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Principios pedagógicos de la labor docente en

educación básica
Proyecto Integrador
Luz Paulina Álvarez Pérez
Llevo a cabo mi práctica docente en la Escuela Secundaria Para Trabajadores Dr. Belisario
Domínguez, en el municipio de Agua Dulce, casi entre los límites de Veracruz y Tabasco. Imparto la
asignatura de Formación Cívica y Ética a los tres grupos que conforman los tres grados que forman
parte del nivel educativo; sin embargo, este ciclo escolar considero que mi reto es aún mayor, puesto
que con la implementación del nuevo modelo educativo y para facilitar la transición, se modificaron las
horas lectivas de 2° y 3° para que fueran 2 a la semana, como en 1° grado, si bien aún se manejan
los programas de estudio 2011, por lo tanto los contenidos siguen siendo muy extensos como para
abarcarlos solamente en dos sesiones semanales, esto sumado a otros requerimientos, como los 15
minutos dedicados a lectura de comprensión (independientemente de las actividades de la
asignatura), 5 min., a actividades de cálculo mental y otros 15 min., a dinámicas de integración grupal,
por acuerdos establecidos en el Consejo Técnico Escolar, lo cual reduce significativamente el tiempo
efectivo de clases dedicadas exclusivamente a los contenidos de la asignatura.

Dentro de la planeación didáctica que se lleva a la práctica dentro del aula, se consideran,
obviamente, los elementos base, tales como Eje, Tema, Subtema (en caso necesario) Aprendizaje
esperado, Fecha, Sesiones, Secuencia didáctica (con tres momentos Inicio, Desarrollo y Cierre),
Recursos, Evaluación y Observaciones y adecuaciones. Las estrategias de enseñanza-aprendizaje
que se plasman para que los alumnos construyan un aprendizaje significativo son escogidas en base
al enfoque de la asignatura, así como los propósitos generales y específicos de la misma. Asimismo,
y quizá no tan explícitos son elementos como el contexto del alumno, las características y estilos de
aprendizaje, así como las necesidades educativas especiales de cada uno de ellos, puesto de que
esta forma la enseñanza puede ser significativa y motivante para los estudiantes.

El considerar estos elementos es congruente, por supuesto, con los catorce principios
pedagógicos que conforman el modelo educativo Aprendizajes Clave para la educación integral
(2017) y que, a partir de este ciclo escolar 2018-2019 son puestos en práctica en las aulas de los
diferentes grados y niveles que conforman el Sistema Educativo Nacional.

En primer lugar, la planeación didáctica y sus componentes (explícitos e implícitos) deben de


considerar los principios pedagógicos en su totalidad, dado que cada uno de ellos aporta elementos
que permiten favorecer la construcción de los aprendizajes en los alumnos.
El principio pedagógico fundamental y en el que se basa toda este modelo educativo es el
primero Poner al estudiante y su aprendizaje en el centro del proceso educativo (SEP, 2017, p.111),
es decir, el docente debe de plantear secuencias didácticas retadoras y motivantes en donde el centro
sea el alumno y cuyo propósito fundamental sea la construcción de su propio conocimiento,
fomentando una cultura del aprendizaje que le permita desarrollar su máximo potencial.

El resto de los principios pedagógicos devienen en una serie de recomendaciones que hay
que considerar como el rescate de saberes previos (principio 2), o el conocer los intereses de los
estudiantes (principio 4), ambos aspectos son esenciales ya que la movilización de saberes previos
permite crear un andamiaje entre el aprendizaje ya obtenido y el que está por construirse. En este
sentido es muy útil el uso de preguntas detonadoras o lluvia de ideas para que los alumnos expresen
qué conocen del tema, para proporcionar un indicador al docente de qué estrategias serán más
pertinentes para favorecer aprendizajes significativos.

Otro principio pedagógico a considerar es el seis, que aborda la naturaleza social del
aprendizaje, favoreciendo el trabajo colaborativo (principio 6), para lo cual es necesario emplear
estrategias que permitan que el alumno trabaje en duplas, tríos, equipos con diversos integrantes,
escogidos siempre de forma aleatoria de forma que también se “aprecie la diversidad como fuente de
riqueza para el aprendizaje” (SEP, 2017, p. 114) (principio 13), esto es, fomentar la integración y el
respeto a las formas de pensar distintas. Estos dos elementos permiten que los alumnos construyan
de mejor manera sus aprendizajes, dado que el intercambio de ideas y el diálogo son dos herramientas
fundamentales para llevar a cabo este proceso.

El principio que, de manera personal, considero que me cuesta un poco más de trabajo es el
14. Usar la disciplina como apoyo al aprendizaje, puesto que en esta etapa de su vida los jóvenes
tienen dificultades para autorregular sus emociones y eso se ve reflejado en su actuar dentro y fuera
de las aulas, por lo que es necesario siempre animarlos a desarrollar habilidades que fomenten la
autorregulación, la empatía, entre otras propias de la inteligencia emocional. Dentro de esto también
entra el principio 9. Modelar el aprendizaje, en donde la figura del docente es fundamental como guía
y referente no sólo de comportamiento, sino de hábitos en general. Algo que siempre hay que tener
muy presente es que si quieres que tus alumnos lean, tú tienes que leer, dado que cómo esperamos
que los alumnos lean o realicen alguna actividad si nosotros no la llevamos a cabo.
En ese sentido también destaca el principio 12. Favorecer la cultura del aprendizaje, es decir,
fomentar el interés genuino por continuar aprendiendo de manera autónoma a lo largo de la vida del
estudiante, cosa que también tiene que estar presente en el docente, dado que parte de nuestra tarea
es estar actualizados de modo que podamos hacer uso de estrategias novedosas y acordes a la
realidad que viven nuestros niños y adolescentes. Entra aquí en juego también el principio número
tres: Ofrecer acompañamiento al aprendizaje. Hay que erradicar la concepción del maestro
tradicionalista que muchos compañeros siguen utilizando en las aulas y transformarla hacia una
pedagogía horizontal, que permita el aprendizaje colaborativo, favorezca la creación de ambientes de
aprendizaje basadas en el respeto y el diálogo como estrategia para la solución de conflictos; además,
es necesario eliminar todas las barreras educativas que puedan existir para que el alumno realmente
pueda alcanzar los aprendizajes esperados.

