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El oportunismo de Slavoj Žižek: una crítica marxista

Publicado el abril 4, 2019, Escrito por: SCH, 22/11/2017 – 3/4/2019

https://blogsocialist21.wordpress.com/2019/04/04/el-oportunismo-de-slavoj-zizek-una-critica-
marxista/?fbclid=IwAR0ojRcfFKJNG-rnPpPHxtCnK-J8w0erHE7rg0erOpDrkGdWHn0AGPgtixE

Introducción: un mapeo inicial y polémica


necesaria

“EN UN BIEN CONOCIDO CHISTE de los hermanos [humoristas


estadounidenses] Marx, Groucho responde a la pregunta convencional: “¿Té o
café?” con un “¡Sí, por favor!” –con una negativa a elegir–. La idea básica
implícita de este ensayo es que uno debería responder de la misma manera a la
falsa alternativa que parece imponernos la teoría crítica actual: o “lucha de
clases” (la anticuada problemática del antagonismo de clases, la producción de
mercancías, etc) o “posmodernismo” (el nuevo mundo de múltiples identidades
dispersas, de contingencia radical, de irreductible pluralidad lúdica de luchas).
Aquí, al menos podemos estar en misa y también en la procesión. ¿Cómo?” (Žižek,
2000, pág. 95).

El muy mal llamado “pensamiento crítico” del sistema-mundo del capitalismo


imperialista que pervive en el siglo XXI se remite, entre otras, por un lado, a las
supuestas corrientes francesas de posguerra y postestructuralismo que tuvo su
momento de auge pero ya se han ido apaciguando los ánimos. Por el otro, al
marxismo mundial que es tan viejo (o tan joven) como la clase obrera y sus
avatares pero que sigue en crisis de marginamiento y estancamiento desde la
restauración capitalista de 1989–91, pese a algunos asomos de cabeza, cual viejo
topo. El esloveno Slavoj Žižek es heredero y producto contradictorio de ambas
(Reinoso, 2015) con aportes propios.
El presente texto político leninista (para algunos, un esbozo vulgar de
un mapeo inicialcon y, ante todo, contra Žižek) apunta a indagar panoramicamente
qué posición asume el autor esloveno frente a estas “tradiciones críticas” filosóficas
o políticas. Tras ello, cuál es su ubicación bélica en la lucha de las ideas
contemporánea, qué nuevo curso y derroteros teóricos persigue este, pues toda
guerra de clases es una guerra teórica, aún en tiempos de falsa paz y transición,
reflujo y convulsión, como los que vive Colombia y otras latitudes de América
Latina y del Norte, Europa, Asia y África.
Vemos pertinente revisar este punto debido al enigma que suscita sus
planteamientos polémicos-pop dentro del pensamiento contemporáneo y la
desorientación en que se encuentra el marxismo contemporáneo lo ameritan. Tan
es así que Slavoj Žižek es calificado un filósofo marxista o comunista del siglo XXI.
Vaya estafa.

Segundo, en vista a una crítica materialista dialéctica que se está empezando a


hacer desde el marxismo ortodoxo (revolucionario) a Slavoj Žižek (sin haber
todavía un Anti-Žižek[1]marxista sistemático de la calidad tripartita de lo que fue
un Anti-Dühring de Engels). Una “ortodoxia”, no dogmatismo y no en un mero
sentido metódico de la totalidad de Georgy Lukács[2] sino en el sentido de una
radical-intransigencia moral y política de fidelidad a los intereses de los
trabajadores en Marx[3]-Engels, Lenin[4] y Trotsky[5] (llamada tradición
clásica del materialismo histórico por Perry Anderson (Anderson, 1987, pág. 137) y
Alex Callinicos[6]). Contra todas las burguesías liberales imperialistas y nacionales,
la pequeña burguesía, tanto reaccionaria como reformista, y la aristocracia obrera y
su burocracia sindical y política.
La nuestra es, entonces, la viva (o agónica, ave de Fenix) tradición revolucionaria
bolchevique[7], su lema: “solos contra todos”, “con y por la clase obrera, todo, sin
ella, nada”, “una minoría vuelta mayoría hegemónica de masas”, “todo el poder a
los soviets”, “paz, pan y tierra” (consignas movilizadoras concretas), en las
convulsiones sociales mediante las masas insurreccionadas y el “arma del partido”.
Una apuesta inmanente a las condiciones materiales de existencia de la clase y sus
aliados populares por las luchas cotidianas y resistencias enrumbadas a situaciones
excepcionales y una nueva revolución de octubre global en la periferia-centro por
el socialismo global. Luchamos por la Segunda Independencia de Colombia y
América Latina, la liberación de nuevas semicolonias africanas, asiáticas y
noreuropeas, la victoria final del trabajo en los eslabones fuertes del capital
imperialista, Norteamérica, Europa y los enclaves productivos de países como
Japón, Israel y China. Una gesta histórica realizada por partidos de los de abajo
marxistas, es decir, proletarios revolucionarios, que lideren el movimiento de
masas y social insurreccionado hacia la conquista del poder político y resistiendo
en el diario vivir en las fábricas y empresas, escuelas y universidades, barrios y
comunidades. Eso es el neo bolchevismo, el marxismo revolucionario de nuestra
etapa y época.
El marxismo ortodoxo o marxismo revolucionario proletario en cuanto tal, según
Lenin, está constituido por tres partes integrantes en constante
desarrollo científico y sociohistórico abierto ( o “heterodoxo”, John Foster llama a
Marx pionero de los «sistemas abiertos») acorde a la sociedad en la que se vive, que
lo hacen ser un movimiento revolucionario universal del Trabajo sui generis
contra el statu quo del Capital, también universal de suyo.
En primer lugar es una filosofía, un materialismo filosófico contemporáneo o
“dialéctico”: de la primacía ontológica de la materia-ser sobre la idea y la
inmanencia de la realidad; la existencia de la realidad independiente de la
conciencia (realismo) y la cognoscibilidad de la realidad objetiva como proceso de
la subjetividad; el ateísmo o desarrollo inmanente de la materia inorgánica a una
orgánica; el movimiento del ser y el pensar a través de contradicciones inmanentes
y la realidad como síntesis de las múltiples determinaciones; la subsunción de
teorías y presupuestos de las ciencias naturales, sociales y formales, culturas,
teorías y prácticas, la causalidad recíproca entre estructuras y el desarrollo desigual
y combinado, etcétera.
En segundo lugar es un paradigma científico social, la teoría económica del valor–
trabajo y la plusvalía, el rico desarrollo el materialismo histórico. Es decir, la
concepción materialista de la historia y la causalidad recíproca de producción
(poiesis) – praxis (politeia) – discursos (logos). El análisis científico de la
producción capitalista y otros modos de producción, la explotación de la fuerza de
trabajo del proletariado y los nuevos modos de acumulación del capital y las
superestructuras gobernantes, en economía, sociología, antropología e historia,
politología, entre otras.
En tercer lugar es un movimiento social y político, que mediante la rica teoría de
las ciencias sociales y políticas en torno a la lucha de clases, busca tomar partido
por la lucha histórica del proletariado y el sindicalismo. Es un socialismo científico
–anti utópico–, pues ser marxista no es sólo reconocer la lucha de clases sino
también luchar por la dictadura histórica de clase del proletariado –una clase real y
viva a la que se debe y es su reflejo–. Por la conquista del poder político. Su
dialéctica de triunfos y derrotas en la consecución de una sociedad contingente
anticapitalista en la guerra multilateral (económica o gremial sindical y de masas,
política o institucional y teórica o académica y propagandística, según el Anti-
Dühring de Engels y el Qué hacer de Lenin) contra los capitalistas y sus agentes
sociales.
La Cruzada Ideológica del imperialismo y la burguesía mina constantemente estos
tres cimientos ortodoxos metódico programáticos y los revisa por derecha y por
izquierda, a su antojo, según la lucha real afuera de la teoría, pero imbricada con
ella. Lo que está en juego, tal vez, es una teoría materialista de análisis de lo real y
de vanguardia política, útil a la praxis social cotidiana de los de abajo, en especial,
al sujeto globalizado que no es otro sino la clase obrera. En nuestra hipótesis
estratégica, tal apuesta implica comprender exhaustivamente, de modo paciente y
desligarse radicalmente tanto de las concesiones diversas: al reaccionario
postestructuralismo francés y mundial como al viejo stalinismo reciclado y los
nuevos liberalismos en auge (la más esclerótica de las ideologías), los
neoreformismos centro izquierdistas, a los que el marxismo “ecléctico” y el
“postmarxismo” (el oportunismo revisionista idealista) ha cedido, infortunada y
reiteradamente.
Dicho carácter ecléctico y post es claudicación, sobre todo, para la izquierda radical
anti-posmoderna, obrera y socialista, es decir, para el marxismo revolucionario,
materialista intransigente. Han sido más fuertes que el materialismo espontáneo
de sectores productivos de la burguesía y clase media contemporánea, que aunque
metafísica también es anti posmoderna de principios en su praxis científica natural,
tecno económica y pragmática político e institucional, como en algunas pocas
teorías sociales y filosóficas realistas.

