Está en la página 1de 9

Recuperar la teoría de la praxis.

La cuestión sindical en la tradición marxista

Jesús R. Rojo
73
I. Introducción no radica ahí la dificultad de comprender la
importancia o el desarrollo de la «no teoría»
El sindicalismo ha situado siempre –hoy esto
del sindicalismo a lo largo de la obra de estos
se nota con especial intensidad– a las fuerzas
autores; se erraría al pretender aplicar cual-
revolucionarias en una encrucijada teórica
quiera de las conclusiones de los clásicos de la
respecto a sus fines, medios y hasta su propia
tradición marxista a un fenómeno moderno sin
función en la contienda de clases.
un análisis y una contextualización previos.
¿Son los sindicatos mayoritarios aún útiles
para los trabajadores como clase? ¿Su despresti-
gio es fruto de una artimaña por parte de los que II. Karl Marx y Friedrich Engels,
pretenden desarmar a los trabajadores o conse- clásicos en tiempos convulsos
cuencia de una sistemática traición de clase por
(1840-1895)
parte de las cúpulas?
Antes de poder plantearnos las respuestas es Los fundadores del materialismo histórico
necesario dar unos pasos atrás. Hay que tomar vivieron en una etapa convulsa de un movi-
perspectiva antes de emitir una firme sentencia miento sindical que apenas había nacido.
que condene a los sindicatos a la presión de La primera impresión que tuvieron estos
la posición protagonista o al más vergonzoso autores fue fundamentalmente positiva, cargada
trastero de las estructuras estériles. Para ello de esperanza y optimismo. Entienden que son
haremos un recorrido a lo largo de los más asociaciones de obreros libres destinadas a
ilustres autores de la tradición de pensamiento luchar contra los capitalistas en sus propios
marxista buscando pautas, métodos de análisis centros de trabajo.
y propuestas políticas que puedan ser de ayuda El «joven» Marx no prestó una especial
en el abordaje de esta cuestión. atención a la cuestión sindical. En sus primeras
Ni Marx, ni Engels, ni ninguno de sus se- obras no llegó a mencionar el tema más que
guidores intelectuales crearon nunca una teoría en alguna proclama. Sin embargo, su íntimo
acerca del sindicalismo que pueda aplicarse in- amigo, Engels sí trató la problemática desde
distintamente a todos los periodos históricos o mediados de la década de 1840. De este periodo
a todas las coyunturas sociales. Sin embargo, cabe destacar La situación de la clase obrera
laberinto nº 44 / 2015

en Inglaterra, donde desarrolla extensamente Marx comienza así un esquema de lucha


