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¿Cómo se consultaba el Oráculo de Delfos?

El Oráculo de Delfos se encontraba en un importante centro religioso situado a los pies del
monte Parnaso, en Grecia. Los helenos acudían al santuario del dios Apolo para conocer su
futuro de boca de la Pitia, una sacerdotisa que se comunicaba directamente con esta divinidad

¿Cómo se consultaba el Oráculo de Delfos?

Muy Interesante

El oráculo de Delfos, situado en el templo dedicado a Apolo del santuario del mismo nombre al
pie del monte Parnaso, en Grecia, era uno de los centros religiosos más importantes del
mundo helénico. Para consultarlo había que trasladarse hasta el recinto sagrado, ofrecer a
Apolo una tarta hecha con miel y sacrificar una cabra, que se quemaba en una hoguera
rociándola con agua. SI el cuerpo del pobre animal temblaba durante la ofrenda, significaba
que Apolo accedería a hablar.

El oráculo estaba a cargo de una anciana, la Pitia, y un hombre, el Profeta. Tras la pregunta que
le hacía el solicitante, la sacerdotisa, instalada en la cripta del templo e inclinada sobre su
trípode, entraba en comunicación con el dios. Mientras, masticaba hojas de laurel,
espolvoreaba harina y bebía largos tragos del agua que manaba de la fuente sagrada. Si sus
palabras, como sucedía a menudo, resultaban absurdas o ininteligibles, el Profeta estaba allí
para ayudar a interpretarlas.

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Para otros usos de este término, véase Oráculo (desambiguación).

Egeo, mítico rey de Atenas, consultando a la Pitia, el Oráculo délfico, que está sentada en un
trípode. La inscripción en la copa identifica a al Pitia con la diosa Temis. Tondo de kílix ático de
figuras rojas, del Pintor Codros, c. 440-430 a. C., conservada en le Museo de Berlín (Berlin Mus.
2538). Ésta es la única imagen contemporánea de la Pitia.

Un oráculo (μαντειον) es una respuesta espiritual, recibida por reyes, sacerdotes, profetas u
otras personas con sabiduría. El oráculo puede ser verdadero o falso, los oráculos pueden ser
principios o máximas de experiencias que se pueden trasmitir, o ser una respuesta para
resolver un acontecimiento.

En Grecia es una respuesta que da una deidad por medio de sacerdotes, o de la Pitia o Pitonisa
griega y romana, o la Sibila, o incluso a través de interpretaciones de señales físicas (tintineo
de campanillas, por ejemplo), o de interpretaciones de símbolos sobre piedras, como las
Runas, o de interpretaciones de símbolos sobre cartas, como el Tarot, o de sacrificios de
animales. Por extensión, se llama oráculo al propio lugar en que se hace la consulta y se recibe
la respuesta (el oráculo).

Existen varios de estos lugares, que fueron muy importantes en la Antigüedad, la mayoría
pertenecientes al mundo griego. Los romanos asimilaron y heredaron los oráculos griegos,
creando además los suyos propios como aquel de la Sibila de Cumas. La palabra deriva del latín
"oraculum" y puede significar tanto la respuesta de una divinidad a una pregunta, como la
propia divinidad o el santuario en el cual la pregunta fue respondida. Los pueblos antiguos
tenían en sus oráculos el sistema de predicción del futuro.

Antes de cualquier gran evento, reyes y líderes consultaban las previsiones de los oráculos. En
la antigua cultura griega, éstos eran elementos fundamentales y uno de los más famosos
estaba ubicado en la ciudad de Delfos. Los sacerdotes y sacerdotisas respondían las preguntas
en el templo de forma enigmática y repleta de simbolismos.

Índice

1 Principales oráculos del mundo griego


2 Oráculos de otros pueblos

3 Véase también

4 Enlaces externos

Principales oráculos del mundo griego

Oráculo de Delfos en Grecia, en la falda del monte Parnaso. El santuario del dios Apolo ha sido,
desde la antigüedad, un importante centro de culto. El oráculo se recibía a través de una mujer
que se llamaba Pitia o Pitonisa, que entraba en estado de éxtasis frenético.Se pensaba que era
el ombligo del mundo, por eso existe allí una piedra esculpida llamada onfalion, u ombligo,
marcado por el paso de dos águilas soltadas por Zeus desde los extremos del mundo.

Oráculo de Dídima en la costa de Asia Menor.

Oráculo de Dódona en Epiro, Grecia. El recinto sagrado se hallaba en las montañas, al sur del
lago Pamboris. El oráculo estaba situado en un roble sagrado que hacía también las veces de
palomar.

Oráculo de Olimpia en la ciudad griega de Olimpia, en Elis, en el Peloponeso oriental. Era


famoso el santuario de Zeus.

Oráculo de Delos, isla griega situada en el mar Egeo y considerada por los antiguos como el
centro de todas ellas.

Oráculo de Sibila

Oráculos de otros pueblos

Alejandro Magno solicitando el oráculo en el templo de Siwa.