Asumimos una polémica contra el ídolo Žižek con plena


consciencia impopular, pues reconocemos que la producción del conocimiento
oficial (vg. véase últimos números de la Revista Ideas y Valores) y “crítico”
actualmente vira a un lado opuesto y tienen un sentido común hegemónico
antitético, antimarxista. Todo esto en parte, porque las ideas actuales son las de la
clase dominante y la clase media reformista, pero también en parte por una crisis
interna y falta de autocrítica consciente y desarrollo sociopolítico e investigativo en
el seno del marxismo proletario. Lo que se quiere problematizar con Žižek es la
relación de fuerzas y hegemonía de estas dos tradiciones disidentes, la posmoderna
y la marxista/comunista/socialista, la crítica de Žižek a ambas que deviene en
crítica a él mismo, el posicionamiento propio y tradición autoconstruida a la que
responde el oportunismo de Žižek.
A 100 años de la revolución bolchevique de Trotsky y Lenin, de la fundación de la
Tercera Internacional Comunista, como no podía faltar, el debate-problema
centenario sobre reforma y revolución en la filosofía política contemporánea sigue
vigente y dividiendo aguas en la sociedad y el pensamiento. Queremos situar a
Žižek en esta discusión y coordenadas que trasciende las paredes de la academia
“filosófica” y las comunidades científicas y universitarias e implica la viva voz de la
movilización social y la lucha sistémica exacerbada entre trabajadores y
capitalistas, de la llamada izquierda.

Dichos estos preliminares, la estrategia argumentativa se circunscribirá y operará


del siguiente modo. Al inicio y a lo largo del texto usaremos el texto (o más bien
la pregunta-eje) central “¿Lucha de clases o posmodernismo? ¡Sí, por favor!” de
Slavoj Žižek, resumiendo grosso modo su postura general y razones para no-elegir
y no tomar partido por “ninguna de las dos”, antes criticando ambas posturas,
como introducción al tema. Se busca entonces comprender, identificar tensiones y
explicar la actitud de Žižek hacia el posmodernismo y el marxismo. El Žižek
“revolucionario” e intransigente ante la Cruzada Ideológica y social del Capital.
Posteriormente, buscaremos identificar su “actitud zizekiana” oportunista ante
estas dos corrientes en la disyuntiva reforma versus revolución y, además, hacer un
mapeo superficial de las líneas de relacionamiento de este con: el psicoanálisis
lacaniano, el idealismo alemán y vertientes marxistas variopintas, la
situacionalidad política eslovena, más el eclecticismo posmoderno y el
postestructuralismo, que embarduna su obra y teoría. El Žižek de la reforma y lo
reproducido posmoderno en la filosofía.
Así pues se comentará políticamente con apoyo a la bibliografía auxiliar los
postulados reformistas e idealistas de este autor y a su vez la crítica progresiva que
ha hecho a otros autores reformistas en algunas de sus obras y otros textos
historiográficos y hermenéuticos en los que Žižek no habla en primera persona.
Con ello reconocemos de entrada nuestra ignorancia fragmentada de toda su obra
prolífica de más de 50 libros y falta franca de rigor, y nos valemos del filtro de
segundos interlocutores y opiniones políticas, lo que se dice de Žižek.
Por último, una conclusión sobre el rehabilitamiento contradictorio del marxismo
contemporáneo tras su crisis ideológica y material, su marginalidad relativa
realmente existente como movimiento revolucionario universal, filosófico,
científico y sociopolítico, junto al auge de la ideología burguesa y revisionista, que
llamamos Cruzada Ideológica, el rol distorsionado que cumple Žižek en todo ello.
Un Žižek situado en un interregno (tránsito) oportunista y revisionista en el que la
balanza de la lucha de clases está en detrimento de una hegemonía obrera, pero
que no obstante, recupera su terrenalidad en la guerra teórica y la resistencia
social.
A lo largo del texto buscaremos sostener y caminar con dos hipótesis materialista
operantes o revolucionarias comunista paralelas e imbricadas dialécticamente:

a) Tres décadas de Cruzada Ideológica y social –o incluso cincuenta años, desde


el guayabo sesentayochesco francés (la victoria de la contrarrevolución tras el
Mayo del 68)– contra el marxismo revolucionario, esto es, la ideología más
avanzada y el patrimonio cultural universal de y para los trabajadores y sus aliados
populares y oprimidos, han tenido un dique reactivo y progresivo de una pulga
como Žižek en la batalla contra el posmodernismo y la ideología liberal burguesa.
b) No obstante, la respuesta limitada de Žižek es que este se sitúa dentro del campo
del reformismo idealista y el revisionismo, claudicación posmoderna al enemigo de
clase, más que de un pretendido materialismo dialéctico o marxista consecuente.
Žižek es el monstruo oportunista deformado y oscilante en este interregno, tal es
nuestra tesis marxista. En la puja del poder-saber y coordenadas de la burguesía y
del proletariado global como sujeto universal, esta clase en tanto “sujeta” (sujetada,
subordinada) no sujeto (bestia de carga, laboral) que posibilita todos los sujetos en
su existencia material (incluido los filósofos posmodernistas). Aparecen
‘compañeros de viaje’ u aliados momentáneos, como Žižek, pero el socialismo
revolucionario y materialista debe seguir su devenir y sobre todo, salvaguardar su
porvenir y tradición, ante los nuevos idealismos y oportunismos que combatir sin
misericordia alguna. Diciéndole la verdad a los trabajadores y a la vanguardia.

El marxismo proletario revolucionario, el socialismo, aún no emerge y sigue en un


repliegue estratégico debido a una derrota relativa de nuestra clase asalariada, el
sujeto laboral global, que no ha salido a flote. Un nuevo centenario inicia, un nuevo
escenario de lucha, post-stalinista y neoliberal, para volver a intentar tomar el cielo
por asalto[8] y reconstruir el marxismo desde sí mismo sin concesiones
posmodernas o burguesas de la cruzada pero abierto a incorporar los avances
científicos recientes de las clases dominantes y experiencias sociales actuales del
proletariado global en lucha y resistencia.

