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LOS MONUMENTOS MEGALÍTICOS.

No obstante, lo más característico de este periodo en Europa Occidental y Central son


las construcciones megalíticas, fruto de las creencias religiosas y funerarias del hombre del
neolítico y de las edades del Cobre y del Bronce. El término megalitos significa rocas grandes y
en verdad lo son por sus dimensiones (varios metros) y por su peso (toneladas). Piénsese en el
esfuerzo que supondría con los medios de la época obtener las piedras de canteras;
arrastrarlas hasta el lugar concreto donde erigirlas, a veces durante decenas de kilómetros;
cavar profundas hondonadas donde asentar el megalito o prolongadas rampas para asentar las
rocas de forma adintelada. Al trabajo físico habría que añadir dos dificultades más: la
necesidad de tener un nivel de coordinación eficiente para realizar estas tareas y un grupo
humano importante y motivado para realizar tamaño esfuerzo.
Varios son los modelos de megalitos que encontramos.

 El tipo más sencillo es el menhir. Una gran piedra vertical clavada profundamente en la
tierra de la que no se conoce una interpretación segura. Para algunos sería una forma mágica
de clavar al inframundo el alma de los muertos, para otros una manera de señalar el territorio
tribal; algunos piensan en él como un tótem. Algunos de estos menhires, como el
de Locmariaquer en Francia, pueden superar los diez metros de altura.

 El menhir puede aparecer solitario o agrupado formando hileras o alineamientos,


como el de Carnac en Francia, donde existen once filas de casi tres kilómetros de longitud.
 Los menhires colocados en círculo forman los cromlechs, el más célebre es el
de Stonehenge, cerca de Salisbury (Inglaterra) datado al comienzo de la Edad del Bronce.
Estos monumentos tenían como función predecir a través de la posición de los astros los
momentos del año propicios para el trabajo agrícola y probablemente también estuvieran
relacionados con el culto al sol.
 El dolmen es la construcción megalítica más difundida. La forma más simple consiste
en una serie de piedras clavadas al suelo verticalmente cubiertas por una o dos
horizontalmente formando una cámara que era utilizada como lugar de enterramiento
comunitario. En su origen la construcción se tapaba con un montículo de arena y cascote
conocido como túmulo.
 Cuando las sociedades están más evolucionadas se levantan dólmenes más
complejos para servir posiblemente de tumba a las elites locales. En las sociedades del sur de
España enriquecidas por la metalurgia encontramos ejemplos de dos tipos de dólmenes
inspirados en construcciones del otro extremo del Mediterráneo. En la cueva de Menga y en
la de Viera en Antequera (Málaga) o en el dolmen de Soto en Trigueros (Huelva), la cámara
mortuoria se prolonga a lo largo de un pasillo o galería, que a lo sumo tiene un soporte
intermedio entre las paredes. En todos los casos la construcción se hace con grandes rocas.
En cambio, en la cueva del Romeral de Antequera (Málaga) o en las tumbas de Los
Millares (Almería), algo posteriores, el pasillo se abre en una o dos cámaras
circulares cubiertas con una falsa cúpula y construidas con piedras de tamaño más pequeño.
 De la fase final de la Edad del Bronce son los monumentos exclusivos de las islas
Baleares: las taulas, monumentales mesas de piedra de difícil interpretación; las navetas,
cámaras mortuorias con forma de barca invertida; y los talayots, torres de planta circular o
cuadrada que tendrían función defensiva y de observatorio/faro.

LA EDAD DEL BRONCE


(1700-800 a.C.)

La Edad del Bronce no señala modificaciones importantes desde el


punto de vista arquitectónico. Aparece el enterramiento de caja o cista, formada
de diversas losas de piedra, dentro de la cual se contienen los restos del
muerto en posición recogida. La aparición a finales de esta edad del rito de
incineración de cadáveres produce una decadencia de la arquitectura en
beneficio de la cerámca,pues los restos quemados de los cadáveres se
encierran en vasos artísticamente decorados.