Oráculo egipcio: Los más importantes fueron los de Heliópolis y Abidos. Las consultas se hacían
mediante una persona que llevaba escritas las preguntas y las depositaba en el santuario y de
igual forma recibía las respuestas. También era muy importante el oráculo del dios Amón-Ra
en el oasis egipcio de Siwa, en el desierto de Libia. En el año 331 a. C., Alejandro Magno hizo
una peregrinación al citado oráculo para confirmar su ascendencia divina.

Oráculo hebreo, el nombre con que se conoce al oráculo en la Tora hebrea es GORAL, su plural
es Goralot. Goral es lo que mal se tradujo en la Tora en otros idiomas como "Lotería".
Existieron diferentes Goralot entre los Hebreos, uno de ellos fue el Urim y los Thummin a
través del sumo sacerdote, Kohen HaGadol. Otro fue el Oráculo del Pectoral de 12 Piedras
Preciosas, que según la tradición Cabalística este destelleaba luces y hacia sonidos al dar su
respuesta. Existe en la actualidad el Goral Ahitofel, este consta de 117 casillas que
corresponden a 117 Angeles que hablan a través de este Oráculo Hebreo Kabalistico, este usa
una serie de invocaciones a Dios y sus Angeles, para pedir una respuesta a lo Divino. También
hay que tener en cuenta el famoso oráculo de Isaías, 7, 14. En el Antiguo Testamento se habla
de oráculo para designar la parte del santuario donde Yahveh hablaba a Moisés y al Sumo
Sacerdote, como en el Éxodo cap. 25 y 30 en que se dice: «la voz del Señor se dejaba oír por
encima del Arca».

Oráculos de Fenicia, asociados con las deidades Baalzebub (Belcebú si se ve con tintes juedo-
cristianos) y Baalim.

Los oráculos también fueron habituales en toda Babilonia y Caldea. En Babilonia y Asiria,
Samar y Abad, los encargados de comunicarse con los dioses para predecir el futuro de los
pueblos eran los bele-beri (señores de la adivinación).

Oráculos Romanos: Los romanos heredaron también de los griegos la tradición oracular, los
tres oráculos más importantes fueron: el oráculo de Cumas, a Cumas se la considera como la
colonia griega más antigua en Italia, el oráculo de Preneste, actualmente Palestrina, también
denominado oráculo de los pobres porque a él acudían esclavos y gente humilde, y el oráculo
de Ancio.

Oráculos yoruba (grupo etno-lingüístico del oeste africano): éstos están compuestos por tres
sistemas: el primero se trabaja con cocos y es denominado biagué, el segundo es denominado
diloggun y trabaja con caracoles, y el tercero y más extenso y completo es el denominado
oráculo de Ifá, en el que trabajan los babalawos a través del orishá Orulá, con Nuez de Kola
(Obi Abata), de 4 válvulas; el siguiente Oráculo efectivamente utiliza 16 caracoles y se llama
Eerindinlogun, y, por último, el Opele también se construye con semillas de Irvingia
Gabonensis, así como material de pescado Aro (pez-gato).

Oráculos andinos: Un rasgo de la religión andina, cuyo origen puede ser rastreado hasta la
cultura Chavín, es la peregrinación a centros de oráculos. Chavín de Huantar ofrece, según
arqueólogos, evidencia que sugiere que fue un lugar que albergó un oráculo. La evidencia
consiste en la existencia de una habitación por encima de las galerías donde se encuentra el
Dios Sonriente. Otro sitio es Pachacamac, el cual funcionó como oráculo desde el Horizonte
Temprano. Existen fuentes etnohistóricas donde se registraron estos peregrinajes. Según
Miguel de Estete visitó Pachacamac en 1533 como uno de los miembros de la expedición
española; "ellos venían visitar a ver a este Demonio desde distancias de trescientas leguas con
oro, plata y ropa... desde la ciudad de Catamez (Atacama en la costa de Ecuador), que se
encuentra donde comienza este gobierno, toda la gente de la costa ofrendaba a esta mezquita
oro y plata y ofrece tributo cada año" (Estete:1872: 82-3) Oráculo de Delfos

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Para otros usos de este término, véase Oráculo de Delfos (desambiguación).

Coordenadas: 38°28′58″N 22°30′22″E (mapa)

Tholos, en el oráculo de Delfos, una acrópolis consagrada al dios Apolo. Durante varios siglos
ha dado miles de oráculos "sin errar". Tras la ocupación romana, el templo comenzó su
declive. Luego los cristianos lo desmantelaron utilizando sus materiales y estatuas para
construir basílicas.

El oráculo de Delfos, en el santuario de Delfos, fue un lugar de consulta a los dioses, en el


templo sagrado dedicado principalmente al dios Apolo. Situado en Grecia, en la actual villa de
Delfos, al pie del monte Parnaso, consagrado al propio dios y a las musas, en medio de las
montañas de la Fócida, a 700 m sobre el nivel del mar y a 9,5 km de distancia del golfo de
Corinto.

De las rocas de la montaña brotaban varios manantiales que formaban distintas fuentes. Una
de las fuentes más conocidas desde muy antiguo era la fuente Castalia, rodeada de un
bosquecillo de laureles consagrados a Apolo. La leyenda y la mitología cuentan que en el
monte Parnaso y cerca de esta fuente se reunían algunas divinidades, diosas menores del
canto, la poesía, llamadas musas junto con las ninfas de las fuentes, llamadas náyades. En
estas reuniones Apolo tocaba la lira y las divinidades cantaban.