La revolución en Žižek

¿Lucha posmoderna o lucha de clases? ¿Reforma o revolución? ¿Marxismo o


postmodernismo? ¿Ideología idealista o crítica materialista? ¿Qué filosofía/teoría
radical adoptar y construir? Tal pareciera ser la disyuntiva fundamental, la lucha
planteada a Žižek, que le trasciende. En palabras del autor: “[L]idiar con la Cosa
misma que está en juego, llámese: las (im)posibilidades de un pensamiento
político radical y de una práctica política radical en el movimiento actual…En
última instancia, lo que mejor expresa el problema de la escena filosófico-política
actual es la vieja pregunta de Lenin: “¿Qué hacer?”. ¿Cómo reafirmamos, en el
terreno político, la dimensión del acto [revolucionario] propiamente
dicho?…Apenas se muestra el más mínimo indicio de participación en proyectos
políticos que apuntan seriamente a cambiar el orden existente, la respuesta
inmediata es: “¡Por bien intencionado que esté, esto terminará necesariamente en
un nuevo Gulag! El “retorno a la ética” en la filosofía política actual explota de
manera vergonzosa los horrores del Gulag o del Holocausto como el cuco
máximo, para chantajearnos y obligarnos a renunciar a todo compromiso radical
serio” (Žižek, 2000, págs. 96, 138). En Žižek hay un encanto e irreverencia, de ahí
su popularidad, la vuelta por el ¡Viva la revolución, viva el marxismo! “¡Sí, eso es
precisamente lo que queremos!” (Žižek, 2000, pág. 134).
Al entablar diálogo contemporáneo de izquierda con los autores posmodernos,
Ernesto Laclau y Judith Butler, Chantal Mouffe también, Žižek busca responder a
la disyuntiva inquisitiva sobre elegir entre una u otra posición. Su respuesta inicial
será un ¡Sí, por favor!, al compás del humorista Groucho Marx al responder a la
camarera sobre si prefiere té o café. Es la negación consciente de optar por uno u
otro. Para Žižek se trata de una “falsa alternativa o dilema” (Žižek, 2000, pág. 95),
la encerrona de querer elegir entre el camino posmodernista y el clasista marxista.
Cabe decir que Žižek entiende por postmodernismo en un sentido restringido como
una lucha culturalista emanado de una ideología de un novum mundus signado por
la contingencia radical, la anti universalidad y pluralidad de sujetos y sus
demandas (género, raciales, culturales, etc) irreductibles a un todo. Las llamadas
políticas de la diferencia y la singularidad. Mientras que la lucha de clases supone
un objetivismo anticuado de posiciones, de un sujeto “a priori”, el proletariado, en
pugna con la burguesía, previamente establecido por su lugar en la producción de
mercancías indispensables para la reproducción de la vida social material. Nuestra
intuición general o planteamiento, es que más que suscribir el debate al asunto
político “luchas culturales vs lucha de clases” en el ensayo de Žižek, en un sentido
más global el autor se enfrenta a dos tradiciones abiertas: el marxismo y el
postmodernismo, en sentidos laxos y ampliados. El primero, es el de la revolución,
el segundo, en de la reforma y la contrarrevolución. ¡Žižek rechaza a ambos, como
buen oportunista centrista! Porque su obra es muestra de estas dos polaridades, de
querer escapar a ambas y no comprometerse. Antes busca vincularlas, como
veremos.
La revolución de Žižek es una reacción ante el posmodernismo global y el
stalinismo en ruinas, de su antiguo país despedazado, la antigua Yugoslavia
(“República Federativa Socialista de Yugoslavia”, 1963 – 1992). Veamos los
componentes que sitúan a Žižek en un primer polo, cuyo flanco de críticas es el
posmodernismo, acercándose al marxismo, pero sin comprometerse con él, por el
anquilosamiento stalinista.
Žižek sostiene que la lucha de clases sigue vigente y es la sobredeterminación
absolutamente todas las luchas sociales…incluso las “culturales”. Este aboga por
una (re)politización de la economía en la que las luchas de los inmigrantes, de los
negros, de las mujeres, las sexualidades disidentes, no se sustraigan de la
determinación que viene de la producción en sus condiciones materiales de
existencia. No es que la lucha de clases sea una lucha económica y de los obreros,
una lucha parcial, de un sector de la sociedad, que supuestamente, cumple un rol
esencial universal como sujeto, sino más bien que la lucha de clases es una lucha
política y determinadora de toda lucha social reivindicativa. Dice el esloveno:
“Aquí, mi primera observación es que mientras, por una parte, esta narrativa
izquierdista posmoderna convencional del pasaje del marxismo “esencialista” –
con el proletariado como único Sujeto Histórico, el privilegio de la lucha
económica, etc.– hasta la irreductible pluralidad de luchas posmoderna describe
sin dudas un proceso histórico real, sus partidarios –por regla general– omiten la
resignación que conlleva: la aceptación del capitalismo como única alternativa
posible, la renuncia a todo intento real de superar el régimen capitalista liberal
existente. Este punto ya fue planteado de un modo muy preciso por Wendy
Brown…‘¿Es posible que nos hayamos topado con una de las razones por las
cuales la clase es invariablemente nombrada pero rara vez teorizada o
desarrollada en el mantra multiculturalista, “raza, clase, género,
sexualidad”?….Marx sostenía que en la serie producción-distribución-
intercambio-consumo, el término “producción” se inscribe por partida doble: es
simultáneamente uno de los términos de la serie, y el principio estructurante de
toda la serie…Y lo mismo vale para la serie política posmoderna clase-género-
raza…en clase como uno de los términos de la serie de luchas particulares, la clase
qua principio estructurante de la totalidad social “se encuentra en su
determinación oposicional” (Žižek, 2000, págs. 101 – 102).
El posmodernismo, al propugnar la eyección de pluralidades de sujetos e
identidades, realmente existente, lo que hace es separar las esferas mercado –
política – sociedad civil como la modernidad burguesa que dice rechazar. El
posmodernismo al rechazar el economicismo marxista y su esencialismo obrerista,
rechaza la determinación estructural que hace posible toda lucha. Frente a esto dice
Žižek en el libro conjunto reformista Contingencia, hegemonía, universalidad:
diálogos contemporáneos en la izquierda: “[L]a actual política posmoderna de las
subjetividades múltiples no es suficientemente política, en la medida en que
presupone en silencio un marco de relaciones económicas “naturalizado”, no
tematizado. Contra la teoría política posmoderna, que tiende cada vez a prohibir
la referencia misma al capitalismo como algo “esencialista”, debería sostenerse
que la contingencia plural de las luchas políticas posmodernas y la totalidad del
Capital no se oponen…el capitalismo actual, más bien, aporta el fondo y el terreno
mismos para la emergencia de las subjetividades políticas cambiantes-dispersas-
contingentes-irónicas, etcétera” (Žižek, 2000, pág. 116).
En consonancia con esto, Žižek constata la espuria adaptación de la izquierda
filosófica al neoliberalismo, el imperialismo y el horizonte de la democracia
radical…burguesa. Sostiene que: “[E]sta resistencia contra el acto [revolucionario
ilegal] parece ser compartida en un amplio espectro de posiciones filosóficas
(oficialmente) opuestas. Cuatro filósofos tan distintos como Derrida, Habermas,
Rorty y Dennett probablemente adoptarán la misma postura democrática liberal
de centroizquierda en decisiones prácticas; en lo que respecta a las conclusiones
políticas que deben extraerse de su pensamiento, la diferencia entre sus posiciones
es insignificante…¿Qué pasa, sin embargo, si las diferencias filosóficas sí
importan políticamente, y sí, por consiguiente, esta congruencia política [liberal
burguesa reformista] entre filósofos nos está diciendo algo crucial sobre sus
posturas filosóficas? ¿Qué pasa si, pese a los grandes y apasionados debates
públicos entre deconstructivistas, pragmáticos, habermasianos y cognotivistas,
ellos comparten, no obstante una serie de premisas filosóficas [idealistas]?…¿Y
qué pasa si la tarea de hoy fuera precisamente romper con este terreno de
premisas compartidas [contrarrevolucionarias]?” (Žižek, 2000, págs. 138 – 139).
La metafísica posmoderna consiste en que, dado el triunfo del mercado neoliberal
por sobre la totalitaria planificación, el “significante vacío” que hay que llenar es el
de la democracia…liberal burguesa, adornada con otros nombres estilísticos y
estéticos de los filósofos del establecimiento y los intelectuales “críticos” o
“alternativos”. Una nueva democracia posmoderna que reconozca el status de
subjetividad de todas las individualidades y colectividades: indígenas, afros, etc. La
hegemonía estriba en demandas en lo irreductible real y es que la utopía es un
trauma irreal, de ahí que haya que luchar por nuevas representatividades y usar el
aparato estatal, para la consecución de reformas. Pero el posmodernismo no solo
puede ser populismo y culturalismo, para ampliar la democracia. Žižek también
polemiza con autonomistas marxistas (Toni Negri, John Holloway, etc), que
exaltan los movimientos sociales y las multitudes globales, el puro espontaneísmo
de las masas (ya criticado y elogiado por Lenin) por demandas materiales y pos
materiales, que no pasan por el Estado capitalista, sino que se las arrancan y se
materializan sin entrar en el juego institucional. Para Žižek, a pesar de la
disimilitud, todas estas posiciones no transgreden el sistema representativo-liberal
del capitalismo imperialista y realizan una artificiosa metafísica donde lo real es el
“demos” de un pueblo soberano y constituyente que avanza en la consecución de la
democracia, cosa que más que doblegar al neoliberalismo, es fortalecerlo, pues la
idea de un mercado autorregulado por la democracia, es capitalista de suyo, como
consignó en La revolución blanda (2004).
Žižek vuelve a darle una operatividad a la ideología en obras tales como El sublime
objeto de la ideología (1989), la recuperación de un concepto abandonado y
minado por el posmodernismo. “Hasta hace no mucho tiempo se consideraba que
el concepto de ideología, y por tanto su crítica, se encontraban pasados de moda”
(Roggerone S. , 2015, pág. 1). Así pues Žižek rechaza la lucha posmoderna en tanto
negación de la posideologías o metarrelatos, se lanza en ristre contra esas fantasías.
Al multiculturalismo, en tanto ideología liberal que propugna la convivencia
pacífica de culturas occidentales y no occidentales, Žižek la muestra como una
nueva forma de totalitarismo neocolonial, en la que se acepta al Otro en el marco
de la cultura neoliberal totalizante, del evangelio del mercado y la exportación de la
democracia, como ocurrió con Irak y Afganistán. A la cultura de la diferencia y la
tolerancia, en tanto repulsa posmoderna de la universalidad, Žižek identifica en ella
un compromiso sistémico con el capital y la burguesía liberal, en el que cualquier
tipo de disidencia significativa y disruptiva, es opacada por una individualidad
aséptica de redes y comunidades, con capacidad de agencia y goce, en un mercado
cultural. Por ello Žižek considera que el imperativo del goce, de la libido, es la
expresión del capitalismo tardío. Tal enseña de hedonismo o consumismo es la
victoria del neoliberalismo, de los capitalistas, en tanto las luchas culturales por el
look, por veggie food, gustos, el sexo liberado, siguen estando en la mecánica del
capital. El posmodernismo es su ideología mercantil.
Žižek opta por revivir a los muertos, los perros, pues el posmodernismo es el
imperativo de la novedad y la academia burguesa, en tanto aparato ideológico del
estado burgués, no se queda atrás. En contraste con ello, Žižek hace relecturas para
muchos “novedosas” y muestra la pertinencia contemporánea y provocadora de
autores ortodoxos como Marx, Lenin (obras: Repetir Lenin, 2004, Lenin
Reactivado, 2010) Trotsky (Žižek presenta a Trotsky: terrorismo y comunismo,
2010, además firma en 2019 adhiere a un manifiesto internacional crítico frente a
la serie Trotsky de Netflix), de la tradición proletaria marxista, olvidada y relegada
al baúl de la antigüedad. El posmodernismo, en su versión liberal, izquierdista o
postestructuralista, es antimarxista por principio. De Marx, Žižek resaltará la
necesidad de hacer una “nueva crítica de la economía política” en pos de repolitizar
la economía y analizar el capital virtual o financiero, rompiendo la fisura
culturalista. De Lenin la necesidad de traer a vuelta la radicalidad y el partidismo
de las luchas. De Trotsky, la restauración de su honor y su realismo sagaz, el terror
rojo ante la contrarrevolución burguesa y la falsificación stalinista.
Otro aspecto de esta hermenéutica “revolucionaria” en Žižek es la recuperación de
la dialéctica y Hegel en el extenso tratado Menos que nada: Hegel y la sombra del
materialismo dialéctico (2012), en pugna contra las visiones y críticas
posmodernistas que arrecian en decir que Hegel es puro teleologismo, mesianismo,
binarismo, falo-logocentrismo, idealismo absoluto, modernismo conservador, etc.
En contraste con ello, Žižek concibe a Hegel pasado por una lectura lacaniana como
el pensador de la negatividad absoluta en la pulsión real, de la imposibilidad
ontológica, el de la contingencia y el acto revolucionario, de la universalidad
concreta (Žižek, 2012), en suma, del antiutopismo inmóvil, como del
antireformismo evolucionista móvil, contra la realidad estática o flujos metafísicos
del posmodernismo y sus luchas localizadas, sin asunción universal. Dice Žižek:
“No obstante, este justificado rechazo de la plenitud [antidialéctica] de la
Sociedad posrevolucionaria no justifica la conclusión de que tengamos que
renunciar a todo proyecto de transformación social global, y limitarnos a los
problemas parciales que deben ser resueltos: el salto de una crítica de la
“metafísica de la presencia” a una política gradualista “reformista” antiutópica
constituye un cortocircuito ilegítimo” (Žižek, 2000, pág. 109).

