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HISTORIA MODERNA I

DAVID SALDAÑA

LA IMPORTANCIA DEL RETRATO PARA EL PODER EN EL


RENACIMIENTO.

David Saldaña

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Resumen

Si bien es cierto que el retrato no nació en el seno del renacimiento, pues se han
encontrado hallazgos arqueológicos que datan del siglo V a.C.1, su naturaleza y
características sí marcaron pauta durante los albores de esta época, y aún más, fueron
determinantes para las legitimaciones políticas y religiosas de numerosos príncipes y
hombres de poder, al menos entre el siglo XV y XVII, periodo que pretendemos cobijar.
Mediante un breve análisis a Felipe II de España y algunos de sus retratos, se tratará la
importancia de estos para la reafirmación de su poder y legitimidad, así como el papel del
arte y el retrato en la consolidación de su propia empresa política. Así, se busca explicitar la
importancia del retrato como expresión artística dentro del área de influencia de las ideas y
el pensamiento renacentista, estableciendo una relación entre la representación retratística
del individuo y la búsqueda de legitimidad a través de este.

Palabras clave: arte, renacimiento, retrato, individuo, poder.

1
En referencia a las monedas persas de principios del siglo IV a.C. que representaban los rostros de algunas
figuras de su imperio, como Tisafernes o Alejandro Magno.
2

El propósito del presente ensayo es identificar si la expresión artística del retrato, en


lo referente al periodo del Renacimiento, se constituyó o no como un elemento importante
para la legitimización del poder, y si había una búsqueda implícita y presuntiva de
conservarlo y ratificarse en él a través de la representación retratística.

A modo de introducción, se definirá lo que se entiende retrato ubicándolo dentro de


la respectiva categoría que le corresponde en el arte, su importancia y significaciones, para
luego relacionarlo con las ideas propias del periodo renacentista, en relación con hombre y
el individuo. A continuación, se estudiará brevemente la figura de Felipe II de España y
algunas representaciones retratísticas relevantes, a partir de lo que significó para sus fines e
intereses personales e institucionales, el arte y el retrato. Esto es, la importancia del arte para
sus propias empresas políticas y de poder.

Hablar del retrato es hablar del arte. Es a partir del arte que el hombre ha podido
expresar, comunicar y transmitir desde tiempos remotos, no sólo su visión del mundo, sino
también las manifestaciones propias de su cultura y entorno. Las diferentes representaciones
artísticas se clasifican según su género. A su vez, los géneros pictóricos son ordenados según
su contenido temático. El retrato que aquí nos corresponde tratar hace parte del género del
retrato pictórico y es acompañado en esta categoría por el autorretrato.

En términos generales, «el retrato es la representación de un sujeto»2, este se


enmarca en las representaciones humanas a través de la pintura y se constituyó como un
medio para el desarrollo y evolución de las ideas renacentistas. Es entre el siglo XV y XVI,
el inicio de lo que se considera como la «Edad Moderna», donde vemos un acelerado
desarrollo de las expresiones artísticas a través de representaciones individuales y la
exaltación al individuo.

Una visión general del renacimiento parte precisamente de eso, según John Pope-
Hennessy, «…todo el renacimiento gira obsesivamente en torno a la búsqueda de lo

2
Rosa Martínez-Artero, El retrato: del sujeto en el retrato (Barcelona: Editorial Montesinos, 2004), p 11.
3

específicamente humano»3. Los hombres de la época buscaban una vuelta a las ideas de los
antiguos pensadores clásicos, el retorno a los ideales morales, culturales y artísticos en los
cuales reflejarse para la construcción de un nuevo hombre, de una nueva visión de lo humano.

Así lo confirma Peter Burke cuando menciona que

…por paradójico que parezca, el Renacimiento fue un intento sistemático de


avanzar retrocediendo, es decir, de romper con la tradición medieval
adhiriéndose a un modelo anterior: el de los antiguos griegos y romanos […]4

Esta idea de romper la tradición medieval y construir una nueva visión de lo humano
está estrechamente ligada a una nueva mentalidad, mediante la cual se afirmaba el valor de
la individualidad. Víctor Nieto y Fernando Checa en su obra «El Renacimiento: formación y
crisis del modelo clásico» hacen tratamiento de este aspecto. Para ellos, estas ideas
renacentistas encontraron en el arte el vehículo perfecto para construir una «imagen visual
de la individualidad»5. En ese sentido, el retrato ayudó a configurar una «particular idea de
exaltación del individuo»6.