la evolución de las luchas obreras. Las divide que le acompañará toda su vida: la vincula-
en tres periodos fundamentales: el delito –el ción de la lucha económica –por la mejora de
robo, violencia aislada–, el combate contra las las condiciones de existencia– con la lucha
máquinas –más conocido como Ludismo– y, política. Para él y para Engels, la lucha de los
finalmente, la organización en asociaciones obreros no debe centrarse en motivaciones
obreras (Trade Unions). De la obra se desprende coyunturales, momentáneas o de respuesta a
unas moderadas expectativas, consciente de las una acción determinada del gobierno o de la
limitaciones: burguesía. Por el contrario, la lucha debe en-
[El] acto de protesta del inglés surte su caminarse a la abolición del propio sistema
efecto: mantiene dentro de ciertos límites la de competencia y de trabajo asalariado como
avidez de ganancia de la burguesía, y mantiene formas de explotación.
viva la oposición de los obreros contra la En este sentido son muy frecuentes las
omnipotencia social y política de las clases críticas a las asociaciones sindicales que priman
poderosas. Es más, en definitiva las obliga a los intereses inmediatos, la lucha de carácter
confesar que para quebrar la dominación de la puramente económico que olvida o deja en
burguesía es necesaria algo más que los sindi- segundo lugar la política: «No deben olvidar
catos obreros y la acción de las huelgas. que combaten los efectos y no las causas, [...] que
Sin embargo, acto seguido añade… aplican paliativos, pero que no curan el mal»
No por ello deja de ser menos cierto que (Marx, 1849a, p. 77)
74 los sindicatos y las huelgas que emprenden
revisten una importancia fundamental,
Las tradeuniones […] son deficientes por
limitarse a una guerra de guerrillas contra los
porque son la primera tentativa que realizan efectos del sistema existente en vez de esforzar-
los obreros para suprimir la competencia se, al mismo tiempo, por cambiarlo, en vez de
(Engels, 1845a, p. 48). emplear sus fuerzas organizadas como palanca
para la emancipación final de la clase obrera; es
Marx no se pronunciaría concretamente al
decir, para la abolición definitiva del sistema de
respecto hasta 1847, cuando escribe Miseria trabajo asalariado (Marx, 1865, p. 87).
de la filosofía. Aquí vemos surgir un cierto
optimismo sobre la función de los sindicatos. En También su fiel amigo, Engels (1881b, p.
esta obra afirma que 119-124), se suma a esta crítica situando el
punto de mira en las consignas del movimien-
los obreros no se han limitado a coaliciones
to sindical. Los lemas históricos «por un salario
parciales, que no tenían otro objetivo que la
huelga pasajera y que con ella desaparecieran. justo» o «por una jornada de trabajo justa»
Han formado coaliciones permanentes, Trade no son sino la plasmación de la asunción de la
Unions, que sirven de baluarte para los traba- ideología pequeñoburguesa; los obreros son los
jadores en su lucha con los fabricantes (Marx, únicos que producen y generan valor, y en con-
1847, p.186). secuencia deben reivindicar la propiedad social
de los medios de producción.
Este ánimo se ve determinado por la
coyuntura. En aquel momento, los sindicatos El objetivo político y su reflejo en el contenido
se estaban organizando de manera simultánea de las reivindicaciones, serán elementos funda-
a las luchas políticas desempeñadas por el mo- mentales en el trato a la cuestión sindical a lo
vimiento cartista. Con el colapso y la derrota largo de toda la tradición marxista revoluciona-
de este movimiento, los sindicatos pierden su ria1. Sin embargo este no es, ni mucho menos,
carácter revolucionario y se entregan en gran el único elemento que se repite de manera siste-
medida al reformismo. mática en sus herederos teóricos.

1. Se denomina «tradición marxista revolucionaria» al conjunto de pensadores-activistas que suscribieron


la perspectiva marxista de la revolución proletaria, en contraposición con aquellos que tomaron el marxismo
como método o referencia despojándolo del contenido revolucionario.
Recuperar la teoría de la praxis