La reforma en Žižek

Ahora bien, volviendo el agua a su justo cauce originario, la pretendida irreverencia


filosófica de Žižek es su ni posmoderno ni marxista. La ideología oportunista
pequeñoburguesa del “ni-ni”. El sí, por favor, vuelto: ¡Ninguna, por favor! Aquí
emerge el Žižek de la reforma. El oportunista en su máxima expresión. Al final
tiene que tomarse la bebida: ¡Bueno, sí! ¡Sólo un poco de esta y de aquélla, por
favor! El edulcorante posmoderno, satisface el apetito de Žižek, el ácido marxista lo
rechaza su organismo, su edificio filosófico. Pasemos a identificar los momentos
posmodernos de Žižek, que se expresan distorsionadamente, en un momento
reactivo de ser anti-posmoderno y otro de coquetear y ser posmo hasta la médula,
como un cuasi y pseudo postmarxista. De ahí la atracción de la intelectualidad
universitaria y el estudiantado, ¡viva el reino de la reforma, viva el
posmodernismo! Por supuesto, afirmar la reforma, es afirmar la reacción idealista,
la Cruzada Ideológica…en últimas, las hurras unidimensionales a la
contrarrevolución burguesa en curso, que cuenta con cuadros intelectuales
experimentados y famosos.
A pesar del mentado ultraizquierdismo zizekiano, que es tomado como radicalidad
comunista, esto dista mucho de ser real. Ante la emergencia de numerosas luchas
culturales o reivindicativas dentro del régimen capitalista, Žižek propondrá un
“quietismo activo”, un “no, prefiero abstenerme” (Castro-Gómez, 2015, págs. 155,
17). Žižek reconoce que los posmodernos y contemporaneidad: “[T]iene[n] el gran
mérito de que “repolitiza” una serie de ámbitos antes considerados “apolíticos” o
“privados”…también debería desnaturalizarse/repolitizarse toda una serie de
otros ámbitos (las relaciones entre los sexos, el lenguaje, etc.) “no deconstruidos”
por Marx…lo cierto es, sin embargo, que de hecho no repolitiza el capitalismo,
porque la misma noción y forma de “lo político” dentro de la cual opera está
fundada en la “despolitización” de la economía” (Žižek, 2000, págs. 105 – 106).
Pero lo que le molesta es que se tracen una estrategia culturalista por demandas
democráticas de sectores oprimidos y subjetividades, que quieren un goce de su
libido y reconocimiento. La solución, nos dice Žižek, es abstenernos de dicho
pseudoactivismo. Parar. No hacer. E invitar a otros cesar de actuar, no
simplemente dejar hacer liberal. Es un acto de resistencia. De sustracción activa.
Pero Žižek no propone en cambio un viraje a la lucha obrera, sindical y partidaria,
por reivindicaciones socioeconómicas y políticas de la clase trabajadora. Su
escepticismo posmoderno se lo impide pues esto sería esencialista, ya que Žižek
comparte la tesis de que el sujeto del cambio o revolucionario emerge en el acto no
es prefijado por la producción material ni la historia pasada, tal es su anti
cientificismo posmoderno. Žižek como buen reformista radical, no propone que de
un culturalismo pequeñoburgués pasemos a un obrerismo anticapitalista, sino más
bien a un radicalismo de los “marginados” y un “misticismo” del acto
revolucionario, que solo opera en su cabeza.

Para Žižek el sujeto marginal (Gajanigo, 2016, pág. 11) y no el sujeto obrero global
es el agente social y político de la revolución. Su particularismo posmoderno es
asignar al semiproletariado y el lumpen proletariado (Castro-Gómez, 2015, págs.
183 – 184, 218) una capacidad de radicalidad agencial contra las fuerzas del orden,
como potencia universal del acto. Aquí hay de nuevo una revisión de las clases
sociales y el análisis marxista de las relaciones de producción en relación con las
clases. Žižek capitula al argumento posmoderno de la crítica al “esencialismo
marxista” que como él mismo ha dicho, más que una ratio conceptual, es una
adaptación a la realidad neoliberal, tras la caída de los estados stalinistas.

