Está en la página 1de 164

Septiembre 2018

N. o 448 / 8 euros

Septiembre 2018 N. o 448 / 8 euros P OPULISMOS ¿C UÁNDO , DÓNDE , POR
Septiembre 2018 N. o 448 / 8 euros P OPULISMOS ¿C UÁNDO , DÓNDE , POR

POPULISMOS ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

JUAN FRANCISCO FUENTES

DIOS Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

CÉSAR ANTONIO MOLINA

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO

W é STERN Y LEYENDA NEGRA

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

Viñeta: Miki Leal

Cortés. Retrato de Dámaso Alonso, 1984. Colección Real Academia Española Cortés. Retrato y estructura Del

Cortés. Retrato de Dámaso Alonso, 1984. Colección Real Academia Española

Cortés.

Retrato y estructura

Del 13 de julio al 10 de octubre de 2018

Espacio Fundación Telefónica C/ Fuencarral 3, Madrid. Entrada libre.

#ExpoCortés

#ExpoCortés

espacio.fundaciontelefonica.com

Espacio Fundación Telefónica C/ Fuencarral 3, Madrid. Entrada libre. #ExpoCortés espacio.fundaciontelefonica.com
Entrada libre. #ExpoCortés espacio.fundaciontelefonica.com Arturo marquez (amarquez@siador.com) 85.55.80.139
Entrada libre. #ExpoCortés espacio.fundaciontelefonica.com Arturo marquez (amarquez@siador.com) 85.55.80.139

Septiembre 2018

Septiembre 2018 Fundada en 1923 por José Ortega y Gasset N º 4 4 8 .
Septiembre 2018 Fundada en 1923 por José Ortega y Gasset N º 4 4 8 .

Fundada en 1923 por José Ortega y Gasset

N º 448

.

Director:

José Varela Ortega

Secretario de Redacción:

Fernando R. Lafuente

Gerente:

Carmen Asenjo Pinilla

Consejo de Redacción:

Joaquín Arango Juan Pablo Fusi Aizpurua José Luis García Delgado Emilio Gilolmo Manuel Lucena Giraldo Benigno Pendás Juan Pérez Mercader Jesús Sánchez Lambás José Manuel Sánchez Ron

Colaboradora editorial: Amalia Iglesias Serna

Diseño de maqueta: Vicente Alberto Serrano

Edita:

Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón Redacción y Publicidad:

Fortuny, 53. 28010 Madrid Teléf.: 91 700 35 33 revistaoccidente.coordinacion@fogm.es Teléf. Suscripciones: 91 447 27 00 www.ortegaygasset.edu

Teléf. Suscripciones: 91 447 27 00 www.ortegaygasset.edu Esta revista ha recibido una ayuda a la edición
Teléf. Suscripciones: 91 447 27 00 www.ortegaygasset.edu Esta revista ha recibido una ayuda a la edición

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición

del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2018.

Distribuidora: SGEL (Sociedad General Española de Librería) Avda. Valdelaparra, 29 (Polig. Ind.) 28008 Alcobendas (Madrid) Teléf.: 91 657 69 00 / 28

ISSN: 0034-8635

Fotocomposición, impresión y encuadernación: M y P color

Arturo marquez (amarquez@siador.com) 85.55.80.139

SUMARIO

Populismos. ¿Cuándo, dónde, por qué? Juan Francisco Fuentes

5

Dios y las nuevas tecnologías. César Antonio Molina

27

El silencio tiene un precio: el wéstern y la leyenda negra. María Elvira Roca Barea

35

Transparencia: un concepto mágico de la modernidad. Emmanuel Alloa

55

La pandemia de gripe de 1918-1919. El enemigo temido cien años después. María Isabel Porras Gallo

95

ENTREVISTA

José Enrique Ruiz Doménec: «Hay un despertar de lo español». Manuel Lucena Giraldo

107

NOTA

Oportunidades de empleo y renta en España 2007-2016 . F. R. A.

115

CREACIÓN LITERARIA

Ley de las semillas. Jon Obeso

119

ÓPERA

Soldados y soldaderas. Blas Matamoro

127

CINE

Caos y humanidad. Iván Cerdán Bermúdez

133

LIBROS

Con permiso de Pujol. Miguel Escudero

137

El anti-fascismo, movimiento sin fronteras. Alessio Piras

140

La primera víctima de ETA. Miguel Saralegui

143

La vida del poema. Manuel González de Ávila

146

Marichalar, entre Londres y Buenos Aires. Margarita Garbisu

150

M áster Universitario en Cultura Contemporánea: literatura, instituciones artísticas y comunicación cultural

Máster Universitario en Cultura Contemporánea:

literatura, instituciones artísticas y comunicación cultural

instituciones artísticas y comunicación cultural Directores: Dr. Fernando R. Lafuente y Dr. Epicteto Díaz

Directores: Dr. Fernando R. Lafuente y Dr. Epicteto Díaz Navarro

Titulación: Master oficial. Modalidad: presencial

Lugar de impartición: Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset (IUIOG), Calle Fortuny, 53. Madrid. España.

El Máster tiene como principal objetivo formar especialistas de excelencia con una preparación actualizada en el trabajo y la gestión de las principales áreas de actividad profesional de las llamadas Industrias Culturales, con fundamentos y fines tanto de rigurosa formación académica como de aplicación y ejercicio profesionales. En este sentido, la cuidada variedad y selección de los módulos de formación contenidos en el programa académico del Máster pretende potenciar los conocimientos teóricos y habilidades técnicas de los participantes, para formar culturalmente y encauzar con eficacia el ejercicio profesional del alumnado en fundaciones, museos y galerías de arte, periodismo cultural, editoriales, gabinetes de comunicación e instituciones culturales y artísticas.

Más información: infocursos@fogm.es · +34 917 004 100 · www.iuiog.com

información: infocursos@fogm.es · +34 917 004 100 · www.iuiog.com Arturo marquez (amarquez@siador.com) 85.55.80.139

Populismos

¿Cuándo, dónde, por qué?

Juan Francisco Fuentes

« U n fantasma recorre el mundo: el populismo». Parece escri- ta hoy mismo, pero esta versión de la célebre frase con la

que Marx y Engels empezaban El manifiesto comunista –«un fantas- ma recorre Europa: el fantasma del comunismo»– data de 1967, cuando el filósofo y antropólogo Ernest Gellner la utilizó para ex- presar un estado de opinión, según él, cada vez más extendido. Fue en un coloquio sobre el populismo celebrado en la London School of Economics, cuyas actas, publicadas en 1969 con el título Populism: Its Meaning and National Characteristics, habrían de con- vertirse en el texto canónico sobre la materia, según afirmó treinta

años después Paolo Pombeni. Ya se ve que el libro, coordinado por Ernest Gellner y Ghiță Ionescu, no ha perdido actualidad desde entonces, sino todo lo contrario. La perplejidad de Gellner por la magnitud del fenómeno en los años sesenta se parece a la nuestra cincuenta años después. A pesar del tiempo transcurrido y de lo mucho que se ha escrito sobre el tema, seguimos fascinados e im-

[5]

6

JUAN FRANCISCO FUENTES

potentes ante el «desorden semántico» y el «espejismo conceptual» que, como dice Pierre-André Taguieff, se esconden tras la voz po- pulismo. Recorrer su trayectoria desde sus orígenes a finales del si- glo XIX puede ayudar a clarificar su significado y a descubrir las constantes históricas que se observan en su variada tipología. Aunque el fenómeno tiene lejanos antecedentes que se remon- tan a la Roma clásica, cuando la facción de los populares oponía sus métodos asamblearios a la política elitista de los optimates, en su acepción moderna aparece en el siglo XIX al calor de luchas sociales muy complejas que escapaban a interpretaciones reduc- cionistas del tipo clase contra clase. A los naródniki (populistas) rusos, surgidos en 1860, se les suele considerar pioneros de lo que más tarde se conocerá como populismo. Se trata, sin embargo, de un fenómeno genuinamente ruso con escasa proyección fuera del Imperio zarista, aunque comparta algunos rasgos con otros movi- mientos de esta naturaleza, como la idealización de la vida campesina, el papel dirigente desempeñado por una minoría de activistas de origen mesocrático y la consideración del pueblo como destinatario de un mensaje de redención social. También el boulangisme francés anticipa algunos de sus ingredientes esenciales, principalmente el antiparlamentarismo y un nacionalismo con tin- tes xenófobos. Nacido tras la derrota de Francia en la Guerra Franco-prusiana y seguidor del general Georges Boulanger, consi- guió arraigar en sectores sociales y políticos muy diversos, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, gracias a un discurso ambivalente e interclasista que lo aproxima a los partidos «atrápa- lotodo» característicos del siglo XX. Si se busca una analogía entre el boulangisme y el populismo actual, podría añadirse su apelación al referéndum como alternativa al sistema representativo y su per- sonificación del espíritu popular en un líder carismático a menudo calificado de «viril» y «honesto». El hecho es que ni el boulangisme

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

7

francés, pese a sus múltiples concomitancias con el populismo del último siglo, ni los naródniki rusos pueden considerarse decisivos en el origen del concepto. Su nacimiento se produjo en Estados Unidos a finales del si- glo XIX, en circunstancias que hoy en día nos resultan familiares. El fuerte incremento del comercio mundial a partir de 1870, en lo que los economistas han llamado «la primera globalización», pro- vocó graves problemas a los pequeños agricultores norteameri- canos para hacer frente a la caída de los precios. El impacto económico y social de la crisis, sobre todo en los estados agrarios del Sur y del Medio Oeste, llevó a una movilización política sin precedentes de los sectores afectados, que se tradujo en la creación de la Farmers’ Alliance y en 1892 del Populist o People’s Party. Todo fue muy deprisa. Ese mismo año, el candidato del People’s Party, James W. Weaver, conseguía más de un millón de votos en las elecciones presidenciales y ganaba en estados como Kansas, Colorado, Idaho, Nevada y Wisconsin. También en 1892, el tér- mino populism aparecía por primera vez en un artículo del New York Times y un año después en el Washington Post. En 1895, se publi- caba el opúsculo What is Populism, de T. C. Jory –tal vez el primer libro que incluye el término en su título–, y en las siguientes elec- ciones presidenciales, el candidato demócrata-populista William Bryan, apoyado por el People’s Party, obtenía 6.500.000 de votos, frente a los 7.100.000 del vencedor, el republicano William Mc- Kinley. El resultado fue mucho más reñido de lo esperado. El po- pulismo se había puesto de moda. El año 1896 marcó un antes y un después en la historia del concepto, y no sólo en Estados Unidos. El mismo día de las elec- ciones norteamericanas, el London Daily News dedicaba un artículo titulado «What is Populism?» a explicar su rápido crecimiento en los últimos años y a ofrecer a sus lectores una definición de urgencia, que ha resistido bastante bien el paso del tiempo: «La idea central

8

JUAN FRANCISCO FUENTES

del populismo es un paternalismo concentrado» (3.11.1896). Al día siguiente de las elecciones, nada más conocerse los resultados, el periódico español La Época se felicitaba por la victoria «de la tendencia conservadora», representada por McKinley, «frente a las aspiraciones socialistas del populismo y de las masas democráti- cas aliadas o confundidas con él» (4.11.1896). El hecho de que la palabra se escribiera en cursiva parece una advertencia al lector sobre su novedad en nuestra lengua y lo incierto de su significado. La voz, sin embargo, se generalizó enseguida, incluso en la prensa de provincias. El Adelanto de Salamanca, por ejemplo, informaba en septiembre de 1897 de la influencia que «las exageraciones del populismo» podían tener en las próximas elecciones municipales en Nueva York (3.9.1897). La prensa francesa venía utilizándola también a propósito de las batallas electorales que se estaban li- brando en Estados Unidos. «Le populisme américain»: así titulaba el Gil Blas una columna dedicada a las próximas presidenciales norteamericanas (10.8.1896). El populismo equivaldría en aquel país, afirma el autor, a lo que el socialismo y el comunismo signifi- caban en Europa. Es una interpretación interesante –parecida a la de La Época–, que veía el fenómeno como un sucedáneo ameri- cano de la izquierda obrera europea. Pero, a diferencia de esta última, su base social estaba formada mayoritariamente por cam- pesinos y su radicalismo político en modo alguno se podría califi- car de revolucionario. El artículo del Gil Blas, como otros de la prensa francesa del momento, anticipa en más de tres lustros la fecha comúnmente aceptada de la aparición del término en francés. Sus primeros usos se produjeron a finales del siglo XIX, como en España, y no en 1912, según una cronología que se repite con frecuencia y da por buena el Centre National de Ressources Textuelles et Lexicales, que re- mite al libro de Grégoire Alexinsky La Russie Moderne, aparecido aquel año, como primer uso conocido al traducir como «popu-

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

9

lisme» la voz rusa «narodnichestvo». La datación correcta (1896 en vez de 1912) tiene su importancia, porque indica la rápida adopción del concepto a este lado del Atlántico como consecuencia de la oleada globalizadora que se estaba produciendo entre los dos siglos y que permitía a todo tipo de mercancías, personas, ideas, noticias y palabras circular por el mundo a gran velocidad. El mismo proceso que hundió los precios de los productos agrícolas y arruinó a miles de granjeros en Estados Unidos trajo a Europa la voz populismo. Las coordenadas geográficas y temporales de aquella pri- mera manifestación del fenómeno deben tenerse muy presentes para entender su evolución posterior. La crisis de la agricultura norteamericana se produjo justo después del llamado «land boom» de la década de los ochenta, que llevó a la compra masiva de tierras por parte de agricultores sin recursos, animados por un mercado en expansión y por el deseo de mejorar su estatus, aunque fuera hipotecando sus propiedades para poder endeudarse. Pero el cam- bio de ciclo en la década siguiente los abocó al doble reto de dar salida a sus productos y hacer frente al pago de sus deudas so pena de ser despojados de sus tierras por sus acreedores. Esta es una situación que se repetirá con frecuencia en el origen de los movi- mientos populistas: el drama del desahucio y la responsabilidad de la banca. No se trata exactamente de un conflicto entre clases so- ciales, sino de algo aún peor, porque lo que está en frente no se percibe como una clase explotadora, sino como un engranaje fi- nanciero invisible e implacable. A un lado, la gente; al otro, el dinero. Este fue el caldo de cultivo del People’s Party en sus es- tados originarios, Kansas y Nebraska, y de él surgirá un discurso económico fuertemente proteccionista con ribetes comunitaristas y anticapitalistas, patentes en su denuncia de la especulación y del patrón oro, que facilitaba y abarataba el comercio internacional, y en su campaña por la nacionalización de los ferrocarriles, a los que

10

JUAN FRANCISCO FUENTES

se hacía responsables de la crisis agraria. Esta es la razón por la que algunos contemporáneos, sobre todo en la prensa europea,

le atribuyeron inicialmente un carácter socialista. En otro orden de

cosas, el People’s Party abogó por la elección directa del presi- dente y del vicepresidente de Estados Unidos, por el sufragio fe- menino y por el recurso al referéndum como forma de dirimir cuestiones sustanciales de la vida pública. Era más difícil en cam- bio que los populistas del norte y del sur se pusieran de acuerdo en la cuestión racial, centrada en facilitar o no el voto de los negros.

La retórica del populismo

Se ha señalado a menudo la importancia de la retórica en la naturaleza del populismo, imbatible, junto al nacionalismo –su hermano gemelo–, en su facilidad para crear un lenguaje propio, de especial plasticidad y emotividad, formado de palabras, mitos e imágenes que representan el martirologio y los afanes del pueblo.

Como dice Rogers Hollingsworth al estudiar el movimiento popu- lista surgido en Kansas a finales del siglo XIX, su particular retórica «proporcionaba confort a aquellos que se sentían alineados por su nuevo entorno y daba un nuevo sentido a la vida de quienes in- tentaban desesperadamente reafirmar su individualidad en sus valores tradicionales». Pero, con ser esto importante, el fin de la retórica populista no es sólo confortar a sus seguidores y combatir

a sus adversarios. Debe servir sobre todo para unir grupos e inte-

reses que pueden llegar a ser muy heterogéneos y hasta contra- puestos, creando una poderosa ilusión de unidad y seguridad que expulse fuera de ese núcleo unitario cualquier división o conflicto. De ahí que para contrarrestar sus propias contradicciones y sim- plificar situaciones muy complejas el populismo recurra a un ma- niqueísmo estructural –no sólo a una «división dicotómica de la

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

11

sociedad», como afirma Laclau– capaz de convertir un males- tar social intenso, pero de origen incierto, en un conflicto entre nosotros y ellos. Esa capacidad de encantamiento y esa especial ductilidad explican su rápida internacionalización y su adaptación a mo- mentos, circunstancias y países muy diversos. El Parlamento, los partidos políticos, la plutocracia y las corporaciones, más que el capitalismo, estarán siempre entre sus bestias negras. A la sombra del populismo de principios del siglo XX proliferaron los movimien- tos «antipartido» y las «ligas» de toda índole en pie de guerra contra un sistema acusado de dividir artificialmente a la población. «¡No más partidos!», exclamó en 1908 el dirigente de una de las ligas creadas en la Alemania guillermina. Ese mismo año, la discusión del presupuesto en Gran Bretaña, al que Lloyd George había dado un fuerte carácter social, desencadenaba una larga batalla parla- mentaria con los lores, que, viéndose perjudicados por la nueva política fiscal, pretendieron apelar al pueblo en un referéndum que permitiera soslayar el poder del Parlamento. La iniciativa no llegó a prosperar, pero muestra el potencial del populismo como una ideología a la carta que puede servir para cualquier cosa. La op- ción plebiscitaria frente al Parlamento y los partidos se consagraba como una fórmula consustancial al populismo de cualquier signo. A ella recurrirá con frecuencia el nazismo en los años treinta en su afán por restaurar el derecho a decidir del pueblo alemán. La Gran Depresión potenciará el papel del populismo y diver- sificará su respuesta a la crisis del liberalismo político y económico. La desesperación de los más vulnerables, sobre todo de aquellos que perdieron su empleo, se tradujo en un apoyo electoral cre- ciente a las fuerzas más extremistas, como el Partido Nacional- Socialista alemán, que en tan sólo dos años, entre 1928 y 1930, pasó de 12 a 107 diputados. Su propaganda aunaba todos los in- gredientes de la retórica populista, siempre propicia a interpre-

12

JUAN FRANCISCO FUENTES

taciones conspirativas y xenófobas del origen de los grandes cataclismos sociales, a la apelación directa al pueblo, vía referén- dum, y a la búsqueda de un hombre providencial que lo redima de sus penalidades. Aunque el incremento exponencial del paro, que dejó sin trabajo a más de seis millones de alemanes, tuvo efectos letales para la República de Weimar, no debe subestimarse la im- portancia del problema de la vivienda en la deslegitimación de la democracia, a la que se hacía responsable de los desahucios sufri- dos por los inquilinos morosos y los pequeños propietarios hipote- cados con los bancos. No es casualidad que las dos principales fuerzas antisistema, el Partido Comunista y el Partido Nacional- Socialista, coincidieran en su apoyo a la «huelga de alquileres» convocada en Berlín en septiembre de 1932. Una foto tomada por aquellos días en un callejón de una barriada obrera nos muestra, al fondo, escrito en la pared, el lema de la huelga: «Primero la co- mida, luego el alquiler» («Erst Essen, dann Miete»). A uno y otro lado del callejón, banderas nazis y comunistas cuelgan de algunas ventanas. Ya se ve que el populismo no conocía fronteras ideológicas o geográficas. En Francia, el Frente Popular lo integró en su imagi- nario interclasista y en su estrategia para conseguir todo tipo de apoyos electorales. Cancelada por la III Internacional la política de clase contra clase, el pueblo emergía como instancia salvadora a la que apelar en un momento en que la humanidad se jugaba el todo por el todo frente al fascismo. De ahí la llamada de Maurice Thorez, secretario general del Partido Comunista, a la reconcilia- ción de todos los hijos del pueblo, el obrero, el empleado, el cam-

pesino, incluso el católico –«eres nuestro hermano [

sufres

como nosotros»–. De todas formas, a pesar de esta retórica rebo- sante de emotividad y sentimentalismo, la aceptación del marco institucional por parte del Frente Popular lo alejaba un tanto del canon populista, mucho más reconocible en la extrema derecha

],

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

13

antiparlamentaria. Se ha estudiado a fondo también la importancia del populismo y la xenofobia en el nacionalismo catalán de los años treinta, sobre todo en Estat Català, en cuya órbita se movían orga- nizaciones y grupúsculos de nombre inequívoco, como el Movi- ment Nacionalista Totalitari o Nosaltres Sols! El primero constituye una auténtica rareza en la historia mundial de los tota- litarismos, porque tal vez ningún otro, ni siquiera entre aquellos que se proclamaban abiertamente totalitarios, haya osado llevar la propia palabra en su nombre. Por su parte, Nosaltres Sols! buscó el apoyo del Tercer Reich a la causa del separatismo catalán y mantuvo contactos con la embajada alemana en Madrid y con el consulado en Barcelona, a través del cual presentó al gobierno de Hitler una detallada propuesta de colaboración en vísperas de la Guerra Civil española. No menos compleja resulta la evolución del populismo en Es- tados Unidos durante los años treinta. La disolución del People’s Party en 1908 no impidió que su ideario impregnara la vida pú- blica del país a través del Partido Demócrata –su aliado natural–, del Progressive Party de Robert La Follete e incluso de la adminis- tración republicana presidida por Herbert Hoover entre 1929 y 1933. Fue tal su influencia en las reformas emprendidas desde fi- nales del siglo XIX, según John D. Hicks, que podría decirse que el populismo murió de éxito al haber conseguido incorporar la

mayoría de sus ideales a la legislación positiva y a los propios fun- damentos de la democracia americana. «Gracias al triunfo de los principios populistas», escribía Hicks en 1931, «casi se puede decir

que hoy manda el pueblo». La lucha contra la recesión exigió,

sin embargo, redoblar la intervención del Estado frente a injusti- cias y desigualdades que la crisis había agravado hasta niveles in- soportables. En el New Deal de Roosevelt y en particular en sus actuaciones en las regiones agrarias más deprimidas, como el valle del Tennessee, se reconocen fácilmente algunas de las propuestas

] [

14

JUAN FRANCISCO FUENTES

del People’s Party a caballo entre los dos siglos. Lo mismo se puede decir de la regulación del capitalismo financiero y de las medidas a favor de los campesinos morosos en riesgo de desahu- cio. El sentimentalismo populista inspiró asimismo algunas de las obras emblemáticas del cine y la literatura de la época, desde Las uvas de la ira hasta ¡Qué bello es vivir!, expresión insuperable, aunque algo tardía (1946), de los principales estereotipos sociales del po- pulismo americano, como el sentido comunitario de la vida o el apego a la pequeña propiedad, amenazada por la codicia de los plutócratas, enemigos naturales del pueblo. Aunque se ha considerado el macartismo como un populismo de extrema derecha, cuando no fascista, la Guerra Fría supuso un significativo declive del fenómeno, al desaparecer las condiciones históricas que impulsaron su crecimiento en las décadas anterio- res. Tanto el progreso económico y social como la consolidación de

la democracia parlamentaria le dejaron escaso margen como alter-

nativa a un sistema que parecía haber resuelto los problemas del viejo liberalismo. Al menos en el Primer Mundo, porque el popu-

lismo latinoamericano conoció en la posguerra mundial una etapa

dorada, hasta el punto de convertirse, para algunos autores, en su principal modelo: el verdadero populismo sería el latinoamericano;

el ruso y el estadounidense habrían sido la excepción. Eso era mu-

cho decir, pero es indudable que América Latina reforzó algunos de sus rasgos esenciales, como el caudillismo y la tendencia al me- lodrama, patente en la vida y la muerte de Eva Perón. Su base

urbana, frente al carácter rural de los naródniki, del People’s Party

y hasta cierto punto del boulangisme francés, anticipa asimismo el

giro del populismo hacia una izquierda posmarxista que habría de tener un notable predicamento entre las clases medias urbanas. Ese cambio de paradigma, de rural a urbano, de premarxista a posmarxista, favoreció su resurgir en los años sesenta y la refor- mulación de su significado por parte de la llamada Nueva Iz-

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

15

quierda, contraria al oportunismo de la izquierda oficial e incómoda con la Realpolitik soviética en la nueva fase de disten- sión iniciada en 1962 con la crisis de los misiles. Hubo otros factores en ese regreso al pueblo como sujeto histórico de la revo- lución pendiente. Influyó, sin duda, la impronta juvenil de la Nueva Izquierda, atraída por una concepción utópica y carnava- lesca de la revolución que conectaba mucho más con el pueblo de Michelet –tal vez el primer populista de la historia moderna– que con una clase obrera cada vez más domesticada y propensa al re- formismo. Había que recuperar la pureza perdida de los viejos principios, alejarse de los mandarines de la revolución y abra- zar sin reservas la causa del pueblo. La Cause du Peuple será precisamente el título del periódico fundado en París en mayo de 1968 bajo el patrocinio de Sartre y el poderoso magnetismo de la China de Mao, principal referente exterior de la izquierda más intransigente, fascinada con la Revolución Cultural, su sentido purificador de la violencia y el uso de las comunas cam- pesinas como antídoto frente a las tentaciones de la vida ur- bana, burguesa por definición. Mientras tanto, se iba desvaneciendo la fe en la voluntad revolucionaria de la clase obrera industrial, mucho más dispuesta a aprovecharse del sis- tema que a destruirlo, como se puso de manifiesto con la firma de los acuerdos de Grenelle por los sindicatos franceses y el gobierno de Pompidou, que acabó con la efímera alianza entre obreros y estudiantes en Mayo del 68. Hacía falta una solución de recambio, que podía intuirse en la retórica premarxista, de regusto decimonónico, de la Nueva Izquierda, en la que las nociones de pueblo y guerrilla se daban la mano. Todo ello explica la aparición a partir de finales de los se- senta de un buen número de grupos terroristas que, como el anarquismo y el viejo populismo ruso, pretendían hacer de la violencia una forma de justicia exprés y redención social. Había

