-
ximo de seis días). Todo esto es, por lo tanto, un círculo vicioso.”
Esta carta a Ancelle —13 de octubre de 1864— demuestra que tiene una absoluta conciencia de que su
vida ha desembocado en un callejón sin salida.
El proyectado viaje a París iba a concretarse el 18 de noviembre y Baudelaire llegó hasta la estación de
Bruselas, pero una vez allí no se atrevió a abordar el tren: “Me sobrecogió un terror, un miedo indecible,
el horror de volver a ver mi propio infierno.”
Permanece en el hotel escribiendo sus notas sobre Bélgica pero, las impresiones iniciales degeneran en
insultos gratuitos, de manera alarmante, algunas de
las rúbricas se repiten sin sentido. Finalmente, el embotamiento y la depresión se imponen sobre la iro-
nía y la blasfemia. Está atrapado entre su terror de volver a París y su hastío de Bélgica. Más tarde, la
lucidez cederá paso a la mistificación. En enero de 1865 escribe a su madre: “No quiero volver a Francia
más que gloriosamente.”
Poco más de un año después de su llegada, a mediados de 1865 —el 4 de julio—, se siente suficientemente
fuerte como para subir al tren. Los vaivenes de la enfermedad le han producido una cierta euforia que
durará exactamente seis días, durante los cuales no hace más que despedirse de sus amigos. Théophile
Gautier nos ha dejado un breve testimonio de su encuentro en Paris: “¡Este Baudelaire es sorprendente!
¿Hay alguien que pueda comprender esta manía de permanecer en un país donde está sufriendo? Cuando
me fui a España, a Venecia, a Constantinopla, sabía que iban a gustarme y que al volver, escribiría un
libro hermoso; Baudelaire, ¡se queda en Bruselas, donde se aburre, por el gusto de decir que se aburrió!43
“Vuelvo a salir para el infierno”—escribe a Saint Beuve— y, el 16 del mismo mes, ya está de vuelta en la
habitación helada del Grand Miroir. Desde París, Paul Meurice le escribe: “¿Qué hilo te tiene atado por
el ala a esa estúpida jaula Belga?”

ENCUENTRO CON LA NADA

“—Bélgica es un monstruo … Es la nada … FIN.”

Los meses transcurren sin que nada cambie, la rutina de Bruselas, interrumpida apenas por breves viajes
a Malines, Anvers, y Namur, donde visita la iglesia de Sain Loup: “la obra maestra de los Jesuítas” y
concibe un proyecto sobre la arquitectura barroca en Bélgica. Allí se encuentra con Félicien Rops. Se trata
de un grabador que ilustra las obras de Poulet Malassis y que diseñará la portada de Les Épaves —“Los

43 Claude Pichois, Jean Ziegler. Baudelaire. Debates.


18

Despojos”—, aquéllos poemas censurados de las Flores del Mal que serán publicados en Bélgica al abrigo
de la censura francesa.
Desde hacía tiempo que el pintor quería conocer al poeta; había descubierto una afición común: los es-
queletos: “Baudelaire es, creo, el hombre que más ansío conocer, hemos coincidido en un amor singular,
el amor por la forma cristalográfica primera: la pasión del esqueleto.”
¿Es que Rops conocía el maravilloso poema de “Las Flores del Mal” sobre “Los esqueletos labradores”?

“Dans les planches d’anatomie


Qui trainent sur ces quais pudreux
Où maint libre cadavéreux
Dort comme une Antique momie,

Dessins auxquels la gravité


Et le savoir d’un vieil artiste,
Bien que le sujet soit triste,
Ont communiqué la Beauté …”

[“En láminas de anatomía


Por los estantes podridos,
Donde libros cadavéricos
Duermen como una Antigua momia,

Dibujos que la gravedad


Y la sabiduría de un artista
Aunque el asunto sea triste
Revistieron de Belleza …]

Donde, en las estrofas finales se esbozaba una premonición:

“… Qu’envers nous le Néant est traitre;


Que tout, même la Mort, nous ment,
Et que sempiternellement,
Hélas! Il nous faudra peut-être

Dans quelque pays inconnu


Écorcher la terre revêche
Et pousser un longue bêche
Sur notre pie sanglant et nue.”

