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Se trata de un libro precioso, sabio, sin ambiciones ni ideales filosóficos ni teológicos, un libro que

debería leer toda persona, en especial una persona que quiera quitarse el miedo a la muerte y,
sobre todo, al proceso de la misma.

Este libro es sencillo, didáctico, tan al alcance de cualquier lector; el libro es claro, aun cuando se
ocupa de los dilemas éticos más delicados que se refieren al final de nuestra existencia. Los trata
sin miedo alguno, midiéndoseles con determinación y mesura, como quien presta un servicio a los
lectores. Trata estos dilemas con sutileza, con destreza, sin presunciones moralizantes ni
absolutistas de quien sienta cátedra pensando en su ser interior: aquí mando yo. Nada de eso. Da
lugar a un aspecto religioso y espiritual sin fanatismos ni discriminaciones. Siendo los colombianos
en su mayoría católicos, da una moderada preferencia a los puntos de vista de la Iglesia, de un
modo tan discreto que el no católico no puede sentirse justamente discriminado. Cita con alguna
frecuencia algunos documentos del Magisterio de la Iglesia, muy oportunos, sin dar motivo, creo
yo, al disgusto de miembros de otras religiones.

Nadie se siente defraudado al leer este libro: ni el intelectual, ante un saber sencillo y profundo; ni
el poco ilustrado frente a un discurso claro, sabio y prudente.

Se trata de un libro necesario para todo ser humano, ya que todos hemos de morir tarde o
temprano; todos le tenemos cierto miedito secreto o un miedo gigantesco anormal a la señora
muerte; y finalmente porque uno de los muchos prestigios que le encuentro a esta obra es que
gestiona el problema de la muerte con tal habilidad y maestría que le quita el miedo a la muerte.
Difícilmente se hallara un libro tan didáctico, tan sencillo e ilustrado en el que coincidan tan
maravillosamente teoría con práctica, ciencia con experiencia, el ser con el deber ser, ya que su
virtud principal es la diafanidad y la transparencia; fruto, a mi modo de ver, de un sano y honesto
deseo de ser comprendida por todos para poderles ayudar a todos.

Me atrevo a decir que encontré este libro bastante interesante, una vez comenzada su lectura da
gusto seguirla hasta acabar, aumentan las ganas de más; curiosamente un libro sobre la muerte.
La autora domó a la muerte y le enseña al lector como domesticarla.

Las preguntas, tomadas de la vida real, y las respuestas, de su experiencia, le dan variedad e
interés al escrito, fuera de expresar y concretar lo que a uno mismo se le ocurre pero no puede
preguntárselo.

No temo decir que encuentro esta obra como el libro más sensato que haya leído sobre el proceso
de morir, y la obra más respetada desde mi punto de vista ético. No expone necesariamente la
doctrina católica pero lo que enseña, opina o propone desde la bioética es aceptable.

Si un pero le pongo es haberse ocupado tan sólo sobre el más acá de la muerte y poco o nada
sobre el más allá. Dirá Isa, y con toda razón, que no se trataba de un libro teológico ni filosófico
sino de una narración en la que como sicóloga clínica experta en pacientes terminales y cuidados
paliativos, vaciaba en estas páginas magistrales toda su ciencia y su experiencia sobre el más acá .
Libro de lectura obligatoria para quien desee quitarle el miedo al proceso de la muerte y aprender
mucho sobre el complicado manejo de los duelos propios y de los seres queridos.