16

JUAN FRANCISCO FUENTES

en ellos, además, como un trasfondo nihilista provocado por la frustrante experiencia de la «década prodigiosa» al compro- barse la fortaleza de la decadente sociedad occidental –«escan- dalizar al burgués», se lamentaba en 1969 el historiador marxista Eric Hobsbawm, «es más fácil que acabar con él»–. No es casualidad que la palabra populismo viera notablemente aumentada su presencia en las principales lenguas occidenta- les. Según el buscador online Google Books Ngram Viewer, en- tre 1960 y 1970 el uso del término en el lenguaje escrito se multiplicó por 2,4 en inglés y en francés, por 3,1 en italiano y por 8,8 en español, debido a la creciente importancia del concepto en el vocabulario político latinoamericano. No le faltaba razón, como se ve, a Ernest Gellner al evocar en 1967 el famoso fantasma que, según el Manifiesto comunista, tenía atemorizada a la burguesía europea a mediados del siglo XIX y que reaparecía ahora en forma de populismo. Se trata más bien de una versión tercermundista del fenómeno, que venía a dar respuesta a la pregunta que, según Er- nest Gellner y Ghiță Ionescu, se había hecho todo el mundo a fina- les de los años cincuenta: ¿cuántos de los nuevos estados surgidos de la descolonización optarían por un sistema comunista? La res- puesta diez años después estaba tan clara, que la propia pregunta parecía «out of date»: el populismo le había ganado la partida al comunismo como alternativa al capitalismo. Y no sólo en el Tercer Mundo. En opinión de estos autores, algunos regímenes comunis- tas estaban evolucionando en esa misma dirección. No llegan a decirnos a qué países se refieren, pero cabe imaginar que se tra- taba de aquellos que se habían alejado de la órbita soviética, como China y Yugoslavia, o que pretendían representar, como Cuba, una versión romántica y combativa del comunismo, con mucho pueblo, mucho «¡Patria o muerte!» y muy poca clase obrera. La crisis económica iniciada en 1973 y el fin de los llamados «treinta años gloriosos» del capitalismo no impulsaron al popu-

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

17

lismo ni en la calle ni en las urnas, a diferencia de lo ocurrido en tiempos de la Gran Depresión. El efecto amortiguador del estado del bienestar y la solidez de la democracia parlamentaria neutrali- zaron el impacto de la crisis e impidieron el ascenso de las fuerzas antisistema. Si alguien sacó partido de ella fue la derecha tradicio- nal, favorecida por el creciente descontento de las clases medias con la socialdemocracia, al menos en la Europa del Norte. Si acaso se pueden reconocer resabios populistas en la «revolución conser- vadora» encabezada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, con su anti-intelectualismo, su retórica nacionalista y su cruzada anti- fiscal. También en la creación en 1972 del Frente Nacional francés por el político ultraderechista Jean-Marie Le Pen, procedente del poujadisme de los años cincuenta y heraldo de un nacionalismo que se alimentaba de una xenofobia todavía marginal. Su estilo tribu- nicio empezará a ganar adeptos en los ochenta y a señalar el ca- mino a otros populismos, no sólo de derechas: «Nosotros somos el pueblo», dirá Le Pen; «los de abajo» frente a «los de arriba». Poca cosa, de momento, al lado de lo que fue el populismo en sus buenos tiempos. Sin embargo, contra lo que cabía esperar, la caída del Muro de Berlín en 1989 y la desaparición del comunismo en el Este de Europa le abrieron una formidable «ventana de opor- tunidad», por utilizar una expresión grata al populismo posmo- derno. Sorprende que la victoria del liberalismo en la Guerra Fría se tradujera en tal proliferación de partidos, líderes y gobiernos populistas, dentro y fuera de Europa. En buena lógica, la caída del Muro debería haber significado la apoteosis de la democracia libe- ral, que en medio siglo había derrotado a dos enemigos formida- bles: al fascismo en la Segunda Guerra Mundial y al comunismo en un conflicto, la Guerra Fría, del que nadie esperaba tal desen- lace. Cinco años después, la euforia de aquel momento se había desvanecido por completo para dar paso, en palabras de Charles Maier, a un anticlímax parecido al que sucedió a la alegría por la

18

JUAN FRANCISCO FUENTES

victoria en 1918. ¿Sería 1989, se preguntaba este profesor de Har- vard, una «victoria históricamente tóxica», como las que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial o a la Guerra Franco-prusiana, capaces de engendrar nuevos resentimientos en vez de acabar con ellos? Para Charles Maier, ese «anticlímax» post-Guerra Fría era el resultado de una crisis moral de la democracia que estaría dejando un largo rastro de cinismo político y descrédito institucional y ali- mentando una peligrosa alternativa, que él denomina «populismo territorial». Volveremos sobre este concepto.

El regreso del populismo a la actualidad

Varias circunstancias ayudan a entender el regreso del populis- mo al primer plano de la actualidad. El fin del comunismo en el Este de Europa, en países de escasa o nula tradición democrática, creó un vacío político que fue aprovechado por un nacionalismo de corte populista y a menudo autoritario. En esa metamorfosis tuvo mucho que ver la antigua nomenklatura comunista, que vio en el populismo una forma de sobrevivir a la desaparición de su antiguo modo de vida. La nueva ola no tardó en llegar también a las demo- cracias occidentales. La superación de la política de bloques aca- bó afectando al sistema de partidos establecido tras la Segunda Guerra Mundial, fuertemente condicionado por la bipolaridad in- ternacional en aquellos años. De ahí la crisis del bipartidismo en países como Francia y sobre todo Italia, una de las avanzadillas del mundo occidental frente al comunismo y escenario en los noventa de un desguace sin precedentes de los partidos tradicionales. Ejemplo de ello fue lo ocurrido con la Democracia Cristiana, el Partido Socialista y el Partido Comunista, situados durante dé- cadas a uno y otro lado de un imaginario telón de acero cuya desa- parición los convirtió de repente en obsoletos. El resultado fue la

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

19

formación de nuevos partidos dispuestos a recoger electoralmente los restos del naufragio. Dos de ellos tenían una clara vena popu- lista: la Liga Norte (Lega Nord per l’Indipendenza della Padania), puro populismo territorial y xenófobo, y la conservadora Forza Italia, liderada por el empresario Silvio Berlusconi, que en abril de 1994 alcanzó por primera vez la jefatura del gobierno gracias a una coalición de varios partidos, entre ellos la Liga Norte. Funda- da como Alleanza Nord en diciembre de 1989, apenas un mes después de la caída del Muro de Berlín, la Liga Norte sería el fruto más temprano de una relación causa-efecto entre el fin de la Gue- rra Fría y la crisis del sistema de partidos ligado a ella. Los años noventa fueron también la década de la globalización, un término no del todo nuevo, pero que alcanzó al final del mile- nio una preeminencia inusitada como expresión de una nueva realidad, determinada por la capacidad de las tecnologías de la in- formación, en particular, Internet –otra palabra en alza–, para configurar un mundo sin fronteras. ¿Fue la globalización la causa de lo que Klaus von Beyme llamó la tercera ola populista? La cues- tión ha provocado un debate interminable, en el que parecen im- ponerse las tesis de quienes consideran que el populismo recoge la frustración de los «perdedores de la globalización» y da forma po- lítica a su deseo de cambio. Esta interpretación cuenta con varios factores a favor. Por un lado, concuerda con los orígenes del fenó- meno a finales del siglo XIX, cuando la internacionalización de la economía y el hundimiento de los precios agrícolas provocaron la aparición del People’s Party americano entre los damnificados de aquel proceso, agricultores hipotecados con los bancos y acu- ciados por el pago de sus deudas. Por otro, permite explicar los fuertes lazos históricos que unen al populismo con el nacionalismo, ideología reactiva de eficacia probada en tiempos de crisis. El po- pulismo territorial sería la confluencia de esa doble respuesta iden- titaria a los costes sociales de la economía global y al malestar

20

JUAN FRANCISCO FUENTES

derivado de la última recesión: la nación como constructo inexpug- nable y refugio de un pueblo amenazado. Frente a la incertidum- bre que viene de fuera, esta concepción fetichista del territorio reivindicaría el espacio propio como un lugar seguro y sagrado que debe preservarse de toda forma de expolio económico o cultural. La crisis económica iniciada en 2008 confirma sólo en parte, sin embargo, la teoría que atribuye el auge actual del populismo a los llamados «perdedores de la globalización», movilizados contra el sistema en cumplimiento del viejo síndrome populista: un estado emocional capaz, como dice Torcuato di Tella, de poner en contacto a unas elites incongruentes –desclasadas, oportunistas– con unas masas dispuestas a la acción. En realidad, las advertencias sobre la magnitud de la ola populista que se cernía sobre el mundo son anteriores a la última crisis y obligan a matizar una posible rela- ción entre la una y la otra. «En el siglo XXI existen mejores con- diciones que nunca para la aparición y el éxito del populismo», afirmaron Albertazzi y McDonnell antes de que la recesión se tra- dujera en recortes sociales, desempleo y desahucios. La cronología de la última ola populista no es tan fácil de establecer, por tanto, como podría deducirse del caso español. Puede que la búsqueda de distintos modelos geográficos nos ayude a entender por qué una determinada etiología funciona en unos casos y no en otros. Por centrarnos en Europa, donde se lo- calizan no menos de cuarenta partidos de este cariz, cabría dife- renciar tres grandes espacios con características propias: la Europa Central y del Este, la Europa del Norte y la Europa mediterránea. En cada uno de ellos se observa una cronología, una etiología y una morfología relativamente distintas. En la antigua Europa co- munista, el populismo se encontraba ya en su apogeo al empezar la recesión. Michael Shafir lo calificó de «trendy topic» en 2008 al estudiar su rápido crecimiento en Europa Central y del Este. Las causas se remontaban, como se ha visto, al colapso del comunismo

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

21

y a la dificultad de consolidar una economía de mercado y una democracia estable con amplio respaldo social. Los cambios fron- terizos y demográficos experimentados en los años noventa provo- caron asimismo, como ocurrió en el periodo de entreguerras, irredentismos territoriales y conflictos étnicos fácilmente manipu- lables. Las circunstancias no podían ser más favorables para el desarrollo de un nacionalismo populista que contaba con numero- sos antecedentes en la región. No faltan razones, como se ve, para considerar el populismo una patología política recurrente, cuya capacidad de contagio se ha visto incrementada gracias a las nuevas tecnologías, que han facilitado la propagación del virus entre los grupos sociales y gene- racionales más expuestos. La cepa populista de los países del Norte de Europa responde al patrón típico de la globalización:

miedo a la inmigración y a la competencia de los países emergentes y rechazo a una instancia supranacional, como la Unión Europea, que se percibe como ajena, lejana y onerosa. Es difícil encontrar en estos países movimientos políticos que puedan identificarse con un populismo de izquierdas, a diferencia de lo que sucede en la Eu- ropa mediterránea, donde cuenta con una nutrida presencia, re- presentada por Podemos en España, el Movimiento 5 Estrellas en Italia, Syriza en Grecia y el partido creado en Francia por Jean- Luc Mélenchon en 2016 –La Francia Insumisa– con vistas a las elecciones presidenciales del año siguiente. Aunque esta izquierda populista guarde un lejano parentesco con la New Left de los se- senta, hay algo en ella de ese «paternalismo concentrado» que el London Daily News vislumbró en el populismo allá por 1896. El caso español es un compendio de los factores fundamentales que han jalonado su historia desde que se reconoce como tal y lleva ese nombre. Mientras en Estados Unidos el «land boom» de finales del siglo XIX dio paso a la crisis hipotecaria que condenó a la preca- riedad a miles de campesinos del Medio Oeste, en España el boom

22

JUAN FRANCISCO FUENTES

de la vivienda de principios del siglo XXI fue el prólogo y en parte el origen de la oleada de morosidad y desahucios provocada por la recesión. La razón de fondo en ambos casos fue la globalización y sus efectos impredecibles sobre el empleo, el crédito y los precios,

y la consecuencia final, una movilización, primero social y luego

política, de los sectores más perjudicados: de la Farmers’ Alliance al People’s Party, de los Indignados a Podemos. Sin negar la impor- tancia de otras causas, como el rechazo a la inmigración o el desem- pleo, conviene recordar el papel que la defensa de la vivienda y la pequeña propiedad y la lucha contra el capitalismo financiero han tenido como detonante de estos movimientos. En general, no res-

ponden, por tanto, a una ideología colectivista y socializante, a pesar de su apariencia comunitarista y de la existencia de un viejo equí- voco al respecto, como se aprecia en la recepción del fenómeno por

la prensa europea de finales del siglo XIX. Bien al contrario, son ar-

dientes defensores de la propiedad individual frente al poder de la banca y de las corporaciones. En ese sentido, se los puede conside- rar un ejemplo de lo que Crawford Macpherson llamó «individua- lismo posesivo», que suele derivar en un radicalismo político

hiperdemocrático o antidemocrático, sin que a veces sea fácil distin- guir lo uno de lo otro. Su actuación se dirige contra el bipartidismo, las elites políticas y financieras, las instituciones representativas y los efectos de la globalización, y plantea formas genéricas de demo- cracia directa de tipo asambleario y plebiscitario. La cruzada contra el patrón oro lanzada en su día por el People’s Party americano presenta asimismo coincidencias sustanciales con el furor antieuro- peísta de la mayoría de los populismos europeos. No es el caso de Podemos, que intenta llevar con discreción su euroescepticismo antropológico, aunque la principal diferencia entre el People’s Party

y Podemos radica en la base rural del primero y el carácter urbano

del segundo –no tanto de algunas de sus «confluencias». Con estas salvedades, la analogía entre ambos se sostiene bastante bien.

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

23

El canon populista se cumple, si cabe, en mayor grado en el actual independentismo catalán, tanto en el de tipo völkisch, de ori- gen nacionalcatólico, como en el republicano y ultraizquierdista. Pese a sus diferencias históricas y programáticas, coinciden en su fuerte arraigo en el medio rural y en su pulsión totalitaria, que re- cuerda la explícita reivindicación del totalitarismo por parte de uno de los grupúsculos nacionalistas que pululaban por la Cataluña de los años treinta: el Moviment Nacionalista Totalitari. El árbol genealógico del independentismo incluye también, y de forma muy destacada –al menos así lo ha declarado Quim Torra, ac- tual presidente de la Generalitat–, al grupo Nosaltres Sols!, que en 1936 dirigió un memorándum al gobierno de Hitler solicitando su apoyo a la independencia de Cataluña. Como en su día el Tercer Reich y su aspiración a construir la «Gran Alemania», el proyecto independentista, especialmente en su programa máximo –los Paí- ses Catalanes–, constituye un buen exponente de ese «populismo territorial» que, según Charles Maier, busca siempre un aval ple- biscitario a su política de «salvación nacional». La ruptura con España y la recuperación de los antiguos territorios de la Corona de Aragón mediante un Anschluss previamente plebiscitado –como en Austria en 1938– culminarían un largo proceso histórico en pos de una plenitud nacional finalmente reencontrada. Es el populismo territorial en su máxima expresión, como pa- nacea frente a la crisis económica y realización de un supuesto sueño colectivo de emancipación a la vez social y nacional: Cata- luña como «un sol poble», sin elementos indeseables que cuestio- nen su unidad territorial o lingüística. En ello radica la lógica del populismo, antipluralista por naturaleza, como afirma Jan-Werner Müller: no acepta otra cosa que la total representación del pueblo, que él mismo se arroga, y rechaza como un cuerpo extraño y peli- groso a cualquiera que se la discuta. Esta facilidad para crear co- munidades a su imagen y semejanza y convertirlas en fuente de

de las posibles respuestas a la pregunta con la que Albertazz McDonnell titulaban hace años uno de los epígrafes de su lib ¿por qué tiene tanto éxito el populismo?

J. F.

Este artículo forma parte del proyecto New Populisms in post-Cold War Eur Symbolic Map. Iconography, Rituals, Leaderships, en el que he trabajado durante stancia como Visiting Senior Fellow en el Ideas Centre de la London Schoo Economics. Agradezco a Ideas Lse y en particular al profesor Michael Cox y octora Emilia Knight, director y mánager de ideas, su hospitalidad y amabili urante mi estancia.

BIBLIOGRAFÍA

ALBERTAZZI, Daniele, y MCDONNELL, Dundan. (eds.). Twen First Century Populism. The Spectre of Western European Democracy, L dres: Palgrave-MacMillan, 2008. CANOVAN, Margaret. Populism, Nueva York: Harcourt Brace Jova vich, 1981. DE GRANDIS, Rita. «The Masses Do Not Think, They Feel», Canad Journal of Latin American and Caribbean Studies / Revue canadienne études latino-américaines et caraïbes, 24, 48, 1999, Special Edition / É tion extraordinaire: «Eva Perón», pp. 125-132. DI TELLA, Torcuato S. «Populismo y reforma en América Latina», sarrollo Económico, 4, 16 (abril-junio), 1965, pp. 391-425. GELLNER, Ernst, y IONESCU, Ghiță. Populism: Its Meaning and Na nal Characteristics, Londres: Weidenfeld & Nicolson, 1969. HICKS, John D. The Populist Revolt. A History of the Farmers’ Alliance and People’s Party, Minneapolis: The University of Minnesota Press, 193

Arturo marquez (amarquez@siador.com)

85.55.80.139

POPULISMOS. ¿CUÁNDO, DÓNDE, POR QUÉ?

25

MAIER, Charles. «Democracy and Its Discontents», Foreign Affairs, 73, 4 (julio-agosto), 1994, pp. 48-64. MÜLLER, Jan-Werner. What Is Populism?, Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 2016. NUGENT, Walter T. K. «Some Parameters of Populism», Agricultural History, 40, 4 (octubre), 1966, pp. 255-270. NÚÑEZ SEIXAS, Xosé M. «Nacionalismos periféricos y fascismo. Acerca de un memorándum catalanista a la Alemania nazi (1936)», Historia Contemporánea, 7, 1992, pp. 311-334. RUPNIK, Jacques. «From Democracy Fatigue to Populist Backlash», Journal of Democracy, 18, 4 (octubre), 2007, pp. 17-25. SHAFIR, Michael. «From Historical to “Dialectical” Populism: The Case of Post-Communist Romania», Canadian Slavonic Papers / Revue Cana- dienne des Slavistes, 50, 3/4 (septiembre-diciembre), 2008, pp. 425-470. UCELAY DA CAL, Enric. La Catalunya populista: Imatge, cultura i política en l’etapa republicana (1931-1939), Barcelona: La Magrana, 1982. VALLESPÍN, Fernando, y MARTÍNEZ-BASCUÑÁN, Máriam. Popu- lismos, Madrid: Alianza Ed., 2017 . Vingtième Siècle. Revue d’histoire. Número especial: «Les populismes», 56 (octubre-diciembre), 1997. WOODS, Dwayne. «The Crisis of Center-Periphery Integration in Italy and the Rise of Regional Populism: The Lombard League», Compara- tive Politics, 27, 2 (enero), 1995, pp. 187-203.

League», Compara- tive Politics, 27, 2 (enero), 1995, pp. 187-203. Arturo marquez (amarquez@siador.com) 85.55.80.139
Arturo marquez (amarquez@siador.com) 85.55.80.139

Dios y las nuevas tecnologías

César Antonio Molina

E l autor del libro, Juan José Sebreli, y quien esto escribe son agnósticos. No hay pruebas suficientes y certeras ni para el

teísmo ni para el ateísmo, ni tampoco para términos medios ecléc- ticos como el deísmo o el panteísmo. El ateísmo es incluso una ateología, está demasiado imbuido de religiosidad, vive sin cesar ocupándose de atacar la idea de Dios y logra un efecto contrario al que busca: reconoce la importancia del enemigo. Dios es posible en tanto no hay pruebas contundentes en su contra. La ciencia, a lo largo de los siglos logró, y ahora aún más lo pretenden las nue- vas tecnologías, desvelar muchos interrogantes. Pero todas ellas, ciencia y nuevas tecnologías, no han conseguido responder a las preguntas últimas sobre el ser y la nada, o sobre el surgimiento de la conciencia. ¿De dónde venimos y a dónde vamos? ¿A dónde nos conduce todo esto? ¿Por qué he nacido sin consentimiento y debo morir de la misma manera? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué hay más allá si ese más allá existe y a él va a parar el alma? Y el

[27]

28

CÉSAR ANTONIO MOLINA

tiempo ¿es reversible o irreversible? ¿Es concebible un ser incon- dicionado, infinito y absoluto? En el inconmensurable universo ¿qué papel ocupa el ser humano? Mientras no se den respuestas a todas estas preguntas, para muchos millones de personas, Dios será el origen y el fin de todo. El agnosticismo no es fácil de explicar porque no es una reli- gión, tampoco una ciencia ni una filosofía, sino una actitud del pensamiento que se plantea preguntas sin poder dar respuestas certeras. Ni doctrina, ni ideología, sino una postura que tuvieron muchos mortales antes de darle ese nombre en el siglo XIX. Tho- mas Henry Huxley, un paleontólogo controvertido, fue el primero que pronunció la palabra agnóstico en el año 1869. Intentar saber lo que no se sabe pero insistir en las respuestas es lo que diferencia al agnosticismo del escepticismo que no espera nada. Entre el teísmo y el ateísmo, se encuentra el agnosticismo. Ni es deísmo que se confunde muchas veces con el primero, ni ateísmo que se con- funde muchas veces con el segundo. Entre unos y otros, existe este tercer camino. Esta forma de pensamiento existió, de una u otra manera, a lo largo de la historia. Al menos desde Sócrates (aunque el interés de este filósofo ágrafo estaba en la moral y no en la meta- física), los epicúreos, los estoicos (que junto con el neoplatonismo formaron el cristianismo primitivo), y el aristotelismo o el cristia- nismo medieval. Protágoras, discípulo de Heráclito, afirmó:

De los dioses no sabré decir si los hay o no los hay, pues son muchas las cosas que prohíben el saberlo, tanto la oscuridad del asunto, como la brevedad de la vida humana.

El gobierno ateniense de aquellos tiempos que no admitía la duda, lo acusó de ateísmo y murió al intentar huir de la ciudad. Por ejemplo, los cínicos han sido reivindicados por filósofos contempo- ráneos como Foucault. En este grupo detectaron las huellas precursoras del humanismo racionalista moderno, incluido el ag-

DIOS Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

29

nosticismo. Después, ya en la antigua Roma, estuvo Séneca, con sus grandes contradicciones interiores y, luego, Montaigne, Des- cartes y Hume quien escribió:

¿En qué difieren ustedes, los místicos, que sostienen la absoluta incomprensibilidad de Dios, de los escépticos y los ateos que afirman que la primera causa de todas las cosas es desconocida e ininteligible? (Diálogos sobre la religión natural, 1779).

Precisamente el filósofo inglés David Hume introdujo el agnos- ticismo en el idealismo alemán, sobre todo en Kant. La famosa página en la Crítica de la razón pura, dividida en dos columnas, es una prueba de ello: en una, están las pruebas de la existencia de Dios y la inmortalidad, y en la otra las refutaciones sobre la misma. Y así hasta nuestros días. El agnosticismo, el sociólogo Sebreli lo ejemplifica en la figura de Hans Küng, desautorizado por la Iglesia católica, pero del que el autor de este libro afirma que era lo más creyente que puede ser un agnóstico y lo más agnóstico que puede ser un creyente. Dios en el laberinto está escrito desde el agnosticismo y la razón, no desde la fe por la cual él siente un gran respeto espiritual. El agnosticismo está mostrado como una autodesignación limitada a intelectuales. El conocimiento racional no es inmutable y eterno, sino que varía de acuerdo con la época y con las condiciones histó- ricas. Este libro descomunal, crítico y no complaciente, estudia la religión desde el punto de vista filosófico e histórico. La historia se orienta a una filosofía de la historia, a una historia universal de raíz hegeliana; y el autor dirige su filosofía hacia una cosmovisión. La teología está convencida de que las preguntas últimas le pertene- cen en exclusiva. El cientificismo y el positivismo limitan la ciencia sólo al mundo material, menospreciando las ciencias humanas que no ofrecen un conocimiento duro, exacto. No todos los científicos pensaron así: Galileo, Newton en el pasado, y más tarde Einstein o

30

CÉSAR ANTONIO MOLINA

Shrödinger, se preocuparon por la fundamentación filosófica de sus teorías científicas. No hay que ver una contradicción entre el espiritualismo y el materialismo, sino unas fuentes semejantes de conocimiento. Einstein escribió:

El miedo a la metafísica es una enfermedad de la actual filosofía empírica, contrapeso a aquel anterior filosofar en las nubes que creía poder deshacerse de lo dado a los sentidos y poder prescin- dir de él.

Y en este apartado Sebreli le hace un homenaje al jesuita Teilhard de Chardin no muy bien visto por el Vaticano hasta que Juan Pablo II le agradeció el esfuerzo que había llevado a cabo por acercar el mundo científico al cristianismo. Incluso Planck llegó a admitir el predominio de la fe sobre el conocimiento científico:

encima de la entrada de las puertas del templo de la ciencia están escritas estas palabras: «Debes tener fe». Es una cualidad de la cual el científico no debe prescindir.