El oráculo de Delfos alcanzó gran notoriedad en toda Grecia desde mediados del s. VIII a. C.,
cuando Apolo pítico se convirtió en el patrón de las empresas coloniales. Más adelante llegó a
ser el centro religioso del mundo helénico.

Índice

1 Etimología

1.1 Delfos

1.2 Pitón (Pitia)

2 Orígenes del santuario

3 Funcionamiento del oráculo en época clásica

3.1 Pitia o Pitonisa

3.1.1 Oráculos de Creso

3.1.2 Sibila

4 El recinto del santuario o témenos

4.1 Las divinidades

4.2 El ónfalos
5 Historia del santuario

5.1 Apogeo

5.2 Catástrofes en el siglo IV a. C.

5.3 Siglo III y II a. C.

5.4 Decadencia

5.5 Fin del culto

6 Las excavaciones

7 Véase también

8 Referencias

9 Bibliografía

10 Enlaces externos

Etimología

Delfos

Ubicación de Delfos (Δελφοί) en Grecia, entre otros santuarios de la región.

Hay diversas propuestas acerca del origen del topónimo de Delfos. Una de ellas propone que
viene de Delfino (Δελφινης), que era el nombre del dragón mitológico que custodiaba el
oráculo antes de la llegada de Apolo.1 También se ha escrito que su origen parte de un mito
según el cual Apolo se convirtió en delfín para atraer a un barco cretense, del que quería
utilizar a la gente como sacerdotes; los cretenses desembarcaron y fundaron Crisa y se les
encargó ser sacerdotes del templo y que adorasen al dios bajo el nombre de "Apolo Delfinio"
para rememorar su conversión en delfín.2 Al templo de Apolo se le llamó igualmente Delfinion
(Δελφίνιoν).

Pitón (Pitia)

El Templo de Delfos fue dedicado a Apolo, dios de la música, la medicina, también


representado como la luz de helios (sol).

El santuario se construyó en el lugar conocido en la antigüedad como Pito,nombre que en


griego presenta dos formas (ambas femeninas): Πυθώ, -οῦς y Πυθών, -ῶνος (Homero. Il. 2.519
y 9.405; Od.8.80).Este nombre (que carece de etimología aceptada) se relaciona con el de la
gran serpiente o dragón que, según la mitología, vigilaba el oráculo primitivo (véase el
siguiente apartado). En la antigüedad se intentó dar una etimología al nombre de Pito que lo
relacionara con las funciones del santuario. A estos intentos de etimología popular se refieren
su relación con el verbo "pythomai" (πύτωμαι) = "pudrir", que se relacionaría con el hecho de
que Apolo habría dejado pudrirse a la serpiente tras haberla matado; o con el verbo
pynthanomai (πυνθάνομαι) = "informarse, aprender" que se referiría a las funciones del
propio oráculo.

Del término "Pitón" provienen los de "pitia" (Πυθία) o "pitonisa", nombre de las sacerdotisas
del templo, que interpretaban las respuestas.

Orígenes del santuario

Hay testimonios de ocupación humana cercana al emplazamiento del santuario de Delfos de


época arcaica desde el Neolítico, concretamente en una gruta del macizo del Parnaso. Ya en
época micénica y en el mismo emplazamiento del santuario hubo primero (c. 1400 a.C.) una
pequeña aldea que fue abandonada en algún momento entre 1100 y 800 a. C.

El santuario propiamente dicho apareció después de esta fecha con un altar, al que siguió un
primer templo. El nombre de Pito se relaciona en la mitología con el de una gran serpiente o
dragón Pitón hijo de la diosa Gea (la Tierra) que vigilaba un oráculo consagrado a su madre, o
bien era compartido por Poseidón y Gea. Una tradición indica que Gea cedió a Temis su parte y
esta lo regaló a Apolo. Por otra parte, Poseidón intercambió la suya con Apolo por Calauria.3
Sin embargo, la versión más difundida dice que, con el fin de establecer su propio oráculo con
el que guiar a los hombres, Apolo mató a Pitón con su arco y tomó posesión del oráculo. Para
establecer el culto del nuevo santuario desvió un barco de sacerdotes cretenses. (cf. Himno
Homérico a Apolo). En el lugar original de este templo había exhalaciones de vapores
subterráneos, según una tradición antigua no verificada por la moderna arqueología. (cf.
Estrabón, 9.3.5).

Funcionamiento del oráculo en época clásica

Pitia o Pitonisa

Plano del santuario de Apolo Pitio

Se sabe que la elección de este personaje se hacía sin ninguna distinción de clases. A la
candidata sólo se le pedía que su vida y sus costumbres fueran irreprochables. El
nombramiento era vitalicio y se comprometía a vivir para siempre en el santuario. Durante los
siglos de apogeo del oráculo fue necesario nombrar hasta tres pitonisas para poder atender
con holgura las innumerables consultas que se hacían por entonces. Sin embargo, en los
tiempos de decadencia sólo hubo una, suficiente para los pocos y espaciados oráculos que se
requerían.