Se sigue empleando el aparejo grande o ciclópeo, pero tiende a predominar


el pequeño, que con menos esfuerzo logra construcciones de mayor
envergadura. El monumento arquitectónico más relevante de este período y el
más representativo de toda la arquitectura magalítica de aparejo grande es el
de Stonehenge, en Salisbury (Inglaterra), formado por enormes
paralelepípedos de piedra. Tienen forma circular, disponiéndose en cuatro
anillos. Los bloques están regularmente tallados, lo cual demuestra una técnica
más avanzada que los menhires, de tosca superficie. El esfuerzo que hubo de
desarrollarse en su construcción se patentiza no sólo por la erección de los
bloques y subida de las piedras para los dinteles, sino por el transporte del
material, desde unas canteras situadas a mas de 200 km. En razón a esto se
sospecha que se elegiría la época invernal para el transporte, ya que, estando
el suelo nevado o helado, el deslizamiento de los bloques sobre rodillos serpia
más fácil.

Hoy parece demostrado que tan formidable edificio fue realizado de forma
constante a lo largo de muchos años, ya que no surgió de una civilización de
alto grado de desarrollo. Es un testigo excepcional de una civilización
desaparecida, que aunque no gozó de una técnica elevada, sí supo sacar
partido de una perfecta organización social. Es claro que obra de tal
envergadura tenía que suponer mucho pare este pueblo. Viene a ser en efecto
un templo solar, (fig. 1) según lo acredita su forma redonda y la orientación
conforme a elementos astrónomicos, como la salida de la luna y el solsticio de
verano.

Fig 1
Las Islas Baleares poseen un núcleo importante de arquitectura durante este
período. Los monumentos que mejor se han conservado son los tayalots, torres
en forma de cono truncado, ya de planta cuadrada o circular, con una columna
central a veces. Servían para la defensa de las ciudades baleáricas, expuestas
a cualquier desembarco de pueblos navegantes. Una muralla rodeaba el
poblado, protegiéndose de trecho en trecho mediante estas torres de aparejo
pequeño. Las navetas ofrecen un tamaño menor y se construyen con aparejo
también más pequeño. Se encuentran aisladas y son indistintamente de planta
rectangular o elíptica, pero se divide su interior en dos o tres naves. Pudieran
haber sido una especie de templos, pero con un significado más
primordialmente funerario, pues aparecen restos humanos al ser excavadas.
También baleáricas son las taulas, construcciones en forma de mesa,
constituidas por una piedra horizontal sostenida por otra vertical. Pudieran
haber servido para la exposición de cadáveres, que serían descarnados por las
aves de rapiña, rito que practicaron algunos pueblos.

LA EDAD DEL HIERRO


(desde el 800 a.C.)
Empujados por invasiones orientales, los celtas ocupan Occidente. Esta
edad se considera dividida en los períodos de Hallstatt y de la Tene. La
utilización de un ajuar y armamento de hierro supone unas mayores
posibilidades en el orden de la técnica y del arte. No sólo mejoran las
aplicaciones prácticas, sino la misma ornamentación.

En el primer período ya se vislumbra un importante desarrollo de la


urbanística. Las ciudades se protegen con un sólido cinturpon amurallado.
Culmina esta urbanística en el período de la Tene. Las ciudades en rigor son
verdaderas fortalezas, pues se rodean de varios cinturones (fig. 2). De trecho
en trecho se colocan torres. El interior se muestra regularizado por medio de
calles, y hasta disponen de fuentes para el abastecimiento de agua.

Fig.2
Arbitran los celtas grandes cementerios, lo cual no deja de representar un
importante progreso. Practican el rito de incineración. Los cadáveres quemados
son encerrados en urnas fabricadas de dos piezas (urnas bicónicas, barro
negro); pero también se sirven de la tumba en forma de túmulo (fig.3). En el
período de la Tene se impone el rito de inhumación; la necrópolis constituyen
verdaderas ciudades.

La ornamentación desempeña un importante papel. En el período de


Hallstatt predomina la decoración de ritomo curvo, generalmente a base del
tema de los círculos concéntricos, lo cual proviene de los motivos solares de la
Edad del Bronce

Arquitectura

La arquitectura en la Edad de los Metales está conformada por viviendas y monumentos

religiosos. Los materiales utilizados eran en su mayoría piedra, adobe y madera.

Las viviendas eran cuadradas, redondas o rectangulares y estaban rodeadas por

fortificaciones con torres altas construidas con madera llamadas talayots.

Los monumentos megalíticos con fines religiosos se siguen construyendo en la Edad de

los Metales y la piedra sigue siendo el elemento principal en ellos. Entre los monumentos

religiosos se encuentran el dolmen, los menhires, las navetas. Muchos de estas obras

se conservan aun en algunas regiones de Europa Oriental y Occidental.