[Que la Nada es engañosa


Y hasta la muerte nos miente
Y que, sempiternamente,
Quizás nos hará falta

En un país desconocido
Desollar la tierra ardiente
Y empujar la larga pala
Sobre el desnudo pie sangrante.]

Félicien Rops es una de las sorpresas que Bélgica le regala: “Rops es el único verdadero artista (en el
sentido en que yo entiendo —y a lo mejor, solamente yo— la palabra artista) que he encontrado en Bél-
gica.” Baudelaire pasa unos días con Rops y con su suegro, Polet de Faveaux, quien lo emociona al citarle
19

sus Fleurs du Mal junto a Horacio y Barbey D’Aurevilly. Refiriéndose a Rops le comenta, eufórico, a Pou-
let-Malassis: “Su suegro es el único belga que habla latín”.
Pero, a pesar de los días en que Rops “supo mitigar mi tristeza en Bélgica”; al separarse en Namur, Bau-
delaire, le habría dicho: “La vida es hermosa pero muy insegura. A lo mejor uno de nosotros va a entrar
en la eternidad. Con la esperanza de un próximo y feliz encuentro, deje que me despida: ¡Hasta la eterni-
dad!”
No obstante, el humor ciclotímico, continuó su viaje por Liège, Gand y Bruges. Las notas pasarían a for-
mar parte del proyectado libro sobre Bélgica:

“Visita a Bruges
Bruges ciudad fantasma, ciudad momia, apenas conservada. Esto huele a muerte, a la Edad Media, a
Venecia .../en negro, los espectros rutinarios y las tumbas. —Gran Beatería; campanarios. Algunos
monumentos. Una obra atribuida a Miguel Ángel. Sin embargo, Bruges se va, ella también.
EPILOGO. El futuro. Consejo a los franceses.
Bélgica es como hubiera sido Francia de haber quedado en manos de la Burguesía. Bélgica es un lugar
sin vida, pero no sin corrupción. —Cortada en trozos, dividida, invadida, vencida, golpeada, robada, el
belga vegeta aún, pura maravilla de molusco.
Noli me tangere, una bella divisa. —¿Quién querría tocar ese bastón merdoso? —Bélgica es un mons-
truo. ¿Quién querría adoptarla? —No obstante, ella presenta varios elementos de disolución. El arle-
quín diplomático puede ser dislocado de un momento a otro. —Una parte puede ir a Prusia, la parte
flamenca a Holanda y las provincias valonas a Francia. —Gran desdicha para nosotros. —Retrato del
valón. —Razas ingobernables, no por su exceso de vitalidad, sino a causa de la ausencia total de ideas
y de sentimientos. Es la nada … FIN”44

HUGO Y LOS OTROS

“... imagínese, lo que debo aguantar en un país donde los árboles son negros y las flores no tienen perfume.”
Charles Baudelaire, a Ancelle, 13 de octubre de 1864

Además de sus notas sobre Bélgica —Pauvre Belgique—, los poemas que serán incluidos en la edición
póstuma de las Flores del Mal bajo el título de Les Épaves —“Los Despojos”— y los dos pequeños poemas
en prosa —Le tir et le cimetière; Anywhere out of this world—, que se sumarán a la edición póstuma de
Spleen de Paris, Baudelaire escribe en Bruselas un texto que puede ser considerado como su testamento
poético: se trata de la respuesta a un artículo de Jules Janin acerca de “Henri Heine y la juventud de los
poetas”, publicado en L’Indépendence bélge el 11 de febrero de 1865:

“Yo presento la paráfrasis del genus irritabile vatum para la defensa, no solamente de Henri Heine, sino de
todos los poetas. Esos pobre diablos (que son la corona de la humanidad), insultados por todo el mundo. Cuando
tienen sed, y piden un vaso de agua, hay Trimalciones que los tratan de borrachos. Acto seguido, Trimalción se
seca las manos en los cabellos de sus esclavos pero, si un poeta mostrara la pretensión de tener algunos burgueses
en su caballeriza, habría muchos que pondrían el grito en el cielo ...
... Jules Janin no quiere más imágenes dolorosas.
¿Y la muerte de Charlot?
¿Y fornicar en la media luna de la guillotina?
¿Y el Bósforo tan encantador desde lo alto del empalamiento?
¿Y el hospicio de la Maternidad?
¿Y los Capuchinos?
¿Y los chancros humeantes bajo el hierro candente?

