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PIEDAD Y TERROR EN PICASSO El camino a Guernica Picasso y la tragedia T. J. Clark El centro de la impresién trégica [..] es la impresién de desperdicio. La piedad y el miedo atizados por la historia trigica parecen unirse, ¢ incluso fundirse, con una profunda sensacién de tristeza y misterio. [.] Es como si tuviéramos ante nosotros una clase de misterio del mundo entero. [..] Por todas partes, desde las piedras aplastadas bajo nuestros pies hasta el alma del hombre, vemos poder, inteligencia, vida y gloria que nos asombran y parecen reclamar nuestra adora- cién. Y por todas partes los vemos perecer, devorarse mutuamente y destruirse, a menudo con un dolor espantoso, como si no hubieran cobrado vida con ningiin otro fin. La tragedia es la forma tipica del misterio, puesto que la grandeza del alma que exhibe, oprimida, contradictoria y destruida, es en nuestra opinién la existencia mas elevada. Nos impone el misterio, A.C. Bradley, Shakespearean Tragedy" Hay un momento hacia el final de El rey Lear de Shakespeare que para muchos lectores y espectadores ha resultado casi insoportable: cuando entra el rey loco con el cadaver de su hija estrangulada en brazos. “Traedme un espejo —pide el anciano con desesperacién—. Si su aliento empafia o mancha la piedra, es que vive.” Dos de sus subditos contestan con preguntas que siguen resonando a lo largo de los siglos: KENT: 2Es este el fin prometido? EDGAR: 20 una imagen de ese horror? " A.C, Bradley, Shakespearean Tragedy, Londres, Macmillan and Co., 1904; reimpr. Nueva York, St. Martin’s Press, 1968, p. 29. 19 T.J. Clark Los estudiosos nos cuentan que el piblico original entenderia “el fin prometido” como el Dia del Juicio, el fin del mundo. E “imagen” como un retrato fiel. Edgar pregunta si la escena de locura y asesi- nato que tiene ante si es la representacién més exacta que se le va a ofrecer jamas, antes de que suceda, del triunfo de la muerte. ‘Son preguntas que los visitantes se han planteado con frecuen- cia ante la visién de Guernica tal vez incluso con la angustia y el desconcierto de Kent y Edgar, y se comprueba que las tres o cuatro generaciones que han pasado desde que se presenté el mural hace ochenta afios se las siguen planteando, Por algiin motivo (sin duda, por muchos, algunos de ellos fortuitos o ajenos a la obra en si), el cuadro de Picasso ha llegado a ser, a lo largo de esas ocho décadas, un punto de referencia esencial, 0 como minimo recurrente, para los seres humanos que temen por su vida y la de los demas. Guernica se ha convertido en la gran escena trgica de nuestra cultura. Y, por una vez, el término “nuestra cultura” parece defendible, no un simple recurso occidental. En los tiltimos treinta afios hemos visto centenares de fotografias de versiones de Guernica (pancartas, facsf- miles muy elaborados, tapices, estandartes, parodias, tiras cémicas, carteles pegados con engrudo, espectaculos callejeros de marione- tas...) enarboladas con rabia o angustia en Ramala, Oaxaca, Calgary, Londres, el Kurdistén, Madrid, Ciudad del Cabo, Belfast o Calcuta; frente a bases aéreas estadounidenses, en manifestaciones contra la invasién de Irak, en luchas de todo tipo contra la represidn estatal, como punto de confluencia para los indignados y (todavia, siempre, en todas partes, indispensablemente) como respuesta ala mentira de los “dafios colaterales”. Pero spor qué? ;Por qué Guernica? ¢Cémo responde ese cuadro ala necesidad que tiene nuestra cultura de un nuevo paradigma dela muerte y, por lo que se ve, de la vida? Esas preguntas no son ret6ricas: al fin y al cabo, las cosas podrian haber sido de otro modo. Guernica podria haber resultado un fracaso, o un éxito merecido pero pronto olvidado. Lo creé un artista que era muy consciente, segtin revela la documentacién existente, de que al aceptar el encargo se adentraba en un territorio desconocido (lo piiblico, lo politico, la gran escala, Io heroico y lo compasivo) para el que, al parecer, muy poco de su obra anterior lo habfa preparado. Cuando Josep Lluis Sert y otros delegados de la Repiiblica espaiiola acudieron a él a principios de 1937 para pedirle que pintara el mural, Picasso les contest que no 20