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UNIVERSIDAD DEL ZULIA

FACULTADA DE ARQUITECTURA Y DISEÑO


PROGRAMA DE ESTUDIOS PARA GRADUADOS
DOCTORADO EN ARQUITECTURA

Electiva
Paisaje Urbano

“Lugar Público: Dimensión humana para un espacio”

Profesor: Dr. Carlos Prieto, Arq.

Alumno: M. Sc. Alberto José Villalobos, Lic.


0424 6833387 / albervil22@gmail.com / @albervil23

Maracaibo, enero de 2019


“Lugar Público: Dimensión humana para un espacio”
M. Sc. Alberto José Villalobos, Lic.

El siguiente artículo trata sobre la fenomenología aplicada a la arquitectura.


Específicamente, a la relacionada con la plaza como espacio urbano y en la cual
el ser humano tiene una participación como como componente epistemológico; a
la hora de concebir la plaza más allá de un proyecto de planificación urbana.

Siendo la fenomenología la ciencia de lo intangible, pero apreciable a los sentidos


del hombre, se convierte en una especie de macro-universo de posibilidades de
aprehensión de estructuras conceptuales, que la validan como área de
conocimientos a priori; según sea la epistemología requerida para dicho logro. En
la arquitectura, por ejemplo, la fenomenología tiene varias aristas analíticas de
corte científico, para verse a sí misma como una demisión creativa que acusa, por
vía antropológica, las apreciaciones culturales del hombre en hábitat, además de
sus equilibrantes ecos sistémicos. Áreas como la bilogía, por ejemplo, le
demarcan al arquitecto sus prioridades vitales de permanencia o uso de espacios
creados por él; siendo este espacio, un plano de realizaciones vivenciales
acomodadas a modelos sociales y costumbristas del hombre: morada, recinto,
caminos y espacios públicos como la plaza. Y será en esta última categoría donde
se desarrolla este análisis sobre fenomenología y arquitectura de espacios
urbanos.

Otras áreas que pasan por una modulación operativa del diseño arquitectónico
son la física y sus leyes. En ella la gravedad y las cualidades de los materiales le
van “mostrando” al arquitecto las relaciones, siempre confrontadas entre lo útil y lo
estético. En esta última, aparentemente de menor importancia, es
paradójicamente, donde el grueso del fenómeno urbanístico emplaza sus
elementos a “mostrar” en el seno social que ocupara esta plaza. Ella es la
continuidad de un tren cotidiano; al mismo tiempo que una simbolización
emblemática de su entorno. Seguidamente, una plaza se encumbra en lo humano.
Se consolidan conceptos tales como: continuidad, patrimonio, sentido de
pertenencia, identidad cultural y la hoy enunciada Marca País. Con ello
entendemos que la plaza es un signo autónomo, en su definición epistemológica.
También pasa a ser un espacio complejo si tomamos en cuenta que, como
referente especifico de un lugar geopolíticamente ya concretado (pueblo, ciudad,
país) es un fenómeno social desde lo propio (lugareños) y desde lo foráneo
(extraños).

Todos aquellos elementos, ya sean físicos o simplemente perceptibles a los


sentidos, están relacionados con el contexto de una plaza. De hecho, pasan a ser
sus elementos de contexto. Esto nos da una primera conclusión en cuanto a tener
como premisa que, una plaza como proyecto arquitectónico es antes que nada, un
proyecto factible que, de manera preliminar ha tomado en cuenta, precisamente,
toda la contextualización no cambiable (clima, topología, geología, entre otros) y la
sometible a cambios direccionados, en pro el proyecto en sí: circulación peatonal,
relación con el trafico automotriz, vegetación in situ, sistema de luz y riego,
permanencia y circulación.

Ahora bien, el espacio público como concepto esgrimido, a través de la filosofía,


sugiere un acercamiento especulativo entre el concepto del ser y sus derivados
complementarios como lo son los conceptos de existencia y conocimiento como
tales. Será en ellos donde los correlatos que asumen los paradigmas explicativos
de conceptos delimitantes a decir: lugar, sitio y espacio. El primero trasciende,
geográficamente, a nosotros porque ya pre-existe. El segundo es parte de una
nomenclatura en su concreción geopolítica. Es el tercero, el espacio, el que
ejerece sobre el usuario roles y funciones: baños, aulas, quirófanos, piscinas y
plazas, entre otros. Es entonces, la plaza un espacio el desarrollo del ser que
muta a la particularización del individuo histórico y sus sucederes en él. La plaza-
espacio se convierte en memoria humana y lo humano concreta una existencia;
todo ello dentro de un caos cotidiano, controlado por las delimitantes físicas y
biológicas que domina al hombre.
Aparece, por ende, la corporeidad del ser como elemento negociador entre una
fenomenología de lo urbano a partir del contexto de movimiento y efectos de los
individuos, en el espacio público, como espectro indivisible en sus constituyentes:
la concreción de la estructura física, el entorno de aprehensión intangible, el
desplazamiento del individuo y sus ritmos en lo aleatorio de las asociaciones inter-
corpóreas: caminar, sentarse, detenerse, unirse, separarse, agruparse,
desagruparse, espectar a otros o ser espectados. En fin, una ambivalencia
espacial ya que, se trata de una estructura arquitectura de elementos concretos
para contener cadencias loco-motrices, no concretas, en sus asociaciones como
masa.