44 Charles Baudelaire. Fusées, Mon Coeur mis a un, La Belgique déshabillée. Edition d’André Guyaux. Folio.
20

Cuando el diablo se hace viejo se vuelve... pastor. Vete a pastorear tus blancos corderos.
Abajo los suicidas. Abajo los malignos farsantes. En vuestro reino, jamás se podrá decir que Gérard de Nerval se
ahorcó, Janino Imperatore. Habría incluso agentes, inspectores, que obligarían a quedarse en su casa, a los que
no exhiban en sus labios, la mueca de la felicidad.
Catilina, un hombre de espíritu, sin duda, porque tenía amigos aún entre sus opositores; lo que no es ininteligible
más que para un belga.
¡Siempre Horacio y Margoton! Se cuidaría bien de elegir a Juvenal, Lucanio o Petronio: aquel con sus aterradoras
impurezas y sus tristes bufonerías. (Usted tomaría partido por Trimalción, porque él es feliz, confiéselo) y el otro
con sus remordimientos de Brutus y de Pompeyo, sus muertos resucitados, sus hechiceros de Tesalia, que hacen
bailar a la Luna sobre la hierba de las planicies desoladas y, aquel otro, con sus estallidos de risa llenos de furor...
Trimalción es bestia, pero es feliz. Es vanidoso hasta el punto de hacer reventar de risa a sus servidores, pero es
feliz. Es abyecto e inmundo, pero es feliz. El ostenta un gran lujo y amaga ser conocedor de delicadezas, pero es
feliz. Es ridículo, pero es feliz. ¡Ah! Perdonemos a los que son felices. ¿La felicidad, una bella y universal excusa,
no es así?
... yo estimo que mi mal humor es más distinguido que vuestra beatitud. Llegaría al punto de preguntarle si los
espectáculos de la tierra le alcanzan. ¡Qué! ¡Nunca ha tenido deseos de largarse, aunque más no sea para cambiar
de espectáculo! Tengo serias razones para compadecerme de quien no ama a la Muerte.
Byron, Tennyson, Poe y Cia.
Cielo melancólico de la poesía moderna. Estrellas de primera magnitud ...
... ¿Por qué el poeta no sería un triturador de pescados, como así también un repostero, un criador de serpientes
para producir milagros y espectáculos, un amante de los reptiles, que disfruta, al mismo tiempo, de las caricias
de sus anillos y del terror de la muchedumbre?” 45

