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El atardecer de una finca de arroz y sorgo en el 88.

Por; René Buriticá Rodríguez.

Colombia, un país con una inmensa riqueza cultural y biótica, que ha vivido más de 50 años en
una guerra que pareciera que no tendrá fin; en la década de los años 80, la guerrilla de las FARC
trata de tomar poder en algunos municipios del departamento de El Meta, en donde una familia
tiene que separarse y vender una porción de tierra que destinaban a la agricultura; un medio
por el que sufragaban los costos de mantener a sus once hijos…

Las reuniones de las FARC.

En el periodo comprendido entre 1982 a 1986 durante el mandato conservador de Belisario


Betancur Cuartas, se trata de instaurar un dialogo de paz con Pedro Antonio Marín o
“Tirofijo” comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia(FARC),
luego del acuerdo, el Estado incumple con lo pactado y esto intensifica un periodo de
violencia que se gestó debido a un conflicto bipartidista entre 1940 y 1950.

Un grupo de guerrilleros de las FARC se concentró entre 1985 y 1990 en Medellín del Ariari;
un municipio que se encuentra ubicado en la región del alto Ariari(Meta) a 90 kilómetros de
la capital del mismo departamento, Villavicencio, con el pretexto de pertenecer a la Unión
Patriótica(UP), un partido político colombiano que se creó con el fin de incluir a miembros
de las FARC en la vida política, en la cual más de 3000 integrantes fueron sistemáticamente
exterminados por parte de la oligarquía colombiana.

Durante 15 largos años, el bloque oriental de las FARC constantemente amenazaba a los
campesinos aledaños en reuniones en donde debían de asistir obligatoriamente, en estas
“asambleas” campesinos y habitantes daban una cuota con el fin de sufragar los altos costos
de mantener la guerra por la que el país atravesaba; en caso de que los habitantes omitieran
esta advertencia y faltaran a estas reuniones, significaba que los campesinos eran
informantes para las fuerzas militares del país.

En estas reuniones esta agrupación anunciaba que todo finquero debía colaborar
económicamente con el 10% de las ganancias que obtenían al vender productos agrícolas,
con el fin de subsidiar la compra de armas de fuego con las que sembrarían miedo y terror
en el país. Al ser regiones con una importante riqueza hídrica, el piedemonte llanero es
idealmente destinado para cultivar plátano, maíz, arroz, piña, soya, cebada y sorgo, siendo
este último un cereal que actualmente es poco cultivado, el cual es destinado al ganado y a la
producción de bebidas alcohólicas.

Los habitantes que asistían a estas fiestas hacían caso omiso de esta advertencia debido a la
escasez económica que los llanos orientales presentaba, en donde el comandante de las FARC
dio la orden de convertirlos en objetivo militar y empezar un asesinato estratégico de
campesinos con el fin de “ganarse” el respeto de estos.

Días después de realizarse la cuarta reunión que realizaba las FARC con los habitantes,
encuentran tres jóvenes muertos, hijos de familias humildes que subsistían mediante la
agricultura y la ganadería, estos muchachos aparecen frente a la finca de Tobías Rodríguez
en el corregimiento de Pueblo Sánchez.

En abril un agricultor importante es asesinado luego de atentar contra la integridad de


cuatro guerrilleros. El 18 de abril de 1988 las FARC intentan desalojar a los habitantes de los
municipios de Pueblo Sánchez, San José y San Isidro, si ellos no colaboraban
económicamente con la UP.

Aquí comienza la historia de la numerosa familia Rodríguez Bustos, un padre perteneciente


al cuerpo de policía nacional, una madre ama de casa que recibía maltrato de parte de su
esposo y once hijos, 5 de ellos mujeres y el restante hombres.

La familia y el descontento de aquellos que no tienen voz.


En 1986 Tobías Rodríguez, padre de la familia, recibió amenazas directas del bloque
oriental. Un mes después de recibirlas, las amenazas empezaron a ser actuadas, 3 intentos
de agredir en contra de la integridad física de Tobías fueron en vano, ninguno de ellos logró
generar daño.

