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TEMA 24.

LA PENÍNSULA IBÉRICA HASTA LA


DOMINACIÓN ROMANA

Versión a
1. INTRODUCCIÓN.

2. EL PALEOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.


2.1 PALEOLÍTICO INFERIOR
2.2 PALEOLÍTICO MEDIO
2.3 PALEOLÍTICO SUPERIOR
2.4 EL ARTE RUPESTRE

3. EL MESOLÍTICO.

4. EL NEOLÍTICO Y ENEOLÍTICO.

5. EL MEGALITISMO.

6. LA EDAD DE BRONCE.

7. LA EDAD DEL HIERRO.


7.1LA CIVILIZACIÓN TARTÉSSICA.
7.2 LOS ÍBEROS.
7.3 LOS PUEBLOS DEL CENTRO Y NORTE.

8. LAS COLONIZACIONES.
8.1. LOS METALES Y LAS RELACIONES DE INTERCAMBIO.
8.2. NUEVAS FUENTES DE RIQUEZA.
8.3. FENICIA.
8.4. GRIEGA.
8.5. CARTAGINESA.

9. CONQUISTA Y DOMINACIÓN ROMANA.


9.1. FASES DE LA DOMINACIÓN.
9.2. LA ROMANIZACIÓN DE HISPANIA.

10. CONCLUSIONES.

11. ANEXOS.

BIBLIOGRAFÍA

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1. - INTRODUCCIÓN.

El tema que desarrollamos a continuación recoge los conocimientos que en la actualidad


se tienen sobre la Prehistoria y los inicios de la Historia.

Hemos de reseñar en primer lugar que no estamos ante una cultura o civilización única e
independiente, y que por consiguiente los conocimientos que tenemos hay que situarlos en un
contexto general dentro de la aparición del hombre y sus primeras culturas. Las diferencias con
otros lugares serán más o menos significativas o cuestión de matices, pero el denominador común
será la evolución y adaptación del hombre sobre el medio que le rodea.

En segundo lugar hemos de partir del hecho de que todas las hipótesis y afirmaciones que
se formulan están sujetas a las variaciones que se puedan derivar de nuevos estudios y hallazgos.
Por lo tanto, el estudioso de este tema, como de tantos otros, ha de estar abierto a posibles
modificaciones consecuencia de nuevos descubrimientos. Basta recordar como ejemplo el hecho
de que con la aparición del hombre de Orce (Granada) se cuestionan los planteamientos
anteriores y se formulan nuevas teorías al considerar sus restos como los más antiguos de
Eurasia.

Para el estudio de la prehistoria peninsular viene siendo frecuente la utilización de una


terminología fundamentalmente francesa, de ahí que cuando se habla de cultura Chelense,
Musteriense, Auriñaciense, etc., se plantea en base a la similitud del utillaje hallado en la Península
Ibérica con el de los yacimientos franceses de Chelles (París), Le Moustier (Dordoña), Aurignac
(Alto Garona), etc., estudiados con anterioridad.

En el estudio de los pueblos prerromanos, plasmaremos su entronque con las distintas


fases prehistóricas y su evolución hacia nuevas formas en las que jugó un papel trascendental el
fenómeno de las colonizaciones. A partir de los asentamientos en la península de pueblos
provenientes tanto de Europa como de África, y su progresiva fusión con las culturas
precedentes, pasaremos a analizar la aportación de nuevas civilizaciones (griega, fenicia,
cartaginesa) que ya tenían un fuerte desarrollo de sus estructuras.

Concluiremos con la llegada de los romanos que supuso cualitativa y cuantitativamente


uno de los cambios más profundos, a todos los niveles, habidos en la Península Ibérica.

2. - EL PALEOLÍTICO EN LA PENINSULA IBERICA.

2.1. Paleolítico Inferior.

Cronológicamente hemos de situarnos en unas fechas aproximadas de dos millones de


años y llegaríamos hasta 125.000 años a. C. correspondiéndose con la época Cuaternaria de las
tres primeras glaciaciones (Günz, Mindel, y Riss) y sus dos periodos interglaciares.

La fauna de ésta época es la propia de todo el Pleistoceno. Junto con elementos que
perviven de la Era Terciaria (primer elefante, équidos primitivos, y cérvidos más antiguos),
aparecen nuevas especies tales como el rinoceronte, bóvidos, formas recientes de équidos, y
carnívoros. Muchas de estas especies perduran en la actualidad.
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El hábitat del hombre no debió de ser generalmente las cuevas. Los yacimientos nos
hablan de asentamientos fundamentalmente al aire libre en las terrazas de los ríos (Tajo,
Manzanares, Jarama, etc,) y otros como Torralba y Ambrona (Soria) que son cazaderos de
animales próximos a abrevaderos, en los que se han encontrado restos de elefante junto con una
industria lítica. Ésta asociación de animales y útiles nos hace suponer que en las mismas áreas de
captura se procedía a descarnar y descuartizar el producto obtenido de la caza.

En cuanto a la industria lítica, el utillaje encontrado nos pone en contacto con:

- la Pebble Cultura (cultura de cantos trabajados). Se trata de guijarros con un


trabajo de la piedra muy simple y su aparición se constata cerca de Carmona y en
las terrazas de los ríos de la Meseta.

- culturas Achelense y Abbevillense. Son culturas de bifaces o piedras talladas


regularmente por ambas caras. Igualmente aparecen lascas rudimentarias (culturas
Clactoniense y Levalloisiense).

Los restos humanos más antiguos son los dos parietales y un fragmento de interparietal
descubiertos en Orce (Granada). Se trataría de un Homo Erectus u Homo Habilis y su datación
nos sitúa en torno a 1.600.000 años a.C. Los encontrados en Atapuerca (Burgos) son 26
cadáveres junto con centenares de esqueletos de osos, y son considerados como
anteneandertales.

2.2. Paleolítico Medio.

Su inicio, en torno a los 125.000 años a.C., se produce en el periodo interglaciar que
daría paso a la glaciación de Würm y se asocia al término Musteriense y al hombre de
Neanderthal.

El hábitat sigue siendo fundamentalmente en las terrazas de los ríos, aunque


paulatinamente se empiezan a habitar los abrigos rocosos y las cavernas.

La industria lítica es la característica del Musteriense. El término proviene del yacimiento


francés de Le Moustier en la Dordoña, y agrupó en un principio a las puntas triangulares y las
raederas procedentes de abrigos rocosos y cavernas.

El tamaño de las bifaces es menor y se diversifica el uso de lascas: cuchillos de mano,


raederas, buriles, raspadores, puntas de flecha. La técnica para la extracción de lascas es la
denominada levallois o levalloisiense. Estas lascas se obtenían a partir de un núcleo especialmente
preparado.

De un modo general, podemos recurrir a la clasificación establecida por F. Bordes que al


estudiar esta fase establecía la siguiente tipología:
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- Musteriense típico, que estaba constituido por un porcentaje equilibrado
de útiles.

- Chateriense: de todo el utillaje, el 50 % correspondía a raederas.

- De tradición Achelense: - tipo A (predominan las bifaces)

- tipo B (predominan los cuchillos de dorso)

- De denticulados: estos útiles representan un 50 % o más.

Aplicada esta clasificación a la Península Ibérica los yacimientos que nos encontramos
son:

- en la Cornisa Cantábrica, tendríamos un musteriense de denticulados y algún


chateriense.
- en Cataluña, un musteriense de denticulados y otro típico (Abric Agut, Abric
Romani, Cueva Mollet).
- en Valencia, Cova Negra, se daría un musteriense típico.
- en Andalucía: La Carigüela (Granada) con musteriense típico, y Cueva de Zajara
(Almería) con chateriense.
- en la Meseta: Cueva de la Ermita y Cueva Millán (Burgos) con chateriense, y
Casares (Guadalajara) con musteriense típico.

Significativa de éste periodo es la industria ósea que está presente en la Cornisa


Cantábrica en los yacimientos de Morín y Castillo.

En cuanto a los restos humanos encontrados, corresponden al Hombre de Neanderthal, y


son escasos y diseminados por toda la geografía peninsular. Destacan el cráneo femenino de
Gibraltar, que fue hallado en 1.848, ocho años antes que el de Neander. También de ésta zona
proviene el molar infantil de la Cueva de Gemista, y restos de un cráneo infantil en Devil’s Tower.
En La Carigüela tenemos dos fragmentos de parietal de adulto y un frontal infantil.

2.3. Paleolítico Superior.

Su desarrollo se lleva a cabo durante la última glaciación, entre el Würm II-III y finales
del IV, y viene a estar presente en la Península Ibérica en torno al 40.000 a.C.

