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¿LE IMPORTA A DIOS QUÉ RELIGIÓN TENGAMOS?

Nota:
Explique al auditorio que las creencias religiosas influyen mucho en el
comportamiento de la gente. Sin faltar al respeto a otras
confesiones, destaque el contraste que existe entre las formas de
actuar que agradan a Jehová y las que le desagradan

INTRODUCCION ( 1min y 9 seg)


¿Se ha sentido Ud. extraviado en alguna oportunidad.?, lo han invitado
algún sitio y no ha dado con la dirección exacta, que ha hecho ante tal
situación?. Lo mas común es que uno comience a preguntar a alguien
de la zona por el sitio o lugar donde uno quiere llegar, pero suponga
que mientras busca el sitio, consulta a alguien y este le dice vaya
hacia la derecha, cuando ha recorrido algunos metros consigue a otra,
Ud. lo aborda y le pregunta por la dirección y esta le dice que va mal
que vaya a la izquierda, y al pasar ya varios minutos consigue a otra,
Ud. ya muy preocupado aborda a esta persona y le explica su
situación, esta muy amablemente, saca un dispositivo electrónico y
busca un mapa de la zona y le indica la dirección, la calle y local
exacto, ¿ a quien le haría caso?, ¿la respuesta es evidente verdad?
A la persona que nos mostro el mapa, y es que la biblia es como un
mapa que nos indica como adorar a Dios para tener un futuro feliz,
pero y entonces, ¿porque hay tantas creencias contradictorias?, y en
vista de que hay tantas religiones, será que le importa a Dios la
religión que tengamos?

POR QUÉ DIOS NO ACEPTA TODAS LAS RELIGIONES (4 min.) (3


min y 10seg)
La mayoría de la gente practica la religión que le enseñaron sus
padres; la aceptan del mismo modo que aceptan su nacionalidad. Hay
quien opina que la religión de las personas depende del país en el que
nacen y
otros escogen por sí mismos sus creencias,
pero un estudio reciente revela que el 86% de la población mundial
afirma pertenecer a alguna religión.
El estudio también indica que los creyentes se agrupan en diecinueve
grandes religiones y que existe la asombrosa cantidad de
37.000 confesiones que se declaran cristianas.
¿No le hace esto preguntarse si todos los caminos llevan a Dios, como
reza el dicho? En realidad, ¿importa cómo lo adoramos?
En esta cuestión tan importante es razonable que no nos dejemos
llevar por nuestros sentimientos y opiniones. Lógicamente, debemos
averiguar qué piensa Dios al respecto, y para eso hay que acudir a su
Palabra, la Biblia. ¿Por qué? Porque Jesucristo mismo, dirigiéndose a
Dios, dijo: “Tu palabra es la verdad”

La Biblia muestra con claridad que Dios no acepta todas las religiones.
En sus páginas encontramos ejemplos de prácticas religiosas que él
rechazó
(Jue 10:6, 7 Y los hijos de Israel de nuevo procedieron a hacer lo que
era malo a los ojos de Jehová, y empezaron a servir a los Baales y a
las imágenes de Astoret y a los dioses de Siria y a los dioses de Sidón
y a los dioses de Moab y a los dioses de los hijos de Ammón y a los
dioses de los filisteos. De modo que dejaron a Jehová y no le
sirvieron. 7 Ante esto, la cólera de Jehová se encendió contra Israel,
de modo que los vendió en mano de los filisteos y en mano de los
hijos de Ammón.) ....aca observamos que se menciona de nuevo
procedieron a hacer.., y es que cuando Israel empezaban a a realizar
practicas que no agradaban a Dios claramente el los
rechazaba......ahora bien existe una forma de adorar a Dios que él
aprueba y muchas otras que son ‘vanas’, es decir, que no tienen valor
a sus ojos
[lea
Santiago 1:26, 27]
26 Si a un hombre le parece que es adorador formal, y con todo no
refrena su lengua, sino que sigue engañando su propio corazón, la
forma de adoración de este hombre es vana. 27 La forma de
adoración que es limpia e incontaminada desde el punto de vista de
nuestro Dios y Padre es esta: cuidar de los huérfanos y de las viudas
en su tribulación, y mantenerse sin mancha del mundo

y es que Dios concede mucha importancia a la manera en que las


personas se tratan unas a otras....
Y nuestras creencias influyen mucho en cómo nos
comportamos.....pero veamos ahora…..cual es el propósito de la
religión verdadera….(tiempo 3min y10 seg)

EL PROPÓSITO DE LA RELIGIÓN VERDADERA (4 min.) (3 min y 40


seg)
El principal objetivo de la religión verdadera es honrar, alabar y
obedecer a Dios (Ec 12:13; Rev 4:11)
Jehová merece que lo honremos y que lo alabemos; la creación y
las Santas Escrituras revelan su maravillosa personalidad (Jn 3:16;
Ro 1:20)
“Puede que usted. se haya hecho preguntas como esta ¿PARA QUE
ESTAMOS AQUÍ EN ESTE MUNDO?, quienes aceptan las pruebas de
que Jehová Dios es “la fuente de la vida” conocen la respuesta, pues
saben que él creó al ser humano con un propósito, el cual aparece en
Revelación 4:11.
Allí el apóstol Juan nos presenta a un coro en los cielos que canta:
“Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la
honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y a causa de tu
voluntad existieron y fueron creadas”. En efecto, solo Jehová merece
semejante muestra de veneración y respeto, pues él creó todas las
cosas.
SIENDO ESTO ASÍ, ¿CÓMO ESPERARÍA JEHOVA QUE
REACCIONARAN SUS CRIATURAS INTELIGENTES?
El texto dice que Jehová merece recibir gloria, honra y poder. Sin
embargo, a pesar de que no existe ser más glorioso, digno de honra, y
poderoso en el universo, la mayoría de los seres humanos no lo
reconocen como su Creador. Afortunadamente, por toda la Tierra hay
hombres y mujeres que sí perciben sus “cualidades invisibles” en todo
lo que ha hecho Y movidos por el agradecimiento, le dan gloria y
honra que el se merece. Basándose en las aplastantes pruebas que
aporta la creación, proclaman a los cuatro vientos que Jehová creó
todas las cosas y que, por tanto, merece nuestro respeto y admiración
Ahora bien un objetivo secundario de la religión verdadera es
enseñarnos cuál es el mejor modo de vivir.

Y es que tal como un fabricante sabe cuál es el mejor modo de utilizar


su producto, Jehová sabe cómo podemos vivir del mejor modo posible,
pues él es nuestro Creador. Sus mandatos son para nuestro provecho,
porque él desea que nos vaya bien en la vida, y que seamos felices,
pero veamos como nos lo refiere allí en su palabra, acompáñenme por
favor en la lectura de

MIQUEAS 6:8 Él te ha dicho, oh hombre terrestre,* lo que es


bueno.+ ¿Y qué es lo que Jehová está pidiendo de vuelta de ti sino
ejercer justicia+ y amar la bondad*+ y ser modesto+ al andar con tu
Dios?+

Jehová espera que nos rijamos por sus normas del bien y del mal.
Puesto que son rectas, aplicarlas equivale a perseguir la rectitud.
“Aprendan a hacer lo bueno; busquen la justicia”, dice Isaías 1:17.
La Biblia nos insta a ‘buscar la justicia’ y a “vestirnos de la nueva
personalidad que fue creada conforme a la voluntad de Dios en
verdadera justicia” (Sofonías 2:3; Efesios 4:24). La auténtica justicia
repudia la violencia, la impureza y la inmoralidad, porque atentan
contra la santidad.

¿ahora Supone una carga obedecer los justos preceptos de Jehová?


De ningún modo. Sus requisitos no irritan al corazón que se siente
atraído al Creador. Dado el afecto que sentimos por él y por todo lo
que representa, deseamos que nuestra forma de vivir le agrade
(1 Juan 5:3). Recordemos que él “ama los actos justos” (Salmo 11:7).
Por tanto, si queremos imitar su rectitud, tenemos que amar lo que
ama y odiar lo que odia.

Sin embargo hay quienes afirman que todas las religiones promueven
los mismos principios básicos: creer en Dios y hacer el bien
Aun así, puede determinarse si Dios aprueba una religión analizando
el efecto que esta produce en sus seguidores…..3 min y 40 seg

EFECTOS QUE PRODUCEN LAS CREENCIAS RELIGIOSAS (11


min.)
Existe una relación directa entre lo que creemos y lo que hacemos [lea
Mateo 7:16-20]
Mateo 7:16-20
Por sus frutos los reconocerán. Nunca se recogen uvas de espinos o
higos de cardos, ¿verdad? 17 Así mismo, todo árbol bueno produce
fruto excelente, pero todo árbol podrido produce fruto inservible; 18 un
árbol bueno no puede dar fruto inservible, ni puede un árbol podrido
producir fruto excelente. 19 Todo árbol que no produce fruto excelente
llega a ser cortado y echado al fuego. 20 Realmente, pues, por sus
frutos reconocerán a aquellos [hombres].

