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Según Carlson (2005), el cuerpo calloso es una estructura compuesta por

una amplia banda de axones que conecta entre sí las áreas neocorticales de cada
lado del encéfalo.

Schlaug, Jäncke, Huang, Staiger y Steinmetz (1995, como se citó en Soria-


Urios, Duque y García-Moreno, 2011) descubrieron que la mitad anterior del cuerpo
calloso era más grande en músicos que en gente no instruida en dicha disciplina,
sobre todo en aquellos músicos profesionales que tuvieron una instrucción desde
antes de los 7 años. La diferencia de proporción estaría asociada con un mayor
número de fibras o fibras con mayor mielinización. Este tamaño más grande implica
una mayor velocidad de transferencia entre los hemisferios.

Lo curioso del caso no es que el mayor tamaño del cuerpo calloso se asocie
con más rapidez en la transferencia de información -puesto que salta a simple vista
el motivo- ni que en los músicos exista esta peculiaridad anatómica; en cambio, sí
lo resulta preguntarse la razón de que el cerebro del músico necesite de esa mayor
velocidad en la comunicación interhemisférica y, por otra parte, hallar una
explicación para la más marcada diferencia de tamaño del cuerpo calloso en
quienes se inician en la disciplina desde una edad temprana. A lo largo de este
ensayo, intentaremos responder a esos dos cuestionamientos.

Para responder por qué el cerebro necesitaría de ese mayor grosor en el


cuerpo calloso, podríamos centrarnos en varios, dada la gran tarea que supone para
el cerebro procesar todas las actividades que un músico profesional realiza. En
palabras de Justel y Diaz (2012):

Los músicos son expertos en la realización de operaciones físicas y mentales


complejas, como la traducción de símbolos musicales presentados
visualmente, movimientos y secuencias de dedos complejos, improvisación,
memorización de largas frases musicales e identificación de tonos sin una
referencia. La ejecución instrumental requiere de la integración simultánea
de información multimodal sensorial y motora con mecanismos de
retroalimentación sensorial para la supervisión del rendimiento (p.100).
No obstante, creemos que el mayor desarrollo del cuerpo calloso se debe
principalmente a una relación entre este y movimientos y secuencias de dedos
complejos. Lo anterior lo planteamos al analizar el caso de la apraxia de las
extremidades.

La apraxia es una “incapacidad para ejecutar correctamente una habilidad


motora aprendida” (Heilman, Rothi y Kertesz, 1983, p. 381, como se citó en Carlson,
2005), sin que haya parálisis o debilidad muscular (Carlson, 2005). Dentro del
espectro de este trastorno, está la apraxia de las extremidades, la cual “se
caracteriza por el movimiento de una parte no apropiada de la extremidad,
movimientos incorrectos de la parte apropiada, o movimientos correctos pero en
una secuencia incorrecta” (Carlson, 2005, p.287). De nuestro interés es la apraxia
callosa, la cual afecta la extremidad izquierda, producto de la lesión de la parte
anterior del cuerpo calloso.

El significado de una petición verbal de realizar un movimiento se procesa en


la parte posterior del hemisferio izquierdo. La orden se transmite por axones
transcorticales hacia el área prefrontal, donde activa los circuitos neurales que
almacenan la memoria de los movimientos que forman la conducta solicitada. Esta
información pasa por el cuerpo calloso al hemisferio derecho, llegando a la corteza
prefrontal y luego a la circunvolución precentral ipsilateral, área en la cual hay
neuronas que controlan movimientos individuales (Carlson, 2005). Al estar dañada
la parte anterior del cuerpo calloso, la información de ejecución motora no vuelve al
hemisferio izquierdo, por lo que el brazo derecho puede ejecutar el movimiento
requerido, pero no así el brazo contrario.