Por ahora lo que hay que decir es que este quietismo es una ruptura total y brutal, a
toda línea, con el marxismo revolucionario en lo que respecta a la alianza
hegemónica del proletariado con la pequeña burguesía baja y dividida para el
triunfo de la revolución y la lucha obrera contra las opresiones de género, raza,
nación, étnica, etc, en cuanto demandas democráticas que hacen parte de un
programa de transición anticapitalista que parte de la clase, que como dice bien
Žižek, sobredetermina toda lucha.
Para el marxismo revolucionario la “interseccionalidad” se da en que la clase obrera
y el movimiento sindical para tomar el poder y conseguir reformas y escenarios
favorables a su lucha tienen que tomar las demandas democráticas/culturales y
ecológicas de las masas populares, sectores sociales y minorías. Contra el
machismo y por la mujer. Contra el racismo y por los negros. Contra el
colonialismo y por los pueblos oprimidos. Contra la lesbotranshomofobia y por los
LGBTI’s. Contra el capacitismo y por las personas con limitaciones físicas. Contra
la destrucción ambiental y el productivismo, por el ecologismo. Contra el
imperialismo, por la autodeterminación de los pueblos oprimidos y la liberación
nacional, apoyo a los sectores indígenas, campesinos, afro, proletariado agrícola y
periférico movilizados, inmigrantes y refugiados de cualquier credo (Zizek tiende a
ser islamófobo proimperialista), etcétera. Abajo el gobierno, abajo el régimen
concreto, de cada país. En la época del imperialismo, la burguesía tiende a bajar el
nivel de vida de los trabajadores y atacar las libertades democráticas, al aborto y el
castigo a crímenes de odio, como los de Ferguson en USA, por lo que el
proletariado no debe caer en el sectarismo y el quietismo zizekiano. Por el
contrario, el activista de izquierda y el activista sindical u obrero, debe a la par de
luchar por el salario, contra la deuda externa, pero también contra los feminicidios
y recortes de libertades, por esas luchas culturales, no tomándolas como tácticas
aisladas sino como luchas parciales para su hegemonía obrera por el poder, la
estrategia revolucionaria.

Es precisamente por ese sectarismo tan propio del stalinismo (que fue homófogo,
machista, etc) que el marxismo tiende a ser identificado con un burdo economismo
obrero, contra el que tanto lucharon Lenin y Trotsky. Es por eso que las luchas
culturales o, mejor dicho, de los sectores oprimidos, las tiende a ocupar el
reformismo izquierdista y la envoltura posmoderna y liberal. En su animadversión
anti posmoderna, Žižek y su quietismo activo, lo terminan fortaleciendo, obviando
hacer un análisis materialista histórico de las opresiones y una política hegemónica
obrera que gane a las masas y las demandas democráticas, para la revolución
contra los empresarios, sus gobiernos y regímenes políticos. La clase obrera sólo
debe luchar por reformas democráticas no para la estrategia posmodernista de la
democracia radical o cambiar el mundo sin tomar el poder, sino más bien para ser
la vanguardia de la sociedad, capaz de ser gobierno y satisfacer plenamente todas
las demandas que hoy están siendo recortadas, pese a la política liberal de la
burguesía de dar concesiones.

Compartiendo o coincidiendo en cierto punto con la crítica de Žižek a la


despolitización de la economía y el reduccionismo cultural de los posmodernos, la
solución revolucionaria no puede ser el pasivismo e infantilismo zizekiano, en
esencia reformista ultraizquierdista, oportunista, ante luchas explosivas o
democráticas, que puedan generar los oprimidos no obreros y obreros, que son a la
vez asalariados negros, mujeres, lgbtis, etc.

Para Žižek las “revoluciones blandas” en el marco de la democracia liberal-


burguesa son insuficientes y engañosas, al igual que para los marxistas. Pero su
mirada de una revolución anticapitalista no es la historicidad materialista de las
luchas que llevan a revoluciones sociales que propugna el marxismo sino el acto
revolucionario lacaniano e inspirado en figuras universales como San Pablo (nada
comparado al paralelo materialista de Engels entre el socialismo moderno y el
cristianismo primitivo), es decir, un concepto metafísico radical de revolución. ¡A
tal absurdo hermenéutico hemos llegado! ¡La academia burguesa y el “pensamiento
crítico” son un verdadero desastre! Dice Žižek: “Esta noción del acto debe ser
considerada sobre el fondo de la distinción entre el mero intento de “resolver una
variedad de problemas particulares” dentro de un campo dado, y el gesto más
radical de subvertir el mismo principio estructurante de dicho campo. Un acto no
ocurre simplemente dentro del horizonte dado de lo que parece ser “posible”; él
redefine los contornos mismos de lo que es posible (un acto cumple lo que, dentro
del universo simbólico dado, parece ser “imposible”, pero cambia sus condiciones
de manera que crea de manera retroactiva las condiciones de su propia
posibilidad” (Žižek, 2000, pág. 132). El acto consiste en una ruptura atemporal,
que no sigue la linealidad pasado – presente, en que las condiciones objetivas
(relaciones de producción, crisis, etc) y subjetivas (nivel de organización masas y
capacidad del aparato de estado, etc) se incuban en la vieja sociedad para dar
cabida a la nueva sociedad, con las que opera el análisis marxista, sino que la
revolución es una irrupción que se hace “contra la historia”. Así pues se cae un
misticismo revolucionario: “[L]a historia es una variable de la que se debe
prescindir a la hora de conceptualizar la política…defiende la tesis de una
revolución sin Aufhebrung [sublimar], de un tipo de acción directa que rompe
radicalmente con la historia, que interrumpe abruptamente toda forma de
cohesión y continuidad previamente reconocidas. El problema…es tratar de
convertir el heroísmo [aislado del sujeto marginal o construido en su propia
agencia] en paradigma de la política [marxista]” (Castro-Gómez, 2015, págs. 191,
184).
En cuanto el método, si bien es progresivo que Žižek traiga de nuevo a la palestra
pública de la filosofía a Hegel y Marx, la revisión de estos autores con el
psicoanálisis lacaniana y el posmodernismo, lo lleva el idealismo dialéctico
ecléctico. Esto empezó cuando Žižek va a estudiar a Francia, la “cuna intelectual de
la reacción en Europa” (Roggerone S. , 2014, pág. 48) catalogada así según Perry
Anderson. Allí realiza su tesis doctoral en Lacan, para luego crear una Sociedad
Psicoanalítica en su propio país. Más tarde estudia exhaustivamente el idealismo
alemán y el pensamiento filosófico continental, entre ello, a los franceses,
afrancesándose él mismo y leyendo asiduamente a los reaccionarios reformistas
Lyotard, Deleuze, Félix Guattari, etcétera.
El marxismo comparte, relativamente, la posición de la burguesía materialista,
según la cual, el psicoanálisis no sólo es una pseudociencia en el campo de la
psicología, sino también en el campo de la historia y la sociología, pese a que haya
incurrido en errores por muchos autores en el revisionismo, llamado
freudomarxismo y desviaciones como las de Althusser con su Freud y Lacan, pese
a las pulsiones materialistas que Trotsky vio en Freud como emergencia de una
auténtica psicología científica. Una teoría materialista de la historia y las acciones
humanas, no puede caer en “trasladar el modelo individual del psicoanálisis [y el
inconsciente] hacia la consideración de situaciones políticas [y de una ontología
materialista]” (Castro-Gómez, 2015, pág. 182).
Por último, cabría hablar del oportunismo mediático pop y el realismo político de
Žižek, el cual guarda conexiones con su teoría posmoderna. En Žižek, como en la
mayoría de intelectuales posmodernos, hay un alejamiento y desconfianza de la
militancia partidaria, especialmente marxista, antes bien él fue candidato
presidencial por el Partido Liberal Esloveno en un momento de tránsito y
consolidación democrática. Žižek hace un acompañamiento crítico y a los partidos
neoreformistas que propugnan por la democracia radical, como Podemos de Pablo
Iglesias e Iñigo Errejón –¡a quién dedicó su libro-tratado “materialista
dialéctico” Menos que Nada!– y Syriza, con críticas realistas y propuestas salidas
de tono como el “socialismo burocrático” («eficiencia» tecnócrata stalinista y
temeraria para los objetivos revolucionarios), que solo hacen confundir más y
convertirlo en un charlatán de salón. No es gratuito que se le sitúe como “activista
conceptual” (acuñado por Ian Parker) (Castro-Gómez, 2015, pág. 176) y la podrida
“izquierda filosófica o posmoderna” (Žižek, 2000, pág. 101) contra la que él mismo
se ensaña, “divagante e indefinida” (Robledo, 2017). En síntesis: un posmoderno
silvestre más.