(g95 8/7 26, 27)


Ejemplo: los dioses griegos y romanos eran crueles, se
emborrachaban, cometían actos inmorales, etc. (it-1 704-706)
La historia revela que muchos de sus adoradores participaban en
orgías y acudían al circo para ver hombres y animales peleando a
muerte (w02 15/6 28; w82 1/5 4, 5; g97 8/11 27)
Quienes creen en la superioridad racial han oprimido de forma terrible
a otros seres humanos (g98 8/3 24; g93 22/8 6-8)
Las creencias sobre la muerte influyen muchísimo en la vida de las
personas
Quienes no creen en la resurrección se obsesionan con aprovechar la
vida al máximo (1Co 15:32)
Las personas que creen en el destino no asumen la responsabilidad
por sus actos, pues opinan que todo lo que ocurre ya está
predeterminado (w96 1/9 6)
La creencia en que los espíritus de las personas muertas pueden
influir en nuestra vida es una fuente de supersticiones que desagradan
a Dios y causan muchos problemas (w05 1/1 29, 30; w98 15/7 21)
Muchas personas creen que el Reino de Dios vendrá mediante algún
gobierno humano
Pasan por alto que “la forma de adoración que es limpia e
incontaminada” tiene que “mantenerse sin mancha del mundo” (Snt
1:27)
Además, las diferencias entre ideologías políticas generan conflictos y
promueven el odio
La gente no comprende que el Reino de Dios es un auténtico gobierno
que desde los cielos dominará toda la Tierra (Da 2:44; Mt 6:10)
Debemos examinar cada religión por los efectos que produce; si tolera
—o incluso fomenta— prácticas que la Biblia condena, ¿puede decirse
que está a la altura de lo que Dios espera?
Lo que importa no es nuestra opinión personal, sino el criterio de Dios

PRACTIQUEMOS LA ÚNICA RELIGIÓN QUE DIOS ACEPTA (11


min.)
Para agradar a Dios, necesitamos tener un conocimiento exacto de él
(Tit 1:1) [lea Colosenses 3:10]
Por lo tanto, la religión que Dios acepta debe ser una que se base en
la verdad revelada en las Santas Escrituras (Jn 8:32; 17:17)
La religión verdadera tiene que estar formada por personas que hagan
la voluntad de Dios y reflejen Su sabiduría [lea Santiago 3:17, 18]
Debe enseñar a sus miembros a amarse unos a otros (Jn 13:34, 35;
1Jn 3:10)
Quienes practican la religión verdadera deben honrar el nombre de
Dios y predicar las buenas nuevas de su Reino (Sl 83:18; Mt 24:14)
Se les debe poder identificar fácilmente por sus obras de fe
La religión que Dios acepta debe animar a todos a analizar las
Escrituras para comprobar por sí mismos cuál es la perfecta voluntad
de Dios (Ro 12:2)
Esto puede lograrse estudiando lo que la Biblia enseña (Jn 17:3)
Debemos permitir que las enseñanzas bíblicas ejerzan su buena
influencia en nosotros (1Te 2:13)
Examinemos personalmente las pruebas y practiquemos “la forma de
adoración que es limpia e incontaminada desde el punto de vista de
nuestro Dios y Padre”

(No es necesario leer todos los textos citados)


9/08 DEBE PRESENTARSE EN 30 MINUTOS Núm. 173-S
(w08 1/6 9)

¿Llevan todos los caminos a Dios?


“LA RELIGIÓN está profundamente arraigada en la naturaleza
humana”, señala el profesor Alister Hardy en el libro The Spiritual
Nature of Man (La naturaleza espiritual del hombre). Un estudio
reciente parece avalar esta conclusión, pues revela que el 86% de la
población mundial afirma pertenecer a alguna religión.
El estudio también indica que los creyentes se agrupan en diecinueve
grandes religiones y que existe la asombrosa cantidad de
37.000 confesiones que se declaran cristianas. ¿No le hace esto
preguntarse si todos los caminos llevan a Dios, como reza el dicho?
En realidad, ¿importa cómo lo adoramos?
En esta cuestión tan importante es razonable que no nos dejemos
llevar por nuestros sentimientos y opiniones. Lógicamente, debemos
averiguar qué piensa Dios al respecto, y para eso hay que acudir a su
Palabra, la Biblia. ¿Por qué? Porque Jesucristo mismo, dirigiéndose a
Dios, dijo: “Tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). Y el fiel apóstol
Pablo afirmó: “Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para
enseñar, para censurar, para rectificar las cosas” (2 Timoteo 3:16).
La Biblia muestra que Dios no acepta que se le adore de cualquier
manera. En sus páginas encontramos ejemplos históricos de prácticas
religiosas que él aceptó y de otras que rechazó. Un examen detenido
de tales ejemplos nos enseñará lo que debemos y no debemos hacer
para agradar a Dios.
Una advertencia del pasado
Mediante el profeta Moisés, Jehová Dios entregó a los israelitas un
conjunto de leyes, comúnmente llamado la Ley mosaica, que les
enseñaba a adorarlo como él quería. Cuando ellos cumplían aquellas
leyes, Dios los aceptaba como su pueblo y los bendecía (Éxodo
19:5, 6). Pero a pesar de esa bondad divina, la nación de Israel dejó
de servir a Dios como a él le agradaba. Una y otra vez le volvieron la
espalda a Jehová y adoptaron las prácticas religiosas de los
habitantes de tierras vecinas.
En tiempos de los profetas Ezequiel y Jeremías (siglo VII antes de
nuestra era), muchos israelitas desobedecían la Ley de Dios y se
relacionaban estrechamente con la gente de las naciones cercanas.
Al seguir sus costumbres y participar en sus fiestas, los israelitas
practicaban una mezcla de cultos. Muchos de ellos decían:
“Lleguemos a ser como las naciones, como las familias de las tierras,
ministrando a madera y piedra” (Ezequiel 20:32; Jeremías 2:28).
Afirmaban adorar a Jehová Dios, pero al mismo tiempo veneraban
“ídolos estercolizos”, incluso sacrificándoles sus propios hijos
(Ezequiel 23:37-39; Jeremías 19:3-5).
Los arqueólogos llaman a estas prácticas sincretismo religioso —la
adoración simultánea de distintos dioses—, o simplemente se refieren
a ellas como religión tradicional, o popular. Hoy en día, muchas
personas opinan que en una sociedad tan plural como la nuestra se
debe tener la mente abierta a todas las opciones, incluso en temas de
religión. Por lo tanto, les parece que no hay nada malo en adorar a
Dios del modo que mejor les parezca. Pero ¿es así realmente? ¿Es
tan solo cuestión de ser tolerantes y liberales? Para responder a estas
preguntas, veamos algunos aspectos de la religión popular que
practicaban los israelitas infieles, así como sus consecuencias.

rs308-310)
Religión
Definición: Una forma de adoración. Incluye un sistema de actitudes,
creencias y prácticas religiosas; estas pudieran ser personales, o
sustentadas por alguna organización. Por lo general la religión implica
creencia en Dios o en varios dioses; o trata a humanos, objetos,
deseos o fuerzas como objeto de adoración. Gran parte de lo religioso
se basa en el estudio que los seres humanos han hecho de la
naturaleza; hay también religión revelada. Hay religión verdadera y
religión falsa.
¿Por qué hay tantas religiones?
Cálculos recientes revelan que hay 10 religiones principales y unas
10.000 sectas. De estas, en África hay unas 6.000, en los Estados
Unidos 1.200, y centenares en otros países.
Muchos factores han contribuido al desarrollo de nuevos grupos
religiosos. Hay quienes han dicho que todas las religiones con su
diversidad representan diferentes maneras de presentar la verdad
religiosa. Pero en vez de eso, una comparación de sus enseñanzas y
prácticas con la Biblia indica que la diversidad de religiones se debe a
que la gente se ha hecho seguidora de hombres en vez de escuchar a
Dios. Es digno de notar que, en gran parte, las enseñanzas que estas
religiones tienen en común, pero que difieren de la enseñanza bíblica,
tuvieron su origen en la antigua Babilonia. (Sírvase ver las páginas 53,
54 en la sección “Babilonia la Grande”.)
¿Quién es el instigador de tal confusión religiosa? La Biblia identifica a
Satanás el Diablo como “el dios de este sistema de cosas” (2 Cor.
4:4). Nos advierte que “las cosas que las naciones sacrifican, a
demonios las sacrifican, y no a Dios” (1 Cor. 10:20). ¡Cuán vitalmente
importante es, entonces, que nos aseguremos de que realmente
estamos adorando al Dios verdadero, el Creador del cielo y de la
Tierra, y de que nuestra adoración le agrade!
¿Son aceptables a Dios todas las religiones?
Jue. 10:6, 7: “Los hijos de Israel de nuevo procedieron a hacer lo que
era malo a los ojos de Jehová, y empezaron a servir a los Baales y a
las imágenes de Astoret y a los dioses de Siria y a los dioses de Sidón
y a los dioses de Moab y a los dioses de los hijos de Amón y a los
dioses de los filisteos. De modo que dejaron a Jehová y no le sirvieron.
Ante esto se encendió la cólera de Jehová contra Israel.” (Si alguien
adora cualquier otra cosa o a cualquier otra persona en vez de al Dios
verdadero, el Creador del cielo y de la Tierra, es patente que la forma
de adoración de esa persona no le es acepta a Jehová.)
Mar. 7:6, 7: “Él [Jesús] les dijo [a los fariseos y escribas judíos]:
‘Aptamente profetizó Isaías acerca de ustedes, hipócritas, como está
escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está
muy alejado de mí. Es en vano que me siguen adorando, porque
enseñan como doctrinas mandatos de hombres.”’” (Sin importar a
quién afirme adorar un grupo, si se apega a doctrinas de hombres más
bien que a la Palabra inspirada de Dios, su adoración es en vano.)
Rom. 10:2, 3: “Les doy testimonio de que tienen celo por Dios; mas no
conforme a conocimiento exacto; pues, a causa de ignorar la justicia
de Dios pero de procurar establecer la suya propia, no se sujetaron a
la justicia de Dios.” (Puede que haya personas que tengan la Palabra
escrita de Dios, pero que carezcan de conocimiento exacto de lo que
esa Palabra contiene, porque no se les ha enseñado correctamente.
Quizás piensen que tienen mucho celo por Dios, pero tal vez no estén
haciendo lo que Él requiere. La adoración de ellas no va a agradar a
Dios, ¿verdad?)
¿Es cierto que hay algo bueno en todas las religiones?
La mayor parte de las religiones enseñan que no se debe mentir ni
robar, y así por el estilo. Pero ¿basta con eso? ¿Bebería usted
gustosamente un vaso de agua envenenada solo porque alguien le
asegurara que la mayor parte de lo que está bebiendo es agua?
2 Cor. 11:14, 15: “Satanás mismo sigue transformándose en ángel de
luz. No es, por lo tanto, gran cosa si sus ministros también siguen
transformándose en ministros de justicia.” (Aquí se nos advierte que
no todo lo que se origina de Satanás quizás parezca detestable. Entre
los métodos principales que ha usado para engañar a la humanidad
han estado religiones falsas de toda clase, a algunas de las cuales él
da la apariencia de justas.)
2 Tim. 3:2, 5: “Teniendo [los hombres mencionados en el versículo 2]
una forma de devoción piadosa mas resultando falsos a su poder; y de
éstos apártate.” (Prescindiendo de las manifestaciones externas de
que aman a Dios, si las personas con quienes uno adora no ponen en
práctica sinceramente la Palabra de Dios en su propia vida, la Biblia
insta a uno a cortar tal asociación.)