Janin era el príncipe de los críticos de aquella época; denostaba la novela negra y había escrito una paro-
dia de l’Ane Mort. Al leer su artículo en L’Indépendance belge del 13 de febrero de 1866 la furia se sumó
a los fuertes dolores de cabeza. Janin arremetía contra la amarga ironía de Heine y contra la melancolía
de los poetas románticos, a quienes llamaba, con un mezquino chauvinismo, “extranjeros”—contrapo-
niéndoles la alegría de los poetas franceses como Béranger: que cantaron a “la deliciosa embriaguez de
los veinte años”. Este elogio empalagoso de la felicidad provocó la ira del poeta del Spleen del Goût du
Néant. Baudelaire preparó una respuesta mordaz, bajo la forma de una carta abierta a Janin, pero la
interrumpió después de haber escrito unos cuantos párrafos, inspirados por una sublime indignación.
Era un proyecto condenado por su estado de salud. En mayo de 1865, “le volvieron a aquejar bruscamente
las neuralgias (lo que no es nada) y el vientre” —a su madre, 30 de mayo de 1865—, del que había padecido
en 1864, e incluso mucho antes, puesto que el uso del láudano había sido cotidiano para él durante mucho
tiempo. El 30 de noviembre escribe a Ancelle: “Me aburro y estoy padeciendo un martirio. Renuncié a
toda clase de relaciones. Prefiero una soledad absoluta a las compañías brutales, estúpidas, ignorantes.
¿Y mi madre? ¿Tiene usted noticias suyas? A veces me imagino que ya no la veré más.”46 Pasa largas horas
en el hotel, embotado por los sedantes, a veces debe empapar una toalla con diversos medicamentos y
envolverse la cabeza con ella para poder salir.
Cuantas veces hemos escuchado la expresión: “Hugo reinaba”, aparece en la Histoire de la Litérature
Française de Gustave Lanson —en la edición de 1923—, está en boca de Valéry en la conferencia sobre
Baudelaire pronunciada el 19 de febrero de 1924 en la Société de Conférences. Imagínense a Baudelaire
en 1866, cenando en casa de Mme. Hugo y recibiendo la maravillosa noticia de que Victor Hugo abando-
nará su roca de Jersey para venir a Bruselas a firmar dos nuevos contratos con Lacroix. El mismo editor
con el que soñaba publicar sus fragmentos y que ni siquiera ha ido a sus conferencias. En febrero escribió
a Ancelle refiriéndose a Hugo: “Por lo visto él y el Océano riñeron. O no tuvo la fuerza de soportar al
Océano, o el propio Océano se aburrió de su compañía”.
Victor Hugo llegó a principios de julio de 1865. Vendió a Lacroix y Verboeckhoven Les Chansons des rues
et des bois y Les travailleurs de la mer, por 120.000 francos. Baudelaire, por su parte, no había ganado
en toda su vida de escritor más que quince mil francos. El 6 de octubre cenó con Hugo quien le hizo
grandes declaraciones de afecto. El 4 de noviembre, Baudelaire, que no mencionó en su correspondencia

45 Charles Baudelaire. Fusées Mon Coeur mis a nu La Belgique déshabillée. Edition d’André Guyaux. Folio.
46 Incluido por primera vez en la edición Crépet de las Oeuvres posthumes de 1887.
21

la visita del 18 de julio, ni la cena del 6 de octubre, escribió a su madre:

“Victor Hugo, pasó una temporada en Bruselas y desea que vaya a pasar algún tiempo en su isla; me ha aburrido
mucho, cansado mucho...
No aceptaría su gloria ni su fortuna, si tuviese que hacer, al mismo tiempo, sus enormes ridículos. Mme. Hugo
es media idiota y sus dos hijos son grandes necios —si quieres leer su último volumen: Les Chansons des rues et
des bois te lo enviaría enseguida—. Como siempre, enorme éxito desde el punto de vista de las ventas. —Desilu-
sión de toda la gente de valía después de haberlo leído—. Esta vez quiso mostrarse alegre, ligero y enamorado,
ser joven otra vez. Es horriblemente pesado. No veo en estas cosas, como en muchas otras, sino una nueva oca-
sión de dar gracias a Dios, por haberme ahorrado tanta estupidez. Rezo constantemente la oración del Fariseo”.

Había recibido un ejemplar de las Chansons que llevaba esta dedicatoria: “A Charles Baudelaire, junga-
mus dextras“. “Esto, creo yo, no quiere decir sólo démonos un mutuo apretón de manos. Esto quiere decir
también; unamos nuestras manos PARA SALVAR AL GENERO HUMANO. Pero el género humano me
importa un comino, y ni se dio cuenta de ello.”
La invitación de Hugo para ingresar en su insípido reino jamás le interesó. Baudelaire no actuaba con
ingratitud, su distancia del mundo era total. Pertenecía al genus irritabile vatum y no había lugar para él
en el rebaño. Su misión era sagrada: dar un sentido sublime a las palabras de la tribu.

LA MUERTE TRIUNFABA EN ESA VOZ EXTRAÑA


¡Hasta la eternidad!
Baudelaire a Félicien Rops.

