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¿Qué es la teoría de juegos?

2018-08-07 20:19:35
¿Qué pensarías si te dijeran que las matemáticas pueden explicar por qué prefieres
usar bicicleta a usar un coche, o por qué vives en una colonia y no en otra? No se
trata solo de modelos de estadística. Las matemáticas sirven ampliamente para
escudriñar en nuestras decisiones personales.

A cualquiera le podrían dar escalofríos admitir que nuestras decisiones son objeto de
estudios matemáticos. Pero, lo creas o no, las matemáticas son desde hace tiempo una
herramienta de la mercadotecnia y en la ingeniería económica. Y se usan porque
funcionan. Detrás de estas herramientas está la teoría de juegos y aquí te
explicaremos qué es y cómo funcionan.

Pero antes de entrar en detalles, una pregunta: ¿la vida es como un juego de ajedrez o
como un piedra papel o tijera? O visto de otro modo: ¿La economía mundial o la
elección de un medio de transporte como otro pueden entenderse como juegos de mesa?
Preguntas como esta han hecho que sociólogos y matemáticos discutan airadamente
desde hace más de cien años. Max Weber fue el primer sociólogo que propuso, de
forma sistemática, una teoría de la acción social y por tanto de un modelo que explica la
elección racional de los sujetos dentro de un entorno sociocultural dado. Su propuesta
influyó enormemente en sociología, economía y ciencia política. Weber fue un
parteaguas para entender modelos y conceptos como el de acción instrumental (un
cálculo donde se usan equis medios para obtener equis fines), y este concepto es
una piedra toral en la teoría de juegos (rational choice) de John Von Neumann y
por supuesto de Nash.

Por favor remitirse a la web y ver el video:


https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=rvskMHn0sqQ
Y
Sin negar la conformación estructural de la sociedad, Weber supone que es posible
explicar científicamente lo social a través de las decisiones de un individuo, a diferencia
de Marx y Durkheim, cuyas teoría se cimentan en la observación de estructuras sociales.
Mientras que para Marx el mundo es un juego de ajedrez, para Weber este mismo juego
tiene un matiz; para Marx el juego viene predeterminado por las reglas y Weber se
enfoca en las decisiones del jugador.

La acción, en ese sentido, es observable a través de procesos de tipificación analítica; es


decir que no observamos las acciones “en sí”, sino que lo hacemos a través de
interpretaciones. Interpretaciones que toman en cuenta nuestras motivaciones,
consecuencias, contextos socioculturales. Para Marx no juegan los individuos,
mientras que Weber pone el acento en el papel de los individuos.

En esa línea, Weber nos provee de una tipificación ideal de los principales tipos de
acción, en donde encontramos en primer lugar a la acción con arreglo a fines; en
segundo lugar la acción con arreglo a valores; en tercer lugar la acción con arreglo a
tradiciones; y por último la acción afectiva. Detrás de una sola decisión, hay
tradiciones, valores y cálculos costo beneficios. Esto es muy semejante a elegir un
coche: habrá quien elija uno por el estatus o porque su padre elegía la misma
marca; habrá un tercero que elija el que menos gasolina gaste.

La racionalidad instrumental es el tipo de acción más prominente en la modernidad y


está basada en el cálculo costo-beneficio, donde se presupone que los sujetos actúan
proyectando la obtención de ciertos fines, utilizando y calculando los medios más
adecuados para lograrlo. En teoría, basamos nuestras decisiones pensando en los
beneficios que obtendremos.

Este tipo de racionalidad nos sirve para interpretar y explicar acciones relacionadas
tanto a cuestiones sociales, políticas y económicas, como a cuestiones científicas y
tecnológicas, esto debido a que todo sujeto, independientemente del contexto puede
actuar con base en dicho presupuestos de cálculo instrumental.

La tradición de la elección racional y la teoría de juegos toman este punto de partida con
el fin de construir modelos analíticos de acción que busquen no solo explicar sino
también optimizar escenarios de acción instrumental relacionados a las consecuencias
deseadas y no deseadas en ámbitos como la política y la economía. Así es: las
matemáticas se volvieron indispensables en terrenos donde creíamos que solo intervenía
el azar. De pronto, un algoritmo pudo ser empleado para pronosticar una caída en
la industria automotriz o un conflicto geopolítico.
Los primeros desarrollos de teoría de juegos, como los formulados por Von Neumann y
Oskar Morgenstern, apuntan a construir juegos de “suma cero”. Básicamente, en un
juego suma cero, lo que gana alguien es lo mismo que pierde alguien más. Así es el
ajedrez, así es el póker, así es el futbol americano.

Por mucho tiempo, este tipo de juegos sirvió para explicar las teorías económicas que
van desde Smith y Ricardo, pasando por Marx, hasta llegar a la economía
neoclásica. Lo que ganaba un país, lo perdía otro; lo que ganaba una empresa, lo
perdía otra; lo que ganaba un empresario, lo perdía el trabajador.