La crítica a las burocracias sindicales III. Los debates sobre el sindicalis-


(fenómeno germinal de su propia época) fue un mo moderno en el marco de la II y
recurso común en los alegatos contra el papel
de los sindicatos ingleses y alemanes en la or- III Internacional (1900-1941)
ganización del proletariado. Se aplica tanto en Tras la muerte de Marx y Engels y la deriva
un sentido paternalista (Marx, 1868a, p. 130) ideológica de la Internacional, los líderes de
como en un sentido desmovilizador. Los sindi- la socialdemocracia2 crean una II Interna-
catos abandonan su papel como «vanguardia» cional de trabajadores con la expectativa de
para convertirse en grandes organizaciones formar un órgano de cooperación internacional
cuyo rol se reduce casi exclusivamente a la re- entre distintas tendencias, fundamentalmente
gulación del salario y la jornada laboral (Engels, marxistas socialdemócratas.
1881a). Aparece entonces un término que se re- No tardó en estallar el conflicto entre los
cuperará frecuentemente por los marxistas: la marxistas en su centro neurálgico: El SPD
«aristocracia obrera», una minoría de obreros Alemán. En él tuvieron lugar numerosos debates
sobornados por el capital cuyos intereses y enfrentamientos teóricos agravados por la
difieren enormemente a los del conjunto de la Primera Guerra Mundial. En este caso, nos cen-
clase obrera. traremos en el aspecto sindical de los debates.
En contraposición a estas organizaciones, La líder obrera Rosa Luxemburg en su
surgen sindicatos de menor tamaño e inde- polémica con Eduard Bernstein, materializada
pendientes. Esos «viejos sindicatos» se ven en el libro Reforma o revolución, habla de unos
pronto enfrentados a los «nuevos sindica-
tos» que son, para Engels (1890a), sindicatos
sindicatos reducidos a instrumentos destina-
dos a la reducción progresiva de la ganancia a 75
formados por obreros empobrecidos dirigidos favor del salario, lo que degenera en reivindica-
por socialistas. ciones propias de condiciones pre-capitalistas
No obstante, pese a las numerosas críticas, (Luxemburg, 1900). Le reprocha a Bernstein
ni Marx ni Engels renunciaron a un cierto que trate de reducir la lucha de los obreros a la
optimismo (Hymann, 1975) respecto al papel lucha contra la «distribución capitalista» en vez
de los sindicatos en la lucha de clases. Este de orientarla contra el propio modo capitalista
posicionamiento se aprecia claramente en la de producción. En este sentido afirma que los
Resolución del I Congreso de la Asociación sindicatos, así como las cooperativas, son los
Internacional de Trabajadores, donde Marx puntos de apoyo de la teoría del revisionismo.
aborda la labor de los sindicatos en su pasado, De este razonamiento deduce que para
su presente y su futuro. En esta resolución, les superar la lucha coyuntural de los sindicatos,
otorga la responsabilidad de aspirar a ser or- éstos deben estar relacionados íntimamente
ganizaciones de defensa y representación de con el partido que representa los intereses de
toda la clase obrera que reagrupen en su seno los trabajadores como clase, idea que se con-
a los trabajadores aún no organizados y que trapone con la teoría de la llamada «igualdad
se orienten a la consecución de la emancipa- de derechos»3 que encontraba respaldo en las
ción radical del proletariado (Marx, 1866a). En posturas más moderadas de su partido. Para
la misma línea, Engels (1890a, p. 239) llega a ella, los militantes socialistas deben entrar en
afirmar que «si se quiere contar con un mo- los sindicatos con el objetivo de impregnarlos
vimiento de masas, hay que comenzar con los con una retórica y una política revolucionarias,
sindicatos». más allá de la lucha económica. Su conclusión

2. En el texto se emplea la palabra «socialdemocracia» en el sentido histórico de sus orígenes, hoy podría
traducirse como socialismo o comunismo.
3. Esta teoría expone que el partido y el sindicato deben ser organizaciones independientes y al mismo nivel
político, de manera que ninguno pueda inmiscuirse en los asuntos del otro.
laberinto nº 44 / 2015