[lea Santiago 1:26, 27]


26 Si a un hombre le parece* que es adorador formal,*+ y con todo no
refrena su lengua,+ sino que sigue engañando su propio corazón,+ la
forma de adoración de este hombre es vana.+ 27 La forma de
adoración* que es limpia+ e incontaminada+ desde el punto de vista
de nuestro Dios y Padre es esta: cuidar de los huérfanos*+ y de las
viudas+ en su tribulación,+ y mantenerse sin mancha+ del mundo.+

Miqueas 6:8]
Él te ha dicho, oh hombre terrestre,* lo que es bueno.+ ¿Y qué es lo
que Jehová está pidiendo de vuelta de ti sino ejercer justicia+ y amar
la bondad*+ y ser modesto+ al andar con tu Dios?+

Mateo 7:16-20] Por sus frutos los reconocerán.+ Nunca se recogen


uvas de espinos o higos de cardos, ¿verdad?+ 17 Así mismo, todo
árbol bueno produce fruto excelente, pero todo árbol podrido produce
fruto inservible;+ 18 un árbol bueno no puede dar fruto inservible, ni
puede un árbol podrido producir fruto excelente. 19 Todo árbol que no
produce fruto excelente llega a ser cortado y echado al
fuego.+ 20 Realmente, pues, por sus frutos reconocerán a aquellos
[hombres].+

(g95 8/7 26, 27)

¿Influyen en la conducta las creencias?


Hay quienes quizás se pregunten si nuestras creencias religiosas
influyen mucho en la clase de personas que somos, es decir, en
nuestras cualidades personales y nuestra conducta. En su opinión, las
creencias y la conducta son dos cosas separadas que no guardan
relación, como una chaqueta y un pantalón que, de acuerdo con el
gusto de la persona, pueden llevarse por separado o combinarse a
modo de conjunto. Sin embargo, en la Biblia, las creencias y la
conducta son más bien como un traje de dos piezas que solo puede
llevarse como tal.
La Biblia indica que existe una relación directa entre lo que creemos y
la clase de personas que somos. Un ejemplo de cómo influyen en la
conducta las creencias erróneas lo tenemos en los fariseos
santurrones de los días de Jesús. (Mateo 23:1-33; Lucas 18:9-14.) Por
otro lado, Colosenses 3:10 amonesta: “Vístanse de la nueva
personalidad, que mediante conocimiento exacto va haciéndose nueva
según la imagen de Aquel que la ha creado”. Observe que para llevar
una vida piadosa hace falta conocimiento exacto de Dios.
El término griego traducido “conocimiento exacto”, que aparece veinte
veces en las Escrituras Griegas Cristianas, se refiere a un
conocimiento preciso, exacto y pleno. Según el helenista Nathanael
Culverwel, dicho término implica ‘familiarizarse mejor con algo que ya
se conocía; ver con mayor exactitud un objeto que ya se había visto de
lejos’. Tal como un joyero examina una piedra preciosa para
determinar sus cualidades y su valor, el cristiano debe examinar la
Palabra de Dios para llegar a un conocimiento preciso, exacto y pleno
del Dios al que sirve. Este examen abarca llegar a conocer su
personalidad, sus propósitos, sus normas y todas las enseñanzas que
integran “el modelo de palabras saludables”, lo cual dista mucho de
simplemente creer que ‘allá arriba hay Alguien’. (2 Timoteo 1:13.)
En el primer capítulo de la carta inspirada del apóstol Pablo a los
Romanos puede verse un ejemplo de lo que sucede cuando solo se
conoce a Dios de lejos. Allí se hace referencia a ciertos hombres que
“aunque conocieron a Dios, [...] no aprobaron el tener a Dios
en conocimiento exacto”. Y un poco más adelante el apóstol relata las
consecuencias de sus creencias erróneas: “Dios los entregó a un
estado mental desaprobado, para que hicieran las cosas que
no son apropiadas, llenos como estaban de toda injusticia, iniquidad,
codicia, maldad, estando llenos de envidia, asesinato, contienda,
engaño, genio malicioso, siendo susurradores, difamadores
solapados, odiadores de Dios, insolentes, altivos, presumidos,
inventores de cosas perjudiciales, desobedientes a los padres, sin
entendimiento, falsos en los acuerdos, sin tener cariño natural,
despiadados”. (Romanos 1:21, 28-31.)
Es obvio que las creencias de aquellos hombres influyeron mucho en
que no llevasen una vida cristiana. Y lo mismo es cierto hoy día: las
creencias y la conducta pueden compararse a una prenda de vestir sin
costuras, tejida en una sola pieza. Por consiguiente, es esencial que
quien desee conseguir el favor de Dios se asegure de que sus
creencias religiosas sean del todo ciertas y estén basadas por
completo en la Palabra de Dios, pues la “voluntad [de Dios] es que
hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento
exacto de la verdad”. (1 Timoteo 2:4.)

it-1 704-706)