El concepto de individuo que aquí tratamos debe entenderse más allá de una simple
búsqueda de lo particular en el sujeto. La individualidad fue ante todo una idea del y en
relación con el poder. En esta misma línea de pensamiento, Antonio Urquízar se acoge a la
teoría según la cual el retrato apareció como expresión básica de poder. Así, afirma que «el
retrato podía ser considerado como un tipo de imagen que por su propia naturaleza estaba
ligado en gran medida a la exhibición del poder.»7

3
John Pope-Hennessy. El Retrato en el Renacimiento. (Madrid: Ediciones AKAL, 1985) Prólogo.
4
Peter Burke. El Renacimiento Italiano: Cultura y Sociedad en Italia (Madrid: Alianza Editorial, 2015),
prólogo.
5
Víctor Nieto y Fernando Checa. El Renacimiento: formación y crisis del modelo clásico (Madrid: Ediciones
AKAL, 1980), p. 118.
6
Ibid. p. 118.
7
Antonio Urquízar, ‘’Retrato y poder en la Edad Moderna’’, en Imágenes del poder en la Edad Moderna, ed.
Alicia Cámara Muñoz, José Enrique García Melero, Antonio Urquízar Herrera, Diana Carrió-Invernizzi, Amaya
Alzaga Ruiz (Madrid: Editorial Universitaria Ramon Areces, 2015), p. 349-350.
4

A modo de resumen, tenemos que el retrato es una expresión del arte, y que es en
relación con el renacimiento que se configura como un medio importante, tanto para la
exaltación del individuo y las ideas del renacimiento, como para la legitimación del poder en
aras de conservarlo y ratificarse.

FELIPE II DE ESPAÑA

Teniendo claro lo anterior, es menester encontrar si estas características se cumplen


para un caso de la época y cómo las representaciones retratísticas jugaron un papel importante
en la exaltación y pretensión del poder. Felipe II de España es perfecto para la ocasión. Fue
Rey de la Monarquía Católica que gobernó desde 1556 hasta su muerte, se convirtió en un
símbolo de la Cristiandad y el monarca más poderoso de la misma, en parte por la cantidad
de territorios que estaban bajo su reinado. No por nada se decía que «[…] en los dominios
del Rey de España nunca se ponía el sol.»8

A la muerte de Felipe II surgieron algunas preocupaciones respecto a la


representación de este en su estado de Rey. En realidad, se planteaba retratarlo más allá de
un ideal fisionómico, como una imagen viva de la Monarquía Católica. Para Fernando Checa
en «Felipe II en El Escorial: La representación del poder real» es

…desde este momento |que| se tiene la posibilidad de una consideración global


del reinado, a la vez que se hace presente la necesidad de una glorificación de su
persona que, como había sucedido con su padre, ha de alcanzar la categoría de
mito […]9

A partir del retrato era posible inmortalizar la figura de Felipe II y plasmar en este
trabajo la representación del poder real. Un poder que, aunque se ejercía desde una figura
individual, especialmente para el caso del monarca español tenía que ver más con la

8
Daniel López. La política de Felipe II: memoria leída en el Ateneo de Madrid (Madrid: Impresor de la Real
Casa, 1886), p. 7.
9
Fernando Checa Cremades, ‘’Felipe II en El Escorial: la representación del poder real’’, Anales de Historia del
Arte (1989), p. 121.
5

afirmación de unos principios superiores o divinos. En cuanto a los métodos utilizados, se


caracterizó por la mezcla de solemnidad con similitud, aspectos principales del tipo de retrato
que se usará generalmente en las representaciones del Rey y la Corte española durante el
siglo XVI.10

Tiziano. ‘Felipe II’. Museo del Prado. Madrid, España.11

En esta pintura de Felipe II realizada a encargo suyo por Tiziano muestra una buena
cantidad de símbolos reales, como las armas, la mesa o la columna de fondo. El artista
consigue estilizar la figura del príncipe con detalles tan importantes como la soberbia de la
armadura parada, que transmite solemnidad. Este tipo de retratos, más allá de «conmover o
convencer»12, buscaban enfatizar el poder del retratado. Se dice que «no se orientan a
establecer un diálogo con el espectador en espera de una respuesta, sino un asentimiento.»13

Volviendo a la importancia de la armadura en el retrato, este recurso resultaba


fundamental para representar una ‘forma divina’, se relacionaba con los trofeos o triunfos
romanos.14 La imagen de Felipe II pintada por Tiziano se basaba en esos elementos para

10
Ibid. p, 123.
11
Tiziano. ‘‘Felipe II’’. Entre noviembre de 1550 y marzo de 1511. Óleo sobre lienzo. Museo del Prado.
Madrid, España.
12
Víctor Nieto y Fernando Checa., op. cit., p. 345.
13
Ibid. p. 345.
14
Fernando Checa Cremades., op. cit., p. 125.
6

presentarlo con carácter majestuoso en el propio ejercicio de su poder. Este y otros retratos
revelan, según Checa, «…la importancia que este tipo de imagen tenía a mediados del siglo
XVI como verdadero emblema del poder real.»15

Antonio Moro. Felipe II en la jornada de San Quintín. Monasterio del Escorial. Madrid.16

Antonio Moro también tuvo la posibilidad de retratar al Rey, esta pintura se mandó
a hacer tras la Batalla de San Quintín, donde vemos una vez más el uso de elementos propios
del tema militar, aún cuando se sabe que Felipe II no fue mucho de ir al campo de batalla.
Guarda relación con la pintura de Tiziano, en tanto muestra elementos comunes, siendo la
armadura una pieza real reconocible en ambos trabajos.