Los consultantes tenían una entrevista con ella unos días antes del oráculo. Este hecho está
perfectamente documentado en las noticias que dan los autores de la Antigüedad. El oráculo
se celebraba un día al mes, el día 7 que se consideraba como la fecha del nacimiento de Apolo.
Los consultantes eran de todo tipo, desde grandes reyes hasta gente pobre. En primer lugar se
ofrecía un sacrificio en el altar que había delante del templo. A continuación se pagaban las
tasas correspondientes y por último el consultante se presentaba ante la Pitia y hacía sus
consultas oralmente, según se cree.

Se conoce muy poco sobre el rito que se seguía en el oráculo. Se sabe que la Pitia se sentaba
en un trípode que estaba en un espacio llamado aditon, al fondo del templo de Apolo Pitio.
Αδυτων significa "fondo del santuario" y τo αδυτoν significa "lugar sagrado de acceso
prohibido".

En el oráculo de Dódona se hacían las consultas grabadas en laminillas de plomo de las que se
han encontrado bastantes ejemplares en las excavaciones. La Pitia daba respuestas (el
verdadero oráculo) que un sacerdote recogía y escribía en forma de verso. Después se le
entregaba al consultante. En un primer momento, las sentencias de la pitonisa se hacían en
verso, pero a mucha gente le parecía extraño que, siendo Apolo el dios de la música, tuvieran
las predicciones tan mala calidad rítmica y melódica. Así que pronto la pitonisa comenzó a
predecir en prosa.

Uno de los enigmas con el que se enfrentan los estudiosos del tema es el gran número de
aciertos que tuvo el oráculo de Delfos. La fe en él era total, incluso si se equivocaba, porque en
ese caso se decía que el fallo era la interpretación de lo dicho y no el oráculo en sí.

Durante siglos ha corrido una leyenda en forma de verdad histórica acerca del oráculo y el
estado de la Pitonisa. Dicha leyenda se difundió a partir de los autores cristianos de los siglos III
y IV, como Orígenes y San Juan Crisóstomo. Eran tiempos en que la época de la Grecia clásica
se veía como un acérrimo paganismo al que había que ridiculizar. De esta manera los
escritores inventaron algo que a través de los siglos tuvo siempre mucho éxito. [cita requerida]
Lo describían así:

Maqueta del Santuario de Delfos en el Museo Arqueológico de Delfos.


El trípode de la Pitonisa o Pitia se hallaba sobre una grieta muy profunda de la roca. Por esa
grieta emanaban unos gases tóxicos que hacían que la mujer entrara rápidamente en un
estado de embriaguez y desesperación con grandes tiritonas, es decir, entraba en trance,
desgreñada y arrojando espuma por la boca. Además masticaba hojas de laurel, lo que
ayudaba a alcanzar ese estado psicosomático.

Lo cierto es que no se ha encontrado hasta el momento ninguna descripción sobre el


momento del oráculo en los escritores griegos o latinos. Ningún autor pagano ha descrito
nunca una escena de consulta, ni siquiera Plutarco en su obra Diálogos píticos. Por otra parte,
los estudios arqueológicos y geológicos recientes hechos en la zona del templo de Apolo
aseguran que en la roca no existe la fisura profunda de que se habla en la leyenda. [cita
requerida]

Oráculos de Creso

Tradicionalmente se conocen dos oráculos dados al rey Creso:

Creso (560-546 a. C.) fue el último rey de Lidia. Se cuenta (en Heródoto: Historia I, 53 y en
Cicerón: Sobre la adivinación II, 115, 11) de él que en una ocasión envió una consulta al
oráculo, pues se estaba preparando para invadir el territorio persa y quería saber si el
momento era propicio. El oráculo fue así: ἤν στρατεύηται ἐπὶ Πέρσας, μεγάλην ἀρχήν μιν
καταλύσειν / Croesus Halyn penetrans magnam pervertet opum vim / "Creso, si cruzas el río
Halys (que hace frontera entre Lidia y Persia), destruirás un gran imperio". La respuesta se
interpretó como favorable y dando por hecho que el gran imperio era el de los persas. Pero el
“gran imperio” que se destruyó en aquel encuentro fue el suyo, y Lidia pasó a poder de los
persas. Esto es un ejemplo de la ambigüedad en las respuestas. Muchas de ellas fueron
recogidas por autores clásicos. En realidad el oráculo no trataba de adivinar los hechos, sino de
dar buenos consejos, cosa que no era demasiado difícil, ya que en el santuario se disponía de
la última noticia y de los últimos acontecimientos del mundo conocido.

La sibila de Delfos (1510, 350 × 380 cm), fresco de Miguel Ángel (1475-1564) en la bóveda de la
Capilla Sixtina.

Según Jenofonte y algunas colecciones griegas de versos gnómicos, ante una consulta del
mismo rey se le respondió la famosa frase: εἰ θνητός εἶ, βέλτιστε, θνητὰ καὶ φρόνει "Si eres
humano, procura pensar en cosas humanas". Esta máxima se basa en la idea que para
conseguir la felicidad y la autoestima hay que conocer los propios límites y aceptarlos.