Deidades de Medo-Persia. Hay indicios de que los reyes del Imperio


medopersa eran seguidores de Zoroastro. Aunque no se puede probar
ni refutar que Ciro el Grande se adhiriese a las enseñanzas de
Zoroastro, desde el tiempo de Darío I las inscripciones de los
monarcas mencionan repetidas veces a Ahura Mazda, la deidad
principal del zoroastrismo. Darío I se refería a Ahura Mazda como el
creador del cielo, la Tierra y el hombre, y reconocía a este dios como
el que le había otorgado sabiduría, poder, destreza y, además, el
reino.
Un rasgo característico del zoroastrismo es el dualismo, o sea, la
creencia en dos seres divinos independientes, uno bueno y otro malo.
A Ahura Mazda se le consideraba el creador de todas las cosas
buenas, y a Angra Mainyu, el creador de todo lo que es malo. Se creía
que este último podía ocasionar terremotos, tormentas, enfermedades
y la muerte, así como provocar disturbios y guerras. También se
pensaba que había espíritus inferiores que ayudaban a estos dos
dioses a desempeñar sus funciones.
El símbolo de Ahura Mazda era muy parecido al del dios asirio Asur:
un disco alado del que en algunos casos sobresalía la figura de un
hombre con barba y con una cola vertical de ave.
Tal vez Ahura Mazda haya formado parte de una tríada, idea que
parece advertirse en la invocación de Artajerjes Mnemón, pidiendo la
protección de Ahura Mazda, Anahita (diosa del agua y la fertilidad) y
Mitra (dios de la luz), deidades a cuya gracia atribuye la reconstrucción
de la Sala de las Columnas del palacio real de Susa.
Un buen número de eruditos han relacionado a Anahita con la Istar de
Babilonia. A este respecto, E. O. James hizo el siguiente comentario
en su libro The Cult of the Mother-Goddess (1959, pág. 94): “Fue
adorada como ‘la gran diosa, cuyo nombre es Señora’, ‘todopoderosa
e inmaculada’, la que purifica ‘la simiente del hombre y la matriz y la
leche materna de la mujer’. [...] Era, de hecho, la equivalente persa
(irania) de la Anat siria, la Inanna-Istar babilonia, la diosa hitita de
Comana y la Afrodita griega”.
Según el historiador griego Heródoto (I, 131), los persas también
adoraban los elementos naturales y los cuerpos celestes. Escribe: “He
averiguado que los persas observan las siguientes costumbres:
no tienen por norma erigir estatuas, templos ni altares; al contrario,
tachan de locos a quienes lo hacen; y ello, porque, en mi opinión,
no han llegado a pensar, como los griegos, que los dioses sean de
naturaleza humana. En cambio, suelen subir a las cimas de las
montañas para ofrecer sacrificios a Zeus, cuyo nombre aplican a toda
la bóveda celeste. También ofrecen sacrificios al sol, a la luna, a la
tierra, al fuego, al agua y a los vientos. Primitivamente sólo ofrecían
sacrificios a esas divinidades, pero después han aprendido de los
asirios y los árabes a ofrecer también sacrificios a Urania, si bien los
asirios, a Afrodita, la llaman Milita, los árabes, Alilat y los persas,
Mitra”.
El libro sagrado del zoroastrismo es el Avesta, una colección en la que
hay oraciones dirigidas al fuego —llamado el hijo de Ahura Mazda—,
al agua y a los planetas, así como a la luz del Sol, la Luna y las
estrellas.
Aunque es posible que el rey Ciro fuese practicante del zoroastrismo,
en la profecía bíblica se le designa como el nombrado por Jehová para
someter al Imperio babilonio y libertar a los judíos cautivos. (Isa 44:26–
45:7; compárese con Pr 21:1.) Después de la destrucción de Babilonia
en 539 a. E.C., los israelitas estuvieron bajo el dominio de los
medopersas, que eran zoroástricos.
Deidades griegas. Un examen de los dioses y las diosas de la antigua
Grecia revela los vestigios de la influencia babilonia. El profesor
George Rawlinson, de la universidad de Oxford, hizo la siguiente
observación: “La notable semejanza entre el sistema caldeo y el de la
mitología clásica parece digna de atención especial, pues es
demasiado amplia y demasiado afín en algunos respectos como para
suponer que es fruto de la mera casualidad o de la coincidencia. En
los panteones de Grecia y Roma, y en el de Caldea, puede
reconocerse la misma agrupación general; no es raro descubrir la
misma sucesión genealógica; y en algunos casos hasta los nombres y
los títulos conocidos de las divinidades clásicas admiten la ilustración y
explicación más curiosa procedente de fuentes de información
caldeas. Casi no podemos dudar de que, de una manera u otra, hubo
una comunicación de creencias, un paso de nociones e ideas
mitológicas en tiempos muy primitivos, desde las costas del golfo
Pérsico a las tierras bañadas por el Mediterráneo”. (The Seven Great
Monarchies of the Ancient Eastern World, 1885, vol. 1, págs. 71, 72.)
En los relatos mitológicos que muestran al dios Apolo matando a la
serpiente Pitón, y al infante Heracles (o Hércules, el hijo de Zeus y
Alcmena, una mujer) estrangulando a dos serpientes, se puede
observar una distorsión de la declaración de Dios concerniente a la
descendencia prometida. Nos enfrentamos de nuevo al tema común
de un dios que muere y luego es resucitado. Todos los años se
conmemoraba la muerte violenta de Adonis y su regreso a la vida,
ocasión en la que, en especial las mujeres, lloraban su muerte y
llevaban imágenes de su cuerpo como si se tratase de una procesión
funeral, y después las lanzaban al mar o a los manantiales. Otra
deidad cuya muerte violenta y regreso a la vida celebraban los griegos
era Dioniso o Baco, quien, al igual que Adonis, ha sido identificado con
el dios babilonio Tamuz.
La mitología presenta a las deidades griegas casi como si fuesen
hombres y mujeres comunes. Su figura corresponde a la humana,
aunque se les concebía con un tamaño, una belleza y una fortaleza
mucho mayores que las del hombre. Como por sus venas fluía “icor” y
no sangre, se afirmaba que sus cuerpos eran incorruptibles.
No obstante, se creía que los hombres podían infligirles heridas
dolorosas con sus armas, aunque siempre se sanaban. También se
decía que los dioses permanecían jóvenes.
La mayoría de las deidades griegas eran sumamente inmorales y
manifestaban debilidades humanas. Luchaban entre sí y conspiraban
unos contra otros: Zeus, el dios supremo del panteón griego, destronó
a Crono, su propio padre, quien con anterioridad había depuesto y
castrado a su padre Urano. Ambos, Urano y Crono, fueron padres muy
crueles. Urano había restringido a la Tierra a los hijos que su esposa
Gea le había dado y no les permitía siquiera ver la luz. Crono, por su
parte, devoró a los hijos que Rea le dio. Algunas de las prácticas que
se les atribuyen a ciertas deidades son el adulterio, la fornicación, el
incesto, la violación, la mentira, el robo, la borrachera y el asesinato. A
los que incurrían en la desaprobación de los dioses se les imponía
castigos crueles. Por ejemplo, cuando el sátiro Marsias desafió a
Apolos a un concurso musical, este lo ató a un árbol y lo desolló vivo.
Y se dice que la diosa Ártemis transformó a Acteón en un ciervo e hizo
que los propios perros de la víctima se lo comieran, solo porque la
había visto desnuda.
Claro que hay quienes afirman que estos relatos mitológicos solo eran
fruto de la imaginación de los poetas. Pero ya en el siglo V E.C.
Agustín escribió: “Por lo que aducen en su defensa, que no es verdad
aquello que dicen contra sus dioses, sino falso y fingido, por esto
mismo es mayor mal si se pone la mira en la piedad religiosa. Y si
consideras la malicia de los demonios, ¿qué cosa hay más astuta y
habilidosa para engañar? Cuando un ultraje se echa en cara a un
príncipe bueno y útil para la patria, ¿acaso no es tanto más indigno,
cuanto más remoto está de la verdad y más ajeno a su vida?”. (La
Ciudad de Dios, II, 10[9].) Sin embargo, la popularidad de que gozaron
las representaciones escénicas griegas de esas narraciones poéticas
demuestra que para una mayoría su contenido no era vejatorio y hasta
estaban de acuerdo con él. La inmoralidad de las deidades justificaba
la de los propios humanos, y esto tenía el parabién de la gente.
(Véase GRECIA, GRIEGOS [La religión griega].)
El apóstol Pablo se vio implicado durante su ministerio en un incidente
con adoradores de los dioses griegos Zeus y Hermes. (Hch 14:12, 13.)
Era costumbre entre los atenienses expresar su temor a las deidades
erigiendo gran cantidad de templos y altares en su honra. (Hch 17:22-
29.) La inmoralidad sexual que impregnaba el culto religioso griego
tuvo influencia en los miembros de la congregación cristiana de
Corinto, por lo que Pablo se vio obligado a reprenderlos con firmeza.
(1Co 5.)
Deidades romanas. La religión de los romanos recibió gran influencia
de los etruscos, un pueblo que según se cree procedía de Asia Menor.
La práctica de adivinación enlaza claramente la religión de los
etruscos con la de los babilonios. Por ejemplo, los modelos de hígados
de barro usados para la adivinación que se han hallado en
Mesopotamia se asemejan al modelo de un hígado hecho de bronce
que se halló en Piacenza, en la provincia italiana de Emilia-Romagna.
De modo que, cuando los romanos adoptaron las deidades etruscas,
estaban en realidad recibiendo una herencia babilonia.
(Véase ASTRÓLOGOS.) La tríada romana formada por Júpiter (el dios
supremo, dios del cielo y de la luz), Juno (la consorte de Júpiter,
considerada como la que velaba por los intereses de las mujeres) y
Minerva (una diosa que velaba por todos los oficios) corresponde con
la tríada etrusca formada por Tinia, Uni y Menerva.
Con el transcurso del tiempo, los prominentes dioses griegos se
infiltraron en el panteón romano, aunque con nombres diferentes. Los
romanos incluso adoptaron deidades de otras tierras, como, por
ejemplo, el Mitra persa (cuyo cumpleaños se celebraba el 25 de
diciembre), la diosa frigia de la fertilidad, llamada Cibeles, y la egipcia
Isis, ambas identificadas con la babilonia Istar. Además, también se
deificaba hasta a los mismos emperadores romanos.
A Saturno se le adoraba por haber llevado a Roma una edad de oro.
Las saturnales eran originalmente una fiesta de un día en su honor,
pero más tarde llegaron a ser una celebración de siete días en la
segunda quincena de diciembre. Este acontecimiento se caracterizaba
por sus diversiones estrepitosas. Se intercambiaban regalos, como
frutas y velas, y se solía dar a los niños muñecos de barro. Durante la
fiesta no se imponía ningún castigo. Las escuelas y los tribunales
cerraban, e incluso se detenían las operaciones bélicas. Los esclavos
cambiaban de puesto con sus amos y se les permitía, sin necesidad
de temer el castigo, dar rienda suelta a la lengua.
Debido a que los cristianos primitivos se negaron a participar en actos
de adoración romanos, en particular en el culto al emperador, se
convirtieron en el blanco de una implacable persecución. No obstante,
no transigieron y permanecieron inamovibles en su determinación de
“obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres”,
rehusando dar a los gobernantes romanos el culto que solo le
pertenece a Dios. (Hch 5:29; Mr 12:17; véase ROMA [Religión].)
Los dioses de las naciones en contraste con Jehová. Hoy en día
muchos de los dioses mencionados en la Biblia son solo nombres.
Aunque a veces sus adoradores incluso les sacrificaron a sus propios
hijos, por ser dioses falsos eran incapaces de rescatar a los que
recurrían a ellos en busca de ayuda en momentos de necesidad. (2Re
17:31.) Por lo tanto, ante sus éxitos militares, el rey de Asiria se jactó
por medio de su vocero Rabsaqué: “¿Acaso los dioses de las naciones
han librado de manera alguna cada cual a su propio país de la mano
del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de Hamat y de Arpad?
¿Dónde están los dioses de Sefarvaim, de Hená y de Ivá? ¿Han
librado ellos a Samaria de mi mano? ¿Quiénes hay entre todos los
dioses de los países que hayan librado su país de mi mano, para que
Jehová libre a Jerusalén de mi mano?”. (2Re 18:28, 31-35.) Sin
embargo, Jehová no le falló a su pueblo como lo habían hecho
aquellos dioses falsos. En una sola noche el ángel de Jehová mató a
185.000 soldados en el campamento de los asirios. Humillado, el
orgulloso monarca asirio Senaquerib volvió a Nínive para ser más
tarde asesinado por dos de sus hijos en el templo de su dios Nisroc.
(2Re 19:17-19, 35-37.) En realidad, “todos los dioses de los pueblos
son dioses que nada valen; pero en cuanto a Jehová, él ha hecho los
mismísimos cielos”. (Sl 96:5.)
Si bien los dioses falsos tienen las características de sus hacedores,
las personas que los adoran también llegan a asemejárseles mucho.
Para ilustrarlo: el rey Manasés de Judá adoraba a dioses falsos,
incluso hasta el punto de hacer pasar a su hijo por el fuego, pero su
entrega a la adoración falsa no le convirtió en un rey mejor. Por el
contrario, demostró ser como las deidades sedientas de sangre que
adoraba, y derramó mucha sangre inocente. (2Re 21:1-6, 16.) En
marcado contraste, los adoradores del Dios verdadero se esfuerzan
por imitar a su perfecto Hacedor, desplegando el fruto de su espíritu:
amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad
y autodominio. (Ef 5:1; Gál 5:22, 23.)