Las características de éste periodo, que veremos a continuación, las podemos concretar
en:

- desarrollo del hábitat

- perfeccionamiento del utillaje


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- industria ósea importante

- utilización de objetos de adorno

- primeras manifestaciones artísticas, que estudiaremos por separado.

El clima de éste periodo presenta una clara diferencia en dos zonas. La cornisa cantábrica
tendría un clima mucho más frió que el actual, con zonas esteparias en donde se dio una fauna
típica de un momento frío, mamut y rinoceronte lanudo. Al contrario que en el litoral
mediterráneo en donde predominaba un clima más templado y relativamente seco.

En cuanto al hábitat podemos observar una gran diversidad. Se puede hablar de cierto
aumento demográfico y asentamientos de distinta índole. Campamentos próximos a zonas de
paso de las manadas de animales o junto a abrevaderos. En las proximidades de los ríos, en donde
se empieza a desarrollar la pesca, o del mar, con labores de marisqueo. No obstante, fueron más
frecuentes los habitat en cuevas, en donde podemos ver una característica peculiar. La entrada
sería la zona básicamente de habitación, y en muchos casos el interior se reservaría para una
especie de santuario en donde se llevarían a cabo las primeras manifestaciones artísticas.

La industria lítica viene marcada por el perfeccionamiento, la diversidad, y la


especialización. Se observa una disminución del tamaño de los útiles, lo que da lugar a la
utilización para ésta época del término de microlitismo. Las nuevas técnicas de extracción de
láminas permiten una preparación más perfecta de las hojas que la utilizada por la técnica
levallois. En lo referente a las culturas, podemos ver:

- la Perigordiense, con puntas de dorso curvas, que fue poco común en la Península
Ibérica. Se conoce únicamente en Morín (Santander).
- la Auriñaciense, con raspadores y buriles arqueados. Se concentra básicamente en
el Norte: Morín y Castillo (Santander), Cierro (Asturias). En el Mediterráneo fue
menos frecuente. Muy característica es la industria ósea.
- la Gravetiense, más frecuente en el Mediterráneo y con puntas de dorso recto.
- la Magdaleniense, con raspadores y buriles.

Como hemos establecido ya anteriormente, la importancia de la industria ósea se pone de


manifiesto por la cantidad de útiles de éste tipo que aparecen en los yacimientos excavados. La
principal creación del Magdaleniense son los arpones y los propulsores, muy abundantes en
Castillo y Parpalló. La aparición de agujas perforadas en la cabeza nos lleva a pensar que su uso
estuvo enfocado a facilitar el trabajo de las pieles.

Los restos humanos del paleolítico superior peninsular, aunque escasos, se enclavan
dentro de la tipología de Homo Sapiens. Sabido es que hace aproximadamente 30.000 años se
produce la desaparición del Hombre de Neanderthal y el surgimiento de una nueva especie de
tipo humano que difiere poco del actual. Estamos en presencia del Homo Sapiens, cuyo tipo más
representativo sería el Cromagnon. Ciertos rasgos de éste último son los que se han hallado en
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los cráneos de Parpalló (Valencia), Urtiga (Guipuzcoa), Pendo (Santander), La Carigüela
(Granada).

2.4. El arte paleolítico.

La gran novedad que presenta el Paleolítico Superior es la manifestación artística que ha


venido a denominarse Arte Rupestre. Resulta sorprendente por cuanto en el momento de su
descubrimiento, Altamira en 1.879, ya se habían establecido las corrientes evolucionistas y era
impensable que el hombre de ésta época fuera capaz de una creación estética. Lógica fue la
polémica que se originó sobre su autenticidad. En la actualidad tenemos más de medio centenar
de cuevas en las que la pintura rupestre está presente.

La zona donde se concentran de forma masiva es la cornisa cantábrica, siendo menos


frecuentes en otras zonas tales como la Meseta (provincias de Burgos, Guadalajara, Madrid) o
Andalucía (provincia de Málaga). Hoy por hoy no se explica el hecho de que siendo las culturas
materiales paralelas, éste arte rupestre se encuentre en unas zonas y en otras no.

Las características de las cuevas pintadas suelen ser similares:

- Naturalismo: la anatomía animal ha sido estudiada.

- Las representaciones son casi exclusivamente animales mayores (bisontes,


caballos, cérvidos). La figura humana, si aparece, es esquemática. Existen también
manos en positivo y negativo.

- La policromía es variable, empleándose tonos rojos, negros y ocres.

- Superposición: aunque las figuras eran representadas de forma independiente, sin


escenas, el hecho de que hayan aparecido superpuestas da a entender que el sentido
de santuario que tenía la zona donde se pintaba hiciera que en un momento posterior
no se borrara dicha pintura, sino que se superponía una nueva.

- Idea de volumen: aparte de las pinturas en las zonas planas y lisas de las paredes y
techos, se observa que ciertos relieves de las rocas se usaban al parecer para dar esa
sensación de volumen.

- Evolución: en el Auriñaciense se darían las primeras muestras, con una pintura


realizada con los dedos y sin líneas interiores. El Solutrense presenta una
continuidad, para llegar al gran auge en el Magdaleniense, donde se cubren de rayas
el interior de las figuras, la policromía se intensifica, y se gradúa la intensidad del
color. Es a éste periodo al que corresponden la mayoría de las representaciones
conocidas y las más brillantes.

- Significado: mucho se ha teorizado y polemizado sobre éste punto. Con frecuencia


se ha venido manteniendo que el arte cuaternario tenía una función de "magia
propiciatoria", a fin de obtener buena caza. Pudiera avalar ésta tesis el hecho de su
ubicación en los lugares más escondidos de las cuevas, marcando así un carácter
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secreto, como de santuario.

La localización de este arte, como ya establecimos con anterioridad, se sita


principalmente en el Cantábrico. En Asturias tenemos las cuevas de Peña de Candamo, de Tito
Bustillo, El Pindal, El Buxu, Las Herrerías, La Loja. Sin embargo, las de Santander son las más
importantes, Puente Viesgo, Monte del Castillo, y sobre todo sobresale Altamira.

Otra manifestación artística del Paleolítico Superior es el Arte Mobiliar o transportable.


Básicamente se desarrolló para embellecer o hacer peculiares los objetos de la vida cotidiana,
tales como armas o utensilios. Se suele realizar sobre hueso, marfil, hasta de ciervo, e incluso
sobre placas de piedra. Los útiles (azagayas, arpones, bastones) eran decorados con motivos
geométricos y figuras de animales. Se grababan con buriles y en algunos casos se pintaban. En
Altamira y Monte del Castillo, aparecieron omóplatos grabados.

3.- EL MESOLÍTICO.

Es común entender por Mesolítico una etapa intermedia entre el gran desarrollo
alcanzado en la última fase del Paleolítico y lo que en términos generales se conoce como
Revolución Neolítica. También ha sido denominada Epipaleolítico por la continuidad, en muchos
casos, de la etapa anterior, lo que ha llevado a considerarla como de escaso avance cultural.

El cambio climático que se produjo hace unos 10.000 años, con la regresión de los
glaciares, motivó un aumento gradual de las temperaturas, y como consecuencia un
desplazamiento hacia el norte de la fauna paleolítica. Las grandes manadas de bisontes y ciervos
desaparecen prácticamente del territorio peninsular, por lo que el hombre se ve sometido a un
nuevo proceso de adaptación al medio.

La tendencia al empobrecimiento no se reduce a la desaparición de los grandes


mamíferos, sino que afectó también a la industria lítica. El utillaje anterior más perfeccionado
desaparece, y las nuevas formas se orientan hacia los microlitos, mejor adaptados a la nueva
fauna existente.

En cuanto a las áreas de desarrollo del mesolítico podemos distinguir:

- Zona Cantábrica: existe una continuidad de los yacimientos del Paleolítico


Superior. El hábitat se desarrolla en cuevas, y las principales culturas son:

a) Aziliense, que abarca la zona norpirenaica, con un utillaje microlítico que


constata la continuación del periodo anterior, y una decadencia de la industria
ósea. El yacimiento más significativo es el de Los Azules, en donde se
encuentra el único enterramiento de la época.

b) Asturicense, en donde se observa que los principales yacimientos se


encuentran cerca de la costa, en donde se desarrollaría la "cultura de los
concheros" basada en la recogida de moluscos de roca. Se deduce pues que
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el molusco constituiría la base fundamental de alimentación. Aparece el
denominado "pico asturiense", el útil más representativo de ésta zona.