Sibila
Según algunas tradiciones, la primera pitia o pitonisa que actuó en el oráculo de Delfos se
llamaba Sibila, y su nombre se generalizó y se siguió utilizando como nominativo de esta
profesión. Ni Homero (siglo IX al VIII a. C.) ni Hesíodo (siglo VIII a. C.) hablan de las sibilas; su
nombre aparece por primera vez en el siglo VI a. C. y es el filósofo Heráclito de Éfeso (544-484
a. C.) el primer informador de estos personajes. Se pensaba que las sibilas eran oriundas de
Asia y que en cierto modo sustituyeron a las antiguas pitias.

El recinto del santuario o témenos

La descripción bastante exacta de cómo fue el recinto sagrado se conoce gracias a las
informaciones de Pausanias en el siglo II d. C. y a la confirmación de esos escritos hecha por las
excavaciones arqueológicas.

Una cerca sagrada llamada períbola rodeaba todo el enclave del santuario. En la esquina
sureste del recinto comenzaba la vía sacra que iba subiendo montaña arriba, serpenteando y
pasando por delante de pequeñas edificaciones llamadas tesoros y de diversos monumentos,
hasta llegar al templo del oráculo, templo de Apolo y continuando hasta el estadio en lo más
alto. El peregrino accedía por la puerta principal de esta vía sagrada.

En el valle pueden verse cientos de olivos plantados, cuya extensión llega hasta el golfo de
Corinto. Se dice que es el mayor olivar del mundo.

Los llamados tesoros (gr. θεσαυρυς, pronúnciase "tesaurus") eran pequeñas capillas donde se
guardaban los exvotos y las donaciones que frecuentemente eran muy ricas y valiosas,
verdaderas joyas. Se sabe que existían todas estas capillas:

Himno a Apolo. Este es uno de los himnos hallados dedicados a la deidad. Por sobre las
estrofas, pueden apreciarse las notas musicales (a modo de cancionero).

Tesoro de Siracusa

Tesoro de Cirenea

Tesoro de Cnido

Tesoro de Sifnos

Tesoro de Sición
Tesoro de Tebas

Tesoro de Corinto

Tesoro de los etruscos

Tesoro de los atenienses (que es el único restaurado).

En la terraza que se extendía delante del templo de Apolo estaba situado el altar de los
sacrificios. Se construyó además un teatro (en el siglo IV a.c.) y un estadio, con 7.000 plazas
para espectadores, para los juegos píticos (evento iniciado en el 582 a. C.). También había un
hipódromo, que aún está sin localizar.

Al aire libre y salpicadas por todo el recinto se hallaban las estatuas de mármol o de bronce,
regalos de reyes o de ciudades, en agradecimiento a los servicios prestados por el oráculo.

Las divinidades

Apolo Pitio era el dios principal del santuario. Pero en los meses de invierno tomaba
protagonismo el dios Dioniso porque Apolo se marchaba al paraíso septentrional. Por esta
razón se hizo una ornamentación distinta en los tímpanos del gran templo. En el tímpano del
este se esculpió la tríada apolínea (Apolo, Artemisa y Leto) y en el del oeste el tiaso, que era la
reunión de fieles que celebraban el culto a Dioniso.

El santuario de Atenea Pronaia se encontraba en la terraza de Marmaria, hacia la parte de


abajo. Pronaia significa "la que está antes del templo". En esta terraza había dos templos
dóricos, uno en honor a Atenea y otro para Artemisa, estaba también el tesoro eólico (llamado
tesoro de Massalia, actual Marsella) y el tesoro dórico. Allí estaba junto con estos edificios el
tholos o rotonda de columnas del siglo IV a. C., cuyas ruinas quedan aún en pie.

Durante el siglo V a.C. se estableció el culto a Asclepio (patrón importante de la medicina, hijo
de Apolo).

El ónfalos

Artículo principal: Ónfalo

El ónfalos es el ombligo del mundo. La leyenda cuenta que el dios Zeus mandó volar a dos
águilas desde dos puntos opuestos del Universo.

Ónfalos de Delfos que se exhibe en el museo.


Las águilas llegaron a encontrarse aquí, en Delfos, donde una piedra cónica llamada ónfalos
señala el lugar. La piedra, en forma de medio huevo, fue descubierta durante las excavaciones
cerca del templo de Apolo.

Estas piedras que representan el ombligo del mundo eran un símbolo del centro, del lugar
donde empezaría la creación del mundo. Al colocarlas en un determinado espacio, lo
sacralizaba y lo convertía en el centro religioso. En el caso del ónfalos de Delfos, así fue y este
santuario se convirtió en el ombligo o centro religioso de toda Grecia.

En algunas monedas encontradas en el recinto se puede ver la imagen del ónfalos,


esquematizada y representada por un punto en el centro de un círculo. La piedra mencionada
se halla expuesta en el museo de Delfos.

Historia del santuario

Por la arqueología y los escritos antiguos se sabe que en el siglo VIII a. C. hubo en este lugar de
Delfos edificios sagrados. Pausanias, el historiador griego del siglo II d. C., recoge la tradición y
entre otras cosas cuenta que los tres primeros templos fueron construidos, uno con laurel,
otro con cera de abeja mezclada con plumas y el tercero con bronce.