En este ensayo Sebreli destaca las múltiples interpretaciones multidisciplinarias de la religión que se suman a los métodos teoló- gicos: las históricas, las sociológicas, psicológicas, arqueológicas, antropológicas, cosmológicas, filosóficas, geográficas, lingüísti- cas, literarias, científicas que someten las viejas explicaciones dog- máticas a una severa y actualizada crítica. Los fundadores de la disciplina sociológica, Emile Durkhein y Max Weber, fueron a la vez los creadores de la sociología de la religión. Aunque el autor se refiere a todas las grandes religiones cono- cidas, la presencia del cristianismo, en especial del catolicismo, ocupa el mayor número de páginas y las más profundas reflexio- nes. En otros tiempos el surgimiento del cristianismo, la evangeli- zación, las disputas teológicas, las guerras, la creación de las

DIOS Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

31

órdenes religiosas, la teocracia, fueron ejes sobre los que giró du- rante siglos la vida cotidiana. En nuestros días Dios está más ausente que presente en lo cotidiano. De Él apenas ya dependen nuestros dolores y alegrías. Es como una compañía ausente. La ciencia, por su propia razón de ser, trató en vano de sustituirlo pero no lo consiguió. Es más, yo diría que ciencia y metafísica con- fluyeron en su silencio ante el no saber. Pero el mundo digital, menos respetuoso y cooperador, está emboscando a esta construc- ción cultural ofreciendo a los potenciales feligreses, ahora conver- tidos en meros clientes, respuestas falsas, inventadas, quiméricas a aquellas preguntas que nos hacíamos al comienzo de este texto. En el mundo digital (y de esto no se ocupa este libro), según nos vie- nen contando, muy pronto hasta la muerte será una reliquia del pasado. Y sin la muerte, simplemente en el cristianismo sin irnos a las otras religiones, no habrá alma, resurrección, ni más allá con Dios. ¿Para qué entonces esta creencia? Por lo tanto ni las religio- nes, ni Dios, tienen en este sentido futuro, y, por supuesto, tam- poco los agnósticos lo tendríamos. ¿Dispondríamos entonces de un Dios emérito (esta es una idea mía, no de Sebreli)? Tampoco en el mundo digital a este paso existirá el libre albedrío, es decir, la libertad de elegir, pues está siendo sustituida por los algoritmos. Todas las bases de la religión están en duda y es más, desalojadas por estas empresas materialistas que lo ofrecen ya todo en la tierra:

unas agencias de viaje estáticas. Por ejemplo la criogenización. Un cuerpo conservado cientos de años esperando volver a la tierra en un tiempo ya ajeno a él. ¿Dónde el alma? ¿Se puede congelar el alma? La desaparición de la imposición religiosa en las sociedades modernas no ofreció un nuevo sentido de la vida, más bien fue sustituido por la «anomia», la ausencia de valores, la superficiali-

dad, el vacío, la desilusión, la desesperanza

a redimirnos de todo esto? Antes las respuestas para gran parte de

¿La era digital viene

32

CÉSAR ANTONIO MOLINA

la población estaban en los libros sagrados, en los dogmas, en las autoridades eclesiásticas, en la literatura y el arte en general. Hoy, sin embargo, lo están en las pantallas de los ordenadores donde la pornografía y la violencia supera en millones de visitas cualquier

otro asunto, entre ellos, el religioso, incluso en las zonas más secta- rias y fanatizadas. El mundo informático de hoy no es afecto al más allá y a la inmortalidad del alma o al conocimiento sino al aquí y ahora de sus clientes a quienes les ofrecen todo tipo de servicios. La inmortalidad individual fue ignorada en el Antiguo Testamento

(Eclesiastés), pero San Agustín rati-

ficó que la resurrección de los muertos era la fe fundamental de los cristianos. O aquello de Unamuno, «hambre de inmortalidad». En la nube antes estaba sólo Dios que tenía la memoria y la informa- ción de todas las cosas para juzgarnos. Hoy Dios ha sido exiliado de esa nube, por no decir expulsado. Allí la memoria es ya de otros sin rostro, sin piedad, sin sentimientos. ¿Dios emérito o Dios exi- liado? Así les pasó a los dioses de la mitología que aún rondan es- condidos entre nosotros. ¿Pero dónde su lugar? En las mentes y en los corazones de los nativos digitales ya no queda espacio. Todavía no se ha creado una aplicación en la cual un mortal pueda conectar directamente con Él. Como la memoria de Funes, el personaje borgiano, la memoria es inútil cuando no va acompañada del ol- vido. El olvido ya es la incapacidad de utilizar semejante cantidad de información y seleccionarla. Quizás en el futuro más inmediato lo hagan los robots semejantes o incluso superiores a los seres hu- manos. ¿Robots con alma, con creencias, con materia metafísica, con juicio para optar? Borges dijo que Dios era una biblio- teca. Ahora acaso será la pantalla del ordenador. Entonces dónde los teístas, dónde los ateos, dónde los agnósticos. ¡Todos al exilio con Dios! ¿Pero a dónde? Todo está ya ocupado, inscrito en los departamentos de las patentes. ¿Dios ha muerto? Se preguntaba el Time en el mes de abril de 1966, hace cincuenta y dos años. Y esa

« los muertos nada saben

»

DIOS Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

33

portada hoy tendría incluso un significado mayor. Hasta hoy mismo nunca ha existido una sociedad sin religión, porque la reli- gión es una construcción cultural humana fundamental para dar una razón de vivir y una esperanza al ser humano. Me refiero a una religión pacífica y espiritual. Los creyentes probablemente supe- ran a ateos y agnósticos juntos, pero sus creencias son más supers- ticiosas que metafísicas. El ser humano vive tanto de emociones como de razonamientos y carece del interés por el saber del espí- ritu crítico. Los conocimientos científicos y filosóficos son todavía difíciles de comprender, las religiones, en cambio, explotan esas carencias y atraen a la gente común, no con sus doctrinas también complicadas y reservadas a los teólogos, sino con las explicaciones elementales del catecismo y las historias sagradas. A las nuevas tecnologías no les hacen falta ni los unos ni los otros. Dios es para ellos ya un videojuego. El mundo digital también es un sucedáneo de la religión. En el panorama caótico en el que vivimos, donde las redes sociales intervienen en nuestras vidas y representan un papel ambiguo de individualización y masificación a la vez, nos conectan y nos aíslan. Las religiones como una parte de la cultura que todos creamos sufren igualmente la inestabilidad y el peligro de desin- tegración más allá del ateísmo. ¿Es posible la muerte de las reli- giones a manos de las tecnologías? ¿Sería mejor el mundo así entregado a la teocracia y al totalitarismo digital? La religión, como ya comenté tiene su origen en una etapa avanzada de la evo- lución humana, surge como una respuesta cultural ante lo desco- nocido. Se sabe la fecha de aparición: la mitad del primer milenio antes de Cristo, entre los años ochocientos y doscientos, llamada por Jaspers la «era axial». ¿Acaso no desapareció la mitología o se metamorfoseó en parte en el propio cristianismo? ¿Cuál es hoy y ha sido siempre su peor enemigo? Sebreli nos recuerda que antes de que las religiones aparecieran ya existía el dinero. El culto pa- gano al mismo se transformó en odio contra él por el cristianismo.

34

CÉSAR ANTONIO MOLINA

El ídolo, el becerro de oro, fue combatido por los profetas judíos hasta el actual Papa Francisco que lo llamó «estiércol del diablo». Ese ídolo pagano son hoy las nuevas tecnologías (con sus muchos y reconocidos beneficios) y el mundo digital, superador del ma- terialismo histórico marxista y de los ateísmos de cualquier clase. Quizás ya sea tarde para aplicar aquello que defendió Hans Küng, una ética mundial con bases espirituales para lograr la paz entre los pueblos.

1 C. A. M.

* Sobre el libro Dios en el laberinto, de Juan José Sebreli. Barcelona: Editorial Debate, 2017.

laberinto, de Juan José Sebreli. Barcelona: Editorial Debate, 2017. Arturo marquez (amarquez@siador.com) 85.55.80.139

El silencio tiene un precio:

el wéstern y la leyenda negra

María Elvira Roca Barea

Los indios son gente como cualquier otra.

ANTONIO DE MENDOZA

Primer virrey de México

E l género cinematográfico que llamamos wéstern ha producido, sin exagerar, miles de películas y ha enseñado, no sólo al públi-

co estadounidense sino también al mundo entero, un modo particu- lar de contar el nacimiento de los Estados Unidos que está universalmente difundido. En él vemos a los blancos –pero sólo un tipo de blanco: el protestante– avanzando desde el Este hacia el Pacífico en dura pugna con distintas tribus indias que parecen no haber tenido nunca contacto con el hombre blanco. Esta composi- ción está fuertemente mediatizada por prejuicios, o mejor dicho, por el empeño de negar la presencia de otros blancos no anglosajo- nes en territorio estadounidense, y que aquellos llevaban en no pocas ocasiones siglos tratándose con los indios sin exterminarlos y hasta mezclándose con ellos. Quiere decirse que las imágenes del wéstern, fuertemente icó- nicas, han educado a los cinco continentes y han sido cruciales en

[35]

36

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

la configuración de la idea que de los Estados Unidos se tiene dentro y fuera del Imperio. Hay, por lo tanto, un universo de sig- nificados en torno al wéstern y es de todo punto imposible dar cuenta de él siquiera mínimamente en el espacio de esta breve ex- posición. Lo que sigue debería servir para una investigación más amplia, como mínimo, una de esas tesis doctorales que ando propo- niendo a troche y moche hasta ahora sin mucho éxito. Del amplio y frondoso árbol semántico de las películas del Oeste es forzoso elegir un par de ramas y concentrarse en ellas y tendrán que ser éstas necesariamente las más cercanas a nosotros. ¿Quiénes somos noso- tros? El mundo que habla español.

El caballo

Un primer detalle choca con la puesta en escena arriba descrita

y es el caballo. El indio de las películas es un señor que se adorna con plumas, dispara con flechas y cabalga, como un centauro por cierto, sobre briosos corceles. Es más, nos cuesta imaginar a esos indios desplazándose o combatiendo a pie. El caballo no existía en América antes de la llegada de los españoles, de manera que el consumado arte ecuestre que demuestran los indígenas tuvo que ser adquirido con posterioridad a 1492. Los caballos llegan a América en el segundo viaje de Colón. Son una veintena de animales que aparecen descritos en la crónica como «matalones», que quiere decir que no eran de mucha calidad.

A mediados del siglo XVI la cría y el comercio de caballos estaba ya

bien asentada en el área de Santa Fe y Taos, como León Guerrero

y Díaz Díaz explican. Fueron probablemente los apaches y los

navajos las primeras tribus que asimilaron el caballo a su modo de

vida. Comanches y utes vinieron después. La incorporación del caballo a la vida de los nativos supuso el mayor cambio que estos pueblos experimentaron desde la agricul-

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

37

tura, y entre quienes desconocían la agricultura, desde el fuego. Son mudanzas que van desde el transporte, obviamente, a la ali- mentación, los modos de hacer la guerra y de cazar bisontes y

otros animales, y hasta el comercio o la manera de medir la riqueza

y el prestigio social, pues la posesión del caballo pronto se trans-

forma no sólo en un modo de vida nuevo sino también en un signo de distinción. Esta revolución en la manera de vivir de muchos pue- blos indígenas en el territorio de lo que hoy es Estados Unidos se ha verificado en poco tiempo, pero es un cambio radical que deter-

mina, por ejemplo, los desplazamientos de las tribus indias, si bien hay que tener muy presente que no todos son nómadas. Nada de esto se refleja en las películas. Los indios parecen haber sido siem- pre como el wéstern los presenta y no se menciona la vida anterior,

la que sigue a la llegada de los españoles, cuyas consecuencias es-

tán todavía bien presentes en la memoria de las distintas tribus con las que guerrea John Wayne. Digamos que el indio ofrece una foto fija, no evolutiva, que es casi siempre idéntica a sí misma. Pero el hecho es que la mayor parte de los indios de las películas habían tenido ya contacto con el hombre blanco y que este contacto era en muchos casos ya secular cuando avanzan las carretas de los blancos protestantes hacia el oeste y que este hecho había llevado consigo muchos cambios. Entre ellos hemos destacado el caballo, como Frank G. Roe y Orland N. Eddins han estudiado con deta- lle, pero podemos mencionar también el idioma y mejoras técni- cas importantes, señaladamente las agrícolas. El indio de las películas nunca es agricultor. Es siempre cazador y nómada, acorde con la visión autocomplaciente y profundamente racista del

blanco protestante de que lo que tiene en frente es un salvaje ina- similable. Pero sucede que muchos de estos salvajes hablaban es- pañol, eran sedentarios y agricultores. Más de un tercio de lo que hoy es Estados Unidos de América fue en algún momento de su historia parte del Imperio español. Es

38

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

necesario recordar que el Tratado de Guadalupe Hidalgo puso fin en 1848 a la guerra entre Estados Unidos y México. Es siempre llamado acuerdo de paz, pero en realidad es el tratado de rendición de México. Por eso lleva el fantástico nombre de Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América. México cede enteros los Estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México y Texas y parcialmente Arizona, Oklahoma, Colorado, Wyoming y Kansas. El 52 por ciento de su territorio. La presencia de la cultura hispana, no sólo en el wéstern sino también en la vida toda de los Estados Unidos, ha vivido y vive aún rodeada por un muro de silencio tan denso que la mayor parte de los hispanohablantes han asimilado la composición de lugar que cuenta el wéstern y creen que el indio montado en un caballo que hostiga al Séptimo de Caballería es en realidad un ser preexis- tente y atemporal con el que tropieza el blanco protestante hacia el Oeste. Es más, muchos de los hispano-indígenas o mestizos que viven en los antiguos territorios del Imperio español ocupado por esta- dounidenses creen que ellos han venido de algún lugar del sur. Como me explicaba con mucha gracia una profesora de Cádiz (Texas) durante un intercambio en Cádiz (España) entre centros de enseñanza media en el que participaba mi instituto, el IES Drago, en 2001, «me paso el tiempo explicando que yo no he emi- grado a los Estados Unidos, que los Estados Unidos vinieron a mi casa». Trabajo inútil. La mayor parte de sus alumnos, tan hispano- indígenas como ella, estaban convencidos de que sus familias ha- bían venido en algún momento del otro lado del río Grande, porque hablaban español. Eso podrá parecer una anécdota simpá- tica, pero no lo es. Borrar del mapa a esos indios que hablaban y hablan todavía español y que no son emigrantes es absolutamente necesario para que no quede rastro de una cultura anterior que

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

39

guerreó con los indios pero también los hizo sus aliados. En defini- tiva que pudo y supo convivir con ellos sin necesidad de exterminar- los. Esto ha dejado huellas visibles, algunas de ellas lingüísticas, estudiadas con maestría por Francisco Marcos Marín. Y en se- gunda instancia, es un efecto necesario en la buscada aculturación de los hispanos, de tal forma que estos rechazan ser así llamados y prefieren la denominación «latinos» porque hispano evoca dema- siado a España. Lo que el wéstern muestra en su versión clásica hasta la sacie- dad es cómo, con trabajos y peligros, los blancos anglosajones van ganando terreno desde el Este en medio de grandes fatigas, en dura pugna con tribus bastante salvajes que no parecen haber te- nido contacto con la civilización. Posiblemente esto responde al hecho de que para la mentalidad protestante aquella cultura, con la que el indio que va a caballo se relacionó mucho antes de que los WASP (White Anglo-Saxon Protestant) aparecieran por el territo- rio, no era la civilización. El Imperio español era lo más bajo en calidad moral en su esquema de valores. El caballo, sin embargo, insistimos, estorba esta puesta en es- cena. Hay que detenerse un poco en este animal porque su aclima- tación en la mayoría de las tribus indias demuestra hasta qué punto el intercambio cultural con el mundo hispano fue intenso. Esto provocó no sólo mestizaje sino también en algunos casos muy notables, asimilación política e integración en los territorios del Imperio español. Después de la expedición de Juan de Oñate, estudiada por Marc Simmons, el caballo se va expandiendo en dos direcciones. Hacia el norte con los shoshones o shoshonis, nezperce, flatheads y los crow y hacia el noreste con los kiowa, pawnee y arikara. Los shoshones hablaban una lengua uto-azteca. Estaban divi- didos en cuatro tribus grandes, una de las cuales, los comanches, emigró hacia el sur en oleadas. A comienzos del siglo XIX las tribus

40

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

shoshoni sobrepasaban los 20.000 individuos, si hemos de creer a la Agencia India. En 1909 apenas sumaban 3.200 personas. Los nezperce o nez percés (del francés, nariz agujereada) habitaban en tiempos históricos en una región central entre Washington, Ore- gón y Idaho, mientras que los flatheads vivían al oeste de Mon- tana. El territorio de los crow o indios cuervo se extendía a lo largo del valle del río Yellowstone. Los kiowa parece que eran originarios de la zona norte del río Misuri pero emigraron hacia el sur a mediados del siglo XVII. Las tribus pawnee vivían en las actuales Nebraska y Kansas. A co- mienzos del siglo XIX eran unos 10.000. Un siglo después sólo quedaban 649 individuos. Los arikara, como los pawnee, hablaban una lengua caddoana, de la misma familia que los sioux. A comien- zos del siglo XVIII eran unos 7.000. En 1860, sólo quedaban 700. Estas escuetas informaciones proceden de la Encyclopaedia of Native American Tribes. Sabemos que los shoshones comienzan a adquirir caballos en la primera mitad del siglo XVII y que los crow y los pies negros tienen caballos desde la primera mitad del siglo XVIII. Y no sólo tienen ca- ballos. De tratar, comerciar y guerrear con los españoles los indios han aprendido también a criar estos animales, a alimentarlos, cu- rarlos y cruzarlos para mejorar las razas y a usar los arreos que el manejo del animal requiere. Algunas de las razas hoy protegidas en EE UU son fruto del esfuerzo indio por mejorar sus animales. Es asunto delicado el de la cría caballar y no se aprende mirando desde lejos o por ciencia infusa. Hasta la denominación usamericana del caballo salvaje, mus- tang, delata el origen español. La palabra procede del español mesteño o mestengo, que significa sin dueño conocido y, por tanto, según las leyes de Castilla, propiedad de las mestas o concejos ga- naderos. La expansión del caballo ha sido bien explicada por Ed- ward Steiger y también por Borja Cardelús.

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

41

Etapas del wéstern

Esta enorme realidad no tiene reflejo en el wéstern que repite como un mantra la misma puesta en escena de la conquista del Oeste. Desde La diligencia hasta Django unchained. Y cuando hay alguna variación, como vamos a explicar, el indio hispano o mes- tizo sigue siendo invisible. ¿Por qué? En 1992 Clint Eastwood rueda Sin perdón y consigue no sólo varios Oscar sino también un gran éxito. Pero el wéstern ya está muerto como género cinematográfico. Sin perdón es un homenaje y, por lo tanto, una forma de arqueología creativa. El gran Eastwood venía de haber producido y dirigido en 1985 El jinete pálido. Otro film magnífico y epigonal de esa reedición del cine clásico, vigo- roso e impecablemente narrativo, que es el trabajo del californiano en las últimas décadas de su vida. Sin embargo, la época clásica del wéstern está ya muy lejos. En los años setenta el género vivió un florecimiento otoñal que produjo, por ejemplo, el spaghetti wéstern, pero el gran wéstern, el de aliento épico y conquista, se ha terminado ya. A partir de los años ochenta la producción de este tipo de películas comienza a escasear, pero hasta esa década y desde el comienzo del cine, ha sido ininterrumpidamente uno de los géneros más productivos. El wéstern tiene fundamentalmente dos ramas: las películas que tienen como eje temático las luchas con los indios y aquellas otras que giran en torno al Oeste como territorio fuera de la ley, y a la confrontación entre good boys y bad boys. Hasta los años setenta las dos ramas comparten un ángulo común: en pantalla sólo aparecen un tipo de hombre blanco, el protestante. No hay, al parecer, en los anchos y extensísimos territorios del wéstern otra presencia occi- dental ni otras razas, como no sean las puramente aborígenes, que parecen también desconocer el mestizaje. Ni chinos ni negros ni hispanos.

42

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

Sin embargo, a finales de los años sesenta y claramente en los setenta, el wéstern comienza a acoger otros tipos humanos distin- tos del WASP. El espectacular éxito de la serie de televisión Kung- Fu (1972-1975) nos enseñará un paisaje mucho más variado del Oeste. Por lo pronto, hay negros y hay chinos. Repárese en que hemos atravesado varias décadas sin que tengan derecho a la visi- bilidad estas razas pero por fin han conseguido penetrar en la imagen cinematográfica o televisiva. Un inciso: en lo que sigue usaremos la palabra «raza». El tér- mino está mal visto desde los horrores nazis. Quizás hacen bien en evitarla quienes tejieron ideologías perversas en torno a ella, pero no se entiende qué tiene esto que ver con nuestra lengua y nuestra cultura que, cuando celebra el Día de la Raza, lo que festeja es precisamente su realidad pluriracial. Como intentábamos explicar, hemos ingresado holgada- mente en el siglo XXI sin que el wéstern, ni siquiera en su ver- tiente marginal o posclásica, haya sido capaz de dar acogida a otras gentes que también habitaban esos territorios y desde mucho antes de que llegaran los WASP, los negros o los chinos. Es la gran ausencia del wéstern, la de las razas que hablan espa- ñol: indios, mestizos o españoles de origen europeo. Sin em- bargo, están ahí desde el principio y son el decorado fantasmal o invisible de las películas del Oeste, aunque no se sabe lo que hablan ni se conoce su condición de antiguos súbditos del rey de España.

Los apaches

Ya en el primer gran wéstern de la historia del cine La diligencia, dirigida por John Ford en 1939, aparecen los apaches chiricaguas y la imagen clásica del indio cabalgando airoso a lomos de un ca-

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

43

ballo y hostigando sin cesar, como auténticos depredadores, al hombre blanco. Los chiricahuas eran un pueblo apache cuya denominación procede del náhuatl. La palabra significa «pocos» o «los que son pocos». Es el nombre que los tlacaltecas les dieron cuando en alianza con los españoles comenzaron a desplazarse hacia las zo- nas del suroeste de Nuevo México, sureste de Arizona (hoy terri- torio de EE UU) y hacia el norte de Sonora y Chihuahua (México). El nombre «apache» con el que genéricamente se conoce a estos pueblos procede de las lenguas atabascanas y, en concreto, de los zuñis, y significa «los enemigos», porque los apaches los expul- saron de sus territorios como hicieron con otras tribus sedentarias, como los jumanos y los sumas, según explica Haley. Como se ve, el paraíso indígena previo a la llegada del hombre blanco no ha exis- tido jamás y no es más que una creación cultural, arrogante y ra- cista, de la intelectualidad europea, para la que todo lo que no es europeo constituye una suerte de magma uniforme sólo porque no puede penetrar en las diferencias. Como no las ve, no existen. Para entender la historia de los apaches es inevitable referirse a los comanches. El término deriva de «kumantsi», término adop- tado por los españoles que procede de los utes y que significa «los enemigos» o más literalmente «los que luchan contra mí». Los utes también los llamaban «pies grandes», debido a la costumbre de llevar grandes mocasines. Hablaban una lengua emparentada con la familia uto-azteca y debieron comenzar su descenso hacia el sur dos o tres siglos antes de la llegada de los españoles. Pekka Hämäläinen ha estudiado la expansión comanche de manera con- vincente y quizás un tanto hagiográfica. A finales del siglo XVII aparecen los primeros registros históricos de estas tribus que si- guen bajando hacia el sur, ahora en oleadas más rápidas y numero- sas, probablemente en busca de caballos y también de alimentos, más fáciles de conseguir en zonas donde se practica la agricultura.

44

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

La primera mención directa es de 1706 cuando los habitantes de Taos envían al gobernador español de Nuevo México noticia de un ataque inminente y demanda de auxilio. A lo largo del siglo XVIII el dominio del caballo y las nuevas tecnologías adquiridas en el co- mercio de frontera con otros pueblos nativos dentro del territorio del Imperio español hicieron que los comanches pudieran expan- dirse al sur de las Grandes Llanuras por territorios que estaban ocupados por los apaches, la mayoría de los cuales ya se habían he- cho sedentarios y practicaban con éxito la agricultura en zonas fér- tiles y cercanas a los ríos. La situación en el territorio es enormemente conflictiva a co- mienzos del siglo XVIII. Hablamos fundamentalmente de la franja que está al norte del Río Grande y que ahora pertenece a Estados Unidos pero fue antes territorio mexicano. Son muchos los pue- blos distintos que tienen que coexistir y aceptar leyes y normas comunes dentro del Imperio español. Unos estaban ya allí cuando llegaron los españoles, como por ejemplo, los indios pueblo; otros acaban de instalarse en el territorio, como los apaches, y otros es- tán incursionando en la zona en este momento, los comanches. Los apaches habían aprendido la agricultura en su contacto con los españoles y los indios pueblo. Incapaces de resistir la pre- sión de los comanches, que vienen del norte y quieren también no sólo caballos sino también otras muchas mejoras que la vida en el sur hispano ofrece, comienzan a refugiarse en masa en Nuevo México. En 1720 llega a Taos una embajada apache solicitando protección a cambio de convertirse al cristianismo. Las autorida- des españolas aceptan la oferta y comienza un periodo complejí- simo de negociaciones. Señala Malcolm Ebright que:

There was an accomodation between the dominant and indige- nous narratives; times when the help of advocates for both sides, Hispanos, Genizaros, and Native Americans were able to coe- xists in relative peace.