Interregno oportunista de Žižek,


contrarrevolución burguesa y revolución
proletaria

Para el marxismo ortodoxo es crucial y básico la caracterización ideológica de clase


de los autores en la guerra teórica de las clases, para saber usar el arte de la
política, con tipos de aliados, amigos y contendores. Intentamos asumir una
primera apreciación falible del marxismo ortodoxo ante el psicoanalítico filósofo
esloveno, que aunque de seda se vista, como marxista o radical
revolucionario, mono se queda.
Trotsky en Literatura y revolución utilizó la metáfora de los compañeros de viaje
del barco bolchevique, aquellos artistas que simpatizaban con la revolución
soviética y el marxismo, pero no se adscribían a él ni ahora ni hoy ni mañana, eran
pues entusiastas e independientes y hasta cierto punto se bajarían del bus.
Asimismo, en la Sagrada familia y la Ideología alemana, Marx y Engels
acometían la “crítica de la crítica crítica”, como bien se muestra en la película Der
junge Karl Marx (2017), frente a los joven hegelianos de izquierda, que si bien
reconocía su espíritu dialéctico subversivo, mostraban sus limitaciones idealistas.
Žižek podría ser catalogado un mal “compañero de viaje” del marxismo, un ebrio o
drogo desclasado, o más bien, un oportunista, en una etapa no revolucionaria en el
que el proletariado no tiene el poder en sus manos. Žižek es un crítico
posmodernista crítico del posmodernismo, sin por ello ser materialista ni marxista,
que de suyo realiza la crítica de la crítica crítica. Žižek es solamente un izquierdista
radical idealista con sus particularidades y cualidades propias que surfea en la ola
de la crisis capitalista. Este se baja tempranamente del tren y vuelve a su manada u
otro tren más confortable a su psique y teoría, en la “academia” y las “charlas
universitarias” (aforo completo) y videos de Youtuber (influencer fílmico),
propagandismo anticapitalista entre las nuevas generaciones. En su recorrido
prematuro, sus lides contra los posmodernistas y lo políticamente incorrecto, lo
convierten hasta cierto punto y de modo muy básico, un “compañero de armas”,
circunstancial, claro está, pues en últimas el enemigo pequeñoburgués y disidente
burgués de mi enemigo capitalista principal, no deja de ser el adversario de clase
del proletariado. Un enemigo más, de segundo orden, claro está, que hay que saber
diferenciar frente a un liberal contrarrevolucionario o un fascista.
La Cruzada Ideológica y social de los empresarios sigue su marcha y no deja títere
sin cabeza. A todos incorpora a su establecimiento. Žižek pelea y pelea pero no se
escapa. Después de todo, no es marxista. Bien caracteriza el argentino Roggerone
cuando señala que: “[L]a teoría zizekiana se erige como saber no-marxista cuya
paradójica finalidad consiste en salvar la verdad del marxismo…[Žižek] mantiene
una serie de desacuerdos fundamentales con los proyectos u objetivos específicos
de este…Žižek no es un materialista histórico” (Roggerone, 2014, págs. 250 – 251).
Žižek asume posiciones revolucionarias y reformistas, Žižek revolution y Žižek
reform-postmodernist idealista. Ambas “compatibles” conviven en un corpus
teórico. Ya las vimos bosquejadas. El Žižek de la revolución es aquél que reclama
herejías u dogmas, que los adversarios posmodernos han titulado o reproducido,
tales como: el reduccionismo económico que para Žižek es la sobredeterminación
de la lucha de clases y la repolitización de la economía. La crítica de las ideologías
posmodernas y liberales, baluartes del imperialismo y el neoliberalismo. La
reivindicación de esas momias añejas, los “monstruos totalitarios”, en realidad los
maestros del proletariado, su revitalización en el pensamiento contemporáneo.
El Žižek de la reforma es el del quietismo activismo y el activismo conceptual y
virtual, poco partidista. El del nuevo misticismo utópico de la revolución como acto
lacaniano. El arte de la interpretación con autores eclécticos e ideologías idealistas,
como el psicoanálisis y la mayoría de la filosofía continental. El subjetivismo
anticapitalista sin el proletariado realmente existente. El marxismo revolucionario,
en tanto materialismo, es enemigo declarado de toda esta bazofia ideológica
idealista y revisionista producida en las universidades privadas y públicas de los
estados capitalistas.
“En cuanto haya capitalismo, el marxismo existirá” (Roggerone, 2014, pág. 36).
Sin hechos tales como la invasión colonialista –¡tan clásica!– a Irak y Afganistán, la
crisis económica de 2007 y niveles de desigualdad brutales corroborados por los
propios organismos multilaterales de la burguesía internacional (FAO, OIT, etc).
Asimismo, los fenómenos del reformismo, tales como el castrochavismo y el
progresismo, las luchas antineoliberales, contra los TLC, ALCA y NAFTA, nuevas
huelgas globales y movilizaciones obreras, luchas por la educación pública. Sin todo
ello, el marxismo hubiera fenecido o sido más raquítico de lo que está hoy. Pero no
se necesita que el marxismo existaónticamente sin más sino
que prevalezca y hegemonice ontológicamente, es decir, que derrote al
pensamiento de la burguesía y su poderío material, con la agencia histórica del
proletariado, las masas, los intelectuales y militantes revolucionarios profesionales.
“[C]ómo seguir siendo marxista después del marxismo, después de que éste ha
sido derrotado” (Roggerone S. , 2014, pág. 248), no precisamente este, sino su
otro, el stalinismo, tras perder 15 estados el proletariado y una serie de conquistas
sociales arrancadas a los capitalistas. Los balances y perspectivas del marxismo son
inciertos ante la abrumadora crisis civilizatoria. Lo cierto es que ante la
contrarrevolución reafirma sus tesis fundamentales y rehúsa abandonar sus armas
de combate, en una guerra de movimientos, apenas se encuentra en resistencia
estratégica con un puñado de combatientes, cada vez más numerosos tras la crisis
de hace 30 años y la de 2008.
Al cortarse el hilo de continuidad en el marxismo con la tradición clásica, se forja
un aparente vacío (sin cuadros y materia prima humana, intelectualidad orgánica).
Se llena de neomarxismos y postmarxismos, marxologías y revisionismos
marxizantes, supramarxismos, amarxismos y antimarxismos pasados como
marxistas, neo reformismos liberales y posmodernos, con viejos y nuevos autores.
Todos comparten las premisas básicas de clase: el anti materialismo dialéctico, la
cruzada antiobrera, el anticomunismo/antisocialismo, es decir, el Revisionismo.
Lo que se necesita es un transmarxismo ortodoxo antidogmático (el marxismo
obrero revolucionario en automovimiento afrontando toda serie de contradicciones
reales y espirituales). Como dijimos al comienzo, un marxismo revolucionario o
neo bolchevique (bolchevismo contemporáneo) para la nueva etapa que vivimos y
época imperialista. Un socialismo revolucionario hecho de carne, hueso y espíritu
obrero, que no rompa con la tradición clásica materialista (es decir, con el núcleo
esencial de sí mismo) y su más grande concreción proletaria: la revolución
socialista proletaria universal de 1917 y decenas de revoluciones sociales (tanto
socialistas como democráticas) en el siglo pasado, en pro de la Revolución
Socialista Mundial en el siglo XXI y allende, dirigida por la clase obrera y su
partido revolucionario.
El auge de la Cruzada Imperialista y la respuesta adaptativa de la reforma y los
neoreformismos burgueses y pequeñoburgueses, que no es sino la otra cara de Jano
de la contrarrevolución y la reacción, probablemente siga por varios decenios más
con fuerza y hasta los días finales del capital. Ante esto al marxismo revolucionario
no le queda otra que la autocrítica, resistir y reconstruirse paciente (o
urgentemente) como movimiento real universal inserto en las masas, en la lucha de
clases por vencer.
Es entonces deber aliarse circunstancialmente y usar para sus propios fines de
clase hasta cierto tramo y deslindarse desde los principios ortodoxos de personajes
viajeros como el loco psicoanalítico idealista e intelectual cuerdo pequeñoburgués
pseudomarxizante, el oportunista de Žižek, en última instancia, inútil para la lucha
revolucionaria y pedagógica del movimiento obrero mundial y de masas, aunque
fuente instrumental de propaganda anticapitalista. El arma de la crítica
materialista debe propugnar por superarlo, es decir,destruirlo, para que nazca un
nuevo Lenin y Trotsky en las revoluciones sociales del siglo XXI y resistencias
que estamos viviendo. Una nueva generación de auténticos marxistas
bolcheviques.