La arqueología demuestra que en esta época ya era famoso el nombre de Apolo no sólo en el
lugar, sino en tierras lejanas. Los exvotos sacados a la luz en las excavaciones son muy
significativos: Renombre de Apolo Pitio que era famoso en lugares remotos, caballos de
Tesalia, trípodes del Peloponeso, soportes de recipientes de Creta, etc.

Pasado el tiempo fueron aumentando las ofrendas, sobre todo los exvotos de bronce. Se han
encontrado escudos cretenses, cascos corintios, calderos con cabezas de grifos llegados desde
Samos y el Peloponeso y estatuillas diversas.

Apogeo

El Tesoro de Atenas, situada dentro de la acrópolis, fue reconstruida pieza por pieza. Las
ofrendas se almacenaban en edificios separados, según la procedencia y región geográfica.

A finales del siglo VII a. C. ya se construyen templos especiales para Apolo y Atenea; son de
piedra, con columnas dóricas. Sus restos, pasado el tiempo, sirvieron para construir nuevos
templos.
A comienzos del siglo VI a. C. tuvieron lugar dos acontecimientos que influyeron bastante en la
evolución del santuario de Delfos. Uno fue la instalación en Delfos de la anfictionía y el otro, la
reorganización de los Juegos Píticos.

La anfictionía era una liga religiosa que agrupaba 12 pueblos (no ciudades), casi todos de la
Grecia central. Tenía sus reuniones en el santuario de Deméter en Antela, cerca de las
Termópilas. Como el oráculo de Delfos tenía ya un renombre mayor que el de Deméter,
trasladaron allí la sede de esta confederación, sin por ello abandonar el otro santuario. Esta
decisión dio lugar a las llamadas guerras sagradas que fueron tres.

Los Juegos Píticos tenían lugar al principio cada 8 años. Después lo acortaron a 4 y se
alternaban con los Juegos Olímpicos. Consistían en pruebas atléticas, hípicas y concursos
líricos. En Delfos se construyó en esta época un teatro y un hipódromo para la celebración de
estos juegos, que se consideraban muy importantes.

Hubo un gran enriquecimiento tras la primera guerra sagrada, en la que algunas ciudades
griegas compitieron por obtener el control y la autoridad del santuario, con lo cual conseguían
un reconocimiento de supremacía y prestigio sobre las otras ciudades y sobre algunos reinos
extranjeros. Las aportaciones fueron tanto por parte de los griegos como de los pueblos
bárbaros. Hay que destacar el regalo que hizo Creso (560-546 a. C.), último rey de Lidia, en esta
ocasión: un león de oro sobre una base de lingotes de oro más un cuenco de oro que pesaba
un cuarto de tonelada.

En la primera mitad del siglo VI a. C. se hicieron unas 12 fundaciones de tesoros en torno al


templo de Apolo. Este viejo templo ardió en el año 548 a. C. y tras el incendio su
reconstrucción fue lenta. Hasta el año 505 a. C. no se terminó el nuevo templo, más grande
que el anterior y cuya construcción se llevó a cabo gracias a una familia llamada Alcmeónidas,
de Atenas. Según cuenta Heródoto, esta familia gestionó la aportación de dinero en todo el
mundo griego.

Estatua de Platón, en el Museo Arqueológico de Delfos.

Las aportaciones de exvotos y ofrendas, más las construcciones de tesoros durante esta época,
fueron cuantiosas:
Tesoro de Sifnos, en el 525 a. C., con cariátides tan colosales como las de Gnido. Decoración y
obras maestras de la edad arcaica con relieves que representan la Gigantomaquia. Sifnos es
una de las islas griegas que se encuentran alrededor de la isla de Delos, que fue en la
Antigüedad una isla sagrada. Se dice que esta isla tenía minas de oro y que quedaron bajo el
mar después de un cataclismo.

Tesoro de Atenas o de los atenienses, ofrecido a raíz de la batalla de Maratón; llegó a ser el
más importante. Atenas ofreció después un pórtico para conmemorar el triunfo sobre los
persas en el cabo de Micala y en el año 468 a. C. ofreció una palmera con dátiles de oro tras la
victoria que obtuvo el jefe militar Cimón, hijo de Milcíades contra los persas en la
desembocadura del río Eurimedonte. En este tesoro puede verse la epigrafía sobre el texto
que se refiere a la Pitaida, que era una procesión que los atenienses enviaban a Delfos para
conmemorar un hecho ocurrido en un lugar del monte Parnaso. Cuentan que en dicho lugar
cayó un rayo como señal divina. Toda la historia está escrita en la piedra como un himno a
Apolo, con anotaciones musicales entre las líneas.

En el 480 a.c., el tirano de Gela y Siracusa llamado Gelón derrotó a los cartagineses en la
ciudad de Himera en Sicilia. En agradecimiento donó al oráculo un trípode con una Niké (una
victoria) de oro.

Polizalo (o Policelo), un príncipe siciliano, venció un año en los Juegos Píticos y tras esta
victoria ofreció al santuario de Delfos la escultura en bronce de una cuadriga que debió ser
imponente, de la cual se conserva el famoso auriga que fue encontrado en 1896.

Catástrofes en el siglo IV a. C.

Auriga de Delfos que se exhibe en el museo.

Durante este siglo ocurrieron una serie de catástrofes que en nada beneficiaron al santuario
de Delfos:

En el 373 a. C. hubo un terremoto que destruyó el templo edificado por los Alcmeónidas.