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

45

Ebright por cierto usa una terminología muy peculiar, fiel al principio protestante de que las palabras crean la realidad. «Geníza- ros» es un vocablo empleado por Ebright para designar «hispaniced nomadic Indians». Obsérvese que Ebright distingue de manera ab- solutamente artificial entre estos «hispaniced nomadic Indians» y «Native Americans» para mantener la separación entre los indios de Estados Unidos y los que hablan español, de tal forma que resulte invisible la línea de continuidad y el hecho de que esos indios esta- ban bastante integrados en las estructuras virreinales y sólo después se produjo el desarraigo y la marginación. O la desaparición. El hecho es que los apaches son incorporados al Imperio espa- ñol con bastante éxito. El gobernador Tomás Vélez Cachopin fue uno de los más hábiles en pilotar aquel complicado proceso de in- tegración. Como señala Ebright:

Governor Vélez Cachupin also has some control over the land grant system he was administering. He could which land grants it make and could adjudicates disputes about boundaries and encroachments.

Gerónimo

En una publicación reciente Manuel Rojas da cuenta del acta bautismal del famoso Gerónimo que fue cristianado en Arizpe el 1 de junio de 1821 y era hijo de Hermenegildo Moteso y Catalina Chagori. Vivió como prisionero de guerra hasta 1909. Arizpe fue fundada por el jesuita Jerónimo del Canal y por eso el nombre era frecuente en la región. La investigación de Rojas pone de ma- nifiesto muchas verdades incómodas. La más evidente de todas es que Gerónimo, nacido en las Montañas Azules de la Sierra Ma- dre, no ha sido nunca reconocido como parte de la historia de México.

46

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

No es de extrañar, como explica Rojas:

En el siglo XIX, de las siete matanzas más grandes, sólo dos fue- ron perpetradas por anglosajones. Las otras cinco, para ver- güenza nuestra, fueron encabezadas por mexicanos.

Los antepasados de Gerónimo llevan ya varias generacio- nes cristianizados y sedentarizados. Los problemas empiezan des- pués de la independencia, cuando las Leyes de Indias ya no tienen vigencia. La propiedad comunal protegida deja de estarlo y las tierras son ahora del gobierno mexicano que tiene una deuda infi- nita. La venta de aquellas, ahora propiedad del Estado, al mejor postor será unos de los sistemas para conseguir efectivo. Esto genera una enorme conflictividad con estos pueblos y explica los le- vantamientos y las operaciones de castigo o exterminio a que nos hemos referido. Las autoridades mexicanas pagan 250 pesos por cabellera apache, según Rojas. Los conflictos con Gerónimo y los apaches bendoke, su tribu de origen, comienzan en 1851 con la operación de castigo llevada a cabo por el coronel Carrasco en la reserva de Junos. Muere toda su familia, esposa e hijos. Pero los levantamientos apaches vienen de antes. Se inician tras la independencia de México y se transfor- man en una insurrección general, una especie de guerra sin cuartel tras el tratado de Guadalupe Hidalgo. Recordemos que los Esta- dos Unidos de América se han independizado de Inglaterra en 1776 y que tienen entonces una superficie inferior a media España. Tras la independencia comienza el proceso de expansión territo- rial, la mayor parte del cual se verifica sobre territorio hispano. Con meridiana claridad lo explican Aguirre y Montes:

En 1776 las trece colonias sumaban 160.000 kilómetros cua-

drados [

9.393.053 kilómetros cuadrados. A esta cifra Hispanoamérica

En 1947 el territorio de Estados Unidos abarcaba

]

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

47

aportó más de 2 millones de kilómetros cuadrados, en 1845 y 1848, concretamente de México

Resumiendo, y repárese en el contraste: unos 100 años después de independizarse Estados Unidos está en condiciones de arreba- tar más de la mitad de lo que había sido territorio de los Estados Unidos de México, que a los 20 años de su independencia, en 1821, se demuestra incapaz de defender su integridad territorial. Quién era el caballo ganador en aquella carrera lo dice sin pudor

el lenguaje y la triste imitación del nombre, con que comienzan su andadura independiente los novohispanos. Los jefes indios de lo que se conoce en Estados Unidos como las guerras apaches son bastante significativos: Irigoyen, Posito Mo-

raga, Trigueño, Delgadito, Ponce

son una serie de conflictos sucedidos entre el ejército de los Estados Unidos y los apaches entre 1861 y 1886. Han sido muy poco estudia- das porque aquello que se estudia existe y tiene visibilidad y la fun- ción de los apaches no ha sido otra que proporcionar argumentos al wéstern dentro del cuadro WASP que ya hemos explicado: blancos civilizados con carretas hacia el Oeste e indígenas salvajes y depreda- dores. En realidad los levantamientos apaches habían empezado al menos en 1848, no contra los Estados Unidos de América, sino con- tra los Estados Unidos de México, como ya hemos señalado.

Oficialmente las guerras apaches

De John Ford a Tarantino

El wéstern naturalmente no refleja esta situación. Y este silencio no es gratuito porque sirve para construir una versión muy concreta de la conquista del Oeste, según la cual el blanco protestante tiene que abrirse camino luchando duramente contra poblaciones indíge- nas agresivas y salvajes y, en consecuencia, inasimilables. Por lo tanto no hay esfuerzo de integración simplemente porque no se

48

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

puede hacer otra cosa. Es el planteamiento de John Elliott en Impe- rios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830). Obsérvese cómo, genialmente, el título da por supuesto que Gran Bretaña estuvo en América desde 1492, al mismo tiempo que crea un paralelismo entre España y Gran Bretaña absolutamente dispa- ratado históricamente. Los ingleses tardaron más de un siglo en ser capaces de poner un pie al otro lado del Atlántico, y cuando lo hicie- ron sólo fueron capaces de eso, de poner un pie. Para entonces el Imperio español había construido ya grandes y hermosas ciudades, articulado un sistema administrativo eficaz y generado un cuerpo legal adecuado a la nueva situación. En consecuencia, hay sólo una historia posible que anula todas las demás, la WASP, y está organizada en varios niveles de penetra- ción, que van desde el estamento intelectual más ilustre que suele producirse en los departamentos universitarios normalmente, a la creación de opinión pública con el concurso de medios populares de entretenimiento, como el cine. El WASP hizo sólo lo que, dadas las circunstancias podía hacer y no tiene culpa ni responsabilidad ninguna en la desaparición de las poblaciones indígenas en territo- rio estadounidense. Esto explica el último desarrollo del tema indí- gena, con la leyenda negra de fondo, a que estamos asistiendo en vivo y en directo en los últimos años con la decapitación de esta- tuas de Colón y fray Junípero Serra o la desaparición de los Co- lumbus Days en Estados Unidos. El indigenismo se ha puesto de moda últimamente en los departamentos universitarios de Estados Unidos, pero frente al hecho evidente de que no hay apenas indí- genas (y eso que es considerado indígena quien pueda atestiguarse un octavo de sangre india) se va a buscar los culpables de la desa- parición en la llegada de los españoles, no en los que directamente provocaron la desaparición de los indios. Así el concejal Mitch O’Farrel propuso y consiguió que quitaran el Columbus Day como día festivo en Los Ángeles en 2017, con el argumento de que

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

49

no deben celebrarse las masacres. O’Farrel, sin embargo, no va a pedir responsabilidades a quienes son directamente responsables de la extinción de la tribu winandota, a la que él dice pertenecer. Podría, por ejemplo, exigir la condena moral por el genocidio de los native americans al Séptimo de Caballería o la Agencia India, pero no va a hacerlo. Si lo hiciera, molestaría y mucho al grupo dominante WASP, así que va a conseguir popularidad como defensor de los pobres indios a otro sitio. Salta por encima de la causa verdadera y real para irse a buscar culpables donde sabe que puede hacerlo gratis. El viejo Demonio español tiene soluciones para todos. Hay sin embargo de cuando en cuando algún desliz en el wés- tern. Los más notables se deben a la batuta incomparable de John Ford. Hay varias películas suyas en que, como telón de fondo, se transparenta el mundo hispano sobre el que se construye una parte importante del imaginario de la conquista del Oeste. Es muy nota- ble la llamada trilogía de la caballería: Ford Apache (1948), La legión invencible (1949) y Río Grande (1950). Estamos en plena construc- ción de la gran épica cinematográfica de la conquista del Oeste, magistralmente narrada por Ford y hay en ella una evolución cla- rísima en el modo de representar a los indios. En la primera, los indios son gente bastante razonable, empujados por las injusticias que con ellos se comete (Agencia India, reservas semejantes a campos de concentración, etcétera) y la incomprensión del hom- bre blanco a reaccionar con violencia para sobrevivir. Eso no gustó mucho. Y Ford conocía el negocio. Así que en las siguientes pe- lículas los indios se van transformando en unos seres brutales y agresivos con los que es imposible tratar. En La legión invencible y Río Grande los indios ya no son seres humanos; son bestias san- guinarias. Pero en Ford Apache todavía no. La historia transcurre unos 10 años después de la Guerra de Secesión en las regiones de frontera de Arizona. Owen Thursday (Henry Fonda), un coronel ambicioso e inflexible es destinado al fuerte Apache. Con él viene su

50

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

hija, una joven casadera encarnada por Shirley Temple. Owen tiene un plan para acabar con la rebelión de los apaches y su jefe Cochise, el cual consiste básicamente en una trampa que le permitirá masa- crarlos. Sin embargo, el capitán Kirby York (John Wayne) en- tiende que antes hay que intentar hablar con los apaches y pactar

con ellos si es posible. Todo el mundo indio en la película habla es- pañol. La cocinera india, Guadalupe, se dirige a la hija del coronel Thursday en estos términos en la versión original: «Señorita, su padre sabe que está Vd. aquí y viene muy enojado». Con dificul- tades, John Wayne convence al duro e inflexible Owen de que antes de iniciar la operación de castigo hay que escuchar a los indios

y que tiene al hombre adecuado para esa conversación, el sargento

Boford (Pedro Armendáriz) porque «he speaks Spanish». Final- mente la reunión con los jefes indios se desarrolla toda en español:

Sargento Boford: Buenas tardes, ilustre jefe. Cochise: Buenas tardes Kirby York: Buenas tardes, jefe.

Lo extraño de esto es que dichas conversaciones en español es- tán en la versión original en inglés y que en la versión en español se ha doblado a los indios para que hablen una lengua exótica, pero no español. Habría que preguntar a los responsables del do- blaje las razones que los llevaron a tomar esta decisión. Es posible que les resultara tan extraño, por pura ignorancia, el hecho de que los indios de las películas del oeste hablaran español que deci- dieran eliminarlo. O creyeron que los espectadores españoles no iban a entenderlo y quizás tenían razón. ¿Cómo explicar al público de los años cuarenta en España que los indios de las películas de Hollywood hablaran español? Al público de los años cuarenta y al de hoy día, por idénticas razones. A tales extremos de aculturación

e ignorancia hemos llegado a ambos lados del Átlántico, y segui- mos profundizando en ello con verdadero entusiasmo.

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

51

Lamentables conclusiones

Las décadas del glorioso wéstern pasaron. Estados Unidos ya no produce épica en celuloide. Vinieron luego el flower power y la posmodernidad, y el wéstern, como género narrativo bien consoli- dado que era, cumplió con su obligación y reflejó estas mudanzas de los tiempos. Las pelis del Oeste se llenaron de chinos, de negros y hasta se rindió culto a los native americans en Bailando con lobos (Kevin Costner, 1990), pero por mucho cambio y mucho culto que haya a la minoría y las víctimas de la marginación WASP, que son muchas, los indios hispanos en territorio USA no tienen ni tendrán jamás derecho a ser visibles. Ni siquiera para ellos mismos. Porque su presencia molesta la puesta en escena de la superioridad moral protestante más que ninguna otra. El director Quentin Tarantino declaró a propósito de Django Unchained (2013) uno de los últimos éxitos posclásicos del wéstern:

Quiero explorar el horrible pasado de América, con la esclavitud y todas esas cosas, pero quiero hacerlo de forma divertida, como un spaghetti wéstern, sin echar sermones.

La pretensión de Tarantino es poner de manifiesto feos asun- tos «que nadie aborda, porque resultan vergonzosos». Añade que «los directores de los otros países no se atreven, porque piensan que no tienen derecho, pero yo sí lo tengo y no me asusta». Esta originalidad y rebeldía autoproclamada tiene ya algunas décadas y no asusta en los ámbitos que quedaron abiertos a partir de los años sesenta tras la luchas por los derechos civiles de los negros, pero desde luego no llegará tan lejos como para contar la verdadera historia de Gerónimo y los apaches. Tarantino también conoce el negocio y los muros invisibles de la tolerancia WASP. El precio de este silencio es alto, muy alto, en forma de pérdida de la autoestima, de aculturación cuando no desprecio de la propia

52

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

cultura y del pasado, de culpas infinitas que nunca terminan de

Es una trampa mortal para las naciones hispanas consi-

derar que proceden de un mundo moralmente inferior y que lo mejor que pueden hacer es echar pestes de ese lastre. Y lo es por- que tiran piedras contra su propio tejado y cultivan la vergüenza

de lo que irremediablemente son. Por mucho que imiten al blanco protestante, nunca lo serán. La mayor parte de los hispanos han asumido la versión anglosajona y no quieren ser llamados hispa- nos. Les ofende y prefieren el apelativo latino donde lo hispano, que les molesta, queda eliminado. Y les molesta porque han apren- dido que lo hispano incorpora una parte importantísima de lo es- pañol y que lo español es sinónimo de barbarie, atraso, pobreza,

incultura, violencia. No quieren ser

2018 Santiago Pozo, productor de cine español afincado en Los Ángeles, me cuenta una conversación que ha tenido con un taxista mexicano, cuyos rasgos físicos delatan su sangre indígena. El ta- xista le dice que fue una desgracia para los mexicanos que los conquistaran los españoles y que si los hubieran conquistado los ingleses hoy serían ricos y prósperos. El productor le contesta que si los hubieran conquistado los ingleses «usted no estaría vivo» y que «esos españoles a que Vd. se refiere son sus antepasados, no los míos». La puesta en escena que el wéstern refleja es destructiva para quienes hablan español hasta un punto que difícilmente puede exagerarse. Cuando el ayuntamiento de Los Ángeles suprime el Columbus Day o cuando le cortan la cabeza a fray Junípero, los hispanos no se sienten ofendidos, porque no se reconocen en esos símbolos. Ningún símbolo que tenga que ver con el Imperio español es suyo. Y así están: deshabitados de simbología y ausen- tes en su propio pasado.

lo que son. El 9 de mayo de

pagarse

M. E. R. B.

EL SILENCIO TIENE UN PRECIO: EL WÉSTERN Y LA LEYENDA NEGRA

53

BIBLIOGRAFÍA

AGUIRRE, Mariano y MONTES, Ana. De Bolívar al Frente Sandinista, Madrid: Ediciones de la Torre, 1979, p. 34. CARDELÚS, Borja. La huella de España y de la cultura hispana en los Estados Unidos. Madrid: Centro de Cultura Iberoamericana, 2014. EBRIGHT, Malcolm. Advocates for the Oppressed. Hispanos, Indians, Geniza- ros and their Land in New México. Nuevo México: University of New México Press, 2015, p. XV., 232. EDDINS, Orland Ned. «Spanish Colonial Horse and the Plains Indian Culture» en www.amappaloosa.com/history/story.htm Consultado el 2 de marzo de 2018. ELLIOTT, John. Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830). Madrid: Taurus, 2006. DÍAZ DÍAZ, Rafael. «El caballo en América», Agricultura. Revista Agrope- cuaria, 727 (1983), pp. 162-163. HALEY, James L. Apaches: A History and Cultural Portrait. Norman (Oklahoma): University of Oklahoma Press, 1997. HÄMÄLÄINEN, Pekka. El imperio comanche. Madrid: Península, 2011, pp. 55-56. LEÓN GUERRERO, María Monserrat. El segundo viaje colombino, p. 283. Tesis doctoral presentada en la Universidad de Valladolid, 2000. Disponible en la Biblioteca Virtual Cervantes. Consultada el 13 de mayo de 2018. MARCOS MARÍN, Francisco. «Las polémicas del español en los Esta- dos Unidos de América». Nueva revista de política, cultura y arte, 161 (2017), pp. 56-68. ROE, Frank G. The Indian and the Horse. Norman (Oklahoma): Univer- sity of Oklahoma Press, 1968. ROJAS, Manuel. Apaches. Fantasmas de la Sierra Madre. México: Instituto Chihuahuense de la Cultura, 2008, p. 21. SIMMONS, Marc. The Last Conquistador. Juan de Oñate and the Setting of the Far Southwest. Norman (Oklahoma): University of Oklahoma Press, 1991.

54

MARÍA ELVIRA ROCA BAREA

STEIGER, Edward. Wild Horses of the West. History and Politics of America’s Mustangs. Tucson: University of Arizona Press, 2011. WALDMAN, Carl. Encyclopaedia of Native American Tribes. Nueva York:

Checkmark Books, 1988.

Sitios web:

Sobre el mustang:

www.amappaloosa.com/history/story.htm Consultado el 2 de marzo de

2018.

Sobre los indios pueblo:

www.indianpueblo.org Consultado el 3 de mayo de 2018.

indios pueblo: www.indianpueblo.org Consultado el 3 de mayo de 2018. Arturo marquez (amarquez@siador.com) 85.55.80.139

Transparencia: un concepto mágico de la modernidad

Emmanuel Alloa

E n marzo de 2015, un artículo publicado en la Scientific Ameri- can atrajo mucha atención. En «Our Transparent Future», los

neurofilósofos Daniel C. Dennett y Rob Roy, director del Labora- torio de Máquinas Sociales del MIT, estipularon que actualmente estamos presenciando una «explosión de transparencia» (Dennett/ Roy, 2015). Esta explosión, sugieren Dennett y Roy, que debería ser entendida en sus verdaderas implicaciones, lo que significa leerla en escala de eones geológicos. Por así decirlo, la transparen- cia no equivaldría solamente a una demanda social actualmente expresada en contextos públicos y corporativos, sino a un umbral importante en el desarrollo de formas de vida colectivas, y como tal, afirman los autores, debería compararse con la revolución cámbrica. Hace más de medio millón de años, tuvo lugar el mayor acontecimiento en cuanto a la historia geológica. La era Cámbrica representa un espectacular estallido evolutivo, posiblemente el más importante de la vida en la Tierra. En un breve «instante»

[55]

56

EMMANUEL ALLOA

emergieron todas las formas importantes de vida, con nuevas for- mas corporales, órganos y estrategias de caza. Una explicación influyente para este estallido evolutivo, que ha determinado la biosfera para siempre, es que en este lapso relativamente corto de tiempo se produjo una «explosión de transparencia». Según la hi- pótesis de Parker, hace unos 543 millones de años, la química de los océanos y la atmósfera sufrieron un cambio repentino a fin de volverse mucho más transparentes. En un santiamén, los isóto- pos de carbono más ligeros reemplazaron a los más pesados, la luz inundó los ambientes acuosos y la visión se hizo posible por prime- ra vez. Inmediatamente, adquirió utilidad tener órganos visuales, con los cuales ver las presas o los depredadores a la vista y los animales equipados con ojos sobrepasaron a los otros organis- mos. El rango de percepción recientemente disponible privilegió los sentidos distales sobre los proximales, y se produjo un drástico proceso de selección natural. De la línea de la hipótesis de Parker, la transparencia repentina de los océanos provocó la aparición de retinas tipo cámara, que propulsaban nuevas partes defensivas del cuerpo, mientras que por otro lado los sistemas nerviosos evolu- cionaron paralelamente al desarrollo de nuevos comportamientos predatorios conduciendo a su vez a nuevos métodos de evasión, mimetismo y camuflaje. Las viejas tácticas de obtener informa- ción (o desinformación) ya no funcionaban, y los organismos que no se rediseñaron rápidamente estaban destinados a la extinción en la nueva era de entornos completamente iluminados y visibles.

¿El nuevo Transparéntico?

En «Our Transparent Future» Dennett y Roy sugieren que al borde del siglo XXI estamos presenciando una explosión de trans- parencia que podría ser tan importante, en la escala de la vida

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

57

geológica, como lo fue el Cámbrico. Las viejas formas, sostienen, ya no funcionan en un mundo de transparencia generalizada y universal: los individuos y entidades corporativas están ahora ex- puestos a la mirada general, para bien o para mal, mientras que la transparencia de la información generada por la tecnología elec- trónica modifica drásticamente los entornos epistemológicos en los que vivimos, impactando nociones como el conocimiento, la creen- cia, la ilusión o la confianza. Dennett y Roy ofrecen una lectura radicalmente darwiniana de estos cambios:

El tremendo cambio en nuestro mundo, provocado por esta inundación mediática, se puede resumir en una palabra: transpa- rencia. Ahora podemos ver más lejos, más rápido, más barato y más fácil que nunca; y podemos ser vistos. Usted y yo podemos ver que todos pueden ver lo que vemos, en una sala recursiva de espejos de conocimiento mutuo que favorece y afecta. El viejo juego de las escondidas que ha dado forma a toda la vida en el planeta ha cambiado repentinamente su campo de juego, su equipamiento y sus reglas. Los jugadores que no pueden adap- tarse no durarán mucho (Dennet/Roy, 2015).

Si todavía no se hubiera hecho un reclamo similar para la edad del Cámbrico, se convencería uno de que Dennett y Roy de hecho estaban sugiriendo volver a bautizar nuestra era actual en térmi- nos de «edad del transparentoceno». La transparencia, que había sido una demanda normativa por mucho tiempo, ahora represen- taría un nuevo estado de cosas incontestable, como la nueva caracte- rística general de toda una era, la era de la exposición recíproca y sin restricciones. En tal época los secretos, si no se disuelven por completo, al menos se reducirán drásticamente con respecto a su valor de medio tiempo. Como declaró el ex consejero senior de la NSA, Joel Brenner:

58

EMMANUEL ALLOA

Las cosas que se mantienen en secreto no permanecerán en se-

El verdadero objetivo en materia de

seguridad, ahora, es retrasar la degradación de las semividas

de los secretos.

creto por mucho tiempo

De hecho, los documentos de Snowden así como las revelacio- nes de Wikileaks han tenido ese efecto al divulgar no sólo el grado de vigilancia masiva a la que los ciudadanos están expuestos en todo el mundo –el programa PRISM es sólo uno entre muchos– sino también al mostrar cómo en algunos casos la propia tecnología de vigilancia dejó rastros que podrían ser utilizados y divulgados por los agentes de contravigilancia. Quis custodiet ipsos custodes, puede ser la pregunta de nuestro tiempo: ¿Quién vigilará a los vigilantes? Más allá del alcance clásico del «Right to know» 1 , se alzan muchas voces para exigir un «derecho a la información sobre aquellos que saben». Las iniciativas de transparencia florecen en los contextos más diversos sobre el marco legal de prácticas de vigilancia, pero también en otros ámbitos como la gobernanza pública, las transac- ciones financieras, las industrias extractivas, las cadenas alimenta- rias, las farmacéuticas, las competencias mundiales deportivas, etc. Significativamente, algunos de ellos se enfocan en alzar el protago- nismo de la percepción, por ejemplo, cuando el Global Witness reporta cosas «vistas» por informantes locales o cuando Trans- parency International publica su «Índice de Percepción de Corrup- ción» anual: en lugar de usar datos auditables y objetivos, que están fuera de alcance cuando se trata de corrupción, el énfasis radica en la «percepción», que a su vez debe compartirse con la audiencia internacional. Hacer las percepciones perceptibles, am- plificar su disponibilidad, parece ser el mecanismo interno de estas iniciativas que a veces también se conocen como «técnicas de civi- lización». Al poner las cosas a disposición del público, el objetivo es obligar a las instituciones a practicar la autocontención. Sin

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

59

embargo, sería erróneo limitar las iniciativas de transparencia a la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales –ya que hasta ahora Roy y Dennett parecen estar en lo cierto–, los gobier- nos y las entidades corporativas están cada vez más presionados para implementar estándares y publicar informes de transparen- cia. Desde normas integrales, como la Directiva de Transparencia (TD, por sus siglas en inglés) de la UE, hasta las decisiones indivi- duales de las empresas para publicar informes anuales de transpa- rencia para el público. Todo indica que al apogeo del secretismo esta por detrás. Tal demanda general no deja de lado a las agencias de inteligencia desde 2016, incluso la NSA ha comenzado a publicar su informe de transparencia en virtud de la Ley de Libertad de

los EE.UU.

Si una agencia, cuya acción debe ser secreta por definición, se ve repentinamente obligada a revelar detalles sobre sus acciones, concluimos que Dennett y Roy tienen razón. En lugar de seguir debatiendo los contenidos normativos de la declaración de transpa- rencia, se debe aceptar que se nombra una situación descriptiva; de un valor hemos pasado a un hecho. Defender que las reglas de los juegos han cambiado sería tan inútil como cuestionar la realidad de la biología evolutiva: es decir, en esencia el punto de vista natura- lizado adoptado por los dos autores. Sin embargo, tal confianza está fuera de lugar y queda por ver a qué nos referimos precisa- mente cuando afirmamos que la modernidad sobrellevó una «ex- plosión de transparencia». Sin lugar a dudas, esta forma de narrar la historia no hace justicia a la ambivalencia del concepto. Así como algunos podrían decir que nunca hemos sido modernos (La- tour, 1993), desde otro punto de vista, se puede suponer que nunca hemos sido transparentes. Así como la modernidad oscila entre el estado de una época histórica lograda y el de un proyecto en curso, la transparencia oscila permanentemente entre un requisito de es- tado y futuro, una impresión óptica y una promesa metafórica, lo

60

EMMANUEL ALLOA

que lo convierte en un «concepto denso» que no puede separarse en su desarrollo de un concepto descriptivo o prescriptivo. Si este fuera el caso, tendría poco sentido hablar de una explosión de transparencia dentro de la modernidad, más bien la moder- nidad es sólo un nombre para esta explosión. En este sentido el estudio de los efectos discursivos de la transparencia puede arro- jar luz sobre el mismo proyecto inherente a la modernidad.

