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CONTINUACION DE LAS ENSEÑANZAS DE GURDJIEFF-VIAJE A TRAVÉS DE ESTE

MUNDO-NOTT-SEGUNDO LIBRO DE UN ALUMNO


La escuela de Gurdjieff en Londres llegó a ser realmente muy activa. Las demostraciones de
las Danzas y Movimientos (o las “lecciones abiertas” como ellos las llamaban) eran dadas en
forma semi-privada, e inmediatamente, quinientas personas se acercaban a las reuniones de
grupos y a comer una buena comida provista en el amplio salón de Colet Garden, donde
Ouspensky había realizado sus reuniones. Después una demostración pública de algunas de
las Danzas fue realizada por el grupo francés en el teatro Fortune de Londres. Incluso a muy
altos precios todas las entradas fueron vendidas.
La rueda de la fortuna completó una vuelta. Ouspensky, que había sostenido los primeros
grupos organizados por Orage, y que se había separado de Gurdjieff, era ahora, a través de
sus alumnos, responsable de la renovación del trabajo real de Gurdjieff en Londres, aunque la
fuente estuviera en Paris. Aquellos alumnos de Ouspensky que no siguieron a Gurdjieff, más
de la mitad, comenzaron su propia organización y empezaron a formar grupos para estudiar
las ideas filosóficas de Ouspensky, de alguna forma ligadas a la “ciencia económica”,
continuando así la escuela filosófica de Ouspensky, pero no la Enseñanza de Gurdjieff, de
quien ellos decían que había abandonado el sistema después de Essentuki; y dado que nunca
se reunieron con Gurdjieff ni fueron al Prieuré ni a París, ellos, por supuesto no lo conocieron.
Esto me recuerda al Duque de Wellington, cuando en una fiesta un hombre se paró ante él y
le dijo: “Creo que Ud. es el Sr Bellamy.” El Duque le respondió, “Si Ud. creyera eso, creería
cualquier cosa”.
Los alumnos de Ouspensky en América dejaron las Granjas Franklin en Mendham y se
dispersaron. Rodney Collin Smith y su esposa, quienes nunca se habían encontrado con
Gurdjieff, fueron a México y abrieron una escuela por su cuenta, utilizando los movimientos
que ellos recordaban de las clases que la Sra. Howarth y mi esposa habían enseñado en
Lynne Place. Gurdjieff viajó a New York. Con el antiguo grupo de Orage y Madame
Ouspensky y sus alumnos, comenzó una gran actividad. Gurdjieff visitó Mendham para ver a
Madame Ouspensky, aunque él nunca se quedó allí. Madame Ouspensky le regaló una copia
a máquina de Fragmentos de una Enseñanza Desconocida, y Gurdjieff, al leerlo, dijo que
Ouspensky, con respecto a este libro, había sido un buen hombre, había escrito exactamente
lo que había oído de él; “Esto es como si me escuchara hablarme a mí mismo”.
La comunidad de las Granjas Franklin continuó algunos años más después de la muerte de
Gurdjieff y de Madame Ouspensky. Finalmente la propiedad fue vendida. Los grupos en New
York aumentaron y en este momento, 1968, varios cientos de personas están vinculadas con
éstos. Ellos tienen un lugar en el campo, en el estado de New York, donde los alumnos
trabajan en los jardines y en variadas artesanías. Algunos miembros del grupo original de
Orage (el cual tuvo sus comienzos en la charla de la Librería The Sunwise Turn en Diciembre
1923) están entre los conductores de los grupos actuales.
Nuestro hijo Adam tiene ahora diecinueve años, James, dieciséis. Adam fue a la escuela en
Francia, James al St. Paul´s de Londres. Nosotros nunca les habíamos hablado sobre las
ideas, ni nos abstuvimos de discutir de ellas frente a ellos con nuestros amigos. Solamente
una vez se mencionaron las Enseñanzas de Gurdjieff, cuando el más chico me dijo
despectivamente: “¡No estoy interesado en lo que tú llamas ideas verdaderas!”, y yo le
repliqué: “No, ellas no son para ti. Solamente son para ciertas personas”.
Seis meses más tarde, la Semana Santa estaba cerca. Desde hacía algún tiempo había
sentido que era necesario llevar a mi familia a París, a ver a Gurdjieff, pero apenas era capaz
de llegar a fin de mes, y por esta cuestión nada quedaba para el viaje a Francia. Sin embargo,
siempre he encontrado que ante un profundo deseo de hacer algo, un deseo real, y no un
"querer" vacío, al no llevar a cabo el deseo a toda costa, yo sufro. Por otro lado, si hago el
esfuerzo para realizarlo, obtengo una gran satisfacción y, a menudo, bendiciones. Por lo tanto,
una semana antes de Pascuas comencé a extraer el dinero de dondequiera que pude y reuní
lo suficiente para comprar casi los últimos boletos en el último tren a París para el miércoles
antes de la Pascua. Incluso entonces, todo pendía de un hilo, a causa del tráfico, y llegamos al
tren dos minutos antes de que partiera.