Se reconoce como una exaltación del poder a través de la representación de la


majestuosidad, la cual «…depende fundamentalmente de la pose de su figura, sabiamente
alagada en su canon, y en el gesto»17. A través de una dosis de realismo e idealización, se
puede plantear en estos retratos de Felipe II una visión de la realidad a la par de una idea
abstracta de representación del poder real.

15
Ibid. p. 126.
16
Antonio Moro. Felipe II en la jornada de San Quintín. 1560. Óleo sobre lienzo. Monasterio del Escorial.
Madrid.
17
Antonio Urquízar., op, cit., p. 367.
7

CONCLUSIONES

Si el retrato es una manifestación de convicciones como lo afirma Pope-Hennessy18,


bien lo confirman algunos retratos de Felipe II de España. Su vida y obra se ha estudiado en
buena forma desde las representaciones retratísticas a lo largo de su vida. Estas muestran,
como lo confirma la obra de Tiziano, una exaltación del poder real desde la simbología a
través de los diversos trabajos que encargó.

La imagen de Felipe II fue usada también para mostrar la legitimidad de la


Monarquía Católica a través de sus retratos. De la misma forma mostraba la pretensión del
poder, que en su ascenso al trono estaba en todo su esplendor. Aunque también es necesario
aclarar aquí que el retrato no siempre comunicó esa idea de grandeza y poder del Rey.
También hacia el final de su vida algunos retratos transmiten patéticamente la crudeza del
paso del tiempo y la decadencia de su propia empresa política y religiosa guiada en gran
medida a través del arte.

La importancia del retrato para las ideas renacentistas y para los hombres de poder
en esta época es innegable. A través de estas representaciones exaltaban su propia figura, y
a su vez, manifestaban amplitud de convicciones. En ocasiones estas iban más allá de la
propia individualidad del retratado, y como en el caso de Felipe II buscaban implícitamente
mostrar la majestuosidad del poder divino.

El retrato se configuró como vehículo para las ideas de la modernidad, permitiendo


incluso «establecer vínculos históricos con el pasado, que justificasen su poder presente».19
En ese sentido, este se constituyó satisfactoriamente como un elemento fundamental para el
poder, en tanto les permitió a diversos hombres del renacimiento legitimarse a través de este,
así como exaltar el carácter majestuoso del individuo y de la divinidad.

18
John Pope-Hennessy., op. cit., p. 9.
19
John T. Paoletti, Gary M. Radke. El arte en la Italia del renacimiento (Madrid: Ediciones AKAL, 2002), p.
449.
8

REFERENCIAS

LIBROS

Rosa Martínez-Artero, El retrato: del sujeto en el retrato. Barcelona: Editorial


Montesinos, 2004.

John Pope-Hennessy. El Retrato en el Renacimiento. Madrid: Ediciones AKAL,


1985.

Peter Burke. El Renacimiento Italiano: Cultura y Sociedad en Italia. Madrid:


Alianza Editorial, 2015.

Víctor Nieto y Fernando Checa. El Renacimiento: formación y crisis del modelo


clásico. Madrid: Ediciones AKAL, 1980.

Daniel López. La política de Felipe II: memoria leída en el Ateneo de Madrid.


Madrid: Impresor de la Real Casa, 1886.

John T. Paoletti, Gary M. Radke. El arte en la Italia del renacimiento. Madrid:


Ediciones AKAL, 2002.

ARTÍCULOS DE REVISTA

Fernando Checa Cremades, ‘’Felipe II en El Escorial: la representación del poder


real’’, Anales de Historia del Arte (1989)

Antonio Urquízar, ‘’Retrato y poder en la Edad Moderna’’, en Imágenes del poder


en la Edad Moderna, ed. Alicia Cámara Muñoz, José Enrique García Melero, Antonio
Urquízar Herrera, Diana Carrió-Invernizzi, Amaya Alzaga Ruiz. Madrid: Editorial
Universitaria Ramon Areces, 2015.

OBRAS DE ARTE

Tiziano. ‘‘Felipe II’’. Entre noviembre de 1550 y marzo de 1511. Óleo sobre lienzo.
Museo del Prado. Madrid, España.

Antonio Moro. Felipe II en la jornada de San Quintín. 1560. Óleo sobre lienzo.
Monasterio del Escorial. Madrid.