fundamental es apostar por la completa unidad Es pertinente considerar que Lenin (1902)
del movimiento obrero sindical y socialista, ab- retoma también la crítica de los lemas sindi-
solutamente necesaria para las futuras luchas de calistas, desmontando el extendido lema de
masas alemanas, «imprimir a la lucha económica un carácter
está realizada desde ahora y se manifies- político», pues oculta en su interior una
ta en la vasta multitud que forma al mismo tendencia tradeunionista: la de reducir lo
tiempo la base del Partido socialista y la de los político a una serie de medidas administrativas
sindicatos y en la convicción a partir de la cual y jurídicas sin cuestionar, en el fondo, el carácter
las dos caras del movimiento se confunden en de clase del propio Estado burgués.
la unidad mental (Luxemburg, 1905, p.103). Pese al aparente pesimismo respecto a los
Para alcanzar esta unidad se debe acabar sindicatos como organismos independientes,
con las cúpulas sindicales, las cuales, fruto de Lenin (1902) no duda en reconocer que «las
la quietud y las luchas puramente económicas, organizaciones sindicales no sólo pueden ser
han caído en el «burocratismo y la estrechez extraordinariamente útiles para desarrollar y
de miras». reforzar la lucha económica sino que pueden
Luxemburg resalta dos elementos centrales convertirse, además, en un auxiliar de gran im-
que recorrerán la mayoría de las tesis formu- portancia en la agitación política y la organiza-
ladas respecto a la cuestión sindical en los si- ción revolucionaria» (p. 244). Tanto es así que
guientes años. Por un lado, la relación entre el en la URSS, y en todo el movimiento sindical
partido y los sindicatos. Y por el otro lado, la mundial, se popularizó la conocida consigna de
76 cuestión –ya introducida por los clásicos– de las
burocracias sindicales.
los sindicatos como «escuelas de comunismo»
–esta proposición no debe ni puede ser aplicada
En el mismo sentido que Luxemburg y defi- al Partido, pues es una organización de van-
nitivamente ligada a los postulados clásicos de guardia consolidada, no una escuela (Lozovsky,
Marx y Engels, Lenin realiza una durísima crítica 1935). Y para el correcto desarrollo de esta
contra el «economismo» (también llamado «tra- función de lucha y apoyo, resulta de vital impor-
deunionismo»), esto es, la reducción de la lucha tancia otra consigna que también acompañará
a las conquistas cotidianas como la subida del al conjunto del movimiento sindical (especial-
salario o la reducción de la jornada de trabajo mente leninista): «la unión sindical».
olvidando los intereses generales de la clase Sería conveniente hacer un pequeño apunte
obrera. En ¿Qué hacer? (1902), Lenin propone llegados a este punto. En la academia vemos
(de manera más rotunda que Luxemburg) la cómo el texto que quizás más se ha referenciado
primacía del partido guiado por la teoría de (a veces no directamente) acerca de la relación
vanguardia, frente a los sindicatos. El Partido entre la teoría leninista y los sindicatos es
debe unir las tres luchas –económica, política Acerca del papel y las tareas de los sindicatos en
y teórica– y servir como remedio contra la es- las condiciones de la nueva política económica
pontaneidad de las luchas obreras, formando (1922). De él se ha extraído en numerosas
una vanguardia consciente que «organice» la ocasiones la conocida expresión de la «correa de
revolución. También arremete contra la teoría transmisión». Esta expresión ha generado cierta
de la «neutralidad sindical», impulsada entre polémica, pues en muchos casos se ha dicho
otros por el eminente pensador marxista ruso, que Lenin veía a los sindicatos como una «mera
Georgui Plejánov. Según Lenin (1908), los sin- correa de transmisión [del partido político]»
dicatos no deben ser en ningún caso neutrales, (Paramio, 1986, p.75). Tal y como hemos visto,
pues tienen que estar alineados con los intereses la cuestión no es tan simple, Lenin no es reduc-
de la clase obrera representados por el Partido. cionista en este sentido, y esta afirmación debe,

4. Gran parte de la obra de Lenin referida a los sindicatos trata de su papel en el socialismo, como herra-
mientas de organización de la emulación o como estructuras de organización de clase, sin embargo ese tema
escapa al ámbito de este documento. Es en este plano, donde Lenin desarrolla sus polémicas con Trotski o
Tomsky.
Recuperar la teoría de la praxis

en cualquier caso, contextualizarse en un texto elemento de interés tras la propia revolución