Un concepto mágico

En la década de 1920, durante la República de Weimar, Walter Benjamin solía asociar la transparencia con la moderna arquitec- tura del vidrio, que a diferencia del interior de la casa burguesa, es un espacio donde los habitantes de la casa no dejan rastros de ellos mismos. Un poco menos de un siglo después, la transparencia se ha transformado por completo y representa una trazabilidad com- pleta e integral. Más o menos al mismo tiempo, cuando Benjamin predijo que «lo que está por venir estará dominado por la transpa- rencia» (Benjamin, 1929), el maestro Bauhaus, diseñador y fotó- grafo de Hajo Rose creó un autorretrato que ha sido leído como un presagio oscuro de una era de exposición total y vigilancia tecno- lógica. De hecho, con cada clic, con cada pulsación de tecla, con cada deslizamiento sobre una tableta, con cada pago con tarjeta, con cada búsqueda de Google, con un autoescaneado de super- mercado o con cada «me gusta» en Facebook, gracias a la tecnolo- gía RFID (identificación de radiofrecuencia) incluso con cada movimiento, las vidas están siendo registradas. Las rutinas cotidia- nas más triviales dejan huellas digitales: responder a una llamada telefónica, retirar efectivo en el cajero automático, consultar Inter- net, rebuscar en el supermercado, publicar fotos de Instagram, tuitear, usar una biblioteca con una tarjeta de usuario, leer un

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

61

ebook en un tableta, ingresar a un área equipada con WIFI, hacer un chequeo médico, ofrecer tarjetas de regalo, usar el transporte público, tomar un ascensor, entrar en edificios con medidas de se- guridad, aparecer en fotografías tomadas por amigos: el perfil de nuestro yo digital puede ser más incómodo y más detallado que el de nuestra apariencia física, y ya están siendo utilizados, ya sea por los empleadores, agencias de calificación crediticia o compa- ñías de seguros, para tener una mejor visión de con quién interac- túan. La velocidad de escritura, el comportamiento de navegación y los patrones de búsqueda se convierten en poderosos agregado- res para predecir, con un nivel de precisión asombrosamente ele- vado, elementos de nuestro género, nuestra edad, nuestro campo profesional y nuestra orientación política. La forma en que nos expresamos, las inquietudes que compartimos, las marchas de pro- testa a las que nos unimos, tales acciones pueden ser de gran inte- rés para los gobiernos. Motores de búsqueda, cookies de sitios web, pasaportes biométricos, dispositivos conectados, cuentas de música en línea, aplicaciones de ritmo cardíaco, pases de cine, tarjetas de fidelización: cada uno de estos dispositivos genera datos sobre nosotros mismos y permite, si se recompilan, visualizar un perfil muy detallado de quiénes somos y lo que hacemos, de nues- tras orientaciones y preferencias, nuestros disgustos, intereses inconfesables y placeres culpables, nuestras aberraciones adoles- centes, manifestaciones políticas o problemas de salud. Las inmen- sas series de datos sobre nosotros mismos son alimentados y almacenados incesantemente en servidores remotos, que pueden ser de tanto interés para las agencias gubernamentales como para los actores comerciales. Las revelaciones sobre la dimensión del espionaje a los ciuda- danos han creado en todo el mundo una gran preocupación. Por otro lado, la principal respuesta a esta situación de exposición ge- neral fue la homeopatía: debe hacerse transparente en la medida

62

EMMANUEL ALLOA

en que seamos transparentes, la (mala) transparencia sólo se puede curar con mayor transparencia. Por ejemplo, la transparen- cia es aún demasiado parcial porque es unilateral. Es revelador que muy pocos pidieran una opacidad sin restricciones y que las defensas de las estrategias de «ofuscación» estaban principalmente dirigidas a reequilibrar una situación de asimetría en la que los ciudadanos vigilados estaban claramente desfavorecidos. Con de- mandas de mayor transparencia por ambas partes, el concepto de transparencia casi nunca se ha cuestionado y este es un hecho que debería merecer consideración. Parece que nadie se atrevería a po- ner en cuestión la promesa misma de transparencia. Si bien uno podría estar en contra de la mala transparencia, luchar contra ella en general parece un esfuerzo que podría costar un apoyo. Las nuevas tecnologías, como los pagos blockchain ideados por activis- tas netos, pueden presentarse como criptográficos al principio; en verdad, sin embargo, aspiran a crear una comunicación verdade- ramente transparente, a través de conexiones de extremo a ex- tremo: todos los usuarios examinan a fondo cada parte de la cadena, sin necesidad de autoridades externas ni terceros. Con las transacciones de blockchain la confianza se convierte en un valor del pasado, de ahora en adelante, prometiendo transacciones entre pares totalmente transparentes. En general, la transparencia constituye hoy una norma incon- testable como muchos observadores han destacado. Se ha conver- tido en un «ideal dado por sentado y una explicación de cómo deben funcionar la sociedad y sus organizaciones» (Christensen & Cornelissen, 2015), o como Thierry Libaert dijo (2003) la transpa- rencia se ha convertido en «ideología ineludible» de nuestro tiempo. No por casualidad, en medio de un discurso público obse- sionado con la resolución de problemas, se prefigura la superación de conflictos a través de una «solución de transparencia» de talla única (Fenster, 2017). De hecho, la transparencia parece compar-

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

63

tir características con los llamados «conceptos mágicos». Los poli- tólogos Christopher Pollitt y Peter Hupe (Pollitt/Hupe, 2011) han introducido esta etiqueta para calificar los conceptos que están im- buidos de un aura mágica que promete resolver los principales dile- mas encontrados por la sociedad. Anotemos algunos rasgos característicos que definen tales «conceptos mágicos»:

Un alto grado de abstracción, una carga normativa fuertemente positiva, una capacidad aparente para disolver dilemas previos y una movilidad entre dominios, les da su carácter «mágico» (Po- llitt/Hupe, 2011).

Lo que todos estos conceptos mágicos tienen en común es una connotación extremadamente positiva, como resultado, se vuelve extremadamente difícil estar «en contra» de ellos. Por otro lado, los conceptos mágicos son tan poderosos como fragil es la base en la que se asientan, de una cierta vaguedad semántica, y, como tales, a menudo se utilizan con ligereza, como palabras clave que provo- can un cortocircuito en la reflexión o el debate real. Entre los ejemplos de «conceptos mágicos» se incluyen conceptos como go- bernanza, redes, participación, responsabilidad, creatividad o in- novación. Como explican Pollitt y Hupe, los conceptos mágicos son atractivos tanto para académicos como para profesionales. Ciertamente, ellos «no reconcilian los proverbios y doctrinas de oposición que las generaciones previas de académicos de la admi- nistración pública documentaron y discutieron minuciosamente. Más bien, se elevan por encima de ellos –hasta un nivel más alto de abstracción– o, si uno prefiere, los evitan» (2011). Sin duda, la transparencia ha llegado a ser un concepto tan mágico gracias a que cumple los siguientes requisitos principales:

presenta amplitud (que abarca dominios grandes y tiene definicio- nes múltiples, superpuestas y, a veces, conflictivas), atractiva- mente normativo (esto puede vincularse a su connotación positiva),

64

EMMANUEL ALLOA

insinuación de consenso (diluir, oscurecer o incluso negar las preo- cupaciones tradicionales de las ciencias sociales con intereses y lógicas en conflicto), y por último, pero no por ello menos impor- tante, la de ser universalmente vendible (es bien conocido como concepto de moda entre las más diversas audiencias). En otras palabras, es extremadamente difícil estar en contra de la transpa- rencia. Las investigaciones de diversos contextos (política, finan- zas, redes sociales y humanidades) tienden a confirmar que existe un consenso general sobre los valores de la transparencia: la trans- parencia no tiene un antónimo exacto, es decir, no tiene un contra- concepto exacto que cubra negativamente todo su significado. Por el contrario, parece como si la transparencia, con su apariencia maleable, hubiera desviado cualquier forma de negatividad y la hubiese absorbido por completo, como a través de una varita má- gica. Hoy, en general, la transparencia representa la optimización y el futuro. Si la protesta por este impulso hacia la creación de «in- dividuos vítreos» se ha mantenido en silencio, esto se debe a que estas mismas tecnologías también hacen posible una vida pública sobre la que el usuario cree que tiene control. Los Estados y las empresas no son los únicos que publican informes de transparen- cia. Los corredores de los domingos por la mañana con relojes inteligentes que transmiten sus ritmos cardíacos a sus perfiles de Facebook se enorgullecen de tener una comunidad en línea que esencialmente actúa como su superego. El llamado movimiento del «autocuantificada» representa la promesa de una relación más lúcida y racional con uno mismo, para un sujeto que sabe cómo sacar lo mejor de sí mismo. Mientras que Kant resistió la necesi- dad de publicitar cada decisión antes de haber sido presentada al tribunal de la razón, ahora las vidas se hacen públicas en su tota- lidad, no tienen otra opción. En una era caracterizada por la ex- presividad, por un flujo constante de datos en todas las escalas, un

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

65

equivalente liberal al Glasnost que Gorbachov había prometido, el sujeto digital puede llamar la atención y, por lo tanto, una pro- mesa de existencia. En consecuencia, la transparencia se ha con- vertido en una garantía de moralidad tanto para las instituciones como para los sujetos. Las connotaciones ligadas a este concepto son casi exclusivamente positivas: se considera que la transparen- cia es imparcial, neutral, democrática y progresiva. Como tal, promete estabilidad.

Un campo emergente en busca de su teoría

El impulso y el amplio consenso en torno al concepto oculta el hecho de que su significado está lejos de ser claro ¿La transparen- cia es una cualidad? ¿Un estado? ¿Un proceso? ¿A qué nos refe- rimos cuando usamos este término? Dada su omnipresencia, es significativo destacar la escasa investigación que se ha desarro- llado sobre este concepto, sobre sus raíces históricas, sus usos reales y sus implicaciones más amplias. Es cierto que, cada vez más los encargados de formular políticas públicas están recono- ciendo la importancia de la pregunta, y la academia está cada vez más volcada en las investigaciones sobre la transparencia. Más allá de numerosas publicaciones académicas sobre cuestiones de transparencia en los campos más destacados, como finanzas, derecho europeo, gobernanza pública, políticas fiscales o tecno- logía, la investigación incluso ha comenzado a organizarse en antologías (Piotrowski, 2010), o congresos, como el primer Inter- national Transparency and Secrecy Research Network (Ala’i/ Vaughn, 2014). La reciente creación de la International Transpa- rency and Secrecy Research Network, de convocatotia anual, sobre la Transparency Research, parecen confirmar que efectiva- mente estamos en presencia de un «campo emergente» (Götz/

66

EMMANUEL ALLOA

Marklund, 2015). Aun así, se debe tener en cuenta que, a excep- ción de un grupo de académicos que se reunieron bajo el epígrafe general de Critical Transparency Studies (Birchall, 2014, Han- sen/Christensen/Flyverbom, 2015), la investigación académica apenas se relaciona críticamente con su concepto de federación. Aunque todas estas publicaciones presentan la noción de «trans- parencia» en el título, rara vez reflejan cuál es la lógica específica de la transparencia. La investigación del tema, por así decirlo, es a través de la transparencia y no acerca de ella. En términos gene- rales, parece que la «transparencia» es más un concepto operativo que un concepto que habría sido tematizado por derecho propio. Como Mark Fenster recapituló acertadamente la situación, la transparencia se encuentra «en la búsqueda de una teoría» (Fens- ter, 2015). La lucidez que promete el concepto es inversamente propor- cional a su claridad semántica. Una explicación muy presente es que la búsqueda de la transparencia ha sido «adoptada en una gama extraordinariamente amplia de políticas y actores públicos en un período de tiempo notablemente breve» (Fox, 2007). De hecho, los análisis semánticos a gran escala confirman que la mención de la noción de transparencia en los documentos públi- cos se ha disparado en las últimas dos décadas. Esto no debería llevar a pensar que la transparencia no tenía antes ramificaciones históricas mucho más amplias. Christopher Hood ha dibujado un primer esbozo de una historia del concepto político de transpa- rencia, que vincula la noción contemporánea con sus fuentes en la Ilustración e incluso con la filosofía griega (Hood, 2006). Tal visión preliminar muestra que rastrear la genealogía del concepto es una tarea ardua, ya que se difunde inmediatamente en una variedad de significados diferentes que compiten, con implicacio- nes a veces irreconciliables, en una oscilación incierta entre un significado político y uno estético (Alloa/Guindani, 2011). De

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

67

hecho, la estabilidad, la claridad y la confiabilidad del concepto de transparencia contrastan llamativamente con sus turbios moti- vos históricos. La transparencia se ha asociado, en los contextos más variados,

con diferentes aspiraciones. De hecho, las esperanzas vinculadas a la transparencia son multifacéticas:

— Transparencia como accesibilidad: garantizar el acceso infor- mativo a todos los ciudadanos y la implementación de un «right to know».

— Transparencia como equidad procesal: salvaguardar el debido proceso a todas las partes involucradas.

— Transparencia como rendición de cuentas: al poner las decisio- nes a disposición del público, se espera que las partes interesa- das desarrollen un sentido de responsabilidad más elaborado y una mejor rendición de cuentas.

— Transparencia como reducción de la asimetría: en contra de las prácticas de secretismo, que otorgan a determinados acto- res un poder excesivo sobre ciertos sectores, la revelación ge- neralmente se realiza para restablecer un cierto equilibrio de poder.

— Transparencia como bien público: cuando las acciones se so- meten al escrutinio público se reducen (si no se eliminan por completo) las acciones impulsadas por el interés propio.

— Transparencia como racionalización: obligar a los actores a dar razones de sus acciones conduce a una mejora generalizada de los estándares de conducta racional.

— Transparencia como fabricante de la verdad: al obligar a las personas a hablar, se disipan el engaño, la falsedad y la dupli- cidad.

— Transparencia como moralización: cuando todo está bajo ex- posición permanente, los individuos se ven obligados a actuar virtuosamente.

68

EMMANUEL ALLOA

— Transparencia como (auto) conocimiento: sólo una persona que sabe de sí misma sabe en qué puede confiar y qué puede explicar.

— Transparencia como autenticidad: sólo donde nada se retiene, las cosas pueden ser genuinas y los sujetos son fieles a sí mis- mos. A medida que avanzamos en la lista, uno gradualmente aban- dona el dominio propio de lo político y avanza hacia la moral indi- vidual ¿Existe una conexión sustancial entre la demanda de transparencia procesal en el ámbito político y la de la auto-trans- parencia moral o epistémica en la del sujeto o simplemente nos enfrentamos con un efecto homónimo? ¿No hay nada más que un leve parecido familiar, como diría Wittgenstein? ¿Qué tipo de jue- gos de lenguaje se desempeñan a través del discurso de la transpa- rencia? La hipótesis que quiero defender es que en realidad existe algo más que un vago parecido familiar, que vale la pena conectar esas diversas líneas para mapear una constelación discursiva y conceptual donde se negocian tantos asuntos decisivos de la mo- dernidad.

De la transparencia a la diafanidad y su reverso

La transparencia política con la que a menudo se asocia hoy es un fenómeno bastante tardío, ya que los orígenes de los térmi- nos se encuentran en la óptica. La mayor parte de la literatura moderna temprana sobre la transparencia se refiere exclusi- vamente a las propiedades de la materia, la transmisión de la luz, los índices de refracción y similares. En la Óptica Isaac Newton (1704) comienza con la definición de sus objetos en los siguientes términos:

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

69

Refrangibilidad de los Rayos de Luz, es su Disposición para ser refractada o desviada de su Camino al pasar de un Cuerpo o Medio transparente a otro (Newton, 1704).

En la Óptica de Newton, la transparencia se considera el estado mínimo de cualquier materia:

Las partes mínimas de casi todos los Cuerpos naturales son en cierta medida transparentes. Y la opacidad de esos Cuerpos sur- ge de la multitud de reflexiones causado en sus partes internas.

Sin embargo, no todos los científicos naturales creían que la transparencia era un signo de autenticidad, ya que ver a través de ella también implicaba el riesgo de faltarle el respeto a los límites de las cosas. En su Micrographia de 1665, Robert Hooke se quejó de la repentina transparencia de las cosas generadas por el microsco- pio. La luz artificial debajo del vidrio crea una translucidez que no corresponde a la condición natural, Hooke dice: «la transparencia de la mayoría de los Objetos se vuelve mucho más difícil que si fueran opacos» (1665). Durante mucho tiempo, la transparencia fue pensada en un sentido estricto y literal de algo a través de lo cual la mirada podía mirar libremente. Sin embargo, a partir de fi- nales de la década de 1590 comienzan a atestiguarse las primeras apariciones de un uso figurativo de «transparencia», y lentamente, no sólo (sobre objetos) materiales, sino también las situaciones, los esquemas, las argumentaciones o las personalidades podrían ser «transparentes». En el siglo XVIII, la apertura se convertiría en una característica de un personaje moralmente loable, de alguien que no oculta intenciones secretas. Sin embargo, el uso metafórico y la mo- ralización que permitió más tarde, fueron bastante lentos para echar raíces en el inglés y en otros idiomas europeos modernos. La palabra inglesa «transparent», que más tarde dio lugar a la noción sustantivada de «transparencia», se basa en el equivalente

70

EMMANUEL ALLOA

francés medio («transparent»/«transparenz») que se atestigua por primera vez alrededor de 1370 en la literatura teológica y cosmoló- gica medieval. Se usa indistintamente con la palabra «diaphane», diáfano, y hace eco de la matriz semántica que se encuentra en los tratados latinos de los siglos XII y XIII: transparens, transparentia, diaphanum, dyaphonum. El acoplamiento de la transparencia con la diafanidad ocurre por una buena razón, constituye el equivalente literal en latín de la palabra griega original tó diaphanês. La palabra griega consta de dos partes, dia y phainestai. Mientras que la segunda es la voz media de phainô, «aparecer», «brillar»; la primera es una preposición que corresponde a una amplia gama de funciones dife- rentes: «a través de», «a causa de», «cruzado», «por» y «sobre». A la luz de los conocimientos académicos actuales, el autor que acuñó el término transparens es Burgundio de Pisa, en su traducción de 1165 de De natura hominis por Nemesius de Emesa (en el momento erró- neamente considerado como un Tratado sobre el alma, Vasiliu, 1997), y esta creación de palabras es legítima en una perspectiva medieval:

«trans» - «parens» es el mejor equivalente posible de dia-phanês, ya que el prefijo latino «trans» cubre aproximadamente la mayoría de las funciones del dia griego (en compuestos tales como transfiguratio, traductio, transactio, transitus, etc., análogamente a la noción de perspi- cuidad, que se refiere a «ver a través», per-spicere). Sólo gradualmente, la noción de transparencia vino a alterar su valencia semántica. En la filosofía griega clásica –y en los comentarios medievales de la misma– el primer significado de diaphanêsis es el de una cua- lidad translúcida y opalescente. En el Fedro de Platón, Sócrates y sus seguidores hablan a lo largo de las aguas del río Ilisos en las proximidades de Atenas, que se describe como «diaphanês», y en el Cercano Oriente Cilicia, Pliny informa sobre un río claramente llamado Diaphanês. En lugar de transparencia, diaphanês proba- blemente se traduce mejor por translucidez. En otros contextos, se refiere a algo que «resplandece», por ejemplo, cuando se dice que

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

71

el talento de un escultor se mide por su capacidad de esculpir el busto de una persona donde la personalidad interior «brillaría» (diaphainei, Jenofonte, Memorabilia III). Tales pasajes ya enfatizan la importancia del «por»: el prefijo dia no tiene solamente un signi- ficado en sentido espacial, como un obstáculo que sería atravesado por la mirada, sino también en un sentido causal como el instru- mento del medio «a través» del que algo sale a la luz (La Antigüe- dad tardía todavía era muy consciente de esta dimensión causal: a principios del siglo VI d.C., cuando Boecio tuvo que encontrar un equivalente para la ciencia de la óptica griega (optikê technê), acuñó la expresión perspectiva, es decir, literalmente, el arte de «mirando a través de», donde el prefijo por-ambos representa tanto el aspecto espacial como el causal). Este doble aspecto de lo diáfano es algo que Aristóteles explotará de manera crucial en su teoría de la per- cepción, convirtiendo una expresión cotidiana en un concepto filo- sófico. Para comprender la accidentada historia de la transparencia y sus fuentes premodernas, es necesario centrarse en el paso deci- sivo emprendido por Aristóteles. Aristóteles es responsable de haber transformado, a los fines de su teoría de la percepción de los medios, un adjetivo comúnmente utilizado, hasta Platón, en una idea conceptual, al sustantivar lo que era meramente un adjetivo (diaphanês) en un sustantivo (to diaphanês). La elaborada teoría de Aristóteles sólo puede redactarse brevemente aquí (para una re- construcción detallada, así como también la historia de la recep- ción del concepto de diáfano, ver Vasiliu, 1997 y Alloa, 2011). A diferencia de las descripciones anteriores de la percepción, como las doctrinas del atomista, Aristóteles no cree que la percepción sea alguna vez un proceso no mediado. Como los contornos en su Tratado sobre el alma (Peri psuchês, De anima), cualquier percepción sensorial ocurre en un elemento como el aire o el agua y estos ele- mentos poseen ciertas características que les permiten operar

72

EMMANUEL ALLOA

como intermediarios sensibles. Como tal, el aire puede servir como un medio para la audición, el olfato y la visión. Mientras que el agua es únicamente un medio para la visión. Ahora la sensación ocurre no tanto en un medio como a través de él, dia. Todo lo que aparece (phainestai) en la percepción sensorial aparece a través de (dia) algo más, que tanto se muestra en sí mismo; más bien, aparece algo más que aparece. En el caso de la visión, cualquier elemento que produzca esta cualidad se denominará «diáfano», ya que, por un lado, deja pasar la mirada (dia) y por el otro, genera (dia) lo visible objeto para la mirada. En resumen, la diafanidad abarca dos aspectos:

Translucidez: la calidad permeable de un medio que (espacial- mente) deja pasar la visión. Generatividad: la calidad productiva de un medio que (cau- salmente) permite que algo salga a la luz. Como se puede apreciar fácilmente, el aspecto de la generati- vidad depende significativamente del aspecto de la translucidez:

para dejar que algo (lo demás) salga a primer plano, un medio diá- fano debe desviar la atención de sí mismo, anestesiarse y retroceder al fondo. Sin embargo, un medio tan discreto y neutralizado no debe confundirse con una ausencia de mediación; si el medio está en retirada, es porque desde esa posición cumplirá su tarea tanto mejor. En todo caso, de vez en cuando brilla a través de la pantalla de apariencias que ayuda a configurar. En estos casos, el medio «aparece a través», del mismo modo que uno puede sentir la pre- sencia del viento detrás de una bandera ondeando, aunque la masa de aire nunca es perceptible si no es a través de los efectos que in- duce. Siguiendo una distinción clásica hecha en fenomenología, se puede decir que el medio diáfano es operativo, aunque no temático:

la operación consiste precisamente en establecer un sentido de in- mediatez, en ponerse en contacto con la cosa misma, que así apa- rece, por así decirlo, en el modo de una «inmediatez mediada».

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

73

Cuando en el siglo XII, Burgundio de Pisa traduce to diaphanê- sinto como transparens, ambos aspectos, el translúcido y el genera- tivo, se conservan, al menos en principio. Sólo con el transcurso del tiempo el concepto de transparencia se despojará del sentido generativo y causal, para llegar a representar una inmediatez pura e incorrupta. Tanto el trans –el movimiento, la transferencia, el calvario–, y la parencia –la aparición– han sido descartadas en be- neficio de la entrega inmediata, para un dato puro. Sin embargo, esto significa olvidar que establecer una transparencia entre dos cosas y establecer una congruencia entre ellas supone una distin- ción inicial. Instituir una relación transparente consiste, para to- mar prestada la expresión de Nietzsche, en la «identificación de lo que no era idéntico» (Gleichsetzen des Nichtgleichen). La diafanidad es una reminiscencia de este hecho a través de su prefijo dia, que está relacionado con la raíz dis, es decir, la dosidad o la diver- gencia. En otros términos, haciendo referencia a la historicidad del requisito de transparencia, se establece cómo la transparencia siempre es no idéntica y, por lo tanto, en desacuerdo consigo misma. En consecuencia, la transparencia nunca se regala, tal sería la lección de Aristóteles, sino que es el resultado de una operación específica que tiene un precio. Sin embargo, esto es precisa- mente lo que niegan los regímenes de transparencia: en tales re- gímenes, lo que es del orden de los efectos se presenta como hechos no construidos. Sin embargo, si la transparencia existe sólo como se fabrica, sólo puede haber transparencia donde las ope- raciones de fabricación se anulan o se hacen invisibles del mismo modo que el cristal de la ventana sólo funciona si se ve a través del vidrio y no del vidrio en sí. La transparencia simboliza un medio sin cualidades, un significante cultural que representa la ausencia de cualquier forma de intervención simbólica o no simbólica; es sinónimo de una mise en scène cuyo espectáculo consiste en esceni- ficar la ausencia de cualquier mise en scène.