- Zona del Mediterráneo: similar a la anterior, con pervivencia de elementos


anteriores. Debajo de los yacimientos mesolíticos aparecen secuelas culturales del
Paleolítico Superior y encima estratos del Neolítico, por lo que las conexiones
culturales de los tres periodos quedan puestas de manifiesto. El yacimiento
representativo de ésta zona es la Cueva de la Cocina en Dos Aguas (Valencia).

- Los Concheros del Muge, en la confluencia de éste río con el Tajo en Portugal.
Con hábitat al aire libre y gran importancia del marisqueo. El yacimiento más antiguo
es el de Moita do Sebastiao, con cabañas semicirculares y enterramientos en fosa.

A la secuencia cultural del Mesolítico corresponde el arte rupestre del Levante español.
La primera cuestión que surge es la problemática surgida entre los arqueólogos en el terreno de
su posible relación con la pintura franco-cantábrica del Paleolítico Superior. La hipótesis inicial de
sus conexiones y su ubicación paleolítica no tiene vigencia en la actualidad. Por sus diferencias en
cuanto a su ubicación y su utillaje se puede llegar a la conclusión de que corresponden a estadios
culturales distintos. No obstante, tiene aceptación la teoría formulada por Ripoll al considerar un
posible engarce de ambas situado en la Sierra de Albarracín (Teruel).
Los temas suelen ser las escenas de caza y las figuras humanas, en las que se distingue la
diferencia de sexos.

En cuanto al estilo, observa Ripoll cuatro etapas diferenciadas. Una inicial, naturalista,
situada en Albarracín y que enlazaría con la franco-cantábrica; otra propia del Mesolítico con la
aparición de la figura humana, estática y estilizada; una tercera en el paso hacia el Neolítico, con
cierto dinamismo; y por último otra de transición a la pintura esquemática ya en el propio
Neolítico.

El sentido de ritual mágico-religioso no se ha desechado en lo referente al significado de


ésta pintura, que tiene sus principales manifestaciones en las cuevas de Cogull (Lérida), la Cueva
Remigia en el Barranc del Gasull (Castellón), y otras repartidas por todo el litoral mediterráneo
desde Tarragona hasta Murcia.

4.- EL NEOLÍTICO Y ENEOLÍTICO.

Etimológicamente Neolítico significa "piedra nueva", término creado en los inicios de los
estudios prehistóricos en la primera mitad del siglo pasado. Éste cambio tecnológico no resulta
esencial frente al elemento que verdaderamente define éste periodo: el paso de una economía de
recolección y caza a una capacitación del hombre para obtener alimentos a través de la
agricultura y la ganadería, acompañado por la invención y uso de la cerámica. La introducción no
fue radical y se efectuó de forma progresiva, perviviendo en los inicios los procesos recolectores
y el hábitat en cuevas.

La Península Ibérica no escapa a este fenómeno, cuyas características esenciales hemos


destacado anteriormente. La mayoría de los investigadores están de acuerdo en el hecho de que la
formación del Neolítico peninsular se produce a partir de una difusión desde del Próximo Oriente.
Las antiguas teorías "africanistas" (llegada desde el norte de África) han quedado desechadas.
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Desde ésta consideración, podemos observar dos fases:

- Neolítico Antiguo: ésta fase fue denominada montserratina o de cerámica cardial.


Estas manifestaciones están ligadas a un hábitat en cuevas, con cerámica decorada
por medio de impresiones realizadas con una concha, y datadas en torno al 4.000
a.C.

La situación de las cuevas habitadas, en lugares montañosos, parece indicar un


predominio de la ganadería sobre la agricultura, aunque la presencia de
cereales esté bien documentada en algunos yacimientos.

La difusión la podemos concretar en tres núcleos:

a) Cataluña: Montserrat (Barcelona).

b) Comunidad Valenciana: Cova de la Sarsa (Bocairent) y


Coveta de l'Or (Beniarrés).
c) Andalucía: El único yacimiento en esta zona es el de La Carigüela
en Piñar (Granada).

La similitud de las características arqueológicas de estos yacimientos con los


hallados en otros puntos del litoral mediterráneo, Francia e Italia, llevan a la
conclusión de la difusión, partiendo de Próximo Oriente, por vía marítima a
través del arco norte del Mediterráneo.

- Neolítico Pleno: aparece en los inicios del tercer milenio, caracterizado por un
retoceso de la cerámica cardial y un avance de las incisiones e impresiones.
Apreciamos los siguientes focos:

a) Cataluña: caracterizada por la "cultura de los sepulcros de fosa". Sin


la presencia de poblados, pero se conocen enterramientos con
abundantes tumbas en el suelo y cerradas por losas de piedra. Presentan
cadáveres con ajuar. Se extienden por la zona de Cataluña y Aragón, con
Zaragoza al Sur, y en zonas de llanura aptas para la agricultura.

b) Almería: en la fase que podríamos denominar "Pre-Millares", con


poblados en lugares elevados, de fácil defensa, y viviendas de planta
redonda y aparición de tumbas colectivas circulares.

c) La zona de Asturias, Galicia y la Meseta presenta una pobreza en la


industria lítica y una cerámica tosca. El predominio de la ganadería sobre
la agricultura parece claro, y en cuanto al hábitat, se da tanto en cuevas
como al aire libre.

En lo referente al Eneolítico, podemos señalar que su inicio en la Península Ibérica se


produce en torno al 2.500 a.C., y viene ligado al inicio de las técnicas metalúrgicas (cobre) junto
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con otras innovaciones culturales, entre las que destaca la profusión de la vida en poblados.

Es el momento en que, como afirma Tarradell, se inicia un "fenómeno que será general en
todo el mundo antiguo: Andalucía como primer centro hispánico. Desde el Eneolítico hasta la
Córdoba califal, pasando por Tartessos, la Bética romana y visigoda, los territorios meridionales
serán durante casi tres mil años el primer centro cultural y económico peninsular".

El gran yacimiento de ésta fase es Los Millares (Almería). Se trata de una pequeña
ciudad, con fuertes murallas con bastiones, y con una gran necrópolis formada por tumbas
megalíticas de varios tipos, entre las que destacan las de cúpula con pasillos de acceso. El hábitat
presenta viviendas circulares de piedra que se asientan sobre promontorios de difícil acceso, a los
que se dota de defensas artificiales. Destacamos igualmente cierto fenómeno de convergencia,
por cuanto junto a un sustrato indígena (aspecto funerario), se observa otro foráneo
(manufacturas importadas).

Ligada igualmente al Eneolítico aparece la cerámica del vaso campaniforme aunque ya en


su última fase, próxima las Edad del Bronce. Aparecida en una amplia zona que abarca la Europa
central y occidental, se caracteriza por una cerámica acampanada y de profusa decoración. La
problemática surgida sobre éste fenómeno se cuestiona varios interrogantes:¿se trata de un
elemento que define un grupo humano, es decir, una cultura?, es el distintivo de unos pueblos
emigrantes o se trata de un fenómeno producto de contactos comerciales? No hay respuesta
unánime, y el lugar de origen se sigue desconociendo, por lo que se ha observado una inflación en
ésta problemática. Lo que interesa es fijar la existencia de éstos vasos introducidos como ajuar en
monumentos megalíticos y que aparecen formando parte de un rito sepulcral tanto en
enterramientos colectivos como en tumbas individuales. De ésta forma, los podemos ver en
poblados como Los Millares (Almería), Vilanova de Sao Pedro en el estuario del Tajo en
Portugal, o en Ciempozuelos (Madrid).

5.- EL MEGALITISMO.

Mención aparte merece el estudio del megalitismo. Se trata de un fenómeno mal


interpretado hasta fechas recientes. El concepto de "cultura megalítica" se desechó en el
momento en que se pudo constatar que no se producía ni una uniformidad ni una
contemporaneidad en sus manifestaciones. Su ubicación temporal sería desde un Neolítico
avanzado hasta final del Bronce, y se enclava en una zona que iría desde el Sur de Escandinavia,
Gran Bretaña, Francia, la Península Ibérica, el Mediterráneo y las islas que lo bordean, y el Egeo.

En líneas generales, se trata de dólmenes que están constituidos por una especie de
cámara con una gran losa como cubierta. En algunas ocasiones a ésta cámara se le añadía una
entrada en forma de corredor, dando lugar a lo que se conoce como "sepulcros de corredor".
Cuando el sepulcro consistía en una galería de paredes aproximadamente paralelas se denomina
"galería cubierta". El menhir es una piedra que se hincaba en la tierra, y la asociación de éstos en
forma circular constituye los cromlech.