(w02 15/6 28

Un día en la arena
Las mañanas estaban dedicadas a las cacerías. Se sacaba a la arena
todo tipo de bestias salvajes. El público disfrutaba sobre todo cuando
se enfrentaba a un toro con un oso. Se les solía atar juntos para que
lucharan hasta que muriera uno de ellos, tras lo cual, un cazador
mataba al que quedaba. Las peleas de leones contra tigres o de
elefantes contra osos también gozaban de popularidad. Los cazadores
mostraban su habilidad al dar muerte a animales exóticos traídos de
todas partes del imperio. No se reparaba en gastos. Había leopardos,
rinocerontes, hipopótamos, jirafas, hienas, camellos, lobos, jabalíes y
antílopes.
Los efectos escénicos convertían las cacerías en acontecimientos
inolvidables. Con rocas, estanques y árboles se recreaban bosques.
En algunos espectáculos, las bestias aparecían como por arte de
magia, gracias a trampillas y a una especie de elevadores
subterráneos. El comportamiento impredecible de los animales era un
atractivo adicional, pero la mayor fascinación parecía provenir de la
crueldad.
La siguiente actividad del programa eran las ejecuciones, las cuales
procuraban llevar a cabo con la máxima originalidad. Se
representaban dramas mitológicos donde los actores morían de
verdad.
Por la tarde luchaban entre sí varios grupos de gladiadores equipados
con diferentes armas y entrenados con distintas técnicas. Algunos de
los que se llevaban a rastras los cadáveres iban disfrazados como si
fueran el dios del mundo de ultratumba.

w82 1/5 4, 5
“Las monstruosas normas de moralidad de Roma”
El estadista romano Séneca fue testigo ocular de las condiciones que
existían en el mundo romano cuando el cristianismo tuvo su principio.
Admitió: ‘Cada día va creciendo el deseo de hacer lo malo. La
iniquidad se ha apoderado del corazón de todos a tal grado que la
inocencia no es cosa rara... sino que ya no existe.’ Juvenal, quien
también vivió durante ese período, escribe acerca de “las monstruosas
normas de moralidad de Roma.”
Al describir a las personas de su día, un escritor bíblico dijo que
estaban “más allá de todo sentido moral.” (Efesios 4:19) Las
relaciones sexuales promiscuas se consideraban la norma. Referente
a aquella era, el antiguo historiador Lampridio dijo que un soltero tenía
que tener una chica con quien pudiera tener relaciones sexuales con
regularidad, “porque era imposible que subsistiera sin tenerla.” Pero,
¿a qué se podía atribuir un ambiente tan sórdido?
‘Si un dios lo hace, ¿por qué no lo voy a hacer yo?’
Los dioses de los romanos, que en su mayor parte tuvieron sus
orígenes en la cultura griega, se consideraban ejemplos de
comportamiento. Pero, ¡qué personajes más inmorales! Venus y Flora
eran unas prostitutas desvergonzadas. Baco era un borracho,
Mercurio era un asaltador y Apolo era seductor de muchas mujeres.
¡Aun Júpiter, el principal de los dioses y el más sabio de ellos, cometió
ya sea actos de adulterio o incesto, según se dice, con 59 mujeres!
¿Qué efecto en la gente tuvieron estos ejemplos? En una obra de
teatro de aquella época se representa a un joven que está
considerando si debe cometer fornicación con una bella joven o no. En
ese momento él se fija en un cuadro que muestra a Júpiter seduciendo
a una mujer. “Si un dios lo hace, ¿por qué no debería hacerlo yo que
soy hombre?” razona él, y dice: “por lo tanto decidí hacerlo.” Esta obra
de teatro reflejaba la vida real, pues, según escribió Séneca, la
inmoralidad sexual ya no causaba vergüenza alguna a un hombre
“puesto que él veía que los dioses no eran nada mejores que él.” No
cabe duda de que los cerebros invisibles que originaron estos
conceptos de divinidades fueron los ‘hijos de Dios’ que, en los días de
Noé, se rebelaron por medio de bajar a la Tierra y tener relaciones
inmorales con las hijas de los hombres. Aunque aquellos pervertidos
sexuales regresaron a la esfera espiritual, han seguido inundando la
sociedad humana con el espíritu de inmoralidad.—Génesis 6:1-
4; Judas 6, 7.
“Un mercado para la fornicación”
Atenágoras, escritor del segundo siglo, afirma que algunas personas
de aquel tiempo habían establecido “un mercado para la fornicación, e
instalaron estaciones infames para proporcionar a los jóvenes toda
clase de placer vil.” Este “mercado” que públicamente “vendía”
relaciones sexuales ilícitas incluía el teatro. Los temas de los
espectáculos centraban en los amores inmorales de los dioses. Los
actores frecuentemente usaban “ropa ceñida” que daba la impresión
de que estuvieran desnudos. Además, en las paredes de los hogares y
templos, frecuentemente a plena vista del público, había pinturas
“indescriptiblemente obscenas” que a veces hasta representaban el
coito. Las estatuas de los dioses inmorales, que a menudo se
representaban desnudos, estaban a vista del público de modo que aun
los ojos de los más tiernos podían verlas. Además, circulaba
libremente entre la juventud literatura que contenía lenguaje y
descripciones de lo más sucio que jamás se hayan registrado. Las
mentes se contaminaban desde una edad temprana debido a que las
personas leían acerca de las aventuras de los dioses y las diosas o
escuchaban mientras otros les leían relatos al respecto.
Adicionalmente deben mencionarse los muy populares baños públicos,
que las masas utilizaban, los cuales se consideraban poco mejores
que “casas de prostitución bajo un nombre respetable”; los gimnasios,
donde muchos hombres jóvenes y viejos se entrenaban estando
desnudos, llegaron a ser antros de homosexualidad; y los festivales,
que a menudo simplemente eran orgías públicas para satisfacer los
deseos sexuales. La situación llegó a ser exactamente como la que se
describe en la carta del apóstol Pablo a los cristianos romanos.
Refiriéndose a los que ‘rendían servicio sagrado a la creación más
bien que a Aquel que creó’ y que seguían las normas de moralidad
que estaban de moda, él escribió lo siguiente: “Dios los entregó a
apetitos sexuales vergonzosos, porque sus hembras cambiaron el uso
natural de sí mismas a uno que es contrario a la naturaleza; y así
mismo hasta los varones dejaron el uso natural de la hembra y se
encendieron violentamente en su lascivia unos para con otros, varones
con varones, obrando lo que es obsceno.” (Romanos 1:24-27) El
cuadro que Pablo pinta es de una exactitud asombrosa, pues la
depravación moral del mundo grecorromano resultó en una de las
prácticas más repugnantes de la historia... el ultraje sexual de los
jóvenes por los mayores. Esta práctica inmunda se glorificó en la
poesía y las obras de teatro, e infectó a la sociedad entera.
Si usted hubiera vivido en aquel tiempo y por dondequiera que miraba
veía cosas inmundas desde el punto de vista moral, ¡qué difícil pudiera
haber sido mantenerse limpio en sentido moral! Sí, para mantener su
virtud un joven o una joven ciertamente habría tenido que ejercer
fuerza moral y adherirse a principios morales. No obstante, en medio
de todo esto, y como por milagro, algunos sí desplegaron tal virtud.