Del 356 a. C. al 346 a. C. fue la tercera guerra sagrada y la consecuencia fue destrucción y
daños irreparables. Los focios lucharon contra los tesalios, beocios y Filipo II de Macedonia,
con la intención de obtener la supremacía sobre el oráculo de Delfos. La guerra les costó tanto
que se apoderaron de los mejores tesoros del santuario. Fundieron el oro y la plata y con ese
resultado pudieron pagar a sus soldados. Pero poco después Filipo se hizo con la autoridad
total del lugar sagrado y obligó a los focios a ir restituyendo en donaciones todo lo robado.

En el 339 a. C. ocurrió la cuarta guerra sagrada, cuando el pueblo de los locrios se enfrentó
contra Atenas y el político Esquines seguidor de Filipo se enfrentó también contra la ciudad de
Anfisa (o Ámfissa). Estos hechos dieron lugar a la batalla de Queronea, en el 338, en la que
fueron derrotados atenienses y tebanos. Los macedonios tuvieron desde entonces la
hegemonía de Grecia.
Siglo III y II a. C.

Durante el periodo helenístico, iniciado con los sucesores de Alejandro Magno, se construyó
un teatro nuevo y un estadio nuevo.

Los etolios (señores de Delfos) regalaron numerosas ofrendas en forma de columnas y


estatuas. Pero los donantes más generosos de esta época fueron los reyes de Pérgamo que en
varias ocasiones ofrecieron dinero y mano de obra para el mantenimiento del santuario. El rey
de Pérgamo Átalo I regaló un conjunto monumental para celebrar su victoria sobre los gálatas.
La donación fue de tal calidad que los etolios de Delfos junto con los componentes de la
anfictionía mandaron erigir unas estatuas de Átalo I y de Eumenes II sobre unos pilares y las
colocaron junto a la fachada del templo. También Perseo de Macedonia regaló una estatua con
su efigie, pero más tarde su vencedor el general romano Lucio Emilio Paulo la mandó quitar
para sustituirla por una que le representaba a él.

Son de esta época la epigrafía que cubría los muros de los edificios y del muro poligonal. En
ella puede leerse los textos sobre los derechos honoríficos y sobre la liberación de esclavos.
Apolo era quien garantizaba dicha liberación, después de habérsele pagado la suma
correspondiente. También es de esta época la epigrafía del tesoro de los atenienses.

Decadencia

Comenzó el declive en con la ocupación romana, durante el siglo I a. C. y continuó hasta el


siglo III d.C., durante este período el oráculo, respetado aún, fue sin embargo perdiendo
prestigio y visitantes. En el siglo I a. C. fue cuando se hizo la talla de una fuente rupestre en la
pared de la garganta Castalia, allá donde desde antiguo se encontraba el manantial sagrado.

Los fondos para el mantenimiento del santuario, de sus monumentos y de sus tesoros van
menguando a grandes pasos; la hierba crece entre los edificios, de manera salvaje, la madera
se pudre y la suciedad empieza a notarse. Hubo además un incendio en el templo de Apolo
que el emperador Domiciano (81-96) hizo reparar. El escritor griego Plutarco (c. 46-125), que
además fue administrador de la anfictionía en los últimos años de su vida, escribió por
entonces sus Diálogos píticos y en este libro comenta la impresión de abandono que le daba el
santuario de Delfos.

A pesar de todo, la anfictionía continuaba reuniéndose, organizaba los Juegos Píticos,


levantaba algunas estatuas a los cónsules y emperadores romanos y el oráculo seguía siendo
consultado. Pero las peticiones son ya de otro estilo: ya no se le pide consejo sobre posibles
enfrentamientos, reinados, gobernantes, etc., las consultas del momento son consejos sobre
viajes, matrimonios y otros asuntos domésticos. El oráculo ha dejado de influir en la política y
el devenir de los pueblos. Su último momento de algo de esplendor se da bajo el gobierno de
los Antoninos, en el siglo II de nuestra era. Los emperadores siguieron manteniendo una
regular correspondencia con el oráculo. Esta correspondencia ha llegado hasta nuestros días
grabada sobre los contrafuertes del templo de Apolo.

El emperador romano Adriano (c. 76-138) también visitó Delfos. Allí hizo levantar una estatua
(que ha sido hallada en las excavaciones) en homenaje a su favorito Antínoo, que había
muerto ahogado misteriosamente en el río Nilo.

Orestes en Delfos; crátera con figuras rojas, ca. 330 a. C.

Herodes Ático (101-177), político y orador griego, sofista y protector de las letras, además de
poseer una gran riqueza, donó parte de ésta a Delfos para reconstruir las gradas del estadio.
También mandó erigir estatuas de su familia.