En la Península Ibérica se observa una etapa inicial en torno a fines del cuarto milenio con
una serie de círculos de piedras con funciones funerarias. Éste sería el caso de los hallazgos de La
Loma de la Atalaya (Almería). En el 2.500 ya tenemos los sepulcros de Los Millares, aludidos
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anteriormente. Más al Oeste tenemos la zona de Antequera (Málaga), donde se dan los más
espectaculares por su monumentalidad, como la Cueva de Menga, y otros como los de Soto
(Huelva), Matarrubilla y Carmona (Sevilla). Aunque de época posterior, Bronce, destacan las
construcciones de Las Baleares, las conocidas navetas y los talayots.

6.- EDAD DEL BRONCE.

Su cronología iría aproximadamente desde el 1.800 al 1.300 a.C. En líneas generales, el


uso del metal repercutió en el fomento del comercio ante la búsqueda de materia prima y una
especialización en el trabajo.

En la Península Ibérica, las innovaciones más significativas fueron las viviendas de planta
cuadrada, y los enterramientos dejan de ser colectivos, siendo generalmente individuales, de 2 ó 3
cadáveres.

El grupo representativo de ésta fase es El Argar (Almería), cuya cultura aparece bien
diferenciada y con cierta unidad geográfica, abarcando la zona de la provincia de Almería y
extendiéndose hacia el Norte por Murcia, Albacete y Alicante, y hacia el Oeste por la zona
oriental de la provincia de Granada.

Como criterio diferencial, muestra de modo patente un gran desarrollo de la metalurgia.


El triunfo de la técnica es evidente. La mayor parte de los instrumentos y de armas se fabrican de
manera exclusiva con metal, perfeccionándose la técnica y creándose nuevos tipos y formas más
adecuadas al uso especializado. Se produce un desequilibrio a favor del metal, y la tradicional
artesanía que empleaba materias líticas tiende a desaparecer. Quedan algunos casos en los que la
sustitución no se produce, y vienen derivados de la progresión de la cultura cerealista. Así,
podemos observar la pervivencia y avance de las pequeñas sierras de sílex que se engarzaban a un
palo de madera y que constituyen las hoces primitivas que se extienden ahora por todo el ámbito
de la cultura de El Argar.

Novedad que lo distingue también del periodo anterior es la acentuación del carácter
bélico, manifestado en la situación de los poblados, todavía establecidos en las alturas de fácil
defensa y rodeados de murallas más marcadas que en la fase anterior.

El rito sepulcral cambia, con el abandono del enterramiento colectivo. No hay megalitos
ni cuevas funerarias. Los difuntos se inhuman dentro del mismo poblado, siempre en posición
encogida y dentro de grandes urnas de cerámica.

La producción alfarera del grupo de la Edad del Bronce del sureste peninsular se
caracteriza por su buena calidad técnica en su elaboración y cocción, pero es siempre lisa, sin el
menor adorno.

En cuanto a otras zonas, aunque de menor relevancia, podemos señalar:

- el Suroeste peninsular, con materiales pobres y de escasa variedad,


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- el Noroeste, Galicia y Norte de Portugal, con pervivencias megalíticas y contactos
con la franja atlántica europea,

- la Zona Valenciana, con nexos de unión con la cultura argárica, pero con un
elemento diferenciador: los enterramientos no se hacen en el subsuelo de las
viviendas, sino en pequeñas covachas naturales próximas a los poblados.

7.- LA EDAD DEL HIERRO.

Viene marcado por lo que Tarradell denomina "la entrada en la historia", al poder
disponer por primera vez de fuentes escritas sobre ésta etapa. Las fuentes fenicias o cartaginesas
han desaparecido, mientas que las fuentes "clásicas" (griegas y romanas) se conservaron gracias
al espíritu medieval en recuperar los textos griegos y latinos. La escasez de estas fuentes es clara
en lo referente a los pueblos prerromanos, y sólo serán abundantes y directas a partir del siglo III
a.C. con el enfrentamiento entre Roma y Cartago. Por citar algunos de los textos iniciales cabe
destacar a Herodoto, Estrabón (Geografía), Avieno (Ora Maritimae), Plinio, Mela, etc.

7.1. La civilización de Tartessos.

Al abordar el estudio de ésta civilización, lo primero con lo que nos encontramos es la


polémica historiográfica que hay al respecto, y que podemos resumir en tres fases:

- Desde el Renacimiento hasta el siglo XIX, en donde el interés se centró en el


análisis de los textos de los que se disponía.

- Primeras décadas del siglo XX: las investigaciones de Schulten recogidas en su


libro "Tartessos". Se analizaban los textos, pero se planteaba por primera vez el
problema desde el punto de vista arqueológico. Quizás se le pueda achacar como
fallo su obsesión por localizar y situar la ciudad de Tartessos, en un intento de
conseguir algo similar al descubrimiento de Troya por Schliemann.

- La década de los 40, con los estudios etnográficos de Caro Baroja, iniciando
nuevos planteamientos de tipo socioeconómico y en donde la valoración de los
hallazgos arqueológicos jugaba un papel primordial.

Como factores que determinan su aparición, se han señalado básicamente su riqueza


agrícola, minera, y su situación estratégica para el comercio. Del mismo modo, la presencia de los
fenicios en Gadir (Cádiz) sería otro elemento a tener en cuenta.

El régimen político se presenta como monárquico, y dentro de la mitología tartéssica


conocemos los nombres de varios reyes: Gerión, Habis, Gárgoris. Pero sin duda el más
significativo es Argantonio (630-550 a.C.). Con él se desarrolla un "imperio" colonial que
abarcaría desde el Guadiana al Jucar, y una política filohelénica por sus contactos con las
colonizaciones foceas.
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Su ubicación aún no ha sido descubierta. La investigación arqueológica ha llevado a cabo
excavaciones sistemáticas que básicamente se han centrado en dos zonas: el curso bajo del
Guadalquivir, de gran riqueza agrícola pero escasa minería, y la desembocadura de los ríos Tinto
y Odiel en Huelva.

Su economía se basaba en los metales y el comercio. La difusión del hierro pudo


conllevar la fundación del estado tartéssico con la llegada de algún elemento extranjero que se
mezcló con los indígenas. Antes de esta llegada ya se conocían los yacimientos de cobre en Rió
tinto y su relación con las culturas de Los Millares y El Argar. La importación de orfebrería
oriental daría lugar a imitaciones, y ya en el año 1.000 a.C. se puede constatar una labor propia
de orfebres tartesios. Destacan los jarros de bronce hechos a mano y que se han encontrado a lo
largo de la "Vía de la Plata" (ruta comercial que iría desde Andalucía occidental hacia Galicia). La
orfebrería fue muy valiosa y en ella podemos ver las influencias del arte del Mediterráneo oriental.
Sobresalen el tesoro de El Carambolo (Sevilla), el de Aliseda (Cáceres), y los restos hallados en
Lebrija (Sevilla).

El desarrollo de un comercio propio y con el interior está atestiguado en la referida "Vía


de la Plata", y en la ruta del valle del Guadalquivir con una vía de penetración en la zona de Sierra
Morena y Mastia, otro centro exportador de mineral. Por el Atlántico llegaron hasta las Islas
Británicas en busca del estaño.

Otras relaciones comerciales se desarrollaron con los fenicios y los griegos. Los primeros
llegaban a Tartessos en busca de la plata, y sus contactos están en relación estrecha con los
establecimientos que los fenicios llevaron a cabo por toda la costa meridional. Con el paso del
tiempo se llega a entablar una fuerte competencia entre tartesios y fenicios. Por otra parte, el
comercio con los griegos revistió un carácter distinto. Éstos venían buscando esencialmente
productos agrícolas y ganaderos, dada la gran riqueza de ésta zona, más que minerales.

En el ámbito de la cultura, Blanco Frejeiro señala que no fue original, sino continuación
de las culturas de El Argar, Los Millares, y la megalítica. Si bien es cierta esta base, hay que
destacar que su mayor auge se produce con el influjo oriental. Rasgo típico fué la escritura, en
cuyo origen vemos signos de valor silábico.

Tartessos desarrolló un perfeccionamiento de las estructuras urbanas, Estrabón cita más


de 200 centros, sobre todo en las proximidades de los ríos o puertos, lo que nos pone de
manifiesto la importancia del comercio. Dentro de éste contexto no escapó al fenómeno de las
colonizaciones, apuntado anteriormente y que analizaremos más adelante, y a las consecuencias
que de él se derivaron. Las razones del declive de Tartessos hemos de verlas en el fuerte
intervencionismo púnico sobre la zona, del que trató infructuosamente de liberarse. El empuje
que lleva a cabo Cartago, sobre todo a raíz de la victoria sobre los griegos en la batalla de Alalía
en el 535 a.C., fué trascendental. Otras causas, aunque quizás secundarias, fueron la presión de
los pueblos del interior y en cierto modo las luchas internas, dada la amalgama de pueblos que
aglutinó.