g97 8/11 27)


Asimilación y extinción
En el año 509 a.E.C. llegó a su fin la centenaria estirpe de reyes
etruscos que dominaba Roma. Este hecho fue tan solo un anticipo de
lo que se avecinaba. Al norte, los etruscos vivían bajo la amenaza de
los celtas, cuyas incursiones debilitaron el control que aquellos
ejercían sobre la zona. Al sur, los continuos problemas fronterizos con
los pueblos itálicos minaron la base de su poder, desatando conflictos
en el seno de su sociedad.
Para el siglo III a.E.C., el territorio etrusco se hallaba bajo el yugo
romano. Así comenzó la romanización, la etapa en que se
engrandeció la cultura romana. Las últimas señas de identidad etrusca
se desvanecieron en el año 90 a.E.C., cuando se concedió la
ciudadanía romana a todos los pueblos itálicos. A los etruscos se les
obligó a hablar en latín, y fueron asimilados en el mundo romano. Por
lo visto, pocos doctos de Roma se preocuparon de traducir, o siquiera
preservar, las obras de la literatura etrusca. De este modo, su
civilización desapareció, dejando tras de sí una estela de misterio.
Pero también dejó un legado.
Legado que perdura
En Roma aún es visible la herencia de los etruscos. Los romanos
deben a este pueblo el Capitolio, templo consagrado a la tríada de
Júpiter, Juno y Minerva; los templos tripartitos; las primeras murallas, y
el alcantarillado del Foro. Hasta la Loba Capitolina (Lupa
Capitolina), símbolo de Roma, es de origen etrusco. Además,
recibieron de ellos diversas costumbres, como los juegos en que se
luchaba a muerte y los combates con fieras. (Compárese
con 1 Corintios 15:32.) El tipo de procesión triunfal que Pablo sin duda
tuvo presente en una de las imágenes verbales que utilizó, era
asimismo de origen etrusco. (2 Corintios 2:14.)
Sus símbolos también se han utilizado mucho. En el báculo sacerdotal
etrusco, que recuerda al cayado de un pastor, se ha visto el origen del
báculo episcopal de la cristiandad. Las fasces etruscas (haz de varas
dispuesto en torno de un hacha llamada segur) se utilizaron entre los
romanos como insignia de autoridad, y como emblema tanto en la
Revolución francesa como en el partido fascista italiano, ya en el
siglo XX.
A pesar de los esfuerzos conjuntos de los arqueólogos por desenterrar
el pasado, el origen de esta nación, así como muchos aspectos de su
vida, siguen siendo un misterio.

(g98 8/3 24
Las castas en las Iglesias actuales
En 1991, el arzobispo católico George Zur realizó el siguiente
comentario a la Conferencia Episcopal Católica de la India: “A los
conversos de las castas catalogadas no solo les dan trato de casta
inferior los hindúes de casta alta, sino también los cristianos de casta
alta. [...] En las parroquias y en los cementerios se les designan
lugares separados. Las bodas entre personas de diferente casta no se
ven con buenos ojos [...]. Los sacerdotes practican ampliamente el
sistema de castas”.
El obispo M. Azariah, de la confesión protestante Iglesia del Sur de la
India, dijo en su libro The Un-Christian Side of the Indian Church (El
lado no cristiano de la Iglesia india): “Los cristianos de las castas
catalogadas (dalits) son objeto de discriminación y opresión por parte
de sus hermanos cristianos de las diversas iglesias, sin otra culpa que
la de haber nacido en una casta inferior, aun cuando sean cristianos
de la segunda, tercera o cuarta generación. Los cristianos de casta
superior, que constituyen una minoría en la Iglesia, mantienen sus
prejuicios de casta por generaciones, pasando por alto las creencias y
prácticas cristianas”.
Los resultados de una investigación oficial sobre los problemas de las
clases atrasadas del país, realizada por la Comisión Mandal,
mostraron que en Kerala los miembros de la cristiandad estaban
divididos “en grupos étnicos, según la casta de origen. [...] Aun
después de su conversión, los que procedían de castas inferiores
seguían recibiendo el trato de harijans* [...]. Los miembros sirios
y pulayas de una misma Iglesia celebraban sus ritos religiosos por
separado en edificios diferentes”.
Un artículo del periódico The Indian Express dijo en agosto de 1996
sobre los cristianos dalits: “En Tamil Nadu no les permiten vivir en las
mismas zonas que las castas superiores. En Kerala, son en su
mayoría trabajadores agrícolas sin tierra que trabajan para cristianos
sirios y otros terratenientes de castas superiores. Ni siquiera se
plantea la posibilidad de que los dalits y los cristianos sirios coman
juntos o se casen entre ellos. En muchos casos, los dalits rinden culto
en sus propias iglesias, llamadas ‘iglesia pulaya’ o
‘iglesia paraya’”. Estos nombres corresponden a subcastas. La forma
españolizada de paraya es “paria”.

g93 22/8 6-8)

