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Stravinsky y su

Sinfonía de los salmos

Una de las obras que vale mucho la pena conocer dentro del repertorio de aquel
que compuso “La Consagración de la Primavera” y le costó severas críticas y
juicios de valor, fue la Sinfonía de los Salmos, obra sinfónica y coral compuesta
por encargo para el destacado director de orquesta Serguéi Kusevitsky durante
su largo período como director musical de la Orquesta Sinfónica de Boston (entre
1924 y 1949) y con motivo del cincuentenario de la misma.

De enorme espiritualidad en ciertos periodos de su vida y con una gran lucidez


compositiva, Stravinsky decidió basarse, para dicho encargo, en el Libro de los
Salmos ya que este es principalmente usado en los coros y cuyos textos
provienen originalmente de la “vulgata” (traducción de la Biblia hebrea y griega
al latín, realizada a finales del siglo IV, en el 382 d.C. por Jerónimo de Estridón),
los cuales decidió emplearlos en su latín original. Los textos elegidos fueron
el Salmo 38 para el primer movimiento, el Salmo 39 para el segundo y el Salmo
150 para el movimiento restante. Así, la obra se abre con un Exaudi orationen
meam, sigue con el Expectans expectavi Domine y finaliza con el Laudate
Dominum, cada uno de los tres movimientos correspondiente a una de las 3
virtudes teologales, caridad, esperanza y fe*. Acerca de los textos Stravinsky
aclaró: «No es una sinfonía en la que he incluido Salmos para ser cantados. Por
el contrario, es el canto de los Salmos lo que estoy convirtiendo en sinfonía». El
hecho de que la vulgata proviniera del Antiguo Testamento hizo pensar a la
crítica internacional que Stravinsky se había vuelto pro judío, a lo que él aclaró
que dicho texto se venía empleando desde hace más de 2000 años en las
liturgias cristianas.
La orquestación está conformada por 5 flautas (la quinta doblando al flautín),
4 oboes, corno inglés, 3 fagotes y contrafagot; 4 trompas en fa, una trompeta
piccolo, 4 trompetas en do, 3 trombones y tuba; timbales, bombo,
2 pianos y arpa; violonchelos y contrabajos; y un coro de cuatro partes
(soprano, alto, tenor, bajo). Stravinski indicó su preferencia de que las voces
agudas fueran interpretadas por niños en las dos partes corales, ya que en el
periodo barroco se les tenía prohibido cantar a las mujeres dentro de las iglesias.
Destacablemente, la partitura omite el uso de clarinetes, violines y violas.
A lo largo de toda la obra el compositor tiende a emplear constantemente la
escala octatónica (alternando tonos y semitonos) como en otras composiciones
suyas. Stravinski dijo que la raíz de toda la sinfonía son «las secuencias de
dos terceras menores acompañadas por una tercera mayor derivadas
del motivo de trompeta-arpa en el comienzo del allegro en el Salmo 150. Se
retrata el carácter religioso del texto a través de sus técnicas de composición.
Escribió partes sustanciales de la pieza a manera de fuga.
Sobre el carácter sinfónico de la obra, el autor aclaró: “mi sinfonía tenía que
poseer un importante desarrollo contrapuntístico. Concebí un conjunto de coro e
instrumentos donde ambos tenían igual importancia, sin predominio de ninguno
de ellos. En este sentido, mi idea sobre la relación entre lo vocal y lo instrumental
coincide con la de los viejos maestros de la música contrapuntística, que también
les daban un tratamiento igual, sin relegar los coros al papel de un canto
homofónico o el conjunto instrumental a simple acompañamiento. La música de
los textos se desarrolla según su propia ley sinfónica. El orden de los tres
movimientos supone un esquema periódico y, en tal sentido, da lugar a una
sinfonía”.
Aunque fue compuesta para ser estrenada con la Sinfónica de Boston, terminó
estrenándose por la Société Philharmonique de Bruselas el 13 de Diciembre
de 1930, bajo la dirección de Ernest Ansermet, destacado director de orquesta
suizo. El estreno en Estados Unidos fue el 19 de Diciembre del mismo año por
la Sinfónica de Boston con Kusevitsky en la batuta.
Una obra completa y sensible, no solo de una calidad espiritual y sublime, sino
de una riqueza temática, rítmica, tímbrica y estructural que solo Stravinsky podría
concebir. No solo recomiendo la audición de esta obra sino de todo el repertorio
de dicho compositor, ya que, con sobrada razón, ha sido reconocido como uno
de los más grandes compositores del siglo XX.

* Stravinsky emplea el orden de dichas virtudes teologales inversamente a la disposición de San


Pablo: fe, esperanza y caridad.

Fuentes:

http://www.filomusica.com/filo86/salmos.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Sinfon%C3%ADa_de_los_Salmos