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La mentira de la verdad metafórica

En este ensayo se criticará la noción de una verdad trascendental, única e


inamovible. Engaño en que se vive sumergido. Se acostumbra dar demasiado peso
al lenguaje en tanto la definición de cosas o acciones, creyendo incluso, que se
describe o que se aprehende la cosa en las palabras, teniendo fe como si con una
repetición tautología se hablara ciertamente de la esencia de la cosa (nada
espectacular se tiene en hablar de “lo bueno como bueno” y “lo malo como malo”).
De ésta falaz premisa (el leguaje como poseedor de a verdad) es que nos
encontramos en problemas.

Se tiene una visión de la palabra verdad casi automáticamente trascendental, como


cosas o hechos que no cambian y que están alejadas de la subjetividad humana,
como si fuera inalcanzable para el hombre, pareciera que se estuviera sumergido
en el eidos platónico de manera inconsciente, pero a pesar de este pensamiento
casi mecánico y cultural, se asegura la existencia de verdades absolutas. Se
encamina a las verdades por el uso del leguaje, en donde la definición es el medio
para expresar estas verdades, es aquí donde nos encontramos en problemas,
cuando se habla de definición, pareciera que se trata de expresar la esencia de las
cosas, no solamente lo que podemos interpretar como la cosa. Captar por medio
del leguaje, la verdad de la cosa en una definición, hace saltar una pregunta. ¿Es
por medio del lenguaje que se puede llegar a definir o captar la verdad de la cosa?

Se hace uso del lenguaje en la necesidad de encontrar y poder expresar las


verdades de las cosas, como se dijo, ocupando la definición. Tratando de encontrar
en las palabras la verdad de la cosa misma, como si en el uso racional del lenguaje
se encontrara la esencia de las cosas. Tanto la racionalidad como las palabras, son
parte interior del hombre y no es posible expresar la verdad de una cosa externa,
desde esta interioridad.

1
“¿Qué es una palabra? La reproducción en sonidos de un impulso nervioso. Pero
inferir […] a partir del impulso nervioso, la existencia de una causa fuera de nosotros,
es ya un resultado de un uso falso e injustificado del principio de razón.”1

El lenguaje al no ser más que una convención, se puede decir que no posee aquello
que llamamos verdad. Se habla de conceptos con sus definiciones obligadas,
creyendo encontrar dentro de los mismos conceptos la verdadera definición de la
cosa “se fija […] lo que ha de ser verdad, […], se ha inventado una designación de
las cosas uniformemente valida y obligatoria”2. Cuando el hombre da cuenta de lo
dicho anteriormente, es el momento en donde podemos hablar de las mentiras de
lo que se piensa como verdad y del engaño en que se nos es mostrado el lenguaje.
En diferentes lenguas (incluso en un mismo lenguaje) se utilizan palabras y
definiciones diversas3 para una misma cosa o acción. Como se planteó al inicio del
escrito, debería de estar en algún lado esta verdad inamovible, lo que nos deja con
la pregunta ¿Cuál es la verdad entonces? Esto no hace más que evidenciar la
misma interioridad de las palabras y como es que con estas no se puede expresar
la verdad de la cosa misma.

“Los diferentes lenguajes, comparados unos con otros, ponen en evidencia que con
las palabras jamás se llega a la verdad ni a una expresión adecuada pues, en caso
contrario, no habría tantos lenguajes. […]. Éste se limita a designar las relaciones de
las cosas con respecto al hombre y para expresarlas apela a las metáforas más
audaces”4

La cosa en sí misma no es alcanzable, ni tampoco es posible expresarla por medio


del lenguaje, este es el autoengaño: “creemos saber algo de las cosas mismas […]
y no poseemos más que metáforas”5. ¿Es realmente aquello que llamamos “sol” un

1
Friedrich, Nietzsche. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Madrid: Tecnos, 1996. pág. 21
2
Ídem. Pág. 20
3
Es común encontrar diferentes definiciones para las cosas. Por ejemplo, las definiciones de literatura en la Real
Academia Española pueden ser diversas; 1. f. Arte de la expresión verbal. 2. f. Teoría de la composición de las obras
escritas en prosa o verso.
4
Ídem. Pág. 22
5
Ídem. Pág. 23

2
“sol”? no expresamos nada sobre la cosa misma, sino únicamente hacemos
convención sobre aquello que podemos ver, y nos creemos capaces para decir -
esta cosa es un “sol”-. Aquí una metáfora increíble, extrapolar una imagen a una
palabra, “un impulso nervioso extrapolado a una imagen”6. Se cree suficiente el
tener una estructura lógica correcta del pensamiento, además de agregar un
contenido suficiente para poder expresar este autoengaño sobre la cosa en sí,
conformándonos con tautologías lógicas y palabras incomprensibles, tratando de
expresar la verdad misma.
Pensar en una realidad trascendental ya no es una prueba fácil de realizar,
difícilmente querer defender una verdad fija, única para todos. Ahora bien ¿Es por
medio del lenguaje que se puede llegar a definir o captar la verdad de la cosa? No
es posible expresar la verdad de las cosas y tampoco es posible conocerla por la
razón, por esta interioridad que trata de comprender lo exterior a base de más
interioridades. Se ha olvidado que estas verdades no son más que delirios, uso
deliberado de metáforas que se han creído ser realidades inmutables.

¿Qué es entonces la verdad? Una hueste de movimiento de metáforas, metonimias,


antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que
han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que
después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes;
las verdades son ilusiones que se han olvidado que lo son” 7

Aquí se demuestra el engaño, la mentira en la construcción de nuestros propios


conceptos “verdaderos”. Un autoengaño por el uso desmedido de las metáforas con
la intención de comprender el exterior a fuerza de interioridades, “se esfuerza en
llenar ese colosal andamiaje que desmesuradamente ha apilado”8 con la incansable
necesidad de seguir creando conceptos incomprensibles para el mismo, dejándose
engañar una vez más por el intelecto, “que, al más pequeño soplo […] del
conocimiento , […] se infle como un odre”9 sin realmente discernir que se está

6
Ídem. Pág. 22
7
Ídem. Pág. 25
8
Ídem. Pág. 33
9
Ídem. Pág. 17

3
siendo engañado, “el hombre mismo tiene una invencible inclinación a dejarse
engañar y está como hechizado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos
épicos como si fuesen verdades10”.

10
Ídem. Pág. 35