Religión y raza
Los traficantes de esclavos recibieron bastante apoyo de los dirigentes
religiosos para defender sus ideas racistas. Ya a mediados del
siglo XV, los edictos de los papas católicos romanos sancionaron la
subyugación y esclavitud de los “paganos” y los “infieles”, a fin de que
sus “almas” pudieran ser salvadas para el “Reino de Dios”. Como
habían recibido la bendición de la Iglesia, los antiguos traficantes de
esclavos y los exploradores europeos no sentían remordimiento
alguno por el trato brutal que daban a los nativos.
“Durante muchos decenios a partir de 1760, la esclavitud de los
negros fue sancionada por clérigos y teólogos católicos, anglicanos,
luteranos, presbiterianos y reformados —dice el libro Slavery and
Human Progress (La esclavitud y el progreso humano)—. Ninguna
iglesia ni secta moderna había procurado desanimar a sus fieles de
poseer esclavos negros o siquiera de traficar con ellos.”
Aunque algunas de las iglesias hablaban de hermandad cristiana
universal, también promovían enseñanzas que intensificaban la
controversia racial. Por ejemplo, la Encyclopaedia Judaica dice que
“los españoles reconocieron que las razas nativas que encontraron en
América eran hombres dotados de alma solo después de prolongadas
luchas y discusiones teológicas”.
Según ellos, con tal de que las “almas” de las personas de dichas
razas nativas se “salvasen” mediante la conversión al cristianismo,
no importaba el trato físico que recibieran. Y tocante a la situación de
los negros, muchos guías religiosos razonaban que de todos modos
habían sido maldecidos por Dios. Para probarlo se aplicaron mal
algunos textos de la Biblia. Los clérigos Roberto Jamieson, A. R.
Fausset y David Brown dicen en su comentario de la Biblia: “Maldito
sea Canaán [Génesis 9:25]—Esta maldición se ha cumplido en la
destrucción de los cananeos, la degradación de Egipto, y la esclavitud
de los africanos, todos descendientes de Cam”. (Comentario exegético
y explicativo de la Biblia. Tomo I: El Antiguo Testamento.)
En ningún lugar de la Biblia se enseña que Dios maldijese al
antepasado de la raza negra. Lo cierto es que la raza negra descendió
de Cus, no de Canaán. En el siglo XVIII, John Woolman sostuvo que
utilizar esta maldición bíblica para justificar la esclavitud de los negros,
privándoles de sus derechos naturales, “[era] una suposición
demasiado exagerada como para que la [admitiera] cualquier persona
que sinceramente [desease] regirse por principios sólidos”.
Pseudociencia y raza
La pseudociencia también apoyó con su voz la teoría de que los
negros son una raza inferior. El libro Essai sur l’inégalité des races
humaines (Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas), del
escritor francés del siglo XIX Joseph de Gobineau, colocó el
fundamento para muchas otras obras del mismo tipo. En su libro
dividió a la especie humana en tres razas distintas en orden
decreciente según su excelencia: blanca, amarilla y negra. Afirmó que
las cualidades singulares de cada raza se llevaban en la sangre, por lo
que cualquier mezcla de razas mediante matrimonios mixtos resultaría
en el envilecimiento y la pérdida de las cualidades superiores.
Gobineau sostenía que en un tiempo existió una raza pura de hombres
blancos, altos, rubios y de ojos azules, a los que llamó arios. Según él,
fueron los arios los que introdujeron la civilización y la lengua sánscrita
en la India, y también los que fundaron las antiguas civilizaciones de
Grecia y Roma. Pero por causa de los matrimonios mixtos con las
personas inferiores de la zona, estas civilizaciones, en un tiempo
gloriosas, se perdieron, y con ellas el talento y las magníficas
cualidades de la raza aria. Gobineau afirmaba que los pueblos más
cercanos a los arios puros que aún quedaban se encontraban en el
norte de Europa, es decir, entre los pueblos nórdicos y, por extensión,
los germánicos.
Las ideas básicas de Gobineau —la división de la humanidad en tres
razas, el linaje sanguíneo y la raza aria— no tenían absolutamente
ningún fundamento científico, y no gozan de ningún crédito entre los
científicos de la actualidad. Sin embargo, hubo quienes las hicieron
suyas enseguida. Una de esas personas fue un inglés llamado
Houston Stewart Chamberlain. Tanto le cautivaron las ideas de
Gobineau, que fijó su residencia en Alemania y defendió que la única
esperanza de conservar la pureza de la raza aria radicaba en los
alemanes. Ni que decir tiene que los escritos de Chamberlain se
leyeron en toda Alemania, pero las consecuencias fueron deplorables.
Las deplorables consecuencias del racismo
Adolf Hitler afirmó en su libro Mein Kampf (Mi lucha) que la raza
alemana era la superraza aria que estaba destinada a gobernar el
mundo. Hitler pensaba que los judíos —según él los responsables de
sabotear la economía alemana— constituían un obstáculo para este
glorioso destino. Por eso procuró exterminar tanto a los judíos como a
otras minorías de Europa, lo que sin duda alguna ha constituido uno
de los capítulos más sombríos de la historia humana. Esas fueron las
desastrosas consecuencias de las ideas racistas, entre ellas las de
Gobineau y Chamberlain.
No obstante, esta deplorable situación no se limitaba a Europa. Al otro
lado del océano, en el llamado Nuevo Mundo, el mismo tipo de ideas
sin fundamento produjeron indecible sufrimiento a generaciones
enteras de personas inocentes. Aunque tras la guerra civil
estadounidense los esclavos africanos finalmente obtuvieron la
libertad, en muchos estados se aprobaron leyes que prohibían a los
negros disfrutar de muchos de los privilegios otorgados a otros
ciudadanos. ¿Por qué? Los ciudadanos blancos pensaban que la raza
negra no tenía la capacidad intelectual necesaria para tomar parte en
los deberes cívicos y de gobierno.
Un caso relacionado con una ley de antimestizaje ilustra lo
profundamente arraigadas que estaban esas opiniones respecto a las
razas. Dicha ley prohibía el matrimonio entre negros y blancos. Al
condenar a una pareja que la quebrantó, un juez dijo: “El Dios
Todopoderoso creó la raza blanca, la negra, la amarilla, la malaya y la
roja, y las colocó en continentes separados, y si no se hubiese
interferido en Sus disposiciones, no habría habido ninguna razón para
tales matrimonios”.
El juez no pronunció esas palabras en el siglo XIX ni tampoco en una
región remota y primitiva, las dijo en 1958 y a menos de
100 kilómetros del Capitolio de Washington (Estados Unidos). De
hecho, hubo que esperar a 1967 para que el Tribunal Supremo de
Estados Unidos invalidara todas las leyes contra los matrimonios entre
personas de diferente raza.
Esas leyes discriminatorias, así como la segregación en las escuelas,
las iglesias y otras instituciones públicas, y la discriminación en el
empleo y la vivienda, han sido la causa del malestar civil, las
manifestaciones de protesta y la violencia que se han convertido en
realidades cotidianas tanto en Estados Unidos como en muchos otros
lugares. Dejando aparte la pérdida de vidas y la destrucción de la
propiedad, la angustia, el odio y los ultrajes y sufrimientos personales
que han resultado del racismo son la vergüenza y la deshonra de una
sociedad supuestamente civilizada.
En efecto, el racismo se ha convertido en una de las fuerzas más
divisivas que aquejan a la sociedad humana. De ahí que todos
debamos hacernos un autoexamen y preguntarnos: ¿Rechazo yo toda
enseñanza que afirme que una raza es superior a otra? ¿He
procurado librarme de cualquier posible vestigio de sentimientos de
superioridad racial?
También es apropiado que nos planteemos las siguientes preguntas:
¿Qué esperanza hay de que los prejuicios y las tensiones raciales, tan
comunes hoy día, sean erradicados algún día? ¿Es posible que
personas de diferentes nacionalidades, idiomas y costumbres vivan
juntas en paz?
(w96 1/9 6)

Efectos negativos del fatalismo


Otro argumento convincente contra el fatalismo es el efecto que puede
tener en sus adeptos. Dijo Jesucristo: “Todo árbol bueno produce
fruto excelente, pero todo árbol podrido produce fruto inservible”.
(Mateo 7:17.) Analicemos un “fruto” del fatalismo, a saber, su influjo en
el sentido de la responsabilidad personal.
Es importante tener un sano sentido de responsabilidad, pues este
motiva a los padres para que sostengan a sus familias, a los
trabajadores para que realicen sus tareas a conciencia y a los
fabricantes para que produzcan artículos de calidad. Ahora bien, la
creencia en el destino puede adormecer este sentido. Imagínese, por
ejemplo, que la dirección del automóvil de un hombre está defectuosa.
Si él posee un alto sentido de responsabilidad, hará que la reparen,
pues le preocupa su vida y la de sus pasajeros; pero si cree en el
destino, puede que pase por alto el peligro, convencido de que el
mecanismo solo sufrirá una avería si es la “voluntad de Dios”.
En efecto, la creencia en el destino puede promover fácilmente, entre
muchos otros defectos, el descuido, la pereza y la irresponsabilidad.
¿Una barrera para la relación con Dios?
Lo peor de todo es que el fatalismo puede suprimir nuestro sentido de
responsabilidad ante Dios. (Eclesiastés 12:13.) El salmista insta a toda
la humanidad a que ‘guste y vea que Jehová es bueno’. (Salmo 34:8.)
Dios estipula ciertos requisitos para quienes desean gozar de su
bondad. (Salmo 15:1-5.)
Uno de tales requisitos es el arrepentimiento. (Hechos 3:19; 17:30.)
Arrepentirse implica admitir las equivocaciones y efectuar los cambios
necesarios. Como seres humanos imperfectos, todos tenemos muchas
cosas de las cuales arrepentirnos. Pero si nos consideramos víctimas
indefensas del destino, es difícil que sintamos la necesidad de
arrepentirnos o de responder de nuestros errores.
Refiriéndose a Dios, el salmista dijo: “Tu bondad amorosa es mejor
que la vida”. (Salmo 63:3.) No obstante, el fatalismo ha persuadido a
millones de personas de que Dios es el causante de sus aflicciones, lo
que, naturalmente, ha amargado a muchas de ellas contra él y las ha
privado de la oportunidad de entablar una relación íntima con el
Creador. Después de todo, ¿cómo se puede amar a quien uno
considera el causante de todos sus problemas? Así pues, el fatalismo
interpone una barrera entre Dios y el hombre.