Cuando recibió noticias de que su obra era elogiada por los artículos de Verlaine y Mallarmé; o Saint
Beuve le decía que, de volver a París, llegaría a ser una autoridad, un oráculo, un poeta de consulta, res-
pondió: “No conozco nada más comprometedor que los imitadores y nada me gusta tanto como estar
solo.”47
Un tiempo después, inconscientemente, sin darse cuenta exactamente de qué escritura hablaba, si de la
de Baudelaire o la de Poe —ya que había leído al último a través del primero—, Mallarmé se acercó a la
verdad más que ningún otro:

Tel qu’en Lui-même enfin l’eternité le change


Le Poète suscite avec un glaive nu
Son siècle épouvanté de n’avoir pas connu
Que la mort triomphait dans cette voix étrange!48

[Tal como en Sí Mismo lo vuelve al fin eternidad,


El poeta provoca con una espada desnuda
A su siglo horrorizado por no haber comprendido
Que la muerte triunfaba en esa voz extraña.]

Benjamin ha dicho que la poesía de Baudelaire es una “mimesis de la muerte”; Felicien Rops, interpretó
esa voz extraña de una muerte triunfante, en sus litografías. La más famosa, que fuera seleccionada para
la tapa de “Los Despojos”, exhibe un esqueleto que surge de la tierra como una planta.

47 A su Madre, el 5 de marzo. El comentario correspondía a lo expresado en Martyrs Ridicules.


48 Stéphane Mallarmé. Poésies. Gallimard.
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Baudelaire consideró el trabajo “lleno de ingenium”, pero demasiado complicado; prefería una ilustra-
ción basada en Danse Macabre, específicamente, en la imagen del cuarto verso:

“Fière, autant qu’un vivant, de sa noble stature,


Avec son gros bouquet, son mouchoir et ses gants,
Elle a la nonchalance et la désinvolture
D’une coquette maigre aux airs extravagants.”49

[“Fiera como un vivo en su noble estatura,


Con su gran ramo, su pañuelo y sus guantes,
Ella tiene la indolencia y la desenvoltura
De una flaca coqueta, con aire extravagante”.]

Rops le pidió a Malassis que viniera a Namur con Baudelaire. Pero el estado de salud del poeta empeoraba
y, para colmo de males, se había empeñado en ocultar a los médicos que lo atendían la historia de su
infección sifilítica.
De pronto, se recuperaba y como un resucitado, se moría de risa en una cena con Mme Hugo y sus hijos,
o escribía un poco y saboreaba la alegría infantil de ver publicados sus poemas malditos en Holanda, en
aquella edición de 260 ejemplares que los arrancaría de la censura.
Inexorablemente, la muerte que había escuchado gruñir bajo la tierra, por el camino de Alsemberg, se
extendía invisiblemente por su cerebro malogrado. —A principios de marzo le confió a su madre que hasta
una taza té le causaba una pequeña borrachera, tal era su congestión cerebral.
Por fin, hacia el 15 de marzo de 1865, partió hacia Namur invitado por los Rops y por Polet de Faveaux.
Deseaba, más que nada, volver a Saint Loup —la catedral barroca de los jesuitas—, que lo había fascinado
en su primer viaje. “Namur. ¡Saint Ciboire!” Para escribir su libro tenía que volver a esa ciudad. “Je re-
tourne dimanche à Namur voir Rops et admirer de nouveau cette Eglise des Jésuites don’t je
me lasserai jamais.”50

“Mientras admiraba y hacía admirar a Poulet Malassis y, a M. Rops que lo acompañaba, los confesio-
narios tallados con gran profusión, se tambaleó, arrebatado por un mareo repentino y cayó sobre los
peldaños. Cuando lo levantaron pretendió que se había resbalado. Todos hicieron como que le creían,
pero al día siguiente, al despertarse, manifestaba señales de trastorno mental.”51