Si recordamos lo dicho al principio, Schlaug et al descubrieron que la porción


del cuerpo calloso más desarrollada era la anterior, misma que acabamos de ver
que al dañarse provoca una apraxia en el brazo izquierdo. De esto, junto a que la
dificultad del brazo es con respecto a conductas aprendidas, viene nuestro
razonamiento de que el cuerpo calloso se relaciona con movimientos y secuencia
de dedos complejos.
Luego, si tomamos la información expuesta sobre la ataxia callosa, podemos
establecer una explicación al mayor grosor de la mitad anterior el cuerpo calloso en
músicos: Al ser la ejecución instrumental una conducta aprendida que necesita de
actividad bimanual y que con mucha frecuencia es algo solicitado al músico de
manera verbal –por ejemplo, el director ordenando que ejecuten un compás, o el
profesor pidiéndole al alumno que ejecute un ejercicio determinado-, la velocidad de
transmisión interhemisférica de información debe ser más veloz para la correcta
coordinación de ambas manos en la ejecución.

Respecto a por qué el grosor del cuerpo calloso es aún más notorio si la
formación musical comienza antes de los 7 años, la respuesta podría en el proceso
de poda neuronal. El encéfalo humano sigue creciendo luego del nacimiento, pero
esto no está dado por la creación de nuevas neuronas, sino por el establecimiento
de nuevas sinapsis -sinaptogénesis-, mielinización axónica y el aumento de la
ramificación de las dendritas. Una vez ocurre la máxima densidad sináptica en una
zona del encéfalo, comienza un proceso de pérdida sináptica (Pinel, 2007).

La poda sináptica es importante para eliminar las conexiones que no son


funcionales en los niños (Lozano y Ostrosky, 2011), quienes poseen
aproximadamente un cincuenta por ciento más de neuronas que un adulto.
Huttenlocher y Dabholkar (1997, como se citó en Lozano y Ostrosky, 2011)
descubrieron gracias a estudios post mortem que entre los 2 y 7 años la densidad
neuronal en la capa III de la corteza prefrontal disminuye en un 55% a un 10% del
valor promedio de un adulto.

De lo anterior, podríamos explicar por qué en músicos que comenzaron su


formación antes de los 7 años tienen un mayor tamaño en el cuerpo calloso: al tener
los niños mayor densidad neuronal y establecer más conexiones sinápticas, la
practica musical, al exigir trabajo bimanual -el cual anteriormente relacionamos con
la conexión entre los hemisferios- hace que se refuercen las sinapsis de las
neuronas cuyos axones forman el cuerpo calloso, sobreviviendo a los procesos de
muerte neuronal que ocurre entre los 2 y 7 años de edad.
Para concluir, que el cuerpo calloso sea más grande en los músicos tiene
una utilidad para agilizar los movimientos y secuencias complejas aprendidas en lo
que respecta en la ejecución instrumental, la cual suele ser una tarea bimanual y,
por lo tanto, requiere del trabajo de ambos hemisferios.

Por otra parte, el inicio temprano en el estudio musical aumentaría más


todavía el tamaño de la mitad anterior del cuerpo calloso debido a que los niños
poseen más neuronas y más sinapsis en relación con los adultos, y al estimular las
conexiones de estas neuronas gracias a la práctica de instrumento musical, estas
sobrevivirán al proceso de poda neuronal.

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Referencias

Carlson, N. (2005). Fisiología de la conducta, Madrid: Pearson Education.

Justel, N. & Diaz, V. (2012). Plasticidad cerebral: participación del entrenamiento


musical. Suma Psicológica. 19 (2), 97-108.

Lozano, A. & Ostrosky, F. (2011). Desarrollo de las Funciones Ejecutivas y la de


Corteza Prefrontal. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y
Neurociencias. 11 (1), 159-172.

Pinel, J. (2007). Biopsicología, Madrid: Pearson Education.

Soria-Urios, G., Duque, P. & García-Moreno, J. (2011). Música y cerebro (II):


evidencias cerebrales del entrenamiento musical. Revista de Neurología. 53
(12), 739-746.