(w05 1/1 29, 30

Ceremonias para poner nombre al recién nacido


Existen numerosas costumbres ligadas a los nacimientos que son
apropiadas. Sin embargo, los cristianos verdaderos deben ser
cuidadosos en aquellos lugares donde el nacimiento se ve como una
transición del mundo de los espíritus ancestrales al de los humanos.
En algunas zonas de África, por ejemplo, se mantiene al recién nacido
dentro de la casa y no se le asigna un nombre hasta que transcurre
cierto tiempo. El período de espera varía según el sitio, pero concluye
con una ceremonia, durante la cual se saca a la criatura al exterior y
se la presenta formalmente a los parientes y amigos. En ese
momento, se anuncia su nombre de manera oficial a todos los
presentes.
Con respecto al significado de esta costumbre, el libro Ghana—
Understanding the People and Their Culture (Los ghaneses y su
cultura) explica: “Se cree que durante los primeros siete días de vida,
el recién nacido está de ‘visita’ mientras pasa del mundo espiritual a la
vida terrenal. [...] Por lo general, se mantiene al niño dentro de la casa
y no se permite que nadie ajeno a la familia lo vea”.
¿Por qué esa espera antes de darle nombre al recién nacido? El
libro Ghana in Retrospect (Ghana en retrospectiva) aclara: “Antes del
octavo día, se supone que el niño no es humano. Todavía conserva
algunos lazos con el mundo del que procede”. La misma obra
continúa: “Dado que el nombre es lo que, por así decirlo, humaniza al
recién nacido, si la pareja teme que su hijo pueda morir, postergan
darle un nombre hasta que están seguros de que sobrevivirá. [...] Por
eso, se piensa que este rito de transición, en ocasiones denominado
presentación del niño, tiene mucha trascendencia para el recién
nacido y sus padres. Dicha ceremonia introduce al niño en la
compañía, o el mundo, de los seres humanos”.
Un anciano de la familia suele oficiar esta celebración. La ceremonia
difiere de un lugar a otro, pero por lo general incluye, entre otros ritos,
libaciones y rezos de agradecimiento a sus espíritus ancestrales por la
llegada sin contratiempos del recién nacido.
El punto culminante de la ceremonia se produce cuando se anuncia el
nombre del niño. Aunque los principales responsables a la hora de
escoger el nombre son los padres, a menudo pesa mucho la opinión
de otros parientes. Algunos nombres encierran un significado
simbólico en el idioma local, como por ejemplo “Se marchó pero
volvió”, “Mamá está aquí por segunda vez” o “Papá ha regresado”.
El significado de otros nombres busca impedir que los espíritus de los
antepasados se lleven al recién nacido al mundo de los muertos.
Por supuesto, no tiene nada de malo alegrarse por el nacimiento de un
niño. Llamarlo de cierta forma en honor de alguien, así como ponerle
un nombre que refleje las circunstancias que rodearon su nacimiento
son costumbres admisibles, y decidir cuándo hacerlo, en algunos
lugares, es una cuestión personal. Sin embargo, los cristianos que
desean agradar a Dios procuran evitar toda costumbre y ceremonia
que dé la impresión de que concuerdan con la creencia de que el
recién nacido es un “visitante” del mundo de los espíritus ancestrales
en el mundo de los vivos.
Además, cuando muchos de los miembros de la comunidad
consideran la ceremonia de poner nombre a la criatura como un
importante rito de transición, los cristianos deberían tener muy
presente la conciencia de los demás y meditar sobre la impresión que
causaría en los no creyentes su manera de proceder. ¿Qué pudieran
pensar ellos, por ejemplo, si una familia cristiana ocultara al recién
nacido hasta ponerle nombre? ¿A qué conclusión llegarían si dicha
familia empleara nombres incompatibles con la afirmación de que son
maestros de la verdad bíblica?
Por ello, a la hora de decidir cómo y cuándo asignarles un nombre a
sus hijos, los cristianos tratan de hacer “todas las cosas para la gloria
de Dios” a fin de no ser causa de tropiezo (1 Corintios 10:31-33).
No ‘ponen a un lado el mandamiento de Dios para retener tradiciones’
cuyo fin es honrar a los muertos. Al contrario, dan honra y gloria al
Dios vivo, Jehová (Marcos 7:9, 13).
La transición de la muerte a la vida
Mucha gente ve la muerte, al igual que el nacimiento, como una
transición: el difunto pasa del mundo visible al invisible, el de los
espíritus. Es común creer que los espíritus de los ancestros, a los que
se les atribuye poder para castigar o recompensar a los vivos, se
molestarán si no se realizan determinados ritos funerarios cuando
alguien muere. Esta creencia tiene una gran repercusión en la forma
de organizar y dirigir los funerales.
En los funerales destinados a apaciguar a los difuntos, a menudo se
exteriorizan de diversas formas una amplia variedad de sentimientos:
desde lamentos y gritos desesperados ante el cadáver hasta alegres
festejos tras el entierro. Dichas celebraciones funerarias se
caracterizan con frecuencia por los atracones de comida, las
borracheras y el baile al ritmo de música ensordecedora. Tanta
importancia se les concede a los funerales que incluso las familias
más pobres suelen hacer grandes esfuerzos para pagar los gastos de
“un entierro digno”, aunque para lograrlo haya que experimentar
penurias y endeudarse.
A lo largo de los años, los testigos de Jehová han señalado que ciertas
costumbres funerarias son contrarias a las Escrituras.* Algunos
ejemplos son velar a los muertos, realizar libaciones, hablar y hacer
peticiones a los difuntos, celebrar ritos conmemorativos por el
aniversario del fallecimiento de alguien, y otras costumbres basadas
en la creencia de que algo del ser humano sobrevive cuando muere.
Estas tradiciones que deshonran a Dios son ‘inmundas’, un “vano
engaño” basado en “la tradición de los hombres” y no en la verdad que
se expone en la Biblia (Isaías 52:11;Colosenses 2:8).
Presión para que nos amoldemos
Abandonar las tradiciones ha resultado una dura prueba para algunas
personas, especialmente en países donde se da muchísima
importancia a honrar a los muertos. Por no seguir esas costumbres, a
los testigos de Jehová se les ha visto con recelo y se les ha acusado
de ser antisociales o irrespetuosos con los difuntos. Las fuertes
críticas y la presión han logrado que algunos, pese a entender bien la
verdad bíblica, teman ser diferentes (1 Pedro 3:14). Otros han
razonado que tales costumbres forman parte de su cultura, por lo que
no pueden dejar de practicarlas del todo. Incluso hay quienes han
argumentado que negarse a seguir la tradición podría predisponer a la
comunidad en contra del pueblo de Dios.
Aunque no deseamos ofender a los demás, la Biblia nos señala que
ponernos firmes de parte de la verdad nos acarreará la desaprobación
de un mundo alejado de Dios (Juan 15:18, 19; 2 Timoteo 3:12; 1 Juan
5:19). Y adoptamos esta postura de buena gana, pues comprendemos
la importancia de ser muy distintos de quienes están en oscuridad
espiritual (Malaquías 3:18; Gálatas 6:12). Tal como Jesús resistió la
tentación de Satanás para que hiciera algo que desagradara a Dios,
nosotros también resistimos la presión para actuar de una forma que
le desagrade (Mateo 4:3-7). En vez de dejarnos influir por el temor al
hombre, los verdaderos cristianos tratamos por encima de todo de
complacer a Jehová y honrarlo por ser el Dios de la verdad. Por ese
motivo, no transigimos en cuanto a los principios bíblicos de la
adoración pura debido a la presión de los demás (Proverbios
29:25; Hechos 5:29).
Respeto por los muertos sin dejar de honrar a Jehová
Es normal sentir un profundo dolor cuando alguien a quien amamos
muere (Juan 11:33, 35). Conservar el recuerdo de un ser querido y
proporcionarle un entierro digno son muestras de amor apropiadas.
Sin embargo, los testigos de Jehová sobrellevan la honda tristeza que
produce la muerte sin dejarse arrastrar por tradiciones que
desagradan a Dios. Esto no es fácil para quienes se han criado en
culturas donde existe un fuerte temor a los muertos. Tal vez cueste
mantener el equilibrio cuando nos sintamos muy afligidos por la
muerte de alguien cercano. No obstante, los cristianos fieles reciben
fortaleza de Jehová, “el Dios de todo consuelo”, y se benefician del
amoroso apoyo de sus hermanos en la fe (2 Corintios 1:3, 4). Tienen
confianza absoluta en que Dios devolverá algún día la vida a los
muertos que ahora están inconscientes y que Él guarda en su
memoria. Por lo tanto, los cristianos verdaderos se apartan
completamente de las costumbres funerarias antibíblicas que niegan la
realidad de la resurrección.
¿No nos emociona que Jehová nos haya llamado “de la oscuridad a su
luz maravillosa”? (1 Pedro 2:9.) Cuando experimentemos la alegría de
un nacimiento o la tristeza de una muerte, que nuestro mayor deseo
sea hacer lo que está bien y que nuestro profundo amor por Jehová
Dios siempre nos impulse a seguir “andando como hijos de la luz”.
Jamás nos contaminemos en sentido espiritual debido a costumbres
contrarias a la Biblia que desagradan a Dios (Efesios 5:8).

w98 15/7 21)

¿Qué puede decirse de la “limpieza sexual”?


En algunos países de África central se espera que la viuda tenga
relaciones sexuales con un pariente cercano del difunto. La gente cree
que, en caso contrario, el que ha muerto perjudicará a la familia. Este
ritual se denomina limpieza sexual. Sin embargo, la Biblia define como
“fornicación” cualquier relación sexual fuera del matrimonio. Puesto
que los cristianos han de ‘huir de la fornicación’, se oponen con valor a
esta costumbre antibíblica (1 Corintios 6:18).
Considere el caso de una viuda llamada Mercy.* Cuando su esposo
murió en 1989, los familiares quisieron que efectuara la limpieza
sexual con un pariente. Ella se negó y les explicó que el ritual iba en
contra de la ley divina. Frustrados, la insultaron y se fueron. Un mes
después saquearon su casa y arrancaron las planchas metálicas del
techo. “Que te cuide tu religión”, dijeron.
La congregación consoló a Mercy y hasta le construyó una casa
nueva. Los vecinos estaban tan impresionados que algunos decidieron
colaborar en la construcción, y la esposa del jefe, que era católica, fue
la primera en llevar follaje para rehacer el techo. El fiel proceder de
Mercy estimuló a sus hijos. Desde entonces, cuatro de ellos se han
dedicado a Jehová Dios, y uno ha asistido recientemente a la Escuela
de Entrenamiento Ministerial.
Debido a la costumbre de la limpieza sexual, algunos cristianos han
cedido a la presión y se han casado con un incrédulo. Por ejemplo, un
viudo septuagenario se apresuró a casarse con una joven que era
pariente de su difunta esposa. De ese modo pudo afirmar que había
realizado la limpieza sexual. Sin embargo, ese proceder está en
conflicto con el consejo bíblico de que los cristianos se casen “solo en
el Señor” (1 Corintios 7:39).

lea Santiago 3:17, 18]

Pero la sabiduría+ de arriba es primeramente casta,+ luego


pacífica,+ razonable,*+ lista para obedecer, llena de misericordia y
buenos frutos,+ sin hacer distinciones por parcialidad,+ sin ser
hipócrita.+ 18 Además, en cuanto al fruto+ de la justicia,+ su semilla se
siembra en condiciones pacíficas*+ para* los que están haciendo la
paz.+