74

EMMANUEL ALLOA

Hacia adentro y hacia afuera:

transparencia psicogenética y sociogenética

La modernidad tardía se define por un relajamiento de las grandes narrativas y una ruptura de las ideologías vinculantes. Después del final de la Guerra Fría, el mundo occidental se pre- senta como fundamentalmente postideológico. Puede que no sea inadvertidamente así, si entre todos los conceptos brillantes en el panteón de la Ilustración se ha elegido la transparencia como la menos controvertida y la más ampliamente aceptable. Sin em- bargo, si la transparencia se ha convertido en el ideal dominante de una época que se considera post-ideológica es esta misma afirma- ción la que debe ser interrogada. Frente a la neutralidad autoafir- mada hacia la ideología de la última modernidad, se vuelve cada vez más importante analizar la transparencia por lo que pretende:

una ideología de neutralidad. En un primer paso, sin embargo, lo que requiere atención es cómo, de todas las diversas demandas normativas principales que la modernidad heredó de la Ilustra- ción, la transparencia es la que sobrevivió, casi indemne, a todas las autocríticas de la modernidad. Lo que se puede observar, a la luz de la historia de la idea, desde una traducción de la noción griega de lo diáfano a las teorías modernas de la visión de los primeros tiempos, es cómo la metafo- rización del concepto ha estado inmediatamente sujeta a una abne- gación. El uso metafórico y derivado de la transparencia, que le permitió principalmente desde el siglo XVIII ser utilizado como un concepto normativo para intervenir en los campos de la moral y en contra de las autoridades políticas, se basaba esencialmente en un autoformador como literal y no metafórico: el trans fue reser- vado para las parodias y las farsas, mientras que las apariencias mismas comenzaron a sospechar. Contra el juego de máscaras y roles, la transparencia llegó progresivamente a marcar una de-

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

75

manda de apertura e inmediatez. Dondequiera que intervengan agentes o fuerzas externas, la objetividad del proceso queda bajo sospecha. Al igual que el medio transparente tuvo que negar cual- quier responsabilidad al medio operativo, el procedimiento ahora se presenta como autodirección inherente ya que cualquier indicio de una posible intervención estigmatizaría el procedimiento como parcial. Nadie representa mejor este cambio de paradigma que Jean- Jacques Rousseau, cuya obsesión por la transparencia es bien co- nocida, sobre todo debido al influyente libro Jean-Jacques Rousseau. La transparencia y el obstáculo de Starobinski, de 1972. Sus escritos están completamente impregnados, como demostró Starobinski, por el ideal de la transparencia intersubjetiva e intrasubjetiva lo- grada de la comunicación irrestricta de las almas liberadas de la disimulación, concebida como el paraíso de la comunicación recí- proca de corazón a corazón:

En todo el curso de mi vida, uno ha visto que mi corazón, trans- parente como el cristal, nunca ha sido capaz de ocultar durante un minuto un sentimiento ligeramente animado que se ha refu- giado en él (Rousseau, 1995).

Sin embargo, paradójicamente, al tiempo que afirma que el tema de la enunciación nunca fue más que transparente, las Confe- siones de Rousseau crean que ese mismo tema sea transparente:

Me gustaría poder hacer que mi alma sea transparente a los ojos del lector de alguna manera, y para hacerlo, trato de mostrárselo bajo todos los puntos de vista, aclararlo con todas las luces, ac- tuar de tal manera que no ocurra ningún movimiento en él que no perciba para que él pueda juzgar por sí mismo sobre el prin- cipio que los produce (Rousseau, 1995).

76

EMMANUEL ALLOA

Una vez más, la tensión entre la transparencia como estado original reclamado y la transparencia como un telos que se alcan- zará es palpable, como si la condición desenmascarada original sólo pudiera ser alcanzada por una operación deliberada, por una confesión, un confiteor, que performativamente produce lo qué eso dice. Los ecos del rousseaunismo en la modernidad han sido nu- merosos, sobre todo, bastante prominentemente en el existencia- lismo. En una famosa entrevista, Jean-Paul Sartre profesó su compromiso con la transparencia total como el único medio para una sociedad auténtica:

Creo que la transparencia siempre debe ser sustituida por lo que es secreto, y puedo imaginarme el día en que dos hombres ya no ten- drán secretos entre sí porque nadie tendrá más secretos de nadie, porque la vida subjetiva, también como vida objetiva, será comple- tamente ofrecida, dada. Es imposible aceptar el hecho de que ren- diríamos nuestros cuerpos como lo hacemos y mantendríamos nuestros pensamientos ocultos, ya que para mí no hay una diferen- cia básica entre el cuerpo y la conciencia (Sartre, 1975).

Más allá de este hilo individual sobre la transparencia como una técnica psicogenética, tanto interna como externa, encontramos la transparencia invocada en términos políticos como un instrumento para lograr una sociedad mejor, más racional y justa. Aunque apa- rece en el siglo XVIII, es principalmente en el siglo XIX cuando la transparencia se muestra como una herramienta de los oprimidos para forzar a los arcanos imperios y las relaciones ocultas a puertas cerradas. En estrecha relación con la noción de publicidad (Öffent- lichkeit) –la academia debate si son sinónimos o si deben ser aparta- dos– gestos de transparencia hacia un tribunal público de la razón, una idea central en Rousseau y en la Revolución Francesa, pero también en la filosofía del siglo XIX, en autores como John Stuart Mill, Madison y más agudamente en Jeremy Bentham.

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

77

El «ojo del público», afirma Bentham, «hace virtuoso al esta- dista» (Bentham, 1843) y lo obliga a proporcionar razones para todos y cada uno de sus actos. Aunque a Bentham a menudo se le atribuye haber formulado explícitamente la demanda de transpa- rencia por primera vez y, por lo tanto, la legitimidad de la demanda de un Right to know, tal descripción sólo capta la mitad de la verdad ya que Bentham no sólo defiende la idea del público de un «super- intendente», sino también de una automoralización de la sociedad. El famoso «efecto civilizador» de la publicidad (John Elster) se puede ver en el trabajo del entorno pragmático. Bentham, quien se presentó como el «Newton de la legislación», quiere imaginar una concepción del derecho basada en la naturaleza misma, y la transparencia, estudiada extensamente por el autor de la Óptica, viene a representar un instrumento poderoso para dar forma a una nueva comunidad. En su famoso Panóptico, la transparencia pre- tende representar un «nuevo modo de obtener el poder de la mente sobre la mente» sin precedentes (Bentham, 1995). Todos los ras- tros de castigo deben borrarse, en beneficio de lo que Bentham describe como legislación «indirecta». Mientras que la vieja forma de legislación «vulgar» y punitiva «arrastra a los hombres a sus propósitos encadenados», lo que eventualmente llevará a su colapso, la legislación indirecta o «trascendental» guiará a los indi- viduos «por hilos de seda, entrelazados alrededor de sus afectos, y hacia ellos para siempre» (Essay on the Poor Laws, citado en Pitkin, 1990). Ya no debería la autoridad de la ley imponerse a sí misma a través del poder coercitivo, más bien deberían las leyes «infundirse a sí mismas, por así decirlo, en las mentes de las personas» y «la obediencia a las leyes sería difícilmente distinguible del senti- miento de libertad» (Promulgation of the Laws, citado en Pitkin, 1990) Tal «poder blando» delineado por Bentham se acerca no sólo a las prácticas contemporáneas de empujar(también cono- cido como paternalismo liberal) sino que también ejemplifica el

78

EMMANUEL ALLOA

paso de la coacción externa al autocontrol internalizado descrito por Foucault. Cuando es probable que el comportamiento sea juz- gado por otros, entonces el argumento, los sujetos adaptarán auto- máticamente su conducta. En una conversación con David Collins, quien en 1803 planeó implementar el modelo de panóptico de Bentham en Australia, Bentham deja en claro que la transparencia debe tener dos lados, uno interno y uno externo: una transparen- cia interna, entre los internos y el director, y una exterior transpa- rencia, ya que la arquitectura panóptica como un todo debe ser entendida de un vistazo por el mundo externo. A menudo censu- rado en los estudios de vigilancia, la unidireccionalidad dentro del panóptico representaría, por lo tanto, sólo un primer paso en este modelo social caracterizado por la descompartimentalización y la permeabilidad.

Transparencia como apertura ¿Una contradicción?

El ideal de un sujeto transparente caracterizado por el autoco- nocimiento, la autonomía y la propiedad, se refleja en el ideal de una sociedad transparente caracterizada por la apertura y el auto- gobierno. Lo que está en juego es si la transparencia puede afirmar que representa la apertura que pretende. Una apertura que puede adoptar diversas formas, y en parte se superpone con algunas de las variedades de transparencia enumeradas anteriormente: una apertura en términos de accesibilidad de la información («verlo todo»), una apertura en términos de sinceridad («decirlo todo») así como una apertura en términos de participación y transforma- ción potenciales («hacerlo todo»). Estos requisitos, que surgen en campos bastante diferentes (epistemología, filosofía moral, teoría de la acción) se combinan significativamente en el ideal único de transparencia, aunque su misma metáfora a menudo parece en

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

79

desacuerdo con la apertura que se le atribuye: la semántica vi- sual de «ver a través de» no se puede conectar de inmediato con la semántica verbal, sin mencionar la semántica de la acción: des- pués de todo, las acciones que tienen lugar detrás de un cristal ví- treo podrían estar a la vista de un espectador, pero este acceso visual podría exacerbar la sensación de impotencia. Con frecuen- cia, la retórica de la transparencia oculta la inaccesibilidad fáctica. Más importante aún, sin embargo, la transparencia como aper- tura enfrenta una contradicción ontológica ¿La transparencia es constante o transformadora? ¿Registra un hecho o provoca un cambio? Una de las características definitorias de la publicidad como Öffentlichkeit (del alemán offen, «abierto» que se traduce muy im- perfectamente como «esfera pública») fue su énfasis en la apertura de los procesos deliberativos. Desde la perspectiva de la Ilustra- ción, los asuntos públicos necesitan decisiones sobre la base del hecho de que no están prescriptos por ninguna autoridad externa, sino que deben ser determinados por aquellos afectados por estas decisiones. La apertura de Öffentlichkeit no sólo concierne a las mi- radas externas, sino a la indeterminación de los procedimientos cuyo resultado debe ser impredecible, si el procedimiento va a ser algo más que un ritual escenificado. En otras palabras; la apertura tiene que ver con la contingencia: el curso de los acontecimientos es intrínsecamente indeterminado, las cosas podrían ser de otro modo. Tal comprensión está directamente ligada a la comprensión de la democracia como un proceso de deliberación infinito e irresuelto como lo definió Habermas o como una «democracia por venir» en el sentido de Derrida que no puede tener ningún fundamento an- terior o definitivo aparte de la apertura muy futura a lo que está por venir. En cualquier caso, tales conceptualizaciones ofrecen un criterio para poner a prueba las concepciones actuales de la de- manda de transparencia. ¿Puede un procedimiento ser «completa-

80

EMMANUEL ALLOA

mente transparente»? Ciertamente, no si aún está por venir dado que el único procedimiento que puede hacerse completamente transparente es un procedimiento cuyo resultado ya ha sido deci- dido de antemano. Existe una contradicción inherente entre la demanda simultánea de «procedimientos abiertos y transparen- tes», ambos parámetros parecen contradecirse entre sí. Algunos autores han argumentado que, si bien no puede haber transparen- cia ex ante sin comprometer la apertura del proceso, lo que las legislaciones deberían exigir es una transparencia ex post, que re- vele retrospectivamente las razones que conducen a un determi- nado resultado de toma de decisiones. Sin embargo, lo que debe tenerse en cuenta es que dicha transparencia ex post es en sí misma un acto de «justificación», una operación que a su vez puede modifi- car otros procesos. Un argumento similar se puede hacer para el debate sobre la mejora de los mercados y los requisitos de transparencia del mismo. Mucho antes de la crisis financiera de 2008, se plantearon preguntas análogas, como las del economista austríaco Oskar Morgenstern, quien después de la guerra escribió en coautoría con John von Neumann, la Theory of Games and Economic Behaviour. Sin embargo, una de sus suposiciones cruciales –que el compor- tamiento del mercado nunca puede ser completamente transpa- rente– ya fue presentada en 1928, en un artículo titulado «Vollkommene Voraussicht und Wirtschaftliches Gleichgewicht». En este artículo, Morgenstern afirmó que la expectativa transpa- rente y el equilibrio balanceado son mutuamente excluyentes. En el caso de un conocimiento completo de todos los parámetros, in- cluido el de todo el comportamiento futuro de sus participantes, el mercado en lugar de seguir una mejor justificación llegará a un punto de completa paralización. La razón de esto es que, en el caso de una previsibilidad total, los planes y las acciones futuras de un participante en el mercado dependería de los planes y acciones

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

81

futuras de todos los demás. Dado que esta condición es válida para todos los participantes del mercado, nos enfrentamos a la siguiente paradoja, afirma Morgenstern: todas las acciones tendrían que determinarse antes de que puedan predecirse. Morgenstern ilustró su posición mediante el siguiente ejemplo, extraído de un famoso episodio de Sherlock Holmes:

Sherlock Holmes, perseguido por su oponente, Moriarty, se va a Dover. El tren se detiene en una estación en el camino, y él se queda allí en lugar de viajar. Ha visto a Moriarty en la estación de trenes, reconoce que es muy inteligente y espera que Moriar- ty tome un tren especial más rápido para atraparlo en Dover. La anticipación de Holmes resulta ser correcta. Pero ¿Si Moriarty hubiera sido aún más inteligente, hubiera estimado las capacida- des mentales de Holmes mejor y hubiera previsto sus acciones en consecuencia? Entonces, obviamente, habría viajado a la es- tación intermedia. Holmes, de nuevo, habría tenido que calcular eso, y él mismo habría decidido ir a Dover. Con lo cual Moriarty habría «reaccionado» de manera diferente. Debido a tantas re- flexiones, es posible que no hayan podido actuar en absoluto o que el intelectualmente más débil de los dos se haya rendido al otro en la estación Victoria, ya que todo el vuelo se habría vuelto innecesario (Morgenstern, 1928).

Si uno fuera a radicalizar la tesis de Morgenstern, esto implicaría que la transparencia total del mercado no conduce a un compor- tamiento más fluido, armonioso y racional, sino que más bien tiende a inmovilizar todas las acciones potenciales y en última instancia lleva a una situación de estancamiento completo. O en un tono lige- ramente menos dramático, el ejemplo de Morgenstern ejemplifica por qué la esperanza de una transparencia total del mercado se basa en premisas equivocadas, en la medida en que no toma en cuenta lo que la teoría social ha descrito como «doble contingencia».

82

EMMANUEL ALLOA

Introducido por Talcott Parsons, el teorema de la doble contin- gencia se ha extendido y generalizado especialmente por Niklas Luhmann. La doble contingencia se refiere al hecho de que siem- pre que tiene lugar la interacción comunicativa, el acto comunica- tivo debe tener en cuenta la forma en que se recibirá, lo que agrega un parámetro adicional de incertidumbre: no sólo es peligroso el éxito del acto comunicativo, ya que el canal entre un emisor y un receptor pueden ser perturbados, y mucho menos, el éxito debe medirse de acuerdo con la reacción del receptor (Luhmann, 1995). Más allá de una primera caja negra, hay una segunda y por un cierto número de razones accidentales o no accidentales, estas dos cajas negras tienen tratos entre sí. Tales gestos de contingencia doble hacia una forma de dependencia recíproca, donde dos com- portamientos están literalmente «engrapados». En casos extremos, esto lleva a un estado paralítico dado que dos cajas negras hacen que su propio comportamiento dependa del otro. El comporta- miento del mercado en sí mismo se basa siempre en una cierta asimetría de información, pero más allá del ámbito del mercado, esta observación podría generalizarse, ya que, en un sentido freu- diano, la civilización misma se basa en una cierta forma de auto- control y ocultación y la civilización se derrumbaría si pudiéramos leer las mentes de los demás. En resumen, parece poco probable que, si bien la transparencia ha reemplazado en gran medida las nociones de publicidad y Öffentlichkeit, el concepto anterior podría abarcar todos los requisitos vinculados a estos últimos. Sin em- bargo, esto es lo que sucedió, en gran medida.

¿La Ilustración con quién?

David Pozen (2017) reunió materiales instructivos que testifi- can que en las últimas décadas de la historia legal estadounidense,

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

83

la transparencia se ha ido desvinculando cada vez más de valores progresivos más amplios como el igualitarismo o la mejora social a través de la acción estatal (Pozen describe esto como un cambio ideológico). Aunque la transparencia todavía se anuncia como un instrumento para mejorar los procedimientos y erradicar conduc-

tas indeseables, en muchos dominios de políticas el ideal de trans- parencia se ha integrado cada vez más a las agendas que buscan reducir el impacto de las regulaciones y aumentar la elección pri- vada. Mientras tanto, las nociones de participación y espíritu pú- blico disminuyen, la transparencia se convierte en un argumento para las agendas libertarias con el fin de hacer que el gobierno sea más delgado, mínimo y menos intrusivo. La evidencia de Pozen sobre la situación en los Estados Unidos también puede generali- zarse a otros contextos: incontestablemente, en los discursos con- temporáneos, la transparencia se eleva al estado de una especie de norma postideológica. Como sostuvo Byung-Chul Han, la trans- parencia también podría verse como una «ideología» que «como

tiene un núcleo positivo que ha sido misti-

todas las ideologías [

ficado y hecho absoluto» (Han, 2012). La Ilustración defendió ampliamente el progreso epistémico, social y moral, el proyecto de conocerse a uno mismo y arrojar luz plena sobre los propios moti- vos y pulsiones más profundos, pero además para la promesa de accesibilidad universal, para aclarar rumbos y tratos ocultos, y más generalmente para la lucha contra todos los procesos que tie- nen lugar a puerta cerrada que, por lo tanto, están bajo sospecha de servir a intereses particulares. La transparencia parece ser prin- cipalmente lo que queda hoy de la herencia de la Ilustración euro-

pea, después de sus cuestionamientos ambivalentes a lo largo del siglo XX. «La luz del sol es el mejor desinfectante», dijo el famoso juez Louis Brandeis, mientras que, más recientemente, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, lo puso aún más claro: «luces en- cendidas, ratas afuera» 2 . Si bien pertenece a la lista de valores

]

84

EMMANUEL ALLOA

como emancipación, autonomía, universalidad o tolerancia que forman el catálogo básico de las solicitudes formuladas por la Ilus- tración, la transparencia también ocupa una posición peculiar: por un lado, de todas estas demandas, la transparencia es tal vez la que está más íntimamente relacionada con el proyecto de la Ilustración como tal (ya sea por su origen semántico, que tiene que ver con la óptica y la claridad), por otro lado, es la única que probable- mente nunca haya sido sometida a un interrogatorio exhaustivo durante el siglo XX. Adorno y Horkheimer tienen una reconocida argumentación sobre la Ilustración que se caracteriza por una dialéctica intrínseca pero no reconocida en su relación con el mito. En su Dialéctica de la Ilustración (Adorno/Horkheimer, 1947), han descrito la Ilus- tración como un proyecto de Entzauberung general o des-encanta- miento, con el objetivo de volver a la realidad simple y a las cosas tal como son, despojadas de proyecciones míticas, lo ruin de la fantasía y la sustitución de la imaginación por el conocimiento. Sin embargo, mientras todo trata de extirpar el mito, la Ilustración misma establece un nuevo mito, el mito de la historia como un progreso sin fin que se tensa violentamente. Escrita inmediata- mente después de la Segunda Guerra Mundial, La Dialéctica de la Ilustración expresa una profunda desilusión con respecto a los idea- les reguladores de la Ilustración. El programa de una pacificación general a través del libre uso de la razón, la Paz Perpetua, a la que Kant dedicó un famoso ensayo, aparece como telón de fondo de la violencia del siglo XX, como la máxima ingenuidad: firmado en nombre del pacifismo, el tratado de Munich de 1938 no se centró tanto en el final de la guerra como en proclamar su comienzo. Ade- más, en el contexto del surgimiento del fascismo, las democracias liberales alcanzan sus límites autoimpuestos cuando se trata de determinar si la tolerancia debería ser aplicable también a las opi- niones que buscan abolir su principio. Según una frase famosa

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

85

atribuida póstumamente a Voltaire, habría dicho supuestamente que, aunque podría estar totalmente en desacuerdo con la posición de su oponente, estaría listo para morir a fin de defender la posibi- lidad de que se exprese. Lo mismo vale para la reivindicación de la universalidad: este principio tan central para la racionalidad de la Ilustración cayó en descrédito en el curso de los movimientos de descolonización, cuando se hizo evidente que la universalidad había funcionado como un eje en los discursos expansionistas de las potencias coloniales europeas. Por último, pero no menos im- portante, la idea de auto-legislación, inherente al concepto de indi- viduo autónomo, parece muy ambivalente hoy en día, en los tiempos de los «personalidad emprendedora» (Michael Foucault), que se administran a sí mismos como recursos y como activos de inversión. En contraste con estos principios esenciales de la Ilustración que han comenzado a brillar de forma ambivalente, la transparen- cia surge de las experiencias pasadas casi intactas; más aún si pa- rece haberse expandido infinitamente sobre la base de otros principios que retroceden, ahora se presenta como el ideal que debe hacerse cargo de las promesas incumplidas de los otros. Hoy en día, la transparencia aparece como fundamentalmente no dia- léctica, carente de cualquier exterior negativo y, como tal, como irrestrictamente positivo. En una sociedad gobernada por el para- digma de la transparencia, la transparencia misma representa el punto ciego. Cuando la transparencia terminó por absorber otras formas de crítica, ya no queda ninguna izquierda en donde la transparencia podría ser cuestionada. Se recopilan muchas prue- bas que confirman que los efectos de los regímenes de transparen- cia a menudo generan lo contrario de lo que proclaman, como el hecho de que estos a menudo favorecen las argumentaciones de- magógicas para agradar y halagar a la audiencia, excluyendo argu- mentos que podrían ser sinceros, pero es menos probable que sean

86

EMMANUEL ALLOA

aceptables (Chambers, 2004). Además, casi nunca restauran la confianza, como medida de construcción de confianza casi nunca

es eficiente. Experimentos recientes en países de Europa Occiden-

tal han demostrado que la transparencia es ante todo un «factor de higiene», no contribuye a niveles más altos de confianza. En algu- nos casos, eventualmente incluso disminuye los puntajes generales de confianza como resultado de una decepción general después de

la divulgación de los procedimientos internos del gobierno (Grim-

melikhuijsen/Meijer, 2014). La sentencia atribuida a Bismarck si- gue siendo de actualidad: «Las leyes, como las salchichas, dejan de inspirar respeto en la medida en que sabemos cómo se hacen». Lo más importante, sin embargo, es que los regímenes de transparen- cia sugieren una neutralidad dudosa donde el procedimiento no tendría relación con el contenido.