Desde una óptica militante andalucista no deja de tener interés la siguiente web con
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abundantes materiales y enlaces:

http://www.tartessos.info/ Ver las “tesis oficialistas” (que son las científicas)

7.2. Los Íberos.

En sus antecedentes se da una reminiscencia tartésica en el Sur, con aportaciones


culturales y étnicas de las colonizaciones fenicia y griega, así como de los grupos indoeuropeos.
El mestizaje es muy amplio y no constituyen una unidad ni política ni social.

Su descripción y localización sería:

- Turdetanos, herederos de los tartessios y ocupantes del valle del Guadalquivir.

- Bastetanos, en torno a la comarca de Baza (Granada).

- Oretanos, los localizados más al Norte, en Sierra Morena.

- Contestanos, en Levante, del Júcar al Segura.

- Edetanos, en la zona de Valencia y Castellón.

- Ilergetes, en el bajo Urgel.

- Cesetanos, Laietanos, y Ausetanos: en Tarragona, Barcelona y Gerona.

Su organización política es la monarquía, en donde los reyes ejercen su dominio sobre


varias ciudades. En las que no hay rey, domina una oligarquía (Senado) como el caso de Sagunto.
Las relaciones de vasallaje y de alianzas son comunes. El encontrar el mismo nombre referido a la
ciudad y al rey ("homonimia"), es algo frecuente.

La sociedad se encuentra estratificada probablemente siguiendo criterios económicos. De


ésta forma, la nobleza aristocrática detentaría el poder militar y económico. Un seminobleza
accedería también a éste último, como lo prueban las tumbas con ricos ajuares, pero no tan
monumentales como las de la casta dominante. Por debajo se situarían los agricultores, ganaderos
y siervos, y en el estamento más bajo estarían los esclavos que procedían de la guerra o de la
compra en el mercado.

Las ciudades, que se concebían como centros de agrupación tribal, se asentaban en cerros
bien defendidos, y en ellas se da un urbanismo avanzado. En los alrededores se construían
recintos para el ganado.

Su economía se basa en:

- Agricultura: cereales, vid y olivo. El cultivo del lino y el esparto se orienta hacia
una industria textil. También son explotados los bosques.

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- Ganadería: complemento de la agricultura, con la cría de caballos, ovejas y cabras.

- Caza y pesca: son frecuentes las factorías de salazones.

- Minería: extracción en galerías profundas. Huelva, Cartagena, y Cástulo serían


importantes centros mineros de cobre y plata, y Almaden de cinabrio. Ésta riqueza
mineral propiciaría una industria metalúrgica, sobre todo para la elaboración de
armas, en donde se llegaría a una gran especialización, siendo típica la "falcata"
( espada con dos filos y punta), y el "soliferreum" (lanza que se retuerce al clavarse).

- Comercio: los grandes centros son Gadir (Cádiz), Malaca (Málaga), Sexi
(Almuñecar), Baria (Villaricos), Hemeroscopeion (Denia), Emporion (Ampurias).Se
exportarían materias primas: metales (oro, plata, cobre, hierro) y fibras textiles
(esparto y lino). Las importaciones serían productos manufacturados tales como
objetos de adorno y cerámica.

La moneda utilizada en un principio fue la griega, pero ya en el 400 a.C. hay


acuñaciones en Ampurias, aunque no es totalmente peninsular, por ser aquella
una colonia griega.

En la religión ibérica las divinidades masculinas y femeninas nos recuerdan la


iconografía semita y griega. Los santuarios aparecen en lugares naturales. Se da un complejo
ritual en torno a la muerte, lo que lleva a pensar en una creencia en la vida del ultratumba. Los
cuerpos eran incinerados y sus cenizas se depositaban en un vaso cerámico e introducido en la
tumba junto con ofrendas, objetos de uso personal y alimentos. Estos rasgos apuntan la idea de
una profunda religiosidad en éstos pueblos.

Su cultura viene definida por la escritura y el arte. La primera presenta tres grandes áreas:
la tartésico-turdetana, la bastetana-mastiena (Andalucía Alta hasta el Cabo de la Nao), y el norte
del río Segura. La inscripción más antigua data del siglo V a.C. El alfabeto es silábico, con 29
signos. En cuanto al arte, es el aspecto mejor conocido. La arquitectura está poco desarrollada,
no existe el templo ni el palacio como las construcciones clásicas de las civilizaciones
contemporáneas (griegos y romanos). Los únicos conjuntos monumentales son las murallas. La
escultura presenta un notable desarrollo con piedras de distintos tipos que eran policromadas.
Algunas de ellas son de dimensiones naturales (damas de Elche y Baza) y relacionadas con
santuarios o necrópolis. En bronce se realizan pequeñas estatuillas (exvotos) con un marcado
carácter religioso. Son macizas, de unos 10 cm. y representan hombres y mujeres en actitud
oferente. En las regiones donde escasea el bronce se utiliza arcilla (terracota).

La cerámica imita los modelos griegos y de Oriente. En su decoración se utilizan motivos


tanto geométricos como figurados. La andaluza presenta bandas, en la del sureste se dan figuras
humanas, animales y motivos florales, y en Liria aparecen estudios sobre la vida cotidiana.

7.3. Los pueblos del Centro y Norte.

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Son pueblos heterogéneos y vinculados a los indoeuropeos occidentales (celtas). Su
estructura tribal es muy acusada. Su base económica es la ganadería, con una tendencia al
nomadismo y una agricultura en segundo plano. La metalurgia del hierro está muy desarrollada y
perfeccionada.

Los idiomas son diferentes, pero la característica común es su entronque con las lenguas
indoeuropeas. La escritura es escasa.

Su hábitat, al igual que el de los otros pueblos peninsulares, es en lugares elevados, de


fácil defensa y rodeados de murallas.

Descripción y territorios que ocupan:

- Celtíberos: Citerior, los valles del Jiloca y Jalón y el margen derecho del Ebro.
Influenciados por la cultura ibérica con la que establecen lazos comerciales. Son los
Lusones, Titos, y Belos. Ulterior, en las cuencas del Duero y Tajo. Arévacos y
Pelendones.
En ambos grupos se dió la necesidad constante de emigración, dada la pobreza de
las tierras, lo que les llevó en muchos casos a enrolarse como tropas mercenarias de
los cartagineses frente a los romanos.- Carpetanos: al Sur de los anteriores. Fueron
atacados por Anibal y sufrieron igualmente continuas razzias de los lusitanos, lo que
da a entender que debían poseer una economía próspera.
- Vacceos y Vetones: se extenderían por la zona de Salamanca, Cáceres y Ávila.
Mantenían contactos con los Arévacos, a quienes abastecían de minerales. Cada año
hacían parcelas que distribuían por sorteo, y una vez recogido el fruto era
colectivizado y redistribuido.
- Cántabros: en toda la franja costera cantábrica. Tenían una agricultura con bajo
nivel técnico. La falta de recursos sería la causa de su belicosidad. Su estructura
social pone de manifiesto un matriarcado en el que es peculiar la costumbre de la
"covada": el hombre, cuando su mujer da a luz, debía cumplir ciertos preceptos,
entre los que figuraba el acostarse con el recién nacido.
- Astures: situados entre cántabros y galaicos, y con una estructura social gentilicia.
- Galaicos: también con una organización gentilicia y un matriarcado en el que la
mujer tenía prioridad hereditaria, era la responsable del ajuar de los hermanos. En el
panteón observamos diosas de la fecundidad y fertilidad que con el tiempo pasan a
un segundo plano, cediendo su lugar a los dioses guerreros. Su economía se basaba
en la recolección de frutos naturales. La agricultura era de bajo rendimiento y la
caza y el pastoreo eran un complemento. Su hábitat era en castros (fortificaciones
para refugio en épocas de peligro), y Citanías (lugar habitual de residencia). Los
poblados se ubicaban en lugares altos, constituidos por viviendas redondas u
ovaladas. - Lusitanos: estaban asentados en dos zonas claramente diferenciadas: una
sería la faja costera portuguesa y valles del Duero y Tajo, en donde existía una rica
agricultura que enriquecería a la nobleza que la poseía y un esclavismo de tipo
patriarcal. La otra zona es la del interior, las tierras áridas de las serranías, en donde
se dedicarían al pastoreo. Las diferencias sociales y la escasa riqueza de los sectores
menos favorecidos dió lugar al bandidaje y a sus frecuentes incursiones de saqueo en
tierras más prosperas.

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8.- LAS COLONIZACIONES.