Pero si bien la fenomenología se muestra como una conducción de los objetos


hacia la conciencia, yo tendría que verme en la inquietud de asumir, a criterio
propio, que estaríamos hablando, solo del mundo del logos como “recodo” final del
conocimiento a través de la fenomenología en del espacio urbano. El espacio
urbano, a mi modo de ver, es una constante mutación de caracterizaciones del
mismo. Cambia sus ritmos, sus tiempos históricos se moldean a una dinámica de
acontecimientos humanos y naturales que, aun superando nuestros tiempos
nunca alcanza una perpetuidad del fenómeno. Las plazas al igual que otros
espacios de humanización, refleja la espiritualidad de las intenciones del hombre
de la época que los ocupó, destruyó, remodeló, restauró, o abandonó a su suerte.
Lo que quiero decir es hay que atender también al fenómeno urbano como
competencia de análisis de sus competencia a través de la praxis o ética del
arquitecto, más allá de una concepción utilitaria de la plaza en el proceso creativo
de diseño y su posterior factibilidad de construcción.

Hay “razones” que sobre-pesan en la visión del arquitecto y que, superan las
exigencias operativas de un espacio abierto a la concurrencia pública. El
arquitecto se sabe en capacidad de extender, preservar y crear nuevos preceptos
sociales en dicho espacio: lo lúdico, lo emblemático y lo vanguardista, solo por
mencionar algunos. A este respecto asomo la fenomenología en la arquitectura a
través de la estética, cuya directriz de conocimientos está en el mundo de las
sensaciones y en donde los resolutos críticos sobre estética y sensualidad en las
formas se gestan; no en lo racional (logos) ni en lo moral (praxis). Nace de la
percepción estética de todo lo que nos rodea.

La misma trae como una especie de pandemónium, esto es, una serie de
arrebatos de experiencias de placer y displacer en la contemplación de los objetos
y los actos. No es una fórmula ya que, la belleza no es objetiva pero si lo es la
conducción de los aproximados de las leyes de la forma, como la Gestalt. Este tipo
de conocimiento adquirido por vía de la experiencia contemplativa, asume el
espacio en un bombardeo interminable de estímulos isofactos de: color, texturas,
volúmenes y demás elementos que participan en la denominada armonización de
las formas. Una fuente, unas caminerías, los monumentos, los bancos, las
escalera, los pisos, las luces, jardines y cualquier otro elemento a participar en el
diseño de una plaza, trae consigo una irrenunciable concepción estética de la
“forma de un espacio”, donde los objetos y vacíos conforman un solo concepto
“vivenciado” de una plaza in importar la envergadura o su antigüedad.

Posiblemente, la tendencia a la cosificación de todo conocimiento promueva la


síntesis explicativa de los fenómenos. En el caso de lo urbano, tal dirección nos
puede dejar separados de cualidades y calidades que de manera aleatoria pero
observable, se desarrolla en los espacios concebido para “algún” fin. Podría
nombrar, de manera especulativa, lo Indeterminado, por cuando el urbanismo es
producto de políticas precisas en tiempos históricos precisos. Pero los mismos
cambios según nuevas directrices urbanas de las últimas generaciones de los
nuevos ocupantes. Otro elemento seria lo Inmediato ya que, los espacios se
determinan por lo que acontece en su momento concreto, absorbiendo toda la
cultura que la aprecia o desprecia. Por último, lo imaginario. Una plaza es un
espacio de imaginarios urbanos y colectivos por excelencia, la escenificación de la
cotidianidad, el impacto de lo inédito y la estética de las ideas sin palabras;
desarrolladas en la plaza son reeditados en la conciencia colectiva y
retroalimentados en un mundo simbólico de la imaginación de los individuos con
espacio-temporalidad compartida.
Fuente revisada

Comesaña y Prieto (2005:46). “El Paisaje Urbano como Fenómeno”. Revista Portafolio,
Facultad de Arquitectura y Diseño. Revista Digital Revicyhluz. Serviluz. Maracaibo,
Venezuela. 43-57 pp. Disponible en http://produccioncientificaluz.org/index.php/portafolio,
fecha última de consulta 06/01/19