De la univocidad a la pluralidad: perspectivas cubistas

Se pueden sacar algunas conclusiones preliminares. En una era supuestamente posideológica, es revelador que el valor más elevado

e incontrovertible es un principio que pretende regular sólo la

forma, y no el contenido de las interacciones sociales: un principio que pretende ser neutral, todo mientras impone una moralidad tanto a la vida pública como a la privada. Oficinas espaciales abiertas, las transmisiones de telerrealidad, arquitecturas corporativas hechas de vidrio, computadoras personales en fundas translúcidas, confesio- nes en línea, cocinas de restaurantes donde se preparan los alimen- tos a la vista, muchos indicios de que la transparencia es una gran obsesión de nuestro tiempo. Sin embargo, en el contexto de un análisis más detallado de la semántica histórica de la transparen- cia, la proclamación de un nuevo transparentismo y el tipo de «explosión de transparencia» concebida por Daniel C. Dennett y

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

87

Rob Roy parecen cuestionables: la variedad de cosas cubiertas por la palabra clave apenas enmascara su polisemia. Cuando los líde- res políticos, así como los disidentes, los CEO corporativos y los hacktivistas por igual se encuentran defendiendo el valor de la transparencia, los motivos sobre los que se produce esta fusión consensuada comienzan a resquebrajarse y quienes sospechan las prácticas continuas de «openwashing» pueden tener una razón. Como un ideal irrestrictamente positivo es difícil criticar las políti- cas de transparencia, a menos que se exponga a la sospecha de defender objetivos regresivos. Si se produce alguna resistencia, es principalmente en nombre de la «privacidad» y la defensa de los derechos individuales. Tal perspectiva, donde el «derecho a ser dejado solo» se derivaría de una prerrogativa personal inalienable presupone, sin embargo que los límites entre lo público y lo pri- vado se dibujan de una vez por todas, lo que muchas luchas po- líticas han cuestionado (por ejemplo, la lucha contra la violación matrimonial sería ilegítima), sin mencionar el hecho de que supone que la identidad es una cuestión de propiedad personal, que pre- cede a las interacciones sociales del individuo. En nombre de una lucha contra la vigilancia y la exposición involuntaria, los defenso- res de la privacidad a menudo caen en la trampa de un transparen- tismo invertido, al convertir la identidad personal en un ámbito completamente bajo la supervisión del individuo. Por un lado, las afirmaciones de Facebook de que sería «inmoral» tener más de una identidad, por el otro, la defensa de la privacidad se convierte en un argumento para una inmunización contra la comunidad, las identidades compartidas y las preocupaciones transversales. Como resultado, los regímenes de transparencia a menudo conducen a una mayor segmentación y compartimentación, donde detrás de la parodia de la visibilidad total, las posibilidades de acción y las perspectivas de cambio se reducen significativamente. Frente a tales reduccionismos, que traicionan una obsesión por las identi-

88

EMMANUEL ALLOA

dades de los seres unívocas, estables e inamovibles, una investiga- ción de las aspiraciones históricas asociadas a la transparencia pone de manifiesto otros aspectos marginados. Durante mucho tiempo, la insistencia en la transparencia tenía que ver con un énfasis en las superposiciones, las intrusiones y la permeabilidad. En lugar de colgar la perspectiva de una coinciden- cia final con las cosas mismas, la transparencia equivalía a dar cuenta de realidades disonantes, aunque superpuestas. Si muchas expresiones artísticas vanguardistas han jugado con materia- les transparentes, el énfasis está en las intersecciones plurales y las interconexiones dinámicas. Pinturas cubistas de Braque, Gris o el temprano experimento de Picasso con el principio de representar puntos de vista simultáneos incomparables sobre un objeto en una sola superficie. En el arte constructivista soviético de El Lissitzky o Ródchenko, las líneas, planos y superficies crean un espacio vir- tual de objetos en superposición y retroceso. En la Bauhaus, artis- tas y arquitectos juegan con cualidades flotantes de materiales permeables como el vidrio y el celofán. Entre otros, el artista hún- garo László Moholy-Nagy realiza experimentos de color cruzado con luz y espacio, modulando la translucidez de varias mane- ras combinando proyectores de luz, móviles, fotogramas y es- culturas tridimensionales de plexiglás. El mismo punto de la transparencia, como explica el artista, no es fijar la mirada, sino, por el contrario, poner la visión en movimiento, como lo expresa el título de su libro epónimo (Moholy-Nagy, 1947). El artista final- mente comienza no sólo a superponer los planos semitransparen- tes, como en el constructivismo soviético, sino a distorsionar los planos termoplásticos calentándolos, creando formas cóncavas y convexas complejas con relaciones espaciales cambiantes, porque las formas atraparon parcialmente la luz ambiental. En su libro Space, Time and Architecture, Moholy-Nagy amigo íntimo de Siegfried Giedion yuxtapuso el edificio Bauhaus en

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

89

Dessau con Arlésienne de Picasso (Giedion, 1941), sugiriendo que el espectador estaba en presencia de efectos de transparencia que simultáneamente enfatizaban las cualidades transparentes y el pa- pel del medio de soporte. En otras palabras, tal cubismo analítico cuestiona la disociación total del medio y el contenido, enfatiza la pluralidad de puntos de vista. En su análisis clásico sobre «Trans- parency, Literal and Phenomenal», los teóricos de la arquitectura Rowe y Slutzky han puesto de manifiesto cómo, junto a la transpa- rencia literal, hay una transparencia fenomenal que tiene que ver con el contexto del objeto, visto uno superpuesto a otro. En lugar de entidades completamente iluminadas, pero cerradas, los experi- mentos con materiales pelúcidos, celofán, plexi y planos de color hacen un gesto hacia identidades más ambiguas caracterizadas por la interpenetración y una dialéctica de primeros planos y fondos oscilantes. Se invoca la definición persuasiva de György Kepes desde su Language of Vision:

Si uno ve dos o más figuras solapadas entre sí, y cada una de ellas reclama por sí misma la parte común superpuesta, entonces uno se enfrenta a una contradicción de dimensiones espaciales. Para resolver esta contradicción, uno debe asumir la presencia de una nueva calidad óptica. Las figuras están dotadas de transparencia; es decir, que son capaces de interpenetrarse sin una destrucción óptica entre sí. Sin embargo, la transparencia más que una carac- terística óptica, implica un orden espacial más amplio. Transpa- rencia significa: una percepción simultánea de diferentes ubicaciones espaciales. El espacio no sólo retrocede, sino que fluctúa en una actividad continua. La posición de las figuras transparentes tiene un significado equívoco ya que ahora se ve cada figura más cercana como la más lejana (Kepes, 1944).

En consecuencia, esta transparencia no se trata tanto de un objeto único, genuino sobre situaciones de superposiciones parcia-

90

EMMANUEL ALLOA

les y penetraciones cruzadas, forzando a hacerse un lugar para al- ternar ordenamientos y jerarquías en el espacio, significados diversos y comprensiones plurales. Como explica Moholy-Nagy en Vision in Motion:

Las superposiciones superan las fijaciones de espacio y tiempo Transponen insignificantes singularidades en complejidades sig- nificativas; banalidades en vívida iluminación. La calidad trans- parente de las superposiciones a menudo sugiere la transparencia del contenido, revelando cualidades estructurales inadvertidas en el objeto (Moholy-Nagy, 1947).

Vale la pena recordar esta otra sensación de transparencia, tal como fue ideada por las vanguardias artísticas del arte moderno. En lugar de sugerir una unidad falsa, la superposición de diferen- tes planos deja emerger inconsistencias, superposiciones parciales

y congruencias, pero también permite que lo significativo y lo in-

significante penetren. En primer lugar, permite recuperar un sen- tido de transparencia que no elimina la conflictividad. En lugar de presentar la transparencia como un horizonte donde los conflictos

e intereses se superarían en última instancia, tales experimentos en

transparencia evidencian cómo la neutralidad es en sí misma el resultado de una neutralización. A partir de aquí, se pueden ex- traer inspiraciones para una comprensión crítica del devenir indi- vidual y social, en la medida en que la polisemia y el doble sentido no son sólo indicios de falsedad y disimulo, sino que indican entra- das múltiples, así como pasajes donde no parecían existir. En con- secuencia, la imagen con la que comenzó este artículo podría recibir una nueva lectura: más allá de la perspectiva sorprendente de un «yo vidrioso» en una era de vigilancia, como se suele en- tender, el autorretrato de Hajo Rose de 1930 debería ser reempla- zado en su contexto original, el de una experimentación fotográfica con exposición múltiple. Si la estructura cuadriculada de la arqui-

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

91

tectura Dessau Bauhaus construida por Gropius y sus radiadores característicos brillan a través del rostro del artista, podría enten- derse como un acto de pertenencia y como un acto de fe en una estética constructivista y su principio de diafanidad, es decir, que en cada aspecto artístico, la construcción subyacente brilla «a tra- vés de» como para negar cualquier transparencia máxima y total.

Traducción: David Leal Olivares.

NOTAS

E. A.

1 En latinoamérica el «Right to know» se entiende diferenciando el «derecho a saber» del «derecho a la información», aunque en la mayoría de los casos se usa «de- recho de acceso a la información», preferimos dejar el término en inglés (N. del T.).

2 Julian Assange, el documental de Alex Gibney, We Steal Secrets: The Story of WikiLeaks (EE.UU., 2013).

BIBLIOGRAFÍA

ADORNO, Theodor W. y HORKHEIMER, Max (1947). Dialectic of Enlightenment. Philosophical Fragments, trans. Edmund Jephcott. Stan- ford: Stanford UP, 2002. ALA’I, Padideh y VAUGHN, Robert G. Research Handbook on Transpa- rency. Cheltenham / Northampton: Elgar Publishing, 2014. ALLOA, Emmanuel. Das durchscheinende Bild. Konturen einer medialen Phä- nomenologie. Berlin/Zurich: Diaphanes, 2011. ALLOA, Emmanuel y GUINDANI, Sara (eds.). La transparence: Esthéti- que et politique, Special issue of the journal Appareil 7. Paris: Maison des Sciences de l’Homme Paris Nord, 2011. BENJAMIN, Walter (1929) «The Return of the Flâneur», trans. Rod- ney Livingstone, in Selected Writings, Volume 2: Part 1: 1927-1930, ed. Michael W. Jennings, Howard Eiland and Gary Smith. Cambridge, MA: Belknap, 2005, pp. 262-267, 467.

92

EMMANUEL ALLOA

BENTHAM, Jeremy (1843). The Works of Jeremy Bentham, ed. John Bowring. New York: Russell & Russell 1962, vol. X, pp. 31, 227.

The Panopticon Writings, ed. Miran Božovic. London: Verso Press,

1995.

BIRCHALL, Clare. «Radical transparency?», Cultural Studies Critical Methodologies 14(1): 77-88, 2014. CHAMBERS, Simone. «Behind Closed Doors: Publicity, Secrecy, and the Quality of Deliberation», Journal of Political Philosophy, vol. 12, n.º 4, 2004, pp. 389-410. CHRISTENSEN, Lars Thøger y CORNELISSEN, Joep. «Organiza- tional Transparency as Myth and Metaphor», European Journal of So- cial Theory, vol. 18 (2), 2015, pp. 132–149. DENNETT, Daniel C. y ROY, Deb. «Our transparent future», en Scien- tific American 312,3 (March 2015), pp. 64-69. FENSTER, Mark. «Transparency in Search of a Theory», European Jour- nal of Social Theory 18.2 (2015), pp. 150-167.

The Transparency Fix. Secrets, Leaks, and Uncontrollable Government Infor- mation, Stanford: Stanford UP, 2017. FOX, Jonathan. «The Uncertain Relationship between Transparency and Accountability», Development in Practice 17(4-5), 2007, pp. 663-671. GIEDION, Sigfried. Space, time and Architectone. Harward: University Press, 1941. GÖTZ, Norbert y MARKLUND, Carl (eds.). The Paradox of Openness. Transparency and Participation in Nordic Cultures of Consensus. Leiden:

Brill, 2015, p. 242. GRIMMELIKHUIJSEN, Stephan G. y MEIJER, Albert J. «Effects of transparency on the perceived trustworthiness of a government organization - Evidence from an online experiment», Journal of Public Administration Research and Theory, vol. 24, issue 1: 137-157, 2014. HAN, Byung-Chul. The Transparency Society. Stanford: Stanford UP, 2015. HANSEN, Hans Krause, Lars Thøger Christensen y FLYVERBOM, Mikkel. «Introduction: Logics of transparency in late modernity:

Paradoxes, mediation and governance», European Journal of Social Theory, vol. 18, Issue 2, pp. 117-131, 2015.

TRANSPARENCIA: UN CONCEPTO MÁGICO DE LA MODERNIDAD

93

HOOD, Christopher. «Transparency in historical perspective», in: Trans- parency: The Key to Better Governance? Christopher Hood and David Heald. Oxford: Oxford University Press, 2006, pp. 1-23. HOOKE, Robert. Micrographia: or, Some Physiological Descriptions of Minute Bodies Made by Magnifying Glasses. London: [The Royal Society], 1665, p. 23. KEPES, György. Language of Vision. Chicago: Paul Theobald, 1944, p. 77. LATOUR, Bruno. We Have Never Been Modern, trans. Catherine Porter. Harvard University Press. Cambridge, Massachusetts, 1993. LIBAERT, Thierry. La transparence en trompe-l’oeil. Paris: Éditions Des- cartes & Cie, 2003, p. 13. LUHMANN, Niklas. Social Systems, trans. John Bednarz with Dirk Baecker. Stanford: Stanford UP, 1995, pp. 103-137. LYON, David. «Surveillance, Power and Everyday Life», The Oxford Handbook of Information and Communication Technologies, eds. Chrisanthi Avgerou, Robin Mansell, Danny Quah, and Roger Silverstone, Oxford: Oxford UP, 2009, pp. 449-72. MOHOLY-NAGY, László. Vision in Motion. Chicago: P. Theobald, 1947, p. 210. MORGENSTERN, Oskar. Wirtschaftsprognose. Eine Untersuchung ihrer Voraussetzungen und Möglichkeiten. Vienna: Springer, 1928, p. 98. NEWTON, Isaac (1704). Opticks Or, A treatise of the Reflections, Refractions, Inflexions and Colours of Light. Also Two treatises of the Species and Magni- tude of Curvilinear Figures. London [New York: Dover, 1952]. O’REILLY, Tim. Beyond Transparency: Open Data and the Future of Civic In- novation. San Francisco, CA: Code for America Press, 2013. POZEN, David. «Transparency’s Ideological Drift» (unpublished draft) Piotrowski (2010) (ed.) Transparency and Secrecy. A Reader Linking Lite- rature and Contemporary Debate. Plymouth: Lexington Books, 2017. PITKIN, Hannah (1990) «Slippery Bentham. Some Neglected Cracks in the Foundation of Utilitarianism», Jeremy Bentham. Critical As- sessments, ed. Bhiku Pareth, vol. 3: Laws and Politics, London-New York: Routledge, 1993, pp. 534-560.

94

EMMANUEL ALLOA

POLLITT, Christopher y HUPE, Peter. «Talking about government. The role of magic concepts», Public Management Review 13, 2011, pp. 641-658. ROUSSEAU, Jean-Jacques. The Confessions and Correspondence, including the letters to Malesherbes, trans. Christopher Kelly, The Collected Wri- tings of Rousseau, vol. 5, Hanover: New England, 1995, pp. 146-375. ROWE, Colin y SLUTZKY, Robert (1964). «Transparency: Literal and Phenomenal», Transparency, ed. B. Hoesli. Basel-Boston-Berlin:

Birkhäuser, 1997, pp. 21-56. SARTRE, Jean-Paul. «Sartre at Seventy: An Interview with Michel Contat», trans. Paul Auster and Lydia Davis. New York Review of Books, August 7 1975, pp. 10-17. STAROBINSKI, Jean (1972). Jean-Jacques Rousseau: Transparency and Obstruction, trans. Arthur Goldhammer. Chicago: University of Chi- cago Press, 1988. VASILIU, Anca. Du diaphane. Paris: Vrin, 1997, p. 90.

Press, 1988. VASILIU, Anca . Du diaphane . Paris: Vrin, 1997, p. 90. Arturo marquez (amarquez@siador.com)

La pandemia de gripe de 1918-1919

El enemigo temido cien años después

María Isabel Porras Gallo

H ace ahora cien años se produjo la crisis epidémica más im- portante del siglo XX, hasta la aparición del sida, calificada

recientemente como la madre genética de todas las pandemias de gripe (Taubenberger, Morens, 2006). Esta grave crisis sanitaria, responsable de un número de muertes estimado actualmente entre 50 y 100 millones, ha pasado a la historia como la «gripe española». Sin embargo, este calificativo, acuñado por la prensa europea, no refleja el verdadero origen de dicha pandemia sino que fue fruto de las circunstancias que la rodearon. Su coincidencia con el final de la Primera Guerra Mundial y la censura militar existente en los países que participaban en dicha contienda, facilitaron que fuera

silenciada cuando apareció en ellos, dos meses antes del inicio de la epidemia en Madrid, coincidiendo con las fiestas de San Isidro del 15 de mayo. América, China y Rusia han sido barajadas como posibles orígenes de la pandemia, pero se acepta actualmente que comenzó el 4 de marzo de 1918 en Funston, Kansas, en un campa-

[95]

96

MARÍA ISABEL PORRAS GALLO

mento del ejército estadounidense (Crosby, 1976 y 1989). Debido al movimiento continuo de tropas se produjo su rápida difusión desde el Medio Oeste hacia la costa Este. Con el envío de soldados en apoyo de los aliados se extendió rápidamente a Europa, en don- de aparecieron los primeros casos de gripe el 1 de abril entre las fuerzas americanas acuarteladas en las ciudades francesas de Brest y Burdeos. A partir de ahí se difundió a los diferentes países a una velocidad muy superior a la de las grandes pandemias de cólera del siglo XIX, favorecido por el corto período de incubación de la gripe y su transmisión respiratoria. Siguiendo las principales rutas de transporte humano y de mercancías, rápidamente alcanzó una ex- tensión superior a la lograda por la Peste Negra, siendo pocos los lugares que no resultaron afectados como la Isla de Santa Helena. La terrible experiencia de la gripe de 1918-1919, que curso en tres brotes –el primero, en la primavera de 1918; el segundo, en el otoño de ese mismo año, y el tercero, en los primeros meses de 1919– tuvo importantes consecuencias demográficas, científicas, económicas y políticas y provocó un gran impacto a nivel social produciendo un cambio de percepción del riesgo frente a esta en- fermedad, que ha condicionado la respuesta de la sociedad a las posteriores pandemias de gripe del siglo XX, ocurridas en 1957- 1958 y en 1968-1969, pero también a la primera del siglo XXI, como hemos tenido oportunidad de comprobar con motivo de la pandemia de 2009-2010. A lo largo de las próximas páginas nos acercaremos a lo ocu- rrido hace más de un siglo. Situando los hechos en el contexto en el que se desarrolló esta pandemia, mostraremos las principales reacciones contemporáneas y finalizaremos dando cuenta de sus efectos e impacto a largo plazo. Todo ello nos ayudará a compren- der mejor las reacciones ante una hipotética nueva pandemia de gripe o de otra grave enfermedad infecciosa, sobre la que, ape- lando a nuestras emociones, nos siguen alertando algunos cientí-

LA PANDEMIA DE GRIPE DE 1918-1919

97

ficos y figuras de gran impacto social ajenas a las ciencias sanitarias como el influyente Bill Gates, que le ha propuesto a Donald Trump que EEUU encabece un programa para estar preparado ante dicha hipotética situación (Loria, 2018).

Principales consecuencias de la pandemia de gripe de 1918-1919

Aunque el desarrollo y la gravedad de los tres brotes epidémicos tuvieron importantes diferencias en los distintos puntos geográfi- cos afectados, se atribuye mayor gravedad al segundo y se coincide en que una de las notas características de esta pandemia fue su ele- vada tasa de morbilidad y mortalidad. La falta de registro generali- zado del número de casos de gripe ha provocado que la cuantificación de su impacto demográfico se haya realizado en términos de morta- lidad. En un primer momento se consideró que esta crisis sanitaria había causado unos 20 millones de muertos, pero los estudios poste- riores, que ampliaron el análisis a otros ámbitos geográficos, han puesto de relieve que el impacto demográfico fue muy superior, ha- blándose de un total de fallecidos de entre 50 y 100 millones (Patter- son, Pyle, 1991) y ello a pesar de que aún son escasos los datos referentes a Europa del Este, China, Oriente Medio y Sudeste asiático. El número de víctimas por la gripe en el año que transcu- rrió entre los tres brotes epidémicos fue superior al provocado por la Primera Guerra Mundial en los cuatro años que duró. Según Bea- triz Echeverri (1993), España contribuyó con alrededor de 270.000 vidas a esa cifra, siendo una cantidad superior a las víctimas por la epidemia de cólera de 1853-1855 y no tan lejos de las 344.154 muer- tes provocadas directamente por nuestra Guerra Civil en tres años. Y una ciudad como Madrid, con 3.500 muertes (Porras Gallo, 1997). A diferencia de lo que suele ser habitual, la mayor morbimorta- lidad de esta pandemia correspondió a la población adulta-joven

98

MARÍA ISABEL PORRAS GALLO

entre 20 y 45 años, en vez de a los mayores de 65 años. Otro grupo de edad muy afectado fueron los menores de un año. Esta afecta- ción preferente de la denominada población activa implicó no sólo un gran impacto económico en un momento complicado, dada su coincidencia con el término de la Primera Guerra Mundial, sino también una grave conmoción social que dejó su impronta entre las personas contemporáneas que sobrevivieron y que se ha trans- mitido a las generaciones posteriores. Otra nota característica de la gripe de 1918-1919 fue la mayor gravedad que tuvo para las embarazadas y las puérperas, diezmán- dose la población femenina joven que se dejó sentir en los años posteriores a la pandemia y fue especialmente visible en las locali- dades pequeñas. Consecuencia de lo anterior fue la disminución de la natalidad que se sumó a la mayor vulnerabilidad de los nacidos durante los años de la pandemia, y al aumento del número de huér- fanos, que supusieron un problema para el que hubo que buscar una solución. En lo que no existe unanimidad es en la distribución de la mortalidad por sexos. Algunos autores han señalado una ma- yor mortalidad global masculina y un predominio femenino en ciertos grupos de edades. La pandemia y las medidas tomadas tuvieron también un fuerte impacto económico sobre la agricultura, la ganadería, la in- dustria y la minería, el sector terciario, el comercio interior y exte- rior, los transportes de viajeros, mercancías y animales o la evolución de la bolsa, pero también sobre el abastecimiento y el precio de distintas mercancías y, especialmente, de los productos de primera necesidad y de los medicamentos. Esta situación re- sultó aún más complicada por la coincidencia de la Primera Gue- rra Mundial y sus efectos y, en nuestro país, por la grave crisis socio-económica que se vivía. Además de los costes directos rela- cionados con la puesta en marcha de las distintas medidas de pro- filaxis pública y los relativos a la asistencia sanitaria y social de los

LA PANDEMIA DE GRIPE DE 1918-1919

99

epidemiados y familiares, hubo importantes costes indirectos aso- ciados a las pérdidas de productividad por las bajas laborales y las defunciones de la población activa, que en esta pandemia fueron superiores (Porras Gallo, 1996 y 1997). Para atender a los costes directos, en un país como España, fue preciso establecer créditos especiales a nivel nacional, pero también a nivel municipal y pro- vincial. Junto a la intervención de las instituciones públicas, hubo también una importante colaboración por parte de numerosas en- tidades filantrópicas de carácter local, provincial, nacional e inter- nacional. La Cruz Roja fue una de las entidades que colaboró no sólo en nuestro país, sino en otros muchos, iniciando una nueva tendencia en sus actuaciones ante el impacto de la pandemia de gripe de 1918-1919 y el final de la Primera Guerra Mundial. Este cambio supuso su implicación en la lucha contra los proble- mas de salud pública, que mantuvo de manera generalizada a par- tir de ese momento. Otra de las consecuencias, habitual en las epidemias, fue la es- timulación de la investigación científica tendente a identificar y aislar, sin éxito, el germen específico de esta enfermedad y po- niendo a punto sueros y vacunas que pudieran ser eficaces. A pe- sar de los resultados negativos en el aislamiento del germen de la gripe, que desde 1933 sabemos que es un virus del grupo de los ortomixovirus, y de que los sueros y vacunas que prepararon ser- vían únicamente contra las complicaciones pulmonares bacteria- nas de la gripe, la experiencia de esta pandemia otorgó mayor relevancia a los laboratorios y a la fabricación de sueros y vacunas, proliferando este tipo de instituciones científicas fuera y dentro de nuestro país, en donde se crearon nuevos laboratorios privados de estas características, que desarrollaron un destacado papel tras la Guerra Civil. Además, la persistencia del gran impacto de esta pandemia décadas después impulsó el establecimiento de un Programa Mun-

100

MARÍA ISABEL PORRAS GALLO

dial Contra la Gripe por la OMS en 1947, inmediatamente después de la creación de esta agencia internacional. Dicho programa se articuló en torno a la creación del World Influenza Center (WIC) en Londres, dirigido por Christopher H. Andrewes, uno de los responsables del aislamiento del primer virus de la gripe, y al establecimiento a su alrededor de una red mundial de laborato- rios regionales para identificar y aislar los nuevos virus de gripe que aparecieran en el mundo, y para ofrecer datos epidemioló- gicos sobre esta enfermedad a la OMS. Nuestro país contó con un laboratorio de dichas características a partir de 1951, año de nuestra entrada en la OMS (Porras Gallo y Ramírez Ortega, 2017). Con ello se buscaba mejorar el conocimiento y el control de dicha enfermedad, y poder evitar una catástrofe similar a la de

1918-1919.

Algunas explicaciones sobre la magnitud de esta crisis sanitaria

Desde el mismo momento de su desarrollo y hasta nuestros días se ha relacionado el gran impacto demográfico de esta pande- mia con múltiples factores, sin que haya sido posible establecer un único y claro responsable, ni siquiera tras la identificación com- pleta del virus a través de los restos de tejidos humanos de algunas víctimas de la gripe de 1918-1919, conservados en formol, parafina o entre los hielos árticos (Taubenberger, Morens, 2006; Holmes, 2004). Es cierto que los médicos responsabilizaron a las infec- ciones bacterianas de la excesiva mortalidad por la provocación de neumonías, pero la pandemia de gripe de 1957-1958 puso de re- lieve que también el virus de la gripe era capaz de provocar neu- monías y la muerte y, por otro lado, que el hecho de contar con antibióticos no impedía siempre las neumonías por las resistencias de las bacterias a los antibióticos (Porras Gallo, 2011).

LA PANDEMIA DE GRIPE DE 1918-1919

101

Ahora bien, si algunos médicos del momento culparon a la falta

de recursos terapéuticos (no había ni antivirales, ni antibióticos) y profilácticos específicos (faltó una vacuna eficaz contra la gripe) y a la ineficacia de los medios habitualmente utilizados contra las epidemias, otros consideraron también las malas condiciones hi- giénico-sanitarias, los factores sociales (viviendas insalubres, hacinamiento, dificultad de acceso a las subsistencias, o a los medi- camentos), una infraestructura asistencial insuficiente coyuntural (recordemos, por ejemplo, el desplazamiento de sanitarios para combatir en la Primera Guerra Mundial o atender a los comba- tientes) y estructural. Esta última fue característica de nuestro país, que tenía un importante retraso sanitario en recursos asisten- ciales y en poseer un marco legal apropiado para luchar moder- namente contra las enfermedades infecciosas, pero no fue de nuestra exclusividad. De hecho, en los Estados Unidos, la gripe no era enfermedad de declaración obligatoria. Junto a todo ello se señaló también al retraso e insuficiencia de las medidas adoptadas por las autoridades políticas. La información con la que contamos hasta ahora obliga a se- guir pensando que la gravedad de la pandemia de 1918-1919, que colocó en una situación crítica tanto a los médicos como a los polí- ticos de la época, y causó un gran impacto en la población que la padeció y un temor constante a otra experiencia similar, se debió a la concurrencia de varios factores (científico-sanitarios, económi-

y que las mejoras logradas en varios de

ellos, apoyadas sobre los programas anuales de inmunización con- tra dicha enfermedad, están permitiendo un menor impacto de las pandemias de gripe, aunque anualmente sea responsable de algu- nas muertes y de importantes pérdidas por las bajas laborales que provoca en cada epidemia.

cos, sociales, políticos

),

102

MARÍA ISABEL PORRAS GALLO

¿Una Medicina que no cumplió sus expectativas?