El problema es que el mundo, por ejemplo la geopolítica, podría parecer unao partida de
Risk o un partido de futbol, pero es más como una partida de piedra papel o tijera. Hay
más de una decisión posible y lo que uno gana no es estrictamente lo que pierde el
otro. ¿De qué depende esta diferencia? De cómo interactúan y “cooperan” los
participantes sin ponerse de acuerdo, como en un chinchampú o un disparejo.

John Nash, por su parte, formuló un modelo teórico analítico que buscó superar a
los juegos de “suma cero” a través de la búsqueda de un equilibrio entre los
jugadores a partir de la observación de las estrategias individuales de cada jugador para
posteriormente analizar el entorno general, es decir mediante la formulación de juegos
“cooperativos”.

Ahí, se presupone que los jugadores utilizarán la estrategia que crean que es más
adecuada para maximizar sus beneficios, pero, dicha estrategia no será cambiada si los
otros jugadores no cambian la suya. Cada jugador no solo tiene una estrategia, sino
también supone cuál puede ser la estrategia seguida por sus competidores, por
tanto, todos sus cálculos y acciones son resultado de dichas presuposiciones.

Como podemos ver, Nash vuelve el juego mucho más complejo, debido a que ahora
habría que observar ya no en función de ganadores y perdedores, sino en términos
de la intersubjetividad de los jugadores, en donde cada jugador presupone y calcula
cuál será la estrategia de los otros jugadores y con base en eso elabora su propia
estrategia con la finalidad de maximizar sus beneficios.
El equilibrio surge cuando a partir de estos presupuestos los jugadores no cambian su
estrategia, ya que por una parte no existe un incentivo para que eso suceda, y, por otra
parte porque se encuentran utilizando la mejor estrategia posible para obtener alguna
ganancia. Este equilibrio no supone que cada jugador obtenga el mejor resultado o
que conjuntamente obtengan beneficios, simplemente plantea que cada jugador al
mismo tiempo gana o pierde algo según sea su estrategia y, eso se determina
observando individualmente a cada participante.

El gran ejemplo de este tipo de juego es a través del famoso juego “el dilema del
prisionero modificado” el cual plantea que dos prisioneros encerrados en dos celdas
distintas, en donde se les ofrece el mismo trato por parte de las autoridades, el cual
señala que si ambos jugadores confiesan el asesinato, ambos irán a la cárcel con
una pena de 10 años; si uno de ellos se queda callado, este enfrentará prisión
perpetua y el otro prisionero saldrá libre; y si ambos se quedan callados, los dos
enfrentarían una pena menor de un año.

Dicho problema tiene una sola solución y esta es que ambos confiesen el crimen, ya
que, podríamos decir que en términos de racionalidad instrumental, el mayor beneficio
individual sería esperar que el otro jugador se quedara callado y por tanto confesara el
crimen, ya que la ganancia máxima esperada sería salir libre por el silencio del otro;
ahora, guardar silencio sería una estrategia de alto riesgo ya que el otro jugador podría
confesar y salir libre y el otro enfrentar una pena de prisión perpetua. El equilibrio de
Nash se da en la confesión de ambos, ya que no solo se obtiene una igualdad de
circunstancias si el otro prisionero confiesa, sino que en el caso de que el otro
jugador guarde silencio se obtiene una mayor recompensa, contrariamente a
guardar silencio en donde el riesgo de perder es muy alto.

Por favor remitirse a la web y ver el video:


https://www.youtube.com/watch?time_continue=9&v=2d_dtTZQyUM

Para Nash, el mundo es un juego en el que es imposible solo ganar o solo perder:
siempre hay un intercambio. Esto de hecho es una buena noticia: implica que debemos
negociar continuamente, entre las personas como entre las naciones. Toda ganancia
implica una pérdida. Esto es visible incluso en nuestras relaciones personales: te
enamoras (ganas), pero ves menos a algunos amigos (pierdes); tienes un hijo
(ganas), pero acaso ya no tengas tanto dinero (pierdes).

Pero a nivel sociedad, la visión de Nash subraya que no somos islas solitarias y que no
puedes solo rascarte con tus propias uñas: debes cooperar activamente y negociar
todo el tiempo, así sea en política o en economía. Un gran ejemplo de esto es la
industria petrolera en donde los países productores juegan con la producción con la
finalidad de influir en los precios internacionales.
Como podemos ver, a través de este juego es posible explicar de manera compleja la
interrelación de distintas acciones instrumentales en términos de las estrategias
usadas por cada uno de los actores.
Pensar lo social en términos de juegos “suma cero” reduce a sobremanera cualquier
análisis. En el mundo no hay ni ganadores ni perdedores, hay ganancias y pérdidas
simultáneas por parte de todos los jugadores; de tal manera lo que habría que
observar en términos de las acciones con arreglo a fines, no es las acciones aisladas,
sino las cadenas de acción insertas en un contexto social contingente que genera cierto
tipo de expectativas.
Bibliografía:
Nash, John, Non-cooperative games, Annals of Mathematics, Vol. 54, No. 2, 1951.
Von Neumann, John; Morgenstern, Theory of games and Economic behavior, Princeton
University, Princeton, 1944.
Weber, Max, Economía y Sociedad, FCE, México, 2014.