Debido a la naturaleza subjetiva y hasta cierto punto teórica de los contenidos de la asignatura
que imparto hacen que esta sea tradicionalmente considerada como un poco tediosa y aburrida para
los estudiantes, por lo que constantemente estoy en la búsqueda y aplicación de estrategias que
motiven al alumno al aprendizaje, ya que, nuevamente por las características de la asignatura, es
necesario que practiquen cotidianamente lo que aprenden en clases, de modo que se pueda llevar a
cabo una evaluación. Estas actividades corresponden sin duda al principio número cinco, ya se
estimula la motivación intrínseca del alumno, para de esta forma lograr una reflexión y metacognición
por parte de él (SEP, 2017, p. 112) lo cual es clave para despertar el interés por su aprendizaje y,
además, para que reconozcan de qué manera aprenden, o utilizando qué estrategias para favorecer
su uso y así lograr excelentes resultados.

Un principio que sin duda causa controversia en estos días es el 8. Entender la evaluación
como un proceso relacionado con la planeación del aprendizaje. Hay maestros que tienen aún la
connotación negativa de la palabra evaluación y no como una manera de aprender y replantear lo que
se está haciendo. Permite tener en cuenta los avances de los alumnos y de los docentes también, ya
que hace un recuento de qué estrategias funcionan y cuáles no para adaptarse en base a ello. He
vivido la planeación desde el momento que ingresé mediante el Concurso de Oposición y he concluido
con la Evaluación del Desempeño al término del segundo año de servicio; cada una de estas etapas
me ha permitido hacer una reflexión sobre mi práctica: ¿Qué funciona y qué no? ¿Qué me falta?
Por otro lado, es necesario mencionar los últimos tres (no en orden cronológico ni de
importancia) principios pedagógicos: Promover la interdisciplina, Valorar el aprendizaje informal y
Propiciar el aprendizaje situado. Estos tres elementos permiten complementar el trabajo en el aula, ya
que, en primer lugar, el proceso de aprendizaje no es aislado, además, los programas de estudio y los
contenidos de las diversas asignaturas pueden relacionarse entre sí de forma que el alumno pueda
comprender un mismo concepto desde diversas ópticas. El trabajo transversal o la interdisciplinaridad
permiten que el alumno comprenda que el aprendizaje está entrelazado, tal y como lo es la vida
cotidiana, y, por lo tanto, pueda entenderlo con una visión global.

Además, esto también permite considerar que los adolescentes no asisten a la escuela en
blanco, sino que vienen con un cúmulo de aprendizajes producto de la experiencia en otros contextos
y, entonces, es función de la escuela no sólo recuperarlos, sino también valorar e incluir esos aspectos
en el aula. El conocimiento actual está literalmente a un clic de distancia de los alumnos y, por ello, es
necesario enseñarles a distinguir entre lo que es real o verdadero y lo que no es útil para su vida. En
ese sentido también es necesario recordar la importancia de situar el aprendizaje a la realidad que
vive el alumno, de modo que el aprendizaje sea significativo y le acompañe el resto de su vida o bien
lo utilice para aplicarlo en situaciones de su vida cotidiana, para esto, se proponen actividades que
contengan elementos de su contexto particular, ejemplos que ellos mismos propongan, o bien se
incluyen problemáticas que sean frecuentes en su casa, colonia, municipio, etc.

De manera general, todas las actividades que se proponen para su implementación en la


planeación didáctica de alguna u otra forma corresponden con los principios pedagógicos, y esto
ayuda a favorecer que la práctica docente cumpla con los propósitos que se plantean en el programa
de estudios de cada asignatura o grado escolar que componen los niveles de educación básica. En
ese tenor, también es menester que el docente esté consciente de la importancia de su aplicación, y
que no lo vea como requisito u obligación, sino como apoyo para la mejora de la práctica educativa y,
por ende, para brindar una educación más integral, más significativa al alumno. Creo que la
implementación del Nuevo Modelo Educativo es también la ocasión perfecta para transformar algunas
prácticas que se siguen reproduciendo en las aulas, los alumnos y su manera de percibir el mundo
están en constante cambio, por lo tanto, el docente debe de ser capaz de hacer lo mismo.
Esto también requiere tener en consideración un documento clave, los Perfiles, parámetros e
indicadores para docentes y técnicos docentes del Servicio Profesional Docente, que también marca
algunos elementos a considerar en la práctica, con dimensiones que contienen acciones que se deben
de realizar por parte del docente y que están muy presentes en las evaluaciones de ingreso,
permanencia y promoción en el SPD y, de la misma forma que los principios pedagógicos, guían la
práctica y deben de estar considerados en la planeación didáctica.

Como conclusión final, es necesario repensar la propia práctica docente puesto que es
fundamental adaptarse a los cambios que se han originado en el sistema educativo mexicano para
poder animar a los alumnos a desarrollar sus potencialidades con la finalidad de que puedan alcanzar
el perfil de egreso y cumplir con los objetivos y metas correspondientes con su rango de edad, a fin
de que puedan, de igual forma, aplicar los conocimientos, habilidades y actitudes a lo largo de su vida
en situaciones que así lo requieran.