El resultado final de la mal denominada «gripe española» no concuerda con las expectativas que tenía la Medicina de la época cuando estalló la epidemia. Apoyados en la nueva Bacteriología, los médicos esperaban que esta crisis sanitaria fuera una buena oportunidad para mostrar el valor que poseía esa nueva Medi- cina para luchar contra ella. En su opinión, las enfermedades in- fecciosas eran «evitables» por cuanto consideraban viable disponer de «medios seguros de prevenirlas»: los sueros y las vacunas espe- cíficas contra cada una de ellas a partir del momento en que se ais- lara su germen causante. Sin embargo, la pandemia de 1918-1919 puso de relieve que llevar a la práctica esa idea no era tan fácil. De hecho, si la observación del cuadro clínico permitió a los médicos considerar a la influenza como la enfermedad responsable de la epidemia, sin embargo, no pudieron demostrarlo mediante el aislamiento y la identificación de su microbio específico como exi- gía la medicina bacteriológica del momento. El laboratorio no fue capaz de corroborar el papel del bacilo de Pfeiffer, considerado entonces el germen de la gripe, y tampoco encontraron otro al que atribuir ese papel. Esta situación provocó dudas sobre la natura- leza de la enfermedad y la postulación de varias hipótesis etiológi- cas (el bacilo de Pfeiffer, una asociación bacteriana, una bacteria distinta del B. de Pfeiffer, un virus filtrable, o un germen descono- cido), que no pudieron ser comprobadas. Sin el aislamiento del agente etiológico de la gripe no se podía disponer del suero específico para ser usado como tratamiento ni de la vacuna específica para prevenir la enfermedad. Sin em- bargo, la gravedad de la epidemia exigía una respuesta inmediata, razón por la que los médicos propusieron y recomendaron nume- rosos recursos curativos y preventivos, algunos de dudosa efica- cia. Como medios profilácticos se propusieron los cordones

LA PANDEMIA DE GRIPE DE 1918-1919

103

sanitarios, el cierre de locales, las desinfecciones externas de indi- viduos, mercancías, locales o vehículos, el uso de mascarillas, el aislamiento, las tradicionales medidas de la higiene pública y ele- mentos de carácter socio-sanitario (subsistencias buenas y bara- tas, viviendas salubres, acceso a los medicamentos, mejoras sanitarias legislativas y asistenciales, etc.). De igual forma fueron también múltiples y poco eficaces los recursos terapéuticos pro- puestos, entre ellos, la quina, el alcanfor, la adrenalina, la salipi- rina, los purgantes, los baños generales o la sangría (Porras Gallo, 1996 y 1997). Junto a ellos se recomendaron sueros y vacunas, que en el mejor de los casos podían ser eficaces únicamente contra las complicaciones gripales y que, como aún sigue ocurriendo hoy, llegaron tarde. Las dudas y dificultades que la medicina tuvo para establecer la etiología, el diagnóstico de la gripe y sus repercusiones en lo relativo a su profilaxis y tratamiento, crearon confusión entre la población y dudas acerca de la capacidad de los médicos y de la medicina para controlar la epidemia. A su vez, los profesion les sintieron también que habían fracasado. Sus expectativas no se habían visto cumplidas. Este hecho es uno de los que se ha seña- lado para justificar que esta terrible pandemia fuera práctica- mente ignorada por los estudios históricos, médicos, e histórico-médicos durante casi sesenta años. Sin duda, al olvido también contribuyeron las circunstancias que la rodearon como su coincidencia con el final de la Gran Guerra y el inicio de la posguerra, el especial clima socio-político del momento en los países beligerantes y en los que no participaron en la contienda, como el nuestro, inmerso en una generalizada crisis política, eco- nómico y social.

104

MARÍA ISABEL PORRAS GALLO

Desconfianza de la ciudadanía frente a las autoridades políticas y sanitarias

No nos debe extrañar que, con la colaboración de la prensa de información general, la ciudadanía mostrara también su descon- fianza frente a la respuesta dada por las autoridades políticas y sanitarias, que no siempre tenían la preparación para enfrentarse a una crisis sanitaria tan grave. La situación era muy difícil, tanto en los países beligerantes como en los neutrales, y se complicó más por la imposibilidad de que la ciencia médica proporcionara recur- sos más eficaces. Ante las exigencias de la población, se tomaron muy variadas medidas, combinándose los tradicionales cordones sanitarios y resto de recursos de la higiene pública con los sueros y las vacunas, y, en algunos lugares, como en nuestro país, con un amplio uso de las desinfecciones de mercancías, espacios y perso- nas, cuya eficacia era muy cuestionada por los médicos, atribuyén- dose prácticamente como único valor que procuraba tranquilidad de la población. Otras medidas adoptadas, que generalmente re- sultaron insuficientes, estuvieron dirigidas a reforzar la asistencia sanitaria –que ofreció mayor dificultad en los países beligerantes durante la Gran Guerra, especialmente para atender a la población civil–; mejorar la salubridad pública, y tratar de corregir la escasez y carestía de las subsistencias y los medicamentos (Porras Gallo, 1996 y 1997). La situación fue tan complicada que requirió la co- laboración de numerosas organizaciones filantrópicas, como la Cruz Roja.

Un cambio de percepción frente a la gripe: de la broma al pánico

La experiencia de la gripe de 1918-1919 motivó un cambio en la forma de ser percibida esta enfermedad por la sociedad. Si al

do, su predilección por las personas adultas jóvenes, propici

e el miedo se fuera apoderando de la ciudadanía y se viviera

enas de pánico ante la cada vez más frecuente presencia de l erte. En estas circunstancias, además de verter sus críticas ha los médicos, las autoridades sanitarias y los políticos, la socie

d trató de combatir los efectos de la pandemia, elaborando u

curso explicativo, que fue permeable a las ideas de la cienci dica, y utilizando muy diversos recursos para tratar de evitar l fermedad y la muerte, aunque con escaso éxito (Porras Gallo 96 y 1997). El horror vivido dejó una profunda huella entre lo

las supervivientes (Porras Gallo; Davis, 2014), que en algu

s casos se acompañó de un pacto de silencio sobre dicha expe

ncia y, por ejemplo, en el caso del pintor noruego Edvar unch se trasladó a su pintura, como puede percibirse en el auto trato de 1919. A modo de conclusión me parece importante aprender alguna ciones que se pueden extraer de esta terrible pandemia. No e

o importante contar con recursos médicos eficaces, sino tam

n con unas mínimas condiciones higiénico-sanitarias, económi

s y sociales, siendo además fundamental proporcionar un

ena información a la población por parte de las autoridades po cas y sanitarias, pero también por los profesionales sanitario bre la situación y los recursos para atajarla, sin olvidarnos d mbatir las desigualdades. De poco sirve tener medios terapéu os y profilácticos apropiados si la población –parcial o comple mente– no tiene acceso a ellos o no confía en ellos, como l

ndemia de gripe de 2009-2010 mostró con respecto a la vacuna

Arturo marquez (amarquez@siador.com)

85.55.80.139

M

I

P G

106

MARÍA ISABEL PORRAS GALLO

BIBLIOGRAFÍA

CROSBY, Alfred W. Epidemic and peace 1918 , Wesport: Conn., Green- wood Press, 1976.

America’s Forgotten Pandemic. The Influenza of 1918, Cambridge: Cam- bridge University Press, 1989. ECHEVERRI DÁVILA, Beatriz. La gripe española. La pandemia de 1918- 19, Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas-Siglo XXI, 1993. HOLMES, E. C. «1918 and All That», Science, 303, 2004, pp. 1787-1788. LORIA, Kevin. «Bill Gates thinks a coming disease could kill 30 million people within 6 months - and says we should prepare for it as we do for war», Business Insider, 27-4-2018. Disponible en http://www.busi nessinsider.com/bill-gates-warns-the-next-pandemic-disease-is-co ming-2018-4 [Consulta: 23-5-2018]. PATTERSON, K. D. y PYLE, G. F. «The Geography and mortality of the 1918 influenza pandemic», Bull. Hist. Med., 65, 1991, pp. 4-21. PORRAS GALLO, María Isabel. Una ciudad en crisis: la epidemia de gripe de 1918-19 en Madrid, Barcelona: ETD micropublicaciones, 1996.

Un reto para la sociedad madrileña: la epidemia de gripe de 1918-19, Madrid:

Ed. Complutense-CAM, 1997.

— «The place of serums and antibiotics in the influenza pandemics of 1918-1919 and 1957-58 respectively». En Ana Romero, Christoph Gradman, María Jesús Santesmases (eds.), Circulation of antibiotics:

Journeys of Drug Standards. Madrid/Oslo: ESF, 2011, pp. 141-160. PORRAS GALLO, María Isabel y DAVIS, Ryan A. The Spanish In- fluenza Pandemic of 1918-1919. Perspectives from the Iberian Peninsula and the Americas. Rochester NY: University of Rochester Press, 2014. PORRAS GALLO, María Isabel y RAMÍREZ ORTEGA, Mercedes. «La lucha contra la gripe en España a través de las relaciones con la OMS (1951-1971)». En: Alfons Zarzoso; Jon Arrizabalaga (eds.). Al servicio de la salud humana. La Historia de la Medicina ante los retos del si- glo XXI. Ciudad Real: SEHM, 2017, pp. 109-115. TAUBENBERGER, Jeffery K. y MORENS, David M. «1918 In- fluenza: the mother of all pandemics», Emerging Infectious Diseases, 12(1), 2006, pp. 15-22.

ENTREVISTA

José Enrique Ruiz Doménec

«Hay un despertar de lo español»

Manuel Lucena Giraldo

L a orfandad de los españoles respecto a su propia historia tiene muchas causas. No es una de ellas la carencia de una oferta historiográfica de

excelencia. Sigue habiendo demasiadas novelas llamadas «históricas», que ni son novela ni son historia, tremendismo de «veta brava» que glorifica bandidos y criminales, exceso de guerracivilismo, drama y apogeo de lo grotesco. Pero si se trata de verdadera historia –no existe otra– hay autores y obras de referencia. José Enrique Ruiz Doménec, catedrático de la Univer- sidad autónoma de Barcelona, editor de Historia. National Geographic y representante español en el proyecto de una historia europea, es autor entre otras de La ambición del amor. Historia del matrimonio en Europa (2003); Europa, Las claves de su historia (2010); Cataluña, Espa-

ña: encuentro y desencuentros (2010); Escuchar el pasado. Ocho siglos de música europea (2013); El gran capitán (2015); y España. Una nueva historia (2017). Se trata de una interpretación de larga duración, pues comienza con la llegada del general romano Publio Cornelio Escipión a Tarragona en 211 A.C. y llega hasta nuestros días. Una primera

[107]

108

MANUEL LUCENA GIRALDO

parte de cuatro capítulos, «El mundo clásico», comprende hasta el 711, con la invasión árabe-bereber que liquidó el reino visigodo. La segunda, corres- pondiente a la Edad Media, comprende ocho capítulos y se extiende hasta 1492. Formidable especialista del período, nos muestra lo que llama «la oportunidad de los márgenes». De una parte, reinos cristianos como Astu- rias, confiado hacia 850 en sus guerreros «que vemos en las miniaturas de los beatos» y magistral en el arte sublime de levantar edificios de mampos- tería y bóveda de cañón. De otra, Abderramán III, militar temible, creador de la Córdoba califal, que proclama: «Mirad a esta pobre gente, ¿acaso no nos han dado autoridad haciéndose nuestros sumisos servidores, para que les defendamos y protejamos?» Los reyes católicos inauguran la Edad Moderna española. Son diez capítulos que llegan hasta 1808 y explican el primer imperio global. El pasaje al Estado nacional comprende desde 1688 hasta 1713, cuando los Borbones comenzaron a consolidar su proyecto de naciona- lización de la monarquía compuesta austracista. La etapa contemporánea comprende seis capítulos, desde la invasión napoleónica al pacto entre Fran-

co y Don Juan de 1948. Ruiz Doménec recoge el formidable cambio revisio-

nista de la historia del siglo XIX español, ignorado por tantos divulgadores.

Apunta los nuevos temas con precisión: ciencia, modernización, estereotipos. La quinta parte, dedicada a la España actual, tiene tres capítulos: «Itine- rarios del Franquismo, 1948-1978»; «La hechura democrática, 1978-2008»

y

«Vivir en el desfiladero, 2008-2017». Todo un repaso a la razón histórica

de

España. ¿Por qué un relato de España? ¿Por qué puesto al día? —Porque en el siglo XXI tenemos que recuperar la historia na-

rrativa o la disciplina será una retórica con nula incidencia. Es una cuestión de responsabilidad. Además, antes de ejercer un juicio sobre lo que es hoy España, conviene saber qué ocurrió y con qué resultado. Invito al lector a que con mi obra lo intente en la medida en que es muy transversal, lo mismo te encuentras un poeta que una crisis económica. Todo es historia. Hasta hoy. La edición ante- rior llegaba hasta la Guerra Civil.

ENTREVISTA A JOSÉ ENRIQUE RUIZ DOMÉNEC

109

¿Quizás fueron escrúpulos respecto a la validez de la historia del tiempo presente, el famoso «necesitamos tiempo para contar con pers- pectiva»? —No, creo que se puede hacer historia del presente como de Roma, la objetividad no la da la distancia del sujeto que analizas, sino unos criterios de análisis técnico y una metodología. Pero 2017 será una inflexión poderosa en la historia de España. Hay un hito, un antes y un después. España, claro, continuará, pero es una nueva etapa la que ha emergido a lo largo de ese año. Tras la dé- cada terrible de la reciente crisis económica, termina lo que para unos iba a ser la tierra prometida y para otros un gran país. De momento nos hemos encontrado un pedregal y ahora es la labor del historiador determinar cómo salir de la mejor manera y lo más rápidamente posible. —No se podrá acusar a su libro de ser «castellano-céntrico» en su ver- sión de la historia de España. —No, al contrario, estoy convencido que España es una reali- dad histórica para decirlo al modo de Américo Castro, con el que comparto algunas ideas y discrepo en otras, configurada desde la diversidad. No es la historia de Castilla extendida, sino la de diver- sas concepciones del poder, culturales y de civilización, que se in- tegraron desde la época romana hasta hoy. —Expresa en su obra múltiples puntos de vista. —He estado siempre en todas las fronteras culturales, me edu- qué con Georges Duby en la historiografía francesa, luego en la italiana y ello me ayudó a entender la ubicación de España, que es el Mediterráneo. He estado, desde muy joven, atento a las terceras vías, a la tercera línea, a la nueva historia. —Desde mi última visita a Barcelona, el cambio mayor que veo es que hay banderas españolas en los balcones. En el edificio vecino, los del cuarto habían desplegado una enorme bandera española y los del quinto una estelada independentista.

110

MANUEL LUCENA GIRALDO

—Se ha producido un despertar de lo español. En todos los sentidos, sentimental, una toma de conciencia política, social y hasta económica. Desde los años sesenta España dio un vuelco admirable, era un país atrasado, no teníamos buenas redes fe- rroviarias, ni carreteras, muy pocos aeropuertos, y ahora todo eso está a la altura de lo que puede ocurrir en los países vecinos. Existe un tejido de producción, empresarial, de primer nivel. An- tes de la crisis las preocupaciones eran típicas de la cultura euro- pea, llegar a fin de mes y luego aventurarme en algo mejor, aprender idiomas, ir más lejos de vacaciones, que mis hijos estudien bien. Y de repente esa misma sociedad se despierta un buen día con que le proponen otro argumento, con que le proponen desde una parte de ella, Cataluña, que esa parte de ella ya no es ella, que esa parte de España ya no es España. Por un juego exclusiva- mente retórico, porque lo ha decidido un grupo humano impor- tante, que es innegable, con gran capacidad de difusión de sus ideas, no cabe duda, con grandes recursos, muchos de ellos públi- cos. Ante esa sorpresa España responde al modo antiguo, ese modo acomplejado, timorato, barroco, utiliza la incredulidad, eso no va a pasar, la ironía, la broma fácil, un chiste, incluso un poco el desprecio hacia quien está generando ese tipo de debate. Eu- ropa no acepta la supuesta superioridad moral de la Cataluña nacionalista hacia España. Pero el Estado español no ha estado a la altura de lo que suponía este reto. Cuando pierdes la iniciativa, vas siempre a remolque y a la defensiva. —Entonces intervino el monarca. —En esa orfandad, lo digo desde Barcelona, lo que corta el mal es su discurso, porque se enfrenta a la deslealtad, una situación que considera inaceptable, es el punto de vista de la jefatura le- gítima del Estado constitucional, hay que decirlo en voz alta. Un rey parlamentario como el que hay en Dinamarca, Reino Unido, Noruega o Holanda. Expone su tesis sobre una parte de España

ENTREVISTA A JOSÉ ENRIQUE RUIZ DOMÉNEC

111

desleal con el conjunto. Gente que formaba parte de esa parte de España se despierta de repente, ve que lo que pensaba no era equivocado, que alguien se lo está diciendo a las claras y, de re- pente, toma la decisión de expresarse. —Muchas empresas cambiaron la sede fuera de Cataluña. —La economía, por primera vez, tomó la iniciativa en la histo- ria reciente de España. Antes la estructura política había domi- nado a la economía, siempre, ese es un rasgo muy característico y sorprendente que probablemente a los hispanistas que venían de países como por ejemplo Gran Bretaña o Estados Unidos les inte- resaba. Aquí no, la política ha marcado siempre el paso a la econo- mía, mercantilista o dirigista. Mas de repente empezamos a preguntarnos no por qué un país es rico, sino también la causa de que sea pobre: por la política. —Pero la capacidad de convencimiento y adscripción de ese grupo de personas a estrategias y doctrinas con elementos populistas radica en la dejación del sistema educativo por parte del Estado unitario. ¿Qué están aprendiendo esos jóvenes llenos de odio que aparecen en tantas imágenes? —En Cataluña ha habido una demolición del pensamiento crí- tico, una especialización que hizo de la historia un saber periférico, con muchísimos impostores. No sólo se ha creado mala historia, que la hay, sino que se ha creado, con dinero público, una histo- ria basada en la neta y absoluta falsificación. —En este punto su libro supone un cambio radical, pues desmonta la identificación manipuladora del franquismo con lo español. Además, funda- menta una nueva cronología. —La cronología es la maestra de la historia. Lo que sucedió y en qué orden sucedió. Sin cronología no hay historia. He luchado toda mi vida contra esa tendencia, equivocada y a la francesa, de convertir la historia en ciencias sociales, con comparaciones que daban lo mismo, si explicabas la fórmula de gobierno de la ciudad, ibas desde Pericles hasta la alcaldesa Carmena. Luego los estu-

112

MANUEL LUCENA GIRALDO

diantes regresaban a su casa y contaban a sus padres que en el gobierno de Madrid había un tal Pericles. —¿Y la cuestión del relato en historia? Se ha descuidado mucho la na- rrativa. —El conocimiento de los detalles tampoco da garantía de saber historia, ésta implica un relato basado en esos detalles sin forzar- los, sin falsificarlos. Con el franquismo no se ha atendido a los de- talles, se levantó una visión ideologizada. Pero hacer historia es tratar de entender y resulta que el franquismo tuvo formación y evolución. Por eso planteo que el régimen nacido en la Guerra Civil termina en 1948 desde un punto de vista técnico y jurídico. Entonces termina la Edad Contemporánea española y empieza la actual. Franco firma la paz, la famosa frase de 1939 «la guerra ha terminado», vamos a suponer que viniera incluso desde la jefa- tura del Estado, era un acto volitivo pero la guerra seguía, con la represión de un lado y los maquis del otro. No se sabía muy bien qué papel tenía que jugar España en la inmediata posguerra mun- dial. En 1948 Franco sometió a referéndum una programación, España será un reino con leyes fundamentales, un reino en busca de un rey. Tiene que pactar con el dueño de los derechos dinásti- cos de la última dinastía que había reinado, Don Juan de Borbón. Imaginamos la tensión. Allí se pactó la posibilidad de crear un ré- gimen que permitiera, en un tiempo, el que fuera, la proclamación del rey. Esa fase termina en 1978, con la Constitución. Ésta supone continuidad y ruptura. Ni las empresas ni los funcionarios podían desaparecer. Ese periodo fascinante tuvo un momento importante con el plan de estabilización de 1959, vinculado por cierto a un grupo de economistas catalanes. —Asomaban los años sesenta. —Tan importantes en la transformación de España, con aper- tura de fronteras, llegada masiva de turistas, difusión de otros modelos de convivencia, diversión, educación, movilidad. Fue una

ENTREVISTA A JOSÉ ENRIQUE RUIZ DOMÉNEC

113

revolución silenciosa que creó las clases medias, soporte de la Constitución de 1978. —La historia posterior, finalmente, se vincula a la globalización de la España actual, más allá de las tensiones internas que, como comentabas antes, en el exterior, más allá de las apariencias y la ciberguerra resultan imposibles de explicar. —He intentado evitar un final melancólico. Pero me sorprende que España, una potencia económica, con un Estado de derecho impecable y un grado de libertad y de seguridad encomiable, se halle en entredicho. Falta convertir la historia en una disciplina que eduque la conciencia colectiva. Hemos permitido en los medios de comunicación y en las universidades, la proliferación de mentiras, de construcciones ideológicas del pasado que no se atienen a la realidad. A los expertos extranjeros esto les provoca risa, se ponen condescendientes, esa condescendencia es España. No nos lo podemos permitir. Mire el caso de Francia. ¿Qué ha he- cho Macron? Apelar al orgullo del francés que va de Lyon a París y explicarle lo que estaba en juego. Francia tenía mucho que ganar y mucho que perder porque es un país que se sabe, que se conoce, pero España, también, tiene mucho que ganar en el futuro y mu- cho que perder. Lo que me gustaría es que mi epílogo en positivo fuera el prólogo a una historia de España con muchísima más ex- pectativa.

M. L. G.

www.liber.es #liber18
www.liber.es
#liber18
www.liber.es #liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez
www.liber.es #liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez
www.liber.es #liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez
www.liber.es #liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez
www.liber.es #liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez
www.liber.es #liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez

3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via

#liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez
#liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez
#liber18 3-5 de octubre Barcelona, Recinto Gran Via Tu historia empieza aquí Arturo marquez

Tu historia empieza aquí

NOTA

Oportunidades de empleo y renta en España 2007-2016

F. R. A.

E l crecimiento económico de los últimos años ha permitido re- cuperar los niveles de renta per cápita previos a la crisis y ha

reducido sustancialmente los niveles de desempleo. Sin embargo, la realidad económica actual es muy diferente a la del año 2007. En general, para el conjunto de España, la crisis ha provocado un efecto de desplazamiento de la población desde los grupos con mayores rentas hacia los más desfavorecidos. La clase media alta se ha reducido un 19 por ciento, mientras que el grupo de perso- nas en situación de pobreza ha aumentado un 22 por ciento. Estas cifras son todavía más alarmantes entre los jóvenes menores de 30 años, que han visto cómo se doblaba su peso en el segmento de po- blación con menores recursos. El porcentaje de jóvenes incluidos en el grupo de menor renta ha pasado del 21,31 por ciento en 2007 al 45,7 por ciento en 2016, mientras que la proporción de menores de 30 años en la clase media alta ha caído del 16,5 por ciento al 4,8 por ciento, en ese mismo periodo.

[115]

116

F. R. A.

La monografía Oportunidades de empleo y renta en España 2007-2016, elaborada por la Fundación Ramón Areces y el Ivie, analiza el im- pacto de la crisis en el empleo y la renta, así como la evolución durante los primeros años de recuperación. Y lo hace desde una perspectiva novedosa, tratando de estimar cómo han variado en estos ámbitos las oportunidades de los distintos grupos sociales, según su edad y la comunidad de residencia. Los autores del informe, los investigadores Carmen Herrero y Antonio Villar, y el economista Ángel Soler, desta- can las graves consecuencias que ha tenido la crisis entre los grupos de población más joven, cuya recuperación se está produciendo mu- cho más lentamente que en las personas de mayor edad. La renta y el empleo son dos aspectos esenciales del bienestar material de los ciudadanos y han evolucionado de forma diferente durante el periodo considerado. La crisis ha supuesto una caída en el empleo muy superior a la de la renta per cápita y el cambio de tendencia también muestra un mejor comportamiento de la renta media que del empleo. En particular, el desempleo de larga dura- ción está manifestando una enorme resistencia a disminuir. En este estudio se analizan los cambios experimentados en las oportunidades de empleo y renta entre los distintos grupos de edad (de 16 a 30 años, de 31 a 50 años y mayores de 50 años) y en las diferentes comunidades autónomas, con el objeto de cuantificar el impacto de la crisis y la magnitud de la recuperación. El estudio se centra en tres momentos del tiempo de especial significado: 2007, que es el año del comienzo de la crisis, 2013, que representa el nivel más profundo de la misma, y 2016, que corresponde a los últimos datos disponibles y supone una nueva fase del ciclo. La pérdida de puestos de trabajo ha sido el aspecto más impor- tante de la crisis económica, llegando a alcanzar a más de la cuarta parte de la población activa en 2013, y sigue siendo uno de los ele- mentos más preocupantes del panorama económico español. Para analizar las consecuencias de la crisis sobre las oportunidades de