que trata de la situación de los sindicatos en el proletaria. Más adelante se acentúa esta pers-
Estado socialista.4 pectiva, poniendo el foco en la excesiva buro-
El aporte que hace Lenin a la cuestión sindical cratización de las organizaciones sindicales (no
no acaba aquí. En su feroz alegato contra los sólo en los países capitalistas sino también, en
«izquierdistas» (La enfermedad infantil del «iz- igual medida, en los países socialistas):
quierdismo» en el comunismo), les espeta que los En los estados capitalistas se observan las
comunistas deben participar en los sindicatos formas más monstruosas de burocratismo
mayoritarios aunque éstos sean controlados por precisamente en los sindicatos. Basta con
tendencias no revolucionarias o incluso abur- ver lo que pasa en Norteamérica, Inglaterra
guesadas del movimiento socialdemócrata. Los y Alemania. […] Gracias a ella [la burocracia
comunistas no pueden mantenerse ajenos a las presente en los sindicatos de la «Internacional
de Ámsterdam»] se mantiene en pie toda la es-
masas criticándolas desde organizaciones margi-
tructura del capitalismo, sobre todo en Europa
nales, sino que deben entrar en las organizaciones y especialmente en Inglaterra. Si no fuera por
mayoritarias manteniendo en ellas las propuestas la burocracia sindical, la policía, el ejército, los
propias de la socialdemocracia (Lenin, 1920). lores, la monarquía, aparecerían ante los ojos
Lenin tampoco obvia la cuestión de las aris- de las masas proletarias como lamentables y
tocracias obreras, al contrario, habla de una ridículos juguetes. La burocracia sindical es la
aristocracia obrera» profesional, mezquina, columna vertebral del imperialismo británico
egoísta, desalmada, ávida, pequeñoburguesa, (Trotski, 1929, p.42-43).
de espíritu imperialista, comprada y corrom-
pida por el imperialismo (Lenin, 1920, p.377).
Para Trotski, los sindicatos no tardaron en
asumir un papel completamente contrarrevo-
77
Incluso profundiza en su origen: lucionario. Corruptos hasta su médula por la
burocracia sindical (impulsada por el Estado ca-
Es evidente que la gigantesca superganancia
[…] permite corromper a los dirigentes obreros pitalista), los mastodónticos aparatos sindicales
y a la capa superior de la aristocracia obrera. se convierten en inútiles cascotes de lo que un
Los capitalistas de los países «adelantados» los día fueron. El Estado ha internalizado comple-
corrompen, y lo hacen de mil maneras, directas tamente sus estructuras.
e indirectas, abiertas y ocultas. Sin embargo los comunistas no pueden es-
Esa capa de obreros aburguesados o de tancarse en la crítica pasiva, deben ser cons-
«aristocracia obrera», enteramente pequeño- cientes de que en el seno de estas organizacio-
burgueses por su género de vida, por sus emo- nes se encuentran muchos trabajadores que
lumentos y por toda su concepción del mundo no pueden ser despreciados. Por ello es deber
es […] hoy en día, el principal apoyo social de de los revolucionarios trabajar de manera
la burguesía. Porque son verdaderos agentes de soterrada en las estructuras sindicales sin des-
la burguesía en el seno del movimiento obrero,
cubrirse como tales.
lugartenientes obreros de la clase capitalista
[…], verdaderos vehículos del reformismo y del Es absurdo pensar que sería posible trabajar
chovinismo (Lenin, 1917, p. 699). contra la burocracia sindical con su propia
ayuda, o siquiera con su consentimiento. Ya
Esta cuestión también fue estudiada con que se defiende mediante persecuciones, vio-
detalle por el teórico y revolucionario Lev lencias, expulsiones, recurriendo frecuente-
Trostki. ¿Adónde va Inglaterra? (1925) es una mente a la ayuda de las autoridades guber-
de las primeras obras donde analiza el papel namentales, debemos aprender a trabajar
que jugaron los sindicatos en la sociedad ca- discretamente en los sindicatos, encontrando
pitalista. En ella menciona el fenómeno de la un lenguaje común con las masas pero sin des-
proliferación y el desarrollo de la ideología con- cubrirnos prematuramente ante la burocracia
servadora en los mismos (Hymann, 1975). Aun (Trotski, 1933, p.75).
manteniendo una cierta perspectiva optimista Esta represión y corrosión de la acción
sobre su papel, los sindicatos pierden todo sindical se acrecienta aún más cuando el
su potencial revolucionario; pasan a ser un Estado encuentra en ellos resistencia activa.
laberinto nº 44 / 2015