Al abordar éste tema, es necesario dejar clara la idea de que las colonizaciones en la
historia antigua tienen poco que ver con el concepto actual de colonización.

El fenómeno se deriva de las navegaciones hacia Occidente que iniciaron los fenicios y los
griegos de un modo firme y sistemático sobre todo a partir del 800 a.C.

Cabe distinguir dentro de éste proceso, tres tipos de relaciones:

- territorios que fueron masivamente colonizados sobre los que se proyectó un


número considerable de colonos que crearon un nuevo "país" directamente vinculado
con el lugar de procedencia y sobre el que trasladan su cultura, tal como sucede en el
caso de Sicilia y el sur de Italia, que pasarán a denominarse Magna Grecia.

- territorios en los que la implantación colonial se limita a una cadena de


ciudades, que son denominadas factorías coloniales; sería el caso de la acción griega
sobre el arco norte del Mediterráneo, concretada en Massalia (Marsella), o por parte
fenicia los asentamientos en la costa andaluza, cuyo ejemplo más significativo sería
Gadir (Cádiz).

- áreas afectadas por contactos comerciales más o menos intensos pero que no
reciben ni un poblamiento masivo ni ciudades o factorías estables; la proyección de
griegos por la costa catalana, valenciana y andaluza formaría parte de éste modelo,
que previamente habían iniciado los fenicios en sentido contrario.

Como punto de partida se produce primero la ocupación de islotes cercanos a la costa,


que representa un primer paso para dar el salto definitivo al territorio continental. Ejemplos
típicos de éste tipo de establecimiento son la mencionada Gadir fenicia, o la griega Emporion
(Empúries).

El asentamiento más corriente es el que aparece como resultado de una serie de


condiciones:

- una playa apta para el desembarco


- la existencia de un pequeño río que aporte agua dulce y a la vez se
pueda utilizar como refugio de las embarcaciones
- una colina cercana donde se asiente el establecimiento con unas
condiciones defensivas mínimas.

8.1. Los metales y las relaciones de intercambio.

Es unánime la idea de que la riqueza mineral de la Península Ibérica fué el elemento


básico de atracción. Inicialmente se señaló la importancia del cobre y del estaño, escaso éste
último en el Mediterráneo oriental. Pero no es de despreciar el gran papel que jugaron el oro y la
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plata.

Los textos clásicos sobre Tartessos reflejan el deslumbramiento que produjeron sus
metales preciosos, hecho que corroboran los hallazgos arqueológicos. Pero siendo los metales el
elemento primordial, no significa que fuera exclusivo. En el estado actual de los conocimientos,
se conocen más los productos objeto de exportación que los de importación. Conocido resulta el
prestigio de la industria textil fenicia y otros elementos más perdurables, tales como los objetos
fabricados con pasta vítrea, a menudo multicolor, que van desde pequeñas botellitas que
contendrían perfumes y hungüentos hasta las cuentas de collar; las joyas, que pronto imitarían los
indígenas; armas y otros instrumentos de metal.

8.2. Nuevas fuentes de riqueza.

Sería un error considerar el proceso económico colonial únicamente desde el punto de


vista de los metales o de las relaciones de intercambio. La creación de nuevas fuentes de riqueza,
sobre todo industrial, es uno de los aspectos más importantes del proceso. El caso más
significativo y mejor conocido es el de la explotación de la pesca y su industrialización.

No se discute la importancia alcanzada por la industrialización de la pesca durante la


época romana en la zona comprendida entre la actual Cartagena y el sur de Portugal. Pero no
cabe duda que ésta industria fue iniciada por los fenicios, cuyos sistemas estaban en boga en el
Mediterráneo oriental. Uno de los principales productos preparados con el pescado, en especial
con el atún, es el garum gaditano, que se exportaba a Grecia ya en el siglo V a.C.

Ligada a la industria de salazones estaba la producción de sal, otra de las fuentes de


riqueza puesta en valor por la acción colonial fenicia. Resulta sorprendente lo que se observa si
superponemos el mapa de los principales centros de colonización fenicio-púnico a las
instalaciones industriales de salazón de pescado en época romana: se trata exactamente del
mismo territorio.

8.3. Colonización Fenicia.

Existe una polémica sobre cuando se asentaron. Las fuentes más antiguas hablan de
fechas en torno al 1.100-1.200 a.C., antes de la fundación de Cartago y posterior a la caída
Troya. La idea general apunta a que antes del siglo VIII a.C. no es posible una expansión fenicia
intensa, y por consiguiente lo que se produjo del siglo XIII al VIII a.C. fue un fenómeno
precolonial con una serie de exploraciones e intercambios comerciales. Tartessos actuó como
foco de atracción.

La principal diferencia con la colonización griega fue su distinta motivación. Los fenicios
estuvieron más interesados en el intercambio que en una expansión territorial.

Sus exploraciones iniciales siempre bordearon la costa y de ésta forma se fueron


estableciendo a lo largo del litoral más meridional. Así sus primeros establecimientos los podemos
ver en Gadir (Cádiz), Malaca (Málaga), Sexi (Almuñecar), y Abdera (Adra). El caso de Cádiz es
especialmente singular, ya que al margen de lo anteriormente reseñado en cuanto a ocupar
inicialmente una isla (su unión con el litoral es de fechas bastante posteriores), llegó a albergar
una población de 4.000 habitantes, cifra considerable para el periodo que nos ocupa.
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De lo anteriormente visto, se desprende que los fenicios produjeron importantes cambios
técnicos y culturales en los pueblos peninsulares. Introdujeron ciertos ritos religiosos y la
escritura, que influyó en el incipiente tartésico e ibérico.

El decaimiento fenicio es consecuencia de la caída de la capital, Tiro, que al sucumbir ante


los asirios, motivó que Cartago tomara el relevo en todo el Mediterráneo occidental.

8.4. Colonización griega.

Los griegos tuvieron otras motivaciones en su navegación hacia Occidente. La necesidad


de expansión demográfica era consecuencia de la superpoblación de sus ciudades. Revistió en
muchas ocasiones la forma de colonización agrícola, que podía propiciar el acceso a la tierra.

Se cree que los primeros en iniciar éste tipo de colonización fueron los rodios, por la
similitud terminológica de Rhode (Rosas). Básicamente podemos establecer cuatro fases:

- los primeros viajes samios, recogidos por Herodoto al relatar que un tal Kolaios de
Samos llegó aproximadamente en el 654 a.C a las costas de la Península Ibérica y
regresó con plata.
- focenses, que fueron más sistemáticos, y cuya penetración se produce por Francia,
dada la importancia de Massalia como centro de operaciones en Occidente. De aquí
se iniciaría un desplazamiento costero que podemos observar: Emporion (Ampurias),
Hemeroscopion (Denia), hasta Mainake (la Málaga griega), que fue la vía hacia los
centros mineros. Por la importancia de la fenicia Gadir no pasaron del Estrecho.
Fueron los que mantuvieron relaciones con Tartessos.
- con la caida de Tiro y el auge de Cartago se inicia la competencia con los
púnicos.
- tras la batalla de Alalía (535 a.C.), al enfrentarse con etruscos y cartagineses, se
establece que no podrán pasar al sur del Cabo de la Nao, reduciéndose así su área de
influencia en Cataluña y Levante, en clara dependencia de Massalia.

Los griegos trajeron a la península aceite, vino, cerámica y objetos de bronce. Se llevaron
metales, esencialmente el estaño de Galicia a través de Málaga, y cuando ésta cayó en la órbita
púnica, puede que lo obtuvieran por la ruta fluvial del Duero.

Sus influencias se constatan en la lengua escrita ibérica, en las vestiduras, en la típica


"falcata", en el arte y en la moneda (Ampurias y Rosas fueron los primeros centros de
producción).

8.5. Colonización cartaginesa.

Podemos ver dos áreas: una de influencia fenicia, a lo largo de la costa andaluza y a
ambos lados del Estrecho y con tendencia a individualizarse, y otra centrada en Ibiza y sobre todo
el sureste peninsular. Fueron establecimientos de tipo imperialista, lo que denota una expansión
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territorial a partir del siglo V a.C.

Su comercio se desarrolló por varias rutas:

- Terrestre: - por el Guadalquivir hasta las minas de Sierra Morena

- por Huelva y el Algarbe portugués hasta Lisboa

- por Cádiz, bordeando la costa mediterránea

- por la "Vía de la Plata" hacia Galicia

- Marítima: - Atlántico Norte, hacia Gran Bretaña e Irlanda

- Atlántico Sur, hasta Senegal

. Mediterráneo, hasta Italia

Su economía se basó en una agricultura muy desarrollada, extensiva, latifundista y con


mano de obra esclava. Jugaron un papel importante las nuevas técnicas y aperos. Su industria se
orientó hacia la pesca, en las que el salazón conllevó la creación de muchas factorías y,
consiguientemente, el desarrollo de las salinas. Fue también importante la derivada del esparto y
de tejidos bastos, centrada en Carthago Nova (Cartagena).