Hablaba de manera incoherente y, de pronto, quedó afásico. Sin embargo, una vez en el Hotel du Grand
Miroir, tuvo facultades suficientes para escribir y seguir con su rutina. Aunque, a veces, los mareos se
acentuaban hasta el vértigo. Incapaz de caminar permaneció en cama con una ataxia del lado derecho.
El estadio del ictus sifilítico había llegado; pero los médicos, ignorantes de la enfermedad que roe su
cerebro, le recomiendan que cambie de vida y que pase una temporada en el campo.
Los diagnósticos de histeria, el mal de Charcot, hacían furor en la época. Las conductas extravagantes, el
nerviosismo, las cefaleas y la parálisis de Baudelaire son vistas por el Doctor Marcq — a quien Asselineau
llama “le docteur tout va bien”—, como una afección nerviosa. Ante la terrible gravedad de los síntomas
le prescribe “un régimen severo y una vigilancia familiar”.
La confusión venía de la gran lucidez que Baudelaire exhibía en medio de la crisis. Ya estaba tan acos-
tumbrado a convivir con la enfermedad que se habían vuelto para él como una segunda naturaleza. En
ese estado, tuvo tiempo de corregir algunas faltas de ortografía en la composición de las Nouvelles Fleurs
du Mal que serían publicadas en Le Parnasse contemporain. Lo mismo hizo con el volumen Airs de Flûte
que un viejo amigo de “l’école normande”, Prarond, le envió desde Paris. Como decía Théophile Gautier,
“cuidaría la ortografía aún bajo el hacha del verdugo”.

49 Les Fleurs du Mal.


50 Carta a Ancelle, le 30 janvier 1866.
51 Relato de Eugène Crépet. Etude Biographique, Oeuvres Posthumes, 1887.
23

El primero de abril se declara abiertamente la parálisis del lado derecho; exactamente en la misma forma
que atacara a Jeanne Duval más de diez años atrás. Pero lejos de detenerse en los centros motores, la
enfermedad invade todo el cerebro.
Sus últimos días en Bruselas dan cuenta de su encuentro final con el abismo:

“On eût dit que par instants son esprit fasciné hésitait, planait, s'orientait en silence, décrivait un
revirement pour retrouver peu après les traces de son chemin perdu. Son front, alors, inconsciem-
ment se plissait, s'assombrissait, et ses yeux, une seconde, brillaient hagards, d'un éclair d'anxiété,
d'épouvante, comme les yeux de quelqu'un qui, en rêve, se sent glisser au fond d'un abîme”.52

[“Se diría que, por momentos, su espíritu fascinado hesitaba, sobrevolaba la escena y orientándose en silencio,
viraba, para encontrarse, poco después, con las huellas de su camino perdido. Entonces, inconscientemente, su
frente se plegaba, se ensombrecía, y sus ojos huraños brillaban por un segundo con un relámpago de ansiedad,
de horror —como los ojos de alguien que, durante el sueño, siente que se desliza hacia el fondo de un abismo”.]

Lo internan en un hospicio regenteado por hermanas Agustinas, Saint Jean et Sainte Elisabeth, situado
en la Rue des Cendres número 7. A diferencia de Rimbaud que se convertirá en su lecho de enfermo, las
monjas no logran hacer que Baudelaire se santigüe. Si las hermanas lo presionan para que coma o haga
la señal de la cruz, se impacienta y gruñe una blasfemia “¡Cré nom!”.53 Esto es lo último que escuchan de
sus labios: ya no hablará, ni escribirá más; sólo el rictus de la parálisis en el rostro y la ira inútil que
provoca la impotencia: —¡Cré nom! ¡Cré nom!
Malassis le dice a Asselineau: “El rostro tiene aún signos de inteligencia y me parece que ciertas ideas,
como destellos, lo atraviesan.”
Este es el final de su viaje hacia la nada. Se hundió en el gran agujero del sueño, al que tanto había temido.
Y su luz se apagó definitivamente. Sin embargo, algunos aseguran que —abriéndose paso entre la oscuri-
dad devoradora—, los ecos de la obertura de Tanhäuser, despertaban en su rostro contorsionado por la
parálisis, la sombra de una sonrisa.

52 Testimonio de M. Neyt, fotógrafo de Baudelaire en Bélgica, al autor: Maurice Kunel, Baudelaire a Belgique. Internet Archive
with funding from University of Ottawa
53 “Sacré nom de Dieu.”