Sin embargo, como decimos, para él no se debe de relaciones políticas establecidas entre el
obviar el plano sindical a la hora de enfrentarse cuerpo electoral y el partido político que a él
al Estado –fascista o burgués. propone una lista de candidatos para la admi-
Ya en sus últimos escritos, Trotski le otorga nistración. Si la noción es igual, sin embargo
una importancia crucial a los sindicatos, pola- la práctica real es fundamentalmente distinta.
rizando su función en un sentido notablemente El partido comunista tiene su representación
más optimista de lo que encontramos años antes: permanente constituida en el seno del sindicato
Los sindicatos […] pueden servir como he- y actúa a través de ella, es decir con la mayor
rramientas secundarias del capitalismo im- competencia y con la mayor responsabilidad. No
perialista para la subordinación y adoctrina- se trata entonces de dos organismos distintos:
miento de los obreros y para frenar la revolu- sólo se trata, como por otro lado siempre ha
ción, o bien convertirse, por el contrario, en sucedido, de una parte de la asamblea sindical
las herramientas del movimiento revoluciona- que hace proposiciones y expone su programa al
rio del proletariado (Trotski, 1940, p. 98). resto de la misma. (Gramsci, 1922, p. 146)
No se puede pasar por alto a otro de los Propone un modelo de células partidistas
autores fundamentales de la teoría marxista en red dentro de los distintos sindicatos, de-
moderna: el italiano Antonio Gramsci. fendiendo en su seno las posturas del partido
En 1919 analiza pormenorizadamente la comunista. Esta red se formará con carácter
labor de los sindicatos junto con la de los consejos permanente y mantendrá unos objetivos
de fábrica. Para él, los sindicatos son instrumen- comunes (y tácticas autónomas) incluso después
de la revolución socialista. Entre los principales
78 tos –concebidos como armas contra las acciones
concretas de la burguesía– útiles para proveer objetivos deben figurar, con marcada impor-
al proletariado de gestores y técnicos pero «no tancia, la unidad sindical en Italia y fomentar
puede[n] ser la base del poder proletario», así la incorporación de los distintos sindicatos a la
como tampoco surgirán de ellos «los cuadros en Internacional Sindical Roja —la Profintern—
los que se encarnen el impulso vital, el ritmo de (Gramsci, 1922). Rescata, además, el espíritu de
progreso de la sociedad comunista» (Gramsci, La enfermedad infantil… cuando responde al iz-
1919, p. 98-99). Efectivamente: quierdista Vecchi que los comunistas no deben
aspirar, «por principio», a la creación de nuevos
los obreros convertidos en dirigentes sin- sindicatos (Gramsci, 1923).
dicales perdieron por completo la vocación
Llegados a este punto, debemos señalar
laboriosa y el espíritu de clase, adquirieron
todos los caracteres del funcionario peque- y poner en valor la versatilidad de la teoría
ñoburgués, intelectualmente perezoso y mo- marxista. Hay quien clamaría por lo errático
ralmente corrompido o fácil de corromper de las distintas posturas teórico-prácticas, sin
(Gramsci 1922, p. 145). embargo, eso lejos de devaluar la propuesta,
hace de ella algo vivo y adaptable a las distintas
Aun sin considerarlos el motor de cambio
situaciones. Sería inútil y contraproducente
ni su vehículo, ve necesario que los comunistas
obcecarse dogmáticamente en una posición
se organicen en ellos y usen su influencia para
radical u otra respecto a la función de los sin-
impregnarlos de las tesis y tácticas de la III In-
dicatos para los revolucionarios. De hecho, en-
ternacional. Como vemos, él tampoco elude de
ninguna manera la tarea de entrar en la polémica contramos ejemplos de cristalización teórica en
de la relación entre Partido y sindicatos: ambos sentidos. Por un lado los «consejistas»
Sobre las relaciones entre el partido y el mo- de izquierdas quienes, como Gorter o Mattick
vimiento sindical no pueden ser definidas con –rescatando las ideas de Pannekoek–, ofrecen
los conceptos tradicionales de igualdad entre una postura completamente férrea e inamo-
los dos organismos o de subordinación del uno vible sobre el carácter contrarrevolucionario y
al otro, sino que solamente con una noción perverso de los sindicatos (Gorter, 1920). Por

5. Curiosamente, estas dos teorías llegan a confluir, junto con un amasijo de teorías estéticas y radicales, en
la formación del llamado «izquierdismo moderno» (Gombin, 1973)
Recuperar la teoría de la praxis