Bibliografía
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Trad.) Madrid: Siglo XXI editores.
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sombra del materialismo dialéctico (A. A. Fernández, Trad., págs. 505 – 558).
Madrid: Ediciones Akal.
Notas
[1] En el 2017 apareció el libro Contra Žižek (Robledo, 2017) de la tesis doctoral del
filósofo español Julen Robledo, adscrito a la extraña secta hispanista del
materialismo filosófico de Gustavo Bueno. Un materialismo metafísico que
pretende pasar por encima del marxismo dialéctico y el materialismo evolucionista
burgués, pero que milita en contra de los supuestos materialismos posmodernos.
[2] “[S]e considera de buen tono científico ridiculizar toda profesión de fe de
marxismo ortodoxo…El marxismo ortodoxo no significa por tanto, una adhesión
sin crítica a los resultados de la investigación de Marx, no significa un acto de
«fe» en tal o cual tesis [atemporal], ni tampoco la exégesis de un libro «sagrado».
La ortodoxia…se refiere, por el contrario y exclusivamente al método [de
investigación materialista dialéctico de la totalidad histórica de la clase
obrera]…La función del marxismo ortodoxo…es una lucha incesantemente
renovada contra la influencia pervertidora de las formas burguesas [y
pequeñoburguesas] del pensamiento en el pensamiento del proletariado. Esta
ortodoxia no es la guardiana de las tradiciones sino la anunciadora siempre
alerta de la relación del instante presente y sus tareas [del proletariado] con la
totalidad del proceso histórico [en la lucha por las condiciones materiales de
existencia y la revolución socialista mundial]” (Lukács, 1970, págs. 35, 58).
Sobre la clarificación materialista dialéctica de los términos de dogmatismo y
ortodoxia, véase el texto “Sobre la ortodoxia y el dogmatismo” de Jean Menezes,
publicados en la LIT-CI: Sobre la ortodoxia y el dogmatismo
Otros textos críticos ortodoxos o un poco más independientes, son: Žižek y su
Lenin posmoderno: una crítica a la interpretación de Žižek sobre Lenin (Instituto
de Pensamiento Socialista, 2011); ¿Merece la pena tomar en serio a Žižek? (Revista
Astrolabio internacional de filosofía, 2010); Una crítica al posmodernismo: nueva
forma de revisionismo (bonjourkarl.com, 2018).
[3] Moissen, S. “Según Karl Marx, ser radical es “ir a la raíz”: ¿Qué significa
realmente?”, Izquierda Diario. Marx, K; Engels, F. “Literatura socialista y
comunista: socialismo pequeñoburgués y burgués” en Manifiesto comunista
(1848).
[4] Lenin, V. “Las tres fuentes y partes integrantes del marxismo” (1913) y
“Marxismo y revisionismo” (1908).
[5] Trotsky, L. “Su moral y la nuestra” (1939) y “Programa de transición” (1938).
[6] Anderson, P. “Consideraciones sobre el marxismo occidental” (1974).
Callinicos, A. “Contra el posmodernismo: una crítica marxista” (1993).
[7] Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional y Partido
Socialista de los Trabajadores – Colombia, dentro del raquítico movimiento
marxista mundial. Nuestro Blog Socialista
XXI: https://blogsocialist21.wordpress.com/
[8] Escúchese video de rock Torre Babel de Sergestüs
[YouTube]: https://www.youtube.com/watch?v=-twHYe7fy7k

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