9.- CONQUISTA Y DOMINACIÓN ROMANA.

La llegada de los romanos a la Península Ibérica estuvo relacionada con dos hechos
fundamentales:
- el choque con los cartagineses
-inicio de las tendencias expansionistas por parte de la oligarquía de
Roma.

Comienza con la Segunda Guerra Púnica (218 a.C.) y no se completa hasta la época de
Augusto. El valor de los numantinos, el genio militar de Viriato, o la ingobernabilidad de los
indígenas, que la historiografía franquista consideró como causas de la larga duración de la
conquista, no fueron los motivos reales de que Roma tardara 200 años en conquistar la Península
Ibérica. Los distintos proyectos de la oligarquía romana y su propio desarrollo político y
expansionista fueron la clave.

9.1. Fases de la dominación.

Podemos ver tres etapas en la ocupación:

1) - Choque con Cartago.


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A raíz de la Primera Guerra Púnica (del 264 al 241 a.C.), Roma se consolida como
potencia hegemónica en el Norte del Mediterráneo. Cartago ve reducida su hegemonía al Norte
de África y a las colonias del Sur de la Península Ibérica.

Los cartagineses inician la conquista peninsular por el Sur. Los Barca (Amilcar, Asdrúbal,
y Aníbal) emprenden la expansión como fuente de ingresos, buscando las riquezas agrícolas,
mineras , comerciales, y mercenarios para su ejército.

Comienza a romperse el equilibrio de fuerzas. Avanzan por Levante hasta el Ebro,


conquistando las colonias griegas, que eran aliadas de los romanos. El Tratado del Ebro frena la
expansión. El río se convierte en la frontera, y si Roma accedió lo hizo por tener otros frentes
abiertos, como los galos en el Norte de Italia.

La chispa salta en Sagunto. Situada al Sur del Ebro, Aníbal la asedia y la ocupa. Roma, su
aliada, responde, y es Aníbal el que impone la estrategia de doble frente, uno en Italia y el otro en
la Península Ibérica. Roma toma por sorpresa Carthago Nova, arsenal militar cartaginés. El
ejército romano, mandado por Publio Cornelio Escipión, se dirige hacia la Bética, expulsando de
ella a los cartagineses. Toda la franja costera del Este y del Sur pasaron a dominio romano hacia
el 206 a.C.

2) - Consolidación e inicio de la expansión (Guerras celtibéricas y lusitanas).

Resuelto el peligro púnico, la política romana siguió dos tendencias:

- consolidación de las fronteras de los territorios conquistados, lo que permitiría


pasar a la fase de explotación,

- la necesidad de defenderlos impulsó a Roma a la expansión.

Por razones estratégicas, Escipión dividió al ejército en dos. Partiendo de esta división
militar, se crearon dos provincias: la Citerior, al Norte de Carthago Nova, y la Ulterior al Sur.
Comienzan a producirse las primeras revueltas indígenas. La causa hay que buscarla en los
abusos de los administradores romanos, que buscando su lucro personal sometieron a los
hispanos a un constante saqueo.

Las guerras celtibéricas y lusitanas fueron propulsadas por varias razones. Por parte de
Roma, el Senado estaba dispuesto de forma abierta y agresiva a ampliar sus dominios y eliminar
cualquier foco de resistencia. Los lusitanos, presionados por la necesidad, realizaban periódicas
incursiones en la Bética, llevadas a cabo al principio por Púnico y más tarde por Viriato. Los
celtíberos, por su parte, veían en la frontera romana al Sur de Celtiberia el obstáculo en sus
proyectos de conseguir una federación fuerte. Ambas guerras, celtibéricas y lusitanas, además de
ser simultáneas (aproximadamente del 154 al 133 a.C.) supusieron la coordinación de las
acciones militares de los indígenas para obligar al ejército romano a batirse en dos frentes, bien
entendido que no pretendían defender una "patria" común.

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Las guerras terminaron con la caida de Numancia, en el 133 a.C., y con el asesinato de
Viriato, en el 139 a.C. Numancia resistió varios años de asedio, más por las tensiones dentro de la
oligarquía romana y la utilización de la guerra por los generales como medio de enriquecerse, que
por la fiereza y valor de los indígenas. Resulta paradójico que una pequeña confederación tribal
pudiera vencer al Estado Romano, que ya contaba con un fuerte potencial económico y militar en
plena fase expansionista.

En cuanto a Viriato, sus incursiones por la Bética desde el 147 al 140 a.C., con fines
eminentemente saqueadores, habían producido cierto debilitamiento en el líder lusitano que le
llevó a pactar con Roma. Es en ésta situación cuando se produce su asesinato, propiciado por el
procónsul de la Hispania Ulterior, Cepión.

Con la muerte de Viriato en el 139 a.C. no concluyó la guerra lusitana. Su sucesor,


Tautalos, siguió hostigando a los romanos, pero no aguantó mucho. En torno al 137 a.C. se
puede se establecer la fecha de conclusión de estas guerras.

El inicio del dominio del resto de la Península Ibérica por parte de Roma quedaba abierto.
La conquista del territorio lusitano abrió la penetración romana hacia el noroeste peninsular. La
expedición de Décimo Bruto en el 137 a.C. hasta llegar al valle del Miño no supuso un
sometimiento definitivo de Galicia, se trató más bien de una campaña militar orientada al acceso a
los centros mineros de éste territorio y de paso a la obtención de un considerable botín de guerra.

Por otra parte, la conquista de las Baleares se produjo en el 123 a.C. Aunque suponía un
importante punto estratégico por su situación, la anexión se justificó por las acciones de los
piratas que actuaban en el Mediterráneo y que tenían su refugio en las islas.

Excepto los territorios cántabros y astures, Roma controlaba el resto de la Península


Ibérica. La pacificación no fué total, ya que se produjeron en la Celtiberia varias revueltas de
indígenas motivadas por la falta de tierras, la penuria económica y el abuso de los recaudadores
de impuestos.

El traslado de poblaciones a lugares distintos, el exterminio de los rebeldes, y el


progresivo alistamiento de indígenas en las tropas auxiliares romanas favoreció la progresiva
pacificación.

3) - Periodo de las Guerras Civiles.

Hispania no permaneció ajena al desarrollo de la Guerras Civiles. Los hermanos Graco,


con sus reformas, habían aglutinado en Roma a amplios sectores de población. Se creó de ésta
forma un grupo, los populares, partidarios de conceder mayores derechos al pueblo y atender sus
reivindicaciones. El enfrentamiento con la oligarquía, los optimates, no tardó en llegar.

Durante la década del 90 al 80 a.C. se fueron consolidando las posiciones y la dirección


de cada bando. Por un lado, Mario al frente de los populares, y por otro Sila, representante de los
optimates. Con la toma de Roma por parte de Sila, se inicia la represión contra los partidarios de
Mario. Todos los que pudieron huir de Roma lo hicieron, y uno de ellos fué Sertorio.
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Nombrado gobernador de Hispania Citerior, fué destituido por Sila antes de llegar a la
Península. Ya en ella, reunió un pequeño ejército, y a partir de Osca (Huesca) empezó a
granjearse gran número de partidarios hispanos para luchar contra Sila. Su táctica fué la misma
que emplearon Tiberio Sempronio Graco y Publio Cornelio Escipión durante su permanencia en
Hispania. Respetó las tradiciones indígenas y suprimió ciertas cargas fiscales, consiguiendo de
ésta forma acelerar la romanización de las zonas donde actuó.

Con la promulgación de la Lex Plautia (73 a.C.) se amnistió a todos los populares y
supuso el declive de Sertorio. A partir de aquí se produjo cierto cambio, cuando Pompeyo, que
pertenecía al círculo de los optimates, utilizando las mismas tácticas sertorianas apaciguó los
pueblos indígenas de gran parte del valle del Duero.

Cesar, favorito de los populares, actuaba en la Hispania Ulterior. Pacificó los focos
rebeldes lusitanos, concediéndoles tierras en zonas llanas . Con ésta medida y la concesión
de estatutos privilegiados a las ciudades que le habían sido fieles favoreció su romanización.