otro lado, encontramos el sindicalismo revolu- lucha por la paz y el aglutinamiento de fuerzas
cionario de Sorel (1906) y sus seguidores, para de clase. Mientras tanto, los chinos y los
quienes el Sindicato es el instrumento de la albaneses veían en el cambio en las líneas sin-
guerra social que conduce a la liberación. En dicales, un reflejo de la «coexistencia pacífica»
ambos casos la teoría queda devaluada5 al no y del giro hacia el reformismo y el oportunismo
ofrecer un marco amplio para el análisis de la impulsado por el espíritu del XX Congreso del
realidad social. PCUS (Kota, 1976).
Al mismo tiempo, la intelectualidad marxista
occidental marchaba por otros derroteros.
IV. Cismas en los posicionamientos Los grandes pensadores críticos de la segunda
marxistas tras la III Internacio- mitad de siglo en Europa habían olvidado su
nal (1945-1980) relación con el Partido, y además, habían aban-
donado en su mayoría cualquier conexión con
Antes de precipitarnos al esbozo de unas la lucha política. Muchos de ellos no tardaron
conclusiones, debemos abordar, aunque sea de en caer en un pesimismo, no sólo respecto a la
manera sucinta, los debates que tuvieron lugar labor sindical, sino en cuanto al conjunto de la
con posterioridad a la III Internacional, en el actividad revolucionaria (Anderson, 1976). Ya
marco de la segunda mitad del siglo XX. desde la Escuela de Frankfort se aprecia una
Tras la Segunda Guerra Mundial (en 1945) inexorable tendencia hacia la pasividad; se ana-
y la muerte de Stalin (en 1953) el marxismo lizaban las causas de la derrota con mucha más
se encontraba dividido entre distintas tenden-
cias duramente enfrentadas. Mientras que los
países socialistas se encontraban profundamen-
profundidad que los medios para la victoria.
Esto llevó, en lo que nos concierne, al repentino 79
olvido de las organizaciones revolucionarias
te fragmentados en tendencias de desarrollo en general. Para este grupo de intelectuales, el
–soviética, pro-china y yugoslava fundamen- Estado capitalista había internalizado comple-
talmente–, los intelectuales y pensadores en
tamente las estructuras que antaño pudieran
occidente no tardaron en dar de lado al partido
ser revolucionarias. Posteriormente, el pensador
comunista y a las «versiones oficiales» para de-
marxista francés, Louis Althusser (1984), no
sarrollar una teoría en gran medida vacía de
por casualidad, incluyó a los sindicatos como
contenido político concreto.
La mayoría de los países socialistas, así como un órgano más de los «aparatos ideológicos del
estado» capitalista.
sus sindicatos afines se coordinaban en la Fe-
En otras palabras, mientras los revolucio-
deración Sindical Mundial (FSM), llegando a
narios organizados discutían sobre la manera
ser un importante referente para las capas más
correcta de extender la revolución a occidente
combativas del proletariado organizado. Sin
embargo, al igual que la Profintern nunca llegó a y al mundo, desde una influencia mínima en las
tener el volumen de afiliados que la Internacio- masas sociales, los intelectuales marxistas occi-
nal de Ámsterdam –pese a tener el importarte dentales –huérfanos ya de Partido–, dejaban en
apoyo y contar con los miembros de los sindica- la estacada la propia idea de revolución.
tos de países socialistas–, la FSM se ve eclipsada
por las diferentes organizaciones de sindicatos V. La praxis, única base de la teoría
moderados, entre las que destaca (en occidente)
la Confederación Europea de Sindicatos.
sindical.
Como hándicap añadido, la FSM no contaba Por escueto que haya sido nuestro recorrido
con una unidad de acción o de discurso. En su por la vasta teoría que se ha desplegado en torno
seno existían grandes contradicciones que no a la cuestión sindical, podemos extraer de ella
eran sino el reflejo de las discusiones en el mo- los atisbos de la formación de una teoría: la
vimiento comunista internacional. Los soviéti- teoría de la praxis.
cos, los mayores promotores de la organización, Ninguno de los más grandes pensadores ha
apostaban aún por la vía de los frentes amplios propuesto una serie de ideas preconcebidas sin
no rupturistas, incluyendo en sus objetivos la conexión con la situación social. En definitiva,
laberinto nº 44 / 2015

no existen recetas mágicas ni formulas inamo- • La correlación de fuerzas entre las