Pero ya por el siglo II d.c. el santuario recibía visitantes que eran más curiosos que fieles. Los
viajeros llegaban allí para curiosear y no para utilizar el recinto como lugar sagrado. Pausanias
fue uno de estos visitantes que llegó en calidad de hombre culto y amante de las antigüedades
y luego contó sus impresiones como historiador. Para las gentes del siglo II el apogeo y
utilización del santuario como lugar sagrado estaba tan lejano como pueden estar para los
habitantes del siglo XXI los acontecimientos del Renacimiento. Ya en el año 87 a. C., Sila se
había apropiado de muchas riquezas sagradas y de las ofrendas hechas en metales preciosos,
lo mismo que el emperador Nerón en el siglo I. En el siglo IV el emperador romano Constantino
I el Grande se llevó a Constantinopla (actual Estambul) una de las pocas piezas grandes que
aún quedaban: la columna serpentina que se levantaba exenta y que nadie consideraba de
valor después de que los focenses se llevaron 700 años antes su trípode de oro. Todavía se
conserva.

En el siglo III los hérulos, godos y bastarnos recorrieron en intensas campañas toda la Grecia
Central, Ática y el Peloponeso, arrasando y saqueando. En Delfos destruyeron algunas de las
estatuas que quedaban en pie y el resto se vino abajo después del edicto de Teodosio el
Grande, emperador romano (c. 346-395), con el que se pretendía acabar oficialmente con
todos los "ídolos del paganismo", clausurando así definitivamente el oráculo de Delfos, que
cesó su actividad en el año 390. La desolación fue total al cabo de los años y de los centenares
de estatuas que antaño poblaron el recinto, no quedó ni una en pie.
Fin del culto

Los picos Fedríades (‘brillantes’) de Delfos.

El recinto de Delfos nunca llegó a estar deshabitado. Después de que se hubo olvidado por
completo la razón de su existencia, sus ruinas se fueron recubriendo y se fue edificando toda
una pequeña ciudad.

Tras la ocupación romana y la imposición del monoteísmo cristiano (y prohibición del


politeísmo), durante el siglo V de nuestra era, el área de Delfos fue sede de un arzobispado, y
para ello se desmanteló el oráculo, construyeron iglesias utilizando como material el mármol
de los monumentos; se construyó una basílica, y grandes edificaciones religiosas, borrando así
prácticamente toda evidencia del gran oráculo de Delfos. En el siglo XVIII los eruditos se
plantearon la duda del lugar exacto en que habría estado el célebre santuario de Apolo. Por los
textos antiguos se tenía una idea, pero era casi imposible dar con ningún vestigio. Hasta que
gracias a un hallazgo fortuito empezaron los estudios sistemáticos y las excavaciones.

Las excavaciones

Artículo principal: El Arte en Delfos

En 1676 Jacques Spon (francés) y George Wheler (inglés) llegaron al emplazamiento del
santuario, convertido en un poblado llamado en ese momento Castri. En su visita por el lugar
se fijaron en unas inscripciones en la iglesia de un monasterio que había sido construido
justamente sobre los muros del antiguo gimnasio. En estas inscripciones leyeron la palabra
Delphi. Lo mismo les ocurrió en algunas casas del poblado. En estos años no pasó de ser una
noticia para los historiadores; no hubo excavaciones.

Pasados dos siglos, en 1840, un arqueólogo alemán llamado Karl Otfried Müller trabajó en esta
zona y descubrió entre las casas del poblado una parte del gran muro poligonal del recinto del
santuario. El descubrimiento fue una llamada a seguir trabajando. Llegaron más arqueólogos
franceses y alemanes, que fueron poco a poco descubriendo indicios y vestigios de la joya
arqueológica que se escondía en aquel lugar. Pero la tarea era muy difícil pues la presencia del
poblado impedía hacer excavaciones en serio. Empezaron entonces los tratos y los proyectos
para trasladar a otro sitio todo el poblamiento de Castri, hasta que en 1881 hubo una
convención entre el gobierno griego y el gobierno francés (muy interesado en las
excavaciones) para expropiar, trasladar y reconstruir el nuevo emplazamiento, que es la ciudad
actual llamada Delfí (Delfos).
Vista desde el teatro, donde se realizaban presentaciones artísticas y religiosas.

Comenzó una gran actividad arqueológica dirigida por el jefe de la Escuela Francesa de Atenas,
Théophile Homolle. Fueron apareciendo piezas, restos de estatuas criselefantinas (es decir,
estatuas que tenían la cara, las manos y los pies de marfil y el cabello de oro), piedras de
edificios, columnas rotas, etc. Después vinieron las restauraciones llevadas a cabo por la
Escuela francesa de Arqueología más una subvención del Ayuntamiento de Atenas y
aportaciones particulares de ciudadanos griegos. De esta forma vieron la restauración:

El tesoro de los atenienses que fue reconstruido pieza a pieza

El templo de Apolo, del que apenas se conservan algunas columnas

El estadio, que es el mejor conservado de la Antigüedad

El Tholos o santuario de Atenea

La fuente Castalia

El ágora romana

El altar de Quíos

Varias columnas

Muchas de las piezas fueron llevadas al museo de Delfos que en la actualidad es uno de los
más ricos de Grecia en el tema de la Antigüedad, entre otras el famoso auriga de bronce de
tamaño natural ofrendado por Polyzelos, la Esfinge de Naxos, los mellizos de Argos y una copia
romana del ónfalos que era la piedra en forma de huevo que señalaba el centro u "ombligo de
mundo" en Delfos y que fue encontrado durante las excavaciones hechas al templo de Apolo.

Véase también