En Munda (Montilla), Cesar aniquiló el ejército pompeyano en el 49 a.C. y se consolida


su supremacía. Con su muerte, en el 44 a.C., las guerras civiles entran en su fase final. Gran parte
de los acontecimientos de éstas guerras se habían desarrollado en la Península Ibérica.

Con Augusto se llega al fin de éste conflicto armado, y en lo referente a Hispania se


produjo la total pacificación de la provincia con el sometimiento de los últimos reductos que
habían quedado al margen de la dominación romana. En el 19 a.C. se puede establecer la
conclusión de la conquista peninsular por parte de Roma.

Ya en el 27 a.C., según Dion Casio, Augusto dividió Hispania en tres provincias. Aunque
la fecha es cuestionada por gran número de historiadores, entre el 27 y 14 a.C. varió la división
realizada en el 197 a.C. El límite entre la Hispania Citerior y la Ulterior no cambió, pero ésta
última fue dividida en dos, de tal manera que la configuración administrativa de Hispania quedaba
así:

- la Tarraconensis, antigua citerior, con capital en Tarraco (Tarragona).

- la Lusitania, con capital en Emerita Augusta (Mérida).

- la Baetica, con capital en Corduba (Córdoba).

9.2. La romanización de Hispania.

En un aspecto global, se puede entender por romanización la asimilación, por parte de los
pueblos indígenas de la Península Ibérica, de la cultura romana (economía, sociedad, religión,
lengua, etc.). Implicó cierta desaparición de algunos elementos culturales autóctonos y su
transformación y adecuación a la nueva cultura dominante, la romana. No obstante, hay que
señalar que ésta asimilación no fue uniforme. Dependió de las zonas donde se produjo éste
fenómeno y de la época.
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Del mismo modo es equivocado partir del hecho de que la conquista, por sí sola, produjo
la romanización. Fue un proceso lento que llevó aparejado fuertes cambios estructurales y donde
el nuevo concepto de "civitas" (ciudad) jugó un papel primordial en la introducción de las nuevas
formas.

Por último cabe señalar que la desaparición de las formas culturales indígenas no fue
completa. Subsistieron durante largo tiempo y en algunos casos su transformación se llevó a cabo
bien entrada la época imperial. Los contrastes fueron patentes si observamos una Bética
rápidamente asimilada, así como el territorio costero de la actual Cataluña, frente a la zona
central y Norte, en donde se produjo de una forma más débil.

10.- CONCLUSIONES.

A modo de resumen, podemos ver las siguientes pautas:

El Paleolítico en la Península Ibérica aparece enmarcado en los ámbitos culturales propios


de la etapa en la que aparece el hombre. La evolución de sus culturas se desarrolla dentro del
perfeccionamiento de la industria lítica y del paso de un habitat al aire libre al desarrollado en
cuevas. Será relacionado con éste último cuando se produzca una manifestación característica de
nuestra prehistoria, el Arte Rupestre.

Tras el tránsito por el Mesolítico, la revolución neolítica nos llega con sus nuevas formas
de vida: el desarrollo de la agricultura y ganadería y el hábitat en poblados. Se inicia en éste
momento la concentración en el Sur de las culturas más avanzadas, que en el Neolítico vendrán
representadas por Los Millares, y en la Edad del Bronce por El Argar, ambas en la provincia de
Almería.

Con la Edad del Hierro asistimos al fenómeno cultural de Tartessos y a los cambios
estructurales consecuencia de las colonizaciones. Fenicios y griegos se asentaron por todo el Sur
y Este peninsular. Con el declive fenicio y el auge cartaginés, se produce, dentro de un contexto
de lucha por la hegemonía en el Mediterráneo occidental, el enfrentamiento entre púnicos y
romanos. Serán éstos últimos los que salgan victoriosos y se iniciará la expansión de Roma, que
llegará a controlar toda la Península y que dará lugar a lo que la historiografía denomina como
romanización. Se abre así una etapa en la que Hispania, sin olvidar que se trata de una provincia
dentro del Imperio Romano, alcanzará un auge espectacular en todos los aspectos.

11.- BIBLIOGRAFÍA.

AA.VV.: Historia de España. Tomo I: Protohistoria, y Tomo II: Hispania Romana. Ed.
Catedra. Madrid, 1988.
24
24
ARRIBAS PALAU, A.: Lecciones de Prehistoria. Barcelona, Teide, 1972.
BENDALA, M.: Tartesios, Iberos y Celtas. ed. Temas de hoy. Madrid, 2000.
CARO BAROJA, J.: Los Pueblos de España. Madrid, Istmo, 1976.
LEROI-GOURHAN, L.: La Prehistoria. Barcelona, Labor, 1977.
MANGAS MANJARRES, J.: Hispania Romana. Vol. I de la Historia de España, dirigida
por M. Tuñón de Lara. Barcelona, Labor, 1992.
PERICOT GARCIA, L.: España Prehistórica. Vol. I de la Historia de España y América social
y económica, dirigida por J. Vicens Vives. Barcelona, Vicens-Vives, 1974.
SCHULTEN, A.: Tartessos. Madrid, 1972.
TARRADELL MATEU, M.: España Antigua. Vol. I de la Historia de España y América social
y económica, dirigida por J. Vicens Vives. Barcelona, 1974.
VIGIL PASCUAL, M.: Edad Antigua. En Historia de España Alfaguara I. Madrid, 1975
(última edición, 2000).

12.- ANEXOS.
12.1. Periodificación del Paleolítico en la Península Ibérica.

Fase Paleolítico Inferior Paleolítico Medio Paleolítico Superior


2.000.000 - 125.000 125.000 - 40.000 40.000 - 10.000
Periodos - 3 glaciaciones: tercer interglaciar
Glaciares Günz, Mindel, Riss 4 graciación: Würm
- 2 interglaciares
H Tip Arcaicos Neanderthal Sapiens
O os
M
I
N
I
D
O
S
R - Orce (Granada) - Gibraltar - Pendo (Santander)
E - Atapuerca (Burgos) - Bañolas (Gerona) - Urtiga (Guipuzcoa)
S - Cova Negra (Játiva) - Azules (Asturias)
T - La Carigüela-Piñar - Parpalló (Gandía)
O (Granada) - La Carigüela-Piñar
S (Granada)

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L - Pebble Culture - Lascas más pequeñas: - Lascas perfeccionadas
I Í - Hachas de mano - buriles y reducidas (microlitos):
N T - Bifaces - raspadores - buriles
D I - Lascas rudimen- - raederas - puntas de flecha
U C tarias.
S A
T
R
I
A

O - Arpones
S ---------- Escasa y rudimentaria - Propulsores
E - Azagayas
A - Colgantes
Culturas - Abbevillense - Musteriense - Auriñaciense
- Achelense - Solutrense
- Magdaleniense
Hábitat - Al aire libre - Al aire libre - Al aire libre:
- Cuevas (inicio) - abrevaderos
- ríos (pesca)
- costa (mariscos)
- Cuevas.

12.2. Los útiles del paleolítico y su evolución.

 Paleolítico Inferior: Las hachas de mano abbevillenses son muy irregulares y defectuosas.
Poseen dimensiones variables (hasta unos 25 cm. de largas) y eran utilizadas para
descuartizar, no para golpear. Las grandes lascas clactonienses se caracterizan por tener el
plano de percusión y el de lascado formando un ángulo obtuso. Están poco retocadas y
no existía una preparación previa del núcleo.

 Paleolítico Medio: En sus inicios pervivió el hacha de mano abbevillense. Aparecieron


lascas más pequeñas que en el periodo anterior: raederas, buriles, raspadores, etc. El
núcleo de sílex del que se extraían las lascas se preparaba con antelación para conseguir
unos tipos determinados.

 Paleolítico Superior: Desaparecieron las hachas de mano. Aparecieron, sin embargo,


nuevos útiles perviviendo las lascas musterienses aunque más perfeccionadas. Entre los
nuevos útiles destacan: hojas y puntas de flecha, piezas de hueso (arpones, azagayas,
propulsores, bastones con agujero, colgantes, etc.), y pequeñas piezas de sílex
denominadas microlitos.

12.3. Técnicas del Paleolítico.

Los procedimientos técnicos para el trabajo de los útiles de piedra eran


fundamentalmente:
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 Por percusión: golpeando el núcleo de sílex con un percutor de piedra, madera o
hueso. Si el percutor usado era de piedra, los trozos desprendidos (lascas) eran más
gruesos.

 Por temperatura: calentando y enfriando (mediante agua) sucesivamente un núcleo de


sílex se cuartea y fractura.

 Por presión: (método utilizado fundamentalmente en el Paleolítico Superior). Con un


fragmento de hueso se sacan esquirlas en la lasca antes desgajada presionando desde el
centro a su periferia.

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