vibles. Cualquier intento de coagulación de la distintas clases y su plasmación en las
teoría marxista sería una renuncia a la propia centrales sindicales. Algunos aspectos
tradición de pensamiento revolucionario en destacables serían el volumen de afiliados
la que nos enmarcamos. Tampoco se puede y las políticas propuestas, así como su
ver como mero «optimismo» o «pesimismo» implantación en las masas.
ninguna de las teorías que se han expuesto. • La situación política e ideológica –su-
En primer lugar, porque sería faltar a la verdad perestructural– en el Estado concreto.
tratar de resumir de una forma u otra cualquiera Políticas destinas al desarrollo o coope-
de las posturas planteadas, y en segundo lugar, ración sindical. Incluimos aquí la actitud
porque de esta manera las estaríamos despojan- del Estado frente a los movimientos re-
do de cualquier contenido revolucionario. volucionario-reivindicativos.
No se trata de saber cuál es la receta Obviamente hay otros elementos que deben
«correcta», ni siquiera de identificarnos con una ser tomados en cuenta como las contradicciones
u otra. Tampoco de analizar las discrepancias respecto a la cuestión nacional, los medios de co-
entre ellos o sus elementos de confluencia. Pese a municación, las relaciones de género, etc. Todo
que eso puede albergar cierto interés académico esto puede condicionar (e incluso, en algunas
o histórico, nuestro deber es analizar, como ellos circunstancias, determinar) la cuestión sindical.
lo hicieron, nuestra realidad histórica antes de Sin embargo, no son sino condiciones subalter-
establecer una táctica sindical u otra. nas cuando abordamos esta problemática.
80 El modelo de análisis que se propone a conti-
nuación no es más que un bosquejo con el que se
Este análisis no puede ser pura y simplemen-
te académico, debe incluir inexorablemente la
marcan elementos fundamentales de cualquier praxis política. Es deber de los revolucionarios
estudio marxista a la hora de enfrentarnos a la entrar en contacto con las masas en sus organi-
cuestión sindical. Estos son: zaciones defendiendo en su seno las líneas de la
• El desarrollo histórico concreto de las emancipación de la clase trabajadora.
fuerzas productivas y del mercado de No hay mejor remedio contra el dogmatis-
fuerza de trabajo en el entorno. De ello se mo táctico que la combinación de la lectura, el
desprenderá una determinada correlación análisis y el activismo. Todo ello es imprescin-
de clases a partir de la cual se construiría dible para afinar unas apropiadas líneas en la
una estrategia revolucionaria u otra. cuestión sindical.
Recuperar la teoría de la praxis

Bibliografía

Anderson, P. 1905 Huelga de masas, partido y sindicatos. Madrid:


1976 Consideraciones sobre el marxismo occidental. Siglo XXI. 1974.
Madrid: Siglo XXI Editores. 1987. Lozovsky S.
Gramsci, A. 1935 Marx and the trade unions. Londres: Martin
1917-1933 Escritos políticos. México DF: Ediciones Lawrence LTD.
Pasado y Presente. 1977. Marx K.
Gombin R. 1865 Salario, precio y ganancia. Madrid: Editor
1973 Los orígenes del izquierdismo. Bilbao: Editorial Padilla. 1968.
Zero. 1977. 1848 Miseria de la filosofía. Barcelona: Ediciones
Hymann R. Folio. 2002.
1975 Marxism and the sociology of Trade Unions. Marx y Engels
Pluto Press. 1844-1890a El sindicalismo. Teoría, organización,
Kota, F. actividad (vol. I). Barcelona: Editorial Laia. 1976.
1977 Dos líneas opuestas en el movimiento sindical 1845-1890b El sindicalismo. Contenido y significa-
mundial. Madrid: Emilio Escolar Editor. do de las reivindicaciones (Vol. II). Barcelona:
Lenin V. Editorial Laia. 1976.
1902-1922 Acerca de los sindicatos. Moscú: Agencia Gorter H. et al.
de Prensa Nóvosti. 1984. 1920 La cuestión sindical. Madrid: Castellote editor.
1902 ¿Qué hacer? Moscú: Editorial Progreso. 1961. 1977. [Disponible en: Los consejos obreros y la
[Obras escogidas tomo 1] cuestión sindical]
1917 El imperialismo, fase superior del capitalis-
mo. Moscú: Editorial Progreso. 1961. [Obras
Paramio, L.
1986 Sindicato y partido: un conflicto creativo. Nueva
81
escogidas tomo 1] sociedad, 83, 75-80.
1920 La enfermedad infantil del «izquierdismo» en Sorel G.
el comunismo. Moscú: Editorial Progreso. 1961. 1906 Reflexiones sobre la violencia. Madrid: Alianza
[Obras escogidas tomo 3] Editorial. 1972
1922 Acerca del papel y las tareas de los sindicatos en Trostki, L.
las condiciones de la nueva política económica. 1923-1940 Acerca de los sindicatos. Madrid: Fundación
Moscú: Editorial Progreso. 1961. [Obras Federico Engels. 2002.
escogidas tomo 3]
Luxemburg R.
1900 Reforma o revolución. Barcelona: Diario Público.
2009.