En 1988 el padre lleno de ira y miedo; luego de que 6 guerrilleros de las FARC irrumpieran
en una celebración en donde dos de sus hijos fueron heridos por armas de fuego, toma la
decisión de desplazarse junto a su familia hacia una finca cerca a Cubarral(Meta)
aproximadamente a 25 kilómetros de Pueblo Sánchez, una pequeña porción de tierra que
compró con lo que lograba ahorrar.

Mantener a 11 hijos y 2 adultos es realmente complicado para un policía y una madre de


hogar, así que empezaron a introducir ganado vacuno con el cual pensaban aumentar el
dinero que recibía esta familia, Tan difícil fue mantener una familia numerosa, que cada dos
semanas la señora Bernarda Bustos, madre de la familia, debía dar un novillo a los matarifes,
para menguar los costos de alimentar a su familia.

A través de los años los padres otorgaron la oportunidad de recibir estudios universitarios
por parte de sus hijos y algunos de ellos accedieron, aunque algunos decidieron quedarse,
dedicándose a la ganadería.

En junio de este mismo año, habitantes del municipio de Pueblo Sánchez, campesinos de
fincas o veredas cercanas y la familia que protagoniza esta historia, se reunen para celebrar
la llegada de luz eléctrica por parte de la electrificadora del Meta(EMSA), en donde un grupo
de guerrilleros de las FARC arremeten en contra de la población que se encontraba reunida,
saqueando fincas y casas a lo largo del pueblo, ocasionando lesiones a 14 campesinos, de los
cuales 4 fallecieron. Y así la violencia siguió en ese territorio hasta 2001

Tobías Rodríguez recuerda claramente los hechos violentos por los que él y su familia sufrió,
con un nudo en la garganta y sus manos siendo apretadas relata lo que es su vida, la vida de
su familia y la vida de muchos desplazados por la violencia armado en este país, un país
diversamente hermoso pero que ha sufrido demasiado, por parte del Estado y de grupos al
margen de la ley.
El estado y su negligencia.

El Estado al concentrar sus intereses en el centro del país y los sectores fuertemente
económicos se olvidó de varios departamentos del suroriente de Colombia por más de 30
años, dejándolo a merced de los campesinos, que descontentos con esto, crean un grupo para
tener voto y voz, pero este grupo se malversa y nace como la guerrilla de las FARC.

Finalmente se evidencian las heridas que un periodo de conflicto entre grupos insurgentes y
el Estado ocasionan a la población.

Óscar Olaya, y 10 líderes de la comunidad viajaron a Villavicencio para contarles todo


lo que sufrieron a causa del conflicto, pero también cómo, a pesar de sus temores, hace
unos años lograron retornar a sus casas, recuperar sus cultivos de café, banano, cacao,
aguacate y muchos otros productos que habían sido devorados por la maleza, limpiar
de minas antipersona el municipio y, tal vez lo más importante, recobrar la confianza
que por culpa de la presencia de los grupos armados ilegales, perdieron entre ellos
mismos.

Así como Óscar Olaya junto a 10 líderes de Pueblo Sánchez, sufrieron por el conflicto armado
también han sufrido 8.376.463 personas. Actualmente con el programa de restitución de
tierras algunos campesinos que se vieron obligados a desplazarse por los hechos expuestos
anteriormente han logrado retornar a sus tierras que no han sido usadas por años y así
empezar a retomar sus antiguas vidas con cicatrices ocasionadas por un gobierno y un grupo
insurgente, pero que debieron superar y tolerar eso por mas de 30 años.
Referencias.

González A.. (Septiembre, 21, 2016). Genocidio de la Unión Patriótica, una historia que no
se puede olvidar ni repetir. ., de ElPais Sitio web: http://www.elpais.com.co/proceso-de-
paz/genocidio-de-la-union-patriotica-una-historia-que-no-se-puede-olvidar-ni-
repetir.html

Cépeda I.. (Septiembre, 2016). GENOCIDIO POLÍTICO: EL CASO DE LA UNIÓN PATRIÓTICA


EN COLOMBIA. ., de Desaparecidos Sitio web:
http://www.desaparecidos.org/colombia/fmcepeda/genocidio-
up/cepeda.htmlhttp://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1547221

Bibliografía

Gomez L.. (Octubre 2, 2017). El Dorado habló de posconflicto. ., de El Espectador Sitio web:
https://colombia2020.elespectador.com/opinion/el-dorado-hablo-de-posconflicto