Nuestro hijo más grande Adam se reunió con nosotros en Paris. Todos los días íbamos a
almorzar y cenar al pequeño departamento de Gurdjieff en la calle del Coronel Renard, el cual
estaba lleno de alumnos de los grupos de Francia, Londres y New York, sin embargo, aún
lleno de gente, siempre parecía haber lugar para otros diez.
Cuando volvimos a Londres, James nos pidió que lo dejáramos ir a París a vivir y estudiar con
Gurdjieff. Eso hizo, y pasó varios meses allí. Adám cada vez que llegaba a París desde su
escuela en la región de Cevennes, visitaba a Gurdjieff. Ambos han estado en los grupos
desde entonces. Sin embargo, si yo no hubiera hecho ese esfuerzo especial en esa fiesta
particular, su contacto con Gurdjieff podría haber sido retrasado durante mucho tiempo. Es
apropiado que haya sucedido en Semana Santa.
Cuando mi esposa estuvo en Paris con Gurdjieff, él le dijo: “Rosemary, recuerda aquellos
primeros meses en Prieuré, cerca de treinta años atrás, cuando Ud. era una jovencita! Le dije
muchas cosas entonces. Ahora está casada y tiene hijos. Ellos vienen a verme. ¡Sabe que me
sorprendí que ellos sean tan buenos!”
No vi a Gurdjieff mucho en los últimos meses de su vida; por un lado, rara vez tenía suficiente
dinero para los pasajes a París, y por otro, me estaba quedando sordo y encontraba difícil
entender lo que decía la gente. Aunque podía escuchar las voces claramente, era como si
estuvieran hablando en un idioma desconocido, las palabras se volvían confusas. Después de
haber visitado a varios "especialistas" que tomaron mi dinero y no me dieron ninguna ayuda, y
de haber probado todos los instrumentos sin obtener la ayuda, me dijeron en el hospital que
yo era uno de muchos hombres de mi edad que sufrían de sordera nerviosa, causada por las
armas de fuego y aparatos explosivos usados en la primera guerra (mundial), que no había
remedio ni cura para ella y que se volvería, imperceptible pero progresivamente peor. No
había buenas soluciones, ya que yo, y aquellos como yo, necesitábamos claridad, no
volumen, y los audífonos solamente daban volumen. Empecé a sentir tensión y preocupación,
y no era consciente de lo que me estaba pasando hasta que Gurdjieff me dijo un día: "Ud. está
teniendo una mala expresión en su cara porque no puede oír. Conozco un muy buen aparato
alemán para la audición y le conseguiré uno.” Le expliqué que eran inútiles para mí. Él habló
conmigo por un tiempo y esto cambió mi actitud hacia mí y mi sordera. Comencé a aceptarla,
y la mirada tensa y preocupada desapareció. Incluso comencé a hacer uso de ella. Poco a
poco me encontré con que, en conversaciones generales en la mesa, yo podía entender a una
sola persona a la vez, y sólo si se sentaba frente a mí. Durante cinco años fui a clases de
lectura de labios, pero tan escaso fue el progreso que las abandoné; uno tiene que empezar
joven con la lectura de labios. Gradualmente me encontré limitado en el intercambio de ideas
con la gente, si me perdía una palabra obtenía el sentido equivocado de toda una frase, y mi
respuesta solía provocar ya sea una sonrisa o una mirada de frustración. Al principio fue difícil
aceptar la sordera, ya que yo siempre había disfrutado hablando con la gente e
intercambiando ideas, pero cuando yo lo acepté completamente me sobrevino una especie de
paz interior, y un entendimiento más profundo de mí mismo y de la gente. Empecé a darme
cuenta de lo que la gente estaba pensando y sintiendo – aumentó la intuición. En un almuerzo
o una reunión, una lectura o una charla, escuchando pero no entendiendo, solía hacer
ejercicios mentales o estudiar a la gente a mi alrededor, sus posturas y expresiones, y de esta
manera aprender algo sobre ellos.
Afortunadamente, aún podía disfrutar de la música si me sentaba cerca de los instrumentos,
aunque, excluyendo al piano y al violín, los sonidos eran borrosos. Aún podía escuchar el
estridente canto de los pájaros. El sonido de los aviones y del tránsito era tan evidente para mí
como para las personas con audición normal.
Actualmente hay poca gente a la cual yo pueda entender. Puedo escucharlos, pero los
sonidos de sus voces son borrosos, así como los objetos son borrosos para las personas
cortas de vista; y aun así, hace un tiempo atrás yo tuve tres horas de conversación con un
viejo amigo, un escritor. Tuve la precaución de llevar hojas de papel, por si él tuviera que
escribir cada pregunta y cada observación. Yo, por supuesto, podía hablarle. Al partir, él dijo,
“Sabe, esta es la conversación 189
más interesante y estimulante que tenido desde hace mucho tiempo”.
(Continuará)